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EL DELITO ECONÓMICO
Jorge Medina- Fiscal de Cámara en lo Criminal-Titular de la Asignatura Derecho Penal
Económico, Universidad Empresarial Siglo 21

El desarrollo de la actividad económica en los comienzos del presente siglo, con las
características de trasnacionalización y globalización de las transacciones,
estrechamente ligadas a la actividad financiera ha abierto entre juristas y economistas
un profundo debate en relación al rol que debe caberle al estado moderno como
creador de normas de conducta (ley en sentido lato) que ponga límites a la posible
actividad delictiva de los distintos actores de la actividad comercial y financiera.

CRITERIOS PARA CARACTERIZAR EL DELITO ECONOMICO


Se pueden manejar cuatro criterios para caracterizar al delito económico.
Podemos preguntarnos qué es el delito económico y responder apelando a un
criterio criminológico, según el cual caracteriza a los delitos económicos la pertenencia
de su autor a un status social elevado y/o la comisión del delito en el marco del
desarrollo de una actividad empresarial o profesional. El segundo criterio para definir al
delito económico es el criterio pragmático. Este implica caracterizar como delito
económico a los nuevos tipos penales que se van incorporando al derecho positivo y
que, teniendo una “significación” económica no se amoldan perfectamente a los tipos
tradicionales. Ejemplo: fraude en la obtención de subvenciones o cometido con el uso
de ordenadores personales, etc
El tercer criterio es el procesal. Implica caracterizar a los delitos económicos
como aquellos de difícil investigación y juzgamiento, requiriendo de los órganos
instructores y jurisdiccionales conocimientos específicos. La existencia del fuero penal
económico en la ciudad de Córdoba, implica el reconocimiento de las dificultades para
investigar estos delitos en las fiscaliza de instrucción comunes o en los tribunales
ordinarios.
El cuarto criterio es el material. Respecto de este criterio, el más dificultoso, para
su aplicación a la hora de determinar si nos encontramos frente a un delito económico
deberá determinarse:
Primero, qué implica establecer cual es el bien jurídico protegido en los delitos
económicos, es decir, el interés social lesionado o puesto en peligro por las conductas
tipificadas como delitos económicos.
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Segundo, saber que este criterio fue predominante hasta la década de los
ochenta, época en que pierde vigencia al advertir los estudiosos la extrema dificultad
de establecer, en una sola fórmula, cual era el interés social que, en común, lesionan o
ponen en peligro los delitos económicos.
Tercero: saber que, dentro de esta corriente intelectual que pretendía establecer
cual era el bien jurídico protegido en los delitos económicos hubo una evolución,
sosteniéndose primero una concepción restringida del bien jurídico protegido y luego
una concepción amplia del mismo.
Según la concepción restringida: el derecho penal económico quedaba acotado
a la tutela de intereses colectivos o supraindividuales: estos intereses colectivos
comprendían el orden económico, entendiéndose por tal la regulación jurídica del
intervencionismo estatal de la economía. Quedaban así enmarcados como delitos
económicos las distorsiones al libre juego de la oferta y demanda como los cártels,
pools, trust, etc. Esta concepción implicaba la existencia de una marcada intervención
del estado en la economía, los delitos económicos eran los que obstaban a la actividad
interventora del estado en la economía. Crítica: quedaban fuera de esta concepción los
delitos de soborno, usura, defraudaciones, etc., es decir, típicos delitos económicos.
Por ello, se aggiornó la concepción y se estableció que, secundariamente, los delitos
económicos podían lesionar derechos patrimoniales de los particulares. Así, quedaron
incluidos como tales delitos tradicionalmente económicos, pero se perdió precisión en
la caracterización del bien jurídico protegido en los delitos económicos, pues no podía
distinguirse entre estos y los comunes delitos patrimoniales.
Paralelamente se desarrolló una concepción amplia del bien jurídico protegido
en los delitos económicos. Esta concepción receptó los criterios criminológico y
pragmático para caracterizar el delito económico. Según esta concepción, el derecho
penal económico era el conjunto de normas jurídicos penales destinadas a proteger, en
primer lugar, los intereses patrimoniales cuyo titular podía ser el estado o los
particulares. Solo en segundo término, se atendía a la tutela de los bienes colectivos,
relacionados con la regulación económica del mercado. Nuevamente, esta concreción
tiene por defecto no permitir delimitar el ámbito de la disciplina.
Conclusión: actualmente, para caracterizar al delito económico se continúa
afirmando que el mismo afecta bienes jurídicos supraindividuales, pero esta ya no es
una pauta definitoria. –es decir, se utiliza, entre otros, el criterio material-. También se
afirma que los delitos económicos generalmente involucran a corporaciones
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empresarias o a profesionales; que ellos se cometen mediante el abuso de


instrumentos de la vida económica, como el uso indebido de cheques y tarjetas de
crédito o de computadoras.

TRATAMIENTO DADO EN DOCTRINA AL SECTOR NORMATIVO “DERECHO


PENAL ECONOMICO”
Soler niega que exista un derecho penal económico ante la imposibilidad
de identificar el bien jurídico protegido. Esta postura solo es correcta para los
estados liberales en los que el estado solo protege los derechos individuales: libertad,
vida, integridad sexual, etc.
Se sostiene que solo hay un derecho penal que no admite divisiones.
En realidad no se sostiene la autonomía del derecho penal económico que
implicaría afirmar que los principios generales del derecho penal no son aplicables al
derecho penal económico.
Si hablamos de especificidad. Es una especialidad dentro del derecho penal:
porque presenta una problemática parcialmente diversa a la del derecho penal que
obliga a adaptar o modificar algunos principios, pero las soluciones clásicas del
derecho penal son aplicables a este sector normativo.
Vimos también que la especificidad del derecho penal económico no es
dogmática sino de política criminal –es evidente la complejidad para describir en textos
legales conceptos propios de la economía, resulta dificultoso adecuar las leyes a los
adelantos tecnológicos, los delincuentes de cuello blanco tienen mayor capacidad de
evadir el accionar de la justicia, cuentan con mayores recursos para pagar personal
especializado, es difícil encontrar una pena adecuada; se verifica la
transnacionalización de la criminalidad económica, de lege ferenda resulta aconsejable
punir a las persona jurídicas, etc. Todo ello demuestra la conveniencia de analizar
separadamente los llamados delitos económicos, pero no porque entre ellos y los
delitos comunes medien diferencias sustanciales que justifiquen su especificidad.
James Goldschmidt sostenía que debía distinguirse entre delitos de orden
criminal y meras contravenciones de policía, postulando que las infracciones al orden
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económico eran contravenciones administrativas que debían enmarcarse en el derecho


administrativo sancionador. Porqué: porque consideraba que los delitos violaban
mandatos jurídicos que protegen derechos individuales como la propiedad la vida, etc.,
mientras que las infracciones constituían simples desobediencias a ordenes estatales
que propendían al bienestar general. Luego, las infracciones al orden económico no
violan derechos individuales sino que simplemente no acatan normas ordenadoras de
la economía dadas por el estado. Quien cometía una infracción de orden criminal era
un sujeto disvalioso para la sociedad mientras que quien cometía una infracción de
orden era simplemente un sujeto descuidado. El conocimiento de las primeras era
propio de los tribunales y el conocimiento de las segundas era propio de las
autoridades administrativas; se regían por el principio de legalidad o de oportunidad
respectivamente; etc.
ANTECEDENTES DE ESTE SECTOR NORMATIVO
Para el liberalismo ortodoxo, no debe existir un sector normativo como el
derecho penal económico. Dado que no es misión del estado intervenir regulando la
economía, tampoco debe intervenir reprimiendo conductas disvaliosas, el mercado
debe autorregularse por sus propias reglas, ni siquiera por el derecho civil o el
comercial.
Derecho Norteamericano: la primera manifestación de este sector normativo fue
la Sherman Act de 1.890 que criminalizó los trust y otras practicas restrictivas de la libre
competencia. Se criticó esta legislación aduciendo que la misma fue sancionada por
presión de los grupos económicos que quisieron trasladar las facultades de
juzgamiento al gobierno central, al que podían controlar más eficazmente; se dijo
también que mediante esta ley se favorecía el crecimiento de poder de los grandes
grupos económicos, eliminando a los más pequeños y se criticó también esta
legislación por la variabilidad de su interpretación.
Derecho alemán: Durante la primera guerra mundial se sancionaron en
Alemania numerosas leyes que tipificaban como delitos conductas que no eran
consecuentes con el interés del estado de hacer la economía funcional a la guerra. Así,
el derecho penal económico surge allí como un derecho de guerra.
Durante la primera posguerra, se instaura la república de Weimar, en 1.918 y se
suceden una gran crisis económica, pero el estado no interviene por el imperio de los
preceptos liberales.
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En 1.923 la crisis se agrava y allí sí interviene el estado, tipificando como delitos


las practicas distorsivas del correcto funcionamiento del mercado como los abusos en
la fijación de precios (Ordenanza contra el abuso de posiciones de poder económico).
Con el advenimiento del nacionalsocialismo, se aplican indiscriminadamente
sanciones, como todo el derecho de la época no existía control judicial y había una
generalizada tendencia al terror.
Luego, en 1.949 se sanciona la Ley Penal económica para la simplificación del
derecho penal en el campo de la economía, que siguiendo el punto de vista dominante
en la época, distinguía entre delitos económicos y transgresiones al orden, siendo los
primeros de conocimiento de los tribunales y las segundas de conocimiento de la
autoridad administrativa. Se consideraba delito a aquellos comportamientos que, por
sus proporciones y consecuencias, afectaban la productividad de todo el sistema
económico protegido por el estado y también se consideraba delito a aquellos
comportamientos que revelaran reincidencia, vil egoísmo o una actitud de desprecio
por el sistema. (criterio objetivo y subjetivo).
Crítica: los tipos mixtos, ej: si yo compraba esporádicamente en el mercado
negro, era una infracción, si lo hacía habitualmente, era un delito.
En 1954 se sanciona la Ley para la simplificación del derecho penal económico,
se consideró que la economía se había normalizado y hubo un efecto despenalizado:
se desincriminaron ciertas conductas.
CRIMINALIDAD ECONOMICA:
La incorporación de la criminalidad económica a los estudios criminológicos
surgió con las investigaciones de la Escuela de Chicago, que se ocupó de analizar las
modalidades criminales propias de las grandes urbes en proceso de creciente
industrialización.
Allí Sutherland advirtió que la criminalidad no es privativa de los estratos
inferiores de la sociedad, sino que también existe una criminalidad de la clase superior ,
no estudiada hasta entonces y llamada en adelante “white collar crime”.
Este autor sostuvo que los comportamientos criminales eran aprendidos dentro
de un grupo, independientemente de cuales eran las condiciones económicas o
sociales de los integrantes del mismo –fueran ricos o pobres, instruidos o no-. La
criminalidad se aprehendía en uno y otro tipo de asociaciones cuando el grupo
favorece más la infracción a la ley que su acatamiento. Se advirtió como diferencia
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entre la criminalidad común y la de cuello blanco que esta última no genera suficiente
rechazo social, existiendo una suerte de moral de frontera.
Sobradas muestras de éste último aspecto nos ha proporcionado y lo sigue
haciendo la realidad argentina con las consecuencias conocidas y soportadas por la
mayoría de la población.

DERECHO PENAL EMPRESARIO

Dado que la empresa es la principal protagonista del intercambio de bienes y servicios,


surge a su vez, otra especialidad -dentro del derecho penal económico- que se
denomina: “Derecho penal de empresa”.
Es destinataria de sus normas: la corporación empresaria, representada por sus órganos
directivos.
Constituyen objeto de las normas de derecho penal empresario: los delitos
cometidos mediante la actuación de una empresa dedicada al intercambio de bienes y
servicios.
Ejemplo de delito empresario: A partir de la Ley N° 24.587, solo cabe entender que la
política criminal seguida por el legislador, en materia penal tributaria, procuró centrar la
atención en los hechos que por su magnitud merecen verdaderamente encuadrarse en
sus parámetros de criminalización. En efecto, los montos previstos como condición
objetiva de punibilidad solo pueden cometerse a través de una actividad organizada
para el intercambio de bienes y servicios a modo empresarial.
Conclusión: Delito empresario es aquel cometido utilizando como medio la
corporación empresaria.
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RESPONSABILIDAD PENAL DE LAS PERSONAS JURÍDICAS:

Bajo este postulado se procura establecer “si resulta admisible la punibilidad criminal
de personas jurídicas o de asociaciones sin personalidad”.

Existen dos posturas en la materia.


Son diametralmente opuestas
Se reflejan en el derecho positivo, en el derecho judicial y en la doctrina.

SOCIETAS DELINQUERE NON POTEST:

Postula la imposibilidad de responsabilizar “penalmente” a las personas jurídicas.


Propio de sistemas basados en el derecho continental europeo: paises europeos y
América Latina en general –excepto México-.

SOCIETAS DELINQUERE POTEST:

Postula la posibilidad de responsabilizar “penalmente” a las personas jurídicas.


Propia de sistemas basados en el common law: Estados Unidos, Méjico, Japón, etc

RESPONSABILIDAD DE LAS PERSONAS JURÍDICAS DESDE EL PUNTO DE


VISTA DE LA POLITICA CRIMINAL:
Resulta plenamente favorable a la punición de las personas ideales. Argumentos:
1- La mayoría de los delitos económicos son delitos empresarios. En Alemania, según
Kaiser, el 85 % de los delitos económicos más graves, en 1.983, se cometieron al
amparo de una sociedad mercantil. En razón de este dato de la realidad –no
cuantificado en Argentina-, debe procurarse que el medio más fuerte de control social –
el derecho penal- sea apto para prevenir y reprimir este tipo de delitos y su específica
modalidad de comisión a través de personas de existencia ideal.
2- El creciente rol protagónico de la empresa en la actividad de intercambio de bienes y
servicios ha llevado a la superación de la figura del comerciante individual,
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desplegándose la mayor parte de la actividad económica a través de corporaciones


empresarias.
3- Son frecuentes las hipótesis de impunidad como consecuencia de la sensible
despersonalización que caracteriza a las empresas en la actualidad. Carece de eficacia
la imposición de sanciones a las persona físicas pues el fundamento criminológico está
dado por la función que cumple el sujeto dentro de la organización empresarial por lo
que su sucesor reiterará el comportamiento si el medio en que se desempeña sigue
generando los mismos estímulos.
4- Habitualmente no es posible individualizar a las personas físicas cuya decisión
puede definir la autoría. El parcelamiento de la actividad en fragmentos de conducta
realizados por distintas personas siendo norma que a ninguna de ellas quepa
atribuirles el ilícito porque no reúne todos los presupuestos de punibilidad. Esta
dificultad eleva a niveles inimaginados la cifra negra de impunidad relacionada con éste
tipo de delitos.
5- En muchos casos no hay coincidencia entre el sujeto que realizó la acción y el que
obtuvo el beneficio particular.
6- Resulta insatisfactorio que las empresas puedan trasladar la propia punición a las
personas individuales que actúan por ella. Repárese que, al aplicarse una multa a un
directivo de una empresa, el monto de la misma es exiguo comparado con el monto de
la multa que podría aplicarse a la persona jurídica. Incluso esta puede rembolsar la
pequeña multa al particular y no pocas veces esto entra de antemano en los cálculos
empresariales.
7- El surgimiento de los delitos específicos de estricto contenido económico que
aparecen directamente vinculados con la actividad empresaria, ha dado lugar a que en
esos supuestos particulares se le otorgue a la empresa el reconocimiento de capacidad
de responder penalmente. Ejemplo: Delitos ecológicos donde por lo general el directivo
de la empresa que incumple con las disposiciones de policía ambiental podría ser
perseguido penalmente por una omisión que tenga como presupuesto la obligación de
actuar, si a causa de su omisión evitable se produjo un resultado típico.
Conclusión: Desde el punto de vista de política criminal, los argumentos que
anteceden justifican suficientemente la previsión de un régimen de responsabilidad
penal .
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RESPONSABILIDAD DE LAS PERSONAS JURÍDICAS DESDE EL PUNTO DE


VISTA DEL DERECHO POSITIVO:

Sobre la base de los dos principios que anteceden, la represión de las actividades
antijurídicas cometidas a través de una persona jurídica, puede enmarcarse en dos
sectores normativos distintos:

PRINCI_ SECTOR NATURALEZA NATURALEZA ORGANO DE PRINC.


PIO NORMATIVO INJUSTO SANCION APLICACION APLIC.
Societas Derecho Contravención Administrativa Órganos Oportunidad
delinquere Penal administrativos
non potest Administrat.
Societas Derecho Delito Penal Órganos Legalidad
delinquere Penal jurisdiccionales
potest Criminal

Análisis de estas consecuencias jurídicas previstas en distintas legislaciones:

1- SANCIONES ADMINISTRATIVAS:
Se utiliza el derecho penal administrativo como remedio preventivo de ilícitos –no
delictuales- cometidos por personas jurídicas.-
Los injustos son tipificados como faltas o contravenciones o infracciones.
Las sanciones previstas para tales faltas consisten en sanciones administrativas de
distintos tipos.
Estas sanciones son aplicadas por autoridades administrativas, siguiendo el principio
de oportunidad.
Ejemplo: Ley Federal Alemana de Contravenciones o Infracciones.
Parágrafo 30 prevé la imposición de multas contravencionales a la persona jurídica
cuando un representante cometa un delito o contravención que se relaciona con la
actividad o giro de la persona jurídica sea por violar deberes que vinculan al ente, sea
por que le procura un beneficio patrimonial.

Righi, contrario a esta postura sancionatoria, afirma:


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1. Que este derecho penal administrativo no es suficientemente disuasivo.


2. Que si se exploran los antecedentes en América Latina no se observan saldos
positivos.
3. Que este derecho penal administrativo trasunta inseguridad por abandono de
principios garantizadores como los de legalidad e irretroactividad de la ley penal
más benigna.
4. Que conlleva la sustitución de los órganos jurisdiccionales por los órganos
administrativos, cuya dependencia del poder administrador afecta seriamente su
imparcialidad.
5. Que la afirmación de que se debe dejar su aplicación a jueces penales es solo
una cuestión semántica: porque lo único que permite diferenciar una pena
criminal de una sanción administrativa es el órgano del Estado que las aplica.
6. Que es errónea la idea de que con un procedimiento menos garantizador se
obtiene mayor eficacia: la experiencia demuestra que en esos casos lo que
prospera son los recursos de inconstitucionalidad de los afectados.

2- MEDIDA DE SEGURIDAD:

Su aplicación se efectúa dentro del marco del derecho penal criminal. Por ende, trae
aparejada la ventaja de implicar la observancia del principio Societas delinquere non
potest y de jurisdiccionalizar la reacción aplicable a las personas jurídicas.
Su desventaja consiste en que, si bien se asemeja a una pena –en tanto es una
restricción de derechos impuesta coactivamente por el Estado-, se diferencia de la
misma en que se utilizan ante hipótesis de peligrosidad criminal, concepto cláramente
inaplicable a las personas jurídicas.
3- PENA CRIMINAL.

Es cierto que la decisión de utilizar penas respecto de las personas jurídicas requiere
un sistema de enjuiciamiento al que no puede aplicarse las reglas habituales en
materia de declaraciones, careos, prisión preventiva, etc., pero de ello no se deduce
que no puedan ser sometidas a proceso penal.
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A las personas jurídicas se les reconoce legitimación para actuar en toda clase de
procesos y es habitual que sean sometidos a enjuiciamiento en el ámbito del derecho
penal administrativo, donde requieren legitimación pasiva por medio de representantes.
Consiguientemente, una corporación puede ser sometida a un juicio criminal a
condición de que se adopten reglas procesales adecuadas a su naturaleza.

Las críticas que se formulan a esta modalidad sancionatoria consisten en afirmar que:
Desde el punto de vista de la acción, caracterizada como un proceso de la conciencia,
no es posible fundamentar la autonomía de la persona jurídica.
El juicio de culpabilidad –entendido como un reproche que depende de la posibilidad de
obrar de otra manera- no es aplicable a una persona jurídica, pues el ente colectivo
nunca puede actuar en forma distinta a la que está determinada por la voluntad de los
sujetos que la dirigen.
La persona jurídica solo tiene capacidad y personalidad dentro de sus estatutos. Si
obra ilícitamente se concluye su incapacidad.

Estos cuestionamientos son rebatidos por Righi del siguiente modo:


Si se parte de los presupuestos de punibilidad tradicionales, es lógico que la
responsabilidad penal de la persona jurídica sea inconcebible. Atento ello Righi postula
“crear otro sistema de punibilidad aplicable a esta clase de personas”.
No es cierto que la persona sea responsable cuando obre dentro de sus lícitas
atribuciones. Es frecuente que sean enjuiciadas por responsabilidad civil emergente de
delitos y cuasidelitos cometidos por dependientes, hipótesis no contempladas en
ningún estatuto.
Siendo admitido que la diferencia entre delito e infracción es simplemente cuantitativa,
resulta ilógico sostener que una persona jurídica pueda cometer una infracción –propia
del derecho penal administrativo- y no un delito –propio del derecho penal criminal-.
Puede crearse legislativamente un sistema en que se prescinda de la culpabilidad para
sancionar a una persona jurídica. Lo cual no supone hacer lo mismo con las personas
físicas.
El orden jurídico no ha construido un solo modelo para fundamentar reacciones
penales, sino varios, pues los presupuestos que condicionan la pena a los delincuentes
adultos son diferentes a los que rigen respecto de los menores infractores o los
inimputables. Para aplicar medidas a éstos últimos se prescinde de su culpabilidad, y
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no por ello se ha puesto en peligro las bases de incriminación que corresponden a los
sujetos capaces de culpabilidad. En síntesis, hay tres modelos penales:
Derecho penal de imputables
Derecho penal de adultos inimputables.
Derecho penal de menores inimputables.
Concluye: Renunciar a la pena, a lo único que conduce es a ensanchar el territorio de
las medidas de seguridad o a ampliar el poder sancionatorio de la administración que
son ciertamente estrategias más riesgosas para los ciudadanos. Ese modelo de
aplicación a las personas jurídicas nunca podría servir de coartada para la impunidad
de los socios poderosos, pues jamás podría cancelar los supuestos de responsabilidad
penal de ningún miembro de las corporaciones que personalmente haya tenido
intervención como autor o partícipe del hecho punible.

LA RESPONSABILIDAD DE LAS PERSONAS JURÍDICAS DESDE EL PUNTO DE


VISTA DOGMATICO:

La doctrina argentina mayoritaria niega la posibilidad de hacer penalmente


responsables a las personas jurídicas, sosteniendo distintos argumentos. En posición
minoritaria, la Escuela Egológica del Derecho ha postulado la punibilidad de las
personas jurídicas (Aftalión, Cueto Rua, etc).

SEBASTIAN SOLER:

Niega la responsabilidad de las personas jurídicas, tanto por principios básicos de la


dogmática penal, como por lo preceptuado en el art. 43 Código Civil.
La persona jurídica es un mero centro imputativo carente de todo sustrato psíquico.
No siente la coacción de la amenaza penal.
Señala que la subjetivación de la culpa excluye la responsabilidad objetiva y postula
también la individualización de la responsabilidad penal: nadie sufre pena por otro.
La pena a las personas jurídicas no repara en los socios que no consintieron los actos
ilícitos y comete injusticias a su respecto.
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RICARDO NUÑEZ

Al tratar la conducta como primer estamento de la teoría del delito, señala que la
persona moral no puede ser sujeto activo de delito. Sólo el ser humano es capaz de
ejercitar las acciones o incurrir en las omisiones que legítimamente pueden entrar en el
ámbito del derecho penal.
Sostiene que la razón de la pena no reside simplemente en el hecho de que ciertas
situaciones producen consecuencias perjudiciales para los individuos o la sociedad (si
así fuera se podría castigar a animales, rayos, etc.)

AFTALION

Sostiene que mientras se desarrollan grandes polémicas en esta materia, la


responsabilidad penal de las personas jurídicas ya se ha instaurado legislativamente.
El fondo de la cuestión radica en que no existe ninguna imposibilidad para
responsabilizar a los entes colectivos.
Parte de la distinción entre obligaciones y responsabilidad.
El derecho penal no soluciona todo el problema sindicando a quien cometió un delito.
Luego hay que analizar si cabe responsabilizarlo a él o a otro ente, aunque no haya
sido el agente natural de la transgresión.
Por lo expuesto, sostiene que se puede responsabilizar a las personas jurídicas
prescindiendo de la culpa.

RESPONSABILIDAD PENAL DE LAS PERSONAS JURIDICAS EN EL DERECHO


POSITIVO ARGENTINO

La legislación tradicional argentina en materia penal ha contemplado “consecuencias”


para las personas de existencia ideal cuyo carácter “administrativo” o “penal” no parece
definido. El legislador argentino se ha movido con fines pragmáticos.
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CODIGO ADUANERO

Trae severas consecuencias para la persona de existencia ideal implicada en la


comisión de un delito en los Arts. 876 inc. 1° y 888. -

LEY DE DEFENSA DE LA COMPETENCIA

Prevé sanciones en los Arts. 41 y 42. -

LEY PENAL TRIBUTARIA

Prevé sanciones para las personas jurídicas en el Art. 16. -

DERECHO JUDICIAL ARGENTINO

Nuestros Tribunales, dada la aceptación prácticamente unánime del postulado


“societas delinquere non potest” al resolverse la situación procesal de directivos de
empresas sindicados como autores de delitos cometidos en el marco de su actuación
corporativa, no se ha pronunciado acerca de esta cuestión académica, no habiéndose
impuesto nunca sanciones penales a personas jurídicas.

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