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Bi

Bi: Apuntes para una revolución bisexual


Shiri Eisner

Título original: Bi: Notes for a Bisexual Revolution (2013)

1ª edición castellana: septiembre 2023, Barcelona


Colección FemVeus

ISBN: 978-84-18283-59-8
Depósito Legal: B 14452-2023

Edición: Descontrol Editorial & Impremta


editorial@[Link]
C/Constitució nº 19, Can Batlló, Nau 85-90, 08014 Barcelona
[Link] | Tel. 93 4223787

Traducción: Clara Bafaluy


Corrección: Descontrol Editorial & Impremta,
Elisa Coll, Irene Collado, Jessica Dominguez,
Pal Gallego, Yaiza González y Dúnia Pulido
Maquetación: Descontrol Editorial & Impremta
Diseño
de portada: Descontrol Editorial & Impremta
Impresión: Descontrol Editorial & Impremta
impremta@[Link]
Distribución: Descontrol Editorial & Impremta
distribucio@[Link]

----------------------------------------------------------------------
Reconocimiento – NoComercial (by–nc): Se permite la generación de obras
derivadas siempre que no se haga un uso comercial y se cite la fuente.
Tampoco se puede utilitzar la obra original con finalidades comerciales.
Bi
Apuntes para
una revolución bisexual
Shiri Eisner
Prólogo
a la edición castellana

A finales de septiembre de 2018, pocos días después del Día de la Visibi-


lidad Bisexual, volé a Londres para visitar a mi amiga Bea. Nunca había
estado en Londres, así que conocí la ciudad en aquel primer viaje, con
la excusa de nuestro reencuentro. Bea pertenece también a uno de los
rincones más invisibilizados del colectivo lgtbiqa+ y, dadas nuestras
recientes salidas del armario, aprovechamos esa visita para cotorrear
sin parar sobre el tema. Yo, aunque aún seguía dando pequeños tum-
bos post-salida del armario, ya tenía publicados mis primeros artículos
sobre bisexualidad. Me había animado a hacerlo no solo gracias a las
conversaciones con mis amigas, sino también leyendo los textos de
personas que, años o décadas atrás, se habían atrevido a hablar de la
bisexualidad desde lo político, lo académico, la autogestión o lo comu-
nitario. Por eso una de las paradas obligatorias en este viaje era la mítica
librería Gay’s The Word. Quería buscar el libro sobre el que tanto había
leído en Internet y que solo estaba disponible en inglés, el que ahora
tienes en tus manos, en castellano, traducido por otra amiga a la que en
ese entonces aún no conocía: Clara Bafaluy.
Cómo iba a saber aquella tarde que después vendría todo lo que ven-
dría, cuando abrí la puerta de Gay’s The Word. Plantada en el umbral, el
corazón me dio un vuelco al ver que lo tenían: Bi: Notes for a bisexual
revolution. Lo atisbé de lejos, reposando sobre un estante, rodeado de
otros libros sobre bisexualidad. No puedo explicar la emoción que sentí
al levantarlo y sostenerlo con mis manos. La emoción de encontrar
cientos de páginas que me ayudaran a encontrar mi lugar en el mundo.
La esperanza de ver la palabra bisexual junto a la palabra revolution.

5
Creo que, sin este libro, Resistencia bisexual no existiría. O como mí-
nimo, no sería lo que ha llegado a ser. Aún sin haber encontrado mis
propias palabras, encontré en las de Shiri Eisner explicaciones a múl-
tiples procesos en mi vida que solo había mirado desde el ángulo del
machismo o el capitalismo. Entendí la estructuralidad de la bifobia y
pude observar el mundo desde otro lugar. Este libro es una de las prin-
cipales razones de ser de mi propio libro, una especie de tía lejana,
aventurera y listísima de la que toda la familia habla y que, aun sin co-
nocerla personalmente, ya se ha convertido en tu referente. Y, como
todos los referentes, no tiene que encajarnos como anillo al dedo: le-
yendo a Shiri Eisner tuve muchas revelaciones, pero también algunos
desacuerdos y, por supuesto, hay cosas que pueden resultar desactua-
lizadas, ya que fue publicado en 2013. Y qué buena noticia que así sea,
¿no? Significa que el discurso teórico y político bi, al igual que todo
pensamiento crítico, se alimenta de distintas perspectivas, evolucio-
na y complejiza sus colores si se mantiene vivo. Bi: Apuntes para una
revolución bisexual es un trabajo de investigación tan meticuloso, tan
cuidadoso y tan interseccional que recurro a él una y otra vez y siempre
encuentro algo nuevo. Jamás se me habría ocurrido pensar que, apenas
unos años después, estaría escribiendo el prólogo de su traducción al
castellano. Para mí es un honor y agradezco profundamente a Clara Ba-
faluy la oportunidad de hacerlo.
Quiero hablar de Clara, y no solo de Shiri, porque creo que la labor
de traducción acarrea una responsabilidad cuyo sostén no depende solo
de la desenvoltura lingüística de quien traduce. Traducir nunca es solo
traducir, o no debería serlo. El texto debe ser recogido con cuidado, por
alguien que conozca exactamente las dimensiones de su mensaje, su po-
tencial transformador, la urgencia de sus palabras. Y es que, además de
ser traductora, Clara es una dedicada y feroz activista bisexual. He com-
partido con ella incontables asambleas, la he visto escuchar, proponer,
recoger acta y tener paciencia, poner el cuerpo, la mente y el corazón
en el activismo bi. Y no solo de Barcelona, desde DisturBi Col·lectiu,
sino también a nivel estatal, desde la organización de las ConBivencias
(Jornadas Estatales Autogestionadas sobre Bisexualidad). Creo que las

6
personas bis, y en general el colectivo lgtbiqa+, somos afortunadas de
tenerla. Este libro no ha podido caer en mejores manos para su traduc-
ción al castellano.
El acceso a textos políticos y académicos bisexuales ya es en sí
mismo algo difícil de conseguir a causa del borrado y la deslegitimación
que pesan aún sobre la bisexualidad. Si a esto añadimos que la mayoría
de estos textos están escritos en inglés, la accesibilidad se reduce aún
más. Tener este libro traducido al castellano significa contar con una
herramienta valiosísima, no solo para el activismo bi, sino para la to-
talidad del colectivo lgtbiqa+. Conocemos a los grandes nombres que
escribieron imprescindibles textos sobre las letras más reconocidas del
colectivo y sobre teoría queer pero, ¿a cuántas autoras de análisis femi-
nista bisexual conocemos? Esta es nuestra Monique Wi)ig.
Gracias, Shiri, por tus palabras. Gracias, Clara, por facilitárnoslas.
Y gracias a las dos por vuestro enorme compromiso con el activismo
bisexual.

Elisa Coll

7
Prólogo
de la traductora

Sobre la autoría y la obra

Shiri Eisner es una activista bisexual y genderqueer establecida en Tel


Aviv (en, como lo llama a lo largo del libro, Israel/Palestina Ocupada).
Pertenece a la minoría judía árabe mizrají, y se ha involucrado duran-
te muchos años en el activismo pro-Palestina. Este libro, publicado por
primera vez en 2013, tiene sus raíces en el activismo y se nota: el análisis
pone en diálogo la teoría queer y feminista con las necesidades mate-
riales concretas de las personas bisexuales y del activismo bisexual. El
compromiso de Eisner con una política bisexual verdaderamente radical
e interseccional da lugar a un análisis que no duda en ser crítico no solo
con la heteronorma y las estructuras de poder que nos oprimen a todas,
sino también con el movimiento lgtbiqa+ en general y el activismo bi-
sexual en particular, centrándose tanto en las opresiones como en los
privilegios que nos atraviesan. Su experiencia como persona trans, racia-
lizada y bisexual está, de esta forma, en el centro del texto, a la vez que se
entrelaza con un abanico de herramientas teóricas provenientes de las
teorías queer, feministas, anticapacitistas, antirracistas y postcoloniales.
Los capítulos de este libro abordan la bisexualidad desde distintos
ángulos, desde lo más básico a reflexiones teóricas y prácticas sobre el po-
tencial político de la bisexualidad en la deconstrucción de los sistemas de
poder y la construcción de alternativas queer que desean poner la vida en
el centro. El capítulo 1, “¿Qué es la bisexualidad?”, establece definiciones
básicas del paraguas bisexual, ofreciendo un punto de entrada para las
lectoras que no estén familiarizadas con el tema. El capítulo 2, “El mono-

9
sexismo y la bifobia”, dirige la atención más allá de la bisexualidad como
orientación individual del deseo para centrarse en sus implicaciones po-
líticas y esbozar las estructuras de opresión que la atraviesan de forma
colectiva a nivel económico, político, de salud, etc. El capítulo 3, “Bi-
sexualidad, privilegio y passing”, aborda las distintas formas en las que la
bisexualidad se relaciona con el passing —desde la dificultad de ser leída
como bisexual a las acusaciones de privilegio y passing heterosexual.
El capítulo 4, “Bisexualidad, feminismo y mujeres”, sitúa la experiencia
bisexual en el marco de la teoría feminista, centrándose en sus intersec-
ciones con la violencia de género y sexual, y abordando las problemáticas
concretas que afectan a las mujeres bisexuales. El capítulo 5, “Bisexuali-
dad, feminismo y hombres”, se centra en las experiencias de los hombres
bisexuales y la intersección entre la masculinidad y la bisexualidad, en la
misoginia presente en ciertos discursos sobre bisexualidad y en las posi-
bilidades que puede ofrecer un discurso feminista sobre la bisexualidad
masculina para la deconstrucción de la masculinidad hegemónica.
Los capítulos 6 y 7 abordan dos intersecciones imprescindibles
y a menudo pasadas por alto en discusiones sobre bisexualidad. “Bi
y trans” pone el foco en los problemas de género enraizados en la bi-
sexualidad, en su potencial para desestabilizar las categorías y los
binarismos de género, en las particularidades de la experiencia trans
bisexual y en las alianzas históricas entre ambos colectivos. En “Bi-
sexualidad y racialización”, Eisner utiliza el caso de la población judía
mizrají en Israel/Palestina Ocupada para explorar los paralelismos entre
la otredad bisexual y la orientalizada, y para localizar las formas en las
que los discursos coloniales han instrumentalizado el monosexismo y
la “bisexualización” de poblaciones racializadas como herramientas en
la construcción del binomio colonial civilizado-primitivo. El último ca-
pítulo, “Bisexualidad y movimiento gggg”, devuelve la mirada al propio
colectivo para examinar críticamente las tendencias homogeneizado-
ras y asimilacionistas que han acabado por dominar el activismo gay
de las últimas décadas, dispuesto a sacrificar las facciones más “in-
deseables” y disruptivas para la norma a cambio de derechos como el
matrimonio y la participación en el ejército.

10
Sobre la traducción

apuntes de género
Uno de los principales problemas que surgen en la traducción del inglés
al castellano de textos tan relacionados con el género y la violencia ma-
chista como este radica en la necesidad de usar el género gramatical en
oraciones que son neutras en el original. Esta traducción usa por princi-
pio el femenino genérico, y el masculino y el neutro (-e) cuando resultan
apropiados en su contexto. En cuanto a la autora, aunque escribe el libro
originalmente en inglés, su lengua nativa es el hebreo, que funciona gra-
maticalmente de forma similar al castellano en cuanto a género, con la
excepción de que no dispone de un equivalente al uso de la -e que hace-
mos en castellano en los ámbitos de la literatura y el activismo lgtbiqa+.
En conversación con la autora me expresó que, por lo tanto, usa los pro-
nombres they/them (elle) en inglés, y el equivalente de she/her (ella) en
hebreo. Acordamos, entonces, que para la traducción usaría el femenino
para referirme a elle de forma general, y el neutro en ciertos contextos.
Los problemas lingüísticos de género se extienden también al vo-
cabulario. En inglés no existen los términos “violencia de género” ni
“machismo”. En su lugar, se usa “domestic violence” (violencia domésti-
ca), “intimate-partner violence” o “ipv” (violencia dentro de la pareja) y
“sexism” (machismo). La traducción mantiene los equivalentes en cas-
tellano en ciertos casos, mientras que en otros en los que el contexto
deja claro que se está refiriendo a violencia de género o machismo se
traducen como tal.
Existe un problema similar con la palabra “gay”: mientras que en
castellano suele usarse para referirse únicamente a los hombres ho-
mosexuales, en inglés a menudo se utiliza de forma similar a la palabra
“queer” —un término paraguas y genérico en el que entra cualquier
desviación de la norma cisheterosexual— pero también es común usar-
la como sinónimo de “homosexual”. Eisner utiliza el término a menudo
para referirse a las personas y comunidades homosexuales —gays y
lesbianas— y la traducción refleja ese desglosamiento cuando es apro-
piado para el contexto.

11
sobre la necesidad de bi: apuntes para
una revolución bisexual
Esta traducción nace de la pasión por el activismo bisexual y el deseo de
verlo crecer más allá del mundo anglosajón. Empecé el trabajo de tra-
ducción en 2020 sin mayor pretensión que la de generar materiales para
dar talleres de autoformación sobre bisexualidad desde el activismo
autogestionado. Sin embargo, las compañeras pronto me animaron a
llevarlo más lejos y a ponerme en contacto con Eisner, quien aceptó con
entusiasmo la idea de tratar de publicar la traducción de su libro. Con
su permiso, y con la ayuda de los generosos consejos de la traductora y
poeta Gloria Fortún, llamé a la puerta de editoriales durante algo más
de un año, sin suerte: las pocas editoriales a las que les podría intere-
sar el proyecto son pequeñas y por diversas razones no podían hacerse
cargo de él. Cuando ya empezaba a asumir que no iba a poder ser, una
compañera de activismo me puso en contacto con Júlia, editora en Des-
control Editorial, quien abordó el proyecto con ilusión y cariño. Gracias
a ella y al compromiso político y editorial de Descontrol, este libro ve fi-
nalmente la luz. También lo han hecho posible las amigas y compañeras
de lucha que no solo me han acompañado y animado a lo largo de todo
el proceso, sino que también han tenido la generosidad de leer y revisar
los primeros borradores de esta traducción. Elisa, Irene, Dúnia, Jess, Pal,
Yaiza: gracias infinitas.
Las activistas bis conocemos de sobra la frustración que genera la
escasez de bibliografía sobre bisexualidad en español —da la sensación
de que empezamos de cero, de que no ha habido otras antes, de que va a
depender de nosotras crear de la nada un marco teórico en el que basar-
nos y sobre el que construir una política bisexual radical. Sin embargo,
esto no se debe a una escasez real de bibliografía, sino más concre-
tamente a una escasez de textos en castellano. Así como se publican
muy pocos textos originales en español sobre bisexualidad (y solo en
los últimos años), la publicación de obras traducidas era, hasta ahora,
prácticamente inexistente. Bi: Apuntes para una revolución bisexual es
el libro adecuado para empezar a trasladar a nuestra lengua el trabajo
que realizan escritoras, activistas y académicas anglosajonas bisexua-

12
les debido a su accesibilidad y su compromiso con la realidad material
de todas las personas bisexuales en sus distintas intersecciones. Espe-
ro que la obra resulte a las lectoras tan impactante y reveladora como lo
fue para mí y mis compañeras cuando llegó a nuestras manos por pri-
mera vez.

Clara Bafaluy

13
Introducción

Espero que se estén rebelando contra nuestros métodos.


Creo que es el deber de cada generación rebelarse a la anterior e ir
más lejos. Espero que estén más concienciados que yo,
porque se apoyan en nuestros hombros.1

David Lourea, activista bisexual (1945-1992)

Empecé a hacer activismo bisexual en 2009, tras participar durante


muchos años en movimientos queer, feministas y de solidaridad con
Palestina. Hasta entonces, no sabía que esos dos espacios en mi mente
—la bisexualidad y el activismo— podían ir de la mano. Yo (igual que
mis amigues bisexuales) formaba parte activamente de todos esos mo-
vimientos, organizando y participando en proyectos que cambiaban los
acontecimientos y la política. Durante ese tiempo, hablábamos sobre
nuestra bisexualidad, sobre el borrado y la bifobia en nuestras comu-
nidades y nos preguntábamos por qué nadie hacía nada al respecto.
Recuerdo esperar durante años a que algo empezara, sin pensar duran-
te todo ese tiempo en el activismo bisexual como una posibilidad.
Elad Livneh, activista bisexual y una de las dos personas que lide-
raban Bisexuales en Israel, una organización establecida en Jerusalén y
que estuvo activa entre 2004 y 2007, creó en 2008 el primer grupo de
apoyo bisexual en Tel Aviv. En cuanto supe de la existencia del grupo de
apoyo (mientras me manifestaba con el primer bloque trans del Orgullo
de Jerusalén), me emocionó tremendamente que esos dos espacios final-
mente se solaparan. Rápidamente, empecé a escribir sobre bisexualidad,

1 ndt: Cuando no se especifica lo contrario, las citas han sido traducidas al castellano
por la traductora del volumen.

15
a distribuir panfletos promocionando el grupo de apoyo y a organizar
mis propios grupos y eventos. En un año publiqué un artículo en un
libro (Ge$ing Bi: Voices of Bisexuals Around the World, segunda edición),
publicaba regularmente textos online, fundé un club de cine bisexual,
organicé el primer bloque bi/pan en la manifestación del Orgullo de Tel
Aviv, empecé una lista de difusión por correo electrónico para bisexuales
de Israel y formé la segunda organización bisexual y pansexual en Israel/
Palestina Ocupada, Panorama – Bi and Pansexual Feminist Community.
Fue a lo largo de ese tiempo cuando empecé a aprender sobre
bisexualidad. Engullí todo lo que llegaba a mis manos: antologías, ar-
tículos, libros —tanto académicos como políticos. A medida que se
expandía mi conocimiento, también lo hacía mi discurso bisexual.
Pronto descubrí que necesitaba explicárselo al resto del mundo. Sabía
mis motivos para hacer activismo bisexual, pero si quería animar a otres
a unirse, debía desarrollarlos. Empecé un blog bisexual en hebreo, más
tarde en inglés. Pero una de las primeras cosas que descubrí fue que
independientemente de cuanto escribiera, todo parecía parcial, como
fragmentos de un todo mayor. También descubrí que no solo tenía opi-
niones únicas sobre la bisexualidad, sino también conocimientos únicos
—había leído tanto sobre política y teoría bisexual que era capaz de
conseguir información a la que la mayoría de personas no tenían acceso.
Tuve durante mucho tiempo la vaga idea de que algún día escribi-
ría un libro sobre bisexualidad. Al principio no sabía sobre qué trataría,
pero acabé desarrollando un esquema. Un día me senté en la cocina con
mi novia, Lilach y le dije (por lo que debía ser la enésima vez) que tenía
un libro en mente. Sin embargo, esta vez su respuesta fue distinta: “Es-
críbelo”. Y lo hice.
Este libro trata sobre por qué hago activismo bisexual. Es la explica-
ción completa que nunca podría desarrollar en ninguno de mis blogs.
Todo lo escrito en este libro, independientemente de su nivel teórico o
académico, forma parte de todo lo que hago como activista bisexual. Por
lo tanto, veo este libro como un manual de trabajo. Independientemen-
te de lo teórico que llega a ser en algunos puntos, la teoría no existe —ni
debería existir— únicamente en el papel.

16
Este libro es el primer intento de desarrollar una política bisexual cohe-
rente y radical en lugar de liberal. La palabra “radical” proviene del latín
radix (“raíz”) y se refiere a todo aquello relacionado con la raíz de las
cosas. En el caso de la política, implica examinar las raíces de la opre-
sión en la sociedad. En oposición a la política liberal, cuyo objetivo es
conseguir acceso a las estructuras sociales de poder, la política radical
critica esas estructuras y pretende, en último lugar, desmembrarlas. En
oposición a las políticas liberales, que priorizan puntos de vista hege-
mónicos y cambios “de arriba abajo”, la política radical prefiere puntos
de vista marginales y soluciones “de abajo arriba”. Así como las políticas
liberales asumen que el sistema (social, político, económico, etc.) está
esencialmente bien y sencillamente requiere algunas correcciones, la
política radical lo reconoce como la fuente de la opresión en sí mismo.
Según la política radical, no se puede lograr la liberación contribuyendo
a esos sistemas o solicitándoles que extiendan su control. En cambio, lo
que hay que hacer es minimizar su control y finalmente destruirlos. La
política radical no consiste en conseguir derechos, protección o privi-
legios; no pretende insertar pequeños cambios en el sistema para que
“funcione mejor”; no pretende cambiar la legislación y esperar a que
sus efectos “goteen”. La política radical tiene que ver con la revolución.
Un punto de vista radical ofrece a la política bisexual la oportunidad
de examinar y oponerse a la opresión de las personas bis en tanto que
examina las raíces en lugar de la superficie. Hasta la fecha, el principal
objetivo de las políticas bisexuales “mainstream” en América del Norte
y Europa Occidental ha sido lograr la “aceptación” de la sociedad y “ad-
quirir derechos”. Pero en lugar de afrontar las cosas superficialmente,
como lo hacen las políticas liberales, este libro pretende arrojar luz a
cómo funcionan las cosas “abajo”, en las vidas de las personas. También
intenta señalar las razones por las que ocurren estas cosas y mostrar
cómo, en lugar de existir aisladamente, tienen relación con otras formas
de opresión. En lugar de intentar normalizar la bisexualidad, este libro
intenta extraer su enorme potencial subversivo y utilizarlo para derro-
car el orden social y crear una revolución.

17
Siguiendo la prioridad que la política radical da a los puntos de vista
marginalizados, este libro también es marcadamente queer, feminista,
antirracista y transinclusivo. Donde se puede, donde es apropiado, tien-
de puentes a esos y otros grupos, examinando las intersecciones entre
ellos y la bisexualidad. Esto se basa en la certeza de que ninguna lucha
está completa sin vincularse a las demás. La opresión de cualquier
grupo no existe de forma aislada, sino en paralelo, se alimenta de e in-
tersecciona con otras. Es más, estos tipos de opresión no solo existen
en el mundo “exterior”, separados de las distintas comunidades y mo-
vimientos, sino que también las afecta internamente. Por esta razón,
ignorar otros tipos de opresión para priorizar políticas que conciernen
un único problema significa reforzarlas. Es por esto que este libro cons-
tantemente trata de establecer estas conexiones en su examinación del
monosexismo y la bifobia.

Este libro recibe gran influencia de teorías académicas y se detiene a


explicarlas. Al formar parte de tanto el activismo como la academia,
encuentro en la teoría el lenguaje y las herramientas necesarias para
comprender cómo funcionan las cosas. Me permite examinar cómo se
crea y mantiene la opresión y me ayuda a encontrar el antídoto para
destruirla. Escribo sobre teorías académicas con dos objetivos: en pri-
mer lugar, traer este conocimiento inaccesible a personas que por
motivos económicos o educativos no pueden acceder a él; en segundo
lugar, permitir que la gente utilice estas teorías para revisar severamen-
te el monosexismo y la bifobia, cómo funcionan y por qué. En esta línea,
espero que las teorías que utilizo puedan ayudar a generar el antídoto
para resistir a la opresión.

A estas alturas es probable que hayas notado mi insistencia en la pala-


bra bisexualidad en lugar de pansexualidad, omnisexualidad o queer,
identidades que tienen más presencia en las comunidades y discursos
radicales queer. Al final del capítulo 1 describo detalladamente el por-
qué de mi insistencia en mantener la palabra “bisexual”. Aunque apoyo
las identidades aquí mencionadas y las considero parte de mi comuni-

18
dad, también debo reconocer que este libro no trata (completamente)
sobre ellas. Esto no pretende borrarlas, menospreciarlas ni excluirlas,
sino reconocer las diferencias existentes y los distintos puntos de vista.
Dicho esto, también espero que este libro pueda servir como recurso
para otros grupos no monosexuales, que encuentren en él inspiración y
empoderamiento, quizás el suficiente para unirse a los movimientos bi-
sexuales como parte de una lucha que nos abarca a todes.

La perspectiva de este libro se limita también mayormente a Améri-


ca del Norte y Europa Occidental (con algunas referencias a Israel/
Palestina Ocupada). Aunque reconozco que otras culturas tienen siste-
mas de sexo, género y práctica sexual múltiples, complejos y distintos,
también debo reconocer los límites de mi punto de vista. A pesar de
vivir en el Oriente Medio, como resultado del imperialismo cultural
blanco no se me enseñó, ni conozco, mucho sobre el género y la se-
xualidad en culturas distintas a las que examino. El proyecto colonial
que es el Sionismo Israelí se imagina a sí mismo como una extensión
del mundo blanco “ilustrado” dentro del Oriente “primitivo” y obtiene
sus influencias culturales de culturas del mundo minoritario (América
del Norte y Europa Occidental). Irónicamente, aunque al ser de Orien-
te Medio debería tener más en común con las bisexuales del mundo
mayoritario que con las americanas o europeas, lo cierto es que no las
conozco lo suficiente —ciertamente no lo suficiente como para escri-
bir un libro sobre ellas. Soy consciente de que, al escribir un libro sobre
culturas blancas, puedo estar reforzando el mismo tipo de imperia-
lismo cultural. Sin embargo, debo reconocer mis propias limitaciones
y permitirme el espacio para investigar las culturas que sí conozco.
Dicho esto, espero que mi postura firmemente antirracista y anticolo-
nial ponga en balance este sesgo inicial.

Puede que algunas lectoras tengan dificultades con la perspectiva ra-


dical de este libro. De hecho, el libro a menudo pretende desafiar a la
lectora a examinar sus propios privilegios y comportamientos opresi-
vos, así como a examinar sus opresiones compartidas. No pretendo así

19
alienar a mis lectoras ni hacer que se sientan atacadas. Más bien, la crí-
tica se hace en el espíritu del apoyo comunitario, reconociendo que ser
críticos con nuestres amigues y comunidades es una parte importante
del proceso de aprendizaje en el que estamos todes embarcades. El de-
bate, la disidencia y el conflicto, mantienen viva la llama del corazón
de la comunidad. Nos permiten aprender, enseñar, formar opiniones,
desarrollar conceptos y lenguaje y, en último lugar, crecer y cambiar.
Criticar un movimiento desde dentro es expresar solidaridad con él,
contribuir y apoyarlo en su camino hacia la revolución.

Una dificultad muy distinta de este libro es que en ocasiones trata temas
difíciles como la violencia, la violencia sexual y otros. Por esta razón,
todo el libro contiene avisos de contenido. Un aviso de contenido pre-
cede un texto o una imagen que puede causar respuestas emocionales
extremas, como flashbacks postraumáticos, ansiedad, pánico, etc. El
propósito de los avisos de contenido es permitir a las personas esco-
ger si exponerse o no a contenido que tiene el potencial de provocar
estas respuestas. Su propósito es cuidar tanto nuestro estado emocio-
nal como el de otres. Pretenden crear un espacio seguro para todes,
reconociendo que muchas personas son supervivientes de violencia,
violencia sexual y otras experiencias traumáticas. Cuando encuentres
un aviso de contenido en este libro, considera si el contenido que lo
sigue puede desencadenar un estado emocional duro o extremo. Si es
así, ruego que consideres leerlo en algún sitio en el que te sientas se-
gura y en un momento en el que tengas apoyo emocional disponible en
caso de necesitarlo.

Escribir este libro ha sido un proceso largo, a veces divertido, pero a


veces difícil. Aunque debo mucho a mis propias habilidades, así como
al apoyo de mis amistades, también debo reconocer los privilegios que
me permitieron embarcarme en este proyecto. En primerísimo lugar,
como ciudadana judía del Apartheid Israelí/Palestina Ocupada, tengo
acceso a muchos privilegios: soy una ciudadana del país en lugar de
una “residente” o refugiada; se me permite vivir en mi hogar sin ser ex-

20
pulsada de él o tener que luchar por mi derecho de vivir en él; vivo en
una seguridad relativa en lugar de bajo el asedio o la constante amena-
za de ataques militares; poseo libertad de movimiento y de expresión,
lo que me permite participar en luchas políticas, así como leer y escri-
bir sobre política. Estos son solo algunos de los privilegios que poseo
en detrimento de las personas palestinas, así como de las trabajadoras
migrantes no judías y las solicitantes de asilo. El sistema racista de apar-
theid israelí me beneficia directamente por la única “virtud” de ser judía
mientras oprime a otres por el “crimen” de querer vivir aquí.
Además de estos, poseo varios privilegios que me han permitido
escribir este libro: hablo inglés, lo que significa que he tenido la posibi-
lidad de elegir escribirlo en este idioma y expandir mi potencial círculo
de lectores; tengo una educación académica y acceso a libros, artículos
y otros recursos sobre política queer y bisexual. Esto significa que he te-
nido acceso al conocimiento necesario para escribir un libro; tengo un
trabajo estable que me paga lo suficiente para poder permitirme aloja-
miento, ropa y comida; también me permite tener un ordenador y el
suficiente tiempo libre para escribir; tengo los conocimientos y habi-
lidades necesarias para utilizar un ordenador. Esto incluye habilidad
física ya que los ordenadores privilegian a quienes pueden mover las
manos y ver la pantalla. Es más, tengo la “edad adecuada” para que se
me considere “una escritora joven y provocadora” por un lado y para
ser tomada en serio por otro. Esto contribuye a mi estatus de escrito-
ra y consecuentemente al estatus del libro. Aunque estos no son todos
los privilegios que poseo, son sin embargo los principales. La mayoría
de la gente del mundo no los tiene y al aprovechar las ventajas de mi
relativo privilegio no pretendo olvidar ni ignorar a aquellas en cuyos
hombros se construye este privilegio. Me alzo hombro con hombro con
todos estos grupos y personas y lucho por su liberación junto a la mía.

Si pudiera pedir algo a mis lectoras sería que no dejen este libro en la
estantería, sino que se lo lleven a la calle. Usad este libro para infor-
mar y crear vuestros propios movimientos bisexuales radicales con los
que destruir la opresión y trabajar por la liberación. El propósito de este

21
libro es servir de inspiración para el activismo, para salir a la calle y
cambiar el mundo.
Además, espero que este libro influya en el cambio de los existentes
movimientos bisexuales en Norteamérica y Europa Occidental. Aunque
estos movimientos han tenido historias fieramente radicales, feminis-
tas, antirracistas y transinclusivas, también han caído en los problemas
en los que repara este libro. Espero que también pueda plantar una se-
milla de cambio en estos movimientos existentes, que los dirija hacia un
camino más radical y menos asimilacionista, hacia la creación de nue-
vas alianzas —y que revolucione nuestras comunidades bi.
La revolución bisexual nos está esperando. Empecemos a hacerla
realidad.

22
capítulo 1

¿Qué es la
bisexualidad?

Demasiados libros sobre bisexualidad se escriben sin primero pre-


guntarse, o siquiera explicar, qué es la bisexualidad. Como ocurre con
muchos otros conceptos de culturas de mundo minoritario (como el
feminismo, por ejemplo, o la política radical), parece que mucha gente
está segura de que sabe lo que es la bisexualidad, cuando en realidad
el concepto es complejo. Muchas personas asumen que la bisexualidad
tiene una única y clara definición,
con poco o ningún significado aña- Mundo minoritario: término que
dido. Esto nos lleva a una situación denota las áreas geográficas y países
en la que muchas personas están generalmente imaginados como “el
convencidas, en el mejor de los Oeste” (¿al oeste de qué?).
casos, de que ya saben todo lo que Se corresponde con el término mun-
necesitan saber sobre la bisexua- do mayoritario, que substituye el
lidad y en el peor, de que es tan uso del problemático término “tercer
simple que no hay nada de lo que mundo”. Nos permite recordar que,
hablar, en lo que pensar, o (en el mientras los pensadores del mun-
campo del activismo) alrededor de do minoritario han estado ocupados
patologizando el sexo, el género y
lo que organizarse.
el deseo, muchas de las sociedades
Así que permitidme ser la pri-
del mundo mayoritario llevan mucho
mera en decirlo: no tengo la menor
tiempo normalizando prácticas y com-
idea de qué significa la bisexuali- portamientos que el mundo minorita-
dad. Pensando en esta sección del rio podría considerar “queer”.
libro me confundí tanto que me

23
llevó un tiempo darme cuenta de que no necesitaba —ni habría sido
posible— cubrir todos los significados posibles que se pueden atribuir
a la bisexualidad. Hacerlo requeriría todo otro libro, e incluso entonces
no se acercaría a ser completo.
Sin embargo, sí que tengo algunas conjeturas.

Algo de historia

La bisexualidad, como término y como concepto, nació entre finales del


siglo diecinueve y principios del veinte, momento en el que los hombres
del mundo minoritario (mayormente europeos) empezaron su inabar-
cable proyecto de categorizar (y patologizar) el mundo que les rodeaba
—especialmente, todo lo que tenía que ver con cuerpos, sexualidades y
deseo. Investigadores como Richard von Kra,-Ebing, Henry Havelock
Ellis y Magnus Hirschfeld consideraban la bisexualidad una condición
física o psicológica, que poseía características de lo que en su momento
se pensaba como “ambos sexos”.
En ese momento, una de las teorías populares sobre la sexualidad
era la de la inversión. Según la teoría de la inversión, los hombres gais
y las lesbianas eran “invertidos” —personas que eran físicamente hom-
bres o mujeres, pero internamente “el sexo opuesto”. El deseo hacia
personas del propio género se entendía como heterosexualidad latente:
los gais y lesbianas eran en realidad personas heterosexuales nacidas en
los cuerpos equivocados. La teoría
Transgénero: cualquier persona cuya de la inversión veía el sexo, el géne-
identidad de género no se alinea ro y el deseo como una misma cosa,
“apropiadamente” con el sexo que se imaginando la homosexualidad y
le asignó al nacer. Además de ser un las personas transgénero como
adjetivo, “transgénero” también pue- expresiones las unas de las otras y
de utilizarse como nombre en lugar creando un mito que aún perdura:
de “transgenerismo”, que conlleva que los hombres gais son necesaria-
connotaciones negativas. mente “internamente femeninos”,
que las lesbianas son necesaria-

24
mente “internamente masculinas” y que las personas transgénero son
en realidad “hombres gais” (aplicado a las mujeres trans) o “lesbianas”
(aplicado a los hombres trans).
Según esta teoría, la “bisexualidad” se usaba para describir lo que
ahora llamamos intersexualidad (anteriormente “hermafrodismo”, re-
firiéndose a cuerpos con genitales y otras características sexuales no
binarias). El deseo bisexual era llamado “hermafrodismo psicosexual”,
vinculando la bisexualidad entendida como estado físico con la bi-
sexualidad entendida como deseo. Las personas bisexuales eran vistas
como psicológicamente intersexuales, trayendo la lógica de la inversión
(atracción heterosexual latente) al campo del deseo bisexual. En otras
palabras, la parte “masculina” de una persona bisexual desea a las mu-
jeres, mientras que su parte “femenina” desea a los hombres.
Es posible que hayas notado que esta teoría es a la vez increíblemen-
te binaria y andrógina. A pesar de su binarismo y heterosexismo, me
gusta la forma en que esta teoría conecta la bisexualidad con la inter-
sexualidad y abre una suerte de “tercer espacio” para ambos cuerpos,
géneros y deseos. En las sociedades del mundo minoritario, tanto los
cuerpos intersexuales como las identidades bisexuales son percibidas
como aberraciones. Se considera que requieren “corrección” inmediata
para encajar en las normas binarias de la sociedad: los bebés intersexua-
les son tratados como una emergencia médica y se les imponen cirugías
de reasignación de sexo, a menudo inmediatamente después de nacer
y sin consentimiento. De forma parecida, aunque ciertamente menos
violenta y más simbólica, la identidad bisexual se suele tratar como una
emergencia sexual: las personas bisexuales recibimos una fuerte resis-
tencia y presión social para que cambiemos inmediatamente nuestras
identidades por otras (a menudo cualquier otra, siempre y cuando no
usemos “la palabra que empieza por b”).
Freud fue uno de los primeros pensadores del mundo minoritario
en usar la palabra “bisexualidad” para describir el deseo en lugar de un
estado físico o psicológico. La forma en que Freud describió la bisexuali-
dad (también llamada “perversidad polimórfica”) sirvió de base a partir
de la cual se desarrollaron los conceptos de heterosexualidad (“nor-

25
mal”) y homosexualidad (“patológica”). Pocos recuerdan mencionar la
bisexualidad como la base de la teoría Edípica de Freud: según Freud, la
criatura (masculina) nace bisexual, deseando tanto a su madre como a
su padre y supera y reprime su deseo bisexual a través del proceso edí-
pico. Si el proceso funciona, la criatura acabará siendo heterosexual (es
decir: sana) y si fracasa, la criatura será homosexual (es decir: enferma).
La bisexualidad en sí misma deja de ser una opción para la criatura y se
relega a un pasado psicológico “primitivo”2. Por lo tanto, en la teoría de
Freud, la bisexualidad no se puede pensar como una orientación sexual
(como la hetero- o la homosexualidad), sino solo como una base repri-
mida al servicio del desarrollo de otras sexualidades.
En consecuencia, la teoría de Freud es responsable de varias de las
creencias populares que se suelen asociar a la bisexualidad en socieda-
des del mundo minoritario:

• Todo el mundo es “realmente bisexual” o “nace bisexual”.


• Nadie es, en realidad, bisexual.
(Estas dos primeras son dos caras de la misma moneda.)
• La bisexualidad es una fase transitoria.
• La bisexualidad es un proceso inacabado.
• La bisexualidad es inmadura.

(Fíjate, por cierto, en que no estoy necesariamente de acuerdo o en


desacuerdo con los tres últimos significados y he evitado intencional-
mente referirme a ellos como “mitos”. De hecho, creo que muchos de los
llamados mitos pueden ser muy útiles en la construcción de un pensa-
miento político bisexual radical —pero ya lo desarrollaré más adelante.)
El primer investigador importante del mundo minoritario que trató
la bisexualidad como una sexualidad existente y como una opción váli-
da fue Alfred Kinsey en su rompedora investigación Sexual Behavior in
the Human Male, publicada por primera vez en 1948. Kinsey, que era bi-
sexual, famosamente escribió:

2 “Primitivo” es la palabra que se usa en el psicoanálisis para describir las épocas tem-
pranas de desarrollo, aunque también surge claramente de los discursos colonialistas.

26
Los hombres no representan dos poblaciones distintas, hetero-
sexual y homosexual. El mundo no se divide en ovejas y cabras. No
todas las cosas son negras, ni todas son blancas. El hecho de que
la naturaleza raramente lidia con categorías diferenciadas es un
fundamento de la taxonomía. Solo la mente humana inventa ca-
tegorías e intenta forzar los hechos en distintos encasillamientos.

Kinsey también fue el responsable de la creación de la ahora


famosa Escala de Kinsey, que categorizaba los distintos grados de ho-
mosexualidad y heterosexualidad utilizando números desde el cero
(exclusivamente heterosexual) y el seis (exclusivamente homosexual).
En la escala de Kinsey, el “verdadero bisexual” se concebía como un tres,
igualmente atraído por hombres y mujeres (otros géneros y sexos no se
tuvieron en cuenta). De esta manera, Kinsey es responsable del popular
concepto de que todas experimentamos el deseo en una escala, lo cual
añadió peso al mito basado en Freud de que muy pocas personas son
realmente monosexuales (una noción homófoba que falta el respeto a
las monosexualidades y borra las identidades y experiencias únicamen-
te bisexuales).
Te habrás dado cuenta de que, hasta ese momento, las únicas per-
sonas que hablaban sobre bisexualidad en las culturas del mundo
minoritario eran hombres blancos cisgénero de las instituciones y es-
cuelas médicas y psicológicas. Esto
significa que las personas que con-
Monosexual: alguien que siente
trolaban la definición, el concepto atracción hacia personas de un solo
y el discurso sobre la bisexualidad género.
representaban el sistema y medica-
Cisgénero: una persona cuya identi-
lizaban y a menudo patologizaban
dad de género se alinea “apropiada-
nuestros deseos y formas de vida.
mente” con el sexo que se le asignó al
Con esto no pretendo insinuar que
nacer. Por ejemplo, hombres a los que
estas personas no hicieron contri- se asignó el sexo masculino al nacer y
buciones importantes a nuestra mujeres a las que se les asignó el sexo
comprensión de la sexualidad en femenino al nacer.
general y de la bisexualidad en

27
particular, o que su importancia
Discurso: término acuñado por el filó-debería ser ignorada. Tampoco pre-
tendo insinuar que deseaban dañar
sofo francés Michel Foucault. Se refie-
re a todo aquello que se dice, escribea las personas bisexuales o que ac-
o comunica de cualquier otra forma tuaban maliciosamente. Lo que sí
sobre un tema determinado. Un deri- pretendo es subrayar que, como
vativo importante es discurso domi- muchas otras identidades queer y
nante, en referencia al discurso que lgbt, la bisexualidad fue inventada
se crea desde el poder y que domina
y analizada por poderes hegemó-
la comprensión social sobre un tema
nicos bajo el proyecto masivo de
concreto.
categorizar y patologizar varias ex-
Hegemonía: dominación, poder periencias y comportamientos
y control. humanos, siendo reclamada más
Capital simbólico: término acuñado adelante por el movimiento bi-
por Pierre Bourdieu. Se refiere a los sexual. Las personas bisexuales
recursos simbólicos (intangibles) que sirvieron como objetos de investi-
posee una persona, como prestigio, gación, el terreno sobre el que basar
reputación o reconocimiento y que le teorías sobre la bisexualidad y, efec-
dan más valor a los ojos de la socie- tivamente, sobre todo el continuo
dad y la cultura.
de cuerpos, géneros y deseos. Esto
significa que las personas bisexua-
les sirvieron como “materia prima” para teorías sobre las que no tenían
control. Los investigadores ganaron sus prestigiosas reputaciones y
su capital simbólico sobre las espaldas de los sujetos de investiga-
ción bisexuales, sus vidas y sus experiencias, sin distribuir ninguna
de las ganancias —materiales o simbólicas— de vuelta a la comuni-
dad. Este problema es compartido por muchos grupos marginalizados
(incluyendo personas lgbt, mujeres, personas intersexuales, personas
racializadas, personas discapacitadas y muchas, muchas otras) y efec-
tivamente abunda aún hoy en día.
Sin embargo, vale la pena señalar que, en muchas formas, esta
categorización y patologización de la bisexualidad es uno de los fac-
tores que finalmente llevó a la creación de un movimiento bisexual.
Parafraseando al filósofo francés Michel Foucault: tras el proyecto de

28
categorización de la institución
médica, “el [bisexual] se convirtió Racializada: referente a la percepción
en una especie”. Antes de que apa- de que una persona tiene “raza”. Este
reciera este campo de investigación término substituye “personas de co-
sobre la sexualidad, lo que ahora lor”, que asume la blanquitud como
llamamos bisexualidad era simple- neutra (ya que las personas blancas
mente una serie de actos sexuales raramente son imaginadas como “de
que en sí mismos no tenían nada color” o “raza”).
que ver con una persona bisexual Discapacidad: no debería enten-
o con su autoidentificación. La in- derse como “deficiencia” física, sino
vestigación médica y psicológica como referencia a la situación de ser
fue la primera en crear la categoría activamente dis-capacitada por los es-
de bisexualidad (controlando tam- tándares sociales de capacidad y la
bién sus contenidos y definiciones). “incapacidad” de alcanzarlos.
Desde el momento en el que la bi- Patologización: imposición de un
sexualidad se convirtió en una punto de vista médico a ciertos senti-
categoría, también pasó a poderse mientos, pensamientos o comporta-
adoptar como identidad personal, mientos humanos (que de otra forma
como un tipo de persona más en se considerarían normales), conside-
rándolos patológicos.
lugar de una serie de actos aislados.
Lo que le faltaba, entonces, al mo-
vimiento bisexual, era reclamar la bisexualidad —como término, como
identidad y como concepto— para las personas bisexuales, de una
forma que beneficiara y aportara algo a la población bisexual.
Por lo tanto, resulta algo sorprendente que el movimiento bisexual
del mundo minoritario no lo hiciera hasta la década de los 70 (y de
nuevo en los 90). Existe muy poca investigación sobre las vidas de las
personas bisexuales durante ese período intermedio, pero se puede de-
ducir que muchas personas bisexuales entre las décadas de los 50 y los
60 formaban parte de las comunidades gais o lésbicas y que participa-
ron en las primeras organizaciones por los derechos gais en Estados
Unidos (las llamadas organizaciones “homófilas”). A pesar de que la
bisexualidad se consideraba, incluso entonces, un subgrupo de la
homosexualidad (una noción bífoba que borra la singularidad y espe-

29
cificidad de la bisexualidad), las personas bisexuales sufrían un trato
bífobo por parte de las comunidades gais y lésbicas3. Sin embargo, pa-
rece que las comunidades lgbt en general estaban en una situación de
tal riesgo y tan centradas en la supervivencia que quedaba poco espacio
para que nadie creara o hablara sobre identidades o espacios distin-
tos. A pesar de que la bifobia estaba presente incluso entonces, solo
empezó a haber espacio para fundar separadamente un movimiento
bisexual una vez el movimiento gay (y más tarde el movimiento lésbi-
co) hubo alcanzado ciertas metas. Resulta interesante que este proceso
se compartiera, de muchas maneras, con el movimiento transgénero,
que se desarrolló propiamente como movimiento alrededor del mismo
momento que el movimiento bisexual.
En la década de los 70 y de nuevo en los 904, el movimiento bisexual
reclamó la bisexualidad como identidad y como sujeto de investigación
y pensamiento político, en lo que pareció —y sigue pareciendo hasta la
fecha— un proyecto masivo para demostrar la existencia, la validez y
la normatividad de la bisexualidad (todos conceptos problemáticos que
critico a continuación). Este movimiento solía definir la bisexualidad
como atracción “a tanto hombres como mujeres” (siguiendo la línea de
la institución médica), con variaciones en cuanto a qué tipos de atrac-
ción constituían la bisexualidad (emocional, sexual, conductual, etc.).
Entre las décadas de los 90 y los 2000, la definición de la bisexualidad
cambió gradualmente para acomodar las identidades de género no bi-
narias que eran borradas por el lenguaje del deseo. Actualmente, la
mayoría de movimientos bisexuales utilizan extensas definiciones de la
bisexualidad: atracción a gente de más de un sexo o género; atracción a
personas con géneros parecidos al propio y a personas de géneros dis-
tintos al propio; o atracción a personas de múltiples géneros.
Sin embargo, las cronologías son limitadas. Crean la ilusión de que el
tiempo, los movimientos y las definiciones y su desarrollo evolucionan
progresivamente en línea recta. Pero que esto no te engañe: no existe

3 Para descripciones (sin revisar) de la bifobia en las comunidades lésbicas pre-Sto-


newall, véase: Davis y Kennedy (1994).
4 A lo largo de los 80, al igual que todas las comunidades lgbt, la comunidad bisexual
estaba principalmente dedicada a la lucha contra el vih.

30
una sola definición de la bisexualidad y todas las definiciones mencio-
nadas previamente (incluyendo las médicas) se siguen usando de una
manera u otra. Por lo tanto, este capítulo pretende explorar algunos de
los significados de la bisexualidad a los que se suele aludir en la cultura
del mundo minoritario.

Definiendo la bisexualidad

En este apartado trataré de definir la bisexualidad como identidad con-


temporánea, divergiendo de las definiciones médicas tradicionales
en búsqueda de nuevas formas de comprenderla. La bisexualidad no
es solo una forma de deseo sino también una portadora de múltiples
significados (un concepto en el que profundizaré más adelante). La bi-
sexualidad puede ser definida y politizada en todos o cualquiera de los
ejes que describiré: el deseo, la comunidad y el discurso.
Es importante mencionar que, aunque propongo definiciones de
la identidad bisexual, no pretendo definir la bisexualidad para todo el
mundo, sino describir la forma en que yo la veo y por qué me interpela,
con la esperanza de que resuene contigo. Sin embargo, si te identificas
con la bisexualidad, la única persona que puede definir el significado de
tu identidad bisexual eres tú misma.
También es importante tener en cuenta que esta sección trata de-
finiciones que me gustan, lo que significa que no incluye definiciones
binarias de la bisexualidad, a pesar de su (desafortunada) popularidad.
Con esto no pretendo ignorarlas ni pasarlas por alto —las analizaré ex-
tensamente en el capítulo 6.

deseo
El primer tipo de significado que quisiera dar a la bisexualidad es el del
deseo. Me gustaría analizar dos definiciones de este tipo y extender sus
implicaciones políticas y personales: más de uno y mismo y distinto. La
primera definición es amplia y nos da herramientas para pensar en la
bisexualidad como un continuo. La segunda definición pone hincapié

31
en las diferencias jerárquicas y nos permite abordar las relaciones de
poder en nuestras comunidades y relaciones íntimas.

Más de uno
Mi definición favorita de la bisexualidad hasta la fecha fue populariza-
da por la (maravillosa) activista bisexual Robyn Ochs. Ochs dice: “me
nombro bisexual porque reconozco que tengo el potencial de sentirme
atraída —románticamente y/o sexualmente— por personas de más de
un sexo y/o género, no necesariamente al mismo tiempo, no necesaria-
mente de la misma manera y no necesariamente en el mismo grado”.
Esta es de lejos la definición más amplia y útil de la bisexualidad que
he encontrado hasta la fecha. Su fuerza reside en la forma en que per-
mite que cualquiera que se identifique como bisexual lo haga (en otras
palabras: reafirma a la gente). En un mundo en el que la bisexualidad
suele definirse muy estrechamente, muchas personas que experimentan
deseo bisexual suelen tener miedo de empezar a nombrarse bisexual (o
a continuar haciéndolo) ya que sienten que “no cumplen los requisitos”.
El rol que puede cumplir una definición reafirmadora de la bisexualidad
para combatir estos sentimientos de bifobia interiorizada es incalcula-
ble y me parece que eso es exactamente lo que logra la definición de
Ochs. Asegura a las personas que “les es permitido” identificarse como
bisexuales si así lo desean.
Aunque esta definición ya es bastante popular y se ha utilizado du-
rante muchos años, sigue siendo innovadora y desafiante en varios
sentidos: en primer lugar, pone en disputa el sistema binario de géne-
ro, señalando que el deseo bisexual puede dirigirse a cualquier número
de géneros mayor a uno. Esto da espacio para que las personas se iden-
tifiquen como bisexuales incluso cuando sienten atracción hacia más
que los mitológicos “ambos géneros”, a la vez que elimina el énfasis
cis-sexista puesto en los genitales de la pareja para determinar la bi-
sexualidad. En segundo lugar, al especificar que el deseo bisexual puede
ser romántico, sexual, o ambos, esta definición afirma a las personas que
solo sienten uno de ellos que no le falta nada a su identidad bisexual. En
tercer lugar, la definición reconoce que la atracción a más de un sexo

32
o género no ocurre necesariamen-
te al mismo tiempo, abriendo así un Cissexismo: sistema social según el
espacio para considerar historias y cual todas las personas son, o debe-
narraciones a lo largo de una vida .
5 rían ser, cisgénero, incluyendo sis-
Así, se ofrece un espacio a las per- temas sociales de privilegio para las
sonas que experimentan cambios personas que son cisgénero y castigos
en el deseo a lo largo del tiempo y para las que no lo son.
que deseen nombrarse como bi- Binarismo de género: sistema de
sexuales. Por último, reconocer que género del mundo minoritario en el
el deseo bisexual no ocurre necesa- que solo se reconocen dos géneros en
riamente de la misma forma o en el oposición y mutuamente excluyentes
mismo grado reafirma a las perso- (hombre y mujer).
nas que no deben necesariamente
desear (o tener experiencias con) todos los géneros que les atraen para
“contar” como bisexuales. Esto permite que se puedan identificar como
bisexuales personas que sienten preferencia por un género, que han te-
nido más experiencia con un género que con otros o que han sentido
deseos muy distintos hacia diferentes géneros.

Volviendo a la base que establece esta definición, el deseo bisexual


puede ser entendido como un continuo. Pero no un continuo como la
escala de Kinsey, limitada por el sistema binario de género, el comporta-
miento sexual y la división hetero-homo. En cambio, podemos imaginar
el deseo bisexual más bien como el continuo lésbico de Adrienne Rich.
En su crucial ensayo Compulsory Heterosexuality and Lesbian Existen-
ce, Rich define la existencia lésbica como “no simplemente el hecho de
que una mujer haya tenido o deseado conscientemente una experiencia
sexual genital con otra mujer”, sino más bien “un espectro —a lo largo
de la vida de cada mujer y de la historia— de experiencia de identifica-
ción entre mujeres”. Continúa así:

Si lo expandimos para incluir muchas más formas de inten-


sidad primaria entre mujeres, incluyendo el compartir una rica

5 Para leer más sobre la temporalidad bisexual, véase: Ku (2010).

33
vida interior, generar vínculos contra la tiranía masculina, el dar
y recibir apoyo práctico y político; si podemos encontrar en él aso-
ciaciones como la resistencia al matrimonio y el comportamiento
“desviado” que define Mary Daly (significados obsoletos como in-
tratable, decidida, no casta, una mujer reticente a ser seducida),
empezamos a atisbar la amplia historia y psicología de las mu-
jeres que han sido relegadas a los márgenes como consecuencia
de definiciones del lesbianismo limitadas y mayormente clínicas.

Así mismo, me gustaría pensar en el deseo bisexual no solo como


atracción romántica y/o sexual hacia personas de más de un género (es
decir, no solo por el hecho de que una persona haya tenido o deseado
conscientemente a personas de más de un género), sino como un espec-
tro —a lo largo de la vida de cada persona y a lo largo de la historia— de
experiencia mixta de género. En la línea de la propuesta de Rich de ex-
pandir la existencia lésbica a otras formas de “intensidad primaria entre
mujeres”, la bisexualidad también puede ser vista como una expansión
de formas de “intensidad primaria” con personas de más de un género.
Entre otras cosas, esto abre el paso a la identificación bisexual política
por cualquiera que haya experimentado intimidad, vínculos emocio-
nales o cualquier otra forma de “intensidad primaria” con personas de
más de un género. Además, así como Rich lee la resistencia al matrimo-
nio o el comportamiento “desviado” como lésbicos, también podemos
leer a personas en el armario, indecisas, traidoras, zorras y sexualmen-
te ambivalentes como bisexuales. Estas lecturas aportarían un contexto
social a las realidades de las vidas bisexuales. También podrían exponer
las formas en las que nuestras experiencias vitales y deseos han sido
compartimentados, patologizados, medicalizados y borrados por los
discursos dominantes.
Estas sugerencias no pretenden reiterar la odiosa y familiar noción
de que “en realidad todos somos bisexuales”. Decir eso difuminaría el
significado de la existencia bisexual, dejando que se ahogara en el pozo
de la bisexualidad Freudiana: infantil, pre-edípica, primitiva e inexis-
tente en el presente. Tampoco pretendo de-sexualizar la bisexualidad

34
y reducirla a lo abstracto, asumiendo que el deseo y la sexualidad es-
pecíficamente bisexuales son inexistentes o marginales. Creo que la
bisexualidad y la cultura sexual bi juegan un papel central en el po-
tencial de la bisexualidad como concepto político y como identidad o
experiencia personal (para las personas alosexuales6). En cambio, esta
definición práctica puede servir de herramienta o como ventana a
través de la cual observar —e identificar— la bisexualidad en la vida
cotidiana, así como en la sociedad, la cultura y la historia. Puede ayu-
darnos a identificar esos momentos que consideramos (bisexualmente)
significativos allí donde podamos encontrarlos. También significa que
esta herramienta puede usarse para abrir un espacio adicional para una
identidad bisexual política —aunque no necesariamente sexual— y
animar esa identificación política incluso para las personas que no ex-
perimentan deseo bisexual.

El mismo y distinto
Esta definición fue popularizada alrededor de 2009 por la web The Bi-
sexual Index y por el blog Bi Furious!. Se apoya en la definición “clásica”
de la bisexualidad como una “combinación” o “unificación” de la ho-
mosexualidad y la heterosexualidad. Si la homosexualidad se entiende
como atracción hacia personas de géneros parecidos al propio y la he-
terosexualidad se entiende como atracción hacia personas de géneros
distintos al propio, entonces la bisexualidad puede entenderse como
atracción hacia personas de géneros similares y distintos al propio.
Lo que me gusta de esta definición es que invoca el tema del gé-
nero sin limitar sus opciones, asignando dos categorías, pero dejando
abiertos sus contenidos. Esta definición tiene el efecto inherente de
cuestionar sutilmente las identidades de género de las personas y la re-
lación del propio género con el de los demás. En otras palabras, subraya
la diferencia.
Esta definición da paso a preguntas que muchas personas conside-
ran obviamente insignificantes: ¿Cómo defino el género? ¿Cuál es mi
identidad de género? ¿Qué géneros son distintos al mío? ¿Cómo defini-

6 En lugar de asexuales.

35
ría similitud en relación al género? ¿Cómo definiría la diferencia? ¿Qué
diferencias erotizo y cómo? ¿Qué similitudes? ¿Erotizo rasgos de géne-
ro mixto cuando pertenecen a una sola persona, o me atrae más una
diferenciación clara? ¿Cómo influye mi género en mi deseo y mis rela-
ciones? ¿Cómo interactúan? ¿Cómo influyen mi deseo y mis relaciones
en mi identidad de género?
Las respuestas a estas preguntas nunca son triviales y sean cuáles
sean las conclusiones a las que te lleven, su importancia reside en el
cuestionamiento de las identidades de género, los binarismos de géne-
ro y las interacciones basadas en el género. De hecho, es posible que a
través de estas preguntas muchas personas lleguen a pensar en cosas
en las que no habían pensado nunca, a encontrar ángulos a través de
los cuales no se habían examinado nunca. Estas preguntas pueden
permitirnos examinar el contexto social de nuestras interacciones per-
sonales, así como proporcionar herramientas para descripciones más
específicas de nuestras experiencias bisexuales.
Esta definición también identifica jerarquías. En una sociedad
patriarcal y cis-sexista, las diferencias de género siempre acarrean jerar-
quías. Los hombres o las personas
Patriarcado: literalmente signifi-
en el espectro masculino ocupan
ca “gobierno de los hombres”. Refle- un lugar más alto en el orden social
ja una estructura social en la que los que las mujeres o las personas en el
hombres tienen control material y espectro femenino. Así mismo, las
simbólico sobre la sociedad. personas cisgénero ocupan un es-
pacio jerárquico más alto que las
Genderqueer (o no binario): término
que hace referencia a las identidades personas transgénero y gender-
que no son ni “mujer” ni “hombre”. queer. Incluso las masculinidades
Por ejemplo, las personas que se y feminidades cisgénero difieren
identifican tanto como hombre como en culturas distintas y la expresión
mujer, ni como hombre ni como mu- blanca (cis)género se considera su-
jer, fluidas, tercer género, etc., tam- perior a cualquier otra. Piensa, por
bién puede que se identifiquen como ejemplo, en las diferencias —y las
genderqueer. diferencias de percepción— entre
las masculinidades blancas, ne-

36
gras, latinas, judías, de oriente medio y asiáticas (por nombrar algunas).
Cada una acarrea su propio peso, cada una se percibe de forma distin-
ta y sin embargo está claro que la única forma de masculinidad que es
completamente validada en la sociedad blanca/del mundo minoritario
es la blanca (y lo mismo, por supuesto, se aplica a la feminidad). Es más,
estas jerarquías no se aplican únicamente hacia afuera, en la esfera pú-
blica; existen en nuestros hogares, en nuestras relaciones y en todos los
aspectos de nuestras vidas personales, creando desequilibrios de poder
dentro de nuestras relaciones íntimas. Reconocer la diferencia de géne-
ro (en toda su multiplicidad y complejidad) también puede mostrarnos
las jerarquías que están en juego en nuestras interacciones íntimas y
animarnos a trabajar en su deconstrucción.
Así mismo, reconocer las jerarquías de género puede ayudarnos a
identificar otros tipos de jerarquías que pueden estar presentes e in-
fluir en nuestras relaciones: raza, clase, capacidad, edad, educación,
sexualidad (hetero/queer, monosexual/bisexual, etc.) y muchas otras.
En efecto, estos factores también pueden jugar un papel como compo-
nentes del deseo sexual. Reconocer cada uno de estos ejes e intentar
deconstruir las relaciones de poder que acarrean puede servir también
como herramienta para crear relaciones bisexuales revolucionarias,
cambiando y reconstruyendo qué significa tener interacciones íntimas.
Ten en cuenta que no estoy recomendando borrar o deconstruir
las diferencias en sí mismas. La diversidad y la diferencia son maravi-
llosas y, si acaso, deberían ser celebradas. Tampoco querría contribuir
a la noción de que la forma de superar estas jerarquías es ignorarlas.
Un mundo utópico en el que todo el mundo fuera perfectamente igual
puede ser una idea noble, pero para llegar a él primero debemos hacer
mucho trabajo. En las palabras de un famoso texto del grupo radical is-
raelí Black Laundry:

¿Amor sin fronteras? Ignorar las fronteras no las hará des-


aparecer. Las fronteras de la pobreza, de la guerra y de las
etiquetas sociales nos rodean dondequiera que vayamos, atra-
vesando la carne. Nuestra raza pasa de ser una fuente de júbilo

37
a una limitación asfixiante; las normas de sexualidad y de gé-
nero nos impiden ser quiénes somos y amar a quién queramos;
la diversidad biológica queda encerrada tras los barrotes de las
jaulas que encarcelan a otros animales. Las fronteras siempre nos
rodean. Pero podemos escalarlas y roerlas, escurrirnos y ayudar
a otras a escurrirse por debajo de los alambres de púas, engañar
a los guardias y pintar los muros con corajosos grafitis. Debemos
luchar porque cada frontera encadena a alguien, alguien que es
nuestra aliada en la lucha, el amor y la liberación.
Cruzar las fronteras del género. Traicionar las fronteras de
la nación. Combatir las fronteras especistas. Romper las fronte-
ras de raza…

Usar este tipo de definición puede ayudarnos a lograr precisamente


esto: ser conscientes de las diferencias, jerarquías y fronteras y empezar
a trabajar para destruirlas.

comunidad
Este tipo de definición abarca la bisexualidad como identidad comuni-
taria. Denota una identificación con las comunidades y movimientos
bisexuales, en adición a —o separadamente de— el deseo bisexual.

“Puedes resguardarte bajo mi paraguas”


Recientemente, se ha asignado un nuevo uso de creciente popularidad a
la palabra “bisexual”: el de un término paraguas para las múltiples iden-
tidades del espectro bi, aquellas que implican atracción hacia personas
de más de un sexo y/o género. Esto funciona de forma similar a la palabra
“transgénero”, que no identifica solo una identidad específica, sino que
sirve también como término general que abarca muchas identidades
que se alejan de la norma cisgénero. Así como la palabra “transgéne-
ro” puede referirse tanto a una identidad específica (como sinónimo de
“transexual”) como a múltiples identidades en el espectro transgéne-
ro (incluyendo la transexual, travesti, andrógina, genderqueer, butch,
femme, bigénero y muchas más), también puede el término “bisexual”

38
denotar una identidad específica y un abanico de múltiples identidades.
Algunas identidades en el espectro bi son:

• Bisexual: definida anteriormente y a lo largo de este capítulo.


• Pansexual/omnisexual: personas que sienten atracción (sexual,
romántica y/o de otro tipo) hacia personas de todos los sexos o
géneros o indiferentemente de su sexo y género y que se iden-
tifican como pan/omni. La pansexualidad y la omnisexualidad
difieren en sus raíces griegas y latinas (pan significa “todo” en
griego y omni tiene el mismo significado en latín).
• Polisexual: personas que sienten atracción (sexual, románti-
ca y/o de otro tipo) hacia personas de distintos géneros y sexos
(pero no todos) y que se identifican como poli.
• Queer: identidad no específica que describe a cualquier persona
que diverge de la heterosexualidad, la monogamia y la sexuali-
dad vainilla (que no practica kink). En el contexto del espectro bi,
se utiliza para referirse a atracción hacia personas de más de uno
o muchos géneros.
• Fluidez: describe la atracción que cambia o puede cambiar a lo
largo del tiempo (hacia personas de varios géneros).
• Homoflexible/lesboflexible: personas que suelen sentir atrac-
ción hacia personas de géneros similares al propio, pero que
pueden sentir ocasionalmente atracción hacia personas de gé-
neros distintos al propio.
• Heteroflexible: personas que suelen sentir atracción hacia per-
sonas de géneros distintos al propio, pero que pueden sentir
ocasionalmente atracción hacia personas de géneros similares
al propio.
• Bi-curiosa: personas que suelen ser heterosexuales, lesbianas o
gais y que sienten curiosidad por experimentar con personas de
géneros distintos a su preferencia habitual.
• Otras identidades del espectro bi incluyen birromántica, pan-
romántica, bisensual, pansensual, bibollera, lesbiana bisexual,
ambisexual, antrosexual, multisexual, pomosexual y muchas

39
otras. Cuando procede, también puede incluir “en cuestiona-
miento” y “sin etiquetas”.

Es importante remarcar que algunas personas pueden sentirse in-


cómodas identificándose con la palabra “bisexualidad”, incluso en su
uso como término “paraguas”; muchas otras se consideran parte de la
comunidad/movimiento bisexual y se identifican con el término como
espectro. Es por respeto a esas personas que describo el uso del término
paraguas. Incluyo en él solamente a quienes quieran ser incluidas. Sin
embargo, Julia Serano sugiere (en la publicación de su blog Bisexuality
and Binaries Revisited) un término alternativo para incluir a aquellas
que no se sienten cómodas con el espectro bisexual, el acrónimo “bmo-
ppqs”, “en el que b = bisexual, m = multisexual, o = omnisexual, p =
pansexual, p = polisexual, q = personas con experiencias bisexuales que
se identifican principalmente como queer y s = sin etiqueta (ordenadas
alfabéticamente)”.
Sin embargo, también propongo estas definiciones para sugerir
solidaridad entre los varios grupos dentro del espectro bi. Esto nos per-
mitiría examinar los enormes paralelismos que compartimos por el
hecho de sentir atracción hacia personas de más de un género. A parte
de las condiciones y opresiones de cada uno de estos grupos, todas com-
partimos los efectos de la bifobia y el monosexismo. Tenemos muchos
objetivos comunes en los que trabajar. Además, muchos de los significa-
dos sociales asociados a la bisexualidad (que abordaré a continuación)
también afectan a otras identidades del espectro bi. También com-
partimos el potencial revolucionario y subversivo de todo el espectro
bisexual (incrementado por la multiplicidad de identidades que abarca).

Pensar la bisexualidad como término paraguas subraya uno de los sig-


nificados más importantes que se suelen asociar a la bisexualidad: el de
la multiplicidad. Mientras que la bisexualidad como deseo y como idea
cultural puede hacer referencia a una multiplicidad de atracciones y de
parejas sexuales o románticas, entenderla como término paraguas per-
mite subrayar la multiplicidad de identidades, de formas de deseo, de

40
experiencias vitales y de discursos políticos. Eso significa que una de-
finición de la bisexualidad como término paraguas nos puede ofrecer
más espacio para lo que me gusta llamar las tres d: diferencia, diversi-
dad y desviación.
Bajo esta definición, la bisexualidad nos permite oponer resisten-
cia al estándar único normativo. Ser distintas entre nosotras, así como
de la norma, ser diversas y diversificarnos, desviarnos de los caminos
hacia los que nos han empujado la sociedad y la opresión. Esto signi-
fica que las comunidades y movimientos bisexuales pueden resistir la
estandarización que nos impone la sociedad heterosexual, las comu-
nidades gais, o incluso el movimiento bisexual mainstream. Nuestras
comunidades pueden negarse a seguir las normas, a controlar o impo-
ner orden a las personas bisexuales o de cualquier identidad. Significa
que no se tira a nadie por la borda y que nuestras diferencias pueden ser
una fuente de poder.
En su artículo Sexual Diversity and the Bisexual Community (escrito
hace quince años pero no por ello menos relevante), Carol Queen escribe:

Y mientras [se sexualiza estereotípicamente a las perso-


nas bis y nos organizamos como respuesta a tales pensamientos
bífobos], las bisexuales estamos ocupadas teniendo sexo: con mu-
jeres, con hombres, con ambos a la vez; con parejas cuyo género es
dudoso, fluido o mixto7; dentro y fuera de relaciones de compro-
miso; mucho o poco; en grupos o solas; por amor, por diversión
y por dinero; de forma segura e insegura; borrachas y sobrias;
en cualquier combinación, lugar y variación posible… Pero a de-
masiadas de nosotras, cuando afrontamos un estereotipo sexual
con el que no nos identificamos, nos gustaría negar ruidosamen-
te que “ellas” (las swingers, las personas trans, los maridos en el
armario) sean parte de nuestra comunidad…
Hagamos [de la diversidad] la fuerza, no el fracaso, de nues-
tro movimiento. Si empezamos a concretar la bisexualidad (como

7 Debe tenerse en cuenta que Queen escribía en los 90, cuando el lenguaje para descri-
bir las identidades transgénero era incluso más complicada que ahora, careciendo de
formas estandarizadas.

41
si al decir la palabra aceptáramos su significado —lo cual, en mi
opinión, es un error en sí mismo, e imposible en este momento de
nuestro desarrollo comunitario), puede resultar tentador dejar
fuera de ella la maravillosa, difícil complejidad que implica reco-
nocer la diversidad del espectro que incluye nuestra comunidad.
Preferiría que la incorporáramos cuidadosamente —puede que
no nos follemos a todo lo que se mueve, pero, en nuestro abanico
de diferencia, prácticamente somos todo lo que se mueve y si nos
aceptamos en nuestras diferencias, así como en nuestras similitu-
des, tejeremos comunidad con hilos verdaderamente fuertes.

Sin embargo, la diferencia, la diversidad y la desviación no son úni-


camente sexuales. Requieren reconocer y sacar fuerzas del hecho de
que conjuntamente con personas cisgénero, monógamas, vainilla, se-
ronegativas, no-discapacitadas8, blancas y de clase media del país,
compartimos la comunidad con personas transgénero y genderqueer;
no monógamas, poliamorosas, promiscuas; trabajadoras sexuales; per-
sonas que practican bdsm; personas
que consumen drogas; personas
Poliamor: práctica o estilo de vida no seropositivas, discapacitadas, con
monógamo que implica estar abier-
enfermedades crónicas y discapaci-
to a más de una relación (sexual o
dades mentales; personas de clase
romántica) al mismo tiempo, con el
trabajadora, migrantes, inmigran-
conocimiento y el consentimiento de
todas las personas involucradas. tes ilegales, refugiadas, personas
racializadas y muchas, muchas
más. Esto no significa que deba-
mos alentar o idealizar la opresión sexual y las conductas peligrosas.
Significa que nuestra lucha política debe reflejar los intereses de todas,
abordar las necesidades de todas y trabajar para empoderar y conseguir
recursos para las personas de todos los grupos —no solo aquellas que
cumplen con un estándar de aceptabilidad.

8 ndt: En castellano no hay una traducción exacta del término que se usa en inglés,
“able-bodied”. Esta traducción sigue la nomenclatura que propone Itxi Guerra en su
fanzine Lucha contra el capacitismo (2021).

42
Esto tampoco significa que debamos crear un nuevo estándar “in-
vertido” para las personas de las comunidades bisexuales; ni implica
borrar o ignorar las diferencias. Significa que cada identidad y grupo de
la comunidad debe ser singularmente celebrada, aceptada y empodera-
da, indiferentemente de quién sea. Significa que cada perspectiva debe
ser escuchada y reconocida. Significa reconocer las jerarquías y asegu-
rar que cada grupo tenga su voz y que ningún grupo ocupe el espacio,
los recursos o la atención a costa de cualquier otro. Significa destruir
el estándar único que opera actualmente, romperlo en un millón de
pedacitos y solidarizarnos con cada uno de ellos. Esto suele implicar
específicamente trabajar desde abajo, empoderar a los grupos más mar-
ginalizados, tanto dentro de la comunidad como en general.

Tradición
El movimiento bisexual, aunque dista de ser perfecto, conlleva mu-
chas tradiciones que me hacen sentir muy orgullose de formar parte de
él. Me gustaría describir algunas de ellas, con la esperanza de que re-
suenen contigo y añadan profundidad a la definición comunitaria de
bisexualidad.
El movimiento bisexual es un movimiento feminista, que ha sido li-
derado y abanderado por mujeres y otras feministas a lo largo de gran
parte de su existencia. Desde Maggi Rubenstein (quién fundó el Centro
Bisexual de San Francisco en los 70) a Naomi Tucker, Lani Ka’ahuma-
nu, Loraine Hutchins, Robyn Ochs y muchas otras, las que han liderado
el movimiento bisexual en los Estados Unidos (y fuera de él) siempre
han expresado su compromiso con el feminismo. Estas personas han
insistido en enfatizar la importancia del feminismo para el movimiento
bisexual, así como el potencial feminista de la bisexualidad.
Las personas bisexuales también conforman gran parte del mo-
vimiento feminista radical de Estados Unidos, que bien podría ser
considerado un movimiento bisexual en sí mismo. Con activistas y es-
critoras como Carol Queen, Susie Bright, Patrick Califia, Be)y Dodson
y muchas otras, la bisexualidad y la identidad bisexual constituyen una
parte significativa de la cultura y el pensamiento radical y viceversa.

43
El movimiento bisexual es también uno de los únicos movimien-
tos mixtos que conozco en el que los hombres han pensado, hablado y
escrito sobre feminismo, masculinidad, machismo y patriarcado. Esto
significa que el movimiento bisexual también ha servido como espacio
para que los hombres participaran en el feminismo y examinaran crítica-
mente sus vidas y nuestra sociedad. Esto hace del movimiento bisexual
uno de los espacios de vanguardia para los hombres profeministas.
El movimiento bisexual también ha insistido siempre en la inclu-
sión —y la alianza con— las personas transgénero, a menudo siendo
una de las comunidades que más ha aceptado a las personas trans y
genderqueer. En la década de los 90 —un periodo en el que las perso-
nas transgénero tuvieron que luchar por e insistir en su inclusión en
el nombre de la comunidad (entonces lgb)— la mayoría de las antolo-
gías y fanzines bisexuales que representaban el “rostro” del movimiento
contenían ensayos de personas transgénero e insistían en la inclusión
de la comunidad transgénero. De hecho, la inclusión, la alianza y las
intersecciones con las personas trans y sus necesidades han sido de
los temas más centrales en el movimiento y la investigación bisexuales
hasta la fecha.
El movimiento bisexual también ha sido uno de los movimientos
que conozco con más conciencia racial. Suele ser consciente de la im-
portancia de la inclusión de las personas racializadas en el movimiento
y toma medidas para crear espacios más seguros para personas bisexua-
les racializadas. En la línea de la inclusión de las personas trans aquí
descrita, la mayoría de antologías bisexuales también contienen mu-
chos ensayos de personas racializadas y abogan por la conciencia racial
dentro del movimiento y en general.
El movimiento bisexual ha sido uno de los movimientos más inclu-
sivos con las personas discapacitadas y con enfermedades crónicas,
estableciendo un estándar único en cuanto a la accesibilidad de las
convenciones y eventos. Esto ha sido tan único que personas de otras
comunidades a menudo acuden simplemente para aprender más sobre
accesibilidad, discapacidad y neurodivergencia (como es el caso, por
ejemplo, de las uk BiCons).

44
El movimiento bisexual tiene una larga tradición de organización a
pie de calle, de activismo y grupos de apoyo y concienciación indepen-
dientes. Un ejemplo fundamental es la organización Bi Women Boston,
la cual, durante sus casi treinta años de trayectoria, ha mantenido su
estructura de base y no jerárquica y aún mantiene diversas actividades
relacionadas con la bisexualidad.
Aunque muchos de estos empeños no han logrado funcionar com-
pletamente (como señalaré a lo largo del libro), sigue siendo importante
reconocer estas líneas de pensamiento político, acción y tradición den-
tro del movimiento bisexual. Ciertamente, todas estas cosas han hecho
del movimiento bi uno de los movimientos más radicales entre las
comunidades lgbt y en las culturas del mundo minoritario. Indepen-
dientemente de los resultados, su ideología de inclusión, diversidad y
conciencia política son casi incomparables, con las únicas excepciones
de los movimientos anarcofeministas, queer-anarquistas y de justicia
anti-capacitista.

política, o: el verdadero significado de bi


La bisexualidad es mucho más que una identidad. Como con todos los
conceptos en la sociedad, la bisexualidad conlleva muchas asociacio-
nes y connotaciones, no solo sobre sí misma, también sobre el mundo
en general. Contrariamente a la creencia popular que he mencionado al
principio, no solo merece la pena hablar sobre la bisexualidad, sino que
hacerlo nos ofrece un rico abanico de connotaciones y conocimientos
de enorme potencial político y activista. Estos significados que acarrea
la bisexualidad son independientes de la identidad bisexual y no están
vinculados a ninguna persona bisexual específica. Más bien, estas ideas
y connotaciones son el resultado (o la lectura) de la forma en que la bi-
sexualidad es y ha sido, imaginada culturalmente. Estas ideas se reflejan
en las artes, la literatura, los medios, la historia y cualquier otro produc-
to social en el que se invoca el concepto de bisexualidad.
En el lenguaje académico, esta forma de abordar las cosas se llama
epistemología. Las preguntas que genera la epistemología bisexual son:

45
¿De qué formas se generan los significados [de la bisexua-
lidad]; … y cuáles son las estrategias que se pueden usar para
producir un abanico de significados más útil o empoderador?
—Bi Academic Intervention

¿Cómo [se genera] la bisexualidad y [cómo] se le da significado


en contextos concretos?
—Clare Hemmings

¿Qué otras funciones cumple la bisexualidad en los discursos


sobre la sexualidad? ¿Cuándo se alude a ella y cómo? ¿Cuándo y
por qué desaparece y con qué consecuencias? ¿Qué otros temas
parecen asociarse a ella; qué preguntas provoca perennemente?
—Stacey Young

Pensar en la bisexualidad solo como una identidad que reafirmar es


limitador políticamente y nos deja con un solo concepto y propósito. La
idea básica de que la bisexualidad es una orientación sexual válida y nor-
mal (aunque borrada y silenciada) nos lleva muy fácilmente a la idea de
que lo único que debemos hacer es validar la bisexualidad, validar a las
personas bisexuales, validar la identidad bisexual, validar la comunidad
bisexual… Todas estas cosas son ciertas, pero aquí termina este enfoque.
Es difícil comprender por qué este concepto limitador de la bi-
sexualidad fue el principal en obtener prominencia en el movimiento.
Va siendo hora de expandirlo. Por lo tanto, quiero aplicar un enfoque
epistemológico a la política bisexual, examinar cómo se piensa o ima-
gina la bisexualidad y analizar el porqué. Al vincular este enfoque con
la agenda política, pretendo expandir la ideología, las opciones y el al-
cance del movimiento bisexual en general. Es importante remarcar que
no lo hago en vano, ni es simplemente un juego intelectual: vincular las
diferentes luchas es uno de los fundamentos del pensamiento político
radical. Reconocer que todas las formas de opresión están interrela-
cionadas es reconocer que la liberación de unas y otras nos incumbe a
todas, que ninguna será libre hasta que lo seamos todas.

46
Me gustaría examinar dos formas contradictorias de imaginar la bi-
sexualidad: en primer lugar, en la sociedad en general y luego en el
discurso dominante del movimiento bisexual. Ofreceré entonces una
tercera forma de leer estos significados imaginados de la bisexualidad
que creo que beneficiaría al pensamiento político bisexual radical y haré
todo esto haciendo referencia a los estereotipos sobre la bisexualidad9.
Ante todo, los estereotipos son significados inmediatos asignados a
la bisexualidad y a las personas bisexuales. Cuando la gente piensa en
bisexualidad, piensa en estereotipos —eso es lo que “saben”. Esos este-
reotipos conforman el cuerpo de un conocimiento (imaginado) de las
personas bisexuales, del significado de la bisexualidad y de su funcio-
namiento. Una lectura de estereotipos bífobos puede iluminar nuestra
comprensión de los significados sociales y culturales que se atribuyen a
la bisexualidad. Después, podemos proceder a preguntarnos: ¿cómo po-
demos nosotras, las personas bisexuales, utilizar estos significados para
nuestro propio beneficio?

Una pizca de pensamiento hegemónico


Aquí procede una lista de estereotipos comúnmente citados sobre la
bisexualidad. Si has recorrido algún momento vital con una identidad
bisexual, es muy probable que te resulten familiares:

La bisexualidad no existe.
Esta es, quizás, la creencia más común sobre la bisexualidad. Según este
estereotipo, la bisexualidad en sí no existe y las personas que dicen ser
bisexuales están simplemente equivocadas o confundidas. Huelga decir
que esta noción alimenta y se alimenta del borrado bisexual. Crea la im-
presión de que la bisexualidad no aparece en la cultura popular (o, de
hecho, en ningún sitio) porque en realidad no existe. Esto también lleva
a la gente a ignorar (borrar) la bisexualidad cuando sí aparece por esa
misma razón (lo que conoces es lo que ves).

9 Al hacerlo, estoy siguiendo de muchas formas los pasos del artículo de Kenji Yoshino
The Epistemic Contract of Bisexual Erasure, así como algunas de las ideas críticas que
propone el grupo Bi Academic Intervention.

47
Las personas bisexuales están confundidas, son indecisas
o simplemente están pasando una fase.
Este estereotipo es una extensión “natural” del anterior ya que explica
por qué algunas personas se identifican como bisexuales: sencillamen-
te están equivocadas. Este estereotipo también aduce la idea de alternar
entre parejas de distintos géneros, es decir: lo que se percibe como un
fracaso de constancia. Si una “elección verdadera” solo se puede definir
como una única preferencia de género. Entonces, estructuralmente, la
bisexualidad es imposible por definición.

Las personas bisexuales son promiscuas e inherentemente infieles.


Si una sola preferencia de género es la única opción imaginable, entonces
cualquier número que la exceda será automáticamente percibido como
un exceso. La idea de una sexualidad excesiva lleva naturalmente a la
noción de promiscuidad. Según este estereotipo, debido a su preferencia
por más de un género, las personas bisexuales eligen parejas indiscri-
minadamente y son, por lo tanto, promiscuas. La idea de la infidelidad
inherente proviene de la ampliamente aceptada creencia de que las per-
sonas bisexuales son incapaces de estar satisfechas con una sola pareja
(ya que, evidentemente, no pueden estar satisfechas con un solo género).

Las personas bisexuales son portadoras del vih y otras ets.


Partiendo del estereotipo anterior, se suele considerar que las personas
bisexuales tienen más probabilidades de portar y contagiar el vih y otras
ets. Este estereotipo y el anterior, que a menudo van de la mano, imagi-
nan a las personas bisexuales y especialmente a los hombres bisexuales
como personas que tienen sexo indiscriminadamente con múltiples
parejas, coleccionando varias ets y repartiéndolas por el camino. Este
estereotipo, está claro, se apoya mayormente en la suposición de que
tener sexo es en sí mismo una actividad infecciosa, ignorando conve-
nientemente la información sobre prácticas sexuales más seguras y
otras formas no sexuales de contraer estas enfermedades.
Otro componente de este estereotipo es el capacitismo ya que con-
lleva una carga altamente negativa hacia las personas discapacitadas

48
y con enfermedades crónicas. Se nutre del severo estigma social que
opera contra las personas con vih, sida y otras ets, así como de la no-
ción de que las ets son, en realidad, un castigo a la promiscuidad o a
ciertas prácticas sexuales.

Las personas bisexuales son en realidad gais/lesbianas o heteros.


Este estereotipo se nutre del segundo grupo de estereotipos que he
mencionado, según el cual las personas bisexuales están confusas —en
realidad somos lo que sea menos bisexuales. En el discurso hegemó-
nico, este “lo que sea” se suele imaginar como la estrecha opción de o
gay/lesbiana o hetero. Resulta interesante que se suele asumir que las
mujeres bisexuales son realmente heterosexuales y que los hombres
bisexuales son realmente gais. Esto sugiere la presuposición de que en
realidad todas nos sentimos atraídas por los hombres, una noción falo-
céntrica que demuestra la base machista de este estereotipo.

Las personas bisexuales pueden elegir ser gais/lesbianas o heteros.


Este estereotipo imagina a las bisexuales como personas que pueden
escoger entre identidades y estilos de vida gais/lésbicos o heteros. El es-
tereotipo vincula la bisexualidad con la idea de “privilegio” y de esta
manera se usa para desacreditar la
legitimidad de una identidad y po-
Capacitismo: el sistema social según
lítica específicamente bisexuales. el cual todas las personas son, o debe-
Descualifica a las personas bi- rían ser, no-discapacitadas, incluyendo
sexuales como participantes en los recompensas sociales para las perso-
movimientos gais y lésbicos al su- nas no-discapacitadas y castigos para
gerir que las bisexuales siempre las personas discapacitadas.
acabarán dejando a sus parejas gais Falocentrismo: sistema social y cul-
o lesbianas por una relación con tural que privilegia la masculinidad y
el “género opuesto” (las relaciones el falo (el pene erecto simbólico) y le
con personas de género no bina- concede poder y valor por encima de
rio nunca parecen formar parte del todo lo demás.
imaginario colectivo).

49
Todos estos estereotipos se personalizan, se relacionan con personas
individuales (que se identifican como bisexuales) y se asumen de forma
literal. Imaginan a las personas bisexuales —y a la bisexualidad en sí
misma— como inauténticas, inestables, depredadoras, infecciosas y
peligrosas. Implícitamente, estos estereotipos también conllevan una
demanda de normalidad porque presentan la bisexualidad como una
desviación de la norma y por lo tanto inherentemente perversa.
Teniendo todo esto en cuenta, resulta extraño ver que el movi-
miento bisexual mainstream se dedique a rebatir o, más popularmente,
desmentir mitos dentro de este marco personal e individualizado. Estas
respuestas, además de ser personalizadas y literales, también sucum-
ben al requerimiento de normalidad que conllevan estos estereotipos.

“¡Pero eso no es verdad!”


En la mayoría de los casos, el movimiento bisexual se ha dedicado a re-
batir estos estereotipos en su lectura superficial, negándolos y usando
la fórmula “¡eso no es verdad!” para cualquiera de ellos (o: “eso no es ne-
cesariamente verdad” en el caso de quienes se consideran de mente más
abierta). Las listas de tales estereotipos, acompañadas de refutaciones/
réplicas, abundan tanto en internet como en el ámbito del activismo
bisexual. Es más, se han convertido en característicos del discurso polí-
tico bisexual, así como de muchos otros contextos.

Aquí está mi lista de nuevo, esta vez con las refutaciones (o respuestas
que desmienten mitos) que típicamente usa el movimiento bisexual (in-
cluyendo alguna licencia creativa):

La bisexualidad no existe.
¡Sí existe! Muchos estudios y estadísticas demuestran la existencia de
la bisexualidad. Yo misma soy bisexual y no soy imaginaria, ¿verdad?
Además, existe todo un movimiento para personas que se sienten o se
identifican como bisexuales. Definitivamente, las personas bisexuales
existimos, así que basta de negarnos.

50
Las personas bisexuales están confundidas, son indecisas
o simplemente están pasando una fase.
¡No, no es cierto! Sabemos quiénes somos y hemos decidido que somos
bisexuales. Muchas personas bisexuales se han identificado como tal
durante muchos, muchos años, así que no se les puede acusar de ser
inestables o estar pasando una fase. Es más, los estudios demuestran
que muchas personas bisexuales han pasado por fases de identificarse
como gais o lesbianas, sin embargo, a las personas gais y lesbianas no se
les acusa de estar pasando una fase. Además, los estudios también de-
muestran que, si tu orientación sexual cambia, lo más probable es que
pases de ser monosexual a bisexual, no al revés. Así que, en realidad, la
bisexualidad no tiene nada de fase. Es tan estable como cualquier otra
identidad sexual.

Las personas bisexuales son promiscuas e inherentemente infieles.


¡No, no lo somos! Somos perfectamente capaces de ser monógamas y
tenemos las mismas probabilidades de ser infieles a nuestra pareja que
cualquier persona. Muchas personas bisexuales han mantenido feliz-
mente relaciones monógamas a largo plazo, durante años. Solo porque
nos guste más de un género no significa que tengamos sexo indiscrimi-
nadamente. De verdad, ¡nosotras también tenemos gusto! (Ah, y puede
que algunas personas bisexuales sean poliamorosas o disfruten del sexo
con múltiples parejas, ¡pero eso no dice nada del resto del colectivo!)

Las personas bisexuales son portadoras del vih y otras ets.


¡No, no lo somos! El vih y las ets van ligadas a las prácticas sexuales, no
a la orientación sexual. Las personas contraen el vih a través de prácti-
cas sexuales de riesgo, compartiendo jeringuillas y con transfusiones de
sangre infectada. Ser bisexual no te convierte en infectada o infecciosa.

Las personas bisexuales son en realidad gais/lesbianas o heteros.


¡No, no lo somos! Somos realmente bisexuales y sentimos atracción
hacia personas de más de un género. Incluso si algunas de nosotras te-
nemos preferencia por un género por encima de otros, eso no nos hace

51
menos bisexuales. Sentir cualquier porción de atracción por más de un
género es suficiente. Es más, no pienses que estamos en el armario y
somos cobardes o que solo estamos experimentando: ¡nos declaramos
bisexuales con orgullo!

Las personas bisexuales pueden elegir ser gais/lesbianas o heteros.


¡No, no podemos! No se puede elegir ser gay o lesbiana, ¿no es cierto?
Entonces, ¿por qué se iba a poder elegir ser bisexual? Las personas bis
no pueden elegir de quién se enamoran o quién les atrae. Sí, escogemos
con quién tenemos relaciones, pero renunciar a una parte de nuestra
sexualidad es igual de doloroso que estar en el armario. Los gais y las
lesbianas también pueden elegir un estilo de vida heterosexual, pero las
personas bisexuales son las únicas a las que se culpa de ello.

Esta negación absoluta de los estereotipos genera una imagen espejo


del imaginario asociado a la bisexualidad. Si los estereotipos imagina-
ban a la persona bisexual como amenazadora, peligrosa, infecciosa e
inestable, esta persona bisexual es reconfortante, inofensiva, estable y
segura. Profundizar en esta refutación muestra una bisexualidad (o per-
sona bisexual) muy auténtica, muy estable, monógama y no sexual (o al
menos “apropiadamente sexual”10), inofensiva y normativa, dócil y no
problemática. Al contrario que la bisexualidad generada por los este-
reotipos negativos, esta no supone una amenaza para la sociedad, sino
que es inofensiva y benigna. De hecho, toda esta refutación consiste en
un intento de reafirmar la bisexualidad —y la persona bisexual— como
seguras para la sociedad, respondiendo a cada una de las exigencias de
normatividad con consentimiento entusiasta y, por lo tanto, apoyán-
dolas. Es decir: elimina la incomodidad, haciendo que la bisexualidad
parezca más un agente de normatividad que uno de cambio social.
Adicionalmente, asumir estos estereotipos literalmente y como ac-
titudes individualizadas resulta en la exclusión de cualquier persona
bisexual que sí encaje en ellos: puede que muchas personas bisexua-
les se sientan cómodas y representadas por esta refutación de mitos,

10 Para más sobre el sexo “adecuado”, véase: Rubin, Gayle (1992).

52
pero ¿qué ocurre con las personas que no encajan en este estándar de
la bisexual “normal” o “buena”? Algunas bisexuales son promiscuas (es
decir: mujeres sexualmente independientes), algunas bisexuales solo
están experimentando, algunas desean a personas de ciertos géneros
solo sexualmente y no románticamente, algunas practican tríos y per-
forman su bisexualidad para los hombres, algunas son portadoras de
vih y ets, algunas no practican sexo seguro, algunas están indecisas
o confusas, algunas engañan a sus parejas, algunas escogen ser bi, así
como muchas de las demás cosas de las que este tipo de discurso pre-
tende distanciarse. Una larga lista de personas está siendo tirada por la
borda en este intento de “luchar contra la bifobia”. Así pues, la refuta-
ción impone los estándares normativos y bífobos a la propia comunidad
bisexual, estableciendo una línea entre “buenas” y “malas” bisexuales.
De cualquier forma, una docilidad benigna y una ciudadanía no
amenazadora no son exactamente con lo que quiero que se asocie mi
bisexualidad.

Ni mitos, ni desmentir

No quiero tener aventuras y tomar enormes riesgos


y ser todo lo que dicen que somos.

Dorothy Allison, activista lesbiana

Desde una perspectiva epistemológica, estos estereotipos no deberían


ser tomados literalmente, sino como metáforas acerca del potencial
subversivo de la bisexualidad. Lo que quiero decir es que la bisexuali-
dad es una idea que resulta amenazadora para el orden de la sociedad.
Esto no tiene nada que ver con las personas bisexuales. Ciertamen-
te no pretendo sugerir que ser bisexual sea subversivo o radical en sí
mismo (ojalá lo fuera). Ser políticamente subversiva y radical requiere
mucho trabajo, pensamiento y esfuerzo, lo cual no puede lograrse con
una simple etiqueta identitaria. Tampoco pretendo establecer un nuevo
estándar de conducta bisexual que podría alienar a grandes secciones

53
de la comunidad bisexual. Y no pretendo sugerir que los estereotipos
sean correctos en cuanto a las prácticas personales de las personas bi-
sexuales. Lo que pretendo es examinar por qué la sociedad coloca la
bisexualidad en un espacio de ansiedad, amenaza y subversión. ¿Cómo
podemos utilizar precisamente estas asociaciones para alterar el orden
y crear cambio social?
Para ello, lo que intento es alejarme del discurso binario del Sí versus
No, Cierto versus Falso, Bueno versus Malo y abrir una tercera opción
radical de transgresión, subversión y multiplicidad. Hacerlo es, en mi
opinión, propiamente bisexual, marcando una resistencia a los bina-
rismos, un colapso de los límites y una subversión del orden (verás en
breves a qué me refiero).
Así que aquí va una tercera lectura de los mismos estereotipos, esta
vez tratando de entender por qué existen y qué podemos hacer con ellos:

La bisexualidad no existe.
Esta es, de lejos, la más sencilla: la sociedad intenta continuamen-
te negar la existencia de ideas subversivas para que desaparezcan. La
bisexualidad acarrea significados que reflejan varias ansiedades socia-
les. El intento de eliminar la existencia de la bisexualidad es un intento
de eliminar su potencial subversivo. En pocas palabras, si la sociedad
reacciona de forma tan histérica a una idea e intenta erradicarla por
cualquier medio, confirma que esta idea se percibe como una amenaza.
La bisexualidad tiene mucho potencial revolucionario. La sociedad lo
reconoce. Es hora de que nosotras también lo hagamos.

Las personas bisexuales están confundidas, son indecisas


o simplemente están pasando una fase.
La confusión, la indecisión y las fases indican un estado de inestabili-
dad, fluidez y proceso. La confusión alude a la inestabilidad y la duda,
lo cual señala la bisexualidad como posición ventajosa desde la que
cuestionarse y un potencial radical de cambio. La bisexualidad puede
pensarse como un agente de cambio social desestabilizador, que pro-
mueve dudarlo todo, empezando por nuestras identidades sexuales,

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