Bi Shiri Eisner
Bi Shiri Eisner
ISBN: 978-84-18283-59-8
Depósito Legal: B 14452-2023
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Bi
Apuntes para
una revolución bisexual
Shiri Eisner
Prólogo
a la edición castellana
5
Creo que, sin este libro, Resistencia bisexual no existiría. O como mí-
nimo, no sería lo que ha llegado a ser. Aún sin haber encontrado mis
propias palabras, encontré en las de Shiri Eisner explicaciones a múl-
tiples procesos en mi vida que solo había mirado desde el ángulo del
machismo o el capitalismo. Entendí la estructuralidad de la bifobia y
pude observar el mundo desde otro lugar. Este libro es una de las prin-
cipales razones de ser de mi propio libro, una especie de tía lejana,
aventurera y listísima de la que toda la familia habla y que, aun sin co-
nocerla personalmente, ya se ha convertido en tu referente. Y, como
todos los referentes, no tiene que encajarnos como anillo al dedo: le-
yendo a Shiri Eisner tuve muchas revelaciones, pero también algunos
desacuerdos y, por supuesto, hay cosas que pueden resultar desactua-
lizadas, ya que fue publicado en 2013. Y qué buena noticia que así sea,
¿no? Significa que el discurso teórico y político bi, al igual que todo
pensamiento crítico, se alimenta de distintas perspectivas, evolucio-
na y complejiza sus colores si se mantiene vivo. Bi: Apuntes para una
revolución bisexual es un trabajo de investigación tan meticuloso, tan
cuidadoso y tan interseccional que recurro a él una y otra vez y siempre
encuentro algo nuevo. Jamás se me habría ocurrido pensar que, apenas
unos años después, estaría escribiendo el prólogo de su traducción al
castellano. Para mí es un honor y agradezco profundamente a Clara Ba-
faluy la oportunidad de hacerlo.
Quiero hablar de Clara, y no solo de Shiri, porque creo que la labor
de traducción acarrea una responsabilidad cuyo sostén no depende solo
de la desenvoltura lingüística de quien traduce. Traducir nunca es solo
traducir, o no debería serlo. El texto debe ser recogido con cuidado, por
alguien que conozca exactamente las dimensiones de su mensaje, su po-
tencial transformador, la urgencia de sus palabras. Y es que, además de
ser traductora, Clara es una dedicada y feroz activista bisexual. He com-
partido con ella incontables asambleas, la he visto escuchar, proponer,
recoger acta y tener paciencia, poner el cuerpo, la mente y el corazón
en el activismo bi. Y no solo de Barcelona, desde DisturBi Col·lectiu,
sino también a nivel estatal, desde la organización de las ConBivencias
(Jornadas Estatales Autogestionadas sobre Bisexualidad). Creo que las
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personas bis, y en general el colectivo lgtbiqa+, somos afortunadas de
tenerla. Este libro no ha podido caer en mejores manos para su traduc-
ción al castellano.
El acceso a textos políticos y académicos bisexuales ya es en sí
mismo algo difícil de conseguir a causa del borrado y la deslegitimación
que pesan aún sobre la bisexualidad. Si a esto añadimos que la mayoría
de estos textos están escritos en inglés, la accesibilidad se reduce aún
más. Tener este libro traducido al castellano significa contar con una
herramienta valiosísima, no solo para el activismo bi, sino para la to-
talidad del colectivo lgtbiqa+. Conocemos a los grandes nombres que
escribieron imprescindibles textos sobre las letras más reconocidas del
colectivo y sobre teoría queer pero, ¿a cuántas autoras de análisis femi-
nista bisexual conocemos? Esta es nuestra Monique Wi)ig.
Gracias, Shiri, por tus palabras. Gracias, Clara, por facilitárnoslas.
Y gracias a las dos por vuestro enorme compromiso con el activismo
bisexual.
Elisa Coll
7
Prólogo
de la traductora
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sexismo y la bifobia”, dirige la atención más allá de la bisexualidad como
orientación individual del deseo para centrarse en sus implicaciones po-
líticas y esbozar las estructuras de opresión que la atraviesan de forma
colectiva a nivel económico, político, de salud, etc. El capítulo 3, “Bi-
sexualidad, privilegio y passing”, aborda las distintas formas en las que la
bisexualidad se relaciona con el passing —desde la dificultad de ser leída
como bisexual a las acusaciones de privilegio y passing heterosexual.
El capítulo 4, “Bisexualidad, feminismo y mujeres”, sitúa la experiencia
bisexual en el marco de la teoría feminista, centrándose en sus intersec-
ciones con la violencia de género y sexual, y abordando las problemáticas
concretas que afectan a las mujeres bisexuales. El capítulo 5, “Bisexuali-
dad, feminismo y hombres”, se centra en las experiencias de los hombres
bisexuales y la intersección entre la masculinidad y la bisexualidad, en la
misoginia presente en ciertos discursos sobre bisexualidad y en las posi-
bilidades que puede ofrecer un discurso feminista sobre la bisexualidad
masculina para la deconstrucción de la masculinidad hegemónica.
Los capítulos 6 y 7 abordan dos intersecciones imprescindibles
y a menudo pasadas por alto en discusiones sobre bisexualidad. “Bi
y trans” pone el foco en los problemas de género enraizados en la bi-
sexualidad, en su potencial para desestabilizar las categorías y los
binarismos de género, en las particularidades de la experiencia trans
bisexual y en las alianzas históricas entre ambos colectivos. En “Bi-
sexualidad y racialización”, Eisner utiliza el caso de la población judía
mizrají en Israel/Palestina Ocupada para explorar los paralelismos entre
la otredad bisexual y la orientalizada, y para localizar las formas en las
que los discursos coloniales han instrumentalizado el monosexismo y
la “bisexualización” de poblaciones racializadas como herramientas en
la construcción del binomio colonial civilizado-primitivo. El último ca-
pítulo, “Bisexualidad y movimiento gggg”, devuelve la mirada al propio
colectivo para examinar críticamente las tendencias homogeneizado-
ras y asimilacionistas que han acabado por dominar el activismo gay
de las últimas décadas, dispuesto a sacrificar las facciones más “in-
deseables” y disruptivas para la norma a cambio de derechos como el
matrimonio y la participación en el ejército.
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Sobre la traducción
apuntes de género
Uno de los principales problemas que surgen en la traducción del inglés
al castellano de textos tan relacionados con el género y la violencia ma-
chista como este radica en la necesidad de usar el género gramatical en
oraciones que son neutras en el original. Esta traducción usa por princi-
pio el femenino genérico, y el masculino y el neutro (-e) cuando resultan
apropiados en su contexto. En cuanto a la autora, aunque escribe el libro
originalmente en inglés, su lengua nativa es el hebreo, que funciona gra-
maticalmente de forma similar al castellano en cuanto a género, con la
excepción de que no dispone de un equivalente al uso de la -e que hace-
mos en castellano en los ámbitos de la literatura y el activismo lgtbiqa+.
En conversación con la autora me expresó que, por lo tanto, usa los pro-
nombres they/them (elle) en inglés, y el equivalente de she/her (ella) en
hebreo. Acordamos, entonces, que para la traducción usaría el femenino
para referirme a elle de forma general, y el neutro en ciertos contextos.
Los problemas lingüísticos de género se extienden también al vo-
cabulario. En inglés no existen los términos “violencia de género” ni
“machismo”. En su lugar, se usa “domestic violence” (violencia domésti-
ca), “intimate-partner violence” o “ipv” (violencia dentro de la pareja) y
“sexism” (machismo). La traducción mantiene los equivalentes en cas-
tellano en ciertos casos, mientras que en otros en los que el contexto
deja claro que se está refiriendo a violencia de género o machismo se
traducen como tal.
Existe un problema similar con la palabra “gay”: mientras que en
castellano suele usarse para referirse únicamente a los hombres ho-
mosexuales, en inglés a menudo se utiliza de forma similar a la palabra
“queer” —un término paraguas y genérico en el que entra cualquier
desviación de la norma cisheterosexual— pero también es común usar-
la como sinónimo de “homosexual”. Eisner utiliza el término a menudo
para referirse a las personas y comunidades homosexuales —gays y
lesbianas— y la traducción refleja ese desglosamiento cuando es apro-
piado para el contexto.
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sobre la necesidad de bi: apuntes para
una revolución bisexual
Esta traducción nace de la pasión por el activismo bisexual y el deseo de
verlo crecer más allá del mundo anglosajón. Empecé el trabajo de tra-
ducción en 2020 sin mayor pretensión que la de generar materiales para
dar talleres de autoformación sobre bisexualidad desde el activismo
autogestionado. Sin embargo, las compañeras pronto me animaron a
llevarlo más lejos y a ponerme en contacto con Eisner, quien aceptó con
entusiasmo la idea de tratar de publicar la traducción de su libro. Con
su permiso, y con la ayuda de los generosos consejos de la traductora y
poeta Gloria Fortún, llamé a la puerta de editoriales durante algo más
de un año, sin suerte: las pocas editoriales a las que les podría intere-
sar el proyecto son pequeñas y por diversas razones no podían hacerse
cargo de él. Cuando ya empezaba a asumir que no iba a poder ser, una
compañera de activismo me puso en contacto con Júlia, editora en Des-
control Editorial, quien abordó el proyecto con ilusión y cariño. Gracias
a ella y al compromiso político y editorial de Descontrol, este libro ve fi-
nalmente la luz. También lo han hecho posible las amigas y compañeras
de lucha que no solo me han acompañado y animado a lo largo de todo
el proceso, sino que también han tenido la generosidad de leer y revisar
los primeros borradores de esta traducción. Elisa, Irene, Dúnia, Jess, Pal,
Yaiza: gracias infinitas.
Las activistas bis conocemos de sobra la frustración que genera la
escasez de bibliografía sobre bisexualidad en español —da la sensación
de que empezamos de cero, de que no ha habido otras antes, de que va a
depender de nosotras crear de la nada un marco teórico en el que basar-
nos y sobre el que construir una política bisexual radical. Sin embargo,
esto no se debe a una escasez real de bibliografía, sino más concre-
tamente a una escasez de textos en castellano. Así como se publican
muy pocos textos originales en español sobre bisexualidad (y solo en
los últimos años), la publicación de obras traducidas era, hasta ahora,
prácticamente inexistente. Bi: Apuntes para una revolución bisexual es
el libro adecuado para empezar a trasladar a nuestra lengua el trabajo
que realizan escritoras, activistas y académicas anglosajonas bisexua-
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les debido a su accesibilidad y su compromiso con la realidad material
de todas las personas bisexuales en sus distintas intersecciones. Espe-
ro que la obra resulte a las lectoras tan impactante y reveladora como lo
fue para mí y mis compañeras cuando llegó a nuestras manos por pri-
mera vez.
Clara Bafaluy
13
Introducción
1 ndt: Cuando no se especifica lo contrario, las citas han sido traducidas al castellano
por la traductora del volumen.
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a distribuir panfletos promocionando el grupo de apoyo y a organizar
mis propios grupos y eventos. En un año publiqué un artículo en un
libro (Ge$ing Bi: Voices of Bisexuals Around the World, segunda edición),
publicaba regularmente textos online, fundé un club de cine bisexual,
organicé el primer bloque bi/pan en la manifestación del Orgullo de Tel
Aviv, empecé una lista de difusión por correo electrónico para bisexuales
de Israel y formé la segunda organización bisexual y pansexual en Israel/
Palestina Ocupada, Panorama – Bi and Pansexual Feminist Community.
Fue a lo largo de ese tiempo cuando empecé a aprender sobre
bisexualidad. Engullí todo lo que llegaba a mis manos: antologías, ar-
tículos, libros —tanto académicos como políticos. A medida que se
expandía mi conocimiento, también lo hacía mi discurso bisexual.
Pronto descubrí que necesitaba explicárselo al resto del mundo. Sabía
mis motivos para hacer activismo bisexual, pero si quería animar a otres
a unirse, debía desarrollarlos. Empecé un blog bisexual en hebreo, más
tarde en inglés. Pero una de las primeras cosas que descubrí fue que
independientemente de cuanto escribiera, todo parecía parcial, como
fragmentos de un todo mayor. También descubrí que no solo tenía opi-
niones únicas sobre la bisexualidad, sino también conocimientos únicos
—había leído tanto sobre política y teoría bisexual que era capaz de
conseguir información a la que la mayoría de personas no tenían acceso.
Tuve durante mucho tiempo la vaga idea de que algún día escribi-
ría un libro sobre bisexualidad. Al principio no sabía sobre qué trataría,
pero acabé desarrollando un esquema. Un día me senté en la cocina con
mi novia, Lilach y le dije (por lo que debía ser la enésima vez) que tenía
un libro en mente. Sin embargo, esta vez su respuesta fue distinta: “Es-
críbelo”. Y lo hice.
Este libro trata sobre por qué hago activismo bisexual. Es la explica-
ción completa que nunca podría desarrollar en ninguno de mis blogs.
Todo lo escrito en este libro, independientemente de su nivel teórico o
académico, forma parte de todo lo que hago como activista bisexual. Por
lo tanto, veo este libro como un manual de trabajo. Independientemen-
te de lo teórico que llega a ser en algunos puntos, la teoría no existe —ni
debería existir— únicamente en el papel.
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Este libro es el primer intento de desarrollar una política bisexual cohe-
rente y radical en lugar de liberal. La palabra “radical” proviene del latín
radix (“raíz”) y se refiere a todo aquello relacionado con la raíz de las
cosas. En el caso de la política, implica examinar las raíces de la opre-
sión en la sociedad. En oposición a la política liberal, cuyo objetivo es
conseguir acceso a las estructuras sociales de poder, la política radical
critica esas estructuras y pretende, en último lugar, desmembrarlas. En
oposición a las políticas liberales, que priorizan puntos de vista hege-
mónicos y cambios “de arriba abajo”, la política radical prefiere puntos
de vista marginales y soluciones “de abajo arriba”. Así como las políticas
liberales asumen que el sistema (social, político, económico, etc.) está
esencialmente bien y sencillamente requiere algunas correcciones, la
política radical lo reconoce como la fuente de la opresión en sí mismo.
Según la política radical, no se puede lograr la liberación contribuyendo
a esos sistemas o solicitándoles que extiendan su control. En cambio, lo
que hay que hacer es minimizar su control y finalmente destruirlos. La
política radical no consiste en conseguir derechos, protección o privi-
legios; no pretende insertar pequeños cambios en el sistema para que
“funcione mejor”; no pretende cambiar la legislación y esperar a que
sus efectos “goteen”. La política radical tiene que ver con la revolución.
Un punto de vista radical ofrece a la política bisexual la oportunidad
de examinar y oponerse a la opresión de las personas bis en tanto que
examina las raíces en lugar de la superficie. Hasta la fecha, el principal
objetivo de las políticas bisexuales “mainstream” en América del Norte
y Europa Occidental ha sido lograr la “aceptación” de la sociedad y “ad-
quirir derechos”. Pero en lugar de afrontar las cosas superficialmente,
como lo hacen las políticas liberales, este libro pretende arrojar luz a
cómo funcionan las cosas “abajo”, en las vidas de las personas. También
intenta señalar las razones por las que ocurren estas cosas y mostrar
cómo, en lugar de existir aisladamente, tienen relación con otras formas
de opresión. En lugar de intentar normalizar la bisexualidad, este libro
intenta extraer su enorme potencial subversivo y utilizarlo para derro-
car el orden social y crear una revolución.
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Siguiendo la prioridad que la política radical da a los puntos de vista
marginalizados, este libro también es marcadamente queer, feminista,
antirracista y transinclusivo. Donde se puede, donde es apropiado, tien-
de puentes a esos y otros grupos, examinando las intersecciones entre
ellos y la bisexualidad. Esto se basa en la certeza de que ninguna lucha
está completa sin vincularse a las demás. La opresión de cualquier
grupo no existe de forma aislada, sino en paralelo, se alimenta de e in-
tersecciona con otras. Es más, estos tipos de opresión no solo existen
en el mundo “exterior”, separados de las distintas comunidades y mo-
vimientos, sino que también las afecta internamente. Por esta razón,
ignorar otros tipos de opresión para priorizar políticas que conciernen
un único problema significa reforzarlas. Es por esto que este libro cons-
tantemente trata de establecer estas conexiones en su examinación del
monosexismo y la bifobia.
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dad, también debo reconocer que este libro no trata (completamente)
sobre ellas. Esto no pretende borrarlas, menospreciarlas ni excluirlas,
sino reconocer las diferencias existentes y los distintos puntos de vista.
Dicho esto, también espero que este libro pueda servir como recurso
para otros grupos no monosexuales, que encuentren en él inspiración y
empoderamiento, quizás el suficiente para unirse a los movimientos bi-
sexuales como parte de una lucha que nos abarca a todes.
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alienar a mis lectoras ni hacer que se sientan atacadas. Más bien, la crí-
tica se hace en el espíritu del apoyo comunitario, reconociendo que ser
críticos con nuestres amigues y comunidades es una parte importante
del proceso de aprendizaje en el que estamos todes embarcades. El de-
bate, la disidencia y el conflicto, mantienen viva la llama del corazón
de la comunidad. Nos permiten aprender, enseñar, formar opiniones,
desarrollar conceptos y lenguaje y, en último lugar, crecer y cambiar.
Criticar un movimiento desde dentro es expresar solidaridad con él,
contribuir y apoyarlo en su camino hacia la revolución.
Una dificultad muy distinta de este libro es que en ocasiones trata temas
difíciles como la violencia, la violencia sexual y otros. Por esta razón,
todo el libro contiene avisos de contenido. Un aviso de contenido pre-
cede un texto o una imagen que puede causar respuestas emocionales
extremas, como flashbacks postraumáticos, ansiedad, pánico, etc. El
propósito de los avisos de contenido es permitir a las personas esco-
ger si exponerse o no a contenido que tiene el potencial de provocar
estas respuestas. Su propósito es cuidar tanto nuestro estado emocio-
nal como el de otres. Pretenden crear un espacio seguro para todes,
reconociendo que muchas personas son supervivientes de violencia,
violencia sexual y otras experiencias traumáticas. Cuando encuentres
un aviso de contenido en este libro, considera si el contenido que lo
sigue puede desencadenar un estado emocional duro o extremo. Si es
así, ruego que consideres leerlo en algún sitio en el que te sientas se-
gura y en un momento en el que tengas apoyo emocional disponible en
caso de necesitarlo.
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pulsada de él o tener que luchar por mi derecho de vivir en él; vivo en
una seguridad relativa en lugar de bajo el asedio o la constante amena-
za de ataques militares; poseo libertad de movimiento y de expresión,
lo que me permite participar en luchas políticas, así como leer y escri-
bir sobre política. Estos son solo algunos de los privilegios que poseo
en detrimento de las personas palestinas, así como de las trabajadoras
migrantes no judías y las solicitantes de asilo. El sistema racista de apar-
theid israelí me beneficia directamente por la única “virtud” de ser judía
mientras oprime a otres por el “crimen” de querer vivir aquí.
Además de estos, poseo varios privilegios que me han permitido
escribir este libro: hablo inglés, lo que significa que he tenido la posibi-
lidad de elegir escribirlo en este idioma y expandir mi potencial círculo
de lectores; tengo una educación académica y acceso a libros, artículos
y otros recursos sobre política queer y bisexual. Esto significa que he te-
nido acceso al conocimiento necesario para escribir un libro; tengo un
trabajo estable que me paga lo suficiente para poder permitirme aloja-
miento, ropa y comida; también me permite tener un ordenador y el
suficiente tiempo libre para escribir; tengo los conocimientos y habi-
lidades necesarias para utilizar un ordenador. Esto incluye habilidad
física ya que los ordenadores privilegian a quienes pueden mover las
manos y ver la pantalla. Es más, tengo la “edad adecuada” para que se
me considere “una escritora joven y provocadora” por un lado y para
ser tomada en serio por otro. Esto contribuye a mi estatus de escrito-
ra y consecuentemente al estatus del libro. Aunque estos no son todos
los privilegios que poseo, son sin embargo los principales. La mayoría
de la gente del mundo no los tiene y al aprovechar las ventajas de mi
relativo privilegio no pretendo olvidar ni ignorar a aquellas en cuyos
hombros se construye este privilegio. Me alzo hombro con hombro con
todos estos grupos y personas y lucho por su liberación junto a la mía.
Si pudiera pedir algo a mis lectoras sería que no dejen este libro en la
estantería, sino que se lo lleven a la calle. Usad este libro para infor-
mar y crear vuestros propios movimientos bisexuales radicales con los
que destruir la opresión y trabajar por la liberación. El propósito de este
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libro es servir de inspiración para el activismo, para salir a la calle y
cambiar el mundo.
Además, espero que este libro influya en el cambio de los existentes
movimientos bisexuales en Norteamérica y Europa Occidental. Aunque
estos movimientos han tenido historias fieramente radicales, feminis-
tas, antirracistas y transinclusivas, también han caído en los problemas
en los que repara este libro. Espero que también pueda plantar una se-
milla de cambio en estos movimientos existentes, que los dirija hacia un
camino más radical y menos asimilacionista, hacia la creación de nue-
vas alianzas —y que revolucione nuestras comunidades bi.
La revolución bisexual nos está esperando. Empecemos a hacerla
realidad.
22
capítulo 1
¿Qué es la
bisexualidad?
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llevó un tiempo darme cuenta de que no necesitaba —ni habría sido
posible— cubrir todos los significados posibles que se pueden atribuir
a la bisexualidad. Hacerlo requeriría todo otro libro, e incluso entonces
no se acercaría a ser completo.
Sin embargo, sí que tengo algunas conjeturas.
Algo de historia
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mente “internamente masculinas” y que las personas transgénero son
en realidad “hombres gais” (aplicado a las mujeres trans) o “lesbianas”
(aplicado a los hombres trans).
Según esta teoría, la “bisexualidad” se usaba para describir lo que
ahora llamamos intersexualidad (anteriormente “hermafrodismo”, re-
firiéndose a cuerpos con genitales y otras características sexuales no
binarias). El deseo bisexual era llamado “hermafrodismo psicosexual”,
vinculando la bisexualidad entendida como estado físico con la bi-
sexualidad entendida como deseo. Las personas bisexuales eran vistas
como psicológicamente intersexuales, trayendo la lógica de la inversión
(atracción heterosexual latente) al campo del deseo bisexual. En otras
palabras, la parte “masculina” de una persona bisexual desea a las mu-
jeres, mientras que su parte “femenina” desea a los hombres.
Es posible que hayas notado que esta teoría es a la vez increíblemen-
te binaria y andrógina. A pesar de su binarismo y heterosexismo, me
gusta la forma en que esta teoría conecta la bisexualidad con la inter-
sexualidad y abre una suerte de “tercer espacio” para ambos cuerpos,
géneros y deseos. En las sociedades del mundo minoritario, tanto los
cuerpos intersexuales como las identidades bisexuales son percibidas
como aberraciones. Se considera que requieren “corrección” inmediata
para encajar en las normas binarias de la sociedad: los bebés intersexua-
les son tratados como una emergencia médica y se les imponen cirugías
de reasignación de sexo, a menudo inmediatamente después de nacer
y sin consentimiento. De forma parecida, aunque ciertamente menos
violenta y más simbólica, la identidad bisexual se suele tratar como una
emergencia sexual: las personas bisexuales recibimos una fuerte resis-
tencia y presión social para que cambiemos inmediatamente nuestras
identidades por otras (a menudo cualquier otra, siempre y cuando no
usemos “la palabra que empieza por b”).
Freud fue uno de los primeros pensadores del mundo minoritario
en usar la palabra “bisexualidad” para describir el deseo en lugar de un
estado físico o psicológico. La forma en que Freud describió la bisexuali-
dad (también llamada “perversidad polimórfica”) sirvió de base a partir
de la cual se desarrollaron los conceptos de heterosexualidad (“nor-
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mal”) y homosexualidad (“patológica”). Pocos recuerdan mencionar la
bisexualidad como la base de la teoría Edípica de Freud: según Freud, la
criatura (masculina) nace bisexual, deseando tanto a su madre como a
su padre y supera y reprime su deseo bisexual a través del proceso edí-
pico. Si el proceso funciona, la criatura acabará siendo heterosexual (es
decir: sana) y si fracasa, la criatura será homosexual (es decir: enferma).
La bisexualidad en sí misma deja de ser una opción para la criatura y se
relega a un pasado psicológico “primitivo”2. Por lo tanto, en la teoría de
Freud, la bisexualidad no se puede pensar como una orientación sexual
(como la hetero- o la homosexualidad), sino solo como una base repri-
mida al servicio del desarrollo de otras sexualidades.
En consecuencia, la teoría de Freud es responsable de varias de las
creencias populares que se suelen asociar a la bisexualidad en socieda-
des del mundo minoritario:
2 “Primitivo” es la palabra que se usa en el psicoanálisis para describir las épocas tem-
pranas de desarrollo, aunque también surge claramente de los discursos colonialistas.
26
Los hombres no representan dos poblaciones distintas, hetero-
sexual y homosexual. El mundo no se divide en ovejas y cabras. No
todas las cosas son negras, ni todas son blancas. El hecho de que
la naturaleza raramente lidia con categorías diferenciadas es un
fundamento de la taxonomía. Solo la mente humana inventa ca-
tegorías e intenta forzar los hechos en distintos encasillamientos.
27
particular, o que su importancia
Discurso: término acuñado por el filó-debería ser ignorada. Tampoco pre-
tendo insinuar que deseaban dañar
sofo francés Michel Foucault. Se refie-
re a todo aquello que se dice, escribea las personas bisexuales o que ac-
o comunica de cualquier otra forma tuaban maliciosamente. Lo que sí
sobre un tema determinado. Un deri- pretendo es subrayar que, como
vativo importante es discurso domi- muchas otras identidades queer y
nante, en referencia al discurso que lgbt, la bisexualidad fue inventada
se crea desde el poder y que domina
y analizada por poderes hegemó-
la comprensión social sobre un tema
nicos bajo el proyecto masivo de
concreto.
categorizar y patologizar varias ex-
Hegemonía: dominación, poder periencias y comportamientos
y control. humanos, siendo reclamada más
Capital simbólico: término acuñado adelante por el movimiento bi-
por Pierre Bourdieu. Se refiere a los sexual. Las personas bisexuales
recursos simbólicos (intangibles) que sirvieron como objetos de investi-
posee una persona, como prestigio, gación, el terreno sobre el que basar
reputación o reconocimiento y que le teorías sobre la bisexualidad y, efec-
dan más valor a los ojos de la socie- tivamente, sobre todo el continuo
dad y la cultura.
de cuerpos, géneros y deseos. Esto
significa que las personas bisexua-
les sirvieron como “materia prima” para teorías sobre las que no tenían
control. Los investigadores ganaron sus prestigiosas reputaciones y
su capital simbólico sobre las espaldas de los sujetos de investiga-
ción bisexuales, sus vidas y sus experiencias, sin distribuir ninguna
de las ganancias —materiales o simbólicas— de vuelta a la comuni-
dad. Este problema es compartido por muchos grupos marginalizados
(incluyendo personas lgbt, mujeres, personas intersexuales, personas
racializadas, personas discapacitadas y muchas, muchas otras) y efec-
tivamente abunda aún hoy en día.
Sin embargo, vale la pena señalar que, en muchas formas, esta
categorización y patologización de la bisexualidad es uno de los fac-
tores que finalmente llevó a la creación de un movimiento bisexual.
Parafraseando al filósofo francés Michel Foucault: tras el proyecto de
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categorización de la institución
médica, “el [bisexual] se convirtió Racializada: referente a la percepción
en una especie”. Antes de que apa- de que una persona tiene “raza”. Este
reciera este campo de investigación término substituye “personas de co-
sobre la sexualidad, lo que ahora lor”, que asume la blanquitud como
llamamos bisexualidad era simple- neutra (ya que las personas blancas
mente una serie de actos sexuales raramente son imaginadas como “de
que en sí mismos no tenían nada color” o “raza”).
que ver con una persona bisexual Discapacidad: no debería enten-
o con su autoidentificación. La in- derse como “deficiencia” física, sino
vestigación médica y psicológica como referencia a la situación de ser
fue la primera en crear la categoría activamente dis-capacitada por los es-
de bisexualidad (controlando tam- tándares sociales de capacidad y la
bién sus contenidos y definiciones). “incapacidad” de alcanzarlos.
Desde el momento en el que la bi- Patologización: imposición de un
sexualidad se convirtió en una punto de vista médico a ciertos senti-
categoría, también pasó a poderse mientos, pensamientos o comporta-
adoptar como identidad personal, mientos humanos (que de otra forma
como un tipo de persona más en se considerarían normales), conside-
rándolos patológicos.
lugar de una serie de actos aislados.
Lo que le faltaba, entonces, al mo-
vimiento bisexual, era reclamar la bisexualidad —como término, como
identidad y como concepto— para las personas bisexuales, de una
forma que beneficiara y aportara algo a la población bisexual.
Por lo tanto, resulta algo sorprendente que el movimiento bisexual
del mundo minoritario no lo hiciera hasta la década de los 70 (y de
nuevo en los 90). Existe muy poca investigación sobre las vidas de las
personas bisexuales durante ese período intermedio, pero se puede de-
ducir que muchas personas bisexuales entre las décadas de los 50 y los
60 formaban parte de las comunidades gais o lésbicas y que participa-
ron en las primeras organizaciones por los derechos gais en Estados
Unidos (las llamadas organizaciones “homófilas”). A pesar de que la
bisexualidad se consideraba, incluso entonces, un subgrupo de la
homosexualidad (una noción bífoba que borra la singularidad y espe-
29
cificidad de la bisexualidad), las personas bisexuales sufrían un trato
bífobo por parte de las comunidades gais y lésbicas3. Sin embargo, pa-
rece que las comunidades lgbt en general estaban en una situación de
tal riesgo y tan centradas en la supervivencia que quedaba poco espacio
para que nadie creara o hablara sobre identidades o espacios distin-
tos. A pesar de que la bifobia estaba presente incluso entonces, solo
empezó a haber espacio para fundar separadamente un movimiento
bisexual una vez el movimiento gay (y más tarde el movimiento lésbi-
co) hubo alcanzado ciertas metas. Resulta interesante que este proceso
se compartiera, de muchas maneras, con el movimiento transgénero,
que se desarrolló propiamente como movimiento alrededor del mismo
momento que el movimiento bisexual.
En la década de los 70 y de nuevo en los 904, el movimiento bisexual
reclamó la bisexualidad como identidad y como sujeto de investigación
y pensamiento político, en lo que pareció —y sigue pareciendo hasta la
fecha— un proyecto masivo para demostrar la existencia, la validez y
la normatividad de la bisexualidad (todos conceptos problemáticos que
critico a continuación). Este movimiento solía definir la bisexualidad
como atracción “a tanto hombres como mujeres” (siguiendo la línea de
la institución médica), con variaciones en cuanto a qué tipos de atrac-
ción constituían la bisexualidad (emocional, sexual, conductual, etc.).
Entre las décadas de los 90 y los 2000, la definición de la bisexualidad
cambió gradualmente para acomodar las identidades de género no bi-
narias que eran borradas por el lenguaje del deseo. Actualmente, la
mayoría de movimientos bisexuales utilizan extensas definiciones de la
bisexualidad: atracción a gente de más de un sexo o género; atracción a
personas con géneros parecidos al propio y a personas de géneros dis-
tintos al propio; o atracción a personas de múltiples géneros.
Sin embargo, las cronologías son limitadas. Crean la ilusión de que el
tiempo, los movimientos y las definiciones y su desarrollo evolucionan
progresivamente en línea recta. Pero que esto no te engañe: no existe
30
una sola definición de la bisexualidad y todas las definiciones mencio-
nadas previamente (incluyendo las médicas) se siguen usando de una
manera u otra. Por lo tanto, este capítulo pretende explorar algunos de
los significados de la bisexualidad a los que se suele aludir en la cultura
del mundo minoritario.
Definiendo la bisexualidad
deseo
El primer tipo de significado que quisiera dar a la bisexualidad es el del
deseo. Me gustaría analizar dos definiciones de este tipo y extender sus
implicaciones políticas y personales: más de uno y mismo y distinto. La
primera definición es amplia y nos da herramientas para pensar en la
bisexualidad como un continuo. La segunda definición pone hincapié
31
en las diferencias jerárquicas y nos permite abordar las relaciones de
poder en nuestras comunidades y relaciones íntimas.
Más de uno
Mi definición favorita de la bisexualidad hasta la fecha fue populariza-
da por la (maravillosa) activista bisexual Robyn Ochs. Ochs dice: “me
nombro bisexual porque reconozco que tengo el potencial de sentirme
atraída —románticamente y/o sexualmente— por personas de más de
un sexo y/o género, no necesariamente al mismo tiempo, no necesaria-
mente de la misma manera y no necesariamente en el mismo grado”.
Esta es de lejos la definición más amplia y útil de la bisexualidad que
he encontrado hasta la fecha. Su fuerza reside en la forma en que per-
mite que cualquiera que se identifique como bisexual lo haga (en otras
palabras: reafirma a la gente). En un mundo en el que la bisexualidad
suele definirse muy estrechamente, muchas personas que experimentan
deseo bisexual suelen tener miedo de empezar a nombrarse bisexual (o
a continuar haciéndolo) ya que sienten que “no cumplen los requisitos”.
El rol que puede cumplir una definición reafirmadora de la bisexualidad
para combatir estos sentimientos de bifobia interiorizada es incalcula-
ble y me parece que eso es exactamente lo que logra la definición de
Ochs. Asegura a las personas que “les es permitido” identificarse como
bisexuales si así lo desean.
Aunque esta definición ya es bastante popular y se ha utilizado du-
rante muchos años, sigue siendo innovadora y desafiante en varios
sentidos: en primer lugar, pone en disputa el sistema binario de géne-
ro, señalando que el deseo bisexual puede dirigirse a cualquier número
de géneros mayor a uno. Esto da espacio para que las personas se iden-
tifiquen como bisexuales incluso cuando sienten atracción hacia más
que los mitológicos “ambos géneros”, a la vez que elimina el énfasis
cis-sexista puesto en los genitales de la pareja para determinar la bi-
sexualidad. En segundo lugar, al especificar que el deseo bisexual puede
ser romántico, sexual, o ambos, esta definición afirma a las personas que
solo sienten uno de ellos que no le falta nada a su identidad bisexual. En
tercer lugar, la definición reconoce que la atracción a más de un sexo
32
o género no ocurre necesariamen-
te al mismo tiempo, abriendo así un Cissexismo: sistema social según el
espacio para considerar historias y cual todas las personas son, o debe-
narraciones a lo largo de una vida .
5 rían ser, cisgénero, incluyendo sis-
Así, se ofrece un espacio a las per- temas sociales de privilegio para las
sonas que experimentan cambios personas que son cisgénero y castigos
en el deseo a lo largo del tiempo y para las que no lo son.
que deseen nombrarse como bi- Binarismo de género: sistema de
sexuales. Por último, reconocer que género del mundo minoritario en el
el deseo bisexual no ocurre necesa- que solo se reconocen dos géneros en
riamente de la misma forma o en el oposición y mutuamente excluyentes
mismo grado reafirma a las perso- (hombre y mujer).
nas que no deben necesariamente
desear (o tener experiencias con) todos los géneros que les atraen para
“contar” como bisexuales. Esto permite que se puedan identificar como
bisexuales personas que sienten preferencia por un género, que han te-
nido más experiencia con un género que con otros o que han sentido
deseos muy distintos hacia diferentes géneros.
33
vida interior, generar vínculos contra la tiranía masculina, el dar
y recibir apoyo práctico y político; si podemos encontrar en él aso-
ciaciones como la resistencia al matrimonio y el comportamiento
“desviado” que define Mary Daly (significados obsoletos como in-
tratable, decidida, no casta, una mujer reticente a ser seducida),
empezamos a atisbar la amplia historia y psicología de las mu-
jeres que han sido relegadas a los márgenes como consecuencia
de definiciones del lesbianismo limitadas y mayormente clínicas.
34
y reducirla a lo abstracto, asumiendo que el deseo y la sexualidad es-
pecíficamente bisexuales son inexistentes o marginales. Creo que la
bisexualidad y la cultura sexual bi juegan un papel central en el po-
tencial de la bisexualidad como concepto político y como identidad o
experiencia personal (para las personas alosexuales6). En cambio, esta
definición práctica puede servir de herramienta o como ventana a
través de la cual observar —e identificar— la bisexualidad en la vida
cotidiana, así como en la sociedad, la cultura y la historia. Puede ayu-
darnos a identificar esos momentos que consideramos (bisexualmente)
significativos allí donde podamos encontrarlos. También significa que
esta herramienta puede usarse para abrir un espacio adicional para una
identidad bisexual política —aunque no necesariamente sexual— y
animar esa identificación política incluso para las personas que no ex-
perimentan deseo bisexual.
El mismo y distinto
Esta definición fue popularizada alrededor de 2009 por la web The Bi-
sexual Index y por el blog Bi Furious!. Se apoya en la definición “clásica”
de la bisexualidad como una “combinación” o “unificación” de la ho-
mosexualidad y la heterosexualidad. Si la homosexualidad se entiende
como atracción hacia personas de géneros parecidos al propio y la he-
terosexualidad se entiende como atracción hacia personas de géneros
distintos al propio, entonces la bisexualidad puede entenderse como
atracción hacia personas de géneros similares y distintos al propio.
Lo que me gusta de esta definición es que invoca el tema del gé-
nero sin limitar sus opciones, asignando dos categorías, pero dejando
abiertos sus contenidos. Esta definición tiene el efecto inherente de
cuestionar sutilmente las identidades de género de las personas y la re-
lación del propio género con el de los demás. En otras palabras, subraya
la diferencia.
Esta definición da paso a preguntas que muchas personas conside-
ran obviamente insignificantes: ¿Cómo defino el género? ¿Cuál es mi
identidad de género? ¿Qué géneros son distintos al mío? ¿Cómo defini-
6 En lugar de asexuales.
35
ría similitud en relación al género? ¿Cómo definiría la diferencia? ¿Qué
diferencias erotizo y cómo? ¿Qué similitudes? ¿Erotizo rasgos de géne-
ro mixto cuando pertenecen a una sola persona, o me atrae más una
diferenciación clara? ¿Cómo influye mi género en mi deseo y mis rela-
ciones? ¿Cómo interactúan? ¿Cómo influyen mi deseo y mis relaciones
en mi identidad de género?
Las respuestas a estas preguntas nunca son triviales y sean cuáles
sean las conclusiones a las que te lleven, su importancia reside en el
cuestionamiento de las identidades de género, los binarismos de géne-
ro y las interacciones basadas en el género. De hecho, es posible que a
través de estas preguntas muchas personas lleguen a pensar en cosas
en las que no habían pensado nunca, a encontrar ángulos a través de
los cuales no se habían examinado nunca. Estas preguntas pueden
permitirnos examinar el contexto social de nuestras interacciones per-
sonales, así como proporcionar herramientas para descripciones más
específicas de nuestras experiencias bisexuales.
Esta definición también identifica jerarquías. En una sociedad
patriarcal y cis-sexista, las diferencias de género siempre acarrean jerar-
quías. Los hombres o las personas
Patriarcado: literalmente signifi-
en el espectro masculino ocupan
ca “gobierno de los hombres”. Refle- un lugar más alto en el orden social
ja una estructura social en la que los que las mujeres o las personas en el
hombres tienen control material y espectro femenino. Así mismo, las
simbólico sobre la sociedad. personas cisgénero ocupan un es-
pacio jerárquico más alto que las
Genderqueer (o no binario): término
que hace referencia a las identidades personas transgénero y gender-
que no son ni “mujer” ni “hombre”. queer. Incluso las masculinidades
Por ejemplo, las personas que se y feminidades cisgénero difieren
identifican tanto como hombre como en culturas distintas y la expresión
mujer, ni como hombre ni como mu- blanca (cis)género se considera su-
jer, fluidas, tercer género, etc., tam- perior a cualquier otra. Piensa, por
bién puede que se identifiquen como ejemplo, en las diferencias —y las
genderqueer. diferencias de percepción— entre
las masculinidades blancas, ne-
36
gras, latinas, judías, de oriente medio y asiáticas (por nombrar algunas).
Cada una acarrea su propio peso, cada una se percibe de forma distin-
ta y sin embargo está claro que la única forma de masculinidad que es
completamente validada en la sociedad blanca/del mundo minoritario
es la blanca (y lo mismo, por supuesto, se aplica a la feminidad). Es más,
estas jerarquías no se aplican únicamente hacia afuera, en la esfera pú-
blica; existen en nuestros hogares, en nuestras relaciones y en todos los
aspectos de nuestras vidas personales, creando desequilibrios de poder
dentro de nuestras relaciones íntimas. Reconocer la diferencia de géne-
ro (en toda su multiplicidad y complejidad) también puede mostrarnos
las jerarquías que están en juego en nuestras interacciones íntimas y
animarnos a trabajar en su deconstrucción.
Así mismo, reconocer las jerarquías de género puede ayudarnos a
identificar otros tipos de jerarquías que pueden estar presentes e in-
fluir en nuestras relaciones: raza, clase, capacidad, edad, educación,
sexualidad (hetero/queer, monosexual/bisexual, etc.) y muchas otras.
En efecto, estos factores también pueden jugar un papel como compo-
nentes del deseo sexual. Reconocer cada uno de estos ejes e intentar
deconstruir las relaciones de poder que acarrean puede servir también
como herramienta para crear relaciones bisexuales revolucionarias,
cambiando y reconstruyendo qué significa tener interacciones íntimas.
Ten en cuenta que no estoy recomendando borrar o deconstruir
las diferencias en sí mismas. La diversidad y la diferencia son maravi-
llosas y, si acaso, deberían ser celebradas. Tampoco querría contribuir
a la noción de que la forma de superar estas jerarquías es ignorarlas.
Un mundo utópico en el que todo el mundo fuera perfectamente igual
puede ser una idea noble, pero para llegar a él primero debemos hacer
mucho trabajo. En las palabras de un famoso texto del grupo radical is-
raelí Black Laundry:
37
a una limitación asfixiante; las normas de sexualidad y de gé-
nero nos impiden ser quiénes somos y amar a quién queramos;
la diversidad biológica queda encerrada tras los barrotes de las
jaulas que encarcelan a otros animales. Las fronteras siempre nos
rodean. Pero podemos escalarlas y roerlas, escurrirnos y ayudar
a otras a escurrirse por debajo de los alambres de púas, engañar
a los guardias y pintar los muros con corajosos grafitis. Debemos
luchar porque cada frontera encadena a alguien, alguien que es
nuestra aliada en la lucha, el amor y la liberación.
Cruzar las fronteras del género. Traicionar las fronteras de
la nación. Combatir las fronteras especistas. Romper las fronte-
ras de raza…
comunidad
Este tipo de definición abarca la bisexualidad como identidad comuni-
taria. Denota una identificación con las comunidades y movimientos
bisexuales, en adición a —o separadamente de— el deseo bisexual.
38
denotar una identidad específica y un abanico de múltiples identidades.
Algunas identidades en el espectro bi son:
39
otras. Cuando procede, también puede incluir “en cuestiona-
miento” y “sin etiquetas”.
40
experiencias vitales y de discursos políticos. Eso significa que una de-
finición de la bisexualidad como término paraguas nos puede ofrecer
más espacio para lo que me gusta llamar las tres d: diferencia, diversi-
dad y desviación.
Bajo esta definición, la bisexualidad nos permite oponer resisten-
cia al estándar único normativo. Ser distintas entre nosotras, así como
de la norma, ser diversas y diversificarnos, desviarnos de los caminos
hacia los que nos han empujado la sociedad y la opresión. Esto signi-
fica que las comunidades y movimientos bisexuales pueden resistir la
estandarización que nos impone la sociedad heterosexual, las comu-
nidades gais, o incluso el movimiento bisexual mainstream. Nuestras
comunidades pueden negarse a seguir las normas, a controlar o impo-
ner orden a las personas bisexuales o de cualquier identidad. Significa
que no se tira a nadie por la borda y que nuestras diferencias pueden ser
una fuente de poder.
En su artículo Sexual Diversity and the Bisexual Community (escrito
hace quince años pero no por ello menos relevante), Carol Queen escribe:
7 Debe tenerse en cuenta que Queen escribía en los 90, cuando el lenguaje para descri-
bir las identidades transgénero era incluso más complicada que ahora, careciendo de
formas estandarizadas.
41
si al decir la palabra aceptáramos su significado —lo cual, en mi
opinión, es un error en sí mismo, e imposible en este momento de
nuestro desarrollo comunitario), puede resultar tentador dejar
fuera de ella la maravillosa, difícil complejidad que implica reco-
nocer la diversidad del espectro que incluye nuestra comunidad.
Preferiría que la incorporáramos cuidadosamente —puede que
no nos follemos a todo lo que se mueve, pero, en nuestro abanico
de diferencia, prácticamente somos todo lo que se mueve y si nos
aceptamos en nuestras diferencias, así como en nuestras similitu-
des, tejeremos comunidad con hilos verdaderamente fuertes.
8 ndt: En castellano no hay una traducción exacta del término que se usa en inglés,
“able-bodied”. Esta traducción sigue la nomenclatura que propone Itxi Guerra en su
fanzine Lucha contra el capacitismo (2021).
42
Esto tampoco significa que debamos crear un nuevo estándar “in-
vertido” para las personas de las comunidades bisexuales; ni implica
borrar o ignorar las diferencias. Significa que cada identidad y grupo de
la comunidad debe ser singularmente celebrada, aceptada y empodera-
da, indiferentemente de quién sea. Significa que cada perspectiva debe
ser escuchada y reconocida. Significa reconocer las jerarquías y asegu-
rar que cada grupo tenga su voz y que ningún grupo ocupe el espacio,
los recursos o la atención a costa de cualquier otro. Significa destruir
el estándar único que opera actualmente, romperlo en un millón de
pedacitos y solidarizarnos con cada uno de ellos. Esto suele implicar
específicamente trabajar desde abajo, empoderar a los grupos más mar-
ginalizados, tanto dentro de la comunidad como en general.
Tradición
El movimiento bisexual, aunque dista de ser perfecto, conlleva mu-
chas tradiciones que me hacen sentir muy orgullose de formar parte de
él. Me gustaría describir algunas de ellas, con la esperanza de que re-
suenen contigo y añadan profundidad a la definición comunitaria de
bisexualidad.
El movimiento bisexual es un movimiento feminista, que ha sido li-
derado y abanderado por mujeres y otras feministas a lo largo de gran
parte de su existencia. Desde Maggi Rubenstein (quién fundó el Centro
Bisexual de San Francisco en los 70) a Naomi Tucker, Lani Ka’ahuma-
nu, Loraine Hutchins, Robyn Ochs y muchas otras, las que han liderado
el movimiento bisexual en los Estados Unidos (y fuera de él) siempre
han expresado su compromiso con el feminismo. Estas personas han
insistido en enfatizar la importancia del feminismo para el movimiento
bisexual, así como el potencial feminista de la bisexualidad.
Las personas bisexuales también conforman gran parte del mo-
vimiento feminista radical de Estados Unidos, que bien podría ser
considerado un movimiento bisexual en sí mismo. Con activistas y es-
critoras como Carol Queen, Susie Bright, Patrick Califia, Be)y Dodson
y muchas otras, la bisexualidad y la identidad bisexual constituyen una
parte significativa de la cultura y el pensamiento radical y viceversa.
43
El movimiento bisexual es también uno de los únicos movimien-
tos mixtos que conozco en el que los hombres han pensado, hablado y
escrito sobre feminismo, masculinidad, machismo y patriarcado. Esto
significa que el movimiento bisexual también ha servido como espacio
para que los hombres participaran en el feminismo y examinaran crítica-
mente sus vidas y nuestra sociedad. Esto hace del movimiento bisexual
uno de los espacios de vanguardia para los hombres profeministas.
El movimiento bisexual también ha insistido siempre en la inclu-
sión —y la alianza con— las personas transgénero, a menudo siendo
una de las comunidades que más ha aceptado a las personas trans y
genderqueer. En la década de los 90 —un periodo en el que las perso-
nas transgénero tuvieron que luchar por e insistir en su inclusión en
el nombre de la comunidad (entonces lgb)— la mayoría de las antolo-
gías y fanzines bisexuales que representaban el “rostro” del movimiento
contenían ensayos de personas transgénero e insistían en la inclusión
de la comunidad transgénero. De hecho, la inclusión, la alianza y las
intersecciones con las personas trans y sus necesidades han sido de
los temas más centrales en el movimiento y la investigación bisexuales
hasta la fecha.
El movimiento bisexual también ha sido uno de los movimientos
que conozco con más conciencia racial. Suele ser consciente de la im-
portancia de la inclusión de las personas racializadas en el movimiento
y toma medidas para crear espacios más seguros para personas bisexua-
les racializadas. En la línea de la inclusión de las personas trans aquí
descrita, la mayoría de antologías bisexuales también contienen mu-
chos ensayos de personas racializadas y abogan por la conciencia racial
dentro del movimiento y en general.
El movimiento bisexual ha sido uno de los movimientos más inclu-
sivos con las personas discapacitadas y con enfermedades crónicas,
estableciendo un estándar único en cuanto a la accesibilidad de las
convenciones y eventos. Esto ha sido tan único que personas de otras
comunidades a menudo acuden simplemente para aprender más sobre
accesibilidad, discapacidad y neurodivergencia (como es el caso, por
ejemplo, de las uk BiCons).
44
El movimiento bisexual tiene una larga tradición de organización a
pie de calle, de activismo y grupos de apoyo y concienciación indepen-
dientes. Un ejemplo fundamental es la organización Bi Women Boston,
la cual, durante sus casi treinta años de trayectoria, ha mantenido su
estructura de base y no jerárquica y aún mantiene diversas actividades
relacionadas con la bisexualidad.
Aunque muchos de estos empeños no han logrado funcionar com-
pletamente (como señalaré a lo largo del libro), sigue siendo importante
reconocer estas líneas de pensamiento político, acción y tradición den-
tro del movimiento bisexual. Ciertamente, todas estas cosas han hecho
del movimiento bi uno de los movimientos más radicales entre las
comunidades lgbt y en las culturas del mundo minoritario. Indepen-
dientemente de los resultados, su ideología de inclusión, diversidad y
conciencia política son casi incomparables, con las únicas excepciones
de los movimientos anarcofeministas, queer-anarquistas y de justicia
anti-capacitista.
45
¿De qué formas se generan los significados [de la bisexua-
lidad]; … y cuáles son las estrategias que se pueden usar para
producir un abanico de significados más útil o empoderador?
—Bi Academic Intervention
46
Me gustaría examinar dos formas contradictorias de imaginar la bi-
sexualidad: en primer lugar, en la sociedad en general y luego en el
discurso dominante del movimiento bisexual. Ofreceré entonces una
tercera forma de leer estos significados imaginados de la bisexualidad
que creo que beneficiaría al pensamiento político bisexual radical y haré
todo esto haciendo referencia a los estereotipos sobre la bisexualidad9.
Ante todo, los estereotipos son significados inmediatos asignados a
la bisexualidad y a las personas bisexuales. Cuando la gente piensa en
bisexualidad, piensa en estereotipos —eso es lo que “saben”. Esos este-
reotipos conforman el cuerpo de un conocimiento (imaginado) de las
personas bisexuales, del significado de la bisexualidad y de su funcio-
namiento. Una lectura de estereotipos bífobos puede iluminar nuestra
comprensión de los significados sociales y culturales que se atribuyen a
la bisexualidad. Después, podemos proceder a preguntarnos: ¿cómo po-
demos nosotras, las personas bisexuales, utilizar estos significados para
nuestro propio beneficio?
La bisexualidad no existe.
Esta es, quizás, la creencia más común sobre la bisexualidad. Según este
estereotipo, la bisexualidad en sí no existe y las personas que dicen ser
bisexuales están simplemente equivocadas o confundidas. Huelga decir
que esta noción alimenta y se alimenta del borrado bisexual. Crea la im-
presión de que la bisexualidad no aparece en la cultura popular (o, de
hecho, en ningún sitio) porque en realidad no existe. Esto también lleva
a la gente a ignorar (borrar) la bisexualidad cuando sí aparece por esa
misma razón (lo que conoces es lo que ves).
9 Al hacerlo, estoy siguiendo de muchas formas los pasos del artículo de Kenji Yoshino
The Epistemic Contract of Bisexual Erasure, así como algunas de las ideas críticas que
propone el grupo Bi Academic Intervention.
47
Las personas bisexuales están confundidas, son indecisas
o simplemente están pasando una fase.
Este estereotipo es una extensión “natural” del anterior ya que explica
por qué algunas personas se identifican como bisexuales: sencillamen-
te están equivocadas. Este estereotipo también aduce la idea de alternar
entre parejas de distintos géneros, es decir: lo que se percibe como un
fracaso de constancia. Si una “elección verdadera” solo se puede definir
como una única preferencia de género. Entonces, estructuralmente, la
bisexualidad es imposible por definición.
48
y con enfermedades crónicas. Se nutre del severo estigma social que
opera contra las personas con vih, sida y otras ets, así como de la no-
ción de que las ets son, en realidad, un castigo a la promiscuidad o a
ciertas prácticas sexuales.
49
Todos estos estereotipos se personalizan, se relacionan con personas
individuales (que se identifican como bisexuales) y se asumen de forma
literal. Imaginan a las personas bisexuales —y a la bisexualidad en sí
misma— como inauténticas, inestables, depredadoras, infecciosas y
peligrosas. Implícitamente, estos estereotipos también conllevan una
demanda de normalidad porque presentan la bisexualidad como una
desviación de la norma y por lo tanto inherentemente perversa.
Teniendo todo esto en cuenta, resulta extraño ver que el movi-
miento bisexual mainstream se dedique a rebatir o, más popularmente,
desmentir mitos dentro de este marco personal e individualizado. Estas
respuestas, además de ser personalizadas y literales, también sucum-
ben al requerimiento de normalidad que conllevan estos estereotipos.
Aquí está mi lista de nuevo, esta vez con las refutaciones (o respuestas
que desmienten mitos) que típicamente usa el movimiento bisexual (in-
cluyendo alguna licencia creativa):
La bisexualidad no existe.
¡Sí existe! Muchos estudios y estadísticas demuestran la existencia de
la bisexualidad. Yo misma soy bisexual y no soy imaginaria, ¿verdad?
Además, existe todo un movimiento para personas que se sienten o se
identifican como bisexuales. Definitivamente, las personas bisexuales
existimos, así que basta de negarnos.
50
Las personas bisexuales están confundidas, son indecisas
o simplemente están pasando una fase.
¡No, no es cierto! Sabemos quiénes somos y hemos decidido que somos
bisexuales. Muchas personas bisexuales se han identificado como tal
durante muchos, muchos años, así que no se les puede acusar de ser
inestables o estar pasando una fase. Es más, los estudios demuestran
que muchas personas bisexuales han pasado por fases de identificarse
como gais o lesbianas, sin embargo, a las personas gais y lesbianas no se
les acusa de estar pasando una fase. Además, los estudios también de-
muestran que, si tu orientación sexual cambia, lo más probable es que
pases de ser monosexual a bisexual, no al revés. Así que, en realidad, la
bisexualidad no tiene nada de fase. Es tan estable como cualquier otra
identidad sexual.
51
menos bisexuales. Sentir cualquier porción de atracción por más de un
género es suficiente. Es más, no pienses que estamos en el armario y
somos cobardes o que solo estamos experimentando: ¡nos declaramos
bisexuales con orgullo!
52
pero ¿qué ocurre con las personas que no encajan en este estándar de
la bisexual “normal” o “buena”? Algunas bisexuales son promiscuas (es
decir: mujeres sexualmente independientes), algunas bisexuales solo
están experimentando, algunas desean a personas de ciertos géneros
solo sexualmente y no románticamente, algunas practican tríos y per-
forman su bisexualidad para los hombres, algunas son portadoras de
vih y ets, algunas no practican sexo seguro, algunas están indecisas
o confusas, algunas engañan a sus parejas, algunas escogen ser bi, así
como muchas de las demás cosas de las que este tipo de discurso pre-
tende distanciarse. Una larga lista de personas está siendo tirada por la
borda en este intento de “luchar contra la bifobia”. Así pues, la refuta-
ción impone los estándares normativos y bífobos a la propia comunidad
bisexual, estableciendo una línea entre “buenas” y “malas” bisexuales.
De cualquier forma, una docilidad benigna y una ciudadanía no
amenazadora no son exactamente con lo que quiero que se asocie mi
bisexualidad.
Ni mitos, ni desmentir
53
de la comunidad bisexual. Y no pretendo sugerir que los estereotipos
sean correctos en cuanto a las prácticas personales de las personas bi-
sexuales. Lo que pretendo es examinar por qué la sociedad coloca la
bisexualidad en un espacio de ansiedad, amenaza y subversión. ¿Cómo
podemos utilizar precisamente estas asociaciones para alterar el orden
y crear cambio social?
Para ello, lo que intento es alejarme del discurso binario del Sí versus
No, Cierto versus Falso, Bueno versus Malo y abrir una tercera opción
radical de transgresión, subversión y multiplicidad. Hacerlo es, en mi
opinión, propiamente bisexual, marcando una resistencia a los bina-
rismos, un colapso de los límites y una subversión del orden (verás en
breves a qué me refiero).
Así que aquí va una tercera lectura de los mismos estereotipos, esta
vez tratando de entender por qué existen y qué podemos hacer con ellos:
La bisexualidad no existe.
Esta es, de lejos, la más sencilla: la sociedad intenta continuamen-
te negar la existencia de ideas subversivas para que desaparezcan. La
bisexualidad acarrea significados que reflejan varias ansiedades socia-
les. El intento de eliminar la existencia de la bisexualidad es un intento
de eliminar su potencial subversivo. En pocas palabras, si la sociedad
reacciona de forma tan histérica a una idea e intenta erradicarla por
cualquier medio, confirma que esta idea se percibe como una amenaza.
La bisexualidad tiene mucho potencial revolucionario. La sociedad lo
reconoce. Es hora de que nosotras también lo hagamos.
54