Honorable honorable mesa directiva y distinguidas delegaciones:
El desarrollo sostenible en economías emergentes no puede ser una promesa futura; debe ser una
prioridad presente. La pobreza, la desigualdad y la falta de acceso a recursos tecnológicos limitan el
crecimiento de millones de personas en todo el mundo.
La delegación de Nueva Zelanda considera que la innovación y la tecnología no son simples
herramientas, sino verdaderos catalizadores del cambio. Tecnologías como la inteligencia artificial, la
agricultura inteligente, las energías renovables y los sistemas de información pueden optimizar
recursos, reducir el impacto ambiental y acelerar el progreso en sectores clave como la salud, la
educación y la producción sostenible.
Sin embargo, la tecnología solo genera impacto real cuando se comparte. Es indispensable una
cooperación internacional basada en la solidaridad, el intercambio de conocimientos y el
fortalecimiento de capacidades locales. El desarrollo sostenible no se construye en soledad: se
construye juntos.
Nuestra delegación hace un llamado a todos los Estados Miembros a trabajar de manera colaborativa
para cerrar la brecha tecnológica y transformar el desarrollo en una realidad para todos.
Muchas gracias.
1. ¿Cómo puede ser equitativa la cooperación tecnológica si no todos los países tienen el mismo
nivel de desarrollo?
La delegación de Nueva Zelanda considera que la equidad tecnológica se puede alcanzar mediante el
fortalecimiento de capacidades locales, la transferencia de conocimiento y el acceso abierto a
tecnologías adaptadas a las realidades de cada país. No se trata solo de entregar tecnología, sino de
construir juntos soluciones sostenibles y apropiadas.
2. ¿Cómo evitar que las tecnologías generen dependencia?
La dependencia se evita cuando la tecnología va acompañada de formación, empoderamiento y
adaptación local. Por eso, proponemos modelos colaborativos en los que las comunidades locales sean
parte activa del proceso de innovación, asegurando así autonomía y sostenibilidad.
3. ¿No cree su delegación que centrarse tanto en la tecnología puede descuidar soluciones sociales
o políticas?
En absoluto. Para nuestra delegación, la tecnología es un complemento a las políticas públicas, no un
reemplazo. El desarrollo sostenible requiere un enfoque integral que incluya educación, gobernanza,
justicia social y, por supuesto, innovación.
4. ¿Cómo evitar que las tecnologías importadas sustituyan soluciones locales?
La tecnología debe integrarse con el conocimiento local, no reemplazarlo. Valoramos enormemente las
soluciones autóctonas, y creemos que la innovación es más poderosa cuando combina ciencia moderna
con sabiduría tradicional.
5. ¿Cómo garantizar que no se incremente la desigualdad entre zonas rurales y urbanas?
La clave es diseñar políticas inclusivas. Tecnologías como la agricultura inteligente, el acceso remoto a
servicios o las energías renovables pueden ser adaptadas específicamente para zonas rurales, siempre
que se incluyan en los planes de desarrollo con equidad territorial.
6. ¿Estaría dispuesta su delegación a apoyar una resolución conjunta sobre acceso a tecnología?
Absolutamente. La delegación de Nueva Zelanda está abierta a colaborar en una resolución que
promueva el acceso justo, inclusivo y responsable a tecnologías para el desarrollo sostenible. Estamos
dispuestos a trabajar con todas las delegaciones que compartan este objetivo.
7. ¿Qué mecanismos multilaterales propone para facilitar la transferencia tecnológica?
Consideramos fundamentales mecanismos como alianzas público-privadas, centros regionales de
innovación, y programas de cooperación Sur-Sur y Norte-Sur. Además, apoyamos el fortalecimiento de
instituciones como la ONUDI o el PNUD en este ámbito.
8. ¿Cómo equilibrar innovación tecnológica y protección ambiental?
La innovación no debe ir en contra del medio ambiente, sino alinearse con él. Tecnologías limpias,
energías renovables, y procesos circulares son ejemplos de cómo el desarrollo puede ser sostenible y
respetuoso con la naturaleza al mismo tiempo.
9. ¿Qué piensa su delegación del uso de inteligencia artificial en sectores sensibles como la
agricultura o el agua?
Creemos que la inteligencia artificial, bien regulada y aplicada con responsabilidad ética, puede ser una
herramienta poderosa para optimizar el uso de recursos como el agua o mejorar la producción agrícola
sin dañar el ecosistema.
La agricultura inteligente representa una de las soluciones más prometedoras para alcanzar el
desarrollo sostenible en países con economías emergentes. Esta tecnología se basa en la instalación de
sensores en los cultivos y el suelo, capaces de medir distintos parámetros como la temperatura, la
humedad, la presión atmosférica, la radiación solar y el pH del suelo. Estos datos son recolectados en
tiempo real y enviados a sistemas digitales que utilizan inteligencia artificial para analizarlos. Con esta
información, los agricultores pueden tomar decisiones más precisas y eficientes, como determinar el
momento exacto para regar, fertilizar o cosechar. Además, se pueden automatizar sistemas como el
riego por goteo o la aplicación de fertilizantes, lo cual reduce significativamente el desperdicio de
recursos, mejora el rendimiento de los cultivos y disminuye el impacto ambiental. Esta tecnología no
solo mejora la productividad agrícola, sino que también fortalece la seguridad alimentaria, reduce
costos operativos y permite un uso más racional del agua y los insumos químicos.
Por otro lado, la fabricación de biocombustible a partir de los residuos de la cosecha constituye una
alternativa energética sostenible que contribuye a disminuir la dependencia de combustibles fósiles.
Después de la cosecha, una gran cantidad de material orgánico, como tallos, hojas y cáscaras, suele ser
desechado o quemado, generando contaminación. Sin embargo, estos residuos pueden convertirse en
una valiosa fuente de energía limpia mediante procesos biotecnológicos. El primer paso consiste en
recolectar estos restos agrícolas y someterlos a una fermentación enzimática, donde se descompone la
celulosa para obtener azúcares. Posteriormente, estos azúcares son fermentados para producir etanol, el
cual se purifica mediante destilación para obtener biocombustible. Este puede utilizarse en maquinaria
agrícola, transporte o para generar electricidad en zonas rurales, disminuyendo el uso de petróleo y
reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero. Además, este proceso abre oportunidades
económicas en comunidades rurales, fomentando la economía circular y la innovación local.
Ambas propuestas —la agricultura inteligente y la producción de biocombustibles— demuestran cómo
la tecnología puede convertirse en una herramienta poderosa para impulsar el desarrollo sostenible en
países con economías emergentes. A través de soluciones accesibles, adaptables y respetuosas con el
medio ambiente, es posible mejorar la productividad, optimizar el uso de recursos naturales y promover
modelos energéticos más limpios. Estas iniciativas no solo benefician a las generaciones actuales, sino
que también garantizan un futuro más justo, resiliente y sostenible para las que están por venir.