UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN
FACULTAD DE PSICOLOGÍA
Estrés y salud.
Maestro: Marcos Arnoldo Téllez Ramos
Nombre del alumno: Aldo Patricio López Pérez
Grupo: 006
Fecha: 22 de febrero del 2025
Los modelos de personalidad y los estilos cognitivos son dos formas de entender
las diferencias individuales. Mientras que los modelos de personalidad buscan
describir rasgos estables que influyen en la conducta y el afrontamiento del estrés,
los estilos cognitivos se centran en la manera en que las personas procesan la
información y resuelven problemas. Es decir, la personalidad define tendencias
generales en el comportamiento, mientras que los estilos cognitivos explican cómo
pensamos y tomamos decisiones.
Uno de los modelos más aceptados en la actualidad es el de los “Cinco Grandes”
(Costa & McCrae, 1998), el cual agrupa los rasgos de personalidad en cinco
dimensiones principales: amabilidad, conciencia (o escrupulosidad), extroversión,
neuroticismo y apertura a la experiencia. Cada uno de estos rasgos influye en la
manera en que las personas experimentan y manejan el estrés. Por ejemplo, el
neuroticismo, que se refiere a la tendencia a experimentar emociones negativas
como ansiedad e inestabilidad emocional, ha demostrado estar fuertemente
relacionado con niveles más altos de estrés percibido. Las personas con un alto
nivel de neuroticismo tienden a interpretar las situaciones como más amenazantes
y a responder con mayor preocupación y angustia.
Además del modelo de los Cinco Grandes, existen otros enfoques que clasifican la
personalidad en categorías más delimitadas. Un ejemplo es el modelo de los
cuatro tipos de personalidad, que distingue entre individuos impacientes y
autoexigentes, tranquilos y asertivos, complacientes y conformistas, y aquellos con
baja autoestima y alta angustia. Cada uno de estos tipos presenta diferentes
niveles de predisposición al estrés y diversas estrategias de afrontamiento.
Otro modelo de clasificación es el de los 16 tipos de personalidad, basado en la
teoría de Jung y desarrollado en el indicador MBTI. Este modelo combina cuatro
dimensiones fundamentales: introversión/extroversión, pensamiento/sentimiento,
sensación/intuición y juicio/percepción, dando lugar a 16 combinaciones posibles
que buscan describir la personalidad de manera más detallada.
Por otro lado, el modelo A, B, C y D se centra en la relación entre la personalidad
y la salud. El Tipo A se caracteriza por ser altamente competitivo, impaciente y
propenso a experimentar estrés crónico, lo que lo asocia con un mayor riesgo de
enfermedades cardiovasculares. El Tipo B, en contraste, es relajado y tranquilo,
con menor propensión al estrés. El Tipo C, conocido como la personalidad
propensa al cáncer, tiende a reprimir emociones y evitar conflictos, lo que podría
afectar su respuesta inmunológica. Finalmente, el Tipo D (de “distressed”)
presenta una combinación de inhibición social y afectividad negativa, lo que lo
hace más propenso a la ansiedad, la depresión y el estrés crónico, así como a
enfermedades del corazón.
Al reflexionar sobre mi propia personalidad, me identifico con una combinación de
rasgos. Presento cierto grado de escrupulosidad, lo que me ayuda a organizarme
y manejar el estrés de manera estructurada, pero también tengo niveles de
neuroticismo, lo que en ocasiones me hace preocuparme demasiado por las
situaciones. Esta combinación ha influido en mi afrontamiento del estrés, ya que si
bien suelo ser responsable y planificar con anticipación, también tiendo a
sobreanalizar las cosas y generar ansiedad innecesaria.