PEDRO PAULET:
EL NIÑO QUE
SOÑÓ CON
COHETES
Todo comenzó en Arequipa, 1874, cuando nació Pedro Paulet Mostajo. Islay y Tiabaya
Desde niño fue curioso e inquieto. A los tres años perdió a su papá y se crió muy
cerca de su primo Francisco Mostajo, otro brillante arequipeño. Los dos se hicieron
como hermanos, compartiendo libros, juegos y secretos.
De niño, Pedro tenía una costumbre extraña: se escapaba a la estación de tren para
mirar los motores a vapor. Le fascinaban las máquinas, los ruidos, el humo. Y cuando
veía fuegos artificiales en las fiestas arequipeñas, algo se encendía en su cabeza: quería
fabricar cohetes.
Reunía pólvora sobrante, carrizos, piedras y cuerditas para inventar sus propios
cohetes experimentales. Tenía apenas diez años, pero ya jugaba a medir la velocidad y
la propulsión, cosas que para otros niños eran impensables.
UN JOVEN BRILLANTE QUE
SE GANA SU FUTURO
Aunque su familia era humilde, a los 17 años decidió postular a
la Universidad San Agustín de Arequipa. Casi no lo aceptan por
falta de dinero, pero su reputación como joven genio llegó a
oídos del rector. Le tomaron examen: Pedro sorprendió a todos
y entró entre aplausos.
Estudió Ciencias y Letras, dibujaba, hacía esculturas y fundó
grupos artísticos y patrióticos. Pero su meta era mayor: quería
entender cómo viajar al espacio. Gracias a su esfuerzo y a la
ayuda del padre D’Amel, consiguió una beca para irse a
estudiar a París, la cuna de la ciencia europea.
PARÍS: EXPLOSIONES, CÁRCEL Y EL
PRIMER MOTOR COHETE
En París, Pedro Paulet fue alumno de los mejores científicos de su tiempo, como Pierre Curie,
premio Nobel. Se graduó en Química Aplicada en la Sorbona, y para sobrevivir trabajó como
caricaturista y periodista en periódicos franceses.
Pero su pasión lo metió en problemas: experimentando con explosivos para su motor cohete,
provocó una explosión que le perforó el tímpano… y terminó preso. En esa época se temía a los
anarquistas, y cualquier químico con explosivos era sospechoso. Aun así, no abandonó su sueño.
Entre 1895 y 1897, diseñó el primer motor cohete de combustible líquido. Hasta entonces, los cohetes
eran de pólvora como fuegos artificiales. Paulet imaginó un motor capaz de funcionar donde no
hay oxígeno: ¡el espacio! Nadie lo tomaba en serio. Sus colegas lo llamaban “El Sabio”, pero sus
teorías parecían ciencia ficción.
INVENTOS Y SUEÑOS DE UN
PERUANO ADELANTADO
Paulet no se quedó solo con un motor. Diseñó su avión cohete, un jet adelantado a su tiempo, mientras
el mundo apenas conocía los aeroplanos con hélice. Soñaba con una nave que volara, aterrizara, flotara
en el agua y se sumergiera como un submarino. Digno de Julio Verne.
Participó en la Exposición Universal de París de 1900, donde mostró sus planos y construyó el pabellón
peruano. Francia lo condecoró. Su mente no paraba: propuso telégrafos inalámbricos, estudió nuevos
combustibles, investigó submarinos militares y hasta diseñó viviendas económicas para obreros
peruanos.
Regresó a Perú para fundar la Escuela de Artes y Oficios de Lima en 1905. Viajó por Europa
seleccionando a los mejores profesores, trajo máquinas y planificó un centro para formar técnicos y
mecánicos, convencido de que sin ciencia ni industria, el país no crecería.
LA CIENCIA COMO LEGADO
Paulet no tuvo el respaldo que necesitaba. En Perú, la gente prefería importar aviones que
creer en su avión cohete. Sus ideas parecían tan futuristas que muchos lo tacharon de
soñador loco. Desilusionado, volvió a Europa, pero siguió soñando hasta el final.
Hoy sabemos que Pedro Paulet anticipó la era espacial. Su motor de combustible líquido es
la base de los cohetes que llegaron a la Luna. Muchos cohetes modernos deben su
principio a un peruano que jugaba con fuegos artificiales y leía a Julio Verne.
Su historia nos enseña que no hay límites cuando se sueña en grande, y que la ciencia
necesita curiosidad, valentía y una sociedad que crea en ella.
MENSAJE FINAL PARA LOS
ESTUDIANTES
Pedro Paulet es un ejemplo de cómo un niño curioso, un joven creativo y un adulto
perseverante pueden cambiar la historia, aunque nadie lo entienda al principio. Sigan
soñando, investigando y construyendo ideas imposibles. Porque la próxima gran invención
podría estar en la mente de cualquiera de ustedes.
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You
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