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Guerra Civil

La Guerra Civil Española (1936-1939) comenzó con un golpe de Estado contra el Gobierno del Frente Popular, que resultó en una división del ejército y una movilización popular significativa. A lo largo del conflicto, las fuerzas franquistas y republicanas lucharon en varios frentes, con la intervención de potencias extranjeras y una serie de ofensivas que llevaron a la caída de Cataluña y la eventual rendición de Madrid. La guerra también estuvo marcada por una represión brutal y cambios políticos en el bando republicano, incluyendo el ascenso del Partido Comunista y la implementación de reformas sociales.

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La Guerra Civil Española (1936-1939) comenzó con un golpe de Estado contra el Gobierno del Frente Popular, que resultó en una división del ejército y una movilización popular significativa. A lo largo del conflicto, las fuerzas franquistas y republicanas lucharon en varios frentes, con la intervención de potencias extranjeras y una serie de ofensivas que llevaron a la caída de Cataluña y la eventual rendición de Madrid. La guerra también estuvo marcada por una represión brutal y cambios políticos en el bando republicano, incluyendo el ascenso del Partido Comunista y la implementación de reformas sociales.

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La Guerra Civil (1936-1939)

1.Golpe de Estado y Respuesta Popular---------------------------------------------------


1.1. La Conspiración contra el Gobierno del Frente Popular
Desde el momento en que se confirmó la amplia victoria del Frente Popular se pusieron en marcha diversas
tramas conspirativas contra el nuevo Gobierno, organizadas en torno a la Unión Militar Española (UME) dirigida
por el general José Sanjurjo desde su exilio en Portugal.
La República cometió un error al destinar al general Mola a Pamplona; allí se ganó al requeté, el brazo armado
del carlismo, y se erigió en director de la conspiración. También los generales Franco y Goded, en sus destinos
de Canarias y Baleares, respectivamente, habían maquinado libremente. El 17 de julio de 1936, la guarnición
de Melilla se sublevó y declaró el estado de guerra en Marruecos, lo que disparó el mecanismo que llevaría a
España a la guerra. Desde Canarias, Franco voló a Tetuán para ponerse al mando del combativo ejército
africano, mientras el levantamiento se ponía en marcha en la Península ante el desconcierto del Gobierno de
Casares Quiroga. En pocos días, el enfrentamiento entre los sublevados y los leales al Gobierno se convirtió en
una guerra civil.
1.2. Sublevación y Geografía de la guerra en 1936
El levantamiento militar del 18 de julio de 1936, cuyo objetivo era apoderarse de toda España sin una
resistencia seria, fracasó en las principales ciudades. En regiones donde la derecha era fuerte, como Castilla,
León, Galicia, Baleares o Navarra, el golpe contra la República no supuso mayores inconvenientes, después, la
derecha hizo triunfar el alzamiento en Aragón, Sevilla, Oviedo, Toledo, Granada y Córdoba, aprovechándose de
la sorpresa y la lenta respuesta de las fuerzas leales al Gobierno.
L a República mantuvo el control de gran parte de España y la fidelidad de buena parte de la Guardia Civil y del
Ejército, especialmente la Armada y la Aviación.
1.3. Los Recursos de los Combatientes
En las semanas posteriores al 18 de julio se estabilizó el frente de ambas zonas y los contendientes se
prepararon para un largo enfrentamiento.
En los territorios leales a la República quedaron las reservas de oro del Banco de España, las siderometalurgias
vasca, asturiana y de Sagunto, las industrias catalanas, la rica agricultura mediterránea, el plomo de Linares y
el mercurio de Almadén. A su vez, en los territorios sublevados disponían de los trigales castellanos, el carbón
leonés, el ganado gallego y los vinos de mesa.
1.4. Movilización Popular y Guerra de Columnas
En el inicio de la Guerra Civil, El Ejército quedó dividido en dos partes muy semejantes. Con la República
permanecieron una mayoría de generales, la mitad del Ejército de Tierra y de la Guardia Civil, más dos terceras
partes de la Marina, de los carabineros y de la Guardia de Asalto. Ambos bandos estaban igualados en número
de oficiales y tropa.
Los sublevados contaban con unos 120 000 hombres armados, y disponían de todo el ejército de África, con 1
600 oficiales y 40 000 soldados incluyendo dos fuerzas con experiencia de combate: la Legión Extranjera y las
fuerzas Regulares, formadas sobre todo por marroquíes.
1.4.1. Las Milicias de los Sublevados
En aquel verano de 1936, con los cuarteles semivacíos, solamente los contingentes procedentes de África
agrupaban unidades militares de envergadura.
En el resto de España, tanto los sublevados como quienes les hicieron frente estaban organizados en
agrupaciones de oficiales, soldados, guardias civiles y carabineros, guardias de asalto y, sobre todo, paisanos
movilizados por sus organizaciones políticas y sindicales. Estos oficiales encuadraron a los grupos de civiles en
columnas, que comenzaron sus movimientos hacia los puntos y las ciudades estratégicas.
Las milicias constituyeron el grueso de la masa en armas. En el bando rebelde encontramos tres grupos: las
banderas falangistas, las más numerosas, que llegarían a encuadrar a unos 70 000 hombres en 116 unidades;
los tercios de requetés, combatientes carlistas que tuvieron un papel determinante en las operaciones sobre el
País Vasco y sobre Madrid desde el norte, los militantes de las Juventudes de Acción Popular o Renovación
Española, que se sumaron al movimiento.
1.4.2. Las Milicias Leales al Gobierno
Las milicias de voluntarios se agruparon según su adscripción partidista o sindical. Se crearon unas 150
unidades de milicianos al servicio de la República, llegando a estar encuadrados cerca de 200 000
combatientes.
1.5. La Marcha hacia Madrid
El Gobierno en favor de los comités obreros, que, sin pensar en la urgencia de preparar la guerra, se lanzaron a
hacer su propia revolución. Víctimas de profundas divisiones, las fuerzas militares republicanas se debilitaron y
desperdiciaron un tiempo precioso para frenar el avance rebelde.
Un puente aéreo, entre julio y agosto, transportó a la Península a más de 12 000 hombres y abundante material
bélico. En su marcha hacia Madrid, el ejército de África sometió a los contingentes de milicianos que le hacían
frente adueñándose de Andalucía occidental. En Badajoz se encontró con una fuerte resistencia, que reprimió
con extremada crueldad.
Franco consiguió el enlace con el ejército del norte, dirigido por el general Mola, cuyas tropas ocuparon,
Navarra, Irun y San Sebastián en septiembre y ante la resistencia de las milicias vascas, se dirigieron hacia
Madrid.
El Gobierno republicano intentó controlar sus organizaciones proletarias, muy enfrentadas entre sí por
cuestiones ideológicas y de estrategia, al igual que lo estaban las clases medias por el problema autonómico.
1.5.1. La Defensa de Madrid y la Estabilización del Frente
Las tropas franquistas, que venían llenas de entusiasmo tras la liberación del Alcázar de Toledo, se encontraron
frente a Madrid con una defensa organizada y combativa. Bien defendida por el general Miaja, la capital de
España venció el cerco con ayuda de las primeras Brigadas Internacionales. El grito de «¡no pasarán!»,
recuperado por la comunista Dolores Ibárruri, Pasionaria, serviría de consigna propagandística de la República.
La estabilización del frente llevó a los combatientes a buscar más ayuda extranjera para romper el punto
muerto: los «nacionales» recibieron nuevos envíos de Hitler y Mussolini; la República tenía problemas con la
llegada de armas de París, y comenzó a apoyarla la Unión Soviética.
1.6. La Formación de los Nuevos Ejércitos
En el bando franquista, la dirección militar fue estricta y todas las unidades estaban militarizadas. Un decreto
de militarización de las milicias de diciembre de 1936 sometía a todas las unidades al Código de Justicia Militar
y las ponía bajo la dirección del general Monasterio.
En el bando republicano, el germen del nuevo ejército fue el Quinto Regimiento, formado a iniciativa del Partido
Comunista y dirigido por oficiales de la Unión Militar Republicana Antifascista (UMRA). Fue hasta su disolución,
en febrero de 1937, el eje del nuevo ejército popular. En septiembre comenzó la reorganización militar,
creándose un Estado Mayor Central. Más tarde se crearon las divisiones como grandes unidades operativas. En
las unidades existía un comisario político, para supervisar la moral y la fidelidad política de los combatientes.
En el mando, junto a jefes y oficiales profesionales prestigiosos, que destacaron dirigentes políticos y
sindicales, Durruti.
1.7. La Represión y el Exterminio del Enemigo
Las ejecuciones sumarias en retaguardia fueron uno de los aspectos más atroces de la guerra. Tuvieron
diferente carácter en cada zona: mientras en la leal a la República fueron «selectivas» –las víctimas eran
fundamentalmente clérigos, patronos y políticos destacados de la derecha–. En el bando rebelde fueron
masivas, como exigía la estrategia militar de avanzar dejando la retaguardia «limpia» de enemigos.
En el clima de tensión que vivía Madrid ante el asalto de las unidades del ejército de África, los bombardeos
incesantes y la marcha del Gobierno a Valencia, tuvo lugar uno de los episodios más trágicos: las matanzas de
Paracuellos del Jarama donde fueron sacados de la cárcel o de sus domicilios y asesinados militares, religiosos,
aristócratas y militantes de derechas –probablemente más de 2 400-.
La persecución indiscrimada de eclesiásticos y militantes católicos en la zona republicana suministraría la
sanción religiosa tan necesaria para los rebeldes. En los primeros momentos, el desconcierto de las autoridades
republicanas permitió que grupos armados actuaran sin control con asesinatos indiscriminados. Se logró
detener la violencia, pero el asesinato de 7 000 eclesiásticos deterioró la imagen de la República y sirvió a los
sublevados para conseguir adhesiones a su causa.
2. Evolución Militar de la Guerra-----------------------------------------------------
2.1. La Guerra en el Frente Norte
Malogrado su objetivo de tomar Madrid. Hubo nuevos intentos de cerco de la capital, pero el ejército
republicano contuvo a los atacantes en la batalla del Jarama.
Franco decidió buscar una victoria en el frente norte, donde los nacionalistas vascos, que acababan de obtener
el Estatuto de Autonomía, organizaron con otras fuerzas políticas su propio ejército. Fue un ejército
improvisado, mal armado y en desventaja con respecto a las tropas franquistas. En 1937, el general Mola inició
la ofensiva definitiva contra Bizkaia. Para acabar pronto con la resistencia vizcaína, aviones alemanes a las
órdenes de Franco bombardearon Gernika-Lumo con tal ensañamiento que sus propios autores prefirieron
mentir a asumir ante la opinión mundial la magnitud de las destrucciones.
En pocos días, Cantabria y las minas de Asturias quedaron bajo el dominio de los franquistas (octubre de 1937),
que a partir de ese momento tendrían a su favor la evolución de la guerra.
2.2. Las Ofensivas en Aragón
Tras la caída del frente norte, el suministro bélico de los republicanos, bloqueado por la actitud de Francia, que
había firmado un pacto de no intervención en la contienda, dependerá de los envíos intermitentes de la URSS.
En las primeras semanas de 1938, Franco dirigió la guerra hacia el Mediterráneo, a través del valle del Ebro, y
tras la batalla de Teruel, los franquistas llegaron a Castellón en abril. El territorio republicano quedó dividido en
dos, quedando en evidencia la debilidad militar de su ejército.
Ni Franco se apresuró en concluir la guerra, ni el jefe de Gobierno, Juan Negrín, quería rendirse mientras
consiguiera mantener un ejército en el campo de batalla, a la espera de que algún acontecimiento internacional
se pusiese de su parte.
La amenaza se cernía sobre Valencia, por lo que la República buscó elevar la moral de sus partidarios y
sorprender al enemigo con una rápida ofensiva en el Ebro. L a batalla del Ebro fue la más larga y sangrienta de
la contienda, y durante cuatro meses las dos fuerzas se masacraron entre sí hasta quedar totalmente
destrozadas las mejores tropas republicanas.

2.3. La Caída de Cataluña y el Fin de la Guerra


En octubre de 1938 se retiraron las Brigadas Internacionales. A Franco, tras la victoria del Ebro, no le resultó
difícil, en las primeras semanas de 1939, avanzar sobre Cataluña, defendida por un ejército maltrecho y bajo
de moral. Girona cayó en febrero, desapareció así el frente de Cataluña.
Una muchedumbre de españoles fieles al ideario republicano marcharon al exilio.
Perdida toda esperanza de una paz honrosa, el coronel Segismundo Casado, encabezó un golpe de Estado
contra su Gobierno y puso fin a la política de resistencia, ordenando la rendición de Madrid, donde entraron las
tropas franquistas el día 28 de marzo. El día 1 de abril de 1939 terminó la guerra.
3. El Bando Republicano: Evolución Política y Social- -------------------------------------------
La sublevación había provocado la inmediata dimisión del Gobierno, dirigido por Santiago Casares Quiroga, y el
encargo del presidente Azaña a Diego Martínez Barrio para formar nuevo Gobierno. El fracaso de este en sus
gestiones para paralizar el movimiento insurgente y sus recelos de entregar armas al pueblo lo llevaron a
dimitir. Azaña confió a José Giral, catedrático de Química de Salamanca y afiliado de Izquierda Republicana, la
inmediata formación de un nuevo Gobierno, constituido por prohombres del republicanismo moderado, y
comenzó entonces la entrega de armas al pueblo.
Hasta el fin de la guerra, las instituciones republicanas siguieron funcionando sobre la base de la pluralidad y
con la Constitución en vigor.
3.1. El Gobierno de Largo Caballero
Septiembre de 1936, Azaña encargó formar Gobierno a Francisco Largo Caballero, líder de la izquierda del
PSOE. Formó un Gabinete de amplísima coalición constituido por nacionalistas vascos y catalanes, los partidos
republicanos, el PSOE y el PCE. Unos días más tarde se añadieron cuatro ministros anarquistas.
Un hecho excepcional en la historia del movimiento anarquista: su participación en un Gobierno.
Una medida notable fue la aprobación, el 6 de octubre, del Estatuto de Autonomía de Euskadi. A principios de
noviembre, el Gobierno abandonó Madrid, gravemente amenazada por las columnas del sur, y se trasladó a
Valencia. Madrid quedó bajo la autoridad de una Junta de Defensa dirigida por el general Miaja, que obtuvo una
gran victoria moral al hacer fracasar los intentos del ejército franquista de tomar la capital. El Gobierno de
Largo Caballero acometió las principales reformas políticas y militares en los meses siguientes.
3.2. El Ascenso del Partido Comunista
El Partido Comunista de España, que contaba con unos 10 000 afiliados nada más comenzar la guerra, vio
aumentar su protagonismo por diversas causas: la disciplina interna; el control de los suministros rusos; y la
división entre las demás fuerzas republicanas.
El PCE preconizaba ante todo la unidad para enfrentarse a un enemigo que actuaba unido; en Cataluña había
logrado aunar a todos los partidos socialistas y comunistas en un nuevo partido, el Partido Socialista Unificado
de Cataluña. Asimismo, la política del PCE buscaba la alianza con los sectores de la burguesía media, pequeños
empresarios y campesinos bajo el lema «primero ganar la guerra», mientras que otras fuerzas –anarquistas,
POUM– entendían que había que tomar medidas revolucionarias y colectivizadoras para poder contar con la
victoria.
Los enfrentamientos llegaron a su culminación en mayo de 1937, con combates en Barcelona entre partidarios
de ambos grupos.
3.3. Medidas Sociales e Intentos Revolucionarios
La movilización popular que provocó la sublevación demandaba cambios en la organización económica y social,
desde el inicio de la guerra.
Se redujeron los alquileres de viviendas; fueron incautadas y nacionalizadas industrias de los partidarios de la
sublevación; continuó la reforma agraria y la expropiación de fincas abandonadas, que fueron cedidas en
usufructo perpetuo a sus cultivadores; se nacionalizaron industrias básicas, como Campsa y las compañías
ferroviarias, y se estableció el control estatal sobre los bancos y las instituciones financieras.
Pero el aspecto más llamativo y radicó en las colectivizaciones de empresas y, sobre todo, de explotaciones
agrarias, que fueron llevadas a cabo por las organizaciones sindicales campesinas.
Las colectivizaciones afectaron a cerca de tres millones de hectáreas en extensas zonas de Aragón, la actual
Comunidad Valenciana, Región de Murcia y Andalucía. La CNT y UGT apoyaban decididamente la
colectivización, el PCE mantuvo sus reservas a estas medidas, en la idea de conseguir el apoyo del pequeño
campesinado propietario.
3.4. El Gobierno del doctor Negrín
A partir de la crisis de mayo de 1937, el Gobierno republicano pasó a estar dirigido por el doctor Juan Negrín,
del PSOE, partidario de la máxima unidad de las fuerzas republicanas y apoyado en los comunistas.
En la zona republicana, las derrotas enturbiaron aún más las relaciones entre la Generalitat de Cataluña y el
Gobierno central, que deseaba recuperar competencias con objeto de unificar el esfuerzo de la guerra. A tal
efecto, Juan Negrín trasladó la sede del Gobierno de Valencia a Barcelona, buscando el control de las industrias
bélicas catalanas. Mientras, la unidad se afirmaba con la marginación, incluso violenta, de los anarquistas y los
comunistas heterodoxos del POUM.
Los comunistas, erigidos en árbitros de la situación durante los dos últimos años de vida de la República.
Tras la caída del frente norte, en el mes octubre de 1937, y las derrotas de 1938, en la batalla del Ebro, las
esperanzas republicanas estaban en quiebra. Por otro lado, la política de concesiones y apaciguamiento
mantenida por los británicos frente a Hitler se concretó en el Pacto de Múnich, en octubre de 1938, con la
cesión de Checoslovaquia, gesto que hacía temer lo peor a los dirigentes republicanos.
En ese momento, la consigna del Gobierno de Negrín de resistir a ultranza hasta que se desencadenara el
inminente conflicto europeo no fue igualmente comprendida por todos los combatientes republicanos. Un
sector de militares profesionales, como el coronel Segismundo Casado, pero también dirigentes socialistas,
como Julián Besteiro, o combatientes anarquistas, que había decidido ya la rendición a Franco, confiando quizá
en un trato honorable al vencido. Esto llevó a combates internos en Madrid, una vez conocida la caída de
Barcelona, y al hundimiento de la resistencia republicana en el centro.
4. El Bando Franquista: Evolución Política y Social------------------------------------------
4.1. El Ascenso de Franco
La muerte del general José Sanjurjo en accidente de aviación, el día 20 de julio de 1936 puso en primer plano la
figura de Francisco Franco, a quien solamente podían hacer sombra figuras como el general Emilio Mola, quien
también fallecería en junio de 1937.
La Junta de Defensa Nacional, creada por los rebeldes en Burgos, bajo la dirección del general Miguel
Cabanellas, funcionó como órgano de coordinación. En los meses siguientes, Franco lograría hacerse con la
jefatura política y militar del nuevo Estado (1 de octubre), cuando una reunión de generales en una finca de
Salamanca lo nombró generalísimo y jefe de un nuevo Estado aún sin definir, auxiliado inicialmente por una
Junta Técnica.
4.2. El Protagonismo Militar
La sublevación, que en el sur se había hecho al grito de «Viva la República», adquirió una nueva orientación
cuando Franco adoptó, la bandera roja y gualda y oficializó el grito de «Viva España», con lo que se ganaba la
adhesión de monárquicos de distinto signo. La inexistencia de una dirección clara en la Falange –preso en
Alicante su líder, José Antonio Primo de Rivera, y juzgado y fusilado en noviembre– le permitió, con la ayuda de
Ramón Serrano Suñer y más tarde del líder falangista Raimundo Fernández Cuesta, ponerse a la cabeza de ese
contingente cada vez más numeroso.
Con respecto a la CEDA, Franco, este no permitió su presencia en España y, al igual que el dirigente del
carlismo, permanecieron retirados en Portugal. Mola tampoco había permitido a don Juan, hijo de Alfonso XIII,
permanecer en sus filas.
4.3. La Unificación
A comienzos de 1937, toda la España sublevada estaba preparada para ser liderada por el general más
prestigioso, y este era Franco. Y en abril, mediante la promulgación de un decreto, tras algunas refriegas entre
falangistas en Salamanca, el «generalísimo» se constituyó en jefe nacional del partido único que, con el
nombre de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, surgía para agrupar políticamente a toda la España
rebelde a la República.
4.4. El Nuevo Estado Totalitario
En enero de 1938 se constituyó el primer Gobierno del nuevo Estado. El poder radicaría en el cuartel general de
Franco. El primer Gobierno de Franco, compuestas por tradicionalistas, falangistas y, sobre todo, militares.
El episcopado español se dirigía en julio de 1937, escrita por el cardenal Gomá, en la que explicaba la
naturaleza religiosa de la guerra. A pesar de su opción por el Movimiento Nacional, la pastoral no significaba un
cheque en blanco; al contrario, permitía entrever los recelos de la Iglesia ante la estructuración totalitaria del
nuevo Estado conforme al modelo de sus amigos, las potencias fascistas de Europa.
5. Sociedad y Cultura en la Guerra-----------------------------------------------------
5.1. El Bando Republicano
5.1.1. La Educación
En la zona republicana continuó el afán educativo. La superación del analfabetismo fue una preocupación
constante por lo que se creó Cultura del Miliciano, para organizar clases, conferencias y publicaciones
destinadas a los combatientes.
El Gobierno editó la Cartilla escolar antifascista y la Cartilla aritmética.
5.1.2. La Cultura y el Arte
Había creatividad, a pesar de la guerra. La mayoría de la intelectualidad europea se solidarizó con la República
en lucha contra el fascismo.
La guerra provocó serios daños en el patrimonio artístico, se asaltaron templos y conventos en zona
republicana. Pero, el mayor riesgo provino de los bombardeos de la aviación franquista sobre Madrid en
noviembre de 1936. Nueve bombas cayeron sobre el Museo del Prado. En esta situación, el Gobierno decidió
evacuar una parte importante del patrimonio mueble de este y otros museos madrileños fueron trasladadas a
Cataluña y a Ginebra, de donde retornarían tras la guerra.
5.2. El Bando Franquista
5.2.1. La derogación de la legislación republicana
En el verano de 1936, una serie de decretos militares devolvían la sociedad a épocas anteriores, con la
abolición de todas las medidas sociales aprobadas en los años de la Segunda República: derogación de la
reforma agraria y de la legislación laboral; depuración de funcionarios; restablecimiento de sus prebendas a la
Iglesia; abolición de leyes laborales, educativas, de sufragio, de divorcio, etc.
5.2.2. La Depuración de Maestros e Intelectuales
En 1938, el Ministerio de Educación Nacional, cuyas primeras medidas fueron: la depuración del profesorado y
de los textos, la supresión de la coeducación y una serie de medidas en apoyo de la enseñanza privada.
Se estableció la enseñanza obligatoria de la religión católica. De este modo, el bando franquista, dejaba en
manos de las órdenes religiosas amplias parcelas de la enseñanza.
5.2.3. Censura y Represión
Por lo demás, la vida social pasó a estar regida por una férrea censura y la prohibición de toda expresión de
pensamiento contrario a los postulados del integrismo católico, con lo que la España franquista daba un salto
hacia etapas anteriores al liberalismo.
6. Dimensión Exterior de la Guerra-----------------------------------------------------
La dimensión internacional, al principio de la contienda, en la Sociedad de Naciones (SDN) se creó un Comité
Internacional de No Intervención, que resultó absolutamente ineficaz para evitar la presencia internacional en
la guerra. En el aspecto militar, la participación en los dos bandos fue importante y en el sector franquista
decisiva en los primeros días, por ejemplo, en el paso del Estrecho por parte de las tropas de África.
En ambos ejércitos, los combatientes extranjeros contribuyeron a reforzar su proceso de organización y
consolidación. Mientras en el bando republicano la masa de voluntarios se enroló individualmente o en
pequeños grupos, con la excepción de los pilotos y tanquistas rusos, en el bando franquista los combatientes
marroquíes, italianos y alemanes constituían unidades regulares de sus ejércitos.
6.1. Los Apoyos de la República
La República contó con el apoyo de un voluntariado internacional que alcanzó cerca de 50 000 combatientes,
las Brigadas Internacionales. Pero tuvo grandes dificultades para adquirir suministros y pertrechos militares
debido a la política de no intervención de las democracias occidentales y al cierre de fronteras. Financió esos
recursos mediante riguroso pago a Francia y Rusia con divisas y reservas de oro del Banco de España.
6.2. Los Apoyos a Franco
Alemania, Italia y Portugal apoyaron con unidades militares, recursos y financiación al ejército franquista. Por
parte de Alemania, muy cualificados y con armamento de nuevo tipo, prestó una gran ayuda a Franco; su
marina hostigó las zonas leales y colaboró en ataques como la «operación Ursula», frente a Málaga (noviembre
de 1936) o el bombardeo de Almería en mayo de 1937. La Italia fascista apoyó desde el primer momento con el
envío de aviones para facilitar el paso del estrecho de Gibraltar y envió el llamado Cuerpo de Tropas
Voluntarias. Otras unidades menores fueron las remitidas por Portugal (Legión Viriato) y alguna unidad de
voluntarios irlandeses.
7. Consecuencias de la Guerra--------------------------------------------------------
7.1. La Demografía
La guerra supuso una fractura demográfica importante. Por un lado, el impacto en pérdidas humanas fue muy
considerable. Se estima que las víctimas de la contienda superaron el medio millón de personas, incluyendo
muertos en combate y represaliados en retaguardia.
Además, habría que contabilizar los ejecutados por los vencedores tras la guerra, no menos de 50 000
personas. A estas hay que sumar, al menos, otras 300 000 personas exiliadas a Francia y a países
latinoamericanos principalmente.
En cuanto al poblamiento, hay que señalar que en los años de la posguerra se produjo un estancamiento e
incluso un retroceso de la población urbana debido al desmantelamiento de la economía industrial y de los
servicios, y a la necesidad de buscar la subsistencia cerca de la tierra.
7.2. Consecuencias Políticas
Se estableció una dictadura militar que se prolongaría durante casi cuarenta años, con la pérdida de libertades
políticas y la persecución de cualquier forma de disidencia.
La Ley de Responsabilidades Políticas (1939) envió a cárceles y campos de concentración a todos los
combatientes del bando republicano que no se exiliaron. En muchos casos, sus condenas incluían trabajos
forzados (construcción de vías férreas y de carreteras, reconstrucción de obras públicas, edificación del Valle
de los Caídos, etc.). El régimen era, sobre todo, un estado policial.
En cuanto a la política exterior, el carácter dictatorial del régimen franquista llevó a España a una situación de
compromiso con los regímenes fascistas hasta 1942. Después, a una fase de aislamiento que se recrudeció en
1946 por la condena de la ONU al régimen y la retirada de embajadores, que duró hasta los acuerdos con
Estados Unidos de 1953 y la entrada en la ONU en 1955.
7.3. La Economía
Los años cuarenta fueron los «años del hambre». La destrucción de recursos económicos e infraestructuras es
de muy difícil cálculo.
La Hacienda Pública estaba arruinada y sin reservas financieras. La inflación multiplicó por diez el índice de
precios en la década siguiente a la guerra. Se produjo un estancamiento económico durante toda la década; de
manera que no se recuperó el nivel de renta de 1935 hasta ya entrados los años cincuenta.
España no pudo beneficiarse de las ayudas estadounidenses para la reconstrucción del Plan Marshall de 1947
por el tipo de régimen dictatorial y el consiguiente aislamiento internacional que provocó la dictadura.
7.4. La Cultura
El aislamiento cultural y científico de España fue otra consecuencia. La mayor parte de las fuerzas de la cultura,
que habían apoyado a la República, fueron aniquiladas o marcharon al exilio. Un 90 % de los intelectuales se
exiliaron, la generación del 27 casi al completo.

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