Universidad del Cauca
Facultad de Ciencias Humanas y Sociales
Historia
Taller del Historiador II
Lizbeth Karina Ibarra Diago
Análisis
Hegemonías y “Ejemonías”: las relaciones entre el Estado Central y las Regiones
(Bolivia, 1825-1952)
Este texto tiene el propósito de abordar un artículo referente a la etnografía del Estado con
el fin en primer lugar, de identificar el objetivo y el argumento central del mismo y en
segundo lugar, argumentar a qué tipo de planteamiento teórico se aproxima.
El artículo “Hegemonías y “Ejemonías”: las relaciones entre el Estado Central y las
Regiones (Bolivia, 1825-1952)” realizado por la
destacada investigadora y archivista boliviana Rossana Barragán Romano tiene por
objetivo principal discutir la relación entre el Estado central y los distintos niveles
territoriales y explicar cómo se establecieron y mantuvieron las dinámicas de poder para el
caso boliviano entre 1825 y 1952. A lo largo del texto, la autora plantea una inspección de
los presupuestos y la distribución de ingresos a nivel nacional o departamental, para
comprender de qué manera se relacionaba el Estado central y las regiones de Bolivia en
distintos periodos de la historia. De igual manera va demostrando que la construcción de la
autoridad o el poder estatal se vincula a grupos y sectores sociales.
El argumento central que plantea Barragán lo desarrolla a partir de la idea de que no
puede entenderse la construcción del Estado, sin tener en cuenta los factores que lo
contribuyen, pues el Estado en el caso boliviano no puede ser visto como la imposición del
poder sobre una población o un territorio delimitado. Sino que plantea que el Gobierno
Nacional y las unidades Subnacionales se construyeron a lo largo del tiempo, en un
marco de relaciones sociales que han permitido su mutua interacción e influencia,
pues los dos se conectan, se construyen, se moldean y se desarrollan.
Al desarrollar su argumento la autora destaca el concepto “ejemonias” para desechar la idea
de que hubo un centro hegemónico que aplastara a las periferias. Al caso de Bolivia es más
pertinente referirse a la existencia de ejes, pues predominaron amplios espacios
geográficos, especialmente dos, que tuvieron una fluctuación respecto a su economía y por
ende población, en distintos periodos de la historia. Por la misma razón, resalta
constantemente la importancia del contexto para asimilar los procesos históricos y los
cambios sociales, políticos y económicos que le siguieron y que fueron puntos de
articulación en la configuración del estado boliviano.
Ahora bien, de acuerdo con el corto artículo de Rossana Barragán y Fernanda Wanderley
“Etnografías del Estado de América Latina”, donde hacen tres planteamientos teóricos y
metodológicos sobre las maneras de aproximase al Estado, los dividen: en primer lugar, el
Estado como el supremo orden político; en segundo lugar, como materialidad e
institucionalidad y, finalmente, el Estado como una construcción cultural, una comunidad
ilusoria, producción ideológica y representaciones. Con lo cual, al analizarlo se logra
deducir que el articulo “Hegemonías y “Ejemonías” tiene más cercanía con el tercer y
último abordamiento, principalmente usando la técnica de descarte.
El articulo no pertenece al primer abordamiento porque sencillamente no se ve que narre al
Estado desde una supremacía absoluta y muchos menos el Estado desde una perspectiva
ahistórica. Como bien se mencionó, la autora desde un inicio deja plasmada la idea de que
la construcción del Estado debe ser analizada teniendo en cuenta las interacciones con los
niveles territoriales, pues estas en cierta medida influencian y moldean al Estado mismo.
Decir “que el poder del Estado radicaba en esconder las relaciones de opresión detrás de
una máscara ahistórica de ilusiones legitimantes” afirmando que es el Estado quien
construye la sociedad – a través de leyes, reglas, etc- remarca una perspectiva totalmente
contraria a la de la autora.
De igual manera se descarta el segundo abordamiento el cual plantea principalmente la
tangibilidad del Estado a través de sus encarnaciones y en sus funcionarios, para analizar el
entramado de relaciones de poder en distintos niveles. Si bien el articulo trata en una
sección sobre la dificultad del Estado y sus dirigentes para imponerse sobre un grupo
económicamente poderoso, este tema es el único donde se menciona a dirigentes políticos.
Así que al no abordar de forma central la idea de que el Estado se entiende en una
materialidad, se puede afirmar que el articulo no atiende a tal enfoque.
En este orden de ideas, la teoría que más se aproxima es la que propone al Estado como
una construcción cultural, ya que es una perspectiva que supone dejar de considerar al
Estado como un ente unitario y coherente, que ejerce un poder lineal y absoluto sobre una
territorialidad, pues se explica que la hegemonía está en constante reacomodo.
Se inscribe además, en esta perspectiva porque al considerar al Estado como producto
cultural se admite la construcción y funcionamiento del mismo, dentro de un mapa de
relaciones y de influencias de dinámicas culturales y sociales en el marco de un contexto
histórico determinado.
La autora se basa en el estudio de luchas políticas, fluctuaciones económicas y distribución
de ingresos nacionales o departamentales, para ir rastreando la influencia la conformación
de unas relaciones directas o indirectas con los dos ejes de Bolivia. Al plantear hechos,
unos consecuentes de otros, se reafirma su argumento central, puesto que narra la manera
cómo la economía fuertemente dividida logra definir una ideología -unitaria- para la
administración del país, por consiguiente esto condiciona la administración económica,
definiendo los manejos del tesoro nacional y los fondos departamentales lo que hace que la
economía de un eje sostenga los gastos del otro y así la población junto con la economía
primeramente concentrada en el occidente se vaya desplazando al oriente. Sin olvidar que
las fluctuaciones económicas no solo se dan por las políticas hechas por el Estado, sino que
elementos como la presencia de un 50% de población indígena, guerras e introducción de
otro tipo de ingresos a la economía como el petróleo fueron influyendo en cada una de las
decisiones y configuraciones del Estado como territorio y el Estado como autoridad.
Cuando se afirma que “Es en la cotidianidad que se reproduce la materialidad y las
representaciones del Estado, y es también a través de las representaciones y discursos que
se materializa la construcción de la estatalidad” se infiere que los procesos a través del
tiempo son las que logran concretar lo que es el Estado y es el Estado el que moldea un
sistema.
Así pues, la intervención de todos y cada uno de los factores mencionados – condiciones
económicas y situaciones sociales- son esenciales para la formación de un orden y el
desarrollo de un modelo político y administrativo para la construcción de un Estado que
está en constante cambio y es configurado no solo por decisiones de “arriba” sino que
también se incluyen practicas cotidianas, representaciones, discursos y el libre desarrollo de
los procesos históricos.
En conclusión el artículo de Rossana Barragán con el objetivo de discutir la conexión y
correlación entre el Estado central y los distintos niveles territoriales – departamentos,
provincias y cantones – argumenta que el establecimiento y mantenimiento de las
relaciones de poder entre los dos elementos mencionados se conforman a lo largo de un
tiempo y a través una mutua interacción en el marco de unas relaciones sociales que
aportan una importante influencia respecto a la configuración y desarrollo del Estado. Es
por ello por lo que se enmarca en una etnografía de Estado dirigida hacia la consideración
central del Estado como construcción cultural, pues no se toma al estado como un objeto,
sino como un fenómeno basculante resultado de una vinculación e influencia ejercido entre
la sociedad y el poder.