Quie Bra
Quie Bra
1) ¿Qué es la quiebra?
La quiebra es un procedimiento tendiente a la liquidación de los bienes del deudor para lograr el
pago de sus deudas. Todos los deudores quedan incluídos dentro del procedimiento,
EL DEUDOR
a- pierde la capacidad de administrar y disponer sus bienes (y los que adquiera hasta la
rehabilitación), que quedan en manos de un sindico elegido por el juez, hasta el momento de la
rehabilitación (un año desde la sentencia de quiebra) (artículos 107 y 109 LCQ). Esto implica que no
puede utilizar su dinero para comprar bienes, hacer pagos, venderlos, administrarlos: todo esto lo
debe hacer el síndico. El objeto de esta prohibición es asegurar que estos bienes sean liquidados
para el pago de las deudas.
La ley establece excepciones a los bienes sobre los cuales se pierden estas facultades (artículo 108
LCQ), principalmente:
c- el pago de la suma que el juez considere necesaria para abonar los gastos de
correspondencia, publicación etc.
NO pierde:
EL ACREEDOR
1) limita la posibilidad del cobro por toda deuda anterior a la quiebra a lo producido con la
liquidación de los bienes disponibles, y solo los acreedores que se presenten a probar su crédito
(artículo 15 y 126 LCQ)
2) vencen los plazos de todas las deudas, volviendose exigibles (artículo 128 LCQ)
5) Solo van a cobrar los acreedores, luego de cubiertos todos los gastos de honorarios y del
propio proceso y según sus privilegios, aquellos sin privilegios cobran todos por igual de la suma
conseguida con la liquidación
La pueden pedir los acreedores, pero usualmente no lo hacen, ya que los gastos y los beneficios
de este pedido no los favorecen cuando estamos antes pequeños deudores. Prefieren usualmente
recurrir a la ejecución de distintos instrumentos en juicios rápidos (usualmente pagarés en
juicios ejecutivos), así como a los descuentos en las cuentas bancarias. Otro mecanismo usual y
efectivo es la cesación directa del servicio (usualmente empresas de telefonía celular) o incluso la
presión por medio de distintas herramientas (inscripción ante bases de deudores o acoso por
medio de call centers).
4) venta de los bienes del deudor a precios mínimos, ocultación de los bienes o entrega de
bienes en lugar de dinero (cuando la obligación sea de dinero)
Para poder pedir la pequeña quiebra (que tiene requisitos más simples), debe acompañarse (art. 288,
86 y 11 incisos 2,3,4 y 5 de la LCQ):
1) las causas que lo llevaron a la situación patrimonial, con un relato completo de como se llegó a la
cesación de pagos
2) Una relato completo de todas las deudas y de todo el patrimonio así como el estado de cada
uno (bienes y su situación actual, así como estado de las deudas -si hay juicio o no, cuanto se pagó
etc.-).
Se cierra cuando se liquidan todos los bienes del deudor y con esa suma se paga cuanto sea
posible de los honorarios, gastos y deudas.
Luego de esto, el deudor no tiene obligación de pago sobre el remanente de las deudas que no
se hayan podido pagar.
Esto puede suceder cuando la quiebra se considere fraudulenta, entre otras cosas, la ley genera una
presunción de fraude cuando no hay bienes suficientes para pagar los honorarios y gastos del juicio
de quiebra (artículos 232 y 233 LCQ). Esto implica en teoría la denuncia penal de oficio por parte del
juez para su trámite, pero en la práctica no se tramitan estos casos por parte de los fiscales. Para
evitar esto, se puede mantener una parte del salario embargada y depositada en la cuenta del
juzgado para el pago de las costas y honorarios del proceso.
a) Falta de activos
En muchos casos se rechaza la quiebra por considerar que el pedido de quiebra del consumidor
es un abuso de derecho, cuando no hay bienes que liquidar. Se sostiene esto en la visión de que
el procedimiento de quiebra está encaminado -como vimos- a liquidar los bienes del fallido para
lograr un pago ordenado y equitativo a sus acreedores. Se concluye entonces, que si no hay bienes
para liquidar, la quiebra implicaría un abuso de derecho al buscar utilizar el mecanismo para
evadir el pago de deudas.
Usualmente se relaciona esto con el endeudamiento de mala fe (gran cantidad de deudas poco
tiempo antes del pedido o propia torpeza por solicitar préstamos que no se podían pagar).
Todo esto se asevera, muchas veces sin analizar realmente la prueba acercada y utilizando
criterios que el mero hecho de contar con activos parecería eliminar (no se analiza esto cuando
una empresa solicita este procedimiento simplemente porque tiene algo que liquidar, sin analizar la
proporción entre el monto liquidable y la deuda).
Algunas sentencias han trabajado estos temas, encontrando respuestas que permitan a los
consumidores salir del estado de sobre endeudamiento (LP Cam. II Sala I- Martinez Marta s/quiebra
(pequeña) , Cncom Sala “a” -Vazquez, Nelly del Valle s/ quiebra , CCivyComNecochea -D.R.R s/
quiebra pequeña)
La ley 10430 incluye (artículo 83 inc. g) la “quiebra no casual”, como motivo para la cesantía del
empleado público. Dada las modificaciones que tuvo el régimen de quiebras, hoy en día no se
califica la quiebra en dicho proceso, sino que eventualmente esta calificación la hace la justicia Penal.
En consecuencia, sin sentencia penal que demuestre el dolo del consumidor, la mera quiebra
en un proceso civil no justifica la cesantía. Sumado a esto, el artículo habilita a la autoridad
administrativa -por acto justificado- a omitir la cesación
PROCEDIMIENTO
Aspectos Generales y Requisitos de Procedimiento La petición de quiebra puede ser solicitada tanto
por el propio deudor como por un acreedor, o la misma puede ser decretada indirectamente como
consecuencia de: • Falta de aprobación o incumplimiento de concurso preventivo o salvataje. •
Incumplimiento de un APE homologado. • Incumplimiento o nulidad de un APE homologado. •
Extensión de quiebra a los socios de responsabilidad ilimitada, a las personas físicas involucradas que
hayan abusado de la persona jurídica o fraude o simulación por terceras personas actuando en
beneficio personal. El estado de cesación de pagos deberá ser probado por el requirente solamente
en los casos de quiebra directa, específicamente en el caso de petición por un acreedor. De esta
manera, los acreedores deberán probar sus acreencias, el estado de insolvencia del deudor y que el
deudor no se encuentra dentro de los supuestos de exclusión de la Ley de Concursos y Quiebras. En
los casos de quiebra indirecta, el estado de insolvencia se evidencia mediante el fracaso de algún
remedio previo (concurso preventivo, salvataje, APE) o por la extensión de una quiebra ya probada y
declarada a terceros involucrados. La petición de quiebra debe ser notificada al deudor, quien tiene
cinco (5) días para probar que no se encuentra en estado de cesación de pagos. Si dicho extremo no
es probado en el plazo indicado, el juez declarará la quiebra. La declaración de quiebra importa el
desapoderamiento del deudor, quien no podrá disponer ni administrar sus bienes. El juzgado
designará al síndico, quien tendrá a su cargo la disposición y administración de los bienes del
deudor. Asimismo, el juzgado ordenará el cierre de los establecimientos del deudor y la suspensión
de sus actividades. Sin embargo, el síndico podrá excepcionalmente continuar las actividades del
deudor cuando el juzgado lo considere necesario y otorgue la autorización pertinente. 3 Quiebra >
Aspectos Generales y Requisitos de Procedimiento > Procedimiento > Distribución Final 7 PASTORIZA
EVINER CANGUEIRO RUIZ BULJEVICH ABOGADOS p r o c e sos d e in so lvenci a en a r g entin a 8 La
declaración de quiebra produce ciertos efectos personales en relación al deudor, como por ejemplo
la interdicción de salida del país, entre otras medidas. Procedimiento Luego de la declaración de
quiebra, los acreedores deberán verificar sus créditos durante el período de verificación de créditos
establecido por el juez. De esta manera, el síndico formará un comité de acreedores que tendrá
funciones de control en la etapa de liquidación. El síndico puede rematar los bienes del deudor para
honrar las acreencias correspondientes a los acreedores verificados. La Ley de Concursos y Quiebras
establece formas diferentes de liquidar los bienes del deudor, conforme al siguiente orden de
preferencia: (i) en caso que el deudor sea una persona jurídica, la enajenación de la empresa, como
unidad; (ii) enajenación en conjunto de los bienes que integren el establecimientos del fallido, en
caso de no haberse continuado con la explotación de la empresa y (iii) enajenación individual de
todos o parte de los bienes. Distribución Final Finalizada la venta de los bienes del deudor, el síndico
preparará un reporte final incluyendo una propuesta de distribución final. Una vez que dicho
informe sea aprobado, se procederá a la distribución de los dividendos concursales a los acreedores.
La Ley de Concursos y Quiebras establece ciertos privilegios para el pago a acreedores concursales.
Finalizada la liquidación y distribuidos los dividendos concursales, concluye la quiebra. Asimismo,
este procedimiento puede terminarse por avenimiento o conversión de la quiebra en concurso
preventivo, entre otros supuestos. Privilegios Los privilegios surgen de diversas leyes, por lo cual la
Ley de Concursos y Quiebras busca unificarlos. Sin embargo, las leyes posteriores pueden crear
nuevos privilegios. La Ley de Concursos y Quiebras establece el siguiente orden de privilegios: •
Privilegios especiales, que son acordados exclusivamente sobre ciertos bienes específicos. Debe
tenerse en cuenta, sin embargo, que los gastos de la quiebra respecto de los créditos con privilegio
especial deben pagarse primero. Entre los créditos con privilegio especial encontramos: créditos
garantizados con hipoteca o prenda; ciertos créditos laborales; e impuestos y tasas que se aplican
particularmente a determinados bienes, entre otros. • Créditos de conservación y justicia. Estos
deben pagarse cuando son exigibles. Sin embargo, si alguno de estos créditos subsiste al momento
de la distribución final, entonces deberá ser satisfecho luego de los créditos con privilegio especial. •
Privilegios generales, que son acordados sobre todos los bienes del deudor. Entre estos privilegios,
los que se otorgan sobre ciertos créditos del trabajador tienen prioridad sobre el resto de créditos
con privilegio general, entre los que cabe mencionar: ciertos gastos esenciales del deudor; ciertos
impuestos; ciertas facturas de crédito; créditos por seguridad social; entre otros. No alcanzando los
fondos a satisfacer íntegramente los créditos con privilegio general, la distribución se hace a prorrata
entre ellos. • Créditos comunes o quirografarios: son aquellos a los que no se reconocen privilegios.
No alcanzando los fondos a satisfacer íntegramente los créditos quirografarios, la distribución se
hace a prorrata entre ellos. • En el caso de procedimientos de quiebra paralelos en Argentina y otro
país, los acreedores correspondientes al proceso extranjero se encuentran subordinados a los
acreedores en el proceso local. • Deudor: tras satisfacerse todos los tipos de crédito, el remanente,
si lo hubiera, deberá ser entregado al deudor o deudores. El acreedor puede convenir con el deudor
la subordinación de su crédito a otros. Se trataría de un “crédito subordinado”, cuyo rango es
determinado por acuerdo entre las partes. Sin embargo, las partes sólo pueden postergar el pago de
un crédito, pero no pueden mejorar su posición.
SUMARIO: I. Introducción. II. Desapoderamiento. III. Plazo de inhabilitación en la quiebra. IV. El caso
del fallido 'prima facie' no incurso en delito penal. V. Prórroga o reconducción de la inhabilitación:
situación del fallido sometido a proceso penal. VI. Efectos de la rehabilitación. Supuesto de
sobreseimiento o absolución. VII. Masa liquidable en el procedimiento concursal vs. bienes
adquiridos tras la rehabilitación. Herencias y legados. VIII. La duración del proceso penal y sus
proyecciones en la quiebra. IX. El caso del fallido persona física no comerciante. X. Algunas
conclusiones. Abstract: Pese al matiz sancionatorio de la inhabilitación o su carácter de medida
asegurativa derivada de la declaración de quiebra, la Constitución Nacional impide que al
fallido/imputado/inhabilitado se lo trate como si fuera culpable de la comisión de un delito hasta
tanto no se pronuncie una sentencia que así lo declare. De sostenerse lo contrario, se vulneraría
irremediablemente el principio de inocencia consagrado en nuestra Carta Magna. I. Introducción
Históricamente la quiebra fue vista como un delito y al fallido como un defraudador. Resulta
conocida la máxima atribuida a Baldo: "Decoctor, ergo fraudator".
Si bien el moderno derecho de quiebras ha procurado un abandono del carácter represivo que
caracterizó a los procesos falenciales desde su origen, lo cierto es que todavía subsisten resabios en
la legislación de aquella concepción infamante. Ejemplo de ello es el régimen de inhabilitación por
quiebra de la ley 24.522 (en adelante, LCQ) (Adla, LV-D, 4381), que sujeta la duración temporal de la
sanción legal a la posible comisión de un delito penal. La cuestión no es menor. Es que —como se
verá— el mantenimiento en el tiempo de la inhabilitación proyecta distintas consecuencias en la
reinserción del quebrado en el mundo de los negocios, además de suscitar importantes efectos en
orden a la delimitación de los bienes que deben ser afectados al pago de los créditos concurrentes. A
examinar esta última cuestión dedicaremos los párrafos que siguen.
II. Desapoderamiento Sabido es que la sentencia de quiebra trae aparejada, a más de una serie de
efectos personales que implican una limitación de los derechos subjetivos del fallido como persona,
(1) distintos efectos patrimoniales vinculados a los bienes del cesante. El efecto típico de índole
patrimonial lo constituye el desapoderamiento (arts. 107 y 109 de la LCQ), que implica la pérdida
para el quebrado de los derechos de administración y disposición de sus bienes. En el ejercicio de
tales facultades el fallido es desplazado y sustituido por el síndico, que cumple —precisamente, a
efectos de impedir que aquél administre y disponga de los bienes que componen la prenda común
de los acreedores— las funciones de administrador, depositario y custodio. No se trata de un
desapropio, porque no es un modo de adquirir el dominio o un medio de extinción de éste;
constituye sólo un impedimento del ejercicio de las facultades por parte del titular del derecho real.
(2) Así, por efecto inmediato de la sentencia de quiebra, el patrimonio general del fallido pasa a ser
uno especial sometido al proceso de falencia y afectado a lo que constituye su fin: la liquidación de
los bienes con destino al pago de los créditos concurrentes. El desapoderamiento alcanza de pleno
derecho a la totalidad de los bienes del deudor existentes a la fecha de la declaración de quiebra,
con las salvedades establecidas por la ley. Estas excepciones pueden ser: (a) cualitativas,
distinguiendo los bienes comprendidos y excluidos en razón de su sentido económico, posición del
quebrado ante sus titulares, o por razones estrictamente humanitarias; (b) cuantitativas, resultando
alcanzados los bienes en un determinado porcentaje (v.gr. las remuneraciones que puede percibir el
fallido); o (c) temporales, atendiendo a la fecha de incorporación de los bienes a su patrimonio. (3)
© Thomson La Ley 1 Cabe destacar, en punto a esto último, que el desapoderamiento cesa, desde el
punto de vista temporal, con la rehabilitación. De allí que los bienes adquiridos por el fallido, luego
de ser rehabilitado no pueden ser agredidos por los acreedores concurrentes. Resulta posible
entonces que, a partir de allí, coexistan dos masas de bienes: una, la concursal, afectada al pago de
los créditos originados con anterioridad a la declaración de quiebra; y otra, la posconcursal,
compuesta por los bienes ingresados a partir de la rehabilitación del quebrado, de la que sólo
podrán cobrar sus créditos los acreedores posteriores.
(4) III. Plazo de inhabilitación en la quiebra Resulta conocido que por el hecho objetivo de la
declaración en quiebra el fallido ve acotado el ámbito de su actuación personal en distintos órdenes
de la vida (civil, político, comercial y profesional). Soporta incluso ciertas restricciones a su libertad
personal (v.gr., limitación del derecho de viajar al exterior en razón del deber de colaboración con el
síndico y con el tribunal, intercepción de su correspondencia personal) y sanciones civiles impuestas
en el ejercicio de su actividad. (5) En nuestro régimen legal, la inhabilitación de la persona física
fallida —o, si se trata de una persona jurídica, la de los integrantes de su órgano de administración—
es objetiva y automática. Es decir, resulta consecuencia del hecho de haber quedado emplazado el
fallido en ese status, con independencia de la valoración de su comportamiento anterior y de las
causas que lo llevaron a desembocar en aquel estado. La sanción legal opera desde la declaración de
la quiebra y se establece por un plazo breve: un año contado desde aquella fecha (art. 234 de la
LCQ). (6) De la misma manera, la rehabilitación del fallido y de los integrantes del órgano de
administración, en su caso, también es automática y se produce de pleno derecho una vez cumplido
el plazo anual. Ahora bien. El principio general según el cual la finalización de la inhabilitación opera,
como su inicio, automáticamente al año de la fecha de quiebra (7), no es absoluto. En efecto, cede
en los casos en que exista una posible imputación al fallido de un delito penal. El art. 236 de la LCQ
prescribe: "Duración de la inhabilitación. La inhabilitación del fallido y de los integrantes del órgano
de administración o administradores de la persona de existencia ideal, cesa de pleno derecho, al año
de la fecha de la sentencia de quiebra, o de que fuere fijada la fecha de cesación de pagos conforme
lo previsto en el art. 235, segundo párrafo, salvo que se dé alguno de los supuestos de reducción o
prórroga a que aluden los párrafos siguientes. Ese plazo puede ser reducido o dejado sin efecto por
el juez, a pedido de parte, y previa vista al síndico si, verosímilmente, el inhabilitado —a criterio del
magistrado— no estuviere prima facie incurso en delito penal. La inhabilitación se prorroga o retoma
su vigencia si el inhabilitado es sometido a proceso penal, supuesto en el cual dura hasta el dictado
de sobreseimiento o absolución. Si mediare condena, dura hasta el cumplimiento de la accesoria de
inhabilitación que imponga el juez penal". En función de la previsión legal, entonces, el plazo anual
puede dejarse sin efecto, reducirse, o bien extenderse notablemente. (8) Dado que son diversas las
hipótesis que pueden acontecer desde el punto de vista del régimen de la LCQ, las examinaremos
separadamente. IV. El caso del fallido "prima facie" no incurso en delito penal: Posibilidad de reducir
o excluir la inhabilitación El fallido puede obtener su rehabilitación antes del término ordinario
anual, si el juez de la quiebra deja sin efecto la inhabilitación o reduce aquel plazo. Así puede
proceder el magistrado, a pedido del inhabilitado y previa vista al síndico, si verosímilmente a su
criterio no estuviere aquél prima facie incurso en delito penal (art. 236 párrafo 2° LCQ). La previsión
legal reposa sobre la inexistencia de reproche penal a la conducta del fallido. Debe tratarse,
obviamente, no de cualquier delito, sino de alguno de los previstos en los arts. 176 a 180 del Código
Penal, vinculados a las conductas sancionables por quiebra fraudulenta. (9) Esta facultad otorgada al
juez de la quiebra ha sido duramente criticada. Así pues obliga al magistrado a efectuar una
valoración ajena a la esfera de su competencia comercial (10), que, adicionalmente, puede resultar
adversa a la apreciación efectuada en sede penal. Obsérvese, respecto de esto último, que bien
podría el magistrado de la quiebra estimar que el fallido incurrió en un delito penal —en
oportunidad de rechazar el pedido del inhabilitado— y, contrariamente, el juez penal desestimar la
denuncia que se hubiera formulado en sede por considerar que no hay delito. O bien puede darse el
caso inverso: considerar el juez mercantil que no hay "prima facie" delito alguno y, en cambio,
decidir el magistrado penal lo contrario. Cabe señalar que en este supuesto de supresión o reducción
del plazo de inhabilitación no puede el juez de © Thomson La Ley 2 la quiebra actuar oficiosamente.
VI. Efectos de la rehabilitación. Supuesto de sobreseimiento o absolución Dado que, como dijimos,
la rehabilitación del fallido o de los integrantes del órgano de administración es automática y se
produce como regla general al año del decreto de quiebra (16), no requiere de una declaración
expresa para su operatividad. Sin embargo, suele tramitarse en la práctica un procedimiento de cese
de la inhabilitación. En él se verifica © Thomson La Ley 3 la inexistencia de antecedentes penales del
fallido y se dicta la resolución judicial que lo declara rehabilitado. (17) Razones de seguridad, certeza
y publicidad, tornan necesario un pronunciamiento judicial en tal sentido. (18) Ello no obstante, bien
se ve que se trata de una decisión meramente declarativa. Ello pues se limita a reconocer un
derecho adquirido (19), certificando el cumplimiento de un plazo fijado por la ley. (20) De allí que la
rehabilitación tiene efectos retroactivos al día del vencimiento de la inhabilitación. Así ha sido
doctrinariamente expuesto (21) y jurisprudencialmente decidido. (22) En este sentido, señalan
Rivera, Roitman y Vítolo, que "... el efecto de la resolución jurisdiccional es retroactivo al momento
en que se adquirió el derecho, es decir el día en que se produjo el cese efectivo de la inhabilitación.
Es igual que en la prescripción liberatoria: el juez declara prescripto un derecho, con efecto al día en
que la prescripción operó, y se limita a verificar si no hubo casuales interruptivas o suspensivas del
plazo". (23) Así lo resolvió, por lo demás, la Corte Suprema de Justicia de la Nación en autos
"Recurso de hecho deducido por Barreiro, Ángel s/quiebra" el 2 de febrero de 2010. (24) En efecto,
en dicho leading case juzgó el Alto Tribunal que la rehabilitación del fallido opera automáticamente y
con efecto retroactivo al día de vencimiento del plazo de inhabilitación. (25) Si bien en el citado
precedente no existían causales de prórroga de la sanción legal pues el fallido no había sido
sometido a proceso penal alguno, no hay dudas de que la misma solución cabe aplicar en el
supuesto en que, tramitado aquél proceso, el imputado sea finalmente absuelto o sobreseído. La
absolución es la resolución judicial a través de la cual se declara al acusado inocente de los cargos
efectuados. Ella implica la liberación total de la imputación que provocó el proceso y una ratificación
de su estado de inocencia. (26) Tiene un efecto similar al del sobreseimiento definitivo. El
sobreseimiento, de su lado, también desincrimina al imputado y procede en cualquier momento de
la instrucción o investigación penal, sea como resultado de las investigaciones, por causas que se
configuren durante el juicio y por extinción de la pretensión penal. (27) Su valor es "cerrar el proceso
en forma definitiva irrevocable con relación al imputado en cuyo favor se dicta" (28), y sus efectos
"en nada se diferencian de los de toda resolución liberatoria que pone fin definitiva o
provisoriamente al proceso. Si el imputado en cuyo beneficio se dictó estaba detenido,
corresponderá ordenar su inmediata libertad. Si el sobreseimiento es total, deberá archivarse el
expediente... También corresponde que se ordene la cancelación de los embargos trabados y la
restitución de los objetos y demás piezas de convicción secuestradas o retenidas en depósito
relacionadas con el hecho captado por el sobreseimiento". (29) De tal suerte, si el fallido es absuelto
o sobreseído en la causa criminal, la ausencia de responsabilidad penal impone que las cosas deban
volver al estado anterior al procesamiento. Ello tiene innegables repercusiones en el ámbito de la
quiebra. Así pues, en tal caso se verifica la carencia de justificación de la prórroga de la
inhabilitación. Consecuentemente, la situación resulta análoga a la planteada en el precedente
"Barreiro": la rehabilitación automática del fallido opera con efecto retroactivo al año de dictada la
sentencia de quiebra. En definitiva, si bien la ley determina el cese de pleno derecho de la
inhabilitación como referido al supuesto general anual, entendemos que en los casos de prórroga o
reconducción la solución es la misma: la rehabilitación procede concomitantemente con la
resolución firme dictada en la causa penal —respecto de la cual la ley falimentaria subordina la
extensión de la medida— sea por absolución, sobreseimiento o cumplimiento de la inhabilitación
penal —en aquellos supuestos en que los delitos conlleven dicha accesoria—. Esto último ostenta
particular importancia a la hora de determinar la suerte de los bienes que el fallido pudiere haber
adquirido en el período inmediatamente posterior al lapso anual de inhabilitación, como se verá a
continuación.
VII. Masa liquidable vs. bienes adquiridos tras la rehabilitación. Herencias y legados El hecho de
constituir la rehabilitación el límite temporal del desapoderamiento impone que todos los bienes
que el fallido adquiera a posteriori sean ajenos a la quiebra. En tales condiciones, no son
susceptibles de agresión por parte de los acreedores concurrentes —aunque sí pueden ser objeto,
en su caso, de una quiebra ulterior—. En tal sentido, afirma Conil Paz que "El cese de la
inhabilitación remueve también los efectos patrimoniales que persisten por la declaración de la
quiebra. Y ésa es la razón de incluirla como un particular medio conclusivo, pues, debe quedar claro,
que posee un efecto extintivo de las obligaciones. Divide, de ahí en más, el patrimonio del fallido en
dos: uno, sin titular responsable, al exclusivo cuidado del síndico, que continuará afectado al pago
del antiguo pasivo; y otro, nuevo, liberado de la persecución —individual o colectiva— de los ©
Thomson La Ley 4 acreedores existentes antes de la declaración de quiebra". (30) La distinción no es
menor. Así, resulta perfectamente posible que el fallido, tras el cese de la inhabilitación, adquiera
nuevos bienes (por ejemplo, mediante herencias o legados). Este nuevo patrimonio, ciertamente, no
puede incrementar el activo a ser liquidado y distribuido, en tanto resulta ajeno a la quiebra.
Inclusive si, por vía de hipótesis, el fallido rehabilitado resultara nuevamente inhabilitado por
resultar sometido a proceso penal, tampoco aquellos bienes ingresados tras la rehabilitación
engrosarían la masa liquidable. En efecto, la solución inversa importaría un enriquecimiento sin
causa para los acreedores anteriores, por demás prohibido en nuestra legislación (conf. art. 499 del
Cód. Civil). Y se vería afectado, adicionalmente, el derecho de cobro de los acreedores
posconcursales sobre el producido de tales bienes. El supuesto más paradigmático lo constituye,
acaso, la adquisición de bienes a través de herencias o legados operada luego del año de dictada la
sentencia de quiebra. Supuesto éste en el cual, adicionalmente, el patrimonio ingresado nunca pudo
haber sido tenido en cuenta por los acreedores al momento de contratar —en su caso— con el
deudor. Así lo señala Truffat: "... ¿a cuento de qué el patrimonio del fallido, generado a posteriori de
la quiebra debe responder por las deudas concursales? ¿es razonable que los acreedores estén
aguardando que su debitor se gane la lotería o que sus progenitores o algún otro potencial sujeto
heredable se mueran dentro del año para que sus patrimonios (de ellos, de los causantes) engorden
la masa desapoderada? Y, al mismo tiempo: ¿es razonable, desde una perspectiva ética, que los que
padecieron ciertas lesiones gravísimas a la persona y a sus derechos o que víctimas de perjuicios
causados con dolo sólo puedan cobrar de la "masa desapoderada" una vez que el debitor hubiera
podido rehacer su patrimonio después de rehabilitado?...". (31) No es descabellado pensar que una
situación semejante, que coloque en pugna los derechos de los acreedores concursales y
posconcursales y aún los del propio deudor rehabilitado, pueda configurarse en la práctica.
VIII. La duración del proceso penal y sus proyecciones en la quiebra Resulta harto conocido que el
incremento de los delitos, fundamentalmente de índole patrimonial y de comisión reiterada,
provoca en algunos casos una excesiva duración de los procedimientos penales. No hay dudas de
que el proceso penal debe ser tramitado en un plazo razonable. Ello, por el respeto que merece la
dignidad del hombre y el derecho de toda persona sospechada de la comisión de un delito de poner
fin a dicha situación de incertidumbre. Un proceso sin dilaciones indebidas es el que se desarrolla en
tiempo razonable, atendiendo a las exigencias de una buena administración de justicia, según las
circunstancias y la duración normal de los que tuvieran otros de idéntica naturaleza. (32) Distintos
tratados internacionales que ostentan jerarquía constitucional a partir de la reforma del año 1994
(artículo 75, inciso 22) aluden al plazo razonable de duración del proceso penal. Así, el art. 8.1 de la
Convención Americana de Derechos Humanos expresa que toda persona tiene derecho a ser oída
con las debidas garantías dentro de un plazo razonable, en tanto que el art. 7.5 del mismo cuerpo
legal vincula aquel lapso con la libertad personal al disponer que "toda persona detenida o retenida
debe ser llevada, sin demora, ante un juez u otro funcionario autorizado por la ley para ejercer
funciones judiciales y tendrá derecho a ser juzgada dentro de un plazo razonable o a ser puesta en
libertad, sin perjuicio de que continúe el proceso...". En reiterados pronunciamientos la Corte
Suprema de Justicia de la Nación ha reclamado una eficaz y rápida decisión judicial, aludiendo a la
expresión "plazo razonable" para referirse a la duración del procedimiento penal. Ya en el año 1968
en el caso "Mattei" indicó el Alto Tribunal que "... "... debe reputarse incluido en la garantía de la
defensa en juicio consagrada en el art. 18 de la Constitución Nacional el derecho de todo imputado a
obtener (...) un pronunciamiento que ponga término del modo más rápido posible a la situación de
incertidumbre y de innegable restricción de la libertad que importa el enjuiciamiento penal...", pues
"... el derecho de la sociedad a defenderse contra el delito debe conjugarse con el del individuo
procesado, de modo que no se sacrifique ninguno de ellos en aras del otro...". (33) En la misma línea
se expidió el Alto Tribunal en los precedentes posteriores "Pileckas" (1977), "Aguilar" (1977),
"Klosowsky" (1977), "Oñate" (1978), "Mozzatti" (34) (1978), "García" (1983), "Bartra Rojas" (1983),
"Casiraghi" (1984), "Bolo" (1985), "Frades" (1989), "Barra" (2004) y "Podestá" (2006). En el mismo
orden de ideas, sostuvo el Procurador General de la Nación en la causa "Barra" respecto de las
dilaciones indebidas que "La garantía a obtener un pronunciamiento judicial que defina de una vez y
para siempre la situación ante la ley y la sociedad, se basa en que el Estado con todos sus recursos y
poder no tiene derecho a llevar a cabo esfuerzos repetidos para condenar a un individuo por un
supuesto delito, sometiéndolo así a las molestias, gastos y sufrimientos, y obligándolo a vivir en un
continuo estado de ansiedad e inseguridad, y a aumentar también la posibilidad de que, aun siendo
inocente, sea hallado culpable (Fallos 272:188)". No es ninguna novedad que el proceso penal tiene
a veces una duración excesiva, que perjudica © Thomson La Ley 5 notoriamente la eficacia de la
administración en su conjunto. (35) La dilación injustificada de un proceso penal que involucre a un
fallido por hechos vinculados a la quiebra, importará no solo un agravio a la garantía constitucional
de la defensa en juicio, sino también a su derecho de purgar sus deudas concursales y reinsertarse
en la vida comercial en un plazo razonable, vulnerándose, consecuentemente, el derecho de
propiedad reconocido en el art. 17 de la Constitución Nacional. De allí que la celeridad con que se
desenvuelva la causa penal que lo incrimine reviste trascendental importancia. Así pues, en
definitiva, del resultado de ese proceso dependerá el término de la inhabilitación, de suyo incierto.
Las implicancias patrimoniales del sometimiento del fallido a una causa criminal cuya duración se
retrase en el tiempo, al generar una inhabilitación en sede comercial que se prolongue en la misma
medida —postergando el dictado de la resolución rehabilitatoria— resultan manifiestas. En efecto:
los bienes obtenidos en todo ese lapso temporal ingresarán a la masa y responderán frente a las
deudas concursales, debiendo liquidarse conforme al régimen de la LCQ. Ello así, aun cuando no
exista una resolución firme dictada en sede penal que declare la responsabilidad del fallido en el
delito imputado
. IX. El caso del fallido no comerciante Tras cuestionar la extensión del plazo de inhabilitación por
procesamiento penal, señala Rubín que... "el régimen es todavía más inicuo en el caso del quebrado
no comerciante. Ocurre que los únicos delitos del Derecho Penal que tienen prevista como pena
accesoria la inhabilitación especial son los de quiebra fraudulenta, tipificados por los arts. 176 y 177
Código Penal, puesto que otros tipos penales emparentados (v.gr. defraudación o estafa, arts. 173 y
174 Código Penal) no disponen la inhabilitación del reo...". (36) Y es que —sostiene el mismo autor—
para quedar encuadrado en los tipos penales de los arts. 176 y 177 del Código Penal, es
indispensable ser comerciante en los términos del art. 1º Cód. Com. De allí que "... sería absurdo que
el juez de la quiebra, en juicio no penal, anticipe una sanción de inhabilitación que no existe para
quien es condenado en sede penal". (37) El argumento es claro y puede ser resumido de la siguiente
forma: la extensión de la inhabilitación no opera para el sujeto que no es comerciante, ya que su
actividad queda fuera del tipo penal de los arts. 176 y 177. Por lo demás, y aun cuando el art. 179 del
Código Penal alude a delitos de quiebras cometidos por no comerciantes, lo cierto es que, como
señala Erbetta, la norma "... sólo conmina pena de prisión y excluye la inhabilitación especial,
derivándose de ello que al no existir inhabilitación impuesta por el juez penal no sería de aplicación
la última parte del art. 236 de la ley 24.522...". (38)
X. Algunas conclusiones Bien se ve que diversas son las situaciones que pueden presentarse si el
fallido es imputado de un delito de insolvencia punible mientras se sustancia el trámite de la
quiebra. Sin embargo, todos los escenarios posibles reconocen un dato común: la pendencia del
proceso penal, que impedirá que opere el cese de los efectos patrimoniales de la quiebra y obstará a
la reinserción del fallido a la vida comercial. Ahora bien. Si finalmente recayera una condena penal,
la prolongación de la inhabilitación podría importar un anticipo de pena (impuesta, no obstante, a
quien gozó de la presunción de inocencia hasta el momento de ser dictada la sentencia) equiparable
—acaso— a una medida preventiva. En este caso, la condena vendría a "corroborar" que el estado
de sospecha justificó la adopción de la sanción legal, en función del resultado de la causa criminal.
Pero si, en cambio, la justicia penal decide finalmente que el fallido no es culpable de la comisión de
delito alguno, cabe preguntarse —además de si puede considerarse razonable la imposición de una
larga inhabilitación en sede comercial durante toda la tramitación de la causa penal—: ¿procede que
la rehabilitación opere desde el momento en que el juez de la quiebra adopta la decisión respectiva?
Creemos que no. Antes bien, es indudable que, si luego del trámite de la causa penal el quebrado
resulta finalmente sobreseído o absuelto, la prórroga o reconducción de la inhabilitación decidida en
sede comercial quedará sin efecto y deberá tenerse por no operada. Así, si el juez del crimen rechaza
la denuncia por falta de pruebas o archiva las actuaciones por cualquier causa, el juez comercial
deberá disponer el cese de la inhabilitación con efecto retroactivo al año de la fecha de la sentencia
de falencia. Es lo que sucedería, por ejemplo, en el supuesto de prescripción de la acción penal, en
que se impone volver las cosas al estado anterior al procesamiento por la inexistencia de delito. Así
debe necesariamente concluirse si se considera que, pese al matiz sancionatorio de la inhabilitación
o su carácter de medida asegurativa derivada de la declaración de quiebra, la Constitución Nacional
impide que al fallido/imputado/inhabilitado se lo trate como si fuera culpable de la comisión de un
delito hasta tanto no se © Thomson La Ley 6 pronuncie una sentencia que así lo declare. De
sostenerse lo contrario, se vulneraría irremediablemente el principio de inocencia consagrado en
nuestra Carta Magna. En definitiva, no se puede castigar sin procesar y condenar. Recuérdese que,
de acuerdo con nuestro ordenamiento constitucional, toda persona se reputa inocente hasta tanto
una sentencia firme declare su responsabilidad (39), incumbiendo a la parte acusadora demostrar la
actuación punible del imputado y no a éste acreditar que es inocente. (40) La presunción de
inocencia, reiteramos, es incluida por distintos tratados internacionales que luego de la reforma del
año 1994 ostentan jerarquía constitucional (art. 75 inc. 22 de la Constitución Nacional). (41) Las
implicancias patrimoniales resultan evidentes. En efecto, los bienes que pudieron haber ingresado
después de transcurrido un año del dictado de la sentencia de quiebra no resultarán alcanzados por
el desapoderamiento y serán ajenos al proceso concursal, con lo cual no procederá liquidarlos según
su régimen. En ese marco, en caso de conclusión de la quiebra por pago total, el saldo —una vez
pagados todos los acreedores, los gastos de la quiebra y atendidos los intereses suspendidos a raíz
de la declaración de falencia— deberá ser entregados al deudor, en orden a lo dispuesto por el art.
228 in fine de la LCQ. (42) De allí que, si hipotéticamente el juez de la quiebra prorroga la
inhabilitación por procesamiento penal y luego el fallido resulta absuelto o sobreseído, el patrimonio
generado luego del año del decreto falencial no podrá ser objeto de agresión por parte de los
acreedores concurrentes. En tal caso, el saldo respectivo deberá ser entregado al deudor (43), y
quedará sujeto, en su caso, a las acciones individuales de los acreedores posteriores y aún a las
consecuencias de un nuevo concurso (arg. art. 104 de la LCQ).