3 Llos
3 Llos
3LLOS
3llos
Amayrany Marina Santiago Ortiz
Coordinadora
Se prohíbe la reproducción
parcial o total de la obra
sin el consentimiento
expreso del editor.
Ellos ............................................................ 7
Introducción
Lo aprendí de ti ....................................... 9
J.L. Fernanda
9
cundaria que se mantenía tranquila por fuera, pero por
dentro acumulaba tristeza y baja autoestima a pesar de
su gran inteligencia. Con su historia descubrí qué había
dentro y qué tan madura era para llevar esa situación
que la acogía, pero sobre todo entendió muchas cosas
del amor y la amistad en la secundaria. Fue quien me
enseñó que un abrazo puede aliviar un poco. Como el
abrazo que le di a Moisés en el funeral de su padre, fue
un abrazo que me partió el alma pero me hizo sentir la
gran fortaleza de un chico que sabía que tenía que salir
adelante y contagiarle esa gran fuerza a su madre. Moi-
sés es un gran chico, con un buen sentido del humor,
muy inteligente, seguro de sí mismo y muy hábil con la
tecnología, es el chico que le demuestra al mundo que
todo tiene solución y lo maravillosa que es la vida.
Si bien, todos los alumnos que me compartieron
sus historias y un pedacito de su ser son muy especiales,
y todas deberían de ser leídas por chicos de su misma
edad para que entiendan que tienen problemas similares
o inclusive peores que las suyas, pero siempre hay espe-
ranza y entusiasmo para seguir creciendo y levantarse de
las derrotas que nos da la vida. Las historias no deben ser
olvidadas y aunque me llevo cada una de ellas en mi me-
moria, hoy comparto estas tres historias que representan
a todos mis alumnos de la secundaria, y recordarles que
no quedarán en el olvido.
10
Las historias no deben ser
olvidadas
Lo aprendí de ti
J.L. Fernanda
PRÓLOGO
15
mi personalidad y sé que por las noches soy muy influen-
ciable y vulnerable a decir lo que pienso y lo que siento;
por las noches o tardes de soledad es cuando más pienso
y analizo, escucho mi propia voz pensando, recordan-
do y asimilando que el silencio es más que solo ausencia
de ruido, es un momento de análisis, comprensión y re-
flexión para ciertas personas, sin embargo, hay quienes
no soportan el silencio y tienen que estar hablando, yo
supongo que es porque no toleran sus propios pensa-
mientos o ideas.
Después de casi dos horas de pensar, noté que
me sentía más sola estando rodeada de personas que
cuando no estaba físicamente con nadie. De lo poco que
recuerdo, es que he pasado muchas etapas, «desde la
primaria» estando siempre a la defensiva, nunca tuve un
amigo o amiga que estuviera conmigo en los recreos,
siempre trataba de ser autosuficiente —evidentemen-
te solo en la escuela—; hasta cuarto grado de primaria
fue que empecé a ser más sociable con mis compañe-
ros, pero, eso no me quitó que siempre fuera así, incluso
me volví agresiva con algunas personas y ahora que lo
analizo eso era inconscientemente, nunca he buscado
hacerle mal o daño a nadie, pero siempre seremos vi-
llanos en la historia de alguien —y de ser así, debemos
ser «villanos» memorables—. Es así como después de
tanto hablar conmigo misma surge la idea de mi libro;
distintos capítulos con todo lo que he aprendido hasta
ahora, lo que la vida se ha encargado de poner y de qui-
tarme hasta estos días, cosas buenas y malas, porque no
todo siempre es gris o lleno de color; es un Yin Yang, un
equilibrio de la vida, las cosas y todo lo que pasa que va
acompañado de su contraria para mantener esa armo-
nía.
Aún me queda mucho por decir que nadie más
ha escuchado de mí, excepto alguien, una persona a
16
quien va dedicado este libro, porque gracias a su com-
pañía logré dar siempre una mejor versión de mí, sin
importar que tan malo se viera todo; desafortunada o
afortunadamente, ya no convivimos como solíamos ha-
cerlo algún tiempo atrás, solo quedan los recuerdos de
nuestras aventuras; llegó a conocerme tanto y tan bien
que me espanté porque hizo que me fuera descubrien-
do y encontrando a mí misma, y de esta forma, que me
abriera a hablar de todo; nuestras conversaciones eran
desde las más divertidas, normales y locas hasta las más
extrañas y profundas que nunca hubiera creído hablar
con alguien; sabía todo de mí en ese tiempo, y al estar
a su lado riendo o incluso llorando, sabía que cuando
se marchara de mi vida o por circunstancias de la mis-
ma nos alejáramos, me dolería demasiado; esa conexión
que teníamos era única para mí, era algo que no quería
perder, era especial; siempre conseguía hacerme sentir
mejor y levantarme el ánimo.
Por eso ahora quiero contar cómo aprendí o cómo
sé ciertas cosas, mis historias y algunas anécdotas que
pueden explicar por qué soy así, y espero que de esta
misma forma a mí también me ayude a entenderme y
sea de apoyo en esta búsqueda para descubrir quién
soy, quién quiero ser, qué espero de mí o hacia dónde
voy, entre muchas otras cosas, que en gran parte, son
causa de mi insomnio.
17
Capítulo 1
La familia no siempre es de sangre, pero es familia
18
clusión de que no me quería; todavía no sé mucho de él,
pero cuando tuve la oportunidad de viajar a la Ciudad
de México en vacaciones a visitar a mis tíos (los dos más
grandes que mi mamá) y a mi abuela, disfruté mucho
estar ahí; pero descubrí que a mi prima se la habían lle-
vado a Monterrey, no sabía si volvería a verla tiene años
que no la veo, pero sé que vive en un lugar donde es-
toy segura que no quiere estar, su mamá no es la mejor
opción pero es lo único que se puede hacer, a pesar de
todo su mamá es su mamá y la quiere; mi tío —el más
grande de los tres, su papá— aunque no puede estar
con ella siempre, diario se acuerda de su hija y le pedía
al cielo que la cuidara para que fuera una niña fuerte
y que no se olvidara de que la amaba, que todo lo que
hacía lo hacía por ella, porque quería darle lo mejor de
él, estuviera donde estuviera; yo supe de eso unas horas
antes de regresarme a mi casa en Oaxaca; lo vi entrar a
la cocina con la mirada llena de cansancio y un poco de
tristeza, así que lo único que se me ocurrió fue pregun-
tar qué tenía, suspiró y me dijo:
—Estoy pensando en tu hermana.
Con eso supe que hablaba de mi prima; después de
un intercambio de palabras a solas dijo algo que me dejó
pensando muchas cosas:
—Que los papás a veces no podamos estar siempre
con nuestros hijos no significa que no nos preocupemos
por ellos o que no los queramos, simplemente a veces
no se puede; no sé qué problema hayas tenido con tu
papá porque no he podido conocerlo, pero perdónalo,
no le guardes rencor, te quiere aunque no esté contigo.
En ese momento recordé que aunque quizá haya
provocado algunas peleas entre él y yo, o entre mi
mamá y él, los dos me amaban como era, porque aunque
no quisieran yo siempre iba a ser su hija y ellos mis pa-
dres, y ni para decir que no porque me parezco mucho a
19
ellos. Quise llorar pero me aguanté porque sabía que era
echarle más sal a la herida y que luego no podría parar,
me preguntarían qué tengo y en ese momento para mí
era más fácil sonreírles y disimular todo, que explicarles
lo que realmente había pasado.
Durante mi viaje de camino a mi hogar la canción
que tanto me hacia llorar dejó de tener la mitad del sen-
timiento que yo le di, y aunque aún hay ciertas cosas
que me duelen de esa canción —En mi no en ti – Váz-
quez Sounds—, que más que la letra era el video de esta;
ya que muchas veces desee que él estuviera ahí conmi-
go y no estuvo, no sé razones y tampoco sé si en esos
momentos las hubiera entendido, pero, con el pasar del
tiempo fui aceptando y resignándome a esas ideas, me
sentí extraña, no sabía si ponerme feliz, triste o qué,
solo sabía que no me quedaría lamentándome por eso,
porque en la vida el tiempo vuela, y si dejo que se escape
no lograré muchas de las cosas que sueño. Sé que debo
poner de mi parte pero en él están muchas cosas por
decidir; así que esa madrugada mientras veía algunas
montañas, decidí perdonarlo aunque él no lo supiera;
después de eso sentí alivio, un peso menos, un suspiro
de vida. Así fue como supe que la familia es la que está
y te apoya en los peores momentos, pero, que de igual
manera, está celebrando tus logros, apoyándote y con-
fiando en ti.
20
Capítulo 2
Reconocer
21
cansé; también me resigné de eso porque ya se había
vuelto un fastidio que yo estuviera hablando siempre de
lo mismo, y, después de muchas lágrimas recordé que
en algún momento de mi existencia había leído o escu-
chado que una persona contaba un chiste y las primeras
veces era divertido, pero, conforme lo volvía a contar
una y otra vez, el chiste perdía la gracia; la lección era
que si no podía reírme muchas veces por lo mismo ¿Por
qué lloraba tanto por lo mismo? Luego de eso entendí
bastantes cosas, una de ellas fue que si dejaba de insis-
tir, la otra persona me buscaría si en su corazón real-
mente me había perdonado; funcionó y no me lo podía
creer; mi vida cada vez era mejor desde que decidí hacer
ciertas cosas y tener un enfoque y punto de vista distin-
to. Sí, las cosas buenas tardan en llegar, por eso siempre
llegaba tarde, y aun así, lo primero que tuve que hacer
fue aceptar mi error, que fue por mi culpa que eso es-
taba pasando; que toda acción tiene una reacción y mis
consecuencias eran esas, después de eso la mente se me
aclaró y fue cuando dije que ya no perdería más orgullo
por alguien que ya había superado todo esto; comencé
de cero, hice nuevas amistades y descubrí que aunque
prometiéramos que nuestra amistad seria eterna, al fi-
nal de cuentas, era un cuento de hadas y que nada es
para siempre, mucho menos a esta edad donde se dicen
cosas que por muy obvias razones no se van a cumplir.
La mayoría de las personas crecen, cambian y olvidan lo
que alguna vez dijeron; y no pienso que todos los casos
sean así, solo creo que es muy raro encontrar que algo
que no sea el tiempo o un átomo, sea indivisible, indes-
tructible y eterno.
Aceptar las consecuencias de lo que hagamos tam-
bién forma parte de crecer como persona, de aprender
a valorar en el momento a quien esté contigo y te de
su amistad, su amor y apoyo incondicional; el felices
22
por siempre se inventó para los cuentos, es así que hay
personas correctas en momentos incorrectos, pero si
te equivocaste con una persona que vale la pena se pide
perdón pero no se ruega; tampoco es dejarse humillar
y ser tratados mal cuando ya hicimos suficientes cosas,
el karma regresa, y en ocasiones, regresa de la manera
más inesperada.
Así que mi conclusión fue que cuando una herida
está fresca aún, en algunas ocasiones, es mejor que ha-
gamos saber que estamos ahí, sin molestar, sin fastidiar
y cuando ya todo esté más tranquilo, hablar, intentar
ofrecer disculpas; si no quieren hablar contigo al menos
que te escuchen, ser sinceros, aceptar que nos equivo-
camos como cualquier ser humano; que las palabras no
sean de dientes para afuera, que nazca del corazón, para
que la persona sepa cuándo realmente lo que dices es
honesto y trate de recibir nuestras disculpas. No siem-
pre funciona y no siempre es lo mejor, hay personas que
están mejor fuera de nuestra vida que en ella, que no
valen la pena.
23
Capítulo 3
Pensar
24
—Es que le dolió.
Me quería reír y no podía, así que mi único argu-
mento lógico fue decir que si le hubiera dolido hubiera
sido horas después, no días. A mi yo de 8 o 9 años nadie
le preguntaba cómo se sentía; yo no había sido sociable
desde mis 5 años, —ya tenía «cara de velorio»—. Claro
que algunos ratos si los disfruté mucho, pero, amigos
«reales» tuve hasta cuarto de primaria; entonces, que
mi primer «amiga» dijera lo que yo le había confiado, no
la cuenta como amiga. Me enojé, pero era la maestra y
entonces no pude decir nada, tuve que pedirle disculpas
y así me la llevé todo ese año, y en mi pequeña cabeza
solo pensaba que yo no volvería a ser así. Pasó el año y
mi solución fue irme, le dije a mi mamá que no me gus-
taba estar ahí y que me cambiara de escuela, no sabía
si por señales del universo no querían que estuviera en
esa escuela porque hubo un «descanso laboral» y todas
las escuelas públicas, o la mayoría, no tuvimos clases
como un mes; entonces mi mamá me dijo:
—Ni modos, te regresas a la particular.
Evidentemente no quería regresar ahí, era un gru-
po de seis, conmigo fuimos siete, más de la mitad ya me
conocían y sabían qué había pasado. Cuando ya estuve
en cuarto de primaria y conocí a la que sería mi mejor
amiga de ese entonces —ella sí es mi amiga porque has-
ta la fecha aún somos amigas—, fue un buen año, todos
habían olvidado lo que pasó, y esa niña se había ido, fue
mejor así porque no quería descuidar mis estudios. Me
sirvió muchísimo esa escuela, pero no le tomé cariño.
En quinto grado no me quedó de otra más que seguir
ahí. Uno aprende hasta que en serio ya pasó algo más
grande.
La maestra que me tocó era muy buena dando
clases, pero, ¡oh sorpresa!, no me caía bien y se lo dije.
25
Quiso hacer una evaluación del maestro con preguntas
de cómo nos caía y fui lo más sincera posible, el tacto
no me funcionó y creo que le dolió todo eso que dije; al
final de cuentas, no podía regresar a esa escuela aunque
ya fuera el ultimo año de primaria, así que con mi mejor
pretexto logré cambiarme de escuela.
Aún tenía algunas cosas que no cambiaron pero
conforme pasó el tiempo fui olvidando todo lo que su-
cedió y comencé a renovar mi personalidad; tenía algu-
nas características pasadas, pero me fui haciendo más
sociable y divertida. Tenía que pensar muy bien todo
lo que hacía y decía y, aunque me resultó un poco más
complicado de lo que creí, lo logré. Ahora tengo un fil-
tro que hace que piense muy bien todo lo que diré casi
siempre, y sobre todo, en quién se puede y no confiar.
Ahora mi círculo de amigos es muy pequeño, ya que no
necesito tener varios, solo a los mejores para estar fe-
liz, porque no todos los que digan ser tus amigos lo son
realmente, algunos solo te buscan cuando necesitan
algo o en los momentos para disfrutar. Los verdaderos
amigos son los que no se van de tu lado y te apoyan in-
cluso en las peores circunstancias.
26
Capítulo 4
No huir de los problemas
27
Capítulo 5
Karma
28
Desearle felicidad a quien un día te lastimó es un acto
muy sincero.
Cosas extraordinarias solo le pasan a personas
extraordinarias que tienen la capacidad de ser felices y
desearle todo el éxito a los demás.
29
Capítulo 6
Lo mejor de mí
30
que se hace, si a la primera no sale, no hay que rendirse,
se hace lo mejor para crear un cambio, pero no se aban-
dona ni se deja a la mitad.
Yo no sabía de lo que era capaz, sigo tratando de
conocerme y llegar a mis límites, hasta donde ya no
pueda continuar y la satisfacción sea tal, que me sien-
ta orgullosa de mí misma y poder decir «lo logré, me
costó, pero aquí estoy», aunque también se debe disfru-
tar hacer las cosas, vivir y sentir cada momento porque
todo lleva sacrificio, esfuerzo y disciplina, soñar no lo es
todo, pero ayuda a lograrlo.
Esa persona que era antes está desapareciendo y
estoy logrando cosas que siempre quise y no podía hacer
por mi falta de seguridad y de confianza, no espero los
mejores resultados de la noche a la mañana, pero ahora
sé que si se quiere se puede, que si el resultado o la meta
es tan valiosa y realmente buena, los dolores, esfuerzos
y sacrificios tienen una gran recompensa, que es como
llegar al final de un arcoíris: una mezcla de emociones
y sentimientos que ojalá fueran mas duraderos. Pero la
realidad es otra, podemos cambiar siempre lo que noso-
tros queramos, no de la noche a la mañana o en algunas
horas, pero, el factor tiempo y decisión harán que lo que
deseamos sea un paso más fácil de conseguir.
Cielo ha sido de las personas más influyentes que
he conocido, se ganó mi admiración en poco tiempo, lo-
gró cosas que no esperaba que pudieran pasar, me hizo
una mejor versión de mí; me enseñó también muchas
cosas que ahora uso para ser más feliz, estuvo conmi-
go para no dejar que la frustración me impidiera vivir
mi vida y lograra disfrutar cada momento que tenía; me
hizo sentir como nadie nunca lo había hecho. Le agra-
dezco miles de cosas, por estar cuando nadie más estu-
vo y lo necesitaba, por enseñarme que una lluvia no es
tan mala, que si no me valoran por como soy, no estoy
31
en un lugar correcto, porque me enseñó que a veces de-
bemos ser un poco egoístas y no siempre dar más de
lo que recibimos, y si se va a dar algo, tiene que ser de
corazón sin esperar nada a cambio.
Son demasiadas cosas, fue como si me hubiera
vuelto a construir sin perder mi esencia, sin dejar de
ser yo, sin que nadie me volviera a lastimar si no lo per-
mitía. Todas las tardes bajo la sombra de un árbol es-
tábamos hablando, riendo e incluso llorando. Se llevó
gran parte de mí cuando se fue, pero es sorprendente
que aun cuando se alejó me estaba haciendo fuerte y
seguía enseñándome cosas, aunque ni siquiera lo supie-
ra. Siempre llevaba conmigo su recuerdo en una pulsera
muy significativa para mí, siempre me recuerda que no
importa que tan lejos estemos, lo que hizo conmigo y
por mí siempre estará presente en mis mejores y peores
días. Suelo pasar con mucha nostalgia a la misma som-
bra del árbol donde mi renacimiento surgió de los peo-
res momentos de mí. No puedo decir que como persona
me doy un 10 de calificación, pero sé que puedo mejorar
y que la distancia no es un impedimento para que yo
recuerde con tanto cariño todo lo que vivimos.
He de aceptar que por cada lágrima hay una son-
risa en mí que dejó con su partida. Hay personas que
son un viaje a otro mundo, pero por desgracia no son el
destino, y me hubiera gustado permanecer más tiempo
en el viaje a su lado que sola en un «destino final».
Parece tonto llegar a creer cuánto te puede cam-
biar una persona, pero así es, me inspiró en muchos as-
pectos, y en mí sé que yo también la ayudé a ser mejor
persona; porque cuando aceptas a alguien con todo lo
que eso incluye, estás amando realmente a alguien, in-
cluso puedo decir que me hizo entender el significado
de la palabra «amar» fuera de lo que es mi familia, pero a
esta corta edad, no es que sea tan duradero, solo quedan
32
vivos los recuerdos de todo aquello que me hizo increí-
blemente feliz, que me hizo creer y crecer al igual que
un árbol o una planta, y no puedo expresar lo que real-
mente pienso y siento en tinta y papel. Lo que yo sentía
era como estar en un día lluvioso comiendo o tomando
algo, leyendo, escuchando o viendo alguna serie sin sen-
tir preocupación alguna, era como probar un dulce, me
hizo sentir todo en una sola persona… Algo tan único
que ni todo eso junto podría compararse con lo que ex-
perimenté a su lado.
Es difícil para mí sentirme 100% bien, porque bien
no siempre es sinónimo de estar feliz. Aunque tenga
muchas historias que contar, la verdad es que mucho de
eso es ahora solo un recuerdo que posiblemente Cielo
ya haya olvidado, pero tengo la vaga esperanza de que
no sea así, ya que el olvido es como morir en vida, y yo
no me quería ir de su vida.
33
Capítulo 7
Edad
34
Pero, a veces también pienso en que no me gusta-
ría tener un camino ya hecho, quisiera ir descubriendo
cosas nuevas y formar mi propia historia, porque las li-
mitaciones no me pueden detener por tanto tiempo.
35
Capítulo 8
Soledad
36
hubiera apostado son más interesantes que la mitad del
texto que está aquí, pero necesitaba un respiro para vol-
ver a sonreír y sacar de lo más profundo de mí una ver-
sión mejor.
Agradezco a todas las personas que han estado
conmigo y me han enseñado diferentes cosas de distin-
tas maneras, y también a quienes se marcharon de mi
vida porque no aportaban nada bueno.
Muchas otras cosas que aprendí son estas:
37
Un Amigo en el Cielo
41
podía hablar, ni si quiera tomar agua, recuerdo que ese
día comimos tamales y me llevaba tan pesado con él que
le dije…
—Mira, mira y mira, son de los fritos, de los que te
gustan.
—Jajaja, te odio…
Ese mismo día había una fiesta de una prima, ya
era 11 de noviembre, me bañé y me fui sin saber que era
la última vez que lo iba a ver, me despedí de él, le dije
«cuídate Tigre del Norte», haciéndole burla del los ca-
bellitos blancos que tenía, me fui un poco nervioso, por
no saber en realidad qué pasaba. En la tarde recibí una
llamada de mi madre:
—Hola hijo, ¿cómo te la estás pasando?, oye, se va
a quedar internado tu papá en el hospital, junta tus co-
sas, paso por ti para llevarte a la escuela mañana.
Mi respuesta solo fue un «está bien, cuídense», en
realidad no sabía hasta qué grado llegaría esto.
Alrededor de la medianoche llegó mi mamá y me
dijo:
—Vamos hijo, para que descanses y mañana vayas
a la escuela.
En realidad yo no tenía muchas ganas de ir sabien-
do el pendiente de cómo estaba mi padre, de hecho no
fui, estaba muy nervioso, estuvo dos semanas. En reali-
dad eran tantos mis nervios que no contaba el tiempo,
todos los días llegaba a la casa y prendía mi celular, para
saber cómo estaba mi papá o si necesitaban algo de la
casa, me costó mucho trabajo estar sin mi mamá y papá,
ellos me ayudaban a cambiarme y todo lo que necesi-
taba, esas dos semanas estuve batallando para todo, no
tenía muchas ganas de ir a la escuela, cuando recibí una
de las peores noticias.
—Hola hijo, —dijo mi madre— ¿cómo estás? Ya en-
42
contraron lo que tiene tu papá, es una bacteria, se llama
Anginas de Ludwig y se está llenando su cuerpo de pus.
—Pero ¿va a estar bien?
Ahí escuché un suspiro gigante.
—Esa bacteria es muy poderosa —me dijo— te
mentiría si te dijera que va a estar bien, pero hay espe-
ranzas, haz una oración para que este trago amargo se
termine…
Días después recibí una llamada.
—Hijo, van a operar a tu papá y quiere hablar con-
tigo.
—Bueno pásamelo... ¿Bueno?
—Hola hijo, tengo miedo, pero lo haré por ustedes,
recuerda que te quiero y échale ganas, trataré de ser
fuerte.
—No digas eso Pa, saldremos de esta y seguiremos
yendo a los partidos de futbol no te agüites.
—Te cuidas…
Sin saber que un «te cuidas» sería nuestra separa-
ción de vida.
Aproximadamente estuvo ocho horas en ese lugar
que a ningún ser humano se le desea: el quirófano. Yo
estaba muy preocupado, cuánto dolor tenía mi madre al
saber que su mamá y papá ya habían pasado por eso y
desafortunadamente no se le dieron los resultados, pa-
saron las ocho horas y al día siguiente recibí la llamada
de mi madre.
—Hola hijo ya salió tu papá del quirófano, ya está
mejor, le sacaron pus de la garganta.
En ese momento sentí un alivio muy grande, era
lo que me preocupaba durante esas ocho horas, al día
siguiente llegó mi hermano.
—¿Oye y si le grabamos un audio a mi papá de-
seándole ánimos y decirle lo mucho que lo queremos?
43
Mi respuesta sin pensarlo fue un sí. Lo grabamos y
le dijimos a mi mamá que se lo pusiera.
En ese momento los doctores dejarían la anestesia
para ver cómo se sentía. Ya que se la quitaron se puso
inquieto por el audio, intentando reaccionar, mi madre
con lágrimas en los ojos desesperada no sabía qué hacer
y solo se quedó callada. Me dijo mi madre:
—Hijo, tu papá reaccionó pero no al cien, se pone
inquieto y lo tuvieron que sedar de nuevo para que se
calmara.
En ese momento me quedé a la vez feliz y triste,
por un lado había reaccionado pero no al cien, me llenó
de tristeza cómo esa sonrisa del rostro de mi padre se
estaba esfumando, me daba tristeza la grandes cantida-
des de medicamentos que tenía inyectado en su cuerpo,
en realidad mi mamá me decía que tenía que ser fuerte
para cualquier cosa. Todos los días le preguntaba a mi
madre cómo estaba mi papá, su respuesta siempre un:
«igual hijo, delicado». Pasaron los días, y el 15 de no-
viembre fui al hospital a visitarlo, pero no me dejaron
pasar, mis tíos y familia estaban preocupados, la verdad
no se creían que estuviera ahí.
Al siguiente día todo iba empeorando, la pus se le
había ido ya a sus pulmones, como no podía tomar agua,
estaban trabajando muy duro sus riñones.
Le metían cada vez más y más medicamento, pasó
mucho tiempo en el hospital, ya tenía barba, ya estaba
hinchado, en realidad, por un momento pensé que si era
mejor que lo sacaran o que siguiera sufriendo, lo pensé
porque la bacteria que tenía era muy poderosa y la ma-
yoría de las personas no aguantaban, pero no perdíamos
la fe.
A los cinco días lo volvieron a operar, me habían
dicho sabiendo mi estado de ánimo y cómo me pon-
dría, en realidad, todos los días parecían los mismo,
44
cada hora o cada segundo, solo se veía cómo se iba mi
héroe, cómo las palabras que me decía parecían vien-
to: «no te dejaré», «saldré adelante», me decía que era
un guerrero, que no cualquier cosa me hacía llorar, aun
escribiendo esto no se me suelta ninguna lágrima, solo
se me sueltan los momentos, carcajadas y todo lo que
vivimos a su lado.
El 19 de noviembre fue el cumpleaños de mi ma-
dre, la felicité, pero no le podía decir un «feliz cumplea-
ños» sabiendo la situación.
La vida de mi madre ha sido muy difícil, no sé si
porque ya lo ha vivido tres veces o porque es muy fuerte.
La primera que se adelantó en su camino fue su mamá
un día 12 de abril de 2012, todos los días mi mamá se iba
con una cara triste, una cara que nadie se imaginaba
ver, ella murió de cáncer, era el pilar de sus hijas, desde
pequeñas siempre les inculcó muy buenos valores. Mi
abuelo era diferente, según me cuenta mi madre él les
pegaba, él falleció el 17 de abril del siguiente año, fue un
dolor muy grande para mi madre, ver a su padre tras
un cristal un año después de la partida de mi abuela.
Regresando con lo de mi padre, él aguantó más de una
semana con su enfermedad.
El día de su partida había llegado. Era un 27 de no-
viembre, me levanté temprano para ir a la escuela, el día
estuvo un poco cansado, iba a ir a una comida, ya me
había bañado y nos fuimos. Estaba comiendo a gusto,
cuando mi tía recibió una llamada, yo no la oí sabiendo
lo que pasaría, llegó mi tía y le dije:
—¿Qué pasa le marcó mi madre?
Con lágrimas en los ojos me dijo.
—No hijo, me habló tu tío y estuvimos discutiendo.
Yo en ese momento sentía que no fue eso, cuando
llegué a mi casa entré, agarré mi tablet y me dijo ven,
quiero hablar contigo
45
—Hijo, tu papá se puso mal, el día domingo lo vol-
vieron a operar pero no te dijimos, sus pulmones ya no
estaban trabajando correctamente.
Le contesté…
—Y entonces, ¿cómo está mi papá?
Con lágrimas en los ojos me dijo…
—Hijo tu papi ya falleció.
Al principio no lo asimilaba, pero después solté un
mar entero de lágrimas, recuerdos hermosos, enseñan-
zas y todo lo que me decía.
Cuando vi en menos de una hora ya había gente,
familia y amigos, todos me decían que estaba en un lu-
gar mejor, pero, la realidad era que no, ¿dónde estaba
esa persona que quince años me vio crecer?, ¿dónde es-
taban en ese momento sus sabios consejos?. Le marqué
a mi madre con una cara triste y temblando.
—Hijo, tu papá ya falleció.
Y yo solo le contesté:
—¿Por qué la vida es así?
Yo solo quería una respuesta de por qué pasaba
eso, nadie me la dio. Me dijo mi madre:
—Hijo, no le digas a tu hermano, él está en la es-
cuela y no quiero que se salga para venir al hospital.
En ese momento por casualidad le marqué a mi
hermano pero como se oía que estaba llorando él sin
pensarlo me preguntó:
—¿Qué pasa?, algo me están ocultando.
Ahí es donde mi madre le dijo que ya había falleci-
do mi padre. Le marqué a mi madre para saber en cuán-
to tiempo estaban con mi padre en la casa, me contestó
que a la una de la mañana. Estuve esperando todo el
tiempo, la mayoría me decía que descansara, pero no
sabían qué dolor tenía en el alma, cuantas ganas tenía
de que me dijera: «Te quiero mucho hijo», estuve espe-
rando e iba llegando más gente, a las doce de la noche
46
recibí un mensaje de un tío: «Hijo, ya vamos llegando
con tu papá, pon su canción favorita, la de El Gallero, del
Komander», cargué la canción y cuando llegó la puse.
Vi la carroza con un sentimiento de correr lo más lejos
que se pudiera y dejar a todos, pero tenía que apoyar
a mi mamá. Cuando vi a mi mamá solo le di un abrazo,
de ahí vi bajar la caja de la carroza, no lloré, solo le dije:
«Tranquilo, ya estamos en la casa», bajé los soportes del
ataúd y metimos a mi padre, con la canción que lo re-
conocía en los gallos. Cuando abrí la caja, vi la imagen
que no se me olvidará, algo que no me esperaba, solo
le di una palmada y me fui. Llegó mi familia, nos dimos
el pésame y ya, cuando vi a mis abuelos no me resistí y
lloré amargamente.
Al siguiente día en sus grupos de gallos confirmé
su fallecimiento y se organizaron unas peleas de gallos
a su nombre, ese mismo día en la mañana me levanté a
las ocho, saludé a mi padre y de ahí saludé a todos. A las
nueve partimos para su pueblo natal, primero pasamos
a la casa que estaba construyendo, mi mamá solo le dijo:
— Mira cómo quedó la casa donde vivirán tus hijos.
Estuvimos ahí un rato y de ahí nos fuimos, cuando
llegamos todos, la canción ya estaba lista y corriendo,
su hermana estaba desecha, solo gritaba: «Mi herma-
no» y pataleaba hasta más no poder, su madre se había
desmayado. Mientras mi padre estuvo en el hospital sus
gallos no comían ni cantaban, no se si fue coinciden-
cia pero cuando llegó el ataúd lo pusimos donde esta-
ban sus aves y empezaron a cantar, entré al cuarto y me
puse a llorar en una esquina, empecé a golpear la cama
y todo lo que veía enfrente de mí.
Ese día fue su velorio, fue mucha gente, tanta que
todo el cuarto estaba lleno de flores y coronas, de hecho
un día antes nos habían pedido el cuerpo para que lo
lleváramos a Matatlán, ahí trabajaba, ese día del velorio
47
fueron sus amigos de la ctm, croc y sitem, al día siguiente
del entierro lo llevamos a Matatlán para que lo despidie-
ran sus alumnos.
Cuando entramos vimos que más de doscientos
alumnos estaban formados con sus flores, en ese mo-
mento reaccioné y me di cuenta que fue muy buena
persona. Pasamos con el ataúd y pasamos por la direc-
ción, los padres de familia llorando. Había un niño de
quinto grado llorando en una esquina, me acerqué y le
pregunté
—Qué te pasa amigo, levántate—. Y me dijo:
—Tu papá fue un gran hombre, él nos enseñó a
leer, él nos daba dinero para comer, todo lo que hizo
por mi grupo...
Y en ese momento me quedé privado sabiendo
que él se quitaba algo para compartirlo, le dieron mucha
despensa a mi madre, habíamos llevado una camioneta
y toda se vino llena de flores y despensa, con mucho
cariño. Cuando nos venimos a la casa todos los gallos
estaban listos para las peleas, el gallo de mi padre estaba
a punto de jugar, todos le iban al gallo, conociendo su
trayectoria. Al momento de soltar el gallo entró a todo
pulmón y le cortó la vena al rival, ganando el gallo de
mi padre. Al momento que dijeron: «Ganó el Partido de
Tapia», todos comenzaron a llorar y gritar «Viva, Viva».
Pasó la noche, el siguiente día todos los gallos como por
arte de magia comenzaron a cantar, ya comían. Cuando
nos íbamos para la iglesia, soltaron los gallos enfren-
te del ataúd y empezaron a darse a diestra y siniestra,
nos fuimos y la banda empezó a tocar puras canciones
tristes, de recuerdos, sus amigos gritaban: «toquen un
jarabe». Como él lo quería, todo feliz, él no nos quisiera
ver tristes.
Llegamos a la misa, en realidad me quedé dormido,
de ahí nos dirigimos hacia el panteón. En el transcurso
48
veía tristezas en mis abuelos, familiares, y se me venían
a la mente todos esos recuerdos tan hermosos que pasa-
mos juntos, cuando llegó el momento un amigo le com-
puso una pequeña canción.
Dentro de mi mente dije, «descansa, diste bata-
lla, me enseñaste muchas cosas», y por otro lado quería
irme con él, me dijo que no me dejaría, me dijo que íba-
mos a ir a un mundial de fútbol. Lo enterraron y después
solo le di un beso a su cruz y nos marchamos con esa
ilusión de salir adelante. En el camino mi tío me dijo que
pusiera música carnavalera, la de Jinetes en el cielo de
Tierra mojada, eso me subió el ánimo recordando que
en vida era muy alegre. Cuando llegamos a mi casa, sus
amigos gritando, echando un poco de relajo, las señoras
bailando y con su cerveza, los gallos peleando, ese día
estuvo lleno de recuerdos. Al siguiente día taparon la
sepultura, le pintaron su gallo, y le pregunté al pintor:
—¿Oye no se va a borrar?
—No, —me contestó— porque así pintaban los az-
tecas y esta es tierra santa.
Pasaron los días y tuve mi primer sueño, soñé con
él, que me decía «no va a ser campeón Cruz Azul», y se
hizo realidad, de hecho iba a ir con él al Estadio Azteca.
Todo el día pensaba en mi padre, creo que no pude
dormir todos esos días, sabiendo si nos estaba viendo o
no. Esos días me sentí muy solo, triste y abandonado,
¿dónde estaba el amigo que me jugaba bromas?, o el que
siempre me regañaba cuando hacía algo mal.
Después vinieron los problemas. Tiempo atrás mi
abuelo se enfermó de los riñones, él tomaba y fumaba
demasiado, mi papá vio la manera de que se curara, fue-
ron hasta Veracruz, le pedían a mi padre unos papeles
para que se pudiera trasladar, tardó mucho y el tanque
de oxígeno venia controlado, cuando llegó se estaba aca-
bando el oxígeno y se tuvieron que ir demasiado rápido,
49
cuando iban llegando se ponchó la llanta y no llevaban
refacción, no sé qué hizo mi padre, parchó la llanta y se
arregló; llegando a Veracruz le dijeron que no podía vol-
ver a tomar. Cuando enterraron a mi padre, empezó a
tomar, y ahora que estoy escribiendo esto, sigue la situa-
ción del alcohol, ¿qué pasaría si sucediera otra situación
de esas?, me acabaría. Mi abuelo tuvo una infancia muy
triste. Hasta la fecha ya me estoy calmando, fui a México
como lo quería mi padre para ver jugar al Cruz azul; se
enteraron que había partido y fuimos, y fue todo, el re-
sultado no me favoreció, como lo había dicho mi padre.
Aún seguimos sufriendo su partida, pero sé que
desde algún lado nos estará viendo.
En conclusión: Mi abuela sigue triste, mi abuelo
sigue en el alcohol, mi madre sale adelante, y yo sigo sin
saber una respuesta de por qué se fue.
50
Una nueva historia qué contar
53
amigos encontrábamos en las redes sociales, parecía
que todo estaba perdido.
Llegó el día de la clausura, cada uno de nosotros
ahora tomaría rumbos diferentes, pasaríamos a una eta-
pa más: «la secundaria». Ahora todo cambiaría, cada uno
se distanció, encontró nuevos amigos, la comunicación
se perdió, para tareas seguía siendo el internet, de los
libros ni quien se acuerde, salvo los que los profesores
nos pedían que leyéramos. En alguna ocasión a mí me
dijeron: «el mejor invento del hombre no son autos, bar-
cos, aviones, computadoras, sino más bien es el libro;
porque transporta ideas, y es tan eficiente, pues es ca-
paz de llevar el pensamiento de una persona a través del
tiempo, de una generación a otra, permitiendo conocer
las ideas de una creador incluso después de su muerte»,
no le entendí a eso, lo dejé pasar no fue de mucha im-
portancia, bueno quizás pudo ser de mi interés por un
momento pero después se me olvidó.
54
«Qué antigua, que remota, que imposible esta his-
toria.
Pero existió Mariana, existió Jim, existió cuanto
me he repetido después de tanto tiempo de rehusar-
me a enfrentarlo. Nunca sabré si el suicidio fue cierto.
Jamás volví a ver a Rosales ni a nadie de aquella época.
Demolieron la escuela, demolieron el edificio de
Mariana, demolieron mi casa, demolieron la colonia
Roma. Se acabó esa ciudad. Terminó aquel país. No hay
memoria del México de aquellos años. Y a nadie le im-
porta: de ese horror quien puede tener nostalgia.
Todo pasó como pasan los discos de la sinfonola.
Nunca sabré si aún vive Mariana. Si hoy viviera
tendría ya ochenta años».
Miré aquí mi decepción, pues ahora ya sabía por-
que la letra de la canción de las batallas, lo que no en-
tendía era porqué ese final de la historia, me dejó con
dudas, recurrí nuevamente a internet y encontré que
había una película de nombre Mariana la miré y me di
cuenta que si no hubiera leído el libro no le hubiera en-
tendido, pero aun así me quede con la duda de qué real-
mente había pasado con esta historia. Pasaron los días,
como siempre me levantaba, me bañaba y muy apurado
corría a la escuela, se acercaban las vacaciones de di-
ciembre cuando la profesora dijo que teníamos que ha-
cer un libro, me estresé al instante y me dije, «ay, eso ya
lo veré después con calma en las vacaciones». Llegaron
las vacaciones, disfruté de las fiestas decembrinas y del
libro que me pusieron a escribir ni me acordaba, cuando
al fin escuché una voz fuerte y con tono molesto «¿y la
tarea?, habías dicho que te dejaron hacer un libro ya vas
a regresar a clases y no has hecho nada».
Esto fue preocupante, no sabía que escribir, no sa-
bía cómo empezar, el tiempo que me quedaba era poco,
55
pensé en decirle a la profesora que me diera más tiempo,
pero realmente no era lo correcto. Tomé un lápiz, hojas
recicladas y comencé, había una vez… en aquel tiem-
po… nada me parecía, ese momento se vino a mi mente
¿por qué no escribir un final propia sobre aquel libro
que me dejó intrigado?, quizás era buena idea, pero no
sabía realmente que final podría ser el adecuado, quizás
alguien más ya había leído el libro y no se preocupaba
tanto o el final no le importó, todo era complicado, me
puse a reflexionar que realmente el mejor invento del
hombre efectivamente si es el libro, ya ni lamentarme
era bueno, mi mente estaba bloqueada.
EL FINAL DE UN LIBRO
56
decide apostar por ella a enfrentarse a sus obsesiones,
a sus temores y a sus pasiones de manera solitaria e in-
cierta. Quizás era por ello, que la gran mayoría de histo-
rias nacen por una necesidad.
Qué manera de pensar la mía, después de no que-
rer leer ni escribir ahora me emocionaba, recurrí a aque-
lla vieja enciclopedia rota y que estaba a punto de tirar:
57
Porque hay libros, universos de papel que parecen
que están escritos únicamente para nosotros. Nos re-
cuerda de que verdaderamente si hay historias que solo
nosotros podemos escribir. Empezando por la historia
de nuestra vida.
Después de un momento de pausa de actividades,
ya era el momento de despedirse de las vacaciones, para
retomar clases en el colegio. Puede causar flojera o sim-
plemente desear que no llegue pero como todo tiene prin-
cipio también tiene fin, así es mi historia, esta es mi vida.
Esta es la etapa donde me encuentro actualmente
y tanto en esta como en las demás, soy principiante y
me muevo en un terreno que no domino del todo. Un
nuevo libro, una nueva historia, aquí estoy en la página
final.
Quizás habrá quien piense que esto puede ser ri-
dículo, pero esto no es significativo para mí en este mo-
mento, lo importante es haber podido llegar al final del
libro, quizás José Emilio Pacheco también tuvo compli-
caciones al momento de terminar esa historia que hasta
momento me tiene intrigado, puede ser que ese final
era para ponernos a reflexionar y que cada quien cons-
truyera sus propias ideas sobre esta historia y por eso
aún sigo pensando que será buena idea construir otro
final, donde me explique qué pasó realmente con Jim y
Mariana. Aunque quizás si cambio el final el libro ya no
tendría sentido, ni la función para el fin que la hicieron,
dejaré pasar esto, me concentraré en terminar esta eta-
pa en los nuevos exámenes que vendrán, en las nuevas
enseñanzas del profesor, en el libro que tengo que en-
tregar llegaré a este final y quedará pendiente una nue-
va página en blanco donde podrás escribir tú algo que te
haya gustado, una historia que te hayas guardado, algo
que no has podido escribir, quizá tú te encuentres en la
58
misma situación que yo, donde es complicado comen-
zar una historia porque yo no sé como pero a partir de
eso comencé a escribir algo que ahora tú terminaste de
leer.
59
Esta obra se terminó de imprimir
en abril de 2022
en los talleres de “Servicios Editoriales Integrales”
ubicados en 1ª Poniente #602, Col. Cuauhtémoc
Oaxaca, México,
con un tiraje efectivo de 100 ejemplares