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Niño Como Una Invención Moderna.: Unidad I Pujó, Mario - La Edad de La Inocencia

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UNIDAD I

Pujó, Mario - La Edad de la Inocencia

El autor construye su tesis tomando la de Philippe Ariés: “La infancia como construcción
histórica”

En 1960 con la publicación del libro de Ariés, sus tesis comenzaron a ser aceptadas con total
entusiasmo. La línea que guía al desarrollo de su tesis se caracteriza por concebir al niño
como una invención moderna. Ariés sitúa entre la época grecorromana y la institución escolar
educativa propia de la modernidad, un interregno (no hay funciones gubernamentales) en el
que durante varios siglos el “sentimiento de la infancia”, tal como ahora lo experimentamos,
no había existido. Una visión adultiforme, constatable en las representaciones pictóricas,
pareciera que invadía todo. A penas alcanzaba la autonomía para moverse por sí mismo, el
niño ya era integrado al mundo adulto, tanto en el plano del trabajo como en el de la
diversión, sin contemplar la diferencia de edad.

El altísimo número de incidentes, la falta de cuidado que experimentaban los niños, la


presumida frecuencia del infanticidio, y la relativa facilidad con la que se consumaría la
reposición del niño muerto, llevan a Ariés a concluir que no sólo la actual idea evolutiva de la
infancia no existía, sino que ésta no era objeto del característico sentimiento de ternura y
devoción con la que se asocia ahora en nuestra cultura.

Pero, en 1994, con la publicación del libro Pierre Riché y Alexandre Bidón: “La infancia misma
reconocida tres tiempos”:

1. Desde el nacimiento a los dos años, infains, en la que el bebé no habla

2. Entre los dos y los siete años, en el que el niño aprende a comer, hablar y caminar

3. Desde los siete a los doce años, en la que el varón se diferencia de la niña

En esa época tener niños era la única justificación aceptada para la sexualidad, que
aseguraba el linaje y la descendencia. Ya conformado el feto, era objeto de derechos.
Diversos campos atestiguan del reconocimiento cultural de la particularidad infantil:

 En el plano de la salud pudo constatar la importancia que ya se le daba a la infancia


con la observación de enfermedades propias de la edad, y la elaboración de
terapéuticas y dosificaciones específicas.
 En el plano de la actividad lúdica, el descubrimiento de juegos y juguetes de
fabricación masiva.
 En la vida cotidiana hay evidencias de la adaptación del medio, a la presencia del niño
en la casa: espacios de juego, mobiliario adecuado a su tamaño.
 En el plano pedagógico es verificable la proliferación de sermones dirigidos a los más
jóvenes.

Resulta innegable conceder el mérito a Ariés por haber tomado al niño como objeto de
historia🡪 el niño es legítimamente un objeto de historia, porque evidencia ser en las
características que se le atribuyen, una construcción histórica. El niño es así mirado desde un
lugar donde luego él mismo se ve, reafirmando el valor constituyente asignado al Otro que lo
precede y condiciona su advenimiento. La niñez ideal e idealizada es una construcción ligada
a la inauguración de un nuevo régimen🡪 el paso del modo de producción feudal al modo de
producción capitalista.

La subjetivación de la infancia

Uno de los méritos de Ariés es haber puesto de relieve, en el plano iconográfico, la relación
que la pintura mantiene con una determinada mirada que se tiene del niño en una
determinada época.
La modernidad constituye desde entonces una mirada hacia lo nuevo. El privilegio del
burgués no radica en sus orígenes ni en su procedencia, sino en el volumen de su capital. No
es por tanto el pasado lo que le preocupa, como la necesidad de asegurar hacia adelante su
permanencia y continuidad🡪 su interés recae en su descendencia, la que podrá prolongar los
privilegios adquiridos. El niño en crecimiento es portador del porvenir; el progreso de la
humanidad lo requiere y lo necesita como soporte de una transmisión. El niño desde la
perspectiva capitalista en la modernidad es visto como un objeto de valor.

Por otra parte, la postmodernidad es como el tiempo posterior a una culminación, una crisis
de la modernidad que aún no ha concluido en su proyecto; la ilusión de un porvenir radiante
se ha esfumado y las expectativas del futuro se sacrifican en busca de una satisfacción
inminente. Lo que supone una modificación de la temporalidad subjetiva. En la
postmodernidad, lo que predomina es la ahistoricidad como un elogio a la inmediatez, la
instauración global de un imperativo de goce que orienta las acciones del hombre (gozar a
todo momento).

Beisim, Marta - El Psicoanálisis de Niños Hoy

Beisim dice que anteriormente las cosas de niños eran consideradas como cosas que no
comportaban gravedad o consecuencias de importancia. En ese sentido, el juego es cosa de
niños, por ser una actividad inútil, que efectivamente no comportaba consecuencias y que
produce placer. Pero, distintos discursos, distintas realidades discursivas, parecen decirnos
que el lugar reservado a los niños ha cambiado, y de formas que nos espantan 🡪 la idea que
teníamos de infancia ha mutado en la medida en que la realidad de los niños se ha
transformado en grado extremo; quizás la idea que teníamos de infancia se ha perdido para
millones de niños que viven en una realidad que no es cosa de niños.

--La indigencia, la desnutrición y la muerte, la deserción escolar, el abandono, el maltrato, la


mencidad, los abusos sexuales, la prostitución infantil, son ahora “cosas de niños”🡪 son los
efectos de la exclusión social de este mundo globalizado y la revolución tecnológica; son
niños que se hallan del otro lado de la exclusión.

Entonces, tal vez, la tarea del psicoanalista se reducirá al tratamiento de menos niños, los
que todavía pueden, los que tienen padres, los que juegan, aquellos que se encuentran
dentro del sistema o los que estando del otro lado conserven algún puente con él.

Por otro lado, Freud teoriza la sexualidad infantil, y con ello destierra la oposición niños
inocentes- adultos, entendiendo en este caso la inocencia como el estado en que no sabe
nada de la sexualidad. Pero se cree que la formulación más apropiada es la de que los niños
son los que no pueden tener niños, y en ese sentido no se vinculan con el acto sexual🡪 en el
lugar de esta imposibilidad se concibe el juego como el acto por medio del cual los niños
realizan ahora sus deseos de niños.

--Los niños que juegan en el consultorio construyen otro juego dentro del juego, al cual
transfieren sus conflictos y en el cual, los analistas están incorporados.

En la práctica con niños, no podemos desligarnos de los objetos, y los que más ocupan al
analista son los objetos de la realidad que, usados por los niños, pueden hacer las veces de
otros: una cajita puede ser un tren, y una tapita, el parche de un pirata. El objeto parlante se
anima con el sufrimiento infantil y con el malestar del analista que pasan a estar transferidos
en él en el curso de un tratamiento. El objeto parlante es, por así decir, un restablecedor del
deseo del juego y del deseo de jugar.

Siguiendo algunas pistas de Lacan, se puede reflexionar acerca de algunos objetos que
aparecen como competidores de los juegos en la medida en que suplen el accionar humano, 🡪
estos objetos son los que Lacan denomina Gadgets- dispositivos. Son los objetos que produce
el desarrollo tecnológico, objetos que producen ilusión, por ser su función la de taponar
agujeros que ellos mismos contribuyen a crear, de que todo se encuentra allí. Lacan cita la
televisión.

OBJETO PARLANTE NO ES IGUAL A GADGET: el primero se produce en el acto de jugar y está


destinado a desaparecer en pro de renovadas ganas de jugar o deseos a alcanzar, se
encuentra al servicio del niño. El gadget se encuentra fabricado para permanecer, reduce al
niño a la servidumbre.

Lacan habla de estos dispositivos a fin de comparar el acceso a lo real, que se tiene desde el
psa🡪al entender por real, lo imposible -el hecho de que por ser sujetos sexuados y parlantes,
la posibilidad de acoplarnos con el otro sexo (o bien la de decirlo todo, es decir que la línea
del sentido no tenga límites), hace agujero- Lacan alcanza la ciencia, accedemos a lo real con
fórmulas que nos provee la ciencia, y que también con cierto límite dan por resultado los
gadgets. La ciencia coloca objetos con los cuales disfrutamos allí donde antes había sólo
agujeros.

En los juegos de los niños en general, y en los juegos que en la clínica en particular se hacen
cargo de los conflictos de los niños, hay algo que opera como faltante, es esa mediación que
produce el objeto faltante lo que posibilita el pasaje a distintas posiciones al modo de actos .
Los niños podrán seguir jugando y los psicoanalistas de niños podremos jugar con ellos, pero
deberemos coexistir con una realidad en la que no sólo se fabrican objetos, sino que se
fabrican deseos realizados en formas de gadgets 🡪 los deseos no son ya planteados como
producidos por el trabajo de la significación, sino que se trata de tener o no tener acceso a
ellos. Un grupo de niños tendrá acceso a éstos deseos enlatados y la amplia mayoría estará
excluidos de ellos.

Freud Sigmund - La Interpretación de los Sueños. (Fragmentos del cap. VII, Acerca
del cumplimiento de deseo, apartados C y E)

Apartado C

¿Por qué durante el sueño lo inconsciente no puede ofrecer nada más que la fuerza
pulsionante para un cumplimiento de deseo? La respuesta a esta pregunta está destinada a
arrojar luz sobre la naturaleza psíquica del desear; debe procurarla con el auxilio del esquema
del aparato psíquico.

Intentemos trasladarnos retrospectivamente a una etapa más temprana de su capacidad de


operación. Supuestos que han de fundamentarse de alguna otra manera nos dicen que el
aparato obedeció primero al afán de mantenerse en lo posible exento de estímulos,"" y por
eso en su primera construcción adoptó el esquema del aparato reflejo que le permitía
descargar enseguida, por vías motrices, una excitación sensible que le llegaba desde fuera.
Pero el apremio de la vida perturba esta simple función; a él debe el aparato también el
envión para su constitución ulterior.

El apremio de la vida lo asedia primero en la forma de las grandes necesidades corporales. La


excitación impuesta por la necesidad interior buscará un drenaje en la motilidad que puede
designarse «alteración interna» o «expresión emocional». El niño hambriento llorará o
pataleará inerme. Pero la situación se mantendrá inmutable, pues la excitación que parte de
la necesidad interna no corresponde a una fuerza que golpea de manera momentánea, sino a
una que actúa continuadamente.

Sólo puede sobrevenir un cambio cuando, por algún camino (en el caso del niño, por el
cuidado ajeno), se hace la experiencia de la vivencia de satisfacción que cancela el estímulo
interno. Un componente esencial de esta vivencia es la aparición de una cierta percepción (la
nutrición, en nuestro ejemplo) cuya imagen mnémica queda, de ahí en adelante, asociada a la
huella que dejó en la memoria la excitación producida por la necesidad. La próxima vez que
esta última sobrevenga, merced al enlace así establecido se suscitará una moción psíquica
que querrá investir de nuevo la imagen mnémica de aquella percepción y producir otra vez la
percepción misma, vale decir, en verdad, restablecer la situación de la satisfacción primera.

Una moción de esa índole es lo que llamamos deseo; la reaparición de la percepción es el


cumplimiento de deseo, y el camino más corto para este es el que lleva desde la excitación
producida por la necesidad hasta la investidura plena de la percepción.

Esta primera actividad psíquica apuntaba entonces a una identidad perceptiva o sea, a repetir
aquella percepción que está enlazada con la satisfacción de la necesidad.

Una amarga experiencia vital tiene que haber modificado esta primitiva actividad de
pensamiento en otra, secundaria, más acorde al fin {más adecuada}. Es que el
establecimiento de la identidad perceptiva por la corta vía regrediente en el interior del
aparato no tiene, en otro lugar, la misma consecuencia que se asocia con la investidura de
esa percepción desde afuera. La satisfacción no sobreviene, la necesidad perdura.

Para que la investidura interior tuviera el mismo valor que la exterior, debería ser mantenida
permanentemente, como en la realidad sucede en las psicosis alucinatorias y en las fantasías
de hambre, cuya operación psíquica se agota en la retención del objeto deseado. Para
conseguir un empleo de la fuerza psíquica más acorde a fines, se hace necesario detener la
regresión completa de suerte que no vaya más allá de la imagen mnémica y desde esta
pueda buscar otro camino que lleve, en definitiva, a establecer desde el mundo exterior la
identidad [perceptiva] deseada.

Ahora bien, toda la compleja actividad de pensamiento que se urde desde la imagen mnémica
hasta el establecimiento de la identidad perceptiva por obra del mundo exterior no es otra
cosa que un rodeo para el cumplimiento de deseo, rodeo que la experiencia ha hecho
necesario. Por tanto, el pensar no es sino el sustituto del deseo alucinatorio, y en el acto se
vuelve evidente que el sueño es un cumplimiento de deseo, puesto que solamente un deseo
puede impulsar a trabajar a nuestro aparato anímico.

No tenemos dudas de que este aparato ha alcanzado su perfección actual sólo por el camino
de un largo desarrollo.

El aparato obedeció primero al afán de mantenerse en lo posible exento de estímulos, y por


eso en su primera construcción adoptó el esquema del aparato reflejo que le permitía
descargar enseguida, por vías motrices, una excitación sensible que le llegaba desde afuera.
Pero el apremio de la vida perturba esta simple función, lo asedia primero en la forma de las
grandes necesidades corporales.

La excitación impuesta por la necesidad interior buscará un drenaje en la motilidad que


puede designarse «alteración interna» o «expresión emocional». El niño hambriento llorará o
pataleará inerme. Pero la situación se mantendrá inmutable, pues la excitación que parte de
la necesidad interna no corresponde a una fuerza que golpea de manera momentánea, sino a
una que actúa continuamente. Sólo puede sobrevenir un cambio cuando, por algún camino
(en el caso del niño, por el cuidado ajeno), se hace la experiencia de la vivencia de
satisfacción que cancela el estímulo interno.

Un componente esencial de esta vivencia es la aparición de una cierta percepción (la


nutrición, en nuestro ejemplo) cuya imagen mnémica queda, de ahí en adelante, asociada a
la huella que dejó en la memoria la excitación producida por la necesidad. La próxima vez
que esta última sobrevenga, merced al enlace así establecido se suscitará una moción
psíquica que querrá investir de nuevo la imagen mnémica de aquella percepción y producir
otra vez la percepción misma, vale decir, en verdad, restablecer la situación de la satisfacción
primera. Una moción de esta índole es lo que llamamos deseo (el deseo nunca será 100%
satisfecho, a diferencia de la primera vivencia de satisfacción, que es plena y alucinatoria).

Una amarga experiencia vital tiene que haber modificado esta primitiva actividad de
pensamiento en otra, secundaria, más acorde al fin.

Es que el establecimiento de la identidad perceptiva por la corta vía regrediente en el interior


del aparato no tiene la misma consecuencia que se asocia con la investidura de esa
percepción desde afuera. La satisfacción no sobreviene, la necesidad perdura.

Para conseguir un empleo de la fuerza psíquica más acorde a fines, se hace necesario
detener la regresión completa de suerte que no vaya más allá de la imagen mnémica y desde
esta pueda buscar otro camino que lleve, en definitiva, a establecer desde el mundo exterior
la identidad perceptiva deseada. Esta inhibición, así como el desvío de la excitación que es su
consecuencia, pasan a ser el cometido de un segundo sistema que

gobierna la motilidad voluntaria, vale decir, que tiene a su exclusivo cargo el empleo de la
motilidad para fines acordados de antemano. Ahora bien, toda la compleja actividad de
pensamiento que se urde desde la imagen mnémica hasta el establecimiento de la identidad
perceptiva por obra del mundo exterior no es otra cosa que un rodeo para el cumplimiento de
deseo.

Primera Vivencia de Satisfacción: En el aparato psíquico aparece una suma de excitación que
genera tensión, y, por lo tanto, displacer. La llamaremos necesidad. Esta necesidad deja una
primera huella mnémica, y es intuida y satisfecha por un Otro, cancelándose la excitación y
produciéndose por primera vez el placer. Se inaugura así la primera huella alucinatoria de
satisfacción. Esta descarga de tensión es completa, y deja una huella inconsciente (la de la
primera vivencia de satisfacción). Cuando se intenta reproducir, no se logra el mismo efecto,
sino una descarga mediana, incompleta, inaugurándose el deseo, que no logrará llegar al
punto de satisfacción plena.

Apartado E

Habíamos profundizado en la ficción de un aparato psíquico primitivo cuyo trabajo era


regulado por el afán de evitar la acumulación de excitación. La acumulación de la excitación
es percibida como displacer, y pone en actividad al aparato a fin de producir de nuevo el
resultado de la satisfacción; en esta; el aminoramiento de la excitación es sentido como
placer.

El deseo es quien pone en movimiento este aparato, el primer desear pudo haber sido investir
alucinatoriamente el recuerdo de la satisfacción.

La actividad del primer sistema está dirigida al libre desagote de las cantidades de excitación,
y el segundo sistema produce; por las investiduras que de él parten, una inhibición de este
desagote, su mudanza en investidura quiescente, mediando sin duda una elevación del nivel.
Supongo entonces que bajo el imperio del segundo sistema el decurso de la excitación se
anuda a condiciones mecánicas por entero diversas que bajo el imperio del primero. Una vez
que el segundo sistema ha acabado su actividad tentativa de pensamiento, cancela también
la inhibición y la estasis de las excitaciones y permite que ellas se drenen hacia la motilidad.

Investiguemos la contraparte de la vivencia primaria de satisfacción, la vivencia de terror


frente a algo exterior. Supongamos que sobre el aparato sobreviene un estímulo doloroso,
entonces sobrevendrá prolongadas y desordenadas exteriorizaciones motrices hasta que por
una de ellas el aparato se sustraiga de la percepción y, al mismo tiempo, del dolor; y cada vez
que reaparezca la percepción, ese movimiento se repetirá (algo así como un movimiento de
huida).
El recuerdo, a diferencia de la percepción, no posee cualidad suficiente para excitar la
conciencia y atraer de ese modo sobre sí una investidura nueva.

A consecuencia del principio de displacer, entonces, el primer sistema es incapaz de incluir


algo desagradable en el interior de la trama del pensamiento. El sistema no puede hacer otra
cosa que desear. El segundo sistema solo puede investir una representación si está en
condiciones de inhibir el desarrollo de displacer que parta de ella.

El segundo sistema solo puede investir una representación si está en condiciones de inhibir el
desarrollo de displacer que parta de ella.

Al primer sistema lo llamaré proceso primario, y proceso secundario al que resulta de la


inhibición impuesta por el segundo.

El segundo sistema tiene que corregir el proceso primario. Este último aspira a la descarga de
la excitación a fin de producir, con la magnitud de excitación así reunida, una identidad
perceptiva. Con la vivencia de satisfacción; el proceso secundario ha abandonado ese
propósito y en su lugar adoptó este otro: el de apuntar a una identidad de pensamiento.

 Huella mnémica + Percepción del Otro = Identidad perceptiva (es inconsciente). Es


distinta del pensamiento (que es consciente).

 Toda representación que aparece como pensamiento tuvo que ser percibida primero.

Más allá del Principio del Placer

Freud desarrolla distintas instancias que existen en la vida anímica que van a funcionar con
independencia del principio del placer. Encuentra una serie de fenómenos clínicos: neurosis
traumáticas, neurosis de destino y el juego del fort-da. Estos fenómenos clínicos lo que hacen
es evitar la obtención del placer.

Fort-Da: consiste en el juego de un niño con un carretel que está atado a un piolín,
arrojándolo adentro y afuera de su cuna en el que grita OOO= Ford (se fue) y luego lo tira y lo
saluda con un Da=Acá esta. El juego consiste en hacer aparecer y desaparecer el carretel, en
este contexto el niño siempre juega sin protestar y renuncia a la satisfacción pulsional cuando
la madre se ausenta, el niño repite situaciones que son displacenteras que son para el por ej.

Desapareciendo el carretel. Freud dice que pareciera que el niño ha encontrado en la acción
de arrojar el objeto la satisfacción de un impulso que se encuentra sofocado, es decir, que la
madre se ausente. Lo que intenta hacer el niño con esta repetición de hacer desaparecer el
carretel es poder posicionarse el, en una posición activa, es decir, ponerse activamente en
aquello que ha sufrido pasivamente, el niño intenta hacer desaparecer a la madre, así como a
desaparecido cuando él no podía hacer nada. Entonces es un displacer que se reelabora en el
juego. Aun bajo el imperio del principio del placer existen medios y vías para convertir en
objeto de recuerdo y elaboración anímica, lo que en sí mismo es displacentero, es decir, en el
juego uno puede volver a elaborar algo anímicamente que le fue displacentero en otro
momento.

La Negación

La negación es el rechazo por proyección de una ocurrencia que acaba de aflorar como modo
de intelectualizar aquello que produce displacer. El rechazo por proyección es la posibilidad
de poner en el mundo externo algo que yo no quiero, lo que yo no quiero es la ocurrencia que
acaba de aflorar. Él no es aquello que permite que uno exprese esa ocurrencia, la proyecte
hacia afuera rechazándola, sin embargo, que no tenga implicancia con uno. Un contenido de
representación o reprimido puede irrumpir en la conciencia a condición de que se deje negar.
Ahí tenemos el punto en que la función intelectual se separa del proceso afectivo, es decir,
afirmar o negar contenido del pensamiento, si yo niego ese pensamiento, niego que es mío, lo
rechazo entonces no tiene nada que ver conmigo.

El mecanismo de intelectualización o de negación es lo que le permite al niño incorporar ese


no culturalmente la posibilidad de que el niño reciba algo de forma negada. Que él no se
interiorice en el niño depende exclusivamente de que haya una persona que pueda hacerle
perder algo en la medida que dice no. En la medida que la madre puede quitar al niño algo
que quiere, entonces acá esta esta función de intelectualización en la medida que la madre le
dice x, el niño está implicado con ese proceso psíquico de la madre.

La negación es una función intelectual o un mecanismo que permite intelectualizar algo a


condición de ser negado. Esto tiene que ver con lo que el niño espera de la madre, sin
embargo, en un momento la madre y la cultura estan obligados a ponerles límites a ese niño.
Ahí es donde vemos la negación porque la madre comienza a ponerles límites a ese niño, la
madre transmite un deseo que rechaza cuando ella realmente quiere ej. Llevar al niño a la
plaza, sin embargo, debe negar esto para que el niño pueda absorber esta negación. El niño
también en la negación de la madre va absorbiendo las cosas que están permitidas y las que
no.

La negación es de carácter consciente, es el mecanismo psíquico que más en relacione está


en la conciencia porque lo que uno niega pertenece al proceso secundario, sin embargo, lo
que este negado es del proceso primario. La negación en la infancia es que el niño esta
negación la incorpora por vía de la madre, porque en la medida en que esta pueda delimitar
su campo de cosas que puede o no puede hacer, el niño luego en la adultes va a poder negar
también estas cosas. La negación es un mecanismo que funciona en la adultes pero que se
instaura en la infancia.

Freud desarrolla dos funciones del juicio que permite pensar cómo funciona la construcción
del aparato anímico: existe la función de atribuir o des atribuir una propiedad o admitir o
impugnar existencia de una representación en la realidad. Freud dice que a lo largo de la
historia de las ciencias se ha dicho que algo existe y que luego existen las propiedades de ese
algo. Freud dice que el psa hay un proceso inverso: 1 hay una atribución de propiedad y luego
hay una atribución de existencia. En el psiquismo primero le damos una propiedad de
existencia y luego le damos la existencia misma. Freud lo que hace es dar vuelta el modelo
con el que se lee la realidad.

Idea del examen de realidad, esta posibilidad de seguir sobre una función del juicio recae
sobre la existencia de una cosa, es decir, hay algo que está presente y algo que esta como
representante del yo y que puede reencontrase ahí en la percepción, es decir, esto es lo que
se dice que en Freud hay un reencuentro con el objeto, porque hay algo que está presente en
la realidad y algo que esta como representante de ese objeto dentro del yo, es decir, que
puede ser reencontrado como una percepción dentro de la realidad. Todo el tiempo la
decisión del juicio es intentar reencontrar algo que ya esté representado en el psiquismo.

Jaques Lacan - LA FAMILIA

La familia humana es una institución y aparece como un grupo natural de individuos unidos
por una doble relación biológica:

 LA GENERACIÓN: que depara los miembros del grupo.


 LAS CONDICIONES DE AMBIENTE: que postulan el desarrollo de los jóvenes y que
mantienen al grupo, siempre que los adultos progenitores aseguren su función.

Estructura cultural de la familia humana : se caracteriza por un desarrollo singular de las


relaciones sociales que sostienen capacidades excepcionales de comunicación mental y por
una economía paradójica de los instintos que se presentan como esencialmente susceptibles
de conversión y de inversión. Al depender de su comunicación, la conservación y el progreso
de éstos son una obra colectiva y constituyen la cultura: ésta introduce una nueva dimensión
en la realidad social y en la vida psíquica. Se comprende que en este campo las instancias
sociales dominan a las naturales: hasta un punto tal que no se pueden considerar como
paradójicos los casos en los que las reemplaza, como por ejemplo en la adopción.

Otros rasgos objetivos son los modos de organización de esta autoridad familiar, las leyes de
su transmisión, los conceptos de descendencia y de parentesco que comportan, las leyes de
la herencia y de la sucesión que se combinan con ellos y sus relaciones íntimas con las leyes
del matrimonio, enmarañan y oscurecen las relaciones psicológicas.

Herencia psicológica:

La familia desempeña un papel primordial en la transmisión de la cultura. Contribuyen a las


tradiciones espirituales, al mantenimiento de los ritos y de las costumbres, a la conservación
de las técnicas y del patrimonio. La familia predomina en la educación inicial, la represión de
los instintos, la adquisición de la lengua a la que justificadamente se designa como materna,
gobierna los procesos fundamentales del desarrollo psíquico, transmite estructuras de
conducta y de representación instaurando una continuidad psíquica entre las generaciones
cuya causalidad es de orden mental.

Parentesco biológico:

Se observa en el hecho de que los miembros normales de la familia; el padre, la madre y los
hijos, son los mismos que los de la familia biológica. El pensamiento, se ve tentado a
considerarla como una comunidad de estructura basada directamente en la constancia de los
instintos, constancia que intenta observar también en las formas primitivas de la familia.

La familia primitiva, una institución:

Las formas primitivas de la familia muestran los rasgos esenciales de sus formas finales:
autoridad que, si no se concentra en el tipo patriarcal, está al menos representada por un
consejo, un matriarcado sus delegados masculinos; modo de parentesco, herencia, sucesión,
transmitidos en algunos casos en forma diferenciada, de acuerdo con una descendencia
paterna o materna. La familia primitiva desconoce los vínculos biológicos del parentesco:
desconocimiento solamente jurídico en la parcialidad unilineal de la filiación, pero también
ignorancia positiva o, quizás, desconocimiento sistemático. El grupo reducido que compone la
familia moderna no aparece, ante el examen, como una simplificación sino más bien como
una contracción de la institución familiar

EL COMPLEJO, FACTOR CONCRETO DE LA PSICOLOGÍA FAMILIAR:

Se debe comprender a la familia humana en el orden original de realidad que constituyen las
relaciones sociales. «La familia como objeto y circunstancia psíquica», nunca objetiva
instintos sino, siempre, complejos. Su condicionamiento por factores culturales, en detrimento
de los factores naturales.
Definición de Complejo: une en una forma fija un conjunto de reacciones que puede
interesar a todas las funciones orgánicas, desde la emoción hasta la conducta
adaptada al objeto. Reproduce una cierta realidad del ambiente; y lo hace en forma
doble. 1° Su forma representa esta realidad en lo que tiene como objetivamente
distinto en una etapa dada del desarrollo psíquico: esta etapa especifica su
génesis. 2° Su actividad repite en lo vivido la realidad así fijada en toda
oportunidad en la que se producen algunas experiencias que exigirían una
objetivación superior de esta realidad; estas experiencias especifican el
condicionamiento del complejo.

Implica que el complejo está dominado por factores culturales; en su contenido,


representativo de un objeto; en su forma, ligada a una etapa vivida de la objetivación; por
último, en su manifestación de carencia objetiva frente a una situación actual, es decir bajo
su triple aspecto de relación de conocimiento, de forma de organización afectiva y de prueba
de confrontación con lo real, el complejo se comprende en su referencia al objeto y también
es comunicada por vías culturales. Es el instinto el que podría ser ilustrado actualmente por
su referencia al complejo.

El complejo freudiano y la imago:

Freud lo definió como factor inconsciente. Bajo esa forma su unidad es llamativa y se revela
en ella como la causa de efectos psíquicos no dirigidos por la conciencia, actos fallidos,
sueños, síntomas. Estos efectos obligan a considerar como elemento fundamental del
complejo esta entidad paradójica: una representación inconsciente, designada con el nombre
de imago.

Se comprobó que los complejos desempeñan un papel de «organizadores» en el desarrollo


psíquico; de ese modo dominan los fenómenos que en la conciencia parecen integrarse mejor
a la personalidad; se encuentran motivadas así en el inconsciente no sólo justificaciones
pasionales, sino también racionalizaciones objetivables.

COMPLEJO DEL DESTETE:

Es la relación inconsciente entre el hijo y su madre, y a la inversa que fija en el psiquismo;


exigida por las necesidades de la primera edad del hombre; representa la forma primordial de
la imago materna.

Se asemeja al instinto en dos aspectos; el complejo del destete, se produce con rasgos tan
generales en toda la extensión de la especie que es posible considerarle como genérico; por
otra parte, representa en el psiquismo una función biológica ejercida por un aparato
anatómico diferenciado: la lactancia. Se pueden comprender así las razones que llevaron a
considerar como un instinto, incluso en el hombre, a los comportamientos fundamentales que
unen la madre al niño, pero se omite de ese modo un carácter esencial del instinto: su
regulación fisiológica, que se manifiesta a través del hecho de que el instinto maternal deja
de actuar en el animal cuando se ha llegado al término de la cría. En el hombre, por el
contrario, el destete se encuentra condicionado por una regulación cultural. Esta se
manifiesta como dominante, aún si se lo limita al ciclo de la ablactación propiamente dicha, al
que corresponde, sin embargo, el período fisiológico de la glándula común a la clase de los
mamíferos.

El destete es a menudo un trauma psíquico cuyos efectos individuales -anorexias llamadas


mentales, toxicomanías por vía oral, neurosis gástrica- revelan sus causas al psicoanálisis.

El destete: crisis del psiquismo. Traumático o no, el destete deja en el psiquismo humano
la huella permanente de la relación biológica que interrumpe. Esta crisis se acompaña con
una crisis del psiquismo, la primera presenta una estructura dialéctica. Por primera vez una
tensión vital se resuelve en intención mental. A través de esta intención el destete es
aceptado o rechazado; la intención es muy elemental, y no puede ser atribuida siquiera a un
yo todavía rudimentario. Aceptación y rechazo no pueden concebirse como una elección,
puesto que en ausencia de un yo que afirma o niega, no son contradictorios; determinan una
actitud ambivalente por esencia, aunque uno de ellos prevalece, esta ambivalencia primordial
se resolverá en diferenciaciones psíquicas de un nivel dialéctico cada vez más elevado y de
una irreversibilidad creciente.

IMAGO DEL SENO MATERNO: El rechazo del destete es el que instaura lo positivo del
complejo; la imago de la relación nutricia que tiende a reestablecer. El contenido de esta
imago está dado por las sensaciones características de la primera edad, pero su forma no
existe hasta el momento en que ellas se organizan mentalmente. Serán evocados
nuevamente por asociación, cuando se produzcan estas experiencias. El estudio del
comportamiento de la primera infancia permite afirmar que las sensaciones exteroceptivas,
propio o interoceptivas, no están aun suficientemente coordinadas después del doceavo mes
como para que se haya completado el reconocimiento del propio cuerpo y, correlativamente,
la noción de lo que le es exterior.

FORMA EXTEROCEPTIVA (LA PRESENCIA HUMANA): algunas sensaciones exteroceptivas


se aíslan esporádicamente en unidades de percepción. Estos elementos de objetos
corresponden a los primeros intereses afectivos. Estas reacciones electivas permiten
considerar que en el niño existe un cierto conocimiento muy precoz de la presencia que llena
la función materna, y el papel de trauma causal que en ciertas neurosis y en ciertos
trastornos del carácter puede desempeñar una sustitución de esta presencia. Este
conocimiento, muy arcaico y al que parece adecuarse el juego de palabras de Claudel de
«conciencia”, “conocimiento” se distingue apenas de la adaptación afectiva.

SATISFACCIÓN EXTEROCEPTIVA (LA FUSIÓN ORAL): Las sensaciones propioceptivas de


la succión y de la prensión constituyen la base de esta ambivalencia de la vivencia que surge
de la situación misma: el ser que absorbe es plenamente absorbido y el complejo arcaico le
responde en el abrazo materno.

MALESTAR INTEROCEPTIVO (LA IMAGO PRENATAL): La angustia, cuyo prototipo aparece


en la asfixia del nacimiento, el frío, relacionado con la desnudez del tegumento, y el malestar
laberíntico, que se corresponde con la satisfacción al ser acunado, organizan a través de su
triada el tono penoso de la vida orgánica que domina los primeros seis meses del hombre. La
causa de estos malestares primordiales es siempre la misma: una insuficiente adaptación
ante la ruptura de las condiciones de ambiente y de nutrición que constituyen el equilibrio
parasitario de la vida intrauterina.

EL DESTETE: PREMATURACIÓN ESPECÍFICA DEL NACIMIENTO

El retraso de la dentición y de la marcha, un retraso correlativo de la mayor parte de los


aparatos y de las funciones, determinan en el niño una impotencia vital total que perdura más
allá de los dos primeros años. La primera edad muestra una deficiencia biológica positiva, y
que el hombre es un animal de nacimiento prematuro. Esta concepción explica las
generalidades del complejo, y su independencia en relación con los accidentes de la
ablactación. Ésta - destete en sentido estricto- otorga su expresión psíquica a la imago. Más
oscura de un destete anterior, más penoso y de mayor amplitud vital; el que separa en el
nacimiento al niño de la matriz, separación prematura en la que se origina un malestar que
ningún cuidado materno puede compensar.

Así constituida, la imago del seno materno domina toda la vida del hombre. En el
amamantamiento, el abrazo y la contemplación del niño, la madre, al mismo tiempo, recibe y
satisface el más primitivo de todos los deseos. Incluso la tolerancia ante el dolor del parto
puede comprenderse como el hecho de una compensación representativa del primer
fenómeno afectivo que aparece: la angustia, nacida con la vida. La realización de esta imago
en la conciencia garantiza a la mujer una satisfacción psíquica privilegiada, mientras que sus
efectos en la conducta de la madre preservan al niño del abandono que le sería fatal.

Mientras el instinto tiene un soporte orgánico que sólo es la regulación de éste en la función
vital, el complejo sólo eventualmente tiene una relación orgánica, cuando reemplaza una
insuficiencia vital a través de la regulación de una función social. Es lo que ocurre en el caso
del complejo del destete. Esta relación orgánica explica que la imago de la madre se relacione
con las profundidades del psiquismo y que su sublimación sea particularmente difícil, como se
comprueba en el apego del niño «a las faldas de su madre» y en la duración a veces
anacrónica de ese vínculo.

Sin embargo, para que se introduzcan nuevas relaciones con el grupo social, para que nuevos
complejos las integren al psiquismo, la imago debe ser sublimada. En la medida en que
resiste a estas nuevas exigencias, que son las del progreso de la personalidad, la imago,
beneficiosa en un principio, se convierte en un factor de muerte. El apetito de muerte. El
análisis demuestra en todos los niveles del psiquismo la realidad constituida por el hecho de
que la tendencia a la muerte es vivida por el hombre como objeto de un apetito.

Esta tendencia psíquica a la muerte, bajo la forma original que le otorga el destete, se revela
en los suicidios muy especiales que se caracterizan como «no violentos», al mismo tiempo
que aparece en ellos la forma oral del complejo: huelga de hambre de la anorexia mental,
envenenamiento lento de algunas toxicomanías por vía bucal, régimen de hambre de las
neurosis gástricas. El análisis de estos casos muestra que en su abandono ante la muerte el
sujeto intenta reencontrar la imago de la madre. Esta asociación mental no es solamente
mórbida; es genérica, tal como se la puede comprobar en la práctica de la sepultura, algunas
de cuyas modalidades manifiestan claramente el sentido psicológico de retorno al seno
materno; también la revelan las conexiones establecidas entre la madre y la muerte. El
vínculo doméstico. Aún sublimada, la imago del seno materno sigue desempeñando un papel
psíquico importante para nuestro sujeto.

De ese modo, todo lo que constituye la unidad doméstica del grupo familiar se convierte para
el individuo, en el objeto de una afección distinta de la que lo une a cada miembro del grupo.
Todo desarrollo pleno de la personalidad exige este nuevo destete. Hegel señala que el
individuo que no lucha por ser reconocido fuera del grupo familiar nunca alcanza, antes de la
muerte, la personalidad.

En materia de dignidad personal, la única que la familia logra para el individuo es la de las
entidades nominales y sólo puede hacerlo en el momento de la sepultura. La nostalgia del
todo. La saturación del complejo funda el sentimiento materno; su sublimación contribuye al
sentimiento familiar; su liquidación deja huellas en las que es posible reconocerlo; esta
estructura de la imago permanece en la base de los procesos mentales que la han
modificado. Si pretendiésemos definirla en la forma más abstracta en la que se la observa, la
caracterizaríamos del siguiente modo: una asimilación perfecta de la totalidad al ser.

COMPLEJO DE LA INTRUSIÓN: LOS CELOS, ARQUETIPO DE LOS SENTIMIENTOS


SOCIALES.

El complejo de la intrusión representa la experiencia cuando el niño ve a uno o a muchos de


sus semejantes participar junto con él en la relación doméstica: dicho de otro modo, cuando
comprueba que tiene hermanos. Según la ubicación dinástica ocupa el lugar del heredero o
del usurpador.

El punto crítico es el de los celos, que representan una identificación mental. Si se confronta
en parejas, sin presencia de un tercero y abandonados a su espontaneidad, niños entre 6
meses y 2 años, se puede comprobar el siguiente hecho: en esos niños aparecen reacciones
de diverso tipo en las que parece manifestarse una comunicación. Entre esas reacciones se
distingue una en la que es posible reconocer una rivalidad objetivamente definible: en efecto,
implica entre los sujetos una cierta adaptación de las posturas y de los gestos, es decir, una
conformidad en su alternancia, una convergencia en su serie, que los ordenan en
provocaciones y respuestas y permiten afirmar, sin prejuzgar la conciencia de los sujetos, que
perciben la situación como si tuviese un doble desenlace, como una alternativa. En la medida
misma de esta adaptación, es posible considerar que desde ese estudio se bosqueja el
reconocimiento de un rival, es decir de un «otro» como objeto.

La imago del semejante. ¿Cuál es, entonces, la estructura de esta imago? La condición que
hemos señalado anteriormente como necesaria para una adaptación real entre compañeros,
es decir la de una diferencia de edad muy reducida, nos proporciona una primera indicación.
Si nos referimos al hecho de que este estadio se caracteriza por transformaciones de la
estructura nerviosa lo suficientemente rápidas y profundas como para dominar las
diferenciaciones individuales, se comprenderá que esta condición equivale a la exigencia de
una semejanza entre los sujetos. Se comprueba que la imago del otro está ligada a la
estructura del propio cuerpo, y más precisamente a sus funciones de relación, por una cierta
semejanza objetiva.

Esta ambigüedad original se observa también en el adulto, en la pasión de los celos


amorosos, que nos permite captarla en toda su plenitud. Se la debe reconocer, en efecto, en
el enorme interés del sujeto en lo referente a la imagen del rival, interés que, aunque se
afirma como odio, es decir como negativo, y aunque se origina en el objeto supuesto del
amor, se muestra de todas maneras como cultivado por el sujeto en forma absolutamente
gratuita y costosa -, a menudo, incluso, domina hasta tal punto al sentimiento amoroso que
induce a interpretarlo como interés esencial y positivo de la pasión. Este interés confunde en
sí mismo la identificación y el amor y, aunque aparezca oculto en el registro del pensamiento
del adulto, de todas formas confiere a la pasión que sostiene algo irrefutable que la asemeja a
la obsesión. La agresividad máxima que se observa en las formas psicóticas de la pasión está
constituida en mucha mayor medida por la negatividad de este interés singular que por la
rivalidad que parece justificarla. El sentido de la agresividad primordial. La agresividad, sin
embargo, se muestra como secundaria a la identificación, sobre todo en la situación fraterna
primitiva.

Los celos, en realidad, pueden manifestarse en casos en los que el sujeto, sometido desde
hace ya mucho tiempo al destete, no se encuentra en una situación de competencia vital con
su hermano. El fenómeno, así, parece exigir como condición previa una cierta identificación
con el estado del hermano. Por otra parte, al caracterizar como sadomasoquista la tendencia
típica de la libido en ese mismo estadio, la doctrina analítica señala, sin duda, que la
agresividad domina la economía afectiva, pero también que es, en todos los casos y al mismo
tiempo, soportada y actuada, es decir, subtendida por una identificación con el otro, objeto de
la violencia.

En el malestar del destete humano la fuente del deseo de muerte, se reconocerá en el


masoquismo primario el momento dialéctico en el que el sujeto asume a través de sus
primeros actos de juego la reproducción de ese malestar mismo y, de ese modo, lo sublima y
lo supera. El ojo inteligente de Freud observó con ese criterio los juegos primitivos del niño: la
alegría de la primera infancia al alejar un objeto fuera del campo de su mirada y luego,
después de reencontrar al objeto, renovar en forma inagotable la exclusión, significa,
efectivamente, que lo que el sujeto se inflige nuevamente es lo patético del destete, tal como
lo ha soportado, pero en relación con el cual es ahora triunfador al ser activo en su
reproducción.
La identificación con el hermano es lo que permite completar el desdoblamiento así esbozado
en el sujeto: ella proporciona la imagen que fija uno de los polos del masoquismo primario.
Así, la no-violencia del suicidio primordial engendra la violencia del asesinato imaginario del
hermano. Esta violencia, sin embargo, no tiene relación alguna con la lucha por la vida. El
objeto que elige la agresividad en los primitivos juegos de la muerte es en efecto, sonajero o
desperdicio, biológicamente indiferente: el sujeto lo elimina gratuitamente, en cierto modo
por placer; se limita a consumar así la pérdida del objeto materno. La imagen del hermano no
sometido al destete sólo suscita una agresión especial porque repite en el sujeto la imago de
la situación materna y, con ella, el deseo de la muerte. Este fenómeno es secundario a la
identificación.

LO SIMBÓLICO/LO IMAGINARIO/LO REAL

Lacan grafica los 3 registros con 3 círculos llamado “Nudo Borromeo”. Estos 3 registros
dependen los unos de los otros y hace referencia a la constitución psíquica.

1. REAL: lo que no puede ser representado ni por el lenguaje, ni por imágenes, lo


imposible. Lo incognoscible, lo impensable, lo que se resiste a entrar en el mundo del
lenguaje, y lo que se resiste a la simbolización.

Lacan diferencia lo real de la realidad, ya que lo que uno vive de la realidad esta dentro del
campo de la representación, dentro de los registros simbólicos e imaginarios. Identifica lo real
con el objeto perdido.

2. Imaginario: asociado a imágenes, lo que puede ser representado. Tiene como base la
estructura del Yo, este Yo se estructura por identificación con el semejante. La
alienación es importante en este registro porque uno se identifica a una imagen
externa que responde al discurso del otro. También es narcisista, porque responde a la
demanda materna.

3. Simbólico: asociado al lenguaje. Recubre todo el universo humano que es


omniabarcativo y totalizador; una vez instalado da la sensación de haber estado
siempre ahí, donde cuesta pensar cómo hubiera sido antes que el símbolo esté
presente.

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