COMO TENER FAMILIAS BÍBLICAS
Texto clave: Salmo 127:1
Introducción
Crisis en la sociedad, esta desfigurada, y las familias que
profesan fe cristiana en peligro.
Un mundo donde lo que antes era impactante ahora
parece normal. La violencia que antes nos
horrorizaba ahora se consume como
entretenimiento. La inmoralidad, antes rechazada,
ahora se celebra. Todo esto no solo desensibiliza la
mente de nuestros hijos; sino también afecta a los
adultos, quienes muchas veces aceptan lo que es malo
como si fuera bueno. Y es por eso por lo que en la Biblia
se nos advierte de este cambio peligroso en Isaías [Link]
“¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno
malo!”
Una gran realidad es que el enemigo de nuestras almas
no trabaja con cambios repentinos porque sabe que eso
generaría rechazo inmediato. Satanás es astuto y
paciente, como un cazador que espera el momento
oportuno para atacar. Introduce sus planes de manera
gradual, tan sutilmente que apenas notamos los
cambios. Un poco de distracción aquí, una pequeña
concesión allá, hasta que el terreno está completamente
preparado.
Así trabaja Satanás. Introduce ideas destructivas de
manera gradual, aparentando ser inofensivas:
Un videojuego donde la violencia es “solo un juego.”
Una película que normaliza el egoísmo y la inmoralidad
es “solo entretenimiento.”
Una red social donde el narcisismo y la superficialidad
son celebrados es que “todos lo hacen.”
Con el tiempo, estas influencias moldean la mente y el
corazón, especialmente de los jóvenes, hasta que los
valores bíblicos se erosionan por completo. Y si no
estamos alertas, llegamos al punto en que el peligro ya
es incontrolable. Y es exactamente por eso que en 1
Pedro 5:8 el apóstol nos deja una advertencia crucial al
decir: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el
diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a
quien devorar.”
La raíz del problema
Sin embargo, la raíz del problema no se encuentra solo en
Hollywood, los videojuegos, o las redes
sociales. Hermanos, la raíz del problema empieza en
los hogares. Cuando dejamos de enseñar los principios
bíblicos en casa, cuando permitimos que las pantallas
reemplacen las conversaciones significativas, y cuando el
tiempo con Dios se sacrifica por agendas saturadas,
entonces le estamos abriendo la puerta al enemigo. La
realidad es que un hogar sin dirección espiritual es terreno
fértil para el enemigo.
Pero no todo está perdido. Hermanos, en medio de esta
crisis, debemos recordar que Dios, en Su infinita
misericordia, nos ha dejado un modelo claro para el hogar,
un lugar donde Su amor, Su verdad y Su presencia sean el
fundamento. El Salmo 127:1 nos dice: “Si Jehová no
edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican.”
La familia, como institución divina, fue diseñada no solo
para protegernos de las influencias destructivas del mundo,
sino para ser un faro de luz en una sociedad que esta
podrida y en oscuridad. Pero ¿cómo podemos edificar un
hogar que refleje este diseño? ¿Qué significa que el
Señor sea quien edifique nuestra casa?
Para responder, necesitamos mirar el modelo original que
Dios nos dio en Su Palabra. Este diseño no solo nos enseña
cómo construir un hogar sólido, sino también cómo sanar
las heridas que ya existen. Es un llamado a regresar a
los principios bíblicos, a poner a Dios en el centro de
nuestras familias, y a vivir conforme a Su voluntad.
I. LA FAMILIA COMO INSTITUCIÓN DIVINA (EL MODELO
BIBLICO)
Vivimos en un tiempo donde la familia está siendo
redefinida, no por Dios, sino por influencias culturales y
espirituales que buscan desmantelar Su diseño original. ¿El
resultado? Hogares herrados, generaciones desorientadas,
y una sociedad cada vez más distante de los principios
bíblicos.
Pero, hermanos, la familia no es un concepto humano;
es un regalo divino. Desde el principio, Dios estableció la
familia como el fundamento de la humanidad y como un
reflejo de Su relación con nosotros. Como dice Génesis
1:27-28, Él nos creó a Su imagen, nos bendijo y nos dio un
propósito dentro del contexto familiar. Este diseño es
inmutable, y solo cuando lo abrazamos podemos
experimentar el plan perfecto de Dios para nuestras vidas.
Entonces, ¿Cómo vive bíblicamente una
familia? Veamos tres pilares fundamentales de este
modelo: el liderazgo espiritual, la unidad en el matrimonio,
y la crianza de los hijos en el temor del Señor.
a. Liderazgo espiritual: Edificando un hogar sobre la
roca
El liderazgo espiritual es el cimiento del hogar cristiano.
El Salmo 127:1 nos advierte: “Si Jehová no edificare la
casa, en vano trabajan los que la edifican.” Este
versículo deja claro que, sin la guía de Dios, todo esfuerzo
humano es insuficiente. Pero ¿qué significa realmente que
Dios edifique nuestro hogar? Implica que los padres, como
líderes espirituales, rindan cada aspecto de su familia al
Señor.
En nuestra sociedad actual, este liderazgo muchas veces es
sustituido por distracciones. Padres que están más atentos
a las pantallas de teléfonos celulares, tabletas, y
computadoras que a las necesidades emocionales y
espirituales de sus hijos. Familias que priorizan actividades
temporales sobre su relación con Dios. Pero esta no es una
crítica, sino una realidad con la que todos luchamos. El
llamado de Dios no es a la perfección, sino a la fidelidad.
Consideremos el ejemplo de Josué, quien, al final de su
vida, hizo esta declaración contundente: Josué 24:15. Este
tipo de liderazgo no es autoritario, sino sacrificial y
constante. Es el padre que ora con su familia aunque esté
agotado. Es la madre que modela paciencia y amor aun en
días difíciles.
Prácticas bíblicas para crecer como familia:
Orar juntos, incluso si solo es por unos minutos.
Leer la Palabra de Dios como familia y buscar formas
prácticas de aplicarla.
Priorizar el culto congregacional como un compromiso
inquebrantable.
Hermanos, el enemigo no teme a un hogar perfecto, pero sí
a un hogar que ora y busca a Dios con sinceridad. Por eso,
la fidelidad en el liderazgo espiritual es una de nuestras
mayores defensas.
b. Unidad en el matrimonio: Un reflejo del amor de
Cristo
El matrimonio, diseñado por Dios, es el núcleo de la
familia y una imagen viva de la relación entre Cristo y Su
iglesia. Efesios 5:25 nos instruye: “Maridos, amad a
vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se
entregó a sí mismo por ella.” Este llamado no es solo para
los esposos, sino también para las esposas, quienes son
llamadas a respetar y apoyar a sus maridos en amor.
Hoy, vivimos en un mundo donde el matrimonio
enfrenta constantes ataques:
La cultura glorifica el egoísmo en lugar del sacrificio.
Los conflictos se resuelven con el divorcio en lugar del
perdón.
Las parejas enfrentan una desconexión emocional por
la distracción de las redes sociales y otros pecados.
Sin embargo, el diseño de Dios para el matrimonio es uno
de unidad, donde el amor, el respeto, y la comunicación son
centrales. Pensemos en cómo Cristo demostró Su amor por
nosotros: con paciencia, sacrificio, y una gracia que nunca
falla. Este es el modelo que debemos seguir en nuestros
matrimonios.
Cómo cultivar la unidad en el matrimonio:
Resolver conflictos con humildad, recordando que el
orgullo divide, pero la gracia une.
Orar juntos como pareja, buscando la guía de Dios en
cada decisión.
Dedicar tiempo intencional para fortalecer la relación,
dejando a un lado las distracciones.
La unidad en el matrimonio no solo fortalece a la pareja,
sino que también impacta profundamente a los hijos.
Cuando ellos ven a sus padres vivir en amor y respeto
mutuo, entienden mejor el amor de Dios.
c. Crianza de los hijos: Instruyéndolos en el camino
del Señor
La crianza de los hijos es un privilegio y una responsabilidad
sagrada. y es por eso por lo que en Proverbios 22:6 se nos
exhorta diciendo: “Instruye al niño en su camino, y aun
cuando fuere viejo no se apartará de él.” Sin embargo,
esta instrucción requiere intencionalidad, especialmente en
un mundo donde las mentes jóvenes están constantemente
bombardeadas por mensajes contrarios a la verdad de Dios.
Pensemos en los videojuegos violentos, las películas
inmorales, y las redes sociales que glorifican el narcisismo.
Estos no son solo entretenimientos; son herramientas que
moldean la mente y el corazón de nuestros hijos. Pero la
Palabra de Dios nos ofrece un modelo alternativo: “Y estas
palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y
las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu
casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te
levantes.” (Deuteronomio 6:6-7). Pero, esto no significa
simplemente leer la Biblia una vez al día, sino integrar la
verdad de Dios en cada aspecto de la vida cotidiana.
Formas prácticas de instruir a los hijos:
Supervisar y limitar el contenido que consumen,
protegiendo sus corazones de influencias dañinas.
Crear un ambiente donde las conversaciones sobre
Dios sean naturales y frecuentes.
Modelar la fe en acción, mostrando cómo confiar en
Dios durante tiempos difíciles.
Nuestros hijos no necesitan padres perfectos; necesitan
padres comprometidos a mostrarles el camino hacia el
Señor. Y cuando plantamos esas semillas, confiamos en que
Dios hará el crecimiento.
II. LA VERDAD SOBRE GÉNERO Y SEXUALIDAD
(HONRANDO EL DISEÑO DE DIOS)
Vivimos en una época donde las ideologías sobre el género
y la sexualidad han confundido y distorsionado el diseño
perfecto de Dios para la humanidad. Esta confusión no es
accidental; es una estrategia del enemigo para desmantelar
los fundamentos que Dios estableció desde la
creación. Génesis 1:27 nos dice claramente: “Y creó Dios al
hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y
hembra los creó.”
Dios, en Su sabiduría perfecta, diseñó al hombre y a la
mujer con roles complementarios, no intercambiables. Este
diseño no es solo espiritual, sino también biológico. Los
cromosomas determinan nuestra identidad genética: XX
para las mujeres y XY para los hombres. Es imposible
cambiar esta realidad porque es una obra del Creador.
Negarlo no es solo un rechazo de Dios mismo, sino un
rechazo de la ciencia.
a. El ataque directo a las mentes de nuestros hijos
La mente de nuestros hijos no es un campo neutral;
es un campo de batalla. Cada día, las ideologías que
contradicen el diseño de Dios intentan moldear sus valores,
confundir su identidad, y desensibilizar sus corazones hacia
lo que es santo. Desde las aulas hasta las pantallas, el
mensaje es claro: “Tú decides quién eres,” un mensaje que
parece atractivo pero que es espiritualmente destructivo.
¿Cómo lo están logrando? Consideremos lo que
enfrentan nuestros hijos:
Escuelas y currículos: En muchos sistemas
educativos, se les enseña desde temprana edad que el
género es una construcción social y que pueden
“elegir” su identidad, ignorando la verdad biológica y
espiritual.
Redes sociales y entretenimiento: Los algoritmos
promueven contenido que celebra la confusión de
género y ridiculiza los valores bíblicos. Lo que empieza
como curiosidad pronto se convierte en
adoctrinamiento.
Presión de grupo: En un mundo que valora la
“inclusividad” por encima de la verdad, los jóvenes
enfrentan la presión de aceptar y promover estas
ideas para ser aceptados.
Esto no solo desensibiliza la mente de nuestros hijos; los
aleja de Dios. En lugar de dejarse guiar por Su verdad,
muchos están abrazando ideas que llevan a la confusión y
al caos. Como dice Proverbios 14:12, “Hay camino que al
hombre le parece derecho; pero su fin es camino de
muerte.” Si no tomamos una posición clara como padres,
el enemigo llenará ese vacío con mentiras que distorsionan
la verdad.
b. El llamado a los padres: Guardias espirituales de
sus hijos
Dios nos ha llamado a ser guardianes de nuestros hogares.
Esto incluye proteger las mentes de nuestros hijos de las
influencias que buscan corromper su visión de lo que es
bueno, verdadero, y santo. Como dice Proverbios 4:23,
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de
él mana la vida.”
¿Qué significa esto en la práctica?
Supervisar y filtrar el contenido que consumen: No
todo lo que es “popular” es beneficioso, como encontramos
bien reflejado en 1 Corintios 10:23 al leer: “Todo me es
lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no
todo edifica.” Así que como padres, debemos ser
intencionales en revisar qué están viendo, leyendo, y
escuchando. No se trata de control, sino de protección.
Educar con la verdad de Dios: No podemos esperar que
el mundo les enseñe a nuestros hijos lo que es correcto. Es
nuestra responsabilidad abrir la Biblia con ellos, responder a
sus preguntas, y ayudarlos a entender que su identidad
está firmemente arraigada en Cristo.
Modelar la fe con integridad: Nuestros hijos observan
nuestras acciones más que nuestras palabras. Si ven que
valoramos la Palabra de Dios por encima de las tendencias
culturales, aprenderán a hacer lo mismo.
c. ¿Qué pasa si no actuamos?
Imagina un árbol joven que crece en un terreno lleno de
maleza. Si no quitamos las malas hierbas, pronto
absorberán los nutrientes y ahogarán el crecimiento del
árbol. Así son las mentes de nuestros hijos. Si no
intervenimos activamente, el enemigo llenará ese espacio
con mentiras que distorsionan su identidad y los alejan de
Dios.
Pero no todo está perdido. Dios nos ha dado las
herramientas para contrarrestar estas influencias. Su
Palabra es “lámpara a mis pies y lumbrera a mi camino”
(Salmo 119:105). Con Su guía, podemos criar una
generación que no solo conozca la verdad, sino que
también viva por ella.
Hermanos, la batalla por las mentes de nuestros hijos
no se gana en un día, pero comienza en nuestros
hogares. Dios nos ha dado la responsabilidad y el privilegio
de criar a nuestros hijos según Su diseño. En el próximo
punto, exploraremos cómo las familias que viven conforme
a estos principios pueden convertirse en agentes de
transformación en un mundo que necesita
desesperadamente la luz de Cristo.
III. Familias como agentes de transformación:
Restaurando la sociedad desde el hogar
a. Enseñar la verdad con valentía
El hogar es el primer lugar donde los niños deben aprender
lo que es correcto y lo que es errado. Deuteronomio 6:6-
7 nos da un mandato claro: “Y estas palabras que yo te
mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus
hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por
el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.”
El hogar debe ser una escuela de valores cristianos.
Sin embargo, no basta con enseñar principios abstractos;
necesitamos ser intencionales y claros al confrontar las
mentiras que el mundo ofrece. Cuando tus hijos te
pregunten sobre temas difíciles, como el género, la
sexualidad, o el valor de la vida, debemos estar preparados
para responder con la verdad de Dios, pero también con
gracia y amor.
b. Modelar la fe con integridad
Las palabras son poderosas, pero no hay maestro más
efectivo que el ejemplo. En 1 Corintios 11:1, Pablo dice:
“Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.” Este
principio se aplica especialmente en el hogar. Nuestros hijos
no solo escuchan lo que decimos, sino que también
observan cómo vivimos.
La consistencia importa: Si decimos que la oración
es, pero nunca nos ven orando, ¿cómo aprenderán
ellos a buscar a Dios?
El perdón en acción: Si predicamos el amor, pero no
resolvemos conflictos con nuestros cónyuges de
manera bíblica, les enviamos un mensaje
contradictorio.
Un hogar transformado por la Palabra de Dios no es un
hogar perfecto, pero es uno donde los padres modelan
humildad, dependencia de Dios, y un compromiso genuino
con Su verdad.
c. Extender el amor de Dios a la comunidad
Una familia que vive según los principios de Dios no solo
brilla dentro de su hogar; su influencia se extiende a su
comunidad. Como dice Filipenses 2:15, “Para que seáis
irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en
medio de una generación maligna y perversa, en medio de
la cual resplandecéis como luminares en el mundo.”
Esto puede tomar muchas formas:
Ayudar al necesitado: Enseña a tus hijos a ser
generosos, visitando a un vecino en necesidad o
participando en actividades comunitarias.
Compartir el evangelio: Una familia unida por Cristo
puede ser una poderosa herramienta para testificar a
amigos y vecinos.
Defender la verdad: Enseña a tus hijos a defender lo
correcto con valentía, pero también con compasión,
demostrando que es posible mantener principios
firmes sin dejar de amar a los demás.
Cuando las familias reflejan el amor y la verdad de Dios, no
solo transforman sus hogares, sino también las
comunidades que las rodean. Cada acto de fidelidad, desde
enseñar la verdad en casa hasta mostrar compasión en la
comunidad, es una semilla de transformación que Dios
puede usar para Su gloria.
Ahora bien, pregúntate: ¿Qué pasaría si cada familia
cristiana asumiera este llamado con seriedad? ¿Cómo
cambiaría nuestra sociedad? Porque en el plan de Dios,
cada hogar es una lámpara, y juntos, somos una ciudad en
la cima de un monte, llamada a iluminar un mundo en
tinieblas.
Conclusión
Hermanos, vivimos tiempos críticos, donde la batalla
espiritual por nuestras familias no puede ser ignorada. El
enemigo ha trabajado pacientemente, infiltrándose en
nuestras mentes, nuestras culturas y nuestros hogares.
Pero en medio de este panorama desolador, la Palabra de
Dios nos recuerda que no estamos sin esperanza. Al
contrario, somos llamados a ser luz en un mundo en
tinieblas, a ser familias fundamentadas en la roca firme de
Cristo.
El Salmo 127:1 nos lo dice con claridad: “Si Jehová no
edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican.” Este
es el momento de actuar, de abrir nuestras Biblias, doblar
nuestras rodillas, y restaurar nuestros hogares como
lugares de fe, amor, y obediencia a Dios.
La familia no es solo una institución más
La familia es el corazón del plan de Dios para la humanidad.
Es en la familia donde aprendemos el amor sacrificial, el
perdón, la gracia, y la verdad. Cuando nuestras familias
están alineadas con el diseño divino, no solo encontramos
bendición, sino que también nos convertimos en agentes de
transformación en una sociedad que anhela
desesperadamente dirección y esperanza.
Pero este llamado no es fácil. Requiere valentía para
rechazar lo que el mundo celebra, sabiduría para discernir
la verdad en un océano de mentiras, y compromiso para
vivir cada día conforme a los principios de Dios. Significa
recuperar la responsabilidad que tenemos como padres,
hijos, y cónyuges para enseñar, modelar, y vivir la fe en
cada aspecto de nuestras vidas.
Hermanos, no estamos solos en esta misión. Dios nos
ha equipado con Su Palabra, Su Espíritu Santo, y Su iglesia.
Él es fiel para cumplir Sus promesas. Como familias, somos
llamados a ser pequeños faros de luz en nuestros
vecindarios, comunidades, y más allá. Cada oración, cada
acto de obediencia, y cada momento dedicado a edificar
nuestras casas sobre la roca es una semilla que Dios puede
usar para Su gloria.
Por tanto, respondamos a este llamado con urgencia y
determinación. Reconozcamos que el cambio que
anhelamos para nuestra sociedad comienza en nuestros
hogares. Como dijo Josué: “Yo y mi casa serviremos a
Jehová” (Josué 24:15). Que estas palabras no sean solo un
lema, sino una realidad que vivimos con cada decisión,
cada acción, y cada paso de fe.
Hermanos, no importa cuán lejos hayamos caído, Dios
puede restaurar. No importa cuán roto esté nuestro hogar,
Dios puede sanar. No importa cuán grande sea la oscuridad,
la luz de Cristo siempre prevalece.
Hoy, el Señor nos invita a volver a Su diseño, a hacer de
nuestras familias un reflejo de Su amor, y a ser el cambio
que este mundo necesita. Respondamos con fe, con
humildad, y con el firme compromiso de que nuestras casas
sean verdaderamente un altar para el Dios viviente.
Amén