ESCRITO DE EPISTEMOLOGÍA;
Introducción
A lo largo de la historia del pensamiento científico, se han desarrollado distintas maneras de
entender qué es la ciencia, cómo progresa y cuál es su vínculo con la sociedad. Este recorrido
puede pensarse en tres grandes momentos. En primer lugar, el enfoque prekuhniano, que
concibe el conocimiento científico como un proceso lineal, acumulativo y objetivo. Luego,
con Thomas Kuhn, aparece una mirada disruptiva que introduce la idea de paradigmas y
revoluciones científicas, poniendo en duda la noción de un progreso continuo y estable.
Finalmente, en el escenario poskuhniano, surgen dos grandes corrientes. Por un lado, los
poskuhnianos de derecha, como Lakatos, que aceptan que no existen criterios universales
para evaluar teorías, pero mantienen cierta confianza en la estructura racional del
conocimiento. Por otro lado, los poskuhnianos de izquierda, como los sociólogos relativistas
de la ciencia, van más allá en su crítica: analizan la ciencia como una práctica social
atravesada por intereses, disputas de poder e ideología.
Este recorrido nos permite ver cómo la epistemología ha dejado de pensar la ciencia como
una actividad pura y objetiva, para comprenderla como una práctica situada, profundamente
conectada con el contexto social, político y cultural en el que se produce.
Durante muchos años —desde la Antigüedad hasta la Modernidad— se establecieron pautas
generales que debían aplicarse a toda la ciencia. Este enfoque, con un fuerte predominio del
positivismo, se basaba especialmente en el modelo de las ciencias físico-naturales. Según esta
visión, las ciencias sociales debían imitar a las naturales: ser racionales, empíricas y dejar de
lado los prejuicios.
Follari destaca que este proceso se dio bajo el principio del positivismo, que llevó a las
ciencias sociales a adoptar un modelo causal-determinista. A partir de la observación y la
experimentación —dos pilares del método científico—, se buscaba que todo enunciado
tuviera una base empírica. Así, hacia el siglo XIX, disciplinas como la psicología
comenzaron a consolidarse bajo modelos como el experimental o el conductista.
En este contexto de consolidación del ideal científico, surge la epistemología prekuhniana,
caracterizada por un enfoque normativo y prescriptivo. Esta perspectiva se centra en
establecer las reglas que los científicos deben seguir para que su trabajo sea considerado
legítimamente científico. No se trata de describir cómo se produce la ciencia en la práctica,
sino de definir cómo debería producirse, según criterios universales, racionales y objetivos.
Dentro de esta tradición —también conocida como "tradición heredada"—, los científicos son
concebidos como individuos aislados, a menudo presentados como genios o figuras
excepcionales, que investigan al margen de las influencias sociales, como si la ciencia
ocurriera en una burbuja ajena a los conflictos o condicionamientos del mundo.
En esta misma línea, tanto los ,neopositivistas como Karl Popper consideraban que la tarea
de la epistemología debía centrarse exclusivamente en el contexto de justificación, es decir,
en los pasos lógicos y racionales que garantizan la validez de una teoría científica. El
contexto de descubrimiento —es decir, cómo surgen las hipótesis, por qué se investigan
ciertos problemas y no otros— era relegado al campo de la psicología experimental, al
entenderse como resultado de motivaciones subjetivas individuales.
Sin embargo, este enfoque comienza a ser fuertemente cuestionado a partir de los años
60, cuando aparece la figura de Thomas Kuhn.
Este físico e historiador de la ciencia estadounidense marcó un antes y un después en la
epistemología con la publicación de su obra más influyente, La estructura de las
revoluciones científicas cambiando radicalmente la mirada sobre la ciencia. Ya no se la
entiende como un proceso meramente racional, guiado por un método universal, sino como
una práctica situada, histórica y social. A diferencia de los prekuhnianos, no se ocupa de
cómo deben proceder los científicos sino que describe cómo de hecho proceden los
científicos, y lo hace a partir de la descripción de las investigaciones en la comunidad
científica y a lo largo de la historia de las ciencias. Kuhn analiza cómo proceden los
científicos en su trabajo cotidiano y plantea que el conocimiento no avanza de manera lineal,
sino mediante rupturas profundas que él denomina revoluciones científicas y responden tanto
al “estado del arte” como a los intereses de la sociedad.
De este modo, la figura del científico deja de ser la de un genio aislado y neutral. En
cambio, se lo entiende como parte de una comunidad científica, que no se puede desvincular
como un actor condicionado por el contexto social de su época. En este marco, cobra
especial relevancia un nuevo modo de hacer ciencia a través de los paradigmas. Para
Thomas Kuhn, un paradigma es mucho más que una simple teoría: se trata de una matriz
disciplinar, es decir, un conjunto de supuestos compartidos, conocimientos, valores,
instrumentos y modos de ver el mundo que orientan la práctica de una comunidad científica
en la cual debe haber un acuerdo general o consenso sobre como se debe hacer ciencia y
como es entendida la realidad.
Esta noción de paradigma está estrechamente ligada a la manera en que Kuhn concibe el
progreso de la ciencia. A diferencia de la visión lineal de los prekuhnianos, Kuhn describe
una serie de etapas en el desarrollo del conocimiento científico: pre-ciencia, ciencia normal,
crisis, revolución científica (establecimiento de un nuevo paradigma).
(1) E. Precientífica (donde todavía no hay una comunidad científica, no hay acuerdo entre
los investigadores de cómo hacer ciencia, cada científico de manera individual investiga de
manera diferente.
(2) E. Paradigmática o de ciencia normal (donde los científicos que dentro de la
comunidad científica trabajan en función de un modelo común de entender como se hace
ciencia, son presupuestos dentro de la comunidad científica, dentro de la época dada. En esta
etapa los científicos resuelven los problemas o más bien “acertijos” como lo dice Kuhn
porque de alguna manera son los problemas que están contenidos en ese paradigma, pero
cuando surge problemas científicos que no se pueden resolver los llama anomalías siendo
estas un conjunto de problemas que se van acumulando donde dicho paradigma no puede
responder, en esta etapa la ciencia progresa de forma lineal.
(3) E. de Crisis; cuando el avance de la sociedad demanda a la ciencia la resolución de
anomalías, los problemas acumulados que no se pudieron resolver, esto demanda una crisis
ya que todas las concepciones del paradigma anterior pierden vigencia, ahora se empieza de
cero, con una nueva concepción de mundo, de ciencia y de entender la realidad.
4ta Etapa: Revolución científica.
Las concepciones del paradigma anterior pierden vigencia y se impone un nuevo paradigma
dentro de la comunidad científica. Es como si los científicos cambiaran de lentes: se reeduca
la percepción y se comienza a confrontar un nuevo corpus teórico. De este modo, emergen
fenómenos que antes pasaban desapercibidos o eran interpretados de manera distinta.
Este cambio no es solo teórico, sino que también transforma las creencias, las formas de
observar y de entender la realidad. Por eso, Kuhn afirma que los paradigmas son
inconmensurables: no existe una medida común ni criterios neutrales para compararlos
directamente. Cada paradigma tiene su propio lenguaje, sus problemas característicos y sus
métodos de validación.
En ese sentido, no se puede decir que un paradigma sea más “verdadero” que otro, sino que
uno resulta más eficaz o funcional dentro del contexto en el que se impone. Así, se puede
hablar de avance científico, no como acumulación lineal, sino como un progreso por
ruptura, cuando un nuevo paradigma permite resolver problemas que el anterior no podía
abordar.
En palabras del propio Kuhn, el mundo no cambia con el cambio de paradigma, sino
que es el científico quien comienza a trabajar en un mundo diferente: cambia su
mirada, sus herramientas y las preguntas que considera válidas.
¿Y qué lugar ocupan las ciencias sociales en este modelo kuhniano?
Para Kuhn, las ciencias sociales no han alcanzado aún una etapa de ciencia normal, sino que
se encuentran en una fase pre-paradigmática o pre-científica. Esto se debe a que no existe un
consenso generalizado en la comunidad científica sobre un único paradigma dominante que
oriente la investigación. Por el contrario, conviven diversas perspectivas que compiten entre
sí: por ejemplo, en psicología coexisten simultáneamente teorías como el conductismo, el
psicoanálisis, el cognitivismo y el constructivismo, sin que una se haya impuesto de forma
definitiva sobre las otras.
Desde esta mirada, las ciencias sociales son consideradas todavía “inmaduras” en términos
kuhnianos, ya que no logran establecer un modo único y compartido de hacer ciencia. Por
eso, como mencionamos al inicio, muchas veces las epistemologías de las ciencias sociales
son relegadas o ni siquiera reconocidas como tales, en tanto no responden al ideal de
cientificidad hegemónico heredado de las ciencias físico-naturales.
Frente a esto, Roberto Follari propone una mirada crítica y alternativa: considera que las
ciencias sociales no son inmaduras, sino a-paradigmáticas, ya que por su propia complejidad,
su diversidad de enfoques y el carácter ideológico de las ciencias sociales, hace que nunca
puedan alcanzar un acuerdo como pretende Kuhn, pero esto no las hace menos ciencias.
Follari se distancia de la noción kuhniana de “comunidad científica” —estructurada y
cohesionada en torno a un paradigma dominante—, para hablar más bien de campos
científicos, entendidos como espacios conflictivos en los que el acuerdo mínimo es el objeto
de estudio, pero donde existen múltiples enfoques, teorías y métodos en disputa.
Siguiendo la noción de “campo científico” también trabajada por Follari, Bourdieu —
especialmente en Meditaciones pascalianas— sostiene que la sociedad está organizada en
campos (económico, político, cultural), y el científico es un subcampo del campo cultural.
Todos los campos comparten ciertas características: generan intereses, producen capital y son
espacios de lucha.
En el caso del campo científico, Bourdieu identifica dos intereses: por un lado, el interés
genuino por conocer y producir saber sobre la realidad; por otro, el interés por el prestigio,
que otorga poder y permite imponer una visión hegemónica sobre cómo hacer ciencia, qué
teorías son válidas y qué métodos son legítimos. Este último interés, sostiene Bourdieu, suele
estar más presente, lo que convierte al campo científico en un “interés desinteresado”, es
decir, en una práctica que aparenta ser neutral pero que está atravesada por lógicas de poder.
Además, el campo científico puede perder autonomía cuando los intereses de otros campos
—como el económico— se imponen, por ejemplo, al financiar investigaciones con fines de
rentabilidad. En cambio, cuanto mayor sea la autonomía del campo científico, mayor será su
capacidad de desarrollo teórico.
Bourdieu no comparte la idea de un consenso mínimo tal como lo plantea Kuhn. Aunque
reconoce que la ciencia progresa, sostiene que no lo hace a través del acuerdo de una
comunidad científica, sino mediante luchas internas por la legitimación del saber.
En este mismo marco de discusión, es importante considerar a los sociólogos relativistas
de la ciencia, quienes integran la corriente poskuhniana de izquierda. Desde la cátedra,
tomando a Collins o Latour, quienes consideran que la ciencia es una producción cultural
más, comparable con el arte o la religión, y estudian cómo los científicos construyen
conocimiento en contextos sociales específicos.
Ahora bien, Bourdieu comparte con los sociólogos relativistas la idea de que la ciencia
está atravesada por intereses, disputas simbólicas y relaciones de poder. Ambos
entienden que la ciencia es una construcción social y cultural. Sin embargo, la diferencia
clave es que para Bourdieu la ciencia sí progresa, produce conocimiento, investiga y
replica, siempre que el campo mantenga cierta autonomía respecto de otros campos
(económico, político, etc.). A diferencia del relativismo radical, Bourdieu no disuelve la
ciencia en mera narrativa cultural, sino que la analiza como un campo específico con
reglas propias, dentro del cual es posible el avance del saber, aunque condicionado por luchas
internas por legitimidad.
Por otro lado, la vertiente poskuhniana de derecha, representada por Imre Lakatos,
propone una visión estructurada de la ciencia como una práctica colectiva organizada en
torno a Programas de Investigación Científica (PICs). Si bien Lakatos retoma algunos
elementos del enfoque de Kuhn, como la idea de que la ciencia se construye en comunidad,
reivindica la importancia del método científico y la racionalidad. Por eso, se define a sí
mismo como un neo-poppernicano: reconoce el aporte histórico-contextual de Kuhn, pero
recupera de Popper el criterio de falsación como base para evaluar teorías científicas.
En lugar de hablar de paradigmas, Lakatos introduce los PICs, entendidos como conjuntos de
equipos de investigación que comparten ciertos modelos, supuestos teóricos y formas
comunes de hacer ciencia. A diferencia de Kuhn, estos programas no abarcan a toda la
comunidad científica, sino que pueden coexistir varios PICs dentro de una misma
disciplina, compitiendo entre sí.
Cada PIC cuenta con un núcleo central (conjunto de principios incuestionables) rodeado por
un cinturón protector de hipótesis auxiliares, que permiten absorber anomalías sin alterar
la estructura básica del programa. Lakatos distingue dos tipos de heurística:
● Negativa: impide cuestionar el núcleo del programa. Por ejemplo, en el conductismo
se orienta a no investigar lo que ocurre dentro de la “caja negra” de la mente, en
contraste con la teoría psicoanalítica freudiana.
● Positiva: orienta la producción de nuevas teorías y predicciones dentro del programa.
Para que un PIC sea considerado progresista, debe generar nuevos descubrimientos, ampliar
su campo teórico y ofrecer predicciones que puedan ser empíricamente contrastadas. En
cambio, un programa se vuelve degenerativo cuando pierde capacidad explicativa o deja de
producir teorías significativas. Sin embargo, estos programas pueden reaparecer
reformulados con nuevas investigaciones.
Lakatos sostiene que las ciencias sociales también son ciencias, y pueden estructurarse en
torno a PICs.
Este enfoque, junto a otras posiciones poskuhnianas —tanto estructuradas como críticas—,
amplía la comprensión del quehacer científico contemporáneo. En este marco, autores
como Follari y Bourdieu permiten repensar el lugar de las ciencias sociales, que no encajan
fácilmente en los modelos clásicos de cientificidad. Su carácter múltiple, ideológico y
conflictivo no representa una debilidad, sino una riqueza epistemológica, reconocer esta
especificidad es clave para consolidar una epistemología crítica y situada, capaz de valorar
la producción de conocimiento más allá del modelo de las ciencias físico-naturales.
A lo largo de este recorrido, hemos analizado cómo la epistemología ha transitado desde una
concepción normativa y universalista de la ciencia —típica del pensamiento prekuhniano—
hacia enfoques cada vez más críticos y contextualizados. Con Thomas Kuhn, se produce un
giro fundamental: la ciencia deja de entenderse como un proceso acumulativo y racional, y
pasa a concebirse como una práctica histórica atravesada por paradigmas, crisis y
revoluciones. Esta mirada abre el camino para las discusiones poskuhnianas, tanto desde la
perspectiva estructurada de Lakatos como desde las posturas más radicales de los sociólogos
relativistas.