Pichqa
Pichqa
d'Études Andines
Gentile Lafaille Margarita E. La pichca: oráculo y juego de fortuna (su persistencia en el espacio y tiempo andinos). In: Bulletin
de l'Institut Français d'Études Andines, tome 27, N°1, 1998. pp. 75-131;
doi : https://doi.org/10.3406/bifea.1998.1275
https://www.persee.fr/doc/bifea_0303-7495_1998_num_27_1_1275
Résumé
La pichca : oracle et jeu de hasard (sa continuité dans l'espace
et le temps andins)
Cet essai traite d'un petit objet en forme de pyramide tronquée, taillé en bois, en os ou en pierre, ou
modelé en argile, dont les faces et les bases gravées s'interprétaient de différentes manières quand on
le jetait, comme un dé européen. À l’époque préhispanique, on l'utilisait pour dialoguer avec la huaca ;
de nos jours, c'est un jeu de société ou un jeu de hasard. Son aire de diffusion préhispanique coïncide
avec celle du Tahuantinsuyu ; il peut donc être un indicateur de la présence inca là où les signes
architecturaux ou autres font défaut.
Abstract
La pichca : an oracle and a fortune game of chance and its persistence in andean space and time
This essay focuses on a small truncated pyramid-shaped object, carved in wood, bone or stone, or
molded in clay. The faces and bases of these objects having engravings which were interpreted in
different ways when played as a European die. In pre-Hispanic times, such items were used to dialog
with the huaca. They persist into the XXth century as wakeys and as a game of chance. The pre-
Hispanic dispersion of this class of object comprises the Tahuantinsuyu and is a useful feature to
determine Inca presence in regions with little monumental construction.
Bull. Inst. fr. études andines
1998, 27 (1): 75-131
Margarita E.GENTILE L. *
En homenaje a los docentes rurales
Resumen
Este ensayo trata de un pequeño objeto con forma de pirámide trunca, tallado en madera,
hueso o piedra, o moldeado en arcilla, cuyas caras y bases tenían grabados que se interpretaban
de diferentes maneras al ser jugado como un dado europeo. En la época prehispánica se le utilizó
para dialogar con la huaca; llegó al siglo XX como juego de velorio y como juego de fortuna; su
ámbito de dispersión prehispánica abarca el Tahuantinsuyu y es un rasgo útil para determinar
algún tipo de presencia incaica en regiones con escaso registro monumental.
Palabras claves: Incas, Cusco, Collasuyu, oráculo, juego de velorio, pichca, huairo.
of chance. The pre-Hispanic dispersion of this class of object comprises the Tahuantinsuyu and
is a useful feature to determine Inca presence in regions with little monumental construction.
Key words: Incas , Cusco, Collasuyu, oracle, wakeys game, pichca, huairo.
INTRODUCCIÓN
En 1536, luego de fallar en su intento de reconquistar el Cusco, Mango Inga
instaló la sede de su gobierno en Vilcabamba. De viaje hacia allá, se detuvo en el pueblo
de Tambo, en donde instruyó a su ejército y a su gente sobre cómo debían comportarse
con los españoles en todo aquello que contradecía el estilo de vida andino, a fin de ser
perjudicados lo menos posible, conservando su fidelidad con el soberano cusqueño.
Aparte del lenguaje que el agustino Marcos García puso en boca del Inca, su texto
contiene un concepto, dictado por Titu Cusí Yupanqui a dicho fraile, que se encuentra
repetidamente en la historia colonial:
“Lo que más hauéis de haçer es que por ventura éstos os dirán que
adoréis a lo que ellos adoran, que son vnos paños pintados, los quales
diçen que es Viracochan, y que le adoréis como a guaca, el qual no es
sino paño; no lo hagáis, sino lo que nosotros tenemos, eso tened, porque
como veis las villcas hablan con nosotros y al Sol y á la Luna véemoslos
por nuestros ojos, y lo que esos diçen no lo veemos. Bien creo que alguna
vez por ffuerça o con engaño os han le hacer adorar lo que ellos adoran:
quando más, quando más no pudiéredes, haceldo delante dellos, y por
otra parte no olvidéis nuestras çerimonias. Y si os dixieren que quebrantéis
vuestras guacas, y esto por ffuerça, mostraldes lo que no pudiéredes
hacer menos, y lo demás guardaldo, que en ello me daréis á mí mucho
contento.” (Titu Cusí Yupanqui, 1 973[ 1 570] : 98; 1 992[ 1570] : 52).
(1) También “Villca. Vn árbol que su fruta como chochos es purga. ... Melezina hecha de este
árbol.” (Gonçalez Holguin, 1952[1608]: 352; Cobo 1968[1653]I: 272). En aymara, “Villca: ... Es
también vna cosa medicinal ...” (Bertonio, 1897[1612]II: 386).
LA PICHCA : ORÁCULO Y JUEGO DE FORTUNA 77
Villca, entonces, sería una voz usada entre los incas, en tanto que guaca habría
sido el término más difundido; también Villca fue el antiguo nombre del Sol, quizás en
la época de la hegemonía de Tiahuanacu y, con el surgimiento del Cusco, la misma
divinidad pasó a llamarse Inti.
Sobre las huacas que hablaban, es decir, los oráculos andinos, Pierre Duviols
decía que los conquistadores europeos daban por establecido que el diablo se
manifiesta por la voz, que habla por intermedio de los ídolos.”. Sus citas incluyeron
testimonios de españoles (hasta de un sacerdote), quienes afirmaban que habían oído
salir voces de algunos ídolos de piedra, aunque un cacique admitió, también, que él
mismo fingía la voz de la huaca (Duviols, 1977: 26-27).
Además, los indios daban, por lo menos, dos razones para no abandonar sus
cultos prehispánicos; una era
que todo aquello que dicen y enseñan los Padres es para los Viracochas
y españoles, y que para ellos[los indios] son sus huacas, y sus malquis,
y sus fiestas, y todas las demás cosas que le han enseñado sus antepasados
y enseñan sus viejos y hechiceros, y asi dicen que las huacas de los
Viracochas son las imágines, y que como ellos tienen las suyas tenemos
nosotros las nuestras ...” (Arriaga, 1 968[1 62 1 ] : 224)
y la otra era la convicción de que
“... cuando el sacerdote estaba en pecado no decía buena misa ni consagraba,
y que asi muchos no querían oílla, y por esta razón no la había[n] oído
en mucho tiempo.” (Arriaga, 1968[1621 ]: 266).
Por eso también, en 1621 cuando el padre Arriaga escribía su libro, la creencia
en las huacas y sus oráculos aún estaba firme; en él, hacía una lista de ministros de la
idolatría que hablaban con la huaca , con los malquis, con el Rayo o con el Sol en un sitio
cerrado donde sólo dicho ministro podía entrar (Arriaga, 1968[1621]: 213) y luego
comunicaba a la gente lo que le decía “... aunque algunas veces les habla el demonio
por la piedra.” (Arriaga, 1968[162 1 ]: 205-206). Antes de hablar con la huaca el
ministro bebía chicha y caía como en un desmayo (Arriaga, 1968[1621]: 207).
Sin embargo hay otros datos que explican de qué forma el sasserdote de ydolos
hablaba con la huaca: le hacía una pregunta, lanzaba una especie de dado y según como
cayera, se daba la respuesta (Ávila, 1966[1598?]: 255 y siguientes).
Es probable que hubieran existido simultáneamente, con diferencias regionales,
ambas formas de comunicarse con la huaca , y que hubiera huacas que hablaban de por
sí, en tanto que otras harían caer el dado de cierta manera. En fin, son matices que
necesitarían más investigaciones.
Con relación al último tipo de huacas, en este ensayo vamos a referimos a ese
pequeño objeto que los españoles compararon con un dado porque tenía caras, o lados,
marcadas con puntos o rayas de valores diferentes, usado tanto para dialogar con la
huaca y con los difuntos recientes, como para juegos en los que se apostaba algo de
interés (o durante una ceremonia que daba esa apariencia al observador forastero).
Dicho objeto llegó al siglo XX conservando uno de sus nombres con diferentes
pronunciaciones, pichca, pisca, pichica además de su forma de pirámide truncada y su
78 Margarita E. GENTILE
2. REGISTRO DOCUMENTAL
La información colonial que conocemos hasta ahora sobre la pichca, pisca o
pichica prehispánica, está relacionada con la religión y el pasatiempo. Algunas veces se
la nombra así, pichca; otras, se la define por comparación con el juego de los dados
europeos. En la costa y en la sierra peruanas, durante el siglo XVI también tuvo otros
nombres, pero su función era saber si lo que el consultante proponía a la huaca resultaría
bien o mal para él.
XX, Valcárcel
(2) Acerca
escribió
de laque
continuidad
“Los indiosenobtenían
el uso ritual
el maíz
delblanco
maíz blanco
en ocasiones
en el Cusco
especiales,
a principios
y generalmente
del siglo
lo utilizaban en rituales o actos mágicos, no lo empleaban en la alimentación, como el sara, pues tema
cierto sentido sagrado.” (Valcárcel, 1981: 89).
80 Margarita E. GENTILE
(3) Uayro de ynaca = guayro de yñaca\ en el nombre del juego tendríamos dos voces
relacionadas con mujeres: guayro = el nombre de la favorita de Tupa Inca, recordada en el as del juego,
e yñaca, una prenda exclusivamente femenina. “Iñaca. La mantellina de la cabeça. Iñaca yñacalla
pachallicuni, opallapallalla. Vestirse galanamente lamugermuy pintada... Iñaca acsu, oyñacalliclla.
Vestido de muger galan pintado de lauores.” (Gonçalez Holguin, 1952[1608]: 368).
Por otra parte, la autoría de la Nueva Coronica está actualmente en entredicho (Laurencich et
ai, 1995; Laurencich, 1996), y aunque no discutamos ese aspecto, no podemos dejar de notar que
Guarnan Poma llamaba pichica al juego, y no pichca o pisca como el resto de los autores de la época,
LA PICHCA: ORÁCULO Y JUEGO DE FORTUNA 81
Si bien Murúa y Guamán Poma decían que la pichca o pisca era jugada por los
incas, fue el padre Cobo quien recogió un largo relato sobre las circunstancias en que
se cambió el nombre del punto que indicaba el número uno, o as del juego, por el de una
favorita de Tupa Inca Yupanqui, hijo de Pachacuti.
El texto de Cobo complementa, como veremos luego, una de las versiones
etnográficas más explicativas (la N° 4, procedente de San Luis); además, tras los
primeros envíos de mitmacuna y avances conquistadores de su padre hacia el actual
noroeste argentino,
cordillera. El relato Tupa
dice así:
Inca fue el colonizador de estas latitudes, a ambos lados de la
“Entre las mujeres deste Inca había una de nación Guayro, de extremada
hermosura, a la cual él amaba y favorecía mas que a su legítima mujer,
y tenía en ella un hijo igualmente amado que su madre; y no había fiestas
y regocijos adonde no llevase consigo a madre y hijo. Viendo, pues, sus
vasallos que esta mujer era la que mas preciaba y mas cabida tenía con el
rey, la procuraban todos agradar y servir, por el contento y gusto que dello
recebía el rey. Sucedió una vez que estando el Inca holgándose en el valle
de Yucay, se puso a jugar con ciertos Señores a la pichca, que es algo modo
de dados, y habiendo ya el Inca ganado casi todo el juego, solo le faltaba
un punto, que era el as, y si no lo echaba, no ganaba nada, y echándolo,
ganaba y remataba el juego. Dijo entonces a la Señora Guayro, que estaba
presente: ‘Hermana, un punto me falta para ganar el juego; ¿qué haremos?
Si quieres que se vuelva de principio, se volverá, y si no, vaya en tu nombre,
si gustas dello.’ Ella, aunque vio que la presea que se jugaba era de mucho
valor, le respondió: ‘Ea, Señor, echa el dado en mi nombre, y di Guayro,
que Guayro sera el as.’ Dijo el Inca: ‘Pues en tu nombre que vaya, que se
gane o se pierda.’ Y echando el dado el rey, dijeron a voces todos los
presentes: ‘Guayro, Guayro.’ Y cuando cayó la suerte, fue el as, que era
todo lo que se pedía. El Inca con todos los demás quedaron muy contentos,
y mucho mas la Señora, a quien dio luego el Inca la joya que ganó; y desde
este juego mandó el Inca que el número uno se llamase guayro en toda la
tierra, en memoria de la suerte y ganancia que con él hizo en nombre desta
Señora; y asi, hasta el día de hoy, en la mayor parte del reino llaman al
número uno guayro, al modo que entre nosotros se dice as.” (Cobo,
1968[1653]II: 86) (4).
e incluso los actuales. Pichica era el nombre que se le daba en San Luis (s. XIX-XX), y tal vez esto permita
observar desde otra perspectiva lo expresado por R. Cerrón Palomino sobre que el quechua en el que estaba
redactado parte del documento presentado por Laurencich correspondía al que se hablaba en Ecuador en
el siglo XVIII (ver su intervención en el IV CIE y reportaje en Revista Somos, Lima 3-8-96: 68). Tal vez
hubo una forma antigua de pronunciar el nombre del juego así: pichica. Quedaría por determinar dónde
se conservó esa pronunciación, y desde dónde llegó a San Luis, porque esta región y sus alrededores, en
los siglos XVIII y XIX, estaba habitada por indígenas, mestizos y españoles que hablaban araucano,
pehuenche, querandí, tal vez cacán, etcétera, y probablemente también el quechua.
(4) Sobre el pueblo originario de la señora Guayro, el único dato parece que es: “ Huayru , cierta
nación, de indios, en esta tierra .” (Anónimo, 1951 [1586]: 51). Por otra parte, durante la fiesta del
cambio de ropas de niño a adulto (huarachicuy ), el Inca jugó a los ayllus con este hijo que tenía de la
señora Guayro y el muchachito le ganó cinco pueblos de Urcosuyo, que por eso pasaron a llamarse
82 Margarita E. GENTILE
Más adelante, el mismo autor comparaba los juegos de los indios peruanos con
los dados europeos, y señalaba que los indios no tenían costumbre de jugar
pero usábanlos más por entretenimiento que por codicia de la ganancia;
si bien a veces iba en ellos algún precio, como eran mantas, ganados y otras
cosas; mas esto era en poca cantidad y sin picarse mucho al juego. ... el
llamado pichca era como de dados: jugábanlo con un solo dado de cinco
puntos, que no tenía mayor suerte.” (Cobo, 1968[1653]II: 269-270).
En 1646, el padre Ovalle contaba que los indios de Chile, cuando se reunían para
bailar tomados de las manos alrededor de su bandera (es decir, los araucanos durante las
rogativas anuales o gnillatún), mientras unos bailaban otros jugaban diversos juegos, de
los cuales sólo describe dos. Del que nos interesa aquí decía:
“Aduertencia ... pag. 91... El otro juego, que llaman del quechucague le
juegan dejando caer al suelo como se haze al juego de la taba un palillo
en forma de pirámide, el qual quando cae en pie se ganan cinco puntos,
y estos se van apuntando en un semicirculo, que tienen en el suelo con
cierto numero de casitas donde van poniendo una piedresita, las quales
también van diuididas de cinco en cinco, que en lengua de Indio quiere
dezir queuchu[sic], y por ello llaman este juego del quchucague[sicl.”
(Ovalle, 1646: s/n y Fig. 5).
El quechucahue (Fig. 1) se jugaba en Ruca Choroy, actual provincia del
Neuquén, en 1758. Un buscador de oro de la época contaba que estando de visita en lo
del cacique pehuenche Ancán Namún, en la cordillera del Viento, éste
Fig. 1 - El juego del quechucague entre los araucanos (según Ovalle, 1646: Fig. 5;
reproducción fotográfica de H.A. Pérez Campos).
aylluscas (Cobo, 1968[1653]II: 86-87). Este gesto del Inca, de hacerse perdedor, ¿sería una forma de
asegurar a su hijo frente a otros posibles sucesores en el gobierno de unos pueblos a los que tendría
derecho si compitiera con sus hermanos y primos hermanos? No nos parece que esto alcance para
afirmar que la señora Guayro haya sido originaria de Ñuñoa, Oruro, Asillo, Asángaro o Pucara.
LA PICHCA: ORÁCULO Y JUEGO DE FORTUNA 83
a una cosa
(5) figura
Seisavado,
de hexágono
-da. adj. s.regular
XIX y (Alonso,
XX. De seis
1958).
lados y seis ángulos. Seisavar (de seisavo), tr. Dar
LA P1CHCA : ORÁCULO Y JUEGO DE FORTUNA 85
4. 1. La taba
Según este autor, para el juego de taba se usaba como dado el hueso de la
coyuntura baja de los animales patihendidos (Fig. 2), que tenía cuatro lados diferentes;
se lo consideraba un juego muy antiguo del cual ya hablaba Platón. En laEspaña del siglo
XVI era un “juego de muchachos y símbolo de esta edad" (6).
Caro decía que, entre los romanos, había tabas de marfil, oro o plata, usándose
una o cuatro, las cuales “meneaban dentro de un vasillo que tenía por dentro unas
gradas o escaloncillos" , y luego las arrojaban sobre una tabla. Las suertes dichosas eran:
Vénus, Cous, Suppus, Basiliscus, Midas, Hércules; y las suertes infelices y azares eran:
Canis, Chius, Planus, Vulturius, Asinus. Por metáfora con los dados, 1 y 6 eran suerte
infeliz y feliz, respectivamente. En el siglo XVI, la suerte infeliz se llamaba horca y la
suerte feliz, carne.
Pero en el siglo XVII se jugaba con una sola taba, y se ganaba cuando el hueso
caía quedando arriba la parte
“... que hace algo de hinchazón o barriga. ... Si echaban la parte contraria
a ésta, que hace una concavidad y es algo llana la llamaban canis, chius,
planus, vulturius, etc. Cuando jugaban con cuatro tabas era la suerte
dichosa si caían todas cuatro cada una “en postura diferente; mas si caían
todas de una misma figura era azar y mala suerte.” (Caro, 1 884[1 626]:
124, 127, 129, 131, 132, 135, 136).
Para la misma época, uno de los personajes de Caro, que era cochero, explicaba
que, según la región, cambiaban los nombres de los lados del hueso; el lado que tenía
un dibujo en forma de S se llamaba carne y ganaba; el lado contrario se llamaba chuque ,
y perdía. En cuanto a los otros lados
(6) La taba es el hueso que articula las patas de los cuadrúpedos, es decir, se consiguen dos tabas
por animal (Lie. Celina Madero, comunicación personal).
86 Margarita E. GENTILE
cuando la taba cae a la parte llana que tiene una concavidad le llaman
un nombre deshonesto de la parte trasera sobre que nos sentamos, y á la
contraria á esta llaman barriga por aquella hinchazón que alli muestra el
hueso, y con esta ganan (Caro, 1884[1626]: 137).
Si la taba
alguna vez, que era cosa muy rara, caía de punta y se tenía[se sostenía],
era tenido por dichosísimo agüero y fortuna...” (Caro, 1 884[1 626]: 139).
Había aún otra variedad del juego con taba que se llamaba el juego del rey; el lado
del hueso con figura de S se llamaba rey , y el contrario alguacil; la parte que hacía
barriga le decían zapata y a la contraria, horca. Según caía la taba, a cada uno le
correspondía un oficio y el juego consistía en que cada participante debía representar lo
que se decía. Agregaba el autor que este juego era similar al juego de los jueces, y que
podía terminar mal porque los jugadores a veces tomaban muy en serio su rol (Caro,
1884[1626]: 220).
4. 2. Los dados
Continuaba Caro diciendo que muy engastado viene este juego de la Taba con
el juego de los Dados, pero que la taba era más antigua. Los dados tenían seis lados
iguales y en ellos ocho ángulos pero sobre cualquier lado que cayese, el dado se sostenía
firme. A diferencia de la taba, que se jugaba con una o cuatro piezas, los dados se jugaban
siempre con tres, cuyas caras estaban marcadas con puntos que valían números: la suerte
azar e infeliz era uno y se llamaba can, y la más dichosa era seis, equivalente a diestro
o dichosofeliz. Para mezclarlos se usaba un vasito llamado turriculos, fritillos o pyrgos,
que (igual que el usado para mezclar las tabas cuando se jugaba con cuatro huesos) tenía
escalones intemos para que no se clavaran los dados, y se arrojaban sobre la tabula o
alveolo (Caro, 1884[1626]: 138, 139, 140).
Además, servía para adivinar ya que, por las suertes de los dados, se conocían a
los que se querían bien (Caro, 1884[1626]: 240).
Fue un juego muy popular pero “... por las leyes de España, nó sólo es prohibido
el jugar a los Dados, pero el mirarlos jugar y el hacerlos”; 2.1, II, VII, tít.VII, lib.VIII
Recopil.; y finalmente había un refrán castellano que decía: “Lo mejor de los dados es
no jugarlos.”.
(7) La perinola es un paralelepípedo que en una de sus bases tiene incrustadas una púa y en otra,
un palillo: tomándola de éste último se la hace girar entre el índice y el pulgar y se la deja girando sobre
la púa; luego de dar vueltas y desplazarse sobre la mesa, la perinola cae dejando hacia arriba el lado
con la suerte correspondiente. En la actualidad, tiene 6 a 8 lados y se fabrica de material plástico.
LA PICHCA : ORÁCULO Y JUEGO DE FORTUNA 87
5. REGISTRO ARQUEOLÓGICO
En algunos sitios se excavaron piezas de madera, alfarería o piedra como los
dados descritos por los cronistas y viajeros, en asociación con materiales incaicos y/o
españoles. Siempre estuvieron asentados en lugares estratégicamente ubicados con
relación a los recursos naturales básicos (agua, tierra de cultivo) y, desde el punto de
vista europeo, fueron poblaciones gobernadas por caciques cuya amistad o captura
aseguró la mano de obra indígena, tanto a incas como a españoles.
(8) Cereceda se refirió largamente al juego del wayru (otro nombre de la pichca ), entre los
aymaras y, entre otras, a su relación con la molienda (1988: 309-314).
88 Margarita E. GENTILE
Fig. 3 - Dos dados de madera hallados en la Huaca Tres Palos, Lima, a) Nro. 04374,
Plataforma A, área 6. Alto: 3,5 cm; b) Nro. 07164, Plataforma A, área 32. Alto: 2,8 cm.
Museo “J. Ramos de Cox” (dibujos de S. Albarello en base a croquis y fotos de M.G).
(Instituto
para observar,
(9)Riva-
Agradezco
fotografiar
Agüero, aPontificia
lay describir
Dra. Universidad
Inéseste
del material.
Águila,
Católica
directora
del Perú,
del Lima),
museopor
“Josefina
las facilidades
Ramos brindadas
de Cox”
LA PICHCA : ORÁCULO Y JUEGO DE FORTUNA 89
pueblo de
discriminadas:
(10)Huacho,
Esta
para
separación
serranos,
al norte parece
de Lima,
costeños,
quehombres
existió
no fue exclusiva
un
y mujeres
templode(Rostworowski,
prehispánico
estos oráculos
queporque
1981:
tenía128).
cerca
variasdelentradas
actual
LA PI CH CA: ORÁCULO Y JUEGO DE FORTUNA 91
agregaba que, a pesar de ser bastante comunes en Machu Picchu, los incas jamás habían
usado estos dados (Bingham, 1915: 176) (11).
En uno de los dados de alfarería hallado por Bingham, y publicado en parte por
él (1915: 176) y en parte por Rowe (1946: plate 79), vemos que una de sus caras está
dividida en partes iguales por una línea horizontal de la cual bajan cuatro líneas
verticales; otro lado, probablemente el opuesto, tiene un cuadriculado formado también
con dos líneas verticales y tres horizontales.
Si este último diseño tuviera relación con el colcampata dibujado por Santa Cruz
Pachacuti al pie del dibujo del altar del Coricancha (Pachacuti, 1993[161 3]: 208), nos
preguntamos si el primer diseño podría estar relacionado con la lluvia (12).
Tiahuanacu
(11) preincaicos
Por lo menos(Valcárcel,
hasta 1926,1981:
se llamaban
278). Pueblos Megalíticos a los habitantes de Chavín y
(12) Collcapata. andenes de depósito (Anónimo, 1951: 25); Trox granero de paredes [de
adobes]; Cólica (Gonçalez Holguin, 1952[ 1608]: 686 y 54). En el dibujo del altar del Coricancha se
lee C ollcampata (Pachacuti, 1993[1613]: 208).
92 Margarita E. GENTILE
jugar al pisqay
(13) Otra
durante
pieza el
de velorio,
tamaño similar,
en Anta,pero
Cusco,
de piedra
c.1950y (Roca,
con los 1955:
lados numerados,
138). era el dado para
LA PIC HCA: ORÁCULO Y JUEGO DE FORTUNA 93
Fig. 8 - Dado de alfarería pintada en negro y rojo sobre fondo blanco procedente de
Averías, Santiago del Estero. Alto: 13,5 cm (según Wagner & Wagner, 1934:
Lámina LXIII, 2, 2a y 2b. Dibujo de I.Sousa).
Si interpretamos bien los diseños de esta pieza, la huaca consultada con ella tal
vez tuviera la conocida forma de una vasija de alfarería, femenina, con un dibujo en zig¬
zag entre el cuello y el ombligo, similar a las halladas en las montañas de Catamarca,
región vecina a Santiago, y en el valle de Yocavil (sector sur del valle Calchaquí) (14).
La zona del río Salado estuvo densamente poblada antes de la invasión española
(Ambrosetti, 1901; Wagner & Wagner, 1934; Reichlen, 1940; Pedersen, 1952; entre
otros), por un grupo indígena con organización sociopolítica estable porque los
españoles eligieron asentarse en esa región y pudieron permanecer allí mucho más que
en San Juan de la Ribera de Londres, Ibatín de Tucumán, San Francisco de Nieva en
Jujuy, etcétera.
Fig. 9 - Alfarería estilo Averías, procedente de Averías, Santiago del Estero. Rojo y
negro sobre fondo blanco (según Wagner y Wagner, 1934: Lámina III).
En ese tramo del río Salado se encuentra una alfarería prehispánica, pintada en
rojo y negro sobre fondo blanco, llamado estilo Averías, por el sitio-tipo; dicho estilo
está considerado como cronológicamente tardío en la región. Pero piezas similares se
encuentran en las montañas de Catamarca, también en un ambiente semiárido con
mejores condiciones para el almacenamiento y distribución de agua (Lorandi, 1974:
227), y con fuerte presencia incaica.
También del río Salado provienen discos y hachas de bronce de buena factura y
probable uso ceremonial (Pedersen, 1952), cronológicamente tardías pero preincaicas
según A.R. González (1977: 297; 1992: 10).
Si bien R. Raffino (1991), tomando en cuenta la falta de evidencia arquitectónica
y vial, no incluyó hasta ahora a Santiago del Estero en su Horizonte Inka, algunos datos
sobre organización social indígena en el Tucumán del siglo XVI nos permiten suponer
la presencia incaica a través de asentamientos de mitmacuna. Hasta hoy se habla
habitualmente quechua en esa provincia.
El ajuste de la secuencia cronológica y de la exacta procedencia de las alfarerías
a través de excavaciones científicamente controladas, como las que actualmente
lleva a cabo J. Togo con relación a la secuencia más temprana, es de mucha utilidad
porque, en general, las piezas de Catamarca y del valle Calchaquí más conocidas
proceden de huaqueo.
6. REGISTRO ETNOGRÁFICO
Durante los siglos XVI y XVII en el Perú seguía en vigencia la pichca (con ese
u otro nombre), como juego y como forma de consultar la voluntad de la huaca. Entrado
el siglo XVIII, subsistió como juego de fortuna, pero aún se recordaba su invención
como juego prehispánico.
Ahora interesa ver si hubo, además de cambios, continuidad, a partir de ese siglo,
en los lugares con registro prehispánico o colonial temprano. Aunque este repaso no
agote la búsqueda, estimamos que alcanza para observar que los elementos que
pervivieron fueron: la forma de pirámide truncada en el dado, el nombre (del juego
y/o del dado) relacionado con el número cinco (pichca , piscay, etcétera), y huayro o
huaylo como nombre del puntaje mayor o del juego mismo.
Excepto el de Santiago del Estero, los demás objetos considerados aquí fueron
comprados por los distintos autores a personas que recordaban haberlos usado hasta
unos años antes. En algunos casos, el registro no señalaba con precisión la población de
origen sino
basamos enun
esos
áreadatos
geográfica
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poco más grandes que los otros veinticuatro, formando dos caminos, uno corto y otro
largo para llegar al remate del juego; participaban dos equipos, cada uno con su jefe
llamado callai = comienzo. Para iniciar el juego uno de los jefes tomaba el dado de hueso
por el extremo más delgado entre los dedos pulgar, índice y del medio, y dando un giro
lo arrojaba al aire; si caía mostrando la cara con la cruz, entonces comenzaba el partido
importancia,
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Romero (1941: 45; 1943: 20) a citar a Odriozola, tal como lo había hecho Rivet. Algo similar sucedió
a V. Cereceda (1988: nota 1 6) quien citó a W. Bollaert señalando la coincidencia entre lo que este autor
decía haber observado en el norte de Chile y el relato de Odriozola, sin reparar que el texto de Bollaert
(1860) era la traducción al inglés del de Juan & Ulloa.
Volviendo al tema de esta nota, Karsten comentando a Rivet, asimiló los dados comprados por
ambos con la taba, cosa que no es así, porque en las figuras publicadas por Nordenskióld del dado de
Karsten se ve que no es un astrágalo, hueso con el que se fabricaban (Caro, 1 884[ 1626]), y fabrican
las tabas para jugar (Saubidet, 1975: 375, y observación personal).
98 Margarita E. GENTILE
yendo por el camino más corto, mientras que el otro equipo iba por el camino más largo
y ganaba el que conseguía poner sus fichas en la casa del medio. Durante el recorrido,
la casa de la punta debía ser pasada, es decir, no podían quedar fichas allí (Hartmann &
Oberem, 1968) (17).
(17) La señora Elsa R. de Sosa compromete mi agradecimiento por la traducción de este trabajo.
100 Margarita E. GENTILE
saber si el alma recibía o no las oraciones, había rayas o figuras de cruces con potencias
y peana marcadas en los lados del dado que así lo indicaban, según se dejaran ver
(Valderrama & Escalante, 1980: 233 y siguientes).
6. 5. Puna de Jujuy
A fines del siglo XIX existía en esta región la costumbre de celebrar el 2 de
noviembre, reuniéndose alrededor de cada tumba un grupo de parientes y amigos del
difunto. Sobre el túmulo se extendía un poncho y encima se ponían los platos con
comida. La persona más anciana comenzaba a rezar y seguían luego los presentes,
mientras bebían y salpicaban unas gotas de cada vaso sobre la tierra que cubría la tumba.
Para conocer la oración de cual de los presentes era la más propicia para el difunto,
tiraban una taba por encima de la sepultura y, según cayese, el que ganaba debía rezar
y el que perdía debía dar muestras de tristeza (Ambrosetti, 1902: 93).
A Eric Boman le dijeron en Abra Pampa que allí se acostumbraba también lavar
la ropa del difunto, pero a los ocho días del fallecimiento, a diferencia de Susques donde
se hacía al día siguiente. En Abra Pampa, “Certaines prières y sont récitées, pendant le
lavage des effets, par des personnes qui sont désignées à cet effet, en jouant à la taba."
Fig. 14 - ¿Dado de alfarería? hallado en Laguna Muyo, Santiago del Estero. Alto: ?
(según Wagner & Righetti, 1946: Fig. 78d).
LA P ICH CA: ORÁCULO Y JUEGO DE FORTUNA 101
(Boman, 1908: 5 1 9), es decir, jugando a la taba se elegía a quiénes rezarían mientras se
lavaba la ropa del difunto (18).
En la región perviven rasgos culturales que nos permiten sustentar la hipótesis de
una continuidad prehispánica; por ejemplo, hemos observado en un sector de la puna
con marcada presencia inca, sitios con líneas paralelas entre sí y convergentes hacia una
colina, un alero o círculos concéntricos, es decir ¿un remedo de los ceque cusqueños?
(Gentile, 1986 ms).
También hay registros de principios del siglo XX sobre imágenes milagrosas
aparecidas de distintas maneras, a las que el párroco bautizaba diciendo ser tal o cual
santo. Aunque la imagen original hubiera sido de piedra y actualmente sea una pintura
sobre metal o tela, o una figura de yeso, sus esclavos repiten el relato sobre la primera
aparición. También dicen que la figura misma puede cambiar (de color, de sitio), para
manifestar tristeza, enojo, etcétera (Colatarci, 1986a).
Aquí el sasserdote de ydolos prehispánico y colonial fue reemplazado por el
párroco en el momento de definir la personalidad de la figura hallada, y la imagen
milagrosa es consultada, entre otras formas, encendiendo una vela en su presencia, y
observando el chisporroteo de la llama y la forma como chorrea la cera.
Por eso, basándonos en nuestras observaciones y en los relevamientos de
Azucena Colatarci en la puna de Jujuy, quebrada de Humahuaca y el Ramal (Colatarci,
1984; 1985; 1986b), pensamos que existe continuidad en la región entre un culto de
huaca familiares y las imágenes milagrosas de algunos santuarios particulares (Gentile,
1997c).
6. 6. Área araucana
Fuera del área donde se hablaba quechua o aymara, en territorio araucano, en la
primera mitad del siglo XIX, Luis de la Cruz decía que los indios peguenches
(pehuenches, recolectores de piñones de pehuen, Araucaria araucana), que habitaban
en los alrededores de la ciudad de Concepción, en el sur de Chile, jugaban al guaro
usando un “... quechú o triángulo de madera, con varios puntos embutidos de alquimia
o plomo ...” (Cruz, 1969[1835]: 490) (19).
Hasta comienzos de este siglo se mantenía el juego del kechukawe o kechucan, con
reglas similares a las descritas por Ovalle en 1 646. El padre Augusta decía que en araucano
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También durante su viaje por Bolivia vio jugar a la tahua = 4, con un astrágalo de buey que se
arrojaba a cierta distancia, considerándose solamente los lados cóncavo y convexo del hueso (Boman,
1908: 361-362). Aquí, tahua y taba sonaron como homófonos, o Boman los consideró como tales.
En Perú, hasta hace poco se jugaba a la taba con un astrágalo pero sin los cantos de bronce,
como se juega en la pampa argentina (V. Medina Flores y H. Amat y W. Espinoza Soriano,
comunicaciones personales que aprovecho para agradecer).
(19) Chenque Haichol parece que fue un campamento de pehuenches, según vimos antes.
102 Margarita E. GENTILE
6. 7. Llanuras argentinas
En esta región, ubicada entre la precordillera y el Océano Atlántico, se produjo
una confluencia del juego practicado con varios astrágalos o tabas, similar al antiguo
juego europeo, con el nombre quechua, pichca , originado en el numeral cinco; de allí
pasó a nombrar también el dado y, cuando éste era de hueso dio su nombre al hueso
mismo, aunque a veces no fuera el astrágalo.
En la sierra de San Luis (Fig. 15), al juego se le decía pichica o pichica y en las
llanuras vecinas, hacia el este, la voz se conservó ligeramente modificada hasta el siglo
XX en un juego de niños, los pichicos, jugado con tarsos de cuadrúpedos (Saubidet,
1975: 296; Coluccio, 1981: 525), y en estribo de pichico, llamado también estribo
pampa, juego realizado con este huesito del tarso del caballo o vaca, sujeto a una soga
que colgaba de los bastos de la montura y servía de apoyo a los dedos mayores del pie,
los cuales quedaban libres a través de una abertura en la punta de la bota de cuero hecha
con el cuero de la pata de un potro (Saubidet, 1975: 296 y 156;Rapela, 1977:40) (21).
7. VOCABULARIOS ACTUALES
En algunos vocabularios de quechua y aymara publicados en los últimos años
casi no queda recuerdo del juego original, sino de componentes aislados del mismo.
En quechua (¿Bolivia?, ¿Perú?) se dice “Pichu. s. Tibia. Muñeca de la mano ”,
y “ Pichuski. s. Empeine. Tobillo.” (Lara, 1978: 163), en tanto que en una recopilación
se dice, sin citar bibliografía, que “Pichqa (Ayacucho), Pisqa (Cusco), adj. Cinco.;
(20) La expresión “el prisma es truncado ” no correspondería con “mai prisma que tiene tanto
la basesí?superior como la inferior triangulares”, salvo, tal vez, que dichas bases no fueran paralelas
entre
(21) En el “Martín Fierro” se hace referencia a la simpleza del juego de los pichicos y a la
deformación del pie producida por el uso del estribo pampa. El gaucho Picardía, jugador profesional,
contaba a Fierro y a sus dos hijos que: “ Cargaba bien una taba /porque la sé manejar; /no era manco
en el billar, /y, porfin de lo que esplico, / digo que hasta con pichicos era capaz de jugar.” (Hernández,
1983: línea 3204). El hijo segundo de Fierro contaba que su tutor, el viejo Viscacha, tenía “... las patas
como loro /de estribar entre los dedos.” (Hernández, 1983[1879]: línea 2173).
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104 Margarita E. GENTILE
Pichqay. v. Ceremonias que se realizan al quinto día del fallecimiento de una persona.;
... Pichu. s. Fémur.; Pichuski, s. Empeine .” (Guardia Mayorga, 1971: 109).
Por su parte, J. Lira decía: “ Pichúsqki .-m. Tobillo, Empeine, parte superior del
pié. ( Lira, s.f. : 273);... Pískka.-adj. Cinco, cuatro mas uno, cinco unidades. Guarismo
que representa dicho número... Obs. Algunos dicen Phéskka.” (Lira, s.f.: 275).
En Santiago del Estero, “ Pishcka , adj. Cinco, 5. Voz conocida pero no empleada
en el lenguaje corriente. Seguramente por su semejanza fonética con pishcko ...
Pishcko, s. Pene. Miembro genital masculino.” (Bravo, 1975[1967]: 117).
En aymara, Miranda dice “ Pichica - trenza delgada y pequeña de cabellera que
usan las campesinas según regiones del país.” (Miranda, 1970: 227).
otro de Arqueología,
reuniones
(22)
(Gentile,
Con relación
1996b;
tratando
a este
1997a).
el asunto
tema, leimos
desde diferente
dos ponencias
perspectiva,
en sendos
según
Congresos,
los ejes temáticos
uno de Folklore
de ambasy
(23) Por esto último se les dice puritanos a los nacidos allí, y los venados forman parte del
escudo de dicha provincia.
LA PICHCA : ORÁCULO Y JUEGO DE FORTUNA 105
Fig. 16 - Hombres en el lavadero de oro en el río Intiguasi, San Luis (según Gez,
1939: Lámina IX. Reproducción fotográfica de H.A. Pérez Campos).
El río Quinto, que nace en la sierra de San Luis, tenía en sus orillas y alrededores
bosques de caldén (Prosopis caldenia ), árboles de 12 a 15 metros de alto, cuya madera
se empleaba en carpintería y techumbres (Martin de Moussy, 1860: 416).
La abrupta orografía y las dificultades de transporte mantuvieron relativamente
aislada a la región serrana en cuanto a la explotación minera intensiva y la instalación
de industrias hasta hace pocos años.
Fig. 17 - Vista general de las minas de La Carolina, San Luis (según Gez 1916: 81.
Reproducción fotográfica de H.A. Pérez Campos).
tiempo que hablaban de un laboreo suspendido por falta de inteligentes o ensayadores
(Gez, 1916: 79-80) (24).
También en ese año, 1786, Sobremonte visitó las regiones mineras de Famatina,
Jáchal, Uspallata y San Luis para fomentar su explotación y reforzar la línea de frontera
sur (Gez, 1916: 85). De este último sitio, envió muestras de oro para ensayar en Potosí
y la noticia de su ley, 1 8 quilates, se difundió rápidamente provocando tal afluencia de
gente a la región que el gobernador tuvo que enviar un juez comisionado, establecer un
destacamento de milicias y abrir caminos (Gez, 1916: 81).
Entre 1 786 y 1 790, se realizaron labores superficiales, pero a partir del agotamiento
de los lavaderos se comenzaron a profundizar las excavaciones. En 1792, un asesor de
la Intendencia hizo la primera visita oficial a la región cuando ya había 25 minas en
laboreo y varios cateadores autorizados; en esa oportunidad, se dispuso la traza de una
población al pie del cerro Tomolasta que se llamó La Carolina, en homenaje a Carlos
III, y se repartieron solares entre los mineros (Gez, 1916: 82).
El oro se llevaba a Chile y se acuñaba en la casa de moneda de Santiago, pero un
ensayador profesional enviado por el virrey Arredondo le aconsejó a éste establecer un
banco de rescate en La Carolina, para comprar el oro a precio justo y luego remitirlo a
Potosí para ser amonedado (Gez, 1916: 84).
(24) Tomás Lucio Lucero era descendiente del capitán Luis Lucio Lucero, que en 1682 había
obtenido la merced de Pancanta, Tomolasta, Huascara, Corral de Gasparillos e Invernada (Gez, 1916:
60). Otra versión agrega que Tomás falleció en 1776 y que había tenido títulos de las minas pero sin
trabajarlas (Núñez, 1980: 116).
LA PICHCA: ORÁCULO Y JUEGO DE FORTUNA 107
Fig. 18 - Mujeres en el lavadero de oro en Cañada Honda, San Luis (según Gez,
1939: Lámina IX. Reproducción fotográfica de H.A. Pérez Campos).
108 Margarita E. GENTILE
En nuestra opinion, el nuevo orden impuesto por Carlos III obligó a los titulares
de las mercedes de tierras a oficializar la extracción del mineral; antes de ese vuelco
administrativo, los lavaderos de oro de San Luis, dadas sus características (no se
necesitaba maquinaria especial ni cantidad de mano de obra, azogue, pólvora, etcétera),
pasaron desapercibidos para la corona española.
En cuanto al trato con los indios, esta versión no especifica de cuál grupo indígena
podría tratarse, y nosotros suponemos que un centro minero estaría también habitado por
mestizos, criollos y españoles, además de indios. Tal vez sea indicativo el quechucagüe
que describió Ovalle en 1646, que se jugaba en el sur de Chile con un dado de madera
piramidal igual al de San Luis, pero sobre un tablero que era la mitad.
antes del(25)
descubrimiento
Los juegos dedeenvite
América
o azar
(Caro,
estuvieron
1884[1626]:
prohibidos
140;por
Martínez,
leyes especiales
1992: 244),
en España
y se reiteraron
mucho
(Matraya y Ricci, 1978[1817]: 298, 313, 334).
(26) La división provincial corresponde a la actualidad política, ya que desde otro punto de
vista, losCentrales.
Sierras sitios de procedencia se ubican en el entorno de la misma región aurífera, en el macizo de las
LA PICHCA: ORÁCULO Y JUEGO DE FORTUNA 109
que no existiera tal o cual regla para jugar, pero contienen suficientes datos como para
permitir comparaciones; dos de las siete versiones no incluían dibujo o descripción del
tablero. Solamente una traía el dibujo del dado, pero todas lo describían y el nombre del
juego, pichica, era común a todos.
En todos los casos se trataba de un juego de varones, adultos o niños, y las reglas
del juego y la forma del tablero eran más o menos complicadas según quienes jugaran.
Los tableros que se dibujaban en el suelo podían ser redondos o cuadrados, y las fichas
podían jugarse moviéndolas de casillero en casillero, según marcara el dado o podían
pasar de mano en mano según el dado cayera en determinado sector del tablero que tenía
cierto puntaje. Esta última es la versión para niños.
Según la versión N° 4, la pichica se jugaba así: el tablero era un cuadrado cruzado
por sus diagonales y se dibujaba en el suelo de acuerdo al tamaño deseado. En cada una
de sus esquinas, había un casillero llamado casa grande y en el centro otro,’ del mismo
diámetro, llamado agua. Sobre los lados y las diagonales, se alineaban las casillas, de
menor diámetro que las casas grandes y en número de cuatro sobre cada línea.
Participaban 2 ó 4 personas y cada una tenía 4 fichas para jugar (semillas,
piedritas), que colocaban, cada cual, en una casa grande. Si eran 4 personas, se jugaba
por parejas, sentadas en sentido opuesto.
Para que no se sospechase de hacer trampa, el dado (una pirámide cuadrilátera
de barro cocido o de madera), debía ser tomado con tres dedos (el anular en la cúspide
y el pulgar
caer fuera del
y el cuadro.
índice en caras opuestas) y con la base hacia arriba; al ser arrojado, debía
Las caras estaban marcadas con rayas o puntos que valían 1, 2, 3 ó 4. Para sacar
las fichas de la casa grande y comenzar a moverlas alrededor del tablero, era necesario
que, al tirar el dado, éste cayese sobre la base; esto valía 5 puntos y se decía hacer pichica
o sacar pichica.
A partir de ese momento, el jugador podía mover sus fichas de casilla en casilla,
sin regresar; si en este recorrido llegaba a una casilla donde había fichas contrarias, las
comía sacándolas del juego. Si llegaba a la casa grande de su compañero y éste aún no
había hecho pichica para comenzar su juego, el que llegaba le comía 2 tantos, pero para
salir de esa casa grande debía volver a tirar y sacar pichica otra vez.
Si alguna ficha podía recorrer todo el borde del tablero sin ser comida, quedaba en
condiciones de ir por una diagonal rumbo al casillero central llamado agua. Pero para entrar
allí, debía sacar el puntaje exacto porque de otra manera se pasaba por encima del agua y
la ficha caía en la diagonal opuesta, así que debía ir y venir hasta sacar el puntaje justo.
En el agua, la ficha estaba fuera de peligro porque allí se iban acumulando los
tantos para la cuenta final, y ganaba el jugador que conseguía llevar todas sus fichas al
agua y/o comer todos los tantos contrarios durante su recorrido.
Había aún otra regla: una de las caras del dado estaba marcada con un solo
hoyuelo (o raya); si la pichica caía con esta marca hacia arriba, se decía que había hecho
guairo y el que había tirado debía entregar un tanto al contrario.
través del juego se pautaba de una manera didáctica el comportamiento adecuado tanto
entre curacas como de todos ellos con relación al inca. Esto parece claro si comparamos
la versión del padre Cobo con la del hijo de Lucero (N° 4), y complementamos ambas
con lo que sabemos de organización sociopolítica del Tahuantinsuyu.
9. 1. En San Luis, existía la posibilidad de jugar en parejas, pero esto no
significaba que ambos compañeros fuesen solidarios, porque el que sacó pichica podía
comer dos tantos de la casa grande del otro, si llegaba a la misma antes que su
compañero hubiera podido sacar sus fichas de allí, es decir, antes de que hubiera
comenzado a jugar.
Lo mismo sucedía en el Tahuantinsuyu entre los curacas de las provincias
hermanadas (dos a dos) en la época de Tupa Inca, y con relación al pago del tributo a
dicho soberano, es decir, si una de ellas no pagaba entonces la otra pagaba por las dos,
generando un reajuste entre las mismas provincias que podía derivar en represalias más
o menos encubiertas (Santillán, 1968 [1572]: 1 15; Castro & Ortega Morejón, 1974[1558];
Gentile, 1991-1992: 95).
9. 2. Tanto en San Luis como en la corte incaica, el número uno o as de la pichca
se llamaba guairo.
9. 3. Aunque en el relato de Cobo no se describía el tablero de juego, estaba claro
que el inca necesitaba un punto para entrar la última ficha en cierta casilla y ganar la
partida. En San Luis, el puntaje obtenido para llegar a la casilla neutral, llamada agua
debía ser justo, cualquiera fuese el número de puntos necesitados por el jugador, porque
de otra manera se sobrepasaba el casillero y debía volver a tirarse el dado hasta alcanzar
dicho puntaje o perder el juego en caso de que el contrario obtuviera su propio puntaje
antes. Si el inca hubiera necesitado otro número de puntos para ganar, el nombre guairo
habría quedado para dicho número.
9. 4. En cuanto al objeto mismo, la pichca o pichica, en las piezas prehispánicas
procedentes de sitios con registro incaico y europeo (Tres Palos, Pachacamac, Machu
Picchu y Casabindo), fueran éstas de madera o aliaren a, el puntaje estaba marcado en
las caras del dado con rayas y en la base menor de la pirámide trunca había un aspa (27).
En San Luis los tantos podían estar marcados con puntos o rayas, pero el dibujo
de la pichica (versión N° 1), una pirámide cuadrilátera (no trunca) corresponde a las
piezas procedentes del área araucana (Viluco y Chenque Haichol).
9. 5. En todos los casos conocidos hasta ahora, los rasgos que permanecieron
invariables a través del espacio y el tiempo estuvieron relacionados con el numeral 5:
en el nombre (pichca, kechu); en el momento en que se debía jugar (a los cinco días de
la muerte de una persona); en el puntaje máximo (5 o alguno de sus múltiples).
La versión N° 4 de San Luis recogió la mayor cantidad de elementos prehispánicos,
aspecto de por sí notable en lo que se refiere a la vigencia de una tradición incaica en
pleno siglo XIX, trasladada a San Luis por el comerciante del relato durante el siglo
XVIII o llevada por su pariente en el siglo XVII, y recordada como juego de indios hasta
principios del siglo XX, en una versión que, usando los términos para clasificar alfarería,
llamaríamos tipo Inca Cusco.
(27) Sobre el significado del aspa ver Gentile (1994: 78) y Laurencich (1996: 100-101).
LA PICHCA : ORÁCULO Y JUEGO DE FORTUNA 111
o°° 12 O 14
O 9 10
o78 16i70
06 180
05 190
04 20 O
03 21 O
02 22 O
Oí 23 0
(28) El Dr. Alberto Bueno Mendoza (comunicación personal que agradezco especialmente),
me señaló que el dado hallado en Pachacamac podría ser una copia de los dados españoles, tanto por
su forma cercana al cubo como por las rayas marcadas en sus caras, que indican valores numéricos
correlativos.
LA PICHCA : ORÁCULO Y JUEGO DE FORTUNA 113
(29) Sobre el significado de algunos colores durante el Tahuantinsuyu, ver Gentile, 1996a.
114 Margarita E. GENTILE
El juego entre el Inca y los caciques también puede haber tenido una función
didáctica, es decir, sus reglas enseñaban cómo debían relacionarse ambas partes, dentro
y fuera del juego. En este ámbito, la generosidad cusqueña, manifestada en regalos y
fiestas imposibles de reproducir por los caciques, tendría que ser retribuida “perdiendo”
el juego propuesto y ésta podría ser una forma de ganarles “pacíficamente” el gobierno
de sus territorios. En cambio, jugando a los ayllos, el inca daba el gobierno de ciertos
territorios, como sucedió con el hijo de la señora Guairo (Cobo, 1 968[ 1 653](II): 86-87).
La forma araucana de la pichca, llamada kechucagüe, que se jugaba durante el
gnillatún, también nos remite a posibles formas de adivinar el futuro cercano (con
relación a las cosechas, ganado, personas próximas a fallecer, etcétera). Luego pasaría
a ser, aparentemente, un juego de fortuna.
Sobre la forma quiteña no tenemos registro prehispánico acerca de su función,
pero entre las piezas etnográficas, una de las procedentes de la sierra del Ecuador tiene
grabada en un lado una cruz cristiana sobre un orbe. En ese sentido es similar a una pieza
actual procedente de Apurímac, cerca del Cusco (su forma de paralelepípedo es
intermedia entre la cusqueña y la quiteña), sobre uno de cuyos lados tiene grabada una
peana y encima de ella, una cruz con potencias.
Como en ambos casos el dado se utilizaba para un juego de velorio, tal vez sea
éste el diseño que identifica a las piezas coloniales o etnográficas usadas para adivinar
a través de un difunto reciente, y la pieza procedente de Santiago del Estero, aunque de
forma cusqueña pero con un grabado de cruz latina, correspondería a esta función.
pichca,
porfortuna
bajo
de ella11.
Tahuantinsuyu,
vemos
forma
3.popular
1.del
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un
primero
juego
de la
hoy en sus variantes piscay y pisqay; en el altiplano sur era phisca, en tanto que
en el área ecuatoriana se lo conocía en el siglo XVIII como guayru (¿su nombre
prehispánico?), y así llegó a nuestro siglo, huayru.
En San Luis llamaban pichica al juego y al dado, por lo menos desde el siglo
XVIII hasta el XX, lo que nos permite suponer, por ahora, que tal vez el juego y sus reglas
hayan
la araucana.
llegado allí desde un área relacionada con el Cusco aunque la forma del dado fuese
En el caso del tablero usado para jugar al quechucagüe, O valle no explica en qué
punto se termina el juego, y su dibujo no permite suponerlo.
Esto significaría que los mismos gobernantes se inhibían para actuar por sí y más
bien estaban predispuestos a conocer el futuro a través de una consulta con alguna
huaca , y recién entonces actuar en consecuencia.
Ni siquiera eventos tan importantes en la historia incaica como fueron el rechazo
del ataque de los chancas al Cusco, o la definición de la guerra entre Atahualpa y
Huáscar, estuvieron fuera del ámbito del oráculo.
Las posibilidades de análisis a partir de los datos aquí presentados podrían
ampliarse si tomamos en cuenta la cosmovisión andina, que en cada rasgo cultural
representa al Hombre y su relación con el mundo expresada en oposición o en armonía,
pero siempre en interdependencia e interacción.
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124 Margarita E. GENTILE
Apéndice
TEXTOS ORIGINALES DE LA ENCUESTA AL MAGISTERIO
Provincias de San Luis y Córdoba
Advertencia: La transcripción respetó los acentos y signos de puntuación
originales; nuestro comentario se incluye entre corchetes; cuando no se consigna el
nombre del informante y su edad es porque este dato no figuraba en el documento.
Versión N° 1
Localidad: Los Lobos, Provincia de San Luis.
“Juegos de Sociedad: La pichica
Este juego consiste en un circulo, como el del grabado, que lo hacen en
el suelo. Cada jugador toma 5 tantos (granos de maiz, porotos). Los
tantos se colocan en el agua (punto del centro).
Empieza el juego el que es mano, tirando la pichica (de donde viene el
nombre del juego) que es una especie de dado en forma de triangulo
hecha[sic] en madera y tiene cuatro caras, numeradas desde 1 (llamanle
el guayro) hasta 4. Si el jugador hecha pichica (llamase pichica cuando
esta cae con la punta para arriba y vale 5 puntos) saca un tanto del agua
y cuenta desde el centro 5 puntos sobre cualquier linea del círculo; una
vez que ha tirado sigo[sic] otro jugador. Para sacar un tanto es preciso
hechar pichica. Si un jugador hace un punto y puede comer a su adversario,
es decir
este sacaque
el tanto.
venga a caer sobre un cuadro ocupado // por su adversario,
Versión N° 2
Localidad: El Arroyo San Martín, Provincia de San Luis.
Narrador: Juan Cejas, edad 72 años
El maestro sabe que lo conocen[al juego] otras personas.
“Juegos Populares - la Pichica.
Entre estos juegos se cuenta el llamado “Pichica”; consistía en hacer, en
el suelo, o sobre una tabla una rueda con cuatro divisiones, enumeradas
asi 1, 2, 3 y 4 el centro tenía el numero 5 que se llamaba guayro.
LA PICH CA: ORÁCULO Y JUEGO DE FORTUNA 125
-Agua
Centroo
Versión N° 3
Localidad: Nueva Escocia, Provincia de San Luis.
“Juegos de Sociedad - La Pichica.
Consistía en un aparatito de madera en forma de pirámide, numeradas las
caras del uno al cuatro, siendo su base el número mas alto y que equivalía
á cinco. Ahora bien si caía de lado le solian nombrar (Guayro) y se
contaban los puntos que hubiera hecho.
Nota: Las referencias que preceden son dadas por el único vecino oritundo
de ésta región don Antonio Villegas, de nacionalidad argentino, edad
cincuenta y ocho años, propietario en ésta; Nueva Escocia Dto. General
Pedernera (San Luis)... 12-9-1921.”
Versión N° 4
Localidad: El Arenal, Partido de La Carolina, Provincia de San Luis.
Narrador: Genara Lucero, 65 años.
“Juegos Populares. Entre los juegos populares, no hay ninguna variación.
Pero he conseguido la descripción de un juego netamente indígena. Se
llama pichica.
Cuéntase que en tiempos de las primeras exploraciones de las minas de
oro de La Carolina, eran miles de pesos ganados y perdidos á este juego.
El introductor que fué un vecino de estos lugares, que según cuentan
tenía negocios directamente con los indios.
El hombre falleció en 1875.
Hasta hacen pocos años se ha jugado este juego.
Versión N° 5
Localidad: Lafinur, Provincia de San Luis.
“Juego popular. La pichica.
El objeto de madera que compaño[sic] se le llama píchica[no se encontró
dicho objeto] y con el se jugaba antiguamente de la manera siguiente:
Dos, cuatro ú ocho jugadores podían tomar parte en este juego.
Todos los que tomaban parte se sentaban en el suelo al rededor[sic] de
un círculo dibujado también en el suelo.
Cuando juegan dos o cuatro jugadores, toman cada uno cuatro fichas ó
tantos y cuando son ocho, solo toman cada jugador dos fichas.
Si los jugadores son cuatro u ocho, mitad y mitad son compañeros y se
sientan alternados.
El círculo se hace asi:
[es un círculo cuyo centro está marcado por un redondel mas grande que
todos los demás; hay cuatro puntos cardinales señalados con cuadrados,
el que está arriba tiene dentro la letra A y el que está abajo tiene dentro
la letra B; fuera de estos cuadrados con las letras están escritos los números
1 y 2 respectivamente; en los arcos hay cuatro redondeles pequeños en
cada uno y lo mismo para las cuerdas]. (Fig. 22).
Los cuadros, indican el lugar en donde deben colocar los tantos cada
jugador, antes de principiar el juego.
Al círculo del centro se le llama agua y á los de mas circulitos, casas.
Todas estas casas y el agua son pequeños hoyitos que se hacen con la
punta de un cuchillo etcétera.
Para mayor claridad explicaré el juego, en que tomen parte dos jugadores:
sean 1 y 2, quienes asentarán sus cuatro tantos en las casas A y B.
LA PICHCA: ORÁCULO Y JUEGO DE FORTUNA 129
Fig. 22 - Reconstrucción de una escena del juego de la pichica en San Luis, según la
version N° 5. Dibujo de S. Albarello.
Una vez que ésto consiga, ó sea que ha obtenido 5 puntos, echa su primer
tanto al
hacer andar
agua,losllenando
demás tantos.
con ésto el requisito necesario para principiar á
Versión N° 6
Localidad: Balcarce, Provincia de San Luis.
Narrador: Evangelista Vilches, 105 años de edad
--e".
..íi-.iír
i...*}*--. -1 **•"•*■
Fig. 23 - Reconstrucción de una escena del juego de la pichica en San Luis, según la
versión N° 6 (dibujo de S. Albarello).
LA PICHCA: ORÁCULO Y JUEGO DE FORTUNA 131
Versión N° 7
Localidad: San Bartolomé, Provincia de Córdoba.
“ Juegos Infantiles.
Entre los juegos infantiles mas antiguos acostumbran los siguientes: la
pichica, la cáscara rueda y el quita hijo.
La pichica. Con un pedazo de madera de forma de una pirámide cuadrangular
en la que han marcado en cada cara un número se juega tirando hacia
arriba y al caer del lado de la cara que marque 2 (por ejemplo) pierde el
que tira dos caramelos, tantos, etc
Si cae de la base la que lleva el Nro. 5, entonces gana el tirador diciendo
“pichica” y recoge todas las paradas.
Tiene derecho a hacer dos “pichicas” y enseguida entregar a otro.”
27 DEBITE
Análisis
Asaamoy Alternativas
Relaciones laborales y sociedad rural en Chincha y Huacal / Jaime Urrutia
Uso y tenencia de la tierra en Puno / Juan Valero y Carlos López
De la quinua al arroz: Cambios en los patrones alimenticios de la sociedad andina/
INTERNACIONAL
Jorge Gascón
La cuestión agraria y el campesinado en Chile hoy. Cristóbal Kay
Nuevas tendencias de la política agrícola en América Latina y El Caribe / Maximiliano Cox
y Oscar Cismondi
Mujeres, derechos a la tierra y contrarreformas en América Latina / Carmen Diana Deere y
Magdalena León
BancoSob El reto del crecimiento en organizaciones de mictofinanzas. C. González-Vega;
M. Schreiner; R. Meyer; J. Rodríguez y S. Navajas
NOTAS
Tendencias sobre la coca y el narcotráfico en el Perú. Hugo Cabieses Cubas
Los campesinos bolivianos y el complejo coccocaina. Felipe H.C. Mansilla
Valor de la suscripción
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por cuatro
Latina
Perú
números
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38
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