El original
La violencia masculina contra la mujer desde una perspectiva evolutiva e histórica.
Según Alberdi y Matas (2002), las diferencias biológicas entre hombres y mujeres
determinaron una división del trabajo en sociedades primitivas: las mujeres se
encargaban de la reproducción y el cuidado de los hijos, mientras que los hombres
asumían roles de protección y provisión de recursos. Esta especialización generó
una dependencia femenina debido a la necesidad de protección durante la vida
fértil de las mujeres.
La evolución reforzó la fuerza física masculina, facilitando su dominio en el
intercambio social y la consolidación del poder sobre las mujeres. Con el tiempo,
estas diferencias se institucionalizaron, favoreciendo el desarrollo de habilidades
domesticas en las mujeres y capacidades sociales y guerreras en los hombres.
Como resultado, se estableció́ una estructura de poder masculino que derivó en la
subordinación femenina y en la violencia como mecanismo de control.
La diferencia entre hombres y mujeres se ha confundido con desigualdad y
jerarquía, lo que ha dado lugar al patriarcado. Esta idea se aprende desde la
familia y luego se refuerza en la sociedad.
Los hombres también terminan atrapados en este sistema, ya que desde
pequeños les enseñan que deben ser fuertes y dominantes para demostrar que
son "verdaderos hombres". Como históricamente se les ha dado el papel de
enfrentarse a peligros y competir con otros, sienten que, si no lo hacen, su
masculinidad está en duda. Por eso, algunos buscan reafirmarse mediante
actitudes agresivas o violentas, tratando de demostrar su hombría a toda costa.
Mientras más inseguridad tengan sobre su masculinidad, más exageran estos
comportamientos, impulsados por el orgullo y las normas sociales.
Definición
La violencia de género se define como cualquier acto de agresión física,
psicológica o sexual ejercido contra una mujer por el hecho de serlo. Otras como
la violencia económica, patrimonial y simbólica.
1. Violencia Física:
o Se enfoca en el cuerpo de la víctima, generando dolor, daño o el
riesgo de hacerlo.
o Ejemplos incluyen golpes, quemaduras, asfixia, forcejeo, patadas y
homicidio.
o Las lesiones pueden manifestarse en hematomas, quemaduras,
heridas o fracturas.
o Un signo común es la presencia de marcas dejadas por las uñas del
agresor, especialmente en el cuello.
o Consecuencias: trastornos crónicos como dolores musculares, de
cabeza, problemas estomacales, dificultades respiratorias,
discapacidad permanente y obesidad severa.
2. Violencia Psicológica:
o Provoca daño emocional, reduce la autoestima y afecta el desarrollo
personal de la víctima.
o Se manifiesta a través de amenazas, acoso, humillación,
manipulación y aislamiento social.
o Las víctimas pueden desarrollar creencias distorsionadas, aceptando
y justificando la violencia como algo normal.
o Consecuencias: trastornos depresivos, baja autoestima, ansiedad,
aislamiento social, sentimientos de subordinación, trastornos
alimentarios, del sueño, adicciones y el síndrome de la mujer
maltratada.
3. Violencia Sexual:
o Cualquier acción que viole el derecho de la mujer a decidir sobre su
vida sexual y reproductiva.
o Incluye violación, prostitución forzada, acoso, abuso sexual y trata de
mujeres.
o Puede causar daños a la salud reproductiva, embarazos no
deseados, infecciones de transmisión sexual y dificultades para
acceder a atención médica.
o La presencia o ausencia de consentimiento es esencial para
determinar la responsabilidad penal del agresor.
o En casos de violencia sexual durante el embarazo, pueden ocurrir
sangrados vaginales, abortos espontáneos y muerte neonatal.
o Evidencias forenses pueden incluir lesiones en la boca y genitales, la
ruptura del esfínter anal y rastros de ADN bajo las uñas de la víctima.
Perfil del agresor
Aunque no existe un único perfil del agresor, se identifican ciertos
comportamientos comunes:
Control excesivo sobre la víctima y celos irracionales.
Baja autoestima y una visión negativa de sí mismo.
Actitudes autoritarias y agresivas.
Manipulación mediante chantaje emocional y mentiras patológicas.
Factores sociales y psicológicos
La violencia de género afecta a personas de todas las edades y clases
sociales.
Se aprende a lo largo de la vida y puede transmitirse de generación en
generación.
El consumo de alcohol y drogas puede agravar la violencia.
Los niños que presencian violencia en su infancia pueden repetir estos
comportamientos cuando sean adultos.
Perfil de la víctima
Las víctimas de violencia de género varían en edad, ingresos y nacionalidad, y no
siempre mantienen una relación o convivencia con el agresor. Muchas justifican la
violencia debido a distorsiones cognitivas que minimizan el problema y favorecen
la continuidad de la relación. Algunas víctimas desarrollan sentimientos de culpa,
son manipuladas por el agresor y se autoengañan sobre la gravedad de la
situación. A menudo sobrevaloran los aspectos positivos del maltratador, lo que
refuerza la esperanza de un cambio. Es común que hayan sufrido maltratos en la
infancia, lo que provoca baja autoestima y alta tolerancia a la violencia,
perpetuando el ciclo de abuso. Además, la exposición a modelos familiares
violentos interioriza roles de género desiguales, lo que lleva a algunas a adoptar
una actitud sumisa.
Factores de continuidad
Los factores que perpetúan la violencia de género en una relación se agrupan en
categorías socioculturales, jurídicas, económicas y psicológicas.
Factores Socioculturales:
La socialización promueve roles y estereotipos de género que refuerzan
compromisos matrimoniales y la desaprobación social de la separación.
Instituciones como la familia, la escuela y los medios de comunicación
refuerzan estas creencias, influyendo en la autopercepción de hombres y
mujeres. En el sistema educativo, los estereotipos de género persisten en el
lenguaje, las actividades y los espacios diferenciados. Los medios de
comunicación, disponibles en todo momento y lugar, refuerzan estos roles
tradicionales, especialmente en la publicidad.
Factores Jurídicos:
La lentitud del sistema judicial y la complejidad de los procesos desmotivan
a las víctimas a denunciar. Muchas desconocen sus derechos o temen por
el bienestar de sus hijos o la eficacia de la justicia. La falta de formación
con perspectiva de género entre los juristas agrava la situación. Además,
existen barreras para obtener órdenes de protección y escasez de recursos
en la administración y cuerpos policiales, lo que aumenta la inseguridad en
las víctimas.
Factores Económicos:
La dependencia económica del agresor limita la capacidad de la víctima
para abandonar la relación. Si la mujer no tiene independencia financiera ni
redes de apoyo, se ve obligada a permanecer en la situación de violencia.
En casos con hijos, la decisión de quedarse también se basa en asegurar
su bienestar económico. Algunas políticas proponen ayudas económicas
para facilitar la independencia de las víctimas.
Factores Psicológicos:
No siempre existen trastornos mentales, sino patrones de pensamiento
disfuncionales y manipulación por parte del agresor. Algunas víctimas
experimentan una despersonalización extrema, conocida como
"personalidad bonsái", en la que su comportamiento está completamente
orientado a la obediencia. La alternancia entre momentos de tensión y
calma refuerza la esperanza de cambio y dificulta la decisión de dejar al
agresor. Durante los momentos de calma, la víctima se aferra a los
aspectos positivos del agresor, lo que perpetúa la relación.
Teoría del ciclo de la violencia de género
Esta teoría, respaldada por investigaciones empíricas y aplicable a la realidad, fue
desarrollada por Leonore Walker. Su fundamento radica en la tensión, y se
estructura en tres fases bien definidas:
Fase 1: Acumulación de tensión
En esta fase, la tensión aumenta progresivamente en la relación. Al
principio no hay signos claros de violencia, pero con el tiempo se presentan
episodios que incrementan la tensión. Es una fase difícil de detectar, ya que
la violencia es sutil, con el agresor alternando comportamientos negativos y
positivos. La intervención temprana puede prevenir la escalada de la
violencia.
Fase 2: Episodio de violencia
En esta fase, la violencia se manifiesta de forma más clara, ya sea física,
psicológica o sexual. La agresión aumenta y afecta la integridad física y
emocional de la víctima. Insultos, amenazas y golpes se hacen comunes, y
en casos extremos, la violencia puede llevar al homicidio. Muchas víctimas
denuncian el abuso en esta etapa.
Fase 3: Arrepentimiento y reconciliación
Después del episodio de violencia, el agresor muestra arrepentimiento y
promete cambiar. Se establece un periodo de calma donde la víctima puede
retirar la denuncia o justificar la conducta del agresor. Sin embargo, el ciclo
se repite, iniciando nuevamente con la acumulación de tensión.
El caso particular de los menores
Los menores pueden verse afectados de manera directa o indirecta por la
violencia de género. Si presencian la violencia sobre su madre, se consideran
víctimas indirectas, y si son víctimas de agresiones físicas o psicológicas, son
víctimas directas. Los niños que sufren violencia directa pueden enfrentar
problemas físicos, emocionales y conductuales. Los que son testigos de la
violencia también sufren consecuencias psicológicas, como problemas de apego,
y pueden reproducir patrones de violencia en el futuro. La violencia de género
tiene un impacto intergeneracional, perpetuando desigualdades y roles de género
tradicionales. Por ello, es esencial considerar a los menores en las intervenciones
y medidas de protección.
El género no es lo mismo que el sexo. Mientras que el sexo se refiere a las
diferencias biológicas entre hombres y mujeres, el género es algo que la sociedad
ha ido construyendo con el tiempo, estableciendo qué se considera "masculino" o
"femenino". Esto ha cambiado mucho en los últimos años. Antes era raro ver a una
mujer boxeadora o pilotando un avión de combate, pero ahora es algo común. Lo
mismo ha pasado con los hombres en profesiones como el diseño de ropa, la
cosmética o la cocina, que antes se consideraban solo para mujeres.
La violencia de género ocurre porque algunas personas creen que los hombres
deben tener el control sobre las mujeres. No es un tipo de violencia cualquiera,
sino una que existe solo porque la víctima es mujer. Esto viene de una cultura
machista, donde se ha enseñado que los hombres son superiores y que maltratar
a una mujer es algo "normal". Este tipo de violencia no solo hace que la mujer se
sienta inferior, sino que también refuerza la idea de que la agresión es una forma
aceptable de mantener el poder sobre ellas.