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[MC] 294029
274 C. 9
.
DOMI MINA
NUS TIO
ILLU MEA
s t i t u t i o n
Taylor In .
Vet. Span-IIⅢ.A.62
PABLO
Y
VIRGINIA ,
POR JACOBO BERNARDINO ENRIQUE
DE SAINT- PIERRE ;
:
TRADUCIDO AL CASTELLANO
Por Don Josef Miguel ALÉA.
Miseris succurrere disco.
ENEID . lib. I.
CUARTA EDICION .
MADRID ,
IMPRENTA DE DON BENITO CANO .
1840.
274.0
1.3
4
Prólogo del Autor.
Me he propuesto grandes designios en
esta obrita , en la cual he procurado pintar
un suelo y producciones diferentes de las
de nuestra Europa. Harto tiempo han es-
tado en posesion nuestros poetas de poner
á reposar sus amantes á las orillas de los
arroyuelos , en las praderias , y á la sombra
de las hayas . Yo he querido sentarlos en
las riberas del mar , al pié de los peñascos ,
á la sombra de los cocoteros , de los plátanos
y limoneros en flor. No faltan á la otra
parte del mundo sino Teócritos y Virgilios ,
para que tengamos descripciones tan inte
II
resantes , á lo menos , como las de nuestro
pais . Sé que algunos viageros de gusto nos
han hecho pinturas encantadoras de muchas
islas del mar del Sur ; pero las costumbres
de los habitantes , y aun mas las de los Eu-
ropeos que aportan á ellas , afean y desfi-
guran por lo regular estos cuadros . Yo he
deseado reunir á la belleza de la naturaleza
entre los trópicos la belleza moral de una
sociedad poco numerosa , proponiendome al
mismo tiempo demostrar grandes verdades,
entre otras : « que nuestra felicidad consiste
« en vivir segun las leyes de la naturaleza
« y de la virtud, dirigidas por las infa-
« libles verdades del Evangelio . »
Para pintar familias felices , no he ne-
cesitado inventar una novela . Puedo ase-
gurar que las de que voy á hablar han exis-
tido realmente; que su historia es verdadera
en sus principales acontecimientos , certifi-
cados en mi presencia por muchos colonos
á quienes he conocido en la Isla de Francia .
No he hecho mas que añadir algunas cir
HI
cunstancias indiferentes , que siendome
por otra parte personales tienen , hasta en
esto , cierta especie de realidad. Cuando
formé , algunos años ha , un diseño muy
imperfecto de esta especie de pastoral ,
procuré leersela á una dama que frecuen-
taba lo que se llama el gran mundo , y á
personas graves que vivian muy apartadas
de él , á fin de prever el efecto que produ-
ciria su lectura en gentes de caractères tan
diversos ; y tuve la satisfaccion de verlos á
todos derramar lágrimas. Este fué el único
juicio que pude formar de la obra , y esto
era cabalmente lo que yo deseaba ver com-
probado.
Mas como , por lo comun , la presuncion
es un vicio compañero de la cortedad del
talento , cai en la vanidad , con tan buen
suceso , de intitular mi obra : Pintura de
la Naturaleza. Pero habiendo reflexionado
despues, por dicha mia, cuan distante estoy
de conocer el clima en que naci ; cuan rica,
variada , amable , magnifica y misteriosa
IV
se presenta la naturaleza en aquellos paises
donde no he visto sus producciones , sino
de paso ; y por último , cuan ageno me hallo
de poseer aquella sagacidad , espresion y
gusto que se requieren para conocerla y re-
tratarla , volvi en mi , y agregué este débil
ensayo á mis Estudios de la Naturaleza ,
que el público ha acogido con tanta benigni-
dad , à fin de que recordandole este titulo
mi incapacidad, merezca , como hasta aqui ,
la continuacion de su indulgencia,
PABLO
Y
VIRGINIA .
En la ladera oriental del monte que se
eleva á espaldas de Puerto-Luis , en la
Isla de Francia , se ven , en un terreno
antigüamente cultivado , las ruinas de dos
pequeñas chozas , situadas casi en el cen-
tro de una ensenada rodeada de escarpa-
das rocas, y con sola una entrada al norte.
A la parte izquierda de este sitio , se des-
cubre la montaña llamada el morro de
la Descubierta , que es la atalaya desde
donde se señalan las naos que aportan á
(2 )
la isla , y al pié de ella , la ciudad nom-
brada Puerto-Luis ; sobre la derecha , el
camino que va de Puerto-Luis al arra-
bal de las Pamplemusas ; en seguida la
iglesia de este nombre , que se eleva , con
sus avenidas de bambúes ó cañas , en me-
dio de una espaciosa llanura ; y mas allá
un bosque que se estiende hasta las es-
tremidades de la isla. En frente se distin-
gue la bahia del Sepulcro en la playa del
mar , un poco mas sobre la derecha , el
cabo Desgraciado ; y despues del cabo , el
anchuroso océano , donde aparecen , á flor
de agua , varios islotes inhabitados , entre
otros el llamado Mira , que parece un ba-
luarte en medio de las olas .
A la entrada de esta especie de ense-
nada , desde donde se descubre tanta va-
riedad de objetos , los ecos del monte re-
piten sin cesar el zumbido de los vientos
que agitan los bosques inmediatos , y el
susurro de las olas que se estrellan á lo
lėjos en los arenales y peñascos. Mas al
(3)
piéde las chozas nosesiente ningun ruido,
ni se descubren en todo su contorno mas
que enormes riscos , escarpados á manera
de murallas , á raiz de los cuales , en sus
grietas y hasta en sus cimas , crecen gru-
pos de árboles dondese detienen las nubes.
Las lluvias atraidas por sus picos retratan
muy á menudo en las verdipardas lomas
del monte los colores del iris , y proveen
de agua las fuentes de que se forma en la
falda el pequeño rio nombrado de los La-
taneros .
En su circunferencia reina un pro-
fundo silencio , y todo es apacible , el aire ,
la luz y las aguas. El eco apénas repite alli
el murmullo de las palmeras que crecen
en la eminencia , cuyas largas hojas , re-
matando en forma de flecha , se ven con-
tinuamente agitadas por los vientos. Una
apacible claridad ilumina el fondo de este
recinto , adonde no penetra el sol hasta el
mediodia ; pero desde que apunta la au-
rora , bañan sus rayos toda la cumbre ,
( 4)
cuyos elevados picos , sobrepujando á las
sombras del monte parecen de oro y púr-
pura sobre el azul de los cielos .
Gustaba yo de frecuentar este sitio
donde se goza á un tiempo la vista de un
inmenso horizonte, y la soledad mas pro-
funda. Estando pues sentado un dia al pié
de estas chozas , examinando sus ruinas ,
pasó no lėjos de mi un hombre de avan-
zada edad , descalzo , con calzon largo y
chaqueta , segun la costumbre de los an-
tiguos habitantes del pais , y un cayado
de ébano en la mano , en que se apoyaba.
Eran sus cabellos blancos como la nieve ,
y su fisonomia magestuosa y noble. Salu-
déle con respeto , y él me correspondió
con el mismo ; y habiendose parado á mi-
rarme con atencion un breve rato , se di-
rigió adonde yo estaba , y se sentó á mi
lado. Animado yo con esta demostracion
de confianza , le dirigi la palabra en estos
términos :
« ¿ No me diréis , buen amigo , á quien
(5 )
« han pertenecido estas chozas » ? Y él me
respondió : « Estos escombros , señor , y
<<< este terreno inculto , fuéron habitados ,
<<ahora veinte años , por dos familias que
<< habian encontrado aqui la felicidad. Su
<<<historia es de las mas tiernas ; pero en
<<esta isla , que está al tránsito para las
<<< Indias orientales , ¿ qué europeo puede
<<< interesarse en la suerte de algunos par-
<< ticulares oscuros ?¿ quien querria vivir
<< aqui feliz , pero ignoradoy pobre ? Los
<<< hombres solo desean saber las historias
<< de los grandes y poderosos de la tierra ,
<< que acaso no son de tanto provecho.>>>
« Ya conozco , amigo , le contesté , en
<< vuestro semblante y modo de espresar-
<< os , que poseeis gran caudal de razon y
<< de esperiencia ; y asi , si no estais de
« prisa , os ruego me digais todo lo que
<<sabeis acerca de los antiguos moradores
<< de esta serrania : y creed que el hom-
<< bre , aun el mas depravado con las preo-
<< cupaciones del mundo , se complace en
(6)
« oir hablar de la felicidad que propor-
<<cionan la naturaleza y la virtud , diri-
<<gidas por la religion.>>>
Entonces el anciano , despues de haber
tenido aplicada breve rato la mano á la
frente , como en ademan de quien procura
traer á la memoria diversas circunstancias
de algun hecho , me refirió lo siguiente.
En el año de 1726 , un jóven natural
de Normandia , llamado M. de La Tour ,
despues de haber solicitado, aunque inú-
tilmente , entrar en el servicio del rey de
Francia , y los auxilios necesarios de su
familia para este fin, determinó pasar á
esta isla, con el objeto de mejorar su
suerte. Traia en su compañia á una her-
mosa jóven , á quien amaba con ternura ,
y era igualmente correspondido de ella ,
con la cual se habia casado en secreto y
sin ninguna dote; porque siendo ella de
una rica y antigua casa y familia de su
provincia , se habian opuesto al casa-
miento los parientes , con el pretesto de
( 7)
que M. de La Tour no era de noble li-
nage y caballero. Dejóla en Puerto-Luis
á pocos dias de su llegada , y se embarcó
para Madagascar , con la esperanza de
comprar en aquella isla algunos negros ,
y volverse prontamente á hacer aqui un
establecimiento. En efecto , desembarcó
en Madagascar á mediados de Octubre ,
que es alli la estacion mas peligrosa ; y á
pocos dias de haber desembarcado , murió
de las fiebres pútridas que reinan en aque-
lla isla casi los seis meses del año , y que
impedirán siempre å las naciones europeas
formar en ella establecimientos fijos .
Todos sus efectos fuéron disipados des-
pues de su fallecimiento , como ordinaria-
mente sucede á los que mueren léjos de su
patria. Su muger se halló sola en Puerto-
Luis , viuda , en cinta, y sin mas bienes
propios que una negra , en unpais estraño ,
sin crédito ni recomendacion alguna. De-
cidida en tan triste situacion á no mendi-
gar favores de ningun hombre , despues
(8)
de la muerte del único a quien tierna-
mente habia amado , é inspirandole valor
su misma desgracia , determinó cultivar
con su esclava una cortaporcion deterreno ,
á fin de adquirirse su subsistencia con el
sudor de su frente .
En una isla casi desierta, cuyo suelo
estaba á discrecion del primero que lle-
gaba , no quiso esta pobre viuda elegir los
parages mas feraces , ni los mas propor-
cionados para el comercio ; sino que bus-
cando alguna quebrada de monte , algun
asilo encubierto donde poder vivir desco-
nocida y sola , se encaminó á estas breñas ,
para guarecerse en ellas como en un nido.
Es como una especie de instinto , co-
mun á todos los seres sensibles y afligidos ,
el refugiarse á los sitios mas ásperos y de-
siertos : como si los peñascos fuesen ba-
luartes contra el infortunio , ó como si la
tranquilidad de la naturaleza pudiese cal-
mar la inquietud y zozobras del ánimo
conturbado. Pero la Providencia , que
(9)
viene en nuestro auxilio , cuando solo bus-
camos los bienes necesarios , tenia reser-
vado uno á madama de La Tour , que no
dan ni pueden dar el poder y las riquezas.
¿ Y cual era este bien ? una amiga.
Un año habia que habitaba en este
mismo sitio una buena muger , activa y
sensible , llamada Margarita. Era natural
de la Bretaña , hija de unos pobres labra-
dores que la amaban como á las niñas de
sus ojos , y la hubieran hecho feliz , si
ella incauta no hubiera tenido la flaqueza
de dar crédito á las insinuaciones amoro-
sas de un caballero de su vecindad , ase-
guradas con la promesa de futuro ma-
trimonio. Mas este inhumano , habiendo
saciado su libidinosa pasion , la abandonó
con crueldad , y aun se negó á asegurarle
una subsistencia para el fruto que ya lle-
vaba en sus entrañas. Ella entonces , per-
suadida de su desgracia, se resolvió á dejar
para siempre el lugar de su nacimiento ,
yvenir á ocultar su fragilidad a las colo
( 10 )
nias , lėjos de su patria , donde habia per-
dido la única dote de una doncella hon-
rada y pobre , la reputacion. Un negro ,
ya de edad , que Margarita habia adqui-
rido con algun dinero prestado , cultivaba
con ella una rinconada de este terreno , y
vivian felices .
Madama de La Tour , seguida de su ne-
gra , halló en este sitio á Margarita , que
estaba dando de mamar á su hijo; y ale-
grandose estraordinariamente de encon-
trar á una muger en situacion tan parecida
á la suya , le significó en pocas palabras
su estado antiguo y sus necesidades ac-
tuales. Inmediatamente que oyó Marga-
rita la relacion de madama de La Tour ,
quedó penetrada de compasion hácia ella ;
yqueriendo merecersu confianza mas bien
que su estimacion, le confesó , sin disimu-
larle nada , la imprudencia que habia co-
metido, añadiendo : ¡ Yo si que he merecido
la suerte que me cabe; pero vos , señora....
sin culpa y desgraciada! Ydespues de esto
(11)
le ofreció con lágrimassu chozay amistad.
Madama de La Tour, penetrada de gra-
titud al ver tan tierna ygenerosa acogida ,
le dijo estrechandola entre sus brazos : ¡ Ay
<<buena amiga! sin duda quiere el cielo
<< poner término á mis crueles penas , pues
« os inspira mucha mas compasion hácia
<< mi, siendo como soy para vos una persona
<<estraña , que la que he hallado hasta
<<<ahora en mis deudos mas cercanos . »
Yo conocia á Margarita , y la visitaba
como amiga; pues aunque vivo legua y
media de aqui , en el bosque que está de
la otra parte de la Montaña-larga , me
consideraba como vecino suyo. En las ciu-
dades de Europa , una calle , un simple
muro impiden á los miembros de una
misma familia juntarse y comunicarse
años enteros ; pero en las nuevas colonias
se miran como vecinos aquellos que solo
viven separados por alguna montaña ó
bosque. En aquel tiempo con particulari-
dad , enque esta isla apénas teniacomercio
( 12 )
con las Indias , la simple vecindad era un
titulo para la amistad , y la hospitalidad
con los estrangeros una obligacion y un
placer.
Cuando supe que mi vecina tenia com-
pañera , vine á visitarla para ofrecerle
mis servicios y ser de alguna utilidad á
entrámbas . Hallé en madama de La Tour
una muger de una fisonomia atractiva ,
llena de dignidad y melancolia , y en dias
de parir. Yo les dije que convenia , por
el interes de sus hijos , y particularmente
por evitar que otro colono se apoderara
del terreno , partiesen entre si el fondo
de este valle , cuya estension es de cerca
de veinte yugadas.
Ellas se pusiéron en mis manos para
esta division , y yo formé dos porciones
casi iguales. La una contenia la parte su-
perior de este recinto , desde la estremi-
dad de esos peñascos cubiertos de nubes ,
donde tiene su nacimiento el rio de los
Lataneros , hasta aquella abertura escar
( 13 )
pada que veis en lo alto del monte , lla-
mada la Cureña , porque efectivamente se
semeja á una cureña de cañon. El fondo
de este suelo es un puro pedregal , por el
cual apenas se puede caminar ; pero no
obstante produce frondosos árboles , y está
manando en fuentes y arroyuelos .
En la otra porcion entraba toda la parte
inferior , que se estiende á lo largo de las
márgenes del rio de los Lataneros hasta
esta garganta donde nosotros estamos ,
desde la cual comienza á correr el rio
entre dos colinas hasta el mar . Ya alcan-
zais á ver desde aqui aquellos listones ó
fajas de prados , y un terreno bastante
igual y llano ; pero ni por eso es mejor
que el otro , porque en lloviendo se vuelve
pantanoso , y en tiempo de sequedad duro
como un guijarro.
Verificadas estas divisiones , persuadi á
las dos echaran suertes sobresu propiedad.
Cupo en suerte la parte superior á ma-
dama de La Tour , y la inferior á Marga
(14)
rita , quedando una y otra contentas con
su parte; pero me pidieron que no me
alejara de estas inmediaciones , con el fin
de que pudiéramos vernos a menudo ,
ayudarnos y valernos mútuamente en
nuestras cuitas .
Pero todavia se necesitaba una habita-
cion particular para cada una. La de Mar-
garita estaba situada en medio del llano ,
precisamente en los confines de su ter-
reno. Determiné, pues , construir otra
igual , alli inmediato , en los lindes del de
madama de La Tour , para su habitacion ;
por manera que estas dos amigas vivian
vecinas una de otra , y en la propiedad
respectiva de sus familias. Yo mismo corté
las maderas en el monte , y conduje de la
ribera del mar las hojas de los lataneros,
para levantar esas dos chozas que teneis á
la vista sin puertas ni tejado. ¡ Ay de mi
triste ! ¡ demasiados vestigios existen to-
davia para tormento de mi memoria ! El
tiempo que con tanta rapidez reduce å
( 15 )
polvo los monumentos de los imperios ,
parece que respeta en este lugar solitario
los de la amistad , para perpetuar mi dolor
hasta el fin de mis dias .
Apėnas habia yo concluido la segunda
choza , cuando madama de La Tour dió á
luz una niña , y como yo habia sido pa-
drino del hijo de Margarita , que se lla-
maba Pablo , me rogó madama de La Tour
lo fuese tambien de su hija , juntamente
con su amiga. Esta puso por nombre á la
recien nacida , Virginia , y dijo : « Ella
<< será virtuosa y feliz ; yo no conoci la
<<desgracia hasta que me estravié del ca-
<<mino de la virtud. >>>
Luego que madama de La Tour hubo
convalecido de su parto , empezáron á
tomar incremento estas dos pequeñas po-
sesiones , con el auxilio que yo de tiempo
entiempoles presentaba , y principalmente
con el trabajo continuo de sus esclavos. El
de Margarita , llamado Domingo , era un
negro todavia robusto , bien que ya de
( 16 )
dias , lleno de esperiencia , y dotado de un
entendimiento bastante despejado. Culti-
vaba indiferentemente los dos terrenos ,
segun le parecian mas ó ménos feraces
sembrando en ellos las simientes para que
eran mas proporcionados. En las tierras
medianas sembraba mijo y maiz, algo de
trigo en las buenas , arroz en las panta-
nosas ; ý á raiz de las peñas , pepinos ,
calabazas y cohombros , que tienen la pro-
piedad de trepar , serpeando hasta lo mas
encumbrado de ellas . En los terrenos secos
plantaba batatas , dondesedan dulces como
la miel ; el árbol del algodon en las emi-
nencias ; cañas de azúcar en las tierras re-
cias; el café en las colinas , cuyo grano
sale muy menudo , pero de escelente ca-
lidad ; en las márgenes del rio , y al re-
dedor de la habitacion, bananas que dan
varias veces al año abundante fruta y de-
liciosa sombra ; y finalmente , algunos piés
de la planta del tabaco , para divertir con
la pipa sus propios cuidados y los de sus
( 17)
buenas amas . Iba al monte à cortar leña
para la lumbre , componia y allanaba los
caminos fragosos con las piedras que ar-
rancaba de esta y de la otra parte ; y eje-
cutaba todas estas obras con inteligencia
y actividad , porque las hacia con zelo.
Queria mucho á Margarita , y no ménos
á madama de La Tour , con cuya negra
se casó cuando nació Virginia. Amaba
apasionadamente à su muger , que se lla-
mabaMaria, y era nativa de Madagascar ,
de donde trajo alguna industria, como la
de hacer canastillos de junco y telas de
yerbas silvestres. Era Maria hacendosa ,
limpia, sumamente fiel, mañosa para hacer
de comer , criar gallinas , é ir á vender de
tiempo en tiempo áPuerto-Luis el sobrante
de las dos familias , que ya veis cuan poco
seria. Si á esto agregais dos cabras criadas
para dar leche á los hijos, y un mastin que
guardaba de noche las posesiones , tendréis
una ideacabal de toda la riquezay menage
de estas dos pequeñas caserias.
( 18 )
Ocupabanse las dos amigas en hilar al-
godon desde por la mañana hasta la no-
che, de cuyo trabajo sacaban lo mas pre-
ciso para sustentarse å si y sus familias :
pero por otra parte carecian de las demas
comodidades de la vida, siendo tal su po-
breza, que solo se ponian zapatos los dias
festivos para ir á oir misa muy de madru-
gada á la iglesia de las Pamplemusas , que
veis allá abajo . Verdad es que hay mucha
mas distancia desde aqui á la citada iglesia
que à Puerto-Luis ; pero ellas iban muy
rara vez á este último pueblo , por evitar
el desprecio de las gentes , viendolas ves-
tidas de tosco coton azul de Bengala , que
es la tela ordinaria de que aqui se visten
los esclavos .
Pero, en buenos términos , ¿la opinion
y estimacion de las gentes pueden equi-
valer jamas á la felicidad doméstica ? Si
estas buenas mugeres pasaban un pocode
mortificacion fuera de su casa , encontra-
ban en ella á la vuelta tanta mas satisfac
( 19 )
ciony consuelo. Apénas las alcanzaban á
ver Domingo y Maria desde esta altura
por el camino de las Pamplemusas , baja-
ban al punto muy alegres hasta la falda ,
para ayudarles á subir ; y leyendo ellas en
los ojos de sus esclavos el gozo que tenian
en verlas volver , hallaban en sus casas el
aseo , la franqueza , y los bienes que úni-
camente debian ásus propias fatigas , y á
las de unos criados como los suyos pene-
trados de verdadero zelo y cariño. Ellas
mismas , unidas por las mismas necesi-
dades é infortunios , dandose mútuamente
los dulces nombres de amiga , hermana y
compañera , no tenian mas que una vo-
luntad , un interes y una mesa , siendo
todo comun entre las dos. Una religion
pura, acompañada de costumbres castas é
irreprehensibles , dirigia su espiritu hácia
la vida futura, como la llama que vuela
hácia el cielo , cuando le falta pábulo sobre
la tierra..
El desempeño de las obligaciones de la
2
( 20 )
naturaleza aumentaba la felicidad de su
sociedad ; y su amistad mutua se redoblaba
á la vista de sus hijos , fruto de unos amores
igualmente malogrados. Se complacian
en lavarlos en un mismo baño , en acos-
tarlos en una mismacuna , y en cambiarles
á veces de pecho ; y en semejantes oca-
siones solia decir madama de La Tour á
Margarita : « Amiga , cada una de nos-
<<otras tendrá dos hijos , y cada uno de
« nuestros hijos dos madres. » Ambas re-
clinadas sobre las cunas de sus hijos ha-
blaban ya de su casamiento ; y esta pers-
pectiva de felicidad conyugal , con que
ellas engañaban sus propias penas , rema-
taba comunmente por hacerlas llorar ;
acordandose la una de que sus males le
habian sobrevenido por haber mirado con
descuido el himeneo , y la otra por ha-
berse sometido á sus leyes ; aquella por
haber querido elevarse sobre su estado , y
esta , por haber bajado de él. Pero en
medio de estas consideraciones , se conso
( 21 )
laban con la dulce idea de que sus hijos ,
mas felices que ellas , gozarian algun dia
de los puros y sabrosos placeres del amor
conyugal y la venturosa paz que resulta
de la igualdad en los matrimonios .
En efecto , nada era comparable al amor
que los dos niños empezaban á tenerse. Si
Pablo se quejaba , le presentaban á Vir-
ginia; y al punto que la veia , se sonreia
y callaba. Si Virginia se hallaba en algun.
apuro , inmediatamente se advertia por
los gritos de Pablo ; pero esta amable niña
disimulaba al instante cualquiera desazon ,
por que él no participara de ella. Nunca
llegaba yo á estas chozas , que no los en-
contrase abrazados en medio del campo ,
sosteniendose uno á otro por debajo de los
brazos , cuando apénas podian tenerse de
pié, bien asi como suele representarse en el
cielo la constelacion de Géminis . ¡ Cuantas
veces me he deleitado en verlos tendidos
en el suelo , profundamente dormidos y
soñando , hasta tener que despertarlos para
( 22 )
libertarlos de la pesadilla de los sueños que
regularmente perturban la imaginacion
de los muchachos !
Luego que empezáron á hablar , los pri-
meros nombres que aprendiéron á darse
fuéron los de hermano y hermana , que
son los mas dulces que conoce la infancia.
Su educacion no hizo mas que redoblar su
amistad , dirigiendola hácia sus necesi-
dades reciprocas. Virginia se halló muy
temprano en estado de gobernar la casa ,
cuidar de su aseo , y disponer una comida
campestre , siendo elogiada siempre por su
hermano en todo lo que hacia. Pablo , todo
el dia en continuo movimiento , cavaba
en el jardin con Domingo , ó le seguia al
monte con una hachuela en la mano; y
si por el camino avistaba unahermosaflor,
alguna fruta rara , ó un nido de pajaritos ,
aun cuando estuviera en la cima de un
árbol , trepaba á él para cogerle y llevar-
sele á su hermana .
Cuando se le encontraba á el uno en
( 23 )
algun parage , era seguro que el otro no
estaba léjos. Un dia que yo bajaba de la
cumbre de ese monte , divisé á Virginia al
estremode la huerta , que corriahacia casa
con el zagalejo por encima de la cabeza ,
para defenderse del agua de una nube
pasagera. De lėjos la crei sola; pero ha-
biendome acercado para conducirla de la
mano y ayudarla á caminar , vi que lle-
vaba del brazo á Pablo , casi todo tapado
con el zagalejo , y muy ufanos los dos de
verse á cubierto del aguacero , debajo de
aquel paraguas de su invencion. Los dos
graciosos niños , cobijados con el ahuecado
zagalejo , me hicieron acordar entonces de
los hijos de Leda , encerradosen una misma
concha.
Todo su estudio le ponian en compla-
cerse uno á otro , y ayudarse mútuamente.
No sabian leer ni escribir; eranignorantes
como los criollos, y no vivian inquietos
por averiguar lo que habia pasado en
tiempos remotos ó léjos de ellos , ni se
( 24 )
estendian su curiosidad mas allá de este
monte. Creian que el mundo no pasaba de
las estremidades de su isla , y no se figu-
raban quehubiese cosa buena ni apetecible
donde ellos no estaban . Su afecto mutuo
y el de sus madres ocupaban toda la acti-
vidad de sus almas. Ignoraban lo que era
robo , porque todo era comun entre ellos :
no conocian la mentira, porque no tenian
verdades que disimular ; ni ménos la gula
y la intemperancia , porque tenian á su
discrecion manjares simples é inocentes.
Sus religiosas madres les habian enseñado á
temer yamar áDios , inspirandoles una su-
blime idea de sus atributos;yveneraban á la
divinidad en la iglesia , en su casa , en los
camposy en los bosques , levantando átodas
horas al cielo sus manos inocentes , yun co-
razon penetrado del amor de sus madres.
Asi se pasó su primera infancia , como
una bella aurora que anuncia un dia mu-
cho mas hermoso y apacible. Ya llegó el
tiempo de aliviar á sus madres en el cui
( 25 )
dado de los negocios domésticos. Inmedia-
tamente que el canto del gallo anunciaba
la venida de la aurora , se levantaba Vir-
ginia, iba por agua á la vecina fuente , y
volvia con ella á casa para disponer el
desayuno. De alli á poco , luego que el sol
doraba con sus rayos de fuego las cimas
de este recinto , se pasaban Margarita y su
hijo á la choza de madama de La Tour ,
donde daban gracias a Dios todos juntos
ántes de ponerse á almorzar. Comun-
mente se desayunaban á la puerta decasa ,
sentados sobre la verde alfombra de fra-
gante yerba , debajo de los frondosos ba-
nanos , que á un mismo tiempo les sumi-
nistraban manjar preparado en su sabrosa
fruta , y delicado mantel en sus anchas y
lustrosas hojas.
Un alimento abundante y saludable
contribuia á que medraran rápidamente
los dos jóvenes ; y una educacion dulce
pintaba en su fisonomia la pureza y con-
tento de sus almas. Virginia no tenia mas
( 26 )
que doce años , y su estatura era ya mas
que mediana. Sus largos y rubios cabellos
le sombreaban la frente , y sus ojos azules
y labios de coral brillaban con apacible
esplendor sobre la blanca y fresca tez de
su semblante. Las niñas de sus ojos se son-
reian de concierto siempre que hablaba ;
mas cuando estaba callada , su oblicuidad
natural hácia el cielo les daba toda la es-
presion de una sensibilidad estremada , y
aun de una ligera melancolia.
En Pablo se descubrian ya todos los
caractéres de un hombre en medio de las
gracias de la adolecencia. Su estatura era
mayor que la de Virginia , el color de su
rostro mas atezado , su nariz mas agui-
leña ; y sus ojos , que eran negros como
el azabache , tendrian algun tanto de al-
tivez, si las largas pestañas, que á manera
de pinceles brillaban en contorno de ellos ,
no les hubieran comunicado la mayor apa-
cibilidad y dulzura. Aunque todo el dia
estaba en continuo movimiento , se sose
(27)
gaba al instante que veia á su hermana ,
é iba á sentarse á su lado. En la mesa
apénas se decian una palabra ; y en su si-
lencio , en la naturalidad de sus posturas ,
como en la hermosura de sus piés descal-
zos , me parecia estar viendo varias veces
uno de aquellos grupos antiguos de már-
mol blanco, que representa algunos de los
hijos de Niobe.
Aunque madama de La Tour observaba
con complacencia el aumento de las gra-
cias y atractivos de su hija , sentia sin em-
bargo cierta inquietud secreta , igual å su
ternura , que le hacia decirme algunas
veces : << ¿ Qué seria de la pobre Virginia ,
si yo faltase ? >>
Tenia en Francia madama de La Tour
una tia , de distinguido nacimiento , rica ,
vieja y solterona , la cual se habia negado
cruelmente á socorrerla cuando se casó en
secreto , y a quien desde entonces habia
jurado no recurrir en su vida, aunque se
viese reducida á la última miseria. Pero
( 28 )
desde que fué madre , ya no temió el son-
rojo de ser desatendida.
Escribióle á su tia la inesperada muerte
de su marido , el nacimiento de su hija ,
y la triste situacion en que se hallaba en
un pais tan distante del suyo , sin amigos
ni parientes , y con la nueva carga de una
niña , pero no tuvo respuesta. A pesar de
este desaire , y de ser madama de La Tour
de un carácter firme y elevado , no temió
humillarse y esponerse a las injurias de
su tia , que nunca le habia perdonado el
haberse casado con un hombre que , aun-
que honrado , era de nacimiento inferior
al suyo ; y asi continuó escribiendole siem-
pre que hallaba ocasion , á fin de escitar
su compasion á favor de Virginia. Pero se
pasáron algunos años sin recibir de ella la
señal de reconciliacion .
Ultimamente en 1738 , á los tres años
de haber llegado á esta isla su gobernador
M. de la Bourdonais , supo madama de La
Tour que este señor tenia para ella una
( 29 )
carta de su tia. Corrió al instante á Puerto-
Luis , sin reparar en aquella ocasion en
presentarse mal vestida , haciendola su-
perior á todos los respetos mundanos la
alegria maternal que la alentaba .
El contenido de la carta de la tia , se re-
ducia á decir á la sobrina : « Que era me-
<< recedora de la suerte que tenia , por
« haberse casado con un aventurero liber-
<< tino ; que las pasiones llevaban en pos
<< de si el castigo ; que la muerte prema-
<<< tura de su marido era uno de los mas
<< justos del cielo ; que habia hecho muy
<< bien en pasar á las islas , ántes que des-
<<<honrar á su familia en Francia ; final-
<< mente que estaba en buena tierra donde
<<< todo el mundo hacia fortuna , ménos los
<<holgazanes. >>>
Despues de haberla vituperado de este
modo , concluia alabandose á si misma , y
diciendo : <<< Que ella , para evitar las con-
<<< secuencias casi siempre funestas del ma-
<< trimonio , no habia querido casarse ,
( 30 )
<<jamas. » Pero la verdad del hecho es
que como tenia una ambicion, desorde-
nada , no habia intentado casarse , sino
con un hombre de muchas circunstancias ;
mas á pesar de sus grandes riquezas , y
de que en la corte todo se mira con indi-
ferencia , ménos el dinero , no hubo quien
quisiera tomar por esposa á una muger
tan fea, y de entrañas tan crueles .
En posdata añadia: « Que sin embargo
<< de todo lo dicho , la habia recomendado
<<< eficazmente á M. de la Bourdonais. » Y
en efecto lo habia hecho así ; pero segun
la costumbre demasiado recibida hoy dia ,
que hace á un protector mas temible que
un enemigo declarado. El caso es , que á
fin de justificarse para con el gobernador
de la crueldad con que habia tratado á su
sobrina , la habia calumniado , aparen-
tando compadecerse de ella.
Madama de La Tour , á quien cualquiera
otro hombre indiferente nohubiera podido
mirar sin interes y respeto , fué recibida
( 31 )
con mucha frialdad de M. de la Bourdo-
nais , prevenido de antemano contra ella ;
y solo contestó á la patética esposicion
que le hizo de su triste situacion y de la de
su hija , con estas enfáticas y duras espre-
siones , pronunciadas interrumpidamente :
« Yo veré .... discurrirémos .... con el
<< tiempo.... son muchos los necesita-
<<dos.... ¿ porqué disgustar á una tia
<< respetable ?.... vos sois laque teneis toda
<<la culpa.>>>
VolvióseMadamade LaTour á su choza ,
con el corazon anegado en sentimiento , y
traspasado de amargura. Inmediatamente
que entró en casa se sentó , arrojó la carta
de su tia sobre la mesa , y esclamó á su
amiga : « ¡ He aqui el fruto de once años
<< de paciencia ! » Pero como ninguno sabia
leer sino ella , volvió á tomar la carta, y
se la leyó á Margarita á presencia de sus
hijos.
Apénas hubo acabado , cuando Marga-
rita le dijo con desenfado : << ¿ Que3necesi
( 32 )
<< dad tenemos nosotras de vuestros pa-
<<<rientes ? ¿ Nos ha abandonado Dios por
<< ventura ? El solo es nuestro padre. ¿No
« hemos vivido felices hasta el dia de hoy ?
<< Pues ¿ porqué os angustiais ? ¡ Vaya ,
<< que no teneis valor ! » Y viendo que llo-
raba madama de La Tour , se arrojó á su
cuello , y estrechandola entre sus brazos ,
esclamó : « ¡ Querida amiga mia! ¡ que-
<< rida amiga ! » Pero sus propios sollozos
no le permitiéron articular otra palabra.
Al ver esto , Virginia , derramando co-
piosas lágrimas , apretaba alternativa-
mente las manos de su madre y de Mar-
garita contra su boca y corazon; y Pablo ,
con los ojos inflamados de cólera , gritaba ,
apretaba los puños , y pateaba , sin saber
á quien atribuir la culpa de lo que pasaba.
Acudiéron á las voces Domingo y Maria ,
y no se oia en toda la casa mas que estos
acentos de dolor : « ¡ Ay , señora ! ......
« ¡ ay , ama de mi vida ! ..... ¡ madre
«mia ! ..... no lloreis. »
( 33 )
Estas demostraciones tan tiernas de
afecto mitigaron la pesadumbre de ma-
dama de La Tour , la cual tomando en sus
brazos á Pablo y Virginia , les dijo con
semblante placentero : << Hijos mios , vos-
<< otros sois la causa de mi afliccion , pero
<< tambien lo sois de mi alegria. ¡ O ama-
<< dos hijos mios ! la desgracia no me ha
<< venido de cerca , sino de léjos ; la feli-
<< cidad la tengo al rededor de mi . >>>
Pablo y Virginia no la comprendié-
ron ; pero asi que la viéron contenta y so-
segada , empezáron á sonreirse y hacerle
caricias . Asi continuáron todos siendo fe-
lices , no habiendo sido aquel accidente
sino como un turbion en un dia sereno y
despejado de primavera.
Cada dia manifestaban mas y mas estos
dos jóvenes la bondad natural de sus co-
razones. Un domingo , al rayar el alba ,
habiendo ido sus madres á la primera misa
á la iglesia de las Pamplemusas , se pre-
sentó una negra marona debajo de los ba
( 34 )
nanos que circundaban la casa , la cual pa-
recia un esqueleto depuro flaca , y no lle-
vaba mas ropa sobre su cuerpo que un pe-
dazo de arpillera al rededor de la cintura.
Se echó la negra á los piés de Virginia , que
estaba disponiendo de almorzar para la
familia , y le dijo :
<< Caritativa señorita mia, compadeceos
<< de una pobre esclava fugitiva , que hace
<< un mes anda errante y casi muerta de
<< hambre por estas sierras , y á veces per-
<< seguida de los cazadores y de sus perros.
<< Vengo huyendo de mi amo , que es un
<< colono rico de las riberas de Rio-negro ,
<<< el cual me ha tratado como veis. » Y al
mismo tiempo le mostró su cuerpo , sur-
cado de arriba abajo de cicatrices y costu-
rones , efecto de los fuertes latigazos que
habia recibido de su amo .
Virginia , toda condolida y penetrada
de lástima , esclamó : « ¡ Animate , pobre-
cita negra ! come , come. » Y le dió el al-
muerzo que tenia dispuesto para los de
( 35 )
casa. La esclava lo devoró todo en breves
instantes ; y viendola Virginia harta y sa-
tisfecha , volvió á esclamar :
« ¡ Pobrecita , pobrecita esclava ! im-
<< pulsos me dan de ir á pedir á tu amo
<< que te perdone , pues en viendote no es
<< posible que deje de moverse á com-
<< pasion . ¿ Quieres guiarme adonde él
<<< tiene su morada ? >>
<< Angel del cielo , replicó la negra ,
<< por lo que á mi toca , estoy muypronta
« á seguiros adonde querais ; pero la
<< posesion de mi amo está distante de
<< aqui . »
« No importa , no importa , >>>respondió
Virginia con una viveza , hijadela ternura
de sus entrañas . Y en esto llamó á Pablo ,
y le rogó que la acompañara .
La esclava los fué conduciendo por sen-
das muy fragosas , atravesando selvas y
escarpados montes que trepáron con mu-
cha dificultad , y vadeando rios profun
( 36 )
dos , hasta que finalmente llegáron , cerca
de mediodia , á la colina que está sobre la
ribera de Rio-negro , desde donde descu-
briéron una casa bien construida , grandes
plantios y una caterva de esclavos ocupa-
dos en todo género de trabajos. Su señor ,
que andaba paseandose por medio de ellos
con una gran pipa en la boca y un látigo
en la mano , era un hombre alto , seco ,
amulatado , de ojos hundidos , y cejijunto.
Virginia , toda inmutada y asida al
brazo de Pablo , se acercó al colono , y
le suplicó que por amor de Dios perdo-
nara á su esclava, que quedaba un poco
mas atras. Al pronto no hizo mucho caso
el colono de los dos muchachos , viendoles
pobremente vestidos ; pero habiendo obser-
vado despues el delicado talle de Virginia ,
y sus hermosos cabellos rubios que le salian
por debajo del pañuelo azul que llevaba
al rededor de la cabeza , y oido el metal
de su dulce voz , que le temblaba , como
todo su cuerpo , al tiempo de pedirle por
(37)
la esclava , se quitó la pipa de la boca , y
levantando el látigo en alto , y prorum-
piendo en una escecrable maldicion , pro-
metió perdonarla , no por el amor de Dios ,
sino por Virginia. Fuera de si la mucha-
cha con esta gracia , hizo seña á la esclava
para que se acercara á su amo ; y en esto
echo á correr aceleradamente, siguiendola
Pablo .
Volviéron á subir el monte por donde
habian bajado , y llegando á la cumbre se
sentáron al pié de un árbol , muertos de
cansancio , de hambre y de sed , despues
de haber andado en ayunas al pié de cinco
leguas. Hallandose de aquella manera fa-
tigados , dijo Pablo á Virginia :
« Hermana mia , ya son mas de las
<< doce , y tú tienes hambre y sed. Aqui
<< es imposible que hallemos de comer ; y
« asi mejor será que volvamos á bajar á
<< la ribera , y pidamos al amo de la es-
<< clava nos dé alguna cosa para desayu-
« narnos . »
( 38 )
<< ¡ Ay ! eso no , Pablo , respondió Vir-
<< ginia : todavia estoy temblando con el
<<< susto que he pasado al hablarle. Acuer-
<< date sino de su figura , y de aquello que
<<< suele decir mamá : El pan del malo llena
<< la boca de arena . »
<< ¿ Pues qué hemos de hacer ? replicó
<< Pablo : estos árboles no producen nin-
<< guna fruta buena , y por aqui ni siquiera
<<< se descubre un tamarindo ó un naranjo
<<para poder refrescar la boca. »
<<< Dios se compadecerá de nosotros , con-
<< testó Virginia , pues oye el piar de los
<<pajarillos que le piden de comer.>>>
Apénas hubo dicho estas palabras ,
cuando sintiéron el ruido de una fuente
que caia de lo alto de un peñasco inme-
diato. Corriéron allá , y despues de haber
apagado la sed en sus aguas mas puras
que el cristal , cogiéron un manojo de ber-
ros de los que crecian en sus bordes , y co-
miéron de ellos .
En esto , como anduviesen de una parte
( 39 )
á otra por ver si encontraban mas subs-
tancioso alimento , descubrió Virginia ,
entre la espesura de los árboles , una pal-
mera nueva. El cogollo ó cebolleta que
arroja este árbol junto á los arranques de
las ramas , es de muy buen comer ; pero
aunque el tronco apénas era mas grueso
que un muslo , tenia mas de sesenta piés de
elevacion. Por otra parte , bien que la
madera de este árbol sea un tejido de fila-
mentos ó hebras delicadas , su núcleo ó
corazon es tan duro , que rechaza y embota
las mejores hachas ; y Pablo ni siquiera
llevaba una mala navaja. Ocurrióle , pues ,
pegarle fuego al pié , pero se halló con la
nueva dificultad de que le faltaba eslabon ;
y por otro lado no creo que en esta isla ,
que es toda ella un puro peñascal , se en-
cuentre un solo pedernal.
La necesidad es madre de la industria ,
y por lo comun las invenciones mas útiles
se han debido á los hombres mas misera-
bles . Resolvió Pablo sacar lumbre al modo
*
(40 )
de los negros ; y á este fin hizo un aguje-
rito con la punta de una piedra en una
rama muy seca , y aguzando despues con
el corte de la misma piedra un palito
igualmente seco , pero de árbol de especie
diferente , sujetó la rama entre las rodillas.
Hecho esto , introdujo el palito en aquel
agujero , y dandole vueltas entre las
manos , como quien bate chocolate , no
tardó en ver salir chispas y humo del
punto de contracto. Juntando entónces
yerbas y ramas secas de árboles , encendió
una hoguera al pié de la palmera, la cual
en breve tiempo dió consigo en tierra con
grande estrépito.
El fuego le sirvió tambien para despo-
jar la cebolleta de las largas hojas leñosas
y picantes en que está envuelta; y ha-
biendo comido él y Virginia parte de la
cebolleta cruda , y parte asada en el res-
coldo , fué para su paladar el manjar mas
sabroso y delicado. Hiciéron aquella co-
mida frugal con la mayor alegria , acor
(41 )
dandose de la buena accion que habian
practicado por la mañana ; pero les tur-
baba su alegria el recuerdo de la pena que
tendrian sus madres por su larga ausencia
de casa , y Virginia hablaba de esto á cada
instante : pero Pablo , sintiendose mas re-
forzado , le aseguró que no tardarian en
sacarlas de aquel cuidado .
Despues de haber comido , se viéron de
nuevo embarazados , pues les faltaba quien
les enseñara el camino para volverse á su
casa. Mas Pablo , a quien nada de este
mundo acobardaba , dijo á Virginia :
<< Nuestra posesion cae al sol de mediodia ;
nosotros debemos atravesar , como esta
mañana , la cumbre de aquella sierra que
ves allá abajo con sus tres picos. Vamos
pues , Virginia , echemos á andar.>>>
Positivamente, lasierra ó montaña que
decia Pablo , era la de los Tres Pechos ,
asi nombrada por los tres picos que sobre-
salen en ella en figura de pechos. Bajáron
por consiguiente al morro ó collado de
(42 )
Rio-negro de la parte del norte , y llegå-
ron , de alli á una hora , á la orilla de un
rio que les cortaba el paso.
Esta gran parte de la isla , cubierta de
salvas y malezas , es aun en el dia tan
poco conocida , que muchos de sus montes
y rios carecen de nombre propio. El que
ellos encontráron corre despeñado entre
rocas ; y el ruido de su corriente asustó de
tal modo á Virginia , que no se atrevió á
vadearlo . Pero Pablo , tomandola en sus
hombros , pasó asi cargado por los resba-
ladizos guijarros del rio , á pesar del im-
petu de sus aguas .
<< No tengas que temer , Virginia ( le
<<< decia) , que no me pesas nada , ántes me
<< siento mas animoso contigo á cuestas.
« Si el colono de Rio-negro te hubiera
<<< negado el perdon de la esclava , las hu-
« biera habido conmigo esta mañana. »
« ¡ Como ! esclamó Virginia : ¿ con
<< aquel hombre tan alton , y de genio tan
« malo ? ¡ Jesus ! ¡ á lo que te espuse !
( 43 )
<< ¡ Válgame Dios ! ¡ cuan dificil es hacer
<<bien, y cuan fácil lo contrario !>>>
Cuando Pablo llegó á la orilla opuesta ,
quiso continuar el camino , cargado con
su hermana , lisonjeandose de que podria
subir asi la montaña de los Tres Pechos ,
que veia en frente , como á media legua
de distancia. Pero faltandole las fuerzas á
poco rato, se vió precisado á bajarla de sus
hombros , y sentarse á descansar á su lado.
Virginia le dijo entonces : <<<Hermano ,
« el dia comienza ya á declinar : tú toda-
<< via tienes fuerzas para caminar , y á mi
<< me faltan. Dejame aqui , y vete tú solo
« á casa para tranquilizar á nuestras
<< madres . »
<< ¡ Irme yo solo ! esclamó Pablo : no ,
<< no me apartaré de ti , hermana. Si nos
<< coge la noche en esta serrania , encen-
<< deré lumbre , derribaré con ellas otra
<< palmera , tú comerás el cogollo , y yo te
<<< haré con las hojas un ajupa para que
<< duermas al abrigo. »
(44 )
Entretanto Virginia , habiendo descan-
sado un poco , cogió algunas hojas de es-
colopendra de una rama de este árbol que
pendia sobre el rio , y se las ajustó á las
piernas , á manera de borceguies , porque
las piedras del camino de tal modo le ha-
bian lastimado los piés , que le corrian
sangre ; pues con la precipitacion y deseo
de ser útil , se le habia olvidado calzarse.
Y sintiendose mas consolada con la fres-
cura de las hojas , arrancó una caña de
bambú , y se puso en camino, apoyada
una mano á la caña , y otra al hombro
de su hermano .
Asi iban caminando paso entre paso
por medio de las selvas , cuando la altura
de los árboles y la espesura de sus hojas
les hicieron perder de vista la montañade
los Tres Pechos , que era el punto de su
direccion , y aun el sol que ibaya á tocar
al término de su carrera. De alli á poco
rato se estraviáron , sin advertirlo , de la
senda trillada que hasta entonces habian
(45 )
seguido , y se encontráron metidos en un
laberinto sin salida de árboles , de breñas
y matorrales. En tan gran conflicto , dijo
Pablo á su hermana que se sentara , y él
empezó á correr de una parte á otra , como
fuera de si , buscando arbitrio como salir
de aquella espesura ; pero se fatigó en
valde. Subióse á lo último de un árbol
muy alto para descubrir á lo mėnos la
montaña de losTres Pechos ; pero no vió al
rededor de si mas que cimas de otros ár-
boles mas elevados , algunos de los cuales
estaban iluminados por los últimos rayos
del sol casi traspuesto .
A este tiempo la sombra de los montes
cubriaya los bosques y arboledas de los
valles ; el aire iba calmando poco a poco,
como suele acontecer al ponerse el sol ;
un profundo silencio reinaba en aquellos
páramos , y solo se oian los bramidos de
los ciervos que iban á buscar sus madri-
gueras nocturnas entre la espesura de
aquellos tan yermos lugares. Pablo , con
( 46 )
la esperanza de que algun cazador pudiese
oirle , gritó entonces con todo su vigor :
<< ¡ Venid , venid al socorro de Virginia !>>>
Pero los ecos del monte fuéron los únicos
que respondiéron á su voz , repitiendo
otras tanfas veces : <<< Virginia , Virginia. »
Bajóse en esto del árbol muy acongo-
jado , y comenzó á buscar medios de pasar
la noche en aquel sitio ; pero no habia ni
fuente , ni palmera , ni aun leña seca con
que hacer lumbre. Entonces conoció por
su propia esperiencia la debilidad de sus
recursos , y se puso á llorar.
Virginia le dijo : « No llores , Pablo , si
« no quieres afligirme mas : yo soy la que
<< tengo la culpa de todas tus penas , y de
<< la que á estas horas estarán sintiendo
<< nuestras madres ; nada se debe hacer ,
<< ni aun el bien , sin consultar á los pa-
<< dres : ¡ que imprudencia la mia ! » Y en
esto echó tambien á llorar .
Mas de alli á poco rato , dijo á Pablo :
<< Encomendemonos á Dios , hermano , y
(47)
<< se compadecerá de nosotros . » Y apénas
habian acabado su oracion , cuando oyé-
ron ladrar un perro.
« Sin duda , dijo Pablo , este es perro de
<<<algun cazador que viene por la noche
<<< á matar ciervos al acecho . » Los ladridos
se aumentáron de alli á poco. « Me parece ,
>> dijo Virginia , que es Leal , el mastin de
<<< nuestra casa .... si .... le conozco en el
<< ladrar.... si estarémos ya en nuestra
<< posesion. >>>
En esto se presentó á sus piés Leal , la-
drando , ahullando , y comiendoselos á
caricias . Ellos estaban fuera de si viendo
á su mastin , y las fiestas que les hacia ,
sin acertar á salir de aquel sobresalto. En
este intermedio , avistáron á Domingo que
corria hacia ellos ; y á la llegada de este
buen negro , que lloraba de gozo , echáron
á llorar ellos tambien sin poderle decir
una palabra.
Luego que Domingo tomó un poco de
aliento , esclamó : « ¡ Ah , hijos mios !
( 48 )
<<¡ que sentimiento tienen vuestras ma-
<<<dres ! ¡ como se quedáron sorprendi-
« das , cuando , al volver de la iglesia
<<adonde yo las habia acompañado , no os
« encontráron en casa. Maria no les supo
<< decir adonde habiais ido , porque estaba
<< trabajando en un rincon de casa. Yo
<< andaba de aqui para alli , sin saber
<< donde buscaros , hasta que últimamente
<<tomé vuestra ropa vieja , y se la di á
<< oler á Leal ; y el pobre animalito , como
<< si me hubiese entendido , inmediata-
<< mente empezó á rastrear vuestras pisa-
<< das , y me condujo , dando sin cesar á
<< la cola , hasta Rio-negro , donde me dijo
<<un colono que le habiais llevado una
<<negra, áquien por vuestros ruegos habia
<<concedido el perdon. Pero¡ que perdon !
<<alli me la mostró atada á un madero ,
<<con una cadena al pié , y un collar de
<<<hierro á la garganta con tres escarpias .
<< Desde alli , se dirijió Leal , rastreando
<< siempre , à la montaña de Rio-negro
( 49 )
<< donde se detuvo algun tiempo, ladrando
<<con la mayor fuerza en el borde de una
<< fuente , junto á una palmera recien
<< caida, y cerca de una hoguera que toda-
<< via humeaba. Finalmente , acaba de
<< traerme aqui , que es la falda de la mon-
<< taña de los Tres Pechos , y todavia fal-
<< tan cuatro leguas largas hasta nuestra
<< posesion. Vaya , vaya , comed ahora, y
<< tomad ánimo. >>>
Ydiciendo esto sacó una tortade pan ,
varias frutas , y una gran calabaza llena
de un licor compuesto de agua , vino ,
zumo de cidra , azúcar y nuez moscada ,
que sus madres habian preparado para
darles refrigerio y confortarlos.
Virginia suspiraba , acordandose de la
pobre esclava y de la inquietud de sus ma-
dres , y repetia muchas veces : « ¡ Que
<<<dificil es hacer bien ! »
Miéntras los dos tomaban alimento ,
sacó lumbre Domingo , y habiendo bus-
cado una especie de madera tortuosa , lla
( 50 )
mada de arder , hizo un hachon , y le en-
cendió , porque era ya noche. Pero se
halló sumamente embarazado , cuando se
trató de ponerse los tres en camino.
Pabloy Virginia no podian dar un paso ,
porque tenian los piés muy hinchados y
de color de sangre. El pobre Domingo no
sabia si volverse á casa á buscar auxilio
para los niños , ó pasar alli la noche con
ellos ; y en aquel conflicto esclamaba :
<<¡ Adonde se ha ido aquel tiempo en que
« yo os llevaba á los dos juntitos en mis
<<brazos ! Pero ahora vosotros ya sois
<< grandes , y yo viejo. »
Estando asi perplejo , se apareció una
cuadrilla de negros marrones á corta dis-
tancia de ellos , y acercandose el caudillo
á Pablo y Virginia , les dijo : « No os asus-
<< teis , mis buenos niños blancos : esta
« mañana os vimos pasar con una esclava
<<< de Rio-negro , y sabemos que habeis
<< ido á pedir perdon para ella á su mal
<< amo ; y asi en reconocimiento de tan
( 51 )
<< generosa accion , nosotros os conduciré-
<< mos á vuestra posesion en nuestros pro-
<< pios hombros. » Y á una señal suya ,
cuatro negros de los mas robustos forma-
ron al instante una especie de andas de
ramas de árboles , entretejidas con lianas
ó enredaderas ; colocáron en ellas á los dos
muchachos , y precediendoles Domingo
con su hacha de viento , partiéron de alli
en medio de repetidos gritos de jubilo de
toda la cuadrilla , que les colmaba de ben-
diciones. Virginia enternecida dijo á
Pablo : ¡ O hermano mio ! nunca deja
<<Dios sin galardon una accion buena. >>>
Llegáron á media noche al pié de su mon-
taña , cuya cumbre estaba iluminada con
varias hogueras; y al tiempo de subir oyé-
ron que les gritaban y decian : « ¿ Sois vo-
<< sotros , hijos mios ? » Y ellos respondié-
ron áuna con los negros : << Si , señoras ,
« nosotros somos , nosotros somos . »
Acercáronse mas , y viéron á sus ma-
dres y á Maria , que le salian al encuentro
( 52 )
con teas encendidas. « ¿ De donde venis ,
<<<hijos cuitados ? » esclamó madama de
La Tour.
<<Venimos , respondió Virginia , de
<<< Rio-negro , de pedir el perdon parauna
<<<esclava a quien he dado esta mañana
<< todo el desayuno de la familia , porque
<<la pobrecita estaba cayendose muerta de
<<<hambre; y estos negros reconocidos nos
<<<han traido en hombros hasta aqui . >>>
Madama de La Tour abrazó á su hija
sin poder articular palabra ; y Virginia ,
que sentia humedecerse sus mejillas con
las lágrimas que corrian por las de su
madre , le dijo : << Vos me indemnizais con
<<< esceso , madre mia , de los trabajos que
<<<hoy he pasado. »
Margarita enagenada de gozo estre-
chaba á Pablo entre sus brazos , y le decia :
« ¿Y tú tambien , hijo mio , has hecho
« una buena accion ? >>>
Luego que llegáron con sus hijos ácasa ,
diéron bien de comer á los negros , los
(53 )
cuales se volviéron á las selvas deseandoles
toda suerte de prosperidades.
Todos los dias eran para estas familias
dias de dicha y de paz inalterable. La en-
vidia ni la ambicion no las atormentaban .
No deseaban una vana reputacion esterior
que da la intriga, y quita la calumnia:
bastabales ser ellas mismas los testigos y
jueces de sus acciones. En esta isla , donde
( como en todas las colonias europeas ) solo
se desea saber anécdotas malignas , sus
virtudes y aun sus nombres eran ignora-
dos y desconocidos. Solamente cuando
algun pasagero preguntaba , desde el ca-
mino de las Pamplemusas , á los habitan-
tes del llano : « ¿ Quien vive en aquellas
<<dos chozas que estan allá en el alto ?>>>
estos respondian , sin conocerlas : « Son
« unas buenas gentes. >> A este modo las
violetas ocultas entre zarzas y espinos ex-
halan á lo lėjos aromas suaves.
Ellas habian desterrado de sus conver-
saciones la maledicenciayla murmuracion
(54)
que , socolor de justicia , dispone necesa-
riamente el corazon á la simulacion ó al
aborrecimiento ; porque es poco ménos
que imposible dejar de aborrecer á los
hombres si se piensa mal de ellos , y vivir
con los malos si no se les oculta el odio
con falsas apariencias de benevolencia.
De aqui es que la maledicencia nos obliga
á estar mal con nuestros semejantes ó con
nosotros mismos .
Pero madama de La Tour y su compa-
ñera , sin juzgar á los hombres en parti-
cular , solo se ocupaban en buscar los
medios de hacer bien á todos en general ;
y aunque esto no estaba en su mano , te-
nian á lo ménos una voluntad constante
de hacer bien , que les inspiraba una be-
nevolencia dispuesta siempre á estenderse
á todos. Por consiguiente , viviendo en la
soledad , lėjos de ser feroces é intratables ,
se hiciéron mas compasivas y humanas.
Si la historia escandalosa de la sociedad
no suministraba materia á su conversa
( 55 )
cion , la de la naturaleza arrobaba sus al-
mas en dulces éstasis . En este reducido
espacio admiraban con respeto y recono-
cimiento el poder de una providencia que
porsusmanos habia derramado , en medio
de la aridez de estos peñascos , laabundan-
cia , las gracias , y los placeres siempre
renacientes .
Pablo , á la edad de doce años , mas ro-
busto y mas inteligente que los Europeos
áladequince, hermoseaba porsus manos lo
que Domingo no hacia mas que cultivar.
Iba con él á los vecinos montes á desar-
raigar el tierno limonero , el naranjo , el
tamarindo , cuya coronilla es de un verde
muy hermoso , y el atero , cuya fruta llena
de una substancia azucarada , despide de
si la fragancia del azahar. Transplantaba
estos árboles ya crecidos al rededor de este
recinto , y sembraba las simientes de otros
que al segundo año llevan flores ó frutos ,
como el agatio al rededor del cual penden
en figura circular , á manera de colgantes
4
( 56 )
de araña de cristal ,largos racimos de flo-
res blancas ; el lila de Persia , que eleva
verticalmente sus girándulas de color mo-
rado ; el papayo , cuyo tronco sin ramas ,
en forma de coluna claveteada toda de
melones verdes , remata en un capitel de
muy anchas hojas parecidas á las de la
higuera .
Tambien habia sembrado varias pepitas
y huesos de árboles , como mangles, guaya-
vos , paltos , jaceros y jamberos , de los
cuales la mayor parte daban ya sombra y
fruta á su jóven amo , cuyas laboriosas
manos derramáron la fertilidad hasta en
los parages ménos fecundos de esta que-
brada. Diversas especies de aloes , la ra-
queta cargada de flores amarillas matiza-
das de encarnado , los cirios espinosos , se
elevaban sobre las negras cimas de los
peñascos , y parecia que querian competir
y enlazarse con las largas lianas de flores
azules y escarlatadas , que pendian acá y
allá por todo el repecho de la montaña.
(57)
Habia distribuido y colocado con tal
órden aquellos vegetales , que se podia
gozar de su vista á la primera ojeada :
porque en el centro estaban las plantas
que se elevan poco , despues los arbustos ,
luego los árboles medianos , y últimamente
los grandes en toda la circunferencia. Por
manera que este vasto circuito , mirado
desde el centro , presentaba à la vista un
anfiteatro de verdor, de frutasy de flores ,
que contenia al mismo tiempo hortalizas,
praderias , y campiñas de arroz y trigo .
Pero Pablo , sujetando los vegetales á su
plan , no se apartaba del de la naturaleza ;
antes por el contrario siguiendo sus lec-
ciones , plantaba en las eminencias aquellos
cuyas semillas son volátiles , y á la orilla
del agua los que las tienen propias para
sobrenadar. De esta manera cada vegetal
crecia en su sitio proporcionado , y cada
sitio recibia del vegetal su adorno natural.
Las aguas que bajan de la cumbre de estos
montes formaban en el fondo del valle ,
( 58 )
aqui fuentes , alli estanques , que á manera
de espejos , en medio de la frondosidad ,
duplicaban en el cristal de su corriente los
árboles en flor , las rocas, y el azul de los
cielos .
A pesar de la enorme desigualdad del
terreno , todos aquellos plantios eran , por
la mayorparte, tan accesibles al tacto como
á la vista. Bien es que todos nosotros le
ayudábamos con nuestros consejos y tra-
bajo , para llevar al cabo sus empresas.
Él practicó una senda todo en rededor de
este recinto , de la cual muchos ramales
llegaban ya de la circunferencia al centro;
y por otra parte supo sacar partido de los
parages mas fragosos , y conciliar , con la
mas feliz armonia , la comodidad del paseo
con la aspereza del suelo , y los árboles
domésticos con los silvestres . De la enorme
cantidad de piedras movedizas que emba-
razan estos caminos , como la mayor parte
del terreno de esta isla , formó acá y allá
pirámides , en cuyas bases rellenas de guijo
( 59 )
y tierra plantó rosales , poinciana , y otros
arbustos que se crian bien entre peñas ; y
á poco tiempo estas pirámides informes y
de sombrio aspecto se cubriéron de verdor ,
y del esmalte de las flores mas bellas.
Las hondonadas y barrancos guarne-
cidos de árboles antiguos , cuyas ramas
inclinadas sobre los bordes formaban como
bóvedas subterráneas impenetrables al ca-
lor, eran lugares de asilo contra los rayos
del sol , donde tomaban el fresco por el dia
las dos familias . Una vereda conducia á un
soto de árboles silvestres , en cuyo centro
crecia , al abrigo de los vientos, un árbol
doméstico cargado de fruta. Aqui habia
una mies , allá un vergel : por esta calle
se descubrian las cabañas , por aquella las
cimas inaccesibles de la montaña. Habia
un bosquecito tan espeso de tacamacos en-
tretejidos con lianas ó enredaderas , que no
se distinguia en él ningun objeto en la
mayor fuerza de la luz del dia.
Desde la estremidad de ese gran pe
( 60)
ñasco , que sale del monte , se descubrian
todos los objetos de este recinto, con el mar
à lo léjos , donde aparecia de cuando en
cuando alguna nave que venia de Europa ,
ó regresaba á ella; y ahi era donde se jun-
taban las dos familias al caer el dia , y go-
zaban en reposo de la frescura del aire ,
de la fragancia de las flores , del murmullo
de las fuentes , y de las últimas armonias
de la luz y de las sombras .
Hasta los nombres de la mayor parte de
los encantadores sitios de este laberinto
eran los mas agradables y espresivos. El
peñasco de que acabo de hablaros , desde
donde á larga distancia me veian venir, se
llamaba la atalaya de la Amistad. Pablo y
Virginia, en uno de sus inocentes entreteni-
mientos , discurriéron plantar alli un bam-
bú , en cuya cima enarbolaban un pañuelito
blanco para anunciar mi llegada luego que
me avistaban , á la manera que en la mon-
taña inmediata se enarbola una bandera ,
cuando se divisa alguna nave en el már.
( 61 )
Vinome un dia á la idea grabar una
inscripcion en la corteza de aquel bambú ;
pues siempre han sido tan de mi gusto
las inscripciones , que por mucho placer
que haya tenido en mis viages , al ver una
estatua ó monumento de la antigüedad ,
os aseguro que no es comparable con el
que me causa el leer una inscripcion bien
hecha. Entonces me parece que una mano
humana sale de la piedra , se hace oir por
entre los siglos , y dirigiendose al hombre
que habita en los desiertos , le dice que
no es él solo , y que otros semejantes suyos
han sentido , pensado y padecido como él
en aquellos mismos lugares. Y si la ins-
cripcion es de alguna nacion antigua que
ya no existe , hace que se dilate nuestra
alma por los campos de lo infinito , y le
comunica el sentimiento de su inmorta-
lidad , mostrandole que un pensamiento ha
sobrevivido á la ruina de todo un imperio.
Escribí pues en el bambú de Pablo y
Virginia estos versos de Horacio :
( 62 )
Fratres Helenæ , lucida sidera,
Ventorumque regat pater,
Obstrictis aliis , præter iapyga.
« Que los hermanos de Helena , astros brillantes como
« vosotros , y el padre de los vientos , dirijan vuestros
« pasos , y no permitan os sople otro que el céſiro blando. »
En la corteza de un tacamaco , á cuya
sombra solia sentarse Pablo para contem-
plar desde lėjos el mar agitado , grabé este
verso de Virgilio :
Fortunatus et ille deos qui novit agrestes ?
« ¡ Dichoso tú , hijo mio , en no conocer mas que las
<<divinidades campestres !>>>
Y este otro encima de la puerta de la
cabaña de madama de La Tour :
At secura quies , et nescia fallere vita.
« Aquí habita una buena conciencia, y una vida que no
« sabe engañar. »
Pero Virginia , que noaprobaba mi latin ,
decia que el que yo habia puesto en el
bambú ó veleta de señales era demasiado
largo y erudito. Yo hubiera preferido ,
añadió la muchacha ,
Siempre agitada , pero constante.
( 63 )
Y habiendole contestado yo : « Esa di-
<< visa convendria mas bien á la virtud , »
se puso sonrosada con mi reflexion .
Estas venturosas familias , estendiendo
la sensibilidad de sus almas á cuanto las
rodeaba , habian dado los nombres mas
tiernos á los objetos que parecian mas in-
diferentes. Un vallado de naranjos , de
bananos y de jamberos , plantados en torno
de una esplanada de céspedes, donde solian
bailar Pablo y Virginia , se llamaba la
Concordia. El árbol antiguo , á cuya som-
bra se contáron mútuamente sus des-
gracias Madama de La Tour y Margarita ,
tenia por nombre las Lágrimas enjugadas.
Llamabanse Bretaña y Normandia dos rin-
conadas sembradas de trigo , fresas y gui-
santes ; y , à imitacion de sus amas , Do-
mingo y Maria , deseando traer á la me-
moria los lugares de su nacimiento en
Africa , diéron los nombres de Angola y
Fouillepointe á dos terrenos que producian
los juncos de que hacian los canastillos , y
(64 )
donde habian sembrado un calabazar . Asi
que, con la vista de las producciones de
sus climas respectivos , conservaban estas
familias espatriadas las dulces ilusiones de
su pais , y suavizaban en cierto modo la
pena de vivir en una tierra estraña. ¡ Ay
de mi triste ! yo he visto animarse con mil
denominaciones encantadoras los árboles ,
las fuentes y las rocas de este recinto de-
licioso , en otro tiempo cuando Dios queria,
y actualmente tan desfiguradoy destruido ,
que , semejante á un campo de la Grecia ,
no ofrece mas que nombres tiernos , es-
combros y tristes ruinas.
Pero de cuantas situaciones deliciosas
ofrecia este circuito , ninguna igualaba á
lo que se llamaba el Recreo de Virginia.
Al pié del peñasco de laatalaya delaAmis-
tad , hayunaconcavidad de donde sale una
fuente , que á pocos pasos de su nacimiento
forma una especie de laguna en medio de
un prado de yerba fina. Cuando Margarita
dió á luz á Pablo, le regalé un coco de
( 65 )
Indias que me habian dado , y ella sembró
sus pepitas á la orilla de las aguas , con el
fin de que el árbol que produjeran sirviese
de época algun dia al nacimiento de su
hijo; y Madama de La Tour , siguiendo
el ejemplo de Margarita , plantó alli otro
con el mismo intento , cuando parió á
Virginia. Naciéron , en efecto , dos coco-
teros que componian los únicos archivos
de la familia : y se llamaba el uno coco-
tero de Pablo , y el otro , de Virginia.
Creciéron uno y otro casi en la misma
proporcion que sus inocentes dueños , y
aunque no perfectamente iguales en la
altura , escedian ya á los doce años á la
de las cabañas de sus madres ; y entre-
tejiendo mútuamente sus palmas , dejaban
colgarsustempranos racimos decocos sobre
la misma taza de la fuente .
A escepcion de los dos cocoteros , todo
lo demas de la caverna conservaba el mismo
adorno que le habia dado la naturaleza ,
brillando en sus dos lados húmedos y par
( 66 )
dióscuros anchos culantrillos con verdi-
negra flor en figura de estrellas. Espesas
matas de escolopendra fluctuaban en unas
partes á merced de los vientos , suspen-
didas en el aire , á manera de los listones
de color verdepúrpura; y en otras crecia
en abundancia la pervinca ó yerba don-
cella , cuya flor es muy parecida á la del
clavo , ó á la de los pimientos de corteza
color de sangre , y mas brillante que el
coral. En su circunferencia la yerba bal-
samina , cuyas hojas vienen en figura de
corazon , y los basilicos del olor de la pi-
mienta , exhalaban la mas dulce fragancia.
Del repecho de la montaña pendian las
lianas ó enredaderas , á manera de un-
dosos tendederos de ropa , y formaban en
lo escarpado de las rocas dilatadas cortinas
de verdor . Las aves de mar , atraidas de
la apacibilidad de aquella caverna , iban
á pasar la noche en ella ; y al ponerse el
sol se veian volar hácia alli á lo largo de
Ia ribera el cuervo y la cogujada marinos,
( 67)
y en lo alto de los aires la negra fragata
y el pájaro blanco del trópico , que , como
el astro del dia , abandonaban las sole-
dades del océano indiano .
Tenia Virginia sumo deleite en ir á re-
posar en la margen de aquella fuente ,
decorada con una pompa magnifica y sil-
vestre á un mismo tiempo. Muchas veces
lavaba en ella la ropa de la familia á la
sombra de los dos cocoteros , y otras lle-
vaba á pacer alli las cabras; y se entre-
tenia , mientras preparaba los quesos con
su leche , en verlas levantarse en dos piés
para rozar las hojas del culantrillo , y sos-
tenerse , como en el aire , en las cornisas
de las peñas , haciendo hincapié en ellas
como sobre un pedestal.
Viendo Pablo que aquel sitio era el pri-
vilegiado de Virginia, llevó alli del bosque
inmediato nidos de toda especiedepájaros,
cuyos padres atraidos del amor de sus hi-
juelos fuéron al instante á establecerse en
aquella nueva colonia , donde Virginia les
5
( 68 )
echaba , á ciertas horas , granos de arroz,
de maiz y mijo. De modo que luego que
ella se presentaba , los mirlos silbadores ,
los bengalies , cuyo gorgeo es tan delicioso,
los cardenales de plumage color de fuego ,
dejaban los zarzales ; los papagayos verdes
como esmeraldas bajaban de los lataneros
inmediatos ; las perdices corrian por entre
la yerba : y mezclados unos con otros lle-
gaban, como si fuesen gallinas , hasta sus
mismas plantas. Ella y Pablo se entrete-
nian , por lo regular , en observar sus
juegos , sus inclinaciones y sus amores.
¡ Amables niños ! vosotros pasábais asi
los primeros dias en la inocencia, ejerci-
tandoos en hacer bien. ¡ Cuantas veces
vuestras madres , estrechandoos tierna-
mente en sus brazos en este mismo sitio,
bendecian al cielo por el consuelo que pre-
parábais á su vejez , viendoos entrar en la
vidabajode tan felices auspicios ! ¡Cuantas,
á la sombra de estos peñascos , he parti-
cipado con ellas de vuestras comidas cam
( 69 )
pestres que á ningun animal habian cos-
tado la vida ! Calabazas llenas de leche ,
huevos frescos , tortas de arroz en hojas
de banano , cestos colmados de batatas , de
naranjas , de granadas , de bananas , de
ananas y de atas , nos ofrecian á un mismo
tiempo los manjares mas saludables , los
colores mas alegres , y los jugos mas subs-
tanciosos .
La conversacion que tenian era tan ino-
cente y agradable como los mismos man-
jares de que usaban en estos festines. Por
lo comun , Pablo no hablaba en ellos , sino
de lo que habia trabajado aquel dia , y de lo
que tenia que trabajar el siguiente ; y con-
tinuamente estaba pensando en algun tra-
bajo útil para la comunidad. « Aqui , segun
« él , las sendas no son cómodas ; allá , los
<< asientos no estan del todo blandos ; estos
<< nuevos emparrados no dan la sombra
<< necesaria ; Virginia estará mejor alli . >>>
Y otras reflexiones à este tenor.
En tiempo de lluvias pasaban el dia
( 70 )
todos juntos en casa , ocupados amos y
criados en hacer esteras de yerbas , y ca-
nastillos de hojas de bambú. En las paredes
se veian colocados con el mejor órden ras-
trillos , hachas , azadones ; y al lado de
estos instrumentos de agricultura , las pro-
ducciones correspondientes á cada uno de
ellos , como sacos de arroz , gavillas de
trigo y cuelgas de bananas , tan delicado
todo como abundante. Virginia enseñada
por su madre y por Margaritaaprovechaba
estas temporadas en hacer compotas , lico-
res y bebidas cordiales con el jugo de las
cañas de azúcar , de limon y de acimbogas.
Por la noche , cenaban á la luz de una
lamparilla ; ydespues de cenar, solia contar
madama de La Tour à Margarita la his-
toria de varios caminantes estraviados en
los bosques europeos infestados por la
mayor parte de ladrones , ó el naufragio
de alguna nave arrojada por la tempestad
contra las rocas de una isla desierta ; y con
aquellas relaciones se inflamaban mas y
( 71 )
más las almas sensibles de sus hijos , y roga-
banal cielo les ortogase la gracia de poder
ejercitar algun dia la hospitalidad con
semejantes desgraciados. A cierta hora se
despedian las dos familias , para ir á re-
posar , mas siempre con la impaciencia de
volver á verse al dia siguiente. Algunas
veces se quedaban dormidos al ruido de la
lluvia que se desgajaba á mares sobre el
techo de sus cabañas , ó de los vientos im-
petuosos que les traian desde léjos el mur-
mullo de las olas estrelladas contra los
peñascos de la ribera : y en tales casos
bendecian al autor de la naturaleza por
la seguridad de sus personas , siendo tanto
mayor su reconocimiento , cuanto se con-
sideraban mas distantes del peligro.
De cuando en cuando leia madama de
LaTour en comunidad algun pasage tierno
de la historia del antiguo ó nuevo Testa-
mento , y se enardecian sus almas con la
contemplacion de las cosas celestiales. Su
moral no era especulativa , sino práctica
( 72 )
como la del evangelio ; no habia entre ellos
dias destinados para la alegria , ni para la
tristeza, sino que todos eran igualmente
llenos y festivos para sus corazones. La
naturaleza entera era para ellos un templo
augusto donde admiraban sin cesar una
inteligencia infinita, omnipotente, y amiga
de los hombres ; y este sentimiento de con-
fianza en el poder supremo los llenaba de
consuelo respecto de lo pasado , de valor
para lo presente, y de una dulce esperanza
por lo venidero. Asi es que estas mugeres,
precisadas por los infortunios a seguir el
órden de la naturaleza , halláron en si
mismas , y escitáron en sus hijos estos sen-
timientos que inspira en todos la misma
naturaleza para preservarnos de que sea-
mos desgraciados .
Pero , como muchas veces en las almas
mas bien acondicionadas y de mejor temple
suelen levantarse nubes que perturban su
serenidad , cuando alguno de la familia se
mostraba triste , se reunian todos á fin de
( 73 )
distraer su ánimo , y no paraban hasta
conseguirlo , mas bien con obras que con
reflexiones , empleando cadacual en esto su
carácter particular: Margarita , su alegria
yvivezanatural; madamadeLaTour , una
moral dulce ; Virginia , tiernas caricias ;
Pablo , franqueza y cordialidad; y hasta
DomingoyMariacontribuian por su parte,
contristandosecon elqueveianllorar. Aeste
mismo modolas plantas débiles entretejen
unas con otras sus ramas , para oponer
mas resistenciaal impetu de los uracanes.
En tiemposereno , iban á misa todos los
dias festivos á la iglesia de las Pample-
musas , cuya torre veis allá abajo en el
llano , adonde concurrian colonos mui
poderosos , conducidos en hombros de es-
clavos , algunos de los cuales se empe-
ñáron varias veces en tener conocimiento
y trato con aquellas familias tan unidas ,
convidandolas á diversiones y partidas de
campo. Pero ellas desecháron siempre sus
ofrecimientos con cortesania y respeto ,
(74 )
persuadidas de que los ricos solo buscan á
los pobres para tener complacientes , y
que es imposible ser complaciente sino
adulando las pasiones de otro, buenas ó
malas . Por otra parte evitáron con no
menor cuidado la familiaridad con los
colonos medianamente acomodados, por lo
comun envidiosos, murmuradores y grose-
ros. Al principio pasáron por timidas en el
concepto de los primeros , y por altaneras
en el de los segundos ; pero su conducta re-
servada estaba acompañada de tales demos-
traciones de urbanidad y atencion , parti-
cularmente para con los miserables , que
insensiblemente se conciliaron el respeto
de los ricos , y la confianza de los pobres..
Com unmente al salir de misa iban á
buscarlas las gentes desvalidas para que
ejercioran con ellos algun oficio de ca-
ridad ; y ya se presentaba un afligido pi-
diendoles consejo, ya un niño que les
rogaba con lágrimas pasasen á visitar á
su madre enferma en alguna de las aldeas
(75 )
de la comarca. A este fin llevaban siempre
consigo varias recetas de remedios caseros
los mas acomodados para la curacion de
las enfermedades del pais , y las distribuian
con aquel agrado que da tanto precio á los
menores servicios. Sobre todo tenian par-
ticular talento para disipar las penas é
inquietudes del ánimo , tan insoportables
en la soledad y en un cuerpo enfermo .
Madama de La Tour hablaba con tanta
confianza de la divinidad , que oyendola
discurrir asi los pacientes, les parecia que
la tenian alli presente. Virginia volvia
comunmente de aquellas visitas con los
ojos arrasados de lágrimas , pero con el
corazon penetrado de alegria, porque habia
tenido ocasion de hacer bien . Ella era la
que disponia de antemano los remedios
necesarios para los enfermos , á los cuales
se los administraba con indecible afabilidad
y buen afecto.
Despues de estas visitas de caridad , alar-
gaban á veces su camino por el valle
( 76 )
de la Montaña-larga hasta mi posesion,
donde yo las esperaba á comer á las orillas
del riachuelo que pasa por las inmedia-
ciones , y para aquellos casos procuraba
tener reservada alguna botella de vino
añejo , á fin de aumentar la alegria de
nuestras comidas indianas, con estas dulces
y pectorales producciones de la Europa.
Otras veces nos citábamos para la playa
del mar , en la desembocadura de algun
rio de los que en esta isla solo merecen
el nombre de grandes arroyos , adonde
llevábamos de nuestra casa provisiones
vegetales quejuntábamos á las que el mar
nos suministraba en abundancia; en cuyas
riberas pescábamos barbos , salmonetes ,
pulpos , langostas , esquines , cangrejos ,
ostras y mariscos de toda especie. Muchas
veces los sitios mas terribles por su natu-
raleza nos proporcionaban losplaceresmas
tranquilos. Sentados por lo comun sobre
un peñasco , á la sombra de un sauce ,
veiamos venir desde muy lejos las olas del
(77)
mar à estrellarse á nuestros piés con hor-
rible estrépito. Pablo , que por otra parte
nadaba como un pez , se internaba a veces
en la playa , saliendo al encuentro a las
olas ; y cuando estas se acercaban , huia
hácia nosotros delante desus grandes volu-
tas ó roleos espumosos y bramantes que le
perseguian gran trecho tierra adentro.
Pero Virginia , toda inmutadaal ver aque-
llo, daba agudisimos chillidos , y decia que
semejantes juegos le causaban mucho so-
bresalto.
A nuestras comidas se sucedian los cán-
ticos y danzas de los dos jóvenes. Virginia
cantaba la felicidad de la vida campestre ,
y las desgracias de los marineros á quie-
nes incita la codicia á navegar sobre el
furioso elemento , en lugar de dedicarse
al cultivo de la tierra que da apacible-
mente tantos bienes. A veces ejecutaba
con Pablo algunapantomima al modo de
los negros. La pantomima es el primer
lenguage del hombre , conocida de todos
(78 )
los pueblos , y tan natural y espresiva ,
que los hijos de los blancos suelen apren-
derla á poco que la vean practicar á los de
los negros. Virginia , trayendo á la me-
moria las historias leidas por su madre
que mas impresion le habian hecho , re-
presentaba con mucha naturalidad los
principales sucesos de ellas. Unas veces , al
son del tambor deDomingo , se presentaba
en la era de su casa con un cántaro vacio
en la cabeza , y se acercaba con timidez á
la fuente inmediata , en ademan de ir á
coger agua. Domingo y Maria , haciendo
el papel de los pastores de Madian , se opo-
nian á su paso , y asiendola del brazo apa-
rentaban que la echaban de alli. Llegaba
en esto Pablo de repente á su defensa , con-
tenia á los pastores , llenaba el cántaro de
Virginia , y poniendosele en la cabeza,
ceñia su frente con una coronade pervinca
ō yerba doncella , que daba nuevo realce
á la blancura de su rostro. Entonces pres-
tandome yo á sus juegos , me encargaba de
( 79 )
hacer el personage de Raquel , y concedia
á Pablo mi hija Sefora en matrimonio.
En otras ocasiones representaba á la in-
feliz Ruth , cuando volvió viuda y pobre
á su pais , donde despues de una larga
ausencia se vió tratada como forastera. Do-
mingo y Maria representaban los segado-
res ; Virginia figuraba que iba recogiendo
detras de ellos las espigas dejadas aqui y
alli ; y Pablo , imitando la gravedad de un
patriarca , le hacia varias preguntas , á
que ella respondia como temblando de
miedo. Movido al fin de compasion , con-
cedia asilo á la inocencia , y hospitalidad
al infortunio : llenaba el delantal de Vir-
ginia de toda suerte de provisiones , y la
conducia á nuestra presencia , como ante
los ancianos del pueblo , declarando que la
elegia por esposa ápesar de su indigencia.
Madama de La Tour, representandosele
vivamente con esta escena el abandono de
sus mismos padres , su viudez , y el buen
recibimiento que habia tenido de Marga
( 80 )
rita , acompañado á la sazon de la espe-
ranza de un dichoso himeneo entre sus
hijos , no podia dejar de llorar ; y este
confuso recuerdo de males y de bienes nos
hacia derramar á todos lágrimas mezcla-
das de gozo y de sentimiento.
Se representaba estos dramas con tanta
propiedad , que yo me creia transportado
á los campos de la Siria ó de la Palestina.
Ni faltaba la decoracion , iluminacion y
orquestra conveniente á semejante espec-
táculo ; pues el lugar de la escena era , por
lo comun , en el centro de un bosquecito ,
cuyas entradas formaban al rededor de
nosotros muchas galerias de frondosidad
y de follage , donde pasábamos la mayor
parte del dia , resguardados del calor. Mas
cuando el sol se aproximaba al horizonte ,
sus rayos refractados en los troncos de los
árboles se hacian divergentes entre som-
bras de la floresta , en largos manojitos
luminosos que producian el efecto mas
apacible y magestuoso. Algunas veces pre
( 81
sentandose su disco entero al estremo de
una calle , la hacia parecer toda ella como
de fuego. Las hojas de los árboles , ilumi-
nadas por la parte inferior con sus rayos
azafranados , brillaban á manera del topa-
cio y la esmeralda ; y sus pardos y moho-
sos troncos parecian como convertidos en
colunas de un bronce antiguo. Las aveci-
tas retiradas en silencio debajo de la fron-
dosa hoja, para pasar alli la noche , sor-
prendidas de volver á ver una segunda
aurora , saludaban todas á una al astro del
dia con mil y mil cantares diferentes.
La noche nos sorprendia muy á me-
nudo en estas fiestas campestres ; pero la
pureza del aire y lo templado del clima
nos permitia dormir en medio del campo ,
debajo de un árbol , sin el menor rezelo
de ladrones , ni alli , ni en nuestras casas
adonde volviendo cada uno el dia si-
guiente , la hallaba como la habia dejado .
Tal era en aquel tiempo la buena fé que
reinaba en esta isla sin comercio , que las
(82 )
puertas delamayor parte de las casás no se
cerraban con llave , y una cerradura era
un objeto de curiosidad para muchos
criollos .
Pero en el discurso del año habia dias
para Pablo y Virginia del mayor regocijo ,
que eran los del cumpleaños de sus ma-
dres. Virginia no dejaba de amasary cocer
la vispera tortas de flor de harina para
las pobres familias de aquellos blancos na-
cidos en la isla , que no habiendo probado
jamas pan europeo , destituidos de todo
auxilio por parte de los negros , y reduci-
dos á alimentarse de la yuca en medio de
las selvas , no tenian para sobrellevar la
miseria , ni la estupidez compañera de la
esclavitud , ni el valor que inspira la edu-
cacion. Estas tortas eran el único regalo
que la situacion de su familia le permitia
hacer á Virginia ; pero las repartia con tal
agrado , que les añadia un precio y con-
dimento estraordinario. Pablo era el que
se encargaba de llevarselas á sus mismas
( 83 )
habitaciones ; y las pobres familias recono-
cidas prometian , al tiempo de recibirlas ,
ir á pasar todo el dia siguiente en casa de
madama de La Tour y Margarita. Alli era
ver llegar una madre con dos o tres hijos
amarillentos , descarnados , y tan timidos
que apenas osaban levantar los ojos. Pero
Virginia al punto los colocaba cómoda-
mente , y les servia ciertos refrescos , cuya
bondad realzaba ella por alguna circuns-
tancia particular que en su concepto acre-
centaba su valor , diciendoles : « Este licor
<< lo ha hecho Margarita ; este otro mi
<<<madre : mi hermano ha cogido por su
<< misma mano esta fruta en la cima de
« un árbol. » Yotras cosas á este modo .
Despues incitaba á Pablo á que les hi-
ciera bailar , y no se apartaba de su
lado mientras no los veia satisfechos y
contentos. Todo su empeño era que estu-
vieran alegres con la alegria de su fami-
lia , y decia : « No es posible hacer la feli-
<< cidad propia , sin ocuparse en la de los
( 84 )
<< demas. » Y asi cuando se habian de
volver á sus habitaciones , les ofrecia aquel
mueble ó muebles á que los habia visto
inclinados desde el principio , cubriendo
la necesidad de que agradecieran sus dá-
divas con el pretesto de su singularidad ó
estrañeza. Si los veia muy andrajosos ,
escogia algunas de sus ropas viejas , y
mandaba á Pablo las fuese á poner secre-
tamente á la puerta de sus casas , con el
permisode su madre. De este modo hacia el
bien , á ejemplo de la Divinidad mos-,
trando el beneficio , y ocultando la mano
bienhechora .
Vosotros los Europeos , cuya alma se
llena desde la infancia de tantas preocu-
paciones contrarias á la felicidad, no po-
deis concebir que la naturaleza sea capaz
de proporcionar tantas luces y placeres .
Vuestro espiritu , ceñido á una estre-
cha esfera de conocimientos , toca bien
pronto al término de sus gustos artificia-
les ; pero la naturaleza y el corazon son
(85 )
inagotables . Pablo y Virginia no tenian
relojes , ni almanaques , ni libros de cro-
nologia , de historia ni de filosofia. Los
periodos de su vida se arreglaban por los
de la naturaleza : conocian las horas del
dia por la sombra de los árboles ; las
estaciones por el tiempo en que dan sus
flores ó frutos ; y los años por el número
de sus cosechas. Estas dulces imágenes
hacian muy delicioso su modo de espre-
sarse : « Ya es hora de comer , decia Vir-
« ginia á los suyos , pues á los bananos
« les da la sombra á los piés : se acerca la
<<<noche , porque los tamarindos cierran
<< sus hojas. ¿ Cuando vendrás á vernos ,
<<le preguntaban algunas amigas de las
<<< inmediaciones ? Para las cañas del azú-
<<car , respondia Virginia. Tu visita, con-
<< testaban las muchachas , será para no-
<<sotras tanto mas gustosa y apreciable.>>>
Cuando le preguntaban su edad y la de
Pablo , respondia : « Mi hermano tiene los
<<mismos años que el cocotero alto , y yo
( 86 )
« que el mas bajo : los mangles han dado
<< doce veces su fruto , y los naranjos veinte
« y cuatro veces la flor , desde que estoy
<<< en este mundo. » De suerte que su vida
parecia que estaba identificada con la de
los árboles , como la de las Driadas y Fau-
nos . No conocian mas épocas históricas que
las de las vidas de sus madres , otra cro-
nologia que la de sus vergeles , ni mas
filosofia que el hacer bien á todos, y resig-
narse á la voluntad de Dios .
Pero , de buena fé , ¿ que necesidad te-
nian estos niños de ser sabios y ricos al
modo que nosotros lo somos ? Sus mismas
necesidades é ignorancia aumentaban en
cierto modo su felicidad , y no habia dia
para ellos en que no se prestasen uno á
otro oficios de la mas tierna amistad . Ellos
crecian en edad y esperiencia , siguiendo
fielmente las leyes de la naturaleza y de
la religion , sin que ningun cuidado arru-
gara su frente , ninguna intemperancia
corrompiera su sangre, ninguna pasion
( 87 )
funesta depravara su corazon. El candor ,
la inocencia , la piedad y el amor desple-
gaban de dia en dia la belleza de sus almas
en gracias inefables espresadas en todas
sus acciones , actitudes y movimientos.
En medio de esta felicidad que gozaban
los dos jóvenes , empezó Virginia á espe-
rimentar sucesivamente una especie de
melancolia. La edad de las pasiones pro-
duce en el hombre una metamorfosis ó
transformacion estraña , que causa tantos
bienes ó tantos males , segun el impulso y
direccion de las circunstancias. Virginia
era victima de si misma , sin conocerlo ;
y en aquel estado ni sabia á que atribuir
la inquietud interior que esperimentaba ,
ni sentia aquella alegria que desde la niñez
la habia acompañado. Sus ojos se marchi-
táron insensiblemente , la palidez fué cu-
briendo su rostro , y una languidez y des-
madejamiento universal acabáron de apo-
derarse de todo su cuerpo.
Bien penetraba la madre la causa del
( 88 )
mal de su hija; pero , como prudente y
esperimentada , le decia : « Dirigete å
« Dios , hija mia, que es quien dispone
<<á su arbitrio de la salud y de la vida de
<< los mortales , y quiere esperimentar hoy
<<tu constancia para premiarte mañana :
<< acuerdate de que no hemos venido á
<<< este mundo sino para ejercitar la vir-
<< tud.>>
En este intermedio los escesivos calo-
res que de tiempo en tiempo desuelan las
tierras situadas entre los trópicos , vinié-
ron á ejercer aqui sus estragos. Cuando el
sol toca al signo de capricornio à fines de
Diciembre , sus ardientes rayos cayendo
verticalmente sobre la isla de Francia la
abrasan por espacio de tres semanas con-
secutivas , causando en toda ella un calor
estraordinario. Los vapores del océano ,
elevados por la intension de los rayos so-
lares , cubriéron un dia toda la isla como
un vasto parasol , de resultas de haber cal-
mado el viento sudeste , que es el que rei
( 89 )
nando aqui casi la mayor parte del año ,
disipa las tempestades. Las eimas de los
montes cubiertas de estos negros vapores
despedian de si globos de fuego ; y los bos-
ques , el llano y los valles resonaban con
los horribles truenos de las nubes agitadas.
Bien pronto comenzáron á caer torrentes
de agua , como si de par en par se hubie-
sen abierto las cataratas del cielo . Los
arroyos espumosos bajaban precipitados
por las quebradas de este monte , for-
mando un mar de todo el valle , una isleta
de esta esplanada donde estan las caba-
ñas , y de este valle una esclusa por donde
salian mezclados indistintamente con las
tumultuosas aguas los árboles , las tierras
y los peñascos.
Toda la familia intimidada se encomen-
daba á Dios en la cabaña de madama de
La Tour , cuyo techo crujia horrible-
mente con la violencia de los aires ; siendo
tan fuertes y repetidos los relámpagos que
entraban por las rendijas , que sin em-
( 90 )
bargo de que todas las puertas y ventanas
estaban bien cerradas , se distinguia con el
resplandor cuanto habia dentro de ella.
Pablo , intrépido como él mismo , andaba
con Domingo de cabaña en cabaña , á
pesar del furor de la tempestad , apunta-
lando aqui una viga , y fijando alli una
estaca ; y si alguna vez entraba en la de
madama de La Tour , solo era con el fin
de consolar á la familia con la esperanza
próxima de la serenidad deseada. En
efecto , á la tardecita cesó la lluvia , y
tomó su curso ordinario el ligero viento
del sudeste ; los nubarrones tempestuosos
corriéron hacia el nordeste , y apareció en
el horizonte el sol poniente.
El primer deseo de Virginia fué ir á
ver el lugar de su recreo. Pablo se acercó
á ella con cierto aire de timidez y le pre-
sentó el brazo para ayudarla á caminar.
El aire ya era fresco y sonoro , y en las
cimas del monte surcado en varias partes
de la espuma de los torrentes que sensible
( 91 )
mente iban menguando , se elevaban blan-
cos vapores , anuncios de la serenidad.
Todo el jardin estaba trastornado , desar-
raigados la mayor parte de los árboles , y
los prados cubiertos de arena. Solamente
los dos cocoteros se conservaban verdes é
intactos , sin que hubiese quedado en sus
alrededores ni céspedes , ni emparrados ,
ni pájaros , á escepcion de algunos ben-
galies que en las estremidades de las veci-
nas peñas lloraban la pérdida de sus hiji-
tos con acento lamentable .
A vista de tanta desolacion, dijo Vir-
ginia á Pablo : « Ya ves como el uracan
« ha quitado la vida á los pajaritos que tú
<< trajiste á este sitio , y como ha destruido
<< el jardin hecho por tu mano. En esta
<< vida no hay cosa que no sea perecedera ,
« y solo son inmutables las del cielo.>>>
<< ¡ Que no tuviera yo para podertela
<< ofrecer , le contestó Pablo , alguna cosa
<< del cielo ! pero es tanta mi pobreza , que
<< ni siquiera poseo la menor prenda de
6
( 92 )
<<valor sobre la tierra . » « Bien lo sé , re-
<< plicó ella medio sonrosada , pero tú tienes
<< la efigie de san Pablo. » No bien oyó
aquello Pablo , cuando echó á correr en
busca del retrato que tenia en casa de su
madre.
El retrato era una especie de miniatura ,
que representaba á san Pablo , primer er-
mitaño , á quien Margarita profesaba par-
ticular devocion; y despues de haberle
llevado muchos años al cuello , siendo sol-
tera , se le puso al hijo , luego que fué
madre. Sucedió tambien que estando ella
en cinta de Pablo , y viendose desampa-
rada de todos ( á fuerza de contemplar en
la imágen del santo anacoreta) , se le pa-
recia en alguna manera su hijo Pablo ,
cuya circunstancia la habia decidido á po-
nerle su nombre , y darle por patrono un
santo que pasó su vida apartado del mundo
y lėjos de los hombres , los cuales despues
dehaberle seducido , pérfidamente le aban-
donáron. Virginia , al recibir aquella efigie
( 93 )
de mano de Pablo , le prometió no quitar-
sela del cuello miéntras viviera , ni olvidar
que Pablo le habia dado la única prenda
que poseia sobre la tierra.
En este intermedio instaba Margarita á
madama de La Tour á que trataran de
casar á sus hijos , en atencion á la pasion
con que se miraban , y á la edad que ya
tenian proporcionada para el efecto , evi-
tando de esta manera los riesgos comunes
á que estaban espuestos. Pero madama
de La Tour le respondió : « Todavia son
<< demasiado jóvenes y pobres para eso.
<<< ¡ Que sentimiento no tendríamos en ver
« á Virginia cargada de hijos que tal vez
« no podria criar por falta de fuerzas !
<< Vuestro negro Domingo ya está bas-
<<< tante cascado , y Maria enferma : por
<< otra parte , amiga mia, yo me siento
« muy débil y deteriorada , al cabo de
<< quince años que vivo en un clima ar-
<< diente como este , donde se envejece mas
<<pronto que en los frios , y mucho mas
( 94 )
<< con los quebrantos y pesares. Pablo es
<< nuestra única esperanza , y debemos
<<<aguardar por lo mismo á que medre y
<< adquiera el vigor necesario para que sea
<< capaz de sostener nuestra vejez. En el
<<dia bien sabeis que solo tenemos lo ne-
<<cesario para vivir : dentro de poco dis-
<< pondrémos que Pablo pase á las Indias
« por cierto tiempo , donde adquiera con
« el comercio la suficiente cantidad de
<<dinero para comprar un esclavo ; y á la
<< vuelta le casarémos con Virginia , pues
<< considero que es el único hombre que
<< puede hacer feliz á mi amada hija. Mas
<< esto lo consultarémos despues con nues-
« tro vecino . »
En efecto , habiendolo hecho ellas asi ,
fui de su mismo dictámen , y les dije que
los mares de la India eran muy bonanci-
bles , particularmente sabiendo elegir la
estacion proporcionada para el embarco ,
en cuya navegacion se tardaba seis sema-
nas , cuando mas á la ida , y casi lo mismo
( 95 )
à la vuelta ; que yo buscaria persona que
habilitase á Pablo , pues era estimado de
cuantos le conocian ; y que aun cuando
no le diésemos mas que algodon en rama ,
del cual no se hace en esta isla ningun uso
por falta de máquinas para limpiarle ;
palo de ébano , tan comun aqui que se usa
para la lumbre , y algunas resinas que se
pierden en nuestros bosques ; todo esto lo
venderia en las Indias á un precio mas que
moderado. Me encargué al mismo tiempo
de pedir á M. de la Bourdonais el pasa-
porte para el viage , y antes de todo quise
tratar con Pablo este pensamiento.
Pero me quedé absorto de admiracion ,
cuando este jóven me dijo con una madu-
rez muy superior á sus años : « ¿ Porque
<< quereis que yo deje á mi familia por no
<< sé que proyecto de fortuna ? ¿ Hay por
<<< ventura en el mundo un comercio mas
<< lucrativo que el cultivo de la tierra
<< que da cincuenta y aun ciento por uno ?
<<Si queremos comerciar , ¿ no podrémos
( 96 )
<<<hacerlo llevando á vender å Puerto- Luis
<< lo que nos sobre , sin necesidad de que
<<yo vaya á correr las Indias ? Nuestras
<<madres dicen que Domingo está viejo y
<< cascado ; pero yo soy muchacho , y cada
<<<dia me siento mas robusto. Y¿si, durante
<< mi ausencia , les sucediese alguna des-
<< gracia, particularmente á Virginia que
<< de algun tiempo á esta parte anda tan
<< triste y desazonada ? ¡ Ah , eso no ! no
<<lo penseis ; es imposible que me resuelva
<< á ausentarme de su vista. >>>
Esta respuesta de Pablo me puso en la
mayor perplejidad , porque madama de
La Tour no me habia ocultado la situacion
de Virginia, y sus deseos de ganar algunos
años mas sobre los que ellos tenian , se-
parando al uno del otro ; cuyos motivos no
me atrevia yo á descubrir á Pablo , ni era
conveniente que aun los llegara á sospe-
char.
En estas circunstancias, recibió madama
de La Tour , una carta de su tia, por una
( 97 )
embarcacion que acababa de llegar de
Francia. El temor de la muerte , sin el
cual serian siempre insensibles los cora-
zones duros , se habia apoderado del de
aquella vieja , de resultas de haber salido
de una grave enfermedad , la cual dege-
nerando en estenuacion , se hacia incu-
rable por lo avanzado de su edad. El ob-
jeto de su carta se reducia en substancia á
decir á su sobrina : « Que se volviese á
<< Francia, ó que en el caso de no permi-
<< tirle su salud emprender un viage tan
<< dilatado , le enviara à Virginia à quien
<<<pensaba dar una buena educacion y des-
<< tino decente en la corte , con la posesion
<<de todos sus bienes ; y aun añadia que
<< en el cumplimiento de aquellas sus ór-
<<<<denes consistia la continuacion de sus
<< favores . >>
No bien habia acabado de leer madama
de La Tour la referida carta á la familia ,
cuando todos se quedáron suspensos y en
la mayor consternacion.Domingo yMaria
( 98 )
comenzáron á llorar ; Pablo , inmóvil sin
saber lo que le pasaba , parecia como dis-
puesto a enfurecerse ; Virginia , con los ojos
fijos en su madre , no se atrevia á proferir
una palabra. En este estado dijo Margarita
á madama de La Tour : « ¡ Será posible que
<< nos dejeis al cabo de tantos años ! »
« No , amiga mia , no , hijos mios , es-
<<clamó madama de La Tour , no os aban-
<< donaré jamas . Yo he vivido con vosotros,
« y con vosotros quiero morir , porque no
<<<< he conocido la dicha sino en vuestra
« compañía. Si mi salud está deteriorada ,
<<< tienen la culpa de ello los antiguos dis-
<< gustos. La crueldad de mis parientes y
« la pérdida de mi amado esposo me pe-
<< netráron hasta lo mas intimo del alma ;
<< pero despues acá he esperimentado mas
<< satisfaccion y consuelo con vosotros de-
« bajo de estas humildes chozas, que cuan-
<< tos bienes y felicidades pudieran ni pue-
<< den prometerme en mi patria las ri-
<<quezas de mi familia.>>>
( 99 )
Acabando de decir estas palabras , em-
pezáron todos á verter lágrimas de gozo .
Pablo , arrojandose en los brazos de ma-
dama de La Tour , le decia : « No me se-
<<< pararé jamas de vos , ni iré á las Indias :
<< todos trabajarémos aqui para vos , amada
<<mamá , y nada os faltará en nuestra
<< compañia. » Pero la que manifestó ménos
alegria que los demas , sin embargo de que
era la que habia sentido mas viva , fué
Virginia, la cual se conservó lo restante
del dia con la misma serenidad , colman-
dose con esto la satisfaccion de todos .
A la mañana siguiente , al salir el sol ,
acabando de encomendarse á Dios en co-
munidad antes de ponerse á almorzar ,
segun lo tenian de costumbre , les avisó
Domingo que un señor de á caballo , se-
guido de dos esclavos , se acercaba á la
posesion. En efecto , el tal caballero era
M. de la Bourdonais , el cual habiendose
entrado de improviso en la cabaña , en-
contró á toda la familia almorzando al
( 100 )
rededor de una mesa, donde Virginia
acababa de servir café , arroz cocido en
agua , batatas asadas y bananas frescas.
La única vajilla de que se servian eran
cascos de calabaza, y por mantel hojas de
banano .
Manifestó el gobernador por el pronto
su sorpresa , viendo la pobreza de aquella
familia ; y dirigiendose despues á madama
de La Tour , le insinuó que los negocios
generales de su empleo le habian estorbado
algunasveces de pensar en los particulares ;
pero que ella era acreedora á toda su aten-
cion. « Vos teneis , Madama , añadió , á
<< una tiamuy rica y distinguida en Paris ,
<<que os deja por heredera de todos sus
« bienes , y os espera cuanto antes á su
<<< lado . »
Contestóle madama de La Tour , que su
salud achacosa ne le permitia emprender
un viage tan espuesto como largo .
« Pero á lo menos , replicó el gober-
<< nador , no podréis privar , sin injusticia ,
(101 )
<< de una herencia tan crecida , á una hija
>>tanjóveny amable como os ha concedido
« el cielo. Yo no debo ocultaros que vues-
» tra tia se havalido de la autoridad para
<< llevarsela , y que á este fin me escribe
<<<use de todas mis facultades en caso ne-
<< cesario. Mas como yo no las ejerzo sino
<< para hacer felices à los habitantes de
<<<esta isla , espero de vuestra voluntad
<<<sola un sacrificio de algunos años , del
<< cual dependen el establecimiento de
<< vuestra hija , y vuestro bienestar para
<<toda la vida. ¿A qué se viene á las islás ?
« ¿ no es para enriquecerse enellas ? Pues
« ¿no será mejory mucho mas gustoso el
<<ir á encontrarlas en su patria ? » Di-
ciendo estas palabras y mandando á uno
de sus negros dejar sobre la mesa un gran
talego de pesos que llevaba , añadió : « Aquí
<<<teneis ese dinero que vuestra tia ha des-
<<tinado para los preparativos del viage de
« la chica. »
Despues comenzó á reconvenir con cor
( 102 )
tesania y atencion á madama de La Tour ,
porque no habia recurrido á él en sus ne-
cesidades , aunque elogiando al mismo
tiempo su valor noble y constante.
Tomó á esto Pablo la palabra , y dijo á
M. de la Bourdonais : « Señor gobernador,
« mi mamá ha recurrido á vos , y la habeis
« recibido mal . »
« ¿ Teneis á otro hijo ? » preguntó pron-
tamente el gobernador á madama de La
Tour .
« No , señor , contestó ella ; este es el
« hijo de mi amiga Margarita , yáélyá
<< Virginia los amamos igualmente , y son
<< para nosotras hijos comunes. »
« Niño , dijo el gobernador encarandose
<< á Pablo , cuando llegues á tener espe-
<<< riencia del mundo, conocerás ladesgracia
<<de los que mandan , y la facilidad con
<< que son engañados , dando al vicio in-
<< trigante é impudente lo que solo perte-
<< nece al mérito que se oculta. »
Convidó entónces madama de La Tour
r
( 103 )
á M. de la Bourdonais á almorzar , cuyo
convite aceptó el gobernador sentandose
á su lado , y tomando café mezclado con
arroz cocido en agua , á la manera de los
criollos. El cual quedó tan encantado del
órden y aseo de la cabaña , de la union
edificante de las dos familias , y hasta del
zelo de sus ancianos criados , que dijo :
<< Aqui no hay sino muebles de madera ;
<< pero se ven rostros serenos , y corazones
« de oro . >>
Pablo , prendado de la popularidad y
llaneza del gobernador, le dijo que deseaba
ser su amigo , porque era hombre de bien ;
y M. de la Bourdonais , recibiendo con
gusto aquella señal de sinceridad isleña ,
le dió un abrazo , y apretandole la mano
leaseguró que podia contar con su amistad.
Acabado el almuerzo , llamó á parte á
Madama de Latour, y le dijo que habia
ocasion en el dia de enviar á su hija á
Francia , en un navio que estaba pronto á
hacerse á la vela ; que la recomendaria á
7
( 104 )
una pariente suya que iba de pasagera en
el mismo buque ; y que no era cosa de
abandonar una herencia inmensa por una
satisfaccion de algunos años . « Vuestra
<< tia , añadió al tiempo de partir , no podrá
<< vivir mas de dos años , segun me escri-
<< ben sus amigos ; miradlo bien , y con-
<< sultadlo allá para con vos , pues no
<<<todos los dias se muestra risueña la for-
« tuna. No habrá persona de juicio queno
<< piense como yo . »
Madama de LaTour le respondió : « Que
<<<no deseando en este mundo mas felici-
<< dad que la de su hija , dejaria absoluta-
« mente al arbitrio del señor gobernador
<<su partida para Francia. »
Como á madama de La Tour no le dis-
gustaba encontrar ocasion de separar por
algun tiempo á Pablo y Virginia , para
proporcionarles en lo sucesivo su felicidad
mutua, llamó á parte á su hija de alli á
pocos dias , y le habló en estos términos :
« Hija mia , ya ves que nuestros cria
( 105 )
« dos son ancianos , que Pablo es muy
«jóven, que su madre va siendo vieja , y
<<que yo estoy muy achacosa de males :
« ¿ qué seria de ti entre estas breñas , si
<< yo llegase á morir ? ¿ Podrias resistir
« sola , y sin ninguna otra persona que
<< te ayudase , viendote precisada á traba-
« jar continuamente la tierra , como una
<< muger mercenaria , para ganar el sus-
<< tento diario ? ¡ Ah ! esta reflexion , Vir-
<< ginia mia , me traspasa las entrañas de
<<dolor. >>>
Al oir esto , Virginia le replicó : « Dios
<<nos ha condenado á todos al trabajo , y
<<<vos , madre mia , me habeis enseñado
<< á trabajar , y á bendecirle cada dia.
<< Hasta aqui no nos ha abandonado , ni
<< nos abandonará en adelante , pues su
<< providencia vela particularmente sobre
<<<los infelices , segun millares de veces me
<< lo habeis insinuado. No es posible que
<<<yo me determine á dejaros. »
Madama de La Tour , conmovida con
( 106 )
semejantes razones , le contestó sin dete-
nerse : « No creas , hija mia , sea otro mi
<< intento que hacerte feliz , y casarte al-
« gun dia con Pablo , que no es hermano
« tuyo : considera ahora que tienes en tu
<<mano su felicidad y la tuya. »
Con semejante confianza de una madre
amorosa y compasiva , no tuvo dificultad
Virginia en abrirle de par en par su cora-
zon , declarandole sin disfraz ni rebozo la
inclinacion hasta entonces secreta de su
alma ; y viendo que su madre la aprobaba
y dirigia á un fin honesto con sus conse-
jos , le ofreció nuevamente no apartarse
jamas de su lado , y vivir en su compañia
sin agitacion en cuanto a lo presente , ni
temor respecto de lo futuro.
Viendo madama de La Tour que su
confianza habia producido un efecto con-
trario al que ella se esperaba , aseguróle
que no queria violentar su inclinacion ,
sino que deliberara maduramente y á su
salvo ; pero le encargó que ocultase siem-
( 107 )
pre su amor á Pablo , porque , como ella
decia , « cuando el corazon de una don-
<<cella está cautivo , ya no le queda al
<< amante otro sacrificio que exigir de
<<<
ella. »
A este tiempo se dejó entrar por la
puerta el confesor de madama de la Tour ,
enviado por el gobernador para acabar de
persuadirla y hacerle fuerza con sus ra-
zones , las cuales se redujéron á que era
forzoso someterse á las órdenes de la Pro-
videncia que tenia dispuesto hacer feliz
å Virginia por aquel camino ; y que su-
puesto que madama de La Tour no podia
emprender el viage por el mal estado de
su salud , debia hacerlo sin mas dilacion
su hija Virginia, á fin de complacer á su
tia , y mejorar al mismo tiempo su propia
suerte .
Habiendo oido semejantes razones , la
obediente Virginia bajó los ojos , y con voz
desmayada y trémula respondió al con-
fesor : « Si asi lo dispone el cielo , á nada
( 108 )
« me opongo : hagase la voluntad del
« Señor , añadió , exhalando un profun-
<< disimo suspiro. »
En aquel estado , me envió á decir ma-
dama de La Tour con Domingo le hiciese
el favor de pasar á su cabaña , pues tenia
que consultarme acerca del viage de Vir-
ginia. En efecto , habiendo tratado los dos
el asunto , fui de opinion que no empren-
diera semejante viage. Porque habeis de
saber que yo tengo por un principio cierto
de la felicidad humana , queson preferibles
los bienes de naturaleza á los de fortuna ,
y que no debemos ir á buscar léjos de no-
sotros lo que tenemos dentro de nosotros
mismos ; y esta máxima la estiendo yo
á todas las cosas de este mundo , sin escep-
cion ni diferencia .
Pero ¿ que eficacia podian tener mis
consejos contra las fundadas esperanzas de
una fortuna tan brillante y halagüeña ?
Consiguientemente madama de La Tour
solo me consultó por puro cumplimiento ,
( 109 )
y ya no fué mas dueña de deliberar por si
desde el instante que oyó el dictámen de
los dos personages que acabo de nom-
braros .
La misma Margarita , quien á pesar do
las felicidades que esperaba para su hijo
de la fortuna de Virginia , se habia opuesto
muy seriamente á su partida , dejó de in-
sistir sobre ello . Pablo , ignorando el par-
tido que sus madres tomarian , estaba ad-
mirado de las conversaciones secretas de
madama de La Tour con su hija , y entre-
gado á los impulsos de la tristeza , decia :
<<Algo se trama contra mi , cuando tanto
<<se recatan de que yo las oiga. »
Al punto que se estendió la voz por toda
la isla de que la fortuna habia visitado
estas breñas , trepáron á ellas mercaderes
de todos géneros , que desplegáron delante
de estas miserables chozas las estofas mas
preciosas de la India , magnificas cotonias
de Goudelour , pañuelos de Paliacate y
Mazulipatan , muselinas de Daca , borda-
(110)
das , lisas , rayadas y transparentes como
la luz , camisas de Surate muy blancas ,
indianas de todos colores y las mas raras ,
de fondo oscuro con ramos verdes , mag-
nificas telas de seda de China ; en suma ,
todas las producciones mas esquisitas del
arte , que el lujo y la industria han in-
ventado en las cuatro partes del mundo.
Quiso madama de La Tour que Virginia
comprase á su arbitrio lo que mas le
agradara , y solo se encargó ella de que
no la engañasen en el precio ni en la ca-
lidad del género. En efecto Virginia co-
menzó á elegir todo aquello que le parecia
era del gusto de su madre , de Margarita
y'de su hijo , destinandolo todo para ellos
y nada para si , y diciendo siempre : << Esto
« es muy bueno para muebles , aquello
<<para el uso de Maria y de Domingo . >>
Por manera que ya se habia empleado
todo el talego de pesos , y nada habia com-
prado de lo que necesitaba para si , ha-
biendo sido preciso sacar la parte que á
( 111 )
ella le tocaba de los regalos distribuidos
entre los de casa.
Pablo , penetrado de dolor al ver aque-
llos dones de la fortuna que le presagiaban
la partida de Virginia , se presentó de alli
á pocos dias en mi casa , y me dijo con
tono desmayado y lastimero : « Mi her-
<<mana sin duda va á partir , pues la veo
<< hacer los preparativos para el viage.
>> Ruegoos paseis á nuestra posesion , y
<< empleeis todo el ascendiente que teneis
<< sobre el ánimo de su madre y de la mia ,
<< para que no se vaya. » Movido yo de las
instancias del pobre muchacho , me presté
al punto á sus deseos , aunque bien per-
suadido de que todas mis representaciones
serian completamente inútiles y desapro-
badas .
Os confieso que si Virginia me habia en-
cantado hasta entonces con el vestido de
coton azul de Bengala y el pañuelo encar-
nado al rededor de la cabeza , me pareció
mucho mas hechicera cuando la vi enga-
*
( 112 )
lanada al modo de las damas de este pais .
Llevaba un vestido de muselina blanca ,
forrado de tafetan color de rosa , y sus ru-
bios cabellos trenzados en dos órdenes á la
espalda hacian la mas perfecta armonia
con su virginal cabeza. Sus hermosos ojos
azules rebosaban melancolia, y su corazon
agitado de una pasion reprimida comu-
nicaba á su rostro un color animado , y á
su voz dulces y penetrantes sonidos. Hasta
el contraste de su vistosa gala , que ella
llevaba contra todo su gusto , hacia tan
interesante su languidez y desmadeja-
miento , que nadie podia verla ni oirla sin
que se sintiera enternecido y encantado.
Acrecentóse con esto la tristezade Pablo ;
y afligida cada vez mas Margarita de ver
la situacion de su hijo , determinó , por
último remedio , descubrirle el secreto que
hasta entonces le habia ocultado . Llamóle
pues á parte un dia, y le dijo :
<< ¿ A que fin , hijo mio , alimentarte
<< por mas tiempo de vanas esperanzas ,
( 113 )
<< que no habiendo de realizarse nunca te
<<serán despues tanto mas amargas ? Ya
<<ha llegado el tiempo de que te revele el
<< arcano de tu vida y de la mia. Virginia
« es parienta , por parte de madre , de
« una señora rica y de alto linage ; y tú
« no eres mas que el hijo de una pobre
<< aldeana, á quien el amor hizo cometer
« una flaqueza de que tú has sido triste
>> fruto , privandote mi culpa , ¡ fatal me-
<<moria ! de tu familia paterna , y mi ar-
<< repentimiento de la materna. ¡ Ay in-
<<feliz ! por mi desventura y la tuya , no
<< tienes mas parientes que yo en este
<<mundo. » Y al llegar aqui , comenzó á
derramar copiosas lágrimas.
Pablo , abrazando estrechamente á su
madre , procuraba consolarla diciendole
que no llorase ; y que pues no tenia mas
parientes que ella en este mundo , por lo
mismo la amaria mucho mas en adelante.
<< Pero¡ que secreto , añadió , el que aca-
<< bais de revelarme ! Ahora entiendo por
( 114 )
« que hace dos meses que Virginia anda
<<< huyendo de mi , y en dia está resuelta
<< á dejarme . ¡ Ah ! sin duda me desprecia
« la ingrata.>>>
Llegó entretanto la hora de cenar, y
agitados todos de pasiones diferentes co-
miéron poco , y no habláron palabra du-
rante la cena. Virginia fué la primera que
se levantó de lamesa , y se encaminó á este
mismo sitio en que estamos , donde se
sentó . Siguióla Pablo prontamente , y fué
å sentarse junto á ella , guardando uno y
otro un profundo silencio por largo rato.
Era esto en una de aquellas deliciosas
noches , tan comunes entre los trópicos ,
cuya belleza no es dado retratar al pincel
mas diestro y amaestrado . La luna pare-
cia que ocupaba el centro del firmamento ,
rodeada de nubes y celages que sus rayos
iban disipando por grados , dejandose caer
insensiblemente su luz sobre los picos de
los montes de la isla , que brillaban con
un verde plateado. Los vientos retenian
( 115 )
su aliento ; y solamente se oian en los bos-
ques , en el hondo de los valles y en las
puntas de los peñascos , las piadas y el
dulce murmullar de las avecillas , que re-
gocijadas con la claridad de la noche y la
apacibilidad del aire , se arrullaban en
sus nidos o nocturnas moradas . Todos ,
hasta los insectos , susurraban debajo de
la yerba. Las estrellas centelleaban en el
cielo, y reverberaban en el hondo del mar,
el cual reflejaba sus imágenes tremu-
lantes .
Recorria Virginia con ojos distraidos
todo el horizonte , cuando avistó , á la en-
trada del puerto , una luz y una sombra ,
que eran el fanal y el casco del navio en
que habia de embarcarse para Europa ,
y que , dispuesto á hacerse á la vela , se
mantenia al ancla hasta que cesaran las
calmas . A vista de esto se le conmoviéron
las entrañas , y volvió la cabeza á otro
lado , porque no la viera llorar Pablo .
Madama de La Tour, Margarita y yo ,
( 116 )
nos habiamos sentado á pocos pasos de
ellos , debajo de los bananos ; y con el si-
lencio de la noche , oimos tan claramente
su conversacion que desde entonces nunca
la he olvidado .
<< He oido , Virginia , comenzó Pablo ,
<< que te vas dentro de tres dias ; ¿ no temes
<< esponerte á los riesgos de la mar.... de
<<la mar que tanto horror te causa ? >>>
<< Es forzoso , respondió ella , que obe-
« dezca á mi madre , y cumpla con lo que
<< le debo . »
« Pero ¿ será posible que nos dejes , re-
« plicó Pablo , por una parienta á quien
« no has visto jamas ?>>>
<< ¡ Ay de mi ! esclamó Virginia, yo
<< queria quedarme aqui toda mi vida ,
<<pero mi madre no lo ha tenido á bien .
<< Por otra parte , me ha dicho mi con-
<< fesor , que es voluntad de Dios el que
<< yo parta , y que la vida no es mas que
« una continua prueba... ¡ Ah , sin duda
<< que es una prueba muy dolorosa ! »
( 117 )
<< ¡ Que ! repuso Pablo , ¿ hallas tantas
« razones para partir , y ninguna para
<< quedarte ? ¡ Ah ! otra hay que me re-
<< servas : el atractivo de las riquezas es
<< lo que te mueve. No dudo que lograrás
« en Francia un himeneo correspondiente
« á tu nacimiento , y con todas las demas
<< circunstancias que yo no puedo ofre-
<< certe; pero ¿ adonde irás tú que seas mas
<< feliz ? ¿ á que tierra aportarás que te sea
<< mas amada que la en que has nacido ?
<< ¿ donde encontrarás gentes mas amables
<< que las que aqui te idolatran ? ¿ como
<<podrás vivir sin las caricias de tu madre ,
<< á que estás tan acostumbrada ? ¿ que
<< será de la pobre vieja , cuando no te vea
« á su lado , ni en la mesa , ni en casa ,
<< ni en el paseo donde iba apoyada siempre
« á tu brazo ? ¿ y que seráde la mia , que
<<te ama tanto como ella ? ¿ que les diré
<<yo cuando las vea llorar por tu ausen-
<< cia ? ¡ Ah , cruel ! no quiero hablarte de
<< mi : pero ¿ que haré cuando yo no te
( 118 )
« vea á la mañana ni á la noche en nues-
« tra compañia ? ¡ Ay, Virginia ! permi-
« teme á lo menos partir contigo en el
<< mismo navio , ya que buscas una nueva
<< suerte en un pais estrangero para ti , y
<<< otros bienes que los que te produce mi
<< trabajo. A lo mėnos te animaré en las
<< borrascas que temes tanto , y te conso-
<< laré en medio delas desgracias ; y cuando
<< yo te vea en Francia servida y adorada
<< de todo el mundo , te haré el último sa-
<< crificio de morir á tus plantas. »
Al llegar aqui le embargáron la voz los
sollozos , y de alli á poco oimos la de Vir-
ginia que le decia estas palabras interrum-
pidas con suspiros :
<< Tú eres precisamente la causa de mi
<< partida.... tú , á quien he visto diaria-
<< mente encorvado bajo del peso del tra-
<< bajo para sustentar á dos familias en-
<< fermas y necesitadas. Si yo he abrazado
• << esta ocasion de ser rica , no es sino para
<<< pagarte mil veces los beneficios que he
( 119 )
<< mos recibido de tu mano : ¿ hay fortuna
<< comparable á la de tu amistad ? ¿ A que
<<< vienes hablarme de tu nacimiento ?
<<< ¡ A ! si me diesen á elegir un hermano ,
<<¿ elegiria otro que á ti ? ¡ Ay ! ¡ Pablo ,
<< Pablo ! cree á tu hermana que te habla
<<<con el corazon en las manos , y te ase-
<< gura que si parte , es precisamente por
<< obedecer á su madre , y hacerte å ti
<< feliz. »
<< Yo iré contigo , Virginia , iré contigo ,
« y no habrá quien pueda separarme de
« ti , » esclamó entónces Pablo con gritos
muy desaforados. Corrimos todos á él
viendole como fuera de si , y madama de
La Tour le dijo : « ¿ Que será de nosotras ,
« hijo mio , si tú nos desamparas ?>>>
Al oir aquello , Pablo repitió , como
horrorizado , estas palabras : « ¡ hijo mio !
<< ¡ hijo mio ! » y volviendose repentina-
mente á madama de La Tour , le dijo :
<< ¿ Vos , madre mia ? siendo tan inhu-
<<mana que separais al hermano de la
( 120 )
<< hermana. Los dos hemos mamado vues-
<< tra leche , nos hemos criado en vuestro
« regazo , ¿ y quereis ahora separarla de
<< mi ? ¿ quereis enviarla á ese pais bár-
<<baro que os ha negado un asilo en vues-
<< tros infortunios , y entre unos parientes
<< que con crueldad inaudita os han aban-
<< donado ? No , Virginia no saldrá de aqui
<< sin mi . ¿ Quien me podrá estorbar que
<< yo la siga ? ¿ Acaso el gobernador ¿ pero
<<no podrá impedirme él que me arroje
<<al mar , y la siga á nado. Para mi no
<<será mas funesto el mar que la tierra.
<<< ¡ Que crueldad de madre ! el cielo per-
<<mita que el océano á que la espo-
« neis ... >>>
Y sin acabar de proferir lo que habia
comenzado , le tomó una especie de arre-
bato : yo le cogi en mis brazos , y le vi en-
teramente enagenado de cólera. Sus ojos
arrojaban llamas , y un sudor frio y muy
copioso corria por todo su rostro infla-
mado : temblabanle las rodillas , y en su
( 121 )
pecho abultado se le sentia latir el cora-
zon con palpitaciones duplicadas.
Asustada Virginia con aquel espectá-
culo , le dijo : << ¡ O amado Pablo ! yo te
<<prometo por tus males y los mios , de
<< no vivir sino para ti , si me quedo ; y si
<< parto , de volver algun dia para ser
<< tuya. Sedme testigos todos losque habeis
<< dirigido los primeros pasos de mi infan-
<< cia , que disponeis de mi vida , y veis
<<mis lágrimas. Asi lo juro por el cielo
<< que me oye, por ese mar que voi á tra-
<< vesar , por el aire que respiro , y que
<< nunca he manchado con la menor men-
« tira. »
A la manera que el sol deshace y preci-
pita una montaña de nieve de la cumbre
del Apenino , asi ni mas ni ménos se di-
sipó la furia de Pablo , inmediatamente
que oyó la voz del objeto de su amor. Su
cabeza ántes erguida se inclinó sobre el
pecho , y un torrente de lágrimas corria
de sus ojos. Su madre, mezclando las
( 122 )
suyas con las del hijo , le abrazaba tierna-
mente sin poder hablar ; y madama de La
Tour , sin saber lo que le pasaba , me
decia : << Ya no puedo sufrir mas.... el co-
« razon se me parte de dolor.... este viage
<< de mis pecados no se verificará ; vecino ,
<< procurad llevaros á mi hijo .... ocho dias
<< ha que nadie duerme en esta casa. »
Yo entonces le dije á Pablo que se sose-
gase , pues á la mañana siguiente iriamos
å ver al gobernador , y haríamos que Vir-
ginia se quedara : que dejase reposar á la
familia , y fuese å pasar la noche á mi ca-
baña , pues eran ya mas de las doce. Con
cual se dejó llevar sin la menor repugnan-
cia ; y despues de una noche muy agitada ,
se levantó al rayar el dia , y se volvió á
su cabaña .
Pero ¿ que necesidad hay de continuar
por mas tiempo (me dijo al llegar aqui el
anciano ) la relacion de este caso ? En la
vida humana solo hay un lado agradable
que conocer , pues el otro se presenta os-
( 123 )
curo y tenebroso como la parte de la tierra
que no está iluminada por el sol durante
la noche. Asi que el curso rápido de nues-
tra vida no es mas que un dia , y una
parte de este dia está envuelta para noso-
tros en oscuridades .
Os suplico , buen amigo , le contesté ,
me continueis la relacion del caso que ha-
beis empezado á contarme de una manera
tan tierna é interesante. Las imágenes de
la felicidad nos agradan , pero las de la
desgracia nos instruyen. Contadme , pues
el paradero del infelice Pablo.
El primer objeto , continuó el anciano ,
que se presentó á los ojos de Pablo al vol-
ver de mi casa , fué la negra Maria , que
estaba sobre un peñasco mirando al mar
alto . Al punto que la descubrió , comenzó
å gritarle de léjos : « ¡ Maria , Maria !
<< ¿ donde está Virginia ?>>
La pobre Maria volvió la cabeza hacia
su jóven amo , y se puso á llorar. Inme-
diatamente que notó Pablo las lágrimas de
( 124 )
Maria , volvió atras todo desaforado , y se
encaminó al puerto apresuradamente ,
donde le dijéron que Virginia se habia
enbarcado antes del alba , y no se divisaba
ya la nave desde la bahia. Con tan inespe-
rada noticia se volvió á la posesion , y la
atravesó toda sin hablar á nadie.
Aunque esta cordillera de riscos parece
de la parte de allá que está casi perpen-
dicular , esas esplanadas verdes que divi-
den su altura son como otros tantos pisos
ó gradas por donde se sube , á favor de al-
gunas sendas fragosas , hasta el pié de
aquel cono inclinado é inaccesible , lla-
mado el Police. En la basa de este cono ὁ
pirámide, hay un llano cubierto de espe-
sos árboles , y tan elevado que parece
como un gran bosque suspendido en los
aires , y está rodeado por todas partes de
precipicios espantosos. Las nubes que la
cima del Police atrae continuamente al
rededor de si forman alli muchos arroyos
que se despeñan á tal profundidad en el
( 125 )
hondo del valle situado á espaldas de esta
montaña , que no se percibe desde la emi-
nencia el ruido que hacen al caer sus
aguas. Desde este llano se descubre una
gran parte de la isla con sus collados do-
minados de varios picachos , entre otros
Piterboth y los Tres-Pechos , con todos sus
bosques y valles ; y enfrente el vasto
océano y la isla de Borbon , distante como
cuarenta leguas al ocaso.
Alli fué donde Pablo dirigió los prime-
ros pasos , desde cuya eminencia divisó en
alta mar la nao conductora de Virginia ,
como un punto negro en medio del océano.
Asi se estuvo la mayor parte del dia sin
dejar de mirarla, figurandosele que la
veia , aun cuando habia desaparecido ,
hasta que habiendose ocultado del todo
entre los vapores del horizonte , tomó el
partido de sentarse en aquel sitio agreste
ysolitario , combatido siempre de los vien-
tos que agitan sin cesar las cimas de las
palmerasy tacamacos , cuyo susurro sordo,
( 126 )
pero armonioso , se semeja al ruido de
los órganos tocados á lo lėjos , é inspira
una profunda melancolia. Alli fué donde
yo le hallé con la cabeza reclinada en un
peñasco y los ojos clavados en la tierra ,
despues de haber andado buscandole desde
la salida del sol. Al principio me costó
mucho trabajo el persuadirle que tornara
á su cabaña ; pero al fin pude conseguirlo
á fuerza de instancia. Llegámos á la pose-
sion de su madre , y lo primero que hizo ,
al ver á madama de La Tour , fué que-
jarse muy amargamente de que ella le
habia engañado.
Madama de La Tour muy contristada
nos refirió entónces que habiendose levan-
tando un viento favorable entre dos á tres
de la mañana , el gobernador de la isla ,
acompañado de varios oficiales y del confe-
sor de quien se habló ántes , habia ido á
buscar á Virginia en litera; y que , á pesar
de sus lágrimas y razones y de las de Mar-
garita , se habian llevado á su hija mas
( 127 )
muerta que viva , protestando el gober-
nador y los de comitiva que aquello lo
hacian por el bien de toda la familia.
« A lo menos , le contesto Pablo , esta-
« ria yo ahora mas tranquilo , si me hu-
<<< biese despedido de ella. Yo le hubiera
« dicho : Virginia , si en el tiempo que
« hemos vivido juntos , se me ha escapado
<<alguna palabra que haya podido ofen-
<< derte , dime que me la perdonas antes
<< de dejarme para siempre. La hubiera
<< dicho : Ya que estoy condenado á no vol-
« ver á verte , ¡ á Dios , amada Virginia !
« ¡ á Dios , vive contenta y feliz léjos
<< de mi ! »
Y como en esto viese que su madre y
madama de La Tour lloraban hilo á hilo :
<< Buscad ahora , les dijo , otro que yo que
<<< enjugue vuestras lágrimas. » Y al mismo
tiempo , prorumpiendo en tristes lamentos
se ausentó de su vista , y comenzó á vagar
de una parte á otra por la posesion , re-
corriendo todos los parages que habian
8
( 128 )
sido mas queridos de Virginia , y diciendo
á los corderos y cabritillos que le seguian
balando : << ¿ Que quereis de mi ? ya no
<< veréis mas conmigo á la que os daba de
<< comer en sus palmas. >>>
Se encaminó despues al sitio llamado
el Recreo de Virginia , y viendo á los pa-
jaritos que revoloteaban al rededor de él ,
les decia : << ¡ Pobres avecitas ! ya no vol-
« veréis á poneros á las plantas de la que
<<os echaba migas de pan y granos de
<<trigo , para que no os faltase de comer.>>>
Y viendo á Leal que iba delante de él ,
meneando la cola y olfateando por todas
partes , dió un suspiro y dijo : « ¡ Ah ! no
<< te canses , pobre animalito , que ya no
« volverás á encontrarla jamas. »
Por último , fué á sentarse en la peña
donde le habia hablado la noche prece-
dente ; y á vista del mar , en que acababa
de ver desaparecer el navio conductor de
la prenda de sus entrañas , lloró amarga-
mente su desgracia.
( 129 )
En este estado , temiendo nosotros al-
guna funesta resulta de la agitacion de su
alma , le seguiamos á todas partes sin per-
derle nunca de vista. Su madre y madama
de La Tour se valian de las espresiones
mas tiernas y afectuosas , para que su dolor
no degenerase en desesperacion ; y al fin
logró esta última tranquilizarle un poco ,
dandole los nombres mas propios para
animar sus esperanzas , llamandole á boca
llena su hijo , su amado hijo , su yerno ,
para quien tenia destinada su hija.
Por aquel medio logró madama de La
Tour hacerle entrar en casa , y que to-
mase algun alimento. En efecto , se sentó
con nosotros á la mesa , inmediato al sitio
que ocupaba ántes la compañera de su
niñez ; y como si todavia lo ocupara Vir-
ginia , le dirigia la palabra y le presen-
taba los manjares que sabia le eran mas
gratos; pero inmediatamente que recono-
cia su ilusion , echaba á llorar muy des-
consolado .
( 130 )
En los dias siguientes anduvo juntande
todo lo que habia servido al uso particular
de Virginia , como los últimos ramilletes
de flores que se puso , una taza de coco en
que solia beber , y otros dijes á este tenor ;
y como si aquellas reliquias de su amiga
fuesen las alhajas de mas precio de la tierra ,
las besaba y las metia en el seno. Final-
mente , conociendo que su pena aumentaba
la de su madre y de madama de La Tour ,
y que las necesidades de la familia pedian
un trabajo continuado , se puso á ayudar
á Domingo en los reparos y cultivo del
jardin.
Apoco tiempo , este jóven indiferente
hasta entonces , como criollo , á todo lo
que pasa en el mundo , me suplicó le en-
señase á leer y escribir , para poder cor-
responderse por escrito con Virginia : y
despues quiso instruirse en la geografia ,
para formar una idea del pais adonde iba
á desembarcar ; y en la historia , para co-
nocer las costumbres de la sociedad en que
( 131 )
habia de vivir. Sin duda que el origen del
maravilloso arte de leer y escribir se ha
debido al afecto de dos amantes ausentes ,
ó imposibilitados de comunicarse mútua-
mente sus ideas por alguna dificultad in-
superable.
El estudio de la geografia no agradó
mucho á Pablo , porque en lugar de des-
cribir la naturaleza de cada pais , solo trata
de esplicarnos sus partes y divisiones , se-
gun su respectivo estado politico. La his-
toria , en especial la moderna , tampoco le
pareció mas útil ; no hallando en ella mas
que desgracias generales y periódicas ,
cuyas causas no llegaba á penetrar . Y asi ,
como no encontraba en su lectura mas que
guerras sin motivo ni objeto , intrigas se-
cretas , y naciones sin carácter , preferia
á los libros históricos los de novelas y
aventuras ; porque tratando con particu-
laridad de los sentimientos é intereses de
los hombres , le ofrecian algunas veces
lances y situaciones parecidas á la suya.
*
( 132 )
Por este motivo , ningun libro le agradaba
tanto como el Telémaco , por sus descrip-
ciones y pinturas de la vida campestre , y
de las pasiones hijas del corazon humano.
Muchas veces leia á su madre y á madama
de La Tour los pasages del Telémaco que
le hacian mas impresion ; y entonces agi-
tado de dulces memorias , se le turbaba la
voz , y lloraba amargamente. Se le figu-
raba que hallaba reunidas en Virginia la
dignidad y virtud de Antiope con las des-
gracias y la ternura de Eucaris.
Pero , por otra parte , quedó entera-
mente escandalizado leyendo las novelas
del dia , llenas de máximas perjudiciales
y libertinas ; y cuando supo que las tales
novelas contenian una pintura fiel de los
usos y costumbres de las naciones de Eu-
ropa , temió , no sin alguna apariencia de
razon , que el corazon de Virginia se cor-
rompiera y olvidara su cariño .
En efecto , se pasó mas de año y medio
sin que madama de La Tour tuviese no
( 133 )
ticias de su tia ni de su hija; y solo por
un medio estraño se sabia que Virginia
habia llegado felizmente á Francia. Ulti-
mamente , por una embarcacion que pa-
saba á las Indias , recibió una carta escrita
de propio puño de Virginia , por la cual
conoció desde luego que vivia infeliz , sin
embargo de la circunspeccion y disimulo
con que su amable é indulgente hija se es-
plicaba en ella. Tengo tan presentes casi
todas las palabras de esta carta , por lo
bienque pintaba en ella su situacion y ca-
rácter , que voy á referirosla al pié de la
letra.
<<Mi mas querida y estimada mamá.
<<Despues de mi llegadaos escribi varias
<< cartas de mi puño ; y como á ninguna
<<me habeis contestado , me temo no hayan
« llegado á vuestras manos. Con la pre-
<< sentetengomejores esperanzas , envirtud
<<de las precauciones que he tomado para
( 134 )
« daros noticia de mi persona , y recibirla
<<< igualmente de la vuestra.
« ¡ Cuantas lágrimas he derramado ,
« amada madre mia , despues de vuestra
<< separacion , yo que apėnas habia llorado
<< sino por los males de otros ! Mi tia se
« quedómuyadmiradaámillegada, cuando
<< preguntandome las habilidades que te-
« nia , le respondi que no sabia leer ni
<<< escribir ; y replicandome ella , ¿ que era
<< lo que habia aprendido en este mundo ?
<< le contesté que solo sabia gobernar una
<< casa , y hacer vuestra voluntad : á lo que
<< me dijo que me habian dado una edu-
<< cacion de criada.
<< Al dia siguiente de mi llegada , me
<<puso en un gran colegio cerca de Paris ,
<< donde tengo maestros de todas clases ,
« que me enseñan , entre otras cosas , la
<< historia , la geografia , la gramática , las
<< matemáticas , y á montar á caballo ; pero
<< tengo tan poca disposicion para todas
<< estas ciencias , que no me prometo hacer
( 135 )
« progresos con estos caballeros. Conozco
<< que soy una pobre muger de cortisimos
<< alcances , como ellos suelen decir ; sin
<< embargo de esto , mi tia no lo lleva á
« mal , antes bien me asiste con todo lo
<< necesario , enviandome trages diferentes
<< para cada estacion , y manteniendo dos
<< doncellas destinadas á servirme , que es-
<<< tan tan bien vestidas como las señoras de
<<mas alto copete. Me ha hecho tomar el
<< titulo de condesa , y dejar el apellido de
« La Tour , para mi de tanto aprecio como
« para vos , por la relacion que me habeis
<<hecho de los disgustos que mi difunto
<< padre sufrió por casarse con vos ; y en
<< lugar de aquel apellido , me ha mandado
<< usar del de vuestra familia , que tambien
<< aprecio mucho , por ser el que vos usá-
« bais cuando soltera. Viendome en una
<< situacion tan brillante , le he suplicado
<< varias veces que os envie algun socorro ;
<<mas ¿ como haré yo para significaros su
« respuesta ?Pero vos me habeis encargado
( 136 )
<< que os diga siempre la verdad : me res-
<<pondió , que un socorro moderado para
<< nada os alcanzaria , yque unogrande no
<< haria mas que serviros de estorbo en el
<< el estado sencillo de vida que habeis ele-
<<gido.
<<<Bien procuré al principio daros no-
<< ticiademi persona , valiendome de agena
<<<mano para escribiros ; pero como no tenia
<< aqui sugeto de quien poder fiarme , me
<< he aplicado noche y dia á aprender á leer
« y escribir , y Dios ha querido hacerme
<<la gracia de conseguirlo en cortisimo
<< tiempo. Mis primeras cartas se las confié
<< á las criadas que me asisten , paraque os
<< las dirigieran ; y tengo sobrados funda-
<<mentos para sospechar que se las han re-
<< mitido á mi tia. Esta vez me he valido de
<<una colegiala , amiga mia , y os suplico
<< me respondais , dirigiendo á ella la carta,
<< bajo del adjunto sobrescrito ; pues mi tia
<< me ha prohibido toda correspondencia
« fuera de casa , con el pretesto de que esto
( 137)
<< perjudicaria , segun ella dice , á los altos
<< pensamientos que tiene acerca de mi . No
<<tengo mas visita que la suya y la de un
<< caballero anciano , amigo de la tia , el
<<< cual , segun ella se esplica, me profesa
<<mucha aficion; pero , á decir la verdad ,
<< yo no le profeso á él ninguna , aun
<<< cuando yo fuese capaz de tenerla á al-
«guno.
<< Aunque vivo en medio de la opulen-
<< cia, no puedo disponer de un maravedi.
<<Dicen que el tener yo á mi disposicion
<< oro y plata, me podria acarrear graves
<< consecuencias ; y asi en el centro de las
<< riquezas , estoy mucho mas pobre que
<<cuando vivia en vuestra compañia , por-
<< que nada tengo para poder dar á otros.
<<<Mis mismos vestidos son mas de mis
< doncellas que mios , pues se los disputan
<<ántes que yo los deje. Luego que vi que
<< las grandes habilidades que me enseña-
<< ban no me proporcionaban la satisfac-
< cion de hacer el menor bien , me apliqué
( 138 )
« á la aguja , cuyo uso me habeis enseñado
« por dicha mia.
« Ahi os envio varios pares de medias
<<<hechas por mi mano , para vos y para
<<mamá Margarita , un gorro para Do-
<< mingo , y uno de mis pañuelos encarna-
« dos para María ; y en el mismo paquete
<< van algunas semillas y pepitas de las
<<< frutas de mis colaciones , con la simiente
<< de toda suerte de árboles , que en mis
« ratos de recreacion he podido recoger en
« el jardin y bosque de este colegio ; y al
<< mismo tiempo , la grana de violetas ,
<< margaritas , azucenas , coquilicos y es-
<< cabiosas , que he cogido en los campos.
<< En los prados de esta tierra hay flores
<< mas bellas que en los nuestros , pero aquí
<< no se hace ningun aprecio de ellas .
<<<Estoy segura de que asi vos , como
« mama Margarita, recibiréis mas gusto
<< con ese saquito de simientes que con
<< aquel grande de pesos , que ha sido la
« causa de nuestra separacion y de mis lá
( 129 )
<<grimas. Será para mi de la mayor satis-
<<faccion , el que tengais mañana ú otro
<<dia la complacencia de ver á los manza-
<< nos crecer al lado de los bananos , y á las
<<<hayas entretejer sus ramas con las de los
« cocoteros. Asi os parecerá que estais en
<< la Normandia que tanto amais.
<< Me encargásteis , al partir , os escri-
<< biera mis satisfacciones y mis pesares.
<< Para mi no puede haber satisfacciones ni
« contento , ausente de vos ; y por lo que
<< toca á mis penas , procuro dulcificarlas
<< acordandome que estoy donde vos me
<<habeis puesto por disposicion de la Pro-
<< videncia. Pero lo que aqui mas me ator-
<< menta , es que no oigo hablar de vos, ni
<< puedo hablar con nadie de cosa vuestra ;
<< porque cuando procuro sacar la conver-
<< sacion sobre unos objetos que me son tan
<< preciosos , me dicen mis doncellas , ó por
<< mejor decir, las de mi tia , pues son mas
<<suyas que mias : Señorita , acordaos de
<< que sois francesa , y que debeis olvidar
9
( 130 )
« el pais de los salvages. ¡ Ah ! antes me
<<olvidaré de mi misma , que olvidar la
« tierra en que naci y donde vos vivis.
<< Este si que es verdaderamente para mi
<< pais de salvages , porque vivo tan sola ,
« que ni aun tengo una persona á quien
<< poder manifestar el amor que invaria-
« blemente os conservará hasta la sepul-
« tura , mi mas querida y adorada mamá ,
« Vuestra mas sumisay amante hija. »
VIRGINIA DE LA TOUR.
P. D. » Recomiendo á la bondad de
<< vuestro corazon á Maria y Domingo , que
<< se han esmerado tanto en cuidar de mi
<< niñez ; y haced por mi cuatro caricias á
<< Leal , que me encontró en el bosque. >>>
Quedó Pablo muy admirado de ver que
Virginia , acordandose hasta del perro , no
hiciese mencion de él en toda la carta ;
pero sin duda no sabia que , por larga que
sea la carta de una muger , jamas pone
( 131 )
la cosa que mas tiene en la idea sino al
fin. En efecto , despues de la primera pos-
data, hablaba aparte de Pablo , y le reco-
mendaba particularmente las semillas de
la escabiosa y de la violeta , esplicandole
sus propiedades , y donde debian sem-
brarse. Acerca de lo cual hacia unas com-
paraciones muy análogas á la situacion de
entrámbos , con respecto á los caracteres y
propiedades de estas dos plantas . Queria
que sembrase la violeta en los bordes de
la fuente , al pié de su cocotero , porque
requiere humedad ; y la escabiosa , que
crece siempre en parages ásperos y com-
batidos de los vientos , en la peña donde
se habian hablado la última vez ; mandan-
dole que en memoria suya le pusiese el
nombre de Peñasco de la Despedida.
La carta de esta sensible y virtuosajóven
hizo derramar muchas lágrimas á toda la
familia. Su madre le respondió en nom-
bre de todos , que permaneciera en Fran-
cia ó volviera á esta isla , á su arbitrio ,
( 132 )
asegurandole que todos habian perdido la
mejor parte de su felicidad con su par-
tida , y que ella particularmente estaba
inconsolable .
Pablo le escribió una carta muy larga ,
en que le prometia hacer todo lo que le
prevenia ; y al mismo tiempo le enviaba
cocos de su fuente , bien sazonados y ma-
duros. Le ofrecia hermosear el jardin , y
entreverar las plantas de Europa con
las de Africa , « agregandoles , decia él ,
<< alguna otra semilla de esta isla , para
<< que el deseo de volver á ver sus frutos te
<< estimule á dar prontamente la vuelta. »
Finalmente , concluia la carta suplican-
dola condescendiese cuanto antes con los
ardientes deseos de su familia , y los suyos
en particular , pues él no podria tener en
adelante ningun gusto , ausente desu vista.
Sembró Pablo con el mayor esmero las
simientes europeas , y particularmente las
de la escabiosa y violeta , cuyas flores pa-
recian tener alguna analogia con el ca-
( 133 )
rácter y situacion de Virginia ; pero fuese
que se desvirtuasen en la travesia de Eu-
ropa á aqui , ó mas bien que el clima de
esta parte del Africa no fuese favorable á
su vegetacion , saliéron muy pocas , y aun
estas no llegáron á punto de madurez.
En este mismo tiempo , la envidia ( la
cual hasta se anticipa á las dichas de los
hombres , sobre todo en las colonias fran-
cesas ) difundió en la isla ciertos rumores
que daban mucha inquietud á Pablo . La
tripulacion del buque que trajo la carta de
Virginia , aseguraba que quedaba para
casarse , y aun nombraban al señor de la
corte que habia de ser su esposo ; propa-
sandose algunos á decir que la cosa era ya
hecha , y que ellos mismos habian asistido
al desposorio .
Pablo despreció al principio las noticias
traidas por una embarcacion de comercio ,
que regularmente las esparce falsas en
todos los lugares de su tránsito ; pero como
muchos colonos de la isla se apresurasen
( 134 )
á lamentarse de semejante caso , por una
compasion mal entendida , comenzó á dar
algun crédito á la especie. Por otro lado ,
como en algunas de las novelas que habia
leido , veia la traicion tratada de juguete
y pasatiempo , y sabiendo que en seme-
jantes libros se pintan fielmente las cos-
tumbres europeas , temió que la hija de
madama de La Tour , pervertida en Fran-
cia con el ejemplo , olvidase sus promesas
antiguas. Las ideas que habia adquirido
le hacian ya infeliz .
Pero lo que acrecentó en estremo sus
temores , fué que de cuantas embarcaciones
llegáron á este puerto en el discurso de
seis meses , ninguna trajese noticia de Vir-
ginia. En tan dolorosa situacion , el infeliz
Pablo , entregado á las agitaciones de su
corazon , iba á verme á menudo para con-
firmar ó desechar sus rezelos , por la espe-
riencia que tengo del mundo.
Yo vivo , como os he dicho , legua y
media de aqui , á las orillas de un ria
( 135 )
chuelo que corre á la falda de la Montaña-
Larga , donde paso mi vida , solo , sin
muger , sin hijos y sin esclavo.
Despues de la rara felicidad de encon-
trar una compañera que sea bien acomo-
dada al genio propio , el estado ménos des-
graciado de la vida es , en mi opinion , el
de vivir solo. Todo hombre que ha tenido
muchos motivos para quejarse de las in-
justicias de los otros hombres , busca la
soledad ; y es cosa muy digna de notarse ,
que las naciones desgraciadas por sus opi-
niones , por sus costumbresó por sus leyes ,
han producido clases numerosas de ciuda-
danos absolutamente consagrados á la so-
ledad y al celibato : como en otro tiempo
los Egipcios en su decadencia , los Griegos
del bajo imperio , y en nuestros dias los
Indios , los Chinos , los Griegos modernos ,
y lamayor parte de los pueblos orientales.
La soledad restituye al hombre á la feli-
cidad natural , alejandole de los males de
la sociedad . En medio de tantos errores y
( 136 )
preocupaciones como dividen á los mor-
tales , el alma está en perpetua agitacion ,
volviendo y revolviendo continuamente
dentro de si misma mil opiniones turbu-
lentas y contradictorias , con queprocuran
sojusgarse unos á otros los miembros de
una sociedad ambiciosa y miserable. Pero
en la soledad se desnuda de estas ilusiones
estrañas que la perturban , y vuelve á ad-
quirir el sentimiento intimo de si misma ,
de la naturaleza , y de su autor : bien asi
como el agua cenagosa de un torrente que
inunda los campos , derramandose en al-
guna hoya apartada de su curso , depone
alli en el fondo sus impurezas , recupera
su primera claridad , y volviendose trans-
parente , refleja en sus propias márgenes
el verdor de los campos y la luz de los
cielos .
Ademas la soledad restablece la armo-
nia del cuerpo , igualmente que la del
alma. Entre los solitarios de todos tiempos
se encuentran hombres de edad muy avan
( 137 )
zada , por ejemplo , los Bracmanes de la
India. En suma , yo la considero tan ne-
cesaria para la felicidad , aun en medio del
mundo , que me parece imposible lograr
en él ningun placer durable , de cual-
quiera clase que sea , ni que el hombre
arregle su conducta conforme á algun
principio estable , si no se forma dentro
de si mismo un retiro del cual no salga
sino muy rara vez su opinion , y donde la
de otro tenga muy poca entrada.
No quiero decir con esto que el hom-
bre haya de vivir absolutamente aislado
y solo: está unido con todo el género hu-
mano por sus necesidades ; y por consi-
guiente debe sus trabajos á los hombres ,
y se debe tambien él mismo á lo restante
de la naturaleza. Quiero dar á entender
únicamente , que habiendonos dado Dios
å cada uno órganos perfectamente propor-
cionados á los elementos del globo que ha-
bitamos , piés para la tierra , pulmones
para el aire , y ojos para la luz ( sin que
( 138 )
podamos nosotros invertir el uso de estos
sentidos ) , se ha reservado para si solo ,
como autor de la vida , el corazon , que es
el principal órgano de ella.
Paso pues mis dias lėjos de los hombres ,
á los cuales he querido servir , y me han
perseguido. Despues de haber corrido una
gran parte de la Europa , y algunas pro-
vincias del Africa y América , me he
fijado en esta isla poco habitada , sedu-
cido de la benignidad del climay de sus so-
ledades. Una cabaña que yo mismo he le-
vantado al pié de un árbol , un huertecito
desmontado y cultivado por mismanos , y
un rio que pasa por delante de mi puerta ,
es todo lo que me basta para mis placeres
y mis necesidades .
Agregase á estas satisfacciones la de
tener algunos buenos libros que me ense-
ñan á ser cada dia mejor , haciendo por
otra parte contribuir á mi felicidad el
mundo mismo que he dejado , con las pin-
turas que me presentan de las pasiones
( 139 )
que tiranizan miserablemente á sus habi-
tantes;ypor elcotejo que hagodesu suerte
con la mia , me proporcionan el deleite
de gozar de una felicidad negativa. Como
un hombre que se ha salvado en un pe-
ñasco de los peligros de un naufragio , con-
templo desde mi soledad las borrascas que
braman en lo restante de la tierra ; y aun
se aumenta mi serenidad en razon de la
distancia de sus bramidos. Desde que no
trato álos hombres , ni sus intereses se cru-
zan con los mios , los compadezco en lugar
de aborrecerlos ; y si encuentro á algun
desgraciado , procuro ayudarle con mis
consejos , bien como aquel que pasando
por las orillas de un rio , y viendo aho-
garse en él á otro infeliz , le tiende la
mano para que se salve.
Pero yo no he encontrado sino á la ino-
cencia atenta á mi voz . En balde llama la
naturaleza á todos los hombres á la ino-
cencia : cada uno se forma una imágen de
ella , y la reviste con sus propias pasiones ;
( 140 )
persigue toda la vida á esta fantasma de
su imaginacion que le estravia , y se com-
place despues en el cielo de las ilusiones
que él mismo se ha forjado. Entre un nú-
mero considerable de desgraciados á quie-
nes algunas veces he intentado reducir al
camino de la naturaleza , ni uno solo he
encontrado que no estuviera embriagado
con sus propias miserias. Me escuchaban
al principio con atencion , esperando sin
duda que mis lecciones les ayudaria á ad-
quirir gloria ó riquezas ; pero viendo que
mi único fin era enseñarles á saber pasar
sin estas dos cosas , me tenian à mi mismo
por un miserable , porque no corria en
pos de sus dichas cuitadas : vituperaban
mi vida solitaria; pretendian persuadirme
que solo ellos eran útiles á los hombres ,
y se afanaban por arrastrarme al torbe-
llino de sus proyectos vanos.
Pero aunque me comunico á todo el
mundo , no me entrego á nadie , porque
me basta la propia esperiencia para ser
( 141 )
virme de leccion en el estado en que me
hallo. Repaso en la tranquilidad presente
las agitaciones pasadas de mi propia vida ,
á que hedado tantaestima, las protecciones,
la fortuna , la reputacion , losplaceres y las
opiniones que se hacen la guerra por toda
la tierra. Comparo tantos hombres como
he visto disputarse con furor estas quime-
ras , que ya no existen , á las olas de mi
rio que se estrellan espumando contra las
peñas de su canal , y desaparecen para no
volver jamas. Por lo que a mi toca , me
dejo llevar mansamente de la corriente del
rio del tiempo , hácia el océano de la eter-
nidad , que no conoce playas , y con el es-
pectáculo de las armonias actuales de la
naturaleza , me elevo á su autor , y espero
mas venturosa suerte en la vida perdura-
ble que nos aguarda.
Aunque desde mi cabaña , situada en el
centro de un bosque , no se descubre tanta
multitud de objetos como nos proporciona
verla elevacion del sitio donde nos hall a
( 142 )
mos , hay sin embargo situaciones deli-
ciosas , particularmente para el hombre
que como yo prefiere reconcentrarse en si
mismo á disiparse hácia fuera. El rio que
corre por delante de mi puerta pasa en
linea recta por medio del bosque , y pre-
senta á la vista un largo canal sombreado
de árboles de toda suerte de hojas . Alli
hay tacamacos , olivos , ébanos , manzanos
silvestres , y árboles de la canela ; sotos de
palmeras elevan acá y allá sus troncos pe-
lados , y de mas de cien piés de elevacion ,
que rematan en un ramillete de palmas ,
y figuran ,por encima de los otros árboles ,
como una floresta plantada sobre otra flo-
resta. A estos se juntan las lianas ó enre-
daderas de diferentes géneros de follage ,
que enlazandose de un árbol en otro for-
man aqui galerias de flores , y mas allá
largos cortinages de verdor. Es tal la fra-
gancia que sale de la mayor parte de estos
árboles , y tan pegajoso el olor aromático
que exhalan , que el hombre que atraviesa
(143 )
la floresta despide de si un perfume agra-
dable , algunas horas despues de haber
salido de ella. En la estacion en que se
visten de flor , diriais que estaban medio
cubiertos de nieve. Al fin del estio , varias
especies de pájaros estrangeros vienen ,
por un instinto incomprehensible, de re-
giones desconocidas , de la otra parte de
los vastos mares , á recoger las simientes
de los vegetales de esta isla , y oponen el
brillo de sus colores al verdor de los ár-
boles , que comienza á pardear con la
fuerza del sol. De este género son , entre
otros , varias especies de papagayos y las
palomas azules , llamadas aqui palomas
olandesas . Los monos , habitadores domi-
ciliados de estas florestas , triscan yjugue-
tean en sus sombrías ramas , de las cuales
solo se distinguen por su piel ver-de-gris
y su cara enteramente negra : unos se sus-
penden de ellas por la cola , y se colum-
pian en el aire ; otros brincan de rama
con sus hijitos en los brazos .
( 144 )
La escopeta matadora nunca ha ame-
drentado con su estruendo á estos apacibles
hijos de la naturaleza ; ni se oyen mas que
chillidos de alegria , trinos y gorgeos des-
conocidos de algunos pájaros de las tierras
australes , que repiten á lo léjos los ecos de
estos bosques . El rio que corre borbotando
sobre una madre de roca , por medio de
los árboles , refleja acá y allá en las crista-
linas aguas sus venerables masas de ver-
dor y sombra , igualmente que los retozos
y juguetes de sus dichosos moradores ; y
precipitandose á mil pasos de alli ; por las
diferentes alturas de un peñasco , forma
una cascada ò tabla de agua tersa como el
cristal , que se divide al caer en cuajaro-
nes de espuma. Mil ruidos confusos salen
de estas aguas tumultuosas , que disper-
sados por los vientos en la floresta , ora se
alejan , ora se acercan todos á un tiempo ,
y aturden los oidos , como el sonido de las
campanas de una catedral. El aire conti-
nuamente renovado con el movimiento de
( 145 )
las aguas conserva en las orillas de este
rio , á pesar de los ardores del estio , una
frondosidad y frescura que rara vez se en-
cuentra en esta isla , aun en la cumbre de
las montañas .
A cierta distancia de alli hay una roca
bastante distante de la cascada para que el
ruido de sus aguas no aturda los oidos , y
bastante inmediata para deleitarse con su
vista , con su frescura y su murmullo. A
la sombra de este peñasco soliamos ir á
comer alguna vez , en tiempo de los calo-
res escesivos , madama de La Tour , Mar-
garita , Virginia , Pablo , y yo ; y como
Virginia dirigia siempre sus acciones , aun
las mas comunes , al bien de otro , jamas
comia una fruta en el campo , que no
sembrara en la tierra su hueso ó su pe-
pita , diciendo : « De aqui nacerán árboles
« que darán sus frutas à algun cami-
« nante, ó á lo mėnos á un pajarito.
Un dia , pues , que comió una papaya
al pié de aquella roca , enterró , segun
( 146 )
costumbre , sus pepitas , de las cuales salié-
ron de alli á poco muchos papayos , entre
ellos una hembra , que son las que llevan
fruto . La altura de este árbol no escedia
de la rodilla de Virginia , cuando se ve-
rificó su partida ; mas como crece mucho
en corto tiempo , tenia ya veinte piés de
alto al cabo de dos años , y su tronco es-
taba coronado en la parte superior con
varios órdenes de papayas perfectamente
sazonadas. Acercóse Pablo un dia por ca-
sualidad á aquel sitio , y se lleno de
gozo al ver un árbol tan crecido , produ-
cido por una pepita que él habia visto
sembrar á Virginia , y al mismo tiempo
le entró una tristeza profunda con este tes-
timonio de su larga ausencia.
Los objetos que vemos habitualmente
no nos dan lugar á medir la rapidez de
nuestra vida , porque envejecen con noso-
tros con una vejez insensible , pero los
que vemos de repente despues de algunos
años de ausencia, nos advierten å primera
(147)
vista la velocidad con que corre el rio de
nuestros dias . La vista del papayo cargado
de fruta causó en Pablo aquella sorpresa
que por lo comun esperimenta un via-
gero , cuando volviendo á su patria des-
pues de muchos años , no encuentra vivos
á sus contemporáneos , y ve á los hijos de
estos , que él habia dejado mamando , he-
chos padres . Ya le daban impulsos de
cortarle por el pié , porque su vista le
hacia demasiado sensible el largo tiempo
que habia pasado desde la partida de Vir-
ginia ; y ya considerandole como un mo-
numento de su beneficencia , besaba su
tronco , y le dirigia palabras dictadas por
el amor y la tristeza.
¡ O árbol cuya posteridad subsiste toda-
via en mi floresta , yo mismo te he mirado
con mas interes y respeto que á los arcos
triunfales de la antigua Roma ! ¡ Permita
el autor de la naturaleza , que destruye cada
dialos monumentos de la ambicion mun-
dana , se multipliquen en nuestras flores-
( 148 )
tas los de la beneficencia de una doncella
pobre y malhadada !
Estaba yo seguro de encontrar á Pablo
al pié de este papayo , cuando venia por
mi posesion ; y habiendole visto un dia
penetrado de melancolia , tuve con él una
conversacion que voi à referiros , si no os
son demasiado enojosas mis largas digre-
siones , perdonables a mi edad y á mis
últimas amistades .
<< Estoy muy pesaroso , me dijo luego
« que me senté á su lado , porque hace
<< ahora dos años y dos meses que se mar-
« chó Virginia , y se han pasado ocho
<< meses y medio sin que nos haya escrito :
<<como es rica y yo pobre , sin duda me
« ha olvidado . Deseo embarcarme y pasar
« á Europa , por ver si alli hago fortuna
<<por algun camino , para pedirsela á su
« tia en matrimonio , y vivir feliz en su
« compañía. »
« La Europa , hijo mio , le contesté ,
« está abismada en los vicios mas contra-
( 149 )
<< rios a su felicidad , y á ti te falta dinero
<< y proteccion para poder hacer figura en
<<< ella : eres pobres , y no tienes ningun
« arrimo . »
<< Es verdad , me replicó , pero quizá
<<< hallaré algun poderoso que quiera pro-
<<tegerme y darme la mano. »
<< Para lograr-la proteccion del pode-
<< roso , le respondi , es necesario contri-
« buir á su ambicion ó á sus caprichos ;
« y tú á ninguna de estas dos cosas te
<< avendrias . »
« Teneis razon , me dijo ; pero portan-
<< dome yo como debo , siendo fiel á mis
<< palabras , exacto en mis obligaciones y
<< constante en la amistad , me haré acree-
« dor á que alguno de ellos me adopte por
<<hijo , como he visto se usaba antigua-
<<< mente en las historias de otros tiempos ,
<< que me habeis dado á leer. >>>
<<< No tiene duda , le respondi , que así se
« usaba entre los Griegos y Romanos ;
« pero ya no estamos en aquellas edades
( 150 )
« en que el mérito merecia el respeto de
<< los poderosos . »
<< Pues bien , me replicó , en defecto de
<< un poderoso procuraré agregarme á
« algun cuerpo cientifico , cuyas opinio-
« nes adoptaré en un todo , y me haré es-
<<< timar de sus individuos. »
<< En lugar de adquirirte estimacion , le
« dije , te grangearás odio y envidia , á
<< no ser que sofoques los gritos de tu con-
<<ciencia para trepar á la cumbre de la for-
« tuna. Por otra parte , los cuerpos se in-
<<< teresan muy friamente en el descubri-
« miento de la verdad . Para los ambiciosos
<< toda opinion es indiferente : con tal que
« á ellos les traiga utilidad y ventajas. »
<<Eso no lo haré yo jamas , esclamó
« entonces : todo mi conato será buscar
<< siempre la verdad. Soy muy desgra-
« ciado , continuó , pues se me cierran
<< todos los caminos para llegar á la pose-
<< sion de lo que mas estimo , y meveo con-
« denado á pasar mi vida en un trabajo
( 151 )
<< oscuro , ausente de Virginia. » Y , al
decir esto , dió un suspiro muy profundo.
<< Sea Dios tu único protector, hijo mio ,
« y el género humano tu cuerpo , le con-
<< testé con prontitud : ama á los dos cons-
<< tantemente , y desprecia la proteccion
<< de los particulares. Las familias , los
<< cuerpos y los pueblos , tienen sus pasio-
<< nes y sus preocupaciones , que exigen
« vicios en quien las haya de contemplar.
« Dios y el género humano no nos piden
<<< sino virtudes. >>>
« Pero ¿ por qué quieres , prosegui ,
<< distinguirte del comun de los hombres ?
« Ese deseo no es natural ; pues , si lo
<<< fuese , cada hombre estaria en estado
<< de guerra con su semejante. Contentate
<< con cumplir con tus obligaciones en el
<<< estado en que te ha colocado la Provi-
<< dencia : bendice tu suerte , que te per-
<< mite obrar conforme á tu conciencia ,
« y que no te precisa , como á los gran-
« des , á poner su felicidad en la opinion
( 152 )
<<de los inferiores ; y , como á los inferiores
<< á cometer bajezas y adular á los gran-
<< des para tener que comer . Tú estás en un
« pais y en una condicion en que no ne-
<< cesitas , para subsistir , ni engañar , ni
<< adular , ni envilecerte , como lo hacen la
<<<mayor parte de los que en Europa as-
<< piran á la fortuna ; en que no te ves pre-
<<cisado , por razon de tu estado , á ocul-
<< tar la verdad ; en que puedes ser impu-
<< nemente bueno , veraz , sincero , ins-
<< truido , sufrido , moderado , casto , in-
<< dulgentey piadoso , ysin que tu virtud ,
<< que todavia comienza á florecer, se mar-
<< chite con alguna flaqueza que te haga
<< ridiculo á los ojos del mundo y de la
« posteridad. El cielo te ha concedido li-
<< bertad , salud , una buena conciencia y
<< amigos verdaderos : harto ménos felices
<< son los grandes de la tierra , cuyo favor
<<<deseas . >>>
« ¡ Ah ! esclamó , todo me importa
<<poco , faltandome Virginia, Pero ¿ que
( 153 )
<<<haré yo para lograr la posesion de lo
<<<que mas amo ? Supuesto que su tia la
<<quiere casar con un hombre de mérito
« y circunstancias , me pondré á estudiar
<<para ser sabio y adquirir crédito : con el
<< estudio y la sabiduria serviré útilmente
« á mi patria , sin perjuicio de otro ; me
<<haré célebre por este camino , no depen-
« deré de nadie , y me deberé á mi solo
« esta gloria. »
<<¡ Ay ! hijo mio , le respondi , los ta-
<< lentos todavia son mas raros que las ri-
<< quezas ; y no tiene duda que son de una
<< naturaleza superior , por cuanto nadie
<<nos los puede robar , y porque nos gran-
« gean ademas la estimacion pública en
<< toda la redondez de la tierra ; pero cues-
<< tan muy caros. Es necesario privarse
<< del sosiego y del reposo para adquirir-
<< los , padecer las persecuciones de la en-
<< vidia , y vivir en cierto modo fuera del
<< mundo. Por otra parte , la celebridad de
<< las letras es demasiado tempestuosa y
10
(154 )
<< dificil de adquirir. Acuerdatede la suerte
<<que han tenido la mayor parte de los
<<filósofos de la antiguedad. Homero ,
<< cuyos versos son tan divinos, anduvo pi-
<<<diendo limosna de puerta en puerta.
« Sócrates , que con sus palabras y ejem-
<<plo predicaba la moral á los Atenienses ,
« fué envenenado juridicamente por ellos.
<< Su discipulo Platon se vió reducido á la
<< clase de esclavo por orden del mismo
<<< principe que le protegia ; y , anterior-
« mente á ellos , el célebre Pitágoras fue
<< quemado vivo por sus paisanos los Cro-
<< tonienses . ¡ Que digo yo ! la mayor parte
<<de estos nombres ilustres han llegado
<<desfigurados hasta nosotros por los mor-
<<daces tiros de lasátira con quela ingra-
<<titud humana se complace en caracteri-
<< zarlos ; y si entre tantos como ha ha-
<< bido , la gloria de algunos ha llegado
<< pura y sin mancilla hasta nosotros , es
« porque viviéron lėjos de sus contempo-
<< ráneos en la abstraccion y retiro de los
( 155 )
<< negocios públicos : pareciendose en esto
<<á aquellas estatuas desenterradas en los
<< campos de laGrecia y de la Italia , que ,
<< por haber estado sepultadas en el seno
<< de la tierra , se han libertado del furor
<< de los bárbaros. A vista de estos ejem-
<< plares , ¿ quien se lisonjeará de ser útil
<< á los hombres ilustrandolos ? ¿ quien se
<< prometerá tener todas las calidades ,
<< todas las virtudes que son necesarias en
<< la carrera de las letras , hasta estar dis-
<< puesto á sacrificar los bienes de la for-
<< tuna , y aun la propia vida ? »
<< Pero , bien , me interrumpió , vos que
<< teneis tanta sabiduria y esperiencia de
« las cosas, ¿ no me diréis si Virginia y
« yo nos casarémos algun dia ? Quisiera
<< ser sabio para conocer lo venidero.>>>
<<< ¿ Quien querria vivir , hijo mio , le
>> contesté , si conociera lo que está por
<< venir? Si una sola desgracia prevista
« nos causa tantas inquietudes vanas , la
<<vista de una cierta emponzoñaria todos
( 156 )
<< los dias que la precediesen. No conviene
<< profundizar demasiado lo que nos rodea ;
« y aun por eso el cielo que nos da la re-
<<flexion para preveer nuestras necesida-
« des , nos ha dado las mismas necesidades.
<<para que pongamos coto á nuestra re-
« flexion . >>>
« Pues ¿qué haré yo , me preguntó ,
<<para obtener riquezas , y con ellas las
< dignidades y distinciones que puedan
« hacerme acreedor á la mano deVirginia,
<< segun las ideas de su parienta ? Iré á
« enriquecerme á Bengala, y despues pa-
« saré á Paris á pedirla en matrimonio á
« su misma tia. »
<< ¡ Como ! esclamé yo : ¿ tendrias en-
« trañas para abandonar á tu madre y á
<< la suya ? >>
« Vos mismo , me replicó , me aconse-
<<jásteis que me embarcara para la India.>>
D
<< Entonces estaba aqui Virginia , le
<< contesté ; pero en el dia eres el único
« apoyo de su madre y de la tuya. »
( 157 )
« Virginia , me replicó , las socorrerá
<<por medio de su parienta rica »
« Los ricos , Pablo , le dije, solamente
<< reconocen por parientes á los que les dan
<<honor y brillo en el mundo. »
<< ¡ Que pais tan perverso la Europa !
« esclamó : ¿ qué necesidad tenia Virginia
<< de ir á buscar una parienta rica ? Aqui
<< vivia feliz y contenta , y allá sabe Dios
« si será desgraciada. « Y diciendo esto ,
comenzó á llorar con la mayor amargura.
Volviendo en si al cabo de un buen
rato , esclamaba , como si la tuviera pre-
sente : « Torna , torna , Virginia , al pais
<<donde has nacido , abandona tus pala-
« cios , tu fausto y tu grandeza : vuelve
« á estas breñas , á la sombra de estas flo-
<< restas y de nuestros cocoteros ; deja esos
<< trages de señora , y vuelve á estas ca-
<<bañas engalanada con tu vestido de co-
<< ton , tu pañuelo encarnado al rededor
<< de la cabeza , y tus flores bellas , cogidas
« por mi mano en estas praderas. » *
( 158 )
Despues de estas esclamaciones , quedó
como enagenado y en una especie de aba-
timiento de ánimo , que a mi mismo me
hizo enternecer ; y saliendo de él repenti-
namente como quien despierta de un sueño
inquieto y turbulento , se encaró á mi , y
me preguntó con aire de sorpresa.
<< ¿ Que necesidad hay de ser rico para
<< casarse? ¿ no bastaba que hubiera union
<<< de voluntades , conformidad de genios
<<y disposicion en el hombre , para ganar
<< de comer con el trabajo de sus manos ?
« ¿ En que se ocupan los ricos ? »
<< En vivir en la opulencia, le respondi ,
« sin que hagan nada la mayor parte de
<< los que poseen muchos bienes de fortuna.
<<< El trabajo de manos no tiene en Europa
<<todo el aprecio que merece , y que el
<< mismo Dios le dió cuando condenó al
« hombre à vivir del sudor de su rostro;
<< y aun se le da el nombre de trabajo me-
« cánico. Conforme á este modo de pensar,
<< los Europeos suelen apreciar mas á un
( 159 )
<< artista que á un labrador , sin embargo de
<< que la agricultura es el arte que sus-
<<tenta á los hombres. No es posible que
<< comprendas tamaña contradiccion , que-
<< rido Pablo , opuesta á los principios
<< de la razon, y consecuencia forzosa de
<< la depravacion del hombre civil. Es fácil
<<< formar una idea exacta del órden , mas
<< no del desórden : la belleza , la virtud y
<< la felicidad tienen proporciones ; la feal-
<<dad , el vicio y la infelicidad no tienen
<<ninguna. »
<< Segun eso , me interrumpió , serán
<< muy felices los ricos , no encontrando
<< ningun obstáculo para el logro de sus
<< caprichos , y pudiendo colmar de gustos
<<< y satisfacciones al objeto de su cariño. »
<< No por cierto , le respondi : bien léjos
<<de eso , la mayor parte de los ricos no
<<< gozan de ningun placer , por lo mismo
<< que no les cuestan la menor diligencia.
<< No has esperimentado que el placer del
<<descanso se compra con la fatiga, el de
( 160 )
« comer con el hambre , y el de beber con
<<< la sed ? Pues asi sucede en el de amar
« y ser amado, que solo se adquiere á costa
<<de mil privaciones y sacrificios. Las ri-
<< quezas privan á los ricos de todos estos
<< placeres , porque se anticipan á sus ne-
<< cesidades. Al disgusto , compañero de
« su ahito y saciedad , se agrega el orgullo
<< que nace de su opulencia , y quela menor
<< privacion incomoda , al mismo tiempo
<< que no los mueven ni lisonjean las mayo-
<< res satisfacciones. La fragrancia de mil
« flores no agrada mas que un instante ;
<<pero el dolor que causa una de sus es-
<< pinas dura mucho tiempo despues de la
<< picadura. Un mal en medio de las de-
<< licias es para los ricos una espina entre
<< las flores ; y por el contrario , un bien
« en medio de los males es para los pobres
<< una flor entre las espinas , que ellos gozan
<< con grande ansia y deleite. La natura-
<< leza todo lo ha contrapesado en este
<<mundo , y los efectos de una causa se
( 161 )
<< aumentan enproporcionde su contraste.
<< ¿ Que estado , habiendo de escoger , te
<< parece preferible , el de temer todos los
<< males y no tener casi ningun bien que
<< esperar , ó el de no temer casi ningun
<< mal y esperar todos los bienes ? Pues el
<< primero es el de los ricos , y el segundo
<<< el de los pobres. Pero los hombres con
<<dificultad pueden soportar estos estre-
<< mos , y asi la felicidad consiste en un es-
<< tado de mediania y de virtud ; el tuyo
« es de esta clase , pues mantienes å tus
<<padres con el trabajo de tus manos , por
<< agradar á Dios únicamente. »
Con estas ideas quedaba tan complacido
y sosegado , que ya daba por hecho el re-
greso de Virginia , y disculpaba su dila-
cion en escribir , suponiendola ya en ca-
mino para la isla. La vuelta le parecia
que podria verificarse en poco tiempo con
un viento fresco , y contaba las naves que
habian hecho la travesia de tres mil y qui-
nientas leguas de Europa á aqui , en mě
( 162 )
nos de tres meses : ponderaba lo adelan-
tado que estaba en este siglo el arte de la
navegacion , y la destreza de los marine-
ros; hablaba de las disposiciones que iba
á tomar para recibirla , y de la nueva ca-
baña que pensaba construir para habita-
cion de los dos : me decia que en llegando
Virginia rica y poderosa, ya podia yo
vivir descansado y sin trabajar , sino para
mi recreo , pues con su dinero compraria
muchos negros que cultivarian la tierra
para todos nosotros , y viviriamos juntos ,
sin tener yo otra cosa en que pensar
mas que en divertirme y recrearme á mi
gusto. Y fuera de si de contento con estas
esperanzas , iba á comunicar á su familia
la alegria de que estaba penetrado su co-
razon .
En esta vida , los grandes temores se
suceden de un instante á otro á las grandes
esperanzas , y las pasiones violentas ponen
siempre el alma en estremos opuestos.
Regularmente volvia Pablo al dia siguiente
( 163 )
á mi cabaña , sumamente triste y pensa-
tivo , y me decia : « Virginia no me es-
<< cribe ; si se hubiera embarcado para esta
<<< isla , me hubiera avisado de antemano
<<<el dia de su partida de Europa, ¡ Ah !
<<<demasiado fundadas son las noticias que
<<<han corrido. Sin duda la ha casado su
<<tia con un gran señor , y el amor de las
<<< riquezas la ha perdido á ella como á otras
<<muchas. En estos libros que pintan tan
<< al vivo á las mugeres europeas, la virtud
<< no es mas que un asunto de novela. Si
<< Virginia hubiera sido virtuosa, no hu-
<<<biera abandonado á su propia madre y
« á todos nosotros. Mientras yo paso la
<< vida pensando en su venida , y me aflijo
« por su ausencia, ella se divierte y me
* olvida. ¡ Ay de mi ! este pensamiento me
<< trastorna el juicio. Todo trabajo me fas-
<<tidia , y la conversacion y trato con las
« gentes mees enojoso . ¡ Ojalá se declarase
« la guerra en la India, para ir á esponer
<<<mi vida en ella ! <<<
( 164 )
<< Hijo mio , le contesté yo , el valor que
» nos lleva á la muerte no es mas que el
<<< valor de un instante , comunmente es-
« citado por los vanos aplausos de los
<<< hombres. Otro hay mas raro y necesario,
« que nos hace sobrellevar sin testigos ni
<< aplausos los males ordinarios de la vida;
<< la paciencia , quiero decir.Esta se funda ,
« no en la opinion de otros ó en el frené-
<< tico furor de nuestras pasiones , sino en
<<< la conformidad con la voluntad de Dios.
« La paciencia , querido Pablo , es el valor
« de la virtud . >>>
<< ¡ Ay de mi ! esclamó á esto : ¡ con que
« tampoco tengo virtud ! Todo contribuye
« á afligirme y llenarme de desespera-
« cion. »
« La virtud , le interrumpi , siempre
<< igual , siempre constante é invariable ,
« no es el patrimonio del hombre , des-
<<pues de la caida original. En medio de
<< tantas pasiones como nos agitan , nuestra
« razon se perturba y oscurece muchas
( 165 )
<<veces ; pero hay dos fanales donde po-
<<< demos encender su antorcha: la religion
<< y las letras. La religion , hijo mio , nos
« enseña á dirigirnos á Dios en nuestras
<< aflicciones , y esperar de su mano el re-
<< medio , por medio de la conformidad y
« paciencia cristianas que él mismo nos
<<recomienda en su evangelio.
<<< Las letras son un don del cielo,y como
<< un destello de aquella sabiduria que go-
<< bierna el universo : semejantes á los
<<< rayos del sol , iluminan, alegran y ca-
<< lientan , á manera de un fuego divino;
« y , á imitacion del fuego , hacen servir
<<toda la naturaleza para nuestros usos.
<<<< Por ellas reunimos al rededor de nos-
>> otros las cosas, los lugares, los hombres
<< y los tiempos : ellas son las que nos en-
<< señan á conformarnos å las reglas de la
<< vida humana, las que calman las pa-
<< siones , reprimen los vicios , y escitan á
<< las virtudes por medio de los augustos
<< ejemplos de los héroes cuyas acciones
11
( 166 )
<< celebran , presentandonos la imágen y
<< memoria de sus virtudes , siempre en
<<veneracion y acatamiento. En suma son
« las hijas del cielo , que bajan á la tierra
<<para dulcificar los males del género hu-
<<mano ; y en los tiempos de la mayor
<< barbarie y depravacion , siempre han
<< aparecido grandes escritores inspirados
<<para consuelo de sus semejantes. Las
<< letras han consolado á una infinidad de
<< hombres mas desgraciados que tú : á
<<< Xenofonte , desterrado de su patria, des-
<< pues de haber conducido á ella diez mil
<<Griegos victoriosos ; á Scipion, el afri-
<< cano , cansado de las calumnias de los
<< Romanos ; á Luculo , de sus partidos é
<<intrigas ; á Catinat , de la ingratitud de
« su corte . »
<<< Lee pues , hijo mio. Los sabios que
« han escrito antes de nosotros son como
<< viageros que habiendonos precedido en
<< las sendas del infortunio , nos alargan
« la mano , y nos convidan á que nos
( 167 )
« unamos á ellos cuando todo nos aban-
<<< done. Un buen libro es un buen amigo ,
<<cuya funcion augusta de hacer que res-
<<<plandezca la virtud escondida , de con-
<<solar á los desgraciados , iluminar al
<<mundo , y decir la verdad á todos sin
<<<distincion , es siempre digna de su ce-
<< lestial origen , y el destino mas sublime
<<con que el cielo puede honrar á un
<<<mortal sobre la tierra. ¿ Que hombre
«
habrá que no se consuele de la injusticia
« ó desprecio de los que disponen á su
<< arbitrio de la fortuna , cuando considere
<< que sus obras irán de siglo en siglo y
<< de nacion en nacion , para servir de
<<barrera al error y la corrupcion de los
<< mortales ; y que del seno mismo de la
<<oscuridad en que ha vivido , resaltará
<< una gloria que borrará la de la mayor
<< parte de los poderosos dela tierra , cuyos
<< monumentos perecen en el olvido , á
<< pesar de los aduladores que los elevan y
<<ponderan ? »
( 168 )
Me oyó Pablo con toda la atencion que
yo deseaba , aunque daba de cuando en
cuando tristes y profundos suspiros ; y co-
nociendo yo que el continuar hablando se-
riamente de semejante asunto , seria inha-
bilitarle cada vez mas para que se dedicara
al cultivo del campo , le distraje todo lo
posible , diciendole que cuando volviese
Virginia , estrañaria mucho no hallar el
jardin bien cuidado , siendo asi que ella no
habia pensado mas que en hermosearle ,
á pesar de las persecuciones de su pa-
rienta , y á tan larga distancia de su fa-
milia .
Este ardid y la idea del próximo regreso
de Virginia renováron el valor de Pablo ,
y le estimuláron á entregarse á sus ocu-
paciones campestres , las cuales divertian
sus penas , representandole el objeto de su
pasion como el término inmediato de sus
fatigas ; y mientras conservaba esta ilu-
sion , era feliz trabajando .
Levantandose , pues , una mañana al
( 169 )
rayar el alba , que era el 24 de Diciembre
de 1744 , vió tremolar una bandera blanca
sobre la montaña de la Atalaya : lo cual
era señal de que se descubria una embar-
cacion en el mar ; é inmediatamente que
la avistó , corrió al puerto para saber si
traia alguna noticia de Virginia. El prác-
tico , que segun costumbre habia ido á re-
conocer el buque, no volvió hasta por la
tarde ; y habiendole esperado Pablo , supo
que el navió señalado era el San Ge-
rando , de porte de 700 toneladas , man-
dado por un capitan llamado M. Aubin ;
que estaba cuatro leguas mar adentro , y
no fondearia en Puerto-Luis hasta el dia
siguiente por la tarde, si el viento soplaba
favorable , pues á la sazon reinaba una
profunda calma. Entregó el práctico al
gobernador las cartas que traia de Fran-
cia el San Gerando , entre las cuales habia
una con el sobre para madama de La
Tour , de letra de Virginia. Apoderóse
Pablo de ella al instante , besóla con
( 170 )
una especie de enagenamiento, metióla en
el seno , y corrió á la posesion sin dete-
nerse un minuto ; y desde lo mas lėjos que
pudo avistar á los suyos que le estaban es-
perando sobre el peñasco de la Despedida ,
levantó la carta en alto sin poder articu-
lar palabra.
Virginia decia en resúmen á su madre
en dicha carta , « Que habia esperimen-
<< tado muy malos tratamientos de parte
<< de su tia , la cual , despues de haberla
<<querido casar contra su voluntad , la
<<<habia desheredado por último , echan-
<< dola de casa en un tiempo en que no
<<se podia aportar á la isla de Francia ,
<<<sino en la estacion de los huracanes ;
<<que ella habia procurado , aunque en
<< balde , ablandar su dureza , represen-
<< tandole lo que debia á su madre , y á
<< los dulces recuerdos de la niñez ; pero
« que la tia la habia tratado de loca y
<< mentecata , añadiendo que tenia la ca-
« beza pervertida con las novelas. Final
( 171 )
<< mente , concluia la carta diciendo que
<< á la sazon nada le interesaba tanto como
<<la dicha de volver á ver y abrazar á su
<< amada familia , cuyo ardiente deseo hu-
<< biera satisfecho aquel mismo dia , si el
<< capitan le hubiera permitido transbor-
<<darse á la lancha del práctico ; pero que
<<se habia opuesto á ello , á causa de la
<<distancia de la tierra , y de la marejada
<< que no obstante la calma comenzaba á
<<< correr en alta mar . »
Leida que fué esta carta , toda la fa-
milia enagenada de gozo comenzó á gri-
tar : « ¡ Con que ha llegado Virginia !
<<¡ ha llegado Virginia ! » Y dandose mu-
tuos abrazos amos y criados , dispuso ma-
dama de La Tour , que fuera Pablo á
darme parte sin tardanza de la venida de
su hija. En efecto , encendió Domingo una
hacha de viento , y se encamináron los dos
á mi posesion.
Serian como las diez de la noche cuando
llegáron , á tiempo que yo acababa de apa-
( 172 )
gar la luz y acostarme ; pero al punto per-
cibi á lo léjos el resplandor del hacha por
entre las rendijas de mi cabaña , y de alli
á poco oi la voz de Pablo que me llamaba.
Apėnas me habia levantado y vestido ,
cuando Pablo , sin aliento y fuera de si ,
se me echo al cuello , diciendo : << Vamos ;
<< vamos , que ha llegado Virginia ; vamos
<< á prisa al puerto , donde fondeará la em-
<< barcacion al apuntar el dia. »
Inmediatamente nos pusimos en ca-
mino ; y como atravesásemos el bosque de
la Montaña-larga para tomar en el ca-
mino que vadelasPamplemusas alpuerto ,
senti pasos detras de mi , y volviendo la
cabeza vi que era un negro que venia
hácia nosotros en mucha diligencia. Ha-
biendole preguntado adonde iba con aque-
lla apresuracion , nos respondió que le en-
viaban desde la punta de la isla , llamada
los Polvos de Oro , á dar parte al gober-
nador de que un navio francés habia an-
clado en la ensenada de la isla de Ambar ,
( 173 )
y tiraba cañonazos pidiendo socorro , por-
que el mar estaba bastante alterado. Y sin
detenerse mas , prosiguió su camino con la
misma celeridad .
Yo entonces mudé de direccion , y dije
å Pablo que nos encamináramos á la punta
de los Polvos de Oro , distante de alli poco
mas de tres leguas , para salir al encuen-
tro à Virginia ; y en efecto , echámos á
andar los tres hacia la parte del norte de
la isla.
Hacia un calor bochornoso é inaguan-
table; y la luna , que acababa de salir ,
tenia en rededor tres cercos negros. El
cielo presentaba un aspecto triste y horro-
roso ; y al continuo resplandor de los re-
lámpagos , se distinguian largas hileras de
nubarrones espesos , negros y poco eleva-
dos , que se apiñaban hácia el centro de la
isla , y venian de la parte del mar con es-
traña velocidad , aunque no se sentia en
la tierra el menor aire. Yendo nosotros
caminando , nos pareció que oiamos tronar
( 174 )
de cuando en cuando , pero habiendo apli-
cado con mas atencion el oido , conocimos
que eran cañonazos repetidos por los ecos .
Estos cañonazos á lo lėjos , y el aspecto de
un cielo tempestuoso , me llenáron de hor-
ror , no quedandome ya duda de que eran
señales de socorro de alguna embarcacion
que naufragaba. De alli á media hora ya
no oimos mas cañonazos; y aquel silencio
me pareció mucho mas espantoso que el
lúgubre estruendo que le habia precedido.
Nosotros acelerábamos el paso sin ha-
blar palabra , ni atrevernos á comunicar-
nos mútuamente nuestra zozobra ; y á las
doce de la noche , poco mas ó ménos , lle-
gámos muy sudados á la ribera del mar ,
donde está la punta de los Polvos de Oro.
Las olas se estrellaban en la playa con
horroroso estrépito , cubriendo las ro-
cas y arrecifes de una espuma tan blanca
que deslumbraba la vista , y despidiendo
de si chispas de fuego ; de modo que en
medio de las tinieblas distinguimos , á fa
( 175 )
vor de tantos fuegos fosfóricos , las pira-
guas de los pescadores retiradas por ellos
tierra adentro .
A poca distancia vimos una hoguera en
el bosque , al rededor de la cual se habia
juntado mucha gente , y nosotros fuimos
á descansar alli mientras llegaba el dia.
Estando sentados cerca de la lumbre , nos
contó uno de los concurrentes , que des-
pues de medio dia habia visto en alta mar
una embarcacion arrastrada por los cor-
rientes hácia la isla , y que la oscuridad
de la noche se le habia ocultado por algun
tiempo ; que dos horas despues de puesto
el sol , habia oido cañonazos en demanda
de socorro , pero que estaba el mar tan
alborotado , que ninguna lancha habia
podido salir del puerto ; que de alli á poco
le pareció que habia visto encendidos los
faroles de la nave , en cuyo caso me temo
( decia él ) que atraida por la corriente
sobre la costa , se haya metido entre la
tierra ylaisleta del Ambar , equivocando
(176 )
esta con la punta de Mira , por donde pa-
san las embarcaciones que arriban á
Puerto-Luis ; y que si sus sospechas eran
fundadas , lo que sin embargo no podia
asegurar , el buque corria el mayor riesgo.
Tomó otro la palabra , y dijo que habia
atravesado muchas veces el canal que se-
para la isleta del Ambar de la costa , y
aun le habia sondeado ; y que teniendo un
anclage escelente , estaba libre el buque de
peligro , y tan seguro como en el mejor :
<< Yo depositaria en él , añadió , todo
<< cuanto tengo , y dormiria á bordo con
<<tanto sosiego como en tierra. »
El tercero dijo que era imposible que
aquel buque hubiese entrado en el canal
donde apénas podian navegar las chalu-
pas , y aseguró que le habia visto dar
fondo de la parte de allá de la isleta del
Ambar ; de suerte que si se levantaba
viento por la mañana , podria hacerse á
la mar , ó tomar puerto como quisiese.
Otros de la comitiva fuéron de diferentes
( 177)
dictámenes ; y mientras que altercaban en-
tre si , segun la costumbre de los criollos
ociosos , guardábamos Pablo y yo un pro-
fundo silencio .
Permanecimos alli hasta la punta del
dia; pero el cielo estaba tan oscuro y el
mar tan nebuloso , que no pudimos des-
cubrir en él ningun objeto , y solo colum-
brámos á lo largo como una nube opaca ,
que nos dijéron era la isleta del Ambar ,
situada á un cuarto de legua de la costa.
En suma , el dia era tan tenebroso que no
se percibia mas que el estremo de la playa
donde nosotros estábamos , y algunos pica-
chos de las montañas de la isla , los cuales
se dejaban ver de cuando en cuando por
entre las nubes que giraban sin cesar en
torno de ellos .
A eso de las siete de la mañana , oimos
en el bosque ruido de tambores , y de alli
á poco vimos venir á caballo al goberna-
dor M. de la Bourdonais , con un desta-
camento de tropa armada, y seguido de
( 178 )
un gran número de criollos y negros ; y
colocando á los soldados en la playa , les
mandó hacer una descarga general de fu-
sileria . Apėnas se hizo ladescarga, cuando
advertimos en el mar una llamarada , se-
guida inmediatamente de un cañonazo ; lo
que nos hizo juzgar que el buque estaba á
corta distancia de nosotros . Corrimos todos
velozmente hácia el parage donde se habia
oido el cañonazo , y descubrimos , por en-
tre la niebla , el casco y arboladura de un
gran navio , del cual estábamos tan eerca-
nos , que sin embargo del ruido de las olas
oimos el pito del contramaestre que man-
daba la maniobra , y las voces de la tripu-
lacion que gritó por tres veces : ¡ Viva el
Rey ! porque este es el grito de los Fran-
ceses en los mayores apuros , igualmente
que en los grandes regocijos.
Desde el punto que el navio S. Gerando
nos vió en situacion de poderle socorrer ,
no cesó disparar cañonazos de tres en tres
minutos , M. de la Bourdonais hizo en-
( 179 )
cender grandes hogueras de trecho en tre-
cho por toda la playa , y envió á buscar á
casa de todos los colonos de las inmediacio-
nes viveres , tablones , cables , y toneles
vacios . Bien pronto vimos llegar una mul-
titud de ellos , acompañados de sus negros
con provisiones , jarcia , y otros utensilios
de esta naturaleza , que venian de las ha-
bitaciones de los Polvos de Oro , del arra-
bal del Frasco , y del rio del Baluarte .
Acercóse en esto uno de los mas ancia-
nos al gobernador , y le dijo : « Señor go-
<< bernador , toda la noche se ha oido un
<< ruido sordo en las montañas : las hojas
<< de los árboles se menean en los bosques ,
<<sin que se sienta ningun viento ; las aves
<< maritimas se refugian á la tierra : sin
<<duda que todas estas señales anuncian un
« huracan. » « ¡ Cómo ha de ser ! respon-
« dió el gobernador : venga lo que Dios
<<quiera , que á todo estamos dispuestos ,
<< y los del navio tambien lo estarán por
« su parte. »
( 180 )
En efecto , todo presagiaba la próxima
esplosion de un huracan . Las nubes que se
distinguian en el cenit eran , en su centro ,
de un negro horrible , y de color de cobre
en la circunferencia ; y el aire resonaba
con los graznidos de los cuervos , de las
fragatas , de los patos , y de una infinidad
de aves maritimas , que á pesar de la os-
curidad de la atmósfera llegaban , de todos
los puntos del horizonte , á buscar asilo en
la isla.
Cerca de las nueve de la mañana se oyó
en la ribera del mar un ruido formidable ,
como si torrentes de agua , acompañados
de truenos , se despeñasen de la cima de
las montañas . Todos gritáron á una voz :
« ¡ El huracan , el huracan ! » é inmedia-
tamente un torbellino impetuoso de viento
disipó la niebla que cubria la isleta del
Ambar y su canal .
Descubrióse entonces claramente el San
Gerando con toda su tripulacion encima de
cubierta , bajadas las vergas y masteleros
( 181 )
de las gravias , su pabellon ondeante y he-
cho giras , con cuatro cables por la proa y
uno de reserva á la popa , entre la isleta
del Ambar y la tierra , de la parte de acá
de la cadena de rocas que circundan la
Isla de Francia , por cuyo parage ningun
otro navio habia pasado hasta entonces.
Presentaba la proa á las olas que venian de
mar adentro , y á cada montaña de agua
que entraba en el canal , se levantaba su
proa de tal forma que se descubria toda la
quilla ; y zambulliendose con este movi-
miento la popa , desaparecia á nuestra
vista hasta las galerias , como si hubiera
sido sumergida en las aguas. En esta posi-
cion , en que el viento y la mar le arrojaban
sobre la costa , era igualmente imposible
volver á salir por donde habia entrado , ó
barar , picando cables , en la playa , de la
cual estaba separado por grandes arreci-
fes . Cada ola que venia á estrellarse con-
tra la costa se adelantaba bramando hasta
las rias y ensenadas de las inmediaciones ,
( 182 )
llevando los guijarros mas de cincuenta
piés tierra adentro ; y retirandose despues ,
dejaba descubierta una gran parte de la
ribera , á cuyas piedras hacia rodar con
un ruido bronco y espantoso. El mar su-
blevado por el viento se embravecia por
instantes , y todo el canal comprendido
entre la isleta del Ambar y esta isla no era
mas que un vasto campo de espumas
blancas , surcado de negras y profundas
olas , cuyas espumas se apiñaban en los
recodos de las ensenadas hasta la altura
de mas de seis piés ; y el viento , que
barria su superficie , las llevaba , por en-
cima del repecho de la playa , á las tierras
apartadas mas de media legua de ella. Al
ver sus blancos é innumerables copos ,
arrojados horizontalmente hasta la falda
de los montes , cualquiera diria que era
una nevada que salia del mar. El hori-
zonte ofrecia todas las señales de una tem-
pestad duradera , y el mar parecia que
estaba confundido con el cielo. Continua-
( 183 )
mente se veian desprenderse del horizonte
nubes de un aspecto horrible , que atrave-
saban el cenit con la velocidad de las aves ,
mientras que otras permanecian inmóviles
en él , á manera de enormes peñascos . Por
ningun lado se descubria el azul del fir-
mamento , y solo iluminaba los objetos de
la tierra , del mar y de los cielos , una luz
fúnebre y parada.
Con los terribles balances del navio ,
sucedió lo que se temia. Faltáronle los ca-
bles de proa ; y como quedó á una sola
ancla , fué arrojado contra las peñas á
medio cable de la playa. No se oyó en-
tónces mas que un grito general de dolor
entre nosotros. A este tiempo iba Pablo á
arrojarse al mar , cuando le detuve por el
brazo , y le dije : « Hijo mio , ¿ quieres ir á
<< perecer ? » A lo que esclamó : « ¡ Muera
<< yo mil veces antes que dejar de ir á so-
<< correrla ! »
Como el sentimiento le privaba la ra-
zon , discurrimos Domingo y yo , para evi
( 184 )
tar su muerte , atarle ála cintura una soga
larga y tenerla nosotros cogida por el otro
cabo . Encaminóse entónces Pablo hacia el
San Gerando , nadando unas veces , y
yendo otras á gatas por los peñascos , hasta
tener en varias ocasiones valor para lle-
gar á su bordo ; pues el mar en aquellos
movimientos irregulares dejaba el navio
casi en seco , de modo que se podia andar
á pié todo al rededor de él . Pero volviendo
inmediatamente con nueva furia sobre la
playa , la cubria de enormes rollos de
agua , que levantando hasta las nubes la
proa del buque arrojaban mucho mas acá
de la ribera al infelice Pablo , con las pier-
nas todas ensangrentadas , magullado el
pecho , y casi sin aliento .
Apėnas recobraba el miserable jóven el
uso de los sentidos , cuando se levantaba
y volvia con nueva intrepidez hácia el
navio que los golpes de mar iban abriendo
por instantes con horribles crujidos. Toda
la tripulacion , desahuciada ya de poder
.
( 185 )
salvar la vida en el buque , se precipitaba
en tropel al mar , los unos en los galline-
ros , los otros en las vergas , y la mayor
parte en toneles y tablones .
Vióse entonces el objeto mas digno de
eterna compasion , que fué presentarse en
la galeria de popa del San Gerando una
jóven con los brazos tendidos hácia aquel
que hacia tantos esfuerzos para llegar á
ella. Esta jóven era la infeliz Virginia ,
quien desde luego conoció á Pablo por su
intrepidez y denuedo .
La vista de esta amable criatura , es-
puesta á tan inminente peligro , acabó de
consternar á todos los espectadores , par-
ticularmente cuando advertimos que nos
hacia señal con la mano , aunque con
cierto aire de nobleza y tranquilidad ,
como diciendonos á Dios para siempre.
Todos los marineros se habian echado al
agua , ménos uno que se conocia inten-
taba persuadirla á que se desnudara y sal-
vara la vida por este medio , arrojandose
( 186 )
con él al mar ; mas ella , resistiendolo con
dignidad , levantó los ojos al cielo y huyó
de alli. Gritáron entonces todos los con-
currentes : << ¡ Sálvala , sálvala ; no la de-
<< sampares ! » Pero en aquel mismo ins-
tante una montaña de agua se introdujo
entre la isleta del Ambar y la costa , y se
abalanzó bramando hacia el navio , al
cual amenazaba con sus flancos negros y
sus cimas espumosas y encrespadas. A tan
terrible aspecto , el marinero se arrojó solo
al mar , y Virginia, viendo la muerte ine-
vitable , se ciñó con una mano los zaga-
lejos , puso la otra sobre el corazon , y le-
vantando al cielo sus ojos serenos se mos-
tró como un ángel que remonta su vuelo
hácia el empireo.
¡ O dia espantoso ! ¡ ay de mi ! todo fué
sumergido. La ola hizo retirar muy tierra
adentro á una parte de los espectadores
que por un sentimiento de humanidad se
habian acercado á socorrer á Virginia ,
igualmente que al marinero que la quiso
( 187 )
salvar á nado. Aquel hombre caritativo ,
viendose libertado de una muerte casi
cierta , se arrodilló en la arena , y es-
clamó : « ¡ O Dios mio ! vos me habeis sal-
<<vado la vida; pero la hubiera dado muy
<< contento por esta modesta y virtuosa
<<doncella que jamas ha querido desnu-
« darse como yo . »
Domingo y yo retirámos de las aguas
al desgraciado Pablo , privado de sentido ,
y arrojando sangre por boca y oidos. El
gobernador mandó entregarle á los ciru-
janos;yentretanto nos pusimos ábuscarpor
toda la playa el cuerpo de Virginia. Pero
cambiandose repentinamente el viento ,
como sucede de ordinario en los huraca-
nes , tuvimos el dolor de creer que ni aun
podriamos tributar á esta malograda jóven
los últimos honores de la sepultura. Con
esta zozobra nos alejámos de aquel sitio
llenos de la mayor consternacion y pena ,
no solo nosotros , sino todos los que fuéron
testigos de un naufragio tan lastimoso , en
( 188 )
que pereciéron muchas personas , y parti-
cularmente unamuchachacomo Virginia ,
digna de mejor suerte por sus virtudes ,
Pero los decretos ocultos de la Providencia
son siempre adorables para el hombre re-
ligioso.
En este intermedio fuimos á ver á Pablo
que ya empezaba á recobrar el uso de los
sentidos en una habitacion inmediata
donde le depositáron miéntras volvia en
si y se ponia en estado de ser conducido á
lade su madre. Pero yo tuve que volverme
desde alli con Domingo , á fin de preparar
á la madre de Virginia y á su amiga á re-
cibir la primera noticia de un fracaso tan
inesperado como infausto.
Cuando llegamos á la entrada del valle
del rio de los Lataneros , nos dijéron unos
negros que el mar arrojaba muchos des-
pojos del San Gerando en la playa de en-
frente. Bajámos al instante á ella ; y uno
de los primeros objetos que descubri en la
ribera , fué el cuerpo de Virginia , medio
( 189 )
enterrado en la arena, y en la misma acti-
tud en que acabábamos de verla perecer .
Sus facciones no estaban sensiblemente al-
teradas : los ojos los tenia cerrados , aun-
que resaltaba todavia en su frente la sere-
nidad , y solamente se veian confundidas
en sus mejillas las pálidas violetas de la
muerte con las rosas del pudor. Tenia una
mano sobre su ropa y la otra sobre el co-
razon , pero tan fuertemente apretados
los dedos , que me costó mucho trabajo
quitarle una cajita que tenia en ella. Mas
¡ cual fué mi sorpresa cuando vi que era
el retrato de Pablo , á quien habia pro-
metido no desprenderse de él hasta la
muerte ! Con este último testimonio de la
constancia y amor de la infeliz Virginia ,
lloré amargamente ; y Domingo , golpean-
dose el pecho , penetraba el aire con do-
lorosos ayes. Llevámos el cadáver á una
choza depescadores, y se le dimos águardar
entretanto á unas pobres mugeres de la
costa de Malabar, que cuidáron delavarle.
12
( 190 )
Miéntras ellas se ocupaban en tan triste
ministerio , subimos nosotros temblando
á la cabaña de madama de La Tour , á
quien encontrámos rezando con Marga-
rita , y esperando noticias del San Ge-
rando. Luego que me avistó madama de
La Tour , esclamó : « ¿ Donde está mi hija ,
<<la hija querida de mis entrañas ? ¿donde
<<está mi Virginia ? » Y no pudiendo du-
dar de su desgracia por mi silencio y mis
lágrimas , le asaltó repentinamente una
mortal congoja , que embargandole la voz
no le permitia mas que sollozar. Marga-
rita esclamó al mismo tiempo : « ¿ Donde
« está mi hijo ? yo no veo á mi hijo ; » y
en esto se acongojó. Corrimos á socorrerla ;
y habiendo contribuido por nuestra parte
á que volviera en si , le aseguré que Pablo
vivia y quedaba al cuidado del goberna-
dor : con cuya noticia recuperó sus senti-
dos , y solo se ocupó en la asistencia de su
amiga á quien asaltaban largas congojas.
Por fin , madama de La Tour pasó toda la
( 191 )
noche en aquellas crueles agonias , que por
su mucha duracion me acabáron de confir-
mar que no hay dolor igual al dolor ma-
terno. Cuando recobraba el conocimiento ,
fijaba sus ojos turbios y desconsolados en
el cielo ; y por mas que su amiga y yo la
apretábamos las manos entre las nuestras ,
dandole los nombres mas cariñosos y tier-
nos , se mostraba insensible á estos testi-
monios de nuestra antigua amistad , y solo
salian de su pecho oprimido sordos ge-
midos .
Por la mañana fué conducido Pablo á la
habitacion de su madre , recuperados ya
sus sentidos , aunque sin poder proferir
una palabra. La primera vista con su ma-
dre y madama de la Tour , que tanto temia
yo al principio , produjo mejor efecto que
todas las precauciones tomadas por mi
hasta entonces. Un rayo de consuelo se dejó
ver en los semblantes de aquellas infelices
madres , las cuales arrimandose á él le be-
sáron y diéron muchos abrazos , comen
( 192 )
zando á correr abundantemente sus lágri-
mas , que el esceso del dolor habia tenido
embargadas hasta aquel momento. No tardó
Pablo en mezclar las suyas con las de ellas ;
y habiendose desahogado asi la naturaleza
en aquellas tres victimas de la desgracia ,
un largo sopor se sucedió al estado convul-
sivo de su pena , que les proporcionó una
especie de reposo letárgico , semejante en
cierto modo al de la muerte .
M. de la Bourdonnais me envió á decir
reservadamente que el cuerpo de Virginia
habia sido conducido por orden suya á
Puerto-Luis , desde donde pensaba tras-
ladarlo a la iglesia de las Pamplemusas.
Bajé al instante al puerto , donde hallé
congregados colonos de todos los puntos de
la isla para asistir al entierro , como si
todo el pais hubiera perdido la prenda de
mas subido precio. Las naves de la bahia
con las vergas cruzadas y los pabellones tre-
molantes disparaban cañonazos de tiempo
en tiempo ; los granaderos abrian el camino
( 193 )
del acompañamiento lúgubre con los fu-
siles á la funerala : sus tambores cubiertos
de arriba abajo de crespon negro sonaban
sorda y melancólicamente , y se veia re-
tratada la imágen de la tristeza en los sem-
blantes de aquellos guerreros que tantas
veces habian arrostrado la muerte en la
pelea , sin inmutarseles el color . Ocho don-
cellas de las mas principales de la isla ,
vestidas de blanco y con palmas en las ma-
nos , llevaban el cuerpo de su virtuosa
compañera , cubierto de flores. Seguialas
un coro de niños que entonaban himnos y
cánticos de alabanzas ; y en pos de ellos
iban las gentes mas distinguidas de la isla ,
y el estado mayor de la plaza , presidido
por el gobernador , que cerraba el acom-
pañamiento , y una infinidad de personas
del pueblo .
Esto fue lo que el gobernador dispuso
para tributar los debidos honores á la vir-
tud de Virginia ; pero cuando llegaron con
el cuerpo al pié de esta montaña , y á la
*
( 194 )
vista de estas cabañas ( que tanto tiempo
habia hecho felices con su presencia , y
ahora despues de su muerte causan mi
mayor tormento ) toda la pompa fúnebre
se desordenó : los himnos y cánticos cesá-
ron repentinamente , y no se oia mas que
los gritos y lamentos de todos los concur-
rentes. Las madres pedian á Dios una hija
como ella : las hijas una modestia y obe-
diencia igual á la suya; los pobres una
amiga tan tierna ; los esclavos una ama tan
bondadosa y benéfica : finalmente todos ,
jóvenes y ancianos , padres é hijos , ricos
y pobres , grandes y pequeños , lloraban
sobre su féretro la suerte de Virginia .
Cuando llegó al lugar de su sepultura ,
las negras de Madagascar y las Cafres de
Mozambique presentáron en su entierro
canastillos de frutas , y colgáron de los ár-
boles cercanos telas y estofas de diferentes
géneros , segun la costumbre de su pais;
y las Indias de Bengala y de la costa de
Malabar lleváron jaulas con muchos y di
( 195 )
versos pajarillos , á los cuales diéron li-
bertad sobre la misma tumba de Virginia :
¡ cuan cierto es que todas las naciones se
interesan en rendir homenage à la vir-
tud desgraciada , reuniendose de comun
acuerdo al rededor de su sepulcro !
Fué enterrada cerca de la iglesia de las
Pamplemusas , al pié de un grupo de bam-
búes , donde gustaba descansar , sentada
al lado de aquel que ella llamaba hermano,
cuando iba á misa con su madre y Mar-
garita.
Acabada la pompa fúnebre , M. de la
Bourdonais subió á estas cabañas , acom-
pañado de una parte de su numerosa co-
mitiva , y ofreció á madama de La Tour
y á su amiga todos los auxilios que estu-
viesen de su parte , espresandoles en bre-
ves , pero enérgicas palabras , la indigna-
cion que le habia causado el proceder de
su inhumana tia. Despues se dirigió á
Pablo , y le dijo cuanto juzgó mas opor-
tuno para consolarle en tan lastimosa si
( 196 )
tuacion. Y animandole á que se embar-
cara cuanto antes para Francia , donde le
prometia toda su proteccion en la corte ,
y cuidar entretanto de su madre como de
la suya misma , le alargó la mano de
amigo ; mas Pablo retiró la suya , y volvió
la cara á otro lado por no mirarle.
Yo , pues , en semejantes circunstancias
determiné quedarme para hacer compañia
á mis desgraciadas amigas , y darles ,
igualmente que á Pablo , todos los con-
suelos que me fuesen posibles. Pasadas tres
semanas se halló Pablo en estado de poder
andar ; pero parecia que se aumentaba su
tristeza á medida de que su cuerpo iba ad-
quiriendo vigor. Mostrabase insensible á
todo ; sus ojos estaban amortiguados , y no
respondia á nada de lo que se le pregun-
taba. Madama de La Tour , mas muerta
que viva , le decia muchas veces : << Hijo
« mio , jamas te veo , que no me parezca
<< ver á mi amada Virginia. » Al oir Pablo
el nombre de Virginia , se estremecia y se
( 197 )
alejaba de ella , á pesar de las voces é ins-
tancias de su madre para que no se apar-
tara de alli ; y encaminandose al jardin ,
se sentaba al pié del cocotero de Virginia ,
y fijaba los ojos en su fuente.
El cirujano del gobernador , que con
el mayor esmero le habia asistido , nos dijo
un dia , que para quitarle la negra melan-
colia que le atormentaba , era necesario
dejarle hacer todo lo que quisiera , sin con-
tradecirle en nada , y que este era el único
medio que habia de vencer el silencio en
que se obstinaba : cuyo consejo resolvi se-
guir en lo sucesivo.
En efecto , luego que Pablo se sintió mas
restablecido , lo primero que hizo fué ale-
jarse de la posesion ; mas como yo no le
perdia de vista , le fui siguiendo , y dije á
Domingo que nos acompañara y llevara
provisiones para algunos dias. A medida
de que Pablo bajaba esta montaña , parecia
que renacian sus fuerzas y alegria. Tomó
desde luego el caminode las Pamplemusas ;
( 198 )
y cuando llegámos cerca de la iglesia y del
grupo de bambúes , se fué en derechura al
parage donde vió la tierra recientemente
movida : arrodillose alli , y levantando los
ojos al cielo hizo una larga oracion .
Estepaso mepareció de muy buen agüero
para el recobro de su razon , pues se-
mejante señal de confianza en el Ser su-
premo manifestaba que su alma comenzaba
á recuperar el ejercicio de sus funciones
naturales. Domingo y yo nos arrodillámos
á ejemplo suyo , y orámos con él : despues
se levantó , y se encaminó hácia la parte
del norte de la isla , sin hacer mucho caso
de nosotros. Como yo estaba cierto de que
ignoraba donde se habia depositado el ca-
dáver de Virginia , y aun si le habian sa-
cado del mar , le pregunté porque habia
ido á rezar al pié de los bambúes , y me
respondió suspirando : « Hemos estado alli
<<< tantas veces Virginia y yo . »
Continuó caminando hasta la entrada
del bosque , donde nos cogió la noche. Alli
( 199 )
le escité con mi ejemplo á tomar un poco
de alimento , y despues nos recostámos
sobre la yerba al pié de un árbol , persua-
dido yo de que al dia siguiente resolveria
volverse á casa. En efecto , luego que ama-
neció , estuvo mirando bastante tiempo
ácia la llanura de la iglesia de las Pample-
musas , y aun hizo algunos movimientos
como para retroceder ; pero de alli á un
instante se internó repentinamente en el
bosque, dirigiendo siempre sus pasos hácia
el norte. Conociendo yo su intencion , pro-
curé distraerle de ella ; pero fuéron inúti-
les mis esfuerzos. Llegámos finalmente ,
cerca de mediodia , á la punta de los Pol-
vos de Oro , y bajó precipitadamente á la
playa del mar , enfrente del parage donde
naufragó el San Gerando ; y á vista de la
isleta del Ambar , y de su canal entonces
terso y apacible como un cristal , esclamó :
<<¡ Virginia ! ¡ amada Virginia ! » y en esto
se desmayó.
Domingo y yo le condujimos en hom
( 200 )
bros á lo interior del bosque, donde nos
vimos muy apurados para hacerle volver
en si ; y habiendole conseguido , se empeñó
de nuevo en volver á las orillas del mar ,
hasta que habiendole suplicado que no re-
novara nuestro dolor y el suyo con tan
crueles memorias , tomó otra direccion .
Finalmente , por espacio de ocho dias , no
cesó de andar de una parte á otra , recor-
riendo uno por uno los lugares donde
habia estado con la compañera desu infan-
cia ; la senda por donde habia ido á pedir
el perdon para la esclavade Rio-negro ; las
márgenes del rio de los Tres-Pechos , donde
Virginia se sentó por no poder andar , y la
parte del bosque donde los dos se estraviá-
ron. Todos los sitios que le recordaban las
inquietudes , los entretenimientos , los ban-
quetes , la beneficencia de su querida Vir-
ginia ; el rio de la Montaña-larga, mi ca-
baña , la cascada inmediata , el papayo
plantado por su mano , los cruceros de la
floresta donde ella se complacia en cantar ,
( 201 )
la era ó esplanada inmediata á su casa
donde gustaba de correr : todos estos sitios ,
repito , lehicieron derramar sucesivamente
lágrimas de afliccion ; y los mismos ecos
que tantas veces habian resonado con los
gritos comunes de su mutua alegria , no
repetian entonces mas que estos acentos
doloridos : « ; Virginia !... ¡ amada Vir-
<< ginia ! »
Con aquella vida errante y salvage se
le hundiéron los ojos , cubrió su rostro
una mortal palidez , y su salud se deterioró
considerablemente. Persuadido yo de que
el sentimientode los males presentes se du-
plica con el recuerdo de los placeres pasa-
dos , y que las pasiones crecen y se fortifi-
can con la soledad , resolvi apartar á mi
infeliz amigo de los lugares que renovaban
la memoria de la pérdida de la prenda de
su amor , y trasladarle á otro parage de la
isla , donde encontrase mas distraccion y
variedad de objetos .
A este efecto le llevé á las alturas habi-
13
( 202 )
tadas del distrito llamado de Williams ,
donde no habia estado nunca , ý en cuya
parte de la isla la agricultura y el comer-
cio estaban á la sazon en su mayor auge y
actividad , pues por todas partes habia
cuadrillas de carpinteros que cortaban
maderas , y otros que las serraban en ta-
blones ; carretas que iban y venian de una
parte á otra por todos sus caminos ; grandes
manadas de bueyes y de caballos que pas-
taban en su fértil campiña , yuna infinidad
de casas distribuidas por los campos. Por
otro lado , la elevacion del suelo permite
plantar alli en muchos parages diversas
especies de vegetales de la Europa, y se
veian aqui y alli mieses doradas en la lla-
nura , verdes tapetes de fresales en los des-
campados de los bosques , y á lo largo de
los caminos setos de rosales. Ademas de
esto , la frescura del aire que allí se res-
pira, dando tension á los nervios , es por
consiguiente favorable á la salud aun de
los mismos blancos .
( 203 )
Desde aquellas alturas , situadas casi en
el centro de la isla y rodeadas de grandes
bosques , no se descubre ni el mar , ni
Puerto-Luis , ni la iglesia de las Pample-
musas , ni otro objeto que pudiera escitar
en Pablo la memoria de Virginia. Las
mismas montañas , que se presentan á la
vista en diferentes graduaciones por el
lado de Puerto-Luis , no ofrecen , miradas
desde las llanuras de Williams , mas que
un promontorio en linea recta y perpen-
dicular , en el cual sobresalen varios pica-
chos muy elevados , donde se apiñan las
nubes .
A aquellas llanuras , pues , conduje yo
á Pablo , trayendole en continuo movi-
miento de una parte á otra , de noche y
de dia , al agua y al sol , y aun estravian-
dole de propósito en los bosques , prados y
campos , con el fin de distraer su ánimo
con la fatiga del cuerpo , y de hacerle mu-
dar de reflexiones con la ignorancia del
lugar donde nos hallábamos , y del camino
( 204 )
que habiamos perdido. Pero el alma de un
amante encuentra en todas partes los ves-
tigios del objeto amado : la noche y el dia,
el bullicio y la soledad , el tiempo mismo
que se lleva tras si tantas memorias , nada
puede apartarle de él : bien asi como la
aguja magnetizada , que , por muchas agi-
taciones que padezca , se vuelve ácia el
polo que la atrae , inmediatamente que la
dejan en reposo. Y asi , cuando yo le pre-
guntaba á Pablo , estraviado en medio de
un bosque : « Adonde irémos ahora ? » se
volvia ácia el norte , y me decia : « Alli
« estan nuestras montañas , volvamonos á
« ellas . »
Bien pronto conoci que todos los me-
dios , discurridos por mi para distraerle ,
eran inútiles , y que no me quedaba otro
recurso que combatir su pasion con sus
mismas armas , valiendome para esto de
todas las fuerzas de mi débil razon ; y asi
le respondi : « Si , aquellas son las monta-
« ñas donde vivia tu querida Virginia , y
( 205 )
<<<este el retrato que le diste junto à la
<<fuente de los cocoteros , y que ella con-
<< servó hasta el último instante de su
« vida. » Al punto que Pablo vió el re-
trato , me le arrancó de las manos con una
especie de furia , comenzó á temblar , y se
le inflamáron los ojos , detenidas en ellos
las lágrimas sin poder correr. Yo entonces
viendole tan inmutado , le hice las reflexio-
nes siguientes :
« Escucha mis razones , querido Pablo ,
<< que soy tu amigo , y lo he sido igual-
<<<mente de Virginia, y no ignoras que he
<< procurado siempre , en medio de vues-
<< tras esperanzas , fortificar vuestra razon
« contra los accidentes imprevistos de la
<< vida. ¿ De que te lamentas con tanta
<< amargura ? ¿ de tu desgracia, ó de la de
<<Virginia ?
« ¿ Te lamentas de tu desgracia ? Sin
<< duda que es muy grande , pues has per-
<< dido la mejor de las mugeres , que ha-
<< biendo sacrificado sus intereses á los
( 206 )
<<tuyos , te prefirió á los bienes de la for-
« tuna , como el único premio digno de su
<< virtud. Pero ¿ que sabes tú si el objeto
<< de quien podias esperar una felicidad
<< tan pura , tal vez seria para ti la causa
<<de una infinidad de males ? Virginia era
<< pobre y estaba desheredada ; y tú única-
<< mente la podias mantener con el trabajo
<< de tus manos. Habiendose criado con
<<mas delicadeza que tú , y adquirido mas
<<valor con su misma desgracia, la hubie-
<< ras visto desmejorarse de dia en dia, es-
<< forzandose en partir contigo el peso de
<< tus fatigas. ¡ Cuanto no se acrecentarian
<< tus penas y las suyas , si teniendo hijos
« mañana ú otro dia , os viérais precisados
<< å mantener , con solo tu trabajo, á vues-
<< tras ancianas madres , y una dilatada
<< familia !
« Tú me dirás que el gobernador os
<< ayudaria ; pero ¿quien sabe si en una
(
(
colonia donde se mudan tan á menudo
« los gobernadores , hallariais otro como
( 207 )
<< M. de la Bourdonnais ? ¿ Quien te ase-
« gura á ti que el que venga despues de
« él no sea hombre de malas costumbres y
<< peor modo de pensar ? Y en este caso ,
« ó vivirias pobre toda tu vida , ó te es-
<< pondrias á las asechanzas de su corrup-
« cion por conservar tu honor y el de tu
<< esposa, siendo perseguido por aquellos
<< mismos de quienes esperabas proteccion
« y amparo .
<< Me podrás decir que á lo ménos go-
<< zarias de la felicidad independiente de
<< la fortuna, esto és , de proteger al ob-
<< jeto amado que se estrecha con nosotros
« en proporcion de su mismadebilidad , de
<< consolarle con tus propias inquietudes ,
<< de alegrarle con tu misma tristeza , y
<< de aumentar el amor con vuestras penas
<< mutuas. No hay duda que la virtud y
« el amor , en los matrimonios bien ave-
<< nidos , gozan de estos placeres amargos.
<< Pero Virginia ya no existe , y te quedan
<< los dos objetos que despues de ti ha amado
( 208 )
<< mas en este mundo , que son su madre y
<< la tuya , à quienes tu dolor inconsolable
« hará descender al sepulcro. Pon , pues ,
<<tu dicha en ayudarlas , como la tenia
<< puesta ella misma. La beneficencia , hijo
<<mio , es la felicidad de la virtud , y no
« hay otra mayor ni mas segura que
<<ella sobre la tierra. Los proyectos de
<<placeres , de tranquilidad , de delicias ,
<< de abundancia y de gloria , no estan
<<hechos para el hombre , débil por na-
<<taraleza , y pasagero en esta vida. Ob-
« serva como un paso dado hacia la for-
<<tunanos ha precipitado átodosde abismo
« en abismo. Verdad es que tú te opusiste
<<< al viage de Virginia; pero ¿quien diria
<< que no habia de ser para su mayor bien
<< tuyo ? Las instancias de una parienta
« anciana y rica, los consejos de un go-
<< bernador prudente , los aplausos de una
<< colonia, las exhortaciones y autoridad
<< de un ministro de Dios han decidido de
<< la suerte de Virginia. Asi regularmente
( 209 )
<< corremos a nuestra perdicion , deslum-
<<brados con las esperanzas de un mundo
« engañador . Pero al cabo , de tantos hom-
« bres como vemos tan afanados en estas
<<<llanuras , de tantos como van á buscar
<<fortuna á las Indias , ó que sin salir de
<< su casa disfrutan tranquilamente en Eu-
<< ropa de los sudores de estos , ni uno solo
« hay que no esté destinado á perder un
<< dia lo que mas estima , grandeza , for-
<< tuna, muger , hijos y amigos. La mayor
<<parte tendrán que añadir á esta pérdida
<< la memoria de su propia imprudencia ?
<< mas tú , entrando dentro de ti mismo ,
<< nada tienes de que reprehenderte , pues
<< siempre has tratado á Virginia con las
<< miras mas legitimas , mas puras y mas
<< desinteresadas. Es verdad que la has per-
<< dido ; pero no ha sido por imprudencia ,
« avaricia , ú otra falta tuya , sino porque
« Dios ha querido valerse de las pasiones
« de otros para quitarte el objeto de tu
<< amor : Dios , digo , de quien tienes todo
¥
( 210 )
<< lo que eres , que vé todo lo que te con-
<< viene , y cuya sabiduria no te deja nin-
« gun lugar á la desesperacion y al arre-
<< pentimiento , compañeros inseparables
«
de los males de que nosotros hemos sido
<< los autores .
<< Laméntaste de la desgracia de Virgi-
<< nia , de su triste fin , y de su estado
<< presente ; ¿ y porqué ? Ella ha padecido
« la suerte reservada á la grandeza , á la
<<< hermosura y á los imperios mismos . La
<< vida del hombre , con todos sus proyec-
<<tos , se eleva como una torre cuyo co-
<< ronamiento ó remate es la muerte. Es-
<< taba condenada á morir desde el instante
<< de su nacimiento. ¡ Dichosa ella en ha-
<<< berse desatado de los lazos de la vida
<< antes que su madre , que la tuya y
<< que tú mismo , quiero decir en no
« haber muerto muchas veces antes de la
<<última !
« La muerte , hijo mio , es un bien para
<< el hombre justo ; es la noche de este dia
( 211 )
<<< inquieto que se llama vida , y el término,
<< de las enfermedades , pesares , aflicciones
<< y temores que continuamente agitan á,
<< los miseros mortales . Sondea á los hom-
<< bres que parecen mas dichosos , y verás
<< cuan caramente han comprado su pre-
<< tendida felicidad ; la opinion pública , á
<< costa de mil males domésticos ; las rique-
<< zas , á costa de la pérdida de la salud ;
<<el placer tan raro de ser amado , á costa
<< de continuos sacrificios : y regularmente,
<< al fin de una vida sacrificada á los inte-
<<< reses de otro , no ven al rededor de si
<< mas que amigos falsos y parientes in
<< gratos. Pero Virginia ha sido feliz hasta
« el último momento : lo fué en nuestra
« compañia con los bienes de la natura
« leza, y lėjos de nosotros con los de la
<< virtud ; y aun en el instante terrible en
<< que la vimos perecer , fué igualmente
<< feliz ; porque, ya echase los ojos sobre
<< toda una colonia , en cuyos habitantes
<< causaba una desolacion universal , ya los :
( 212 )
<<echase sobre ti , que con tanta intrepidez
« volabas á su socorro , tuvo el consuelo
<<<de ver cuan amada era de todos . Forti-
<< ficada en aquel momento con el testimo-
<<nio de la inocencia de su vida , recibió
« entonces el precio que el cielo reservaba
« á su virtud , un valor superior á los ries-
« gos : en una palabra , presentó á la
<< muerte un rostro sereno .
<< Dios , hijo mio , da en que merecer á
<<la virtud en los varios lances de la vida ,
<< para manifestar que ella sola es la que
<< puede hallar felicidad y gloria en los
<<< acontecimientos mas terribles . Cuando
<< le reserva una reputacion ilustre , la eleva
<<sobre el gran teatro del mundo, yla pone
« en combate con la muerte ; entonces su
<<valor sirve de ejemplo , y la memoria
<< de sus desgracias recibe para siempre un
<< tributo de lágrimas de la posteridad. Ve
<< aqui el monumento inmortal que está
<<reservado para la virtud en una tierra en
<< que todo pasa , y hasta la memoria de la
( 113 )
<<mayor parte de los grandes es sepultada
« en eterno olvido .
« Pero Virginia vive todavia. El mismo
<< Dios que la crió , la hace feliz premiando
<< sus virtudes. Ya sabes , hijo mio , que
<<< hay un Ente supremo , á quien toda la
<< naturaleza anuncia , y cuya existencia te
<< dicta tu mismo corazon , penetrado de la
<< grandeza de sus obras que estan á la vista
<< de todos. El es el que premia las virtu-
« des , ó castiga severamente los vicios ,
<<sin que ningun mortal pueda frustrar
<< los decretos de su justicia. La religion
« te lo enseña , y no necesito detenerme
<< ahora en probarte una verdad de que
« estás bien convencido. ¡ Ah ! si Virginia
<<< ha sido feliz con nosotros , lo será actual-
« mente mucho mas con la posesion de su
<< criador. Asi es de esperar de la infinita
<<bondad de Dios , y de la justicia con que
« juzga á sus criaturas. Vuelvo á repetir :
<< Virginia es feliz en el cielo ; y si desde la
« morada de los ángeles pudiera comuni-
( 214 )
<< carse á ti , te diria como por última des-
<< pedida : ¡ O Pablo ! la vida no es mas
« que una continua prueba. Yo atravesé
<< los mares por obedecer á mis padres ;
<< renuncié las riquezas por conservar mi
<< fé , y preferi la muerte á la violacion del
<< pudor. El cielo me ha libertado , en pre-
<< mio , de la pobreza , de la calumnia , y
<<< de todos los males que afligen al linage
<< humano en ese globo de miserias , donde
« la vida está en continua lucha con la
<< muerte , y la inocencia con la injusticia;
<<y ¡ tu me lamentas ! Aqui gozo de una
<< dicha eterna é inefable , sin mezcla de
« disgustos ni zozobras que la perturben.
<< Sufre , pues , el estado de prueba en que
<< te ha puesto la Providencia en ese mundo,
<< para ser feliz conmigo en este por toda
« una eternidad. Aqui tendrán fin tus pe-
<< nas , y se enjugarán tus lágrimas. ¡ O
<< Pablo ! ¡ Pablo ! eleva tu alma á lo in-
<< finito, para soportar los trabajos de un
<< instante . »
( 215 )
Al llegar aqui , mi propio acalora-
miento puso fin á mi discurso. Pero Pablo
mirandome de hito en hito , esclamó :
« ¡ Pero ella no vive ! ¡ ella no vive ! » y
una larga congoja se siguió á estas dolo-
rosas espresiones. Despues , volviendo en
si , me dijo : << Ya que la muerte es un
<< bien , y Virginia feliz , quiero morir
<<cuanto antes para juntarme con ella.>>>
De modo que las mismas razones con que
yo procuraba consolarle , solo sirviéron
para fomentar mas su pena ; y me vi en-
tónces en el mismo caso de un hombre
que intenta salvar á su amigo que se su-
merge en un rio sin querer nadar. El do-
lor tenia sumergido á Pablo . ¡ Ay de mi !
las desgracias de la primera edad dispo-
nen al hombre para la entrada de la vida ,
y Pablo no habia esperimentado ninguna.
Volvimos por fin á su cabaña , donde
encontré á su madre y á madama de La
Tour en peor estado que antes de nuestra
salida ; pero particularmente Margarita
( 216 )
era la que se hallaba mas abatida de
ánimo. Los genios vivos , en los cuales
hacen poca mella las penas ligeras , son
los que ménos resisten å las grandes pesa-
dumbres .
Consolélas del modo posible , y Marga-
rita me contó lo siguiente : « Sabed , ve-
« cino , como esta noche me pareció ver
<<á Virginia vestida de blanco , en medio
<< de florestas y jardines deliciosos , que me
« decia : Yo gozo de una felicidad digna
« de envidia. Despues se acercó á Pablo
« con semblante muy risueño , y selellevó
« consigo ; y como yo hiciese esfuerzos
« para detener á mi hijo , esperimenté
« que yo misma dejaba la tierra , y le se-
« guia con un gusto indecible. Quise en-
« tónces despedirme de mi amiga , mas vi
<< que nos seguia con Domingo y Maria.
<< Pero lo que me parece mas estraño (con-
<< tinuó ) , es que madama de La Tour ha
« tenido un sueño , esta noche , acompa-
<<< ñado de las mismas circunstancias . »
( 217 )
Como ellas no eran supersticiosas , me
persuadi desde luego que el sueño podria
tener alguna analogia con otros de que
nos hablan las historias , que han sido
mirados como inspiraciones del cielo . Pero
sea como quiera , lo cierto es que el de
estas infelices mugeres tardó bien poco en
realizarse. Pablo murió dos meses despues
de su amada Virginia , cuyo nombre no
cesaba de pronunciar. Margarita vió acer-
carse su fin ocho dias despues de la de su
hijo , con una alegria que solo la virtud
es capaz de esperimentar , despidiendose
con la mayor ternura de madama de La
Tour , con la esperanza , como ella decia ,
de una dulce y eterna reunion en la
otra vida .
El gobernador se encargó de la subsis-
tencia de Domingo y Maria , que ya no se
hallaban en estado de servir , y no sobre-
viviéron mucho tiempo a sus amas. El
pobre Leal tambien murió de pura vejez ,
casi al mismo tiempo que su amo.
( 218 )
La que se sostuvo , en medio de tantas
desgracias , con increible grandeza de
ánimo , fué madama de La Tour , á quien
yo llevé á mi compañia. Esta valerosa
muger , despues de haber consolado á Pa-
blo y Margarita , como si ella no tuviese
otros males que llorar mas que los de
estos , me hablaba todos los dias de ellos ,
como de unos amigos estimados que vi-
vian en las inmediaciones. Pero tampoco
les sobrevivió sino un mes .
Por lo que mira á la tia de Paris , lėjos
de atribuirle madama de La Tour sus ma-
les , pedia á Dios la perdonara , y liber-
tara su espiritu de las horribles inquietu-
des que , segun supimos despues , la agi-
táron desde que tuvo la inhumanidad de
despedir de su casa á Virginia. Pero esta
tia desapiadada no tardó en esperimentar
el castigo de su dureza , pues por varias
embarcaciones que posteriormente llegá-
ron á esta isla , se supo que estaba poseida
de una especie de melancolia , que le hacia
( 219 )
igualmente insoportables la muerte y la
vida. Tan pronto se achacaba á si misma
el fin prematuro de su sobrinita , y la
muerte de su madre que á ella se habia
seguido ; tan pronto se aplaudia de haber
desterrado de su vista á dos infelices que
por su bajo modo de pensar , como ella
decia , habian deshonrado su casa y fami-
lia. A veces , volviendose furiosa á vista
de tantos pobres como hay en Paris :
<< ¿ Porque no los envian , esclamaba , á
<< estos haraganes á perecer en nuestras
<< colonias ? » A temporadas daba en ser
devota , y otras por el estremo opuesto ,
sin acertar jamas á guardar el justo medio
de una virtud sincera y constantemente
seguida. En suma , lo que mas aceleró el
término de su miserable vida , fué el re-
mordimiento que la devoraba de haber
sacrificado los sentimientos naturales de
la sangre á la avaricia de su corazon y
á la vanidad de su familia ; y aun tuvo el
desconsuelo de ver pasar sus bienes á unos
( 220 )
parientes que aborrecia. Y habiendo in-
tentado , en venganza , enagenar lo mas
pingüe de su patrimonio , por que no re-
cayera todo en ellos , los mismos parientes ,
aprovechandose de la especie de mania á
que estaba sujeta , la hicieron encerrar
como loca , y pusiéron sus bienes en ad-
ministracion. Asi que sus mismas riquezas
fuéron la causa de su perdicion , y como
ellas habian empedernido el corazon de la
que las poseia , por la misma razon endu-
reciéron el de los que las deseaban. En
suma , para colmo de su desgracia, murió
con bastante conocimiento para verse des-
pojada y ultrajada por aquellos que la ha-
bian dirigido durante su vida.
Cerca del sepulcro de Virginia , al pié
del grupo de bambúes ó cañas , fué enter-
rado su amigo Pablo ; y al rededor de ellos
sus tiernas madres , y los fieles criados Do-
mingo y Maria. Sobre sus humildes se-
pulturas no se eleváron mármoles , ni se
grabáron inscripciones en loor de sus vir-
( 225 )
tudes ; pero en recompensa de estos vanos
aparatos , ha quedado indeleble su me-
moria en los corazones de aquellos á quie-
nes tenian obligados con beneficios. Sus
sombras no tienen necesidad del esplendor
de que huyéron cuando vivian ; prefieren
al contrario andar errantes debajo del pa-
jizo techo de las humildes chozas donde
habita la virtud laboriosa , consolando á
la pobreza no contenta con su suerte , é
inspirando á todos el gusto de los bienes
naturales , el amor al trabajo , y el temor
de las riquezas.
La voz del pueblo , que calla sobre los
monumentos elevados á la gloria de los
potentados y conquistadores de la tierra ,
ha dado nombres á algunos parages de
esta isla , que eternizarán la pérdida de
Virginia. Se vé cerca de la isleta del Am-
bar , en medio de los arrecifes , un sitio
llamado el Paso del San Gerando , del
nombre del navio en que naufragó Vir-
ginia. La estremidad de aquella larga
( 222 )
punta de tierra que veis , à tres leguas de
aqui , medio cubiertacon las olas del mar ,
y que el San Gerando no pudo doblar , la
vispera del huracan , para entrar en el
puerto , se llama el Cabo desgraciado ; y
ved alli en frente de nosotros , en los con-
fines de ese valle , la Bahia del sepulcro ,
donde se encontró entre la arena el cadá-
ver de Virginia : como si el mar hubiese
querido restituirle á su familia , y tribu-
tar los últimos homenages á su pudor en
las mismas playas que ella habia honrado
con la inocencia de su vida.
¡ Jóvenes tan tiernamente unidos !
¡ madres desgraciadas ! ¡ amadas familias !
estos bosques que os daban su sombra ,
estas fuentes que manaban para vosotros ,
estos oteros donde reposábais todos jun-
tos , lloran todavia el haberos perdido .
Nadie , despues acá , se ha atrevido á cul-
tivar esta tierra desolada , ni á reedificar
estas humildes cabañas . Vuestras cabras
se han hecho montaraces ; vuestros ver-
( 223 )
geles estan destruidos ; vuestros pájaros
han huido ; y solo se oyen los silbidos de
los gavilanes y aves de rapiña que vuelan
en torno de este recinto de peñascos. Yo ,
desde que no os veo , soy como un amigo
que ya no tiene amigos , como un padre
que ha perdido á sus hijos , como un via-
gero que anda errante sobre la tierra ,
donde ha quedado solo , triste y afligido .
Al acabar estas palabras , echó á andar
el buen anciano , derramando abundantes
lágrimas ; y las mias habian corrido mas
de una vez durante esta funesta relacion .
FIN .
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