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Sentencia rectificada mediante resolución de fecha 25-07-2017 disponible en
[Link]
Santiago, dieciocho de julio de dos mil diecisiete.
VISTOS:
Con fecha 1 de junio de 2016, Bellavista Oveja Tomé
SpA, representada legalmente por don Pablo Méndez Soto,
deduce requerimiento de inaplicabilidad respecto del
artículo 12 de la Ley N° 17.288, sobre Monumentos
Nacionales, en los autos sobre recurso de protección de
que conoce la Corte de Apelaciones de Santiago bajo el Rol
N° 36.624-2016.
Precepto legal cuya aplicación se impugna.
El texto del precepto legal impugnado dispone:
“Ley N° 17.288.
(…)
TITULO III
De los Monumentos Históricos
(…)
Artículo 12°. Si el Monumento Histórico fuere un
inmueble de propiedad particular, el propietario deberá
conservarlo debidamente; no podrá destruirlo, transformarlo
o repararlo, ni hacer en sus alrededores construcción
alguna, sin haber obtenido previamente autorización del
Consejo de Monumentos Nacionales, el que determinará las
normas a que deberán sujetarse las obras autorizadas.
Si fuere un lugar o sitio eriazo, éste no podrá
excavarse o edificarse, sin haber obtenido previamente
autorización del Consejo de Monumentos Nacionales, como en
los casos anteriores.
La infracción a lo dispuesto en este artículo será
sancionada con una multa de cinco a doscientas unidades
tributarias mensuales, sin perjuicio de lo dispuesto en los
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artículos 25°, 27° y 38° de esta ley y de la paralización
de las obras mediante el uso de la fuerza pública.”
Síntesis de la gestión pendiente.
La actora expone ostentar la calidad de arrendataria
con opción de compra del inmueble en el cual funciona la
Fábrica Bellavista Oveja Tomé, ubicada en la comuna de
Tomé, de 6 hectáreas de terreno y 42.000 metros cuadrados
construidos, a través de transacción efectuada con el
Banco de Chile el día 7 de octubre de 2010.
Mas, con fecha 13 de abril de 2016, el Consejo de
Monumentos Nacionales, en acuerdo celebrado a tal efecto,
por la unanimidad de sus integrantes, declaró el bien en
cuestión como Monumento Histórico. Frente a dicha
decisión, la requirente interpuso ante la Corte de
Apelaciones de Santiago un recurso de protección, dado
que, estima, se vulneraron diversas garantías
fundamentales a su respecto con dicha actuación
administrativa, representando ésta la gestión pendiente de
estos autos constitucionales.
Conflicto constitucional sometido al conocimiento y
resolución del Tribunal.
La requirente sostiene que la aplicación de la norma
reprochada, al permitir la declaración de Monumento
Histórico de un bien inmueble privado, genera serios
gravámenes al propietario. La Ley N° 17.288, dictada en el
año 1970, es anterior a la Carta de 1980, que modificó el
concepto de función social de la propiedad por una
limitación que sólo es aceptable hoy en la medida de no
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infringir el derecho a la igualdad ante las cargas
públicas, con criterios de proporcionalidad y
razonabilidad.
En este sentido, asegurando el artículo 19, numerales
21° y 24° de la Constitución Política, el desarrollo de
actividades empresariales, así como el derecho de
propiedad en sus diversas especies, sobre toda clase de
bienes corporales e incorporales, el Constituyente ha
normado que sólo la ley puede crear limitaciones derivadas
de la función social que es inherente al dominio, pero, en
caso alguno, permitió al legislador imponer exigencias o
restricciones arbitrarias a la adquisición, uso, goce y
disposición de los bienes, ya que ello implicaría afectar
su esencia, desconociendo las garantías fundamentales ya
aludidas.
Por lo que, no respetándose aquello, dichas garantías
son afectadas en su esencia, con una transgresión clara,
también, al numeral 26° del artículo 19 de la Carta
Fundamental.
Citando jurisprudencia de la Corte Suprema, así como
de esta Magistratura Constitucional, la actora refiere que
la discusión en torno a la norma reprochada ha girado en
torno a establecer si la declaración como Monumento
Histórico de un bien inmueble, implica afectar en modo
significativo o no, las facultades esenciales del
propietario en forma no permitida por la Constitución,
esto es, alejándose de la función social derivada del
dominio, que comprende los intereses generales de la
nación, la seguridad nacional, la utilidad y la salubridad
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públicas, así como la conservación del patrimonio
ambiental.
En el caso de autos, la requirente refiere que, con
la declaración dictada por la autoridad, se ha limitado su
dominio hasta convertirse en una regulación expropiatoria,
sin mediar ley general o particular que sea dictada a tal
respecto, con una carga superior a la que deben afrontar
el resto de los ciudadanos o personas jurídicas del país.
En detalle, es vulnerado el anotado artículo 19,
numeral 21° de la Constitución Política, al coartarse la
libertad de la requirente para desarrollar su actividad
comercial por hechos o circunstancias diferentes a las
indicadas en la norma constitucional, ya que adquirió el
inmueble, precisamente, para el desarrollo de su actividad
económica conforme la normativa vigente al momento de su
adquisición. Mas, por causa sobreviniente, como lo es la
declaración en comento, se ha visto privada de uno de los
requisitos esenciales del dominio y de la generación de su
actividad empresarial.
En segundo término, desarrollando la vulneración al
artículo 19, numeral 24° de la Carta Fundamental, hace
presente que la aplicación del artículo 12 de la Ley N°
17.288, contraviene la garantía constitucional del derecho
de propiedad, en tanto, se ha limitado su ejercicio por
razones alejadas de lo que ha permitido para dicho efecto
la Constitución.
Por estas consideraciones, solicita sea acogida la
acción deducida a fojas 1.
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Admisión a trámite, admisibilidad y observaciones de
fondo al requerimiento.
El requerimiento se acogió a trámite a través de
resolución de la Segunda Sala de este Tribunal
Constitucional, de fecha 7 de junio de 2016, a fojas 45,
decretándose la suspensión del procedimiento en la gestión
pendiente en que incide. Posteriormente, fue declarado
admisible el día 21 de junio de 2016, resolución rolante a
fojas 113.
Conferidos los traslados sobre el fondo a los órganos
constitucionales interesados, así como a las partes de la
gestión pendiente, fue evacuada con fecha 14 de julio de
2016, a fojas 124, presentación del Consejo de Defensa del
Estado, en representación del Consejo de Monumentos
Nacionales, instando por el rechazo de la acción de fojas
1.
Unido a ello, a fojas 154 y 163, ambas con fecha 14
de julio de 2016, la agrupación “Consejo Comunal para el
Patrimonio-Tomé” y, la “Asociación Chilena de Barrios y
Zonas Patrimoniales”, respectivamente, evacúan informe
como amicus curiae, solicitando el rechazo de la acción
deducida.
Observaciones del Consejo de Defensa del Estado.
El ente fiscal se hace parte del requerimiento de
inaplicabilidad de autos, realizando observaciones a la
presentación de fojas 1, instando para que ésta sea
rechazada en todas sus partes.
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A este respecto, junto con realizar un detallado
análisis en torno al procedimiento para que un inmueble
sea declarado como Monumento Histórico, refiere que la
respectiva declaratoria implica el deber del dueño de
conservarlo debidamente, pudiendo efectuar modificaciones
diversas, siempre con la autorización del Consejo de
Monumentos Nacionales.
En el caso que se ventila ante esta sede
constitucional, expone que el acuerdo a tal efecto fue
acordado unánimemente por el mencionado Consejo, en orden
a respaldar la solicitud que le fuera formulada para ello
y requerir de la Ministra de Educación, la dictación del
decreto supremo de estilo, con el plano de límites
asociado. Ante dicha decisión, la requirente presentó una
reconsideración administrativa.
En lo concerniente a la acción deducida en estos
autos, el Consejo de Defensa del Estado sostiene que la
requirente no es propietaria del inmueble en cuestión,
sino que sólo arrendataria con opción de compra, no
acreditándose la calidad que ha hecho mención en
oportunidad alguna de su presentación. Es más, ha
reconocido, aduce, que ocupa el bien raíz como fábrica y
que en verano lo utiliza como lugar turístico que es
visitado por diversas personas, y que, si necesita
efectuar algún arreglo, debe contar con la autorización de
su propietario, por expresa disposición del contrato de
leasing suscrito entre la actora y el Banco de Chile, a la
sazón, actual propietario.
Así, desde ya, la acción de autos debe ser desechada,
ya que la requirente, al no ser propietaria, no carga el
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peso de cumplir con las obligaciones que impone la Ley N°
17.288, manteniendo, más bien, una mera expectativa sobre
la propiedad, cuestión ya resuelta por esta Magistratura
en similares términos, en la STC Rol N° 1485.
Unido a lo anterior, la norma impugnada no cumple con
el esencial requisito de ser decisoria litis. En la
eventualidad de declararse inaplicable el precepto
reprochado por la actora, dicha decisión no tendrá mérito
suficiente para suprimir la legalidad del acto impugnado
en sede de protección, por lo que no tendrá efecto alguno
en la gestión pendiente que se ventila ante la Corte de
Apelaciones de Santiago. El artículo 12 de la Ley N°
17.288, con su eventual inaplicabilidad, no impedirá la
declaración de Monumento Histórico, ya que ello es
regulado en los artículos 9° y 11 de la normativa anotada.
En el artículo 12, más bien, es normada una regla
especial, establecida en la hipótesis de que un inmueble
sea del dominio de un particular, siendo la regla general,
el enunciado artículo 11.
Luego, refiere que el requerimiento desarrolla vicios
abstractos de constitucionalidad, no exponiendo de manera
circunstanciada y lógica, como lo exige una acción
constitucional de esta naturaleza, la forma en que se
produciría la contradicción normativa en el caso concreto.
Ello es propio de los problemas de la acción deducida,
constituida por un problema de legalidad y no de
constitucionalidad, dado que corresponde a la Corte de
Apelaciones, por vía del recurso de protección ya
interpuesto, establecer la efectividad o no, de que la
actora cumple con las calidades señaladas en la ley para
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estimarla como eventualmente afectada por el acto emanado
de la administración, que aún no es definitivo.
Analizando las vulneraciones constitucionales
esgrimidas por la requirente, refiere que éstas no guardan
asidero. En primer término, no puede alegarse transgresión
al derecho de propiedad, toda vez que la actora no es
propietaria del bien. A su turno, el Consejo de Monumentos
Nacionales ha desarrollado un proceso de calificación
ajustado a derecho, con decisiones fundadas y respeto a
los criterios delimitados por el legislador, lo que
demuestra la razonabilidad y proporcionalidad de su
actuar, en el margen de discrecionalidad que éste le
otorga.
A dicho respecto, abunda haciendo presente que el
artículo 12 de la Ley N° 17.288 no priva al titular de los
elementos del dominio respecto del inmueble en cuestión,
sino que, más bien, restringe la facultad de
edificabilidad de la propiedad, requiriendo para su
eventual concreción, autorización, a efectos del debido
resguardo del patrimonio cultural involucrado.
Al conferir el dominio derechos y deberes, la función
social envuelta es clave. Expone que la declaratoria de
Monumento Histórico, surge de la necesidad e interés de
proteger e incrementar el Patrimonio Cultural de la
Nación, que forma parte del Patrimonio Ambiental conforme
lo dispone el artículo 2°, literal ll), de la Ley N°
19.300, así como su preservación, garantizando su
conocimiento y goce por las futuras generaciones conforme
a los intereses generales.
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En segundo término, en caso alguno resulta vulnerada
la garantía constitucional establecida en el artículo 19,
numeral 21°. A dicho respecto, el ente fiscal hace
presente que, en virtud de la declaración de Monumento
Histórico, el propietario puede habitar, ocupar o emplear
el inmueble para fines sociales o, los propios de su giro
comercial, incluso desarrollar otros si lo estima
conveniente, por lo que no se coarta la posibilidad de
generar actividades empresariales, dado que es de la
esencia del manejo sustentable de bienes culturales con
trascendencia patrimonial, su integración en la sociedad
contemporánea.
Por las consideraciones anteriores, solicita el
rechazo de la acción deducida a fojas 1, con costas.
Vista de la causa y acuerdo.
Con fecha 6 de diciembre de 2016 se verificó la vista
de la causa, oyéndose la relación pública y concurriendo a
alegar por la parte requirente, el abogado don Pablo
Méndez Soto y, por el Consejo de Defensa del Estado, en
representación del Consejo de Monumentos Nacionales, el
letrado don Jaime Varela Aguirre. A su turno, en Sesión de
Pleno de igual fecha, se adoptó acuerdo de rigor.
Y CONSIDERANDO:
PRIMERO: Que, la controversia sometida a conocimiento
de esta Magistratura, guarda relación con los eventuales
efectos inconstitucionales que generaría el artículo 12 de
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la Ley N° 17.288, que Legisla sobre Monumentos Nacionales;
Modifica las Leyes N°s 16.617 y 16.719; Deroga el Decreto
Ley N° 651, de 17 de octubre de 1925, en su aplicación al
caso concreto y, específicamente, en lo relativo al
derecho a desarrollar cualquiera actividad económica que
no sea contraria a la moral, al orden público o a la
seguridad nacional, respetando las normas legales que la
regulen y a la garantía del derecho de propiedad en sus
diversas especies sobre toda clase de bienes corporales e
incorporales, contenidas en el artículo 19 de la Carta
Fundamental, en sus numerales 21° y 24° respectivamente;
SEGUNDO: Que, requerida en forma la intervención de
este Tribunal Constitucional, corresponde abocarse a
determinar si efectivamente la aplicación de la
disposición cuestionada conlleva una transgresión a los
derechos y garantías constitucionales indicadas, a fin de
impedir, mediante la declaración de inaplicabilidad, que
dicha infracción se concrete, o por el contrario,
establecer que dicha vulneración no es efectiva, de manera
tal que no se advierte impedimento en que se aplique la
norma en cuestión respecto de la gestión judicial
pendiente de que se trata;
DEL CONCEPTO DE MONUMENTO Y DEL PATRIMONIO CULTURAL
TERCERO: Que, tal como se puede apreciar en la parte
expositiva del presente fallo, el artículo requerido de
inaplicabilidad se encuentra contenido en el Título III
del mencionado cuerpo legal, denominado “De los Monumentos
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Históricos”, cuestión que hace pertinente recordar la
definición que esa misma ley realiza en su artículo 9° al
expresar que “son Monumentos Históricos los lugares,
ruinas, construcciones y objetos de propiedad fiscal,
municipal o particular que por su calidad e interés
histórico o artístico o por su antigüedad, sean declarados
tales por decreto supremo, dictado a solicitud y previo
acuerdo del Consejo”;
CUARTO: Que, se ha expresado que el concepto de
Monumento “se vincula al recuerdo de las personas, de
eventos, de regímenes fijados permanentemente en una
construcción estable y en una expresión de arte, y
responde, ya sea en la producción de parte de los
contemporáneos o en la conservación por parte de la
posterioridad, a aquel sentimiento de continuidad
espiritual y material que constituye el instinto de la
especie humana” (Enciclopedia Italiana di Scienze, Lettere
cd. Arti. Instituto Poligráfico dello Stato. Roma, 1951.
Cita extraída de “El Régimen Jurídico de la Propiedad
Monumental en Chile. Mafalda Revetria Beltrán. Revista de
Derecho Público N° 21/22, Universidad de Chile, 1977, p.
90);
QUINTO: Que además, cabe tener especialmente presente
que los Monumentos Históricos se comprenden dentro de la
categoría general de los Monumentos Nacionales y, éstos a
su vez, en la más amplia de bienes culturales o patrimonio
histórico, cultural y artístico, ya sean nacionales o de
la Humanidad. Estos conceptos que han adquirido en estos
dos últimos siglos relevancia jurídica mediante su
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regulación y protección especial, primero desde el nivel
internacional y luego en el nacional;
SEXTO: Que, desde nuestra propia perspectiva nacional,
se ha definido al patrimonio cultural como “todos aquellos
bienes que son expresiones y testimonios de la creación
humana propios de ese país. Es el conjunto de edificios,
instalaciones industriales, museos, obras de arte, sitios
y restos arqueológicos, colecciones zoológicas, botánicas
o geológicas, libros, manuscritos, documentos, partituras
y discos, fotografías, producción cinematográfica y
objetos culturales en general que dan cuenta de la manera
de ser y hacer de un pueblo. Dicho patrimonio es todo
aquello que le confiere una identidad determinada a un
país; puede ser de propiedad pública (administrados por
las distintas entidades que conforman el Estado) o bien de
propiedad privada. Estos bienes son preservados porque
individuos o la sociedad, a través de las organizaciones
creadas para ello, les confieren algún significado
especial, ya sea estético, documental, histórico,
educativo o científico” (Krebs, Magdalena y Schmidt-
Hebbel, Klaus, “Patrimonio Cultural: aspectos económicos y
políticas de protección”, en revista Perspectivas en
política, economía y gestión, Departamento de Ingeniería
Industrial, Universidad de Chile, p. 207, v.2, nº 2, mayo
1999);
SÉPTIMO: Que, del concepto de Monumentos y de
Patrimonio cultural, en cuanto verdaderos depositarios del
valor e identidad históricos y evolutivos de las
comunidades, podemos comprender la importancia que
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adquieren para éstas y, en consecuencia, el reconocimiento
y la debida protección por parte del ordenamiento
jurídico, en lo que se ha denominado como status activus
processualis o deberes estales de protección, de acuerdo a
la teoría de la “Constitución como cultura” formulada por
el destacado constitucionalista alemán Peter Häberle;
OCTAVO: Que en relación a lo anterior, las Cartas
Fundamentales del constitucionalismo contemporáneo,
surgidas desde la segunda guerra mundial en adelante, han
venido garantizando conjuntamente y con similar fuerza,
tanto, los derechos individuales, como los denominados
derechos económicos, sociales y culturales, es decir,
aquellos comprendidos en la tercera generación de derechos
fundamentales, vinculados al principio de solidaridad
(medio ambiente, paz, cultura, etc). Ello, por cuanto,
junto a los derechos individuales entendidos como esferas
de libertad personal de desarrollo espiritual y material,
los derechos colectivos también conllevan tal perspectiva
o expectativa, como se percibe nítidamente con el acceso a
los bienes culturales, históricos y artísticos, los cuales
conforman una de las dimensiones del derecho a la
educación, el cual tiene por objeto el pleno desarrollo de
la persona en las distintas etapas de su vida, según reza
el inciso primero del numeral 10 del artículo 19 de la
Constitución, replicando fielmente la definición de las
convenciones internacionales. De este modo, resulta
evidente que estos derechos constituyen un presupuesto
para garantizar el ejercicio efectivo de la libertad y el
progreso humanos, individuales y colectivos;
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NOVENO: Que en el contemporáneo Estado constitucional
de derecho, el texto de la Constitución no sólo regula los
órganos y mecanismos de ejercicio equilibrado del poder,
sino que de igual forma garantiza tanto la dimensión
política y económica de la comunidad nacional,
contemplando una constitución política, una constitución
jurídica y una constitución económica, y extendiéndose
además a la dimensión cultural, por corresponder a una
manifestación fundamental de la vida en comunidad, de su
identidad política e histórica, propia de toda Nación.
Esta última dimensión permite que el Estado constitucional
garantice una constitución cultural o “constitución como
cultura”, en el concepto formulado por Peter Häberle, pues
ella “no es solamente un texto jurídico, ni tampoco una
acumulación de normas jurídicas, es también expresión de
un estado de desarrollo cultural, un medio de
autorrepresentación de un pueblo, un espejo de su herencia
cultural y un fundamento de sus nuevas esperanzas” (“La
Protección Constitucional y Universal de los Bienes
Culturales: Un análisis comparativo”, en Revista Española
de Derecho Constitucional, Año 18, Núm. 54, Septiembre-
Diciembre de 1998; Constitución como Cultura, Editorial
Universidad Externado de Colombia, 2002).
DÉCIMO: Que, aún cuando puede extrañarse en nuestra
Constitución Política de la República, una consagración
expresa relativa al patrimonio cultural de la nación, como
principio constitucional, base institucional o
derechamente como derecho fundamental, sin embargo, es
preciso reconocer que ella establece un precepto sobre los
emblemas nacionales en el artículo 2, así como también una
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referencia directa a aquél valor, vinculándolo al derecho
a la educación y, otra indirecta, respecto al derecho de
propiedad;
DÉCIMOPRIMERO: Que, en relación a lo anterior, en
primer lugar, nos encontramos con la consagración de los
emblemas tales como la bandera, el escudo de armas de la
República y el himno nacional que importa una decisión
fundamental acerca de los símbolos nacionales y, por
tanto, una valoración expresa de bienes históricos y
culturales comunes que identifican a todos los habitantes
de la República, imponiéndoles a ellos su respeto debido.
Por otra parte, al asegurar a todas las personas el
derecho a la educación, el artículo 19 Nº10°, inciso
sexto, obliga al Estado a “(…) la protección e incremento
del patrimonio cultural de la Nación". Y, asimismo, al
reconocer la Constitución en el numeral 24° del artículo
19, el derecho de propiedad sobre toda clase de bienes
corporales e incorporales, reserva al legislador el
establecimiento de los modos de adquirir y las
limitaciones y obligaciones que deriven de su función
social, entre cuyas causales taxativas comprende “la
conservación del patrimonio ambiental”, noción que no se
restringe al medio natural, sino también el patrimonio
sociocultural;
DECIMOSEGUNDO: Que, cabe tener presente que la
referencia del texto de la Constitución al patrimonio
cultural, en cuanto a imponer la obligación estatal de
protegerlo e incrementarlo, proviene de la Convención
sobre la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y
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Natural adoptada en la Conferencia de la UNESCO de 1972,
cuyo texto fue ratificado por el Estado de Chile en el mes
de febrero de 1980, es decir, meses antes de la aprobación
plebiscitaria del texto constitucional;
DÉCIMOTERCERO: Que, asimismo, junto al recién
mencionado instrumento internacional, conviene considerar
como antecedentes fundamentales en la protección del
patrimonio cultural, histórico y artístico la Carta de
Atenas de 1931, en cuanto manifiesto urbanístico y
arquitectónico, la Constitución de la UNESCO de 1945 y la
Carta de Venecia sobre la Conservación y la Restauración
de Monumentos y Sitios, del año 1964. Esta última,
manifiesta que “Cargadas de un mensaje espiritual del
pasado, las obras monumentales de los pueblos continúan
siendo en la vida presente el testimonio vivo de sus
tradiciones seculares. La humanidad, que cada día toma
conciencia de la unidad de los valores humanos, los
considera como un patrimonio común, y de cara a las
generaciones futuras, se reconoce solidariamente
responsable de su salvaguarda.”;
DÉCIMOCUARTO: Que, en fin, sobre la relación
Constitución y cultura, las Cartas fundamentales más
avanzadas, en cuanto expresión de la soberanía
constituyente de un pueblo, se han abierto al
reconocimiento y consagración de derechos fundamentales
culturales, toda vez que el ser humano, en el contexto de
las sociedades modernas y desarrolladas o en vías de
desarrollo, no sólo tiene necesidades materiales (homo
oeconomicus u homo consumans), sino también, de bienes
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culturales, que le permitirán proyectarse de manera segura
en el devenir histórico, reafirmando su personalidad e
identidad individual y nacional, porque en definitiva,
como lo ha señalado el destacado antropólogo cultural
Arnold Gehlen, el hombre es por naturaleza y necesidad un
ser cultural (Ensayos de antropología filosófica,
Editorial Universitaria, Chile, 1973);
DE LA REGULACIÓN DE LA LEY N° 17.288
DECIMOQUINTO: Que, retomando lo expresado en el
artículo 9° de la Ley N° 17.288 al definir los Monumentos
Históricos, la mencionada disposición es clara al
establecer que la calidad de Monumento Histórico puede
perfectamente recaer sobre un bien de propiedad
particular, en la medida que éste cumpla con los
presupuestos que la norma consigna y la declaración
respectiva se efectúe mediante acto de autoridad dictado
en la forma que se dispone;
DECIMOSEXTO: Que, en concordancia con lo anteriormente
indicado, el artículo 12 del mencionado cuerpo legal
consigna que si el Monumento Histórico fuese un bien de
propiedad particular, el dueño del mismo deberá
conservarlo debidamente y no podrá destruirlo,
transformarlo o repararlo, ni hacer en sus alrededores
construcción alguna, sin haber obtenido autorización
previa del Consejo de Monumentos Nacionales, organismo que
deberá establecer las normas a las que deberán sujetarse
las obras autorizadas;
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DECIMOSEPTIMO: Que, lo expuesto permite advertir que
lo que la norma requerida de inaplicabilidad contempla, no
es una prohibición absoluta de ejercicio de las facultades
del dominio por parte del titular de un bien afecto a la
declaración de Monumento Histórico, sino que más bien
establece una limitación, la que a su vez no se aprecia
que sea de una envergadura tal que produzca una
imposibilidad de ejercicio de tales atributos, pues lo que
impone al titular del dominio es el deber de conservar el
bien de que se trata y en caso de querer efectuar obras en
el mismo, requerir de autorización ante el organismo
pertinente y sujetarse a los términos de la misma;
DECIMOCTAVO: Que, de lo anterior es posible concluir
que es el propietario del bien sujeto a la declaración el
que debe cumplir con ciertas cargas para el ejercicio de
sus derechos respecto del mismo, lo anterior, con la
finalidad de que dicho ejercicio no produzca una
alteración del bien calificado de Monumento que termine
desnaturalizando el mismo y produzca la pérdida del valor
que se ha intentado proteger mediante la declaración de la
autoridad;
DECIMONOVENO: Que, en relación a estas cargas y su
límite con el legítimo ejercicio de las facultades del
dominio, esta Magistratura Constitucional ha señalado que
“un acto de privación tendrá por objeto despojar, quitar,
sustraer una determinada propiedad de su titular, mientras
el acto regulatorio tendrá por función determinar las
reglas a que debe ajustarse el ejercicio del dominio,
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estableciendo un modo limitado y menos libre de ejercer la
propiedad sobre la cosa” (STC Rol N° 505, c. 22°);
VIGÉSIMO: Que, en la especie, la regulación efectuada
por la Ley de Monumentos Nacionales parece emparentarse
con la última parte del concepto antes reseñado, toda vez
que tal como la disposición requerida de inaplicabilidad
dispone, el objetivo de la regla es instar al propietario
de un inmueble afecto a la declaración de Monumento
Histórico a la conservación del mismo mediante la
intervención de un organismo público, encargado de velar
por el cumplimiento de la referida obligación y de
autorizar y establecer las disposiciones bajo las cuales
el titular del derecho de dominio podrá ejercer sus
facultades, de manera de evitar que estas colisionen con
el mencionado objetivo;
DE LA FUNCIÓN SOCIAL DE LA PROPIEDAD
VIGESIMOPRIMERO: Que, lo anterior nos lleva
necesariamente a explicar la idea de función social de la
propiedad contenida en el numeral 24° del artículo 19 de
nuestra Carta Fundamental y cómo Ésta se articula con el
derecho de propiedad en su concepción individualista,
asignado a un titular;
VIGESIMOSEGUNDO: Que, sobre el punto esta Magistratura
ha tenido la posibilidad de pronunciarse en anteriores
fallos, manifestando que pese a no estar definida por el
constituyente, es posible encontrar algunos antecedentes
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de la misma en la etapa de elaboración de la Constitución.
Así, en el Memorándum de 16 de agosto de 1978, dirigido
por la Comisión de Estudios de la Nueva Constitución al
Presidente de la República, es posible encontrar dos
ideas. Por una parte, que “la función social es inherente
al derecho de propiedad y está implícita en él. Supone que
el derecho debe ser ejercido de acuerdo con el fin que le
es propio y en armonía con los intereses colectivos” (STC
Rol N° 245, c. décimo de la prevención del Ministro señor
Ricardo García). Por la otra, se señala lo siguiente:
“Respecto de las limitaciones al dominio, dice que
“constituyen la expresión jurídica de los deberes anexos
al dominio que la doctrina señala como consecuencia de su
carácter social. Es, entonces, la función social de la
propiedad la que justifica las limitaciones y obligaciones
que el legislador puede imponer.” (STC Rol N° 245, c. 27);
VIGESIMOTERCERO: Que, siguiendo este orden de ideas,
dicha función supone entender que desde la reforma
constitucional a la Carta de 1925, introducida por la Ley
N° 16.615, de 1967, en materia de derecho de propiedad y
sostenida por la Constitución de 1980, éste se configura
en una doble faz, como derecho y como deber, “tiene un
valor individual y social, por lo que debe estar al
servicio de la persona y de la sociedad. La Constitución
alemana dice: “la propiedad obliga”, para hacer notar que
el dominio además de conferir derechos, impone deberes y
responsabilidades a su titular. Estos deberes y
responsabilidades del propietario que armonizan los
intereses del dueño y de la sociedad puede decirse que
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constituyen la función social de la propiedad” (STC Rol N°
245, c. 25);
VIGESIMOCUARTO: Que, de acuerdo a la teoría del
constitucionalista Peter Häberle, para el
constitucionalismo contemporáneo, la propiedad tiene un
triple significado: i) como derecho fundamental clásico,
ii) como parte de la Constitución Económica y, iii) como
parte de la Constitución Cultural, que consiste en la
conservación de la propiedad pública y en la limitación a
desarrollar actividades que no atenten contra el
patrimonio histórico, cultural o artístico;
VIGESIMOQUINTO: Que, nuestra doctrina nacional ha
señalado al respecto: “En efecto, la Constitución chilena,
como la alemana, la española y la mayoría de los textos
constitucionales pertenecientes a la órbita del derecho
continental, crean una configuración propia del derecho de
propiedad, diferente a la contenida en los códigos civiles
decimonónicos. Este nuevo concepto de propiedad viene a
significar una pérdida del señorío del propietario, puesto
que ahora, y precisamente en virtud de la función social
que tiene la propiedad, las facultades de goce y
disposición del titular –que antes tenían una tutela casi
ilimitada- ahora serán amparadas por el ordenamiento
jurídico en la medida que estén en concordancia con
ciertos intereses predeterminados por el propio texto
constitucional, y que de algún modo son considerados
superiores al interés individual del propietario”. (Andres
Bordalí Salamanca. “La función social como delimitación
interna e inherente del derecho de propiedad y la
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conservación del patrimonio ambiental”. Revista de
Derecho. Número Especial, agosto de 1998, p. 14);
VIGESIMOSEXTO: Que, por su parte, en el informe de la
Comisión de Estudios de la Nueva Constitución (CENC) se
expresó que la función social “es inherente al derecho de
propiedad y está implícita en él. Supone que el derecho
debe ser ejercido de acuerdo al fin que le es propio y en
armonía con los intereses colectivos”;
VIGESIMOSÉPTIMO: Que, de este modo no podemos
cuestionar per se la regulación que el legislador efectúe
de diversas instituciones que puedan importar una
limitación del derecho de propiedad individualmente
conceptuado. Es más, incluso se puede arribar a la
conclusión de que constituye un error el concebir este
derecho en esa única dimensión, olvidando que también se
encuentra provisto de una faz social, que es inherente al
mismo y que si bien se ejerce en los términos y bajo las
formas que el ordenamiento jurídico contempla, de modo de
hacer armónica la convivencia de ambas dimensiones, en
caso alguno puede considerarse como ajena al derecho mismo
o como contrario a su ejercicio, pues la propiedad supone
ser ejercida por su titular teniendo especial
consideración por esta función social;
VIGESIMOCTAVO: Que, lo señalado nos lleva a entender
que los derechos fundamentales no importan un ejercicio
absoluto respecto de otros y que, por lo tanto, será
inevitable que el titular de un derecho de propiedad
comprendido en su dimensión individual, no pueda sufrir
23
ciertas limitaciones en su ejercicio a consecuencia de su
aplicación a una función de carácter social, más aun
cuando esa afectación no constriñe a tal punto la esfera
individual del derecho de propiedad, su contenido
esencial, que lo haga imposible de ejercer para quien lo
detenta, cuestión que se advierte en la especie pues su
titular efectivamente se ve sujeto a ciertas cargas que
limitan el ejercicio de su esfera individual frente a su
dimensión histórica y cultural, pero que en caso alguno lo
hacen irrealizable como se pretende esgrimir;
DE LAS EVENTUALES TRANSGRESIONES A LAS GARANTÍAS
CONSTITUCIONALES DEL ARTÍCULO 19 EN SUS
NUMERALES 21° Y 24°
VIGESIMONOVENO: Que, una vez desentrañada la
problemática de la limitación al derecho de propiedad y
sus consecuencias para el titular del mencionado derecho
corresponde hacerse cargo de las supuestas afectaciones
que ellas generarían a las garantías de los artículos 19
Nos 21° y 24° de la Carta Fundamental;
TRIGÉSIMO: En relación a la garantía del numeral 21°
del artículo 19 de la Constitución esta Magistratura ha
señalado que “esta garantía se refiere al ejercicio de una
libertad o derecho de contenido negativo, es decir, cuya
sustancia consiste en que los terceros (el Estado o
cualquier otro sujeto) no interfieran, priven o embaracen
la facultad del titular para desarrollar cualquier
actividad económica que no sea contraria a la moral, el
orden público o la seguridad nacional, por lo que este
24
tipo de derecho no supone una obligación correlativa
positiva de parte del Estado en orden a satisfacer la
pretensión del titular del derecho.”(STC Rol N° 513-06 c.
19);
TRIGESIMOPRIMERO: Que, continúa el fallo antes
reseñado manifestando que “el referido derecho no es
absoluto sino que reconoce limitaciones basadas en el
respeto a la moral, el orden público y la seguridad
nacional, así como a las normas legales que regulen su
ejercicio.” (STC Rol N° 513-06 c.20);
TRIGESIMOSEGUNDO: Que, a partir de lo anterior podemos
concluir que el ejercicio de toda actividad económica debe
necesariamente armonizarse con el marco fundamental y
obligatorio consagrado en la Constitución y,
consiguientemente, el denominado orden público económico
debe respetar y conciliarse en forma con los derechos que
la misma Constitución asegura a todas las personas, no
pudiendo desconocer dentro de estas garantías, las
vinculadas a la función social de la propiedad y la
Constitución cultural, que como ya se manifestó
oportunamente tienen como objetivo el bienestar de la
sociedad en su conjunto;
TRIGESIMOTERCERO: Que, por lo anteriormente razonado,
no se advierte una afectación al derecho a desarrollar
cualquiera actividad económica que no sea contraria a la
moral, al orden público o a la seguridad nacional,
respetando las normas legales que la regulen; por la sola
regulación que contempla el artículo 12 de la Ley N°
25
17.288, más aun considerando que tal como se indicó
anteriormente, el ejercicio del mencionado derecho debe
conciliarse con las restantes garantías que la
Constitución y el ordenamiento jurídico contemplan, en
especial, la preservación, protección e incremento del
patrimonio cultural e histórico de la Nación;
TRIGESIMOCUARTO: Que, por su parte, en relación a la
eventual afectación al derecho de propiedad contenido en
el numeral 24° del artículo 19, resulta pertinente
recordar que la función social que sirve de fundamento a
la regulación cuestionada, emana de la misma consagración
constitucional del derecho de propiedad, como un elemento
integrante del mismo y como tal no resulta inconciliable
con éste, sino complementario;
TRIGESIMOQUINTO: Que, de este modo al estar frente a
una imposición de cargas para el titular de un derecho de
propiedad, tendientes a proteger un interés público, pero
que en caso alguno se le niega de manera absoluta el
ejercicio de ese derecho en su esfera individual, forzoso
resulta desestimar dicha reclamación al no apreciarse de
qué modo se vería conculcada la garantía del artículo 19
N° 24° de la Constitución;
DE LAS CIRCUNSTANCIAS DEL CASO CONCRETO
TRIGESIMOSEXTO: Que, a través de su presentación
Bellavista Oveja Tomé SpA manifiesta tener actualmente la
calidad de arrendatario con opción de compra respecto del
mencionado inmueble, siendo su actual propietario el Banco
26
de Chile, cuestión que lleva a plantearnos de qué modo se
podrían afectar los derechos de aquel sin detentar la
calidad de propietario del inmueble sujeto a la
declaración de Monumento Histórico y que como tal no le
resultan oponibles las cargas reseñadas, toda vez que
cualquier decisión respecto a la conservación,
modificación o destrucción del bien involucrado, le
corresponderá al dueño definirlas y no al arrendatario;
TRIGESIMOSÉPTIMO: Que, tampoco es posible alterar esta
conclusión por el hecho de ser el requirente arrendatario
con opción de compra, toda vez que esta última no pasa de
ser una mera expectativa y en caso alguno un derecho
adquirido antes que Ésta se concrete, por lo que tampoco
sería factible atribuirle a su patrimonio las
consecuencias negativas derivadas de la declaración de
Monumento Histórico.
En este mismo sentido cabe tener presente que este
Tribunal ha sostenido reiteradamente que el derecho de
propiedad sólo puede infringirse cuando el afectado es el
titular del mismo (STC Rol N° 2683, considerando 22°, por
todas);
TRIGESIMOCTAVO: Que, el solo argumento anterior
resulta suficiente para desestimar el presente
requerimiento de inaplicabilidad por inconstitucionalidad,
al quedar de manifiesto que la aplicación del artículo 12
de la Ley N° 17.288 en caso alguno puede afectar los
derechos de Bellavista Oveja Tomé SpA. como se pretende
esgrimir;
27
TRIGESIMONOVENO: Que, a mayor abundamiento corresponde
hacer presente que tal como se indicó al comienzo de esta
sentencia, la declaración de Monumento Histórico supone el
cumplimiento de una serie de requisitos, tanto por parte
del bien que lo hagan susceptible de recibir la mencionada
calificación, como por parte de la autoridad
administrativa que efectúa dicha calificación;
QUADRAGÉSIMO: Que, sobre este último punto y tal como
se indicó oportunamente, la declaración de Monumento
Histórico se concreta por medio de decreto supremo dictado
por el Ministerio de Educación, a solicitud y previo
acuerdo del Consejo de Monumentos Nacionales, elementos –
el primero-que hasta la fecha de interposición de la
presente acción constitucional no se había verificado, por
lo que la calificación del inmueble en cuestión como
Monumento Histórico era aún incierta, de modo tal que mal
podría verse afectado su propietario por las consecuencias
contempladas en el artículo 12 de la Ley N° 17.288;
CUADRAGESIMOPRIMERO: Que, en consecuencia, esta
Magistratura no estima vulnerados los derechos de la
sociedad requirente, de modo tal que no configurándose los
elementos necesarios para declarar la inaplicabilidad por
inconstitucionalidad del precepto procederá a desestimar
la presente acción constitucional;
Y TENIENDO PRESENTE lo preceptuado en el artículo 93,
incisos primero, N° 6°, y decimoprimero, y en las demás
disposiciones citadas y pertinentes de la Constitución
28
Política de la República y de la Ley N° 17.997, Orgánica
Constitucional del Tribunal Constitucional,
SE RESUELVE:
I. QUE SE RECHAZA EL REQUERIMIENTO DE
INAPLICABILIDAD DEDUCIDO A FOJAS 1.
II. DÉJASE SIN EFECTO LA SUSPENSIÓN DEL
PROCEDIMIENTO DECRETADA A FOJAS 45. OFÍCIESE A
TAL EFECTO.
III. QUE NO SE CONDENA EN COSTAS A LA PARTE
REQUIRENTE, POR ESTIMARSE QUE TUVO MOTIVO
PLAUSIBLE PARA LITIGAR.
Acordada con el voto en contra de los Ministros
señores Iván Aróstica Maldonado y Juan José Romero
Guzmán, señora María Luisa Brahm Barril, y señor Cristián
Letelier Aguilar, quienes acordaron acoger el
requerimiento de autos, en virtud de las razones que
exponen seguidamente:
CUESTIÓN DE CONSTITUCIONALIDAD
1°. Que, respecto a la Ley N° 17.288, la cuestión
debatida en autos no dice relación alguna con la
“declaración” de Monumento Histórico que afecta a la
propiedad que interesa a la requirente (y por eso no ha
impugnado su artículo 9°). Guarda exclusiva concomitancia
29
con los efectos futuros que dicha declaración conlleva (y
por eso ha impugnado el artículo 12 de dicha ley).
El problema específico planteado es que el uso y
goce sobre las propiedades gravadas con dicha declaración
quedan supeditados a una previa “autorización”
irrestricta y absolutamente discrecional por parte del
Estado, esto es del Consejo de Monumentos Nacionales.
Reza la norma reclamada: “Si el Monumento Histórico
fuere un inmueble de propiedad particular, el propietario
deberá conservarlo debidamente; no podrá destruirlo,
transformarlo o repararlo, ni hacer en sus alrededores
construcción alguna, sin haber obtenido previamente
autorización del Consejo de Monumentos Nacionales, el que
determinará las normas a que deberán sujetarse las obras
autorizadas” (artículo 12, inciso primero);
2°. Que el asunto radica en que la Ley N° 17.288
sobre Monumentos Nacionales no indica -ni aun
someramente- cuáles son las condiciones o requisitos que
hacen procedente dicha “autorización”. A lo que se suma
que nunca tampoco se dictó “el reglamento para la
aplicación de la presente ley”, que ésta originalmente
consideró en el artículo 47, para llenar sus vacíos y
defectos.
De suerte que tal “autorización” no es reconocible -
según define la jurisprudencia y la doctrina- como aquel
acto administrativo que permite ejercer un derecho
preexistente, una vez que la autoridad verifica que se
cumplen las exigencias legales y reglamentarias previstas
al efecto (STC Rol N° 467). Como sucede -a modo de
30
comparación y contraste- con los permisos de edificación
que deben otorgar los directores de obras municipales,
cuando los interesados satisfacen las obligaciones
establecidas taxativamente en la Ley de Urbanismo y
Construcciones y en la Ordenanza General que le sirve de
complemento (artículo 24, letra a, N° 2, de la Ley N°
18.695);
3°. Que la Ley N° 17.288 habla, pues, de una
“autorización” que no es la consecuencia necesaria del
cumplimiento de determinados requisitos legales y
reglamentarios, sino que se erige como una anuencia
meramente potestativa, que depende de la sola voluntad
del Consejo de Monumentos Nacionales.
Se enajena así el ejercicio del derecho de dominio,
desde el momento en que las facultades de uso, goce y
disposición quedan entregadas a la sola decisión del
Estado, sin mediar expropiación y en contravención con el
artículo 19, N° 24, inciso tercero, de la Constitución;
LIMITACIONES Y EXPROPIACIONES
4°. Que, podría aceptarse que la declaración de un
Monumento Histórico a través del correspondiente acto
administrativo -decreto supremo del Ministerio de
Educación- comporta una simple “limitación” al dominio,
al tenor del artículo 9° de la Ley N° 17.288.
Mas, ni esa norma ni ese efecto han sido objeto de
reclamo en estos autos: se refuta el artículo 12, que
deja entregado el ejercicio del derecho de dominio a lo
31
que disponga facultativamente el Consejo de Monumentos
Nacionales, a través de otro acto administrativo
ulterior, ahora contenido en una simple resolución;
5°. Que, la circunstancia de que por aplicación de
la ley de marras, al afectado “no se le niega de manera
absoluta” su derecho de propiedad -como dice la sentencia
contra la cual votamos- no faculta colegir que dicha ley
dé lugar a una mera “limitación”, puesto que la
Constitución es bien clara, en cuanto a que la
“expropiación” puede tomar forma en tres hipótesis, a
saber cuando alguien es privado: “de su propiedad”, o
“del bien sobre que recae”, o “de alguno de los atributos
o facultades esenciales del dominio”.
Siendo evidente que aquí se configura esta tercera
situación;
6°. Que, contrariamente a como procede la sentencia
con la que discrepan, estos disidentes entienden que no
basta esgrimir el “interés general de la Nación”, para
enseguida aducir que esta causal se encuentra en el
inciso segundo del artículo 19 N° 24, constitucional, y
de ahí concluir -sin más- que en la especie se está en
presencia de una limitación al dominio. Este razonamiento
sería formalmente válido, sólo si se estuviese impugnando
el artículo 9° de la Ley N° 17.288.
Aceptando que el inmueble del caso pudo quedar
afecto a la Ley N° 17.288 por razones de “interés
general”, y comoquiera que se trata de una causal que
también justifica la expropiación, en el inciso tercero
del artículo 19, N° 24, constitucional, disentimos de la
sentencia porque ésta no ha logrado descartar que, al
32
aplicar el artículo 12 de la Ley N° 17.288, se prive a su
titular “de alguno de los atributos o facultades
esenciales del dominio”;
7°. Que, en efecto, la aplicación del artículo 12
citado no solo reduce o restringe el ejercicio del
dominio que corresponde a su titular, sino que, por
carecer de la suficiente densidad normativa que sirva de
garantía legal frente al abuso administrativo, hace que,
en los hechos, pueda llegarse al extremo de hacer
ilusorio o meramente nominal el derecho de que se trata,
por carecer el dueño de la posibilidad de determinar el
destino del inmueble afectado, según su propia e
inalienable determinación final.
En un caso análogo, asimismo lo entendió la Corte
Suprema en sentencia de 18 de junio de 2004 (rol 4309-
02), al declarar inaplicable por inconstitucional el
artículo 12 de la misma Ley N° 17.288, dado que, por su
intermedio, “el dueño pasa a ser un dependiente de la
autoridad pública” de un modo tendiente a “privar de la
capacidad de administrar”, pues se “llega a la efectiva
privación del dominio” (considerando 6°) cuando entrega
al Consejo de Monumentos Nacionales la facultad para
determinar las normas a que debe sujetarse cualquier
obra, “lo que en realidad se traduce en una privación de
los atributos de uso, goce y disposición” (considerando
9°);
EXPOLIACIÓN
8°. Que, a este respecto, conviene poner de resalto
que la Constitución chilena contempla un régimen jurídico
33
de derecho público axiológicamente cohesionado, habida
cuenta que sus normas son reconducibles a un conjunto de
principios y valores coligados entre sí.
Sólidamente asentada en el postulado de que el
Estado está al servicio de las personas, procurando el
bien común con pleno respeto de sus derechos
fundamentales (artículo 1° inciso cuarto), las Bases de
la Institucionalidad insertas en la Constitución, admiten
como vinculantes para los órganos estatales únicamente
aquellas normas dictadas “conforme a ella” (artículo 6°).
Lo que comprende sólo a las leyes que guardan armonía o
consonancia con los principios y reglas constitucionales,
y descarta -por ende- aquellas otras leyes que sean
contrarias, opuestas o distintas a esas premisas
fundamentales;
9°. Que, para el logro del bien común con pleno
respeto a los derechos y garantías que la Constitución
establece (artículo 1° citado), este sistema “asegura”
que nadie “en caso alguno” puede ser privado de lo suyo,
“sino” en virtud de una ley que autorice la expropiación
por una causal intensa de bien común -utilidad pública o
interés nacional- y previo pago de la justa indemnización
(artículo 19, N° 24, inciso tercero).
Solamente o tan solo por medio de una expropiación
(“en caso alguno”) alguien puede ser privado de su
propiedad, del bien sobre que recae o de alguno de sus
atributos o facultades esenciales del dominio. Cualquier
otra forma contraria, opuesta o distinta a la
expropiación (“sino”), que aún por razones de bien común
produzca un efecto expoliador, se inconforma con la
34
Constitución (artículo 6°) y debe, por ello, ser purgada
del ordenamiento jurídico, precisamente por no ser acorde
a ella;
10°. Que, por lo demás, es un principio elemental
del derecho público chileno que el “interés general” no
faculta cargar a uno con todo el peso del bien común
temporal, por constituir ello una gabela
desproporcionada.
Si la comunidad toda ha de beneficiarse con una
medida de bien común adoptada por el Estado, entonces
aquellos pocos que soportan exclusivamente su costo deben
ser compensados por dicho Estado, autor de la decisión y
en nombre de esa colectividad a cuyo nombre ha obrado.
Conjugándose esta manera los precitados artículos 1°,
inciso cuarto, y 19 N° 24, inciso tercero, de la Carta
Fundamental;
11°. Que, en virtud del artículo 12 de la Ley N°
17.288, el dueño queda sustraído de sus facultades para
usar, gozar y disponer libremente del inmueble, y
sustituido en este ejercicio por el Estado. Lo que se
denominaría expropiación, si concurre una causal de
interés general.
O se llama expoliación cuando -como ocurre en este
caso- no media el pago de una justa indemnización;
12°. Que, finalmente, cabe apuntar que nada obsta
hacer extensivo el estatuto jurídico de la expropiación
al arrendatario, si -como el propietario- es igualmente
35
alcanzado por las prohibiciones monumentales de que se
trata e idénticamente perjudicado en lo suyo.
Sobre el particular, basta señalar que el propio DL
N° 2186, de 1978, ley sobre procedimiento de
expropiaciones, en su artículo 20, inciso final,
contempla el pago de la correspondiente indemnización por
“el daño patrimonial efectivamente causado a los
arrendatarios”;
CONCLUSIÓN
13°. Que el requerimiento de inaplicabilidad
deducido en autos debió ser acogido, por cuanto el
precepto legal impugnado, en lugar de elevarse como
garantía de seguridad frente al arbitrio administrativo,
vacía de contenido los derechos involucrados para dar
preeminencia absoluta a las potestades ilimitadas de un
órgano del Estado, el Consejo de Monumentos Nacionales.
Sin perjuicio de lo anterior, habida cuenta que en
este caso aún no se habría emitido el decreto supremo que
declara la afectación del inmueble en cuestión, es la
Corte de Apelaciones de Santiago quien, conociendo del
recurso de protección constitutivo de la gestión
pendiente en que incide este requerimiento, podrá
reservar a la arrendataria afectada todos los derechos
que le correspondan en el evento de perjudicarle ilegal o
arbitrariamente la ulterior aplicación del artículo 12 de
la Ley N° 17.288.
36
Redactó la sentencia el Ministro señor José Ignacio
Vásquez Márquez y, la disidencia, el Ministro señor Iván
Aróstica Maldonado.
Comuníquese, notifíquese, regístrese y archívese.
Rol N° 3086-16-INA.
Sr. Carmona
Sr. Aróstica
Sr. García
Sr. Hernández
Sra. Brahm
Sr. Letelier
Sr. Pozo
37
Sr. Vásquez
Pronunciada por el Excmo. Tribunal Constitucional,
integrado por su Presidente, Ministro señor Carlos Carmona
Santander, y por sus Ministros señora Marisol Peña Torres,
señores Iván Aróstica Maldonado, Gonzalo García Pino,
Domingo Hernández Emparanza y Juan José Romero Guzmán,
señora María Luisa Brahm Barril y señores Cristián
Letelier Aguilar, Nelson Pozo Silva y José Ignacio Vásquez
Márquez.
Se certifica que los Ministros señora Marisol Peña
Torres y Juan José Romero Guzmán concurren al acuerdo y
fallo, pero no firman por encontrarse haciendo uso de su
feriado legal.
Autoriza el Secretario del Tribunal Constitucional,
señor Rodrigo Pica Flores.