Reflexión: Igualdad de género
Introducción
A pesar de los grandes avances que llevamos como sociedad en el ámbito de
igualdad de género aun hace falta mucho por hacer para lograr que esta se expanda
por todos los lugares y que todos puedan gozar de ella. Mas que una idea la
igualdad de género es un derecho con el que todos debemos contar. Como señala
UNICEF, “la igualdad de género significa que mujeres, hombres, niñas y niños
deban gozar, por igual, de los mismos derechos, recursos, oportunidades y
protecciones”.
A partir del análisis de los recursos, como el recurso educativo tecnológico que
proporciona la UANL sobre igualdad de género y diversidad sexual, además de los
sitios del Instituto Estatal de las Mujeres, la Secretaría de las Mujeres y la Unidad
Especializada de Primera Intervención (UEPI), busco dar una breve introducción a
los avances que se han producido a lo largo del tiempo sobre la atención a la
violencia a las mujeres y contra la comunidad LGBTIQ+, pero también incitar a que
mas personas participen fomentando este derecho. La violencia no es un problema
que deba resolverse de manera personal si no que debe ser tratado en conjunto y
de manera coordinada entre gobierno, instituciones y sociedad. De todo esto surge
la reflexión presente que busca dar a entender y exigir igualdad para todos y todas
en todo momento.
Desarrollo
A través del recurso otorgado por la UANL podemos definir a la igualdad de género
como algo que no se trata únicamente de hombres y mujeres siendo presuntamente
dotados con los mismos derechos, si no que mas que nada implica eliminar todo rol
de género y estereotipo existente a demás de apoyar a grupos con orientaciones
sexuales distintas, personas trans y en general personas pertenecientes a grupos
históricamente excluidos.
Desde la perspectiva legal la igualdad de género es un principio constitucional que
establece que los hombres y mujeres tienen los mismos derechos y deberes ante la
ley y la discriminación de género está prohibida en casi todos los tratados de
Derechos Humanos.
A pesar de ya existen muchas leyes e iniciativas por parte del gobierno que ya
consideran la igualdad como un principio establecido hay muchos casos de
violaciones a este que ocurren día con día. Todavía se presentan situaciones en las
que se presentan actitudes sexistas, burlas, falta de representación, limitaciones en
los cargos de poder, lenguaje sexista y no incluyente.
En ese sentido, la igualdad de género no puede quedarse en discursos, debe
transformarse en acciones reales y en espacios seguros para todas las personas.
En Nuevo León, como en muchas otras partes de México, la violencia de género es
una de las desigualdades más fuertes y dolorosas que seguimos viviendo. Todos
los días se escuchan casos de feminicidios, violencia familiar, abusos sexuales y
ataques hacia personas de la comunidad LGBTIQ+. No es algo nuevo, es un
problema que viene de años de vivir en una cultura que todavía normaliza y justifica
este tipo de violencias.
Uno de los principales problemas es la impunidad. Cuando las autoridades no toman
en serio las denuncias, cuando no hay seguimiento o cuando las víctimas son
tratadas mal, se da el mensaje de que no pasa nada si se violenta a alguien. Esto
no solo daña a quien vive la violencia, también desanima a otras personas a pedir
ayuda.
A pesar de esto, también hay instituciones que han hecho esfuerzos reales para
apoyar a las víctimas. Por ejemplo, el Instituto Estatal de las Mujeres y la Secretaría
de las Mujeres ofrecen orientación legal, atención psicológica, acompañamiento y
hasta programas de prevención. Algo muy valioso que tienen son los Puntos
Naranja, donde las mujeres pueden pedir apoyo en lugares como tiendas o
estaciones de transporte.
La Unidad Especializada de Primera Intervención (UEPI) también es muy importante
porque da atención inmediata a casos urgentes, lo cual puede marcar la diferencia
entre salvar o no una vida. Este tipo de atención también genera confianza en las
instituciones, lo cual es clave para que más personas se animen a pedir ayuda.
Aun así, hay gente que no sabe que estas opciones existen. Falta más difusión, y
también es muy importante que el personal que trabaja en estas áreas esté bien
capacitado y tenga empatía para atender bien a las víctimas.
La comunidad LGBTIQ+ también vive discriminación todos los días. Y no solo
hablamos de insultos o burlas, también hay personas que pierden su trabajo, son
rechazadas por su familia o no reciben atención médica solo por ser quienes son.
Estas violencias pueden ser aún peores cuando se combinan con otras condiciones
como la pobreza o la discapacidad.
Existen plataformas donde se pueden reportar actos de discriminación de forma
anónima, pero muchas personas todavía tienen miedo o desconfianza de denunciar,
porque no sienten que las autoridades los escuchen o los respeten. Aquí es donde
entra la importancia de tener protocolos con enfoque de diversidad y personal que
entienda estos temas.
No podemos hablar de igualdad de género si dejamos fuera a la comunidad
LGBTIQ+. Sus voces también deben ser parte de las decisiones públicas, de la
educación y de todos los espacios. Desde las escuelas hasta el trabajo, deberíamos
construir lugares donde nadie tenga que explicar o justificar quién es.
A continuación, sugiero algunas acciones que se pueden impulsar:
• Tener educación sexual integral desde la primaria, con perspectiva de género
y diversidad.
• Capacitar a policías, doctores, maestros y funcionarios en temas de derechos
humanos y no discriminación.
• Hacer campañas para que la gente se informe y cuestione los roles
tradicionales, sobre todo en los hombres, para que puedan convertirse en
aliados.
• Invertir más en las instituciones que ayudan a víctimas.
• Y desde lo cotidiano, no quedarnos callados ante comentarios machistas o
discriminatorios, apoyar a quien lo necesite y crear espacios seguros en
nuestras comunidades.
También es súper necesario que se le dé seguimiento a los casos. Muchas veces
se da una atención inicial y luego se deja sola a la persona. El apoyo debe ser
completo: legal, emocional y social.
Conclusión
Pensar en la igualdad de género y cómo se relaciona con la violencia que muchas
personas viven todos los días, nos ayuda a ver que sí hemos avanzado, pero que
todavía queda mucho por cambiar. Las mujeres y las personas de la comunidad
LGBTIQ+ siguen enfrentando obstáculos que no deberían existir. Aunque ya hay
instituciones que se están moviendo para ayudar, no podemos quedarnos con eso
y darlo por hecho. Lo que falta es que esas acciones estén más conectadas con
una ciudadanía que no se quede callada, que sepa lo que pasa y actúe con empatía
y responsabilidad.
La igualdad de género no debería ser algo que se cumpla solo a veces o con ciertas
personas. Tiene que ser algo que todas y todos defendamos, sin excepciones. Si
de verdad queremos un país donde se viva sin miedo y con respeto, necesitamos
empezar por cambiar lo que hacemos cada día: cómo hablamos, cómo tratamos a
los demás y qué cosas permitimos. Porque no basta con decir que estamos a favor
de la igualdad; hay que demostrarlo, defenderlo y exigirlo. Y tal vez, al hacer eso en
lo cotidiano, en lo chiquito, estemos sembrando algo que sí puede cambiar el
mundo.
La igualdad no se va a construir sola. Cada persona puede convertirse en agente
de cambio desde su espacio. El silencio, en estos casos, también es una forma de
violencia.
Referencias
DED UANL. (s.f.). Igualdad de género y discriminación social en el entorno
institucional. [Link]
Gobierno del Estado de Nuevo León. (s.f.). Instituto Estatal de las Mujeres.
[Link]
Gobierno del Estado de Nuevo León. (s.f.). Secretaría de las Mujeres.
[Link]
Gobierno del Estado de Nuevo León. (s.f.). Unidad Especializada de Primera
Intervención (UEPI). [Link]
intervencion-uepi
UNICEF. (s.f.). Igualdad de género. [Link]
Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje. (s.f.). Conceptos básicos sobre género.
[Link]