En un valle escondido entre montañas azules, vivía Lira, una joven que podía
escuchar los susurros del viento. Nadie en su aldea creía en su don, pero ella
sabía que cada brisa traía secretos antiguos.
Una noche, el viento le trajo un mensaje claro:
“El guardián del bosque está herido. Si no lo ayudas, la luz de las estrellas se
apagará.”
Sin pensarlo, Lira siguió el murmullo hasta internarse en un bosque iluminado
por luciérnagas. Allí encontró un ciervo dorado con un ala rota. Al tocarlo, su
corazón brilló con un calor inmenso, y el ala sanó como si nunca hubiera es -
tado dañada.
El ciervo se inclinó ante ella y le entregó un colgante con una pequeña es -
trella en su interior.
“Ahora la luz también te pertenece. Protégela siempre.”
Desde entonces, cada vez que Lira sentía el viento en su piel, una estrella
nueva brillaba en el cielo.