0% encontró este documento útil (0 votos)
98 vistas12 páginas

Cap 1

La historia sigue a Yuki, una niña bendecida en su aldea, que enfrenta el dolor tras la muerte de su madre y el acoso de sus compañeros debido a su belleza y singularidad. Tras un trágico evento que destruye su hogar y la deja sola, Yuki es rescatada por Urokodaki, un hombre que la ayuda a sanar tanto física como emocionalmente. A medida que Yuki comienza a adaptarse a su nueva vida, se enfrenta a la realidad de los demonios que amenazan su mundo y la esperanza de convertirse en una guerrera.

Cargado por

Laiely Mariano
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
98 vistas12 páginas

Cap 1

La historia sigue a Yuki, una niña bendecida en su aldea, que enfrenta el dolor tras la muerte de su madre y el acoso de sus compañeros debido a su belleza y singularidad. Tras un trágico evento que destruye su hogar y la deja sola, Yuki es rescatada por Urokodaki, un hombre que la ayuda a sanar tanto física como emocionalmente. A medida que Yuki comienza a adaptarse a su nueva vida, se enfrenta a la realidad de los demonios que amenazan su mundo y la esperanza de convertirse en una guerrera.

Cargado por

Laiely Mariano
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

≫ ──── ≪•◦ ❈ ◦•≫ ──── ≪

¿Cuándo fue… que las cosas empezaron a ir mal?

— ¡Yuki, papá dice que ya puedes entrar a comer! — Era el hijo mayor de la familia
Shimizu, Kiyoshi. Quien ya contaba con 12 años de edad.

Una niña de ojos color aqua, los cuales irradiaban un brillo como el de una gema preciosa,
al voltearse, miraron directamente a su hermano mayor. 4 años habían pasado desde el
fallecimiento de Shimizu Rei, ese mismo lapso de tiempo ha transcurrido desde que Shimizu
Yuki llegó al mundo.

Tal como se lo esperaban los ancianos de la aldea, aquella niña resultó ser la siguiente
bendecida. Una niña de cabello tan blanco como la misma nieve que cubría su bella aldea
cada año y unos ojos con un brillo incomparable, que podría compararse a los carámbanos
que crecían en los techos de las casas cuando llovía y el sol se reflejaba en estos.

La misma noche en que murió la madre de los Shimizu, Takeo, su padre, llevó a Yuki
donde estaban los ancianos, tal como era tradición en su aldea. Y estos, ni bien la vieron,
se arrodillaron y oraron a su dios, pensando en Yuki como la bendecida más conectada a
éste y la que traerá bendiciones nunca antes vistas.

Conforme el tiempo pasó, la belleza de Yuki no tenía comparación con ninguna otra chica
de la aldea y desde comenzó a mostrar su gran determinación por aprender y colaborar en
los quehaceres de su papel como bendecida, su popularidad creció, ganándose el repudio
de varios niños y niñas, los cuales tenían envidia de la peli blanca. Gracias a eso, el acoso
que empezó a recibir ésta fue muy marcado desde el principio, así que, Takeo, quien sabía
karate, empezó a enseñar a su hija casi al mismo tiempo que ella pudo ponerse de pie.

El problema fue que, desde que pudo dominar ciertos golpes, todo lo respondía con la
violencia y Takeo la castigaba a menudo, dejándola fuera de la casa a practicar sus bailes
ceremoniales, tal como era el caso de aquella vez.

— Ya voy… — dijo la chica con la nariz algo enrojecida, caminando con pasos pesados
hasta la puerta de su hogar, llegó a la terraza y se sacudió la nieve que cubría sus ropas.
Con cuidado, retiró las telas ceremoniales que había usado para bailar, las dobló hábilmente
y las guardó.

— Yuki, sabes que papá solo quiere que puedas llevarte bien con los niños de tu edad, no lo
hace porque quiere hacerte sentir mal — le intentó hacer ver el chico, sentándola en sus
piernas y, con un cepillo, comenzó a cepillar con cuidado aquel cabello albino el cual era la
bendición y maldición para su pequeña hermanita.

En el pasado, su papá y él buscaron algún rastro de cabello de otro color en su cabeza para
desacreditar la veneración y los problemas que causaba en la aldea. No encontraron
ninguno, lo que los dejó devastados y contra la espada y la pared.

— Como digas, Nii-chan —


La pequeña con conforme pasaba el tiempo tambien lo hacia su personalidad, su apariencia
infantil y pura no concordaba del todo con su personalidad, que llegaba a ser directa y hasta
algo hiriente, pero con la persona con quien mas se podia ver reir y sonreir a la bendecida,
era con su hermano mayor que siempre que podía la defendía de sus abusones.

~5 años después~

Una noche donde la nieve caía con suavidad, la pequeña niña le había dicho a su padre
que quería ir a buscar algunas flores para hacer una corona para el festival que se
aproximaba. La aldea estaba muy movida aquella noche para hacer los preparativos finales.
Este iba a ser el primer festival donde iba a inaugurar completamente sola así que estaba
bastante nerviosa, y trenzar coronas de flores la calmaba.

El padre accedió sin mayor problema, solo con la condición de que Kiyoshi la acompañara y
estuviera pendiente. Al cabo de un rato, ya con los 2 hermanos en el bosque, unos sonidos
se empezaron a escuchar de la aldea, El joven de 17 no pudo evitar ir, pero las palabras
donde le decía a su hermana que se iba un rato, se desvanecieron en el viento helado.

—¿Nii…chan? — Aquella chica al ya no escuchar a su hermano y no sentir su presencia,


dirigió su mirada hacia donde se supone que estaría él, pero en vez de ver los brillantes
ojos verdes y sonrisa radiante de su hermano, vio su casa completamente destruida. En la
parte principal de su aldea se podía ver a lo lejos, en el cielo nocturno un humo que subía y
subía. Un fuerte color carmín manchaba la blanca nieve del piso, el cual también
impregnaba con más lentitud los copos que caían encima de la mancha.

Lo que había comenzado como una breve excursión para recolectar flores en el bosque se
había transformado, en un abrir y cerrar de ojos, en una noche que cambiaría el curso de su
joven vida de nueve años. Yuki buscaba frenéticamente algún rastro de su hermano mayor,
hasta que una voz profunda llamó su atención.

— Pero miren que me encontré… — Yuki se giró rápidamente en dirección a aquella voz,
encontrándose primeramente, debido a su altura, con el torso de alguien muy alto, tanto que
tuvo que alzar su cabeza lentamente para divisar el cabello gris de la persona que se movía
al compás del viento y, al ver su cara, solo pudo ver 2 ojos brillantes que la veían como un
depredador mira a su presa…

≫ ──── ≪•◦ ❈ ◦•≫ ──── ≪

El sonido de un trueno atravesando el cielo fue lo que la despertó de aquella cruel pesadilla,
haciendo que su respiración estuviera agitada, bajándole un sudor frío por su espalda, a la
vez que sus pupilas contraídas tratan de enfocar rápidamente el entorno donde estaba.
>>Desde el momento en que descendió de las montañas de su tierra natal, había estado
vagando sin rumbo durante varios días. Su ropa, un remanente desgarrado de lo que solía
ser su vestimenta, estaba manchada con la sangre de sus seres queridos, recordándole
constantemente la terrible noche que cambió su vida. Habían pasado varias semanas desde
aquel fatídico incidente, y sólo recientemente había logrado reunir el coraje para moverse.
Durante ese tiempo, se encargó personalmente de enterrar a cada una de las víctimas de
esa noche, con la esperanza de encontrar a alguien más con vida. Sin embargo, la cruel
realidad le había dejado solo con la incógnita de dónde yacía el cuerpo de su hermano, un
misterio que la atormentaba.La joven juraría que su hermano estaba entre los escombros de
lo que antes era su hogar, siendo el acceso imposible debido a la abrumadora cantidad de
escombros que bloqueaban el paso. No obstante, persistía en su búsqueda, sabiendo que
algún día tendría que enfrentar el doloroso proceso de descubrir la verdad y por fin tendría
la fuerza para poder acceder.

Finalmente, en una ocasión en la que no había logrado encontrar refugio antes de que
cayera la noche, se encontró cara a cara con una bestia sedienta de sangre. El shock
provocado por la presencia de la criatura y su aura aterradora la hizo tambalear, sintiendo
que la conciencia se le escapaba. Mientras luchaba por mantenerse en pie, lo último que vio
antes de cerrar los ojos fue el destello de un objeto metálico que se movía velozmente hacia
la criatura.<<

No podía reconocer dónde se encontraba. Se sentó en lo que pudo reconocer como un


futón bastante cómodo, al mirar su cuerpo más detalladamente sus heridas estaban
tratadas y vendadas, su ropa estaba cambiada y podía notar por la ligereza que sentía que
alguien la había bañado.

Al ver a su alrededor pudo divisar que estaba en una pequeña casa de madera algo vieja,
escuchando poco después unos ruidos afuera así que se levantó curiosa para ver de qué se
trataba y, al asomarse por la puerta, vio a 2 niños pelear entre ellos con espadas de
madera, mientras un hombre de apariencia mayor y con una máscara roja narizona los veía
con una posición recta y estricta.No pasaron ni 5 segundos antes de que el mayor volteara
a su dirección,escondiéndose la muchacha instintivamente detrás de la pared que cubría el
resto de su cuerpo. Le era imposible saber las intenciones de los que estaban ahí y
acababa de perder el factor sorpresa. Quizás esos tipos están en el negocio de traficar con
niños, y esos dos se están entrenando para acabar con ella.

Al estar sumida en sus pensamientos, no notó cuando el hombre llegó a ella y la agarró,
alzándose, sacándola de su trance y ocasionando que comenzará a moverse
frenéticamente con el objetivo de zafarse de su agarre que la mantenía alejada del suelo al
momento de sentir como era separada del suelo dándole un golpe al hombre en su
máscara, sin querer, lo que hizo que por la sorpresa sus golpes frenéticos cesaran.

— Bien, ¿ya te calmaste? — La voz del hombre era calmada y serena, quien se acomodó la
máscara, la cual se había desencajado por el golpe y viendo como los dos chicos fueron
corriendo hasta donde estaban, tras percatarse de la escena.
— ¡¿Urokodaki-sensei, está bien?! — uno de los niños llegó antes a donde se encontraba
su sensei con la niña.

— ¡Ah! ¿al fin despertaste? — Un chico de cabello color melocotón se acercó a su maestro,
dirigiendo su mirada en la chica que reposaba en sus brazos — Oye, ¿te han dicho que tu
color de cabello es muy bonito? — La chica, al girarse a ver al chico. su sola mirada la hizo
calmar, ya que aquellos ojos de color azul apagado desprendian completa tranquilidad y
serenidad que la calmó. — Mi nombre es Hoshikawa Sabito, Puedes decirme Sabito. —

Aquel le sonrió a la pequeña. Detrás, venía un pequeño de cabellos azabache y ojos azul
profundo.

— ¡Sabito! ¡No me dejes atras, idiota! — Soltó el menor mirando a su compañero.

— Shh, no grites Giyuu. La vas a asustar. — Le tapó la boca al niño, aun tratando de
sonreír, mientras su amigo se removía entre los brazos del de mayor estatura.

— Ambos, calmense. — Dijo con voz severa el de la máscara roja, haciendo que ambos se
quedaran quietos y en unos segundos se pusieron uno al lado del otro con los brazos por
detrás.

El mayor negó su resignación y se llevó a la chica de ahí, entrando con ella y dejándola en
una silla cercana. Se puso de cuclillas frente a ella mirándola, o eso suponía, por su
máscara no podía saber ni a donde miraba realmente.

— ¿Cual es tu nombre pequeña? —

— S-Shimizu Yuki, Señor… Máscara, señor. — La pequeña estaba algo retraída, no sabía
ni cómo había llegado, y por mas amables que se comportaran, no podía bajar la guardia
ante ellos o existía la posibilidad de que acabara mal.

— Shimizu-chan, Mi nombre es Urokodaki Sakonji, yo te encontré justo antes de que un


demonio te atacará. — Dijo el hombre en un tono calmado.

¿D-Demonio? ¿Qué es eso? —preguntó Yuki, su voz temblando mientras ladeaba la


cabeza, sus ojos fijos en el hombre frente a ella.

—Son seres que traen destrucción y muerte a su paso. Estuviste al borde de la muerte,
pequeña. —La gravedad en la voz del hombre resonaba en el aire, envolviéndola en un
escalofrío.

—¿E-Estuve a punto de morir? —susurró Yuki, con los ojos muy abiertos—. ¿Cómo es
posible? Solo quería adentrarme en el bosque para buscar refugio... —Su voz se
quebraba—. ¿P-Pude haber acabado como papá y Kiyoshi? —Las lágrimas comenzaron a
rodar por sus mejillas—. Ni siquiera pude encontrar sus cuerpos.
Yuki apretó las manos contra su cabeza, su respiración se aceleraba y su mirada se perdía
en el vacío. El hombre se agachó a su altura y la tomó suavemente por los hombros,
obligándola a enfrentar su mirada.

— Escúchame, con atención, pequeña. Sé que lo que has visto te ha causado un dolor
inmenso y un miedo abrumador, pero es crucial que comprendas la verdad sobre los
demonios. Son criaturas nacidas de la oscuridad y del mal. Sin embargo, no debes permitir
que su sombra te consuma. En este mundo existen valientes guerreros que luchan contra
ellos. Son peligrosos, sí, pero no imbatibles. Recuerda siempre que, aunque puedan
sembrar la desolación, también hay esperanza. — Una de sus manos se dirigió hacia la
cabeza de aquella niña, acomodando su cabello, viendo por primera vez aquella herida en
su frente, la cual se nota que al no recibir el cuidado adecuado, tenía varias complicaciones.
— ¿Qué te parece si arreglamos ese cabello, eh? —

El mayor agarró la mano de la niña y la ayudó a levantarse. La llevó hasta la parte de la


casa donde había una silla lo suficientemente alta. Este agarró unas tijeras que tenía cerca
y empezó a perfilar el cabello de la pequeña.

— ¿Puede… cortarlo todo? — dijo la pequeña mirando al vacío mientras jugaba con los
dedos de sus manos. Su cabello solo era una especie de maldición que le recordaba
constantemente el papel que nunca pudo ser capaz de interpretar, y tal vez la caída de su
pueblo fue un castigo de su dios por aquella desobediencia.

— ¿Estás segura de eso? —

La niña hizo un gesto afirmativo, de ahí el hombre de máscara roja suspiro solo para
empezar a cortar de poco a poco el cabello de aquella. Un pequeño detalle que añadió fue
haberle contado el flequillo para ocultar la cicatriz de su frente, había notado como cada que
miraba la frente de la niña esta se incomodaba, pensaba que esto haría que se viera mejor.

— Creo que ya está listo. —

Después de finalizar, la pequeña miró su cambio en el espejo, asombrada por lo diferente


que se veía. No podía despegar sus ojos de su reflejo, sorprendida del gran cambio.

≫ ──── ≪•◦ ❈ ◦•≫ ──── ≪


≫ ──── ≪•◦ ❈ ◦•≫ ──── ≪

Mientras Yuki exploraba su nuevo reflejo, una mezcla de asombro y timidez se apoderaba
de ella. Por primera vez en un tiempo, sentía un ligero destello de alivio al ver cómo su
nueva apariencia ocultaba la cicatriz que tanto la atormentaba por todos los recuerdos que
traía consigo.

— Gracias, señor Urokodaki… — murmuró Yuki, su voz apenas un susurro, como si temiera
que el simple acto de hablar pudiera romper la frágil burbuja de seguridad que comenzaba a
formarse a su alrededor.

— No hay de qué, Shimizu-chan. Aquí estarás a salvo — respondió Urokodaki con


suavidad, colocando una mano reconfortante sobre su hombro.

Justo en ese momento, un estruendo proveniente del exterior rompió la tranquilidad de la


pequeña casa de madera. Las puertas corredizas se abrieron de golpe, revelando a Sabito
y Giyuu, ambos jadeando y con los ojos llenos de emoción.

— ¡Urokodaki-sensei, hemos terminado el entrenamiento! — exclamó Sabito, sin poder


contener su entusiasmo. — ¡Queremos ver cómo quedó!

Urokodaki suspiró con una mezcla de resignación y afecto. Sabía que sus estudiantes
estaban ansiosos por conocer mejor a la nueva integrante de su pequeño grupo.

— Está bien, está bien. Pero entren con calma, no queremos asustar a nuestra invitada —
dijo Urokodaki, haciendo un gesto para que los dos muchachos se acercaran.

Sabito y Giyuu se apresuraron a entrar, sus miradas llenas de curiosidad. Al ver a Yuki con
su nuevo corte de cabello, sus ojos se iluminaron con asombro y admiración.
— ¡Vaya! — exclamó Sabito, acercándose con una sonrisa radiante. — ¡Te ves increíble,
Yuki-chan! ¡Tu cabello corto te queda muy bien!

— Sí, te ves… diferente, pero en el buen sentido — agregó Giyuu, un poco más tímido, pero
con una genuina expresión de aprobación en su rostro.

Yuki sintió cómo un leve rubor subía a sus mejillas ante los elogios. Aunque aún se sentía
un poco abrumada por todo lo que había sucedido, no podía evitar sentirse reconfortada por
la calidez y la amabilidad de Sabito y Giyuu.

— Gracias… — respondió ella, mirando a ambos con una tímida sonrisa. — Aún me estoy
acostumbrando. —

— ¡No te preocupes, nos acostumbramos juntos! — dijo Sabito, dándole un ligero golpe en
el hombro a Giyuu. — Aquí somos como una familia, y te ayudaremos en todo lo que
necesites. —

Giyuu asintió, su expresión seria suavizándose un poco. — Sabito tiene razón. Aquí
estamos para apoyarnos mutuamente. —

Urokodaki observaba la interacción con una sonrisa oculta tras su máscara. Sabía que,
aunque el camino por delante sería difícil, la presencia de Yuki en su hogar ya estaba
comenzando a unir aún más a sus estudiantes.

— Bien, jóvenes, creo que es hora de que Yuki-chan se familiarice con su entorno — dijo
Urokodaki, levantándose y dirigiéndose hacia la puerta. — Vamos, les mostraré dónde
estará durmiendo y luego podrán continuar con su entrenamiento. —

Con un último vistazo al espejo, Yuki se levantó y siguió a Urokodaki, acompañada por
Sabito y Giyuu. Al salir de la pequeña habitación, se encontró con una vista impresionante
del bosque que rodeaba la casa. Los árboles altos y robustos formaban un muro natural que
parecía proteger el lugar del mundo exterior.

— Este será tu nuevo hogar, Yuki-chan — dijo Urokodaki, señalando una pequeña
habitación al final del pasillo. — Puedes descansar un poco antes de la cena.

Yuki asintió y entró en la habitación, que estaba decorada de manera sencilla pero
acogedora. Había un futón limpio, una pequeña mesa y una ventana que ofrecía una vista
del bosque. No pudo evitar sentir una extraña mezcla de nostalgia y esperanza. Por primera
vez desde aquella fatídica noche, sentía que tal vez, solo tal vez, podría encontrar un lugar
al que llamar hogar.

Sabito y Giyuu la observaron desde la puerta, ansiosos por seguir conversando con ella,
pero respetando su necesidad de espacio. Urokodaki, por su parte, les hizo una señal para
que la dejaran descansar.
— Denle un poco de tiempo, chicos. Ha pasado por mucho — dijo en un tono paternal. —
Ya tendrán muchas oportunidades para conocerse mejor.

Ambos asintieron y se alejaron, aunque no sin antes lanzar una última mirada de ánimo a
Yuki, quien les devolvió una tímida sonrisa antes de cerrar la puerta tras de sí.

Mientras se recostaba en el futón, Yuki se permitió por primera vez desde aquella trágica
noche, sentir una pequeña chispa de esperanza. Sabía que el camino por delante sería
largo y arduo, pero con Urokodaki, Sabito y Giyuu a su lado, sentía que quizá, solo quizá,
podría encontrar la fuerza para seguir adelante y enfrentar el oscuro pasado que la
perseguía.

Y así, mientras la nieve seguía cayendo suavemente fuera de la pequeña casa de madera,
Yuki cerró los ojos y se permitió soñar con un futuro donde la oscuridad no fuera más que
un recuerdo distante.

Los meses habían pasado rápidamente en la pequeña casa de Urokodaki. Yuki había
encontrado en Sabito y Giyuu compañeros de entrenamiento y amigos, en Urokodaki un
maestro exigente pero justo. A pesar de sus esfuerzos y su determinación, el camino no
había sido fácil.

Bajo la guía de Urokodaki, Yuki había comenzado a entrenar en la técnica de la Respiración


del Agua, una disciplina esencial para luchar contra los demonios. Sin embargo, mientras
Sabito y Giyuu progresaban notablemente, Yuki se encontraba luchando con cada paso del
entrenamiento.

En una clara mañana de invierno, el sol apenas se asomaba por el horizonte cuando Yuki
se preparaba para su sesión de entrenamiento diario. El aire frío le quemaba los pulmones,
pero ella no se detenía. Cada respiración era un recordatorio de la disciplina y el control que
debía alcanzar.

— Bien, Yuki-chan. Hoy vamos a enfocarnos en la Quinta Postura de la Respiración del


Agua, "Lluvia tras la Sequía" — dijo Urokodaki con su voz firme y tranquila.

Yuki asintió, sus ojos llenos de determinación. Se colocó en posición, sus pies firmemente
plantados en el suelo, sus manos apretaban fuertemente la katana de madera que sostenía

— Recuerda, Yuki. Debes sentir el flujo del agua dentro de ti. La respiración debe ser
constante y profunda — añadió Urokodaki, observándola con atención.
Yuki inhaló profundamente, tratando de centrar su mente y cuerpo. Sentía la energía
acumulándose en su pecho, pero en el momento de exhalar, algo siempre se rompía dentro
de ella. El aire no fluía como debería, se estancaba, y su cuerpo comenzaba a temblar.

— ¡Vamos, Yuki! ¡Tú puedes hacerlo! — animó Sabito desde la distancia, su voz llena de
entusiasmo y apoyo.

Giyuu, más reservado, observaba en silencio, pero su presencia era un recordatorio


constante de que no estaba sola.

Con una última inhalación, Yuki intentó ejecutar la postura. Sus movimientos eran precisos,
pero su respiración se volvió errática. Sintió una punzada de dolor en su pecho y, de
repente, se dobló hacia adelante, tosiendo violentamente. La sangre manchó la nieve
blanca a sus pies, y un grito de alarma surgió de Sabito y Giyuu.

— ¡Yuki! — gritó Sabito, corriendo hacia ella.

Giyuu llegó apenas unos segundos después, su expresión preocupada. Urokodaki se


acercó rápidamente, colocándose a su lado y revisando su condición.

— Tranquila, Yuki. Respira despacio — dijo Urokodaki, su voz firme pero con un matiz de
preocupación.

Yuki intentó calmarse, pero el dolor en su pecho era intenso. Las lágrimas comenzaron a
llenar sus ojos mientras se aferraba al suelo, tratando de respirar.

— No puedo… no puedo hacerlo… — murmuró entre sollozos, sintiendo la frustración y la


desesperación abrumarla.

Urokodaki la levantó con cuidado, llevándola a un lugar más cómodo para que pudiera
descansar. Sabito y Giyuu la siguieron de cerca, sus rostros reflejando la preocupación que
sentían.

— Lo siento… lo siento tanto… — repetía Yuki, sintiéndose impotente.

— No te disculpes, Yuki. Estás haciendo todo lo posible, y eso es lo que importa — dijo
Urokodaki, tratando de consolarla.

— Pero no es suficiente… — susurró Yuki, sus ojos fijos en el suelo.

Sabito se arrodilló a su lado, colocando una mano reconfortante sobre su hombro. — No te


rindas, Yuki. Todos enfrentamos obstáculos. Lo importante es seguir intentándolo. —

Giyuu asintió, su voz calmada. — Cada uno tiene su propio ritmo. Encontrarás tu camino. —

Urokodaki observaba a Yuki mientras descansaba, rodeada por Sabito y Giyuu. Sus
pensamientos estaban llenos de preocupación y reflexión. A pesar de su inquebrantable
determinación y el apoyo de sus compañeros, Yuki aún no podía dominar la Respiración del
Agua. Era evidente que algo no estaba funcionando, pero ¿qué?

Decidió alejarse un poco, caminando por el bosque nevado que rodeaba su hogar. Los
árboles estaban cubiertos de una capa de nieve fresca y el aire era frío y limpio. Mientras
caminaba, Urokodaki recordó las numerosas veces que había visto a Yuki entrenar en estas
condiciones. A diferencia de Sabito y Giyuu, ella parecía moverse con una facilidad
sorprendente en el frío.

Se detuvo un momento, observando cómo la nieve caía suavemente alrededor de él. El


pensamiento persistente en su mente era claro: el frío no parecía afectar a Yuki como lo
hacía con los demás. De hecho, en el clima gélido, ella se movía con una gracia y fluidez
que no mostraba en condiciones más templadas. Era como si el frío fuera su elemento
natural, un entorno en el que se sentía más viva y poderosa.

La realización golpeó a Urokodaki de repente. Quizás el problema no era Yuki, sino la


técnica misma. La Respiración del Agua, aunque poderosa y versátil, no era adecuada para
ella. Su cuerpo y espíritu no resonaban con el agua, sino con algo más afín a su naturaleza:
el hielo.

Volvió rápidamente a la casa, con una nueva determinación en sus pasos. Al llegar, se
encontró con Sabito y Giyuu ayudando a Yuki a ponerse de pie. Ella sonrió débilmente al
ver a su maestro, aunque su rostro mostraba signos de agotamiento y frustración.

— Yuki, Sabito, Giyuu — llamó Urokodaki, captando su atención. — Necesito hablar con
Yuki un momento a solas.

Los chicos asintieron y se alejaron, dándole espacio a su maestro y a su compañera.


Urokodaki se acercó a Yuki, observando su expresión fatigada pero determinada.

— Yuki-chan, he estado pensando en tu entrenamiento y en las dificultades que has


enfrentado. Creo que he encontrado una posible solución — comenzó Urokodaki, su voz
llena de calma y consideración.

Yuki lo miró con curiosidad, esperando sus palabras.

— He notado que, a pesar del frío intenso, te mueves con una gracia que no veo en tus
compañeros. Pareces más conectada con este entorno. El frío no solo no te afecta, sino que
te fortalece. Creo que la Respiración del Agua no es adecuada para ti, pero podríamos
modificarla. —

Yuki frunció el ceño, sin entender del todo.

— ¿Modificarla? ¿Cómo? — preguntó, su voz débil pero interesada.

— En vez de la Respiración del Agua, vamos a desarrollar una nueva técnica para ti: la
Respiración de Hielo. El hielo es fuerte, afilado y hermoso, al igual que tú. Si logras dominar
esta técnica, estoy seguro de que encontrarás tu verdadero potencial. —
Los ojos de Yuki se iluminaron con una chispa de esperanza. Nunca había considerado que
su problema podría ser la técnica misma. La idea de una Respiración de Hielo resonaba en
ella, sentía una conexión inmediata y profunda.

— ¿Cómo empezamos? — preguntó con una nueva determinación en su voz.

Urokodaki sonrió detrás de su máscara, satisfecho con la reacción de Yuki. — Primero,


necesitamos entender cómo adaptar la respiración para que funcione con el hielo.
Comenzaremos con ejercicios de respiración en este entorno frío, centrándonos en la
sensación del aire frío llenando tus pulmones y extendiéndose por todo tu cuerpo. Será un
proceso lento y difícil, pero estoy seguro de que lograrás dominarlo. —

Los meses pasaron, y el duro entrenamiento de Yuki y Urokodaki comenzó a dar frutos.
Cada día, en el frío gélido del bosque, Yuki practicaba su respiración y técnicas bajo la
atenta mirada de su maestro. Desde el amanecer hasta el anochecer, se esforzaba en
dominar la Respiración de Hielo, una técnica única y adaptada a sus habilidades. Conforme
Yuki se familiarizaba más con la Respiración de Hielo, las puntas de su cabello comenzaron
a tornarse de color cyan, una manifestación física de su creciente conexión y dominio sobre
esta técnica gélida.

Yuki había progresado notablemente. Su cuerpo se había fortalecido y sus movimientos


eran más precisos y fluidos. La conexión con el hielo era evidente, y cada vez que
exhalaba, se podía sentir el aire frío que emanaba de ella, formando cristales de hielo
alrededor.

En un claro del bosque, Urokodaki observaba con atención mientras Yuki, Giyuu y Sabito se
preparaban para un combate de entrenamiento. Los tres jóvenes estaban listos, sus
katanas de madera firmemente sujetadas en sus manos. Era una prueba para evaluar el
progreso de cada uno y una oportunidad para Yuki de demostrar su dominio de la nueva
técnica.

— Comiencen — ordenó Urokodaki con una voz firme.

Giyuu fue el primero en atacar, usando la Primera Postura de la Respiración del Agua, Corte
de la Superficie del Agua. Su katana se movió como una ola, buscando a Yuki. Ella, con una
gracia impresionante, esquivó el ataque y contraatacó con su propia técnica, primera
postura, Cascada de Hielo. El aire alrededor de su espada se enfrió, formando una cascada
de hielo que desvió el golpe de Giyuu y lo obligó a retroceder.
Sabito, aprovechando la distracción, ejecutó la Segunda Postura, Rueda de Agua, girando
su espada en un círculo perfecto. Yuki respondió rápidamente con su segunda postura, Flor
de Escarcha, creando hojas de hielo que se interpusieron en el camino de Sabito,
ralentizando su ataque.

— ¡Bien hecho, Yuki! — gritó Giyuu, mientras recuperaba su postura y se lanzaba de nuevo
al ataque con Danza de las Corrientes. Yuki se movió con agilidad, sus pasos ligeros y
precisos. Utilizó su tercera postura, Estrella Polar, lanzando estrellas de hielo hacia Giyuu.
Las estrellas se movieron con una rapidez impresionante, forzando a Giyuu a detener su
ataque y defenderse.

Sabito, viendo una oportunidad, intentó golpear a Yuki con Golpe de Marea, pero Yuki ya
estaba preparada. Con su cuarta postura, Remolino Glaciar, creó un remolino de hielo que
desorientó a Sabito y lo lanzó lejos, su cuerpo girando en el aire antes de caer
pesadamente al suelo.

— ¡No tan rápido! — gritó Giyuu, lanzándose hacia Yuki con la Sexta Postura, Vórtice de
Remolino. Yuki utilizó su quinta postura, Cárcel de Cristal, rodeando a Giyuu con una jaula
de hielo que lo atrapó momentáneamente, dándole tiempo para preparar su siguiente
movimiento.

Con un grito de esfuerzo, Giyuu rompió la jaula y atacó con la Estocada de Ondas
Concéntricas, buscando un golpe rápido y preciso. Yuki, usando Velo Helado, su sexta
postura, envolvió su cuerpo en una capa de hielo, defendiéndose del ataque de Giyuu y
aprovechando la oportunidad para golpearlo con Golpe Glacial. Una onda de choque de
hielo se extendió desde su katana, forzando a Giyuu a retroceder y perdiendo el equilibrio.
La katana de madera de Giyuu voló de sus manos, aterrizando lejos de él.

Sabito, recuperándose, intentó un último ataque con la Cuarta Postura, Golpe de Marea,
pero Yuki estaba preparada. Con un movimiento rápido, utilizó la Sala de Espejos, su
novena postura, creando múltiples reflejos de sí misma que confundieron a Sabito.
Aprovechando su confusión, Yuki se deslizó detrás de él y colocó su katana de madera
suavemente contra su cuello.

— ¡Yuki gana! — anunció Urokodaki con orgullo en su voz.

Yuki, jadeando, retiró su espada y sonrió a sus compañeros. Sabito y Giyuu, aunque
exhaustos, sonrieron de vuelta, reconociendo su habilidad y esfuerzo. El frío aire del bosque
estaba lleno de la energía de la batalla, pero también de camaradería y respeto mutuo.

Continuará…
≫ ──── ≪•◦ ❈ ◦•≫ ──── ≪

También podría gustarte