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Muchacha Salvaje

El texto explora la obra de Ursula K. Le Guin, destacando su enfoque en la infancia como un espacio de asombro y búsqueda, y su crítica a las narrativas dominantes que glorifican la guerra y el patriarcado. Le Guin propone una escritura que valore las experiencias vivas y las alianzas entre seres, humanas y no humanas, y aboga por una ética de la escritura que desafíe las estructuras de poder. A través de su trabajo, Le Guin busca crear un espacio donde las palabras puedan ser herramientas de transformación y conexión, en lugar de dominación.

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Muchacha Salvaje

El texto explora la obra de Ursula K. Le Guin, destacando su enfoque en la infancia como un espacio de asombro y búsqueda, y su crítica a las narrativas dominantes que glorifican la guerra y el patriarcado. Le Guin propone una escritura que valore las experiencias vivas y las alianzas entre seres, humanas y no humanas, y aboga por una ética de la escritura que desafíe las estructuras de poder. A través de su trabajo, Le Guin busca crear un espacio donde las palabras puedan ser herramientas de transformación y conexión, en lugar de dominación.

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La señora del dragón y de la piedra

Descubrir qué preguntas no tienen respuesta y no darles respuesta:


esa es la habilidad necesaria en tiempos convulsos y oscuros.
Úrsula Kroeber Le Guin.
La mano izquierda de la oscuridad

Úrsula Kroeber Le Guin es la escritora más joven del mundo. Y lo es porque la


infancia no es un momento que se supera, no es un lapso del tiempo orgánico
donde no se sabe o no se puede. No. La infancia es una disposición al
asombro y a la búsqueda, una apertura a lo que todavía no y el deseo de
experimentar este mundo. La infancia es un territorio potente y desafiante,
donde la afirmación desestabiliza y la pregunta no tiene respuesta, a menos
que se realice un intenso ejercicio de imaginación.

Desde hace siglos narramos el poder del guerrero y del estado. Innumerables
relatos de las fuerzas que luchan, conquistan, asedian, toman territorios
cuerpos recursos. Amigxs y enemigxs enfrentados a muerte en las palabras de
la estrategia, la victoria, la ley. Demasiado rápidamente adherimos a los héroes
y dejamos de ver todo lo que ocurre cuando no es batalla, antes durante
después de ella.

La teoría viene diciendo que quien gana, gana el derecho de contar y hacer La
Historia. Pero Le Guin va mucho más allá, porque en cierto punto no importa
quién gane, sean unxs u otrxs, cambiarán los lugares, se alternarán
ocasionalmente. Lo que importa es todo lo que el relato del guerrero no narra,
las innumerables experiencias de lo viviente, los lazos entre esta mano, esta
manta, este descanso, este alimento, esta pasión, la vida de estas plantas,
estos minerales, este bosque, estas aguas, este encuentro.

Cuando solo decimos la guerra ella se convierte en lo único que podemos


pensar y desear. Se trata de las luchas del varón, de las odiseas donde sortea
peligros, rescata víctimas, alardea de sus armas (aunque las armas sean las
palabras, especialmente cuando son palabras). El cazador y la presa, quien
gobierna y lo posible, quien comercia y sus medidas sus riesgos sus
inversiones. El poder es el poder del héroe y la guerra (cualquier guerra) es el
éxtasis del patriarcado: la apropiación, la violación, la muerte.

Le Guin quiere narrar otra cosa: “contar la vida en el nivel en el que ocurre, la
historia de la vida que nunca ha sido contada”1. Hay otro poder, señala, para el
que es necesario un desplazamiento enorme y sutil. Un poder que no busca la
dominación sino la composición con lo que existe, un poder que preserva y
potencia lo que aún no. Aliso, el hechicero atormentado e insomne de Historias
de Terramar, tiene una mancia que suele ser poco valorada pero que a La Guin
le interesa muchísimo: el poder de reparar lo que se ha roto.2

1
“La teoría de la ficción como bolsa transportadora” traducción de Guadalupe Lucero, Cuadernos
Materialistas 5, Colectiva Materia, Buenos Aires, 2019, pp. 34-48.
2
En el otro viento. Historias de Terramar V, Planeta, Buenos Aires, 2006.
La voz leguiniana se enlaza amistosamente con las tradiciones feministas, y
quizá sea Donna Haraway quien logra explicar el nudo de esa amistad cuando
dice encontrar en Le Guin una sabiduría situada, mortal y germinal. Para
intervenir en el desastre sin perpetuarlo es necesario detenerse en lo que
contamos, en quién vive y quién muere en nuestras historias: “Le Guin, una
esmerada estudiante de los dragones, me enseñó la importancia de la teoría
de la ficción y de la historia nanocultural como bolsa. Sus teorías, sus relatos,
son bolsas espaciosas para recolectar, para transportar y contar las cosas de
la vida”3. Haraway se refiere al ensayo “La bolsa transportadora”4 donde se
desarma la historia del héroe y su poder como creador de mundo, los mil
modos del relato fálico de la creación.

Es posible escribir historias sobre el modo en que seres diferentes, incluso de


reinos diferentes, son parte de alianzas, humanas y no humanas, antes,
durante y después de lo heroico. Una escritura del esto, donde la
heterogeneidad que el pensamiento-bolsa recoge no remite a una totalidad
organizadora, en ninguna de sus formas posibles, ni siquiera como Lo Múltiple.
Es posible una ética de la escritura, situada y mortal, que genere cavidades
para heredar daños y logros de las historias bioculturales coloniales y
postcoloniales. Monstruxs sin épica. No se trata de encontrar palabras bellas
que seduzcan (atrapen, anestesien, dominen) sino de buscar y encontrar las
palabras capaces de componer con la maravilla que aún y todavía no existe.

Escritura

Las palabras, estén dispuestas en poesía o prosa,


son tan sólidas como la pintura y la piedra,
una cuestión tan atinente a la voz y el oído como la música,
cosas tan físicas como la danza.
Úrsula Kroeber Le Guin
“Coleccionistas, versificadores y tamborileros”

Las amebas se reproducen intercambiando pedacitos de sí mismas, sin


géneros ni jerarquías, dándose durante un largo rato. Esa es una imagen que
Le Guin elige para la escritura, un intercambio sensorial, anárquico,
proliferante. Cuando escuchamos, cuando realmente escuchamos, estamos en
comunidad con la fuente vibratoria de algo o alguien. 5 Contar es escuchar,
porque cuando contamos y cuando escuchamos, lo que ocurre, todo lo que
ocurre, es un intercambio vibrátil y desmesurado, una entrega corporal al
sonido, al ritmo y a las imágenes que el sonido carga en su espalda,
traficándolas.

En el caso de las ficciones, Le Guin dice que se detiene, algunas veces durante
muchísimo tiempo, para escuchar lo que algún personaje le dicta, y la escritora

3
Donna Haraway, “Sembrar mundos. Una bolsa de semillas para terraformar con alteridades
terráqueas”, Seguir con el problema, traducción de Helen Torres, Consoni, Barcelona, p. 182.
4
“La teoría de la ficción como bolsa transportadora”, op cit, pp. 34-48.
5
“Contar es escuchar”, Contar es escuchar. Sobre la escritura, la lectura, la imaginación, Círculo de Tiza,
Madrid, 2018, pp.241-269.
es entonces una médium que suspende su yo, pero también una obrera que se
pone al servicio de esa historia, que la trabaja como una herrera o una
tejedora, fibra por fibra, fuego por fuego, una vez y otra vez y otra vez…

En el obrar literario de Le Guin se produce un desplazamiento significativo


cuando el personaje que dicta la historia ya no es un hombre y comienza a ser
una mujer. En La mano izquierda de la oscuridad ya podía intuirse esta
metamorfosis, el movimiento gracias al cual se nos interpela sobre la existencia
de una sociedad que no se organice sobre el fatal binomio hombre/mujer. 6 El
gesto regresa en Tehanu cuando la voz deja de ser la del mago para ser la de
Ténar, la que cuida al mago derrotado y a la niña ultrajada. 7 Una sacerdotisa y
un ama de casa que habla con dragones y cuida la huerta.

El gesto marca también El día antes de la revolución, cuando ya no se trata de


la perfecta Anarres ni del héroe Shevek sino del último día en la vida de Odo, la
referenta del anarquismo lunar, que cansada y vieja advierte justo antes de
morir que no tuvo tiempo para aprender el nombre de ciertas flores blancas. 8 La
última novela, Lavinia, se dedica a la vida de un personaje secundario en la
Eneida de Virgilio, la vestal rebelde que se apropia de su destino.9

Soy un hombre de segunda clase, ironiza Le Guin, cuando nací y cuando


comencé a escribir las mujeres no existían. 10 Transformarse en escritora no fue
el aprendizaje de las armas para formar parte de la masculinidad, sino una
mutación, persistente y radical, sobre el plano de su propia escritura.

Le Guin tradujo el Tao, gran irreverencia.11 No hablo chino, declara, traduje el


Tao porque se trata de un libro de enorme sabiduría, de palabras verdaderas:
un poemario. En poesía, la belleza no es un adorno sino la verdad. Pero hay
otro motivo que la hizo traducir el libro, y es precisamente que le incomodaba
que un libro tan manantial estuviese dirigido a hombres, sean sabios o
gobernantes. Su traducción desgenera al libro del poder y lo transforma, el Tao
de Le Guin es un libro de palabras verdaderas para cualquier mortal. Doble
irreverencia.

Muchxs conocimos a la poeta a través del enorme trabajo de Diana Bellesi 12 o


en los recovecos del mar digital. Su voz es directa y profundamente misteriosa.
Una recurrencia: se nos pide que escuchemos a las piedras. Quizá si somos
capaces de escuchar a las piedras, si desarrollamos las artes para esa
conversación, comprenderíamos algo (allí donde se comprende) que nos
permita participar mejor del común no humano y de una espiritualidad sin
diosxs. En la intensidad del lenguaje poético ella logra el ritmo del habla no

6
La mano izquierda de la oscuridad, Sudakuir, Buenos Aires, 2019.
7
Tehanu. Historias de Terramar IV, Minotauro-Planeta, Buenos Aires, 2003.
8
El día antes de la revolución, Nórdica, Madrid, 2018.
9
Lavinia, Minotauro-Planeta, Buenos Aires, 2018.
10
Contar es escuchar, op. cit.
11
Lao Tsé, Tao te king, Editorial Debate, Barcelona, con traducción y prólogo de Úrsula Kroeber Le Guin,
1999.
12
Varias autoras, Contéstame, baila mi danza, selección, traducción y notas de Diana Bellessi, Salta el
pez ediciones, Buenos Aires, 2020.
humana, vuelve la mirada sobre esta piedra, esta mano, este río, esta estrella,
recupera la magia del mundo, restaura la herida de la secularización brutal.

Le Guin escribe ensayos y da entrevistas. Allí la voz adquiere un tono juguetón


y despojado. Me expongo demasiado en los ensayos, dice y es cierto. En los
ensayos la reflexión sobre la escritura no se detiene en cuestiones formales o
en establecer genealogías, sino que además despliega una crítica frontal al
sistema donde la escritura circula, las instituciones masculinistas, los criterios
editoriales y mercantiles, la violencia del best-seller.

Salvaje

En este libro hay un cuento, algunos poemas, dos ensayos y una entrevista
donde Le Guin dice que los dragones no son buenos ni malos sino salvajes y
es por eso que dicen las palabras verdaderas. Que sea un animal “irreal” quien
sabe las palabras, y que sea la poesía (el modo menos “objetivo” de la
escritura), la que puede decir la verdad, no es un detalle. La ficción encarnada
en el dragón y la poesía constituyen otro pliegue de la política leguiniana. La
capacidad de crear lo que aún no, el ejercicio imaginativo corporante, puede
impugnar lo que existe con la potencia desestabilizadora de la infancia. Sin
minorizaciones, la imaginación es la aptitud más política de eso que llamamos
humanidad.

No contar acá el cuento, dejar que se abra como una pintura, una canción, un
baile. No ceder a la tentación de decir que podría ser una leyenda sobre el
origen de este mundo, despiadado y heteropatriacal, donde defendernos
implica una torsión violenta, un acto abrupto. No ceder a decir que, como en
Quienes abandonan Omelas,13 este cuento deja en la boca un sabor a bilis y
una sonrisa. Solo decir que en el cuento de este libro no hay dragones, que lo
salvaje es el cuento mismo, que las palabras verdaderas no están en la boca
de ningún personaje. Lo salvaje se dice todo el tiempo sin decirse nunca del
todo.

En este libro hay un poemario breve. La vigilia solitaria de quien sostiene una
vela bajo la lluvia, la atrocidad de las ciudades recortadas con el fondo de los
bosques ardiendo, la necesidad de cuidar el sueño indómito.. Dejar que se diga
el poema: “La próxima guerra: Tendrá lugar/ llevará tiempo/ tomará vidas / y
arruinará todo eso”. No importan los nombres (siempre impropios) ni la Razón
por la que se destruye, importa la materialidad de las muertes, las violaciones,
el dolor.

En el ensayo Mantenernos despiertxs mientras leemos se dice que leer exige


un tipo de atención particular, un sentir y un perderse, pero también una acción,
una colaboración con quien escribe. No es asombroso, se dice, que pocxs
deseen estar despiertxs. Una cuestión de fuerzas: el arte persigue la
transformación del modo de vida mientras la industria cultural busca su
aceptación, la anestesia sensible, la comodidad. Pero los libros resisten, aún
en su incapacidad de responder disciplinariamente a las leyes del intercambio:
13
Quienes abandonan Omelas, Almagesto, Madrid, 2010.
“La estupidez de lxs editorxs es infinita, creen que pueden vender libros como
mercancías”.

En Una conversación con lxs modestxs, reaparece el éthos anarquista de la


escritora. La modestia, dice, se encuentra devaluada tras años de sumisión
patriarcal y destrucción afectiva. Pero es posible verla de otro modo, como la
gran virtud de quien crea, de quien realiza un ejercicio honesto sobre sus
capacidades y el trabajo que tiene por delante: “No se trata de promocionar la
propia obra como algo revolucionario, sino de trabajar en algo transformador”.

Un libro, como cualquier otra cosa, es un entrecruzamiento de campos de


fuerza y materialidades heterogéneas. Tanto lo que escribió Le Guin como las
políticas editoriales, las hojas y la tinta, las comunidades que se traman en él
mientras circula y la labor de quien traduce y lo hace audible. Gabriela
Adelstein fue la enorme colaboradora de la narradora, la poeta y la ensayista,
el afilado oído que escuchó cuidadosamente su lengua extranjera.

Las palabras son una materia y tienen un poder. Pueden ser las palabras del
héroe y la dominación, que continúen la guerra, o bien pueden ser palabras
que produzcan lo que Le Guin llama hogar, una cavidad cobijante donde
podemos encontrarnos y hablar con nuestrxs ancestrxs, inclusive si no
tenemos la misma lengua o si llevan muertxs miles de años. No es la casa
familiarista sino el aún no al que siempre estamos yendo o regresando,
salvajes como Piedra Parlante.14

14
El eterno regreso a casa, edhasa, Barcelona, 2005.

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