CÓDEX - HISTORIA DEL MUNDO
Era Sin Nombre
Antes del tiempo. Antes del ser. Antes del fin.
“No hubo principio, porque no había quien lo narrara.
Solo existía Él. Y ni siquiera eso puede afirmarse con certeza.”
Antes del murmullo, antes del primer pulso de existencia, antes incluso
de que pudiera imaginarse un “antes”, sólo estaba Él: la No-Existencia.
No tenía forma, ni pensamiento, ni voluntad. Era el vacío absoluto, puro
e insondable. Nadie sabe si fue por accidente, por necesidad o por un
designio cósmico incognoscible, pero un día —si puede llamarse día— Él
se quebró a sí mismo. Y de esa herida primordial, nació el universo.
Con su nacimiento, surgió también la realidad. Y con ella, brotaron desde
sus venas cuatro entidades inevitables, encarnaciones vivientes de las
leyes que gobernarían la materia y la energía:
Nhyros, la Mano Fuerte (fuerza nuclear fuerte), quien sostuvo los
núcleos del ser.
Elunir, el Hilo Débil (fuerza débil), cuyo toque disolvía lo que debía
morir.
Vaelys, la Luz Viva (electromagnetismo), cuyas chispas tejieron la
danza entre partículas.
Thar’Zul, el Velo Pesado (gravedad), que inclinó el espacio y
atrajo las estrellas.
Los cuatro trabajaron en equilibrio, ordenando el cosmos. Pero entonces,
como una fractura indeseada en un espejo perfecto, surgió el Quinto:
Velkhar, la Entropía. El caos. El fin de toda permanencia.
Velkhar no fue deseado. No fue convocado. Pero era necesario. Su sola
presencia significaba que todo lo creado algún día tendría que
deshacerse. Así estalló la Primera Guerra Cósmica, una batalla de
magnitudes inabarcables: galaxias nacían como chispas de una forja, y
morían como cenizas sopladas por un dios ebrio. Universos enteros
colapsaban al ritmo de la guerra.
Los Cuatro no pudieron destruir al Quinto. Pero lo vencieron dividiéndolo:
Su alma fue sellada en un planeta virgen, aún sin nombre. De su
esencia germinó la Vida. Criaturas con conciencia, finitud y deseo.
Ese planeta sería conocido más adelante como Tierra.
Su cuerpo fue exiliado a un plano ajeno a las leyes naturales. En
ese lugar, luego llamado el Infierno, surgieron manifestaciones
extrañas: árboles de cristal que manaban maná, bestias
imposibles, y seres inteligentes sin alma: los demonios.
Era de las Razas
(10,000 – 3,000 antes de la Caída)
De la Tierra, fertilizada por la esencia del alma entropizada, surgieron
cuatro razas mayores:
Humanos, inconstantes y fecundos, como el fuego sobre ramas
secas.
Orcos, de sangre densa y alma volcánica.
Enanos, hechos de piedra, paciencia y forja.
Elfos, a quienes la magia eligió como sus portadores predilectos.
Los elfos, iluminados por su afinidad arcana, fundaron el Imperio de
Varul desde la ciudad de Tarn’Vareth, erigida en los bosques eternos.
Allí se alzó un estandarte no de alianza, sino de supremacía. Así
comenzó la cruzada de dominación:
1. Los Clanes Orcos fueron los primeros en ser vencidos, durante
las violentas Primeras Cruzadas.
2. Las Tribus Humanas, dispersas y sin unión, cayeron una tras
otra.
3. Los Reinos Enanos, atrincherados en las entrañas de la tierra,
fueron quebrados durante las Guerras del Suelo.
Para el año 3,000 antes de la Caída, todo el mundo conocido pertenecía
al Imperio.
El Auge del Imperio
(3,000 – 1,400 antes de la Caída)
Con todas las razas bajo su control, Varul se convirtió en una máquina de
perfección opresiva. No bastaba con reinar: había que trascender.
Los enanos, obligados a colaborar, aceleraron el progreso
tecnológico del Imperio.
Los orcos fueron manipulados en su carne, mediante alquimia y
hechicería biológica, para convertirse en armas vivas con dones
inestables.
Los humanos fueron usados en cría selectiva con elfos, dando
origen a los semielfos, una casta fuerte, longeva, menos dotada
para la magia, pero más numerosa y leal.
En el año 2,403, los monjes de Xao Lun, guardianes del Agua del
Poder, fueron derrotados. Esta agua era capaz de llevar el cuerpo más
allá de sus límites, aunque con una tasa de supervivencia del 10%. Los
monjes, antaño sabios y pacíficos, fueron convertidos en la Orden
Negra de Xao Lun, élite silenciosa de puños rotos.
En 1,627, se abrió el Portal al Infierno. Se descubrió un mundo
fragmentado en islas flotantes, con una ecología imposible, y razas
demoníacas diversas. Una vez más, el Imperio impuso pactos, sometió
culturas y declaró el plano como suyo.
Para el 1,400, el Infierno estaba completamente bajo control imperial.
La Caída del Imperio
(1,400 – 0 antes de la Caída)
El descubrimiento más trágico fue también el más ambicioso: los
demonios portaban una fuente de poder superior al maná, llamada
energía entrópica.
Esta energía no podía ser canalizada por los demonios. Sin embargo,
podía transferirse a mortales, potenciándolos de forma descomunal.
Así surgieron los brujos, criaturas fortalecidas en cuerpo y hechicería,
pero marcadas por el deterioro físico y la sumisión al demonio que les
otorgaba dicha energía. Venas negras, fiebre, obediencia.
En 178, Eldrin Valerion, hijo del Archidruida, descubrió la razón: los
demonios no podían usar magia porque carecían de alma.
En 97, tras muchos fracasos, creó a Gaia, la primera demonio con alma,
una aberración divina. En 78, Gaia engendró a Satanás, más poderoso
que ella.
En 69, Gaia murió al intentar escapar junto a su hijo. Satanás
sobrevivió. En 60, comenzaron movimientos separatistas en el Infierno.
Se formaron cultos, se forjaron armas.
En 23, estalló la Marcha de la Marea Roja, una guerra devastadora
que alteró la geografía misma del Infierno. En 11, los demonios
expulsaron al Imperio. Satanás fue coronado Rey. Eldrin murió
asesinado por su creación. Los portales colapsaron, dejando una zona
inestable: Finisterra.
Los reinos aprovecharon la debilidad imperial. Vallahad, Krogar Maal y
Jerlandet iniciaron rebeliones. Grandes batallas como la Masacre de
los Desiertos Orcos o la Batalla de los Bosques Helados marcaron
el fin.
En el año 0, el Imperio se fragmentó. Solo quedó Tarn’Vareth, aislada,
silenciosa.
Era de la Libertad
(0 – 1039 después de la Caída)
Satanás, usando los archivos de Eldrin, replicó las Gemas del Alma.
Los resultados fueron limitados: magia funcional, pero fugaz. Solo él
podía engendrar herederos con alma, dando origen a la Casta Real
Demoníaca:
El Rey o Reina Demonio, portador de alma.
El Príncipe o Princesa, heredero viviente.
Nobles sin alma, poderosos pero incompletos.
Satanás murió por vejez en el año 210.
Mientras tanto, el mundo vivía dividido:
Vallahad y Jerlandet se enfrentaron en la Batalla de los
Bosques Rojos.
Los mares fueron escenario de nuevas invasiones orcas.
En 458, apareció Laionel Constantine, mago de poder sin
precedentes. Fundó Veliguard, ciudad sin ejército, que prosperó
mediante comercio y diplomacia. En 490, Xao Lun fue anexada por
Vallahad.
Desde 523, las incursiones demoníacas se intensificaron. En 1012,
DurnHollow repelió un ataque total. En 1017, ocurrió una tragedia:
La hija del Rey Demonio Azgorath, sexto en el linaje, fue dada por
muerta tras la traición de la Casa Malekit, quienes fueron
exterminados. Solo su hija menor sobrevivió. La traición: el rapto —y
presunta muerte— de Satania, la hija de Azgorath.
Hoy, en el año 1039, reina una paz tensa. Los reinos se observan en
silencio. Veliguard crece. Finisterra respira portales. Y el Infierno, una vez
más, espera.