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Cátedra de Semiótica
Carrera de Ciencias de la Comunicación
Facultad de Filosofía y Letras – U.N.T
Roland Barthes
APUNTE DE CÁTEDRA
Realizado por la Profesora y Licenciada Susan Sarem, Jefa de Trabajos Prácticos de la
Cátedra de Semiótica, en base a los siguientes textos:
Barthes, Roland (1997), “La cocina de sentido” y Elementos de semiología, en: La aventura
semiológica, Barcelona, Paidós.
-------------------- (2003), “El mito, hoy”, en: Mitologías, Barcelona, Siglo XXI .
Sarem, Susan (2014), “Signo”, en: Coviello, Ana Luisa (coord.), Términos fundamentales de
Semiótica, Tucumán: Departamento de Publicaciones, Facultad de Filosofía y Letras, UNT.
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I. Biografía
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Para conocer aspectos fundamentales de la vida de Barthes de forma básica, les
proponemos consultar el audiovisual realizado para las Jornadas Barthes, organizadas por la
Cátedra, en noviembre de 2015, a 100 años de su nacimiento, con guion del Prof. Diego
Toscano.
II. Conceptos fundamentales
Es una tarea casi impracticable dar cuenta en este apunte de cátedra de la vastedad e
importancia de la obra de Roland Barthes (1915-1980) para los estudios semiológicos del
siglo XX. Sin embargo, el objetivo de este espacio es esclarecer algunos conceptos que
consideramos fundamentales para la reflexión semiológica y su utilidad práctica en el ámbito
del dictado de la materia Semiótica para Ciencias de la Comunicación.
No podemos referirnos a tales aportes sin la mención a Ferdinand de Saussure por la
trascendencia que la lectura del Curso de Lingüística General1 significó para Barthes, tal
como lo expresa a lo largo de La aventura semiológica. En la Introducción afirma que la
semiología está aún “en proceso de construcción” (como sostenía Saussure) por lo cual, “los
Elementos que se presentan aquí no tienen otro objetivo que el de desgajar de la lingüística
conceptos analíticos”; los elementos de semiología se corresponden con la mayoría de los
contenidos en los pares dicotómicos del CLG, además de significación y valor -convertidos
por Barthes en dicotomías-, y el agregado del par denotación y connotación. Así lo explica
el autor: “Estos elementos de semiología se agruparán, por consiguiente, bajo cuatro grandes
secciones, surgidas de la lingüística estructural: I. Lengua y Habla; II. Significado y
Significante; III. Sistema y sintagma; IV. Denotación y connotación; se observará que la
clasificación binaria de los conceptos parece frecuente en el pensamiento estructural […]”
(Barthes, 1997: 21).
La semiología tiene, de esta manera, “un carácter extensivo” (20) respecto de la
lingüística. Al extender a los sistemas semiológicos el concepto lengua/habla, surgen dos
problemas que coinciden
con los puntos en los cuales es imposible seguir el modelo lingüístico y se hace
necesario remodelarlo. El primer problema concierne al origen del sistema, es decir,
a la dialéctica misma de la lengua y el habla. En el lenguaje, nada pasa a formar parte
de la lengua sin haber sido ensayado antes en el habla, pero, inversamente, ningún
habla es posible (es decir, no responde a su función de comunicación) si no se la
1
CLG, en adelante.
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extrae del “tesoro” de la lengua. Este movimiento es todavía, al menos parcialmente,
el de un sistema como la alimentación, aun cuando los hechos individuales de
innovación puedan convertirse dentro de él en hechos de lengua; pero en la mayoría
de los sistemas semiológicos la lengua es elaborada no por la “masa hablante”
sino por un grupo de decisión2. En este sentido, puede decirse que en la mayoría de
las lenguas semiológicas el signo es verdaderamente “arbitrario3, puesto que es
fundado de una manera artificial mediante una decisión unilateral. Se trata, en
síntesis, de lenguajes fabricados, de “logotécnicas; el usuario se atiene a estos
lenguajes, extrae de ellos los mensajes (las “hablas”), pero no participa en su
elaboración. El grupo de decisión que está en el origen del sistema (y de sus cambios)
puede ser más o menos restringido: puede ser una tecnocracia altamente calificada
(moda, automóvil) o puede ser también un grupo más difuso, más anónimo (arte del
mobiliario corriente, confección de nivel medio) (34).
Como vemos, en cuanto al primer problema, Barthes plantea una diferencia en la extensión
semiológica lengua/habla que nos remite al carácter de institución social que posee la lengua.
Éste hace que sea “un contrato colectivo, al cual, si alguien quiere comunicarse, tiene que
someterse por completo; además este producto social es autónomo a la manera de un juego,
que tiene sus reglas propias, porque no se puede dominar sino después de aprendido” (22).
Es, en suma, un contrato social impuesto por quienes nos preceden; allí radica su origen, en
la masa hablante, no así el resto de los sistemas semiológicos que necesitan de un grupo que
los funde y que, a posteriori, tome las decisiones respectivas.
Respecto del segundo problema, Barthes explica lo siguiente:
El segundo problema planteado por la extensión semiológica del concepto
lengua/habla versa sobre la relación de “volumen” que puede establecerse entre las
“lenguas” y sus “hablas”. En el lenguaje existe una desproporción muy grande entre
la lengua, conjunto finito de reglas, y las hablas que vienen a alojarse bajo esas reglas
y cuyo número es prácticamente infinito. Puede suponerse que un sistema como el
de la alimentación presenta todavía una diferencia importante de volúmenes, ya que
en el interior de las “formas” culinarias las modalidades y las combinaciones de
ejecución siguen existiendo en número elevado, pero […] en los sistemas como el
del automóvil y el del mobiliario la amplitud de las variaciones y de las
asociaciones libres es escasa. En ellos hay poco margen –al menos reconocido por
la institución misma- entre el modelo y su “ejecución, son sistemas donde el
“habla” es pobre […] Esto no impide que […] sea necesario revisar la teoría
saussuriana […] y completar la pareja lengua/habla mediante un tercer elemento pre-
significante, materia o sustancia, que sería el soporte (necesario) de la significación.
[…] De esta manera nos veríamos llevados a reconocer en los sistemas semiológicos
(no lingüísticos) tres planos (en vez de dos): el plano de la materia, el de la lengua y
del uso. Esto permite evidentemente dar cuenta de los sistemas “sin ejecución”, ya
que el primer elemento asegura la materialidad de la lengua (35-36).
2
Las negritas son mías.
3
Ver páginas 111-12 de Términos fundamentales de Semiótica.
4
Así, las posibilidades que el habla ofrece de combinar los elementos de la lengua y
actualizar sus reglas son casi infinitas. Una construcción del tipo: artículo / sustantivo
común / construcción preposicional / verbo / adverbio o construcción adverbial
permite incontables combinaciones. Tal efecto no es posible, por ejemplo, en sistemas
como el del automóvil cuyas combinaciones en el uso (hablas) no corresponden a una
decisión individual (como ocurre con el habla en lingüística, ejecución individual del
sistema de la lengua), sino del mismo grupo de decisión que lo crea; un ejemplo de
esto es la gama de colores de fabricación de un vehículo.
II.1. Método de crítica ideológica
En el Prólogo a La aventura semiológica Barthes había explicitado ya la importancia
del CGL, para él, en relación con los alcances mismos de la semiología considerada
desde un enfoque científico:
[…] cuando leí por primera vez a Saussure, y tras haberlo leído quedé deslumbrado
por esta esperanza: suministrar por fin a la denuncia de los mitos pequeñoburgueses
[…] el método para desarrollarse científicamente. Este medio era la semiología o
análisis concreto de los procesos de sentido gracias a los cuales la burguesía convierte
su cultura histórica de clase en cultura universal: la semiología se me apareció
entonces, por su porvenir, su programa y sus tareas como el método fundamental de
la crítica ideológica (Barthes, 1997: 11).
Barthes afirma así que la semiología es un método de crítica ideológica, una de las
tres maneras de definirla desde su perspectiva. Desmontar los mitos instaurados en la
sociedad por la burguesía es una tarea, a la vez, semiológica y política –como él mismo
expresa– (13), que emprenderá a partir de la estructuración de diferentes modelos de análisis
semiológico surgidos de otras definiciones de semiología también. La propuesta esbozada en
“La cocina del sentido”, acerca la tarea del semiólogo, consistente en revisar el
funcionamiento de los signos, recurriendo a la hechura de los mismos, a su “cocina”, es un
método para demostrar que el sentido no es natural sino fabricado por la sociedad, un artificio
de la clase dominante del momento:
Descifrar los signos del mundo quiere decir siempre luchar contra cierta inocencia de
los objetos. Comprendemos el francés tan “naturalmente”, que jamás se nos ocurre
la idea de que la lengua francesa es un sistema muy complicado de y muy poco
“natural” de signos y de reglas: de la misma manera es necesaria una sacudida
incesante de la observación para adaptarse no al contenido de los mensajes sino a su
5
hechura: dicho brevemente, el semiólogo, como el lingüista, debe entrar en la “cocina
del sentido” (Barthes, 1997:224)
II.2. Connotación
En ese mismo texto, Barthes arroja otra definición de semiología: como “ciencia de las
informaciones de segundo grado” (223), es decir, como connotación; los conceptos de
función signo y mito serán la materialización de esta idea, a partir de la utilización
metodológica de los mismos, según veremos.
II.2.1. Función signo
Para definir al primero, sigue la línea abierta por Saussure en su definición de signo,
sin ignorar las modificaciones realizadas por Louis Hjelmslev. Éste había retomado la
conformación del signo diádico, significado y significante, pero las llamó contenido y
expresión, respectivamente. Desde su perspectiva, estas dos caras están unidas por una
función, que es la dependencia que existe entre dos términos; cada uno de ellos será funtivo
de una función, una relación de solidaridad, donde uno se encuentra necesariamente
implicado por el otro. Ambos dan cuenta de una forma y de una sustancia4 “que puede
volverse útil de manejar en semiología” y que
permite quizá prever la naturaleza del signo semiológico por referencia al signo
lingüístico. El signo semiológico está compuesto también, como su modelo, por un
significante y un significado (el color del semáforo, por ejemplo, es una orden del
circulación en el código vial), pero se aleja del modelo en el nivel de las sustancias.
Muchos sistemas semiológicos (objetos, gestos, imágenes) tienen una sustancia de la
expresión cuyo ser no se encuentra en la significación; son frecuentemente objetos
de uso conducidos por la sociedad hacia finalidades de significación: la ropa sirve
para protegerse, el alimento sirve para alimentarse, por más que también sirvan para
significar. Proponemos denominar a estos signos semiológicos de origen utilitario,
funcional, funciones signos (40-41).
Con esta definición, Barthes sostiene que, en un primer momento, la función signo
“se impregna de sentido”, un sentido propio del uso mismo del signo semiológico:
alimentarse (alimento), protegerse de la lluvia (impermeable), abrigarse (abrigo), trasladarse
(vehículo), por ejemplo. Sin embargo, como la función signo es “testigo de un doble
movimiento,” (41) en un segundo momento el signo será refuncionalizado por la sociedad
4
Ver páginas 107 y 108 de Términos fundamentales de Semiótica.
6
cuando un abrigo no sólo sirva para abrigarse (es decir, signifique/denote que abriga) sino
también para significar/connotar otros sentidos.
De esta manera, un abrigo de piel protege del frío (a la vez que indica esa situación
atmosférica) y, además, evidencia, en el momento de producción de la obra barthesiana que
estamos trabajando, estatus social alto. Este plus de sentido, esta significación añadida no es
de carácter utilitario sino propiamente del orden de la connotación y, por lo tanto, comporta
un segundo movimiento del signo. En consecuencia, podríamos decir lo siguiente:
que en un primer momento, la semantización del signo está caracterizada por
su utilidad; como el primer movimiento es de semantización, el carácter
utilitario del signo es su propia significación;
y que después, en un segundo momento, connota, se refuncionaliza, es decir,
funciona de otra manera. La noción de función signo está ligada, por ende, a
la dialéctica denotación/ connotación.
Esta dialéctica conjuga dos sistemas; podríamos graficar el primero del siguiente modo:
ERC
E = expresión (abrigo de piel) en R = relación con un C = contenido (abrigarse).
Si bien la relación establecida aquí es de significación, como en la tradición binaria
precedente, Barthes la considera como un proceso: “la significación (semiosis)”, dirá más
adelante, “es el acto que une el significado y el significante, acto cuyo producto es el signo”
(1997:46). Así, habría, en el interior de él una estructura triádica5: el signo como resultante
de un proceso de significación, donde el significado y el significante se unen para dar como
resultado el signo y la significación; signo6 como resultado de un proceso, llámese
significación o semiosis.
ERC representa, entonces, un proceso de significación que se realiza en un plano
denotativo. Cuando el plano de la expresión está conformado en su totalidad por un sistema
ya constituido, el signo se ubica en el plano de la connotación; ésta sería la forma de
esquematizar el segundo sistema:
5
Tal como en Peirce, más allá de las diferencias propias de cada uno: que en el signo de Peirce, los elementos
que lo componen son, a la vez, signos, comportamiento que provoca que la cadena de reenvíos sea infinita
(proceso de semiosis infinita).
6
O interpretante.
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(ERC)
(abrigo de piel que sirve para abrigarse) R (en relación con) C (estatus social alto).
Así, el primer sistema (ERC) constituye el plano de la denotación y el segundo (ERC
R C) pertenece al plano de la connotación. En la connotación los significantes del segundo
sistema están constituidos por los signos del primero. Hay, de este modo, un doble proceso
de significación.
II.2.2. Mito
La idea de mito también materializa la de semiología como connotación ya que
permite visibilizar una dialéctica similar desplegada en su interior, a la vez que sirve como
herramienta metodológica para exhibir el proceso connotativo:
en cualquier sistema semiológico no nos encontramos con dos, sino con tres términos
diferentes. Lo que se capta no es un término por separado, uno y luego el otro, sino
la correlación que los une: tenemos entonces el significante, el significado y el signo,
que constituye el total asociativo de los dos primeros términos. Tomemos como
ejemplo un ramo de rosas: yo le hago significar mi pasión. ¿Se trata de un significante
y un significado, las rosas y mi pasión? No, ni siquiera eso; en realidad, lo único que
tengo son rosas “pasionalizadas”. Pero, en el plano del análisis existen efectivamente
tres términos; esas rosas cargadas de pasión se dejan descomponer perfectamente en
rosas y en pasión; unas y otra existían antes de unirse y formar ese tercer objeto que
es el signo. Así como es cierto que en el plano de lo vivido no puedo disociar las
rosas del mensaje que conllevan, del mismo modo en el plano del análisis no puedo
confundir las rosas como significante y las rosas como signo: el significante es hueco,
el signo es macizo, es un sentido (Mitologías, Recuperado de:
https://www.ddooss.org/libros/mitologias_Roland_Barthes.pdf,110).
Como podemos ver, en Mitologías es más perceptible la idea de proceso porque se
trata de una relación triádica que trasciende el sistema de la lengua; esa relación es, entonces,
doblemente procesual; así lo ostenta la siguiente imagen, signo semiológico:
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En palabras de Barthes:
estoy en la peluquería, me ofrecen un número de Paris Match. En la portada, un joven
negro vestido con uniforme francés hace la venia con los ojos levantados, fijos sin
duda en los pliegues de la bandera tricolor. Tal el sentido de la imagen. Sin embargo,
ingenuo o no, percibo correctamente lo que me significa: que Francia es un gran
imperio, que todos sus hijos, sin distinción de color, sirven fielmente bajo su bandera
y que no hay mejor respuesta a los detractores de un pretendido colonialismo que el
celo de ese negro en servir a sus pretendidos opresores. Me encuentro, una vez más,
ante un sistema semiológico amplificado: existe un significante formado a su vez,
previamente, de un sistema (un soldado negro hace la venia); hay un significado (en
este caso una mezcla intencional de francesidad y militaridad) y finalmente una
presencia del significado a través del significante. Antes de pasar al análisis de cada
término del sistema mítico, es conveniente ponerse de acuerdo sobre una
terminología. Sabemos ahora que el significante en el mito puede ser considerado
desde dos puntos de vista: como término final del sistema lingüístico o como término
inicial del sistema mítico. Necesitamos, por lo tanto, dos nombres: en el plano de la
lengua, es decir, como término final del primer sistema, al significante lo designaré
sentido ([…], un negro hace la venia); en el plano del mito lo designaré forma.
Respecto al significado, no hay ambigüedad posible: le dejaremos el nombre de
concepto. El tercer término es la correlación de los dos primeros: en el sistema de la
lengua es el signo. Pero no podemos retomar esta palabra sin que se produzca
ambigüedad, ya que, en el mito (y ésta es su principal particularidad), el significante
se encuentra formado por los signos de la lengua. Al tercer término del mito lo
llamaré significación: la palabra se justifica tanto más por cuanto el mito tiene
efectivamente una doble función: designa y notifica, hace comprender e impone.
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En otras palabras, en primer término, estamos ante la presencia de un significado (la
francesidad o la militaridad) unido a un significante (la imagen de la portada de Paris Match),
cuya relación da como resultado el signo, denominado, ahora, sentido (la imagen relatada
con el significado descripto). En segundo término, el sentido –llamado aquí forma–es el
significante del segundo sistema que, en correlación con el concepto, concluye en la
significación. De esta manera, la significación reaparece, pero como resultado del segundo
sistema, el mito, que tiene como base al primero, el lingüístico o lenguaje objeto:
1- 2-
SIGNIFICADO/ SIGNIFICANTE/
3- SENTIDO II- CONCEPTO
I- FORMA
III- SIGNIFICACIÓN
Esto es así porque el lenguaje mítico funciona como un habla del primero, es decir, implica
un determinado uso del primero:
Este habla es un mensaje y, por lo tanto, no necesariamente debe ser oral; puede estar
formada de escrituras y representaciones: el discurso escrito, así como la fotografía,
el cine, el reportaje, el deporte, los espectáculos, la publicidad, todo puede servir de
soporte para el habla mítica (108).
En el mito, la forma (imagen de Paris Match) vaciada se une a otro concepto que la
llena de contenido y, de tal conjunción, surge la significación en un proceso originado en la
apropiación específica que hace el mito del lenguaje objeto; esa apropiación es la
deformación: el lenguaje mítico deforma el resultado del primer sistema y da como resultado,
por ejemplo, que la portada de la revista Paris Match signifique la imperialidad francesa.
De esta manera, el sentido/la forma son dos instancias inseparables del proceso de
significación mítica, pero cada una conlleva una función diferente:
El significante del mito se presenta en forma ambigua: es, a la vez, sentido y forma,
lleno de un lado, vacío del otro. Como sentido, el significante postula de inmediato
una lectura, se lo capta con los ojos, tiene realidad sensorial […] el saludo del negro
[…]. Como suma de signos lingüísticos, el sentido del mito tiene un valor propio,
forma parte de una historia, […] la del negro: en el sentido ya está construida una
significación que podría muy bien bastarse a sí misma, si el mito no la capturara y no
la constituyera súbitamente en una forma vacía, parásita. El sentido ya está completo,
postula un saber, un pasado, una memoria, un orden comparativo de hechos, de ideas,
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de decisiones. Al devenir forma, el sentido aleja su contingencia, se vacía, se
empobrece, la historia se evapora, no queda más que la letra. […] hay que poner entre
paréntesis la biografía del negro si se quiere liberar la imagen, prepararla para recibir
su significado. Pero el punto capital de todo esto es que la forma no suprime el sentido
sino que lo empobrece, lo aleja, lo mantiene a su disposición. Parece que el sentido
va a morir, pero se trata de una muerte en suspenso: el sentido pierde su valor pero
mantiene la vida, y de esa vida va a alimentarse la forma del mito. El sentido será
para la forma como una reserva instantánea de historia, como una riqueza sometida,
factible de acercar o alejar en una especie de alternancia veloz: es necesario que la
forma pueda volver permanentemente a echar raíces en el sentido y alimentarse
naturalmente de él; sobre todo es necesario que en él pueda ocultarse. Lo que define
al mito es este interesante juego de escondidas entre el sentido y la forma. La forma
del mito no es un símbolo: el negro que saluda no es el símbolo del imperio francés,
tiene demasiada presencia; se ofrece como una imagen rica, vivida, espontánea,
inocente, indiscutible. Pero al mismo tiempo esta presencia está sometida, alejada,
vuelta como transparente; se retira un poco, se hace cómplice de un concepto que
recibe ya armado, “la imperialidad” francesa: se convierte en una presencia prestada
(113-114).
La afirmación con la que se cierra esta cita acerca de que la imperialidad francesa,
constituida en mito, es una presencia prestada, se debe a que el mito puede cambiar; esto
ocurre porque el concepto, que llenará nuevamente la forma vaciada, es histórico. En este
sentido, si volvemos al ejemplo del abrigo de piel, el estatus social alto atribuido al signo en
un segundo momento, evidenciaba un modo de interpretar el abrigo de piel en el contexto de
producción de la obra barthesiana a la que nos referimos, esto es, la década del ‘60. Ahora
bien, si nos proponemos dar cuenta del proceso que evidencia un signo semiológico “abrigo
de piel” en nuestro contexto, el segundo movimiento del signo manifestará un/unos sentido/s
diferente/s del revelado en la época anterior; esto se debe justamente a que ese sentido
contingente que la sociedad atribuye, responde al aspecto histórico-contextual de los signos:
si entendemos al “estatus social alto” del abrigo de piel como a la “imperialidad francesa” de
la imagen de Paris Match, esto es, como una presencia “prestada”, es porque el sentido
añadido varía según el contexto. Por eso, si pensamos ahora en el nuestro, atravesado, entre
otras luchas, por la defensa ecológica, el uso del abrigo de piel nos arrojará más de un sentido,
más de una presencia prestada: por un lado, anti-ecologista (si el abrigo de piel es de origen
animal); por otro, ecologista, defensor/a de la vida en el planeta (si la materia del abrigo de
piel no es de origen animal).
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Gráficamente, la imbricación de los dos sistemas, tomando la función signo y el mito,
donde 1, 2 y 3 corresponde al plano de la denotación o lenguaje objeto; y I, II y III a la
connotación o habla mítica, resulta así:
1- 2-
SIGNIFICANTE/ SIGNIFICADO/
EXPRESIÓN/ CONTENIDO/
Abrigo de piel abrigarse
3- SIGNO LINGÜÍSTICO / SENTIDO II- CONTENIDO
Abrigo de piel para abrigarse CONCEPTO
I- EXPRESIÓN FORMA Estatus social alto/
Ecologista/anti-ecologista
III- SIGNIFICACIÓN / CONNOTACIÓN
Estatus social alto (evidenciado en el abrigo de piel)
Ecologista/anti-ecologista (evidenciado en el abrigo de piel)
II.3. Artrología
Hasta aquí hemos explorado dos de las definiciones de semiología presentadas por Barthes.
Nos queda dar cuenta de la tercera que incluye en “Elementos de semiología”: artrología o
ciencia de las divisiones; lo hace cuando se refiere a la relación entre significación y valor,
retomando la imagen de la hoja de papel desplegada por Saussure; de este modo,
si [a la hoja de papel] se la corta en trozos, se obtienen, por una parte, diversos trozos
(A,B,C), cada uno delos cuales tiene un valor respecto de sus vecinos, y por otra,
cada uno de ellos tiene un frente y un dorso, que han sido cortados al mismo tiempo
(AA’,BB’CC’); es la significación. Esta imagen es de gran utilidad porque lleva a
concebir la producción de signos de una manera original, no ya como la mera
correlación de un significado y un significante, sino quizá más esencialmente como
un acto de segmentación simultánea de dos masas amorfas, de dos “reinos flotantes”,
como dice Saussure; Saussure imagina, en efecto, que en el origen (puramente
teórico) del sentido, las ideas y los sentidos forman dos masas –flotantes, lábiles,
continuas y paralelas- de sustancias: el sentido interviene cuando se segmentan al
mismo tiempo, de un solo golpe, ambas masas: los signos (así producidos) son, pues,
articuli; entre estos dos casos, el sentido es, por consiguiente, un orden, pero este
orden es esencialmente división: la lengua es un objeto intermediario entre el sonido
12
y el pensamiento: consiste en unir uno y otro descomponiéndolos simultáneamente;
y Saussure adelanta una nueva imagen: significado y significante son como dos capas
superpuestas, una de aire y otra de agua; cuando cambia la presión atmosférica, la
capa de agua se divide en olas: de la misma manera, el significante es dividido en
articuli. Estas imágenes, tanto de la hoja de papel como de las olas, permiten insistir
sobre un hecho capital (para la prolongación de los análisis semiológicos); la lengua
es el dominio de las articulaciones, y el sentido es ante todo segmentación. Se sigue
que la futura tarea de la semiología consiste […] en encontrar las articulaciones que
los hombres
aplican a lo real […] (1997:52).
Cuando Barthes toma contacto con el CGL persigue cumplir, a la par de su propio
objetivo, el saussureano de analizar el resto de los sistemas de signos desde el modelo de la
lengua; y es de tal manera central esta determinación que su propósito se convierte en
translingüístico: lejos de ubicar a la lingüística dentro de la semiología, invierte estos
espacios y concibe a la primera no sólo como el fundamento de las reflexiones teóricas y
metodológicas de la segunda, sino también como disciplina que estudia un sistema de signos
capaz de traducir a los demás:
La palabra mítica está constituida por una materia ya trabajada pensando en una
comunicación apropiada […]. La imagen deviene escritura a partir del momento en
que es significativa: como la escritura, supone una lexis. Por lo tanto, en adelante
entenderemos por lenguaje, discurso, habla, etc., toda unidad o toda síntesis
significativa, sea verbal o visual; para nosotros, una fotografía será un habla de la
misma manera que un artículo de periódico. […] el mito pertenece a una ciencia
general que incluye a la lingüística: la semiología (108-109).
Encontrar sentido segmentando (artrología), evidenciar la significación del habla mítica, o
de la función signo (connotación) implican métodos fundamentales de crítica ideológica que
se abren paso a partir del hallazgo de la semiología como posibilidad de desnaturalizar los
signos. Las tres definiciones de semiología de Barthes encuentran así puntos en común.