Madrigal Busqué su huella y sonreí llorando,
Tu tez rosada y pura, tus formas gráciles y el tiempo fue mis ímpetus dominando.
De estatuas de Tanagra, tu olor de lilas, ¿La síntesis? No se supo: un día fecundaré la era
El carmín de tu boca, de labios tersos; donde me sembrarán. Don Nadie. Un hombre. Un loco.
Las miradas ardientes de tus pupilas, Nada.
El ritmo de tu paso, tu voz velada, Una sombra inquietante y pasajera.
Tus cabellos que suelen, si los despeina Un odio. Un grito. Nada. Nada.
Tu mano blanca y fina toda hoyuelada, ¡Oh desprecio, oh rencor, oh furia, oh rabia!
Cubrirte como fino manto de reina; La vida está de soles diademada...
Tu voz, tus ademanes, tú no te asombres; Porfirio Barba Jacob
Todo eso está ya a gritos pidiendo un hombre.
José A. S.
Esfinge
Mariposas
En tu aposento tienes,
Todo en ti me conturba y todo en ti me engaña,
En urna frágil,
desde tu boca, donde la pasión se adivina
Clavadas mariposas,
que empurpura los pétalos de esa rosa felina,
Que, si brillante
hasta la rubia movilidad de tu pestaña.
Rayo de sol las toca,
Todo en ti me es adverso, tu sonrisa me daña
Parecen nácares
como un hechizo, y en tu plática divina
O pedazos de cielo,
por un campo de flores la falacia camina
Cielos de tarde,
fríamente cual una ponzoñosa alimaña.
O brillos opalinos
Con tu rostro de mártir eres una venganza.
De alas suaves;
Tus manecitas estrangularon mi esperanza,
Y allí están las azules
y es tu flor un eufobio semioculto entre tules.
Hijas del aire,
Tu lámpara alimentan alas de mariposa,
Fijas ya para siempre
arda en ella este verso que me inspiró tu prosa:
Las alas ágiles,
¡eres una mentira con los ojos azules!
Las alas, peregrinas Guillermo Valencia.
De ignotos valles,
Que como los deseos
De tu alma amante
A la aurora parecen Pigmalión
Resucitarse,
Cuando de tus ventanas En líbico marfil tallas tu sueño
Las hojas abres de amor, la ninfa de tu ser exalta,
Y da el sol en tus ojos y entre labios de olímpico diseño
Y en los cristales! flores de perla tu buril esmalta.
José A. S.
Sufres; el bloque de mirar risueño
donde la fiebre de la vida falta
yace inmóvil: la sangre de tu dueño
Suspiro
bajo las curvas gélidas no salta.
Atiende el cielo tu clamor. “Resurge”,
a A. de W.
Apolo clama; la beldad esquiva
Si en tus recuerdos ves algún día
tórnase carne y a la vida surge;
Entre la niebla de lo pasado
la besas bajo el ático plafondo,
Surgir la triste memoria mía
y entre la red de su pestaña viva
Medio borrada ya por los años,
hallas lo azul sin límite ni fondo…
Piensa que fuiste siempre mi anhelo Guillermo Valencia.
Y si el recuerdo de amor tan santo
Mueve tu pecho, nubla tu cielo,
Llena de lágrimas tus ojos garzos;
Y te busqué por pueblos
¡Ah, no me busques aquí en la tierra
Donde he vivido, donde he luchado,
Y te busqué en las nubes,
Sino en el reino de los sepulcros
Y para hallar tu alma
Donde se encuentran paz y descanso!
José A. S. Muchos lirios abrí, lirios azules.
Y los tristes llorando me dijeron:
Nocturno -¡Oh, qué dolor tan vivo!
¡Oh!, ¡que gran corazón el corazón del campo ¡Que tu alma ha mucho tiempo que vivía
en esta noche azul y pura y reverente, En un lirio amarillo!-
todo lleno de amor y de piedad sagrada
y fuerza suficiente! Mas dime -¿cómo ha sido?
Yo le escucho latir y comprendo mi vida: ¿Yo mi alma en mi pecho no tenía?
me parece tan clara, tan profunda, tan simple, Ayer te he conocido,
y tiene como el mar y el monte puro Y el alma que aquí tengo no es la mía.
José Martí
su raíz en el tiempo sumergida...
Yo le siento latir, y una onda inefable
y cordial y vital me reconforta,
y no pienso que soy un barro deleznable,
y que la brega es dura y corta.
Toda inquietud es vana; la desazón soporta
-me está diciendo a voces un amigo interior-
El minuto es florido, sonoro y halagüeño,
el corazón del campo te dará su vigor
para entrar en el último sueño...
Porfirio Barba Jacob
El espejo
¿Mi nombre? Tengo muchos: canción, locura, anhelo.
¿Mi acción? Vi un ave hender la tarde, hender el cielo...