El documento final de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo
de los Obispos, del 26 de octubre de 2024, presenta propuestas
encaminadas a fomentar una Iglesia más sinodal. Hace hincapié en la
transparencia, la rendición de cuentas y la participación activa de
todos los miembros de la Iglesia, buscando armonizar la toma de
decisiones y ampliar los roles de los laicos en la vida eclesiástica.
Las ideas principales se centran en el tema “Por una Iglesia sinodal:
comunión, participación y misión”. Incluyen los siguientes elementos
clave:
El corazón de la sinodalidad : destaca el papel del Espíritu Santo
al llamar a la Iglesia hacia la conversión y la unidad, enraizada en una
comprensión sacramental del Pueblo de Dios. Defina la sinodalidad
como un camino marcado por la unidad espiritual y una misión
compartida entre todos los miembros de la Iglesia.
Juntos en el barco : destaca la necesidad de renovar las relaciones
dentro de la Iglesia, haciendo hincapié en los vínculos comunitarios
entre las diferentes vocaciones, contextos y culturas. Destaca la
importancia de la armonía entre el clero y los laicos, y dentro de las
familias, para encarnar una Iglesia orientada a la misión.
“Echad la red” : analiza la transformación de los procesos
eclesiales, centrándose en el discernimiento eclesial, la toma de
decisiones, la transparencia, la rendición de cuentas y la evaluación.
Hace un llamamiento a mejorar las estructuras participativas en la
Iglesia.
Una pesca abundante: aborda el cultivo de conexiones dentro de la
Iglesia, incluidas las relaciones entre iglesias y la unidad ecuménica.
Proponer mejorar el intercambio mutuo entre las diferentes
comunidades y asambleas de la Iglesia para fortalecer los vínculos
dentro de una Iglesia global diversa.
“Yo también te envío” : se centra en la formación de una
comunidad de discípulos misioneros y enfatiza la necesidad de
formación espiritual para todos los miembros bautizados para
fomentar una Iglesia sinodal impulsada por la misión.
El documento contiene las siguientes propuestas principales:
Áreas de estudio para grupos: El Sínodo aliena a los grupos
especializados a profundizar en diez áreas críticas, como la
relación entre las Iglesias orientales y latinas, el apoyo a los
pobres y la adaptación de los esfuerzos de la misión al mundo
digital, para alinear mejor la vida de la Iglesia con los desafíos
modernos y los ideales sinodales.
Transparencia y rendición de cuentas : La propuesta
enfatiza que la transparencia en la gobernanza de la Iglesia,
especialmente a través de informes públicos y auditorías,
puede ayudar a generar confianza y garantizar que la Iglesia
gestione los recursos de manera responsable, al tiempo que
defiende valores de inclusión e igualdad, como la
representación equilibrada de género en los órganos de toma
de decisiones.
Empoderar a las Conferencias Episcopales: Al fortalecer el
papel de las Conferencias Episcopales, la Iglesia puede permitir
una atención doctrinal y pastoral más sensible a nivel local que
respeta la diversidad cultural, preservando al mismo tiempo la
unidad e integridad de la fe católica en todo el mundo.
Inclusión de personas con discapacidad: Esta propuesta
sugiere un Observatorio Eclesial sobre Discapacidad, cuyo
objetivo es fomentar la participación activa de las personas con
discapacidad, asegurando que sus contribuciones únicas
enriquezcan la vida y el alcance de la Iglesia.
Fortalecimiento del apoyo familiar y
conyugal: Reconociendo a las familias como contribuyentes
vitales a la misión de la Iglesia, esta propuesta aboga por redes
que apoyen a las familias en roles pastorales, permitiéndoles
participar activamente en la evangelización y el servicio dentro
de sus comunidades.
Promoción de la toma de decisiones sinodal: fomentar los
procesos sinodales en todos los niveles tiene como objetivo
hacer que la toma de decisiones sea más inclusiva y reflexione
a la comunidad eclesial más amplia, fomentando el
discernimiento compartido y actualizando el derecho canónico
para definir claramente los roles consultivos y de toma de
decisiones.
El documento hace un llamamiento a una renovación espiritual,
relacional y estructural, con el objetivo de lograr una Iglesia que viva
la sinodalidad como una práctica integrada de comunidad y misión.
Las propuestas apuntan a construir una Iglesia más inclusiva y
transparente mediante la redefinición de los roles de toma de
decisiones, el fomento de la rendición de cuentas y el fortalecimiento
del diálogo interreligioso. En conjunto, estos pasos preparan el
camino para una Iglesia sinodal arraigada en la comunión, la
participación y la misión compartida.
[Link] pesca abundante. La conversión de los vínculos (Jn
21,8.11).
Las redes echadas por la Palabra del Resucitado permiten una
pesca abundante. En “la conversión de los vínculos” se respetan la
variedad de dones y culturas (cf. 120), se asumen nuevas formas
de intercambios y se peregrina hacia la comunión.
Para arrastrar juntos la red, necesitamos estar arraigados y
tener una inteligencia contextual que nos permita peregrinar, no
sólo con los amigos de la pesca, sino abriéndonos a los demás. Es
el proceso del “yo” al “nosotros”. Este es un nuevo desafío. Por
ejemplo, ¿privilegiamos el tejido de relaciones y vida comunitaria o
los límites territoriales? Los límites atascan. Es mejor convertir
los vínculos dando rostro a realidades anónimas, las periferias
existenciales, los colonialismos, la marginación.
La Iglesia tiene ya más claro que la cultura digital está cambiando
la percepción del espacio y del tiempo, influyendo en las
actividades cotidianas, las comunicaciones y las relaciones
interpersonales, e incluso en la fe. Se van reconfigurando las
relaciones y facilitando la comunicación, pero paradójicamente
estamos conectados y a menudo experimentamos soledad y
marginación. Este es un campo delicado porque los comunicadores
podríamos servir de amplificadores de quienes utilizan las redes
con intereses políticos que, manipulando a las personas, difunden
ideologías y generan polarizaciones agresivas. ¿Cómo
aprovechamos esta oportunidad para servir mejor a la sinodalidad
de la Iglesia? ¿Cómo crear vínculos de pertenencia? (cf. 113).
5. “También yo los envío”. Formar un pueblo de discípulos
misioneros (Jn 20,21-22)
Para ser enviados hay que ser formados integralmente. El gesto
del Resucitado en la acción comunicativa del Cenáculo es el soplo
del Espíritu que comienza la nueva creación: nace un pueblo de
discípulos y misioneros, incluso los del mundo digital.
Los comunicadores estamos llamados a despertar la pasión por la
misión ad gentes, es decir, en el servicio de una comunicación en
un contexto concreto. El ámbito especifico abordado por el
Documento Final es el impacto del ambiente digital en los procesos
de aprendizaje, en la capacidad de concentración, en la percepción
de sí mismo y del mundo, y en la construcción de las relaciones
interpersonales. La cultura digital constituye una dimensión crucial
del testimonio de la Iglesia en la cultura contemporánea, así como
un campo misionero emergente. Por ejemplo, cómo afrontamos los
abusos de la comunicación digital: el acoso, la desinformación, la
adicción, etc. (cf.149).
En conclusión, como comunicadores, somos llamados a ser
testigos de la verdad en un mundo necesitado de esperanza. Que
nuestras palabras y acciones sean un reflejo de la comunión y el
amor de Dios. Recurrimos al Espíritu Santo para que nos ayude a
restaurar la comunicación íntima con Dios y con el prójimo. Que en
el corazón restaurado sean relevantes la identidad del cristiano, la
esperanza que no defrauda, el rostro de Dios, el destino último del
hombre. (cf. 14).
El ministerio de la comunicación, inspirado por el Sínodo, es una
herramienta vital para construir una Iglesia más sinodal, inclusiva y
transformadora, respondiendo a los retos de la sociedad
contemporánea con audacia, transparencia y un profundo
compromiso con el Evangelio.
Pintura: Miraculous Draught of Fishes-Bassano
Painting by Jacopo Bassano, 1545 (first miracle)