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Euclides de Alejandría (325 - 265 a. C.)
Euclides es famoso por su libro de geometría, Los Elementos, que fue un importante, de hecho
el principal, texto de enseñanza de la geometría durante dos milenios. Sabemos muy poco de la vida
de Euclides. Enseñó en Alejandría. Alrededor del 450 a.C. el filósofo griego Proclo escribió:
«Euclides... vivió en la época del primer Ptolomeo, pues Arquímedes, que siguió de cerca al
primer Ptolomeo, menciona a Euclides... Ptolomeo preguntó en cierta ocasión [a Euclides] si había
un camino más corto para estudiar geometría que los Elementos, a lo que éste contestó que no
había ningún camino real a la geometría. Por lo tanto era más Joven que el circulo de Platón, pero
más viejo que Eratóstenes y Arquímedes... era un platónico, pues simpatizaba con su filosofía, e
hizo de la construcción de las denominadas figuras platónicas ¡sólidos regulares] el objetivo de los
Elementos».
El geómetra griego más conocido, aunque probablemente no el matemático más original, es
Euclides de Alejandría. Euclides fue un gran sintetizador, y su texto de geometría, los Elementos, se
convirtió en un éxito de ventas perenne. Euclides escribió al menos diez textos sobre matemáticas,
pero sólo cinco de ellos sobreviven; todos a través de copias posteriores, y diez sólo en parte. No
tenemos documentos originales de la antigua Grecia. Los cinco supervivientes euclidianos son los
Elementos, la División de figuras, los Datos, los Fenómenos y la Óptica.
Los Elementos es la obra maestra geométrica de Euclides, y ofrece un tratamiento definitivo de
la geometría de dos dimensiones (el plano) y tres dimensiones (el espacio). La División de figuras y
los Datos contienen varios complementos y comentarios sobre geometría. Los Fenómenos están
dirigidos a los astrónomos, y tratan de la «geometría esférica», la geometría de figuras dibujadas en
la superficie de una esfera. La Óptica es también geométrica, y podría considerarse mejor como una
incipiente investigación de la geometría de la perspectiva: cómo transforma el ojo humano una
escena tridimensional en una imagen bidimensional.
Quizá la mejor manera de pensar en la obra de Euclides es como un examen de la lógica de
las relaciones espaciales. Si una forma tiene ciertas propiedades, éstas pueden implicar lógicamente
otras propiedades. Por ejemplo, si un triángulo tiene los tres lados iguales —un «triángulo
equilátero»—, entonces los tres ángulos deben ser iguales. Este tipo de enunciado, que lista algunas
hipótesis y luego afirma sus consecuencias lógicas, se denomina un «teorema». Este teorema
concreto relaciona una propiedad de los lados de un triángulo con una propiedad de sus ángulos. Un
ejemplo menos intuitivo y más famoso es el teorema de Pitágoras.
Los Elementos se dividen en 13 libros, que se siguen unos a otros en una secuencia lógica.
Analizan la geometría del plano y algunos aspectos de la geometría del espacio. El punto culminante
es la demostración de que hay exactamente cinco sólidos regulares: el tetraedro, el cubo, el
octaedro, el dodecaedro y el icosaedro. Las formas básicas permitidas en geometría plana son
líneas rectas y círculos, a veces en combinación; por ejemplo, un triángulo está formado por tres
líneas rectas. En geometría espacial encontramos también planos, cilindros y esferas.
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Poliedros regulares
Un sólido es regular (o platónico) si está formado por caras idénticas. Los pitagóricos conocían cinco
sólidos de este tipo:
1. El tetraedro, formado a partir de cuatro triángulos equiláteros.
2. El cubo (o hexaedro), formado a partir de seis cuadrados.
3. El octaedro, formado a partir de ocho triángulos equiláteros.
4. El dodecaedro, formado a partir de 12 pentágonos regulares.
5. El icosaedro, formado a partir de 20 triángulos equiláteros.
Ellos los asociaron con los cuatro «elementos» de la antigüedad —tierra, aire, fuego y agua— y
con un «quinto elemento», la quintaesencia.
Para los matemáticos modernos lo más interesante en la geometría de Euclides no es su
contenido, sino su estructura lógica. A diferencia de sus predecesores, Euclides no se limita a afirmar
que un teorema es verdadero. El ofrece una demostración.
¿Qué es una demostración? Es una especie de historia matemática, en la que cada paso es
una consecuencia lógica de algunos de los pasos previos. Cada enunciado que se afirma tiene que
justificarse haciendo referencia a enunciados previos y demostrando que es una consecuencia
lógica de ellos. Euclides comprendió que este proceso no puede llevarse hacia atrás
indefinidamente: tiene que empezar en alguna parte, y estos enunciados iniciales no pueden ser
demostrados, o de lo contrario el proceso de demostración empieza realmente en algún lugar
diferente. Para empezar a rodar, Euclides hizo una lista de varias definiciones: enunciados claros y
precisos de lo que significan ciertos términos técnicos, tales como «línea» o «círculo».
Una definición típica es «un ángulo obtuso es un ángulo mayor que un ángulo recto». La
definición le proporcionaba la terminología que necesitaba para enunciar sus hipótesis
indemostradas, que clasificaba en dos tipos: nociones comunes y postulados. Una típica noción
común es «cosas que son iguales a la misma cosa son iguales entre sí». Un postulado típico es
«todos los ángulos rectos son iguales entre sí».
Hoy día agrupamos ambos tipos y les llamamos axiomas. Los axiomas de un sistema
matemático son las hipótesis subyacentes que hacemos sobre el mismo. Consideramos los axiomas
como las reglas del juego, e insistimos en que se juegue de acuerdo con las reglas. Ya no
preguntamos si las reglas son «verdaderas», ya no pensamos que sólo pueda jugarse a un juego.
Alguien que quiera jugar a este juego concreto debe aceptar las reglas; si no lo hace, es libre de
jugar a un juego diferente, pero no será el juego determinado por estas reglas concretas.
En los días de Euclides, y durante los casi los 2.000 años siguientes, los matemáticos no
pensaban así ni mucho menos. En general veían los axiomas como «verdades autoevidentes», tan
obvias que nadie podía cuestionarlas seriamente. Por ello Euclides hizo todo lo que pudo para hacer
todos sus axiomas obvios... y estuvo muy cerca de conseguirlo. Pero un axioma, el «axioma de las
paralelas», es inusualmente complicado y poco intuitivo, y muchos trataron de deducirlo de hipótesis
más sencillas. Más tarde veremos a qué notables descubrimientos llevó esto.
Paso a paso, a partir de estos comienzos simples, los Elementos continúan ofreciendo
demostraciones de teoremas geométricos cada vez más sofisticados. Por ejemplo, la Proposición 5
del Libro I demuestra que los ángulos en la base de un triángulo isósceles (un triángulo con dos
lados iguales) son iguales.
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Este teorema fue conocido por generaciones de escolares Victorianos como el «pons
asinorum» o puente para asnos: el diagrama se parece a un puente, y era el primer obstáculo serio
para los estudiantes que trataban de aprender la asignatura de memoria en lugar de entenderla. La
Proposición 32 del Libro I demuestra que los ángulos de un triángulo suman 180°. La Proposición 47
del Libro I es el Teorema de Pitágoras.
Euclides deducía cada teorema de teoremas previos y varios axiomas. Construyó una torre
lógica, que subía cada vez más hacia el cielo, con los axiomas como cimientos y la deducción lógica
como el mortero que unía los ladrillos.
Hoy nos sentimos menos satisfechos con la lógica de Euclides porque tiene muchas lagunas.
Euclides da muchas cosas por supuestas; su lista de axiomas está lejos de ser completa. Por
ejemplo, puede parecer obvio que si una recta pasa por un punto dentro de un círculo, entonces
debe cortar al círculo en alguna parte, al menos si se prolonga lo suficiente. Ciertamente parece
obvio si se dibuja una imagen, pero hay ejemplos que demuestran que no se sigue de los axiomas
de Euclides. Euclides lo hizo bastante bien, pero supuso que propiedades aparentemente obvias de
los diagramas no necesitaban una demostración ni una base axiomática.
Esta omisión es más seria de lo que podría parecer. Hay algunos ejemplos famosos de
razonamiento falaz que surgen de errores sutiles en las figuras.
Uno de ellos «demuestra» que todo triángulo tiene dos lados iguales.
¿Jerigonza?
El Libro V de los Elementos va en una dirección muy diferente, y más bien oscura, de la de los
Libros I-IY No parece geometría convencional. De hecho, a primera vista se lee básicamente como
una jerigonza. ¿Qué tenemos que hacer, por ejemplo, con la Proposición I del Libro V? Dice: si
ciertas magnitudes son equimúltiplos de otras magnitudes, entonces si cualquier múltiplo de una de
las magnitudes lo es una de las otras, dicho múltiplo también lo será de todas.
El lenguaje (que he simplificado un poco) no ayuda, pero la demostración aclara lo que
Euclides pretendía. El matemático inglés del siglo XIX Augustus de Morgan explicaba la idea en
lenguaje simple en su libro de texto de geometría: «Diez pies y diez pulgadas son diez veces tanto
como un pie y una pulgada».
¿Qué quiere Euclides aquí? ¿Son trivialidades vestidas como teoremas? ¿Son sinsentidos
místicos? En absoluto. Este material puede parecer oscuro, pero nos lleva a la parte más profunda
de los Elementos: las técnicas de Eudoxo para tratar razones irracionales. Hoy día los matemáticos
prefieren trabajar con números, y puesto que éstos son más familiares, interpretaré a menudo las
ideas griegas en dicho lenguaje.
Euclides no podía evitar enfrentarse a las dificultades de los números irracionales, porque el
clímax de los Elementos —y para muchos su principal objetivo— era la demostración de que existen
exactamente cinco sólidos regulares: el tetraedro, el cubo (o hexaedro), el octaedro, el dodecaedro y
el icosaedro. Euclides demostró dos cosas: no hay otros sólidos regulares, y estos cinco existen
realmente, pueden construirse geométricamente y sus caras encajan perfectamente, sin el más
mínimo error.
Dos de los sólidos regulares, el dodecaedro y el icosaedro, incluyen al pentágono regular: el
dodecaedro tiene caras pentagonales, y las cinco caras del icosaedro que rodean a cualquier vértice
determinan un pentágono.
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Los pentágonos regulares están directamente relacionados con lo que Euclides llamaba «razón
extrema y media». Sobre una línea recta AB, se construye un punto C de modo que la razón AB : AC
es igual a AC : BC. Es decir, la línea entera guarda la misma proporción con el segmento más
grande que el segmento más grande guarda con el más pequeño. Si dibujamos un pentágono e
inscribimos una estrella de cinco puntas, los lados de la estrella están relacionados con los lados del
pentágono por esta razón particular. Hoy día llamamos a esta razón el número áureo. Es igual a 1 +
(√5/2), y este número es irracional. Su valor numérico es aproximadamente 1,618. Los griegos
pudieron demostrar que era irracional explotando la geometría del pentágono. Por ello Euclides y
sus predecesores eran conscientes de que, para tener una
comprensión adecuada del dodecaedro y el icosaedro, debían
entender los irracionales.
Esta es, al menos, la visión convencional de los Elementos.
La razón entre las diagonales y los lados es áurea
David Fowler argumenta en su libro Las matemáticas de la Academia de Platón que hay una
visión alternativa: en esencia, la inversa. Tal vez el objetivo principal de Euclides era la teoría de los
irracionales, y los sólidos regulares eran tan sólo una aplicación.
Razón extrema y media (ahora llamada razón áurea). La razón entre la línea superior y la del centro
es igual a la razón entre la línea central y la inferior
La evidencia puede interpretarse de una forma u otra, pero una característica de los elementos
encaja mejor en esta teoría alternativa. Buena parte del material sobre «teoría de números» no es
necesario para la clasificación de los sólidos regulares; entonces, ¿por qué Euclides incluyó este
material?
Pi con enorme precisión
El valor de π ha sido calculado ahora con varios miles de millones de cifras decimales,
utilizando métodos más sofisticados. Tales cálculos son de interés por sus métodos, para poner a
prueba sistemas de computación, y por pura curiosidad, pero el resultado mismo tiene poca
importancia. Las aplicaciones prácticas de n no requieren, en general, más de cinco o seis cifras. El
récord actual es 51.539.600.000 cifras decimales, calculadas por Yasumasa Kanada y Daisuke
Takahashi. Ellos realizaron dos cálculos independientes utilizando dos métodos diferentes, para
obtener 51.539.607.552 cifras de n. Los resultados coincidían en los primeros 51.539.607.510 cifras,
por lo que redujeron la proclamación de su récord a 51.539.600.000 cifras exactas.
Sin embargo, el mismo material está estrechamente relacionado con los números irracionales,
lo que podría explicar por qué fue incluido.