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La Gestión en El Campo Educativo

La gestión educativa se clasifica en tres categorías: institucional, escolar y pedagógica, cada una enfocada en mejorar la calidad educativa a través de la colaboración y la revisión de prácticas. Se propone adoptar un Modelo de Gestión Educativa Estratégica que fomente la autonomía, corresponsabilidad y transparencia en el sistema educativo. La gestión pedagógica, en particular, se centra en la práctica docente y la interacción con los alumnos, siendo clave para el logro de resultados educativos efectivos.

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La Gestión en El Campo Educativo

La gestión educativa se clasifica en tres categorías: institucional, escolar y pedagógica, cada una enfocada en mejorar la calidad educativa a través de la colaboración y la revisión de prácticas. Se propone adoptar un Modelo de Gestión Educativa Estratégica que fomente la autonomía, corresponsabilidad y transparencia en el sistema educativo. La gestión pedagógica, en particular, se centra en la práctica docente y la interacción con los alumnos, siendo clave para el logro de resultados educativos efectivos.

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LA GESTIÓN EN EL CAMPO EDUCATIVO

CATEGORÍAS DE GESTIÓN
La gestión en el campo educativo se ha clasificado, para su estudio, en tres
categorías de acuerdo con el ámbito de su quehacer y con los niveles de
concreción en el sistema: institucional, escolar y pedagógica, las cuales se
representan en el gráfico siguiente:

La cristalización de las acciones en los distintos niveles de gestión perfila un


modelo de gestión educativa; se apuesta a enfocar su organización, su
funcionamiento y sus prácticas y sus relaciones hacia una perspectiva gestora
de resultados educativos; así, el papel de los actores escolares cobra especial
relevancia porque centran su atención en la generación de dinámicas internas
de cambio, que parten de revisar cómo hacen lo que hacen y qué resultados
están obteniendo. La misma dinámica de trabajo implica una preocupación de
éstos por hacer mejor las cosas, pero no de manera aislada, sino en conjunto
con los demás miembros de la comunidad escolar.
Este enfoque supone la construcción de una cultura de colaboración entre los
actores quienes, basados en el convencimiento colectivo de su capacidad para
gestionar el cambio hacia la calidad educativa, según Hopkins & Reynolds
(2006), empeñan sus esfuerzos por hacer sostenible ese cambio al actuar de
manera deliberada por la transformación de sus propias prácticas como
condición para mejorar los aprendizajes de los alumnos; de acuerdo con Bolívar
(1999), es preciso formar comunidades que se preocupen por aprender a hacer
mejor las cosas. Finalmente, como lo señala Hopkins, hacer una buena escuela
depende de cada escuela.
Las ideas fuerza de la gestión institucional, escolar y pedagógica sostienen que,
en contextos inciertos y en condiciones cambiantes, es preciso reinventar,
sistematizar y mejorar continuamente los objetivos, estrategias, prácticas y
cultura de las organizaciones educativas. Se propone que no sólo las escuelas
públicas mexicanas, sino la meso y la macro estructura del sistema educativo
nacional adopten y adapten el Modelo de Gestión Educativa Estratégica (mgee)
en el marco de la reorientación de sus fines, el establecimiento de una filosofía y
nuevos propósitos, así como la focalización de esfuerzos que privilegien la
mejora de sus relaciones como organización y de sus prácticas educativas.
1. Gestión institucional
Ésta se enfoca en la manera en que cada organización traduce lo establecido en
las políticas; se refiere a los subsistemas y a la forma en que agregan al
contexto general sus particularidades. En el campo educativo, establece las
líneas de acción de cada una de las instancias administrativas.
Desde esta categoría la orientación, la generación de proyectos, de programas y
de su articulación efectiva, no se agota en la dimensión nacional; resulta
impostergable una visión panorámica del hecho educativo, de las interrelaciones
entre todos los actores, en todos los planos del sistema mismo. Es preciso
plantear las necesidades y apoyarlas en las competencias de las
organizaciones, de las personas y de los equipos en cada uno de los ámbitos:
nacional, estatal, regional y local, porque se han puesto en el centro de la
transformación del sistema educativo objetivos desafiantes: calidad con equidad
para todos, profesionalización docente y consolidación de escuelas inteligentes;
entre otros asuntos de suma trascendencia; además, porque resulta
fundamental posicionar los principios de autonomía, corresponsabilidad,
transparencia y de rendición de cuentas.
En general, la gestión de las instituciones educativas comprende acciones de
orden administrativo, gerencial, de política de personal, económico-
presupuestales, de planificación, de programación, de regulación y de
orientación, entre otras. En este orden de ideas, la gestión institucional es un
proceso que ayuda a una buena conducción de los proyectos y del conjunto de
acciones relacionadas entre sí, que emprenden las administraciones para
promover y posibilitar la consecución de la intencionalidad pedagógica en, con y
para la acción educativa. Dicha acción educativa se vincula con las formas de
gobierno y de dirección, con el resguardo y la puesta en práctica de
mecanismos para lograr los objetivos planteados en el sector educativo hacia la
calidad; en este marco, el hacer se relaciona con evaluar al sistema, a sus
políticas, a su organización y a su rumbo, para rediseñarlo y reorientarlo al
cumplimiento cabal de su misión institucional. Este tipo de gestión no sólo tiene
que ser eficaz, sino adecuada a contextos y realidades nacionales, debido a que
debe movilizar a todos los elementos de la estructura educativa; por lo que es
necesario coordinar esfuerzos y convertir decisiones en acciones cooperativas
que permitan el logro de objetivos compartidos, los cuales han de ser
previamente concertados en un esquema de colaboración y de alianzas intra e
interinstitucionales efectivas.
De acuerdo con Cassasus (2000), lograr una gestión institucional educativa
eficaz es uno de los grandes desafíos que deben enfrentar las estructuras
administrativas federales y estatales para abrir caminos y para facilitar vías de
desarrollo hacia un verdadero cambio educativo, desde y para las escuelas.
Sobre todo, si se entiende a la gestión como una herramienta para crecer en
eficiencia, en eficacia, en pertinencia y en relevancia, con la flexibilidad, la
madurez y la apertura suficientes ante las nuevas formas de hacer presentes en
los microsistemas escolares que, en poco tiempo, repercutirán en el
macrosistema.
Numerosas acciones sistemáticas, que emergen en los centros y que están
dirigidas al logro de objetivos, avanzan con precisión y constancia hacia los
fines educativos, que no pueden hoy darse por alcanzados. Efectivamente,
estos fines han de estar presentes en cada decisión institucional que se tome,
en cada priorización y en cada procedimiento que se implemente en favor de
una educación básica de calidad.
Entonces, la gestión institucional educativa como medio y fin, que responde a
propósitos asumidos como fundamentales, que se convierte en una acción
estratégica, que tiene como objeto promover el desarrollo de la educación, que
se compromete con el logro de resultados de calidad y que incluye una cultura
evaluativa como instrumento clave para el fortalecimiento institucional, vale
potencialmente, en su contenido y en su máxima expresión, tanto para la
escuela como para el Sistema Educativo Nacional.
Al momento, hay mucho por recorrer en el ámbito de la gestión institucional; es
preciso señalar que quienes intervienen y lideran en espacios de decisión, han
de convertirse en gestores de la calidad, por lo que es primordial orientar la
toma de decisiones, la formulación de políticas y el planteamiento de estrategias
inteligentes para contribuir totalmente en el mejoramiento del logro educativo,
independientemente de la jerarquía que se tenga dentro del sistema.
2. Gestión escolar
La gestión escolar ha sido objeto de diversas conceptualizaciones que buscan
reconocer la complejidad y la multiplicidad de asuntos que la constituyen. Así,
desde una perspectiva amplia del conjunto de procesos y de fenómenos que
suceden al interior de la escuela (sep, 2001), se entiende por gestión escolar:
El ámbito de la cultura organizacional, conformada por directivos, el equipo
docente, las normas, las instancias de decisión y los actores y factores que
están relacionados con la ‘forma’ peculiar de hacer las cosas en la escuela, el
entendimiento de sus objetivos e identidad como colectivo, la manera como se
logra estructurar el ambiente de aprendizaje y los nexos con la comunidad
donde se ubica.
De acuerdo con Loera (2003), se entiende por gestión escolar el conjunto de
labores realizadas por los actores de la comunidad educativa (director,
maestros, personal de apoyo, padres de familia y alumnos), vinculadas con la
tarea fundamental que le ha sido asignada a la escuela: generar las
condiciones, los ambientes y procesos necesarios para que los estudiantes
aprendan conforme a los fines, objetivos y propósitos de la educación básica.
Tapia (2003-1) señala: convertir a la escuela en una organización centrada en lo
pedagógico, abierta al aprendizaje y a la innovación; que abandone
certidumbres y propicie acciones para atender lo complejo, lo específico y lo
diverso; que sustituya las prácticas que no le permiten crecer, que busque el
asesoramiento y la orientación profesionalizantes, que dedique esfuerzos
colectivos en actividades enriquecedoras, que concentre la energía de toda
comunidad educativa en un plan integral hacia su transformación sistémica, con
una visión de conjunto y factible.
La Gestión estratégica procede del campo disciplinar de la administración y de
la organización escolar; parte de la crítica de los modelos (o modos)
tradicionales de administración escolar basada en teorías (Fayol) de división
funcional del trabajo; privilegia el trabajo en equipo, la apertura al aprendizaje y
a la innovación; la cultura organizacional cohesionada por visión de futuro;
intervenciones sistémicas y estratégicas e impulsa procesos de cambio cultural,
para remover prácticas burocráticas.
Se basa en el diseño de estrategias de situaciones a reinventar para lograr los
objetivos e implica, también, el desarrollo de proyectos que estimulen la
innovación educativa. Se concreta a través de procesos de planificación
estratégica que permita diseñar, desarrollar y mantener proyectos de
intervención, y asumir la complejidad de los procesos organizacionales.
El enfoque estratégico de la gestión escolar consiste en las acciones que
despliega la institución para direccionar y planificar el desarrollo escolar, de
acuerdo con una visión y misión precisas, compartidas por todos los miembros
de la comunidad escolar; considera la capacidad para definir la filosofía, los
valores y los objetivos de la institución, y para orientar las acciones de los
distintos actores hacia el logro de tales objetivos. Además, toma en cuenta la
capacidad para proyectar la institución a largo plazo y para desplegar los
mecanismos que permitan alinear a los actores escolares y los recursos para el
logro de esa visión.
La gestión escolar adquiere sentido cuando entran en juego las experiencias,
las capacidades, las habilidades, las actitudes y los valores de los actores, para
alinear sus propósitos y dirigir su acción a través de la selección de estrategias
y actividades que les permitan asegurar el logro de los objetivos propuestos,
para el cumplimiento de su misión y el alcance de la visión de la escuela a la
que aspiran.

3. Gestión pedagógica
Es en este nivel donde se concreta la gestión educativa en su conjunto, y está
relacionada con las formas en que el docente realiza los procesos de
enseñanza, cómo asume el currículo y lo traduce en una planeación didáctica,
cómo lo evalúa y, además, la manera de interactuar con sus alumnos y con los
padres de familia para garantizar el aprendizaje de los primeros.
La gestión pedagógica en América Latina es una disciplina de desarrollo
reciente, por ello su nivel de estructuración, al estar en un proceso de
construcción, la convierte en una disciplina innovadora con múltiples
posibilidades de desarrollo, cuyo objeto potencia consecuencias positivas en el
sector educativo.
Rodríguez (2009) menciona que para Batista la gestión pedagógica es el
quehacer coordinado de acciones y de recursos para potenciar el proceso
pedagógico y didáctico que realizan los profesores en colectivo, para direccionar
su práctica al cumplimiento de los propósitos educativos. Entonces, la práctica
docente se convierte en una gestión para el aprendizaje.
Profundizar en el núcleo de la gestión pedagógica implica tratar asuntos
relevantes como la concreción de fines educativos, aplicación de enfoques
curriculares, estilos de enseñanza, así como formas y ritmos de aprendizaje; por
lo cual, la definición del concepto va más allá de pensar en las condiciones
físicas y materiales de las aulas; se centra en un nivel de especificidad que
busca gestar una relación efectiva entre la teoría y la práctica educativa.
La gestión pedagógica busca aplicar los principios generales de la misión
educativa en un campo específico, como el aula y otros espacios de la
educación formal debidamente intencionada. Está determinada por el desarrollo
de teorías de la educación y de la gestión; no se trata sólo de una disciplina
teórica, su contenido está influido, además, por la cotidianidad de su práctica.
De este modo, es una disciplina aplicada en un campo de acción en el cual
interactúan los planos de la teoría, los de la política y los de la praxis educativa.
La gestión pedagógica está ligada a la calidad de la enseñanza y su
responsabilidad reside principalmente en los docentes frente al grupo, para
Zubiría (2006) el concepto que cada maestro tiene sobre la enseñanza es el que
determina sus formas o estilos para enseñar, así como las alternativas que
ofrece al alumno para aprender. Para Harris (2002) y Hopkins (2000), el éxito
escolar reside en lo que sucede en el aula, de ahí que la forma en que se
organizan las experiencias de aprendizaje pueden marcar la diferencia en los
resultados de los alumnos en relación con su desarrollo cognitivo y
socioafectivo. Rodríguez (2009) coincide en que, independientemente de las
variables contextuales, las formas y los estilos de enseñanza del profesor y su
gestión en el aula son aspectos decisivos a considerarse en el logro de los
resultados, y se hacen evidentes en la planeación didáctica, en la calidad de las
producciones de los estudiantes y en la calidad de la autoevaluación de la
práctica docente, entre otras.
Todo ello supone una capacidad de inventiva que le es característica al
profesorado y, además de manifestarse en una metodología, se refleja en la
capacidad de convertir las áreas de aprendizaje en espacios agradables,
especiales para la convivencia y óptimos para el desarrollo de competencias.
Así, el clima de aula determina, en gran medida, el impacto del desempeño
docente y está ligado a las relaciones interpersonales, las normas de
convivencia, el trato entre compañeros de grupo y la actitud colectiva frente a
los aprendizajes; por lo tanto, el clima de aula es un componente clave en el
aseguramiento de resultados de la tarea pedagógica, sin detrimento de otros
factores asociados, como las tecnologías, los recursos didácticos y la
optimización del tiempo dedicado a la enseñanza.
Las formas de enseñanza de los docentes no pueden estar desligadas de los
estilos de aprendizaje de los alumnos, es necesario saber cómo aprenden y qué
necesitan para lograrlo, sin obviar las características y las condiciones que
puedan estar en favor o en contra. Por ello, es importante que a la planeación
de aula le preceda un ejercicio de evaluación de tales particularidades, con el fin
de facilitar el proceso de enseñanza con estrategias pensadas para beneficiar el
logro de los propósitos curriculares, tarea que debe estar, evidentemente, ligada
a los objetivos y a la visión institucionales.
La perspectiva de la gestión pedagógica en el Modelo de Gestión Educativa
Estratégica (mgee) retoma estos planteamientos, pues se reconoce que sin una
gestión organizacional del colectivo, alineada en sus propósitos y orientada al
aseguramiento del aprendizaje de todos los alumnos de la escuela, respecto de
lo que deben aprender, de los tiempos para lograrlo y en los ambientes o climas
escolares adecuados para hacerlo, será más difícil aún superar los rezagos y
las deficiencias en la formación de los estudiantes.
Por ello, el mgee propone desarrollar liderazgos escolares que cohesionen y
den rumbo al colectivo escolar, a través del trabajo colegiado y de la
incorporación de los padres de familia y de actores en los asuntos educativos,
para generar una mayor corresponsabilidad por el aprendizaje de los
estudiantes y el logro de los propósitos educativos, donde la planeación y la
evaluación permanente tengan sentido para mejorar de manera continua las
prácticas de los actores escolares y sus relaciones.

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