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Documento Sin Título-2

Aksel Cleghorn, un alfa Xeus, lucha con la presión de su madre para encontrar pareja y enfrenta el estigma social que lo rodea debido a su designación. Su atracción por Lucien, el omega que es el esposo de su difunto padre, complica aún más su vida, ya que la sociedad desaprueba su deseo. A medida que Aksel lidia con sus sentimientos y la percepción pública, se siente atrapado entre su identidad y sus anhelos.
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Documento Sin Título-2

Aksel Cleghorn, un alfa Xeus, lucha con la presión de su madre para encontrar pareja y enfrenta el estigma social que lo rodea debido a su designación. Su atracción por Lucien, el omega que es el esposo de su difunto padre, complica aún más su vida, ya que la sociedad desaprueba su deseo. A medida que Aksel lidia con sus sentimientos y la percepción pública, se siente atrapado entre su identidad y sus anhelos.
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forbidden alessandra hazard

Prólogo

Aksel Cleghorn amaba a su madre. Él lo hacía, pero a veces un hombre tenía


que adoptar una postura.
-No -dijo rotundamente.
Vagrippa Cleghorn frunció el ceño al otro lado de la mesa.
-Pero Aksel…
-Dije que no -dijo en tono neutral, dejando su taza.
Ella se estremeció, como si él hubiera levantado la voz. Parecía que su
cuerpo había traicionado su ira.
Suspirando para sus adentros, Aksel intentó controlar su olor no fue fácil.
Como regla general, los alfa Xeus no eran buenos controlando sus feromonas, y él
no era la excepción. sus feromonas eran abrasivas e dominantes incluso cuando no
intentaba hacer su voluntad. Siempre fue una molestia tener que lidiar con su
madre. como beta, ella luchaba por mantener la compostura cada vez que él estaba
irritado, y él se irritaba fácilmente cuando surgía ese tema.
-¿Al menos lo considerarías? -dijo después de una pausa.-cada omega en mi
lista es excepcional, tanto en apariencia como en personalidad, todos provienen de
familias excelentes…
-No estoy interesado, madre -dijo.
-Cariño, ya casi tienes veintisiete años…
-Royce se casó a los treinta y seis, casi treinta y siete.
Su madre exhaló un suspiro de exasperación.
-Sabes que tu situación no es comparable a la de tu hermano. Tu hermano
tenía sus razones para no tener pareja, razones muy válidas. Royce no es un Xeus.
Aksel, acercándose rápidamente al límite de su paciencia, le lanzó una mirada dura.
-¿De verdad crees en la mierda de que no se puede confiar en los alfas Xeus
no vinculados? ¿Qué somos una amenaza para cada omega que encontramos?
La expresión del rostro de su madre se volvió tensa.
-Por supuesto que no, pero no importa lo que creo. Lo que importa es la
percepción pública. ¿no has notado con qué recelo te mira la gente últimamente?
Aksel se rio.
-¿Últimamente?-su madre debe de haber estado bromeando.
Una de sus primeras palabras fue bestia, probablemente porque era la
palabra que había escuchado con más frecuencia a su alrededor cuando era
pequeño. Así era como la gente llamaba al alfa Xeus. Ganado. Animales.
Abominaciones. Cosas que ya no deberían de existir.
Los alfas Xeus no tuvieron el lujo de conocer su designación durante la
pubertad como lo hicieron los alfas normales. Un bebe Xeus solía nacer con
mechones de pelo en la cara. El pelaje desaparecía en los primeros cinco o seis
años y el niño parecía bastante normal en la pubertad, pero el daño ya estaba
hecho: todo el mundo ya sabía que el niño era un bicho raro. Una abominación que
estaba destinada a transformarse en un monstruo sin sentido cada luna llena al
llegar a la pubertad. Bestia. Aksel había vivido con ese apodo toda su vida. Ya ni
siquiera reaccionaba… en su mayor parte.
Pero su madre tuvo una actitud diferente ante su designación. Incluso había
tratado de ocultar que él era un Xeus cuando era un niño, intentando afeitarle el
pelaje, sin éxito, ya que había vuelto a crecer casi de inmediato. Aksel no tenía
dudas de que también habría intentado falsificar documentos de presentación si
hubiera podido salirse con la suya, pero el pelaje revelador lo hacía casi imposible:
demasiadas personas lo habían visto en su infancia.
-Ha sido peor últimamente-dijo su madre. -no me digas que no te has dado
cuenta de como te han tratado en la sociedad educada este año. Y para ser justos,
has sido… difícil.
Aksel se encogió de hombros.
-No me importa lo que la ´sociedad educada´ diga de mi-. Nada cortés
seguro. -No soy parte de eso.
-¡Por supuesto que eres parte de ello! ¡Eres un cleghorn! ¡Tu hermano es el
primer ministro de este país!
Los labios de Aksel se retorcieron. la ignorancia de su madre era casi
entrañable, en realidad.
-Tus amigos ricos apenas me toleran, madre. Solo soy una curiosidad para
ellos. Algo exotico, vulgar, bestial y, en ocasiones, excitante.
Vagrippa se sonrojo.
-¡Aksel!
sonriendo irónicamente, Aksel apartó su silla de la mesa y se puso de pie.
-Es la verdad. Si no fuera así, el porno Xeus no sería tan popular.
-¡Aksel! -ella farfulló. -¡Esos temas no son apropiados! Ya no estás en el
ejército.
-Si -dijo con un suspiro, saliendo del comedor. -Eso es obvio.
Chocó con otra persona tan pronto como entró en el pasillo, el impacto casi
provocó que la otra persona cayera, si Aksel no la hubiera agarrado. A el.
-Lo siento -dijo bruscamente, con la boca seca.
Los ojos verdes lo miraron desde el hermoso rostro en forma de corazón.
Lucien.
-No es tu culpa -dijo Lucien, desviando la mirada.
Aksel se obligó a dejar caer las manos y contuvo la respiración para no
inhalar el embriagador aroma de Lucien. El aroma de un omega compatible.
El olor de su padrastro.
Su madre tenía razón en una cosa: los alfa Xeus no eran buenos controlando
alrededor del omega que querían. Cuando estaba cerca de Lucien, era difícil
recordar todas las razones por las que no podía empujar a Lucien debajo de él y
tenerlo.
Lucien era el marido de su padre.
Por supuesto, su padre estaba muerto, asesinado hace muchos años en la
guerra, pero eso no hacía que desear a Lucien fuera más apropiado. Algo más
aceptable. Lucien estaba en manada. Si los preciosos amigos de sociedad de su
madre se enteraran de los sentimientos de Aksel por Lucien, se sentirían
disgustados y consternados.
A veces, Aksel se preguntaba si había algo malo en el que no era así. No
sintió vergüenza ni culpa. Todo lo que sentía era una fría ira. Ira hacia la llamada
sociedad educada que les hacía imposible estar juntos. Ira hacia Lucien por hacer
que le doliera el corazón y le ardiera el cuerpo con una simple mirada.
Y, sobre todo, ira consigo mismo por querer al único omega que nunca podría
tener.
PARTE I
CAPÍTULO I

HACE 22 AÑOS

​ Aksel Cleghorn tenía cuatro años cuando su padre trajo al niño a casa.
​ El niño era posiblemente el más bonito que Aksel había visto en su vida. El
cabello ondulado de color castaño claro enmarcaba el rostro de un angel. El ángel
tenía grandes ojos verdes, una boca rosa suave y una piel delicada y cremosa.
​ Aksel miró fijamente al niño, incapaz de apartar la mirada. se sentía…
extraño. Casi con hambre. Lo cual fue una estupidez, porque ese chico no era un
caramelo. no se lo podía comer.
​ -Niños -dijo su padre con severidad, mirando a Royce y Aksel. -Conozcan a
Lucien, su… su padrastro.
¿Qué?
​ Su hermano fue quien expresó su pregunta en voz alta.
​ -¿Padre? -dijo Royce, frunciendo el ceño. -No entiendo. Este chico no puede
ser mayor yo.
​ El estaba en lo correcto. En realidad, el chico parecía más joven que Royce,
que tenía quince años. A diferencia de Royce, el niño era bastante pequeño, su
tamaño y sus finos rasgos delataban su designación. Omega.
​ –Lucien acaba de cumplir catorce años -dijo brevemente su padre. Mirando al
pequeño omega, puso sus manos sobre Aksel y Royce y los llevó aparte. Su voz era
más baja cuando volvió a hablar. -Lucien no tiene a donde ir, así que ahora es parte
de nuestra familia. Su manada lo repudió y tuve que tomarlo como segundo esposo
para darle un hogar y la protección de nuestro nombre. Espero que ustedes,
muchachos, lo traten con cortesía y respeto. No lo presionen. El… él tuvo una
experiencia muy traumática. Al pobre niño no le gusta que lo toquen.
​ Royce asintió, aparentemente satisfecho con la explicación.
Aksel no lo estaba.
​ -¿Que es una experiencia traumática? -le dijo.
​ El rostro de su padre se volvió sombrío.
​ -Eres demasiada joven para entender -dijo después de un momento. - Y no
es mi historia para contar. Solo… ten cuidado con el niño. Estaba muy herido y
haber sido rechazado por su manada tampoco podría haber sido fácil. Ya no tiene a
nadie en el mundo… excepto a nosotros.
​ Aksel quería saber más, pero sabía que su padre no le diría nada más. Los
mayores nunca le explicaban las cosas, como si fuera un bebe. Tenía cuatro años,
casi ¡cinco!
​ Entonces Aksel decidió interrogar al niño, pero tuvo que esperar horas antes
de que se calmara toda la emoción por la llegada de Lucien. Afortunadamente, los
padres de Aksel se distrajeron con Belinda, su hermana pequeña recién nacida, así

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