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■ /
CARTAS ESPIRITUALES
DE
SAN FRANCISCO DE SALES,
ESCOGIDAS
PARA PERSONAS DE VARIOS ESTADOS.
Variot Prelados de España han concedido 2480
dias de indulgencia á todas las publicaciones de
la Librería religiosa.
VICARÍA ECLESIÁSTICA
DE
MADRID.
JVo> el Dr. D. José de Lorenzo y Aragonés, pres
bítero, Consejero real de Instruccion pública
y Vicario eclesiástico de esta M. B. villa de Ma
drid y su partido, etc.
Por la presente y por lo que á
Nos toca, concedemos nuestra li
cencia para que puedan reimpri
mir y publicarse nuevamente las
veinte y cinco «Cartas escogidas
«de las mejores de san Francisco
<tde Sales , » que la Academia de
San Miguel pretende dar á luz
para la propagacion de bue
nos libros : mediante que de nues
tra órden han sido examinadas y
no contienen, según la censura,
cosa alguna contraria al dogma
católico y sana moral. Madrid y
abril veinte y dos de mil ocho
cientos sesenta y cuatro.— Doc
tor Lorenzo.— Por mandado
de S. S. I., — Lie. Juan mo
reno González.
ADVERTENCIA.
Las Cartas de san Francisco de Sa
les han sido siempre leídas con gran
devocion y aprovechamiento por todas
las personas devotas y que desean ade
lantar en la vida espiritual. Por des
gracia la traduccion española de ellas
es tan rastrera é incorrecta, su len
guaje tan plagado de galicismos y tan
poco castellano, que su lectura se hace
insoportable aun á las personas de
mediano gusto. Por otra parte, las edi
ciones antiguas se han agolado, y no
se hallan fácilmente los dos tomos de
dichas Carlas. En la imposibilidad de
traducirlas todas é imprimirlas nueva-
mente, se han escogido veinte y cinco
de las mas notables , y para personas
de distintos estados y condiciones, á fin
de formar con ellas un tomito, guar
dando entre sí cierta correlacion y ar
monía.
Para su mayor correccion se ha te
nido á la vista la edicion francesa de
París de 1817 ; si bien el distinto ór-
den con que van colocadas las ocho
cientas cuarenta de aquella coleccion
ha hecho que no todas puedan ser ha
lladas.
Tales son los motivos y el objeto de
esta nueva publicacion de algunas Car
tas escogidas de san Francisco de Sa
les , la cual se hace por la Academia
de San Miguel, sin ningun fin tempo
ral ni literario , sino solamente para
el aprovechamiento espiritual de las
almas.
CARTA PRIMERA.
Á UNA SEÑORITA SOBRINA SUYA.
Exhórtala á conformar siempre su volun
tad con la de Dios, y á lamorlificacion
de su corazon (1).
Mi querida sobrina : £1 otro dia le es
cribí ; mas mi corazon , que tiernamente
te quiere, no se satisface sin dar por lo
menos este débil testimonio de escribir
le lo mas frecuentemente que puedo.
Procura vivir toda en Nuestro Señor,
mi querida bija, y esta sea el agua en
que nade ese tu corazon. Así como los
que andan por la maroma lienen siem
pre en las manos el balancín , por dar
(1) Esta carta es la XXIII del libro IV en la tra
duccion española de cartas del Santo, y la DCCVIII
de la edicion francesa, tomo III, pág. 303.
- 8 -
igual vaiven al cuerpo en la variedad
de movimientos que han de hacer en
tan peligroso sendero; así tambien de
bes tener la santa cruz de Nuestro Se
ñor, para andar seguramente entre los
peligros que la variedad de accidentes
y conversaciones pueden ocasionar á tus
afectos; de suerte que todos tus movi
mientos sean arreglados por el contra
peso de la única y amabilísima volun
tad de Aquel á quien has dedicado todo
tu cuerpo y todo tu corazon.
Conserva bien ese corazon, por el
cual el corazon de Dios se contristó has
ta la muerte , y despues de la muerte
fue traspasado con hierro , para que el
tuyo viva despues de la muerte, y esté
gozoso toda su vida. Mortifícale bien en
sus alegrías, y alégrale en sus mortifi
caciones, y anda, querida sobrina,
quiero decir, que adelantes siempre va
lerosamente de virtud en virtud , hasta
que llegues á alcanzar el sumo grado
del amor divino : pero nunca llegarás
al cabo ; porque este santo amor no es
menos infinito que su objeto, que es la
soberana bondad.
Adios, mi querida sobrina, ámame
siempre como á quien mas que nadie
en el mundo te desea los mas verdade
ros y sólidos consuelos. Sí, hija mia,
deseo la abundancia del amor divino,
que es y será eternamente el único bien
de nuestros corazones, que no nos fue
ron dados sino para Aquel que nos dió
todo el suyo. Soy muy sinceramente to
do tuyo, querida sobrina é hija mia.
Francisco, Obispo de Ginebra.
- 10 —
CARTA II.
Á UNA SEÑORITA SOLTERA.
Enséñala á desprenderse de los deseos que
inquietan el alma, á tener paciencia en
sus imperfecciones y aplicarse á ejecu
tar bien las cosas del momento, sin de
jarse llevar del deseo de otras que están
por venir (1).
Señorita: He recibido por mi herma
no una de V., que me ha hecho alabar
á Dios , porque ha dado alguna luz á su
espíritu; y si aun no está libre de todo
punto, no hay que admirarse. Las fie
bres espirituales, así como las corpora
les, ordinariamente dejan al convale
ciente muchos resabios provechosos, por
(1) Esta carta es la XLV del libro IV en la ver
sion española , y la DCCLX de la francesa , to
mo III , pag. 399.
— 11 —
muchas razones, pero, especialmente,
porque consumen las reliquias de los
malos humores que causó la enferme
dad , para que no quede rastro de ella,
y nos traigan á la memoria el mal pa
sado , y temamos la recaída , á la cual
muchas veces nos inclinaríamos, por la
mucha licencia y libertad, si los resa
bios del mal , como unas amenazas , no
nos tirasen de las riendas , haciéndonos
que cuidemos de nosotros, hasta que
nuestra salud esté bien asegurada.
Mas, hija mia, pues ya ha escapado
V. de los terribles pasos por donde an
daba, me parece que ahora debiera to
mar un poco de reposo, y ocuparse en
considerar la vanidad del espíritu hu
mano, que está sujeto á enmarañarse y
embarazarse en sí mismo ; porque estoy
seguro advertirá V. fácilmente que los
trabajos interiores que ha sufrido, los ha
causado una multitud de consideracio
nes y deseos, producidos con grande
— 12 —
congoja, por aspirar á una perfeccion
imaginaria: quiero decir, que la imagi
nacion de V. se habia formado una idea
de perfeccion absoluta, á la cual su vo
luntad queria levantarse; pero asombra
da de la gran dificultad, ó por mejor
decir, imposibilidad , quedó como em
barazada y con dolores de parto, sin
poder llegar á dar á luz. Por esta causa
multiplicó deseos inútiles, que, como
zánganos y avispas , se comieron la miel
de la colmena, quedando los verdade
ros y buenos deseos hambrientos de to
das consolaciones. Ahora, pues, pro
cure V. cobrar un poco de aliento, y
respirar un poco, y por la consideracion
de los peligros de que ha escapado, evi
tará los que de aquí adelante pueden
sobrevenir. Tenga V. por sospechosos
todos los deseos que, segun el dictá-
men de los buenos, no se pueden rea
lizar. Tales son los deseos de cierta per
feccion cristiana, que puede ser imagi-
— 13 —
nada, mas no practicada, y de la cual
muchos dan lecciones, mas no suelen
ejecutar tales actos.
Sepa V. que la virtud de la paciencia
es la que nos asegura la mayor parte
de la perfeccion , y si es menester te
nerla con los otros, tambien es necesa
rio guardarla consigo mismo. Los que
aspiran al amor puro de Dios, no tienen
tanta necesidad de paciencia para con
los otros , como para consigo mismos.
Conviene sufrir nuestra propia imper
feccion , para alcanzar la perfeccion ; su
frirla, digo, con paciencia, pero no amar
la, ni quererla. La humildad tiene su
conservacion en ese sufrimiento.
Conviene confesar la verdad, estoes,
que somos unos desdichados, y que es
muy poco lo que podemos hacer. Mas
Dios, que es infinitamente bueno, se
contenta con estos trabajillos nuestros,
y mira con agrado la preparacion de
nuestro corazon. ¿ Y qué quiere decir la
— 16 -
—No por cierto. ¿ Será , pues , menester
aplicar un cúmulo de deseos para ex
citarse á llegar á este término de per
feccion?— Tampoco: pueden sí hacerse
unas simples aspiraciones que dén tes
timonio de nuestro reconocimiento. Bien
puedo yo decir, ¡ ay ! no tengo tanto fer
vor como los Serafines para servir me
jor y alabar á mi Dios; mas no por eso
debo entretenerme en formar deseos,
como si en este mundo debiese yo llegar
á esta exquisita perfeccion , diciendo :
—Yo la deseo , voy á ensayarme , y si
no puedo remontarme á ella, voy á abur
rirme.
No por esto quiero decir que no con
venga entrar en el camino de ella, sino
que es menester no desear llegar allá
en un dia , esto es , en un dia de esta
vida mortal; porque semejante deseo
nos atormentaria sin provecho. Es ne
cesario, para caminar bien , aplicarnos
á recorrer aquel camino que tenemos
— 17 —
mas cerca de nosotros, y que es la pri
mera jornada , y no ocuparse con el de
seo de andar la última, cuando lo que
urge es andar y dejar concluida la pri
mera.
Mire V. bien lo que le digo, y pro
cure retenerlo puntualmente. Algunas
veces nos ocupamos tanto con las ideas
de hacernos como unos Ángeles, que
dejamos de ser buenos hombres y bue
nas mujeres: nuestra imperfeccion nos
ha de seguir hasta la sepultura. No po
demos andar sin tocar la tierra: no con
viene echarnos ni revolearnos en ella,
pero tampoco conviene pensar en echar
se á volar; porque nosotros somos unos
pajaritos que todavía no tenemos alas.
Así como nos vamos muriendo poco á
poco , conviene hacer morir con nos
otros nuestras imperfecciones de dia en
dia: ¡pobrecitas imperfecciones, que
nos hacen reconocer nuestra miseria;
nos ejercitan en la humildad y menos-
2 CARTAS.
— 18 —
precio de nosotros mismos , en la pa
ciencia y diligencia ! y sin embargo de
ellas, atiende Dios á la preparacion de
nuestro corazón , que es perfecta.
No sé á punto fijo si le escribo á V. a
propósito, pero hame venido al corazon
decirle esto ; figurándome que una par
te del mal que ha pasado ha provenido
de haber hecho grandes preparaciones,
y viendo que los efectos eran pequeñí
simos y las fuerzas insuficientes para
practicar los deseos , los propósitos y las
ideas , le han dado zozobras , impacien
cias, inquietudes y turbaciones; y des
pues se han seguido desconfianzas , fla
quezas, abatimientos ó desfallecimien
tos de corazon. Si es así , escarmiente
V. para de aquí en adelante.
Vaya V. costeando, pues en alta mar
nos mareamos y suelen darnos convul
siones. Estémonos á los piés de Nuestro
Señor con la santa Magdalena, cuya
fiesta celebramos hoy; practiquemos
- 19 -
ciertas pequeñas virtudes, propias de
nuestra pequenez: á vendedor pobre
cesta pequeña. Estas son las virtudes
que se ejercitan, mas bien bajando que
subiendo, y por eso son acomodadas á
nuestras fuerzas la paciencia , el sufri
miento de los prójimos , el servicio , la
humildad , la mansedumbre de ánimo,
la afabilidad , el sufrimiento de nuestra
imperfeccion , y otras pequeñas virtu
des por el estilo. Yo no digo que no ha
yamos de remontarnos por medio de la
oracion , pero ba de ser paso á paso.
La santa sencillez le encargo á V.:
mire lo que está cerca de V., y no los
peligros que se divisan á lo léjos, como
me ha escrito. 1 V. le parecen ejérci
tos , y no son mas que arboles desmo
chados; y mientras mira allá, puede dar
algun paso en falso. Tengamos un fir
me y general propósito de servir á Dios
de todo corazon , y por toda la vida ; y
despues de esto , no nos apuremos por
2*
— 20 —
el día de mañana : procuremos sí apro
vechar el dia de hoy ; y cuando hubiere
llegado el de mañana, tambien se lla
mará el dia de hoy, y entonces pensaré-
mos en él. Conviene asimismo, en cuan
to á esto, tener una grande confianza y
resignacion en la divina Providencia.
Hemos de hacer provision de maná para
cada dia, y nada mas, y no dudemos
que Dios lloverá por la mañana otro, y
otro pasado mañana , y así por todos los
demás dias de nuestra peregrinacion.
Apruebo completamente el consejo
del P. N. de que tenga V. un direc
tor, con cuyo auxilio pueda seguramen
te arreglar su espíritu : gran dicha será,
si no tiene V. otro que el dulce Jesús;
el cual, así como no quiere que se me
nosprecie la direccion de sus fieles ser
vidores, cuando se puede haber; así
cuando esta falta , suple por todo : pero
esto es cuando la necesidad fuere ex
trema, y si V. se halla reducida á ella,
— si
lo experimentará así. Esto que escribo,
no es por apartar á V. de comunicar
conmigo por cartas , y conferenciar acer
ca de su alma, á la cual quiero y amo
en el Señor; sino por no aumentar el
ardor de la confianza que tiene en mi
persona , que por mi insuficiencia y por
la distancia le puede ser muy poco útil,
aunque le profese á V. gran afecto y
deseo de servirle en Jesucristo.
Escríbame, pues, V. con toda con
fianza , y no dude en manera alguna
que le responderé puntualmente. He
puesto al fin de la carta lo que deseaba,
porque solamente sea para V., y le su
plico ruegue mucho por mí. No puede
V. figurarse cuán agobiado y oprimido
estoy con esta pesada y difícil carga:
me debe V. esta caridad por las leyes
de nuestra alianza; pues yo en cambio
le correspondo con un continuo recuer
do de V. que llevo al pié del altar y en
mis pobres oraciones. Bendito sea Nues
— 22 —
Iro Señor: yo le suplico que sea su
corazon, su alma y su vida : soy de V.
servidor.
Francisco, Obispo de Ginebra.
CARTA III.
Á UNA SEÑORITA.
Exhórtala á confesar sus buenas resolu
ciones , la consuela en sus aflicciones, y
le muestra que las mejores son las que
nos humillan (1).
Señorita: Cuidadosamenle guardaré
el papel de su voto, y Dios guardará la
firmeza de él. Su divina Majestad ha si
do su autor, y será su conservador : á
propósito de esto repita V. muchas ve
ces la oracion de san Agustín. Ó Se-
Twr, mis aquí un polluelo que ha salido
(1) Es la XXI del libro V en la traduccion espa
ñola, y la DCCLXVII de la edicion francesa.
— 23 -
debajo de las alas de vuestra gracia: si
se aparta de la sombra de su madre, el
milano le cogerá. Haced, pues, que viva
al amparo y abrigo de la gracia que le ha
producido. Pero mire V., hermana mia:
no solo se ha de pensar si esta resolu
cion será duradera ; es. menester tener
la por tan cierta y determinada, que
nunca haya duda en ella. Mucho me
obliga V. con decirme las dos palabras,
que me escribe acerca de sus inclinacio
nes: sobre ellas digo, que nuestras ac
ciones, por pequeñas que sean, desgar
ran nuestra alma cuando nos salen mal.
Procure V. tenerlas á la mano y no des
estimarlas, porque valen mucho en el
peso del santuario.
El deseo de retirarse de las conver
saciones no es propio del trato en que
tenemos que vivir, porque es necesario
abandonar el anhelo de combatir. Pues
bien, esto último nos es necesario, al
paso que es imposible lo primero. Ade
— 24 —
más , que donde no hay peligro de pe
cado mortal , no hay que huir, sino ven
cer todos nuestros enemigos, y cerrarse
en esto sin perder el ánimo, aunque al
guna vez seamos vencidos.
Ciertamente, querida hija mia, es
pere V. de mí todo cuanto pudiera es
perarse de un verdadero padre , porque
seguramente tal afecto tengo para con
• V. : ya lo conocerá en adelante, si Dios
me asiste. Ahora, pues, hija mia, que
anda V. afligida, está como conviene
para servir bien á Dios; porque las aflic
ciones sin abatimiento, muy de ordina
rio hinchan el corazon en lugar de hu
millarle ; pero cuando se tiene un mal
sin honra , ó cuando la misma deshon
ra, vileza, ó abatimiento son nuestro
mal , j oh qué grande ocasion de ejerci
tar la paciencia, la humildad, la mo
destia y la mansedumbre de corazon !
El glorioso san Pablo se regocijaba
con una humildad santamente gloriosa,
— 28 —
de que era con sus compañeros despre
ciado como las basuras y desperdicios del
mundo (1). Me dice V. que tiene toda
vía el sentimiento muy vivo para las in
jurias; pero, querida hija, este todavía
¿á qué se refiere? ¿Ha mimado V. mu
chos de aquellos enemigos? Quiero de
cir, que conviene tener ánimo y confian
za de portarse mejor de aquí adelante,
puesto que no hacemos mas que empe
zar, y con lodo eso tenemos deseo de
obrar bien.
Para que logre Y. enfervorizarse en
la oracion, hay que desearla mucho:
lea con gusto sus alabanzas , que están
esparcidas por muchos libros, tal como
Fr. Luis de Granada, al principio del
Belinlani , y en otras partes ; porque el
apetito de un manjar hace que se pro
cure el comerlo. Muy dichosa es V., hija
mia , en haberse dedicado á Dios. Acuér
dese de lo que hizo san Francisco, cuan-
(1) ICor. IT, 13.
— 26 —
do su padre le obligó á desnudarse de
lante del Obispo de Asis. Ahora si, dijo,
qué podré decir, Padre nuestro, que estás
en los cielos. Mi padre y mi madre, dice
David (1), me han desamparado; pero el
Señor ha tenido á bien acogerme. No an
de V. con preámbulos cuando me es
criba, porque no hay necesidad de eso,
pues con tanta voluntad estoy dedicado
á mirar por su alma. Dios la bendiga
con sus grandes bendiciones y la haga
toda suya. Amen.
Francisco, Obispo de Ginebra.
CARTA IV.
Á UNA SEÑORA.
Exhórtala á que se dé toda á Dios (2).
Carísima hija : Dígole á V. de todo
mi corazon : ¡ Oh Dios! entregaos toda á
(1) Psalm. xxvi, 10.
(2) Es la XXV del libro VI de la traduccion es
pañola.
— 27 —
Dios en esta vida mortal , sirviéndole
fielmente entre las penas que hay en
ella, llevando la cruz en pos de Él, y
bendiciéndole eternamente en la vida
perdurable con toda la corte celestial.
El gran bien de nuestras almas es ser
de Dios , y el grandísimo bien, no ser si
no de Dios. Quien no es sino de Dios,
no se contrista jamás, sino de haber
ofendido á Dios, y la tristeza quede eso
tiene, viene á parar en una profunda,
pero tranquila y apacible humildad y
sumision , y tras de ella se eleva á la
Bondad divina por una dulce y perfecta
confianza, sin congoja ni indignacion.
El que no es sino de Dios, nada busca
sino á Él ; y porque su divina Majestad
no está menos en la tribulacion que en
la prosperidad, permanece tranquilo
aun en medio de las adversidades.
Quien no es sino de Dios, piensa con
tinuamente en Él en todas las ocasiones
de esta vida. Quien no es sino de Dios,
- 28 —
quiere que lodos sepan que trata de ser
virle , y se ensaya en hacer los ejerci
cios convenientes para unirse con Él.
Sea V., pues, toda de Dios, mi carísi
ma hija , y no sea sino de Él , no de
seando sino agradarle, y á sus criatu
ras en Él, segun Él, y por Él. ¿Qué
mayor bendicion puedo desear á V.?
Así, pues, con este deseo que tendré
incesantemente del bien de su alma, mi
amada hija, quédese con Dios; y supli
co á V. que me encomiende á menudo
á su misericordia, pues quedo su mas
humilde servidor.
Francisco, Obispo de Ginebra.
CARTA. V.
Á UNA SEÑORITA.
Exhórtala al menosprecio del mundo, y á
que se abstenga de los chistes mundanos
que solia usar (1).
Respondo á la última de V., mi bue
na hija. Las ansias de amor en la ora
cion son buenas , si dejan buenos efec
tos, y no la aficionan á sí misma, sino
á Dios y á su santa voluntad: en una
palabra, todos los movimientos interio
res y exteriores, que fortalezcan esa su
adhesion á la voluntad divina, serán
siempre buenos. Procure V.,pues, amar
mucho los conatos celestiales, y desear
tambien eficazmente los celestiales amo
res. Se ha de desear el amar, y amar el
desear lo que jamás puede ser bastan
temente amado ni deseado.
(1) Es la LXVIII del libro IV en la traduccion
española, y la DCCLXIX en la edicion francesa.
— 30 -
Dios le dé á V. gracia, hija mia, pa
ra menospreciar de todo punto el mun
do, que es tan malo para nosotros, que
nos crucifica así que ve que le vamos á
crucificar. Así es que las abnegaciones
mentales de las vanidades y comodida
des mundanas se hacen fácilmente ; pero
las reales son mucho mas difíciles. Há
llase pues, V., en disposicion de prac
ticar esta virtud extremadamente, pues
á esa privacion se junta el oprobio, y se
hace en V., sin V., y por V.; antes
bien en Dios , con Dios , y por Dios.
No estoy satisfecho de lo que dije á
V. el otro dia acerca de su primera car
ta, en cuanto á esas agudezas munda
nas y esa viveza de corazon que la do
mina á V. Hija mia, hay que tratar re
sueltamente de mortificarse en esto.
Haga V. á menudo la cruz sobre la bo
ca , para que no se abra sino para co
sas de Dios.
Ello es cierto que el buen ingenio
— 31 -
nos causa algunas veces no poca vani
dad ; y se subleva mas veces la altivez
del espíritu que la del rostro, y se ale
gran tanto los ojos por las palabras, co
mo por las miradas. Verdaderamente
no es bueno andar de puntillas , ni de
espíritu ni de cuerpo, porque si se tro
pieza, la caida es mas sensible. En fin,
hija mia , ponga V. mucho cuidado en
cortar poco á poco esta lozanía de su ár
bol. Tenga V. su corazon todo abatido
y postrado al pié de la cruz. Continúe
avisándome con franqueza y frecuente
mente las nuevas de ese corazon, que
el mio ama con un grande amor por el
que murió de amor, para que nos
otros viviésemos por amor en su santa
muerte.
Yiva Jesús.
Francisco, Obispo de Ginebra.
- 32 —
CARTA VI.
Á UNA SEÑORITA.
Que el estado del matrimonio requiere una
gran virtud, y que procure que el ma
rido que hubiere de aceptar, sea de ca
rácter afable (1).
Señorita: Respondo á su carta de 2
de este mes , mas tarde de lo que yo
quisiera , respecto de la calidad del pa
recer y consejo que V. me pide; mas
las grandes lluvias han impedido á los
correos el ponerse en camino; á lo me
nos hasta ahora no he tenido propor
cion segura. £1 consejo que esa buena
prima le da á V. tan constantemente, de
que persevere V. así en el servicio de
su padre y en estado de consagrar des
pues su corazon y su cuerpo á Nuestro
(1) Esta carta es la VII del lib. III.
— 33 —
Señor, está fundado sobre un gran nú
mero de consideraciones, sacadas de
muchas circunstancias de la posicion de
V. : por esta causa, si el espíritu de V.
se hallara en una plena y entera indife
rencia, sin duda alguna hubiera dicho
que convenia seguir ese consejo, como
el mas digno y el mas propio que se pu
diera proponerle , porque sin dificultad '
es tal: mas, puesto que su espíritu no
está en la indiferencia, antes totalmente
resuelto á casarse , y no obstante que V.
ha recurrido á Dios, todavía se siente
inclinada á ello, no conviene que haga
violencia á una tan fuerte impresion por
estas consideraciones; porque todas las
circunstancias, que por otra parte fue
ran mas que suficientes para hacerme
decidir por la primera , no tienen fuerza
en comparacion de esa fuerte inclinacion
y propension que V. tiene, la cual á la
verdad , si fuera flaca y débil , seria po
co atendible ; mas siendo poderosa y fir-
3 CARTAS.
— 34 —
me, debe servir de fundamento á la re
solucion.
Pues si el marido, que á V. le propo
nen , es por otra parte acomodado, hom
bre de bien, y de condicion piadosa,
bien puede aceptarle ; digo si es de con
dicion afable , porque ese defecto cor
poral de V. requiere eso, como él pre
tende de V., que supla ese defecto con
una gran dulzura, con un sincero amor y
con una humildad muy resignada ; y en
suma, la verdadera virtud y perfeccion
del espíritu encubre generalmente las
faltas del cuerpo. Estoy muy ocupado,
y no puedo decirle muchas cosas : aca
baré, pues, asegurando á V. que la
encomendaré siempre á Nuestro Señor,
para que disponga de la vida de V. pa
ra gloria suya.
El estado del matrimonio es un esta
do que requiere mas virtud y constan
cia que otro alguno, es un perpétuo ejer
cicio de mortificacion , y puede ser que
— 38 —
para V. lo sea mas de lo ordinario: es
necesario, pues , disponerse para él con
un cuidado particular, para que de esta
planta de lomillo pueda , á pesar de la
amargura natural , sacar y hacer la miel
de una santa conversacion. El dulce Je
sús sea siempre su azúcar y su miel,
que haga suave la vocacion de V. , y vi
va y reine para siempre en nuestros co
razones: yo soy en El,
Francisco, Obispo de Ginebra.
CARTA. VIL
Á ÜNA SEÑORA CASADA.
Dale muchas máximas espirituales para
vivir constantemente con devocion (1).
Plega al Espíritu Santo inspirarme lo
que tengo de escribir, señora, y, si pla
ce á V. , mi amada hija. Para vivir cons
tantemente en devoción, solo es nece-
(1) Esta carta es la II del libro II en la version
española , y la DCCLXXVII de la edicion francesa.
3*
- 36 —
sario establecer en el espíritu fuertes y
excelentes máximas. La primera que
deseo consignar en el de V., es de san
Pablo, que dice: Todas las cosas ayudan
para el bien de los que aman á Dios (1).
Y á la verdad , pues Dios puede y sabe
sacar bien de mal; ¿por quién hará Él
esto, sino por aquellos que sin reserva
se le han entregado ? Es cierto que los
mismos pecados, de los cuales Dios nos
libre por su bondad, los convierte la
Providencia divina en bien de los suyos.
Jamás David llegara á tanta humildad,
si no hubiese pecado; ni la Magdalena
á ser tan amante de su Salvador, si no
la hubiese perdonado sus pecados, y no
se los hubiera perdonado si ella no los
hubiera cometido. Mire V. , querida hija,
cómo este grande Artífice de misericor
dia convierte nuestras miserias en gra
cias , y hace saludable triaca para nues
tras almas de la víbora de nuestras mal-
di Rom. Tin, 27.
- 37 -
dades. Dígame pues, ¿qué no hará de
nuestras aflicciones , de nuestros traba
jos y de las persecuciones que se nos ha
ce sufrir? Si le sucediere á V. alguna
vez que le sobrevenga algun disgusto,
sea como fuere, asegure á su alma que
si ama bien á Dios, todo se convertirá
en bien ; y aunque no vea los medios
por donde este bien puede venir, ase
gúrese V. tanto mas de que vendrá. Si
Dios le pone á V. el lodo de la ignomi
nia sobre los ojos , es para darle hermo
sa vista y hacerla espectáculo de honor.
Si le hace Dios dar una caída como á
san Pablo, á quien derribó en tierra , es
por elevar á V. á la gloria.
La segunda máxima es, que es su
Padre, porque de otra suerte no man
dara decir, Padre nuestro que estás en
los cielos (1) : ¿y qué puede temer V.,
que es hija de tal Padre, sin cuya pro
videncia jamás se le caerá un solo ca-
(1) Matth. ti, 9.
— 38 —
bello de su cabeza? Maravilla es que,
siendo hijos de un Padre tal , tengamos,
ó podamos tener cuidado de otra cosa,
que de amarle y servirle bien. Tenga V.
el que Dios quiere que haya de su per
sona, y en su familia, y no mas; por
que de esta suerte verá que su divi
na Majestad tiene cuidado de V. Piensa
en mí, dijo á santa Catalina de Sena,
cuya fiesta celebramos hoy, y Yo pensa
ré en tí. Ó Padre eterno, dice el Sabio,
vuestra providencia gobierna todas las co
sas (1).
La tercera máxima que debe V. te
ner presente, es aquella que Nuestro
Señor enseñó á sus Apóstoles (2): ¿Qué
es lo que os ha faltado? Mire V., hija
mia: Cristo envió á los Apóstoles á una
parte y á otra, sin dinero, sin báculo,
sin zapatos, sin alforjas, vestidos con
una túnica sola, y en volviendo les di
jo: Cuando yo os envié así, ¿qué os fal
lí) Sap. xiv, 6. — (2) Luo. xxn, 33.
— 39 —
tó? Y ellos respondieron: Nada. A.hora
pues , hija mia , cuando ha tenido V.
aflicciones, aun en el tiempo en que no
confiaba tanto en Dios, ¿pereció- en la
afliccion? Dirá V. que no; pues ¿por
qué ahora no tendrá ánimo para salir
de todas las otras adversidades? Si no
la ha desamparado Dios hasta la hora
presente, ¿cómo la dejará desde ahora,
que V. quiere ser suya mas que antes?
No tenga V. aprension por los malos
sucesos de este mundo, que puede ser
que no se lleguen á realizar ; y en todo
caso, si sobrevinieren, Dios le dará
fuerzas, k san Pedro le mandó andar
sobre las aguas; y san Pedro, viendo el
viento y la tempestad , tuvo miedo, y la
aprension le hizo titubear y pedir socor
ro al Señor, el cual le dijo: Hombre de
poca fe, ¿por qué dudaste (1)? y dándole
la mano le aseguró. Si Dios le hace á V.
andar sobre las olas de la adversidad,
(1) Matth. ht, 13.
- 40 -
no dude , hija mia , no vacile : Dios está
con V., buen ánimo, y se verá libre.
La cuarta máxima es la de la eterni
dad. Poco me importa estar de cual
quiera suerte en estos momentos transi
torios, con tal que esté eternamente en la
gloria de mi Dios. Hija mia , á la eter
nidad caminamos, cási tenemos ya en
ella un pié: como llegue á ser dichosa,
¿qué importa que sean desgraciados es
tos instantes pasajeros? ¿Es posible
que sabiendo que nuestras tribulaciones
de tres ó cuatro dias obran en nosotros
tanto para la eterna consolacion , no que
ramos soportarlas? En fin, mi querida
hija,
Lo que no es para la eternidad,
No puede ser sino vanidad.
La quinta máxima es aquella del
Apóstol : No me suceda que yo me gbrie,
sino en la cruz de mi Jesús (1). Plante V.
(1) Galat. vi, 14.
— Al
en su corazon á Jesucristo crucifica
do, y todas las cruces de este mundo
le parecerán de rosas. Los que están pi
cados de las espinas de la corona de
Nuestro Señor, que es nuestra cabeza,
sienten poco las otras picaduras. Todo
lo que le he dicho á V., lo hallará en el
tercero, cuarto ó quinto libro, y en el
postrero de la Práctica del amor de Dios;
y tambien hallará muchas cosas á este
propósito en la preciosa Guia de peca
dores por Fr. Luis de Granada. Es ne
cesario que acabe , porque me dan prie
sa. Escríbame V. con franqueza, y se
ñáleme lo que le pareciere que yo puedo
hacer por su corazon, y el mio le cor
responderá afectuosísimamente, porque
soy con toda verdad, señora, su muy
humilde y seguro servidor,
Francisco, Obispo de Ginebra.
Anecy 28 de abril.
— 42 -
CARTA VI1I.
Á TJNA SEÑORA CASADA.
Instruyela acerca del modo de arreglar
bien sus devociones, y cómo se ha de
portar en las conversaciones donde se
murmura (1).
No crea V. jamás, mi carísima hija,
que la distancia de los lugares puede
apartar las almas que Dios ha unido
con los lazos de su amor. Los hijos del
siglo están todos separados los unos de
los otros, porque tienen puestos sus co
razones en diversos lugares; mas los hi
jos de Dios , teniendo sus corazones don
de está su tesoro, y no teniendo mas
que un mismo tesoro, que es el mismo
(1) Esta carta es la XIX del libro II en la ver
sion española , y la DCCXXXI de la edicion fran
cesa.
— 43 —
Dios , están todos los dias juntos y reu
nidos. Con esta consideracion conviene
recrear nuestros espíritus en la necesi
dad, que me tiene fuera de esa ciudad,
la cual tambien me ayudará á marchar
me muy presto para volver á mi cargo.
Podrémos vernos los dos muy á menu
do junto á nuestro santo Crucifijo, si
guardamos bien las palabras que nos
hemos dado : aquí es donde las entre
vistas son únicamente provechosas. En
tre tanto , carísima hija , comenzaré á
decir á V., que por todos los medios
que le fueren posibles debe V. fortifi
car su espíritu contra esas vanas apren
siones que suelen combatirle y ator
mentarle; y para eso arregle primera
mente sus ejercicios de tal suerte, que
lo dilatado de ellos no fatigue su alma
y los haga odiosos á las personas con
quien Dios le ha hecho á V. vivir: un,
medio cuarto de hora, y aun menos
tambien , basta para la preparacion de
- 44 -
la mañana (1) : tres cuartos de hora ó
una hora para la misa , y en el discurso
del dia algunas elevaciones de espíritu
en Dios, que no ocupan mucho tiempo,
antes se hacen en un momento, y el
exámen de conciencia á la tarde antes
de comer, dejando aparte las bendicio
nes de la mesa y acciones de gracias,
que son ordinarias, y sirven dé reunio
nes del corazon con Dios. En una pala
bra , quisiera que fuese V. toda una Fi-
lotea, y no mas que ella , es decir, que
fuera V. como indico en el libro de la
Introduccion ala vida devota, que escri
bí para V. y otras por el estilo.
En las conversaciones, mi querida
hija, tenga V. paz por todo lo que allí
se dice y hace; porque si es bueno tie-
(1) Téngase en cuenta que san Francisco de Sales
escribe á una señora que por su posicion social, es
tando rodeada siempre de familia , criados y ocu
paciones , apenas tenia tiempo para darse á la ora
cion , y por ese motivo le designa el mínimo de lo
que debe hacer.
ne de qué alabar á Dios , y si es malo
le proporciona en qué servirle , apartan
do el corazon de ello, sin hacerse la
aturdida ni enfadada , pues no puede V.
remediarlo, ni tiene V. bastante influen
cia para impedir las malas palabras de
quien las quiere decir, y aun las dirá
peores si se dan muestras de querérse
las estorbar; porque haciéndolo así per
manecerá inocente y pura en medio de
los silbos de las serpientes, y como una
amable fresa, no contraerá veneno al
guno en el comercio de las lenguas ve
nenosas.
No comprendo cómo admite V. esas
grandes tristezas dentro de su corazon,
siendo hija de Dios, dejada mucho tiem
po há en el seno de su misericordia y
consagrada á su amor. Debe V. alegrar
se , menospreciando todas esas sugestio
nes tristes y melancólicas, que le trae
el enemigo con el fin de fatigarla y
traerla mareada. Ponga mucho cuidado
- 46 —
en practicar bien la humilde dulzura
que debe á su amado esposo y á todo el
mundo , porque esta es la virtud de las
virtudes que tanto nos encomendó Nues
tro Señor; y si le sucediere á V. con
travenir á esto, no se turbe, antes con
toda confianza vuelva V. á ponerse en
pié, para caminar rectamente en paz y
quietud como antes. Con esta envio á V.
un pequeño método para unirse con
Nuestro Señor por la mañana y todo el
dia. Esto es, hija, lo que al presente he
pensado decirle para su consuelo : resta
ahora pedir á V. que no use de tantos
cumplimientos conmigo, que no tengo
lugar ni ganas de usarlos con V. Escrí
bame con toda libertad cuando quisie
re, porque siempre recibiré con gusto
las noticias de su alma , que la mia per
fectamente ama. Como es verdad, mi
carísima hija, soy su mas humilde ser
vidor en Nuestro Señor,
Francisco, Obispo de Ginebra.
— 47 -
CARTA IX.
Á UNA SEÑORA.
Parece ser la misma á quien va dirigida
la anterior. Trata de los ejercicios de
devocion y del tranquilo sufrimiento (1 ) .
Mi señora y muy amada hija: Por la
digna portadora de esta sabrá V. la mu
chedumbre grande de negocios en que
me hallo al escribir esta , lo cual me ser
virá de excusa si no fuere tan largo co
mo quisiera. Debe V. medir el tiempo
de sus oraciones con la cantidad de sus
obligaciones: pues ha sido Nuestro Se
ñor servido de ponerla en un género de
vida , en la cual pcrpétuamente tiene
distracciones , es necesario que se acos
tumbre V.á oraciones breves, pero tan
(1) Esta carta es la XXVIII del tomo II de la
version española.
— 48 —
frecuentes, que jamás las deje sin gran
de necesidad. lo quisiera que por la
mañana al levantarse , se hincara V. de
rodillas delante de Dios, para adorarle,
hacer la señal de la cruz, y pedirle' su
bendicion por todo el dia, todo lo cual
se puede hacer en el tiempo en que se
dicen uno ó dos Padre nuestros. Si tu
viese V. proporcion de oir misa , basta
rá que la oiga con atencion y reveren
cia, como se advierte en el libro de la
Introduccion, rezando el santo Rosario.
Á. la noche , antes de acostarse , ó por
entonces, podrá fácilmente hacer unas
pocas oraciones fervorosas, arrojándose
delante de Nuestro Señor, siquiera por
el tiempo que se dice un Padre nuestro,
porque no habrá ocasion alguna que la
pueda tener tan sujeta , que no pueda V.
hurtarle este poquito de lugar. Tam
bien á la noche antes de irse á recoger,
podrá, haciendo otras cosas, en cual
quiera lugar hacer por mayor el exá
— 49 -
men de las obras del dia. Al acostarse
convendrá ponerse de rodillas por un
rato, pedir perdon á Dios de las faltas
que hubiere cometido, y rogarle que
vele sobre V. y le conceda su bendicion :
todo esto brevemente, como por un
Ave María. Sobre todo, deseo que en
todas las ocasiones de entre dia vuel
va V. su corazon hácia Dios , diciéndo-
le algunas breves palabras de fidelidad
y amor.
En cuanto á las aflicciones del cora
zon, querida hija, con facilidad cono
cerá V. las que tienen remedio y las que
no: donde hay remedio, es necesario
tratar de ponerlo decente y pacíficamen
te; donde no le hay, conviene sufrirlas,
como una mortificacion que Nuestro Se
ñor le envia por ejercitarla á V. y ha
cerla toda suya. Cuide V. mucho de no
lloriquear y quejarse , antes obligue V.
á su corazon á sufrir tranquilamente; y
si sucediere alguna vez prorumpir en
4 CARTAS.
- 80 —
impaciencia , tan luego como lo advir
tiere, vuelva V. á poner su corazon en
paz y dulzura. Créame V., querida hi
ja, Dios ama las almas que están com
batidas de las olas y tempestades del
mundo, con tal que reciban de su mano
el trabajo y como valientes guerreros se
adiestren en guardar la fidelidad en me
dio de los asaltos y combates. Si puedo
diré alguna cosa mas en esta materia á
esta hermana tan amable , para que se
la refiera á V. allá, que ahora voy á
componer una disputa muy acalorada,
que es necesario atajar. Yo soy de todo
corazon, señora , su humilde servidor,
Francisco, Obispo de Ginebra.
— 51 —
CARTA X.
Á UNA SEÑORA CASADA.
Dale consejos para la confesion y práctica
de las virtudes (1).
Mi querida hermana é hija : Respon
do á dos cartas que me ha traído de
parte de V. el mismo dador de esta;
porque la tercera , enviada por conduelo
de madama de Cbantal, aun no ha lle
gado 4 mis manos. De mucho contento
es para mí que viva V. sin escrúpulo, y
que la santa Comunion le sea prove
chosa. Conviene, pues, continuar; y
para ello, amada hija , pues que su ma
rido se inquieta porque va V. á N., no
hay que porfiar con él; porque supues
to que no necesita V. tomar grandes
consejos, todos los confesores serán para
(1) Esta carta es la XXVIII del libro II en la
version española , y la DCCXXXII en la edicion
francesa.
4*
— 82 -
V. muy buenos, como tambien el de
su parroquia; quiero decir el señor N.,
y cuando se le ofrecieren otras ocasio
nes, el de las buenas madres Carmeli
tas. Ya sabe V. todo lo que es necesario
para gobernarse bien con toda clase de
confesores, y por esta razon, en cuanto
a este punto, puede V. andar con liber
tad. Querida hija , sea V. muy afable y
muy humilde con su marido.
Razon tiene V. en no inquietarse por
los malos pensamientos , siendo buenas
sus intenciones y deseos , porque á es
tos mira Dios. Sí, hija , haga V. bien
lo que le he dicho, porque aunque se le
vanten en contra mil triquiñuelas de ra
zones aparentes , con todo eso, mis re
soluciones están fundadas sobre razones
sólidas y conformes á los doctores y á la
Iglesia. Mas le digo á V. : son tan ver
daderas, que lo contrario es una falta
grande. Sirva V., pues, á Dios, segun
ellas , y Él la bendecirá á V. : no escu
- 53 —
che jamás cosa en contrario, y créame
que es cierto, y que estoy bien seguro
cuando hablo tan resueltamente. Doy
las gracias á la buena madre Priora, y
la traigo con todas sus monjas en mi al
ma con grande honra y amor. Mas, hi
ja mia , otra cosa tengo que pedirle por
esta misma devocion á la madre santa
Teresa, y es, que quisiera que me hi
ciese V. sacar un retrato de la Santa,
de medio cuerpo, copiado del cuadro
que se dice tienen esas buenas madres,
y cuando vaya allá uno de mis curas,
que ha de ir dentro de siete ú ocho dias,
me lo podrá traer: yo no trataré con V.
en cuanto á ella como con otras hijas,
porque con V. procedo segun mi cora
zon. Yo encomendaré al Espíritu Santo
á esa amable hermana viuda, para que
le inspire en la eleccion de un marido
que siempre le sirva de consuelo : aludo
al sagrado Esposo del alma. Con todo
eso, si Dios dispone servirse de ella to
— u —
davía en las ocupaciones de una gran
familia , y la quiere ejercitar en la suje
cion, convendrá alabará su divina Ma
jestad , el cual sin duda hace todas las
cosas para bien de los suyos.
¡ Ay bija mía! ¡qué agradables son á
Dios las virtudes de una mujer casada!
porque es necesario que sean fuertes y
excelentes para perseverar en esta vo
cacion ; mas tambien ¡oh Dios mio ! qué
suave cosa es para una viuda no tener
que contentar mas que un corazon ! pe
ro la Brindad soberana será el sol que
alumbrará á esta buena y querida her
mana, para que elija ó emprenda su
camino : es un alma que yo amo tierna
mente, etc.; donde quiera que fuere,
espero que servirá bien á Dios, y yo la
seguiré por las continuas oraciones que
haré por ella. Encomiéndome en las de
N". (1) y de N. Es verdad que N. es mi
(1) Adviértase el candor y gran sencillez con que
escribe san Francisco de Sales. No faltaron en su
- 65 -
hija espiritual un poco mas que las otras,
en Aquel que por hacernos á todos su
yos se hizo todo nuestro. En El soy,
querida hija, su padre y servidor hu
mildísimo,
Francisco, Obispo de Ginebra.
P. D. Haga V. cuanto pueda con
particular cuidado por adquirir la afa
bilidad entre los suyos, quiero decir, en
su familia : no digo que sea V. blanda
ni remisa, pero sí que sea dulce y sua
ve: es menester que piense "V. en esto,
entrando, saliendo y estando en casa
por la mañana, á mediodía y á todas
horas, y que haga esto por principal
tiempo personas malignas que interpretaron mali
ciosamente sus acciones y sus escritos, tomando en
mal sentido estas expresiones hijas del amor divino,
y llegando á calumniarle por ellas. Mas Dios, que
consiente estas tribulaciones de sus predilectos,
para acrisolarlos y darles mayor corona, confundió
á los calumniadores , y sacó incólume la honra de su
siervo, aun sin defenderse él.
— 56 —
ejercicio por algun tiempo, y los demás
olvidarlos un poco.
CARTA XI.
Á UNA SEÑORA.
Enséñala á moderar su demasiada pron
titud en la meditacion , y á estar con
tenta con su estado (1).
Aseguro á V., mi querida hija, que
este es el primer rato que he podido
hurtar á mil ocupaciones distintas, por
escribir á V. con mas extension sobre el
asunto que de su alma me propone, á la
cual protesto decir cordialmente lo que
mi corazon desea le digan á la suya.
l.° ¡Oh quédichosaes V-, hija mia,
en estar desasida del mundo y de sus
vanidades! Verdaderamente , á loque
(1) Esta carta es la XXXIX del libro II en la
traduccion española , y la DCCXXXVII en la edi
cion francesa.
— 57 —
yo he podido reconocer en este poco
tiempo que la he observado á V., su al
ma fue hecha muy especialmente para
el amor divino , y no para el terreno.
Sacrifique V., pues, á menudo á Dios
todas sus aficiones, renovando la reso
lucion que ha tomado, de no querer em -
plear un solo momento de su vida sino
en obsequio del amor santo del celes
tial Esposo.
2.° Haga V. puntualmente el ejer
cicio de la mañana, que señala el libro
de la Introduccion; y aunque la viveza
de ese su espíritu comprenda de una
sola ojeada todos los puntos de este ejer
cicio, no deje V. de detenerse en ello
tanto tiempo como es necesario para de
cir dos veces el Padre nuestro, y des
pues pronuncie V. vocalmente cinco ó
seis palabras de adoracion , diciendo en
seguida el Padre nuestro y el Credo.
3. ° Antes de la oracion , prepare V.
un iriisterio de la vida ó pasion de Nues
— 58 —
tro Señor, que se propondrá meditar, si
fuere beneplácito de Dios ; mas si estan
do en la oracion sintiere que su corazon
se enternece y es atraido á la simple
presencia del Amado, no pasará mas
adelante, antes se' aplicará á esta pre
sencia ; y si al contrario, no se sintie
re V. atraerá ella, aunque esté allí,
meditará suavemente el punto que ha
bía dispuesto.
4.° Todos los dias tendrá V. ora
cion, si alguna ocupacion*violenta no lo
embaraza; pues, como me ha dicho, siem
pre que continúa en este santo ejercicio,
siente un grande adelantamiento de re
cogimiento, del cual se halla V. priva
da cuando lo deja.
5." Pero paraacomodar tan útil ejer
cicio como este á la viveza é incompara
ble prontitud de su espíritu, bastará
que emplee V. en él cada día una me
dia hora, ó un cuarto de hora; porque
esto , con los ímpetus de espíritu , re
— 89 —
cogirnientos del corazon en presencia de
Dios, y oraciones jaculatorias, que se
van haciendo durante el dia, será muy
bastante para tener el corazon adherido
y en union con su divino objeto, y tam
bien esta oracion se podrá tener mien
tras la misa si hay que ganar tiempo.
6.° Pero si teniendo oracion, ó an
dando en la presencia del Señor, hiciere
algun sentimiento la cabeza que le cau
sare molestia y dolor en ella , conven
drá dejar el ejercicio y no aplicar mas
el entendimiento, sino por medio de
palabras interiores y afectuosas apli
car solo el corazon y voluntad ; y digo
esto por responder á lo que me dice V.,
que el principio de la presencia de Dios
se hace en la cabeza, y que algunas ve
ces le cuesta mucho.
7.° Si vinieren lágrimas, dejarlas
salir; pero si son con frecuencia y mu
cha ternura , levante V. su espíritu , si
puede, á gozar mas quieta y tranquila-
-Co
mente los misterios en la parte superior
del alma, no comprimiendo ni apretan
do los suspiros, sollozos ni lágrimas, si
no divirtiendo con algun buen distrai
miento el corazon , levantándole poco á
poco al amor puro del Amado por me
dio de dulces exclamaciones ; por ejem
plo:— «¡Oh qué amable sois, Amado
«mio! ¡Oh cómo sois excelso en bon-
«dad, y os ama mi corazon!» ó de la
manera que Dios le inspire á V.
8.° Mas por cuanto me dice V. que
ha tenido muy poca oracion mientras ha
estado en su casa, respecto de ser tan
vivo y pronto su espíritu que no se pue
de detener, dígoleáV., que por el mis
mo caso es menester detenerle , y sose
gar poco á poco sus movimientos; para
que baga sus obras suavemente y con
serenidad, segun las circunstancias; y
no se imagine V. que la dulzura y tran
quilidad embarazan la prontitud y las
ocupaciones, porque antes al contrario
— el
las hacen salir mejor. Esto se puede ha
cer de este modo; pongo por ejemplo:
tiene V. necesidad de comer, como que
es una de las miserias de esta vida; ne
cesario es que se siente V. buenamente,
y que esté sentada hasta que haya dado
el alimento regular á su cuerpo. Quie
re V. acostarse; pues bien, desnúdese V.
poco á poco : debe V. levantarse , pues
vístase V. despacio, sin movimiento
desarreglado, sin gritar, ni dar priesa
á las que la sirven; y con esto irá V.
venciendo su natural, y reduciéndole
poco á poco á la santa modestia y mo
deracion ; porque á los que tienen el na
tural tardo y perezoso, les diré yo: —
Daos priesa, porque el tiempo es pre
cioso. — Pero á V. le diré:— No se
apresure tanto, porque la paz, la tran
quilidad y dulzura de espíritu son pre
ciosas , y el tiempo se emplea mas útil
mente cuando se gasta pacificamente.
9.° Mas le digo á V., hija raia, y
— 62 —
lo digo firmemente, que servirá mas
fielmente á la voluntad de Dios y á su
providencia bajo el motivo de su anti
gua tentacion , conformándose con toda
humildad y sinceridad al celestial bene
plácito, por el cual se halla V. en el es
tado en que está. Menester es perseve
rar en la barca , en que una persona se
halla , para pasar de esta vida á la otra ;
y que eso sea voluntaria y amablemen
te, porque aunque algunas veces no nos
haya puesto en ella la mano de Dios,
sino la de los hombres, no obstante, des
pues que estamos en ella, quiere Dios
que estemos: por eso, pues, se hace
preciso estar dulce y voluntariamente.
| Oh cuántos eclesiásticos se han em
barcado llevados de siniestras conside
raciones , y por ia fuerza que los padres
han puesto para hacerlos entrar en esta
vocacion, que haciendo de la necesidad
virtud, viven por amor donde fueron
metidos con violencia ! De otra mane
— 63 —
ra , ¿en qué vinieran á parar? Donde
hay menos de eleccion nuestra, allí hay
mas de sumision á la voluntad celestial.
Pues, mi querida hija, consintiendo con
la voluntad divina, diga V. muchas ve
ces de todo corazon: Sí, Padre eterno,
así quiero estar, porque así os fue agra
dable que yo estuviese. Y de aquí en
adelante , hija mia , le encargo que sea
muy fiel en la práctica de este consen
timiento y dependencia del estado en
que se halla. Por tanto, hija mia, con
viene que algunas veces, cuando ocurra,
procure V. nombrar á las personas con
sabidas con el nombre á que tiene mas
aversion ; y cuando hablare con la prin
cipal de ellas, algunas veces use de ac
ciones y palabras de respeto. Este punto
es de tal importancia para la perfeccion
del alma de V. , que de buena gana le
escribiera con mi sangre. ¿En qué que
remos manifestar nuestro amor para
Aquel que tanto sufrió por nosotros, si
- 64 —
no en las aversiones, repugnancias y
contradicciones? Menester es cubrir
nuestra cabeza de espinas de dificulta
des, y dejar traspasar nuestro corazon
con la lanza de la contradiccion, beber la
hiel y tragar el vinagre, y en fin, tomar
el ajenjo y el acíbar, puesto que Dios
así lo quiere. En suma, querida hija,
pues otra vez alimentó V. y favoreció de
todo corazon la tentacion, ahora con to
do él debe sustentar y favorecer la con
formidad ; y si se ofreciere alguna no
table dificultad en esta materia, por los
defectos de esa persona, nada remueva
V. antes de haber mirado á la eterni
dad, haciendo por estar indiferente y
habiendo tomado el parecer de algun
digno siervo de Dios, si la necesidad
aprieta, ó el mio, si hay tiempo para
ello, pues le sirvo á V. de padre; por
que el enemigo viéndonos vencedores
de esta tentacion por la conformidad con
el beneplácito divino, pienso que pon-
- 68 -
drá en juego toda clase de invenciones
por derribarnos.
10. Por lo demás, la santísima y di
vina humildad viva y reine en todo y
por todo. Los vestidos sean sencillos,
mas segun propio decoro y convenien
cia de su estado, de suerte que no es
pantemos, antes atraigamos á las se
ñoritas á nuestra imitacion. Las pala
bras sencillas , corteses , y no obstante
suaves ; las acciones , el semblante y la
conversacion, ni muy sério y austero,
ni muy jovial y blando; la cara limpia
y aseada; en una palabra, que en todas
las cosas la suavidad y modestia reinen
como conviene á una bija de Dios.
Francisco , Obispo de Ginebra.
8 CARIAS.
- 66 -
CARTA XII.
Á UNA SEÑORA CASADA.
Exhórtala á usar de preparacion para la
meditacion, y á perfeccionarse en su
estado (1).
Señora y mi carísima hermana : Siem
pre me consuela la confianza que tie
ne V. en mí. No obstante, siento no po
der corresponderle por cartas, como
quisiera; mas Nuestro Señor, que la
ama á V., suple con la mucha asisten
cia que ahí tiene.
Aprobaría que se detuviera V. un
breve rato antes de la oracion preparan
do su espíritu con la lectura y disposi
cion de puntos, sin otra imaginacion, no
obstante , que aquella que es necesaria
para recoger el espíritu.
(1) Esta carta es la XLIV del libro II en la tra
duccion espaBola y la DCCXXXVIII en la edicion
francesa.
- 67 -
Por lo demás, bien sé que cuando por
nuestra dicha nos encontramos con Dios,
es muy bien hecho entretenernos en mi
rarle, y quedarnos con Él. Mas, hija
mia , pensar siempre encontrarle así de
improviso , y sin preparacion, no pien
so que es bueno todavía para nosotros,
que aun somos novicios, y tenemos mas
necesidad de considerar las virtudes del
Crucificado , una despues de otra y se
paradas, que de admirarlas todas juntas
por mayor. Pero si despues de haber
aplicado nuestro espíritu á esta humilde
preparacion , no nos concede Dios dul
zuras ni suavidades , entonces conviene
perseverar con paciencia, comiendo
nuestro pan á secas, y cumplir con nues
tra obligacion sin recompensa presente.
Consuélame el saber la comodidad
que tiene V. para confesarse con el buen
P. Gentil : le conozco por su mucha
reputacion , y sé cuán bueno es, y cuán
cuidadoso siervo de Nuestro Señor. Ha
8*
- 68 —
rá V., pues, bien en continuar confe
sándose con él, y tomar los buenos con
sejos que él le dará á V. segun las ne
cesidades que vayan ocurriendo.
No quisiera que dejase V. á su hija
comulgar con tanta frecuencia, si no
sabe pesar bien lo que es comulgar tan
frecuentemente. Hay diferencia entre
discernir la comunion de las otras par
ticipaciones, y discernir la comunion
frecuente de la menos frecuente. Si esa
tiernecita alma discierne bien que pa
ra frecuentar la santa comunion con
viene tener mucha pureza y fervor, yá
eso aspira , y tiene cuidado de prepa
rarse, entonces soy de parecer que se
la haga llegar á menudo ; quiero decir,
de quince en quince dias ; mas si no tie
ne otro calor que para la comunion, y
no para la mortificacion de sus peque
ñas imperfecciones de la mocedad, pien
so que basta hacerla confesar de ocho á
ocho dias, y comulgar todos los meses.
— 69 —
Querida hija, yo entiendo que la comu
nion es el gran medio de llegar á la per
feccion ; mas es menester recibirla con
el deseo y el cuidado de echar del cora
zon todo lo que desagrada á Aquel á
quien queremos aposentar en é).
Persevere V. en vencerse bien á sí
misma en las pequeñas contradicciones
que cada dia sintiere ; ponga V. la fuer
za de sus deseos en eso. Sepa que Dios
no quiere de V. otra cosa por ahora : no
se ocupe, pues, en otros intentos; ni
siembre sus propósitos en jardín ajeno:
cultive bien solamente el suyo. No desee
V. no ser lo que es , sin ser muy bien
lo que debe ser, empleando sus pensa
mientos en perfeccionarse en esto, y lle
var las cruces pequeñas ó grandes que
encontrará por ahí. Créame V. , este es el
punto principal, y el menos entendido
en la direccion espiritual. Cada uno ama
segun su gusto ; muy pocos quieren se
gun su obligacion y el gusto de Nuestro
— 72 —
CARTA XIII.
Á UNA SEÑORA.
Exhórtala á obedecer á su confesor, que
la habia privado de la comunion, y le
dice lo que entre tanto ha de hacer (1).
Ya habrá recibido V., hija mia, mi
respuesta á la carta que N. me trajo.
Ahora respondo á la de 14 de enero. Ha
ce V. muy bien en obedecer á su confe
sor, en eso de haberle quitado el con
suelo de comulgar á menudo, para
probarla; ó ya sea que lo haya hecho
porque no ponia V. bastante cuidado en
corregirse de su impaciencia : para mí
creo que lo haya hecho por uno y otro,
y que debe V. perseverar en esa peni
tencia todo el tiempo que lo mandare,
(1) Esta carta es la XLV del libro II en la tra
duccion española.
- 73 —
pues tiene bastante conocimiento para
creer que nada hace sino con justa con
sideracion; y si obedece humildemente,
una comunion le será en sus efectos mas
útil que dos ó tres hechas de otra ma
nera; porque no hay cosa que nos haga
mas provechosa la comida, que tomarla
con apetito, y despues de haber hecho
ejercicio: el que hará V. en mortificar
su impaciencia , dará vigor á su estó
mago espiritual. Humíllese V. entre tan
to dulcemente, y repita á menudo el
acto de amor de su propio abatimiento.
Deténgase un poco en la actitud de la
Cananea, diciendo: Sí, Señor, yo no soy
digna de comer el pan de los hijos : ver
daderamente soy una perrilla que gru
ñe, y muerde al prójimo, sin qué ni pa.-
ra qué, con mis palabras de impacien
cia : mas si los perros no comen el pan
entero, por lo menos alcanzan las migajas
de la mesa de su señor. Así, ó mi dulce
Dueño, os pido, si no vuestro santísimo
— 74 —
cuerpo , á lo menos las bendiciones que
esparce sobre aquellos que á Él se lle
gan por amor. Este es el pensamiento
que ha de tener V. , hija mia , en los
dias que solia comulgar, y ahora no co
mulga.
Ese anhelo que tiene V. de ser toda
de Dios, no es engañoso; pero requiere
que se ocupe V. un poco mas en el ejer
cicio de las virtudes , y que tenga un
cuidado especial de adquirir aquellas
que ve le hacen mas falta. Lea muchas
veces el Combate espiritual (1), y ponga
particular atencion en los documentos
que hay en él, que le serán muy á pro
pósito. Los afectos en la oracion son
buenos ; pero no conviene de tal suerte
(1) San Francisco de Sales leia con macha fre
cuencia este librito, compuesto por el P. Castaffiza,
benedictino español. Habiéndose hecho raro este
precioso librito, se ha reimpreso en Burgos , pocos
anos bá: recomiéndase su adquisicion y lectura,
como la recomendaba san Francisco de Sales en
esta y en otras cartas.
— 75 —
complacerse en ellos, que no se empleen
diligentemente en las virtudes y morti
ficacion de las pasiones. Ruego siempre
por el buen suceso de las hijas. Á la ver
dad, pues está V. en seguir la oracion,
y esa buena religiosa carmelita le asis
te, con esto basta: me encomiendo en
sus oraciones , y en las de V. Soy sin
reserva perfectamente de Vds.
Viva Jesús. Amen.
Francisco, Obispo de Ginebra.
CARTA XIV.
Á UNA SEÑORA CASADA.
Instruyela en los medios por donde puede
llegar á la perfeccion, que son unirse
con Dios y amar al prójimo, y que
debe procurar hacer amable su devo
cion (1).
Señora: No puedo dar á V. por junto
todo lo que le he prometido, porque no
tengo tantas horas libres para escribirlo
todo de una vez. Lo que tengo que de
cirle en el punto que quiere que le ex
plique, lo diré en varias veces, segun
la comodidad que tuviere : V. tendrá
allá bastante tiempo para rumiar mis
consejos.
Hállase V. con mucho deseo de per-
(1) Esta carta es la XV del libro III en la ver
sion española.
- 77 —
feccion cristiana : este es un deseo el mas
generoso que pudiera tener; sosténga
le V., que con eso crecerá cada dia. Los
medios para llegar á la perfeccion son
varios , segun la diversidad de las vo
caciones ; porque los religiosos, viudas
y casados deben todos buscar esta per
feccion , pero no por unos mismos me
dios; porque para V., señora, que es
casada, los medios son unirse con Dios
y con el prójimo, y con lo que de
pende de ellos. El medio para unirse
con Dios debe ser principalmente la
frecuencia de los Sacramentos y de la
oracion. En cuanto á los Sacramentos,
de ninguna manera debe dejar pasar un
mes sin comulgar, ni tampoco otro
tiempo, segun el aprovechamiento que
hubiere hecho en el servicio de Dios, y
conforme el consejo de los Padres espi
rituales , segun el cual podrá comulgar
mas á menudo ; pero en cuanto a la con
fesion , aconsejo á Y. que la frecuente
— 78 -
mas , principalmente si sucediere algu
na imperfeccion , de la cual esté afligi
da su conciencia, como muy de ordina
rio sucede al principio de la vida espi
ritual : mas si no tuviere V. la comodi
dad necesaria para confesarse, procure
suplirla con la contricion.
Por lo que hace á la oracion, la debe
frecuentar V. mucho , especialmente la
meditacion , para la cual es V. muy á
propósito, segun me parece. Téngala V.,
pues, todos los días una horita por la
mañana, antes de salir fuera; ó bien an
tes de cenar , y guárdese de tenerla
despues de comer, ó despues de cenar,
porque gastará su salud. Para ayudarse
á tenerla bien , convendrá que antes de
entrar en ella prevenga V. el punto so
bre que debe meditar , para que empe
zando la oracion halle su materia dis
puesta ; y para ese efecto tenga Y. los
autores que han escrito puntos de me
ditacion sobre la vida y muerte de Nues
— 79 —
tro Señor , como Granada , Belintany,
Capilla, y Bruno, en los cuales escoge
rá la meditacion que quisiere tener , y
la leerá atentamente, para acordarse al
tiempo de la oracion , y no tener otra
cosa que hacer mas que rumiarla , si
guiendo siempre el método que le envié
por escrito en la meditacion que le di el
Jueves Santo. Fuera de esto, haga V.
muy de ordinario oraciones jaculatorias
á Nuestro Señor en todas las horas y
ocasiones que pudiere, mirando siempre
á Dios dentro de su corazon , y á su co
razon en Dios. Procure V. leer los libros
que escribió Fr. Luis de Granada acer
ca de la oracion y meditacion ; porque
ningunos influirán mejor, ni le move
rán mas: quisiera yo que no se pasara
dia alguno sin que destinase V. una
media hora, ó una entera, á la lectura
de cualquier libro espiritual , porque le
servirá de sermon. Estos son los princi
pales medios de unirse con Dios.
- 80 —
En cuanto á los que sirven para amar
bien al prójimo, son en gran número ;
pero aquí solo diré algunos. Es menes
ter considerar al prójimo en Dios , que
quiere que le amemos y queramos. Este
es el consejo de san Pablo , que ordena
á los criados que amen á Dios en sus se
ñores , y á sus señores en Dios. Convie
ne ejercitarse en este amor del prójimo,
acariciándole exteriormente ; y aunque
al principio parezca que se hace de ma
la gana, no se ha de dejar por eso, por
que al fin esta repugnancia de la parte
inferior será vencida por el hábito y
buena inclinacion que producirá la re
peticion de actos, k este propósito se
han de ofrecer las oraciones y medita
ciones; porque despues de haber pedi
do el amor de Dios, siempre se ha de
solicitar el del prójimo, y particularmen
te el de aquellos a quienes no se inclina
nuestra voluntad. Aconsejo á V. que al
guna vez se tome el trabajo de visitar
— Si
los hospitales, consolar los enfermos,
considerar sus miserias , enternecer el
corazon sobre ellas , y orar por ellos al
hacerles alguna visita (1).
Pero en todo esto ponga V. gran cui
dado, para que su marido, los criados
y sus padres no reciban agravio por
estar V. largo tiempo en las iglesias, en
largos retiros y apartamiento del cuida
do de la familia, ó como sucede algunas
veces, por mostrarse V. fiscalizadora de
las acciones de otros , ó muy desdeñosa
de las conversaciones donde no se guar
dan tan exactamente las reglas de la de
vocion; porque en todo esto conviene
que rija la caridad , y nos alumbre, pa
ra hacernos condescender con la volun
tad de los prójimos en todo lo que no
fuere contrario á los Mandamientos de
Dios.
(1) Los que no tengan ocasion ó posibilidad de
visitar á los enfermos en los hospitales, pueden ha
cerlo asistiendo á los enfermos ó á los pobres en
sus casas.
6 CARTAS.
- 82 —
No solo debe V. ser devota y amarla
devocion, sino tambien la debe hacer
amable, útil y agradable á todos. Los
enfermos amarán la devoción de V., si
caritativamente son consolados : su fa
milia, si la reconoce á V. mas cuida
dosa de su bien, mas dulce en las ocasio
nes del servicio, mas afable en el re
prender, y así de lo demás : el marido,
si ve que al paso que la devocion de V.
crece , es mas cariñosa con él y mas fer
vorosa en la aficion que le tiene : sus
padres y amigos, si reconocen en V. mas
franqueza, tolerancia, condescendencia
á su voluntad , en lo que no fuere con
traria á la de Dios. En fin , es menester,
cuanto fuere posible, hacer atractiva la
devocion. He compuesto una pequeña
advertencia sobre este punto de la per
feccion de la vida cristiana, de que le
envio una copia : holgaréme que la co
munique V. á la señora de Puitsdeorbe:
estímela V., como también esta carta,
— 83 —
que sale de una alma que enteramente
está aficionada á su bien espiritual , y
que nada desea mas que ver la obra de
Dios perfecta en el espíritu de V. Supli
cole me dé alguna parte en sus oracio
nes y comuniones , como tambien ase
guro que lo haré toda mi vida por V.
en las mias, y seré siempre de V. muy
humilde servidor,
Francisco, Obispo de Ginebra.
6*
- 84 -
CARTA XV.
Á UNA SEÑORA CASADA.
Instruyela en los medios mas propios pa
ra el remedio de las inquietudes que te
nia despues de haber hecho confesion
general, y en los medios de adquirir la
devocion; y de la práctica de ella, con
forme al estado del matrimonio en que
vivía (1 ).
Señora : Me ha sido de mucho conten
to haber tenido y visto su carta: quisie
ra ciertamente que las mias recíproca
mente le dieran otro tal, y en particular
el remedio de las inquietudes que se han
levantado en su espíritu despues de
nuestra separacion. Plega á Dios inspi
rarme. Ya he dicho á V. una vez , de
(1) Esta carta es la XIV del libro III ea la ver
sion española.
— 85 -
que me acuerdo muy bien, que en la
confesion general hallé todas las señales
de una verdadera , buena y sólida con
fesion , y que jamás he oido otra que
mas enteramente me haya contentado:
esta es una gran verdad, señora y her
mana mia; y créame V., que en tales
ocasiones hablo sinceramente. Pero si
hubiese V. dejado de decir alguna cosa,
considere si fue á sabiendas y volunta
riamente, porque en este caso deberá
sin duda volver á practicar la confesion,
si lo que calló fue pecado mortal , ó que
entonces pensase V. que lo era: pero si
no fuese mas que venial, ó que por fal
ta de memoria lo dejase, de ninguna
manera dude V., amada hermana; por
que, so cargo de mi conciencia, no es
tá obligada á repetir su confesion; an
tes bastará decir al confesor ordinario el
punto que hubiere omitido; con lo que
dejo respondido á esto. No tenga V.
mas temor de no haber puesto toda la
- 86 —
diligencia necesaria en su confesion ge
neral ; porque vuelvo á decirle á V. muy
clara y seguramente, que si no ha teni
do omision voluntaria , no debe reiterar
la confesion , la cual de veras está hecha
suficientemente; y así, quede V. en paz
por esta parte ; y si lo consulta con el
Padre Rector, le dirá lo mismo, porque
este es el dictámen de la Iglesia nuestra
madre.
Las reglas del Rosario y del Cordon
de ninguna manera obligan á pecado, ni
mortal ni venial, directa ni indirecta
mente; y no pecará V. por no guardar
las; no de otra suerte que si dejare de
hacer otra cualquiera buena obra. No
tenga V., pues, pena de ningun modo,
mas sirva a Dios alegremente y con li
bertad de espíritu. Pídeme V. le diga el
modo que debe tener para alcanzar la
devocion y paz del espíritu. Mi querida
hermana, no es poco lo que V. me pide ;
mas procuraré decir alguna cosa , por-
- 87 —
que lo debo hacer, pero note V. bien lo
que dijere.
La virtud de la devocion no es otra
cosa que una general inclinacion y pron
titud de espíritu para hacer lo que se co
noce ser agradable á Dios. Esta es aque
lla dilatacion de corazon , de la cual di
ce David : Corrí por el camino de tus
mandamientos, cuando dilataste mi cora
zon. Los que simplemente son buenos,
caminan por la senda de Dios ; mas los
devotos corren, y cuando lo son mucho,
vuelan. Ahora diré á V. algunas reglas
que es menester observar para ser ver
daderamente devota.
1. ' Ante todas cosas es necesario
guardar los mandamientos generales de
Dios y de la Iglesia, que están puestos
para todo fiel cristiano, y sin ellos no
puede haber devocion alguna en el mun
do: esto cualquiera lo sabe.
2. " Además de los mandamientos
generales , conviene guardar cuidadosa
— 88 —
mente los mandamientos particulares,
que cada uno tiene respecto de su voca
cion; y cualquiera que no los guarde,
aunque resucitara muertos , no por eso
dejaría de estar en pecado y en estado
de condenacion. Pongo por ejemplo:
mándase á los obispos visitar sus ove
jas, enseñarlas, avenirlas, consolarlas;
aunque me esté toda la semana en ora
cion, aunque ayune toda mi vida, si no
hago aquello, me perderé. Aunque una
persona haga milagros estando en esta
do de matrimonio, si no corresponde á
su consorte segun debe en su estado, ó
no cuida de sus hijos , peor es que un in
fiel, dice san Pablo, y así de otros.
3." Ved ahí, pues, dos suertes de
mandamientos, que con esmero convie
ne guardar perfectamente y con toda de
vocion; y no obstante, la virtud de la
devocion no consiste en guardarlos, sino
en cumplirlos con prontitud y de buena
gana.
— 89 -
Pues para adquirir esta prontitud es
menester valerse de muchas considera
ciones.
La primera es, que Dios lo quiere así,
y es muy justo que hagamos su volun
tad , porque no estamos para otra cosa
en este mundo. ¡Ay! ¡que todos los
dias le pedimos que se haga su voluntad,
y cuando llega el caso de que hayamos
de hacerla , nos contristamos tanto!
Ofrecémonos á Dios muy á menudo,
decírnosle en todas ocasiones: «Señor,
«yo soy vuestro, ved aquí mi corazon ; »
pero cuando nos quiere emplear , nos
hallamos sin fuerzas. ¿Cómo podemos
decir que somos suyos, si no queremos
acomodar nuestra voluntad á la suya ?
La segunda consideracion es, pensar
la naturaleza de los mandamientos de
Dios, que son dulces, agradables y sua
ves, no solo los generales, sino tambien
los particulares de la vocacion. ¿Pues
qué es lo que nos los hace molestos?
— 90 —
Nada á la verdad sino la voluntad pro
pia, que quiere reinar en V. á toda cos
ta ; y las cosas que puede ser que desea
se si no le fueran mandadas, las reprue
ba porque se las mandan. Entre cien
mil deliciosos frutos escogió Eva el ve
dado; y sin duda que si se le hubiera
permitido, no hubiera comido de él ; en
una palabra, esto es, que nosotros que
remos servir á Dios mas por nuestra
voluntad que por la suya.
Saul tuvo precepto de acabar con to
do cuanto encontrase en Amalec: arrui
nólo todo, fuera de lo que era de pre
cio , que lo reservó para el sacrificio ;
mas Dios declara que ningun sacrificio
quiere contra la obediencia. Dios me
manda que sirva á las almas, y yo quiero
estarme en contemplacion : la vida con
templativa es buena, pero no en perjui
cio de la obediencia. No nos toca á nos
otros escoger á nuestra voluntad : ne
cesario es lo que Dios quiere ; y si
— 91 -
Dios quiere que yo le sirva en una co
sa , no debo servirle en otra. Dios quiere
que Saul le sirva en dignidad de rey y
capitan, y Saul le quiere servir en dig
nidad de sacerdote. No hay duda que
esta es mas excelente que aquella ; no
obstante, Dios no se paga de esto, quie
re ser obedecido.
¡Extraño caso por cierto I Dios habia
dado á los hijos de Israel el maná, que
era una comida deliciosísima, y ved ahí
que ellos no la quieren, antes buscan en
sus deseos los ajos y cebollas de Egipto.
Tal es nuestra miserable naturaleza,
que siempre quiere que se haga su vo
luntad y no la de Dios; por eso al paso
que tuviéremos menos de nuestra propia
voluntad, será mas fácilmente observa
da la de Dios.
La tercera consideracion es, que no
hay vocacion alguna que no tenga sus
enfados , amarguras y disgustos ; y lo
que es mas , si no es aquellos que están
— 92 —
plenamente resignados en la voluntad de
Dios, cada uno quisiera de buena gana
mudar su estado en el del otro. Los que
son obispos, quisieran no serlo; los ca
sados, no haberse casado, y los que no
lo están, casarse. ¿ De dónde viene esta
general inquietud de espíritus sino de un
cierto desagrado que tenemos á la su
jecion, y de una malignidad del enten
dimiento, que nos hace pensar que el
otro está mejor que nosotros? Pero todo
es uno. Cualquiera que no está plena
mente resignado, aunque se vuelva aquí
y allí, jamás tendrá reposo. Los que es
tán con un acceso de calentura, no ha
llan lugar bueno ; apenas están un cuar
to de hora en una cama , cuando quisie
ran pasarse á otra ; no es el lecho el que
aflige, es la fiebre, que en todas partes
los atormenta. Una persona que no tiene
la fiebre de la propia voluntad, se con
tenta con todo como Dios sea servido ;
no cuida del estado en que Dios la pone :
— 93 —
como se haga su divina voluntad, todo es
igual para ella.
Pero esto aun no es todo : es menes
ter no solo querer hacer la voluntad de
Dios, sino que para ser devoto conviene
hacerla alegremente. Si yo no fuera
obispo , puede ser que sabiendo lo que
sé, no quisiera serlo; pero siéndolo, no
solamente estoy obligado á hacer lo que
requiere esta penosa vocacion, mas de
bo hacerlo alegremente, y complacerme
y agradarme en ello. Esto dice san Pa
blo, cada uno persevere en su vocacion
delante de Dios. No es menester llevar la
cruz de los otros, sino la suya; y para
llevar la suya cada uno, quiere Nuestro
Señor que se renuncie á sí mismo, esto
es, á su propia voluntad. Quisiera mas
esto ó aquello; estaría mejor acá ó acu
llá : estas son tentaciones. Nuestro Se
ñor sabe bien lo que conviene; haga
mos lo que él quiere, estémonos donde
él nos ha puesto: mas, amada hija, per
— 94 —
mítame V. que le hable segun mi cora
zon , porque la amo como á él : quisie
ra V. tener un poquito de práctica para
gobernarse.
1.° Además de lo que he dicho que
es necesario considerar, tenga V. me
ditacion todos los dias, ó por la mañana
antes de comer, ó bien una hora ó dos
antes de acostarse, y que sea sobre la
vida y muerte de Nuestro Señor: para
este efecto sírvase de los libros del ca
puchino Belintany ó del jesuíta Bruno.
La meditacion de V. no debe ser mas
que de una media hora larga y no mas,
al fin de la cual junte V. siempre una
consideracion de la obediencia que ejer
citó Nuestro Señor para con su eterno
Padre, y hallará V. que todo cuanto hi
zo fue por complacer á la voluntad de su
Padre. Excítese V. con ella á adquirir
un grande amor á la voluntad de Dios.
2." Antes de hacer ó prepararse pa
ra hacer alguna de las cosas de su vo
— 95-
cacion , que la molestan á V., piense
bien que los Santos hicieron muy gus
tosamente otras cosas mas grandes y fas
tidiosas: unos sufrieron el martirio, otros
la deshonra del mundo: san Francisco y
tantos religiosos de nuestra edad besa
ron mil veces las llagas gangrenosas;
otros se avecindaron en los desiertos,
otros en las galeras con los soldados , y
todo esto por hacer cosas agradables á
Dios. ¿Y qué es lo que nosotros hace
mos en comparacion de aquellos ?
3.° Piense V. á menudo que todo es
to que hacemos debe su verdadero valor
á la conformidad que tenemos con la vo
luntad de Dios: ya sea comiendo ó be
biendo, si yo lo hago, porque es la vo
luntad de Dios que lo haga, soy mas
agradable á Di os que si sufriera la muer
te sin esta intencion.
4. ° Quisiera yo que muchas veces
entre dia invocase V. á Dios para que le
— 96 -
concediese el amor de su vocacion, y
que dijese como san Pablo en el dia de su
conversion: Señor, ¿qué quereis que ha
ga? ¿Quereis que os sirva en el minis
terio mas vil de vuestra casa? Me tendré
por muy dichoso: con tal que yo le sir
va, no me dará cuidado que sea en lo
que fuere. ¥ viniendo en particular á
lo que enfade á V. dígale: «Quereis
« que yo haga tal y tal cosa? i Ay Señor !
«aunque no soy digna, lo haré con mu-
«cho gusto;» y de esta suerte , humi
llándose V. mucho, ¡oh Dios mio, qué
tesoro se adquirirá ! mayor sin duda de
lo que se puede V. figurar.
5.° Quisiera que considerase Y.
cuántos santos y sanias tuvieron esa vo
cacion y estado, y que todos se acomo
daron á él con una gran dulzura y re
signacion , así en el Nuevo como en el
Antiguo Testamento. Sara, Rebeca, san
ta Ana, santa Isabel, santa Paula, san
— 97 —
ta Mónica y otras cien mil , y que ellas
le animen á V. encomendándose en su
intercesion.
Es menester amar lo que Dios ama;
pues ama nuestra vocacion , amémosla
tambien, y no nos metamos á pensar en
la de los otros. Cumplamos nuestra obli
gacion, bástele á cada uno su cruz.
Mezxle V. dulcemente el oficio de Mar
ta con el de la Magdalena: haga dili
gentemente el servicio de su vocacion y
vuelva á menudo sobre sí misma , po
niéndose en espíritu á los piés de Nues
tro Señor diciéndole: — «Señor mío, ya
«sea que corra, ya sea que me detenga,
«toda soy vuestra, y Vos todo sois mio:
« Vos sois mi primer esposo, y todo cuan-
« to yo hiciere es por vuestro amor, sea
« aquí ó sea allá. » Ya verá V. el ejerci
cio de oracion que envio á la señora de
Puitsdeorbe : saque V. una copia, y
aprovéchese de él.
Parece que teniendo por la mañana
7 CARTAS.
— 98 -
media hora de oracion mental , se debe
contentar con oir todos los dias una mi
sa , y entre dia leer otra media hora de
algun libro espiritual , como Fr. Luis de
Granada, ó de otro autor bueno. A la
tarde haga V. el exámen de conciencia
y en el discurso del dia oraciones jacu
latorias. Lea V. mucho el Combate es
piritual, esto la encargo. Los domingos
y fiestas, además de la misa , podrá V.
oir Vísperas (mas esto sin obligacion) y
el sermon. No olvide V. confesarse cada
ocho dias, y cuando tuviere alguna gran
de zozobra de conciencia. En cuanto á
la comunion , si no se disgusta su ma
rido, no exceda V. por el presente los
límites de lo que tratamos en San Clau
dio. Esté V. firme comulgando espiri-
tualmente; Dios recibirá en cuenta la
. preparacion de su corazon.
Acuérdese V. de lo que tantas veces le
tengo dicho : honre V. nuestra devocion,
hágala V. muy amable á todos los que
- 99 —
conociere, pero sobre todo á su familia:
procure V. que cada uno diga bien de
ella. ¡Dios mio! ¡Qué dichosa es V.en
tener un marido tan discreto y afable !
Debe V. dar muchas gracias á Dios
cuando sobreviniere alguna contradic
cion; resígnese mucho en Nuestro Señor,
y consuélese V. sabiendo que estos fa
vores no son sino para los buenos ó pa
ra los que caminan á serlo. Por lo de
más, sepa V. que mi espíritu es todo su
yo: Dios sabe que jamás la echo en ol
vido , ni á toda su familia en mis pobres
oraciones. Tengo á V. íntimamente gra
bada en mi alma: Dios sea su corazon
y su vida.
Francisco, Obispo de Ginebra.
T
— 100 —
CARTA XVI.
Á ÜNA SEÑORA VIUDA.
Que la humildad es la virtud propia de las
viudas: qué cosa sea la humildad (1 ).
¡Dios mio! cuánto anhelo y deseo el
servir de algo al espíritu de V.! No se
lo puede figurar, amada hermana; tan
to hallo en mí, que ello solo basta á per
suadirme que esto es de parte de Nues
tro Señor, porque me parece no es po
sible que todo el mundo junto me pueda
dar tanto, á lo menos jamás he entendi
do tanto de él. Hoy es la fiesta de Todos
los Santos, y haciendo el oficio en nues
tros Maitines solemnes , viendo que
(1) Esta carta es la XII del libro III en la tra
duccion española. En la edicion francesa es la
LXXXI , y de ella aparece que va dirigida a la
santa madre Juana Francisca Fremiot.
— 101 —
Nuestro Señor comienza las bienaventu
ranzas por la pobreza de espíritu, y que
san Agustín lo interpreta de la santa y
muy deseable virtud de la humildad,
me acordé que V. me habia pedido que
le escribiese algo acerca de ella , y he
reparado que en la última carta no lo
hice , aunque fue bien cumplida y aun
puede ser muy larga: acerca de este
punto Dios me ha dado tantas cosas que
escribir á V., que si tengo bastante lu
gar me parece que diré maravillas.
Primeramente, carísima hermana, me
ha venido á la memoria que los Docto
res dan á las viudas, como su virtud mas
propia, la santa humildad. Las vírgenes
tienen la suya y tambien los mártires,
doctores y pastores, cada uno su virtud
como un orden de su caballería, y to
dos deben haber tenido la humildad;
¿por qué hubieran sido ensalzados si
ellos no se hubiesen humillado ? Mas á
las viudas sobre todo pertenece la hu-
- 102 -
mildad ; porque ¿ qué cosa puede enso
berbecer á la viuda? Ella no tiene ya su
integridad (la cual no obstante se puede
recompensar por una grande humildad
vidual, y es mucho mejor ser viuda con
mucho aceite en su lámpara , no desean
do mas que la humildad con caridad,
que ser virgen sin aceite ( 1 ), ó con muy
poco aceite), ni lo que da lamas alta es
timacion á este sexo , segun el aprecio
del mundo. Tampoco tiene á su marido,
que fue su honra , y de quien tomó el
nombre; ¿qué le queda, pues, para
gloriarse, sino Dios? ¡ Oh bienaventu
rada gloria ! ¡ Oh corona preciosa en el
jardin de la Iglesia ! Las viudas se com
paran á las violetas, flores pequeñitasy
bajas , de color poco sobresaliente y de
olor poco fragante, pero sumamente
suaves. ¡ Oh qué bella flor es la viuda
cristiana, pequeña y baja por humildad !
(1) Alude á la parábola de las vírgenes fatúas
que no tenían bastante aceite para sus lámparas.
— 103 —
Es poco resplandeciente á los ojos del
mundo , porque Jos huye y no procura
atraerlos hacia sí: ¿ y para qué deseará
los ojos de aquellos cuyo corazon ya no
desea?
El Apóstol encomienda á su querido
discípulo , que honre d las viudas que
verdaderamente son viudas: ¿y quiénes
son las viudas verdaderamente viudas,
sino aquellas que lo son de corazon y es
píritu, quiero decir, que no tienen su
corazon casado con alguna criatura?
Nuestro Señor no dice hoy: Bienaventu
rados los limpios de cuerpo, sino de cora
zon; y no alaba á los pobres, sino á los
pobres de espíritu. Las viudas son res
petables cuando son viudas de corazon y
de espíritu. ¿Qué quiere decir viuda, si
no destituida, privada ; esto es, misera
ble, pobre y abatida? Aquellas , pues,
que son pobres, miserables y abatidas
en su espíritu y en su corazon , son dig
nas de alabanza; y todo esto quiere de
— 104 —
cir , las que son humildes, de las cuales
Nuestro Señor es el protector.
Mas ¿qué eshumildad? ¿Es el cono
cimiento de esta miseria y de esta po
breza ? — Sí, dice nuestro san Bernardo ;
mas esa es la humildad moral y huma
na. ¿Qué es, pues, la humildad cristia
na ? — Es el amor de esa pobreza y aba
timiento, en contemplacion de la de
Nuestro Señor. ¿Conoceis que sois una
pobre y abatida viuda? Amad esa con
dicion abatida , gloriaos de ser nada ;
alegraos mucho , pues vuestra miseria
sirve de objeto á la bondad de Dios pa
ra ejercitar su misericordia. Entre los
mendigos, los que son mas miserables
(cuyas llagas son mas grandes y espan
tosas) se tienen por mejores mendigos,
y sacan mas limosna. Mendigos somos
nosotros; los mas miserables son de me
jor condicion, y los mira de mejor gana
la misericordia de Dios. Humillémonos,
pues, y no pongamos á la puerta del
— 105 —
templo de la divina piedad sino nues
tras llagas y miserias; pero acuérdese V.
de manifestarlas con alegría, consolán
dose de ser toda vacía, toda viuda, para
que Nuestro Señor la llene de su reino.
Sea V. dulce y afable con todos, fuera
de aquellos que le quisieren quitar esa
su gloria , que es la miseria y la perfec
ta viudez de V. En mis miserias me glo
rio, dice el Apóstol; mejores morir, que
perder mi gloria. ¿No ve V. ? mas quie
re morir, que perder sus miserias, que
son su gloria.
Conviene guardar muy bien la mise
ria y la bajeza de V., porque Dios la
mira, como hizo con la de la santísima
Virgen. Los hombres miran lo de fuera,
mas Dios atiende al corazon. Si ve nues
tra miseria en él , nos hará grandes
mercedes. Esta humildad conserva la
castidad. Esta es la razon por que aque
lla alma bellísima se titula lirio de los
valles. Esté, pues, V. alegremente hu
— 106 —
milde delante de Dios ; pero esté tam
bien igualmente alegre y humilde de
lante del mundo: alégrese de que el
mundo no haga caso de V. Si él estima
á V., búrlese gustosamente, y ríase de
su juicio , y de su miseria , que le reco
ge. Si no la estima á V., consuélese ale
gremente de que, por lo menos en esto,
el mundo obra conforme á la verdad.
En cuanto á lo exterior, no afecte Y.
la humildad visiblemente, pero tampo
co la rehuya: abrácela, pero siempre
gustosamente. Me parece bien que una
persona se abata algunas veces á servi
cios bajos, aunque sea con los inferiores
y soberbios, con los enfermos y pobres,
con los de casa y fuera de ella ; pero que
esto sea siempre natural y alegremente.
Repito esto muchas veces, porque viene
á ser la clave de este misterio para V.
y para mí; y aun digo mas, y digo ca
ritativamente; porque la caridad , dice
san Bernardo , es alegre ; y antes lo dijo
- 107 -
san Pablo. Los oficios humildes y de ex
terior humildad no son mas que la cor
teza , pero esla conserva el fruto.
Continúe V. sus comuniones y ejerci
cios como le tengo escrito, y este año si
ga V. puntualmente en la meditacion de
la vida y muerte de Nuestro Señor : esta
es la puerta del cielo. Si V. se compla
ce en tratarla aprenderá sus misterios.
Tenga V. gran valor y mucho aliento:
no le pierda por rumores, y sobre lodo
en las tentaciones de la fe. Nuestro ene
migo es un gran ladrador ; no le dé á V.
cuidado, porque no podrá morderle, yo
lo sé bien : búrlese V. de él , y déjele
hacer : no le responda , sino haciéndole
un desprecio , porque todo eso no vale
nada. Harto ha gritado á los Santos , y
harto estruendo ha hecho contra ellos :
pero ¿qué ha sacado de esto? Verlos
asentar en la silla que el miserable per
dió.
Quisiera que viese V. el cap. xli del
— 108 —
Camino de perfecciondesanta. Teresa, que
le ayudará bien á entender lo que tan
tas veces le tengo dicho; que no convie
ne escrupulizar mucho en el ejercicio de
las virtudes, sino que se ha de caminar
franca é ingénuamente , á la francesa
antigua (1), con libertad, á la pata llana,
y grosso modo: por esto temo yo el espí
ritu apretado y melancólico. No , mi
querida hija; deseo que tenga V. un co
razon generoso y grande en el camino
de Nuestro Señor, pero humilde, dulce
y sin relajacion.
Me encomiendo en las pequeñas, pe
ro fervorosas oraciones de nuestro Celso
Benigno ; y si Amata comienza á tener
algunos pequeños afectos para mí, me
serán muy gratos. Doy á V. y á su co
razon de viuda y á sus hijos todos los
(1 ) Nosotros podemos decir muy bien á la anti
gua española. Las palabras grosso modo las dice
san Francisco aquí para significar sencillamente;
en otras cartas las usa para signiücar una cosa en
globo ó por mayor.
— 109 —
dias á Nuestro Señor ofreciéndole su
hijo. Ruegue V. por mí, para que al
gun dia nos podamos ver con todos los
Santos en el cielo: mi deseo no se mide
menos que con la eternidad; el dulce Je
sús nos la quiera conceder en su amor y
cariño. Amen.
Soy, pues, todo de V. en Jesucristo,
Francisco, Obispo de Ginebra.
Dia de Todos los Santos, 1605.
CARTA XVII.
k UNA RELIGIOSA DE LA VISITACION.
Inconvenientes de los pleitos. Que todo lo
que se llama prudencia mundana es una
verdadera necedad (1).
Madre carísima : Si conoce V. que se
rá mas útil detenerse allá algun tiempo,
aunque lo repugnen mis sentidos, no
deje de quedarse gustosa, pues meale-
(1) Esta carta es la LV del libro III en la tra
duccion española.
— 110 —
grode sujetar áeste hombre exterior; y
llamo hombre exterior á mi espíritu mis
mo, en cuanto sigue sus inclinaciones
naturales. Yed aquí, muy amada hija,
que escribo segun mi verdadero dictá-
men. Esta es una verdad : continuamen
te se confiesan los hombres por hijos del
Evangelio, y cási ninguno tiene sus
máximas en la estimacion que debe. Te
nemos muchas pretensiones y designios ;
queremos muchas cosas ; queremos los
méritos del Calvario, y las consolacio
nes del Tabor, todo á la vez : tener los
favores de Dios, y los del mundo.
Por lo que hace á pleitear, de ningu
na manera: Á aquel que te quiere quitar
la capa , dale tambien la túnica. Mas
¿qué pensamiento es el de esa mujer?
cuatro vidas de las suyas no bastarían
para acabar su negocio por via de jus
ticia. ¿Quién muere de hambre y sed de
justicia, por ser bienaventurado? ¿Es
posible que sus hermanas no le quieran
— 111 -
dar cosa alguna? Mas si tal fuere, ¿es
posible que los hijos de Dios quieran te
ner todo lo que les toca , no habiendo
querido su padre Jesucristo tener cosa
de este mundo, que le pertenecía?
¡Oh Dios mio, cuánto bien le deseo !
mas sobre todo, la suavidad de la paz
del Espíritu Santo, y el reposo que de
be teneren los juicios que formo de ella ;
porque puedo decirle que estoy seguro
de que son segun Dios; y no solo eso,
sino que son de Dios. ¿Qué necesidad
hay de tantos negocios para una vida
tan pasajera, y de hacer cuadros relum
brantes para una estampita de papel?
Dígole á V. paternalmente midiclámen,
porque es cierto que la amo increíble
mente ; pero lo digo delante de Nuestro
Señor, que sabe que no miento. Bien
quisiera volver á ganar su corazon para
Dios. Siempre me acuerdo que esta hija
corrió un tiempo fuerte y ligeramente
hácia el amor de Dios y desapropiamien
— 112 —
to de sí misma. ¡ Olí ! pluguiese á Dios
que jamás se hubiese marchado de aquí !
Su divina Majestad hubiera hallado otros
medios para hacer lo que ella ha hecho.
Con todo eso me corrijo, y digo, que Dios
lo ha hecho y permitido muy bien ; y es
pero que, como sin nosotros nos dio esta
hija, sin nosotros tambien nos la volve
rá , si así fuere su beneplácito ; mas in
citarla á que se venga, no conviene. Si
Dios expresamente nos da á entender
que Él lo quiere, menester es dejarle ha
cer en este punto á Él solo segun su
prudencia divina. ¡Oh madre mia! te
mo sumamente la prudencia natural,
cuando se mete á discernir las cosas de
la gracia ; y si la prudencia de serpien
te no se hubiera convertido en la senci
lla de la paloma del Espíritu Santo, fue
ra de todo punto venenosa. ¿Qué mas
le diré? No otra cosa, muy amada ma
dre, sino que quiero su corazon como el
mio propio, si entre nosotros se puede
— 113 —
decir mio y tuyo, donde Dios ha esta
blecido una invariable é indisoluble
unidad: bendito sea eternamente. Amen.
Año 1621.
Francisco, Obispo de Ginebra.
CARTA XVIII.
Á UNA RELIGIOSA.
Muéstrale las señales por donde se puede
conocer si nuestros afectos de devocion
vienen de Dios, ó del espíritu malig
no (1).
Mi muy cara y amada hermana é hi
ja en Jesucristo: Dios solo sea nuestro
reposo y consuelo. He recibido sus dos
cartas por medio del señor presiden
te Fabro , algo mas tarde de lo que V.
piensa y yo quisiera; pero bastante
(1) Esta carta es la XVTII del libro II en la ver
sion española.
8 CARTAS.
— 114 —
presto para el consuelo que me han da
do, viendo en ellas algun testimonio de
la enmienda de su espíritu ; ¡ alabado sea
Dios eternamente! Por respuesta diré:
lo primero, que no quiero que use V.
conmigo palabra alguna de ceremonia
ni excusa, pues por la voluntad de Dios,
yo le tengo toda la aficion que pudiera
desear, para que nada me embarace.
Amo su espíritu firmemente, porque
entiendo que Dios le ama, y tierna
mente, aunque todavía le veo jóven
y"débil. Tenga V., pues, entera con
fianza y libertad en escribirme , y pedir
todo lo que le pareciere conveniente á
su bien , y esto quede dicho de una vez
para siempre. Veo en su carta una con
tradiccion, la cual ha puesto sin pensar ;
porque me dice que está libre de inquie
tud, y con todo eso veo á V. toda inquie
ta en buscar una precipitada perfeccion.
Tenga V. paciencia , y le diré luego á
lo que esto se reduce.
— 115 —
Pregúntame si debe recibir y aceptar
los afectos , porque sin ellos su espíritu
enferma; mas no obstante, no los puede
V. recibir sino con sospecha, y le pare
ce que los debe desechar. Cuando me
escriba de cosas semejantes, póngame
alguna que otra vez ejemplo de la ac
cion de que me pedia consejo, como se
rá decir alguno de aquellos afectos que
le hubiere causado mas sospecha para no
recibirle: porque así comprenderé me
jor su intencion. Ahora oiga V. mi pa
recer acerca de esa pregunta.
Los afectos y dulzuras pueden ser del
amigo ó del enemigo ; es decir, del ma
ligno ó del Bonísimo : puédese conocer
de dónde vienen por ciertas señales, que
no sabré bien decirlas todas. Vea V.
aquí solamente algunas, que bastarán.
Cuando no nos ocupamos en ellos, sino
que nos sirven como de recreacion para
despues hacermas constantemente nues
tra obra , y el ejercicio en que Dios nos
8*
— 116 —
ba puesto, es buena señal ; porque Dios
nos los da alguna vez para este efecto.
El Señor condesciende con nuestra fla
queza, ve nuestro apetito espiritual des
ganado, y nos da un poco de salsa , no
para que comamos solo de ella, sino
para que nos anime á comer la vianda
sólida. Será, pues, una buena señal
cuando no nos paramos en los afectos,
porque el maligno cuando los da, quie
re que el alma se detenga en ellos , y
que no comiendo mas que la salsa, nues
tro estómago espiritual se debilite y
gaste poco á poco.
2. Segundo, los afectos buenos no
nos sugieren pensamientos de soberbia;
antes por el contrario, si el maligno to
ma ocasion de ellos para darnos seme
jantes pensamientos, nos fortalecen á
desecharlos , de suerte que la parte su
perior queda toda humilde y rendida,
reconociendo que Cáleb y Josué no hu
bieran traido el racimo de la tierra de
— 117 -
promision para excitar á los israelitas á
la conquista de ella, si no hubieran
pensado que sus ánimos estaban debili
tados, y necesitaban de ser estimulados.
Así que en lugar de estimarle en algo
por los afectos, la parte superior juzga
y reconoce su flaqueza y se humilla amo
rosamente delante de su esposo, que
derrama su bálsamo, y esparce su olor,
para que las tiernas doncellitas y almas
débiles, como ella, le reconozan y amen.
Pero allá donde nos tienta el afecto ma
lo, en lugar de hacernos pensar en
nuestra flaqueza, nos hace entender que
se nos da por recompensa y galardon.
3. En pasando el afecto bueno , no
nos deja desalentados, sino fortalecidos,
ni tristes, sino consolados: el malo al
contrario, cuando viene nos da alguna
alegría, y en yéndose nos deja llenos de
congoja.
4. Cuando se va, el afecto bueno
nos encomienda que en su ausencia aca
— 118 —
riciemos, sirvamos, y sigamos la virtud,
pará cuyo adelantamiento nos fue dado :
el malo nos hace creer que con él se va
la virtud y que no la podrémos seguir
bien.
5. En fin , el bueno de ninguna ma
nera desea ser amado, sino solamente
que sea amado Aquel que le da, no por
que él no nos dé motivo para amarle;
pero no es esto lo que él busca ; el malo
quiere que le amen á él sobre todo.
6. Por esto el bueno no nos aprieta
á buscarle ni á regalarle; mas la virtud
que nos procura el malo , nos apremia é
inquieta á buscarla incesantemente. Por
estas cuatro ó cinco señales podrá V.
conocer de dónde vienen esos sus afec
tos; y si vienen de Dios, no es necesa
rio desecharlos; pero reconociendo que
es todavía una criatura pobre y peque
ña, reciba V. el alimento de los pechos
de su eterno Padre, que por la compa
sion que le tiene, hace con V. tambien
— 119 —
el oficio de madre : Tus pechos (dice la
esposa á su amado ) son mejores que el
vino, fragantes y olorosos mas que el bál
samo y los ungüentos buenos. Compáran
se al vino , porque alegran , animan y
ayudan al estómago espiritual para ha
cer buena digestion , el cual sin estos
consuelitos , no pudiera algunas veces di
gerir los trabajos queleconviene recibir.
Recíbalos V., pues, en nombre de Dios
con esta sola condicion, que esté apare
jada á no recibirlos, á no amarlos, y á
desecharlos cuando conociere, porel con
sejo de los superiores, que no son bue
nos ni de la gloria de Dios ; ya vivir sin
elios cuando Dios la juzgare digna y ca
paz. Recíbalos, pues, digo yo, mi que
rida hermana , teniéndose por flaca de
estómago espiritual , pues el médico le
da ese vino , no obstante las calenturas
de imperfecciones que le duran; que. si
san Pablo aconseja el vino á su discípu
lo por la flaqueza corporal, yo puedo
— 120 —
aconsejar á V. el espiritual por la debi
lidad espiritual.
Esta es mi respuesta bien clara, á mi
parecer, á que añado, que jamás pon
ga V. dificultad en recibir lo que Dios
le envia á diestro y á siniestro , con la
preparacion y resignacion que he dicho ;
y cuando fuera la mas perfecta del mun -
do, no debiera rehusar lo que Dios le
diese, con tal que estuviera pronta á re
husarlo, si tal fuese su gusto. No obs
tante debe V. creer que cuando Dios le
envia esos sentimientos, es por imper
feccion de V., con la cual debe pelear,
no con los que sirven contra ella. Y en
cuanto á V., solo tengo un escrúpulo, en
lo que me dice que estos afectos son de
la criatura; pero yo entiendo que ha
querido decir que vienen á V. por la
criatura, y no obstante, de Dios; por
que me parece que en lo restante de la
carta me da motivos para creerlo; mas
cuando fuesen de la criatura, no serán
— 121 —
todavía de desechar , pues conducen á
Dios, ó á lo menos los refiere V. á Él ; so
lamente será necesario tener cuidado de
no dejarse prendar, segun las reglas ge
nerales, del uso de las criaturas. Ahora
diré á V. lo que le he prometido.
1.° Paréceme que la veo á V. apre
tada con grande inquietud en busca de
la perfeccion; porque esto es lo que le
hace temer esos afectós y consueütos :
diréá V. de veras como está escrito en
el libro de los Reyes : Dios no está ni en
el viento fuerte, ni en la conmocion, ni en
estos fuegos , sino en la dulce y tranquila
brisa de un viento casi imperceptible. De
je V. gobernar á Dios, no piense tanto
en sí misma si quiere que yo la gobier
ne : pues que su madre maestra lo quie
re, lo haré de buena gana, y le man
daré primeramente, que teniendo una
general y universal resolucion de servir
á Dios, en la mejor forma que le sea po
sible, no se ocupe en examinar ni escu-
- 121 -
La olra razon es, que este exámen,
cuando se hace con ansia y perplejidad,
no es mas que perder el tiempo, y los
que le hacen parecen á los soldados que
por prepararse á la batalla , traban entre
sí tantas peleas y escaramuzas, que cuan
do llegue la ocasion se hallan cansados
y flojos; ó como los músicos que se en
ronquecen á fuerza de ensayarse para
cantar un villancico; porque el espíritu
se fatiga en este exámen tan grande y
continuo , y cuando viene el caso de la
ejecucion , no tiene fuerza. Este es mi
primer mandato.
2.° El otro á continuacion del pri
mero. Si vuestro ojo fuere sencillo, todo
vuestro cuerpolo será, dice el Salvador.
Procure V. simplificar su juicio, no ha
ga tanta reflexion ni réplicas, sino vaya
sencillamente y con confianza. Para V.
no hay en este mundo mas que Dios
y V. : lodo lo demás no debe locarlo si
no á medida que Dios lo manda y como
- 125 —
Él lo mandare: ruégole á V. que no
mire tanío acá y allá ; tenga su vista re
cogida en Dios y en sí misma , y no ve
rá á Dios jamás sin bondad , ni á sí mis
ma sin miseria : verá V. su bondad
propicia con la miseria de V., y esta
miseria objeto de la bondad y misericor
dia de Él. Nada, pues, mire V. sino esto;
mirar digo con una mirada lija, queda
y expresa, y todo lo demás de paso. No
mire V. tampoco lo que hacen los oíros
ni lo que les sucederá; pero mírelos con
ojos sencillos, buenos y afectuosos; no
busque Y. en ellos mas perfeccion que
en V., y no se admire de la diversidad
de imperfecciones; porque la imperfec
cion no es mas imperfeccion por ser ex
travagante y extraña: haga V. como las
abejas, sacar la miel de todas la flores
y yerbas.
3. Mi tercer mandato es, que ha
ga V. como los niños, que mientras
sienten que su madre los tiene de las
— 126 —
faldas, andan y corren atrevidamente, y
no se espantan de los pequeños tropezo
nes que la flaqueza de sus piernas les
hace dar: así, mientras que advierta
que Dios la sostiene á V. por la buena
voluntad y resolucion que le ha dado en
servirle, ande animosamente, no se es
pante de los pequeños vaivenes y tropie
zos que diere, y procure no enojarse,
con tal que de cuando en cuando se ar
roje en sus brazos y le bese con beso de
caridad. Ande V. alegremente y con el
corazon sencillo lo mas que pueda, y si
no anduviere siempre alegremente, an
de siempre animosa y confiadamente.
No huya la compañía de las hermanas*
aunque no sea conforme á su gusto ; an
tes huya de su propio gusto , que no sea
conforme á la conversacion de las her
manas. Ame V. la santa virtud del su
frimiento y de la santa dulzura: Porque
así (dice san Pablo) cumpliréis la ley de
Jesucristo. En fin, Dios le ha dado un
— 127 —
padre temporal, del cual puede tomar
mucho consuelo espiritual: no ame mas
su espíritu que su cuerpo, tome sus
consejos como de Dios; porque su divi
na Majestad dará á V. mucha bendicion
por intercesion suya. Haine enviado su
traduccion de la Institucion espiritual por
Ludovico Blosio, hela hecho leer en la
mesa, y me ha gustado increíblemente,
y ruego á V. que la lea y la estime,
porque lo merece.
Además de esto , cuando le sobrevi
nieren á V. dudas en este camino que
ha resuelto seguir , le advierto que no
se valga solo de mí , porque estoy muy
apartado de V. para asistirle , y esto le
hará enfermar mucho : no faltan ahí pa
dres espirituales que la puedan ayudar :
válgase de ellos con confianza. Esto no
es por deseo que yo tenga de no recibir
sus cartas , porque antes me dan mucho
consuelo , y las deseo de veras con to
das las particularidades de afecto de su
— 128 —
espíritu; y lo extenso de esta le asegu
rará bastante que no me canso de es
cribirle; sino porque no pierda V. tiem
po , y para que esperando el socorro de
tan lejos , no sea V. acometida y menos
cabada del enemigo. En cuanto á mis
sacrificios, no dude V. que en ellos tie
ne perpetuamente parte; todos los dias
ofrezco á Y. sobre el altar con los hijos
de Dios; espero que á su divina Majes
tad le será agradable. Asegure V. lo
mismo á nuestra hermana Ana Se-
guier, mi hija muy amada en Jesucris
to, y á la señora maestra de V., cuyas
expresiones di al buen Mr. Nouvelet,
que se holgó mucho con ellas. Si supie
ra Y. la gran multitud de negocios que
tengo y los embarazos de este cargo, se
compadecería de mí, y me encomenda
ría alguna vez á Dios , para que le fue
ra muy agradable. Así lo suplico á. Y. y
á la hermana Ana Seguier, que diga á.
Dios como el Salmista : Vuestro soy, sal
— 129 —
vadme; y como la Magdalena estando á
sus piés, Rabboni. ¡ Ay Maestro mio!
Despues déjele obrar, él hará de V.,
sin V., en V. y no obstante por V. y pa
ra V. la santificación de su nombre, al
cual sea honra y gloria.
Su afectísimo y humilde servidor en
Jesucristo ,
Francisco, Obispo de Ginebra.
Annecy, 16 de enero de 1603.
CARTA XIX.
Á ÜNA RELIGIOSA DE LA VISITACION.
La instruye en el conocimiento de los bue
nos deseos, y de su diferencia, y de lo
que se ha de hacer cuando inquietan en
la meditacion imaginaciones torpes (1).
Muy amada hija: Dos clases hay de
buenos deseos, una de aquellos que au-
(1) Esta carta es la XXII del libro II en la version
española, y la CCCXXXIV de la edicion francesa.
9 CARTAS.
— 130 —
mentan la gracia y gloria de los sier
vos de Dios, la otra de aquellos que na
da obran. Los deseos de la primera es
pecie se expresan así : — Yo quisiera,
por ejemplo, dar limosna ; pero no pue
do darla, porque no tengo con qué.
Estos deseos aumentan grandemente la
caridad y santifican el alma. Así las al
mas devotas desean el martirio, los opro
bios y la cruz, que no obstante no pue
den alcanzar. Los deseos de la segunda
especie se expresan así: — Yo desearía
hacer limosna, pero no la quiero hacer :
y estos deseos no son pecado por la im
posibilidad, sino por la flojedad, tibieza
y falta de ánimo , por la cual dice san
Bernardo, que el infierno está lleno de
ellos. Es verdad, que para la entera re
solucion de esa dificultad es necesario
que note V. que hay deseos que pare
cen ser de la segunda clase, que con to
do eso son de la primera ; como al con
trario , algunos hay que parecen ser de
— 131 —
la primera, y son de la segunda. Pongo
por ejemplo. Ningun siervo de Dios
puede estar sin este deseo: ¡ Oh cuánto
deseo servir mejor á Dios ! ¡ Ay ! ¿ Cuán
do le serviré á medida de mi deseo? Y
siendo así que podemos ir de mejor en
mejor, se conoce que los efectos de es
tos deseos no tienen otro estorbo que
la falta de resolucion; pero tampoco es
to es verdad, porque el embarazo tam
bien les viene por la condicion de esta
vida mortal , en la cual no es tan fácil
hacer como desear ; y por esta razon es
tos deseos en general son buenos, y cau
san mejoría en el alma, encendiéndola
y aficionándola á su adelantamiento.
Mas cuando en particular se ofrece al
guna ocasion de aprovecharse, en lugar
de procurar ejecutarlo, se queda todo en
deseo, como por ejemplo: ofrécese oca
sion de perdonar una injuria , de renun
ciar á la propia voluntad en algun asun
to particular ; y en lugar de conceder el
9*
— 132 -
perdon ó de renunciar, digo solamente :
— Bien quisiera perdonar, pero no sé ;
bien quisiera renunciar , pero no hallo
modo. ¿Quién no ve que esle deseo es
un embaucamiento, y que antes me ha
ce mas culpable en tener una tan fuerte
inclinacion al bien, y no querer efectuar
la? Y estos deseos tenidos así , parecen
de la primera clase, y son de la segun
da. Ahora le será á V. fácil el resolver
su duda , como yo creo ; y si le quedare
alguna dificultad, escríbamela, que tar
de ó temprano responderé de todo mi
corazon , que ciertamente es de V.
Las almas que son tentadas de imagi
naciones indecentes en las meditaciones
de la vida y muerte de nuestro Salva
dor, deben cuanto pudieren represen
tarse los misterios simplemente por fe,
sin servirse de la imaginacion. Pongo
ejemplo. Mi Salvador fue crucificado;
esta es una proposicion de fe. Basta que
yo la aprenda simplemente, sin imagi
— 133 —
nar cómo su cuerpo pendia de la cruz ;
y luego que las imaginaciones desho
nestas quieran nacer, conviene volverse,
y retirarse con afectos sacados de la fe.
¡Oh Jesús crucificado! yo adoro vues
tros tormentos, vuestras penas, vuestro
trabajo: Vos sois mi salud. Porque,
querer por estas torpes representaciones
dejar la meditacion de la vida y muerte
de Nuestro Señor, es hacerle el juego al
enemigo , que por este medio trata de
privarnos de nuestra mayor dicha. Con
viene, pues, guardarse, y volver al ca
mino de la fe sencilla. Verdaderamente
yo escribo sin sosiego; pero V. con su
benignidad lo suplirá. Otra vez escribi
ré á las hermanas N. N. y despues á mi
hermana M., y entre tanto las saludo
con afecto, rogándoles me encomienden
á Dios , como tambien mi hermana Fr.
y todas las otras que extremadamente
amo en la cruz del Salvador. Saludo al
señor capellan, y soy todo suyo. Adios,
— 134 —
eternamente seamos de Dios, para amar
le y bendecirle sin cesar.
Francisco, Obispo de Ginebra.
CARTA. XX.
Á UNA ABADESA.
Muéstrala en qué consiste la devocion, los
medios de que se ha de valer para con
seguirla , y leda muchos consejos para
empezar á reformar su monasterio, con
una meditacion para prepararse d la
comunion al principio del mes (1).
1. Señora , tiene V. dos cualidades,
porque es religiosa y abadesa : es nece
sario servir á Dios en una y otra , y á
ello se han de encaminar todos sus de
signios , ejercicios y afectos.
2. Gomo a particular acuérdese V.
que no hay cosa tan dichosa como una
(1) Esta carta es la XXXI del libro II en la
version española.
1
— 135 —
religiosa devota , ni tan desdichada co
mo una religiosa sin devocion.
3. La devocion no es otra cosa que
la prontitud, fervor, aficion y movimien
to que una persona tiene al servicio de
Dios, y esta diferencia hay entre un
hombre bueno y un hombre devoto;
que el bueno guarda los mandamientos
de Dios, aunque no sea con grande pron •
titud ni fervor; pero el devoto no sola
mente los guarda , pero los guarda vo
luntaria y prontamente y con grande
valor.
i. La verdadera religiosa debe ser
devota y procurar tener una grande
prontitud y fervor: para conseguir es
to, es necesario poner cuidado en que
la conciencia no esté cargada de algun
pecado , porque la culpa es de un peso
tan grande, que el que la lleva no puede
caminar cuesta arriba. Esta es la causa
por que conviene confesarse a menudo,
y no dejar jamás dormir el pecado en
— 136 —
nuestro seno. Lo segundo, es necesario
quitar todo lo que puede servir de lazo
á los afectos de nuestra alma , que son
las aficiones, las cuales se han de apar
tar y desasir de todo objeto, no solo ma
lo , sino de aquel que no es muy bueno ;
porque un caballo clavado ó con trabas,
no puede correr.
5. Demás de esto , es menester pe
dir á Nuestro Señor esta prontitud, y
por eso ejercitarse en la oracion y me
ditacion , no dejando pasar algun dia sin
tenerla, por espacio de una horila; y en
cuanto á la oracion, le advierto á V.
que primeramente no debe dejar nunca
el oficio ordinario , que es precepto de
la Iglesia , y antes se han de omitir to
das las otras oraciones. Segundo , des
pues del oficio , se ha de preferir la me
ditacion á todos los otros rezos; porque
ella le será mas útil, y mas agradable á
Dios. Tercero , use V. de oraciones ja
culatorias, que son unos suspiros de
— 137 —
amor, que el alma envia á Dios para
pedir su ayuda y socorro , para lo cual
le servirá de mucho guardar en su ima
ginacion el punto de la meditacion que
mas le hubiere gustado , para rumiarle
en el discurso del dia , como se usa del
libro de memoria para el cuerpo. Tam
bien para esto le servirá á V. una imá-
gen devota pendiente del cuello ó del ro
sario , trayéndola en las manos y besán
dola á menudo en honra de aquel que
representa; y luego que dé el reloj de
cir alguna oracioncita con el corazon ó
la boca, como por ejemplo: [Viva Je
sús ! ó bien, hora es ya de dispertar; ó
bien, mi hora se acerca, y otras seme
jantes. Lo cuarto, no pasar dia alguifo,
si es posible, sin leer algun poco en al
gun libro espiritual, y tambien antes de
la meditacion, para excitar el apetito
espiritual.
6. Tenga V. por costumbre ponerse
en la presencia de Dios por la noche an
— 138 -
tes de acostarse, dándole gracias porque
le ha conservado haciendo el exámen de
conciencia, como lo enseñan los libros
espirituales. Á la mañana haga V. lo
mismo, disponiéndose á servir á Dios
todo el dia, ofreciéndose á su amor y
dedicándole el suyo. He entendido que
por la mañana tiene V. su meditacion,
y que por la tarde antes suele leer el
punto que quiere meditar en Fr. Luis
de Granada , Belinlany ú otro seme
jante.
7. Para adquirir la santa prontitud
en practicar bien las virtudes , no deje
pasar ningun dia sin ejercitar alguna
accion particular á este intento, porque
el ejercicio sirve maravillosamente para
facilitar el camino á toda suerte de ope
raciones.
8. No deje V. jamás, por este prin
cipio, de comulgar todas las primeras
semanas del mes, además de las fiestas
principales, y en la tarde antes confesar
— 139 —
y ejercitar una sania reverencia y ale
gría espiritual de ver que es V. tan di
chosa que ha de recibir á su dulce Sal
vador , y hacer luego nueva resolucion
de servirle fervorosamente , la cual ha
biéndole recibido es necesario confirmar,
no por voto, sino por un propósito bue
no y firme. E1 dia de la comunion lo
pasará V. lo mas devoto que pueda,
suspirando al que está dentro de V., y
mirándolecontinuamente con los ojos in
teriores sentado en su corazon, como en
su trono; y hará que vengan los senti
dos uno tras otro, y las potencias, para
oir sus preceptos y jurarle fidelidad.
Esto se ha de hacer despues de la co
munion , por una corta meditacion de
media hora.
9. Guárdese V. de mostrarse me
lancólica é importuna á los que la asis
ten, porque no lo atribuyan á la devo
cion y la menosprecien; antes por el
contrario, les comunicará V. lo que mas
— 140 —
pudiere de consuelo y contento, para que
eso los baga honrar y estimar la devo
cion y desearla.
10. Procure V. el espíritu de dul
zura, alegría y humildad , que son los
mas propios de la devocion , como tam
bien la tranquilidad , sin acongojarse
por esto ni por lo otro, sino andar el
camino de devocion con una entera con
fianza en la misericordia de Dios , que le
guiará por la mano hasta la patria ce
lestial , y para esto guárdese de riñas y
altercados.
11. En cuanto á la calidad de aba
desa, que es decir, madre de un monas
terio, le obliga á V. á que procure el
bien de todas sus religiosas, por la per
feccion de sus almas, y por consiguien
te á reformar sus costumbres y toda la
casa.
12. El modo de hacer esto, al prin
cipio, debe ser dulce, gracioso y alegre,
sin comenzar por la reprension de cosas
— 141 —
que han sido toleradas hasta ahora: lo
que debe V. hacer es, mostrar, sin de
cirles palabra, todo lo contrario en su vi
da y conversacion, ocupándose delante
de ellas en santos ejercicios , como será
haciendo algunas veces oraciones en la
iglesia, ó también la meditacion, rezan
do el Rosario, haciendo leer algun libro
espiritual, mientras trabajase con la agu
ja, acariciándolas mas dulce y modesta
mente que nunca, haciendo una especial
amistad con aquellas que se aplicaren á
la devocion, no dejando por eso de aca
riciar á las otras, para ganarlas y atraer
las al mismo camino.
13. Sea V. muy parca en las con
versaciones mundanas, y no permita,
sino cuando no pudiere menos, que se
tengan en su celda , para procurar poco
á poco que el dormitorio de las religio
sas esté enteramente exento de esto; lo
cual será bien necesario, y un gran me
dio para ello el ejemplo.
— 142 —
14. Durante la comida procure V.
que se lea algun buen libro espiritual,
como Fr. Luis de Granada , el Kempis
ó Desprecio del mundo, Gerson, Belin-
tany y otros tales, y procure que esto
sea todos los dias.
15. En el oficio conviene que la
postura devota dé á todas las religiosas
regla de modestia y reverencia, lo cual
fácilmente hará V., si se pone en la pre
sencia de Dios al principio de cada ofi
cio. Entiendo que seria cosa útil y pro
vechosa introducir el Breviario del con
cilio Tridentino.
16. No pretenda V. al principio
mucha austeridad, sino ser agradable á
todo el mundo , fuera de las personas
muy mundanas , con las cuales convie
ne ser corta y retraída.
17. Será bueno que se valga V. de
sus religiosas para que la ayuden en el
gobierno de las cosas temporales, y pa
ra que tenga mas comodidad de aplicar
- 143 —
se á lo espiritual y á los oficios de ca
ridad.
18. En fin, no se acongoje V. en
estos principios , sino ejecute aquello
que hiciere, tan alegre y con tanta sua
vidad, que todas sus hijas lomen ocasion
de querer abrazar la devocion poco á
poco; y cuando las viere embarcadas,
entonces convendrá tratar mas entera
mente de restaurar la perfeccion y la re
gla, que será el mayor servicio que
puede V. hacer á Nuestro Señor: pero
todo esto debe proceder no tanto de la
autoridad como del ejemplo y dulce go
bierno.
19. Dios la llama á V. para todas
sus santas obras: escúchele y obedézca-
le. Jamás piense que ha empleado mu
cho trabajo y paciencia en prosecucion
de un tan gran bien , que será muy di
chosa si al fin de sus dias puede decir
como Nuestro Señor : He consumado y
'perfeccionado la obra que habeis puesto
— 144 -
en mis manos. Deséelo V. y procúrelo :
piense en ello y suplíquelo, que Dios,
que ha dado á V. la voluntad para de
sear , le dará fuerzas para hacerlo bien.
Meditacion para el principio de cada mes,
antes de la comunion.
Poneos en la presencia de Dios ( 1 ) :
suplicadle que os inspire: imaginad que
sois una pobre criada de Nuestro Señor,
que os ha puesto en este mundo, como
en su casa.
1. Pedidle con humildad os declare
para qué os ha puesto en ella , y consi
derad que no es por alguna necesidad
que de vos tenga, sino para ejercitar
con vos su liberalidad y bondad : porque
para daros el cielo, y para que le podais
conseguir os dio el entendimiento para
(1) Se ha dejado en esta parte de la carta el tra
tamiento francés Vos, porque en las meditaciones
no desdice , pudiendo servir á muchos á la vez.
— 145 —
conocerle, la memoria para acordaros de
Él , la voluntad y el corazon para amar
le, y á vuestro prójimo, la imaginacion
para que os le representeis con sus be
neficios; y todos vuestros sentidos para
que le sirvais, las orejas para oir sus
alabanzas, la lengua para repetirlas, los
ojos para contemplar sus maravillas, y
así de los demás.
2. Considerad, que siendo criada
para este fin, todas las acciones contra
rias á él se deben evitar con mucho
esmero, y las que nada conducen á él
se deben menospreciar.
3. Considerad la desdicha grande
que hay en el mundo, pues se ve que la
mayor parte de los hombres de ninguna
manera piensan en esto, antes les pare
ce que están en el mundo para edificar
casas, arreglar jardines, poseer viñas,
juntar oro, y otras cosas transitorias por
el estilo.
4. Representaos vuestra miseria,
10 CARTAS.
— 146 —
que algun tiempo ha sido tañ grande,
que habeis sido de los de este número.
¡Ay Señor! diréis; ¿qué pensaba yo
cuando no pensaba en Vos ? ¿De qué me
acordaba cuando me olvidaba de Vos?
¿Qué amaba cuando no os amaba? ¿No
era miserable en seguir la vanidad en
lugar de la verdad ? El mundo , que fue
hecho para servirme, mandaba en mí
y tenia señorío sobre mis aficiones. Os
renuncio, pensamientos vanos, recuer
dos inútiles, amistades infieles, servi
cios perdidos y miserables.
Resolveos y haced firme propósito de
aquí en adelante de ocuparos fielmente
en lo que Dios quisiere de vos, dicién-
dole:— Vos seréis desde hoy la única
luz de mi entendimiento , Vos seréis el
objeto de mi memoria , que no se ocu
pará en mas, que en representarme la
grandeza de vuestra bondad tan dulce
mente ejercitada conmigo , y Vos seréis
las únicas delicias de mi corazon, y el
único amado de mi alma.
— 147 —
Aplicación particular.
¡ Oh Señor I tengo tales y tales pen
samientos; pero de aquí en adelanteme
abstendré de ellos. Tengo mucha me
moria de agravios é injurias ; pero la
perderé desde hoy. Tengo mi corazon
todavía pegado á tal y tal cosa , que es
inútil ó perjudicial á vuestro servicio y
á la perfeccion del amor que os debo;
la retiraré y desprenderé enteramente,
mediante vuestra gracia, para que todo
lo pueda consagrar á serviros.
Rogad á Dios fervorosamente que os
baga esta gracia, y practicadla este
mismo dia en cualquier cosa tocante á
este punto. Repetid á menudo las pala
bras de san Bernardo, y á su imitacion
excitando vuestro corazon, decid (1): —
Rosa, ¿á qué viniste á este mundo ?
(1) Alude al dicho de san Bernardo : Ad quid
venitti, Bernardo? Bernardo, iá qué has venido
al monasterio ?
10*
— 148 —
¿Qué haces? ¿Haces lo que mi Señor ha
puesto á tu cargo, y aquello para lo que
te envió á este mundo , y por lo que te
conserva?
Ninguno será coronado de rosas que
primero no lo sea de las espinas de
Nuestro Señor. El que desea vuestra
perfeccion en Dios, en cuyas entrañas es
Vuestro muy humilde servidor,
Francisco , Obispo de Ginebra.
CARTA XXI.
Á UN CABALLERO.
Dale muchos buenos consejos para ejecu
tar el intento que tenia de retirarse del
mundo (1).
Señor mio: Ande V. y bendigaáNues-
tro Señor, por la favorable inspiracion
(1) Esta carta es la LXXVII del libro VI en la
versión española.
— 149 —
que le ha dado de retirarse del grande
y ostentoso boato que los de su edad
y profesion acostumbran seguir , y por
el cual ordinariamente vienen á dar en
mil vicios é inconvenientes, y de ahí
muy ordinariamente en la condenacion
eterna. En fin, para hacer fructuosa es
ta divina vocacion y para entender mas
claramente el estado que debe V. elegir
para la mayor satisfaccion de esta mise
ricordia infinita, que le convida á su
amor perfecto , le aconsejo que practi
que estos ejercicios por los tres meses
siguientes.
Primeramente, que corte V. algunas
satisfacciones sensuales, que en algun
modo pudiera tomar sin ofender á Dios;
y que para eso se levante siempre á las
seis de la mañana, ya sea que haya dor
mido bien ó mal, con tal que no esté
enfermo; porque entonces es menester
condescender con el mal : y por hacer
algo mas el viernes, levántese V. á las
— 180 —
cinco. Así tendrá mas tiempo para la
lectura y oracion.
Item, que se acostumbre V. á rezar
todos los dias , antes ó despues de la
oracion, quince Pater noster y quince
Ave Marías, extendidos los brazos en
cruz. Además de esto , renuncie V. á los
placeres del gusto, comiendo los man
jares que le pusieren á la mesa, los
cuales serán los que para V. fueren me
nos agradables, con tal que no sean mal
sanos, y dejando aquellos á que por su
gusto tuviere mas inclinacion.
Por lo demás, tambien quisiera que
algunas veces en la semana se acostara
vestido: estas pequeñas y débiles auste
ridades le servirán á V. para dos fines.
Lo uno, para alcanzar mas fácilmente la
luz de que necesita su espíritu para ha
cer la eleccion; porque la mortificacion
del cuerpo, en los que tienen buenas
las fuerzas y la salud , eleva maravillo
samente el espíritu. La otra, para ensa -
— 151 —
yarse y probar si tiene V. disposicion
para ella, y qué repugnancia hallará al
ejecutarla : esta prueba es necesaria pa
ra juzgar si es débil la inclinacion que
tiene al retiro del mundo ; y si V. es fiel
en la práctica de lo poco que le propon
go, se podrá inferir cuál será en lo mu
cho que se ejercita en las religiones.
Pida V. con instancias á Nuestro Se
ñor que le ilumine, y dígale á menudo
las palabras de san Pablo : — Señor,
¿qué quereis que haga? Domine, quid
me vis facere ? Y las de David : Doce me
facere voluntatem tuam, quia Deus meus
es tu. Sobre todo , si despertare V. en
tre noche, procure emplear bien aquel
tiempo en hablar á solas con Nuestro
Señor sobre la eleccion de estado: pro
téstele V. á menudo que resigna y deja
en sus manos la disposicion de todos los
momentos de su vida, y que se digne
emplearlos á su gusto.
No falte V. jamás á la oracion de la
— 152 —
mañana y tarde, y cuando pudiere, ten
ga un poquito de retiro antes de cenar,
para poner el corazon en Nuestro Señor.
Sean los pasatiempos que hubiere de
tener los mas vigorosos, como montará
caballo, correr y otros tales; no los
blandos , como jugar á los náipes, bi
llar, etc. Mas si en los primeros le tien
ta algo de vanagloria, dirá : « ¡ Ay I ¿de
«qué me sirve todo esto para la eterni-
«dad ?»
Comulgue V. todos los domingos, y
siempre con oraciones para alcanzar la
luz necesaria ; y en los d ias de fiesta po
dra visitar por via de ejercicio los san
tos lugares de los Capuchinos, San Ber
nardo y los Cartujos. Quiera Dios con
cederle á Y: su paz , su gracia , su luz
y su santísima consolacion. Si sintiere
que la inspiración le inclina á entrar en
religion y que su corazon se prenda, trá
telo con su confesor, y en caso de que
tome resolucion , vaya V. disponiendo
— 153 —
para eso á su abuelo, para que caiga lo
menos que fuere posible sobre la Reli
gion el enojo y disgusto de la retirada
de V., y sea V. solo sobre quien recaiga.
/ Oh qué bueno es Dios para Israel, y qué
bueno para los recios de corazon!
Puntó i.° Considere V. primera
mente que habiendo podido Dios nues
tro Señor obligar sus criaturas á toda
suerte de servicios y obediencias á su di
vina Majestad, no obstante no lo ha
querido hacer, antes se ha contentado
con obligarnos á la obediencia de sus
mandamientos; de manera que si le hu
biera agradado ordenar queayunásemos
toda nuestra vida, que hiciéramos todos
vida de ermitaños, de cartujos, de ca
puchinos, aun eslo fuera nada, respec
to de la grande obligacion que le tene
mos; y con todo eso se ha contentado
con que sencillamente guardemos sus
mandamientos.
Punto 2.° Considérese lo segundo,
— 184 —
que aunque no nos ha obligado á ma
yor servicio , que al que le hacemos al
guardar sus mandamientos ; es cierto, no
obstante eso , que nos ha llamado y acon
sejado para hacer una vida mas perfec
ta y guardar un entero abandono de las
vanidades y codicias del mundo.
Punto 3.° Lo tercero, considérese
que ya sea que abracemos los consejos
de Nuestro Señor, entregándonos á una
vida mas estrecha, ya sea que nos que
demos en la vida comun y en la mera
observancia de los mandamientos; en
uno y otro tendrémos dificultad. Por
que si nos retiramos del mundo tendré
mos el trabajo de estar perpétuamente
refrenandoysujetando nuestros apetitos,
de renunciarnos á nosotros mismos, de
resignar nuestra propia voluntad y de
vivir en una absolutísima sujecion bajo
las leyes de la obediencia , castidad y
pobreza. Si nos quedamos en el camino
comun , tendrémos una perpétua pena
— 155 —
en pelear con el mundo, que nos cerca
rá ; en resistir á las frecuentes ocasiones
de pecar que se ofrecerán , y en tener
resguardada nuestra barca entre tantas
tempestades.
Punto í° Considérese en cuarto lu
gar, que en la una y en la otra vida, sir
viendo bien á Nuestro Señor , tendré-
mos mil consuelos fuera del mundo. El
contento solo de haberlo dejado todo por
Dios, vale mas que mil mundos ; la dul
zura de ser guiados por la obediencia,
de ser conservados por las reglas y de
estar como seguros de las mayores ase
chanzas, es de grande suavidad; dejan
do aparte la paz y tranquilidad que allí
se halla, el placer de estar ocupado no
che y dia en la oracion y cosas divinas,
y otras mil delicias de este género. ¥ en
cuanto á la vida comun , la libertad , la
variedad de servicios que el cristiano
puede hacer á Nuestro Señor, la como
didad de no tener que guardar mas que
— 1S6 —
los mandamientos de Dios y otras cien
tales consideraciones, la hacen muy de
leitable.
Conclusion. Entendido esto, dígale á
Nuestro Señor:— «¿En cuál de estos es
«tados os serviré?» ¡ A y alma mia! don
de tu Dios te llame le serás lie!; ¿pero
en qué parte te parece le servirás mejor?
Examine V. un poco su espíritu para sa
ber si siente mas inclinacion á una parte
que á otra: en habiéndola descubierto,
aun no haga V. resolucion, antes espe
re V. á lo que se le dijere.
Otras consideraciones.
Punto!.0 Imagínese V. que ve á
san José y á la santísima Virgen á pun
to de parir, llegar á Belen y buscar po
sada por todo aquel lugar, sin hallar
alguna que los quiera recibir. ¡ Ay Dios!
¡cómo menosprecia y desecha el mundo
á personas celestiales y santas; y cómo
estas almas santas abrazan este despre
— 157 —
cío voluntariamente, no se alborotan, no
dan muestras de su calidad; antes con
toda sencillez reciben aquellas repulsas
y asperezas con una suavidad incom
parable! ¡Oh cuán miserable soy yo!
El menor olvido que uno tenga de la
honra quisquillosa que se me debe, ó
que imagino se me debe, me turba, me
inquieta, y excita mi arrogancia y fie
reza: siempre me pongo á viva fuerza en
los primeros lugares. ¡Oh cuándo ten
dré yo la virtud del menosprecio de mí
mismo y de las vanidades!
Punto 2.° Considérese como san Jo
sé y Nuestra Señora entran en la cueva
y portal, que á veces servia de establo
á los forasteros , para tener allí el glo
rioso parto del Salvador. ¿Dónde están
los soberbios edificios que la ambicion
del mundo levanta para habitacion de
viles y detestables pecadores? ¡Oh qué
menosprecio de las grandezas del mun
do nos enseña este divino Salvador!
- 158 -
I Cuan dichosos son aquellos que saben
amar la santa sencillez y moderacion !
¡ Oh miserable de mí ! que necesito pa
lacios, y aun no me son bastantes, cuan
do mi Salvador está debajo de un techo,
tan malparado, y aposentado sobre el
heno pobre y lastimosamente.
Punto 3.° Considérese á este divino
Infante recien nacido, desnudo, helado,
dentro de un pesebre, envuelto en man
tillas. ¡A.y ! todo es pobre, todo es vil y
despreciado en aquella acogida ; ¡ y qué
delicados somos nosotros! ¡y qué suje
tos á nuestras comodidades , y ansiosos
por las sensualidades ! Conviene mucho
excitar en nosotros el menosprecio del
mundo , y el deseo de sufrir por Nues
tro Señor los abatimientos, dificultades,
pobrezas y necesidades.
Conclusion. Si se viere V. alguna
vez con dificultad en tratar de sus fla
quezas temporales , poco á poco se pa
sará eso. El espíritu humano da tantas
- 169 —
vueltas y revueltas, sin que lo pense
mos , que no se pueden excusar los vi
sajes ; pero el que hace menos es el
mejor.
Francisco , Obispo de Ginebra.
CARTA XXII.
Á ÜNA SEÑORA.
La instruye cómo se debe portar en las
aflicciones y enfermedades (1).
Amada hija : Dejemos por un poco la
meditacion : cuando retrocedemos es pa
ra saltar mejor ; practiquemos bien esta
santa resignacion y el amor puro de
Nuestro Señor, que nunca se practica
enteramente sino entre los tormentos.
Porque amar á Dios en medio del azú
car, los niños pequeñitos harian otro
tanto ; mas amarle en el acíbar es la ma-
(1) Esta carta es la LIV del libro III en la ver
sion española , y la DCCXCII en la edicion fran
cesa.
— 160 —
yor hazaña de nuestra amorosa fideli
dad. San Pedro, aunque rústico, tuvo
buen ánimo , sobre el monte Tabor,
para decir, / Viva Jesús! Mas el decir,
sobre el monte Calvario ; Viva Jesús! eso
no pertenece sino á la Madre y al amo
roso discípulo que se le dejó por hijo.
En fin, hija mia, sepa que la encomien
do á Dios, para alcanzarle aquella ben
dita paciencia , y no tengo libertad pa
ra pedirle otra cosa para V. , sino que
segun su voluntad forme ese corazon
para aposentarse y reinar eternamente
en él ; que le forme, digo, ó con el mar
tillo ó con el pincel: así se ha de enten
der el que disponga de él á su gusto.
¿No es esto, querida hija? ¿No se de
be hacer así ?
He sabido que poco despues se au
mentaron los dolores de V., y al mismo
paso creció mi sentimiento; bien que
con V. alabé y bendije á Nuestro Señor,
porque ejercita en ella su beneplácito,
- 161 -
haciéndola participante de su santa cruz,
y coronándola de su corona de espi
nas. Pero me dice V. que mientras le
aprietan los dolores no puede detener
mucho su pensamiento en los trabajos
que sufrió Nuestro Señor por V. Pues
bien, hija mia, tampoco es necesario que
le detenga V., sino que simplemente
levante su corazon , con la mayor fre
cuencia que pudiere , á este Salvador,
y que ejecute los actos siguientes:
1. ° Aceptar el trabajo de su mano,
como si viera al mismo Señor que se le
ponia y asentaba en la cabeza de V.
2.° Ofreciéndose ásufrir mucho mas.
3.° Suplicándole por el mérito de
sus tormentos que acepte estas peque
ñas incomodidades, en union de las pe
nas que sufrió sobre la cruz.
4. ° Protestando que quiere V. no so
lamente sufrir, sino tambien amar y aca
riciar los males, como enviados de tan
buena y dulce mano.
H CASTAS.
- 162 -
5.° Invocar á los Mártires y á tantos
siervos y siervas de Dios que gozan del
cielo, porque fueron muy afligidos en
este mundo.
Ningun riesgo hay en desear el reme
dio, antes es menester buscarle cuida
dosamente, porque Dios, que le hada
do á V. el mal, es tambien autor de los
remedios. Conviene, pues, aplicarlos;
pero con tal resignacion, que si su divina
Majestad quiere que el mal prevalezca,
se conforme, y si quiere que el remedio
venza, le bendiga.
Tampoco hay inconveniente en hacer
los ejercicios espirituales sentada: de
ninguna manera, hijamia; y aunque
tuviera muchas menos incomodidades
de las que sufre, digo que pudiera ha
cerlo.
¡Dios miol hija mia, ¡qué dichosa
es V. si continúa estando bajo la mano
de Dios , humilde, dulce, y suavemen
te 1 ¡Oh cómo espero que este mal de ca
— 163 —
beza aprovechará mucho á su corazon !
ásu corazon, digo, á quien el mio ama
de una manera particular. Ahora es
mas que nunca, carísima bija, cuando
con muy buenas señales puede V. testi
ficar á nuestro dulce Salvador la aficion
con que le ha dicho y dirá: ¡Viva Je
sús! Viva Jesús, hija mia, y reine en
medio de sus dolores; pues no podemos
nosotros vivir ni reinar sino por los de
su muerte. Soy en Él totalmente suyo.
Francisco, Obispo de Ginebra.
CARTA XXIII.
Á UNA SKÑOBA PAR1ENTA SUYA POR
AFINIDAD.
La consuela en la muerte de un hijo que
habia marchado á Indias (1).
¡Oh qué pena tiene mi alma por su
corazon ! muy amada madre, porque yo
(1) Esta carta es la LUI del libro V en la ver
sion española.
11*
— 164 —
veo (así me lo parece] ese pobre corazon
maternal todo cubierto de un pesar ex
cesivo ; pero pesar que no se puede
culpar ni jtfzgar extraño, si se conside
ra cuán amable era ese hijo, cuyo se
gundo apartamiento de nosotros es el
motivo de nuestra amargura. Carísima
madre, así es verdad ; este hijo querido
es uno de los mas amables que ha ha
bido jamás : todos los que le trataron lo
reconocieron, y lo reconocen tambien;
pero ¿no es esta una grande parte del
consuelo que debemos ahora buscar?
Porque, á la verdad, parece que aque
llos cuya vida es tan digna de memoria
y estimacion , viven todavía despues de
su fallecimiento, pues se tiene tanto pla
cer en recordarlos y representarlos á los
espíritus de los que quedan acá.
Este hijo, carísima madre, se habia
alejado ya mucho de nosotros , habién
dose voluntariamente privado del aire
del mundo en que habia nacido, por ir
- 165 -
á servir á su Dios , á su rey y á su pa
tria en otro nuevo mundo. Su generosi
dad le animó para hacerlo, y la suya le
hizo á V. condescender á tan honrosa
resolucion , por la cual renuncia el con
tento de volverle á ver en esta vida, y
no le quedó á V. mas que la esperanza
de tener cartas suyas de tiempo en tiem
po ; y ved aquí , muy querida madre,
que, por beneplácito de la Providencia
divina, se ha partidode aquel otro mun
do para ir á aquel mas antiguo y mas
apetecible de todos, al cual nos convie
ne á todos ir, cada uno en su tiempo, y
donde le verá V. mucho antes que si
estuviera en aquel nuevo mundo entre
los trabajos de conquistas que preten
día hacer para su rey y para la Iglesia.
En suma, él acabó sus dias mortales
cumpliendo con su deber, y en la obli
gacion de su juramento. Esta clase de fin
es excelente, y no hemos de dudar que
nuestro gran Dios le haya hecho ventu
— 166 —
roso , segun que desde la cuna le favo
reció continuamente con su gracia para
hacerle vivir cristianamente. Consuéle
se V-, pues, muy amada madre, y ali
vie su espíritu, adorando la divina Pro
videncia, que hace todas las cosas muy
suavemente ; y aunque losmotivosde sus
decretos nos están escondidos, la verdad
de su clemencia se nos manifiesta y nos
obliga á creer que hace todas las cosas
con bondad perfecta.
Está V. ya cási de partida para ir á
donde está ese amado hijo; cuando lle
gue allá, no querría que él estuviera en
las Indias, porque verá que está mucho
mejor con los Ángeles y los Santos, que
no con los tigres y con aquellos bárba
ros. Mas entre tanto que llega la hora,
sosiegue V. su corazon maternal por la
consideracion de la santísima eternidad
en que él está, y á la cual está V. tan
próxima; y en vez de las cartas que le
escribiría hable V. con Dios por él, y
— 167 —
con eso sabrá prontamente todo lo que
quisiera que supiese, y recibirá toda la
asistencia que V. le hiciere con sus su
fragios y oraciones, al punto que las
haya hecho V. y encomendado en las
manos de la Majestad divina. Los cris
tianos tienen mucha culpa de ser tan po
co cristianos como son, y de violar tan
cruelmente las leyes de la caridad por
obedecer á las del temor. Mas, querida
madre, es menester rogar á Dios por los
que cometen tan gran mal , y aplicar
esta oracion por el alma de nuestro di
funto. Esta es lamas agradable oracion
que podemos hacer al que hizo otra tal
sobre la cruz, á la cual su santísima
Madre correspondió de todo su corazon,
amándole con una ardentísima caridad.
No puede V. figurarse cuánto ha sen
tido este golpe mi corazon ; porque al fin
era mi querido hermano, que entraña
blemente me amaba. He rogado por él,
y siempre lo haré, y por V., mi muy
— 168 —
amada madre, á quien quiero dar, mien
tras viva , particular honra y amor, en
lugar de este hermano difunto cuya in
mortal amistad me solicita sea cada dia
mas, señora y carísima madre,
Su hijo y servidor humilde, fiel y
obediente,
Francisco, Obispo de Ginebra.
A 21 de mayo de 1615.
CARTA XXIV.
Á UNA SEÑORA.
Instruyela cómo se ha de portar en
las calumnias (1).
Señora : Ea pocas palabras respondo
iA ia última pregunta de V.: que no he
mudado de parecer despues que escribí
el libro de la Introduccion á la vida de
vota ; antes por el contrario , todos los
(1) Esta carta es la XVIII del libro III en la
version española.
— 169 —
días me voy afirmando mas en mi dic
tamen, por lo que toca al sufrimiento de
las injurias. Cuando viene la pasion, nos
hace siempre desear la venganza; mas
cuando tenemos un poco de temor de
Dios , no nos atrevemos á llamar á la
venganza, sino al perdon. Créame esa
buena señora, y no se meta en cosas de
pleitos por esas canciones, porque no
será mas quí multiplicar el mal, en lu
gar de ahogarle. Jamás una mujer, que
tiene el fundamento de la honra verda
dera, la puede perder: ninguno creerá
á esos infames detractores y coplistas ;
todos los tienen por malos : el mejor mo
do de reparar las ruinas que ellos hacen,
es menospreciar sus lenguas, que son
sus armas, y responderles con una san
ta modestia y compasion : mas sobre to
do, cuando ciertamente no hay rastro de
apariencia que ese miserable difama
dor se sujete á reparar, cuanto esté de
su parte, la injuria al arbitrio de los pa
— 170 -
rientes, no se vaya á tomar ese otro ca
mino de trampas, quiero decir, de la
berintos y abismos de conciencia y de
medios. No me parecería mal que confe-
sarasuculpadeclarandosu atrevimiento,
y pidiendo el olvido de él, porque, aun
que él es de poca autoridad , habiendo
cometido este acto, no obstante siempre
esto da alguna luz para conocer la ino
cencia, al ver que sus enemigos le pres
tan homenaje; pero antes de venir al
proceso, deberá ella hacer otra cualquier
tentativa. Tengo una reciente experien
cia de la vanidad , ó por mejor decir,
del daño que los pleitos traen en estas
ocasiones , con una de las señoras vir- '
tuosas que conozco, á la cual le ha ido
muy malamente por no haber seguido
mi consejo, sino la impetuosidad de la
pasion de sus parientes. Créame V.,
querida hija; la honra de la gente de
bien está bajo la proteccion de Dios, que
algunas veces permite la ofendan para
— 171 -
hacernos ejercitar la paciencia , pero
jamás la deja postrar sin levantarla al
punto. Viva V. toda en Dios, por el cual
yo soy, señora, su humildísimo servidor,
Francisco, Obispo de Ginebra.
Vigilia de san Juan, 1621.
CA.RTA XXV.
Á ÜNA SEÑORA.
Le da consuelos y consejos con motivo de
una difamacion que habia sufrido, y re
glas acerca del examen anual de la con
ciencia (1).
Mi carísima hermana : No he tenido
la dicha de ver al señor N.; pero no he
dejado de saber que ha estado V. afligí -
(1) Esta carta es la XXXV del libro V en la tra-
ducion española , y la DCCXC en la edicion fran
cesa.
— 172 -
da por causa de ciertos pasquines que
han corrido por allá (1).
Por mi parte quisiera soportar siem
pre las penas y trabajos de V., ó á lo
menos ayudarla á sufrirlos; pero puesto
que la distancia de nuestras residencias
no permite que la socorra de otra suerte,
rogaré á Nuestro Señor que sea el pro
tector de su corazon, y desvanezca de él
toda tristeza desordenada. Verdadera
mente, mi cara hermana, la mayor par
te de nuestros males son imaginarios,
mas que reales. ¿Piensa V. que el mun
do cree esos pasquines ? Podrá ser que
(1) Entiéndase aquí por paiquin, como advierte
la edicion francesa, no precisamente un cartel 6
eterito difamatorio dado al público, sino mas bien
algunos dichos picantes y agudos que lastiman la
reputacion de un sujeto , ó le hacen objeto de ridi
culo , como indica la misma carta.
Lo que de los pasquines dice el Santo , debe en
tenderse de los comunicados ó artículos satíricos en
los periódicos , que son los medios mas usuales de
difamacion que se usan hoy dia.
- 173 —
algunos se entretengan con ellos , y que
entren otros quizá en sospecha; mas se
pa V. que siendo su alma buena y re
signada en las manos de Nuestro Señor,
toda esa clase de insultos se desvanecen
como humo en el viento, y mientras mas
récio es el viento, mas presto desapare
cen. Nunca se cura tan bien el mal de la
calumnia como con el disimulo , menos
preciando el menosprecio, y manifestan
do por nuestra firmeza , que no nos da
cuidado , principalmente en materia de
pasquines; porque la calumnia que no
tiene ni padre ni madre que la quiera
admitir, muestra que es ilegítima.
Ahora bien, querida hermana; quie
ro decirle una palabra que san Grego
rio dijo á un obispo afligido: ¡Ay! (di
ce) si vuestro corazon estuviera en el cie
lo, no le movieran los vientos de la tierra.
A quien ha renunciado al mundo, nada de
lo que pasa de parte del mundo le puede
dañar. Arrójese V. á los piésdel Grucifi
- 174 -
cado, y verá V. cuántas injurias recibió:
suplíquele, por la dulzura con que las to
leró, que le dé á V. fuerzas para sufrir
estos pequeños rumores, que como á
sierva suya jurada le han cabido en
suerte : Bienaventurados los pobres, por
gue serán ricos en el cielo, perteneciéndo-
les su reino, y bienaventurados los inju
riados y calumniados, porque serán hon
rados de Dios.
Por lo demás , el examen anual de
nuestras almas se hace así como V. lo
entiende , por los defectos de las confe
siones ordinarias, que se suplen con es
ta, para provocarse y ejercitarse en una
humildad mas profunda; pero sobreto
do por renovar , no los buenos propósi
tos, sino las buenas resoluciones, que
debemos aplicar por remedios á las in
clinaciones , hábitos, y otras fuentes de
nuestras faltas , á que nos halláremos mas
sujetos ; pero es cierto que será mas á
propósito hacer este repaso delante del
- 115 —
confesor con quien antes se hubiere he
cho la confesion general , para que por
la consideracion y relacion de la vida
precedente con la siguiente se puedan
mejor tomar las resoluciones necesarias
en todas las ocasiones. Esto será lo mas
aceptable; pero las almas que como V.
no tienen esta comodidad, pueden ha
cerla con otro cualquiera confesor, el
mas discreto y sábio que hallaren.
Á. la segunda dificultad de V., amada
hermana, digo que de ninguna manera
hay necesidad en este examen de seña
lar particularmente el número, ni las
circunstancias menudas de sus faltas,
antes basta decir por mayor cuáles son
las principales caidas, cuáles los prime
ros desvíos de su espíritu; y no cuántas
veces ha tropezado, sino mas bien si es
tá muy sujeta y entregada al mal. Pon
go por ejemplo: no debe V. inquirir
cuántas veces se ha dejado llevar de la
cólera ; porque puede ser que en esto ha
— 176 —
ya mucho que hacer, sino decir simple
mente si está sujeta á este desorden; si
luego que sobreviene queda V. por mu
cho tiempo en ella; si esto es con mucha
amargura y violencia , y en fin , qué
ocasiones le provocan á V. mas de or
dinario á ella: si es el juego , la altivez
ó la soberbia ; si es la melancolía ó ter
quedad (pero esto sea dicho por ejem
plo), y así en poco tiempo habrá V. aca
bado su breve repaso, sin atormentar
mucho la memoria, ni perder tiempo.
En cuanto á la tercera dificultad, al
gunas caídas en pecados mortales , con
tal que no sean con intento de perseve
rar, ni con detencion y complacencia en
el mal , no impiden el adelanto que se
ha hecho en la devocion ; la cual , aun
que se pierde pecando mortalmente, se
recobra con todo eso al primer arrepen
timiento verdadero que se hace del pe
cado ; pero, como digo , cuando no ha
sido con larga permanencia y adorme
— 177 -
cimiento en la culpa; de suerte que es
tos exámenes anuales son muy saluda
bles á los espíritus que están todavía un
poco débiles ; porque si bien no están
firmes de todo punto en las primeras re
soluciones, con las segundas y las ter
ceras las afianzarán mas : y en fin , á
fuerza de resolverse muchas veces se
perfecciona la resolución de todo punto,
y de ninguna manera se debe perder el
ánimo; antes con una santa humildad,
mirar su flaqueza, acusarla, pedir per-
don , é invocar el socorro del cielo.
Su servidor en Nuestro Señor ,
Francisco , Obispo de Ginebra.
n CARTAS.
ÍNDICE.
PÁG.
Carta primera. — A una señorita sobrina su
ya.— Exhórtala á conformar siempre su
voluntad con la de Dios, y á la mortifica
cion de su corazon 7
Caria II.— A una señorita soltera.—Enséña
la á desprenderse de los deseos que inquie
tan el alma, á tener paciencia en sus im
perfecciones y aplicarse á ejecutar bien las
cosas del momento, sin dejarse llevar del
deseo de otras que están por venir. ... 10
Carta III. — A una señorita. — Exhórtala á
confesar sus buenas resoluciones , la con
suela en sus aflicciones, y le muestra que
las mejores son las que nos humillan. . . 22
Carta IV.— A una señora,— Exhórtala á que
se dé toda á Dios . . . . 26
Carta V. — A una señorita. — Exhórtala al
menosprecio del mundo, y á que se absten
ga de los chistes mundanos que solia usar. 29
Carta VI. — A una señorita. — Que el estado
del matrimonio requiere una gran virtud,
y que procuro que el marido que hubiere
de aceptar, sea de carácter afable. ... 32
12 «
— 180 -
Carta VII. — A una señora casada. — Dale
muchas máximas espirituales para vivir
constantemente con devocion 33
Carta VIH. — A una señora casada. — Ins
truyela acerca del modo de arreglar bien
sus devociones y cómo se ha de portar en
las conversaciones donde se murmura. . . 43
Carta IX. — A una señora. —Parece ser la
misma á quien va d irigida la anterior. Tra
ta de los ejercicios ds devocion y del tran
quilo sufrimiento 47
Carta X. — A una señora casada. — Dale con
sejos para la confesion y práctica de las
virtudes SI
Carta XI. — A una señora. — Enséñala á mo
derar su demasiada prontitud en la medi
tacion, y á estar contenta con su estado. . 56
Carta XII. —A una señora casada.— Exhór
tala á usar de preparacion para la medi
tacion , y á perfeccionarse en su estado. . . 66
Carta XIII. — A una señora.— Exhórtala á
obedecer á su confesor, que la habia pri
vado de la comunion, y le dice lo que en
tre tanto ha de hacer 72
CartaXIV. — A una señora casada.— Instru
yela en los medios por donde puede llegar
á la perfeccion, que son unirse con Dios y
amar al prójimo , y que debe procurar ha
cer amable su devocion 76
CartaXV.— A una señora casada.—Instruye
la en los medios mas propios para el reme
dio de las inquietudes que tenia después de
haber hecho confesion general, y en los
- 181 —
medios de adquirir la devocion; j de la
práctica de ella, conforme al estado del
matrimonio en que vivia
Carta XVI. — A una señora viuda. — Que la
humildad es la virtud propia de las viudas:
qué cosa sea la humildad
Carta XVII.— A una religiosa de la Visita
cion.— Inconvenientes de los pleitos. Que
todo lo que se llama prudencia mundana
es una verdadera necedad
Carta XVIII. — A una religiosa. — Mués
trale las señales por donde se puede cono
cer si nuestros afectos de devocion vienen
de Dios, 6 del espíritu maligno
Carta XIX. — A una religiosa de la Visita
cion. — La instruye en el conocimiento de
los buenos deseos, y de su diferencia, y de
lo que se ha de hacer cuando inquietan en
la meditacion imaginaciones torpes. . .
Carta XX. — A una abadesa.— Muéstrala en
qué consiste la devocion, los medios de que
se ha de valer para conseguirla, y le da
muchos consejos para empezar á reformar
su monasterio, con una meditacion para
prepararse á la comunión al principio del
mes
Carta XXI. — A un caballero.— Dale muchos
buenos consejos para ejecutar el intento
que tenia de retirarse del mundo. . . .
Carta XXII.— A una señora.— La instruye
cómo se debe portar en las aflicciones y
enfermedades
Carta XXIII. — A una señora parienta suya
— 182 —
por afinidad. — La consuela en la muerte
de un hijo que babia marchado á Indias. . 163
Carta XXIV. — A una señora. — Instruyela
como se ha de portar en las calumnias. . . 168
Carta XXV. — A una señora. — Le da con- ,
suelos y consejos con motivo de una difa
macion que habia sufrido , y reglas acerca
del examen anual de la conciencia. . . . 171
LIBROS Y HOJAS VOLANTES
QUE IT i DADO Á LUZ
LA LIBRERÍA RELIGIOSA
FUNDADA EN BARCELONA
BAJO LA PROTECCION
DE LA VIRGEN SANTISIMA DE MONSERRAT
T DEL GLORIOSO SAN MIGUEL
EN EL AÑO DE 1848.
Las obras que ha publicado hasta el pre
sente son las siguientes, advirtiéndose que
muchas se han reimpreso varias veces. Se
hallan de venta en Barcelona librería de
Riera, y en provincias en cásalos señores
Encargados nombrados al efecto.
Obras en 4.° mayor encuadernadas en pasta.
— La santa Biblia en latín y castellano por el
P. Scio. Seis tomos, 210 rs.
— Vindicacion de la santa Biblia por el abate
Du-Clot. Un tomo, 39 rs.
Obras en 4.° encuadernadas en pasta.
— Estudios filosóficos sobre el Cristianismo
por Augusto Nicolás. Tres tomos, 36 rs.
— Historia universal de la Iglesia por Alzog.
Cuatro tomos , 44 rs.
—Historia eclesiástica de España por La
Fuente. Cuatro tomos, 44 rs.
— Historia de las Variaciones de las iglesias
protestantes por Bossuet. Dos tomos, 22 rs.
—Historia de la Compañía de Jesús porCre-
tineau-Joli. Seis tomos, 66 rs.
—El Protestantismo por Augusto Nicolás.
Un tomo, 11 rs.
— Pensamientos de un creyente católico por
Debreyne. Un tomo, 11 rs.
— Grandioso tratado del hombre por Sabun-
de. Un tomo, 11 rs.
— Ensayo sobre el Panteísmo por Maret. Un
tomo, 11 rs.
— La Cosmogonía y la Geología por Debrey
ne. Un tomo, 11 rs.
— La Teodicea cristiana por Maret. Un to
mo, 11 rs.
— Larraga novísimamente adicionado por el
Excmo. é limo. Sr. Claret. Un tomo, 24 rs.
— Manual de los Confesores por Gaume. Un
tomo, 14 rs.
—Las profecías mesiánicas del Antiguo
Testamento ó la divinidad del Cristianismo
demostrada por la Biblia , por el abate Mei-
gnan. Un tomo, 11 rs.
—Ejercicio de perfeccion y virtudes cristia -
ñas por el V. P. Alonso Rodríguez. Tres to
mos , 33 rs.
—Triunfo del Catolicismo en la definicion
dogmática del augusto misterio de la inmacu
lada Concepcion, por el P. Gual. Un tomo, 11
reales.
— La verdad religiosa por D. José García
Mora , Pbro. Un tomo, 11 rs.
— El principio de autoridad vindicado por
D. José García Mora, Pbro. Un tomo, 11 rs.
— Filosofía de las leyes bajo el punto de
vista cristiano por D. L. Bantain. Un tomo,
11 rs.
Obras en 8.° mayor encuadernadas en pasta.
— Año cristiano por Croisset. Diez y seis to
mos, 160 rs.
— El hombre feliz por Almeida. Un tomo,
10 rs.
— Exposicion razonada de los dogmas y mo
ral del Cristianismo por Barran. Dos tomos,
20 rs.
— Historia de la sociedad doméstica por
Gaume. Dos tomos, 20 rs.
— Las Glorias de Maria por san Ligorio. Un
tomo, 10 rs.
—Él Espíritu de san Francisco de Sales. Un
tomo , 10 rs.
'—La única cosa necesaria para salvarse por
Geramb. Un tomo, 10 rs.
— El Catolicismo en presencia de sus disi
dentes por Eyzaguirre. Dos tomos, 20 rs.
— Meditaciones del P. Luis de La Puente.
Tres tomos, 30 rs.
— Del Papa. — De la Iglesia galicana en sus
relaciones con la Santa Sede. Dos tomos,
20 rs.
— Catecismo de Perseverancia por Gaume.
Ocho tomos , 80 rs.
— Sermones de Mision, escritos unos y es
cogidos otros por el Exento, é limo. Sr. Claret.
Tres tomos, 27 rs.
— Coleccion de pláticas dominicales por el
Excmo. é limo. Sr. Claret. Siete tomos, 63 rs.
—Tratado de la Usura por el abate Marco
Mastrofini. Un tomo, 10 rs.
— Mercedes de la Virgen María, ó sea Me
ditaciones aplicadas á la Letanía lauretana.
Un tomo, 10 rs.
— La independencia y el triunfo del Pontifi
cado : conferencias predicadas en la iglesia de
Santa Marfa del Mar, de Barcelona, por el
presbítero D. Eduardo Maria Yilarrasa, á 3
reales.
—Mística ciudad de Dios: historia divina y
vida de la Madre de Dios, manifestada por la
misma Señora á sor María de Jesús , abadesa
del convento de la Inmaculada Concepcion de
la villa de Agreda. Siete tomos, 63 rs.
—El Evangelio meditado. Cinco tomos , 43
reales.
—Copiosa y variada coleccion de selectos
panegíricos. Once tomos , 99 rs.
— Biblia sacra Yulgatae editionis Sixti V
Pont. M. jussu recognita, et Clemeutis VIH
anctoritate edita. Un tomo en diminutos ca
racteres, 18 rs. en piel de color y relieve.
— Diferencia entre lo temporal y eterno, y
crisol de desengaños por el P. Nieremberg.
Un tomo , 10 rs.
— La moralizadora y salvadora del mundo es
la confesion sacramental, por el P. Gual. Un
tomo, 9 rs.
— Historia de la Iglesia desde Nuestro Señor
Jesucristo hasta el pontificado de Pio IX , por
el abate V. Postel. Un tomo, 11 rs.
— CoDcordantiarum SS. Scripturas manuale.
Un tomo, 20 rs.
— Correspondencia entre un antiguo direc
tor de Seminario y un joven sacerdote. Un to
mo, 9 rs.
— El Catecismo cristiano ó exposicion de la
doctrina de Jesucristo, presentada á los hom
bres de mundo, por el limo. Dupanloup, obis
po de Orleans. Un tomo, 7 rs.
—Las dos Inmaculadas , ó sea tratado de las
analogías entre la santísima Virgen y la Silla
apostólica, por D. Eduardo María Vilarrasa,
presbítero. Un tomo, 9 rs.
Obras en 8.° encuadernadas en pasta.
— Catecismo explicado por el Excmo. é limo.
Sr. Claret, con 48 estampas. Un tomo, 6 rs.
— Id. id. en catalan , 6 rs.
— Catecismo filosófico por Feller. Cuatro to
mos, 24 rs.
— Vida devota por san Francisco de Sales.
Un tomo, 6 rs.
— Las delicias de la Religion por Lamou-
rette. Un tomo, 6rs.
—Confesiones de san Agustín. Dos tomos,
12 rs.
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Cobbet. Dos tomos, 12 rs.
— Nuevas Cartas por Cobbet. Un tomo,
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san Ligorio. Un tomo, 6 rs.
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gen por Almeida. Un tomo, 6 rs.
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Almeida. Dos tomos, 12 rs.
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bert. Un tomo, 6 rs.
—Tratado de las notas de la Iglesia por Au-
bert. Un tomo, 6 rs.
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Dos tomos , 12 rs.
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Dos tomos, 12 rs.
—La Biblia de la Infancia por Maclas. Un
tomo, 6 rs.
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por Aubert. Un tomo , 6 rs.
— La Tierra Santa por Geramb. Cuatro to
mos, 24 rs.
—Guia de pecadores por el V. Granada,
Dos tomos , 12 rs.
—Reflexiones sobre la naturaleza por Sturm.
Seis tomos, 36 rs.
—Obras de santa Teresa. Cinco tomos, 30 rs.
— Reloj de la pasion por san Ligorio. Un to
mo , 6 rs.
—Católica infancia por Varela. Un tomo,
6 rs.
—Vida de santa Catalina de Génora. Un to
mo, 6 rs.
— Verdadero libro del pueblo por madama
Beaumont. Un tomo, 6 rs.
— ¿Á dónde vamos á parar? por Gaume. Un
tomo, 6 rs.
— Él Evangelio anotado por el Excmo. é
limo. Sr. Claret. Un tomo, 4 rs.
—Veni-mecum pii sacerdotis, por el Excmo.
é limo. Sr. Caixal , obispo de Urgel. Un tomo,
7M
— Las delicias del campo, 6 sea agricultura
cubana por el Excmo. é limo. Sr. Claret. Un
tomo, 7 rs.
— ¿lave de oro para los sacerdotes por el
Excmo. é limo. Sr. Claret. Un tomo, 7 rs.
— El Nuevo Manojitodc flores para los con
fesores por el Excmo. é limo. Sr. Claret. Un
tomo, 7 rs.
—Vida de san Luis Gonzaga por Cepari. Un
tomo, 6 rs.
—Virginia ó la doncella cristiana por doña
Cayetana de Aguirre y Rosales. Tres tomos,
18 rs.
— Ejercitatorio de la vida espiritual por el
P. Fr. Francisco García de Cisneros. Un to
mo, 6 rs.
— El hombre infeliz consolado, por el señor
abate D. Diego Zúñiga. Un tomo, 6 rs.
— Historia de santa Isabel de Hungría por
el Conde de Montalembert. Dos tomos, 12
reales.
— Práctica de la viva fe de que el justo vive
y se sustenta por el P. Jesús. Un tomo, 6 rs.
—Historia del Cristianismo en el Japon, se
gun el K. P. Charlevoii. Un. tomo, 6 rs.
— Manual de erudicion sagrada y eclesiás
tica por Sala. Un tomo, 7 rs.
—Del matrimonio civil, opúsculo formado
con la doctrina del P. Perrone en su obra Del
matrimonio cristiano. Un tomo, 6 rs.
—Meditaciones para todos los dias de Ad
viento, novena y octava de Navidad y demás
dias basta la de la Epifanía inclusive , por san
Ligorio. Un tomo, 5 rs.
—Ejercicios espirituales de san Ignacio ex
plicados por el Excrao. é limo. Sr. Claret. Un
tomo, 7 rs.
—De la oracion y consideracion por el vene
rable Granada. Dos tomos, 12 rs.
— Anuario de María por Menghi-d'Arville.
Dos tomos, 12 rs.
— El Colegial, ó Seminarista teórica y prác
ticamente instruido, por el Excmo. é limo, se
ñor Claret. Dos tomos, 12 rs.
—Coleccion de oraciones y obras piadosas
por las cuales ban concedido indulgencias los
Sumos Pontífices, aprobada como única autén
tica por la sagrada Congregacion de Indulgen
cias. Un tomo, 7 rs. en piel de color y relieve.
—Tratado de la victoria de sí mismo, por el
P. Melchor Cano, seguida del Alma victoriosa
de la pasion dominante, por el P. Javier Her
nandez. Un tomo, S rs.
— Coleccion de opúsculos por el Excrao. é
limo. Sr. Claret. Cuatro tomos, 24 rs.
— Compendio del Catecismo de perseveran
cia por Gaume. Un tomo, 6 rs.
— La devocion á san José establecida por los
hechos, por el P. Antonio Patrignani. Ün to
mo , 6 rs.
—Los seis libros de san Juan Crisóstomo
sobre el sacerdocio. Un tomo , 8 rs.
— El vicio y la virtud: observaciones de
una razon despreocupada. Un tomo, 6 rs.
— Arte de canto eclesiástico y cantoral para
uso de los Seminarios. Un tomo, 9 rs. en piel
de color y relieve.
— La vocacion de los niños. Un tomito, 3 y
medio rs.
—Escuela del corazon con 85 estampas. Un
tomo 7 rs.
— Del Perú á Europa. Un tomo , 6 rs.
— Miscelánea interesante por el Excmo. é
limo. Sr. Claret. Un tomo, 6 rs.
Obras en 16.° encuadernadas en pasta.
— Caractéres de la verdadera devocion por
el P. Palau. Un tomo, 4 rs.
— El arte de encomendarse á Dios por el
P. Bellati. Un tomo, 4 rs.
— Las horas sérias de un jóven por Sainte-
Foix. Un tomo, 6 rs.
— Camino recto para llegar al cielo por el
Excmo. é limo. Sr. Claret. Un tomo, 8 rs.
— Id. id. en catalan, 4 rs.
—Ejercicios para la primera comunion por
el Excmo. é limo. Sr. Claret. Un tomo , 3 y me
dio rs.
—La verdadera sabiduría por el Excmo. é
limo. Sr. Claret. Un tomo, 4 rs.
— Tardes ascéticas , 6 sea una apuntacion de
los principales documentos para llegar á la
perfeccion de la vida cristiana, por un monje
benedictino. Un tomo, 4 rs.
— El párroco con los enfermos , 6 sea algu
nos avisos prácticos para los principiantes en
dicha carrera. Un tomo, 3 rs.
—Manual de meditaciones por el P. Tomás
de Villacastin. Un tomo, 4 y medio rs.
—Un mes consagrado á María. Un tomo, *
y medio rs.
—Memorial de la Mision. Meditaciones co
tidianas por el P. Dr. Juan Bautista Verche.
Un tomo, 1 real y medio en media pasta.
— Contrato del hombre con Dios, celebrado
en el santo Bautismo: por el R. P. Juan Eu-
des. Un tomo, 2rs. en media pasta.
— De los deberes del hombre: discurso diri
gido á un jóven por Silvio Pellico. Un tomo,
3 y medio rs.
—Nuevo devocionario para las hijas de la
purísima Concepcion. Un tornito, 2 y medio
reales en media pasta.
— La Colegiala instruida, por el Excmo. é
limo. Sr. Claret. Un tomo, 8 rs.
—Expositio litteralis et mystica totius mis-
sa?, ac caeremoniarum ejus, ad illam devote
celebrandam. Un tomo, 4 rs.
—Tardes de verano en la Granja por el
Excmo. é limo. Sr. Claret. Un tomo, 13 cuar
tos.
Tesoro del Carmelo abierto á todos los fieles
de ambos sexos. Un tomo, 4 rs.
— El mes de María para los niños. Un to
mo, 4 y medio rs. en relieve.
Opúsculos.
— Avisos á un sacerdote : á 30 rs. el ciento.
—Avisos muy útiles á los padres de fami
lia: á 30 rs. el ciento.
— Avisos muy útiles á las casadas : á 30 rs.
el ciento.
— Avisos muy útiles á las viudas : á 30 rs.
el ciento.
— Avisos saludables á los niños : á 30 rs. el
ciento.
— Avisos saludables a las doncellas : á 26 rs.
el ciento.
— Avisos á un militar cristiano : á 24 mrs .
el ejemplar.
— El rico Epulon en el infierno : 22 rs. ciento.
— Reflexiones a todos los cristianos: á 24
reales el ciento.
— Resumen de los principales documentos
que necesitan las almas que aspiran á la per
feccion : á 24 rs. el ciento.
—Los tres estados del alma: á 20 rs. el ciento.
— Reglas de espíritu que á unas religiosas
muy solícitas de su perfeccion enseñan san Al
fonso Ligorio y el V. P. Senyeri Juniore : á 20
reales el ciento.
— Respeto á los templos : á 22 rs. el ciento.
— Galería del desengaño : á 26 rs. el ciento.
— La Escalera de Jacob y la puerta del cielo :
á 30 rs. el ciento.
— Maná del cristiano : á lo rs. el ciento.
— Idem en catalan : á 15* rs. el ciento.
— El amante de Jesucristo : á 24 mrs. el
ejemplar.
— La Cesta de Moisés : á 24 mrs. el ejemplar.
— Religiosas en sus casas, ó las hijas del
santísimo é inmaculado Corazon de María : á
real y cuartillo el ejemplar.
— Breve noticia del origen , progresos, gra
cias é instrucciones de la Archicofradía del sa
grado Corazón de María , para la conversion de
los pecadores ; junto con una Novena , para
impetrarla del Corazon inmaculado de María:
á real el ejemplar.
— Socorro á los difuntos: á24 mrs. el ejem
plar.
— Bálsamo eficaz para curar un sinnúmero
de enfermedades de alma y cuerpo : á 24 mrs .
el ejemplar.
— Antídoto contra el contagio protestante :
á 30 rs. el ciento.
— El viajero recien llegado. Obrita muy im
portante en las actuales circunstancias : á 26
reales el ciento.
— Compendi ó breu eiplicació de la doctrina
cristiana en catalan : á 28 mrs. el ejemplar.
— El Ferrocarril : á 24 mrs. el ejemplar.
— La Época presente : á24 mrs. el ejemplar.
— La Mision de la mujer : á 23 rs. el ciento.
13 CARTAS.
— Las Conferencias de san Vicente para los
sacerdotes : á 80 rs. el ciento.
— Cánticos espirituales: á real el ejem
plar.
— Devocionario de los párvulos : á 40 rs. el
ciento.
— Máximas espirituales ó sea reglas para
vivir los jóvenes cristianamente, edicion cor
regida y aumentada : á 24 mrs. el ejemplar.
— Ramillete de lo mas agradable á Dios, y
útil al género humano : á 22 rs. el ciento.
— Devocion del santísimo Rosario : á 23 rs.
el ciento.
— Excelencias y novena del glorioso san Mi
guel : á 22 rs. el ciento.
— Los Viajeros del ferrocarril : á 24 mrs. el
ejemplar.
— Consejos que una madre dió á su hijo al
tiempo de despedirse para ir á la guerra de
África, y los santos Evangelios : á 7 rs. el
ciento.
— El espejo que á una alma cristiana que
aspira á la perfeccion ofrece el Excmo. é limo.
Sr. Claret: á 24 mrs. el ejemplar.
— Origen del Trisagio: á 30 rs. el ciento.
—Nuevo viaje en ferrocarril, ó sea, con
versacion sobre la blasfemia y el lenguaje bru
tal y obsceno: á 24 mrs. el ejemplar.
— Carta ascética que el Excmo. é limo, se
ñor Claret escribió al presidente de uno de los
coros de la Academia de San Miguel : á 30 rs.
el ciento.
— Origen de la devocion del Escapulario
azul celeste : á 22 rs. el ciento.
— Vida de santa Mónica. Un tontito, 24 mrs.
— Verdadero retrato de los neos-católicos
del siglo XIX: á 26 rs. el ciento.
— El Protestantismo por P. J. P.: ú 24 rars.
el ejemplar.
— Id. id. en catalan : á real el ejemplar.
—La prosperidad de las familias, ó sea ins
trucciones prácticas para el buen gobierno y
administracion de una casa, por Clotet : á 24
maravedises el ejemplar.
— La buena sociedad glorificada por la ju
ventud del bello sexo. Apuntes históricos de la
sauta vida de la venerable sicrva de Dios, Cris
tina de Saboya, reina de las Dos Sicilias: á 24
mrs. el ejemplar.
—Lo Escolá ó sian Conferencias entre un
missionista y un jovenet, per D. P. A. P. :
á 24 mrs. el ejemplar.
— Manná del cristiá considerablement au-
mentat per los missionistas del immaculat Cor
de María : á 24 mrs. el ejemplar.
— Id. en castellano : á 24 mrs. el ejemplar.
— Lletrillas compostas per los missionistas
del immaculat Cor de María : á 24 mrs. el
ejemplar.
—Reglamento de la Academia de san Miguel.
— Deprecacion á Nuestro Señor para obte
ner de él la gracia de conocerlo y de amarlo, ó
bien cualquier otro favor: á 22 rs. el ciento.
— Libro de oro, ó la humildad en práctica.
Un tomito , 24 mrs.
— Vida cristiana, ó práctica fácil de enta
blarla con medios y verdades fundamentales.
Un tomito, 24 mrs.
— El Angel de la familia ó María Girar : á
30 rs. el ciento.
— Ejercicios espirituales que practica la Co
fradía del purísimo Corazon de María : á 24
mrs. el ejemplar.
—El santísimo Rosario explicado por el
13*
Kxcmo. é limo. Sr. Claret: á 1 real y cuarti
llo el ejemplar.
— Tratad i! o de las pequeñas virtudes por
el P. Roberti : á 24 mrs. el ejemplar.
— El consuelo de una alma calumniada: á
22 rs. el ciento.
— Ejercicio de preparacion para la muerte:
á 23 rs. el ciento.
—Reglas del instituto de los clérigos regla
res que viveu en comunidad : á 21 maravedi
ses el ejemplar.
— Carta espiritual ó avisos á las niñas : á
26 rs. el ciento.
— Las bibliotecas populares.
— Constitutiones juventutis iu Seminariis:
á 22 rs. el ciento.
— El A.ngel de Tobías: á 24 ñus. el ejem
plar.
— Directorio práctico en obsequio del sa
grado Corazón de Jesús: á 24 mrs. el ejem
plar.
— El auxiliar de los padres en la cristiana
educacion de sus hijos: á 24 mrs. el ejemplar.
Hojas volantes : á 64 rs. la resma.
Forman una resma 500 de las de á pliego; 1,000
de las de á medio pliego; 2,000 de las de a cuarti
lla ; y 4,000 de las de a octavilla.
1. Máximas cristianas : puestas en verso
pareado para mejor retenerlas en la memoria.
(En pliego) .
2. Máximas cristianas , puestas igualmente
en verso pareado. (En pliego).
3. Cédula del Rosario de María santísima.
(En pliego).
4. Modo de rezar el Rosario. Contiene los
quince Misterios , ofrecimiento , y Letanía
Lauretana. (En pliego).
3. Cédula contra la blasfemia. (En medio
pliego).
6. Specimen vita; sacerdotalis. (En pliego).
7. Fervorosa y cariñosa exhortacion, que
distribuyen impresa los misioneros inmedia
tamente antes de empezar su santo ministerio.
(En medio pliego).
8. Aviso importantísimo que distribuyen
los mismos antes de terminar sus santas ta
reas. (En medio pliego).
9. Memoria ó recuerdo de la Mision, para
distribuir luego de concluida. (En medio
pliego).
10. Propósitos para conservar el fruto y
gracia de la santa Mision. (En cuartilla).
11. Oracion de san Bernardo : Acordaos,
piadosísima Virgen María... Va seguida de
una jaculatoria. (En cuartilla).
12. Suspiros y quejas de María santísima
dirigidos á los pecadores verdugos de su san
tísimo Hijo. ( En cuartilla).
13. Breve instruccion que dio el Excmo. é
limo. Sr. Arzobispo Claret á un hombre sen
cillo que encontró por un camino, antes de
despedirse de su compañía. (En octavilla).
14. Máximas cristianas para niños. (En
pliego ) .
15. El amor de Dios y del prójimo. ( En
cuartilla).
16. Convite á la gloria. (En cuartilla).
17. Consejos útiles á los jóvenes. (En me
dio pliego).
18. Consejos útiles á las doncellas. (En
medio pliego).
19. Regla de vida. ( En medio pliego).
20. Eclipse de sol. (En cuartilla).
21. Amenazas del eterno Padre y modo de
evitarlas. ( En medio pliego).
22. Sé fiel basta la muerte , y te daré la co
rona de la vida. (En medio pliego).
23. Modo de adorar á Jesús sacramenta
do. ( En cuartilla).
21. Acto de contricion. ( En cuartilla).
25. El Carnaval y su entierro. {En cuar
tilla).
26. Observaciones á un cristiano que tra
baja en losdias de fiesta. (En cuartilla).
27. De la devocion al santísimo Rosario.
( En cuartilla).
28. Alabado sea Dios. — Contra la blasfe
mia. (En cuartilla).
29. Reloj de la pasion de Nuestro Señor
Jesucristo. (En cuartilla).
30. Consuelo á un enfermo. (En cuartilla).
31. Consuelo á un encarcelado. (En cuar
tilla).
32. Recuerdo al bizarro soldado español.
( En cuartilla).
33. Prácticas cristianas para todo el año.
( En cuartilla).
34. Alma perseverante que no se deja se
ducir. (En cuartilla).
35. Alma del Epulon en el infierno. (En
cuartilla).
36. Triunvirato del universo, ó sea nece
sidad de la confesion. (En cuartilla).
37. La santa ley de Dios. ( En cuartilla).
38. Cédula del coro de niñas de la piadosa
Union. (En medio pliego).
39. Cédula del coro de niños de id. (En
medio pliego ).
40. Devocion al Corazon agonizante de Je
sús. (En octavilla).
41 . Máximas para niños y niñas, ósea Es
calera para subir los mismos al cielo. ([En oc
tavilla).
42. Prácticas cristianas para todos, 6 sea
Escalefa para id. (En octavilla).
43. ¿Quién se condenará? (En medio
pliego).
44. Regla de vida para los sacerdotes. (En
medio pliego).
45. Decenario de la sagrada pasion. (En
cuartilla).
46. Excelencias de san Miguel. (En cuar
tilla).
47. Devocion á la santísima Trinidad. (En
cuartilla).
48. Modo práctico de hacer el Via-Crucis.
En cuartilla).
49. Máximas cristianas para todos. (En
pliego).
50. Letrillas del santísimo Sacramento.
[En octavilla).
51. Cánticos en honor de María santísima.
(En octavilla).
32. Cédula de admision ! la Cofradía del
Inmaculado Corazon de María. (En medio
pliego).
53. Cántico á Marfa santísima. (En cuar
tilla).
"i
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1001930371
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