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Ensayo Javiera Ramírez

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Universidad de Valparaíso

Facultad de Ciencias Sociales

Escuela de Psicología

Taller de Integración UV III

La deficiente reparación frente a la violación de los Derechos Humanos en la


Dictadura Militar y el Estallido Social.

Estudiante

Javiera Ramírez Ugalde

Docentes

Lucha Venegas Navarrete

Fecha

28 de junio de 2024
El presente ensayo propone responder a la pregunta ¿De qué manera la reparación
de las violaciones a los Derechos Humanos (DD. HH) en dictadura se relacionan con las
violaciones a los Derechos Humanos del llamado “estallido social” del 2019? Y ¿Por qué la
reparación es un asunto crucial de los DD. HH? Para hacer esto, en primera instancia, es
importante conocer cuáles fueron las dos Comisiones que se formaron en respuesta a la
violación a los DD. HH, con el objetivo de reconstruir la magnitud de estas mismas
(Sepúlveda, 2014). En 1991, se publicó el informe de la Comisión Rettig y en 2004 se
publicó el de la Comisión Valech (Sepúlveda, 2014).

El Informe Rettig permitió cuantificar los asesinatos políticos, dando cuenta de


2.279 personas fallecidas a causa del régimen de las cuales 1.115 lo hicieron debido a la
violación directa a sus DD. HH y 164 como víctimas de violencia política. Por otro lado, la
Informe Valech dio cuenta de las identidades exactas de las personas que sobrevivieron a
episodios de prisión, tortura y violación de sus derechos, concluyendo con más de 35.000

testimonios que el país conoció de forma parcial el año 2004 (Sepúlveda, 2014).

Estos informes permitieron dar cabida a la memoria de las personas, motivando su


publicación y conocimiento con el fin último de “no repetir” más que de “sanar”, en este
sentido, no se enfocó en la búsqueda de la persecución de responsabilidades penales
concretas. Si bien en los informes de las Comisiones se hace uso de la verdad para
reconciliar, lo anterior permitió la instauración de una responsabilidad colectiva que forma
parte del espacio público de la comunidad. Sin embargo, esto perdió fuerza por la necesidad
de mantener la lógica de la gobernabilidad, y el continuo rechazo de la derecha al trabajo de
la Comisión. De esta manera, la comisión desempeño un rol simbólico para fines políticos
(Sepúlveda, 2014).

El cierre de las Comisiones en 2011 fijó el proceso de reparación en una condición


de suspensión perpetua, la cual ha dispuesto un espacio de impunidad en el que han podido
ampararse los agresores, reduciendo sus condenas efectivas. De esta manera, la impunidad
se ha transformado en el mayor agente retraumatizador de quienes debían ser reparados,
esto acompañado de un proceso reparatorio basado en beneficios ha transportado a estas
personas al papel de víctimas, cuyo diálogo con el Estado se realiza a partir de la categoría
diagnóstica del trauma (Bustamante-Danilo y Carreño-Calderón, 2020).

Otra de las medidas más emblemáticas fue la creación de un servicio de atención


integral de salud dirigido especialmente a víctimas sobrevivientes y familiares. Este
servicio nació en 1992 con el nombre de Programa de Reparación y Atención Integral en
Salud y Derechos Humanos (PRAIS) y es uno de los pocos servicios creados a partir de los
resultados de la comisión Rettig que ha superado las alineaciones políticas de los diversos
gobiernos (Bustamante-Danilo y Carreño-Calderón, 2020). A pesar de esto, el Estado
chileno no se ha comprometido con el programa PRAIS para que pueda realizar un correcto
proceso de reparación, poniendo a equipos y usuarios en una condición de precariedad y
propiciando una débil cobertura del abordaje de la victimización de las personas que
sufrieron la represión del Estado (Bustamante-Danilo y Carreño-Calderón, 2020).

En contraposición con lo ocurrido en la dictadura militar, se encuentran los


acontecimientos ocurridos en el Estallido Social, el cual fue un fenómeno social, político y
cultural que movilizó a millones de ciudadanos en protesta contra las desigualdades
sociales y reclamando cambios profundos (Madariaga, 2019). En este escenario se instala la
violencia política, la cual comprendió desde el 17 de Octubre del 2019 al 18 de marzo de
2020 a 3.777 víctimas, con un total de 6.807 denuncias por hechos de violencia y 7
personas fallecidas (INDH, Instituto Nacional de Derechos Humanos, 2021). En este
sentido, la violencia política se ha reproducido de manera cíclica, de modo que los
ciudadanos llevamos inscrita una arqueología de la violencia histórica (Madariaga, 2019).

El equipo del programa PRAIS notificó un aumento de la demanda de atención


cuando comenzó el estallido social debido a la reactivación de los duelos y la reagudización
de la sintomatología a propósito de la violencia política vivida en la dictadura militar. De
esta forma, los eventuales procesos retraumatizantes que se observan en el curso de esta
crisis social tienen trascendencia como problema de salud pública puesto que incidirán en
el comportamiento del proceso salud/enfermedad (Madariaga, 2019). La red PRAIS puede
ser una respuesta estable en el tiempo y con las competencias necesarias para cumplir con
la reparación de las personas violentadas en el estallido social. No obstante, la ley que dio
origen a PRAIS y su normativa son explícitas en señalar que está destinado específicamente
a personas afectadas por la represión de la dictadura militar. Pese a esta restricción legal, el
programa PRAIS fue de apoyo tanto en terreno como de asesoría en las primeras atenciones
a las/os lesionados y/o afectados por estados de shock o traumatización aguda. Por otra
parte, este programa adolece de múltiples deficiencias en cuanto a recursos humanos,
instrumentales, financieros y de infraestructura, lo que hace inviable el agregado de nuevas
acciones de salud en las condiciones actuales (Madariaga, 2019).

En base a todo lo mencionado, se puede concluir que el proceso de reparación de las


violaciones a los DD. HH ha sido deficiente e inconcluso en ambos periodos, tanto en la
dictadura militar de 1973 a 1990, como en el estallido social desde octubre del 2019 a
febrero del 2020, ya que no ha incluido garantías de procesos de salud, ni rehabilitación
psicosocial, como tampoco una correcta reparación que le permita a las víctimas sanar el
dolor y sufrimiento con el que cargan. Es fundamental que el Estado pueda disponer de
acciones de reparación que consideren la indemnización y abarquen las consecuencias de la
vulneración de derechos. Además, es necesario considerar la necesidad de que diversos
profesionales se capaciten en la perspectiva de DD. HH para que se pueda realizar un
proceso de reparación integral (Varas, Grandón, Rojas, Ríos, y Herrera, 2024).

Referencias bibliográficas

Bustamante-Danilo, J. y Carreño-Calderón. (2020). Reparación simbólica, trauma y


victimización: la respuesta del Estado chileno a las violaciones de Derechos
humanos (1973-1990). Iconos, Revista de ciencias sociales, 67(24), pp. 39-59.

INDH. Instituto Nacional de Derechos Humanos. (2021). Reporte de Estadísticas INDH en


la Crisis Social. Santiago, Chile. Recuperado de: https://www.indh.cl

Madariaga, C. (2019). El “Estallido Social” y la salud mental de la ciudadanía. Una


apreciación desde la experiencia PRAIS. Revista Chilena Salud Pública, 23(2), pp.
146-156.
Sepúlveda, D. (2014). Memoria y Reparación: El Tratamiento Institucional a las Víctimas
de Violación de Derechos Humanos en Chile. Política, Revista de Ciencia política,
52(1), pp. 211-227.

Varas, J., Grandón, D., Rojas, G., Ríos, M., y Herrera, A. (2024). Experiencia cotidiana de
personas con trauma ocular y maxilo facial producto de violencia por agentes del
Estado en el contexto del estallido social chileno: aproximaciones desde una
perspectiva de derechos humanos. Cadernos Brasileiros de Terapia Ocupacional,
32.

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