Ana Catalina Emmerick Clemente Brentano
1.-LA CAIDA DE LOS ANGELES
Visión de un Cuadro de la Creación. Desde el amor de Dios, al vivir en
el si mismo, egoísta. La caída de los Ángeles. Sumisión y solicitud de
los coros angélicos ante Dios. Se inicia la lucha entre el bien y el mal.
La Predestinación
Visión de un Cuadro de la Creación
Vi primero aparecer delante de mí un lugar infinito de luz, muy alto en
el espacio, como un globo luminoso semejante a un sol, sentí que en
este globo se encontraba la unidad divina de tres Personas. En mi
propia mente, el nombre era UNA SOLA VOZ y la vi producir sus
efectos, entonces fueron llamados a la existencia los Coros de Ángeles,
infinitamente brillantes, poderosos y bellos, que aparecían bajo el
globo luminoso como anillos o círculos concéntricos brillantes. Este
mundo de luz se ubicaba debajo del sol superior como el otro sol.
Desde el amor de Dios, al vivir en el si mismo egoísta
Al principio estos coros vinieron del sol más alto, como nacidos del
amor. Súbitamente vi que una parte de los coros de espíritus solo se
fijaron en si mismos, atrapados en su propia belleza, mirándose entre
ellos. Estos Espíritus sentían un placer aislado, veían toda la belleza en
ellos mismos; ellos se complacían a si mismos. Al comienzo todos
estos coros de espíritus comenzaron a perderse en la contemplación
de sí mismos, quedando inmóviles. N. del T. La palabra “coro” es usada en
vez de grupo o conjunto.
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Ana Catalina Emmerick Clemente Brentano
La caída de Lucifer.
Paul Gustave Doré (1832-1883) fue un artista francés, grabador e ilustrador. Entre
sus más acabadas manifestaciones artísticas se encuentra el Infierno de Dante y la
Biblia Ilustrada en 1865, que fue un gran éxito para el artista, de manera que en
1867 tuvo que hacer una gran exposición de sus obras en Londres, esta celebración
le permitió fundar la Doré Gallery en New Bond Street.
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Ana Catalina Emmerick Clemente Brentano
La caída de los Ángeles
En ése mismo momento vi que estos Espíritus fueron precipitados
hacia el abismo y que se oscurecían, mientras que los otros Espíritus
se movilizaban y ocupaban las vacantes abandonadas. Y ahora los
ángeles buenos ocuparon un espacio más reducido. No los vi salir de
sus lugares para perseguir y para combatir a los coros caídos. Los
malos ángeles, amates de si mismos cayeron muy bajo, mientras que
los que no siguieron su ejemplo ocuparon sus lugares vacantes.
Todo esto fue instantáneo. Cuando estos Espíritus fueron precipitados
hacia el abismo vi aparecer, abajo, un disco de tinieblas que me
pareció que constituía su nueva morada y comprendí que su caída era
irremediable. Pero el espacio que ocupaban ahora abajo era mucho
más restringido que el que habían tenido arriba, me parecían a mí
apretados unos contra otros y no libres como antes.
Desde niña había visto la Caída de los Ángeles, estaba asustada día y
noche por su acción y me decía que debían causar mucho dolor y mal
a la tierra: ellos están siempre alrededor de la tierra. Felizmente no
tienen cuerpo; si no, oscurecerían el sol y los veríamos sostenerse
delante de él como nubarrones; esto sería espantoso.
Sumisión de los coros angélicos ante Dios
Inmediatamente después la caída, vi los Espíritus de los círculos
luminosos humillarse delante del globo de la Divinidad y pedir con
sumisión que los que habían caído, fueran restablecidos. Entonces vi
un movimiento y una operación en el globo de Dios, que había
quedado hasta ahí inmóvil y que estaba, según comprendí, esperando
esta demanda.
Después de esta gestión de los Coros Angélicos, comprendí
interiormente que debían quedar en lo sucesivo preservados de toda
caída.
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Ana Catalina Emmerick Clemente Brentano
Se inicia la lucha entre el bien y el mal. La
Predestinación
Yo tenía además conocimiento de
que era la voluntad de Dios, que
mientras los Coros caídos no
fueran restablecidos en cuanto al
número, habrá un combate. Esta
lucha es infinitamente larga, para
mi alma, casi imposible de lograr.
Este combate se efectuará sin
embargo sobre la tierra, porque no
puede haber mas luchas allá
arriba, por orden de Dios.
Después de ver esta
transformación, ya no fui nunca
más capaz de tenerle la menor
piedad al diablo porque lo vi
precipitarse con violencia al
abismo, en el ejercicio libre de su
mala voluntad. Ya no estuve disgustada con Adán, ya que pensé que
había sido predestinado.
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