Ana Catalina Emmerick Clemente Brentano
XXI
JESÚS EN JUTA DA A CONOCER LA MUERTE DE JUAN EL BAUTISTA
Jesús en casa de Zacarías, herencia de Juan el Bautista
Jesús fue con Sus discípulos a Juta, al lugar de nacimiento del
Bautista. Esto quedaba a una distancia de cinco horas de la posada
fuera de Jerusalén y a una hora de Hebrón. María, Verónica, Susana,
Juana Chusa, Juana Marcus, Lázaro, José de Arimatea, Nicodemo, y
varios de los discípulos de Jerusalén esperaba allí a Jesús. Ellos
habían viajado en pequeños grupos y, habiendo hecho una ruta más
corta desde Jerusalén, habían alcanzado su destino varias horas
antes de Él.
La casa de Zacarías estaba situada en una colina fuera de Juta.
Ambas, tanto la casa como sus alrededores, que consistían en viñas,
eran la herencia del Bautista. El hijo del hermano de su padre,
igualmente llamado Zacarías, ocupaba la casa en ese tiempo y
manejaba todos los negocios. Él era un Levita y un amigo íntimo de
Lucas, a quien poco antes había visitado en Jerusalén, y se había
enterado entonces de muchos detalles de la Familia Santa. Él era
más joven que el Bautista, de la edad del Apóstol Juan. A partir de
sus primeros años el era como un hijo en la casa de Elizabeth.
Pertenecía a la clase de Levitas que venían siendo como los
Esenios, quienes, habiendo recibido de sus antepasados el
conocimiento de ciertos misterios, esperaban con seria devoción la
llegada del Mesías. Zacarías era de los iluminados y además soltero.
Él recibió a Jesús y a Sus compañeros con las señales
acostumbradas de respeto, el lavado de los pies y con refrigerios.
Después de esto Jesús acudió a la sinagoga en Hebrón.
Celebración de la festividad por victoria del rey David sobre Absalón
Era un día de ayuno, y durante aquella tarde comenzó una
celebración local en Juta y Hebrón. Esta se realizaba en memoria de
la victoria de David sobre Absalón, que ocurrió en Hebrón. Este lugar
había sido su lugar de nacimiento, y aquí se levantó por primera vez
el estandarte de la rebelión. Numerosas lámparas fueron encendidas
durante esta festividad incluso durante el día, tanto en la sinagoga,
como en las viviendas privadas. La gente dio gracias por la luz
interior que había conducido entonces a sus antepasados a elegir lo
correcto, e imploró que continuara aquella iluminación divina, para
permitirles siempre tomar la mejor opción. Jesús entregó una
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enseñanza a un auditorio muy grande. Los levitas le mostraron gran
estima y afecto, y Él tomó una comida con ellos.
María relata a las santas mujeres sus recuerdos de la infancia de
Juan
Cuando Maria hizo el viaje con las mujeres a esta parte del país, ella
les contó muchos detalles relacionados con su antiguo viaje, hecho
con José, cuando visitó a Elizabeth. Ella les relató un poco cuando
José se molestó con su despedida al irse de casa, y les reveló su
inquietud al pensar cómo reaccionaría José, cuando a su regreso él
notara el cambio en su condición. Ella también dio una vuelta con las
santas mujeres por todos los sitios misteriosos relacionados con su
Visitación y como había ocurrido el nacimiento de Juan. Ella contó
como saltó Juan de alegría, en la matriz de su madre, al saludar a
Elizabeth, y del Magníficat que ella había pronunciado bajo la
inspiración de Dios, y que ella después recitaba cada tarde con
Elizabeth. Ella también relató sobre el castigo de Dios a Zacarías,
que fue cuando quedó mudo, y Dios le devolvió el habla en el
momento en el cual él pronunció el nombre de Juan. Todos estos
misterios, hasta ahora desconocidos para ellas, María se los
revelaba a las santas mujeres, con lágrimas en los ojos, pues eran
recuerdos sensibles para ella. Las mujeres también lloraron en
algunas partes de su relato, pero sus lágrimas eran más bien de
alegría que las de María, la que más bien estaba afligida en este
momento por la muerte de Juan, detalle que las otras mujeres aún
desconocían. Les mostró también la fuente que con su oración había
aparecido cerca de la casa, y de la cual todas ellas bebieron.
El Manto que Maria Santísima le había hecho a Juan
En la comida familiar, Jesús enseñaba. Las mujeres estaban
sentadas aparte. Después de la comida, la Santísima Virgen fue con
Jesús, Pedro, Juan, y los tres discípulos del Bautista, Jaime,
Heliacim, y Sadoc (los hijos de su hermana mayor María Heli) al
cuarto en el cual Juan había nacido. Ellos extendieron una manta
grande, parecida a una alfombra, en el suelo y todos se arrodillaron
o sentaron alrededor de ella. Jesús, sin embargo, permaneció de pie.
Él les habló de la santidad de Juan y de su vida. Entonces la
Santísima Virgen les contó sobre las circunstancias de cómo había
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sido hecho aquel manto. Al momento de su visita a Elizabeth, entre
las dos lo habían elaborado y que sobre este manto Juan había
nacido. Este también cubría el camastro sobre el cual Elizabeth
había dado a luz. Era de lana amarilla, acolchada y adornada con
flores. En la parte superior fueron bordadas las palabras de saludo
de Elizabeth y el Magníficat. Al medio había amarrada una especie
de bolsa, en la cual una mujer que estaba por ser madre, podía
poner sus pies, abrochándolos como en un saco. La parte superior
de esta bolsa formaba una especie de capa con capucha, que podía
ser usada como abrigo. Era de lana amarilla, con flores marrones, y
semejante a una bata, al lado inferior había sujetada una manta
acolchada. Vi a María levantar la parte superior delante ella,
mientras leía y explicaba los pasajes y las profecías que había
bordado. Ella también les contó que le había predicho a Elizabeth
que Juan vería a Jesús cara a cara sólo tres veces, y como esto se
cumplió: primero, cuando niño en el desierto en su viaje a Egipto,
ella con Jesús y José, habían pasado, aunque a alguna distancia; la
segunda vez, en el bautismo de Jesús; y la tercera, cuando en el
Jordán él vio pasar a Jesús y fue testigo de Él.
El apóstol Juan llora la muerte del Bautista
Y ahora Jesús les reveló el hecho que Juan había sido muerto por
Herodes. Una pena profunda tomó posesión de todos ellos. Mojaron
la manta con sus lágrimas, sobre todo Juan, que se lanzó llorando
en el suelo. Estaba angustiado, postrado, sollozando y
lamentándose, su cara presionada sobre la manta. Solo Jesús y
María estuvieron de pie, hasta el final. Jesús los consoló con
palabras serias y los preparó para golpes todavía más crueles. Él
ordenó silencio sobre esta materia desde entonces, que a excepción
de ellos, solo era conocido sólo por sus autores.
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La Cueva de Macpela, donde Abraham y otros Patriarcas fueron
sepultados
Hacia el sur de Hebrón estaba la arboleda de Mamre y la Cueva de
Macpela, donde Abraham y otros Patriarcas estaban sepultados.
Jesús dio sus enseñanzas y luego curó a algunos campesinos
enfermos que vivían allá aislados. El bosque de Mamre era un valle
lleno de robles, hayas, y nogales, que estaba aparte y retirado. En el
borde del bosque estaba la enorme cueva de Macpela, en el cual
Abraham, Sara, Jacob, Isaac, y los otros Patriarcas estaban
sepultados. (Génesis 25:7-11) La cueva era doble con dos
subterráneos. Algunas tumbas estaban talladas en las rocas
sobresalientes, mientras que otras estaban construidas en la pared
rocosa. Esta gruta todavía es mantenida con gran veneración. Un
jardín de flores y una zona para la enseñanza están a su entrada. La
roca estaba densamente cubierta con vides, y el grano de la uva
estaba crecido. Jesús entró a la gruta con los discípulos, y varias de
las tumbas estaban abiertas. Algunos esqueletos habían caído al
polvo, pero el de Abraham estaba en su nicho en estado de
preservación. De él caía una manta café de pelo de camello, algunos
cordones eran del grueso del dedo de un hombre. Jesús habló allí. Él
habló de Abraham, de la Promesa y su realización. Algunos
enfermos a quienes Jesús había curado habían sido paralíticos,
otros tísicos, otros edematosos. No vi aquí a ningún poseído,
aunque había algunos mentalmente retardados y otros de aspecto
extravagante. La tierra de alrededor era muy fértil, y el grano
notablemente hermoso estaba ya completamente amarillo. El pan de
estas partes era excelente, y casi todas las personas tenían su
propia vid. Las montañas terminaban en mesetas sobre las cuales
estaba cultivado el trigo; sus laderas estaban cubiertas de viñas, y
en ellas se encontraban maravillosas grutas. Cuando Jesús y los
discípulos entraron en la Cueva Macpela, ellos dejaron sus zapatos
fuera de la entrada, quedando descalzos y de pie, en silencio
reverencial alrededor de la tumba de Abraham. Solamente Jesús
habló.
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Macpela, la Tumba de los Patriarcas al sur de Hebrón.
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Reseña sobre David y El Arca de la Alianza
Desde allí, Él fue a la pequeña ciudad Levítica de Betania a una hora
al sudeste de Hebrón, por una subida muy escarpada. Él realizó
algunas sanaciones y dio una enseñanza en la cual Él habló del Arca
de la Alianza y de David, ya que en Betania el Arca estuvo quince
días. David, por orden de Dios, la había sacado en secreto de la
casa de Obededon, en la noche y con los pies descalzos. Cuando él
la devolvió, la gente exasperada casi lo apedrea.
Regreso de Maria a Galilea
Allí cerca de Betania había un pozo muy profundo, del cual el agua
era sacada en bolsos de cuero, o botellas. El suelo rocoso de los
caminos era blanco, así también las piedras sobre el. Nicodemo,
Jose de Arimatea, Lázaro, las mujeres de Jerusalén y María
comenzaron su viaje de regreso a casa. Lázaro a Jerusalén, donde
tuvo que realizar un servicio de siete días en el Templo. María no
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volvió a Betania, fue directamente a Galilea por la vía de Macma,
donde ella celebró el sábado en la escuela de enseñanza. Ella tenía a
Ana Cleofás y a una de las parientes de Elizabeth de Sapia con ella.
Sapia era el lugar de nacimiento de Jaime y Juan. María había traído
la manta de Elizabeth con ella. Un criado la llevaba enrollada en una
cesta.
Jesús relata su encuentro con Juan en la infancia.
Jesús les hablaba en Juta, a aquellos a quien la Santísima Virgen les
mostraba la manta, refiriéndoles el fuerte deseo de Juan de verlo a
Él. Pero Juan, dijo Él, había vencido sus deseos y no había añorado
más que la realización de su misión, que era la de precursor y
preparador, no la de ser Su seguidor y constante compañero.
También cuando era solo un muchacho, se había comportado de la
misma manera. Cuando Sus padres viajaban con Él por el desierto
hacia Egipto, el camino conducía el lugar donde estaba Juan, a una
distancia del tiro de una flecha. Juan corrió a lo largo de un arroyo y
altos arbustos. Él sostenía en su mano una pequeña vara sobre el
cual estaba fijada una banderola de corteza, que él movía, saltando
y bailando de alegría a lo largo del arroyo, hasta que ellos cruzaron
y se perdieron de vista. Sus padres, María y José, continuó Jesús, lo
levantaron sobre sus manos y le dijeron: ¡"mira, Juan en el
desierto!" Esto fue así, porque el Espíritu Santo había conducido al
muchacho a saludar a su Maestro, al cual ya había saludado desde la
matriz de su madre. Mientras Jesús contaba lo sucedido, los
discípulos lloraban pensando en la muerte de Juan y vi otra vez la
escena indescriptiblemente conmovedora a la cual Él se refería.
Juan estaba desnudo a excepción de la piel que él llevaba puesta
amarrada a su hombro y ceñida alrededor de su cintura. Él sintió
que su Salvador estaba cerca y que Él tenía sed. Entonces el
muchacho orando, cavó con su pequeño palo en la tierra, y ahí salió
un chorro de agua. Juan corrió hacia delante y esperó, bailando y
agitando su pequeño estandarte hacia ellos, para ver a Jesús y
Sus padres cuando pasaron por el pequeño arroyo.
Se agregan detalles del encuentro de Juan y Jesús en el desierto
Entonces lo vi corriendo hacia atrás a una especie de valle pequeño,
donde una gran roca que sobresalía formaba una cueva. Una
pequeña corriente que partía de aquel arroyo encontró su camino
por el valle hacia una cavidad en la pequeña hondonada, que Juan
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luego ocupó para su propio uso. Él permaneció en aquella cueva por
largo tiempo. El camino efectuado por la Santa Familia en aquel
viaje conducía a través de una parte del Monte de los Olivos. A una
media hora al este de Belén, ellos pararon para descansar, y luego
prosiguieron su camino, el Mar Muerto a su izquierda, a siete horas
al sur de la ciudad y a dos horas más allá de Hebrón, donde ellos
entraron en el desierto donde estaba el muchacho Juan. Los vi andar
a través del nuevo riachuelo, haciendo una pausa para descansar en
un punto agradable cerca de el, y refrescándose en sus aguas.
Jesús habla del dominio de si mismo que tenia Juan
En el viaje de vuelta de la Familia Sagrada desde Egipto, Juan vio
otra vez a Jesús en el espíritu. El acudió gozoso, avanzado en
dirección a su Señor, pero no lo vio entonces cara a cara, pues
estaban separados por una distancia de dos horas. Jesús habló
también del gran dominio de sí mismo de Juan. Incluso cuando lo
estaba bautizando a Él, él había retenido sus emociones por la
solemne ocasión, aunque su corazón estuviera casi roto por su
intenso amor y exaltación. Después de la ceremonia, él intentaba
más humillarse a si mismo que gratificar su amor Mirándolo.
Fiesta de la Expulsión de los Saduceos del Sanedrín al negar la
resurrección
Jesús enseñó en la sinagoga de Hebrón con motivo de una
celebración en memoria de la expulsión de los Saduceos del
Sanedrín, quiénes bajo el dominio de Alejandro Janneus, habían sido
el partido dominante. Había tres arcos de triunfo erigidos alrededor
de la sinagoga, y a ellos habían sido traídos hojas de vid, mazorcas
de maíz, y todas las clases de coronas florales. La gente formó una
procesión por las calles, que fueron cubiertas con flores, ya que esto
era también el comienzo de la fiesta de la Luna Nueva, aquella del
cuarto creciente, y finalmente era también la festividad de la
purificación de los árboles que habían cumplido cuatro años. Por
esta causa habían sido erigidos tantos arcos de hojas y flores. Esta
Fiesta de la Expulsión de los Saduceos (quiénes negaban la
resurrección) coincidía exactamente con la celebración de los
árboles retornando a la nueva vida.
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Jesús sana a gente humilde
En Su alocución en la sinagoga Jesús habló sobre la resurrección de
los muertos y atacó por ello con fuerza a los Saduceos. Algunos
Fariseos de Jerusalén habían venido aquí para la fiesta. Ellos no
discutieron con Jesús, y se comportaron con Él más cortésmente. Él,
en efecto, no experimentó ninguna contradicción aquí, ya que la
gente era decente y bien dispuesta. Él realizó algunas sanaciones,
tanto en las casas, como ante la sinagoga, sanando sobre todo a
gente humilde. Había lisiados, tísicos, paralíticos y retardados, como
también otros alterados por ciertas tentaciones.
Descripción de los bienes materiales que fueron de Zacarías
Juta y Hebrón estaban conectados. Juta era una especie de barrio
residencial unido a Hebrón por una fila de casas. Antiguamente
ambas ciudades deben haber estado completamente separadas,
pues existía una pared en ruinas, parecida a un pequeño valle, que
se extendía entre los dos lugares. La casa de Zacarías comprendía la
escuela de Juta. Esta estaba aproximadamente a un cuarto de hora
de la ciudad y situada en una colina. Alrededor de ella habían
jardines encantadores y viñas, y no muy lejos habían otras viñas
más lujosas, en medio de las que había una pequeña vivienda. Estas
viñas igualmente habían pertenecido a Zacarías. La escuela lindaba
con el cuarto en el cual Juan había nacido. Yo vi todo aquello
mientras Jesús, Maria y los discípulos examinaban la manta.
Jesús da un sermón de profundo significado en la Sinagoga de
Hebrón
La siguiente vez que Jesús enseñó en la sinagoga de Hebrón, el
edificio sagrado estaba abierto hacia todos lados, y cerca de la
entrada, estaba puesta en una posición elevada, la silla del que
enseñaba, al lado de la cual Él estaba de pie. Todos los habitantes
de la ciudad y de los de lugares cercanos estaban reunidos, los
enfermos tendidos en pequeñas camas o sentados sobre mantas
alrededor de la silla del predicador. El lugar entero estaba atestado.
Los arcos de la fiesta todavía estaban en pie y la escena era
realmente conmovedora. La multitud pareció impresionada y
erigida, y ninguna palabra de contradicción fue escuchada. Después
de la instrucción Jesús curó a los enfermos. El discurso de Jesús en
esta ocasión estaba lleno de significado profundo. Las lecciones de
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la Escritura se referían a la oscuridad egipcia, la institución del
cordero Pascual, y la salvación del primogénito; había también algo
de Jeremías. Jesús dio una explicación maravillosamente profunda
de la salvación del primogénito. Recuerdo que Él dijo: "cuando el
sol y la luna están oscurecidos, la madre trae al niño al Templo para
ser redimido." Al hacer uso de la expresión: "obscurecer el sol y la
luna." Él se refería a la concepción, al nacimiento, a la circuncisión,
y presentación en el Templo, o sea al nacer y presentarse en el
templo el niño salía de la oscuridad a la luz. La salida de Egipto, tan
llena de misterio, fue asociada al nacimiento de la humanidad. Él
habló de la circuncisión como un signo externo, que al igual que la
obligación del rescate del primogénito, sería abolida algún día.
Jesús recuerda a Jeremías y Zacarías
Nadie contradijo a Jesús; todos Sus oyentes estaban muy tranquilos
y atentos. Él habló igualmente de Hebrón y de Abraham, y llegó por
fin a Zacarías y Juan. Él aludió a la alta dignidad de Juan en
términos más detallados e inteligibles como nunca antes, a saber, su
nacimiento, su vida en el desierto, su predicación de la penitencia, el
bautismo, el testimonio fiel de su misión como precursor, y
finalmente de su encarcelamiento. Entonces Él aludió al destino de
los Profetas y del Sumo Sacerdote Zacarías, que había sido
asesinado entre el altar y el santuario, también los sufrimientos de
Jeremías en el calabozo en Jerusalén, y las persecuciones
soportadas por los demás. Cuando Jesús habló del asesinato del
primer Zacarías entre el Templo y el Altar, los parientes presentes
pensaron en el triste destino del padre del Bautista, que Herodes
había traído con señuelos a Jerusalén y luego lo había hecho
asesinar en una casa vecina. Jesús sin embargo no había hecho
ninguna mención de este último hecho. Zacarías fue sepultado en
una bóveda cerca de su propia casa fuera de Juta.
Jesús habla de la muerte de los profetas, incluyendo a Juan.
Cuando Jesús hablaba así de manera impresionante y muy
significativa de Juan y la muerte de los Profetas, el silencio en todas
partes de la sinagoga se volvió más profundo. Todos estaban
hondamente afectados, muchos lloraban, y hasta los Fariseos
estaban conmovidos. Varios de parientes de Juan y amigos,
recibieron en ese momento una iluminación interior por la cual
entendieron que el Bautista estaba muerto, y algunos se
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desmayaron de dolor. Esto produjo una alteración en la sinagoga.
Jesús calmó la perturbación dirigiéndose a las personas que podían
apoyar a aquellos que se habían desmayado, ellos se reanimaron
pronto; así solo estuvieron recostados unos pocos momentos en los
brazos de sus amigos, mientras Jesús siguió con Su discurso.
Jesús explica que Juan estuvo simbólicamente entre el Templo y el
Altar
Para mí había algo significativo en las palabras, "Entre el Templo y
el altar," como fue relatado el asesinato del primer Zacarías. Ello
podría ser aplicado a Juan, la muerte del Bautista durante la vida de
Jesús. Juan también estuvo entre el Templo y el Altar, ya que Juan
murió entre el Nacimiento de Jesús y Su Sacrificio sobre el Altar de
la Cruz. Pero el significado de estas palabras no fue entendido por
los oyentes de Jesús. Al final de la enseñanza, los que se habían
desmayado fueron conducidos a sus casas.
Además de Zacarías, el primo de Juan, Elizabeth tenía a una sobrina,
la hija de su hermana, casada aquí en Hebrón. Ella tenía una familia
con doce hijos, algunas de sus hijas ya eran crecidas. Eran ellas y
algunos otros quiénes se habían afectado tan profundamente. Al
dejar la sinagoga Jesús fue con Zacarías, el joven, y los discípulos a
la casa de la sobrina de Elizabeth, donde Él no había estado nunca.
Las santas mujeres, sin embargo, la habían visitado varias veces
antes de su partida. Jesús había acordado cenar con ella este día,
pero fue una comida muy triste.
Jesús da a conocer la muerte de Juan a sus parientes
Jesús estaba en un cuarto con Pedro, Juan, Jaime Cleofás, Heliacim,
Sadoc, Zacarías, la sobrina de Elizabeth y su marido. Los parientes
de Juan preguntaron a Jesús con voz temblorosa: ¿señor, veremos a
Juan otra vez? Ellos estaban en un cuarto retirado, la puerta cerrada
con llave, de modo que nadie pudiera molestarlos. Jesús contestó
con lagrimas: ¡'no!' y habló con la mas honda emoción, pero en
términos de consolación, de la muerte de Juan. Cuando ellos
tristemente expresaron su miedo de que el cuerpo del difunto fuera
maltratado, Jesús los tranquilizó. Él les dijo que no, que el cadáver
estaba intacto, aunque la cabeza hubiera sido maltratada y lanzada
a una alcantarilla; pero esta también sería conservada y saldría a luz
algún día. Él les dijo igualmente, que en algunos días Herodes
abandonaría Maqueronte y la noticia de la muerte de Juan se
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extendería en el extranjero; entonces ellos podrían llevarse el
cuerpo. Jesús lloró junto a Sus oyentes doloridos. Ellos después
participaron en una comida, que, debido a la condición retirada del
recinto, el silencio, la gravedad, el gran ardor y la emoción de Jesús,
me hizo pensar en la Última Cena.
Visión de la llegada de Maria a presentar a Jesús en el Templo
En esa ocasión tuve una visión de un cuadro, de la llegada de Maria
a presentar a Jesús en el Templo. Esta presentación fue el día
cuarenta y tres después de Su nacimiento. La Familia Sagrada,
debido a una festividad que se celebraba durante tres días, debió
esperar junto a gente piadosa en la pequeña posada fuera de la
puerta de Belén. Además del ofrecimiento habitual de palomas,
María trajo cinco pequeños platos triangulares de oro, regalos de los
Tres Reyes, y varios pedazos de tela fina bordada, como un presente
para el Templo. El asno que José había empeñado a uno de sus
parientes, ahora lo volvía a adquirir. Tengo la impresión, que el
asno usado por Jesús en la entrada a Jerusalén en el Domingo de
Ramos era descendiente de aquel.
Jesús también enseñó en Juta acompañado por aproximadamente
diez Levitas, y fue a las casas de la vecindad, en la cual Él restauró
la salud a muchos enfermos. Ni los leprosos, ni poseídos
encolerizados, ni grandes pecadores, hombres o mujeres,
aparecieron ante Él en estos lugares. Esa tarde Él tomó con los
Levitas una comida frugal que consistió en aves, pan, miel, y fruta.
Jesús posterga invitación a acudir a Jerusalén.
José de Arimatea y varios discípulos habían venido aquí a fin de
invitar a Jesús a Jerusalén, donde numerosos enfermos esperaban
por Él. Él, dijeron ellos, podría venir ahora sin miedo de ser
molestado, ya que Pilatos y Herodes estaban en conflicto por el
tema de un acueducto arruinado, y los magistrados judíos estaban
también atentos sobre este punto en cuestión. Pero Jesús no iría en
seguida, aunque Él prometió hacerlo así antes de Su regreso a
Galilea. Los parientes femeninos de Juan celebraron el sábado en su
propia casa. Ellas se vistieron con ropa de luto y se sentaron en la
tierra, una superficie iluminada por muchas lámparas, colocadas en
el centro del apartamento. Los Esenios que moraban cerca de la
tumba de Abraham vinieron de dos en dos a Jesús. Ellos vivían
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alrededor de una montaña en celdas construidas en las rocas. Sobre
la montaña había un jardín que ellos poseían.
La muerte de Juan se va conociendo poco a poco
Alrededor de la casa de Zacarías había jardines muy lindos y rosales
notablemente altos y gruesos. Viniendo de Jerusalén, uno podía ver
esto desde una colina; a un cuarto de hora de distancia y a la
derecha se elevaba otra colina más alta, sobre la cual estaban sus
viñas, y a su lado brotaba a borbotones el arroyo que María había
descubierto. El Hebrón de Abraham no era igual que aquel en el
cual Jesús estaba ahora. El antiguo estaba al sur, en ruinas,
separado del anterior por un valle. En el tiempo de Abraham, cuando
ya existía, tenía calles amplias y casas en parte talladas en las
rocas. No lejos de la casa de Zacarías había un lugar llamado Jeter.
He visto a María y Elizabeth allí varias veces. La gente de Juta
comenzó a sospechar por las palabras de Jesús y por el luto de los
parientes del Bautista, que Juan ya no estaba con vida, y pronto el
informe de su muerte fue susurrado por todos los alrededores.
Jesús visita la Tumba de Zacarías para el entierro de Juan.
Antes de Su partida de Juta, Jesús visitó la tumba de Zacarías en
compañía de Sus discípulos y los sobrinos de Juan. No parecían
tumbas ordinarias. Eran más bien como catacumbas, consistiendo
en una bóveda apoyada en pilares. Esto era el lugar de entierro más
honorable para sacerdotes y Profetas. Había sido determinado que
el cuerpo de Juan debería ser traído de Macaerus para ser sepultado
allí, por lo tanto la bóveda fue arreglada y erigido un cofre de
entierro. Era muy conmovedor ver a Jesús ayudar a preparar un
lugar para el descanso de Su amigo. Él le rindió honor al recuerdo
de Zacarías en este lugar. Elizabeth no fue sepultada aquí, sino en
una alta montaña, en aquella cueva en la que Juan había vivido en el
desierto cuando niño.
Muchos se siguen enterando del asesinato de Juan
A la salida de Jesús de Juta, Él fue seguido de por una escolta de
hombres y mujeres. Las mujeres, después de acompañarlo por una
distancia de una hora, lo dejaron, pero no sin antes haberse
arrodillado y recibido Su bendición. Ellos querían besar Sus pies,
pero Jesús no lo permitió. Jesús y Sus discípulos viajaban ahora
hacia Libna, fuera de la cual ellos se detuvieron en una posada. Los
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hombres de Su escolta acudieron ahora y se sentaron frente a la
posada. Saturnino, Judas Barsabas, y otros dos discípulos que
habían ido de Galilea a Maqueronte, luego a Juta, y que finalmente
habían venido aquí a la búsqueda de Jesús, llegaron ese día. Con
muchas expresiones de pena ellos relataron el asesinato del
Bautista. Cuando Herodes y su familia, con una numerosa escolta de
soldados, fueron de Maqueronte a Hesebón, la noticia de la
decapitación de Juan fue diseminada por algunos desertores.
Algunos de los sirvientes del Centurión Zorobabel que habían sido
heridos en el último desastre en Jerusalén, volviendo a Capernaúm
también habían traído las noticias.
Primeras acciones para rescatar el cuerpo de Juan
Zorobabel había comentado inmediatamente el espantoso
acontecimiento a Judas Barsabas, que estaba en la vecindad,
después de lo cual se apresuró, con Saturnino y otros dos
discípulos, a la región de Maqueronte, donde en todas partes
recibieron la misma noticia. Desde Maqueronte, se habían
apresurado al lugar natal de Juan a fin de tomar acciones para el
retiro del cuerpo. Pero oyendo que Jesús estaba en la posada, ellos
fueron para encontrarlo. Luego, acompañado por los hijos de Maria
Heli, los sobrinos de Jose Arimatea, los de Zacarías, y los hijos de
Juana Chusa y Verónica, salieron a Maqueronte, tomando el camino
a Juta. Ellos llevaron un asno cargado con todo lo necesario para
realizar su obra. Maqueronte ahora, a excepción de unos pocos
soldados, estaba abandonado.
Pilatos indaga sobre Jesús.
Jesús se quedó un tiempo en estos lugares a fin de no encontrarse
con Pilatos quién, con su esposa y un séquito de quince personas,
estaba en camino de Jerusalén a Apolonia. Él pasó por Betsur y
Antípatris. De Apolonia embarcó a Roma, a presentar una demanda
contra Herodes. Antes de su salida de Jerusalén, Pilatos había
sostenido una conferencia con sus oficiales sobre Jesús el Galileo,
que realizaba grandes milagros, El cual estaba entonces en los
alrededores de Jerusalén. Pilatos preguntó: ¿"es seguido Él de una
muchedumbre? ¿Están ellos armados?" "No," era la respuesta. "Él
va sólo con unos pocos discípulos y gente de ninguna importancia,
son de las clases más bajas, y a veces Él va solo. Él enseña en las
montañas y en las sinagogas, cura a los enfermos y da limosna.
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¡Para oír Sus enseñanzas, la gente se junta de todos los lados, a
menudo llegan al número de varios miles! ¿"El no habla en contra
del Emperador?" preguntó Pilatos. "No. Sus enseñanzas van todas
en el mejoramiento de la moral. Él inculca la práctica de piedad, Él
impregna a Sus oyentes a dar al Emperador lo que le pertenece, y a
Dios lo que le pertenece a Él. Pero Él, a menudo hace mención de un
Reino que Él llama Suyo propio, y dice que está tan cerca como Su
mano." Con eso Pilatos contestó: "mientras Él no haga Sus milagros
con soldados o una muchedumbre armada, no hay nada que temer
de Él. Tan pronto como Él deja un lugar donde ha realizado milagros
y va a otro, Él será olvidado y difamado. En efecto he oído que los
mismos sacerdotes judíos están en Su contra. No hay peligro que
pueda provenir de Él. ¡Pero si Él es visto alguna vez yendo con
seguidores armados, Su peregrinar debe terminar!"
Los Judíos detestaban a los Romanos y a Pilatos
Pilatos ya había tenido varios encuentros con los Judíos, que lo
detestaban. Una vez que él había establecido que los estándares
romanos fueran introducidos en la ciudad, los judíos se levantaron
en una insurrección. Otra vez, con motivo de una festividad en
donde a los judíos no se les permitía usar armas, ni tocar el dinero,
vi a los soldados de Pilatos entrar en el Templo, forzar la caja en la
cual estaba la ofrenda, y llevarse el contenido. Esto fue cuando
Juan todavía bautizaba en el Jordán cerca de On, y Jesús venía
desde el desierto.
Jesús se dirige a Bet-sur, donde es muy bien acogido
De Libna Jesús fue a Bet-sur, aproximadamente a diez horas al
norte y a una distancia de dos horas de Jerusalén. Bet-sur era un
lugar fortificado. Este tenía ciudadelas, terraplenes y fosos, que se
habían derrumbado, estando algo arruinados, sin embargo, no tanto
como aquellos de Betul. Bet-sur era ciertamente tan grande como
Bet-horón. El lado por el cual Jesús entró no era empinado, sino que
entre este y Jerusalén había un valle hermoso. Desde los lugares
altos de una ciudad se podía ver las otras. Al lado opuesto el camino
era escarpado y las ciudades eran construidas con torres de
vigilancia para poder rechazar a los enemigos. El Arca de la Alianza
estuvo en Bet-sur durante mucho tiempo, como fue de público
conocimiento.
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Ana Catalina Emmerick Clemente Brentano
Jesús fue muy bien acogido en Bet-sur. Lázaro y algunos de Sus
amigos de Jerusalén ya estaban ya allí. Los Bet-suritas lavaron los
pies de Jesús, como también a Sus discípulos, y con afecto sincero
les ofrecieron abundantemente, lo que ellos necesitaban. Jesús se
alojó en una posada cerca de la sinagoga. Los Tres Reyes, viajando
de Jerusalén al Pesebre, pasaron cerca de Bet-sur, tomaron algún
refrigerio con su caravana, y una vez más vieron la estrella en esta
región.
Bet-sur no debe ser confundido con cierto Bet-horón que están entre
Belén y Hebrón, y cerca de donde Felipe bautizó al criado de la Reina
Candace. Algunas veces este lugar, de nombre Bet-horón, es
incorrectamente llamado Bet-sur. En algunas casas de Bet-sur,
Jesús curó sin perturbación a varios ancianos que estaban muy
enfermos, algunos de ellos edematosos. Los habitantes estaban muy
bien dispuestos, y los mismos Ancianos de la sinagoga condujeron a
Jesús a las diferentes casas. Él dio sermones también en la escuela,
y Lo vi bendecir a un gran número de niños, primero los muchachos
y luego las muchachas. Él se interesó por ellos enormemente, y
realizó algunas curas entre ellos.
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