Unidad XVI- Delitos contra la Administración Pública
I. CONCEPTO GENERALES.
Bien jurídico protegido. Sistematización del título.
El Título 11 correspondiente al Libro segundo del Código Penal, se aboca a los delitos
contra la administración pública, porque el correcto desempeño de la función pública
constituye un requisito indispensable en el desarrollo del sistema democrático; y éste
es el interés que se tutela.
El concepto administración pública que interesa al Derecho Penal no se limita a la
esfera administrativa del gobierno sino que abarca, además, a sus órganos legislativo
y judicial, no sólo en sus funciones específicas sino también en el desempeño
administrativo de todos ellos. Se entiende que las conductas que se tipifican en este
Título son las que afectan al normal, ordenado y legal desenvolvimiento de la función
de los órganos del Estado, en todas las ramas de sus poderes, a lo que se agrega el
interés en el decoro o prestigio de la administración pública.
No obstante la denominación general del Título, como es grande la variedad de delitos
que se agrupan en este Título, ello exige que sea identificado en forma particular el
bien jurídico que ataca cada conducta delictiva.
En los “Delitos contra la Administración Pública”, el Cap 1 esta dedicado a “Atentado y
resistencia contra la autoridad y a través de 7 artículos se contemplan las siguientes
figuras:
Atentado contra la autoridad (art 237)
Figuras agravadas (art 238)
Resistencia y desobediencia (art 239)
Atentados leves (art 241)
Violación de fueros (art 242)
Incumpliemiento de un deber procesal (art 243).
II. CONDUCTAS QUE LESIONAN EL EJERCICIO DE LA FUNCIÓN PÚBLICA.
1. Atentado a la autoridad:
El art. 237.- “Será reprimido con prisión de un mes a un año, el que empleare
intimidación o fuerza contra un funcionario público o contra la persona que le prestare
asistencia a requerimiento de aquél o en virtud de un deber legal, para exigirle la
ejecución u omisión de un acto propio de sus funciones”.
De ese modo, el bien jurídico tutelado por esta figura es la libertad de determinación
del funcionario en el ejercicio de su misión; es decir, al ejecutar sus decisiones, lo cual
es indispensable para el normal desenvolvimiento de la administración de los asuntos
del Estado.
A) Sujeto activo: puede ser cualquier persona, desde que la ley no requiere
cualidades especiales.
B) Sujeto pasivo: deberá ser un funcionario público en ejercicio de sus funciones, o la
persona que le prestare asistencia a su requerimiento o en virtud de un deber legal.
Tal deber legal de asistencia le corresponde a quien, pese a no tener competencia
para conocer en el caso, tiene ese deber o le ha sido impuesto por una ley.
C) Acción típica: se configura al emplear intimidación (es decir, coerción moral o
psíquica idónea para quebrantar la voluntad de la víctima) o fuerza (lo cual implica,
ejercer una energía física capaz de influir en la determinación, pero sin que llega a
existir contacto entre los cuerpos del sujeto activo y el pasivo(pues si éste fuese el
caso, el hecho estaría previsto por el art. 238.4 C.P. contra un agente público o contra
la persona que le preste asistencia a su requerimiento o en virtud de un deber legal, y
de ese modo interferir en la libre determinación de tales sujetos.
Cabe agregar, que el atentado sólo será posible mientras el sujeto pasivo no ponga en
ejecución su decisión de realizar u omitir un acto funcional. Una vez que la víctima
realizó u omitió dicho acto, se podrá estar ante el delito de resistencia a la autoridad,
pero ya no se tratará de la figura penal del atentado.
Se trata de un delito doloso, con un elemento subjetivo trascedente como que el autor
debe obrar con la finalidad específica de imponer al sujeto pasivo, mediante
intimidación o fuerza, la ejecución u omisión de un acto propio de sus funciones.
D) Consumación: consumativo de este delito de peligro será el del empleo de fuerza
o intimidación con la finalidad típica, ya que su consumación no necesita que el agente
logre la ejecución u omisión del acto funcional.
E) Agravantes del atentado a la autoridad.
El art. 238 C.P. prevé prisión de seis meses a dos años, para el caso de que a la
figura de atentado a la autoridad la accediera alguna de las siguientes circunstancias:
1. Si el hecho se cometiere a mano armada;
2. Si el hecho se cometiere por una reunión de más de tres personas;
3. Si el culpable fuere funcionario público;
4. Si el delincuente pusiere manos en la autoridad. En el caso de ser funcionario
público, el reo sufrirá además inhabilitación especial por doble tiempo del de la
condena.
Atentado a la autoridad cometido a mano armada.
Fundamento: poder intimidante que posee quien emplea el arma (ya sea propia o
impropia), sumado a las menores posibilidades de defensa y al peligro que corre la
víctima.
No es necesario que el arma sea efectivamente usada: el autor debe ejecutar el delito
portándola, en forma ostensible e intimidante. Si empleándola se causase una lesión,
dependiendo de las situaciones de hecho habrá concurso ideal con ese delito y el de
abuso de armas.
Atentado a la autoridad cometido por una reunión de más de tres personas.
Teniendo como base al mayor poder intimidante que esta modalidad comisiva
despliega.
De ese modo, la figura demanda la presencia de un grupo de cuatro o más
integrantes, haya o no preordenamiento en su accionar; pero, si será indispensable
que se reúnan los elementos objetivos y subjetivos propios del art. 237 C.P.
Atentado a la autoridad cometido por un funcionario público.
Lo cual se explica por la mayor obligación (en relación a un ciudadano común) que
pesa sobre el agente de actuar correctamente y no interferir el normal ejercicio de sus
tareas por parte del otro representante de la autoridad. Al autor de esta forma
agravada de delito, se le agregará a la pena de prisión, inhabilitación especial por el
doble del tiempo de la condena.
Atentado poniendo manos en la autoridad.
Finalmente, el cuarto inciso agrava el atentado a la autoridad cuando el delincuente
arremete contra el cuerpo del funcionario. Con esta previsión, el legislador ha
respondido al mayor grado de injusto que representa esta modalidad, teniendo en
cuenta la agresividad del agente y el peligro que corre la víctima.
F) Reformas introducidas por la ley 26394
ARTICULO 238 bis – “El militar que pusiere manos en el superior, sin lesionarlo o
causándole lesiones leves, será penado con prisión de uno (1) a tres (3) años.
Si el hecho tuviere lugar frente al enemigo o a tropa formada con armas, o si se
cometiere en número de seis (6) o más, el máximo de la pena será de seis (6) años”.
Este art contempla “poner las manos”, es decir, las vías de hecho, la agresión material,
el ataque físico, contra e superior, pero sin llegar a lesionarlo o sólo causándole
lesiones leves.
Sujetos: ambos deben ser militares, pero el sujeto pasivo debe ser un superior
jerárquico del autor del ilícito.
Se trata de un delito doloso, el autor debe saber que está ante un militar de rango
superior y no obstante recurrir a las vías de hecho contra el mismo.
Agravantes: El delito se puede cometer en privado o en público, pero en este último
caso se agrava si tiene lugar “frente al enemigo” o “frente a tropa formada con armas”.
También es un agravante la pluralidad de agresores (seis o más).
2. Resistencia y desobediencia a la autoridad
ARTICULO 238 ter – “El militar que resistiere o desobedeciere una orden de servicio
legalmente impartida por el superior, frente al enemigo o en situación de peligro
inminente de naufragio, incendio u otro estrago, será penado con prisión de uno (1) a
cinco (5) años. La misma pena se impondrá si resistiere a una patrulla que proceda en
cumplimiento de una consigna en zona de conflicto armado u operaciones o de
catástrofe. Si en razón de la resistencia o de la desobediencia se sufrieren pérdidas
militares o se impidiese o dificultase la salvación de vidas en supuesto de catástrofe el
mínimo de la pena se elevará a cuatro (4) años y el máximo de la pena se elevará a
doce (12) años. En cualquier caso se impondrán las penas aquí previstas siempre que
no resultare un delito más severamente penado”.
A) Conductas que reprime el art: dos figuras típicas con rasgos propios la
resistencia y la desobediencia a una orden de servicio que fuese legalmente impartida
por un superior; a las que pueden concurrir circunstancias agravantes. Pero también,
se prevé un caso particular de resistencia, que se configura cuando la orden proviene
de una patrulla que procede en cumplimiento de una consigna en zona de conflicto
armado u operaciones de catástrofe. Todas estas figuras requieren un tratamiento
especial, que además considere el carácter subsidiario que el artículo dispone en su
última parte.
B) Bien jurídico protegido: tanto la resistencia como la desobediencia a una orden
de servicio legalmente impartida por un superior, configuran actos de indisciplina
militar que deben sancionarse; pero también, con el proceder típico pueden llegar a
verse menoscabadas: la seguridad pública, la seguridad nacional, y el potencial
defensivo de la Nación.
C) Sujetos: el sujeto activo será un militar (art. 77 C.P.) al cual se le haya impartido
una orden de servicio que debe acatar. Por su parte, el sujeto pasivo será un militar
superior, en relación al agente, que haya impartido legalmente una orden de servicio.
D) Resistir: va a implicar luchar contra el cumplimiento de dicha orden, empleando
para ello intimidación o fuerza. Para que se configure el delito, la norma requiere que
la resistencia se cometa en determinadas circunstancias: frente al enemigo o en
situación de peligro inminente de estrago.
E) Elemento subjetivo: estamos ante un delito doloso: el agente debe saber que se
resiste a una orden de servicio legalmente impartida por un superior, y tener la
finalidad de impedir la ejecución de aquella.
F) Supuesto de resistencia particular: en la segunda parte del art se encuentra este
supuesto especial, y ello desde que la orden que no es acatada por el agente debe
provenir de una patrulla que se encuentre en cumplimiento de una consigna (es decir,
de una orden) en zona de conflicto armado (lugar donde se desarrolla la guerra o el
conflicto) u operaciones o de catástrofe.
En lo que aquí, la patrulla, fija o móvil, es una fuerza variable, por lo general pequeña,
que un elemento mayor destaca normalmente, para desempeñar misiones de
reconocimiento o de combate, proporcionar seguridad o localizar y mantener contacto
con el enemigo o con otros elementos amigos. En el supuesto de hecho de
desobediencia militar se traduce en la adecuación al tipo de un delito de omisión.
Requiere la existencia de una orden de servicio que haya sido impartida legalmente
por un superior. Asimismo, la orden que haya impartido el superior debe ser de posible
cumplimiento para el agente. La conducta típica, para que se configure el ilícito, debe
tener lugar: frente al enemigo o en situación de peligro inminente de naufragio,
incendio u otro estrago.
De la faz subjetiva de esta figura corresponde señalarla como un delito doloso, donde
el agente debe saber que está desobedeciendo una orden legítima impartida por un
superior y querer obrar con la específica finalidad de no acatarla.
El momento consumativo llegará, al ser un delito de actividad, al hacer el agente
caso omiso a la orden que fuese legalmente impartida.
G) Agravantes: La tercera parte del art eleva el mínimo de la pena a cuatro años y el
máximo a doce, si con motivo de la resistencia o de la desobediencia se ocasiona
alguno de los resultados que menciona la norma: sufrir pérdidas militares o impedir o
dificultar la salvación de vidas en supuesto de catástrofe.
La parte final del art determina que los delitos son de carácter subsidiario; es decir que
las penas de esta norma se impondrán siempre que no resulte un delito más
severamente penado.
3. Resistencia y desobediencia a un funcionario público:
Art. 239 C.P.: “Será reprimido con prisión de quince días a un año, el que resistiere o
desobedeciere a un funcionario público en el ejercicio legítimo de sus funciones o a la
persona que le prestare asistencia a requerimiento de aquél o en virtud de una
obligación legal”.
Así, la norma comprende dos figuras delictivas que merecen un tratamiento diferencial:
la resistencia contra la autoridad y la desobediencia a la autoridad. Ambas procuran
tutelar la libertad de acción de la autoridad pública. Desobedece el que se niega a
cumplir la orden impartida por la autoridad, y se resiste si se opone activamente a ella
para que no pueda cumplir su cometido.
Sujeto activo será el destinatario del acto funcional que resista; mientras el sujeto
pasivo será el funcionario público o el particular que colabore con él.
Acción: es indispensable que el funcionario (o un particular, en su caso) ya esté
actuando o ejecutando una disposición contra alguien. Antes de dicha instancia, sólo
es posible pensar en el delito de atentado.
Luego, la conducta típica se configurará cuando el agente resista, es decir se oponga,
mediante el empleo de fuerza o intimidación, al ejercicio de las funciones de un
funcionario público, o de una persona que le prestare asistencia a su requerimiento o
en virtud de una obligación legal. Es necesario que la actitud del agente haya revestido
la entidad suficiente como para comprometer el desarrollo del acto funcional que se
esté llevando a cabo por la autoridad.
La oposición del agente debe versar sobre un acto legal, no abusivo, y respecto del
cual el sujeto pasivo tenga competencia.
Es un delito doloso: el agente debe saber que resiste a un acto legítimo de la
autoridad pública, y, no obstante, querer actuar de modo de impedir u obstaculizar la
concreción de un acto funcional.
Consumación: La consumación llega con el mero empleo de la fuerza o la
intimidación hacia el sujeto pasivo.
El atentado consiste en exigir la ejecución u omisión de un acto funcional, mientras
que la resistencia es el empleo de fuerza o intimidación contra el sujeto pasivo para
impedir o trabar la ejecución de un acto propio del legítimo ejercicio de sus funciones.
Con la incriminación del atentado se protege la libertad de decisión del funcionario,
mientras que la resistencia protege la libertad de acción de aquél, una vez que ha
tomado la decisión de actuar.
El atentado sólo es posible antes de la ejecución del acto por el funcionario, ya que
durante su realización sólo será posible la resistencia. En el atentado el autor quiere
imponer al funcionario una decisión que no le pertenece, mientras que la resistencia
coloca siempre al agente en destinatario de una orden ajena a la cual se opone, para
que no se haga efectiva.
Es un tipo de omisión, como que el mandato es cumplir la voluntad del que manda y el
sujeto aludido asume la conducta contraria. Por lo mismo, al tratarse de un delito en el
que se incurre omitiendo, el intérprete tiene que encontrar los elementos objetivos
(normativos, porque exigen una valoración de ese carácter) y el componente subjetivo:
dolo.
Entre los primeros se encuentra: El conocimiento de que quien adopta la
determinación es funcionario público o persona que le presta asistencia a
requerimiento de la autoridad o en virtud de una obligación legal. Lo dispuesto por
ellos. La propia conducta típica de omisión. La capacidad de actuar en concordancia
con lo que el funcionario exige.
Lo segundo, el dolo, consiste en el conocimiento de aquellos elementos (conocimiento
no viciado por error) y en la voluntad de no obedecer. La oposición se manifiesta aquí
como un intencional desacato a una orden, cometido por el destinatario individualizado
de ella.
La consumación de este delito llega con el acto material de hacer caso omiso a la
orden funcional impartida legítimamente.
Calidad de funcionario público:
Art. 240 C.P.: “Para los efectos de los dos artículos precedentes, se reputará
funcionario público al particular que tratare de aprehender o hubiere aprehendido a un
delincuente en flagrante delito”.
Con lo cual, el ordenamiento jurídico le otorga a quien no es funcionario, como
excepción al principio de que sólo las autoridades pueden tomar medidas contra los
que infringen las normas, el derecho de actuar sobre el autor de un delito, como si
fuera la autoridad competente a tales efectos.
No obstante, es importante resaltar, que el ciudadano común no tiene, como el
funcionario, el deber jurídico de actuar ante los supuestos típicos.
El vocablo “delincuente” debe interpretarse en su acepción vulgar, y por ello indica en
la norma a la persona que se considera que está cometiendo un delito. Por lo demás,
la equiparación del particular al funcionario sólo lo es para el caso de que aquél actúe
cuando el delincuente se encuentra en flagrancia.
No hay concordancia del texto legal con la numeración de los artículos. Ello es
producto de los cambios habidos a lo largo del tiempo. Ni siquiera hubo armonía en el
momento de la sanción del Código, como que el precepto fue tomado del Proyecto de
1906 que a su vez se inspiró en el Proyecto de 1891 y éste lo tomó de la ley 49, que
castigaba al que resistiere a un agente de la autoridad nacional que le intimara prisión
a un ciudadano en el caso de flagrante delito e incriminaba a los que liberaren del
poder de un ciudadano investido de autoridad pública a un reo aprehendido en
flagrante delito. De ello se desprende que debe entenderse así: la desobediencia o la
resistencia hecha en ese caso al particular que procediese, tiene los mismos alcances
que la producida respecto del funcionario.
4. Agravantes de los delitos por su comisión con motivo o en ocasión de un
espectáculo deportivo (Ley 24192)
Se trata de un agravante específico, dado que los sujetos pasivos y las acciones
típicas son los mismos que se determinan para los delitos de resistencia y
desobediencia a la autoridad. La especialidad se encuentra en el hecho de que el
funcionario público cuya orden se desobedeciere o resistiere es aquel al que,
concretamente, se le ha encargado la tutela del orden en el ámbito de concurrencia
pública en que se desarrolle un espectáculo deportivo o en sus inmediaciones, antes,
durante, o después de su realización.
5. Derogación del delito de desacato (ley 24.198)
Con la sanción de la ley 24.198, se derogó el art 244 que contemplaba el delito de
desacato, y además se le cambio la denominación al capítulo II (desacato) y paso a
llamarse “Falsa denuncia”.
El desacato consistía en provocar a duelo, amenazar, injuriar, o de cualquier modo
ofender en su dignidad o decoro a un funcionario público, a causa del ejercicio de sus
funciones o al tiempo de practicarlas.
6. Perturbación del ejercicio de la función pública
El art. 241 C.P. reprime, a través de su inciso uno, con prisión de quince días a seis
meses a quien: “perturbare el orden en las sesiones de los cuerpos legislativos
nacionales o provinciales, en las audiencias de los tribunales de justicia o dondequiera
que una autoridad esté ejerciendo sus funciones”.
Sujetos: Por lo tanto, si bien sujeto activo podrá ser cualquier persona, el afectado
será únicamente el cuerpo, tribunal o autoridad actuante.
Acción típica: se configura cuando el agente, a través de sus actos (los cuales no
necesariamente deben ser violentos, y pueden ir dirigidos hacia la autoridad o hacia la
concurrencia), genera perturbaciones en el lugar y en el momento del desarrollo del
acto funcional propio de un cuerpo legislativo, un tribunal de justicia u otra autoridad
pública nacional, provincial o, incluso, municipal. Al ser un delito de resultado, esta
figura demanda que efectivamente se produzca una perturbación del orden que impida
el normal ejercicio de la función pública. En cuanto al tipo subjetivo, estamos ante un
delito doloso en el cual el agente debe conocer que se trata de un acto funcional y
querer perturbar el orden mediante el actuar elegido.
Resta agregar que, la consumación de esa figura llega con la efectiva perturbación del
acto de la autoridad.
7. Impedimento o estorbo de un acto funcional
El art. 241 C.P. reprime a través de su inciso dos, con prisión de quince días a seis
meses a quien: “…sin estar comprendido en el artículo 237, impidiere o estorbare a un
funcionario público cumplir un acto propio de sus funciones”.
Aquí, una vez más, sujeto activo podrá ser cualquier persona; en tanto que, sujeto
pasivo será el funcionario que intenta ejecutar, o ya está ejecutando un acto que el
agente impide o estorba.
También esta figura, al igual que la del inciso primero reporta un delito de resultado al
exigir que el agente logre impedir efectivamente el cumplimiento de un acto propio de
sus funciones.
Es un delito doloso y el momento consumativo de este ilícito será aquél en que el
agente haya logrado su propósito.
Amotinamiento militar:
“ARTICULO 241 bis - Se impondrá prisión de tres (3) a diez (10) años a los militares
que:
1. Tumultuosamente peticionaren o se atribuyeren la representación de una fuerza
armada.
2. Tomaren armas o hicieren uso de éstas, de naves o aeronaves o extrajeren fuerzas
armadas de sus asientos naturales, contra las órdenes de sus superiores.
3. Hicieren uso del personal de la fuerza, de la nave o de la aeronave bajo su mando
contra sus superiores u omitieren resistir o contener a éstas, estando en condiciones
de hacerlo.
4. Será penado con prisión de uno (1) a cinco (5) años la conspiración para cometer
los delitos de este artículo. No será penado por conspiración quien la denunciare en
tiempo para evitar la comisión del hecho.
5. Si en razón de los hechos previstos en este artículo resultare la muerte de una o
más personas, se sufrieren pérdidas militares o se impidiere o dificultare la salvación
de vidas en supuesto de catástrofe, el máximo de la pena se elevará a veinticinco (25)
años. En cualquier caso se impondrán las penas aquí previstas siempre que no
resultare un delito más severamente penado”.
En este art, agregado por la ley 26394, se han incorporado varias conductas que el
Código de Justicia Militar derogado consideraba como “AMOTINAMIENTO” o “MOTÍN
MILITAR”.
El motín previsto en este art debe ser entendido como un alzamiento, revuela o
protesta que mediante actos de desobediencia o insubordinación implique oponerse a
la autoridad. Se trata de protestas o revueltas colectivas, pero localizadas o limitadas.
Esto nos permite marcar la diferencia con otros alzamientos como la rebelión/sedición
que tienen como fin vulnerar los poderes públicos y el orden constitucional.
Las conductas previstas en el art 241 bis son:
Tumultuosamente peticionar o atribuirse la representación de una fuerza
armada: la figura requiere que la acción se lleve a cabo tumultuosamente, es
decir, con pluralidad de personas que actúan con alboroto, gritos, etc.
Tomar armas o hacer uso de armas, de naves o aeronaves o sacar fuerzas
armadas de sus asientos naturales para contrariar las órdenes de sus
superiores. Tomar las armas o el hecho de que ellos hagan uso de estos
instrumentos o lo saquen de sus asientos naturales para trasladarlas a otro
lugar dan carácter intimidante al alzamiento.
Hacer uso del personal de la fuerza, de la nave o de la aeronave bajo su
mando para contrariar las órdenes de su superior.
Omitir resistir o contener el alzamiento, estando en condiciones de hacerlo. Se
trata de una figura de omisión.
Conspirar para cometer alguno de los delitos del 241 bis. Conspiración es una
reunión secreta de varios militares, destinada a la comisión de alguno de los
delitos que prevé el art 241 bis. En este caso, como prevención, la ley castiga
actos preparatorios del delito de motín militar.
La conspiración es un hecho doloso, la conspiración se realiza para cometer un
motín. La conspiración se consuma cuando los militares de común acuerdo
toman la definición de amotinarse. Como se trata de actos preparatorios no se
requiere más nada: producido el acuerdo, queda consumado el delito del art
241 bis inc 4. (no es susceptible de tentativa).
Se establece una excusa absolutoria para el conspirador que la denuncie con
tiempo suficiente para evitar el amotinamiento (para esto es necesario que se
denuncie antes de la ejecución).
Se agrava la conspiración con una pena de 3 a 10 años, si resultare la muerte
de una o más personas, si se sufrieren pérdidas de militares o si se impidiera o
dificultare la salvación de vidas en supuestos de catástrofes. En estos casos la
pena se eleva a 25 años.
8. Violación de fueros
El artículo 242 C.P. dispone: “Será reprimido con multa de pesos setecientos
cincuenta a pesos diez mil e inhabilitación especial de uno a cinco años, el funcionario
público que, en el arresto o formación de causa contra un miembro de los poderes
públicos nacionales o provinciales, de una convención constituyente o de un colegio
electoral, no guardare la forma prescripta en las constituciones o leyes respectivas”.
Como está incluido en el Título 11 “Delitos contra la administración pública”, el interés
protegido es el correcto desempeño de sus agentes y el respeto irrestricto a la ley; con
mayor razón en este caso siendo que están en juego los fueros que se conceden en
resguardo de la gestión de funcionarios superiores, quienes tienen la posibilidad de
actuar libremente, sin sufrir otras interferencias que aquellas que la misma norma
superior admite. Ello se debe a que tales privilegios protegen a quienes los detentan,
librándolos de eventuales persecuciones o presiones políticas. Los fueros, de los
cuales se habla, consisten en la exención de arresto y en el derecho a no ser llevados
ante un tribunal de justicia sin un antejuicio extrajudicial a cargo del cuerpo del que
forma parte la persona o de un tribunal de enjuiciamiento.
Sujetos: Comenzando con lo propio de la estructura típica de esta figura, nótese que
se trata de un delicta propia: sólo puede ser cometido por un funcionario público con
competencia para arrestar (magistrados, policías, u otro funcionario con tal atribución)
o para formar causa contra de las personas (jueces, o fiscales cuando actúen como
instructores). Sujeto pasivo, conforme el texto legal, será el funcionario de los
poderes públicos nacionales o provinciales, o de una convención constituyente, o de
un colegio electoral, siempre que esté envestido de fueros funcionales.
Acción típica: se configura al proceder al arresto (esto es, realizar una detención,
medie o no encierro) o formación de causa (a través del sometimiento a un proceso
para establecer su responsabilidad penal y, de corresponder, aplicarle una pena) de
alguno de los funcionarios mencionados, sin guardar las formalidades prescriptas por
las constituciones o las leyes respectivas (Arts. 53, 59, 60, 68, 69 y 115 C.N.).
Se trata de un delito doloso: el agente debe conocer que la víctima es un funcionario
que goza de privilegios e inmunidades, e, igualmente, tener la voluntad de arrestarlo o
formarle causa sin cumplir los recaudos legales.
Por lo demás, al ser un delito de actividad, el momento consumativo se logra con la
mera realización de cualquiera de las acciones típicas.
9. Violación de deberes procesales
El art. 243 C.P. prevé un delito que atenta contra la administración de justicia al
retardar o paralizar su funcionamiento, y se dispone en los siguientes términos:
“Será reprimido con prisión de quince días a un mes, el que, siendo legalmente citado
como testigo, perito o intérprete, se abstuviere de comparecer o de prestar la
declaración o exposición respectiva. En el caso del perito o intérprete, se impondrá,
además, al reo, inhabilitación especial de un mes a un año”.
Se trata de un delito de omisión, que se comete por incomparecencia o por falta al
deber de declarar o de exponer ante una autoridad que está habilitada para exigirlo.
Sujetos: sujeto activo la persona que fuese legalmente citada (es decir, conforme la
legislación procesal aplicable) como testigo, perito o intérprete. En tanto, la posición de
sujeto pasivo le corresponde a la autoridad pública que efectúo la citación.
Por lo demás, los restantes aspectos objetivos son: la omisión típica; la orden de
comparecer o de declarar y la habilitación legal del representante de la autoridad
pública que formula el requerimiento.
Son dos las omisiones típicas: no comparecer (esto es, no presentarse en el lugar,
día y hora fijado por la autoridad); o pese a haber comparecido, abstenerse de
presentar la declaración o exposición respectiva (es decir que, no obstante a haber
comparecido media una negativa a declarar, o realizar la interpretación o el peritaje
debido).
El tipo subjetivo es el dolo: conocimiento de las circunstancias que refiere el tipo
objetivo y voluntad de omitir la comparecencia, la declaración o la exposición
respectivas.
Consumación: con la abstención del citado a comparecer como testigo, perito o
intérprete, o, cuando pese a haber comparecido se abstiene de prestar declaración
como testigo, o de dictaminar o interpretar.
Resulta conveniente establecer de qué modo se distingue este delito del de falso
testimonio (art. 275 C.P.). En ese orden, debe considerarse que la abstención requiere
que el citado no se presente o, si lo hace, que se niegue a declarar o exponer; a
diferencia de lo que ocurre en el falso testimonio donde el agente efectivamente
declara o expone, pero silenciando la verdad.
III. CONDUCTAS QUE LESIONAN O PERTURBAN LA REPRESIÓN DELICTIVA.
1. FALSA DENUNCIA
El art. 245 C.P. viene a resguardar el normal desenvolvimiento de la administración
pública, más específicamente de la administración de justicia que se ve engañada y se
le obliga a realizar un desgaste inútil, como que el hecho sobre el cual investiga no ha
existido.
La norma dispone: “Se impondrá prisión de dos meses a un año o multa de pesos
setecientos cincuenta a pesos doce mil quinientos al que denunciare falsamente un
delito ante la autoridad”.
Sujetos: sujeto activo podrá ser cualquier persona; sujeto pasivo no será un particular,
sino la autoridad con facultad para recibir denuncias, porque aquí la denuncia debe ser
indeterminada en lo relativo a la persona, y para que no se confunda con el delito de
calumnia (art. 109 C.P.) .
Acción típica: se configura al denunciar falsamente la comisión de un delito ante la
autoridad pública. Con lo cual, se requiere que el agente lleve (ya sea personalmente
o por mandatario, por escrito o verbalmente, y conforme sea la legislación procesal
aplicable) a conocimiento de una autoridad pública competente la comisión de un
delito (precisando de modo concreto el hecho que lo constituye) que en verdad no
ocurrió.
El delito debe ser de acción pública, doloso o culposo, incluyendo los dependientes de
instancia privada.
Se trata de un tipo doloso: el autor debe conocer que no existe delito, y asimismo
tener la voluntad de denunciar. La consumación se logra con la mera presentación de
la denuncia; por lo que es un delito formal.
Este delito se distingue de la calumnia porque entre ellos se puede generar un caso de
concurso aparente de leyes: si alguien atribuye falsamente a una persona física
determinada de la comisión de un delito concreto y circunstanciado que de lugar a la
acción pública, cometerá el delito de calumnia (art. 109 C.P.) y las características
específicas de ésta desplazarán a la genérica denuncia falsa de un delito a la
autoridad (art. 245 C.P.). Ello por aplicación del principio de que la ley especial
desplaza a la ley general. Si éste no fuese el caso; si no se produjese la relación
aludida, el delito de falsa denuncia despliega autonomía plena.
El art. 245 C.P. no pretende sancionar la calumnia judicial o denuncia calumniosa sino
que busca reprimir la falsedad emitida respecto del acontecimiento inexistente,
tipificado como delito, que se denuncia como cierto ante la autoridad. En
consecuencia, cuando se imputa directa y concretamente a una persona determinada
un delito de acción pública, no se está ante una falsa denuncia sino ante una calumnia
y, si tal imputación se realiza ante la autoridad, la figura del art. 245 C.P. desaparece
excluida por la otra, más comprensiva, que absorbe su tipo y su pena. Entonces, para
que el hecho sea típico del art. 245 es necesario que se trate de una denuncia
formulada contra persona indeterminada.
2. FALSO TESTIMONIO
El Capítulo 12 del Título 11 lleva esa denominación y consta de dos artículos cuyo
texto es:
Art. 275: “Será reprimido con prisión de un mes a cuatro años, el testigo, perito o
intérprete que afirmare una falsedad o negare o callare la verdad, en todo o en parte,
en su deposición, informe, traducción o interpretación, hecha ante la autoridad
competente.
Si el falso testimonio se cometiere en una causa criminal, en perjuicio del inculpado, la
pena será de uno a diez años de reclusión o prisión. En todos los casos se impondrá
al reo, además, inhabilitación absoluta por doble tiempo del de la condena”.
Art. 276: “La pena del testigo, perito o intérprete falso, cuya declaración fuere prestada
mediante cohecho, se agravará con una multa igual al duplo de la cantidad ofrecida o
recibida. El sobornante sufrirá la pena del simple testigo falso”.
La ley extiende la tutela penal para asegurar el normal funcionamiento de la actividad
judicial, de forma de evitar la errónea reconstrucción histórica de los hechos por parte
de los jueces movidos por los datos incorrectos que se les proporcionan; todo ello, en
razón de que a la justicia le incumbe investigar la verdad para garantizar que sus
resoluciones sean acertadas.
Sujetos: activos: los testigos, es decir las personas físicas que en el marco de un
juicio o procedimiento declaran sobre hechos percibidos por sus sentidos, sin que
tengan que efectuar sobre ellos juicios de valor.
Son los Códigos de procedimiento los encargados de regular la materia en torno a
capacidad, limitaciones y prohibiciones para declarar, como todo lo que respecta a la
facultad y el deber de abstención. En cuanto al debate doctrinal respecto a si existe o
no falso testimonio en causa propia se tiene dicho que en tanto se siga siendo testigo
la conducta será típica, aunque ello no impide que se vea justificada si con la falsedad
se tiende a evitar males para su propia persona y no hacen más que ejercer el
derecho de defensa. No es así como yo pienso: Si miente el acto sigue siendo típico y
antijurídico, pero no se le podrá formular el juicio de reproche en qué consiste la
culpabilidad por no tratarse de un acto libre; dicho esto en el sentido que usa el art.
34.2 C.P. cuando se refiere a la amenaza de sufrir un mal grave e inminente. Por
supuesto que también está amparado por la garantía constitucional de no estar
obligado a declarar contra sí mismo (art. 18 C.N.).
Los peritos, como personas convocadas por la autoridad (a propuesta de parte o por
designación oficial) para que dictaminen sobre una cuestión demandante de los
conocimientos especiales que ellos poseen. También, sobre el punto reglamentan los
Códigos de procedimientos.
Los intérpretes, es decir las personas llamadas para desentrañar traducir documentos
o declaraciones expresados en idiomas extranjeros, en claves o en signos. El texto
legal no habla de traductores: la doctrina los incluye como posibles agentes de este
delito en razón de que pueden ser considerados intérpretes y, asimismo, peritos,
gracias a la expresión “en su deposición, informe, traducción o interpretación”. Todo lo
atinente a su designación y formalidades de su proceder es regulado por los Códigos
de procedimientos.
Víctima de esta conducta delictual es la administración pública: la autoridad
competente, en su caso el juez a cargo de la causa en la que se comete falso
testimonio; sin que nada impida, además, la provocación de un daño a un particular (v.
gr. la parte de un juicio en contra de cuya acción o defensa se produjo la declaración
falsa).
Las acciones típicas aquí, son tres:
Afirmar (o asegurar) una falsedad, total o parcial, es decir, expresar como
verdadero lo que no lo es. En ese sentido, la falsedad no consiste en la
discrepancia entre el relato y los hechos reales, sino en la discrepancia entre
los hechos referidos y los hechos sabidos.
Negar la verdad, lo cual implica afirmar como falso un hecho o circunstancia
que se sabe verdadero.
Callar la verdad puede significar una omisión, si se deja de afirmar lo que se
sabe; o una acción, para el caso que se niegue que se sabe algo que en
verdad si se conoce.
Como elemento normativo del tipo penal, aparece la necesidad de que el acto sea
prestado ante la “autoridad competente”, ya sea judicial, administrativa o legislativa, en
el orden nacional, provincial o municipal. Asimismo, para que el informe, traducción o
interpretación sean válidos deben haberse producido con atención a las formalidades
impuestas por los códigos de rito (v. gr. prestar juramento).
Tipo subjetivo: es de notar que el falso testimonio es un delito doloso, en el cual el
agente debe tener conciencia y voluntad de apartarse de la verdad. El error, incluso el
imputable a la luz del art. 34.1 C.P., elimina el dolo.
Consumación del falso testimonio: como delito formal que es se alcanzará al
rendirse la deposición, el informe, la traducción o la interpretación; es decir, al
perfeccionarse dichos actos procesales.
Hay diferencias entre el falso testimonio cometido por callar la verdad con el delito
previsto por el art. 243 C.P. porque en éste el testigo o puede engañar al juez acerca
del contenido de su saber porque directamente se niega a contestar.
Agravantes del falso testimonio.
El art. 275 C.P. dispone que, si el falso testimonio se comete en una causa criminal, en
perjuicio del inculpado, la pena será de uno a diez años de reclusión o prisión.
Tal disposición es de carácter general, por lo que se refiere a todos los casos de falso
testimonio, abarcando incluso a los peritos e intérpretes.
La expresión “causa criminal” implica que existe un proceso por un delito de
competencia de la justicia criminal o correccional. Se excluyen los que se instruyen por
faltas o contravenciones.
Además, para que se configure esta agravante el falso testimonio debe ser en perjuicio
del “inculpado” en la causa criminal; es decir atribuyéndole al sujeto señalado como
autor de un delito una responsabilidad penal que no posee o agravando su situación
procesal.
Es un delito doloso que exige el conocimiento y la voluntad de deponer, informar,
traducir o interpretar falsamente en perjuicio de un inculpado en causa criminal.
Por otro lado, es en el primer párrafo del art. 276 C.P. donde se plantea la segunda
hipótesis de agravación del falso testimonio: “La pena del testigo, perito o intérprete
falso, cuya declaración fuere prestada mediante cohecho, se agravará con una multa
igual al duplo de la cantidad ofrecida o recibida”.
Bajo tales términos, la norma prevé el agravamiento de la pena: a las penas previstas
por el art. 275, se suma una multa correspondiente al testigo, perito o intérprete que,
mediante cohecho declara falsamente en un proceso. Debe existir un acuerdo venal
para que, mediante dádiva o promesa de un tercero, el sujeto activo declare de cierta
manera y no de otra.
Es en el segundo párrafo del art. 276 C.P. donde aparece la previsión de reprimir con
la pena del simple testigo falso al sobornante implicado en la primer parte de la norma.
En ese sentido, el delito puede ser cometido por cualquier persona que induzca a otro
para que declare o se expida con falsedad ante la autoridad competente, a través del
ofrecimiento o promesa de una dádiva o ventaja.
Será indispensable para la configuración del tipo que la declaración o el informe del
testigo, perito, intérprete o traductor sobornado se produzca efectivamente.
Por lo demás, es un delito doloso que se consuma con el perfeccionamiento del acto
de producción de la declaración falsa. La figura comentada contiene una tipificación
autónoma de una instigación al falso testimonio, cuando ésta se produce mediante
soborno. Es decir que, en los casos en que el declarante mendaz haya sido
determinado de cualquier otro modo, la acción del determinador quedará atrapada por
el tipo del art. 275, en función de lo dispuesto por el art. 45, Código Penal.
3. ENCUBRIMIENTO Y LAVADO DE ACTIVOS DE ORIGEN DELICTIVO
ENCUBRIMIENTO:
Es el nombre que se le ha asignado al Capítulo 13 del Libro 11 "Delitos contra la
administración pública". Ello por obra de la ley 26.683, la que también ha derogado el
art. 278 y modificado el 279 del Código Penal. Anteriormente, la ley 25.246 ya había
cambiado los arts. 277, 278 y 279 C.P. creando la Unidad de Investigación Financiera
(UIF), organismo público autárquico funcional, bajo la jurisdicción del Ministerio de
Justicia y Derechos Humanos, de importancia para el tratamiento de los delitos de
lavado de dinero, figuras penales que se encuentran hoy contempladas -por
disposición de la ley 26.683- en el Título 13 del Libro segundo denominado “Delitos
contra el orden económico y financiero”.Además, la ley 25.246 precisó y aclaró en este
Capítulo el injusto descripto por la figura básica del inc. 1° del art. 277 (encubrimiento)
con lo que sigue vigente la idea que el favorecimiento personal, real y la especial
figura de recepción requieren que el encubridor sea extraño a la comisión del delito
previo y que tenga un conocimiento probable de que actúa u omite actuar para ocultar
o asegurar al sujeto activo o al objeto de aquel ilícito.
Bien jurídico protegido: la administración de justicia, que puede ser menoscabada
en la individualización de los autores y partícipes de un delito por la conducta
desplegada por el encubridor.
Configuración de este delito: demanda ciertos presupuestos que son comunes a las
distintas hipótesis que seguidamente explicaré:
Sólo habrá encubrimiento si media la comisión de un delito anterior, es decir
de un hecho típicamente penal, conforme al código de fondo, leyes
complementarias y especiales;
La intervención del sujeto activo debe tener lugar con posterioridad al delito
preexistente del que no participa, con lo cual la conducta encubridora debe
desarrollarse en un momento posterior al de la consumación del delito o al
menos, que hayan dejado de realizarse los actos que configuran su tentativa;
No debe mediar promesa anterior al delito, lo que permite distinguir esta figura
de la participación en la forma del auxiliador sub sequens.
Recepta lo que se denomina favorecimiento ya que la acción desplegada tiende a
beneficiar a otro.
Este favorecimiento puede ser:
a) Personal: El art. 277.1 C.P. establece: “Será reprimido con prisión de seis
meses a tres años el que, tras la comisión de un delito ejecutado por otro, en el
que no hubiera participado: Ayudare a alguien a eludir las investigaciones de la
autoridad o a sustraerse a la acción de ésta”.Es un delito doloso. La
consumación llegará con la prestación de la ayuda con las finalidades típicas,
sin que sea necesario que éstas hayan logrado su objetivo. Se trata de un
delito formal.
b) Favorecimiento real: Sigue el art. 277: "b) Ocultare, alterare o hiciere
desaparecer los rastros, pruebas o instrumentos del delito, o ayudare al autor o
partícipe a ocultarlos, alterarlos o hacerlos desaparecer”.La acción típica se
configura como ocultar (es decir, guardar, tapar, encubrir, impedir se conozca
la ubicación de una cosa), alterar (cambiar o modificar) o hacer desaparecer
(suprimir) o ayudar al autor o partícipe a realizar esas acciones. Tales
conductas deben recaer sobre determinados objetos, como lo son: los rastros
(en el sentido de vestigios), pruebas (medios probatorios de un hecho o de la
responsabilidad del autor en él) o instrumentos del delito (es decir, los medios
materiales empleados en la ejecución del hecho).El tipo subjetivo es el dolo.
Luego, al ser un delito de pura actividad, de peligro concreto e instantáneo, se
consuma con la realización de las conductas típicas descriptas, sin ser
necesario ninguna clase de resultado ulterior.
La diferencia de estos dos favorecimientos consiste en que en el primero la acción
recae sobre la persona misma, en tanto que en el segundo recae sobre las cosas. El
elemento común está dado en que en ambos casos el agente obra en beneficio de un
tercero, a diferencia de lo que ocurre en los casos de recepción, donde el sujeto activo
actúa en propio beneficio, resultando ser ésta la otra forma de cometer el delito de
encubrimiento.
Receptación dolosa de cosas procedentes de delito
Art. 277.1 C.P. "c) Adquiriere, recibiere u ocultare dinero, cosas o efectos provenientes
de un delito”.
Autor del delito de receptación es cualquier persona que incurra en el comportamiento
típico, con la única exigencia de que no haya intervenido como autor o cómplice en la
comisión del delito anterior.
Las posibles acciones típicas son las siguientes: Adquirir, recibir, ocultar dinero,
objetos materiales susceptibles de tener valor, cfr. art. 2311 C.C. o efectos (bienes
muebles de cualquier clase) provenientes de un delito.La figura es dolosa.
La consumación se alcanza con la concreción de las diferentes acciones típicas.
Omisión de denuncia.
Art. 277.1 C.P. "d) No denunciare la perpetración de un delito o no individualizare al
autor o partícipe de un delito ya conocido, cuando estuviere obligado a promover la
persecución penal de un delito de esa índole”.
Al momento de identificar al sujeto activo de este delito, surge la duda respecto a si es
posible diferenciarlo del autor previsto por el art. 274 C.P. afirmándose que el concepto
de promover la acción penal incluye la actividad de denunciar y, por ende, ciertos
sujetos que se encuentran obligados a denunciar y que no son funcionarios públicos
pueden cometer la conducta perseguida por el inciso.
En relación a la conducta típica, ella se configura al no denunciar la perpetración de un
delito o al no individualizar al autor o partícipe de un delito consumado. Así, como en
todo delito de omisión, es necesario que el agente cuente con la posibilidad de realizar
la conducta debida.
En cuanto al tipo subjetivo, es un delito doloso que requiere en el autor el
conocimiento de la existencia de un delito y la voluntad de incurrir en la omisión de
denuncia.
Se trata de un delito de pura actividad, el cual se consuma con la mera omisión de la
conducta debida, sin ser necesaria la concurrencia de un resultado específico.
Ayuda a asegurar el producto o provecho del delito.
Art. 277.1 C.P. "e) Asegurare o ayudare al autor o partícipe a asegurar el producto o
provecho del delito”.
Se trata de un delito doloso cometido con el conocimiento e intención de entorpecer la
administración de justicia.
Al ser un delito de pura actividad, de peligro concreto e instantáneo, se consuma con
la realización de las conductas típicas descriptas, sin ser necesario ninguna clase de
resultado ulterior.
Receptación de cosas de origen sospechoso.
El art. 277.2 C.P. dice: “En el caso del inciso 1, c), precedente, la pena mínima será de
un mes de prisión, si, de acuerdo con las circunstancias, el autor podía sospechar que
provenían de un delito”.
Un análisis superficial podría llegar a la conclusión de que se trata de una figura
culposa; pero no es así. En nuestro Código Penal los tipos culposos aparecen
identificados por la mención de algunas de las formas de aparición de la culpa:
imprudencia, negligencia, impericia o inobservancia de los reglamentos o de los
deberes a cargo del autor. Ninguna de estas maneras de nombrar la violación del
deber de cuidado aparece en este artículo. Y es que no se trata de una figura de esa
calidad. Más bien es la expresión legislativa de un caso de dolo eventual: El sujeto
tiene un plan, que es el de adquirir algo, recibir u ocultar dinero o cosas y puede intuir,
por las circunstancias del caso, que ello quizás provenga de un delito. Ante esta
eventualidad (y aquí está lo eventual del resultado, que caracteriza al delito cometido
con dolo condicionado) sigue adelante con el desarrollo de su plan. Como no hay dolo
directo –el que concurre en los demás casos del art. 277 C.P.- el legislador considera
que el ilícito tiene menor entidad y por ello lo castiga con una pena atenuada.
Agravantes de la ayuda a asegurar el producto o provecho del delito.
El art. 277.3 C.P. dispone: “La escala penal será aumentada al doble de su mínimo y
máximo, cuando:
El hecho precedente fuera un delito especialmente grave, siendo tal aquel cuya pena
mínima fuera superior a tres años de prisión.
El autor actuare con ánimo de lucro.
El autor se dedicare con habitualidad a la comisión de hechos de encubrimiento.
El autor fuere funcionario público.
La agravación de la escala penal, prevista en este inciso sólo operará una vez, aun
cuando concurrieren más de una de sus circunstancias calificantes. En este caso, el
tribunal podrá tomar en cuenta la pluralidad de causales al individualizar la pena”.
Excusa absolutoria
El art. 277, inc. 4°, del Código Penal, establece: “Están exentos de responsabilidad
criminal los que hubieren obrado en favor del cónyuge, de un pariente cuyo vínculo no
excediere del cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad o de un amigo
íntimo o persona a la que se debiese especial gratitud. La exención no rige respecto
de los casos del inciso 1, e) y del inciso 3, b) y c)”.
Por lo tanto, esta dispensa no alcanza a los que actúen con ánimo de lucro o aseguren
el producto provecho del delito, ni a los que se dediquen con habitualidad a la
comisión de hechos de encubrimiento.
Encubrimiento doloso de abigeato por funcionario público.
Por obra de la ley 25.890 (B.O. 21/5/04) se ha incorporado al Código Penal el art. 278,
que indica: “Se aplicará prisión de tres a seis años e inhabilitación especial de tres a
diez años al funcionario público que, tras la comisión del delito de abigeato en el que
no hubiera participado, violando los deberes a su cargo o abusando de sus funciones,
intervenga o facilite el transporte, faena, comercialización o mantenimiento de ganado,
sus despojos o los productos obtenidos, conociendo su origen ilícito”.
Este es un caso de delicta propia, desde que el sujeto activo debe ser un funcionario
público que incurra en la acción típica en el marco de sus funciones (por lo que su
intervención implica la violación de los deberes a su cargo, o un abuso funcional).
Asimismo, al tratarse de una clase especial de encubrimiento: el delito precedente
debe ser un abigeato (cfr. arts. 168, C.P), en el cual el agente no haya participado.
Las acciones típicas posibles son: “intervenir” (es decir, tomar parte) o “facilitar” (hacer
factible) el transporte (traslado), la faena (lo cual implica matar la res y prepararla para
ser consumida), la comercialización (otorgar al producto condiciones que permitan su
venta) o el mantenimiento (o preservación) del ganado, sus despojos (restos del
animal que no se destinan al consumo) o sus productos (las cosas que se obtienen del
trabajo ejercido sobre el ganado).
Es un delito doloso, como que la exigencia de un efectivo conocimiento del origen
espurio del ganado, de sus despojos o de los subproductos obtenidos, no deja lugar a
dudas sobre lo que el sujeto sabe y quiere hacer.
Encubrimiento culposo de abigeato por sujeto calificado.
El art. 278 C.P. también fue introducido por la ley 25.890, y dispone: “Se impondrá
prisión de seis meses a tres años al que reuniendo las condiciones personales
descriptas en el artículo 168 letra b, inciso 4 por imprudencia o negligencia, intervenga
en algunas de las acciones prevista en el artículo precedente, omitiendo adoptar las
medidas necesarias para cerciorarse de la procedencia legítima del ganado”.
De tal forma se contempla una forma culposa de encubrimiento de la que pueden
resultar autores una serie limitada de sujetos: El agente debe realizar alguna de las
actividades previstas por el art. 167 quater, inc. 4°, con lo cual, debe dedicarse a la
crianza, cuidado, faena, elaboración, comercialización o transporte de ganado o de
productos o subproductos de origen animal.
Se trata así de un tipo culposo, que demanda la violación del deber de cuidado
consistente en no adoptar las medidas necesarias para asegurarse de la procedencia
legítima de lo que recibe.
La conducta imprudente o negligente del sujeto activo debe ser la causa determinante
de su intervención en las actividades prohibidas por el origen de las cosas.
4. EVASIÓN Y QUEBRANTAMIENTO DE PENA
Tal el nombre del Capítulo 14 del mismo título. La finalidad es evitar que se
menoscabe la efectividad que deben alcanzar las sanciones penales.
El art. 280.1 C.P. manda reprimir con prisión de un mes a un año, a quien hallándose
legalmente detenido “se evadiere por medio de violencia en las personas o fuerza en
las cosas”.
Sujetos: sujetos activos de este delito aquellas personas que se encuentren privadas
de su libertad ambulatoria por orden de autoridad competente y conforme a las
formalidades legales.
La acción típica se configura con la conducta de evadirse, es decir eliminar los
obstáculos que restringen la posibilidad de desplazarse. Para ser típica tal evasión,
debe perpetrarse a través de alguno de los medios que describe la norma: a) Por
violencia en las personas (desplegando energía física sobre quienes ejerzan la
custodia -permanente o eventual- del agente); o b) Por fuerza en las cosas (más
exactamente, sobre los elementos predispuestos para mantener el encierro).
Es un tipo doloso cuyo momento consumativo llegará al lograrse la evasión de la
detención legal: al recuperar, aunque sea momentáneamente, su libertad ambulatoria.
Favorecimiento de la evasión: formas dolosa y culposa.
El art. 280.2 C.P. dispone: “Será reprimido con prisión de un mes a cuatro años, el que
favoreciere la evasión de algún detenido o condenado, y si fuere funcionario público,
sufrirá, además, inhabilitación absoluta por triple tiempo.
Si la evasión se produjere por negligencia de un funcionario público, éste será
reprimido con multa de pesos argentinos mil a pesos argentinos quince mil”.
En el primer párrafo se prevé una figura dolosa: colaborar con la evasión, la cual se
agrava con inhabilitación absoluta por el triple del tiempo de la condena si es cometida
por un funcionario público.
Luego, el segundo tramo del precepto constituye un tipo culposo en que únicamente
puede incurrir un funcionario público a cuyo cargo se encuentre el detenido o el
condenado. Por la negligencia del agente se produce la evasión de un reo.
Quebrantamiento de inhabilitación.
El art. 281 C.P. ordena: “El que quebrantare una inhabilitación judicialmente impuesta
será reprimido con prisión de dos meses a dos años”.
Sujeto activo será quien haya sido judicialmente inhabilitado; y la acción típica se
configura al quebrantar una inhabilitación, es decir, realizar actividades prohibidas por
la pena, y que se encuentran regladas por el ordenamiento jurídico y respecto de la
cuales es preciso contar con una habilitación legal.
Se trata de un delito doloso cuya consumación se logra al concretarse la transgresión
típica.
5. VIOLACIÓN DE SELLOS Y DOCUMENTOS
Es la denominación del Capítulo 5 del Título 11 "Delitos contra la administración
pública". Contiene dos artículos con figuras cuya característica común es la que esos
delitos atentan contra el aseguramiento de datos que sirven para el desenvolvimiento
de las tareas de los organismos públicos; ya sea para conservar o la identidad de una
cosa -que para eso se ponen sellos- o para guardar algo que servirá como elementos
de prueba.
Violación de sellos.
El art. 254 C.P. dispone: “Será reprimido con prisión de seis meses a dos años, el que
violare los sellos puestos por la autoridad para asegurar la conservación o la identidad
de una cosa. "Si el culpable fuere funcionario público y hubiere cometido el hecho con
abuso de su cargo, sufrirá además inhabilitación especial por doble tiempo. Si el
hecho se hubiere cometido por imprudencia o negligencia del funcionario público, la
pena será de multa de pesos setecientos cincuenta a pesos doce mil quinientos”.
De ese modo, con el propósito de resguardar las garantías o seguridades con las que
el Estado pretende mantener la inviolabilidad de la identidad y custodia de ciertas
cosas, el artículo prevé en su primera parte, el delito de violación de sellos; en su
segundo párrafo, una circunstancia agravante en función de la calidad del sujeto
activo; en su tercer párrafo, un tipo imprudente.
Respecto del delito de violación de sellos, conforme el párrafo primero sujeto activo
podrá ser cualquier persona (desde que no demanda cualidades especiales en el
mismo); pero no procede ello para el segundo párrafo, que exige en el agente la
condición de funcionario público.
La agravante de la segunda parte de la norma sólo se configurará cuando el
funcionario público realice las acciones típicas mediante abuso de su cargo; es decir,
sirviéndose de la función que de él deriva.
En cuanto a la acción típica, ella se identifica a través del verbo “violar”, el cual debe
interpretarse con un alcance que vaya más allá de la mera acción de romper o dañar
el sello, ya que comprende cualquier actividad que quebrante la seguridad de
conservación del valor simbólico del sello.
El sello, como objeto de la conducta típica, implica un emblema que representa que la
autoridad ha individualizado una cosa con el fin de conservarla o para que sirva de
prueba; por lo tanto deberá haber existido un acto oficial de sellar (legal y regular en
sus formalidades) con tales propósitos.
Es un delito doloso. El momento consumativo de la violación de sellos se alcanza con
la mera concreción de la conducta típica, sin ser necesario ningún resultado ajeno a
dicha actividad.
En otro orden de ideas, y respecto a la relación con otras figuras, cuando éste es un
delito que por lo general es utilizado como medio para cometer otros, por ejemplo para
posibilitar el apoderamiento del hurto (art. 162) o para destruir o suprimir un
documento público (art. 294), los delitos finalmente realizados no lo desplazan en
virtud de que el delito de violación de sellos se consuma con el mero quebrantamiento
de la seguridad que el sello simboliza, independientemente de cualquier circunstancia
que pueda acaecer en consecuencia por lo que, dependiendo de cómo se desarrolló el
suceso, habrá concurso ideal o real.
Teniendo en cuenta que la violación de sellos puede realizarse de diversas maneras
(p. ej.: romper las fajas de clausura), es posible que la conducta del agente no sólo
encuadre en esta figura penal, sino también en las previstas por los códigos
contravencionales locales.
El tercer párrafo del art. 254 C.P. castiga con multa al funcionario público si el hecho
se hubiere cometido por su imprudencia o su negligencia.
Aquí el autor del delito de violación de sellos es uno y otro el autor del delito
imprudente de haber posibilitado, por haber sido imprudente o negligente, que aquel
se cometiese. El último habría violado la norma imperativa consistente en velar para
que tal cosa no ocurriese. Si bien es preciso que el descuido del funcionario haya sido
determinante en la violación del sello que el tercero comete, no es una circunstancia
determinante que este último haya conocido y aprovechado tal situación.
Violación de medios de prueba.
El art. 255 dice: “Será reprimido con prisión de un mes a cuatro años, el que
sustrajere, alterare, ocultare, destruyere o inutilizare en todo o en parte objetos
destinados a servir de prueba ante la autoridad competente, registros o documentos
confiados a la custodia de un funcionario público o de otra persona en el interés del
servicio público. Si el autor fuere el mismo depositario, sufrirá además inhabilitación
especial por doble tiempo. Si el hecho se cometiere por imprudencia o negligencia del
depositario, éste será reprimido con multa de pesos setecientos cincuenta a pesos
doce mil quinientos”.
La finalidad es resguardar objetos destinados a servir de prueba ante la autoridad
pública, o registros y documentos relevantes para el servicio público.
El primer párrafo del artículo describe distintas formas de realizar el delito de
sustracción e inutilización de objetos custodiados, contemplando una agravante en
virtud de la calidad del sujeto activo.
Agente podrá ser cualquier persona; pero debe atenderse que la figura se agravará si
quien realiza la acción típica es el depositario (es decir, el sujeto a quien se ha
confiado el objeto en custodia, por disposición de la ley o de una autoridad
competente), al suponer ello una violación del deber de custodia oficial del objeto.
Como acciones típicas se puntualizan varias formas de realización de este tipo penal:
La sustracción implica quitar la cosa, temporaria o definitivamente, de la esfera
de custodia en que se halla, de modo que basta desapoderar a quien resulta
depositario sin que sea necesario el apoderamiento por parte del autor.
La alteración es la modificación, de cualquier modo, de la cosa.
La ocultación consiste en esconder el objeto de modo que no pueda ser
hallado en el momento en que deba ser utilizado, aun cuando pueda ser
ubicado con posterioridad. A diferencia de la sustracción, este supuesto no
requiere que la cosa sea quitada de la esfera de custodia del depositario.
La destrucción y la inutilización se equivalen en la medida en que el objeto se
torna inservible a los fines para los cuales era custodiado. Lo primero sucede si
se arruina materialmente, mientras que se lo inutiliza cuando se le remueven
las características que lo tornaban útil a tales efectos.
Como objetos de la acción es posible señalar a cualquier elemento que sirve como
prueba y los registros o documentos (públicos o privados) en donde conste alguna
circunstancia que interese a un servicio público.
El tipo subjetivo es el dolo del agente, sin ser necesario que concurra ninguna finalidad
especial.
Asimismo, la consumación de las figuras típicas llegará con la mera realización de las
mismas: no es necesario ningún resultado más allá de ellas.
Por su parte, el segundo párrafo del artículo contempla la facilitación imprudente o
negligente de la sustracción e inutilización de objetos custodiados; es decir, contiene
un delito culposo con características similares a las propias del artículo anterior, y ello
desde que se sanciona la imprudencia del depositario que facilita la comisión dolosa
del delito previsto en el primer párrafo por parte de un tercero.