El tejido óseo es uno de los mayores del organismo, constituido por una matriz mineralizada
y una fracción celular muy activa. Entre sus funciones destacan: servir de soporte y
protección de las partes blandas, sustento del movimiento con el anclaje de los músculos,
reservorio de minerales y almacén interactivo de la médula ósea (interaccionando con las
células precursoras de la hematopoyesis), así como constituir un gran reservorio de iones
como el calcio, que se liberarán de forma controlada, acorde a las necesidades de cada
momento.
El tejido óseo, al igual que el resto de los tejidos del organismo, sufre un proceso de
crecimiento y desarrollo, desde la vida uterina hasta la edad adulta. Este es un proceso
dinámico, en el que están implicados los procesos de modelado (control del crecimiento y
morfología del hueso) y remodelado (equilibrio entre resorción y formación).
El esqueleto humano está formado por un 85% de hueso cortical y un 15% de hueso
esponjoso, siendo este último el más dependiente de los cambios hormonales del periodo
puberal, con mediación de hormonas sexuales y posiblemente de hormona del crecimiento
(GH) y su mediador el factor de crecimiento insulínico I (IGF-I). El tejido óseo es un tejido
duro, de consistencia rígida. Está constituido por células y por una matriz ósea, sustancia
intercelular calcificada, integrada por componentes orgánicos: amorfo y fibrilar e
inorgánicos: sales de calcio y fósforo.
El tamaño del esqueleto y la densidad mineral ósea son similares en niños y en niñas en
edad prepuberal, sin embargo, entre el comienzo de la adolescencia y la edad adulta, la
masa esquelética se duplica.
Las células implicadas en la formación de hueso, Son cuatro tipos:
Osteógenas. Denominada también osteoprogenitoras. Derivan de células mesenquimatosas
que tienen una potencialidad dependiente de la concentración de oxígeno existente en el
microambiente que las rodea. Se diferencian en osteógenas, si los niveles de oxígeno son
elevados o, en condrógenas si la concentración de oxígeno, en el lugar que las rodea,
disminuye notablemente.
Osteoblastos. Son células de forma ligeramente cilíndrica y con un citoplasma rico en
retículo endoplásmico rugoso (basofilia citoplasmática), con núcleo ovalado localizado en el
tercio basal. Están situadas en la superficie externa de los huesos en formación. Los
osteoblastos son los responsables de generar la sustancia intercelular orgánica,
denominada osteoide, constituida por matriz amorfa y fibras colágenas tipo I, y de depositar
en el osteoide cristales de fosfatos y carbonatos de calcio (matriz inorgánica). Las fibras
colágenas se unen entre sí, mediante matriz amorfa ([Link] y glicoproteínas) que actúan
como sustancias cementantes, formando láminas concéntricas o trabeculares. En este
conjunto de matriz orgánica u osteoide, se depositan las sales de calcio, en la forma de
cristales de hidroxiapatita.
c) Osteocitos. - Los osteocitos son los osteoblastos que quedan atrapados entre la matriz
ósea calcificada, dentro de cavidades llamadas lagunas óseas. Se mantienen unidos con
otros osteocitos mediante una serie de prolongaciones celulares que se proyectan en la
matriz ósea a través de los canalículos óseos. Con estas características morfológicas los
osteocitos se visualizan como pequeñas arañas.
El cuerpo celular adopta la forma de una almendra del cual se emergen abundantes
prolongaciones citoplasmáticas. La comunicación entre las prolongaciones de osteocitos
vecinos se efectúa mediante uniones tipo nexo o hendidura. Cada laguna ósea alberga un
solo osteocito.
La función de los osteocitos es mantener el intercambio de sustancias nutritivas entre los
vasos sanguíneos del tejido óseo y la matriz ósea y depositar o extraer pequeñas
cantidades de sales de calcio cuando el metabolismo del hueso así lo requiere. Su actividad
está coordinada por acción hormonal a través de las hormonas calcitonina y paratohormona
(hormonas tiroidea y paratiroidea respectivamente).
Los osteocitos en el interior de hueso joven o hueso maduro tienen un comportamiento
funcional secretor de matriz ósea diferente, relacionada con la menor o mayor necesidad
que requiere el hueso para mantener y modular los procesos metabólicos de este tejido. Así
mismo la regulación de la presencia de calcio en la sangre se encuentra relacionada por la
actividad de los osteocitos. En ciertas condiciones de requerimiento de calcio en la sangre
los osteocitos pueden modificar su comportamiento funcional y llevar a cabo funciones
limitadas de resorción ósea. Ross y Pawlina clasifican a los osteocitos en tres tipos:
a) Osteocitos en latencia o de hueso maduro. La producción de matriz ósea es mínima
Probablemente se activan cuando el hueso maduro requiere ser remodelado internamente.
b) Osteocitos formativos o de hueso joven. Poseen abundante R.E.R y aparato de Golgi
muy desarrollado secretan abundante matriz amorfa y fibrilar que después se impregna de
cristales de calcio.
c) Osteocitos resortivos en hueso maduro. Funcionan especialmente en la regulación de de
la calcemia. Resorben cristales de hidroxiapatita para incrementar las concentraciones de
calcio en la sangre colaborando de esta manera con la actividad de los osteoclastos.
Osteoclastos. - son células grandes (miden de 50 a 150 micrómetros de diámetro,
multinucleadas, pueden tener hasta 50 núcleos; presentan un citoplasma acidófilo.
Se localizan en la superficie interna de los huesos densos o de las trabéculas óseas.
Tienen por función desgastar o erosionar el hueso con la finalidad de remodelarlo o, extraer
de ellos, cuando el organismo así lo requiere, las sales de calcio indispensables para el
funcionamiento contráctil de los músculos, la coagulación de la sangre o la conducción de
los estímulos nerviosos.
Los osteoclastos derivan de precursores sanguíneos similares a los que originan monocitos,
los cuales al arribar a las zonas de formación de tejido óseo se fusionan para formar los
osteoclastos. La fusión se produce por factores específicos liberados por osteocitos o por
osteoblastos.
Son células que tienen receptores membranales para sus factores estimulantes secretados
por los osteoblastos para la calcitonina.
Los osteoclastos ocupan excavaciones superficiales en los bordes del tejido óseo en
remodelación llamadas lagunas de Howship que señalan zonas de reabsorción del hueso.
Durante la etapa activa de reabsorción ósea, en el osteoclasto se pueden describir, cuatro
zonas claramente discernibles:
a) Zona basal. Localizada en la parte más alejada de la cavidad de la laguna de Howship;
alberga a la mayoría de los componentes de la célula, núcleos y organelos citoplasmáticos;
también interviene en la exocitosis del material producto digerido pues allí se acumulan las
vesículas endocíticas generadas durante la actividad de resorción. En esta zona las
vesículas se fusionan con el plasmalema para liberar su contenido. Las sustancias
degradadas (iones de calcio, fosfatos, carbonatos, aminoácidos y detritus orgánicos) se
vierten al tejido conjuntivo circundante y luego se transfieren a la luz de capilares
sanguíneos.
b) Borde rugoso o festoneado. Es la zona en contacto directo con el lugar de reabsorción
ósea. Presenta una serie de digitaciones que se proyectan a la cavidad de la laguna de
Howship; poseen el aspecto de microvellosidades que incrementan notablemente la
superficie de resorción. A través de las microvellosidades se liberan hacia la zona de
resorción, mediante exocitosis, protones impulsados por las bombas de protones
dependientes de ATP y las enzimas hidrolíticas y continuamente se están modificando pues
tienen una actividad muy dinámica porque también se encargan de incorporar al citoplasma
osteoclástico los productos resultantes de la degradación del hueso mediante endocitosis.
Con el microscopio electrónico es posible observar la presencia de los cristales
electrondensos de hidroxiapatita.
a) Zona clara. También se le denomina zona de sellado porque delimita de manera precisa
la superficie ósea que será resorbida. Es una porción del citoplasma que rodea al borde
rugoso o festoneado. Se le denomina así porque carece de organelos. En este lugar se
localiza un haz de filamentos delgados de actina dispuestos en forma anular y en contacto
estrecho con proteínas de adhesión celular transmembranales como la vinculina y la talina.
Sus bordes más periféricos se unen estrechamente a la superficie del hueso que está
siendo desgastado gracias a la presencia de los componentes del citoesqueleto
mencionados.
b) Zona vesicular. Consiste en una región llena de vesículas exocíticas y endocíticas que
transportan hacia la zona de resorción ósea el contenido enzimático de los lisosomas y de
este lugar, hacia el interior de la célula los productos de la degradación del tejido óseo
respectivamente. Se sitúa entre el borde rugoso o festoneado y la zona basal.
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