0% encontró este documento útil (0 votos)
39 vistas17 páginas

Estudio 6

El estudio del libro de Levítico enfatiza la santidad de Dios y la necesidad de que su pueblo también sea santo, reflejando su carácter. A través de leyes, sacrificios y el establecimiento del sacerdocio, Levítico establece la relación entre Dios e Israel y la importancia de la obediencia a sus mandamientos. Finalmente, se destaca que aunque los cristianos no están sujetos a las leyes del Antiguo Testamento, deben vivir vidas santas como un reflejo de su llamado divino.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
39 vistas17 páginas

Estudio 6

El estudio del libro de Levítico enfatiza la santidad de Dios y la necesidad de que su pueblo también sea santo, reflejando su carácter. A través de leyes, sacrificios y el establecimiento del sacerdocio, Levítico establece la relación entre Dios e Israel y la importancia de la obediencia a sus mandamientos. Finalmente, se destaca que aunque los cristianos no están sujetos a las leyes del Antiguo Testamento, deben vivir vidas santas como un reflejo de su llamado divino.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Panorama del Antiguo Testamento

Estudio 6: «Santidad para el Señor» Levítico

Introducción
¡Bienvenido una vez más! En este estudio estaremos
cubriendo el libro de Levítico. Tiene muy poca narrativa. Y
en ocasiones, provee muchos detalles acerca de cosas que
parecieran no tener importancia actualmente.
Por esta razón, a menudo es dejado a un lado. Pero sin
Levítico, perderíamos un gran conjunto de conocimientos
acerca de la santidad de Dios, nuestro pecado y la obra de
Cristo en la cruz. Así que me alegra poder estudiar Levítico
el día de hoy.

Contexto
Empecemos con algo de contexto. Levítico comienza
justo donde termina Éxodo. De hecho, todo el libro se
produce menos de un mes después de que el Tabernáculo
estuviera terminado .
Aún nos encontramos a mediados del siglo XV a. C.
Todavía seguimos al pie del monte Sinaí,
donde Dios llevó a los israelitas luego de haber escapado
de Egipto, y donde Moisés recibió los Diez Mandamientos.
Fue en el monte Sinaí donde Moisés también recibió las
instrucciones para construir el Tabernáculo.
Y después de que los israelitas lo construyeron, vimos que
la gloria de Dios lo llenó, y se convirtió en la manifestación
física de su morada con su pueblo. Entonces, ¿qué sigue?
Ahí es cuando aparece Levítico.
El nombre del libro proviene de la septuaginta griega,
que quiere decir: «cosas relacionadas con los levitas».
Pero más allá de eso, su propósito es codificar aun más la
relación entre Dios e Israel después de los términos iniciales
del pacto dados en el Sinaí.
A la luz del Nuevo Pacto, Levítico sienta las bases para la
compresión cristiana de la necesidad de la santidad, el rol
representativo y exaltado del sumo sacerdote y algunos otros
conceptos teológicos importantes.
En el contexto aun más amplio de la teología bíblica,
Levítico es otro paso hacia adelante. Es como una parada en
el camino a la Tierra Prometida.
Dios hace que su pueblo permanezca en el monte Sinaí el
tiempo necesario para que Moisés y Aarón reciban estas
palabras acerca de la santidad.
Él quiere dejar en claro que ser el pueblo de un Dios santo
es un asunto serio.
Tema
Nuestra oración temática de esta semana es fácil:
Dios es santo y, por tanto, su pueblo también debe ser
santo.
Ser santo es ser distinto, diferente y completamente puro.
Dios es así de santo. Él es incomparable. Es perfecto.
No hay defecto alguno en él. No carece de ética,
sabiduría, justicia o cualquier otra virtud.
Y porque Dios es santo, su pueblo, también debe ser
santo. ¿Por qué? Porque su pueblo lo representa ante el resto
del mundo.
Comencemos con una pregunta antes de adentrarnos en
Levítico. ¿Por qué es importante que el pueblo de Dios sea
santo?
El bosquejo impreso en su folleto le permite ver
rápidamente cómo Levítico resalta estos temas, y es el folleto
que estaremos usando en nuestro estudio esta noche.
Observe que la corriente del libro sigue una verdadera
línea de pensamiento evangélico:
En primer lugar, hay leyes para decirles a los israelitas
cómo deben acercarse a Dios (parte 1).
Pero cuando fallan en obedecer, pueden disponer de un
sacrificio sustitutivo (parte 2).
Entonces, desde esa posición de perdón y gracia, el
pueblo es llamado a vivir vidas santas (parte 3) .
Durante el resto del estudio, simplemente le guiaré a
través de este bosquejo para mostrarle cómo Levítico une
todas estas piezas.
Empezaremos con las ofrendas. Luego el sacerdocio.
Luego el código de santidad, que aparece en los capítulos 11-
15 y 18-27. Y terminaremos con la sección intermedia,
capítulos 16-17, el día de la Expiación.

Capítulos 1-7: Las ofrendas


Los capítulos 1 al 7 explican cómo los israelitas comunes
debían traer ofrendas a Dios.
Hay cinco ofrendas principales:
el holocausto,
la oblación,
la ofrenda de paz,
la ofrenda por el pecado y
la ofrenda por la culpa.
Comenzaremos con el holocausto; se entiende como
expiación por el pecado. Mira el capítulo 1, versículos 3-5:
«3 Si su ofrenda fuere holocausto vacuno, macho sin defecto
lo ofrecerá; de su voluntad lo ofrecerá a la puerta del tabernáculo
de reunión delante de Jehová. 4 Y pondrá su mano sobre la
cabeza del holocausto, y será aceptado para expiación suya. 5
Entonces degollará el becerro en la presencia de Jehová; y los
sacerdotes hijos de Aarón ofrecerán la sangre, y la rociarán
alrededor sobre el altar, el cual está a la puerta del tabernáculo de
reunión».

Colocar las manos sobre la cabeza es un acto simbólico


de la transferencia de la culpa del pecador al becerro.
Entonces, el becerro es asesinado por los pecados de esa
persona. Así, cuando un israelita era consciente de su pecado,
esto es lo que tenía que hacer.
¿Cuántos becerros, ovejas, cabras, pájaros, etc., cree que
podría ofrecer un solo israelita en toda su vida adulta?
¿Cree que el Señor toma en serio el pecado? Bueno, los
israelitas tenían eso impreso gráficamente a través de estas
ofrendas.
Luego tenemos la oblación (2:1), ofrecida como actos de
devoción y conmemoración.
Y había ofrendas de paz (3:1), que resaltaban el hecho
de que, en realidad, todo lo que los israelitas poseían
pertenecía al Señor (3:16-17).
Otro tipo ofrendas era la ofrenda por el pecado (4:3),
que estaba destinada a cubrir pecados involuntarios, o
cometidos por ignorancia (4:2).
Incluso si alguien no sabe que un determinado acto es
pecado, no deja de serlo.
Los estándares de Dios se miden por su propia santidad y
no por nuestra propia conciencia. Interesante.
¿Alguna vez pensó que si no tenía la intención de
pecar, no era pecado? Aparentemente, la intención no lo es
todo.
Finalmente, están las ofrendas por la culpa (5:6), que
estaban destinadas a resaltar la maldad del pecado y expiarla
al mismo tiempo.
Esta ofrenda en particular, debía ofrecerse cuando alguien
quedaba ritualmente impuro o pecaba contra su prójimo.
Más adelante, los capítulos 6 y 7 presentan la forma en
que se debían hacer estos sacrificios.
Cada detalle es expuesto: Cuánto de qué ofrenda se
sacrificará, cómo se sacrificarán los animales, qué utensilios
se usarán y cuáles no, etc.
Dios quiere que su pueblo, tanto en ese momento como
ahora, sienta la enorme carga ocasionada por nuestro pecado.
Lo que más sobresale aquí es la exactitud inflexible de
nuestro Dios santo,
todo como un presagio de cómo Cristo fue el cordero
perfecto que fue asesinado por nosotros.

Capítulos 8-10: Establecimiento del sacerdocio


Después de haber establecido cómo las personas debían
ofrecer sacrificios, Levítico ahora se refiere a cómo la nación
debe adorar a Dios como un todo.
Al mirar los capítulos 8-10, vemos el nombramiento de
Aarón como primer sumo sacerdote de Israel con todos su
descendientes «apartados» como sacerdotes (cf. Éxodo 28:1).
En estos capítulos hay más regulaciones y orientaciones
acerca de cómo los sacerdotes deben conducirse en la
ejecución de sus deberes.
De nuevo, la lección principal para nosotros es que los
pecados del pueblo de Dios requerían de un gran esfuerzo
para ser «cubiertos» por una aparentemente interminable
corriente de sangre sacrificial.
Y una vez más, a los cristianos se les recuerda cómo
Cristo cumplió perfectamente su rol como nuestro «gran
sumo sacerdote».
Después de que se completara su sacrificio, el gran velo
en el Lugar Santísimo que separaba a Dios del hombre se
rasgó en dos.
Ahora, el pueblo de Dios puede acercarse confiadamente
ante el trono de la gracia en el nombre de Jesús sin necesidad
de un sacerdote humano como mediador.

9:22-10:3
Con eso, sumerjámonos en el texto. Vayamos al capítulo
9. Empezaremos en el versículo 22. Lo que sucede aquí es
que Dios acaba de dar todas estas directrices que mencioné, y
Aarón las ha seguido todas.
«Y entraron Moisés y Aarón en el tabernáculo de
reunión, y salieron y bendijeron al pueblo; y la gloria de
Jehová se apareció a todo el pueblo. Y salió fuego de
delante de Jehová, y consumió el holocausto con las
grosuras sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron,
y se postraron sobre sus rostros».
Este es un verdadero clímax en el libro hasta ahora.
Hemos tenido 9 largos capítulos acerca de qué hacer con
animales muertos, aceite, grasas, riñones, costados, hígados,
sangre, fuego, cosas limpias, cosas inmundas, vestimentas
sacerdotales y los días adecuados para hacerlo todo.
Hay exactitud en todo lo que Dios ordenó. Luego, en esta
increíble exhibición, Dios muestra que ha aceptado la
adoración de los israelitas.
Por su puesto, el pueblo cayó postrado.
Pero la historia no termina allí. Sigamos leyendo.
Capítulo 10, versículos 1-13:
«1 Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su
incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron
incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que
él nunca les mandó. 2 Y salió fuego de delante de Jehová y
los quemó, y murieron delante de Jehová. 3 Entonces dijo
Moisés a Aarón: Esto es lo que habló Jehová, diciendo: En
los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de
todo el pueblo seré glorificado. Y Aarón calló».

¿Qué quiere decir Moisés con que ofrecieron fuego


«extraño»? Otras traducciones lo llaman «fuego
equivocado», o fuego «profano».
En resumen, es fuego y adoración que Dios no ha
ordenado. Aquí los hijos de Aarón han decidido adorar Dios a
su manera. Están buscando adorar a Dios.
No están adorando a un Dios falso. Pero están adorando a
Dios según las imposiciones de sus corazones, y no como
Dios lo había ordenado.
Su adoración pudo haber sido bien intencionada. Pero las
buenas intenciones no son lo que importan.
Nadab y Abiú no consideraron a Dios como santo. No lo
trataron con respeto.
Más bien, desobedecieron y se arriesgaron a conducir al
pueblo de Israel en desobediencia y, por tanto, fueron
castigados. Dios defenderá su nombre resguardando su
santidad.

Capítulos 11-15, 18-27: El código de la santidad —


Antes y ahora
Pasemos a los capítulos 11-15 y 18-27, que algunas veces
es llamado el «código de santidad».
Abordaremos estas dos secciones juntas. Son los
capítulos, quizá los has leído, que tratan acerca de qué tipo de
alimentos pueden o no comer los israelitas, incluso tocar.
Hay leyes acerca de rituales de purificación en los partos
y cuando alguien tiene lepra.
Hay instrucciones acerca de qué hacer si alguien tiene una
infección corporal.
Incluso hay directrices sobre qué hacer si una infección
corporal toca una pieza de cerámica o de madera en
particular. Ahora, ¿qué podría significar todo esto?
La respuesta está en el capítulo 11, versículos 44 y 45, la
primera de una declaración a menudo recurrente en Levítico.
Vaya conmigo allí:
«Porque yo soy el Señor, su Dios. Ustedes deben
purificarse completamente y ser santos, porque yo soy
santo. No se hagan impuros con ningún animal que se
arrastre por la tierra. Yo soy el Señor, el que los hizo salir
de Egipto para ser su Dios. Por lo tanto, ustedes deben ser
santos porque yo soy santo».
Los israelitas debían ser santos porque Dios es santo. El
propósito de todos estos mandamientos es que los israelitas
puedan ser santos, distintos, diferentes: un reflejo preciso del
Dios a quien representan.
Esta enseñanza está por todo el libro de Levítico, y
haríamos bien en considerarla seriamente.
Mire Levítico [Link] «Habéis, pues, de serme santos,
porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos
para que seáis míos».
Allí escucha la separación explicita del resto de las
naciones. 22:31-32: «Guardad, pues, mis mandamientos, y
cumplidlos. Yo Jehová. Y no profanéis mi santo nombre,
para que yo sea santificado en medio de los hijos de Israel.
Yo Jehová que os santifico».

¿Alguien sabe lo que significa «profanar» el nombre


de Dios? Significa tratar como común, ordinario o mundano
aquello que es realmente especial y distinto.
Por tanto, el «nombre» de Dios, es decir, su imagen y
reputación, está vinculado a Israel.
Por esa razón, no pueden ser un pueblo que tome esta
identificación con Dios a la ligera o irreverentemente.
Dios les da estos mandamientos para que en sus vidas
cotidianas recuerden que son una nación santa, un pueblo
apartado para Jehová.
Dios los ha escrito en su cultura, a fin de que dondequiera
que vayan, recuerden su estatus distintivo y su llamado a ser
santos.
Ahora bien, ¿necesitamos obedecer estas leyes?
¿Necesitamos prestar atención a lo que comemos,
tocamos, etc., para ser santos o para acercarnos a Dios?
Hablaremos de ello en unas pocas semanas, así que no
hay necesidad de responder completamente esto hoy.
Pero, en resumen, no. No somos la nación-estado de
Israel bajo el antiguo pacto.
No estamos llamados a ser una nación político-geográfica
diferente de las otras naciones.
Toda la ley se cumplió en Cristo. Y estas leyes en
particular se cumplieron en Cristo de tal manera que ya no
pueden gobernarnos.
Dicho esto, también debemos ser un pueblo especial,
apartado por y para el Señor.
La iglesia está llamada a ser santa por la misma razón que
Israel. Israel llevaba el nombre de aquel que los rescató de
Egipto y de la esclavitud.
Y al igual que ellos, ¡nosotros proclamamos con nuestras
vidas las glorias de aquel que nos ha rescatado de la
esclavitud del pecado y la muerte!*

«14 Como hijos obedientes, no os conforméis a los


deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; 15
sino, como aquel que os llamó es santo, sed también
vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; 16 porque
escrito está: Sed santos, porque yo soy santo» (1 Pedro
1:14-16).
16:1-34: El día de la Expiación
Ese fue el código de santidad. Pero notará que hemos
saltado la sección intermedia, la sección de la «gracia», de
nuestro bosquejo tal como lo expuse al inicio del estudio.
Ahí es donde nos enfocaremos ahora. En el capítulo 16,
encontramos una ceremonia anual para los israelitas. Se llama
el día de la Expiación.
Un día del año en que Dios proveería una forma de cubrir
—expiar— los pecados de todo el pueblo, y la nación
volvería a ser santa.
Ya hemos visto que los sacerdotes diariamente hacen
sacrificios por todo tipo de pecados. ¿Pero y la
reconciliación?
¿Se provee algún medio para que el pueblo se
reconcilie con Dios después de haber pecado? No.
Y es ahí cuando aparece el día de la Expiación. La
reconciliación requerirá el sacrificio de un sustituto y la
oración en nombre del pueblo.
Entonces, ¡el sumo sacerdote se dirigirá al pueblo con la
alegre declaración de que sus pecados han sido expiados y de
que ahora el pueblo ha sido reconciliado con Dios!
Veamos el día de la Expiación.
Mire Levítico [Link] «Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón
tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario
detrás del velo, delante del propiciatorio que está sobre el
arca, para que no muera; porque yo apareceré en la nube
sobre el propiciatorio».
El Lugar Santísimo era la parte más interna del
Tabernáculo. Era donde moraba la mismísima gloria de Dios.
¿Por qué moriría a Aarón si entraba allí?
La gloria de Jehová lo destruiría a causa de su pecado. Así
que el sumo sacerdote no podía simplemente entrar cuando
quisiera. Vea los versículos 3-6:

«3 Con esto entrará Aarón en el santuario: con un


becerro para expiación, y un carnero para holocausto. 4 Se
vestirá la túnica santa de lino, y sobre su cuerpo tendrá
calzoncillos de lino, y se ceñirá el cinto de lino, y con la
mitra de lino se cubrirá. Son las santas vestiduras; con ellas
se ha de vestir después de lavar su cuerpo con agua. 5 Y de
la congregación de los hijos de Israel tomará dos machos
cabríos para expiación, y un carnero para holocausto. 6 Y
hará traer Aarón el becerro de la expiación que es suyo, y
hará la reconciliación por sí y por su casa».
En primer lugar, Aarón debe expiar sus propios pecados.
Versículo 11.
Solo con un sacrificio de expiación puede entrar al Lugar
Santísimo. Pero todavía tiene que hacerlo muy
cuidadosamente. Mire los versículos 12-13:
«Después tomará un incensario lleno de brasas de fuego
del altar de delante de Jehová, y sus puños llenos del
perfume aromático molido, y lo llevará detrás del velo. Y
pondrá el perfume sobre el fuego delante de Jehová, y la
nube del perfume cubrirá el propiciatorio que está sobre el
testimonio, para que no muera».
¡El humo debía cubrir la gloria del Señor para que no
arremetiera contra él y lo consumiera!
Ahora que sus propios pecados han sido cubiertos, puede
comenzar su rol como representante del pueblo e interceder
por él.
Primero, llevará dos machos cabríos a la entrada. Uno se
usará como ofrenda por el pecado de toda la nación.
Versículo 15.
Luego, los versículos 16-19 muestran que la sangre de la
ofrenda por el pecado es para purificar el Lugar Santísimo, el
Tabernáculo y el altar que están contaminados por el pecado
del pueblo.
A continuación, Aarón lidiará con el chivo expiatorio.
Mira los versículos 21-22:
«21 y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del
macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las
iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y
todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del
macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un
hombre destinado para esto. 22 Y aquel macho cabrío
llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra
inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto».
Esta era una parábola visualmente ponderosa. El pueblo
vería todos sus pecados ser transferidos a la cabeza de este
macho cabrío,
y verían como sus pecados eran, metafóricamente,
borrados, ¡para nunca más ser vistos!

Este ritual debía realizarse una vez al año. Todos los años.
Como lo dice el versículo 30, es un estatuto eterno.
Era un día formal y solemne. Y al mismo tiempo, una
ocasión para celebrar, ya que en ese día todos los pecados de
la nación eran perdonados,
y el pueblo era reconciliado con Dios. Todavía es un día
muy importante en el calendario judío. Se llama Yom Kipur.

Ahora bien, ¿por qué le expliqué todos esos detalles?


Bueno, piense. Tener que hacer todo eso. Toda esa sangre.
Un proceso tan tedioso año tras año. Es genial que los
pecados sean perdonados, pero todo tendría que volver a
hacerse el año siguiente.
La sangre está por todas partes, y todos tienen que venir a
verlo. ¡Cuán serio Dios debe tomar el pecado!
Todo esto pone en relieve la santidad de Dios, la
pecaminosidad del pueblo y la gracia de Dios.
Y todo esto resalta que realmente no funciona. Ve a
Hebreos, capítulo 10:

«1 Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes


venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede,
por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente
cada año, hacer perfectos a los que se acercan. 2 De otra
manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este
culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de
pecado. 3 Pero en estos sacrificios cada año se hace
memoria de los pecados».

El autor de Hebreos continúa, explicando que los


sacerdotes realizaban sus deberes una y otra vez, porque el
problema del pecado nunca se resolvía. ¿Pero Jesús?
«12 pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para
siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a
la diestra de Dios, 13 de ahí en adelante esperando hasta
que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; 14
porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a
los santificados».
Su obra, como dijo en la cruz, está CONSUMADA.
¡Somos justificados en él!
Entonces, ¿por qué el día de la Expiación es la pieza
central del libro de Levítico?
Porque la ley nunca tuvo la intención de ser algo que
cualquier persona, excepto Jesús, cumpliría perfectamente.
Estaba allí para mostrarnos nuestra necesidad de un
Salvador. Y el día de la Expiación era la expresión más clara
de eso.

Conclusión y aplicación
El llamado a ser santos es serio, y lo escuchamos con gran
sobriedad.
Pero lo escuchamos como personas que son conscientes
de su pecado, necesitadas de una expiación eterna.
Esperamos que Jesús establezca nuestra posición ante el
Señor.
Nunca alcanzaremos el perfecto estándar de la santidad de
Dios de este lado del cielo y, por tanto, necesitamos al Señor
Jesucristo; necesitamos el evangelio.
Entonces, por la gracia de Dios, podemos vivir vidas
distintas, vidas de fe y obediencia.
Señalemos dos aplicaciones antes de culminar. En primer
lugar, siente el peso del pecado.
Si hay algo que queda claro en el libro de Levítico, es
que nuestro pecado tiene consecuencias inmensas,
y solo puede tratarse correctamente mediante el
derramamiento de sangre.
Y tenga en cuenta, como leímos en Hebreos, que incluso
todo esto nunca solucionó completamente el pecado.
Todos los sacrificios y regulaciones, todas las
advertencias y prohibiciones, todos los mandatos que se
encuentran en este libro tienen un solo propósito.
Acercarnos a la provisión de Dios por nuestro pecado.
Finalmente, ¿cuál es la provisión? ¡El sacrificio de Jesús en
la cruz! Anímese una vez más por el autor de Hebreos:

«19 Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en


el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, 20 por el
camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto
es, de su carne, 21 y teniendo un gran sacerdote sobre la
casa de Dios, 22 acerquémonos con corazón sincero, en
plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala
conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. 3
Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra
esperanza, porque fiel es el que prometió».

En segundo lugar, si es cristiano, ¡espere el día en que


todo el pecado haya terminado y seamos libres para a adorar
a Dios en perfecta santidad por toda la eternidad!
La revelación de Juan cierra con un conmovedor relato de
este día futuro:
«1 Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el
primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no
existía más. 2 Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva
Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una
esposa ataviada para su marido. 3 Y oí una gran voz del
cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los
hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y
Dios mismo estará con ellos como su Dios. 4 Enjugará Dios
toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni
habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras
cosas pasaron».
¡Esta es nuestra gran esperanza! Sí, nuestro pecado es
grande y costoso, pero no es para siempre si conocemos a
Cristo.
Es una carga pasajera que ha sido expiada por nuestro
gran sumo sacerdote.
Llegará el día en que todo será hecho nuevo. Cuando tú y
yo cantaremos las glorias de Dios cara a cara con nuestro
Creador.
¡Porque él ha quitado todas las barreras, todos los
obstáculos, todo el pecado! Viva con alegre expectativa de
este día y ore para que Dios le guarde y sostenga a fin de que
todos podamos estar juntos una vez más en la eternidad.

También podría gustarte