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LIBRO II: DEL PUEBLO DE DIOS (Cann.

204–746)
Introducción
- Estructura del derecho canónico es en 7 libros:
1. LIBRO I: DE LAS NORMAS GENERALES (Cann. 1–203)
2. LIBRO II: DEL PUEBLO DE DIOS (Cann. 204–746)
3. LIBRO III: LA FUNCIÓN DE ENSEÑAR DE LA IGLESIA (747–833)
4. LIBRO IV: DE LA FUNCIÓN DE SANTIFICAR DE LA
IGLESIA (Cann. 834–1253)
5. LIBRO V: DE LOS BIENES TEMPORALES DE LA IGLESIA (Cann.
1254–1310)
6. LIBRO VI: DE LAS SANCIONES EN LA IGLESIA (Cann.1311-1399)
7. LIBRO VII: DE LOS PROCESOS (Cann. 1400-1752)

- Concilio Vaticano II, ha sustituido el Libro II “De personis” del CIC 17 por el “De
populo Dei”. Aquél se estructuraba sobre la base de los denominados “estados
canónicos” (Status), que distribuía su contenido en tres partes, clérigos, religiosos y
laicos. Puede decirse que predominaba una visión piramidal.
_________________________________________________________________________
En derecho canónico (aquí hablamos del sentido jurídico de los ritos) se habla de
Iglesias rituales o autónomas (en latín sui iuris), para referirse a las Iglesias particulares, en
comunión con el Romano Pontífice, que tienen una organización propia, con una disciplina
y un derecho propios, y que responden a tradiciones espirituales y litúrgicas propias. El
Código de los Cánones de las Iglesias Orientales (Codex Canonum Ecclesiarum
Orientalium, en adelante CCEO), en el canon 27, las define como “la agrupación de fieles
cristianos unidos a la jerarquía, que la suprema autoridad de la Iglesia reconoce expresa o
tácitamente como sui iuris”.
El hecho de que se reconozca una Iglesia sui iuris se debe a que estas Iglesias
particulares se engarzan en uno de los cinco ritos orientales. Profundas razones históricas
llevan a considerar y respetar el patrimonio espiritual de cada una de ellas. De lo que se
lleva dicho, se puede ver cuál es el sentido que aquí hemos llamado jurídico del rito. El
canon 28 §1 CCEO define rito como “el patrimonio litúrgico, teológico, espiritual y
disciplinar, distinto por la cultura y circunstancias históricas de pueblos, que se expresa en
un modo de vivir la fe que es propio de cada una de las Iglesias autónomas”.

Ya se ha dicho que existen cinco tradiciones litúrgicas, de gran tradición y riqueza. Pueden
distinguirse cinco ritos orientales:
- el alejandrino (entre coptos y etíopes)
- el antioqueno (entre sirios occidentales, maronitas, cristianos malancares)
- el caldeo (entre siro-caldeos y cristianos malabares)
- el armenio
- el bizantino, que es el más ramificado:
o entre los griegos, melquitas y eslavos: búlgaros, rusos, servios
o entre los rutenos, ucranianos y antiguos creyentes rusos
o entre los rumanos, georgianos, albaneses, húngaros, japoneses, chinos y
africanos de Uganda;
o en Italia, en el monasterio de Grottaferrata cerca de Roma y entre los ítalo-
albaneses).
Los ritos orientales se distinguen por su venerable antigüedad, por el esplendor y
magnificencia de las ceremonias y por su profunda piedad.
_________________________________________________________________________

- El Libro II del CIC 83, comienza precisamente con la fundamental noción


relativa a los christifideles: miembros del Pueblo de Dios con una condición básica
común a todos: igualdad derivada del bautismo, únicamente matizada por la
diferenciación funcional derivada de la distinta participación en la común misión de
la iglesia, según la personal vocación y los consiguientes reflejos en la condición
jurídica subjetiva.
Cn 204: “cada uno según su propia condición, son llamados a desempeñar la misión que
Dios encomendó cumplir a la iglesia en el mundo”.
- Códigos vigentes actualmente son dos códigos, de la Iglesia latina de 1983 y de la
Iglesia oriental de 1990. En las denominaciones de Iglesias orientales hay 23:
- Eclesiología que persistía antes del Concilio era jerarquica-piramidal, después se
pasa a ser misterio de comunión.
- CVII sustituyo el libro II “De personis del CIC 1917 por el “De populo Dei”, el cual
se estructuraba sobre la base de los denominados “estados canónicos” (Status).
[Fuerte y marcada distinción entre los grados presbiterales y laicos].
[Hay igualdad en cuanto cristianos pero diferenciación en cuando función, pues los tres
estados canónicos son: clérigos, religioso y laicos]

Nociones claves para entender el libro


1. La estructura de la Iglesia
a. La Iglesia “Pueblo de Dios”
La Constitución dogmática Lumen Gentium del Vaticano II, titula todo su capítulo
segundo “El pueblo de Dios”. Y en él se expresa con notable claridad la igualdad radical
o básica de los fieles por virtud del bautismo.
Por tanto, cuando hablamos de la iglesia como pueblo, el origen común que hace a todos
los cristianos miembros de una misma familia y, de otra, la igualdad fundamental o radical
de todos los fieles, en cuya virtud gozan de la misma dignidad, de los mismos medios, de la
misma fe y son responsables del fin común -de orden sobrenatural- de toda la Iglesia. Es
este sentido hace referencia a su significado bíblico: el pueblo de Israel, descendiente de
Abraham y realizado plenamente en el nuevo pueblo de dios redimido por Cristo.
Un pueblo en el que, si bien “no todos van por el mismo camino, sin embargo, todos están
llamados a la santidad y han alcanzado idéntica fe por la justicia de Dios (cfr. 2 Patr.1.1)
Aun cuando algunos, por voluntad de Cristo, han sido constituidos doctores, dispensadores
de los misterios y pastores para los demás, existe una auténtica igualdad entre todos en
cuando a la dignidad y a la acción común a todos los fieles en orden a la edificación del
cuerpo de Cristo” (LG,32).
[La primera noción clave es “Pueblo de Dios” en virtud del bautismo que nos incorpora.
Esta noción es tomar conciencia de nuestro ser bautizados. El primer estado canonico
recibido es ser cristiano en virtud del bautismo, aspecto recogido por la “Sinodalidad”.
Triple munus por el bautismo: sacerdote, profeta y rey, lo que refleja el cc. 204, cada uno en
su estado canónico y la acción de Cristo es la misma. Clericalismo es una expresión de la
estructura jerarquica y piramidal. Por eso debemos quitar la manera en que vemos a los
fieles. Por lo tanto el clericalismo es la visión de una Iglesia ya superada]
En resumen: La consideración de la Iglesia como Pueblo pone de relieve de inmediato
la igualdad radical o fundamental, derivada de bautismo, de todos los fieles; igualdad
que, desde una perspectiva jurídica, se traduce en una condición constitucional: la
condición de fiel explicitada en el CIC, en especial en el c. 204 y en los cc. 208-223.

b. Principio de variedad y principio institucional


Ahora bien, junto a este principio de igualdad, la entera visión de la estructura de la Iglesia
exige tener en cuenta también el principio de variedad y el principio institucional.
- Principio de variedad (cfr LG, 32; AG; 28)
Radicado también en el sacramento del bautismo -la libertad propia de los hijos de
Dios, lleva consigo la posibilidad de existencia de distintos modos de vida, distintas formas
apostólicas, distintas misiones eclesiales, como resultado de la respuesta a los diferentes
dones y carismas (Spiritus Ubi vult spirat) ; teniendo en cuenta, que el juicio que sean
conforme al espíritu evangélico corresponde a la Jerarquía (cfr LG, 12; AA,3).
[Cristo orante, Cristo misionero, Cristo contemplativo, Cristo caritativo es la gama de la
diversidad de vida religiosa. Cambio de condición jurídica, vgr. laico decide consagrarse,
laico deside casarse, laico deside vivir soltero]
- Principio institucional (principio jerárquico o principio de distinción de funciones)
Supone que existen en la Iglesia unas específicas funciones que han sido asignadas por
su divino Fundador no al pueblo cristiano, a la comunidad, sino a la Jerarquía. Por esto existe -
sin menoscabo de la igualdad fundamental en cuanto fieles- una distinción funcional, que
también es de Derecho divino (c. 208).

[aunque allá igualdad por el bautismo hay una jerarquía por su Divino fundadosr: dos
derechos divinos (clérigos y laicos) y uno eclesial (consagrados), este último no afecta lo de
derecho divino en la jerarquía de la Iglesia. Cn. 207 º1º2]

2. Bases inspiradoras del Libro II

a. Nivel constitucional
Es preciso subrayar la existencia de la común condición de fiel: condición de
radical igualdad que es incompatible con una visión estamental de las personas en la
Iglesia (LG,32; cc.204,208).
[condición radical de igualdad en cuanto dignidad y función por ser obra de Cristo gracias
al bautismo]
b. En el plano espiritual
En clara sintonía con el Vaticano II queda de relieve la universal llamada a la
santidad (cfr, c. 210). “Todos los fieles -subraya, por el contrario, LG, 11- , de cualquier
condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son
llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la
que es perfecto el mismo padre”.
[llamado a la santidad cn 210. Pobreza-castidad-obediencia es una respuesta del llamado a
la santidad]
c. En cuanto a la recepción del sacramento del orden
Desde el punto de vista del Derecho constitucional supone tener en cuenta que se
trata de un requisito de idoneidad indispensable para el desempeño de determinadas
funciones que así lo exigen, aunque cree una diferencia esencial y no sólo de grado (LG,
10) entre quienes lo han recibido y quienes no (cfr. c. 207). Las diferencias funcionales -
aunque sean fruto de una distinción esencial y de derecho divino cuando el sujeto ha
recibido el sacramento del orden- se edifican sobre la base de la común igualdad, que de
ningún modo destruyen”.
[hay una diferencia en cuanto al sacerdocio ministerial, por estar al servicio del sacerdocio
de los fieles, la Iglesia tiene derecho a exigir la idoneidad].
d. Principio de variedad (situaciones jurídicas).
La recepción del sacramento del orden, la profesión pública de los consejos
evangélicos en los institutos de vida consagrada (cc. 573 ss.) y el modo de vida propio de
las sociedades de vida apostólica (cc.731 ss.), (c. 731 §2) determinan, como consecuencia
del principio de variedad, diversas situaciones jurídicas activas y pasivas en el ámbito
subjetivo o personal […] Tales situaciones no suponen excepciones a la común condición
de fiel, pero matizan las manifestaciones de su ejercicio, como efecto de la especificación
en un determinado sentido, de acuerdo con las distintas posibilidades de común vocación
cristiana.

3. La noción canónica de los fieles


Esta concepción de fiel, es el titular de derechos y deberes fundamentales
independientes de su inserción en uno u otro status. Hay un solo género de cristianos: los
fieles.

a) la noción de fiel, que conecta con el principio de igualdad (cfr. cc.204 y 208);
b) la noción de vocación personal, que conecta con el principio de variedad (cfr, p.ej. cc.
226, 233, 385, 646,722);
c) la misión única en la iglesia, que conecta también con el principio de igualdad (cfr, p.
ej. cc. 1, 208, 210, 211, 216;
d) la diferenciación funcional, que conecta con el principio institucional o jerárquico y
también con la diversidad consiguiente al propio bautismo (respuesta a las distintas
vocaciones personales y a los multiformes carismas del Espíritu Santo; cfr, cc. 204,
207, 208);
e) la noción de condición jurídica subjetiva (condición canónica), es decir, los reflejos
en la vida personal de las exigencias que comporta el desempeño de una
determinada función en la iglesia y, en suma, el conjunto de circunstancias
determinativas y modificativas de la capacidad de obrar de la persona (cfr, cc. 96-
112, 204, 273 ss., en concreto, c. 277 en conexión con el c. 1087; cc. 285§3, 286,
287, §1, 598 ss., 662 ss., 1134-1140).

Arrancando de la noción fundamental de fiel, el Libro II se distribuye en tres partes:


1ª los fieles cristianos (parte. I)
2ª la constitución jerárquica de la Iglesia (parte II)
3ª los institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica (parte III)
Todo esto nos conduce a hacer referencia a la estructura de la Iglesia, es decir, a aquellos
aspectos y elementos de esa realidad única y misteriosa que el Concilio Vaticano II y, con
él, el Libro II del CIC ha denominado, en conexión con la más venerable tradición, el
Pueblo de Dios.
Por esto, dentro del Libro II, después de recoger “las obligaciones y derechos de todos los
fieles” (cc.208-223), se regulan “las obligaciones y derechos de los fieles laicos” (cc.224-
231), entre los que cabe destacar el c.225 §2, que pone de relieve que su función es
santificar el orden temporal, las estructuras temporales, de modo que ésta es su misión
específica en la Iglesia (6); “las obligaciones y derechos de los clérigos” (cc. 273-289); las
obligaciones y derechos de los religiosos (cfr. cc. 662-672), de los miembros de institutos
seculares (cfr. cc. 710 ss., cc. 719, 724, 728) y, en fin, de los que pertenecen a las
sociedades de vida apostólica (cc. 731 ss., cc. 737, 739, 740, 741 §2).
La Iglesia, en un texto que ha sido recordado por Juan Pablo II en la Ex. Ap. Cristifideles
laici, menciona “es un cuerpo diferenciado, en el que cada uno tiene su función, las tareas
son distintas y no tienen que ser confundidas. Estas no dan lugar a la superioridad de los
unos sobre los otros; no suministran ningún pretexto a la envidia. El único carisma superior
-que puede y debe ser deseado- es la caridad (cfr 1 Cor 12-13). Los más grandes en el
Reino de los cielos no son los ministros, sino los santos”4.

Cánones preliminares 2004-207


1. Definición canónica de fieles (c. 204) (pregunta de examen)
El c. 204 § 1 define los fieles en la Iglesia. Este canon tiene un carácter más teológico que
jurídico, ya que, en otro lugar, en el c. 96, el legislador a querido definir la condición
jurídica del fiel. La diferencia entre nuestro canon y el c. 96 consiste en el hecho que este
último describe la condición canónica de las personas físicas y de los efectos que derivan
del hecho que un hombre es bautizado: incorporación en la Iglesia de Cristo y constitución
en persona que, como tal, posé personalidad jurídica, mientras que el c. 204 § 1 trata sobre
las personas ya hechas fieles, en fuerza del bautismo, y por ello constituidas pueblo de
Dios. Y otro aspecto importante, es que destaca la misión de Cristo, que es la fuente de
derechos y obligaciones de todos los fieles, se participa de la misión profética, real y
sacerdotal de Cristo.
El § 2 del c. 204 establece que la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia católica. Valoremos
y precisemos el significado de tal subsistencia, con la ayuda de la doctrina eclesiológica del
Conc. Vat. II:
La Iglesia de Cristo es única
• No se puede tener más de una Iglesia de Cristo en el mundo. Así lo enseña LG 23ª,
precisando que las iglesias particulares constituyen la única Iglesia católica: «La unión
colegial aparece también en las mutuas relaciones cada uno de los Obispos e con las
Iglesias particulares u con la Iglesia universal. El Romano Pontífice, como sucesor de
Pedro, es el perpetuo y visible principio y fundamento de la unidad sea de los Obispos, sea
de la multitud de fieles.
• Los Obispos, en cambio, de manera singular, son el principio visible y el fundamento en
sus Iglesias particulares, formadas a imagen de la Iglesia universal, en las cuales y por las
cuales subsiste la única y sola Iglesia católica. Por ello cada uno de los Obispos representan
la propia Iglesia, y todos juntos con el Papa representan toda la Iglesia en el vínculo de paz,
de amor y de unidad».
La subsistencia de la única Iglesia de Cristo se encuentra en la Iglesia católica.
La Iglesia se entiende como la histórica Iglesia fundada por Cristo y confiada a Pedro.
Subsistir es sinónimo de persistir, es decir continuar a existir. El verbo subsistit in precisa la
adecuación de la única Iglesia de Cristo con la Iglesia católica; tal modo de expresarse
resulta más en consonancia con la teología trinitaria que está fundamentada en la
eclesiología conciliar (la única naturaleza divina subsiste en las tres personas divinas) y a la
analogía del misterio de la Iglesia con el Verbo Encarnado (la única persona del Verbo
subsiste en Cristo Dios y hombre. El verbo subsistit in permite, pues, de considerar las
imperfecciones de la adecuación entre la Iglesia real y aquella ideal; es decir, en la Iglesia
católica tenemos la plenitud de los elementos salvíficos, que no siempre son vividos y
realizados perfectamente «La Iglesia sobre la tierra es adornada de verdadera santidad,
aunque imperfecta» (LG 48 c) sancta et semper purificanda (LG 8 c). De ello resulta que la
Iglesia es un santo pueblo de pecadores.
2. Criterios para la plena comunión (c. 205)
Recordar que la capacidad jurídica de cada fiel en la Iglesia permanece inmutable e
Indeleble en fuerza del bautismo. Mas la capacidad de actuar jurídicamente, es decir el
ejercicio de la propia personalidad jurídica, supone la comunión eclesiástica.
El término comunión indica la propiedad común de ciertos bienes entre más personas; en
consecuencia, la Iglesia es una communio, y lógicamente eclesiástica, propiamente porque
tiene la posesión común de los bienes de la redención por parte de los cristianos, los cuales,
por la común participación en los mismos bienes se encuentran unidos entre ellos. Tal
communio ecclesiastica es ontológica-interna, porque se encuentra constituida por la
común relación de los bienes poseídos que pertenecen a la esfera divina; es visible-externa,
porque es la posesión común de los bienes de la salvación que constituyen unidad
visiblemente perceptible.
El c. 205 establece que la comunión eclesiástica es plena y perfecta cuando se unen todos
los bienes, de los cuales Cristo ha dotado a su Iglesia fundándola, sea según el aspecto
ontológico-interno, sea según aquel de la visibilidad externa terrestre: la plenitud de tales
bienes de la salvación se encuentra en posesión únicamente la Iglesia católica. Los
elementos de comunión se sustancian en el triple vínculo de la profesión de fe, de los
sacramentos y del gobierno.
(a) El vínculo de la profesión de fe consiste en el admitir en modo integro las verdades del
Símbolo de la fe, el contenido de la Revelación y de la Tradición de la Iglesia, divinamente
revelado o solemnemente definido por el Magisterio ordinario y universal, las verdades de
fe y moral propuestas definitivamente por la Iglesia, el Magisterio auténtico del Romano
Pontífice y del Colegio de los Obispos.
b) El vínculo de los sacramentos comporta la admisión de los siete sacramentos del
Nuevo Testamento y de su debida práctica, adecuada a la condición canónica de los fieles,
según las disposiciones del Código sobre las condiciones generales para la participación en
cada uno de ellos (cfr. cc. 842-843). El vínculo jurídico comporta que los sacramentos se
reciban como acciones de Cristo y de la Iglesia, signos y medios de fe, de santificación y
comunión eclesial (cfr. c. 840).
c) El vínculo del gobierno eclesiástico consiste en la aceptación de la constitución
jerárquica de la Iglesia, como aparece en su esencia y forma, en las instituciones de derecho
divino revelado y positivo y en la adhesión a los santos Pastores cuando gobiernan,
enseñan y santifican.
 Los tres vínculos pueden venir a menos en el caso de apostasía, repudio total de la
fe; en el caso de herejía, obstinada negación después de haber recibido el bautismo,
de una verdad que se debe creer por fe divina y católica, o también en el caso de
duda obstinada de ella; en el caso de cisma, repudio total de la sumisión al Romano
Pontífice o repudio de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sujetos (cfr.
c. 751). En el derecho penal, la ruptura de la plena comunión se considera entre los
delitos contra la religión y la unidad de la Iglesia, por el que «el apostata, el herético
o el cismático incurren en la excomunión latae sententiae» (c. 1364 § 1).
3. Estado canónico de los catecúmenos (c.206)
El catecumenado que la >Iglesia exige de aquellos que han expresado el deseo de recibir el
bautismo, «no es una simple exposición de dogmas y de preceptos, sino una formación de
toda la vida cristiana» (AG 14 a). Por lo tanto, los catecúmenos son los no bautizados que
han manifestado la intención de ser incorporados en la Iglesia de Cristo mediante el
bautismo. Mas no teniendo la plena capacidad jurídica, que se adquiere solamente con el
bautismo, a tenor del c. 96, gozan de una cierta subjetividad jurídica que la Iglesia les
reconoce por el peculiar ligamen que ellos tienen -respecto a otros no bautizados- con
la misma Iglesia.
El c. 206 § 1 habla de las condiciones para que un no bautizado pueda adquirir el status
canónico de catecúmeno. En tal sentido se requiere que él:
a) Manifieste expresamente la voluntad de ser incorporado en la Iglesia;
b) Lleven una vida de fe, esperanza y caridad como manifestación externa del deseo interno
de hacerse fiel con la recepción del bautismo;
c) Tal manifestación de la voluntad tiene efecto por sí mismo, sin que sea necesario un acto
formal de acogida en el catecumenado, aunque de cualquier manera puede ser ratificado
jurídicamente, con las ceremonias litúrgicas previstas para la admisión (cfr. c. 788 § 1).
Desde el momento en que la Iglesia considera los catecúmenos como suyos, dedica a ellos
una especial atención que el Legislador ha previsto en el ordenamiento jurídico.

a) A tenor del c. 1183 § 1, los catecúmenos se equiparan a los fieles en cuanto a las
exequias.
b) A tenor del c. 788 5 tienen el derecho de:
- Participar, dentro de los límites debidos a su condición, a la vida litúrgica y a las
actividades pastorales de la Iglesia.
- Recibir la instrucción catequética
- Conducir su vida según la profesión de fe, llevar una vida evangélica;
- Sobre todo, tienen el derecho de recibir el bautismo.
Es tarea de la Conferencia Episcopal emanar estatutos para el catecumenado, determinando
las obligaciones y prerrogativas (cfr. c. 788 § 3).
4. Los estados canónicos de la Iglesia (c.207)
Es muy importante leer el presente canon a la luz del texto de la LG 10b que dice: «el
sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico, están ordenados el
uno al otro; ambos, en efecto, participan, cada uno a su manera, del único sacerdocio de
Cristo. Su diferencia, sin embargo, es esencial y no sólo de grado». En razón de tal
diferencia esencial se justifica una radical distinción en la condición jurídica entre los fieles
laicos y los fieles clérigos. Una ontológica diferencia funcional-sacramental entre los fieles,
que por otro lado no contrasta con la participación de todos al mismo estatuto de ser
bautizados y a la misma misión de la Iglesia, produce en el plano del derecho la distinción
entre ministros sagrados y fieles laicos.
La distinción bipartita que realiza el §1 del c. 207 entre ministros sagrados y fieles laicos es
de institución divina y encuentra su fundamento en la recepción del orden sagrado. Es
claro, pues, que el Legislador ha realizado la distinción sobre todo en base a un criterio de
tipo jerárquico. Tal criterio ha conocido, a lo largo de la historia de la Iglesia, momentos de
radicalización en la distinción entre clérigos y laicos, hasta el punto de evidenciar una
exagerada clericalización de la misma Iglesia.
En el c. 207 §2, en cambio, la distinción de los componentes al interno del pueblo de Dios
se efectúa a partir de la estructura carismático- institucional de la Iglesia. Desde este punto
de vista, no se da más lugar solamente a la bipartición clérigos-laicos, sino a una
tripartición que comprende clérigos, laicos y consagrados. En sustancia este § 2 permite
individuar el estado canónico de los fieles que, con la profesión de los consejos evangélicos
mediante voto u otros vínculos sagrados, se han consagrado de manera especial a Dios.
De las obligaciones y derechos de todos los fieles (cc. 208-223) titulo 1

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