MEDIDAS DE SEGURIDAD Y LA EXTINCIÓN DE LA PENA
Definición.-
En derecho penal, las medidas de seguridad son aquellas sanciones complementarias o
sustitutivas de las penas, que el juez puede imponer con efectos preventivos a aquel sujeto
que comete un injusto (hecho típico y antijurídico); pero, que de acuerdo con la teoría del
delito, al ser inimputable no puede ser culpado por un defecto en su culpabilidad. Esta
persona es susceptible de recibir una medida de seguridad para evitar nuevos injustos. Sin
embargo, existen sistemas penales en los que también se aplican medidas de seguridad a
personas imputables.
Las medidas de seguridad intentan evitar la comisión de nuevos delitos, en tanto que las
penas llevan en sí misma la idea de la expiación y la forma de retribución.
No deben confundirse las medidas de seguridad con los medios de prevención de la
delincuencia: las primeras se aplican a las personas determinadas que han cometido alguna
infracción a las leyes penales, en tanto que los medios de prevención se aplican en general.
Las medidas de seguridad, atienden a la peligrosidad del sujeto, exteriorizada en todo caso
a través de un ilícito penal: son medidas de prevención especial que tienen que ser
determinadas por méritos, tomando como base los antecedentes del inculpado, y su
finalidad es prevenir afectaciones futuras.
En el campo del derecho penal, culminado un proceso, hay dos alternativas: La primera y
más común es imponer una pena y, la segunda, es la aplicación de una medida de seguridad
Fundamento de Las medidas de seguridad
Pocas dudas existen en afirmar que el fundamento inmediato de las medidas de seguridad
es la peligrosidad personal del individuo. No obstante esta afirmación necesita ser
matizada.
PETROCELLI definió la peligrosidad como "un complejo de condiciones subjetivas y
objetivas bajo cuya acción es probable que un individuo cometa un hecho socialmente
daños", MUÑOZ CONDE la entiende como "la posibilidad de que se produzca un
resultado".
En ambos autores se manifiesta como un pronóstico o juicio de probabilidades referido
al comportamiento futuro del individuo. Por otro lado, se exige conceptualmente la
necesidad para fundamentar la medida.
En esta definición genérica de peligrosidad existen dos principios prácticamente
confundidos: la peligrosidad criminal y la peligrosidad social. La primera es la posibilidad
de que un sujeto cometa un delito o siga una vida delincuencial; refleja, por tanto, un
individuo antisocial. La segunda es la probabilidad o realidad de que el sujeto realice actos
levemente perturbadores de la vida comunitaria (actos asociales}, sin llegar a cometer
delitos propiamente dichos, pues no son actos antisociales; se trata, pues, de un individuo
asocial.
La peligrosidad social resulta insuficiente para imponer medidas penales, debiendo quedar
su prevención a la política social del Estado y, en caso de fracaso, al Derecho
administrativo.
La peligrosidad criminal, concebida en definitiva como un juicio de probabilidad de
delinquir en el futuro, se manifiesta a su vez de dos maneras: peligrosidad criminal pre
delictual y peligrosidad criminal pos delictual. En la primera la peligrosidad no se
manifiesta por medio de la realización de una conducta delictiva, sino por indicios
personales distintos de la concreta comisión del delito. En la segunda se expresa con un
hecho tipificado como delito sin necesidad de que el sujeto sea imputable y culpable que es
indicio de su inclinación antisocial.
El Derecho penal-moderno debe prevenir más que castigar; por ello la reeducación del
individuo será más fácil si se ataja al de antes de cometido el delito;
La mayor y mejor defensa de los derechos del individuo requiere la actuación de un órgano
jurisdiccional que generalmente actúa con mayor independencia, con mayor formación
jurídica y con menor arbitrariedad que los órganos del poder ejecutivo;
En contra, esto es, opuesto a la admisión de las medidas de seguridad predelictuales en el
Derecho penal, se manifiesta MIR, al que no le valen las razones adversas de estar
reguladas en la Ley citada y antes en la de Vagos y Maleantes y de ser aplicadas por los
órganos de la jurisdicción criminal, para evitar su naturaleza administrativa, en razón de
que la inclusión en una misma ley es un argumento formal que no prejuzga la naturaleza
jurídica de un precepto, e igualmente los órganos de la jurisdicción criminal aplican
asimismo normas que no son por su naturaleza penales.
El mismo BERISTAJN alude en línea parecida a las siguientes razones:
Falta proporción entre el mal que se trata de evitar y la intromisión en el campo de la
intimidad, de la libertad y de los derechos del ciudadano, la aceptación de estas medidas en
la esfera punitiva abre la puerta a funestos abusos de poder;
Falta justificación, pues no son necesarias para la misión que el Derecho penal tiene en un
Estado social y democrático de Derecho, como demuestran todos aquellos países, que son
mayoría, cuyos Códigos penales no las contienen y no por ello se ven quebrantadas más
que en los que sí las utilizan, la paz, la justicia y la prosperidad pública;
Una gran parte de los teóricos del Derecho niega, en igual intensidad, que sean
imprescindibles tales medidas su posición de excluir de la esfera penal las medidas de
seguridad predelictuales y, coherentemente, limitar el presupuesto de las medidas de
seguridad de forma especial a las generadas por la peligrosidad pos delictual,
Justificación de las medidas de seguridad
BERISTAIN diferencia en dos bloques las opiniones de los penalistas que buscan la
justificación de las medidas de seguridad a través de diversas argumentaciones:
Los vinculados a orientaciones neoclásicas exigen una justificación ético-moral, y por tal
motivo aceptan sólo aquellas medidas que privan de sus derechos a quienes no pueden o no
saben ejercerlos con libertad interior, o a quienes esa privación de derechos resulte en
conjunto provechosa para superar la rémora en su desarrollo personal;
Los más cercanos a las orientaciones positivistas que las justifican en su necesidad
y utilidad social, desde el momento en que la pena por si sola no es suficiente para alcanzar
las metas del Derecho penal actual.
De ambos planteamientos se pueden sacar provechosas enseñanzas. La justificación última
de las medidas de seguridad es su necesidad para la sociedad.
Sin embargo, un importante sector de autores estima que esto no es suficiente, con ser
bastante, para deducir de ahí su única justificación.
Para WELZEL, junto a la fundamentación utilitarista de la medida de seguridad se precisa
una fundamentación ético-social. Toda libertad exterior o social -escribe- sólo se justifica
en base a la posesión de una libertad interior vinculada éticamente. El que no es apto para
tener esta liberta interior, dirigida por una autodeterminación ética (como los enfermos
mentales) lo que a raíz de predisposiciones, vicios y hábitos perniciosos y él no tiene el
suficiente dominio sobre ella, ya no puede exigir la plena libertad social. En virtud de esto
se justifica la institución de las medidas de seguridad frente a los delincuentes por estado. A
estos aspectos ético-sociales generales se agregan numerosos momentos éticos más
específicos, así como el derecho y deber del Estado de cuidado, de rehabilitación y de
asistencia respecto al enfermo mental, a las personas de imputabilidad disminuida, a los
toxicómanos, el derecho de educación frente a los jóvenes y refractarios al trabajo, etc.
La combinación racional entre necesidad, utilidad y libertades individuales proyecta el
auténtico fundamento de la medida de seguridad.
Convenimos, no obstante, en la dificultad que en la práctica encuentra la aplicación de estos
principios teóricos, insuficiente, a todas luces, para negar idoneidad a la necesidad y al
utilitarismo en sentido científico. De todas formas es imprescindible asumir que junto a esta
necesidad de las medidas se sitúan los derechos y libertades ciudadanos en una reclamada
simbiosis, al igual que sucede con la pena y, en definitiva, con el Derecho penal.
Fines de las medidas de seguridad
Si la función y el fin de la pena se muestran como un problema frecuentemente discutido,
no sucede lo mismo con respecto a la medida de seguridad, sobre la que existe cierta
unanimidad en admitir que su finalidad esencial es la de la prevención especial.
De este fin preventivo-especial derivan dos problemas. de gran trascendencia. Por un lado,
el señalamiento del necesario equilibrio entre las medidas político-criminales de prevención
de los delitos y las libertades individuales; por otro lado, la exacta comprensión del término
resocializar.
La mala utilización de las medidas de seguridad que puede transformarlas en un medio de
ataque contra las garantías individuales provoca cierta tensión con las reglas esenciales del
Estado democrático de Derecho. Una política criminal de medidas de seguridad que aspire
a ser compatible con los postulados de este modelo de Estado deberá, en opinión de
RODRÍGUEZ MOURULLO, rodear al sistema penal preventivo de una serie de garantías
dirigidas a evitar los peligros que las medidas de seguridad pueden comportar para la
certeza del Derecho. Estas son:
Vigencia del principio de legalidad ninguna declaración de peligrosidad sin estar
descrita en la ley; ninguna medida de seguridad sin regulación legal;
Exigencia de una previa comisión delictiva;
Medidas de seguridad al servicio del individuo;
Eliminación de todo carácter aflictivo;
No se trata con todo esto, puntualizamos en parte con el propio RODRIGUEZ
MOURULLO, de defender una concepción individualista y radicalmente liberal del
Derecho y de la sociedad, sino de poner las prevenciones necesarias para frenar a aquellos
que aniquilan al individuo bajo el pretexto de una supuesta defensa social que en definitiva,
no es más que la defensa de los que mandan.
La segunda cuestión a la que se ha aludido es la relativa al contenido resocializador de la
medida de seguridad, que coincide en el Art. IX del Título Preliminar del Código Penal
actual.
Según el Código Civil vigente los fines de las medidas de seguridad son:
La Curación.- Mediante la internación o tratamiento ambulatorio del individuo, con
fines terapéuticos o de rehabilitación.
Tutela.- La representación del individuo que ha sido considerado inimputable o
inimputable relativo.
Rehabilitación.- En caso de ser inimputable relativo se buscará su rehabilitación
para reinsertarlo en la sociedad o que cumpla una pena privativa de libertad en una
cárcel o centro penitenciario habitual.
Requisitos para aplicar una medida de seguridad (art. 72°):
1. Que, el agente haya realizado un hecho previsto como delito, es decir, la conducta
realizada debe estar recogida dentro de un tipo penal.
2. Que del hecho y de la personalidad del agente pueda deducirse un pronóstico de
comportamiento futuro que revele una elevada probabilidad de comisión de nuevos
delitos.
Esto es lo que se conoce como un pronóstico de peligrosidad post-delictual, es decir, esta
medida se aplica para que el sujeto cometa delitos posteriores -futuros-.
Luego de cumplirse estos requisitos, debe examinarse la duración, la cual debe ser
proporcional a la peligrosidad delictual del agente (Art.73°l, la gravedad del hecho
cometido y los que probablemente cometería si no fuera tratado. La graduación de la
peligrosidad del sujeto depende de la opinión de peritos en la materia. Pero, tal como señala
el Dr. Prado Saldarriaga: "En todo caso, la ley no precisa los indicadores concretos de
peligrosidad, configurándose, por tanto, una noción ambigua y de corte estrictamente
normativo, afectando así el Principio de Legalidad".
Las medidas de seguridad no son penas y, por tanto, no se basan en el principio
de culpabilidad -reproche de la conducta-, sino en el principio de proporcionalidad -grado
de peligro.
Tipos de medidas de seguridad
1. Internación.- Se aplica a los inimputables dentro de instituciones especializadas en el
tratamiento de estos sujetos, con fines terapéuticos o de custodia. La duración de esta
medida no puede exceder el máximo de legal de la pena privativa de libertad que hubiera
correspondido aplicarle por el delito cometido. La autoridad del centro de internación debe
rendir un informe cada 6 meses al Juez. Por ejemplo: en los manicomios.
Los establecimientos especiales de internación, según el Código de Ejecución Penal de
1991 D.Leg. 654, son:
Centros Hospitalarios
Centros Psiquiátricos
Centros Geriátricos
Centro para madres con hijos, los que cuentan con local con guardería infantil.
Centros para la ejecución de medidas de seguridad determinadas por el Código
Penal.
3. Tratamiento ambulatorio.- Esta medida se aplica a los inimputables relativos
conjuntamente con su pena. En este caso, a diferencia del anterior, el sujeto no está
recluido en una institución sino que es examinado periódicamente.
Las medidas de seguridad atienden a la peligrosidad del sujeto (prevención especial):
El sujeto que comete un injusto (hecho típico y antijurídico) pero no puede ser culpado
por un defecto en su culpabilidad (teoría del delito), es susceptible de recibir una
medida de seguridad para evitar nuevos injustos.
Por su función se puede agrupar en:
Medidas terapéuticas: Buscan la curación
Medidas educativas: Reeducación
Medidas asegurativas: Inocuización y resocialización.
La Imputabilidad
Para poder analizar si una persona puede ser o no juzgado penalmente se deberá tener en
cuenta lo siguiente:
Ser mayor de 18 años (art. 20º inc. 2)
Tener capacidad psicológica (art. 20º inc.1)
Anomalía Psíquica
Grave alteración de la conciencia
Sufrir alteraciones en la percepción que afecte su concepto de la realidad
No tener la capacidad de comprender el carácter delictuoso de su acto
Si se tiene aquéllos requisitos se puede hablar de imputabilidad, si no se cumple alguno de
los requisitos necesarios para hacer desaparecer totalmente la responsabilidad, pero
tampoco se concurre totalmente en el artículo anterior, se procede a disminuir
prudencialmente la pena hasta límites inferiores a su mínimo legal (art. 21º) Ejemplo. En el
art. 20º, si la anomalía psíquica no es total, si posee cierto grado de conciencia, el juez
pondrá en práctica el artículo precedente.
En cuanto a la edad hay imputabilidad restringida en los siguientes casos:
Más de 18 años y menos de 21 años, basándose en la inmadurez del agente.
Algunas medida de seguridad
Tratamiento de desintoxicación: Son medidas que se aplican cuando el estado de
toxicomanía de un individuo, lo lleva a causar una afectación, esta es ejemplo de
medidas de seguridad terapéuticas.
Tratamiento de inimputables en internados: Tienen como finalidad privar la libertad de
tránsito y algunas otras libertades a aquellos individuos que no pueden ser sancionados
con una pena, por no comprender que su conducta es prohibida penalmente. Esta está
relacionada con el confinamiento y con la prohibición de asistir a ciertos lugares. Su
función es educativa.
Caución de no ofender: Consiste en una fianza, que se constituye con la finalidad de
que un individuo no vuelva a afectar a una misma víctima en un futuro. Su función es
asegurativa.
Vigilancia de la autoridad: Consiste en designar a un funcionario del Estado, que puede
ser un policía, para vigilar las conductas de delincuentes que gozan de un sustitutivo de
prisión o algún beneficio; en algunos sistemas se utiliza también la denominada
vigilancia electrónica. Esta es una medida educativa y asegurativa.
Medidas aplicables a personas jurídicas colectivas: Estas medidas se basan en la
peligrosidad de una sociedad o asociación que fue utilizada con la finalidad de cometer
un hecho punible, y pueden consistir en la vigilancia de funcionarios, decomisos,
disolución, separación de funcionarios, multas y la reparación de daños y perjuicios. Es
una medida que se aplica en algunos sistemas penales, como en España, aunque es
debatida hasta la fecha su plausibilidad.
Ejecución de las medidas de seguridad
La ejecución de la pena o de la medida de seguridad se realizará bajo el control de los
Jueces y Tribunales competentes. Tal control conlleva, el de la propia adecuación de la
medida o medidas impuestas al sometido, conforme al principio de individualización
científica. Dicho control, según se encarga de establecer la Ley Orgánica general
penitenciaria, corresponderá fundamentalmente al Juez de Vigilancia Penitenciaria.
Posibles decisiones del Juez o Tribunal mientras dure la medida de seguridad
Durante la ejecución de la medida, el Juez o Tribunal sentenciador podrá adoptar,
mediante un procedimiento contradictorio, previa propuesta del Juez de Vigilancia
Penitenciaria, alguna de las siguientes decisiones:
a) Mantener la ejecución de la medida de seguridad impuesta.
b) Decretar el cese de cualquier medida de seguridad impuesta en cuanto desaparezca la
peligrosidad criminal del sujeto.
c) Sustituir una medida de seguridad por otra que estime más adecuada, entre las
previstas para el supuesto de que se trate. En el caso de que fuera acordada la
sustitución y el sujeto evolucionara desfavorablemente, se dejará sin efecto la
sustitución, volviéndose a aplicar la medida sustituida.
d) Dejar en suspenso la ejecución de la medida en atención al resultado ya obtenido con
su aplicación, por un plazo no superior al que reste hasta el máximo señalado en la
sentencia que la impuso. La suspensión quedará condicionada a que el sujeto no delinca
durante el plazo fijado, y podrá dejarse sin efecto si nuevamente resultara acreditada
cualquiera de las circunstancias previstas en el artículo 95 del Código Penal.
A estos efectos, el Juez de Vigilancia Penitenciaria estará obligado a elevar, al menos
anualmente, una propuesta de mantenimiento, cese, sustitución o suspensión de la medida
de seguridad privativa de libertad impuesta. El Juez de Vigilancia Penitenciaria, al objeto
de elevar dicha propuesta al sentenciador, deberá valorar los informes emitidos por los
facultativos y profesionales que se ocupen del sometido a medidas de seguridad, y, en su
caso, el resultado de las actuaciones que a tal fin ordene.
LA EXTINCIÓN DE LA ACCIÓN PENAL
Concepto de Acción penal
Es la que invoca la jurisdicción, poniendo en funcionamiento los organismos
del poder del estado destinados a juzgar los casos concretos en virtud de la aplicación de
las normas (jueces penales) ejercida contra el presunto autor de un delito, con pretensión
punitiva.
Es el Ministerio Público a través del Fiscal, órgano público, el encargado de ejercer la
acción penal en los delitos de acción pública, que son la mayoría, y el ofendido, o sus
representantes legales, en los de acción privada.
Los delitos de acción pública son entre otros, el homicidio, las lesiones múltiples, graves o
reiteradas y el robo, que se deducen aún sin acusación privada. Los de instancia privada son
los referidos a delitos como violación o abusos deshonestos, donde, si bien se necesita que
la acción la promueva el agraviado o su representante legal, luego la investigación continúa
de oficio. Los privados son las injurias y calumnias, la violación de secretos y
correspondencia, la violación de los deberes de asistencia familiar y la competencia desleal.
En los casos de que la revelación de secretos la haga un funcionario público es de acción
pública, al igual de lo que ocurre cuando la violación de correspondencia la haga
un empleo de correos, en ejercicio abusivo de sus funciones.
El proceso penal en los delitos de acción pública, posee dos etapas: la sumarial que prepara
la acción penal averiguando si existe mérito para que una persona sea acusada por un delito
y el plenario, que comienza con la acusación fiscal (la acción) que limita al Juez en su
decisión ya que no puede en su sentencia resolver más allá de lo peticionado. Lo mismo
sucede en los delitos de acción privada donde la acción es promovida por parte interesada y
también limita el contenido de la sentencia a la pretensión del actor.
La acción penal tiene como principal característica la de ser una acción pública, aún cuando
se ejerza a instancia de parte, pues satisface intereses de la colectividad en general.
La responsabilidad por delitos es solidaria, y la acción penal se dirige a todos los autores,
por lo cual se dice que es indivisible. Es además irrevocable, en los delitos de acción
pública, iniciada la acción es imposible la retractación, e indefectiblemente se dictará
sentencia.
Causales de extinción de la acción penal.
Es la pérdida del derecho del Estado para ejercer su poder punitivo contra quien a cometido
un delito en agravio de la sociedad. En estos casos cesa el derecho de imponer la pena,
hacerla efectiva o continuar exigiendo su cumplimiento; para el sujeto desaparece la
obligación de sufrir la pena. Las causales de extinción de la acción penal se recogen en el
Art. 78° del Código Penal Peruano. Siendo las siguientes:
La muerte del imputado
La Prescripción
La amnistía
Por Derecho de gracia (indulto)
Por autoridad de cosa juzgada
Muerte de Imputado
Con las partidas de defunción se acredita el fallecimiento de los encausados, por lo que de
conformidad a la normatividad vigente, es procedente declarar la extinción de la acción.
La Prescripción
Es el instituto de naturaleza procesal por el cual el transcurso del tiempo, computado desde
la comisión del injusto, convierte la persecución penal en innecesaria por extemporánea. Se
trata de la "pérdida de la pretensión punitiva del estado por haber dejado pasar el tiempo sin
ejercer la acción penal"
La Amnistía
Como su propio nombre indica, la amnistía supone un total olvido del delito. Su concesión
mediante ley borra todo recuerdo del delito cometido o de la pena pronunciada. En
definitiva, extingue por completo la pena y todos sus efectos.
Una vez admitido afirma Dorado Montero, el poder para la concesión de amnistías no
reconoce límites, a no ser que la Constitución o la propia ley le pongan restricciones. En
consecuencia, puede referirse a toda clase de delitos (comunes o políticos); si bien en la
práctica se ha reservado fundamentalmente para los delitos de matiz político. Como regla
general, puede afirmarse que se hace uso de esta modalidad de gracia después de
revoluciones o agitaciones políticas, con fines de pacificación social.
El estudio de los efectos de la amnistía ha de realizarse atendiendo en cada caso a la
disposición que la concede; tales efectos se condicionan siempre a situaciones
extrajurídicas históricamente diversos y políticamente coyunturales. Carecen – en suma –
las amnistías de las suficientes notas comunes para alcanzar una doctrina general. Las
convenientes políticas juegan al respecto un papel decisivo.
Con las limitaciones apuntadas, puede intentarse una esquematización de los efectos de la
amnistía:
a) Al suponer la amnistía que los delitos objeto de la misma se tienen por no
cometidos, extingue las penas impuestas y las acciones penales pendientes. En
consecuencia, no puede ser instruido procedimiento alguno para perseguir hechos
incluidos en una amnistía; si éste ya se ha iniciado, debe ser suspendido en el
momento en que entre en vigor la amnistía. Las penas impuestas quedan anuladas y
extinguidos completamente sus efectos, tanto si la pena no ha comenzado a
cumplirse como si ha sido cumplida parcialmente.
b) La amnistía determina la automática cancelación de los antecedentes penales. La
condena se borra a todos los efectos y, por ello, no puede ser tenida en cuenta para
fundamentar una agravación de la responsabilidad criminal del sujeto en posibles
delitos ulteriores.
c) Los amplios efectos de la amnistía no suelen alcanzar a la responsabilidad civil.
Una solución distinta -aceptable en pura teoría, dada la amplitud con que la
institución se configura – lesionaría gravemente los derechos de la víctima y de los
perjudicados por el delito a la justa reparación del daño causado.
La amnistía configura una de las manifestaciones del denominado derecho de gracia, que se
convirtió en España en uno de los protagonistas del denominado "Derecho Penal de la
transición", es decir, el surgido desde la subida al trono del Rey Juan Carlos I hasta la
entrada en vigor de la Constitución de 1978. En Chile, es de todos un tema conocido la
llamada Ley de Amnistía, que ha sido producto de gran discusión desde el retorno a
la democracia en marzo de 1990.
El Indulto
Consiste el indulto en la gracia otorgada por el Jefe de Estado a los condenados por
sentencia firme remitiéndoles toda la pena impuesta o parte de ella, o conmutándola por
otra de menor gravedad.
Sus efectos son más limitados que los de la amnistía. Aun siendo total el indulto, se
mantiene la inscripción de la condena en el oportuno Registro; el indultado dejará de
cumplir la pena impuesta, o parte de ella, pero técnicamente es un penado y si vuelve a
delinquir podrá ser apreciada la circunstancia modificativa de reincidencia. El indulto no
puede hacerse extensivo a la responsabilidad civil ni a las costas procesales; en caso de
recaer sobre penas pecuniarias – y a no ser que expresamente así se determine – eximirá al
indultado del pago de la cantidad aún no satisfecha, pero no abarcará la devolución de lo ya
pagado.
Desde un punto de vista teórico, los indultos pueden ser clasificados en generales, si se
conceden a la totalidad de los penados, o particulares, si benefician a una persona
individualizada.
La doctrina aprueba la prohibición que la gran mayoría de las legislaciones establecen
respecto a los indultos generales, ya que entrañan una arbitraria imposición del ejecutivo
sobre cualquier consideración jurídica o político-criminal; por el contrario, los particulares
permiten que el estricto cumplimiento de las fórmulas legales no dé lugar – en ocasiones –
a resultados injustos.
También pueden dividirse los indultos en totales, que remiten todas las penas (principales y
accesorias) a que el imputado haya sido condenado y que todavía no haya cumplido, y
parciales que abarcan solamente alguna o algunas de las penas impuestas, o parte de ellas,
aún no cumplidas.
Por autoridad de cosa juzgada
Nadie puede ser perseguido por segunda vez en razón de un hecho punible sobre el cual se
falló definitivamente.
En delitos cuyo ejercicio se por acción privada: Por Desistimiento o Transacción.
Ambos casos implican un perdón del ofendido al infractor penal, el primero mediante una
manifestación unilateral, y el segundo mediante el acuerdo de las partes. En el ámbito penal
el desistimiento regulado en el Art. 78 CP. sólo procede en el supuesto de la acción privada
o querella de parte para los tipos penales que recogen el delito contra el honor y consiste en
la voluntad de la víctima de no iniciar la acción penal que corresponde a la perpetración del
acto delictivo. Respecto de la transacción debemos señalar que el derecho penal peruano no
reconoce esta figura como tal, salvo en el caso de procedimiento especial de querella, es
decir, cuando la acción penal se ejerce de forma privada a solicitud de la parte agraviada,
sólo en este caso las partes pueden poner fin a la acción penal, acordando lo que estimen
necesario sin vulnerar el orden público. El principio de oportunidad contenido en el art. 2
del CPP. Es el primer pasos que han dado nuestros legisladores para introducir esta
composición en delitos de cuya acción sea de ejercicio público.
CASUÍSTICA DE LA EXTINCIÓN DE LA EXTINCIÓN DE LA ACCIÓN
PENAL Y DE LA PENA.
CASO N° 01.
EXP. N.° 2522-2005-PHC/TC
AREQUIPA
JULIO CÉSAR
SÁNCHEZ ESCOBEDO
SENTENCIA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL
En Lima, a los 9 días del mes de junio de 2005, la Sala Primera del Tribunal Constitucional,
con asistencia de los magistrados Alva Orlandini, Presidente; García Toma y Vergara
Gotelli, pronuncia la siguiente sentencia
ASUNTO
Recurso de agravio constitucional interpuesto por don Julio César Sánchez Escobedo contra
la sentencia de la Sala Penal de Vacaciones de la Corte Superior de Justicia de Arequipa, de
fojas 69, su fecha 14 de marzo de 2005, que declaró improcedente la acción de habeas
corpus de autos.
ANTECEDENTES
El recurrente, con fecha 22 de febrero de 2005, interpone demanda de habeas corpus contra
los jueces del Sétimo Juzgado Penal, señores Álvarez Neyra y Abril Paredes, contra los
vocales integrantes de la Primera Sala Penal, señores Luna Regal y Zeballos Zevallos, y
contra los vocales integrantes de la Segunda Sala Civil, señores Carreón Romero,
Fernández Dávila Mercado y Del Carpio Milón, por vulneración del debido proceso.
Sostiene que se encuentra procesado por delito de defraudación en la modalidad de
estelionato, sujeto a tramitación sumaria, y que, no obstante haber prescrito la acción penal
y haberse deducido la excepción correspondiente, la causa penal seguida en su contra
continúa tramitándose, pese a que debe declararse prescrita la acción penal.
Alega que durante la tramitación del proceso seguido en su contra se incurrieron en
múltiples vicios, que lo convierten en irregular, por lo que la Tercera Sala Penal de
Arequipa declaró nula la sentencia e insubsistente el dictamen fiscal, ampliando en 20 días
el plazo investigatorio; ello originó que recusara al juez Álvarez Neyra, avocándose
al conocimiento de la causa el emplazado Abril Paredes, quien expidió sentencia el 29 de
octubre de 2004, declarando infundada la excepción de prescripción deducida. Agrega
que esta fue recurrida y estuvo pendiente de pronunciamiento por el variado Tribunal
Unipersonal; y que, durante la tramitación en segunda instancia, se evidenciaron
irregularidades en el extremo de declararlo reo contumaz, por lo que procedió a recusar al
juzgador, petición que, desestimada y apelada, fue reformada, siendo declarada
improcedente.
El Octavo Juzgado Penal de Arequipa, con fecha 23 de febrero de 2005, rechazó
preliminarmente la demanda, por considerar que las irregularidades denunciadas se refieren
al propio proceso penal y no tienen relación con el derecho a la libertad individual, ni con la
libertad personal o ambulatoria del demandante, toda vez que al interior del mismo proceso
penal deberá determinarse la responsabilidad del procesado respecto a los hechos
incriminados.
La recurrida confirmó la apelada, por similares fundamentos, agregando que no
corresponde al juez constitucional pronunciarse sobre la excepción deducida.
FUNDAMENTOS
PRIMERO: Es pertinente precisar que la demanda de habeas corpus fue rechazada in
limine en las instancias precedentes, incurriéndose, en el presente caso, en un vicio del
proceso que ha afectado el sentido de la decisión. Al haberse producido el quebrantamiento
de forma procedería devolverse los autos con la a finalidad de que se emita un nuevo
pronunciamiento.
No obstante, por celeridad y economía procesal, a efectos de evitar las dilaciones
innecesarias que acarrearía un nuevo tránsito por la vía judicial, y estimando que en autos
aparecen elementos de prueba suficientes para emitir pronunciamiento de fondo, el
Tribunal ingresará a resolver el fondo del asunto controvertido.
SEGUNDO: El demandante alega que no obstante haber prescrito la acción y haberse
deducido la excepción correspondiente, la causa penal seguida en su contra continúa
tramitándose, hecho que afecta su derecho al debido proceso e incide en su libertad
personal.
TERCERRO: Es importante precisar que si bien el proceso de habeas corpus no tiene
por objeto proteger en abstracto el derecho al debido proceso, en el presente caso,
habida cuenta que el pronunciamiento a expedirse no solo implica la observancia del
principio de legalidadprocesal sino que incide en el ejercicio del derecho invocado, el
Tribunal Constitucional tiene competencia, ratione materiae, para evaluar la legitimidad
constitucional de los actos considerados lesivos.
CUARTO: El artículo 139º de la Norma Suprema establece los principios y derechos de
la función jurisdiccional, consagrando el inciso 3.º la observancia del debido proceso y
la tutela jurisdiccional. Es decir, garantiza al justiciable, ante su pedido de tutela, el deber
del órgano jurisdiccional de observar el debido proceso y de impartir justicia dentro de
los estándares mínimos establecidos por los instrumentos internacionales.
Este enunciado recogido por el artículo 4.° del Código Procesal Constitucional, establece
que "[s]e entiende por tutela procesal efectiva aquella situación jurídica de una persona en
la que se respetan, de modo enunciativo, sus derechos de libre acceso al órgano
jurisdiccional, a probar, de defensa, al contradictorio e igualdad sustancial en el proceso, a
no ser desviado de la jurisdicción predeterminada ni sometido a procedimientos distintos de
los previos por la ley, a la obtención de una resolución fundada en derecho, a acceder a
los medios impugnatorios regulados, a la imposibilidad de revivir procesos fenecidos, a la
actuación adecuada y temporalmente oportuna de las resoluciones judiciales y a la
observancia del principio de legalidad procesal penal".
QUINTO: En consecuencia, el debido proceso se asienta en la concepción del derecho de
toda persona a la tutela jurisdiccional efectiva y se concreta a través de las garantías que,
dentro de un iter procesal diseñado en la ley, están previstas en la Constitución Política del
Perú.
ANÁLISIS DEL ACTO LESIVO
Por tanto, será materia de análisis constitucional si la resolución judicial cuestionada, al
disponer que la excepción de prescripción sea resulta conjuntamente con la sentencia,
transgrede el principio de legalidad procesal e incide en la libertad personal del
demandante.
Conforme a lo expresado en anterior oportunidad por este Tribunal, "a prescripción, desde
un punto de vista general, es la institución jurídica mediante la cual, por el transcurso
del tiempo, la persona adquiere derechos o se libera de obligaciones (...). Y, desde
la óptica penal, es una causa de extinción de la responsabilidad criminal fundada en la
acción del tiempo sobre los acontecimientos humanos o la renuncia del Estado al ius
punendi, en razón de que el tiempo transcurrido borra los efectos de la infracción,
existiendo apenas memoria social de la misma"[1][1].
Es decir, mediante la prescripción se limita la potestad punitiva del Estado, dado que se
extingue la posibilidad de investigar un hecho criminal y, con él, la responsabilidad del
supuesto autor o autores del mismo.
Del estudio de autos se advierte que el demandante es procesado por el delito de
defraudación en la modalidad de estelionato, ilícito penal para el cual el artículo 197º inciso
4 del Código Penal, prevé una pena privativa de libertad no menor de uno ni mayor de
cuatro años. Porque "[a] sabiendas que no le correspondía la propiedad del inmueble, el 14
de octubre de 1998, constituye hipoteca sobre el mismo a favor de la entidad agraviada"[2]
[2].
En cuanto al iter del proceso, el accionante fue condenado en primera instancia,
declarándose infundada la excepción de prescripción, y se le impusieron dos años
de pena privativa de libertad, conforme se advierte de la copia de la sentencia que obra en
autos de fojas 174/180. Esta sentencia fue recurrida por el demandante, procediendo
nuevamente a deducir la excepción mencionada en segunda instancia con fecha 14 de
febrero de 2005, como se constata de las copias que obran de fojas 28 a 31.
1. Por disposición del artículo 80.º del Código Sustantivo, la acción penal prescribe en
un tiempo igual al máximo de la pena fijada por la ley para el delito, si es privativa
de libertad (prescripción ordinaria); y, en todo caso, prescribe cuando el tiempo
transcurrido sobrepasa en una mitad al plazo ordinario de prescripción, conforme
lo señala el artículo 83.º del acotado (prescripción extraordinaria)
En tal sentido, si los hechos investigados ocurrieron el 14 de octubre de 1998, a la fecha en
que se solicitó la prescripción de la acción penal habían transcurrido 6 años y 4 meses de la
presunta comisión del delito, de modo que los plazos máximos establecidos por ley se
encontraban vencidos, ya que, por el tiempo transcurrido, el Estado perdió su facultad
punitiva y, con ello, la posibilidad de investigar y sancionar.
2. En este orden de ideas, no tiene objeto que el órgano jurisdiccional prosiga con la
tramitación del proceso y, por ende, con la determinación de la responsabilidad de los
supuestos autores, si por mandato legal dicha responsabilidad se encuentra
extinguida. Ni mucho menos está facultado para determinar, vía sentencia, la
responsabilidad penal de los procesados aludidos en las resoluciones expedidas por los
jueces constitucionales en las instancias precedentes.
3. Por otra parte, el delito de estelionato imputado al procesado provendría de
la Escritura Pública que obra de fojas 81 a 85 de autos; en tal caso, la figura delictiva
sería la prevista en el artículo 427º del Código Penal, que no ha sido materia de este
proceso, en el que no están tampoco comprendidos todos los partícipes.
Al respecto, el artículo 235º del Código Procesal Civil precisa que "es documento público
el otorgado por funcionario público en ejercicio de sus atribuciones; y, la escritura pública
y demás otorgados ante o por notario público según la ley de la materia". A su vez, el
artículo 236º del propio código indica que "es documento privado aquel que no tiene las
características del documento público. La legalización o certificación de un documento
privado no lo convierten en público".
Es necesario precisar tal distinción para los efectos de resolver, en el caso, la excepción de
prescripción, habida cuenta que son distintas las penas y. por ende, los plazos de
prescripción de la acción penal.
12. Finalmente, resulta importante recordar al órgano jurisdiccional que por disposición del
artículo VII del Título Preliminar del Código Procesal Constitucional, las sentencias
expedidas por este Tribunal, constituyen precedente vinculante cuando así se exprese
resolutivamente, como en efecto se dispuso en el Fundamento N.º 48 de la STC N.º 1805-
2005-PHC.
Por consiguiente, es menester que los operadores judiciales observen lo dispuesto en el
artículo invocado, no sólo para cumplir con una disposición legal, sino también y sobre
todo, para generar la seguridad jurídica del país que estriba en la predictibilidad de las
decisiones judiciales.
Por estos fundamentos, el Tribunal Constitucional, con la autoridad que le confiere
la Constitución Política del Perú
HA RESUELTO
1. 1. Declarar FUNDADA la demanda.
2. 2. Disponer que se emita pronunciamiento respecto a la excepción de prescripción
deducida por el demandante conforme al Fundamento N.° 10, supra.
SS.
ALVA ORLANDINI
GARCÍA TOMA