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2018-05 Informe Pensar

El documento analiza la crítica situación económica de Argentina, marcada por un déficit fiscal crónico y una reciente devaluación del peso, exacerbada por el aumento de las tasas de interés en EE. UU. y una crisis de confianza interna y externa. Se discuten las decisiones del gobierno, incluyendo la búsqueda de ayuda del FMI, y las implicaciones políticas de estas acciones, que han afectado la imagen del presidente Macri y la percepción pública. La situación económica y política es compleja, con un panorama incierto hacia el futuro y desafíos significativos para la estabilidad del país.
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2018-05 Informe Pensar

El documento analiza la crítica situación económica de Argentina, marcada por un déficit fiscal crónico y una reciente devaluación del peso, exacerbada por el aumento de las tasas de interés en EE. UU. y una crisis de confianza interna y externa. Se discuten las decisiones del gobierno, incluyendo la búsqueda de ayuda del FMI, y las implicaciones políticas de estas acciones, que han afectado la imagen del presidente Macri y la percepción pública. La situación económica y política es compleja, con un panorama incierto hacia el futuro y desafíos significativos para la estabilidad del país.
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Mayo 2018

*Ingeniero Castor López


Presidente Fundación Pensar Santiago

La muy delicada situación actual, tanto de las finanzas públicas internas, que
impactan en el sector privado nacional, como de la cuenta corriente de la
balanza de pagos de Argentina con el mundo, amerita un análisis del mes casi
exclusivamente dedicado al país. En términos internacionales, solo
mencionaremos que comenzó un principio de acuerdo del balance de las
exportaciones e importaciones entre los EEUU y China, que contribuye a que
no se desate una generalizada guerra comercial, que retrasaría el crecimiento
económico mundial.

Con respecto a la circunstancia local, todo comenzó globalmente, el pasado 25


de abril con "el disparador o detonante", desde hace mucho tiempo temido y
anunciado, del incremento de la tasa de los títulos públicos de largo plazo (10
años) del banco central de los EEUU, la llamada Fed, desde poco más del
+1% al +3% anual actual, en un relativo muy poco tiempo.

Comenzaremos el análisis con la muy atinada autocrítica del 16 de mayo


pasado del propio presidente: "no dijimos el diagnóstico duro y pusimos las
metas muy optimistas". Asumiendo así la responsabilidad de solucionar el
problema pero deslindando, quizás muy tardíamente, la responsabilidad de
haberlo causado.

Confundiendo así a la sociedad acerca de cuánto del problema se heredó,


cuánto de él lo incubaste y cuánto de él no supiste resolver. En nuestro país,

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todo había comenzado 4 meses antes, el 28 de diciembre del año pasado,
cuando el poder ejecutivo nacional, temiendo "un enfriamiento" (una
disminución) del ritmo de crecimiento de la actividad económica, que venía
creciendo a un muy razonable +2,5%/+3% anual, había requerido al Banco
central (BCRA) que disminuya la tasa de interés ("el precio" del dinero) y que
relaje la meta de la inflación, oportunamente pautada en el +15% anual, hacia
una tasa mayor, más realista.

Fue una conferencia de prensa conjunta del poder ejecutivo y del BCRA, en la
que este último apareció muy debilitado en su siempre necesaria sustancia e
imagen de independencia de la potestad sobre la política monetaria (tasa de
interés y cantidad de dinero) y el tipo de cambio ($/u$s).

Allí surgieron las primeras dudas importantes acerca de las inversiones


financieras, tanto internas como externas, acerca de la velocidad de la
disminución (la desaceleración) del déficit fiscal y del déficit de la cuenta
corriente externa de Argentina.

Desde entonces, si bien la actividad económica salto al +4% anual, algo


cambió y nada volvió a ser como antes. Lo peor, en realidad, aún no había
pasado. En términos políticos, al inicio de la actual gestión nacional se estimó,
Duran Barba mediante, que convenía dejar a Cristina Fernández de Kirchner
como al único contrincante.

El resultado electoral de medio término avaló esta decisión en el 2017. Las


hipótesis de contra facto de aquella estrategia política son solo eso: hipótesis
de situaciones ya pasadas. La oportunidad de un shock inicial de la corrección
macroeconómica ya pasó, además de su complicada aplicación, sin la
oportuna presentación previa del referido "diagnóstico duro" y siendo también

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la herencia una "crisis implícita y latente", con graves y numerosos
desequilibrios macroeconómicos, pero que "no había explotado aún", a fines
del 2015, sino que solo se mostró como una recesión económica, si bien de 5
años de duración.

La reciente devaluación del peso frente al dólar, del orden del 20%, que
acumula ya un 30% en lo que va del año y un 60% en la gestión de
Cambiemos, es una consecuencia directa del referido aumento de la tasa de
interés internacional, pero también es el resultado de una crisis de confianza,
tanto externa como interna, que siempre genera incertidumbres y expectativas
negativas, con un "ruido político" local siempre muy intenso, enrareciendo aún
más el contexto del "problema argentino estructural": el déficit fiscal crónico,
del orden del 6% del PIB, unos 30.000 millones de dólares anuales, resultado
de un gasto público permanentemente superior a los ingresos públicos y de un
simultáneo déficit comercial y financiero.

Sin crédito, ello siempre obligó a emitir dinero, sin el respaldo genuino
suficiente, para cubrir ese desequilibrio, provocando las recurrentes crisis de
alta inflación; y con créditos, se emitió deuda pública, provocando las también
periódicas crisis de endeudamiento, interno y externo, y de las cesaciones de
pagos. También hemos utilizado muchas y variadas mezclas de ambos
mecanismos, con los mismos críticos resultados: bajo crecimiento de largo
plazo y alta volatilidad de las principales variables macroeconómicas.

La solución por la vía del incremento de los ingresos fiscales está clausurada
porque la presión fiscal actual, del orden del 45% del PIB, casi duplica a la
histórica de Argentina. Una mayor presión tributaria resultaría intolerable y
excluiría la posibilidad de un crecimiento económico sostenido, siempre
liderado por el ahorro y la inversión privada y las exportaciones.

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La estrategia política y económica inicial, demasiado optimista, del gobierno
nacional, para comenzar a equilibrar la cuenta pública, se sustentó en que no
debía darse a la sociedad, en aquel inicio de "un cambio ", el citado
"diagnóstico duro", para "no asustar al ahorro y a la inversión privada", tanto
externa como interna, para que, mediante los llamados "espíritus animales",
despertados por el cambio, en los empresarios locales y, fundamentalmente,
en los inversores foráneos, compensen el necesario ajuste gradual del gasto
público. Hace 2 años, la expectativa de la recepción de las inversiones
externas directas y productivas era muy alta.

Pero, lamentablemente, se cruzó un nuevo "cisne negro" en nuestro ciclo: el


mundo ingresó, casi simultáneamente con el inicio de la gestión del presidente
Macri, en una era de proteccionismo comercial global, del que el fenómeno
Trump en los EEUU es su máximo emblema. Además, este tuvo un éxito
económico inicial, disminuyendo los impuestos e incrementando la actividad
económica, lo que obligó a la Fed a acelerar la gradual suba de la tasa de
interés, para moderar el consumo y propiciar el ahorro y la inversión.

Un cisne negro del que, en realidad hoy no podemos quejarnos, junto a las
sucesivas inundaciones y sequías que recortaron un -30% la cosecha
exportable de Argentina (solo en soja, más de 20 millones de toneladas
menos), habida cuenta de la cantidad de "cisnes blancos" que sacrificamos del
2003 al 2008.

La gestión de la disminución gradual del déficit fiscal seguramente debe seguir


siendo un dogma para la Argentina, pero las nuevas condiciones globales de
financiamiento externo exigen acelerar la reducción pautada del déficit; porque
la resolución de la reciente corrida cambiaría, si bien movió al tipo de cambio
de $20,50 al menos a $24,50, lo que propiciará la reducción del déficit

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comercial (las exportaciones menos las importaciones) y de la cuenta corriente
(que incluye la entrada y la salida de capitales), es solo una coyuntural
resolución de corto plazo.

Los $1,2 millones de millones en letras del BCRA (Lebacs), necesarios para
absorber los pesos que se emiten contra el ingreso de capitales, siguen
pendientes allí, a un costo de corto plazo del +40% anual. ¿Cómo sería la
situación del tipo de cambio como resultado de su agregación a casi el $1
millón de millones de la actual base monetaria? Se trata de una cuestión
todavía a resolver, cuyo cociente con los actuales 55.000 millones de dólares
de reservas del BCRA, da escozor acerca de la envergadura del tipo de
cambio resultante, si bien teórico pero un indicador técnico a observar de cara
al largo plazo, más aún cuando las reservas efectivamente disponibles por el
BCRA son solo alrededor del 50% de las totales referidas.

El gobierno, antes de recurrir al FMI, tenía disponibles también las alternativas


previas de la misma Fed y del Banco Central Europeo, como otras 2
instituciones válidas en los mercados financieros internacionales, pero a una
tasa anual del orden del +8% anual, dado nuestro riesgo país de +5% anual.

El gobierno se dirigió directamente al FMI, ¿o el FMI lo hizo hacia la Argentina


como una estrategia global geopolítica?, ¿o ambas situaciones convergieron?
Operó a modo de un "per saltum" financiero, que restituyera rápidamente gran
parte de la certidumbre y de la confianza, externa e interna, perdida, con
mayores pautas de convergencia fiscal. Haciéndose cargo de lo que significa,
en Argentina y en términos políticos, un nuevo acuerdo de Argentina con el
FMI.

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Desde hace exactamente 60 años, desde 1958 a la fecha, hemos firmado ya
26 acuerdos con el FMI, del cual somos además socio fundador y país
miembro desde entonces. A la gran mayoría de los acuerdos los incumplimos
unilateralmente, con aplaudidas sesiones en el Congreso Nacional, festejando
el ingresar en las cesaciones de pagos, sin tener en cuenta el efecto de tales
decisiones en la percepción del resto del mundo de la credibilidad futura en el
país.

Incluso, por cuestiones pseudo-ideológicas, llegamos a pagar el total de la


deuda con el FMI al +4% anual e inmediatamente tomamos nueva deuda al
triple de interés con Venezuela, solo para no vernos obligados a cumplir con
las metas firmadas. Hoy, 35 de los casi 200 países del mundo tienen acuerdos
vigentes con el FMI para apoyo a sus planes de consolidación fiscal y de
crecimiento económico.

Los efectos políticos han sido muy costosos para el gobierno nacional. Su
imagen positiva cayó del +50% que disponía en noviembre del 2017, luego de
ganar las elecciones de medio término, a solo un +30% hoy, cruzándose
simétricamente con la imagen negativa, siempre hubo alrededor de un 20% de
la población que es indiferente o regular ante la imagen del gobierno.

Similar trayectoria a la de la imagen tuvo la expectativa negativa a futuro, era


de un -35% en noviembre del 2017 y creció a un -53% hoy. La expectativa
positiva bajó del +45% a solamente el +23%. Los humores han cambiado en
pocos meses y de una certidumbre de reelección del presidente Macri se pasó
a la posibilidad concreta de un balotaje, que siempre se define por muy escaso
margen. La "moneda política" vuelve a estar en el aire.

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De cualquier manera, la imagen positiva de Macri sigue cercana al +40%, si
bien su imagen negativa creció a un valor similar. Además lo acompañan
figuras políticas, especialmente femeninas, de aún alta imagen positiva como
María Eugenia Vidal (+50%) o Lilita Carrió (+43%).

A la oposición aún la lidera Cristina Fernández de Kirchner con un incremento


de su imagen positiva a +32%, siempre estuvo entre el +20%/25%, pero su
imagen negativa todavía es muy alta, un -60%, lo que le coloca un techo muy
cercano a su piso de preferencias. Del resto de la oposición, solo el
gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, alcanzó el +30% de imagen
positiva, dando un fundamento a su pretensión de construir un proyecto de
candidato presidencial opositor para el 2019.

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