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Deficiencia Intelectual

La deficiencia intelectual es una condición del neurodesarrollo que afecta el funcionamiento intelectual y la conducta adaptativa, diagnosticándose antes de los 18 años. Sus causas incluyen factores genéticos, prenatales, perinatales y postnatales, y se clasifica en cuatro niveles de severidad. El enfoque actual en su atención se centra en la inclusión social y el desarrollo de la autonomía, reconociendo el potencial de cada individuo y la importancia de brindar apoyos adecuados.
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Deficiencia Intelectual

La deficiencia intelectual es una condición del neurodesarrollo que afecta el funcionamiento intelectual y la conducta adaptativa, diagnosticándose antes de los 18 años. Sus causas incluyen factores genéticos, prenatales, perinatales y postnatales, y se clasifica en cuatro niveles de severidad. El enfoque actual en su atención se centra en la inclusión social y el desarrollo de la autonomía, reconociendo el potencial de cada individuo y la importancia de brindar apoyos adecuados.
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Deficiencia Intelectual.

La deficiencia intelectual es una condición del neurodesarrollo caracterizada por


limitaciones significativas tanto en el funcionamiento intelectual como en la
conducta adaptativa. Estas limitaciones se manifiestan en áreas como el
razonamiento, la resolución de problemas, la planificación, el pensamiento
abstracto, el aprendizaje académico y las habilidades sociales y prácticas
necesarias para la vida diaria. Según la Asociación Americana de Discapacidades
Intelectuales y del Desarrollo (AAIDD), el diagnóstico debe cumplirse antes de los
18 años.

Causas

La deficiencia intelectual puede ser resultado de múltiples factores. Entre los más
frecuentes se encuentran:

 Genéticos: como el síndrome de Down, el síndrome X frágil o alteraciones


cromosómicas.
 Prenatales: exposición a tóxicos, infecciones durante el embarazo,
malnutrición materna.
 Perinatales: complicaciones en el parto, falta de oxígeno al nacer,
prematuridad.
 Postnatales: traumatismos craneales, infecciones del sistema nervioso,
exposición a ambientes desfavorables.

Clasificación y niveles

La severidad de la deficiencia intelectual se clasifica en cuatro niveles:

1. Leve: la persona puede desarrollar habilidades básicas y llegar a cierto


grado de independencia con apoyo mínimo.
2. Moderada: se requiere apoyo frecuente, especialmente en la vida
académica y social.
3. Grave: necesita asistencia continua para la mayoría de las actividades
diarias.
4. Profunda: requiere supervisión y apoyo constante para cubrir necesidades
básicas.

Características principales

 Dificultades en el aprendizaje y en la adquisición de nuevos conocimientos.


 Retrasos en el desarrollo del lenguaje y la comunicación.
 Limitaciones en la memoria, la atención y la resolución de problemas.
 Necesidad de apoyos para la integración escolar, laboral y social.

Diagnóstico

El diagnóstico implica la evaluación del coeficiente intelectual (CI), pero no se


limita a una puntuación. Incluye también la valoración de las habilidades
adaptativas, observación del entorno y antecedentes médicos.

Intervenciones y apoyos

El tratamiento no busca “curar” la condición, sino mejorar la calidad de vida y


promover la autonomía. Entre las estrategias más utilizadas están:

 Intervención temprana: estimulación en las primeras etapas para


favorecer el desarrollo cognitivo y motor.
 Educación especial o inclusiva: adaptaciones curriculares según las
necesidades del estudiante.
 Terapias complementarias: fonoaudiología, terapia ocupacional,
psicomotricidad.
 Apoyo familiar y comunitario: orientación a los cuidadores y programas
de integración social.
Importancia de la inclusión social

Las personas con deficiencia intelectual pueden llevar una vida plena y productiva
si cuentan con los apoyos necesarios. Promover la inclusión educativa y laboral,
combatir la discriminación y ofrecer entornos accesibles son aspectos
fundamentales para el desarrollo integral.

En la actualidad, el enfoque de la atención a la deficiencia intelectual se centra en


los derechos humanos, la autonomía y la participación activa en la sociedad.
Más allá del diagnóstico, lo esencial es reconocer el potencial de cada persona y
brindar las herramientas para su desarrollo.

Finalmente, es importante destacar que la deficiencia intelectual no define a la


persona. Cada individuo tiene capacidades únicas, intereses y talentos que
pueden desarrollarse si se cuenta con el acompañamiento y los recursos
adecuados. La sociedad, las instituciones educativas y las políticas públicas deben
trabajar de manera conjunta para garantizar que todas las personas tengan
acceso a una vida plena y satisfactoria.

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