El eco del mar
El mar de la costa de la Eternidad era famoso por un fenómeno inusual: devolvía todo lo que
se le susurraba. Los marineros, antes de partir, le susurraban sus miedos. Los amantes, sus
promesas. Los niños, sus sueños. Y al volver, el eco de sus propias palabras regresaba a
ellos.
Un día, un joven marinero llamado Mateo, desesperado por un amor que no era
correspondido, se acercó a la orilla. Se arrodilló, y con la voz llena de dolor, le susurró al mar:
“Ojalá nunca te hubiera conocido”. El eco de sus palabras, en vez de regresar a él, se quedó
en el mar, suspendido en el aire. Mateo, confundido, se sintió vacío.
Al cabo de un año, regresó a la misma orilla. Se arrodilló, y con la voz llena de tristeza,
susurró: “Solo quiero escuchar su nombre una vez más”. El mar, con un murmullo suave, le
devolvió el eco de sus primeras palabras. “Ojalá nunca te hubiera conocido”. Mateo entendió
que las palabras de dolor, a diferencia de las de amor o esperanza, nunca se pierden. El mar,
como la memoria, guarda hasta el más pequeño de los dolores.