BLOQUE 12.
TEMA 11 PEvAU:
El proceso de transición a la democracia y la Constitución de 1978.
ÍNDICE
1. EL PROCESO DE TRANSICIÓN A LA DEMOCRACIA.
A) Causas que favorecieron el cambio político.
B) Vías para el cambio político.
C) Los inicios de la Monarquía de Juan Carlos I.
D) El Primer Gobierno de Suárez y la Ley para la Reforma Política.
E) Los Pactos de la Moncloa.
2. LA CONSTITUCIÓN DE 1978.
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1. EL PROCESO DE TRANSICIÓN A LA DEMOCRACIA.
La transición política en España supuso el paso de la dictadura franquista a un régimen
democrático. En el caso español supuso una evolución pactada, a través de reformas de las leyes
franquistas, desde un régimen dictatorial de carácter conservador a una monarquía parlamentaria.
La transición acabó formalmente cuando se aprobó y promulgó la Constitución de 1978 en
diciembre de dicho año. Durante el mandato constitucional de Adolfo Suárez el nuevo régimen
inició su andadura y la llegada al poder de los socialistas en 1982 marcó la madurez del nuevo
sistema político.
A) Causas que favorecieron el cambio político.
Entre las principales causas, que favorecieron que el proceso del cambio de régimen político en
España se diera tal y como se dio, es decir, mediante una evolución pactada, destacan:
● El desarrollo económico y social de la década de los sesenta y primeros años de los setenta
había transformado profundamente la sociedad española, la cual deseaba, en su mayor parte,
importantes cambios políticos y sociales.
● La dictadura era un marco estrecho y rígido, incapaz de evolucionar, por lo que ella misma no
podía responder a los anhelos políticos y económicos que habían surgido en aquellos años en
el seno de la sociedad española.
● La existencia del llamado “búnker” (conjunto de fuerzas inmovilistas partidarias a ultranza del
sistema franquista). Sus acciones, desde una posición importante de control y poder,
dominarán una parte del panorama político hasta después incluso de la muerte de Franco.
● La oposición a la dictadura se encontraba muy dividida, por lo que se imponía como solución a
la situación una salida pactada.
B) Vías para el cambio político.
Desde que se inició el proceso de la transición española hacia la democracia se produjo un
enconado debate sobre cuál debía ser la fórmula para llegar a ella. Dejando a un lado la posición
del franquismo más recalcitrante o “búnker”, que no aceptaba cambio alguno para España (Girón
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de Velasco, Blas Piñar…), una importante mayoría de la sociedad española estaba convencida de
que a la muerte del dictador se tendrían que producir importantes transformaciones:
● Para unos ese cambio debía ser producto de una reforma de las instituciones y leyes
franquistas.
- La idea de una “reforma” era defendida, sobre todo, por quienes vinieron a llamarse los
“aperturistas” (el lema de su postura era “la ley a la ley”).
- Eran casi todos políticos jóvenes de aquellos años, los cuales no habían vivido la guerra
personalmente y en su mayoría habían entrado en el Movimiento, ya que durante la
dictadura sólo en él se podía hacer carrera política. Muchos eran monárquicos, otros
estaban en política simplemente como técnicos de la administración.
● Para otros la única posibilidad de realizar la verdadera transformación tenía que ser la vía
revolucionaria o la ruptura radical.
- Estas fuerzas políticas y sociales defendían que la única manera de llegar a la democracia
era mediante la “ruptura”.
- Ello suponía la formación de un Gobierno Provisional que garantizara las libertades
básicas y la apertura de un proceso constituyente que abordaría la transformación política
plena en integral de España.
Al morir Franco, la oposición política aparecía muy dividida: grupos muy reducidos de la derecha
democrática (Ruiz Jiménez); las fuerzas nacionalistas catalanas (CiU, ERC) y vascas (PNV); el
PSOE acababa de realizar un congreso de refundación en Suresnes (Francia) pero que no
aglutinaba a todos los grupos socialistas (PSP, PSC…) aunque contaba con el apoyo de la UGT;
el PCE, que se había beneficiado de su activismo político en la lucha contra el régimen y era el
partido de izquierdas con mayor prestigio en los primeros meses de la transición, etc.
Estos grupos políticos opositores se encuadraron en dos grandes plataformas para conducir el
proceso político: la Junta Democrática de España, que se organizaba en torno al PCE, y la
Plataforma de Convergencia Democrática, organizada por el PSOE. Ambas plataformas se unirían
en este proceso y darían lugar a la llamada Platajunta.
En el mundo obrero, la fuerza más determinante era la de Comisiones Obreras (CCOO) con
su táctica del “entrismo”, es decir, la infiltración progresiva en las estructuras del sindicato vertical,
que le había permitido ir conquistando éxitos en los conflictos colectivos. También la UGT
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comenzaba a recuperar parte de su pérdida de influencia. Otros sindicatos, como la Unión Sindical
Obrera (USO) o la CNT, tenían una fuerza menor.
C) Los inicios de la Monarquía de Juan Carlos I.
Tras la muerte del dictador Francisco Franco el 20 de noviembre de 1975, el 22 de noviembre de
1975 Juan Carlos I juraba ante las Cortes como nuevo Rey. Desde un primer momento, el diseño
político del nuevo monarca (apoyado por países europeos, EEUU y por los sectores aperturistas
del propio régimen) consistía en realizarlo desde dentro, es decir, desde la propia legalidad de las
leyes fundamentales que había jurado cumplir cuando fue nombrado sucesor por el propio Franco.
Para ello colocó en puestos clave a personas que podían colaborar en dicho proceso. Papel
decisivo jugaría el nuevo presidente de las Cortes y del Consejo del Reino, Torcuato Fernández
Miranda.
El Rey optó por mantener a Arias Navarro (último primer ministro de nombrado por Franco) como
Jefe de Gobierno, para tranquilizar al sector más inmovilista, pero le impuso una composición del
gobierno en la que, junto a pesos pesados con cierto talante liberal, como Fraga o Areilza,
entraban unos ministros más jóvenes que pronto se manifestarían partidarios del cambio político.
No es de extrañar, por tanto, que este gobierno se caracterizara por las contradicciones entre el
Jefe del Gobierno y buena parte de sus ministros reformistas, entre ellos Fraga, Areilza, Osorio,
Martín Villa o Suárez. A pesar de la acción de estos últimos, el primer Gobierno de la Monarquía
fue incapaz de ilusionar a amplios sectores sociales.
Dos gravísimos hechos marcan estos primeros meses de vida de la monarquía de Juan Carlos I:
la huelga general que paraliza Vitoria en marzo de 1976 y donde la intervención de la policía
provocó cinco muertos y más de 150 heridos; y los sucesos de Montejurra en mayo de 1976,
donde se enfrentaron las dos ramas escindidas del carlismo, con dos muertos y varios heridos.
También en este año, 1976, entra en vigor una nueva ley que regula el derecho de reunión y se
aprueba la existencia legal de partidos políticos. Una muestra más del tránsito a la democracia
Finalmente, Juan Carlos I cesa a Arias Navarro y el 3 de julio de 1976 Adolfo Suárez, Secretario
General del Movimiento, es elegido para formar un nuevo gobierno.
D) El Primer Gobierno de Suárez y la Ley para la Reforma Política.
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El nombramiento de Adolfo Suárez González fue recibido con desaliento por la prensa y la
oposición porque nadie creía que un hombre formado en el Movimiento pudiera sacar adelante la
reforma política del régimen que éstos demandaban.
Sin embargo, desde el principio, este nuevo gobierno comenzó a aplicar una nueva política que irá
reduciendo la represión sobre la oposición y legalizando todos los partidos políticos. También
declarará una amnistía para los presos políticos, aunque excluía a los condenados por terrorismo.
El 10 de septiembre de 1976, Suárez presentó el proyecto de Ley para la Reforma Política que
significaba el cambio hacia un sistema parlamentario y constituyente nuevo, a partir de las
instituciones franquistas. La marcha de los acontecimientos hizo aumentar la irritación entre los
inmovilistas y parte del ejército. Sin embargo, la ley fue aprobada en las Cortes por más del 80 %
de los procuradores en noviembre de ese año y al mes siguiente, en diciembre, aprobada
mediante referéndum por más del 94 % de los votantes.
Tras dicho referéndum transcurren los meses más difíciles de la transición política. La adopción de
medidas que restablecieran la garantía democrática para garantizar unas elecciones libres, vino
acompañada de una gran tensión, motivada por las acciones terroristas del GRAPO y ETA, y
también por grupos de extrema derecha como los Guerrilleros de Cristo Rey.
Suárez comenzó las negociaciones con la oposición y todos los partidos políticos fueron
legalizados. La legalización de los comunistas se convertía en el principal obstáculo en la marcha
hacia las elecciones, porque el búnker político y la cúpula militar convirtieron al PCE en la bestia
negra y en el símbolo de su resistencia al cambio. El 1 de abril de 1977 el Gobierno decretó la
disolución del Movimiento y el día 9, sábado santo, legalizaba el PCE, que por su parte tuvo que
renunciar a plantear la alternativa republicana y aceptar de la bandera bicolor. Días después se
legalizaban las centrales sindicales y comenzaron a volver muchos exiliados, como el propio
Alberti.
Las fuerzas políticas se fueron perfilando ante las elecciones de junio de 1977:
- En la derecha estaba Alianza Popular (AP), liderada por Fraga: si bien reivindicaba el
centro político, contenía un programa de orden, autoridad y conservadurismo.
- En el centro, la Unión de Centro Democrático (UCD), una coalición heterogénea de
democratacristianos, liberales, socialdemócratas y hombres procedentes del movimiento.
Su baza era la trayectoria y la figura de Suárez, que fue quien creó el partido.
- En la izquierda el PSOE (Felipe González y Alfonso Guerra) y el PCE (Santiago Carrillo).
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Las elecciones del 15 de junio de 1977 dieron la victoria a UCD, que obtuvo 165 diputados de un
total de 350. El PSOE se convirtió en la segunda fuerza política con 118, mientras que el PCE se
quedó muy lejos de sus expectativas (20), lo mismo que le sucedió a AP (16).
E) Los Pactos de la Moncloa.
Adolfo Suárez recibía, junto a su triunfo electoral, la difícil papeleta de contener el paro y la
inflación, que junto con el déficit exterior ponían en peligro el cambio político que se iniciaba. La
lucha contra el desempleo fue el objetivo primordial del nuevo gobierno.
En esta línea se firmaron los Pactos de la Moncloa el 27 de noviembre de 1977, un conjunto de
acuerdos de tipo económico, político y social que involucraron a todas las fuerzas políticas y
sociales, incluidos los sindicatos y la patronal empresarial.
Su finalidad era el relanzamiento de la maltrecha economía como instrumento fundamental para la
consolidación democrática. Las medidas tomadas atajaron inmediatamente la inflación y pusieron
un cierto orden en el caos económico y, sobre todo, laboral existente hasta el momento. Se realizó
una reforma fiscal, se contuvieron los salarios, se extendió la Seguridad Social, se aumentó el
presupuesto en educación, etc.
2. LA CONSTITUCIÓN DE 1978.
El parlamento resultante de las elecciones de 1977 asumió como tarea fundamental la elaboración
de una Constitución. Para el proceso de elaboración de la Constitución se nombró una ponencia
que estaba formada por siete personas: tres de ellas pertenecían a la UCD (José Pedro Pérez
Llorca, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón y Gabriel Cisneros), una al PSOE (Gregorio Peces-
Barba), al haber cedido un puesto a los catalanes (que incluyeron a Miquel Roca Junyent).
También había un representante de AP (Manuel Fraga Iribarne) y otro por el PCE (Jordi Solé
Tura).
Una vez aprobado por las Cortes el proyecto de Constitución, éste fue sometido a referéndum
popular el 6 de diciembre de 1978, siendo refrendada por el 88,54 % de los votantes.
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Las mayores innovaciones de esta Constitución se refieren a cuestiones como el Defensor del
Pueblo o la protección por el Tribunal Constitucional de los derechos individuales y las libertades
públicas.
La Constitución se organiza en diez Títulos más uno Preliminar, con un total de 169 artículos,
además de disposiciones adicionales y transitorias.
Los aspectos más importantes del texto constitucional son los siguientes:
● Un Preámbulo donde se expone la voluntad de la Nación española de garantizar la
convivencia democrática.
● En el Título Preliminar, se enuncian los principios básicos de nuestra Convivencia: la libertad,
la justicia, la igualdad y el pluralismo político. Por un lado, la soberanía es ejercida por el
pueblo español del que emanan todos los poderes del Estado.
● Se define la organización política de España como “Estado social y democrático de Derecho”.
● Los poderes políticos están separados.
● La forma del Estado español es la Monarquía parlamentaria pero el poder no reside en el Rey
(que será el símbolo de la Nación), sino en las Cortes Generales, de carácter bicameral
(Congreso de los Diputados y Senado), de las que se derivan el gobierno y las demás
instituciones.
● Por otro lado, se consagra la unidad de España y el derecho a la autonomía de las
nacionalidades y regiones que integran el territorio español, así como la solidaridad entre ellas.
Se regulan las competencias del Estado y de las Comunidades Autónomas. En ese sentido, se
respeta la existencia de lenguas oficiales junto al castellano en aquellas comunidades con
lengua propia.
● Se consagra la Independencia del poder judicial, la justicia gratuita y la igualdad ante la Ley de
todos los españoles.
● Se reconocen amplios derechos individuales y colectivos.