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Runa Yupay

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GRAD
868
A694ru

A 851,354
RUNA YUPAY

LIMA 1939
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LIBRARIES
Arguedos
, Jose Maria

RUNA YUPAY

Decoró ; Arturo Jiménez Borja.


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6245444
SILH
239TS

NOTA EDITORIAL

A vida apacible de los pueblos


de nuestras serranías no está
exenta de inquietudes y pre-
ocupaciones por los proble-
mas que afectan a la colecti-
vidad. Si poderosas influen-
cias ancestrales han puesto
indeleble sello de rutinaris-
mo y de imperturbable indo-
lencia en las faenas cuotidianas de nuestros in-
dígenas ; las escuelas y los caminos les están
sacudiendo de ese letargo : ampliando sus ho-
rizontes.
La monótona quietud que predomina en
nuestras poblaciones rurales enmarcadas por
magníficos paisajes de incomparable belleza-
es más aparente que real. Una observación su-
perficial no logra captar con certeza el alma
indígena, que es moldeable y resignada . El
mutismo de nuestro indio es consecuencia de su
innata desconfianza.
Pero no es indiferente a las emociones co-
lectivas ni esquivo a las alegrías. Lo demues-
tra la manera jubilosa como celebra las festivi-
dades religiosas y el fervor con que acude a los
llamados de su comunidad . Preciso es ahon-
dar con simpatía , en el alma indígena, para sor-
prender las virtudes que esconde y apreciar las
energías que reserva.
En la halagadora evolución que está ope-
rándose en la mentalidad de nuestras poblacio-
nes andinas, el maestro ejerce influencia deci-
siva, poderosa y eficaz. Es el mentor del pue-
blo . Es , por lo general, el consultor obligado
cuando surge un problema. El feliz dirimente
de los conflictos que alteran el monótono ritmo
de la vida aldeana . Ese modesto y abnegado
servidor del Estado , que regenta la escuela ele-
mental del villorrio o del caserío , es quien, pa-
ciente y sagazmente , está transformando la con-
ciencia de nuestros indígenas, poniéndolos en
contacto con la vida moderna.
"RUNA YUPAY" traza, con vigorosos ca-
racteres, la personalidad de uno de esos maes-
tros que ha comprendido la trascendencia de
su misión . Es un cuento de trama sencilla , di-
dáctica , cuyo ambiente corresponde a uno de
tantos pueblos del Departamento de Apurímac.
El autor de "RUNA YUPAY" describe con
vivacidad y certero colorido el cuadro de la vi-
5 --

da rural. Señala diestramente la actuación


preponderante del maestro primario como pro-
pulsor del progreso y encauzador de nobles in-
quietudes colectivas . No se limita a impartir
la enseñanza aconsejada por los programas ofi-
ciales, dentro de los estrechos límites del plan-
tel. Acude de casa en casa, de choza en choza,
aconsejando insistentemente a los padres de fa-
milia para que envíen a sus hijos al colegio. Los
domingos promueve animadas charlas con los
vecinos . Trasmite noticias relacionadas con el
desenvolvimiento de la vida nacional . Sabe
adaptar su lenguaje a la capacidad mental de
sus oyentes.

"RUNA YUPAY" , que quiere decir en cas-


tellano " contar gentes" , enfoca la acción del
magisterio al iniciarse un movimiento nacional
llamado a establecer las bases de nuestra rea-
lidad demográfica . El maestro que protagoni-
za este cuento acoge la iniciativa con vibrante
entusiasmo . Valoriza la trascendencia de la
obra, que ha de dar acertada dirección al de-
sarrollo del país.

Por el sentido educativo que tiene, por su


acentuado tono peruanista y por su inconfun-
dible sabor regional, su publicación responde
a la inquietud folklórica de estos tiempos , co-
mo expresión de una de las facetas de nuestra
nacionalidad y favorece, al mismo tiempo , la
difusión de la lectura.
Hemos tratado de distinguir, por razones
didácticas, las palabras netamente quechuas ,
que van en tipo oscuro o negrita, de los regio-
nalismos, que van en cursiva o itálica, y que no
son sino una muestra de los peruanismos que
están enriqueciendo el idioma castellano. Al
final va un vocabulario que servirá para la tra-
ducción de las palabras quechuas .

Lima, julio de 1939.


A. Arca Parró.

TERCERA EDICION
Agotadas las dos primeras ediciones de este cuen-
to, y reclamado insistentemente por aquellos a quienes
sólo había llegado la noticia o una vaga referencia de
su publicación, "RUNA YUPAY" tiene que ser reim-
preso por tercera vez.
No necesita mayores comentarios esta edición , ya
que la calurosa acogida de quienes lo han leído -co-
municada verbal o epistolarmente desde los lugares más
lejanos de nuestro territorio es consagración espe-
rada, considerado el despertar del espíritu regional, an-
te la proximidad del movimiento que más firmes raí-
ces debe echar en la organización del Estado.
De allí que, para satisfacer las necesidades de nue-
vos lectores, nos veamos obligados a reeditarlo con toda
simpatía.
Lima, Setiembre de 1939.
N Huanipaca hasta los patios y las
huertas de los indios tienen ma-
dreselvas. Casi en todas las ca-
lles se siente el olor de la madre-
selva. Los forasteros buscan es-
ta planta que huele a niña, a Igle-
sia ; ven la enredadera sobre los
cercos de piedra ; se acercan , hue-
len de cerca ; y se quedan un rato ,
como escuchando. Después, cuando llegan a sus pue-
blos, dicen :
-En Huanipaca hay una plantita que si Dios hue-
le, seguro se la lleva a su gloria.
La casa de la señora Amalia es la más grande del
pueblo. - La señora Amalia tiene cuatro haciendas de
caña en los valles del Distrito, con quinientos indios
a su servicio. La casa de la señora es casi una cuadra ;
su huerta tiene como dos yugadas ; es más grande que
la plaza . En esa huerta hay hasta callecitas empe-
dradas ; las callecitas están sombreadas de arrayán, y la
madreselva sube a todos los árboles, junta las ramas de
los dos lados de las callecitas, y da su sombra y su olor
a toda la huerta . Desde la plaza del pueblo se siente
el olor de la huerta de doña Amalia.
Cuando llegan visitadores de la Caja de Depósi-
tos, del Correo y de la Guardia Civil se alojan en esa
casa. A cualquiera hora que lleguen entran a la huerta
y se pasean, mirando casi miedosos los arrayanes altos
con sus ramas trenzadas de madreselva. Al medio día,
con el sol, los visitadores andan bajo la sombra de las
callecitas de la huerta diciendo :
-¡Qué lindo es ! ¡ No tiene igual ! ¡ Es como para
Dios!

Huanipaca está en una quebrada tibia, a la orilla


de un riachuelo que nace ahí cerca no más, en la cum-
bre de los cerros que se ven desde el pueblo .
Frente a Huanipaca está la cordillera nevada que
entra hacia la montaña. Cerros altos, medio azules
por la distancia, con nieve en las cumbres. El riachue-
lo de Huanipaca baja por la quebrada, buscando al río
grande que corre por el fondo, lejos, entre la base de
las montañas de nieve ; por el lecho de la verdadera
quebrada. Por la falda de las montañas, bajan, de le-
jos en lejos, riachuelos como el de Huanipaca ; cada
riachuelo tiene su quebradita, ancha arriba , junto a las
cumbres, como una hondonada no más ; pero cerca del
9 -

río grande es como un cequión angosto , barranco a ca-


da lado, y el cauce, pura corriente de agua blanca, sal-
tando entre las peñas.
Con el agua de esos riachuelos riegan los natura-
les sus chacritas de maíz en los bajíos ; y trigo , cebada ,
quinua y papas, arriba, junto a las cumbres. Con el
agua de esos riachuelos riegan sus haciendas de caña
los señores principales.
Las haciendas en esa quebrada están en las lade-
as bajas, en los graderíos de los cerros, a poca altura
del río grande, una legua , media legua. Porque en las
orillas mismas del río no hay tierra, como por un ca-
jón corre el agua ; apenas hay campo para los carriza-
les, y los sek'sis que crecen en las orillas, ellos, solos , en
monte cerrado.
El río casi no se ve de ninguna cumbre ; el aire
azul, como el humo, llena el fondo de la quebrada, los
barrancos se angostan, y parece que hasta saltando se
pasaría a la otra banda ; los killinchus y los ak'chis lle-
gan un rato de falda a falda , volando sobre el río. El
río va , así, oculto entre los barrancos, como por de-
bajo de los cerros, torciendo en los recodos, haciendo
recovecos, va, como por dentro de la tierra ; y así lle-
gará hasta la montaña abierta, tendida en todo el
horizonte .
En la quebrada grande, las haciendas de las dos
bandas , se ven como manchas amarillas entre los ár-
boles oscuros, que crecen en los falderíos. En esas ha-
ciendas reina la terciana.
Los pueblos están a la orilla de los riachuelos, y
arriba, en lo tibio , más cerca de la cumbre que del río ,
donde ya no llega la terciana . En esa altura están tam-
bién las chukllerías de los indios de todas las hacien-
das ; chukllas bajitas, con su corral, con su chacra de
10

papas, a veces con una yareta o un kiswar dando som-


bra a la pampita de tierra, que hay, como patio, frente
a la puerta de las chukllas. De allí bajan a trabajar por
turnos a las haciendas. Los días de fiesta los indíge-
nas van al pueblo , a oír misa, a hacer la corrida de to-
ros, a bailar en las plazas, a comprar provisiones y a
tomar cañazo .
11

Los días de carnaval no queda un alma en las


chukllas. La víspera del domingo se juntan los indios
en el canto de los caseríos ; todos con ropa nueva ; con
la cara y las manos pintadas de añil ; con rosarios de
limones y naranjas en el cuello. De las chukllerías des-
cienden al pueblo ; en la punta, los flauteros, con tinya
y wakawak'ras . Los flauteros tocan el baile de carna-
val ; la voz de los wakawak'ras llena la quebrada gran-
de, bajando desde la cumbre :
¡ Yauúúú! ¡ Yauúúú!
Llaman los indios de las chukllerías desde la cum-
bre de los cerros, mirando al pueblo .
Al anochecer, por todos los caminos de a pie, ba-
jan los indios en wifala. Como una cinta de color tuer-
cen los recovecos, desaparecen un rato entre los monte-
citos de kiswar y de tantar kichka. Cantan en todos
los cerros ; y desde arriba llega la voz de los flauteros
y de los wakawak'ras.
Los vecinos se juntan en las calles para mirar y oír
bien. Los indios de Huanipaca hacen otra wifala gran-
de en la plaza ; y saliendo por las cuatro esquinas, se-
gún sus barrios, llegan al canto del pueblo , para dar
encuentro a los wifaleros que bajan de las cumbres.
A la salida del pueblo se encuentran ; cincuenta,
cien flauteros tocan con su tinya, el baile del carnaval ;
el pueblo de Huanipaca se junta con los indios de las
alturas. Y mientras el Sol se está ocultando tras de los
nevados los indios del Distrito avanzan a la plaza, lle-
nando las calles, bailando y cantando :

Chayrak'mi chayrak'mi Con el viento he llegado


chayaykamuchkani con la lluvia he venido
parachawampas con el granizo entro al pueblo
wayrachawampas ¡cantando !
contrastaykukuspay . con la lluvia y con el viento .
- 12

Maymi mamayki, Dónde están tus padres ,


maymi taytayki dónde se han ido
trebolchallay; mi flor de trébol ;
apukunalla munak'mamayki ellos sólo querían el oro
trebolchallay mi flor de trébol
trebolchallay. mi florecita.

Nok'atapuni munawaspak'a Pero si tu me escoges, si tu


trebolchallay. (me quieres
La mar k'ochata mi flor de trébol,
chakirk'achimuy ; haz secar el mar, anda vacía
(el mar
trebolchallay mi flor de trébol
trebolchallay; mi trebolito ;

yana k'arata yurak'yachimuy haz piel blanca de la piel ne-


(gra si tu me quieres
trebolchallay, mi trebolito,
trebolchallay. mi trebolito.

A todas las cumbres llega la voz de los comune-


ros, a todas las quebradas entra, hasta la orilla del río
grande donde sólo viven los ukumaris y los chiwuillos.
Mientras tanto, los vecinos no aparecen, casi no se les
ve, no se les encuentra ; los indios del pueblo y de las
alturas llenan las calles y la plaza.
Pero los indios de algunas haciendas no pueden
venir al pueblo . Bajan al caserío de las haciendas, y
allí encuentran, en el patio, peroles o muchkas llenos de
chicha bien fermentada . Hombres y mujeres casi en
silencio, toman mates rebosantes de esa chicha, como
aguardiente ; se emborrachan y se duermen en todos los
rincones del patio en desorden y sin juicio . En algu-
nas haciendas no pueden tocar flauta. Los dueños no
13

quieren. Y el carnaval sólo es borrachera de los peo-


nes, sin música y transcurre silenciosamente como cual-
quier día.
Mientras, en Huanipaca, los comuneros del distri-
to, bailan en la plaza ; las tinyas y las flautas de las
chukllerías entran en competencia con los huanipaqui-
nos y todo el pueblo parece que no se acordara de una
sola de sus penas.
Huanipaca es, pues, el más grande de esos pue-
blos. Es cabeza de Distrito . Tiene su plaza grande,
su iglesia con su torre de cal y canto. En la plaza cre-
cen pasto y romasa ; en las noches, en los romasales can-
tan los grillos y los sapos ; en el día, los chanchitos mos-
trencos hociquean buscando raíces. Las callecitas son
derechas y en el medio de ellas hay una acequia em-
pedrada, llena de korontas, de pankas, de trapos, de
vidrios y corre agua sucia. En los ensanches y pocitos
de esas acequias se bañan los chanchos y los patos de
los vecinos ; pero de noche, en la tranquilidad , el agüíta
hace ruido bajando las graderías, y parece que canta .
Huanipaca , como todos esos rincones de Apurí-
mac, es pueblo de indios ; "koto llak'ta", le dicen los
indios de ese lado del Perú; porque hay mucha gente
con coto, hombres, mujeres y niños ; dicen que por el
agua, o por el aire ; hay indios que tienen hasta dos y
tres bultos en el cuello.

En Huanipaca hay escuela. El maestro vive en la


casa grande de doña Amalia ; el cura también vive en
esa casa, porque la señora dueña reside en la hacienda
Karkeki.
La escuela está junto a la iglesia. Es una sala
grande con piso de tierra. Al lado de la plaza tiene
un corredor, al otro lado, un patio grande cubierto de
romasales. En el corredor y en la sala estudian los es-
colares ; en el patio juegan a la hora del recreo. El
maestro es abanquino . Ha conseguido que sus alum-
nos lleven un bolsón para los cuadernos y la pizarra,
y mandiles, aunque sean de tocuyo o bayeta. Tarde y
mañana hace revista de limpieza, y los escolares andan
siempre peinados y con la cara limpia. En el pueblo
están contentos con el maestro de escuela. El maestro
es un mestizo diplomado en Lima, hijo de una tende-
ra del barrio de Huanupata, de Abancay. Sus cejas
cortas y levantadas, su frente angosta, sus cabellos grue-
sos, sus manos y su cara de cholo ; parece hijo de Hua-
nipaca o de cualesquiera de esos pueblos . Está decidi-
J do. a llevar a la escuela a todos los hijos de los indios.
Desde el principio de año, ha entrado a todas las casas
de indios, del pueblo y de las chacras cercanas.
¡ Jampuyki tayta ! Lleva a tu muchachito a la
escuela. Más tarde le va a servir todo lo que aprenda.
Nadie abusará de él. Leyendo sabrá defenderse del
K'oto y de las enfermedades. Mira cómo tienen, tú y
tus vecinos, el cuello con bulto del k'oto. Tu hijo sa-
brá curar el k'oto. ¡ Mándalo a la escuela !
-Cumunú, señorcito, Werak'ocha !
Pero, no cumplían. Todos los meses el maestro
repetía la visita.
-¡Qué tal, mentiroso tayta! No pareces hombre
viejo . ¿ Por qué engañas a tu amigo ? ¡Já caraya ! No
seas desconfiado. A tu muchacho voy a quererlo como
si viviera a mi lado . ¡ Mándalo, tayta, mándalo !
-El numás pues, patrón, cuidando chacrita ; el be-
cerrito también, quién pues cuidará.
15 -

-Mándalo , aunque sea por la tarde . No seas


allk'o con tu muchacho . ¿Quieres que sea otro igno-
rante como tú? ....
-Bueno patroncito, voy mandar.
El maestro seguía entrando a las casas de los in-
dios. A veces les hablaba en quechua. Día a día, los
mak'tillos aumentaron en la escuela. Entonces, hasta
de las alturas, hasta de las chukllerías vinieron trayen-
do a los cholitos. Los dejaban en la casa de sus com-
padres, amigos o parientes, pagando la comida del mu-
chacho con ayne de papas, maíz, carne y quesillo .
Algunos domingos en la mañana iban los indios
donde el maestro llevándole gallinitas, huevos, canasti-
tas de fruta que compraban en las haciendas. El maes-
tro los recibía en el corredor de la casa de doña Amalia.
-Déjenlo. Caray! Yo soy soltero, no tengo fa-
milia. ¿ Para qué traen tantas cosas ?
Pero los naturales no consentían regresar con el
regalo. Entonces el maestro conversaba con los indios.
- 16 -

Les hablaba de sus mak'tillos ; para cada uno tenía una


expresión.
-¡Já caraya! Buena cabeza había sido .
-Capaz llegará a ser doctor.
-Cuídalo , que llegará a ser tayta cura.
Los indios se reían. El maestro también reía fuer-
te con ellos. Luego salían a la calle e iban juntos a oír
misa. Hasta llegar a la iglesia conversaban animada-
mente.

A la salida de misa se reunían las autoridades y


los vecinos en el atrio de la iglesia, para recibir el sol-
cito y para oír las noticias de Lima que el maestro sa-
bía. Porque el maestro además de estar suscrito a pe-
riódicos de la capital, se carteaba con algunos amigos
de esa ciudad lejana y grande.
--- ¿ Qué hay de nuevo , señor maestro ? ¿ Qué di-
cen del censo ? ¿Siempre va a llevarse a cabo ?
-Pero.... ¡ claro ! El censo va a servir para to-
marle el pulso al Perú. A ver que tal está . No tiene
un fin malo . El Gobierno necesita conocer el número
de habitantes con que cuenta el país, para poder aten-
der las necesidades de cada pueblo . El censo va a pro-
ducir luego mucho bien general. Buenos tiempos son
éstos. Parece como que todo el Perú quisiera salir a
carrera, adelante, al progreso . Hay mucha fuerza en el
pueblo para trabajar . Por eso de Lima quieren calcu-
lar hasta dónde y cómo hay que ir adelante. Para en-
derezar bien, pues.
-Dicen hay muchos trabajos también en Lima.
-Bastante. El Palacio de Gobierno ha quedado
como debe ser. Mejor que los palacios de otras par-
- 17

tes. En Lima están haciendo muchas avenidas y par-


ques. A veces ha sido necesario también derribar man-
zanas de casas para prolongar las avenidas o ende-
rezarlas ....
Caray! Cosa de ver será.
-En Lima acaba de realizarse el Congreso Pan-
americano .
¿ Cómo es eso señor maestro ?
-¡Algo grande ! Se han reunido representantes
de todas las naciones del Sur, Centro y Norte América.
Como veinte naciones. ¡ Háganse cuenta ! Cada na-
ción ha mandado lo mejor de sus hombres, los que sa-
ben más. En el Palacio del Congreso se han reunido.
Han hablado entre ellos, lo que más nos conviene, lo
que es bueno para todas las naciones de América . Pa-
ra mejorar a todos los pueblos, para instruírlos, para
que sean bien libres y estén siempre contentos. Y a
buscar la forma que se ayuden unos pueblos con otros,
como entre hermanos. Para eso se han reunido.
¡Los tigres ! Eso está bueno.
-Para eso arreglaron tanto a Lima....
-¡Y miren una cosa !
¿ Qué, señor maestro ?
-A fines de noviembre recién salieron algunos de
los representantes, de sus respectivos países, que se ha-
Ilan bien lejos y llegaron a Lima antes del 9 de diciem-
bre. Ahora cien años hubieran tardado meses en lle-
gar de Buenos Aires a Lima, de Bogotá o de Méjico .
¡ Cuánto adelanto ha habido en el mundo desde enton-
ces! ¿ No?
Todos los vecinos se juntaban en el atrio de la
iglesia. Los que no habían alcanzado la hora de la mi-
sa, llegaban apurados de sus chacras, iban derecho a la
plaza, a oír la charla del maestro y del señor cura,
18

El curita llegaba al atrio poco después de la misa .


Se paraba junto al maestro y ayudaba a noticiar a los
vecinos. Casi no hablaban los vecinos ; escuchaban al
cura y al maestro . Pero, de vez en vez, cuando se tra-
taba ya de discutir, ellos también defendían sus ideas
y sus pareceres.
Hacía varios domingos que el maestro y el cura
hablaban del censo , de los trabajos que se efectuaban
en Lima y de las carreteras que seguían construyendo
para hacer llegar el automóvil hasta los pueblos más
apartados del Perú.
-¡Cuánto adelanto ha habido ! —decía un luga-
reño . En avión un ratito se acaba de andar desde
el comienzo hasta el último del mundo . ¡ Qué pues son
cien leguas, ni mil leguas ! Nada imposible.
-¡Qué avión ni qué avión hablaba el curita—
En carros no más se voltean las cordilleras como una
hormiga que se anda los pedregalitos de las calles . A
ver, antes, quién iba a pensar en ir a Cusco, a Are-
quipa, y peor a Lima, si no tenía mucha urgencia . Los
indios decían : " donde será" . ¿Y ahora ?. ¡ Gracias a
Dios ! Ahora , los indios mismos llegan a la quebrada,
allí se suben a un camión y por dos o tres soles, aun-
que sea como carga llegan al Cusco, a Arequipa, a
Ayacucho, a La Mejorada. ¡ Y esto más !: siguen llegan-
do a pueblos, y pueblos ........... y allí también encuentran
indios. Indios con chullu y chumpi, hablando quechua
también como ellos. Y en todos esos sitios les dicen :
"esto es Perú, como tu pueblo " . " Esta es nuestra tie-
rra : se llama Perú" . Y oyendo hablar quechua , sien-
ten en su adentro que de verdad todavía, es su tierra.
Nosotros también con el carro , con el avión, con el
tren, llegamos a Piura, a Loreto, a Cajamarca, y
todos esos pueblos, como peruanos, nos sentimos toda-
19

vía con derecho. Y quiera o no quiera decimos : "¡Qué


grande es nuestra patria !" Así, el carro, el avión, el
tren, nos ayudan a conocer nuestro país, aunque es dos
veces más grande que otros países europeos como Fran-
cia, Alemania...... . .
-¡Verdad ! Hay que andar para conocer bien
nuestra tierra. Vergüenza ha de ser para un peruano ,
cuando se va al extranjero y le pregunten : ¿ Cómo es
el Cusco , cómo es Arequipa, cómo es Trujillo ? Y no
sabe.
-Mas vergüenza todavía es si te dicen : ¿ Cuán-
tos habitantes tiene el Perú ? Y tienes que calcular co-
mo un ignorante, sin poder responder con seguridad .
-Eso es aprovechaba el maestro Para eso,
precisamente, para evitar eso van a hacer el Censo. ¡ Y
miren bien! les hablaba a los vecinos — Sabiendo
cuántos habitantes hay, se sabe también, ahí mismo ,
cuántos sastres, cuántos ingenieros, cuántos médicos,
cuántos abogados, cuántos maestros, cuántos sacerdo-
tes hay; y cuántos saben leer y cuántos tienen la des-
gracia de no saber escribir ni su nombre. Y eso , pueblo
por pueblo. Así se puede conocer, por ejemplo, si so-
bran o faltan ingenieros, si sobran o faltan abogados, si
sobran o faltan maestros , si sobrán o faltan médicos, etc.
De ese modo cualquier Gobierno puede trabajar mejor.
Una vez que sepa cuántos hombres y, también cuántas
mujeres se dedican a cada uno de los distintos oficios
o profesiones, podrá establecer comparaciones y orde-
nar el remedio a todo lo que no marche bien . ¿ Qué hay
pocos ingenieros ? Se recomendará y favorecerá el es-
tudio de esta profesión. ¿ Que hay muchos abogados ?
Se evitará que un mayor número de jóvenes siga de-
dicándose a esa carrera, dándole en cambio facilidades
para que estudien otra .
- 20

Los oyentes atendían en silencio . El maestro con-


tinuaba :

-No sólo eso. Con el Censo también se sabrá


cuántos niños hay, pueblo por pueblo, ciudad por ciu-
dad, según su edad. Así el Gobierno puede calcular
cuántos maestros más necesita para cada departamento ,
para cada provincia. Debe haber un maestro por cada
50 niños. El Censo dirá las cantidades exactas y según
eso se resolverá lo más conveniente. También con el
Censo se sabrá cuántos habitantes de cada pueblo no
están en su tierra natal y a qué parte del Perú han ido
a buscar la vida. El Gobierno averiguará, entonces, por
qué de algunos pueblos se va la gente : si en ellos son
frecuentes las enfermedades, si hacen numerosas vícti-
mas ; si los que vivían allí no encontraban facilidad para
trabajar en el campo o en sus negocios y por eso se
vieron obligados a salir a otros pueblos a buscar ocupa-
ción. Según lo que resulte, el Gobierno tomará las me-
didas necesarias para mejorar la situación, irrigará las
tierras, abrirá caminos, enviará, médicos para combatir
las enfermedades, como el tifus o el paludismo.
-¡Caray! ¿Y por qué desde antes no habría he-
cho el Censo ? ¡Cosa buena había sido !
-Claro pues, lo ha dicho el maestrito. Como to-
marle el pulso al Perú, va a ser.

Los indios y los mestizos también se habían junta-


do, rodeando a los vecinos. Escuchaban y aprendían .
Entre ellos sabían más o menos cuántos eran ; pero no
tenían una noción precisa sobre el Censo de todos los
habitantes del Perú. Y tenían razón.
¡ 63 años sin Censo general !
- 21 -

En tiempo de sequía, casi siempre los días domin


gos el Sol despejaba las nubes desde temprano. Duran-
te la noche se levantaban nubes oscuras desde el fon-
do de la quebrada grande, subían despacio, como res-
balando por los falderíos y a veces se pegaban a la
cumbre de los cerros y esperaban allí el nuevo día. El
Sol salía brillando desde el filo de los nevados ; enton-
ces, las nubes se revolvían, como asustadas ; se iban po-
niendo tenues y desaparecían.
Pero en tiempo de lluvias, algunos domingos, la
charla de los vecinos se interrumpía por algún trueno
que anunciaba el aguacero, o por el mismo aguacero que
caía, de repente, como si fuera lluvia de menudos cris-
tales.
Del atrio, cerca ya la hora de almorzar, los veci-
nos se despedían por grupos, para ir a sus casas. Y se
les oía conversar :
-Como hermanos, somos los huanipaquinos. Ca-
si no hay peleas en nuestro pueblo.
Así debían ser en todas partes.
-Huanipaca es, pues, pueblo suertudo, buen curi-
ta, buen gobernador, buen maestro, buen alcalde. Por
eso hay entendimiento ..
-En otros pueblos no es igual . Como perros y ga-
tos se pelean entre familias.
-¡Caray! Como es, ¿ no ? Por falta de un buen
cura, de buen maestro, nomás....
Así hablaban siempre. Los vecinos y las autorida-
des se iban a sus casas pensando en las cosas que ha-
bían charlado con el maestro y sus compoblanos . Esto
se repetía los domingos . . . . .
22 -

Sobre la cordillera de nieve el aire parecía azul.


En el cielo, a esa hora, las nubes subían más alto , más
alto . Y aumentaban el fondo del espacio libre.

El viernes en la tarde el maestro de escuela reci-


bió del Correo un sobre largo con sello oficial.
-¡De la Comisión del Censo ! ¿ A ver ?.
Rompió el sobre. Encontró tres folletos y dos cir-
culares.
-¡Esto del Censo es una realidad ! ¡ Ya era tiem-
po ! Seguro que piden a los maestros ayuda y coopera-
ción en el trabajo .
Con los folletos en la mano , el maestro se dirigió
a su casa.
¡ Claro ! Los maestros estamos obligados a ayu-
dar. Nadie como nosotros. Los muchachos también pue-
den ayudar. Ya he hablado yo de ésto a mis makʼtillos.
Leyó el título del folleto más voluminoso : "Los
maestros del Perú y el Censo de Población y Ocupación".
-¡Estupendo ! Hasta lo había pensado . Pero,
jcaray ! si ésto es lo que había que hacer. ¡ No saber
cuántos somos los peruanos ! El último se hizo en 1876.
¡Hace sesentitrés años ! Yo no había nacido aún. En-
tonces éramos poco más de 2 millones y medio de habi-
tantes. ¿ Cuántos seremos ahora ? ¡ Por fin ilegó el mo-
mento de hacer otro ! ¡ Como un diablo
66 voy a trabajar !
Leyó una de las circulares : ... en cada uno de
los Colegios y escuelas de la República se dictará una
lección especial o conferencia pública sobre el Censo de
Población y Ocupación .....
-¿Qué? ¡ No hay caso ! Una clase sobre el Censo ,
23

una conferencia pública. ¡ Eso es acertar ! Es decir, yo ,


maestro de Huanipaca, pueblito de indios, voy a hablar
sobre el Censo. Voy a explicar a indios y vecinos, qué
es el Censo y cuánto bien va a hacer a nuestra patria.
De aquí a diez años, cuando el Censo haya dado resul-
tados ; cuando el Perú se haya beneficiado con este Cen-
so podré decir : "En ese Censo yo también trabajé, yo
también fuí colaborador...." ¡ Bien, bien ! ¿ Quién no tra-
baja así? ¡ Diablo, yo sí, quiero a mi patria !
El maestro de Huanipaca llegó casi corriendo a su
casa.
Esa noche hubo luz en su cuarto casi hasta la ma-
drugada ...

Al día siguiente el maestro se levantó temprano y


fué a buscar al Alcalde. Lo encontró todavía en su casa.
Estaba tomando su almuerzo para salir a la chacra.
-¡Buenas noticias, señor Alcalde ! -gritó
pulmón.
-¡A ver, doctorcito ! ¿ Qué me trae?
-Por orden superior voy a dar en la escuela una
clase pública sobre el Censo . A la clase tienen que ir
también los vecinos. Ya he pensado bien . Voy a expli-
car primero a mis muchachos qué cosa es el Censo, para
qué es, y qué bien va a hacer a Huanipaca y a todos
los pueblos del Perú en general . En seguida haré un
ensayito y de acuerdo con sus resultados explicaré des-
pués, para grandes y chicos. Tenemos que reunir a la
gente. Todos los huanipaquinos irán a mi escuela para
la fecha que les señale. Quiero que no haya uno que de-
je de enterarse del fín que se persigue con el Censo .
-Como nó , pues. Ya usted me ha dicho que van
- 24 -

à contar a todos los peruanos, grandes y chicos, hom-


bres y mujeres .
—Sí, y ¿ para qué va a servir eso ? - -- añade el
maestro .
-Siempre es bueno saber.
¿ No ve? Usted también está poco enterado . El
Estado debe atender las necesidades de los pueblos;
pero, para atenderlas en forma conveniente, tiene que
averiguar primero cuáles son esas necesidades .. Y como
las necesidades de los pueblos aumentan a medida que
aumentan los habitantes de cada uno de ellos, es natural
que tenga que averiguar cuántos habitantes tiene cada
ciudad o pueblo, es decir, efectuar el levantamiento del
Censo . Pero, ya le explicaré algo más en la reunión que
he prometido hacer dentro de poco . Vamos donde el
Gobernador ; que haga notificar a la gente del pueblo
y de las afueras.
-Vamos doctorcito . Eso del Censo ha de estar
bueno . Ya usted dijo, pues, que con el Censo vamos a
saber que tal están las fuerzas del Perú. Ahora ya lo
recuerdo . •

Y en la tarde de ese día, el maestro y los alum-


nos más grandecitos fueron a la casa de todos los esco-
lares, y a la de los que dejaron de serlo.
-Mañana, temprano, todos deben estar en la es-
cuela. Aunque lleguen tarde otros días, mañana hay
que ir temprano. Oye Juancho , tienes que mandar a tu
mak'tillo.
-Claro pues, como también yendo será pues.
- -¿Vas a cumplir?
-Por maestrito voy mandar.
— 25 —

El maestro seguía notificando :


-Roberto, mañana tiene que ir tu mak'tacha. Mi-
ra que te lo estoy rogando ....
-No, pues, niñucha. Por qué rogando, va dir será
pues, cumunú por tí voy mandar. Sigoro.

El sábado, a la hora de clase, la escuela se llenó


más que los otros días del año , cuando los recién ma-
triculados llegan.
-¿Qué será?
¿ Para qué llamará maestrito ― decían los in-
dios y los escolares.
Los vecinos y las mujercitas que pasaban por la
plaza veían las cabezas de los muchcahos, sala adentro.
Sin embargo, no se oía el run-run que hacían siempre
los niños, deletreando y estudiando.
26

-¡Caray! ¿ Qué pasará ? decían


Pero, los otros que se detenían y escuchaban esti-
rando el cuello, llegaban a oír la voz del maestrito , co-
mo si estuviera charlando con los niños. A ratos los
muchachos hablaban también, uno a uno . Sus vocecitas
delgadas llegaban más claro que la del maestro .
Quinientos habrá maestro !
-Más serán, señor. Mil, seguro .
-Con K'oto seguro habrá doscientos.
-¡No señor! Sanos hay más.
-Cuatro hay, señor.

-El año pasado tres nomás. Hay huahua, pues.


-Lo mismo nomás. Siempre hay para todos.
-Yo no, señorcito . Siete hay en mi casa y poqui-
to nomás comemos.
Algunos vecinos se acercaron a curiosear hasta la
puerta de la Escuela. El maestro estaba haciendo contar
con dos escolares a todos los alumnos de la sala. Les pre-
guntaba cuántos eran en su casa . Cuánta sería la gente
del pueblo .
-¿Para qué preguntará? A Lima seguro mandará
para el Gobierno.
-Estará enseñando contar, más bien.
Y seguían su camino . Pero, en su conciencia no es-
taban tranquilos . Los que tenían hijo pensaban averi-
guarlo a la hora del almuerzo . Los otros esperarían al
día siguiente, domingo , para hablar con el maestro a la
salida de la iglesia.
-¿Qué será ? Pero este maestrito es bueno .
-¡Ja caraya ! Estamos contentos.
-Lo haremos casar aquí para que se quede.
-No , don Pancho . Capaz flojea si se casa .
-El vecino con mujer, a veces ya no sirve para
enseñar a los muchachos. Joven hay que ser.
27

-A veces el casado es más formal.


No caray! Casado tal vez tira para la chacra.
Dejaremos así nomás, mejor.

A las doce del día, los escolares salieron a carre-


ra abierta, de la escuela a la plaza. No se quedaron a
jugar en los romasales, ni en la pampa limpia que hay
frente a la torre. En un ratito desaparecieron por las
cuatro esquinas, dejando en silencio la plaza.
El maestro los vió correr hacia las esquinas, al-
canzándose y ganándose , como en apuesta. De pie, en
el corredor, junto a un pilar de piedra blanca, los vió
perderse de vista ; gritando, unos con el sombrero en
la mano y el pelo rebelde agitado por el viento ; otros
con el bolsón de la pizarra y los cuadernos golpeándo-
les en la cintura.
-Yu, primero yu.... gritaba el Norbertucha.
Ese era el más corredor de todos.
-Es, pues, flaco, ¡ qué gracia ! .... decían de
él.
El Norberto bajaba todas las mañanas desde la
cumbre del cerro. Haciendo zig zag, llamando a veces
del cerro para que lo vieran, bajaba como una galga
hasta llegar al pueblo, sin dar muestras de cansancio.
Tras de Norberto los escolares de Huanipaca se
perdieron, gritando, por las cuatro esquinas. El maes-
tro sentía una íntima satisfacción. Estuvo meditando
un rato largo . El, maestro de escuela, les había dado
ese entusiasmo. Para el lunes, él, maestro de Huani-
paca, sabría con exactitud, cuántos eran los habitantes
del pueblo. ¡ Ahí se iban , a carrera abierta, los escola-
res, porque querían averiguarlo ! Como parvada de jil-
- 28

gueros salieron gritando de alegría , por la puerta de la


escuela.
Cuando, después de una explicación sencilla, les
propuso lo que tenían que hacer, todos se pasaron de
golpe :
-¡Yastá, señor !
-¡Yastá! ¡ Ahurita mismo pues !
Se repartieron calle por calle. Los que vivían en
el campo apuntarían a la gente de las chukllas vecinas.
El Norberto dirigía ese trabajo.
-¡Yastá señorcito ! ¡ Ahurita saldremos !
Los soltó, y se fueron volando ....
Buscó mejor apoyo en el pilar de piedra blanca y
siguió pensando.
Los maestros, somos los que tenemos mayor res-
ponsabilidad en el Perú! ¡ Sus niños están en nuestra ma-
no! Si todos trabajáramos bien .... Estos indiecitos .... Es-
tos mestizos .... sólo Dios sabe cuán grande y feliz han de ·
hacer a nuestra patria....
Empezó a caminar. Y él también cruzó los roma-
sales de la plaza, con el corazón palpitante. Orgullo-
so y contento . Sonreía satisfecho. En sus manos lle-
vaba todavía un folleto de los maestros del Perú sobre
el Censo .

El Norberto subió el cerro , más rápido que otras


veces. De trecho en trecho se detenía sobre el cerco
que bordea el camino, y miraba al pueblo.
La casa de doña Amalia, con su huerta de madre-
selvas, se veía grande.
-Ahistá mastru!
En la huerta se paseaba el maestro como un gu-
sanito negro .
29 -

Mak'tasu es!
El pueblo se veía chiquito . Sus callecitas torcidas,
sombreadas de romasales, parecían de juego . Chacras
de trigo y maíz separaban las casas. Ocupaban man-
zanas enteras. Varios ak'chis negros volaban sobre el
pueblo. El canto de los gallos llegaba bien claro has-
ta la cumbre del cerro.
El Norberto apuró más para llegar a su casa .
Don Antero K'oñislla, padre del Norbertucha, te-
nía chacras de cebada y papas en una hondonadita que
hay cerca de la cumbre. Su chuklla rodeada de yare-
tas estaba a la cabecera de las chacras.
Cuando el Norberto llegó a los cercos, Mapucha
ladró en la chuklla, olió un instante el aire y después
partió a carrera , chacra adentro. Su cuerpo amarillo
aparecía y desaparecía entre los surcos de papales.

-Norbertucha !
Atropellándose con el perro el muchacho corrió
entre los papales .
-¡Taytay Antero ! ¡ Taytay Antero ! -llamó con
la voz medio ronca, todavía.
Mochachu diablu !
Doña Josefa y don Antero salieron al patio de
tierra que hay frente a la puerta de la chuklla. La som-
bra de las yaretas cruzaba el patio .
-¡Taytay Antero ! Voy almorzar pronto, por-
que todo gente chacra voy contar para mastrito !
¡Jhá ! ¡ Premero traerás leña !
-¡Nu taytay ! Estamos en apuesta. Dice Gubiernu
va contar gente de pueblo en pueblo. Para bien de
Probando , pues,
endios, de mistis, de todo gente, dice.
estamos. Dice escoleros ayudando mastrito,
¿Cómo, Gubierno?
30 -

Ja caraya ! Tu pues innorante, yu será apren-


diendo en escuela.
—A ver, avisarás despacio .
Lo hizo sentar sobre el tronco de molle que servía
de poyo en el pampón. Don Antero estaba miedoso.
-¿Gubierno? Capaz engañando.
Norbertucha se puso serio, con mirar de hombre.
-Espera don Antero : A ver, en todo quebrada ,
hasta hacienda "Wayuwayu" de doña Amalia, ¿ cuán-
to natural, cuánto mestizo , cuánto hacendau será ? En
otro quebrada de Abancay adentro ¿ cuánto cristiano
habrá, en chacra, en hacienda, en pueblo de natural, en
pueblo vecino ? En unos pueblos hay harto agua, dice.
En otros maíz, trigo , papales, todo kausay se malogra
faltando riego. En Huanipaca, llak'ta con k'oto, natu-
rales como diablo parecen. En hacienda de caña tiri-
tando mueren naturales con terciana. ¿Acaso Gubiernu
dice nu sabiendo pues? Ahura dice va contar en los
pueblos y en chacras todo, todo gente, hombre, mujer,
viejo también, huahua también. Sabiendo eso , dice ,
mirando su lista van ayudar a pobres también. ¡Ja
caraya ! Cierto es, mastrito, dice. ¿Acaso mintiendo ?
Mastrito, nu engaña taytay.
Don Antero se puso de pie. Miró los cerros ne-
vados, como recordando . Algo quería traer a su me-
moria. Estaba receloso .
¿ Indios dice van estorbar por innorante? ¡Ja
caraya! ¡ Nu será, taytay. Mastrito también dice, indio
es más que vecino contando naturales.
Don Antero desvió la mirada y la detuvo en
Norbertucha. De repente comenzó a hablar con entu-
siasmo .
-¡Yastá! ¡ Capaz runa-yupay será ! En tiempo de
pleito, varayok' alcalde contando, ratito nomás, comu-
31

neros de Huanipaca . Juez Derecho mandando . ¿ Ahura


Gubierno será? ¿ De extranguero será mandado ? Aca-
so indio malobra runa-yupay? ¡Ja caraya ! Fácil nomás
runa-yupay para natural. En antiguos, rato rato man-
daban runa -yupay . Muriendo gente avisaban. Nacien-
do gente avisaban. Cuando salía k'oto también avisa-
ban. Gentiles, dice, sabían cierto cierto , cuánto gente
era sano, cuánto k'oto , cuánto huahua, cuánto machu,
cuánto viuda, cuánto invalidu . Ayudaban pues, en ayne
grande a viuda, a pubre invalidu.
-Ahura también así Gubierno será. Mastrito es
formal.
-Natural sólo nomás son en su pueblo ¿Dunde
Gubierno? ¡ Capaz engaño !
-Verás taytay ! Gubierno, dice, recordando a
Karu llak'ta, ahura, dice.
-Sirwuiy Josefa. Runa-yupay fácil nomás para
endio.
-Ja caraya!

Cerca del anochecer don Antero seguía preocupa-


do con la noticia del runa-yupay. Sentía temor. No
alcanzaba a comprender completamente lo que iba a
suceder. Entonces decidió visitar a su vecino de cha-
cra don Crispín Garayar, indio licenciado .
--Capaz don Crispín sabiendo ....
La oscuridad empezaba ya desde el fondo de la
quebrada. Los grillos cantaban en los montecitos de
k'opayso .
Don Crispín estaba arreglando la puerta de su co-
rral, cuando llegó don Antero . Las ramas de los lam-
bras que crecían junto a la chuklla del licenciado pare-
-
32 -

cían más oscuros en el crepúsculo. Los pichiuchas y


los viúda-pisk'os aleteaban entre las ramas de los lam-
bras, acomodándose para dormir.
¡Taytay Crispín !
-¡Taytay Antero !
-¡Yanaparé pues!
-Comonó tayta .
Don Antero empezó a cargar piedras hasta el tran-
querío. Un rato pararon la puerta entre los dos. Se
sentaron a la entrada del corralito, mirando el fondo
de la quebrada . Los cercos de alfalfa ya parecían som-
bras en los falderíos bajos, cerca del río .
Habló don Antero :
-Taytay Crispín , Norbertucha dice va llegar runa-
yupay . ¿Cierto será ? Para bien de natural dice
escolero . Capaz engañando....
-Cierto es don Antero . Gobierno dice ha man-
dado para contar a la gente de todo pueblos ; domingo
en la plaza maestrito diciendo . Cierto será. En otro
tiempo también, en jatun llak'ta Lima así ha sido. Yu
soldau era . Ocho años ya será . Todito gente han apun-
tado, con huahua, mujer, machu, todo, todo .
-Nu será engaño, don Crispín?
-Nu taytay. Cierto es. Beneficio va ser para
natural también . El tayta cura también dice, para bien
de indio será . Yu sabiendo en cierto. Confianza nomás
don Antero. En jatun llak'ta Gobierno u sabiendo
cuánto natural hay. A veces engañan, poquito nomás ;
por eso no ponen muchas escuelas para indios . ¡ Men-
tira pues ! Nosotros , natural, tanto, tanto hay ; vecinos
dos, tres nomás son. A ver en hacienda de doña Ama-
lia como hormiga es natural y allita nomás hay de veci- .
nos. Nu sabiendo en Gobiernos, por eso va llegar runa-
yupay. Yu , todo todo natural vamos para el apunte.
33

¡Ja caraya! ¡ Tanto somos ! No seas cobardau, don An-


tero, hombre hay que esperar runa-yupay.
-Ojalá taytay Crispín . A natural siempre enga-
ñan. Por eso viniendo pues. Licenciau sabe, diciendo .
Don Antero partió de regreso . Ya estaba tranqui-
lo. Se perdió entre las matas de ankukichka que bor-
dean el camino, saliendo de la chuklla del licenciado .
-¡Tantu antu hay natural ! Ahura será sabiendo !
Convencido, apuró el paso , para hablar otra vez
con Norbertucha.

En el pueblo los otros escolares hacían alboroto.


Entraban a las casas saludando respetuosamente . Sa-
caban del bolsillo una libreta de escuela y rogaban al
dueño, en nombre del maestro , que diera todos los da-
tos. Preguntaban serios y hacían sus anotaciones. Co-
mo si ya fueran vecinos de respeto. Estos no se nega-
ban. Ya el maestro les había hablado en domingos
pasados del Censo y de la obligación que tenían por el
orgullo del pueblo, de portarse bien con el Gobierno .
Unos riéndose y palmeando a los muchachos, otros, con-
vidándoles alguna cosita, todos despachándolos alegre-
mente. Pero, no faltaban los que se mostraban serios,
igual a los muchachos, y contestaban a las preguntas
como quien cumple un deber con la superioridad. A
las casas de los comuneros entraban los mak'tillos y
todo lo arreglaban en quechua.
Los escolares llenaban sus libretas y corrían de
casa en casa.
El maestro los veía, a veces tocando suavemente
las puertas, o atravesando las esquinas libreta en mano .
-34

Como hormigas ! ¡ Diablo ! Capaz ningún hom-


bre goza como un maestro.

El domingo a la salida de la iglesia todos los ve-


cinos de Huanipaca rodearon al maestro . Menudea-
ron las preguntas y los comentarios :
¿Ya comienza el Censo ?
-Dice, sus muchachos estaban haciendo la prueba .
-Como a galgos nos ha soltado usted a esos
fregaos. Son vivos ¡ caray!
El maestro respondía :
-¡Son lo mejor de Huanipaca ! Yo informaré
de este trabajo de los escolares de Huanipaca, con to-
dos los datos escritos por ellos mismos. ¡Y verán!
Seguro recibimos la felicitación del Director de Ense-
ñanza.
-¡Capaz !
-¡Seguro!
Los indios también se juntaron al grupo para es-
cuchar.
-Buena idea, señor maestroj
-¡Y qué bien se han repartido las calles ! No ha-
bía escapatoria. A cada casa entraba algún muchacho
pariente de uno, hijo, sobrino o primo. Ni para men-
ir había campò .
-Yo creo no han terminado todavía.
-Hoy acabarán.
El maestro interrumpía :
-Yo no he hecho sino dar la idea y las reglas .
Ustedes ven que estos muchachos son los que merecen
las felicitaciones.
- 35 -

-¡Qué gracia ! Estos fregaos lo quieren a usted,


creo, más que a sus padres. Y por quedar bien con us-
ted hasta de hambre morirían.
-Es que también para mí son lo mejor de mi vi-
da. Ellos lo saben y me quieren también. Me obede-
cen. Me escuchan y cumplen al pie de la letra todas
mis indicaciones.
Luego, volviendo al tema anterior, exclamó :
-El próximo miércoles los , espero a todos en mi
escuela. Los indios también van a ir. El Gobernador
ha mandado comisionados para que notifiquen a todos
los que trabajan en las haciendas y a los que viven en
las chacras. En quechua voy a hablar con ellos. Us-
tedes me entenderán pronto. Con los otros me demo-
raré más. Me ocuparé del Censo y les explicaré am-
pliamente lo que significa y los beneficios que va a pro-
ducir a Huanipaca .
En ese instante pasó el Gobernador dando órde-
nes. Hacía pegar citaciones en las esquinas.
-¡Qué bueno eso del Censo ! ¿ No ?
-Claro ! Todos iremos.
-El Censo es obra de bien y no hace daño a na-
die terminaba siempre el maestro en todas sus con-
versaciones.
El vientecito de la quebrada llevaba el olor de la
madreselva a todas partes.
Esa noche del domingo los escolares conmociona-
dos no durmieron bien esperando la mañana, con la an-
siedad de ver, de una vez, la cara alegre del maestro
cuando ellos les mostraran sus libretas. Allí tenían
anotado el nombre de todos los huanipaquinos.
Antes de las ocho, el corredor de la escuela ya es-
taba lleno . Los mak'tillos y los hijos de los vecinos,
discutían mostrándose cada cual sus apuntes. Desde
36 ―

lejos se oía el griterío de los escolares. Cuando el


maestro apareció en la esquina de la plaza, todos sal-
taron y gritaron fuerte con su voz delgadita.
-¡Señor ! ¡ Señor !
-¡Apúrate señor !
El maestro siguió caminando despacio y a medi-
da que se acercaba, los escolares se iban callando . Su-
bió las gradas.
-¡Buenos días, señor !
Y todos entraron en orden a la sala. Por la puer-
ta del patio interior se veía el Sol alumbrando los ro-
masales.
La noticia del Censo había causado tal revuelo ,
como tempestad de granizo , entre todos los habitantes
de Huanipaca. Los corazones de los escolares hervían
de entusiasmo, pues ya empezaban a tener una noción
de su importancia y significación . Y también los gran-
des, los indios, se sentían contagiados por ese entusias-
mo de sus mak'tillos, y a través de ellos también y
comprendían el gran beneficio que el Censo les iba a
dar, a ellos, indios medio olvidados y abandonados a
su propia suerte.
El Censo era la novedad del día.

El miércoles, la quebrada amaneció, como en tiem-


po de lluvias ; las nubes tapaban la cumbre de todos los
cerros. Los nevados de la cordillera no se veían ; ak’-
chis y gavilanes bajaban de la oscuridad de las nubes,
daban vueltas en el aire despejado y volvían a perder-
se en la neblina.
Los varayok' del pueblo barrieron la plaza desde
la madrugada, cambiaron, cada uno, seis y siete esco-
37 -

bas de tantar, y a la salida del Sol, en la plaza limpia,


correteaban los escolares, gritando y llamándose de es-
quina a esquina.
En el corredor de la escuela pusieron una mesa y
varias sillas ; todos los poyos los alfombraron con jer-
gas limpias y pellejos. El maestro dirigía a los vara-
yok' ; los escolares grandecitos ayudaban.
A la hora de misa empezaron a llegar a la plaza
los vecinos, con su ropa de fiesta, acompañados de sus
familias, de sus concertados y sirvientes. En las gradas
del corredor los recibía el maestro, les agradecía por
lo que habían venido y les hacía sentar en el poyo, a
lo largo del corredor. Las autoridades llegaron jun-
tas, Alcalde, Gobernador, Teniente-Gobernador, Juez
de Paz de primera y segunda nominaciones. Y después
llegó el señor Cura.
Y en eso , cuand
o estaban conversand los veci-
nos y las autorida ; cuando el Goberna o estaba .
des dor
diciendo :
-Estos indios, siempre demoran....
Se oyó, fuerte, el bombo, la flauta, el clarinete y el
pututo de la indiada. Toditos se callaron . En el ce-
rro, tronaba el bombo cada vez más cerca. De den
tro de las nubes llegaba la voz del clarinete, del pututo
y de las flautas.
El maestro saltaba de alegría .
-¡Señor Alcalde, señores autoridades, los indios
vienen juntos ! ¡ Seguro toda la comunidad de Huani-
paca !
Los vecinos y las autoridades se miraron , primero
sin decir nada, y después se rieron y hablaron todos :
-Los indios de nuestro pueblo saben reunirse un
ratito, creo con el viento se avisan de lejos a lejos.
Ahora las chacras y las haciendas seguro han quedado
en silencio.
38-

¿ Qué harán, no ?
-Desde sus antiguos pues ; es costumbre.
-Saben organizarse decía el maestro—. Saben
vivir en común, y cuando presienten que algo los va a
beneficiar a todos, parecen un solo hombre, se levantan .
-Son unos fregaos....
Los indígenas aparecieron en el cerro, saliendo de
las neblinas. Por delante venía la bandera peruana ,
- 39

chiquita, pero limpia, ondeando en la punta de un ca-


rrizo bien alto ; tras de ella atronaba el bombo, los pu-
tutos, pinkullos y flautas ; y atrás, los indios, con sus
viejos por delante, en seguida los movilizables ; los mak'-
tillos y las mujeres. Hasta los mak'tillos caminaban en
orden de movilizable ; las mujeres andaban en tropa, ca-
si la mitad con sus huahuas en el quipe.
El maestro los vió. En su adentro ardía la espe-
ranza. Quería hablar, pero no sabía qué. Los vecinos
también miraron, entre entusiastas y molestos. "Noso-
tros también hubiéramos hecho " , decían para su con-
ciencia, algunos.
Los escolares gritaban de alegría viendo bajar a
los indios por el camino.
Pero toda la gente del pueblo miraba a los comu-
neros con cierto orgullo.
Por la esquina de doña Amalia apareció la bande-
ra de los comuneros ; después la banda de músicos, y
después, todos los indios. Pero ya en la plaza, se vie-
ron a los jefes movilizables de los huanipacas : don Cris-
pín y don Teodoro Garayar, don Lucas Mayhua, don
Felipe Delgado, fuera de la línea marcaban el paso :
-¡Uno, dos! ¡ Uno, dos !
En la punta llegó don Antero K'oñislla. Casi to-
da la plaza, de pared a pared se llenó de indios.
-¡Caaraya ! ¡ Tanto , tanto ! —gritaron los esco-
lares.
Los movilizables se alinearon bien, en orden mili-
tar, pero delante de ellos, los viejos se entroparon no
más, y tras de la línea, las mujeres se pararon mirando
el corredor.
Don Antero se quitó el sombrero y se acercó hasta
las gradas del corredor. Las autoridades también se
pusieron de pie.
40 -

-¡Ahí está común de Huanipaca taytakuna ! To-


do, todo, mujer, viejo, huahua. Dice maestrito va a
hablar de runa- yupay. Ahista tu natural, taytay, con
bandira....
-Señor maestro , tiene Ud. la palabra mandó el
Alcalde.
El maestro se quedó parado tras de la mesa, mi-
rando a todo el pueblo. Un rato , ordenó mentalmen-
te todo lo que había leído sobre el Censo y empezó :
-Señores autoridades del distrito , señores veci-
nos, señoras. Comunkuna ....
Tenía que hablar en dos idiomas. Los ojos de to-
dos los indios le miraban ; la mayoría eran sus amigos,
y él sentía que los huanipacas tenían confianza en lo
que iba a decir.
-Ustedes recuerdan que comenzamos nuestras
charlas sobre el Censo desde el mismo día en que supe
que el Supremo Gobierno había dado la Ley para le-
vantar el CENSO de POBLACION y OCUPACION de
nuestra patria. A la salida de la iglesia, los días do-
mingos, yo y el señor cura del pueblo, ya les hablamos
de lo que era el Censo y de los grandes bienes que iba
a hacer a todo el Perú. Este día, por disposición supe-
rior, tengo la satisfacción de dirigirme a todo el pue-
blo para explicarles detalladamente qué es el Censo y
cuál es su importancia para nuestro pueblo y para toda
nuestra patria.
Levantar un Censo quiere decir, contar a toda la
gente, a todos los habitantes de toda edad. En Huani-
paca, hace algunos años, cuando la Comunidad de este
pueblo pidió su reconocimiento en el Ministerio de Fo-
mento, tuvo que contar cuántos eran todas las gentes
que tenía la comunidad ; los varayok's contaron en un
solo día a todos los indios y sus familias que viven en
41

Huanipaca, en las haciendas, en las chacras y en las es-


tancias ; y después hicieron apuntar el resultado de es-
te recuento que hicieron los varayok's. Y ese fué tam-
bién un Censo. Pero en el Censo que ha ordenado aho-
ra el Gobierno se ha de apuntar además de la edad y
del sexo, la ocupación de cada gente, si es agricultor,
o comerciante, o herrero, carpintero, tejedor, es decir,
artesano ; si sabe leer o no ; si es mestizo, blanco o indio ;
si es sano o lisiado ; si sabe hablar quechua y castellano ,
o sólo uno de estos idiomas ; si es casado o soltero ; y se
apuntará también su pueblo de nacimiento.
¿Con qué objeto se van a apuntar estos detalles ?
Ahora les voy a explicar. Tomemos por ejemplo a
nuestro pueblo : Si con el Censo llegamos a saber que
en Huanipaca hay mil personas grandes entre hombres
y mujeres y de los mil sólo han declarado cien que sa-
ben leer y escribir, eso querrá decir que en nuestro pue-
blo hay mucho atraso ; y entonces el Gobierno man-
dará al pueblo más maestros y abrirá otra escuela pa-
ra que haya dos y así nuestros muchachos no llegarán
a grandes sin saber leer ni escribir como sus padres ;
pues el mismo Censo nos dirá cuántos chicos no asisten
a la escuela y por qué. Si de estas mil personas, 900
son agricultores, entonces el Gobierno sabrá que la ma-
yoría de este pueblo se dedica a la agricultura y bus-
cará la manera de ayudarnos en ese trabajo . Si de es-
tas mismas mil personas, 200 declaran que tienen koto,
entonces el Gobierno mandará averiguar, por qué en
nuestro pueblo hay tanta gente con esa enfermedad, y
buscará el remedio . Si con el Censo sabemos, por ejem-
plo, que en Huanipaca de 600 hombres grandes, 400
son solteros, entonces el Gobierno averiguará por qué
los hombres tienen miedo al matrimonio ; entonces lle-
gará a saber que la gente no se casa por temor a la po-
breza, y el Gobierno apoyará a los solteros en sus
trabajos.
Estos ejemplos los he dado tomando a nuestro
pueblo que es chiquito. Pero en todo el Perú, ¿ cuán-
tos pueblos habrá ? ¿Todos ustedes lo saben ? No
puedo explicarles detalladamente cuán grande es nues-
tra patria ; porque la mayoría de ustedes, señores veci-
nos, lo deben saber, y, además, si me extendiera en
ésto no me alcanzaría el tiempo. Pero les diré en
cálculo :
Todos ustedes han andado de Huanipaca hasta
Abancay, dos días de camino a bestia, 23 leguas ; bue-
no, para el lado por donde sale el Sol nuestra patria
será como cuarenta veces esta distancia ; por el lado por
donde el Sol se oculta, nuestra patria da hasta el mar,
unas veinte veces esa distancia ; y para el lado de arri-
ba, hacia donde sube la cordillera que pasa por el fren-
te de nuestro pueblo, será unas 90 veces la distancia
de Huanipaca a Abancay ; y para abajo para el lado
por donde aparece la cordillera unas 30 veces. Toda
esa tierra que un hombre en toda su vida quizá no aca-
baría de andar a pié o a bestia, es nuestra patria, nues-
tro PERU. En esta inmensa extensión de tierra , ha-
brá, así calculando, unos 20,000 pueblos del tamaño
de Huanipaca ; otros 10,000 , dos veces más grande
que nuestro pueblo ; 5,000 , cuatro veces más grande ;
3,000 , cinco veces más grande ; 1,000 , ocho veces más
grande ; unos 500 , veinte veces más grande.... y así
hasta la capital que es el pueblo más grande de todos y
donde está el Gobierno y que es unas 400 veces más
que Huanipaca En todos estos pueblos se va a levan-
tar el Censo como ya les he dicho .
El Gobierno que es el que recibe el aporte de to-
das las contribucionse y que está formado por hombres
43

que elige la gente de todos los pueblos de que he habla-


do, quiere trabajar por el progreso de todos los perua-
nos. Y una vez hecho el Censo tiene que ver por nues-
tro adelanto ; debe de preocuparse más por nuestro
mejoramiento . Pero si no sabe el número exacto de
la gente que hay en nuestra patria, ¿ cómo va a ayu-
darnos? Es lo mismo que si un hombre hubiera ido a
tierra extraña, dejando muchos hijos en su pueblo ; al
cabo de 20 años, este hombre que ya se ha hecho ri-
co, quiere ayudar a su familia ; entonces lo primero que
hará es averiguar cuántos de sus hijos se han casado ,
y cuántos de ellos ya tienen familia ; averiguará pues el
número de sus nietos y la edad de éstos ; cuántos son
varones y cuántas mujeres, si son enfermos o sanos, si
saben leer o no, y qué carrera , oficio o profesión quie-
ren tomar. Averiguará también por qué algunos de sus
hijos no se han casado , si no lo han hecho por ser li-
siados o sólo por temor a la pobreza . Y una vez que
sepa todas esas noticias, entonces, recién podrá distri-
buír su dinero y su ayuda entre todos sus hijos y nie-
tos, con juicio y justicia, viendo las necesidades de cada
uno . ¡ Igual va a ser con el Censo! El Gobierno es
también como el padre de toda la Nación, de todos los
habitantes de la Patria ; y así, para ayudar a los pue-
blos, primero necesita saber el número de sus habitan-
tes, y con todo detalle, ni más ni menos que ese hom-
bre que desde tierra extraña pregunta por el número de
sus familiares y por las necesidades de cada uno, para
repartir su fortuna.
Por eso, señores vecinos, pueblo de Huanipaca,
tenemos que ayudar al Gobierno en levantar el Censo ,
avisando cada, cual, sin mentir, honradamente, todo lo
que los encargados del Censo pregunten. Es para nues-
tro bien, y, para el bien de toda nuestra patria....
-44 -

Los vecinos, las mujeres y los indios escucharon el


discurso del maestro , callados, como cuando oían el
sermón de los domingos. Pero cada vecino , entendía
bien ; y algunos hasta querían pararse y aplaudir, pero
no se atrevían . Por eso cuando el maestro hizo un ra-
to de silencio, como si hubiera acabado ya, entonces to-
dos se pusieron de pie y palmotearon fuerte. Ya se
iban a levantar para abrazar y felicitar al maestro ; en-
tonces el maestro comenzó, de nuevo , con voz más alta :
-Cumunkuna, llak'tanchis runakuna....
Todos los comuneros del pueblo se revolvieron .
Y el maestro, con la cara alegre, empezó a explicar en
quechua. Su voz se oía hasta el extremo de la pla-
za, hasta la esquina del frente. En los ojos de todos
los indios brilló la alegría . Don Antero y el Norbertucha
cambiaron una mirada , como de esperanza.

Así se prendía la inquietud, como incendio del


ichu de las montañas, entre los indígenas de Huanipaca,
ante la aproximación del RUNA-YUPAY.
45

VOCABULARIO

Ankukichka.-Espino flexible.-Viene de anku o an-


ccu nervio y de kichka o quicheca espino.
Allk'o o allcco, como se dice en otras regiones , -Perro.
Ak'chi o acchi .-Gavilán.
Ayne -Préstamo de algo con la sola condición de reci-
procidad.
Bayeta.—Género de lana tejido por los mismos indios.
Chiwuillu . Pájaro negro de las quebradas, muy cantor.
Chukla o chucclla.-Choza , generalmente de paja. Chuk-
llería : reunión de chozas.
Chumpi.-Cinturón de lana.
Chullu.-Gorro de lana.
Huahua .-Niño de pechos.
Jampuyki tayta .— Heme aquí, señor.
Jatun llak'ta o llaccta.- Pueblo grande. De jatun -gran-
de y llak'ta -pueblo.
Kil'inchu o quillinchu . Cernícalo .
Kiswar.--Arbol de hojas que tienen dos colores. La flor
tiene aplicaciones medicinales para la verruga.
Kausay occausay.- Vivir. Se denomina con esta pala-
bra a todas las plantas alimenticias.
Karu-llak'ta 0 ccaru-llaceta. Pueblo lejano . De karu
-lejos y llak'ta -pueblo .
K'oto o ccoto . Se le llama al bocio.
K'opayso o ccopayso.- Arbusto que abunda en las que-
bradas.
Lambras.—Alisos, árboles comunes en la región,
Llakta. Pueblo.
Machu.-Viejo ,
- 46

Mak'tasu o macetasu. Aumentativo de mak'ta -mozo .


Es una palabra muy elogiosa.
Mak'tillo o macctillo.-Diminutivo de mak'ta : Muchacho .
Mak'tacha o macctacha.- Otro diminutivo de makta o
maccta. Mozalbete .
Molle.-Arbol de las quebradas .
Panka o pancca.-Las hojas que envuelven la mazorca
de maíz.
Quipe.-Atado que se lleva en la espalda .
Runa. Gente.
Runa Yupay .- Contar gentes.
Romasa. Yerba de color muy verde y de hojas anchas ;
abunda en las calles de algunos pueblos pequeños .
Sek'sis o seccsis.—Magüey muy pequeño que crece en los
barrancos.
Sirw-uiy. Indigenización de la palabra : Sirve.
Tinya. Pequeño tambor. Se toca principalmente en las
sierras y en las fiestas de carnaval.
Tayta . Palabra respetuosa, equivalente a la de señor.
Tantar kichka o quichcca.-Una variedad de espina ar-
bórea.
Ukumari o uccumari.-Oso nativo .
Varayok's o varayocc.-Autoridad india que lleva por in-
signia una vara.
Wakawak'ra o huaccahuaccra .- Corneta hecha de cuerno
de toro .
Wifala. Barle popular en que se enlazan hombres y mu-
jeres para ejecutarlo.
Werak'ocha o hueraccocha. -Título con que se distingue
a las personas principales o notables.
Yareta. Planta de los contrafuertes andinos, en forma
de hongos, resinosa. Produce buen fuego,
Yanaparé.-Ayudaré.
Para los Maestros
" Runa Yupay" fué obsequiado, de preferencia, a los maes-
tros que laboran en nuestro territorio, con la carta que pu
blicamos al pie :

COMISION CENTRAL DEL CENSO


Asesoría Técnica
LEY 8695

Lima, 20 de julio de 1939.


Maestro :
1
Como reconocimiento merecido a la colaboración del Magis-
terio en la difícil tarea de ambientar el Censo Nacional, la oficina
de mi cargo, con el título de RUNA YUPAY, ha editado la inte-
resante colaboración literaria de uno de nuestros auténticos es-
critores peruanistas : José María Arguedas.
El autor de RUNA YUPAY constatando el promisor entu-
siasmo de los maestros del Perú en la campaña censal de No-
viembre último, e interpretando con justeza las Sugerencias de la
Dirección del Censo, ha sabido relievar la personalidad del Maes-
tro Primario, afanosamente empeñado en hacer realidad la ac-
ción social de la Escuela.
El maestro de Huanipaca, que es el personaje central de RU-
NA YUPAY, estoy seguro, representa, en muchos aspectos, a los
miles de maestros, como usted, que con hondo sentido de patrio-
tismo silencioso y constructivo , están transformando la concien-
cia de la masa de la población, en particular de la indígena : po-
niéndola en contacto con la vida moderna.
Por eso, RUNA YUPAY, sin dejar de ser un elemento de
propaganda del Censo, es, en puridad de verdad, un homenaje al
esfuerzo abnegado y renovador del Maestro Peruano.
Junto con la presente recibirá usted, dos ejemplares de RU-
NA YUPAY : uno para usted y otro para que se sirva hacerlo cir-
cular entre sus colegas, alumnos y amigos. Si necesitase más
ejemplares , puede solicitarlos al SERVICIO DE PUBLICACIO-
NES Y PROPAGANDA DEL CENSO .
EL CENSO ES OBRA DE COOPERACION NACIONAL
A. Arca Parró

Director del Censo.


2

Se publicó este cuento de


José María Arguedas,
adaptándolo a las finali-
dades del Servicio de Pu-
blicaciones y Propaganda ,
en el "Taller de Linotipía"
Guadalupe 1032-1032A,
bajo los auspicios de la
Comisión Central del Cen-
so. Son 38,000 ejemplares .
Distribución gratuita .

Lima, Setiembre de 1939


UNIVERSITY OF MICHIGAN

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3 9015 0188 5813

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