"Alma
Del lat. anĭma.
1. f. Principio que da forma y organiza el dinamismo vegetativo, sensitivo e intelectual de la
vida."
Hace siglos, en el primer planeta, nuestra especie había alcanzado su límite. Los lugares más
recónditos de aquel planeta eran habitados por humanos, campos llenos de cultivos para
inmensas sociedades que se hacían más grandes con el tiempo. Las naciones de aquella
época se comenzaban a hacer más y más insostenibles. En su infinita desesperación para
jamás dejar de ir hacia adelante, los países más fuertes empezaron a desarrollar el artilugio
más importante de nuestra historia, el Change Core. Los estudios de la fuerza virtual, el secreto
de la consciencia de animales y humanos por igual, lo que nos diferenciaba más allá de lo
atómico de los objetos inertes.
Nuestro calendario comienza desde el primer humano que abandono su cuerpo de carne y
asumió la forma de una máquina. Carcazas de metal, sistemas programados para responder a
los impulsos eléctricos de la consciencia, este humano fue el inicio de la conquista. Mil veces
más sostenible, fuerte, numeroso, poco a poco los humanos fueron abandonando la carne por
un millar de razones.
Talvez era la capacidad de dejar el dolor atrás, talvez era por sus familias para conseguir
trabajos. Tal vez era por seguir vivo, una especie de inmortalidad limitada, tal vez era para ser
más, sentirse más. Razones malas o buenas, los seres humanos se transformaron lentamente
en máquinas, agregando nuevas pletoras de problemas morales a sus ya podridas sociedades.
Pero ni siquiera las guerras o conflictos más grandes detienen a los humanos, solo los
potencian. Pocos años después del primer humano máquina el viaje espacial se abrió ante
nosotros. Siglo tras siglo, la colonización de nuevos planetas y la extracción de sus recursos
nos hizo más numerosos, pero más egoístas.
En el siglo 7, se alcanzó el Eliseo. el cincuentaiavo cuerpo celeste que los humanos dominaron.
Inmensos campos verdes, fauna tan variada como la de nuestro planeta original, gravedad
ideal, mares de agua dulce. Las condiciones perfectas para la colonia minera más grande y
capital del imperio de la humanidad.
Pero lo más importante no era esto, sino lo que se ocultaba bajo la tierra. "Astromio" fue el
nombre que le dimos a uno de los tantos nuevos elementos que encontramos fuera de nuestro
planeta. Un mineral metálico con las capacidades más impresionantes que hemos encontrado
nunca. Flexible, duro, extremadamente resistente al calor… Incluso podía transformarse en
combustible, era como si estuviera vivo. Esto solo impulso nuestra colonización en cada
planeta del imperio.
El Astromio nos permitió mejorar nuestras máquinas, hacerlas más fuertes, eficientes, pero el
alma no podía aceptar estos materiales. Las primeras iteraciones de los humanos máquina
siguieron como había empezado el primero. Útiles, numerosas, fáciles de mantener y
virtualmente inmortales con el mantenimiento adecuado, pero incapaces de habitar un cuerpo
con Astromio.
Esto no detuvo el crecimiento. ⅖ de nuestra especie eran máquinas. Máquinas que pronto
serían mucho más con el inicio de la GUERRA. Cada país pidió una parte de Eliseo, todos en
busca de llenarse los bolsillos con el Astromio, los conflictos que se resolvían con palabras,
incluso si eran forzadas ahora se tornaron inútiles.
En cada planeta del imperio se desató la guerra la mitad de la humanidad se transformó en
máquinas peleando a la par de humanos en carne. Los estigmas sociales, las discusiones si
eran realmente humanos quedaron en la nada con la mayor catástrofe.
El núcleo de Eliseo fue golpeado durante la guerra. Lo que pensábamos que era el inicio de su
destrucción se convirtió en el despertar del Astromio. El mineral era realmente un ser vivo con
características de un objeto inerte, un metal vivo. En cuestión de días, aquel metal vivo se
convirtió en un parásito que corrompió cada rincón de nuestro imperio, infectando la fauna y
flora, incluso los minerales de otro planeta. Gracias a nosotros, este ser alienígena se apoderó
de todos los planetas, excepto del planeta más alejado de nuestro imperio, uno donde solo las
máquinas prevalecieron.
La corrupción mataba todo ser vivo, incluso las máquinas, pero a un ritmo mucho más lento.
Este último bastión de la humanidad peleó contra la corrupción hasta las últimas
consecuencias, logrando asegurar solamente una de las masivas minas en el planeta. La
sombra de nuestro imperio minero se apagó en cuestión de una semana, excepto en ese último
planeta.
Sellamos la mina con nosotros dentro de ella. Tan solo unos millones de máquinas que
peleaban a diario contra seres vivos corruptos tratando de esparcir la enfermedad.
Hace unos días, el infectado alfa del planeta destruyó la ciudad. Nos enterró aún más profundo
en la mina y nuestros números se cuentan en los cientos.
Necesitamos trabajar. Empujando para evitar a la oscuridad llegar. Sintiendo el peso de lo que
perdimos. En paz para construir nuestro futuro, fuertes, juntos, hasta caer.
Todos debemos levantar juntos y caer juntos.
A través de las posibilidades, hasta que estemos muertos, juntos.
La humanidad prevalecerá.