El contrato de franquicia se define como aquel en el cual una parte, denominada
franquiciante, otorga a otra, llamada franquiciado, el derecho a utilizar un sistema
probado, destinado a comercializar determinados bienes o servicios bajo el nombre
comercial, emblema o la marca del franquiciante, quien provee un conjunto de
conocimientos técnicos y la prestación continua de asistencia técnica o comercial,
contra una prestación directa o indirecta del franquiciado. El franquiciante debe ser
titular exclusivo del conjunto de los derechos intelectuales, marcas, patentes, nombres
comerciales, derechos de autor y demás comprendidos en el sistema bajo franquicia; o,
en su caso, tener derecho a su utilización y transmisión al franquiciado en los términos
del contrato. El Código Civil y Comercial regula este contrato en los artículos 1512 a
1524.
El artículo 1513 define diversos términos atinentes al contrato de franquicia:
Franquicia mayorista: es aquella en la cual el franquiciante otorga a un
franquiciado principal una zona o territorio exclusivo dentro del cual este último
tiene el derecho de otorgar subfranquicias, a otros franquiciados, que actúan por
cuenta propia bajo el sistema del franquiciante.
Franquicia de desarrollo: es aquella por la cual el franquiciante otorga a un
franquiciado el derecho a abrir un número determinado de negocios
franquiciados en una región específica dentro de un plazo pactado.
Sistema de negocios: es el conjunto de conocimientos prácticos y la experiencia
acumulada por el franquiciante, no patentado, que ha sido debidamente probado,
secreto, sustancial y transmisible.
Obligaciones del franquiciante:
Según el artículo 1514, el franquiciante debe:
Comunicar al franquiciado el know-how inherente al sistema franquiciado que
haya sido debidamente probado.
Prestar asistencia técnica y comercial al franquiciado durante la vigencia del
contrato.
Asegurar al franquiciado la provisión de los bienes y, en su caso, de repuestos e
insumos que correspondan a la franquicia, en cantidades adecuadas y a precios
razonables, según los usos y costumbres comerciales locales o internacionales.
Defender y proteger los derechos de propiedad intelectual relativos al sistema
franquiciado.
No tener participación accionaria de control directo o indirecto en el negocio
del franquiciado.
Obligaciones del franquiciado:
Según el artículo 1515, el franquiciado debe:
Desarrollar efectivamente el negocio comprendido en la franquicia, cumplir las
especificaciones del manual de operaciones y las que el franquiciante le
comunique en cumplimiento de su deber de asistencia técnica y comercial.
Asegurar el mantenimiento de la identidad y reputación de la franquicia.
Pagar al franquiciante las contraprestaciones comprometidas, entre las que
pueden pactarse: un canon inicial único al momento de la contratación; regalías
periódicas, en función de las ventas u otras variables; contribuciones para el
desarrollo del mercado o de las tecnologías vinculadas a la franquicia.
Cumplir con la cláusula de no competencia dentro del territorio o zona de
influencia asignados.
Guardar la confidencialidad de la información confidencial que le transmita el
franquiciante. Esta obligación subsiste después de la expiración del contrato.
Cumplir con las contraprestaciones comprometidas, entre las que pueden
pactarse contribuciones para el desarrollo del mercado o de las tecnologías
vinculadas a la franquicia.
Plazo del contrato:
El plazo del contrato de franquicia no puede ser inferior a cuatro años, excepto
en los casos de contratos vinculados a situaciones especiales como ferias o
congresos, actividades desarrolladas dentro de predios o emprendimientos que
tengan una duración inferior, o similares, debidamente justificados.
Al vencimiento del plazo, el contrato se renueva tácitamente por plazos
sucesivos de un año, excepto denuncia expresa de una de las partes notificada
con anticipación de por lo menos treinta días antes de su vencimiento.
Los contratos con un plazo menor de tres años justificado por razones especiales
según el artículo 1516, quedan extinguidos de pleno derecho al vencimiento
del plazo.
Cláusulas de exclusividad:
La exclusividad es una condición para ambas partes en la franquicia, aunque como
elemento natural y no esencial del contrato.
El franquiciante no puede autorizar otra franquicia en el territorio asignado al
franquiciado sin su consentimiento.
El franquiciado debe desempeñarse dentro del territorio concedido o zona de
influencia correspondiente y no puede operar fuera de los límites establecidos ni
comercializar directamente con terceros mercaderías o servicios comprendidos
en la franquicia fuera de estos límites.
Se considera abusiva cualquier cláusula que restrinja irrazonablemente la
exclusividad geográfica del franquiciado.
Cláusulas nulas:
Según el artículo 1519, son nulas las cláusulas que:
Prohíban al franquiciado cuestionar justificadamente los derechos de propiedad
intelectual del franquiciante.
Lo obliguen a adquirir o a contratar con el franquiciante o con terceros
designados por éste bienes o servicios que no responden a las calidades y
características contractuales. El franquiciante puede establecer especificaciones
técnicas razonables y exigir el cumplimiento de estándares de calidad.
Le impidan al franquiciado adquirir mercaderías comprendidas en la franquicia
de otros franquiciados dentro del país, siempre que éstos respondan a las
calidades y características contractuales.
Lo obliguen a vender al franquiciante la totalidad o una parte de las mercaderías
producidas u obtenidas con motivo de la franquicia.
Le impongan precios de venta al público u otras restricciones análogas, sin
perjuicio de la facultad del franquiciante de sugerir precios al público.
Le prohíban al franquiciado contratar personal según las leyes laborales
vigentes.
Le impidan al franquiciado interponer recursos administrativos o judiciales
contra los actos del franquiciante.
Extinción del contrato:
La extinción del contrato de franquicia se rige por las siguientes reglas (artículo 1522):
El contrato se extingue por la muerte o incapacidad de cualquiera de las partes.
El contrato no puede ser extinguido sin justa causa dentro del plazo de su
vigencia original, pactado entre las partes. Se aplican los artículos 1084 y
siguientes.
Los contratos con un plazo menor de tres años justificado por razones especiales
según el artículo 1516, quedan extinguidos de pleno derecho al vencimiento del
plazo.
Cualquiera sea el plazo pactado, el contrato puede ser extinguido de pleno
derecho por justa causa.
Un contrato de franquicia por tiempo indeterminado puede ser rescindido por
cualquiera de las partes, previa notificación al otro con una anticipación no
menor de un mes por cada año de duración del contrato, hasta un máximo de seis
meses.
Derecho de la competencia:
El contrato de franquicia, por sí mismo, no debe ser considerado un pacto que limite,
restrinja o distorsione la competencia (artículo 1523).
Casos comprendidos:
Las disposiciones que regulan el contrato de franquicia se aplican, en cuanto sean
compatibles, a las franquicias industriales y a las relaciones entre franquiciante y
franquiciado principal y entre éste y cada uno de sus subfranquiciados (artículo
1524). La restricción de no ceder la posición contractual por parte del franquiciado no
se aplica en los contratos de franquicia mayorista destinados a que el franquiciado
otorgue a su vez subfranquicias, para esos efectos, debiendo contar con la autorización
previa del franquiciante.
El contrato de fideicomiso se define legalmente como aquel por el cual una parte,
llamada fiduciante, transmite o se compromete a transmitir la propiedad de bienes a
otra persona denominada fiduciario, quien se obliga a ejercerla en beneficio de otra
llamada beneficiario, que se designa en el contrato, y a transmitirla al cumplimiento de
un plazo o condición al fideicomisario. El Código Civil y Comercial regula este
contrato en los artículos 1666 y siguientes. En esencia, es un negocio de confianza
donde el fiduciante confía en el fiduciario para administrar bienes en beneficio de un
tercero (beneficiario) y luego transferirlos a un destinatario final (fideicomisario).
El contenido del contrato de fideicomiso debe incluir necesariamente:
La individualización de los bienes objeto del contrato. Si no es posible al
momento de la celebración, debe constar la descripción de los requisitos y
características que deben reunir. Estos bienes deben ser individualizados para
poder determinar exactamente el patrimonio fiduciario y mantenerlo separado.
Pueden ser objeto del fideicomiso todos los bienes que se encuentran en el
comercio, incluso universalidades, pero no las herencias futuras.
La determinación del modo en que otros bienes pueden ser incorporados al
fideicomiso, en su caso. Por ejemplo, los frutos naturales o civiles que
produzcan los bienes fideicomitidos.
El plazo o condición a que se sujeta la propiedad fiduciaria. La estipulación del
plazo o de la condición es esencial.
La identificación del beneficiario, o la manera de determinarlo conforme con
el artículo 1671.
El destino de los bienes a la finalización del fideicomiso, con indicación del
fideicomisario a quien deben transmitirse o la manera de determinarlo conforme
con el artículo 1672.
Los derechos y obligaciones del fiduciario y el modo de sustituirlo, si cesa.
Si el contrato nada dijera sobre tales derechos y obligaciones y sobre el modo de
sustitución, no se afecta la validez del contrato, puesto que ellos están ya
dispuestos en la ley (arts. 1674 a 1679).
El plazo máximo de duración del fideicomiso es de treinta años desde la celebración
del contrato, a menos que el beneficiario sea un incapaz o de capacidad restringida, en
cuyo caso puede durar hasta su muerte o hasta el cese de su incapacidad. Si el plazo
fijado es superior a treinta años, se tendrá por concluido a los treinta años.
La propiedad fiduciaria puede estar sujeta a una condición resolutoria, cuyo
cumplimiento determinará la extinción del fideicomiso y la transmisión de los bienes al
fideicomisario. Si la extinción del fideicomiso está sometida al cumplimiento de cierta
condición, deberá tenerse por cumplida cuando se cumplan los treinta años desde la
constitución del fideicomiso, excepto que antes de ese tiempo, se determine
indudablemente que el acontecimiento no sucederá.
En cuanto a la forma, si bien el Código no exige una forma específica con carácter
general, la solemnidad tiene carácter relativo. Sin embargo, para bienes registrables, es
necesaria la inscripción en los registros correspondientes para que el carácter fiduciario
de la propiedad tenga efectos frente a terceros.
El objeto del fideicomiso pueden ser todos los bienes que se encuentran en el
comercio, incluso universalidades, pero no pueden serlo las herencias futuras. Los
bienes fideicomitidos deben estar individualizados en el contrato o deben describirse
los requisitos y características para su incorporación. Esto es crucial para mantener el
patrimonio fiduciario separado.
El beneficiario es la persona en cuyo beneficio se ejerce la administración de los bienes
fideicomitidos. Puede ser una persona humana o jurídica, que puede existir o no al
tiempo del otorgamiento del contrato; en este último caso, deben constar los datos que
permitan su individualización futura. Pueden ser beneficiarios el fiduciante, el fiduciario
o el fideicomisario. El derecho del beneficiario puede transmitirse por actos entre vivos
o por causa de muerte, excepto disposición en contrario del fiduciante.
El fideicomisario es la persona a quien se transmite la propiedad de los bienes o de los
activos al concluir el fideicomiso, siendo el destinatario final de ellos. Puede ser el
fiduciante, el beneficiario o una persona distinta de ellos. No puede ser fideicomisario el
fiduciario. Si ningún fideicomisario acepta, todos renuncian o no llegan a existir, el
fideicomisario es el fiduciante.
El fiduciario es la persona a quien se transmiten los bienes y que está obligado a
administrarlos con la prudencia y diligencia propias del buen hombre de negocios,
actuando sobre la base de la confianza depositada en él. Puede ser cualquier persona
humana o jurídica. Sin embargo, sólo pueden ofrecerse al público para actuar como
fiduciarios las entidades financieras autorizadas o las personas jurídicas que autorice el
organismo de control de los mercados de valores. El fiduciario tiene facultades
inherentes a la finalidad del fideicomiso, relativas al dominio y administración. Está
obligado a contratar un seguro contra la responsabilidad civil que cubra los daños
causados por las cosas objeto del fideicomiso.
El fiduciario tiene el deber de rendir cuentas de todas las gestiones realizadas y debe
mantener informados a los interesados sobre el movimiento operativo de su
administración, con una periodicidad no mayor a un año, incluso si no se prevé en el
contrato. La rendición de cuentas puede ser solicitada por el beneficiario, por el
fiduciante o por el fideicomisario. Cualquier estipulación que releve al fiduciario de este
deber es ineficaz.
El cese del fiduciario puede ocurrir por las siguientes causales:
Remoción judicial a instancias del fiduciante, del beneficiario o del
fideicomisario, por incumplimiento de sus obligaciones o imposibilidad para el
desempeño de su función.
Incapacidad, inhabilitación o capacidad restringida judicialmente declaradas, y
muerte de la persona humana.
Disolución de la persona jurídica, excepto por fusión o absorción.
Quiebra o liquidación.
Renuncia, sólo si está previsto en el contrato, por causa grave o imposibilidad de
desempeño, con efecto después de la transferencia del patrimonio al fiduciario
sustituto.
En caso de cese, se designa un nuevo fiduciario según lo previsto en el contrato o por el
juez. Los bienes fideicomitidos deben ser transmitidos al nuevo fiduciario.
El fideicomiso en garantía se constituye para asegurar el cumplimiento de una
obligación. El fiduciante (deudor) transmite al fiduciario la propiedad de un bien en
respaldo de una deuda que tiene con el beneficiario (acreedor). En caso de mora, el
fiduciario puede aplicar las sumas de dinero que ingresen al patrimonio al pago de los
créditos garantizados o disponer de otros bienes según lo dispuesto en el contrato,
procurando obtener el mayor valor posible de los bienes. El fideicomiso de garantía
ofrece al acreedor la ventaja de que el bien fideicomitido queda a salvo del concurso o
quiebra del fiduciante deudor.
Sobre los bienes fideicomitidos se constituye una propiedad fiduciaria, regida por las
disposiciones del Capítulo correspondiente del Código Civil y Comercial y por las que
correspondan a la naturaleza de los bienes. Es un dominio imperfecto que dura
solamente hasta la extinción del fideicomiso, para entregar la cosa a quien corresponda.
El carácter fiduciario de la propiedad tiene efectos frente a terceros desde el momento
en que se cumplen los requisitos exigidos según la naturaleza de los bienes respectivos
(por ejemplo, inscripción registral para bienes registrables).
La registración es fundamental para la oponibilidad frente a terceros cuando se trata de
bienes registrables. Los registros correspondientes deben tomar razón de la calidad
fiduciaria de la propiedad a nombre del fiduciario. La extinción del dominio fiduciario
no tiene efecto retroactivo respecto de los actos realizados por el fiduciario, excepto que
no se ajusten a los fines del fideicomiso y a las disposiciones contractuales, y que el
tercer adquirente carezca de buena fe y título oneroso.
Los bienes fideicomitidos constituyen un patrimonio separado del patrimonio del
fiduciante, del fiduciario, del beneficiario y del fideicomisario. Los bienes del fiduciario
no responden por las obligaciones contraídas en la ejecución del fideicomiso, las que
sólo son satisfechas con los bienes fideicomitidos. Tampoco responden por esas
obligaciones el fiduciante, el beneficiario ni el fideicomisario, excepto compromiso
expreso de éstos.
Los bienes fideicomitidos quedan exentos de la acción singular o colectiva de los
acreedores del fiduciario. Tampoco pueden agredir los bienes fideicomitidos los
acreedores del fiduciante, quedando a salvo las acciones por fraude y de ineficacia
concursal. Los acreedores del beneficiario y del fideicomisario pueden subrogarse en los
derechos de su deudor.
Las deudas contraídas en la ejecución del fideicomiso sólo son satisfechas con los
bienes fideicomitidos. Si los bienes resultan insuficientes, y las deudas no pueden
solventarse con otros recursos provistos por el fiduciante o el beneficiario según
previsiones contractuales, corresponde la liquidación del patrimonio fideicomitido. El
procedimiento liquidatorio está a cargo del juez competente, quien debe estructurarlo
sobre la base de las normas concursales, en lo que sea pertinente.
El fiduciario es naturalmente titular de todas las facultades inherentes a la finalidad del
fideicomiso, en particular las relativas al dominio y administración. Así, puede realizar
actos de disposición y gravar los bienes, siempre con miras y para lograr el fin del
contrato y ajustándose a las disposiciones contractuales. Sin embargo, si se nombran
varios fiduciarios, los actos de disposición deben ser otorgados por todos
conjuntamente, excepto pacto en contrario.
El fideicomiso financiero es una modalidad específica del contrato de fideicomiso,
definida en el artículo 1690 del Código Civil y Comercial como aquel contrato de
fideicomiso sujeto a las reglas generales de este contrato, en el cual el fiduciario es una
entidad financiera o una sociedad especialmente autorizada por el organismo de
contralor de los mercados de valores para actuar como fiduciario financiero, y los
beneficiarios son los titulares de los títulos valores garantizados con los bienes
transmitidos.
El fideicomiso financiero se estructura para desarrollar fondos de inversión mediante
la oferta de títulos en el mercado de valores, permitiendo la titulización o
securitización, que es la conversión de activos financieros en títulos valores
negociables. En general, las bolsas y mercados son ámbitos donde concurren oferta
y demanda de diversos activos, incluyendo títulos valores.
Los títulos valores referidos en el artículo 1690 pueden ofrecerse al público en los
términos de la normativa sobre oferta pública de títulos valores. En este caso, el
organismo de contralor de los mercados de valores es la autoridad de aplicación
respecto de los fideicomisos financieros, y puede dictar normas reglamentarias,
incluyendo los requisitos para actuar como fiduciario. La estructura del fideicomiso
financiero busca crear condiciones para la securitización o titulización, transformando
una masa de activos o créditos en títulos valores para ser colocados entre el público.
Además de las exigencias de contenido generales previstas para el contrato de
fideicomiso en el artículo 1667, el contrato de fideicomiso financiero debe contener:
Los términos y condiciones de emisión de los títulos valores.
Las reglas para la adopción de decisiones por parte de los beneficiarios,
incluyendo las previsiones para el caso de insuficiencia o insolvencia del
patrimonio fideicomitido.
La denominación o identificación particular del fideicomiso financiero.
En el fideicomiso financiero se emiten principalmente certificados de participación y
títulos de deuda.
Los certificados de participación son emitidos por el fiduciario. Se refieren a
certificados de participación en el interés del beneficiario del fideicomiso, no en
la propiedad fiduciaria.
Los títulos representativos de deuda garantizados por los bienes
fideicomitidos pueden ser emitidos por el fiduciario o por terceros. Cuando son
emitidos por un tercero, se configura un fideicomiso de garantía.
La emisión y caracteres de estos títulos se rigen por el artículo 1693. Pueden ser al
portador, nominativos endosables o no endosables, cartulares o escriturales, según la
legislación pertinente. Los certificados deben emitirse sobre la base de un prospecto
que contenga las condiciones de emisión, la identificación del fideicomiso y la
descripción de los derechos que confieren.
Pueden emitirse certificados globales de los certificados de participación y de los
títulos de deuda para su inscripción en regímenes de depósito colectivo, considerándose
definitivos, negociables y divisibles.
Pueden emitirse diversas clases de certificados de participación o títulos representativos
de deuda, con derechos diferentes, y dentro de cada clase se deben otorgar los mismos
derechos. La emisión puede dividirse en series. Los títulos representativos de deuda dan
a sus titulares el derecho a reclamar por vía ejecutiva.
En los fideicomisos financieros con oferta pública, las decisiones colectivas de los
beneficiarios se adoptan por asamblea, a la que se aplican las reglas de convocatoria,
quórum, funcionamiento y mayorías de las sociedades anónimas, excepto en caso de
insuficiencia del patrimonio fideicomitido o reestructuración de pagos a los
beneficiarios. En este último caso, se aplican las reglas de las asambleas extraordinarias
de sociedades anónimas, requiriéndose el voto favorable de tres cuartas partes de los
títulos emitidos y en circulación para que la decisión sea válida.
En caso de existir títulos representativos de deuda y certificados de participación en un
mismo fideicomiso financiero, el cómputo del quórum y las mayorías se realiza sobre el
valor nominal conjunto de los títulos valores en circulación. Sin embargo, para
decisiones vinculadas a la insuficiencia del patrimonio o reestructuración de pagos, se
requiere el voto favorable de tres cuartas partes de los títulos representativos de deuda
emitidos y en circulación, excluidos los subordinados, salvo disposición contraria en el
contrato. En caso de insuficiencia patrimonial, el fiduciario debe convocar a una
asamblea de tenedores de títulos de deuda para resolver sobre la administración y
liquidación del patrimonio.
Producida la extinción del fideicomiso, el fiduciario está obligado a entregar los bienes
fideicomitidos al fideicomisario o a sus sucesores, otorgar los instrumentos y contribuir
a las inscripciones registrales correspondientes. Las causales generales de extinción del
fideicomiso no se detallan específicamente en la sección de fideicomiso financiero, pero
se encuentran en la sección general del contrato de fideicomiso.
El fideicomiso testamentario es aquel que se constituye por testamento, el cual debe
contener al menos las enunciaciones requeridas por el artículo 1667 para el contrato de
fideicomiso. Se aplican las normas del Capítulo de Fideicomiso, las referidas al contrato
entendiéndose relativas al testamento, así como los artículos 2448 y 2493. A diferencia
del fideicomiso contractual, su fuente es un acto unilateral y mortis causa.
El dominio fiduciario es el que se adquiere con razón de un fideicomiso constituido por
contrato o por testamento, y está sometido a durar solamente hasta la extinción del
fideicomiso, con el fin de entregar la cosa a quien corresponda según el contrato, el
testamento o la ley. Es un dominio imperfecto. Son aplicables al dominio fiduciario las
normas que rigen los derechos reales en general y, en particular, el dominio. El
fiduciario cuenta con las facultades del dueño perfecto, pero los actos jurídicos que
realiza deben ajustarse al fin del fideicomiso y a las disposiciones contractuales.
Contrato de Tarjeta de Crédito
El sistema de tarjeta de crédito en Argentina está regulado principalmente por la Ley
25.065 de Tarjetas de Crédito. Este sistema se define como un conjunto complejo y
sistematizado de contratos individuales cuya finalidad es posibilitar al usuario
efectuar operaciones de compra o locación de bienes o servicios, obtener préstamos
y anticipos de dinero, y diferir el pago de las obligaciones resultantes.
El Sistema de Tarjeta de Crédito y los Contratos Conexados:
El sistema de tarjeta de crédito no constituye un único contrato, sino un fenómeno de
conexidad contractual, es decir, una serie de negocios jurídicos coordinados hacia un
objetivo común. Se advierte un negocio único y una finalidad económico-social
compartida, pero con pluralidad de relaciones contractuales. Los principales contratos
conexados al sistema son:
Contrato de emisión entre la empresa emisora y el titular de la tarjeta: Este
contrato principal habilita al titular a usar la tarjeta. La Ley 25.065 exige forma
escrita para su validez, con requisitos adicionales de carácter solemne. El
contrato se perfecciona al suscribirse el instrumento respectivo y recibir el
titular las tarjetas emitidas.
Contrato entre la empresa emisora y los comercios adheridos: Este contrato
permite que los comercios acepten la tarjeta como medio de pago. Los
proveedores asumen el compromiso de aceptar las operaciones que los clientes
proponen concertar.
Contrato de compraventa (o locación de servicios u obra) entre el comercio
adherido y el titular de la tarjeta: Este es el contrato de consumo donde la
tarjeta de crédito se utiliza como medio de pago. La eficacia de este contrato, si
está conexo con una operación de financiamiento a cargo de un tercero (la
emisora), puede estar supeditada a la efectiva obtención del crédito. En caso
de no otorgamiento del crédito, la operación principal puede ser resuelta sin
costo alguno para el consumidor.
Contrato entre la empresa emisora y alguna entidad financiera o bancaria
que la respalde: Este contrato puede existir para respaldar financieramente las
operaciones de la emisora.
Contrato entre la administradora del sistema de tarjeta de crédito y el
banco emisor: En el caso de tarjetas bancarias, puede haber un contrato por el
cual la administradora delega en la entidad financiera la comercialización del
negocio.
Relación jurídica con usuarios adicionales: El titular puede habilitar a terceros
a usar extensiones de su tarjeta.
Contrato con el banco pagador: El banco pagador se encarga de la liquidación
y percepción de las ventas efectuadas con tarjetas a favor del proveedor.
Contratos con empresas de verificación electrónica: Para la validación de
pagos electrónicos.
La Ley 25.065 define el sistema de tarjeta de crédito como un "conjunto complejo y
sistematizado de contratos individuales". Esta conexidad contractual implica que los
distintos contratos están coordinados hacia un objetivo común. La finalidad económica
común habilita a uno de los contratantes a oponer la excepción de incumplimiento
contractual, aun frente a la inejecución de obligaciones ajenas a su contrato. Incluso, se
podrá requerir la extinción del contrato celebrado si la extinción de otro de los
contratos conexos produce la frustración de la finalidad económica común (art.
1075 del Código Civil y Comercial, aunque citado en referencia a la ley especial).
Principales Efectos del Sistema de Tarjeta de Crédito:
Los principales efectos se derivan de las obligaciones de cada una de las partes
involucradas:
Obligaciones del Emisor con el Titular:
o Otorgar la tarjeta de crédito y habilitarla para su uso.
o Pagar al proveedor el importe de la operación realizada por el titular, con
deducción de la comisión estipulada.
o Remitir periódicamente un resumen de cuenta al titular, detallando las
operaciones realizadas y el saldo deudor.
o Arbitrar los medios para la recepción telefónica de denuncias por
pérdida o sustracción durante las veinticuatro horas.
o Informar claramente el costo mensual de los paquetes que incluyan la
tarjeta y otros servicios financieros.
o Abstenerse de informar a bases de datos de antecedentes financieros
sobre los titulares ante la mora o refinanciación, excepto a través del
BCRA.
Obligaciones del Emisor con el Proveedor:
o Pagar al proveedor el importe de las ventas realizadas con la tarjeta,
descontando las comisiones acordadas.
Obligaciones del Titular:
o Utilizar la tarjeta de crédito dentro de los límites y condiciones
establecidos.
o Abonar al emisor las sumas correspondientes a las operaciones
realizadas, incluyendo el saldo deudor y los cargos aplicables, dentro del
término fijado.
o Impugnar el resumen de cuenta en caso de errores o disconformidades,
dentro del plazo legal (generalmente treinta días desde la recepción).
Durante el procedimiento de impugnación, tiene derecho a seguir usando
la tarjeta, pero debe abonar el pago mínimo por los rubros no
cuestionados. El pago del mínimo no implica la aceptación del resumen.
Obligaciones del Proveedor:
o Aceptar la tarjeta de crédito como medio de pago, dentro de los términos
del contrato con el emisor.
o Controlar la identidad del portador de la tarjeta.
o Abonar las comisiones pactadas al emisor.
Régimen Legal Específico y Otros Efectos Relevantes (Ley 25.065 y CCyC):
Forma del Contrato de Emisión: Debe instrumentarse por escrito, siendo este
un requisito de validez con recaudos adicionales de carácter solemne. El cliente
tiene derecho a obtener una copia del contrato.
Contenido Mínimo: El contrato debe especificar claramente los intereses,
gastos, comisiones y otros cargos.
Impugnación del Resumen de Cuenta: La ley establece un procedimiento para
que el titular cuestione el resumen. El silencio del titular ante el resumen de
cuenta dentro del plazo legal puede generar consecuencias legales.
Cobro del Saldo Deudor Impago: La ley prevé un procedimiento para que el
emisor prepare la vía ejecutiva para el cobro del saldo deudor, mediante la
citación del deudor a reconocer judicialmente el contrato de emisión y el
resumen de cuenta. La jurisprudencia había cuestionado la ejecutividad directa
del resumen de cuenta.
Responsabilidad por Utilización Fraudulenta: La ley menciona la necesidad
de incluir en el contrato la descripción del procedimiento y responsabilidades en
caso de pérdida o sustracción. Sin embargo, la atribución de responsabilidad por
cargos fraudulentos no está resuelta de manera explícita. En casos de
falsificación de tarjetas, se considera un caso fortuito ajeno al riesgo del usuario,
que debe ser absorbido por el emisor.
Cláusulas Abusivas: La ley declara la nulidad de ciertas cláusulas, como las
que imponen costos por informar la no validez de la tarjeta por pérdida o
sustracción, o las que autorizan al emisor a modificar unilateralmente las
condiciones del contrato. También se consideran abusivas las cláusulas que
implican renuncia del titular a los derechos de la ley o las adicionales no
autorizadas.
Extinción del Contrato de Emisión: Concluye regularmente por el
vencimiento del plazo pactado, permitiéndose la prórroga automática con
notificación para rescisión.
Protección del Consumidor: El régimen de los contratos de consumo (Ley
24.240 y Título III del Libro Tercero del CCyC) también es de aplicación a las
relaciones entre el emisor y el titular, en tanto este último reviste la calidad de
consumidor. Esto implica la aplicación de principios como la protección al
consumidor, el deber de información, y la prohibición de cláusulas abusivas.
En las operaciones de crédito al consumo, el artículo 36 de la LDC establece
requisitos específicos que deben constar en el contrato, bajo pena de nulidad.
En el ámbito del sistema de tarjeta de crédito, también se puede observar la figura de la
asunción de deuda, donde la entidad emisora asume la deuda del usuario frente al
proveedor, sin que haya novación.
Es importante destacar que la interpretación y aplicación de estas normas pueden
generar controversias judiciales, como las relacionadas con la vía procesal para el cobro
de saldos deudores y la responsabilidad por fraudes.
Contratos de Consumo
Los contratos de consumo se definen como aquellos celebrados entre un consumidor
o usuario final y una persona humana o jurídica que actúe profesional u
ocasionalmente o con una empresa productora de bienes o prestadora de servicios,
pública o privada, que tengan por objeto la adquisición, uso o goce de bienes o
servicios por parte de los consumidores o usuarios, para su uso privado, familiar o
social. Este tipo de contrato se distingue por la calidad de las partes involucradas: un
consumidor y un proveedor. El contrato de consumo no es un tipo contractual especial,
sino una categoría general que atraviesa transversalmente diversas figuras
contractuales, como la compraventa o la locación, siempre que se verifiquen los
requisitos de consumidor y proveedor. Su finalidad principal es responder a la situación
de particular debilidad de los consumidores o usuarios en sus vínculos con los
proveedores, buscando asegurar una equilibrada composición de intereses.
La relación de consumo es un concepto más amplio que el de contrato de consumo. Se
define como el vínculo jurídico entre un proveedor y un consumidor. A diferencia
del contrato de consumo, que se centra en el acto jurídico bilateral, la relación de
consumo abarca todas las circunstancias que rodean la actividad encaminada a
satisfacer la demanda de bienes y servicios para destino final de los consumidores.
Incluye no solo la fase contractual, sino también las etapas precontractual y
postcontractual, e incluso situaciones suscitadas fuera del contrato que sean antecedente
o consecuencia de la actividad de los proveedores. La relación de consumo puede existir
incluso sin un contrato de consumo formal.
Se considera consumidor a la persona humana o jurídica que adquiere o utiliza, en
forma gratuita u onerosa, bienes o servicios como destinatario final, en beneficio
propio o de su grupo familiar o social. También se ve equiparada al consumidor
quien, sin ser parte directa de una relación de consumo, como consecuencia o en
ocasión de ella, adquiere o utiliza bienes o servicios en las mismas condiciones. Se
distinguen categorías de consumidores, como el consumidor directo (quien genera el
vínculo con el proveedor) y el consumidor equiparado (miembros del grupo familiar o
social del consumidor directo que se benefician del bien o servicio). La ley también
extiende la protección a las personas expuestas a las prácticas comerciales, sean o no
consumidores directos. Existe debate sobre la inclusión del consumidor empresario
dentro de la tutela del derecho del consumidor, con posturas que lo excluyen y otras que
lo incluyen según la finalidad que le den a los productos y servicios adquiridos.
En cuanto a la interpretación y prelación normativa, las normas que regulan las
relaciones de consumo deben ser aplicadas e interpretadas conforme con el principio
de protección del consumidor y el de acceso al consumo sustentable. En caso de
duda sobre la interpretación del Código Civil y Comercial o de leyes especiales,
prevalece la más favorable al consumidor. Los contratos de consumo se interpretan
en el sentido más favorable para el consumidor, y cuando existen dudas sobre los
alcances de su obligación, se adopta la que sea menos gravosa. Este principio de
interpretación favorable rige tanto para la interpretación de las normas por los
magistrados como para la interpretación de los contratos de consumo. El derecho del
consumidor es un derecho protectorio que busca la protección del consumidor como
parte débil de la relación jurídica. Las diversas normas que regulan el derecho del
consumidor deben integrarse mediante el "diálogo de fuentes". La primera fuente y
guía para las interpretaciones es el artículo 42 de la Constitución Nacional, que
consagra el rol protectorio y los derechos esenciales de los consumidores. También se
deben considerar la Ley de Defensa del Consumidor, las regulaciones del Código Civil
y Comercial (artículos 1092 a 1122), leyes de lealtad comercial, defensa de la
competencia, y regulaciones específicas de entes reguladores.
La formación del consentimiento en los contratos de consumo presenta
particularidades debido a la estructura de adhesión que suelen adoptar. Los términos
negociales son generalmente predispuestos por el proveedor, limitando la discusión
paritaria por parte del consumidor. La inexistencia de tratos previos es común, siendo
sustituida por prácticas comerciales, publicidad y ofertas al público. La oferta al
público dirigida a consumidores potenciales indeterminados obliga a quien la emite, lo
que constituye un cambio respecto a la teoría general que exige la determinabilidad del
destinatario. El proveedor también está obligado a incluir todas las modalidades,
condiciones y limitaciones de la oferta. La revocabilidad de la aceptación es un
derecho reconocido al consumidor en ciertas modalidades especiales de contratación,
como los contratos celebrados fuera del establecimiento comercial y a distancia.
La ley protege a los consumidores contra las prácticas abusivas, que son aquellas que
limitan la libertad de contratar del consumidor mediante coacción, intimidación o
violencia. Se prohíben prácticas como subordinar la provisión de productos o
servicios a la adquisición simultánea de otros. También se consideran abusivas las
condiciones no contractuales desproporcionadas impuestas al consumidor que quiere
ejercer sus derechos contractuales. La celebración de un contrato bajo condiciones de
prácticas abusivas puede dar lugar a su revisión.
El derecho al trato digno implica que en todo momento de la relación de consumo, el
consumidor no puede ver afectada su dignidad como persona. Los proveedores deben
garantizar condiciones de atención y trato digno y equitativo. Esto implica no ser
expuesto a situaciones vergonzantes, humillantes o vejatorias, como largas filas sin
comodidades o la obligación de iniciar acciones judiciales para obtener el cumplimiento
de prestaciones básicas.
El derecho al trato equitativo y no discriminatorio obliga a los proveedores a dar a
los consumidores un trato sin establecer diferencias basadas en pautas contrarias a la
garantía constitucional de igualdad, en especial la de la nacionalidad. Se prohíben
prácticas discriminatorias como la aplicación de precios, calidades técnicas o
modalidades comerciales especiales a consumidores extranjeros sin justificación.
Los contratos de consumo se encuentran regulados en el Código Civil y Comercial de
la Nación. El régimen de protección del consumidor constituye un subsistema
normativo dentro del derecho privado.
Deber de información
En la formación del contrato de consumo, existe un deber de información a cargo
del proveedor. Este deber implica que el proveedor debe suministrar al consumidor
información adecuada y veraz sobre los bienes y servicios ofrecidos. Este deber se
extiende a todo documento que el proveedor presente al consumidor durante la etapa de
negociaciones o en el documento que instrumenta el contrato concluido. La información
sobre la facultad de revocación debe incluirse en caracteres destacados y ubicarse
como disposición inmediatamente anterior a la firma del consumidor. Si el proveedor no
informa debidamente sobre el derecho de revocación, este derecho no se extingue. En la
contratación electrónica, el proveedor debe informar sobre la correcta utilización del
medio, los riesgos derivados de su empleo y la parte que los asume. En los contratos de
crédito al consumo y bancarios, se debe informar sobre los datos esenciales de la
operación financiera, bajo pena de nulidad.
Publicidad
La publicidad en los contratos de consumo está regulada de manera específica. Está
prohibida toda publicidad que contenga indicaciones falsas o que puedan inducir a
error al consumidor sobre elementos esenciales del producto o servicio, que efectúe
comparaciones engañosas, o que sea abusiva, discriminatoria o induzca a
comportamientos perjudiciales o peligrosos. Las precisiones formuladas en la
publicidad se tienen por incluidas en el contrato con el consumidor y obligan al
oferente. Esto significa que el contenido de la publicidad debe respetarse en el contrato,
incluyendo el precio y las cualidades anunciadas. El incumplimiento de esto se asimila
al incumplimiento de la oferta. Los consumidores afectados o quienes estén legalmente
legitimados pueden solicitar judicialmente el cese de la publicidad ilícita y la
publicación de anuncios rectificatorios o de la sentencia condenatoria, a cargo del
demandado. La publicidad ilícita puede dar lugar a la devolución de ganancias
obtenidas, el cumplimiento de lo anunciado, la reparación de perjuicios y el pago de
sanciones punitivas. El contenido de la publicidad comercial está resguardado por la
libertad de expresión, pero los medios de comunicación pueden rechazar publicidad que
pueda generar responsabilidad penal o civil o que no se adecue a su política. En el
ámbito de los contratos bancarios, la publicidad debe ser clara sobre las condiciones
económicas de los productos y servicios ofrecidos.
Contratos celebrados fuera del establecimiento comercial
Se consideran contratos celebrados fuera del establecimiento comercial aquellos que
resultan de una oferta o propuesta concluida en el domicilio o lugar de trabajo del
consumidor, en la vía pública, por correspondencia, o los que resultan de una
convocatoria al consumidor al establecimiento del proveedor o a otro sitio con un
objetivo total o parcialmente distinto al de la contratación, o si se trata de un premio u
obsequio. La característica principal es que no es el consumidor quien busca el bien o
servicio, sino a la inversa, lo que puede afectar la libertad de elección del consumidor al
no tener suficiente tiempo para reflexionar. En estos casos, la ley de defensa del
consumidor establece que el contrato debe ser hecho por escrito y con precisiones
exigidas. En estos contratos, el consumidor tiene el derecho irrenunciable de revocar la
aceptación dentro de los diez días computados a partir de la celebración del contrato o
de la recepción del bien, lo que ocurra después.
Contratos celebrados a distancia
Los contratos celebrados a distancia son aquellos concluidos entre un proveedor y un
consumidor con el uso exclusivo de medios de comunicación a distancia, sin la
presencia física simultánea de las partes. Se incluyen los medios postales, electrónicos,
telecomunicaciones, radio, televisión o prensa. Al igual que en los contratos celebrados
fuera del establecimiento comercial, el consumidor tiene el derecho irrenunciable de
revocar la aceptación dentro de los diez días computados a partir de la celebración del
contrato o de la recepción del bien, lo que ocurra después.
Contratos por medios electrónicos
Los contratos por medios electrónicos son una especie dentro de los contratos a
distancia, donde se utilizan medios electrónicos para la celebración. Siempre que la ley
exija que el contrato conste por escrito, este requisito se considera satisfecho si el
contrato con el consumidor contiene un soporte electrónico u otra tecnología similar. El
proveedor tiene un deber de informar sobre la correcta utilización del medio electrónico,
los riesgos y quién los asume. El proveedor oferente debe confirmar inmediatamente
por vía electrónica la recepción de la aceptación.
Lugar de cumplimiento
En los contratos celebrados fuera de los establecimientos comerciales, a distancia, y con
utilización de medios electrónicos o similares, se considera lugar de cumplimiento
aquel en el que el consumidor recibió o debió recibir la prestación. Este lugar fija la
jurisdicción aplicable a los conflictos derivados del contrato. La cláusula de prórroga
de jurisdicción se tiene por no escrita. Si la acción es entablada contra el consumidor, la
otra parte solo puede interponerla ante los jueces del Estado del domicilio del
consumidor. Los contratos de consumo se rigen por el derecho del Estado del domicilio
del consumidor bajo ciertas condiciones relacionadas con la oferta, publicidad,
recepción del pedido o inducción al desplazamiento al extranjero. En su defecto, se
rigen por el derecho del país del lugar de cumplimiento y, si este no se puede
determinar, por el lugar de celebración.
Revocación: forma y plazo
En los contratos celebrados fuera del establecimiento comercial y a distancia, el
consumidor tiene un derecho irrenunciable de revocar la aceptación dentro de los
diez días corridos. El plazo se computa desde la celebración del contrato o desde la
recepción del bien, lo que ocurra después. Si el plazo vence en día inhábil, se prorroga
hasta el primer día hábil siguiente. La revocación debe ser notificada al proveedor por
escrito o por medios electrónicos o similares, o mediante la devolución de la cosa
dentro del plazo de diez días. Existe una diferencia entre el Código Civil y Comercial y
la Ley de Defensa del Consumidor respecto a la forma de ejercer la revocación,
inclinándose la doctrina por la aplicación de la ley especial, que permite al consumidor
liberarse notificando al proveedor de su voluntad y poniendo la cosa a su disposición.
Efectos y excepciones del derecho de revocar
Si el derecho de revocar es ejercido en tiempo y forma por el consumidor, las partes
quedan liberadas de sus obligaciones correspectivas y deben restituirse recíproca y
simultáneamente las prestaciones que han cumplido. La situación se retrotrae al
momento anterior a la celebración del contrato. El consumidor no tiene derecho a
revocar en los siguientes contratos, excepto pacto en contrario:
Productos confeccionados conforme a las especificaciones del consumidor o
claramente personalizados o que, por su naturaleza, no pueden ser devueltos o se
deterioran rápidamente.
Suministro de grabaciones sonoras o de video, discos y programas informáticos
que han sido decodificados por el consumidor, así como ficheros informáticos
suministrados electrónicamente para descarga o reproducción inmediata para su
uso permanente.
Suministro de prensa diaria, publicaciones periódicas y revistas.
Cláusulas abusivas
Concepto
En los contratos de consumo, se consideran cláusulas abusivas aquellas que, por sí o
por su contenido, tienen por objeto o por efecto provocar un desequilibrio
significativo entre los derechos y las obligaciones de las partes, en perjuicio del
consumidor. Pueden ser declaradas abusivas incluso si son negociadas individualmente
o aprobadas expresamente por el consumidor. Se prohíben las prácticas abusivas que
limitan la libertad de contratar del consumidor mediante coacción, intimidación o
violencia.
Remisión, Control y límites
El Capítulo sobre cláusulas abusivas remite a lo dispuesto por las leyes especiales y a
los artículos 985 a 988 del Código Civil y Comercial, existan o no cláusulas generales
predispuestas. Las cláusulas abusivas se consideran no escritas. La facultad rescisoria
estipulada a favor del predisponente o proveedor en contratos por adhesión o de
consumo puede ser considerada abusiva.
Control judicial
Los consumidores afectados o quienes resulten legalmente legitimados pueden solicitar
judicialmente el control de las cláusulas abusivas. La aprobación administrativa del
contrato o de cualquiera de sus cláusulas no impide el control judicial. El juez
puede declarar la nulidad parcial del contrato, integrándolo si es necesario. Se
consideran abusivas, entre otras, las cláusulas de limitación o exoneración de
responsabilidad, las que restringen las defensas del consumidor y las que aplican
penalidades inequitativas.
La Ley Nº 24.240 de Defensa del Consumidor establece una serie de normas que son de
suma importancia en los contratos de compraventa donde una de las partes es un
consumidor o usuario final. Es fundamental comprender que esta ley tiene por objeto la
defensa de los consumidores o usuarios, quienes son considerados la parte más débil
en la relación contractual.
A continuación, se detallan las principales normas de la Ley Nº 24.240 relativas a la
compraventa, considerando su interacción con el Código Civil y Comercial de la Nación
(CCyC):
Definición de Consumidor: El artículo 1º de la Ley 24.240 (modificado por la
ley 26.994 y replicado en el artículo 1092 del CCyC) define al consumidor
como la persona humana o jurídica que adquiere o utiliza, en forma gratuita u
onerosa, bienes o servicios como destinatario final, en beneficio propio o de su
grupo familiar o social. Esta definición es crucial para determinar el ámbito de
aplicación de la ley a los contratos de compraventa. También se considera
equiparado al consumidor quien, sin ser parte directa de la relación de
consumo, adquiere o utiliza bienes o servicios como destinatario final. Es
importante notar que la figura del "consumidor expuesto", que contemplaba la
ley antes de la sanción del CCyC, fue eliminada, generando debates sobre la
protección de terceros afectados por relaciones de consumo. Sin embargo, el
artículo 1096 del CCyC extiende la aplicación de las normas sobre prácticas
abusivas, información y publicidad a todas las personas expuestas a las prácticas
comerciales.
Oferta al Público: El artículo 7º de la Ley 24.240 establece que la oferta
dirigida a consumidores potenciales indeterminados obliga a quien la emite
durante el tiempo en que se realice, debiendo contener la fecha precisa de
comienzo y finalización, así como sus modalidades, condiciones o limitaciones.
Esta disposición difiere de la teoría general del contrato, que exige la
determinabilidad de la persona a quien va dirigida la oferta.
Efectos de la Publicidad: El artículo 8º de la Ley 24.240 (sustituido por la ley
26.361 y ratificado por el artículo 1103 del CCyC) establece que las
precisiones formuladas en la publicidad se tienen por incluidas en el
contrato con el consumidor y obligan al oferente. Esto significa que las
características, cualidades y el precio anunciado en la publicidad deben
respetarse en el contrato de compraventa. El incumplimiento de esto se asimila
al incumplimiento de la oferta y otorga al consumidor el derecho a ejercer las
acciones correspondientes.
Deber de Información: Si bien el artículo específico de la Ley 24.240 sobre el
deber general de información es el artículo 4º (que exige información cierta,
clara y detallada), varias disposiciones de la ley, como las relativas a la
publicidad (art. 8º) y las modalidades especiales de contratación (arts. 32 y 33),
refuerzan la importancia de la información en la compraventa. El artículo 1100
del CCyC también establece un deber de información a cargo del proveedor. La
falta de información adecuada puede afectar la validez del consentimiento del
consumidor.
Garantías: La Ley 24.240 dedica una sección importante a las garantías en la
compraventa de bienes muebles no consumibles (arts. 11 a 18). El artículo 11
establece una garantía legal mínima de seis meses para bienes nuevos y tres
meses para bienes usados, que no puede ser renunciada ni disminuida. Esta
garantía cubre el buen funcionamiento de la cosa y su identidad con lo ofertado.
El artículo 13 establece la responsabilidad solidaria de todos los integrantes
de la cadena de producción y distribución en el cumplimiento de la garantía.
Ante un defecto, el consumidor tiene diversas opciones, como la reparación,
sustitución del bien, devolución del precio pagado o una quita en el precio
(artículo 17). Es importante destacar que el artículo 18 deja a salvo el derecho
del consumidor a optar por el régimen de vicios redhibitorios contemplado en
el CCyC. Para los servicios, el artículo 30 establece la garantía exigible. Los
bienes inmuebles se rigen por el sistema de vicios redhibitorios y las garantías
del contrato de obra del CCyC (arts. 1271 y 1272).
Modalidades Especiales de Contratación: La Ley 24.240 regula las ventas
domiciliarias, por correspondencia u otros sistemas de comunicación (art. 32
y 33). Estas modalidades se corresponden con los contratos celebrados fuera
del establecimiento comercial (artículo 1104 del CCyC) y los contratos a
distancia (artículo 1105 del CCyC). En estos casos, el consumidor tiene el
derecho irrenunciable de revocar la aceptación dentro de los diez días
corridos contados desde la celebración del contrato o desde la recepción del
bien, lo que ocurra después (artículo 34 de la Ley 24.240 y artículo 1110 del
CCyC). La revocación no implica costo alguno para el consumidor. Existe una
diferencia en la forma de ejercer la revocación entre la Ley 24.240 y el CCyC,
inclinándose la doctrina por la aplicación de la ley especial, que permite la
revocación notificando al proveedor y poniendo la cosa a su disposición.
Cláusulas Abusivas: El artículo 37 de la Ley 24.240 (y los artículos 988 y
1119 del CCyC) prohíbe las cláusulas abusivas en los contratos de consumo,
considerándolas nulas. Se consideran abusivas aquellas cláusulas que generan
un desequilibrio significativo entre los derechos y obligaciones de las partes en
perjuicio del consumidor. El control de cláusulas abusivas puede ser ejercido
judicialmente, incluso si fueron aprobadas administrativamente.
Responsabilidad por Daños: El artículo 40 de la Ley 24.240 establece la
responsabilidad solidaria (o concurrente) de toda la cadena de producción,
distribución y comercialización por los daños sufridos por el consumidor por los
vicios o riesgos del producto o servicio. Esta responsabilidad es objetiva y solo
se libera quien demuestre que la causa del daño le fue ajena. Es importante
destacar que la responsabilidad por incumplimiento contractual se rige por el
artículo 10 bis de la Ley 24.240, que otorga diversas opciones al consumidor
afectado, pero no se extiende la solidaridad de toda la cadena de
comercialización en este caso.
Daño Directo: El artículo 40 bis de la Ley 24.240 define el daño directo como
todo perjuicio o menoscabo al derecho del usuario o consumidor, susceptible de
apreciación pecuniaria, ocasionado de manera inmediata sobre sus bienes o
sobre su persona, como consecuencia de la acción u omisión del proveedor. Los
organismos de aplicación pueden fijar administrativamente indemnizaciones
para reparar los daños materiales sufridos por el consumidor en los bienes objeto
de la relación de consumo, bajo ciertos requisitos.
Procedimiento y Acciones: El artículo 53 de la Ley 24.240 establece el
derecho del consumidor al proceso más breve que establezca la legislación y el
beneficio de gratuidad en los procesos judiciales. Este beneficio se presume y
equivale al beneficio de litigar sin gastos.
Es crucial tener en cuenta que la Ley 24.240 es de orden público (artículo 65), por lo
que sus disposiciones son irrenunciables y cualquier pacto en contrario es nulo. En
caso de duda sobre la interpretación de la Ley 24.240 o del CCyC, prevalecerá la
más favorable al consumidor (artículo 3º de la Ley 24.240 y artículo 1094 del
CCyC).
En resumen, la Ley Nº 24.240 establece un marco de protección robusto para el
consumidor en los contratos de compraventa, abordando aspectos cruciales como la
información, la publicidad, las garantías, el derecho de revocación en ciertas
modalidades de contratación, la prohibición de cláusulas abusivas y la responsabilidad
por daños. Estas normas se integran y complementan con las disposiciones del Código
Civil y Comercial, siempre bajo el principio de protección del consumidor como eje
fundamental.