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Robespierre

Moral política de Robespierre

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Maximilen Robespierre Sobre los principios de la moral política 2

Maximilien Robespierre * debemos emplear para alcanzarlo: es una idea simple pero importante y que
me parece que todavía no ha sido muy definida.
SOBRE LOS PRINCIPIOS DE MORAL POLITICA 1 Por otra parte, ¿cómo podría realizarla un gobierno vil y corrompido?
que deben guiar a la Convención Nacional Un rey, un senado orgulloso, un César, un Cromwell, deben ante todo, in-
tentar cubrir sus proyectos con un velo religioso, transigir con todos los vi-
en la administración interna de la República
cios posibles, halagar a todos los partidos y aplastar el de las personas que
Discurso del 18 Pluvioso, año II (5 de febrero de 1794) quieren hacer el bien; oprimir y engañar al pueblo con el fin de realizar su
pérfida ambición.
Si no hubiéramos tenido otras tareas más importantes que realizar, si
aquí no se hubiese tratado de nada más que de los intereses de una facción o
¡Ciudadanos, representantes del pueblo! de una nueva aristocracia, quizás hubiéramos podido creer —como creen
Hace algún tiempo expusimos los principios de nuestra política exterior; algunos escritores más ignorantes que perversos., que el plan de la Revolu-
hoy desarrollaremos los principios de nuestra política interior. ción Francesa ya estaba trazado totalmente en los libros de Tácito y Maquia-
velo; y hubiéramos buscado los deberes de los representantes del pueblo en
Después de haber actuado durante tanto tiempo al azar, y casi llevados la historia de Augusto, de Tiberio o de Vespasiano, o bien en la de ciertos
por el movimiento de las acciones contrarias, los representantes del pueblo legisladores franceses. Puesto que —excepto determinados matices de perfi-
francés han mostrado finalmente un carácter y un gobierno. Un cambio re- dia o de crueldad— todos los tiranos se asemejan entre sí.
pentino en la suerte de la nación anunció a Europa la regeneración que se
había operado en la representación nacional. En cuanto a nosotros, hoy confiaremos al mundo entero vuestros secre-
tos, vuestra manera de conducir la política, a fin de que todos los amigos de
Pero, hasta el momento preciso en que os hablo, hay que reconocer que, la patria puedan sumarse a la voz de la razón y del interés público; a fin de
en circunstancias tan tempestuosas, hemos sido guiados por el amor al bien que la nación francesa y sus representantes sean respetados en todos los paí-
y por la intuición de las necesidades de la patria, y no por una reoría exacta o ses del mundo a los que puedan llegar sus principios; y a fin de que los intri-
por reglas precisas de conducta, que ni siquiera teníamos tiempo disponible gantes que siempre intentan reemplazar a otros intrigantes sean juzgados de
para trazar. acuerdo con reglas seguras y fáciles.
Es hora, pues, de determinar con exactitud los objetivos de la Revolución Es conveniente tomar precauciones con mucha antelación para poder
y el término al que queremos llegar. Es hora de que nos demos cuenta de los poner la suerte de la libertad en manos de la verdad -que es eterna- antes que
obstáculos que todavía nos alejan de esta meta y de los instrumentos que ponerla en las de los hombres -que pasan-; de manera que, si el gobierno
olvida los intereses del pueblo, o si cae en manos de hombres corrompidos,
según el curso natural de las cosas, la luz de los principios reconocidos pueda
*
Maximilien de Robespierre (1758-1794) Abogado y político francés Nació en Arras (Francia). Hijo iluminar sus traiciones, y toda nueva facción encuentre la muerte al sólo
de un abogado que abandonó a la familia para marcharse a América, quedó huérfano de madre a los
nueve años. Protegido por el obispo de su ciudad, pudo estudiar como becario en el colegio Luis el
pensamiento de su crimen.
Grande de París y en la Escuela de Leyes. Tras graduarse en derecho, regresó a Arras dándose a
¡Afortunado el pueblo que puede llegar hasta este punto, puesto que,
conocer en los círculos ilustrados. Acérrimo defensor de las teorías sociales de Jean-Jacques Rous-
seau. Fue diputado de los Estados Generales que se convocaron en mayo de 1789, poco antes de cualesquiera que sean los nuevos ultrajes que se le preparen, un orden de
que estallara la Revolución Francesa, y algún tiempo después sirvió en la Asamblea Nacional cosas en el que la razón pública es la garantía de la libertad, le da infinitos
Constituyente, donde destacó por su brillante oratoria. Presidente del club jacobino, adquirió popu- recursos!
laridad como defensor de las reformas democráticas. En agosto de 1792, fue elegido diputado de la
Convención Nacional por París. Miembro del grupo de La Montaña, en mayo de 1793 y con el ¿Hacia qué objetivo nos dirigimos? A1 pacífico goce de la libertad y de la
apoyo del pueblo de París consiguió que los girondinos fueran expulsados. En julio, ingresó en el
Comité de Salvación Pública y no tardó en hacerse con el control del gobierno ante la falta de opo-
igualdad; al reino de la justicia eterna cuyas leyes han sido escritas, no ya
sición. Secundado por el Comité, procedió a eliminar a todos aquéllos que consideraba enemigos sobre mármol o piedra, sino en el corazón de todos los hombres, incluso en
de la revolución, tanto extremistas como moderados, con el propósito de restablecer el orden y re- el del esclavo que las olvida y del tirano que las niega.
ducir el peligro de una invasión exterior. Esta política creó el llamado Reinado del Terror. El 27 de
julio de 1794 se le prohibió dirigirse a la Convención Nacional quedando bajo arresto, y el 28 de Queremos un orden de cosas en el que toda pasión baja y cruel sea enca-
julio pasó por la guillotina junto con sus más próximos colaboradores, Louis Saint-Just, Georges denada; en el que toda pasión bienhechora y generosa sea estimulada por las
Couthon y diecinueve de sus seguidores.
1
El título completo de este discurso del 18 lluvioso, año II (5 de febrero de 1794), presentado en la
leyes; en el que la ambición sea el deseo de merecer la gloria y de servir a la
sesión del 17 lluvioso, es: Sobre los principios de moral política que deben guiar a la Convención patria; en el que las distinciones no nazcan más que de la propia igualdad; en
Nacional en la administración interna de la República. el que el ciudadano sea sometido al magistrado, y el magistrado al pueblo, y
Maximilen Robespierre Sobre los principios de la moral política 3 Maximilen Robespierre Sobre los principios de la moral política 4

el pueblo a la justicia; en el que la patria asegure el bienestar a todos los in- Pero, para fundar y para consolidar la democracia entre nosotros, para
dividuos, y en el que todo individuo goce con orgullo de la prosperidad y de conseguir el pacifico reinado de las leyes constitucionales, es necesario llevar
la gloria de la patria; en el que todos los ánimos se engrandezcan con la con- a término la guerra de la libertad contra la tiranía, y atravesar con éxito las
tinua comunión de los sentimientos republicanos, y con la exigencia de me- tempestades de la Revolución. Tal es el objetivo del sistema revolucionario
recer la estima de un gran pueblo; en el que las artes sean el adorno de la que habéis regularizado. Todavía debéis regular vuestra conducta de acuerdo
libertad que las ennoblece, el comercio sea la fuente de la riqueza pública y con las circunstancias tempestuosas en que se encuentra la República; y el
no la de la opulencia monstruosa de algunas casas. plan de vuestra administración debe ser el resultado del espíritu revolucio-
En nuestro país queremos sustituir el egoísmo por la moral, el honor por nario combinado conjuntamente con los principios generales de la democra-
cia.
la honradez, las costumbres por los principios, las conveniencias por los de-
beres, la tiranía de la moda por el dominio de la razón, el desprecio de la Entonces, ¿cuál es el principio fundamental del gobierno democrático o
desgracia por el desprecio del vicio, la insolencia por el orgullo, la vanidad popular, es decir, la fuerza esencial que lo sostiene y lo mueve? Es la virtud.
por la grandeza de ánimo, el amor al dinero por el amor a la gloria, la buena Hablo de aquella virtud pública que tantos prodigios obró en Grecia y
sociedad por las buenas gentes, la intriga por el mérito, la presunción por la
Roma y que en la Francia republicana deberá producir otros mucho más
inteligencia, la apariencia por la verdad, el tedio del placer voluptuoso por el asombrosos, hablo de la virtud que es, en sustancia, el amor a la patria y a
encanto de la felicidad, la pequeñez de los “grandes” por la grandeza del sus leyes.
hombre; y un pueblo “amable”, frívolo y miserable por un pueblo magnáni-
mo, poderoso y feliz; es decir, todos los vicios y todas las ridiculeces de la Pero, dado que la esencia de la República, o sea de la democracia, es la
Monarquía por todas las virtudes y todos los milagros de la República. igualdad, se deduce de ello que el amor a la patria implica, necesariamente,
el amor a la igualdad.
En una palabra, queremos realizar los deseos de la naturaleza, cumplir
los destinos de la humanidad, mantener las promesas de la filosofía y liberar Además, este sublime sentimiento presupone la prioridad del interés
a la providencia del largo reinado del crimen y de la tiranía. público sobre todos los intereses particulares; de ahí resulta que el amor a la
patria presupone también -o produce- todas las virtudes. En efecto, ¿acaso
Que Francia, en otro tiempo ilustre en medio de países esclavos, eclip-
las virtudes son otra cosa que la fuerza de ánimo que hace posibles tales sa-
sando la gloria de todos los pueblos libres que jamás hayan existido, pueda crificios? ¿Acaso puede el esclavo de la avaricia o de la ambición sacrificar
convertirse en modelo de las naciones, en terror de los opresores, consuelo
sus ídolos a la patria?
de los oprimidos, adorno del universo; y que, sellando nuestra obra con san-
gre, podamos ver brillar la aurora de la felicidad universal... Esta es nuestra No sólo la virtud es el alma de la democracia, sino que ésta sólo puede
ambición: este es nuestro objetivo. existir en este tipo de gobierno. En efecto, en la Monarquía solamente conoz-
co a un individuo que pueda amar a la patria pero que, precisamente por
¿Qué tipo de gobierno puede realizar estos prodigios? Solamente el go-
ello, no tiene ninguna necesidad de la virtud: el monarca. La razón de ello se
bierno democrático, o sea republicano. Estas dos palabras son sinónimos a debe a que —entre todos los habitantes de sus Estados— el monarca es el
pesar de los equívocos del lenguaje común, puesto que la aristocracia no es único que tiene una patria. ¿Acaso no es él el soberano, por lo menos de
república, como no lo es la monarquía.
hecho? ¿Acaso no ocupa el lugar del pueblo? ¿Qué es la patria sino el país en
La democracia no es un Estado en el que el pueblo -constantemente re- que todo ciudadano es partícipe de la soberanía?
unido- regula por sí mismo los asuntos públicos; y todavía menos es un Es-
Como consecuencia del mismo principio, en los Estados aristocráticos, la
tado en el que cien mil facciones del pueblo, con medidas aisladas, precipita- patria sólo significa algo para las familias patricias que han usurpado la so-
das y contradictorias, deciden la suerte de la sociedad entera. Tal gobierno beranía. Únicamente en un régimen democrático el Estado es verdadera-
no ha existido nunca, ni podría existir sino fuera para conducir al pueblo
mente la patria de todos los individuos que lo componen y puede contar con
hacia el despotismo. tantos defensores interesados en su causa, como ciudadanos haya en su seno.
La democracia es un Estado en el que el pueblo soberano, guiado por le- Este es el origen de la superioridad de los pueblos libres sobre los demás. Si
yes que son el fruto de su obra, lleva a cabo por sí mismo todo lo que está en Atenas y Esparta triunfaron sobre los tiranos de Asia, y los suizos sobre los
sus manos, y por medio de sus delegados todo aquello que no puede hacer tiranos de España y de Austria fue debido a esta superioridad de pueblos li-
por sí mismo. bres.
Debéis, pues, buscar las reglas de vuestra conducta política en los prici- Pero los franceses son el primer pueblo del mundo que han instaurado la
pios del gobierno democrático. verdadera Democracia, concediendo a todas las personas la igualdad y la
plenitud de los derechos del ciudadano. Esta es, en mi opinión, la verdadera
Maximilen Robespierre Sobre los principios de la moral política 5 Maximilen Robespierre Sobre los principios de la moral política 6

razón por la cual todos los tiranos aliados contra la República serán venci- tras obras la complejidad, la unidad y la dignidad que deben distinguir a los
dos. representantes del primer pueblo del mundo.
Hay que sacar grandes consecuencias de los principios que hemos ex- No son las consecuencias fáciles del principio de democracia las que hay
puesto. que explicar detalladamente, sino el principio simple y fecundo el que mere-
Dado que el alma de la República es la virtud, la igualdad, y dado que ce ser desarrollado.
vuestro objetivo es fundar y consolidar la República, es evidente que la pri- La virtud republicana puede ser considerada en relación al pueblo y en
mera norma de vuestra conducta política debe ser dirigir todas las obras al relación al gobierno. Es necesaria en ambos casos. Pues, cuando el gobierno
mantenimiento de la igualdad y al desarrollo de la virtud; puesto que la prin- está privado de ella, queda una válvula de seguridad en la del pueblo; pero
cipal preocupación del legislador debe ser la de fortificar el principio sobre el cuando el pueblo se corrompe, entonces la libertad se pierde para siempre.
que se basa su poder de gobierno.
Afortunadamente, la virtud es innata en el pueblo, a pesar de todos los
Así pues, todo aquello que tienda a aumentar el amor a la patria, a purifi- prejuicios de los aristócratas.
car las costumbres, a elevar los espíritus, a dirigir las pasiones del corazón Una nación está realmente corrompida cuando —después de haber per-
humano hacia el interés público, deben ser adoptadas e instauradas. Mien- dido gradualmente su carácter y su libertad— pasa de la democracia a la aris-
tras que todas las cosas que tiendan a concentrar las pasiones en la abyección
tocracia o a la monarquía. Se produce entonces la muerte del cuerpo político
del yo personal, a resucitar el interés por las pequeñas causas y el desprecio por decrepitud.
por las grandes deben ser rechazadas o reprimidas.
Cuando, después de cuatrocientos años de gloria, la avaricia consigue
En el sistema instaurado por la Revolución Francesa, todo lo inmoral es desterrar de Esparta las buenas costumbres, junto con las leyes de Licurgo,
contrario a la política, todo acto corruptor es contrarrevolucionario.
Agis2 muere en vano para restaurarlas. Y Demóstenes clama contra Filipo, .
La debilidad, los vicios, los prejuicios son el camino hacia la monarquía. pero Filipo encuentra en los vicios de la Atenas degenerada abogados más
elocuentes que Demóstenes. Todavía existe en Atenas una población tan
Quizá, arrastrados demasiado a menudo por el peso de nuestras antiguas
costumbres, al igual que por la inclinación insensible de la debilidad humana numerosa como en tiempos de Milcíades y Aristides: pero ya no existen ver-
hacia ideas falsas y hacia sentimientos pusilánimes, debemos defendernos, daderos atenienses. ¿Qué importa que Bruto haya matado al tirano? La ti-
no tanto de los excesos de vigor como de los excesos de debilidad. Quizá el ranía sobrevive en los corazones y Roma sólo existe en Bruto.
mayor escollo que debamos evitar no sea ya el fervor del celo, sino más bien Cuando, con prodigiosos esfuerzos de valor y de razón, un pueblo sabe
el relajamiento en obrar el bien y el temor a nuestro propio valor. romper las cadenas del despotismo para ofrecerlas como trofeos a la libertad;
cuando, con la fuerza de su temperamento moral, escapa de los brazos de la
Apoyad, pues, sin cesar, la sagrada fuerza del gobierno republicano en
vez de dejarla de la mano. muerte para recobrar todo el vigor de su juventud; cuando, alternativamente,
sensible y fiero, intrépido y dócil, no puede ser detenido ni con bastiones in-
No creo necesario deciros que no pretendo justificar ningún exceso. Se expugnables, ni con los innumerables ejércitos de los tiranos armados en
puede abusar de los principios más sagrados. Corresponde al gobierno saber contra suyo, y cuando se detiene ante la imagen de la ley; cuando un pueblo
consultar las circunstancias, escoger el momento propicio y los medios idó- no se eleva rápidamente a la altura de sus destinos, será por culpa de los que
neos; pues la manera con que se preparan las grandes cosas es una parte lo gobiernan.
esencial del talento de realizarlas, de la misma manera que la sensatez es una
parte de la virtud. Por otra parte se puede decir, en cierto sentido, que para amar la justicia
y la igualdad, el pueblo no necesita una gran virtud: le basta con amarse a sí
No pretendemos modelar la República Francesa según el ejemplo de Es- mismo.
parta; no queremos darle ni la austeridad ni la corrupción de los claustros.
Pero el magistrado -por el contrario- está obligado a inmolar sus inter-
Os hemos presentado con toda su pureza el fundamento moral y político eses al interés del pueblo; y el orgullo del poder a la virtud de la igualdad. Es
del gobierno popular. Tenéis, pues, una brújula que puede indicaros la ruta necesario que la ley sepa hablar con autoridad a los que son sus ejecutores.
en medio de las tempestades de todas las pasiones y en medio del torbellino Es necesario que el gobierno tenga fuerza para mantener unidas todas sus
de todas las intrigas que os rodean. Tenéis la piedra de toque con la que pod- partes en armonía con la ley.
éis ensayar todas vuestras leyes, todas las proposiciones que se os hagan.
Comparándolas sin cesar con ese principio, a partir de ahora podréis evitar el Si existe un cuerpo representativo, una autoridad principal constituida
por el pueblo, a ella corresponde el deber de vigilar y reprimir incesantemen-
escollo ordinario de las grandes asambleas: el peligro de sorpresas y de me-
didas precipitadas, incoherentes y contradictorias. Podréis dar a todas vues-
2
Rey de Esparta del siglo IV, que intentó restaurar las antiguas leyes de Licurgo.
Maximilen Robespierre Sobre los principios de la moral política 7 Maximilen Robespierre Sobre los principios de la moral política 8

te a todos los funcionarios públicos. Pero, ¿quién reprimirá esta autoridad El terror no es otra cosa que la justicia expeditiva, severa inflexible: es,
sino su virtud personal? pues, una emanación de la virtud. Es mucho menos un principio contingen-
Cuanto más elevada es la fuente de donde deriva el poder público, más te, que una consecuencia del principio general de la democracia aplicada a
las necesidades más urgentes de la patria.
pura tiene que ser. Es necesario que el cuerpo representativo empiece some-
tiendo, en su interior, todas las pasiones individuales a la pasión general por Se ha dicho que el terror era la fuerza del gobierno despótico. ¿Acaso
el bien público. vuestro terror se asemeja al del despotismo? Sí, como la espada que brilla en
¡Afortunados los representantes que están unidos a la causa de la liber- las manos de los héroes de la libertad se asemeja a la espada con la que están
armados los esbirros de la tiranía.
tad, tanto por su gloria e irterés como por sus deberes!
De todo cuanto precede deducimos una gran verdad: que el carácter del Que el déspota gobierne por el terror a sus súbditos embrutecidos. Como
déspota, tiene razón. Domad con el terror a los enemigos de la libertad, y
gobierno popular consiste en tener fe en el pueblo y en ser severo consigo
mismo. también vosotros, como fundadores de la República, tendréis razón.

Todo el desarrollo de nuestra teoría podría limitarse a esto último si sólo El gobierno de la revolución es el despotismo de la libertad contra la ti-
tuvierais que gobernar la nave de la República en medio de la calma. Pero la ranía. La fuerza no está hecha solamente para proteger el crimen. Está hecha
también para fulminar las cabezas orgullosas.
tempestad ruge: y el momento de la Revolución en el que os encontráis im-
pone otra tarea. La naturaleza impone a todo ser físico o moral, la obligación de procurar
su conservación. El crimen mata la inocencia para reinar, y la inocencia se
La gran pureza de los fundamentos de la Revolución Francesa, la sublime
condición de su objeto es precisamente lo que constituye nuestra fuerza y debate con todas sus fuerzas en las manos del crimen.
nuestra debilidad. Nuestra fuerza, porque nos da la superioridad de la ver- Si la tiranía reinase un solo día, a la mañana siguiente no quedaría ni un
dad sobre la impostura, y de los derechos del interés público sobre los del solo patriota.
interés particular. Nuestra debilidad, porque une contra nosotros a todos los
Pero, ¿hasta cuándo el furor de los déspotas seguirá siendo llamado justi-
hombres viciosos, a todos los que pretenden despojar al pueblo y a todos los cia, y la justicia del pueblo barbarie o rebelión? ¡Cuánta ternura hay para con
que hubieran querido despojarlo impunemente; ya se trate de los que han los opresores y cuánta inflexibilidad para con los oprimidos!
rechazado la libertad como una calamidad personal, o bien de los que han
abrazado la Revolución como un oficio y la República como una presa. De Nada más natural: quien no odie el crimen, no puede de amar la virtud. ,
ahí la decepción de tantas personas ambiciosas o ávidas que, después del Sin embargo, sucede que uno u otro sucumbe. “¡Indulgencia para los re-
punto de partida, nos han abandonado en el camino porque no habían ini- alistas! -gritaban algunos-. ¡Gracia para los infames!” ¡No: gracia para los
ciado el viaje con nuestro mismo objetivo. inocentes, gracia para los débiles, gracia para los infelices, gracia para la
Se diría que los dos genios opuestos, que hemos representado dispután- humanidad!
dose el dominio de la naturaleza, combaten en esta gran época de la historia Sólo se debe protección social a los ciudadanos pacíficos. Y en la Repúbli-
humana para fijar, definitivamente, el destino del mundo, y para que sea ca sólo son ciudadanos los republicanos. Y los realistas, los conspiradores no
precisamente Francia el teatro de esta terrible lucha. son para ella más que extranjeros, o más bien enemigos.
En el exterior, los tiranos nos cercan; en el interior, los amigos de los ti- ¿Acaso esta guerra que la libertad está sosteniendo contra la tiranía es
ranos conspiran: conspirarán hasta que al crimen le sea arrebatada toda es- indivisible? ¿Acaso los enemigos del interior no están aliados con los enemi-
peranza. gos del exterior? ¿Acaso son menos culpables todos los asesinos que laceran
Es necesario ahogar a los enemigos internos y externos de la República o la patria en el interior, los intrigantes que compran la conciencia de los man-
perecer con ella. Así, en tal situación, la máxima principal de vuestra política datarios del pueblo, los traidores que la venden, los libelistas mercenarios a
deberá ser la de guiar al pueblo con la razón, y a los enemigos del pueblo con sueldo para deshonrar la causa del pueblo, para hacer morir la virtud públi-
el terror. ca, para atizar el fuego de las discordias, para prepapar la contrarrevolución
política por medio de la contrarrevolución moral, acaso todos estos indivi-
Si la fuerza del gobierno popular es, en tiempo de paz, la virtud, la fuerza
duos son menos culpables o menos peligrosos que los tiranos a cuyo servicio
del gobierno popular en tiempo de revolución es, al mismo tiempo, la virtud están?
y el terror. La virtud, sin la cual el terror es cosa funesta; el terror, sin el cual
la virtud es impotente. Todos aquellos que interponen su dulzura parricida entre estos infames y
la espada vengadora de la justicia nacional, se asemejan a quienes se inter-
ponen entre los esbirros de los tiranos y las bayonetas de nuestros soldados.
Maximilen Robespierre Sobre los principios de la moral política 9 Maximilen Robespierre Sobre los principios de la moral política 10

Todos los esfuerzos de su falsa sensibilidad me parecen sólo suspiros hacia con la horda de los conjurados, con Pisón, con Clodio y con todos los perver-
Inglaterra y hacia Austria. sos ciudadanos, los cuales temían la virtud de un verdadero romano y la se-
Y si no, ¿por quién iban a sentir ternura? ¿Acaso de los doscientos mil veridad de las leyes.
héroes, la flor de la nación, caídos bajo el hierro de los enemigos de la liber- Castigad a los opresores de la humanidad: ¡esto es clemencia! Perdonar-
tad, o bajo los puñales de los asesinos monárquicos o federalistas? No, cier- les sería barbarie. El rigor de los tiranos tiene como fundamento solamente
tamente: sólo eran plebeyos, sólo eran patriotas. Para merecer su tierno in- el rigor: el del gobierno republicano tiene, por el contrario, el bienestar.
terés hay que ser por lo menos la viuda de un general que haya traicionado Así pues, ¡ay de aquel que ose dirigir contra el pueblo el terror que sólo
veinte veces a la patria; para obtener su indulgencia es casi necesario probar
debe dirigirse contra sus enemigos! ¡Ay de aquel que —confundiendo los
que se han hecho inmolar diez mil franceses, igual que un general romano errores inevitables de la virtud cívica con los errores calculados de la perfidia
que, para obtener el triunfo debía haber matado diez mil enemigos. o con los atentados de los conspiradores— olvida al peligroso intrigante para
Es necesario tener la sangre fría para escuchar el relato de los horrores perseguir al ciudadano pacífico! ¡Perezca el infame que osa abusar del sagra-
cometidos por los tiranos contra los defensores de la libertad. Nuestras mu- do nombre de la libertad, o de las terrible armas que ésta le ha confiado para
jeres horriblemente mutiladas; nuestros hijos matados en el seno de sus ma- llevar el luto o la muerte al corazón de los patriotas!
dres; nuestros prisioneros obligados a expiar con horribles tormentos su Es indudable que semejante abuso ha tenido lugar. Sin duda alguna, ha
conmovedor y sublime heroísmo. ¡Y se osa denominar horrible carnicería el
sido exagerado por la aristocracia; y, sin embargo, aunque en toda la Re-
castigo -demasiado lento- de algunos monstruos que se han cebado con la pública sólo existiera un hombre virtuoso perseguido por los enemigos de la
sangre más pura de nuestra patria! libertad, el gobierno tendría el deber de buscarlo con solicitud y de vengarlo
Sufren con paciencia la miseria de las ciudadanas generosas que han sa- clamorosamente.
crificado sus hermanos, sus hijos y sus esposos a la más hermosa de las cau-
Pero, ¿es necesario, concluir de estas persecuciones suscitadas contra los
sas; pero prodigan los más generosos consuelos a las mujeres de los conspi- patriotas por el celo hipócrita de los contrarrevolucionarios, que debemos
radores. Admiten que pueden seducir impunemente a la justicia, patrocinar, devolver la libertad a estos últimos y renunciar a toda severidad? No: estos
en contra de la libertad, la causa de sus parientes y de sus cómplices. La han
nuevos crímenes de la aristocracia no hacen más que demostrar la necesidad
convertido casi en una corporación privilegiada, acreedora y pensionada por de dicha severidad.
el pueblo.
¿Qué prueba la audacia de nuestros enemigos sino la debilidad con que
¡Con cuánta credulidad seguimos siendo víctimas de las palabras! ¡La
han sido perseguidos? Es debido en gran parte a la relajada doctrina que se
aristocracia y el moderantismo nos gobiernan todavía con las máximas ase- ha predicado en estos últimos tiempos para tranquilizarles. Y si escucháseis
sinas que nos han dado!
esos consejos, vuestros enemigos conseguirían su objetivo y recibirían de
La aristocracia se defiende mejor con sus intrigas que el patriotismo con vuestras propias manos el premio al último de sus crímenes.
sus servicios. Se pretende gobernar las revoluciones con las argucias de pala- ¡Cuánta ligereza si consideraseis algunas victorias obtenidas por el pa-
cio; se tratan las conspiraciones contra la República como si fuesen procesos
triotismo como el fin de todos nuestros peligros! Considerar nuestra situa-
contra individuos privados. La tiranía mata y la libertad se lamenta; y el ción real: descubriréis que la vigilancia y la energía os son, hoy, más necesa-
código que han hecho los mismos conspiradores es la ley con la que se los rias que nunca. En todas partes existe un odio sordo que se levanta contra las
juzga.
medidas del gobierno. La fatal influencia de las cortes extranjeras no es, por
Cuando se trata de la salvación de la patria, el testimonio de todo el uni- el hecho de estar más ocultas, menos activa ni menos funesta. Se advierte
verso no puede suplir la prueba testimonial, ni la misma evidencia puede que el crimen, intimidado, no ha hecho más que cubrir sus movimientos con
suplir la prueba literal. una mayor habilidad.
La lentitud de los juicios equivale a la impunidad; la incertidumbre de la Los enemigos internos del pueblo francés se han dividido en dos faccio-
pena estimula a todos los culpables. Y todavía se lamentan de la severidad de nes, como en dos cuerpos de ejército. Marchan bajo banderas de colores di-
la justicia: ¡se lamentan por la detención de los enemigos de la República! versos y por distintos caminos; pero todavía caminan hacia el mismo objeti-
Buscan ejemplos en la historia de los tiranos porque no quieren cogerlos vo: la desorganización del gobierno popular, la ruina de la Convención, es
decir, el triunfo de la tiranía.
de la de los pueblos, ni extraerlos del genio de la libertad amenazada. En
Roma, cuando el cónsul descubrió la conjura y la ahogó al instante con la Una de estas facciones nos empuja a la debilidad, la otra a los excesos.
muerte de los cómplices de Catilina, fue acusado de haber violado las formas; Una quiere convertir la libertad en bacante, la otra en prostituta.
¿y sabéis quién le acusó? El ambicioso César, que quería aumentar su partido
Maximilen Robespierre Sobre los principios de la moral política 11 Maximilen Robespierre Sobre los principios de la moral política 12

Algunos intrigantes subalternos, y a menudo incluso buenos ciudadanos con injustos rigores obliga al patriotismo a temer por sí mismo, es el mismo
engañados, se alinean en uno u otro partido: pero los jefes pertenecen a la que después invoca la amnistía en favor de la aristocracia y de la traición.
causa del rey o de la aristocracia y siempre se unen contra los patriotas. Los Éste3 llamaba a Francia a la conquista del mundo, mientras que no tenía
bribones —aun cuando se hacen la guerra entre sí se odian mucho menos de
más objetivo que estimular a los tiranos a la conquista de Francia. Aquel ex-
lo que detestan a la gente honesta. La patria es su presa; se combaten para tranjero hipócrita,4 que desde hace cinco años proclama París como capital
dividírsela: pero se alían contra aquellos que la defienden. del globo, no hacía sino traducir a otra jerga los anatemas de los viles federa-
A unos se les ha dado el nombre de moderados; posiblemente hay más listas que destinaban a París a la destrucción.
argucia que exactitud en la denominación de «ultrarrevolucionarios» con la
Predicar el ateísmo es solamente una manera de absolver la superstición
que se ha designado a los otros. Es esta una denominación que, mientras no y de acusar a la filosofía. Y la guerra declarada contra la divinidad no es otra
pueda aplicarse en ningún caso a los hombres de buena fe que puedan ser cosa que una diversión en favor de la Monarquía. 5
conducidos, por el celo o por la ignorancia más allá de la sana política de la
revolución, no caracteriza con exactitud a los hombres pérfidos a quienes la ¿Qué otro sistema queda para poder combatir a la libertad? ¿Seguir el
tiranía paga para comprometer, con actuaciones falsas o funestas, los sagra- ejemplo de los primeros campeones de la aristocracia, que alaban las dulzu-
dos principios de nuestra Revolución. ras de la esclavitud y los beneficios de la monarquía, o bien el genio sobrena-
tural del rey y sus incomparables virtudes?
El falso revolucionario se encuentra quizá más a menudo entre los citra
que entre los ultra de la revolución. Es un moderado o un fanático del patrio- ¿O se proclamará la vanidad de los derechos del hombre y de los princi-
tismo, según las circunstancias. Lo que pensará mañana depende hoy de los pios de la justicia eterna?
comités prusianos, ingleses, austríacos o incluso moscovitas. Se opone a las ¿O se exhumará quizás a la nobleza y al clero, o se reclamarán los dere-
medidas enérgicas, pero las exagera cuando no puede impedirlas. Es severo chos de la alta burguesía a la doble sucesión?
con la inocencia, pero indulgente con el crimen. Incluso llega a acusar a los
¡No! Es mucho más cómodo, por el contrario, adoptar la máscara del pa-
culpables que no son suficientemente ricos para comprar su silencio, ni sufi-
cientemente importantes para merecer su devoción; pero guarda de com- triotismo para desfigurar, con insolentes parodias, el drama sublime de la
prometerse hasta el punto de defender la virtud calumniada. Tal vez, descu- Revolución, para comprometer la causa de la libertad con una hipócrita mo-
deración o con estudiadas extravagancias.
bre complots ya descubiertos, arranca la máscara a traidores ya desenmasca-
rados o incluso decapitados; pero encomia a los traidores vivos y todavía También la aristocracia se constituye en sociedades populares; el orgullo
acreditados. Es solícito en aceptar la opinión del momento, y hace todo lo contrarrevolucionario oculta bajo harapos sus complots y sus puñales; el fa-
posible para no analizarla y sobre todo para no obstaculizarla. Está siempre natismo destroza sus propios altares; el realismo canta las victorias de la Re-
dispuesto a adoptar las medidas más arriesgadas a condición de que no ten- pública; la nobleza, oprimida por los recuerdos, abraza tiernamente la liber-
gan demasiados inconvenientes; calumnia las que no presentan más que tad para ahogarla; la tiranía, teñida con la sangre de los defensores de la li-
ventajas, o bien les añade enmiendas que puedan hacerlas nocivas. Dice la bertad, arroja flores sobre sus tumbas.
verdad con parsimonia, y solamente cuando puede conquistar el derecho de Si todos los corazones no han cambiado todavía, ¡cuántos rostros se han
mentir impunemente después. Destila el bien gota a gota y derrama el mal a enmascarado! ¡Cuántos traidores se inmiscuyen en nuestros asuntos para
torrentes; está lleno de fuego por las grandes resoluciones que ya no signifi-
arruinarlos!
can nada; pero es más que indiferente con las que pueden honrar la causa del
pueblo y salvar a la patria. Da mucha importancia a las formas exteriores del ¿Queréis ponerlos a prueba? Pues bien, pedidles servicios efectivos en
patriotismo: aficionadísimo -igual que los devotos de los que se declara ene- lugar de juramentos y declaraciones.
migo- a las prácticas exteriores; preferiría usar cien gorros frigios antes que ¿Hay que actuar? Ellos declaman. ¿Hay que deliberar? Ellos empiezan a
hacer una buena acción. actuar. ¿Los tiempos son pacíficos? Ellos se oponen a todo cambio útil. ¿Son
¿Qué diferencia existe entre estas personas y las que llamáis “modera- tiempos, por el contrario, tempestuosos? Ellos hablan de reformarlo todo
dos”? Todos son criados del mismo amo, o bien, si queréis, cómplices que para transtornarlo todo. ¿Queréis reprimir a los sediciosos? Ellos os recor-
fingen estar en discordia entre sí para mejor enmascarar sus crímenes. Juz- darán la clemencia de César. ¿Queréis arrancar a los patriotas de la persecu-
gadles no ya por la diversidad de lenguaje sino por la identidad de los resul- ción? Ellos os propondrán la firmeza de Bruto como modelo.
tados.
¿Acaso no están de acuerdo los que atacan la Convención Nacional con
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discursos insensatos y los que la engañan para comprometerla? Aquel que — 4
La persona a que se refiere es probablemente Danton.
Se trata de Cloots.
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E1 ataque está dirigido contra Hébert y su propaganda de descristianización.
Maximilen Robespierre Sobre los principios de la moral política 13 Maximilen Robespierre Sobre los principios de la moral política 14

Revelan que tal ciudadano es noble precisamente sirviendo a la Repúbli- ¿De dónde ha salido -súbitamente- todo este enjambre de extranjeros, de
ca; pero no lo recuerdan cuando la traicionó. curas, de intrigantes de toda clase, que se ha extendido simultáneamente por
¿Es útil la paz? Ellos os muestran las palmas de la victoria. ¿Es necesaria la superficie de la República para ejecutar, en nombre de la filosofía, un plan
de contrarrevolución que sólo ha podido ser detenido por la fuerza de la
la guerra? Os muestran las dulzuras de la paz. ¿Hay que defender el territo-
rio? Pretenden castigar a los tiranos más allá de nuestros montes y mares. razón pública? ¡Concepción execrable, digna del genio de las cortes extranje-
¿Es necesario recobrar nuestras fortalezas? Quieren asaltar las iglesias y es- ras, aliadas contra la libertad, y de la corrupción propia de todos los enemi-
calar el cielo. Incluso olvidan a los austriacos para hacer la guerra a los devo- gos internos de la República!
tos. ¿Hay que sostener nuestra causa con la fidelidad de los aliados? Claman Así ocurre que la intriga mezcla siempre a los milagros continuos opera-
contra todos los gobiernos del mundo y se proponen acusar al Gran Mogol. dos por la virtud de un gran pueblo, la bajeza de sus tramas criminales, una
¿El pueblo se dirige al Capitolio para dar gracias por sus victorias a los dio- bajeza, ordenada por los tiranos, que la hacen después materia de sus ridícu-
ses? Entonan lúgubres cánticos por nuestras pasadas derrotas. ¿Hay que ob- los manifiestos, a fin de mantener al pueblo ignorante en el fango del oprobio
tener nuevas victorias? Siembran entre nosotros el odio, las divisiones, las y en las cadenas de la esclavitud.
persecuciones y el desaliento. ¿Hay que hacer realidad la soberanía del pue-
Pero ¿qué mal pueden hacer a la libertad los crímenes de sus enemigos?
blo y concentrar su fuerza con un gobierno fuerte y respetado? Consideran ¿Acaso el sol, cuando queda oculto por una nube pasajera, deja de ser el as-
que los principios del gobierno ofenden la soberanía del pueblo. ¿Hay que tro que anima la naturaleza? ¿Acaso la impura escoria que el océano arroja
reclamar los derechos del pueblo oprimido por el gobierno? No hablan más
sobre sus propias orillas le hacen menos grandioso?
que del respeto por las leyes y de la obediencia debida a las autoridades cons-
tituidas. En manos pérfidas, todo remedio a nuestros males se convierte en vene-
no: y así, todo aquello que podáis hacer, todo aquello que podáis decir, se
Han encontrado un maravilloso expediente para secundar los esfuerzos volverá contra vosotros por su causa: incluso las verdades que acabamos de
del gobierno republicano: desorganizarlo, degradarlo completamente, hacer
desarrollar.
la guerra a los patriotas que han contribuido a nuestros éxitos.
Así, por ejemplo, después de haber diseminado por todas partes el ger-
¿Buscáis los medios para abastecer vuestros ejércitos? ¿Os preocupáis de
men de la guerra civil con el violento ataque a los principios religiosos, inten-
arrebatar a la avaricia y al temor las subsistencias que ellos restringen? Gi- taron armar el fanatismo y la aristocracia con las mismas medidas que la sa-
men patrióticamente sobre la miseria pública y anuncian la carestía. Nuestro
na política os ha aconsejado usar en favor de la libertad de cultos.
deseo de prevenir el mal es siempre, para ellos, un motivo para aumentarlo.
En el Norte se han matado aves y se nos ha privado de huevos con el pretexto Si hubieseis dejado libre curso a la conspiración, ésta habría producido
de que las aves comen demasiado grano. En el Midi se ha hablado de destruir -antes o después- una reacción terrible y universal. Y si la hubieseis detenido,
los naranjos y las moreras por el pretexto de que la seda es un objeto de lujo todavía hubieran tratado de sacar provecho de ello, difundiendo que proteg-
y las naranjas una fruta superflua. éis a los curas y a los moderados. No debéis, pues, maravillaros si los autores
de este sistema son los propios curas, precisamente los que han confesado
Jamás podríais imaginar determinados excesos cometidos por contra— más osadamente su charlatanería.
rrevolucionarios hipócritas para deshonrar la causa de la Revolución. ¿Creer-
íais que, en países en donde la superstición ha ejercido mayor influencia, no Si los patriotas -guiados por un celo puro pero irreflexivo- hubiesen sido
contentos con sobrecargar las operaciones relativas al culto con todas las las víctimas de sus intrigas, ellos lanzarían todas sus censuras sobre los pa-
formas que podían hacerlas odiosas, han sembrado el terror entre el pueblo, triotas; porque el primer punto de su maquiavélica doctrina es el de perder a
propagando el rumor de que se iba a matar a todos los niños menores de die- la República perdiendo a los republicanos, así como se somete a un país des-
ciséis años y a todos los viejos mayores de setenta? ¿Y que este rumor ha sido truyendo el ejército que lo defiende.
difundido particularmente en la antigua Bretaña y en los departamentos del Podremos apreciar, de esta manera, uno de sus principios predilectos:
Rin y del Mosela? Éste es uno de los crímenes imputados al antiguo acusador considerar a los hombres como si no fuesen nada. Una máxima de origen
público del Tribunal Penal de Estrasburgo 6 Los tiránicos desvaríos de este monárquico, que significa que debemos entregarles todos los amigos de la
hombre hacen verosímil todo lo que se cuenta de Calígula y de Heliogábalo; libertad.
pero todavía no podemos darles crédito ni siquiera delante de las pruebas.
Hay que observar que el destino de los hombres que sólo buscan el bien
Llevaba su delirio hasta el punto de requisar a las mujeres para su uso per-
público es el de ser víctimas de los que sólo buscan su propio bien. Esto tiene
sonal: se asegura que ha empleado este procedimiento para casarse.
su origen en dos causas: la primera es que los intrigantes atacan con todos
los vicios del viejo régimen; la segunda que los patriotas sólo se defienden
con las virtudes del nuevo.
6
6. El acusador del Tribunal Penal de Estrasburgo, a quien Robespierre se refiere, es Schneider.
Maximilen Robespierre Sobre los principios de la moral política 15 Maximilen Robespierre Sobre los principios de la moral política 16

Tal situación interna debe pareceros digna de toda vuestra atención, so- ¿Qué mejor cosa podía hacer que paralizar el gobierno de la Convención
bre todo si reflexionáis que debéis combatir al mismo tiempo a los tiranos de y quebrantar todas sus fuerzas, precisamente en el momento decisivo para la
Europa -es decir, un millón doscientos mil hombres armados que hay que suerte de la República y de los tiranos?
mantener-, y que el gobierno está obligado a reparar constantemente, a fuer-
¡Alejemos de nosotros la idea de que pueda haber en nuestro seno un
za de energía y de vigilancia, todos los males que la infinita multitud de nues- hombre tan vil como para servir a la causa de los tiranos! ¡Alejemos todavía
tros enemigos nos han inflingido en el curso de cinco años. más el crimen -que no será perdonado- de engañar a la Convención Nacional
¿Cuál es el remedio para todos estos males? No conocemos más que el y de traicionar al pueblo francés con un culpable silencio! Porque existe algo
desarrollo de la fuerza general de la República, que es la virtud. bueno para un pueblo libre: la verdad -que es el azote de los déspotas-, es
La democracia perece a causa de dos excesos: la actitud aristocrática de siempre su fuerza y su salvación.
los que gobiernan; o bien, el desprecio del pueblo por la autoridad que él Ahora bien, es cierto que todavía existe un peligro para nuestra libertad,
mismo ha constituido, desprecio que hace que cada camarilla y cada indivi- el único peligro serio -quizá- que le queda por correr. Este peligro es un plan
duo atraiga hacia sí el poder público, y conduzca al pueblo, a través de los -que en verdad ha existido- de reunir a todos los enemigos de la República,
excesos del desorden, hacia el aniquilamiento, o bien hacia el poder de una resucitando el espíritu partidista; un plan de perseguir a los patriotas, de
sola persona. desmoralizar, de arruinar a todos los representantes fieles al gobierno repu-
blicano, de hacer que falten las partes más esenciales del servicio público.
La empresa combinada de los moderados y de los falsos revolucionarios
consiste en agitarse perpetuamente entre estos dos escollos. Se ha querido engañar a la Convención Nacional acerca de los hombres y
de las cosas; se ha querido engañarla acerca de las causas de los abusos que
Pero los representantes del pueblo tienen la posibilidad de evitarlos:
porque el gobierno es siempre dueño de ser justo y sabio; y cuando posee se han exagerado con el fin de hacerlos irremediables; se ha intentado llenar-
la de falsos temores para desviarla o para paralizarla; se pretende dividirla.
estas características, está seguro de la confianza del pueblo. Es cierto que el
objetivo de todos nuestros enemigos consiste en disolver la Convención; es Se ha intentado, sobre todo, dividir a los representantes enviados a los de-
cierto, también, que el tirano de Gran Bretaña y sus aliados prometen a sus partamentos y al Comité de Salud Pública; se ha querido inducir a los prime-
ros a contrariar las medidas de la autoridad central para crear el desorden y
parlamentos y a sus súbditos arrebataros vuestra energía y la confianza po-
pular que os ha merecido: tal es la primera instrucción que se ha dado a to- la confusión; se ha querido irritarlos, a su regreso, con el fin de convertirlos,
sin que se dieran cuenta, en instrumentos de una confabulación. Los extran-
dos sus agentes.
jeros aprovechan todas las pasiones individuales y consiguen simular un pa-
Existe una verdad que debe considerarse obvia en política: un gran cuer- triotismo abusado.
po investido con la confianza de un gran pueblo sólo puede perderse por sí
A1 principio decidieron ir derechos al objetivo, calumniando al Comité de
mismo.
Salud Pública: esperaban que dicho Comité se hundiese bajo el peso de sus
Vuestros enemigos no lo ignoran, así pues, no dudéis que ellos se dedican penosas funciones.
especialmente a resucitar entre vosotros todas las pasiones que puedan se-
Pero la victoria y la fortuna del pueblo francés lo impidieron.
cundar sus siniestros planes.
¿Qué podrían contra la representación nacional si no llegasen a sorpren- Después de aquella época decidieron adularlo, paralizándolo y destru-
yendo el fruto de sus trabajos.
derla en algunos actos políticamente inoportunos que puedan servir de pre-
texto para sus criminales protestas? Todas estas vagas protestas contra los representantes de derecho del
Comité; todos los proyectos de producir la desorganización, disfrazados con
Deben, pues, desear dos categorías de emisarios: unos, que tratarán de
degradar la representación nacional con sus discursos; otros, que, en su se- el nombre de reformas -ya rechazadas por la Convención- y reproducidas hoy
no, se ingeniarán para engañarla a fin de comprometer su gloria y los inter- con extraña ostentación; toda esta prisa para encomiar a ciertos intrigantes
eses de la República. que el Comité de Salud Pública debió alejar; todo este terror inspirado a los
buenos ciudadanos; toda esta indulgencia hacia favoritos y conspiradores;
Para atacarla con éxito, sería útil dar comienzo a la guerra civil contra los todo este sistema de imposturas y de intrigas, cuyo autor principal es un
representantes de los departamentos que se habían hecho dignos de vuestra hombre a quien habéis apartado de vuestro seno7 está dirigido contra la
confianza y contra el Comité de Salud Pública. Y ya han sido atacados de esta Convención Nacional y tiende a realizar los proyectos de todos los enemigos
manera por hombres que parecían combatir entre sí. de Francia.

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Se alude a Fabre d'Eglantine, cuya facción ya había sido acusada en la Convención Nacional
Maximilen Robespierre Sobre los principios de la moral política 17

Después de la época en que este sistema había sido anunciado en los libe-
los y llevado a cabo en actos públicos, la Aristocracia y la Monarquía empeza-
ron a levantar con insolencia la cabeza, y como consecuencia el patriotismo
fue perseguido de nuevo en una parte de la República; después de esta época
la autoridad nacional encontró una resistencia desacostumbrada.
Por otra parte, tales ataques indirectos aunque no hubiesen tenido más
inconveniente que el de dividir la atención y la energía de aquellos que deb-
ían cargar con el inmenso peso que les habíais destinado, y de distraerlos
-¡demasiado a menudo!- de las grandes empresas de salud pública para que
se ocuparan de intrigas peligrosas, podrían ser considerados todavía como
una diversión útil a nuestros enemigos.
Pero tranquilicémonos: aquí está el santuario de la verdad, aquí residen
los fundadores de la República, los vengadores de la humanidad y los des-
tructores de los tiranos. Aquí, para poder destruir un abuso, basta con indi-
carlo. En cuanto a ciertos consejos inspirados por el amor propio o por la
debilidad de los individuos, nos basta con llamarlos, en nombre de la patria,
a la virtud y a la gloria de la Convención Nacional.
Provocamos una solemne discusión sobre todos los objetos de sus inquie-
tudes y acerca de todo lo que puede influir en el camino de la Revolución;
conjuramos a la Convención Nacional para que no permita que ningún in-
terés particular y oculto pueda usurpar la preeminencia de la Asamblea y el
poder indestructible de la razón.
Nos limitaremos -hoy- a proponeros que consagréis con vuestra formal
aprobación las verdades morales y políticas sobre las cuales debe basarse
vuestra administración interna y la estabilidad de la República, así como
consagrásteis los principios de vuestra conducta con respecto a los pueblos
extranjeros. Podréis reunir a todos los buenos ciudadanos alrededor de esos
principios, y así quitaréis toda esperanza a los conspiradores. De tal modo
aseguraréis vuestro camino y sabréis confundir las intrigas y las calumnias
del rey. Honraréis vuestra causa y vuestro carácter a los ojos de todos los
pueblos.
Dad al pueblo francés esta nueva prueba de vuestro celo en proteger el
patriotismo, de vuestra inflexible justicia hacia los culpables y de vuestra de-
voción a la causa del pueblo.
Ordenad que los principios de la moral política que acabamos de des-
arrollar sean proclamados en vuestro nombre dentro y fuera de la República.

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