Tema: Conociendo al Maestro
Texto bíblico base: Filipenses 3:7-10
“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida
por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida
por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del
cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo... a fin de
conocerle...” (Fil. 3:7-10, RVR1960)
Objetivo del sermón:
Motivar a los oyentes a desarrollar una relación personal profunda con
Jesucristo, el Maestro, mediante el conocimiento íntimo de su persona, su
carácter, su obra y su voluntad.
Introducción:
Vivimos en una época donde el conocimiento abunda, pero no
necesariamente el conocimiento que transforma. Muchos saben de Jesús,
pero pocos realmente conocen a Jesús. El apóstol Pablo, un hombre
instruido, religioso y celoso de la ley, llegó a declarar que todo lo que sabía
era basura en comparación con la excelencia de conocer a Cristo. Este
conocimiento no es meramente intelectual, sino relacional, profundo y
transformador. No se trata de saber de Él, sino de caminar con Él,
escucharlo, obedecerlo, y rendirse a Él. Conocer al Maestro es el mayor
privilegio y propósito de nuestra vida cristiana.
Frase de enlace:
Conozcamos hoy a nuestro Maestro en cuatro dimensiones fundamentales
que revelan su grandeza y su amor por nosotros.
I. Conociendo su Persona
“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen.” – Juan
10:14
a) Jesús es Dios hecho hombre
Jesús no fue simplemente un hombre sabio o un líder revolucionario. Fue
Dios encarnado (Juan 1:14). Como Dios hecho carne, Él no solo mostró
poder, sino también cercanía. Al conocer su persona, entendemos que no
estamos siguiendo a un maestro humano, sino a Dios mismo, que se
humilló para venir a nuestro mundo.
Explicación:
Conocer esta verdad fortalece nuestra fe. El Maestro no es una figura
histórica pasada, sino el Dios eterno que tiene todo poder y autoridad.
b) Jesús es cercano y personal
Él no es un maestro distante. Se acercaba a los niños, comía con pecadores,
tocaba a los leprosos. Su persona es accesible, íntima y afectuosa. Juan se
recostaba sobre su pecho (Juan 13:25), porque Jesús abre su corazón a los
que se le acercan.
Explicación:
Su persona no es fría ni formal, sino afectuosa. Él anhela que cada creyente
le conozca como Amigo, Pastor y Hermano.
c) Jesús es santo y perfecto
Su carácter es inmaculado. No hay pecado, engaño ni error en Él (Hebreos
4:15). Su santidad no nos aleja, sino que nos inspira a vivir en integridad. Él
es el modelo perfecto a seguir.
Explicación:
Cuanto más le conocemos, más anhelamos reflejar su pureza. Su santidad
no condena, sino que limpia y transforma.
Aplicación:
Conocer la persona de Cristo debe llevarnos a adorarlo como Dios,
acercarnos como hijos, y imitarlo como modelo perfecto. Haz un
compromiso de buscarle no solo para pedirle, sino para contemplarle,
hablarle y crecer en intimidad con Él.
II. Conociendo su Corazón
“Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón...” – Mateo 11:29
a) Un corazón lleno de compasión
Jesús fue movido a compasión al ver a las multitudes como ovejas sin pastor.
Lloró ante el dolor humano. Él no es indiferente; su corazón late por los
sufrientes, los quebrantados y los marginados.
Explicación:
Cada sanidad, cada enseñanza, cada milagro fluía de un corazón tierno. Su
compasión no fue ocasional, sino su estilo de vida.
b) Un corazón dispuesto a servir
En Juan 13, el Maestro lavó los pies de sus discípulos. ¡El Rey se inclinó
como un siervo! Su corazón no busca ser servido, sino servir.
Explicación:
Conocer su corazón es dejar de buscar posiciones y comenzar a buscar
oportunidades para servir.
c) Un corazón que ama sin condición
Jesús perdonó en la cruz, sanó al traidor Pedro, y llamó “amigo” a Judas. No
ama porque lo merecemos, ama porque su corazón es amor puro (1 Juan
4:8).
Explicación:
Su amor no tiene medida. No lo ganamos ni lo perdemos: solo podemos
responder a él.
Aplicación:
Conocer el corazón del Maestro nos transforma en personas más
compasivas, más serviciales, y más amorosas. Si su corazón vive en ti,
amarás incluso cuando no te amen, servirás aunque no te aplaudan y
perdonarás aunque te duela.
III. Conociendo su Misión
“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había
perdido.” – Lucas 19:10
a) Su misión fue redimir
Cristo vino a pagar con su sangre el precio por nuestros pecados (1 Pedro
1:18-19). Él es el Cordero que quita el pecado del mundo.
Explicación:
Él no murió para darnos una religión, sino para restaurar nuestra relación
con Dios.
b) Su misión fue restaurar
Donde iba, devolvía dignidad: a la mujer adúltera, al endemoniado
gadareno, al paralítico, al ciego. Restauraba vidas quebradas y hogares
destruidos.
Explicación:
Jesús no solo te salva para el cielo; también quiere restaurar tu vida aquí en
la tierra.
c) Su misión fue revelar al Padre
Todo lo que dijo e hizo fue para mostrar cómo es el Padre celestial (Juan
14:9). Él es la imagen visible del Dios invisible.
Explicación:
Jesús no solo quiere que sepas que hay un Dios; quiere que conozcas a ese
Dios como Padre.
Aplicación:
Conocer su misión nos recuerda que hemos sido salvados con un
propósito. Debemos predicar, restaurar y reflejar al Padre. Cada creyente
tiene una parte en esta misión: ser luz y esperanza en medio de la
oscuridad.
IV. Conociendo su Voluntad
“El que me ama, mi palabra guardará...” Juan 14:23
a) Su voluntad es que lo sigamos
Jesús nos llama a negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra cruz y
seguirlo (Lucas 9:23). Él no busca admiradores, sino discípulos
comprometidos.
Explicación:
Seguirlo implica decisiones diarias de renuncia, obediencia y confianza.
b) Su voluntad es que lo obedezcamos
El amor verdadero se demuestra obedeciendo su Palabra. No basta con oírla
o conocerla: hay que vivirla (Santiago 1:22).
Explicación:
No conocerás al Maestro plenamente hasta que no comiences a obedecerlo
radicalmente.
c) Su voluntad es que demos fruto
Él espera que nuestras vidas muestren resultados visibles: amor, perdón,
servicio, discipulado (Juan 15:16).
Explicación:
El cristiano que conoce a Cristo produce fruto porque vive conectado a Él.
Aplicación:
Conocer su voluntad nos lleva a vivir una vida de entrega, obediencia, y
productividad espiritual. No vivas para tus planes. Vive para su propósito.
Alinea cada decisión a lo que el Maestro desea para ti.
Conclusión:
Conocer al Maestro no es una opción para el cristiano: es el centro de
nuestra fe. Pablo lo entendió bien y estuvo dispuesto a perderlo todo con tal
de ganarlo a Él.
Conocerlo cambia nuestras prioridades, transforma nuestro carácter y
dirige nuestra misión.
Hoy, Cristo no te está llamando solo a creer en Él, sino a conocerlo
profundamente: su Persona, su Corazón, su Misión y su Voluntad.