METAFISICA.
“Aristóteles parece dar por descontada la multiplicidad de significados
del verbo «ser», y también le resulta obvia la existencia de entes distintos
entre sí, puesto que la menciona varias veces en sus obras, pero no la justifica. Sólo hay una
excepción: un pasaje de la Metafísica, el único en todo el corpus aristotelicum que contiene una
justificación de la multivocidad del ser. En dicho texto, el autor critica la tesis platónico-académica
según la cual el ser y el uno son géneros, en concreto los géneros primeros, principales y más
universales. Probablemente, Aristóteles se refiere a las denominadas «doctrinas no escritas», de las
que hace una relación en el libro I de la Metafísica. Así, según el Estagirita, Platón planteó como
principio de las ideas el principio de los números, esto es, el Uno. Con todo, es fácil reconocer en este
principio la idea del bien de la República, o el ser como género del Sofista, o el «uno que es» del
Parménides” Preguntas-de-la-filosofía-antigua-by-Enrico-Berti
Anaximandro: “Allí donde los seres tienen su origen, hallan también, necesariamente, su destrucción,
pues éstos se hacen justicia mutuamente y expía su culpa de acuerdo con el orden del tiempo.”
Anaximandro cree que hay un principio, y lo identifica con lo «infinito»
(apeiron), o lo indefinido, o lo indeterminado. Los seres tienen su origen en
dicho principio, al que vuelven para hallar su destrucción. El filósofo dice
que este doble proceso de derivación y retorno se da «necesariamente», es
decir, de forma ineluctable. En la reflexión de Anaximandro, el tema del cosmos adquiere una
connotación trágicamente ética: el proceso de retorno al principio, o proceso de «destrucción», es
considerado como la expiación de una culpa. Si el perecer de las cosas es una expiación justa y
necesaria, la injusticia que así se subsana tiene su origen en la génesis del mundo. ¿Y por qué el
nacimiento de los seres, la diferenciación de los múltiples aspectos de la realidad, tiene que ser una
culpa? Lo más probable es que Anaximandro se refiera al hecho de que, en el universo, se alternan
realidades opuestas, como el día y la noche, el calor y el frío. Para generarse o para ser, cada una de
estas realidades comete una injusticia contra la realidad opuesta, ya que debe ocupar su lugar; y,
cuando se destruye, repara tal injusticia porque le devuelve el lugar. Corrobora esta interpretación del
fragmento la alusión al «orden del tiempo», es decir, a la sucesión temporal, que representaría la
sucesión de un opuesto a otro .
Los filósofos griegos inmediatamente posteriores a Parménides y anteriores a Platón comparten la
concepción parmenídea del ser, y hacen hincapié en la unidad e inmutabilidad del mismo (Zenón); o
le atribuyen un carácter material (Meliso); o bien rompen la unidad del ser, aunque conservan la
homogeneidad e inmutabilidad de sus partes, ya sean éstas los
cuatro elementos (Empédoclcs), las semillas de todas las cosas (Anaxágoras) o los átomos (Leucipo y
Demócrito). En cambio, Gorgias rechaza la concepción de Parménides, pues niega que pensamiento y
discurso tengan por objeto al ser, y hace del logos una realidad absoluta, capaz de tomar la apariencia
de ser y de suplantarlo.
Platón es el primero en distinguir varias regiones del ser; mejor dicho,
distingue entre el ser pleno, completo, absoluto y el ser relativo, incompleto e imperfecto. Más en
general, introduce una distinción de grados, afirmando que existen distintos niveles de ser (más o
menos perfectos), jerárquicamente dispuestos entre los dos extremos representados por el ser pleno y
la nada absoluta. Aristóteles también aborda la cuestión del ser:
«aquello que, antaño como ahora, siempre se ha buscado y ha sido discutido, es decir, qué es el ser».
Con esta formulación, reconoce que la misma pregunta que se planteó en el pasado sigue
planteándose en su época. Con todo, no distingue varios grados, sino varios sentidos del ser, los
cuales corresponden a varias regiones constituidas por tipos de seres distintos entre sí, aunque siempre
dependientes unos de otros. Después de Aristóteles, y a
excepción de los estoicos, en la filosofía griega se produjo un retorno a la concepción platónica del
ser, la cual, a través del platonismo medio y el neoplatonismo, se impuso entre los filósofos de las
grandes religiones monoteístas, el judaísmo (Filón), el cristianismo (san Agustín y, más tarde, la
escolástica medieval) y el islamismo (la filosofía árabe medieval).
Tales Considera que la materia o el mundo está poblado por dioses o una energía vital “algunos
afirman que ella está mezclada en el todo está lleno de dioses” (el alma)
La eternidad si es estática, su contenido (el devenir) Tiene movimiento por contrarios.
Por ello se dice que no parece que de esto hay un principio, más bien, por el contrario, que esto es el
principio de las otras cosas, y las contiene y rige a todas, como, las que no suponen otras causas
(inteligencia y amistad), fuera del infinito. Y pensar que esto es lo divino: inmortal e indestructible,
como dice anaximandro ”la mayor parte de los naturalistas”.
Heraclito nos informa que la realidad es el devenir o sea una interpretación del logos, pues lo que
plantea es que se imposibilita entrar dos veces en el mismo río, se dispensa y de nuevo se reúne, se
acerca y se aleja, en otras palabras es imposible conocer si no se nos delimita el mundo mediante los
sentidos, debe haber una retención de los mismos.
Una palabra en griego que explica este fenómeno es “panta rhei” quiere decir que todo fluye. “A este
mundo, el mismo de todos, no lo hizo ni uno de los dioses ni uno de los hombres, sino que siempre
era, es y será fuego siempre viviente, que se enciende según medida y se extingue según medida.”
Protágoras por su parte menciona que el mundo está hecho a medida del hombre el modo del ser del
conocimiento es el mismo que el ser del ente a conocer.
El modo de conocer de los humanos es subjetivo en conjunto con el lenguaje que es persuasivo. De la
misma cosa pueden diferir varias palabras, osea que se imposibilita la “mentira”. Dicho de otro modo,
Protágoras nos está eliminando el principio de la contradicción.
Gorgias por su parte nos aporta “lo visible no puede transformarse en lo audible” y viceversa así el ser
no puede ser transformado en palabra nuestra, pues él mismo subsistirá fuera de nosotros.
A modo de resumen se mostrarán las posturas abordadas por cada uno de los filósofos y sus
características:
Parménides y sus Seguidores:
En su poema, Parménides sostiene que el ser es uno, inmóvil e inmutable. Argumenta que el cambio y
la multiplicidad son ilusorios, ya que lo que "es" no puede venir de lo que "no es". Esta concepción
radical cambió la visión tradicional del cosmos como un lugar de cambio y diversidad.
Zenón, discípulo de Parménides, es famoso por sus paradojas que buscan demostrar la imposibilidad
del movimiento y el cambio. Sus argumentos, como la paradoja de Aquiles y la tortuga, apuntan a
mostrar que nuestras percepciones del movimiento son contradictorias y, por lo tanto, ilusorias.
Meliso amplió las ideas de Parménides, afirmando que el ser es ilimitado y eterno, rechazando
cualquier tipo de cambio o multiplicidad.
Empédocles intentó reconciliar la unidad del ser con la evidente multiplicidad del mundo al proponer
que todo está compuesto por cuatro elementos eternos: tierra, agua, aire y fuego. Estos elementos se
combinan y se separan bajo la influencia de dos fuerzas: el Amor y la Discordia.
Anaxágoras introdujo el concepto de "homeomerías", semillas infinitamente pequeñas que contienen
todas las cualidades del ser. Estas semillas se combinan para formar todas las cosas, manteniendo la
inmutabilidad de las partes fundamentales.
Leucipo y Demócrito, los atomistas, propusieron que toda la realidad está compuesta por átomos
indivisibles y vacíos. Estos átomos, eternos e inmutables, se mueven en el vacío y se combinan para
formar todos los objetos del mundo.
Gorgias y el Relativismo del Ser:
Gorgias, un sofista contemporáneo de Sócrates, rechazó la concepción parmenídea del ser. Gorgias
argumenta que:
Nada existe.
Si algo existiera, no podría ser conocido por los seres humanos.
Si pudiera ser conocido, no podría ser comunicado.
Para Gorgias, el pensamiento y el discurso no pueden capturar el ser, ya que el lenguaje es una
realidad separada y absoluta que puede aparentar ser y suplantarlo. Sostiene que "lo visible no puede
transformarse en lo audible", de la misma manera que el ser no puede ser plenamente expresado en
palabras humanas.
Platón y la Jerarquía del Ser:
Platón, discípulo de Sócrates, fue el primero en distinguir diferentes regiones del ser. En su teoría de
las Ideas o Formas, Platón afirma que el mundo sensible es un reflejo imperfecto de un mundo
inteligible más real y perfecto. Este mundo de las Ideas contiene el "ser pleno", eterno e inmutable,
mientras que el mundo sensible está compuesto de "ser relativo", incompleto y cambiante.
Platón introduce una jerarquía de grados de ser, con el ser pleno en la cima y la nada absoluta en la
base. En "La República", identifica el Bien como el principio supremo, que ilumina y da sentido a
todas las Ideas. En el "Sofista", Platón explora la relación entre el ser y el no-ser, tratando de superar
las limitaciones de la concepción parmenídea.
Aristóteles y la Multiplicidad de Sentidos del Ser:
Aristóteles, discípulo de Platón, aborda la cuestión del ser desde una perspectiva diferente. Reconoce
la multiplicidad de significados del verbo "ser" y distingue varios sentidos del ser, que corresponden a
distintos tipos de seres interrelacionados.
En su "Metafísica", Aristóteles critica la tesis platónica de que el ser y el uno son los géneros más
universales. En cambio, propone que el ser se dice de muchas maneras (pros hen), siendo la sustancia
(ousía) el sentido primario. Las demás categorías del ser, como la cantidad, la cualidad y la relación,
dependen de la sustancia. Esta teoría permite a Aristóteles abordar la diversidad del mundo sin
recurrir a una jerarquía rígida.
Heráclito y el Devenir:
Heráclito introduce la idea del devenir continuo, encapsulada en la frase "panta rhei" (todo fluye).
Para Heráclito, la realidad está en constante cambio, y este cambio es fundamental para la existencia
del ser.
Heráclito utiliza el fuego como símbolo del devenir, ya que el fuego transforma constantemente la
materia. Afirma que no es posible entrar dos veces en el mismo río, ya que el agua sigue fluyendo y
cambiando. Su concepción del Logos, la razón subyacente al cambio, sugiere que el cambio mismo es
ordenado y racional.
Protágoras y el Relativismo del Conocimiento:
Protágoras, otro sofista destacado, introduce una perspectiva relativista del conocimiento con su
máxima "el hombre es la medida de todas las cosas". Según Protágoras, la realidad es subjetiva y
depende de la percepción humana.
El conocimiento humano está influenciado por el lenguaje, que es persuasivo y variable. Esto
significa que diferentes personas pueden tener diferentes percepciones de la misma cosa, eliminando
así el principio de no contradicción. Protágoras argumenta que de la misma cosa pueden diferir varias
palabras, lo que imposibilita la mentira absoluta, ya que todas las percepciones son igualmente
válidas.
Comparación y Contraste
Unidad e Inmutabilidad vs. Cambio y Fluidez:
Parménides y sus seguidores (Zenón, Meliso, Empédocles, Anaxágoras, Leucipo y Demócrito)
sostienen una visión del ser como inmutable y eterno.
Heráclito y Gorgias enfatizan el cambio y la fluidez de la realidad. Heráclito ve el devenir constante
como la esencia del ser, mientras que Gorgias cuestiona la capacidad del lenguaje para capturar el ser.
Jerarquía del Ser vs. Multiplicidad de Sentidos:
Platón introduce una jerarquía de grados del ser, desde el ser pleno hasta la nada absoluta. Su teoría de
las Ideas establece un dualismo entre el mundo inteligible y el mundo sensible.
Aristóteles distingue varios sentidos del ser, correspondientes a diferentes tipos de seres
interrelacionados. Su enfoque evita la jerarquización rígida de Platón, permitiendo una comprensión
más flexible de la realidad.
Subjetivismo y Relativismo del Conocimiento:
Protágoras propone una visión relativista del conocimiento, donde la percepción y el lenguaje humano
determinan la realidad, desafiando el principio de no contradicción.
Gorgias rechaza la capacidad del lenguaje para capturar el ser, sugiriendo que el ser existe
independientemente del pensamiento y el discurso.