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El documento explora la evolución del concepto de 'discurso' en relación con la lingüística y la semiótica, destacando la necesidad de una teoría de los discursos sociales que se distancie del modelo binario del signo. Se argumenta que toda producción de sentido es social y que los fenómenos sociales son procesos de producción de sentido, lo que implica una interrelación entre el sentido y lo social. Finalmente, se establece que el análisis de los discursos sociales debe considerar las condiciones de producción y reconocimiento, evitando el reduccionismo semiótico.

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El documento explora la evolución del concepto de 'discurso' en relación con la lingüística y la semiótica, destacando la necesidad de una teoría de los discursos sociales que se distancie del modelo binario del signo. Se argumenta que toda producción de sentido es social y que los fenómenos sociales son procesos de producción de sentido, lo que implica una interrelación entre el sentido y lo social. Finalmente, se establece que el análisis de los discursos sociales debe considerar las condiciones de producción y reconocimiento, evitando el reduccionismo semiótico.

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4. Discursos sociales Hasta el momento hemos visto dos corrientes histéricas: por un Jado Ja de la herencia saussureana, dominada por un modelo binario del signo (modelo que tiene sin duda, una muy larga historia)[36]; y por el otro lado, un pensamiento temario sobre la significacién, al que asoci¢é los nombres de Peirce y de Frege. La primera corriente es Ja del surgi- miento de [a ling{ifstica como ciencia de la lengua; la segunda permane- ci6 ajena al desarrollo de la lingtifstica, prolong4ndose bajo la forma, empirista, de una cierta semidtica anglosajona,[37) En los afios sesenta, cuando 1a lingiifstica encaraba un perfodo de transformacién profunda bajo el golpe de la teorfa chomskyana, Ja heren- cia saussureana dio vida, con cincuenta afios de retraso, a la primera semiologfa. Esta, que parecia finalmente dispuesta a tomar a su cargo las preocupaciones sociolégicas del saussurismo (bajo el impulso, paralelo pero no despreciable, del estructuralismo en antropologia), era prisione- ra del modelo binario del signo y, en consecuencia, permanecifa ajena a toda nocién de productividad del sentido. La teorfa generativo-transfos- macional, por el contrario, introducfa la idea de una productividad aso- ciada al funcionaniiento del lenguaje (bajo la forma, entre otros, del tema chomskyano de la “creatividad’”’);[38) pero expuls6 de la lingiifstica, de un modo aparentemente radical y definitive, toda preocupacién “socio- lWgica”. ‘He aqui por qué, durante los afios sesenta, una teorfa de la produc- cién de sentido fue imposible: modelos nuevos, més poderosos que los de la lingiifstica estructural por ser generativos y explicativos, tomaban forma, pero en un contexto cada vez mas hostil a toda consideracién sobre Ja “naturaleza social de 1a actividad del lenguaje”; por otro lado, la articulaci6n entre el sentido y los funcionamientos socioculturales se ha- cfa en un marco atin descriptivista, taxonémico y marcado por el ethos durkheimiano de la antropologfa de Claude Lévi-Strauss. En los afios setenta hizo su aparicién un recién llegado: el concepto de “discurso”. En lo que respecta a Francia, se encuentra en sus orfgenes un viejo articulo de Zelig Harris que no tuvo, en su tiempo, verdadero eco,[39] Al generalizarse, la reflexién acerca del concepto de discurso [Link]/web/Lalia 121 produjo una gran confusién y dio lugar a numerosos malentendidos: si bien se crey6 (err6neamente) que podfa tomar forma como prolongacién de la lingiifstica, tuvo la ventaja de situarse en desfasaje con respecto a Ja semiologfa. Por consiguiente, los efectos de esta irrupcidn fueron, en su conjunto, positivos, Ante todo, el concepto de “discurso” abre la posibilidad de un de- sarrollo conceptual que est4 en ruptura con la lingiifstica: imaginar (co- mo era el caso de Harris) que se puede llegar a ia nocién de discurso por cl progresivo ensanche de la problemAtica lingiifstica es, desde mi pun- to de vista, una ilusién peligrosa. Una teorfa de los discursos sociales se sitda necesariamente en un plano que no es el de la lengua. Basta por el momento, para ilustrar esta diferencia de nivel, con un ejemplo muy sim- ple: una teorfa de los discursos puede darse como objeto (como ya lo hicimos), el surgimiento de la lingiifstica como prdctica discursiva cien- tifica (y mas en general, el surgimiento de los discursos cientificos en la historia). Resulta evidente que la lingtifstica no posce las herramientas para comprender sus propios orfgenes y su funcionamiento como discur- so sobre el lenguaje (y tampoco tiene Ia pretension de poseerlas). Simul- téneamente y ala luz de esta ruptura entre Ja problemdtica sobre la len- gua y la problemitica sobre el discurso, se pueden formular correctamen- te las relaciones entre las dos, y en particular (lo que sdlo es paraddjico en apariencia), el hecho de que et saber lingiifstico es indispensable pa- ra una teoria de los discursos sociales. La ruptura de esta Ultima frente a la lingiifstica no podrd tener el mismo sentido que la hecha con anterio- ridad por la semiologfa: bajo pretexto de “autonomfa”, la semiologia simplemente ignoré lo que pasaba en lingiifstica; el resultado fue que la semiologfa generalmente se inspird en una lingiifstica ya superada. En segundo lugar, el concepto de “discurso” abre la posibilidad de una reformulaci6n conceptual, con una condicién: hacer estallar el mo- delo binario del signo y tomar a su cargo lo que yo llamo “pensamiento temario sobre la significacién”, sepultado bajo cincuenta afios de lin- giifstica estructuralista. , Semejante proyecto yo lo designo aquf, a falta de mejor nombre, teorta de la discursividad 0 teorfa de los discursos sociales. Resulta evidente que queda excluida la expresién “sociolingiifsti- ca”, n0 s6lo porque la disciplina que adopts ese nombre se define por ob- jetos y modalidades de trabajo radicalmente diferentes de las que nece~ sitamos aquf sino porque, aplicada a los problemas que nos preacupan, ja denominacién “sociolingiifstica” reproducirfa la ilusién peligrosa de la que hablabamos, que consiste en creer que se puede acceder a la pro- blematica sobre los discursos sociales “‘proyectando”, si se puede decir asf, el saber lingiifstico sobre los contextos sociales, 122 [Link]/web/Lalia En tercer lugar, la doble operacién que acabo de citar, a saber, se- paracién/rearticulacién entre teorfa del discurso y lingiifstica por un la- do y reformulacién conceptuat con la ayuda del “pensamiento ternario” por el otro, permitird que la teorfa de los discursos recupere problemas olvidados: aquellos que la lingiifstica rechaz6 en su historia (con razon Ono, no lo discutiré aquf) y que la semiologfa, a continuacién, ignoré sis- tematicamente. Ya sefialé los dos que me parecen mds importantes: la materialidad del sentido y 1a construccién de lo real en 1a red de 1a semio- sis. Recuperando estos problemas, la teorfa de los discursos funda su vo- caci6n traslingiitstica. 123 5. El sentido como produccién discursiva La articulacién de 1a problematica de los discursos sociales con el modelo temario sefialado en Frege y en Peirce, puede construirse de la Siguiente manera: TEORIA DE LOS FREGE PEIRCE DISCURSOS Sinn Interpretante Operaciones Zeichen Signo Discurso Bedeutung Objeto Representaciones . 1 Se trata de concebir los fendmenos de sentido como apareciendo, por un lado, siempre bajo la forma de conglomerados de materias signi- ficantes; y como remitiendo, por otro, al funcionamiento de la red semi6- tica conceptualizada como sistema productivo. Ahora bien, resulta evidente que, desde el punto de vista del andlisis del sentido, el punto de partida s6lo puede ser el sentido producido. Ek acceso a la red semiéti- ca siempre implica un trabajo de andlisis que opera sobre fragmentos extrafdos del proceso semistico, es decir, sobre una cristalizaci6n (resul- tado de la intervencién del anilisis) de las tres posiciones funcionales (o- peraciones-discurso-representaciones). Se trabaja asf sobre estados, que s6lo son pequefios pedazos del tejido de 1a semiosis, que la fragmenta- cién efectuada transforma en productos. La posibilidad de todo anélisis del sentido descansa sobre 1a hipétesis seguin la cual el sistema produc- tivo deja huellas en los productos y que el primero puede ser (fragmen- tariamente) reconstruido a partir de una manipulacién de los segundos. Dicho de otro modo: analizando productos, apuntamos a procesos. 124 [Link]/web/Lalia La teorfa de los discursos sociales es un conjunto de hipétesis so- bre los modos de funcionamiento de la semiosis social. Por semiosis social entiendo la dimensién significante de los fenémenos sociales: el estudio de la semiosis es el estudio de los fenémenos sociates en tanto procesos de produccién de sentido. Una teorfa de los discursos sociales reposa sobre una doble hipéte- sis que, pese a su trivialidad aparente, hay que tomar en serio: a) Toda produccién de sentido es necesariamente social: no se pue- de describir ni explicar satisfactoriamente un proceso signifi- cante, sin explicar sus condiciones sociales productivas. b) Todo fenédmeno social es, en una de sus dimensiones constituti- yas, un proceso de produccién de sentido, cualquiera que fuere el nivel de andlisis (m4s 0 menos micro 0 macrosociolégico). Consecuentemente, no se trata de caer en el reduccionismo semié- tico, de reducir los fené[Link] a fené[Link], Las ciencias sociales suponen, en general, que los diversos fenémenos que ellas estudian son significantes, pero sin interrogarse acerca del proble- ma especffico de los modos de comportamiento del sentido. Toda forma de organizacién social, todo sistema de accién, todo conjunto de relacio- nes sociales implican, en su misma definicin, una dimensi6n significan- te: las “ideas” o las “tepresentaciones”, como se solia decir. Un econo- mista puede analizar las modalidades de los intercambios en una socie- dad dada, las formas de organizacién de las relaciones de producci6n 0 el funcionamienmto del mercado: verd en todo ello Ja accién de las leyes econémicas. Estas estructuras, estas instituciones 0 estos procesos no son siquiera conceptualizables sin suponer formas de produccién de sen- tido; pero el problema de la especificidad de la semiosis en el nivel de Ja organizacién econémica de una sociedad no es un problema econémico. Tal vez se me conceda, entonces, que todo funcionamiento social tiene una dimensién significante constitutiva. Pero la hipstesis inversa es igualmente importante: toda produccién de sentido est insertada en lo social. Agreguemos que esta hipdtesis no prejuzga en nada sobre la ho- mogeneidad ni la coherencia significante de un funcionamiento social: si la semiosis es condicién de funcionamiento de una sociedad en todos sus niveles, ello no quiere decir, sin embargo, que manifieste las mismas modalidades en todos lados, ni que la sociedad en su conjunto tenga al- gun tipo de unidad significante. Ahora bien, la doble hipétesis que acabo de formular es insepara- ble del concepto de discurso: esta doble determinacidn puede ser pues- ta en evidencia a condicién de colocarse en el nivel de los funcionamien- [Link]/web/Lalia 125 tos discursivos. Este doble anclaje, del sentido en lo social y de lo soci 1 enel sentido, s6lo se puede develar cuando se considera la produccién de sentido como discursiva. Se comprende asf que se puedan definir pers- pectivas sobre el sentido que no reconozcan esta doble relacién: basta para ello con ignorar la naturaleza discursiva de toda produccién de sen- tido. Asf ocurre con la lingiifstica respecto del lenguaje: si se rehusa a trasponer las fronteras ‘dé la-frase;- resulta evidente que se podrd hacer andlisis lingtifstico sin ocuparse del problema de los fundamentos socia- les de la actividad del lenguaje. Lo mismo ocurre con una cierta semid- tica que se define como “ciencia de los sistemas de signos”. Por lo tan- to, s6lo en el nivel de la discursividad el sentido manifiesta sus determi- naciones sociales y los fenémenos sociales develan su dimensién signi- ficante. Es por ello que una sociosemistica s6lo puede ser una teoria de la produccién de los discursos sociales. Si el sentido est4 entrelazado de manera inextrincable con los com- portamientos sociales, si no hay organizacién material de la sociedad, ni instituciones, ni relaciones sociales sin producci6n de sentido, es porque esta liltima es el verdadero fundamento de lo que corrientemente se Ila- ma Jas “representaciones sociales”, Que las formas de estructuraci6n del modo de produccién y de las relaciones de producci6n, que los modos de organizaci6n institucional, que la naturaleza y el juego de Ios conflictos, que todo ello esté determinado por otros factores fuera de las “represen- taciones”, cuyos soportes son los actores sociales, nadie lo podria discu- tir. Pero tampoco es menos cierto que la teorfa de la produccién de sen- tido es uno de los capftulos fundamentales de una teorfa sociolégica, por- que es en Ja semiosis donde se construye la realidad de lo social. El mf- nimo acto-en-sociedad de un individyo supone la puesta en practica de un encuadre cognitive socializado, asf como una estructuraci6n sociali- zada de las pulsiones. El andlisis de los discursos sociales abre camino, de esa manera, al estudio de la construccién social de lo real, de lo que’ Hamé Ia “I6gica natural de los mundos sociales” que corresponde, si mi lectura es correcta, con lo que Maurice Godelier bautizé “la parte ideal de lo real”.{40} Rara vez abordaron las ciencias sociales esa problem4- tica en sf misma. Cuando lo hicieron, su camino se vio fuertemente mar- cado por el idealismo fenomenolégico.[41] Una teoria de los discursos sociales puede darse como meta el andlisis de la produccién de lo real- social, sin embrollarse con un modelo subjetivista del actor. Toda produccién de sentido, en efecto, tiene una manifestacién ma- terial. Esta materialidad del sentido define la condicién esencial, el pun- to de partida necesario de todo estudio empirico de la producci6n de sen- tido. Siempre partimos de “paquetes” de materias sensibles investidas de sentido que son productos; con otras palabras, partimos siempre de con- 126 [Link]/web/Lalia figuraciones de sentido identificadas sobre un soporte material (texto lingiifstico, imagen, sistema de accién cuyo soporte es el cuerpo, etcétera...) que son fragmentos de la semiosis. Cualquiera que fuere el soporte material, lo que amamos un discurso 0 un conjunto discursivo no es otra cosa que una corrfiguraci6n espacio-temporal de sentido. Las condiciones productivas de los discursos sociales tienen que ver, ya sea con las determinaciones que dan cuenta de las restricciones de generacién de un discurso o de un tipo de discurso, ya sea con las de- terminaciones que definen las restricciones de su recepcién. Llamamos alas primeras condiciones de produccion y, alas segundas, condiciones de reconocimiento. Generados bajo condiciones determinadas, que pro- ducen sus efectos bajo condiciones también determinadas, es entre estos dos conjuntos de condiciones que circulan los discursos sociales. Una consecuencia importante de este punto de partida es que un ob- jeto significante dado, un conjunto discursive no puede jamds ser anali- zado “en sf mismo”: el andlisis discursivo no puede reclamar “inmanen- cia” alguna. La primera condici6n para poder hacer un andlisis discursi- vo ¢s la puesta en relacién de un conjunto significante con aspectos de- terminados de esas condiciones productivas. El andlisis de los discursos nO €s otra cosa que la descripcién de las huellas de las condiciones pro- ductivas en los discursos, ya sean las de su generacién o las que dan cuer- la de sus “efectos”. Esta perspectiva permite superar la vieja querella entre el andlisis “intemo” y el andlisis “externo” (ya se trate de textos o de otros tipos de objetos significantes). Ella opuso de diversas maneras a quienes soste- nfan un “inmanentismo” del andlisis y quienes se proponfan relacionar Jos objetos analizados con la sociedad, la historia, etcétera (por ejemplo, una cosa serfa hacer semistica literaria y otra completamente distinta hacer sociologfa de Ja literatura...).[42] Desde el punto de vista de un andlisis discursivo, esta polémica es un falso debate: cl andlisis de los discursos no es “‘extemno” ni “interno”. No es “externo” porque para pos- tular que alguna cosa es una condicién productiva de un conjunto discur- sivo dado, hay que demostrar que dejé huellas en el objeto significante, en forma de propiedades discursivas. Inversamente, el andlisis discur- Sivo no es ni puede ser “intemo”, porque ni siquiera podemos identificar , Jo que hay que describir en una superficie discursiva, sin tener hipdtesis sobre las condiciones productivas. Debe quedar en claro que este doble techazo no es, para nosotros, el rechazo de dos posiciones antagénicas posibles: decimos, por el contrario, que Ja oposicién misma de estos dos Puntos de ee reposa en un malentendido. los“‘inmanentistas” les decimos que el andlisis intemo es una ilu- [Link]/web/Lalia 127 si6n: cuando analizan un texto, estén necesariamente poniéndolo en re lacién con algo que no est4 en el texto, aunque este “algo” no se formu- Je; ello deriva de la naturaleza heterogénea, fragmentada, de todo “tex- to” (ya volveremos sobre esto), lo que es valido, a fortiori, para cualquier superficie significante, cualquiera que fuere su soporte material, lingiifs- tico u otro. Un objeto significante, en s{ mismo, admite una multiplici- dad de andlisis y lecturas; por sf mismo, no autoriza una lectura antes que otra. S6lo deviene legible en relacién con criterios que se deben explici- tar y que movilizan siempre, de una manera u otra, elementos que tienen que ver con las condiciones productivas del objeto significante analiza- do (sea en produccién o en reconocimiento). A los partidarios del andlisis puramente “externo” (por mas que es- ta expresion sea de hecho una acusaci6n lanzada por los “inmanentistas” antes que una autoidentificacién), les decimos que si los objetos signifi- cantes analizados son verdaderamente tratados como significantes, nin- guin andlisis puede ser, en rigor, puramente “externo”. Los nicos andli- sis de los que se podrfa decir eso son aquellos que consideran los produc- tos de la semiosis como objetos inertes, buscando, por ejemplo, c6mo los discursos reflejan tal o cual realidad social, econémica, politica, biogr4- fica o psfquica. Los andlisis extemmos son consecuentemente inseparables de una concepcién mecdnica de jas relaciones entre los discursos y su contexto; tratan a los objetos significantes como si no lo fueran. Un dis- curso, cualquiera que fuere su naturaleza 0 tipo, no refleja nada; él es s6- Jo punto de pasaje del sentido. Los “objetos” que interesan al andlisis de Jos discursos no estdn, en resumen, “en” los discursos; tampoco estan “fuera” de ellos, en alguna parte de la “realidad social objetiva”. Son sistemas de relaciones: siste- mas de relaciones que todo producto significante mantiene con sus con- diciones de generaci6n por una parte, y con sus efectos por la otra, Si un discurso jam4s es un puro reflejo de una realidad exterior que Jo determinarfa mecdnicamente (y es por ello que hablamos de construc- cién de lo real en ek discurso), entonces hay que cuidarse muy bien de acercar la distinci6n entre un conjunto discursivo dado por un lado, y sus condiciones productivas por el otro, a las distinciones clasicas, tales co- mo la de infraestructura y superestructura. La distinci6n entre un discur- so y sus condiciones productivas siempre se establece a partir de la iden- tificacidn de tal o cual conjunto discursivo, del cual se propone hacer un andlisis. No se trata de una distincién “ontolégica” entre realidades cua- litativamente diversas, una que serfa la “base” material, objetiva (por consiguiente, no significante) y la otra que serfa el sentido o la produc- cién del sentido —‘“representaciones’’—, ligadas 0 no a instituciones “superestructurales”. En el marco de una teorfa de la semiosis social, la 128 [Link]/web/Lalia distinci6n es puramente metodolégica; se produce automaticamente a partir del momento en que elegimos un conjunto discursivo para anali- zar. La semiosis est4 @ ambos lados de la distincién: tanto las condicio- nes productivas cuanto los objetos significantes que nos proponemos analizar contienen sentido. Para dar toda su importancia teGrica a esta ob- servaci6n basta recordar el he sho de que, como ya lo subrayamos en la primera parte de este trabajo, entre las condiciones productivas de un dis- curso hay siempre otros discursos. Las relaciones de los discursos con sus condiciones de produccién por una parte, y con sus condiciones de reconocimiento por la otra, de- ben poder representarse en forma sistematica; debemos tener en cuenta reglas de generaci6n y reglas de lectura: en el primer caso hablamos de gramdticas ae produccién y en el segundo, de gramdticas de reconoci- miento.[43] , Las reglas que componen estas gramdticas describen operaciones de asignaci6n de sentido 2n las materias significantes (ya volveremos so- bre ello), Estas operaciones se reconstruyen (0 postulan) a partir de mar- cas presentes en la materia significante. Con otras palabras, estas opera- ciones son siempre operaciones subyacentes, reconstruidas a partir de marcas inscritas en la superficie material. Se puede hablar de marcas cuando se trata de propiedades significantes cuya relacién, sea con las condiciones de producciémo con las de reconocimiento, no esté especifi- cada (desde este punto de vista, por ejemplo, la lingiifstica trabaja sobre marcas propias de la materia significante lingiifstica), Cuando la relaci6n entre una propiedad significante y sus condiciones (sea de produccién 0 de reconocimiento) se establece, estas marcas se convierten en huellas de uno u otro conjunto de condiciones. Estos dos conjuntos no son jamas idénticos (ya hemos insistido en la primera parte de este trabajo sobre este punto): las condiciones de pro- ducci6n de un conjunto significante no son nunca las mismas que las del reconocimiento. La distancia entre produccién y reconocimiento es ex- tremadamente variable, segin el nivel de funcionamiento de la semiosis en que uno se coloca, asf como segtn el tipo de conjunto significante es- tudiado: No hay, por el contrario, propiamente hablando, huellas de la circulaci6n: el aspecto “circulacién” sdlo puede hacerse visible en el and- lisis como diferencia, precisamente, entre los dos conjuntos de huellas, de la produccién y del reconocimiento. El concepto de circulacién sSlo es, de hecho, el nombre de esa diferencia. Tanto desde el punto de vista sincrénico cuanto diacrénico, la se- miosis social es una red significante infinita, En todos sus niveles, tiene ta forma de una estructura de encastramientos. Tomemos como ejemplo discursos sociales constituidos de materia lingiifstica escrita. [Link]/web/Lalia 129 En la medida en que siempre otros textos forman parte de las con- diciones de produccién de un texto o de un conjunto textual dado, todo proceso de produccién de un texto es, de hecho, un fendmeno de recono- cimiento. E inversamente: un conjunto de efectos de sentido, expresado como gramitica de reconocimiento, s6lo puede manifestarse bajo la for- ma de uno 0 varios textos producidos. En la red infinita de la semiosis, toda gramdtica de producci6n puede examinarse como resultado de de- terminadas condiciones de reconocimiento; y una graméatica de recono- cimiento sélo puede verificarse bajo la forma de un determinado proce- so de produccién: he ahf fa forma de Ia red de Ja produccién textual enJa historia, La palabra “determinado” resulta decisiva en este contexto, por- que estas graméticas no expresan propiedades “en sf” de los textos; in- tentan representar las relaciones de un texto 0 de un conjunto de textos con su “mds alla”, con su sistema productivo (social). Este ultimo es ne- cesariamente histérico. El esquema adjunto representa la forma de una red textual histérica de este género, tal como se la puede asociar a una practica social (por ejemplo, una practica cientffica), Una gramitica de produccién define un campo de efectos de sen- tido posibles: pero la cuestién de saber cual es, concretamente, la grama- tica de reconocimiento aplicada a un texto en un momento dado, sigue siendo insoluble a Ja sola luz de las reglas de producci6n: s6lo puede re- solverse en relacién con Ja historia de los textos. Considerado en sf mis- mo, para retomar la f6rmula de Peirce, un pensamiento en un momento dado sélo tiene una existencia potencial, que depende de lo que ser mds tardg. La red infinita de la semiosis social se desenvuelve en el espacio- tiempo de Jas materias significantes, de la sociedad y de la historia. Durante mucho tiempo y pese a la gran diversidad de fuentes filo- s6ficas de las que se pudo alimentar, la epistemologfa persistié en creer que el conocimiento es algo que debe predicarse de un sujeto individual; que el saber es un proceso que se efecttia en el marco de una conciencia ode un determinado estado de la conciencia. A partirde allf, traté de com- prender el acceso de 1a conciencia del sujeto ala universalidad, para dar cuenta de la validez del saber, es decir, de 1a intersubjetividad de la re- lacién entre el conocimiento y su objeto. Con motivo del surgimiento de las disciplinas cientificas en la his- toria, sugerf, en filigrana, otro esquema, segiin el cual el conocimiento es un efecto de sentido cuya naturaleza s6lo puede ser aclarada volviéndo- Jaa situar en Ja red infinita de los discursos entrelazados, interminable- mente, a ciertas practicas sociales y, en particular, a las que se convirtie- ron en “las ciencias”. En el interior de esta red, el conocimiento es de alguna manera un fenémeno intersticial. El sujeto no es el soporte de ese saber, porque s6lo hay conocimiento cuando el discurso del sujeto (tini- 130 [Link]/web/Lalia - S3NOIOVHSdO SSNOIOVLNSSAHdSY NOMOVINDEID [ NOIOVINOYID @sunosid>) +> sanoiowuado 4 onaneoonoaae 4 4 Nolgongoud 4 [ NOIOVINOUID SBNOIOVINSSSudSay + Ge > Te” v ens Se omondoua t SSNOIOvLNaSaHd34 “ @suNOsIG > saNciovdadO: t OLNAINISONOOSY worpongous A [Link]/web/Lalia co del que el sujeto es soporte) se encuentra “‘atenazado” entre sus con- diciones discursivas de producci6n (que él efectiia) y sus condiciones discursivas de reconocimiento (que él abre y que, como lo habfa com- prendido Peirce, dependen de lo "que serd mds tarde”). La red discursiva esbozada en la primera parte de este trabajo reen- cuentra as{ el modelo temario de la semiosis, porque la estructura de es- ta red esté hecha, exactamente, de relaciones triddicas tejidas unas a otras; se 1a podria representar bajo la forma de un grafico (infinito) com- puesto por Terceridades. Tratemos de precisar esta hipétesis. Fijandonos en un punto de la red, como ya lo hicimos, vale decir identificando un discurso de referencia (D,), las relaciones de un discur- ‘so con sus condiciones productivas se pueden representar de la manera siguiente: P(D) -———~ (D) +--+ R(D) Ne (9) P(D,) designa las condiciones discursivas de produccién de (D); R(D) las condiciones discursivas de reconocimiento de (D); (0) el ob- jeto del discurso (D,). Como puede verse sc trata de dos rélaciones trid- dicas con dos puntos comunes, (D,) y (O:). Para definir el conocimiento, un epistemélogo “binario” solo retendrd la tnica relacién de (D.) con su objeto, En “Fundaciones”, sugerimos que la reducci6n de Ja relacién trid- dica al par(D,) + (O,) es la definicién misma del “efecto ideolégico”, se- gtin el cual un discurso verdadero mantiene una relacién frontal con su objeto, relacién que es la unica posible. El efecto ideolégico, insepara- ble dei postulado del “discurso absoluto”, se-constituye por desconoci- miento de la red interdiscursiva y se alimenta de la ilusi6n del sujeto co- mo fuente del sentido. Este modelo de “unidad mfnima” de la red discursiva contiene dos veces et grafico triddico de Peirce, Considerado en relaci6n con sus con- diciones discursivas de produccién, (D) es el interpretante de estas con- diciones, y es s6lo en esta medida que constituye a (O.) como su objeto. Considerado en relacién con sus condiciones productivas de reconoci- miento, por otro lado, (D,) es signo de su objeto y R(D)) deviene el inter- pretante, dentro de la relacién triddica. Lejos de ser el respondiente ais- Jado del discurso que lo habla, el objeto sdlo existe en cuanto tal en y por esa red interdiscursiva. Considerado en su unico vinculo con (D), (O,) puede ser designado, seguin la terminologia de Peirce, como el objeto in- 132 [Link]/web/Lalia mediato de (D,). Insertado en 1a relaci6n trifdica [P(D,)-(O)-(D,)], (O) es el objeto dindmico, porque si mi objeto “desborda” el discurso que man- tengo sobre él, es porque otros discursos han hablado ya de mi objeto Permaneciendo prisionero de la clausura semistica, reencuentro de esta manera, en la red interdiscursiva, el espesor de lo “real”. Este espesor resulta inseparable de la dimensién temporal, del ca- rcter hist6rico de la red interdiscursiva, de lo que llamé el desajuste per- petuo entre produccién y reconocimiento. Ahora bien, sc pucde pregun- tar al respecto con qué derecho mi esquema trata al objeto (O) co" 10 in- variante. ,Cémo se puede determinar si ¢l objeto (O) en tanto objeto ce Jos discursos que componen el conjunto P(D), es el mismo objeto (O) del discurso (D,)? Resulta cvidente que, permaneciendo en cl interior de la red interdiscursiva, la pregunta es insoluble: no se pucde afirmar que (0,93) sea el mismo que (O,), pero tampoco se puede afirmar que sca di- ferente. Por definicién, tas posiciones P(D) y (D,) no pueden coincidir; Ja irreversibilidad del tiempo histérico es lo que hace que esta pregunta sea insoluble. He dicho: “permaneciendo en el interior de Ja red interdiscursiva”. éPero es posible salir de ella? Sf, de alguna manera: es en todo caso la pre- tensién det analista de los discursos sociales. “Salir” de ta red, en relacion con relaciones interdiscursivas determinadas, quiere decir: tomar los dis- cursos que ocupan posiciones determinadas en la red como objetos. Ello define la especificidad del andlisis de los discursos: la relacién entre cl discurso producido como anatisis y los discursos analizados es una rela- cién entre un metadiscurso y un discurso-objeto. Ahora bicn, la relacion metalenguaje/lenguaje-objeto es radicalmente diferente de la que exis- te entre un discurso y sus condiciones discursivas de produccién (0 de re- conocimiento). En este trabajo, y hasta ahora, intenté practicar ambos ti- pos de relacién: tomé ef discurso de Comte y el del Cours de Linguisti- que Générale como discursos-objetos. En contraposici6n, la relaci6n de mi propio discurso con los de Frege y Peirce, por ejemplo, no es del mis- mo orden: es productiva y no analitica. Se puede también expresar esta diferencia con la ayuda dec Ja terminologfa de Peirce: en la relacién inter- discursiva, (del tipo (P,,,)-(D,)), uno de los discursos es signo (de su ob- jeto), el otro es interpretante. En la relacién metadiscurso/discurso-obje- to, este iltimo jamés est4-cn la posicién de signo; en otras palabras, el dis- curso del “observador’” de la red (el andlisis del discurso) jamds es inter- pretante del discurso analizado: es siempre solamente su signo. [Link]/web/Lalia 133

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