Este libro es una selección de poemas fantásticos de H. P.
Lovecraft, encabezado por el poemario Hongos de Yuggoth.
H. P. Lovecraft
Hongos de Yuggoth y otros
poemas fantásticos
ePub r1.1
Blok 26.09.2019
Título original: Fungi From Yuggoth & Other Poems
H. P. Lovecraft, 1971
Traducción: Juan Antonio Santos & Sonia Tribaldos
Retoque de cubierta: mininogris
Editor digital: Blok
ePub base r2.1
HONGOS DE YUGGOTH
I
EL LIBRO
l lugar era oscuro y polvoriento, un rincón perdido
n un laberinto de viejas callejuelas junto a los muelles,
Que olían a cosas extrañas traídas de ultramar,
ntre curiosos jirones de niebla que el viento del Oeste
dispersaba.
nos cristales romboidales, velados por el humo y la
escarcha,
Dejaban apenas ver los montones de libros, como árboles
retorcidos
udriéndose del suelo al techo… ventisqueros
De un saber antiguo que se desmoronaba a precio de saldo.
ntré, hechizado, y de un montón cubierto de telarañas
ogí el volumen más a mano y lo hojeé al azar,
emblando al leer raras palabras que parecían guardar
Algún secreto, monstruoso para quien lo descubriera.
Después, buscando algún viejo vendedor taimado,
ólo encontré el eco de una risa.
II
PERSECUCIÓN
levaba el libro apretado bajo el abrigo,
scondiéndolo como podía en semejante lugar,
Mientras apretaba el paso por las viejas calles del puerto
Volviendo con recelo la cabeza a cada instante.
Ventanas sombrías y furtivas de tambaleantes casas de
ladrillo
spiaban extrañamente mi paso apresurado,
al pensar en lo que cobijaban ansié violentamente
na visión redentora de puro cielo azul.
adie me había visto cogerlo… y sin embargo
na risa hueca seguía resonando en mi aturdida cabeza,
Dejándome adivinar qué mundos nocturnos de maldad
Acechaban en aquel volumen que había codiciado.
l camino se me hacía extraño, los muros demenciales…
a mi espalda, en la distancia, se oían pasos invisibles.
III
LA LLAVE
o sé qué vericuetos en la desolación
De aquellas extrañas callejuelas portuarias me llevaron a
casa,
ero en mi porche temblé, lívido con la prisa
or entrar y echar el cerrojo a la pesada puerta.
enía el libro que indicaba la vía secreta
ara atravesar el vacío y las pantallas suspendidas en el
espacio
Que mantienen a raya a los mundos sin dimensiones
confinan a los eones perdidos en su propio dominio.
Al fin era mía la llave de aquellas vagas visiones
De agujas contra el sol poniente y bosques crepusculares
Que se ciernen borrosas sobre los abismos, más allá de las
precisiones
De esta tierra, acechando como Memorias de infinitud.
a llave era mía, pero mientras estaba allí sentado,
musitando,
Vibró la ventana del desván bajo una leve presión.
IV
RECONOCIMIENTO
abía vuelto el día en que de niño
Vi una sola vez aquella hondonada cubierta de viejos robles
Grises por la bruma que sube del suelo y envuelve y ahoga
as formas abortadas que la locura ha profanado.
Volví a verlo: la hierba tupida y salvaje
iñendo un altar cuyos signos tallados invocan
A Aquel Que No Tiene Nombre, hacia quien ascienden
Mil humaredas, eones emanados, desde altas torres impuras.
Vi el cuerpo tendido sobre aquella piedra húmeda
supe que aquellas cosas celebrantes no eran hombres;
upe que aquel extraño mundo gris no era el mío,
i no el de Yuggoth, más allá de los abismos estelares…
Y entonces el cuerpo me lanzó un grito de agonía
supe demasiado tarde que era yo!
V
VUELTA A CASA
l demonio dijo que me llevaría a casa,
A la tierra lívida y sombría que recordaba vagamente
omo un lugar elevado con escaleras y terrazas
odeadas de balaustradas de mármol que peinan los vientos
del cielo,
Mientras muchas millas más abajo, a la orilla de un mar,
e extiende un laberinto de torres y torres y cúpulas
superpuestas,
na vez más, me dijo, volvería a quedar embelesado
Ante aquellas viejas colinas, y oiría el lejano rumor de la
espuma.
odo esto prometió, y por las puertas del ocaso
Me arrastró a través de lagos de llamas lamientes
tronos de oro rojo de dioses sin nombre
Que gritan de miedo ante un destino ominoso.
Después, un negro abismo con ruido de olas en la noche:
Aquí estaba tu casa, se burló, cuando aún veías!
VI
LA LÁMPARA
ncontramos la lámpara dentro de aquellos acantilados
huecos
uyos signos cincelados ningún sacerdote de Tebas podría
descifrar,
los espantosos jeroglíficos de aquellas cavernas
ran una advertencia para toda criatura viva de origen
terrenal.
ada más había allí: sólo aquella lámpara de latón
on restos de un aceite extraño en su interior,
Adornada con volutas de oscuro diseño
símbolos que sugerían vagamente pecados desconocidos.
os temores de cuarenta siglos no significaron nada
ara nosotros cuando nos llevamos nuestro escaso botín,
cuando luego lo examinamos en nuestra tienda oscura
ncendimos una cerilla para probar el aceite antiguo.
Ardió, ¡Dios Santo!… Pero las formas gigantescas
Que entrevimos en aquella furiosa llamarada
Abrasaron para siempre nuestras vidas con temor reverencial.
VII
LA COLINA DE ZAMÁN
a gran colina se alzaba junto al viejo pueblo,
na mole contra el final de la calle mayor;
Verde, alta y boscosa, dominaba sombríamente
l campanario del recodo de la carretera.
Doscientos años antes corrían rumores
obre lo que ocurría en aquella ladera evitada por el
hombre…
istorias de ciervos o pájaros extrañamente mutilados
O de niños perdidos cuyos padres habían abandonado toda
esperanza.
n día el cartero no encontró el pueblo donde solía
nadie volvió a ver sus habitantes ni sus casas;
a gente venía de Aylesbury y se quedaba mirando…
ero todos decían al cartero que a buen seguro
staba loco por contar que había alcanzado a ver
os ojos glotones de la gran colina y sus fauces abiertas de
par en par.
VIII
EL PUERTO
A diez millas de Arkham había encontrado el sendero
Que bordea el acantilado sobre Boynton Beach,
esperaba alcanzar a la hora del crepúsculo
a cresta que domina Innsmouth en el valle.
acia alta mar se alejaba una vela
lanca como los duros años de vientos antiguos podían
blanquear,
ero que me pareció un presagio adverso e indecible;
or eso no agité la mano ni le grité adiós.
Veleros zarpando de Innsmouth! Ecos de famas antiguas,
De épocas muertas hace tiempo; pero ahora se acerca
na noche demasiado rápida, y he llegado a la cumbre
Desde la que tantas veces oteé la ciudad lejana.
Agujas y tejados siguen allí… pero ¡mirad! ¡Las tinieblas
e abaten sobre las lóbregas callejuelas, más oscuras que la
tumba!
IX
EL PATIO
ra la ciudad que había conocido antaño,
a antigua ciudad leprosa donde multitudes mestizas
antan en honor de extraños dioses y golpean gongos impíos
n criptas bajo infectas callejuelas cercanas a la orilla.
as casas carcomidas con ojos de pescado me miraban de
reojo
nclinándose a mi paso, ebrias y medio animadas,
Mientras sorteaba inmundicias hasta franquear la puerta
Del patio negro donde debía estar el hombre.
as oscuras paredes se cerraron sobre mí, y empecé a
blasfemar
A gritos por haber entrado en aquel antro,
uando veinte ventanas de repente estallaron
n una luz salvaje y se llenaron de hombres que bailaban:
Locas piruetas mudas de la muerte les arrastraban,
ues ningún cadáver tenía manos ni cabeza!
X
LAS PALOMAS MENSAJERAS
Me llevaron a los barrios bajos, donde un mal viscoso
andeaba las descarnadas paredes de ladrillo,
una hedionda multitud de caras torcidas
Mandaba mensajes por guiños a extraños dioses y diablos.
n millón de fuegos ardían en las calles,
unos seres furtivos enviaban desde las azoteas
ájaros manchados de barro hacia el cielo abierto,
Mientras tambores ocultos batían con un ritmo acompasado.
abía que aquellos fuegos anunciaban cosas monstruosas,
que aquellas aves del espacio habían estado en el Exterior…
Adivinaba hacia qué criptas de oscuros planetas habían
volado,
lo que traían de Thog bajo las alas.
os otros reían… hasta que se quedaron repentinamente
mudos
Al vislumbrar lo que llevaba uno de los pájaros en su pico
maldito.
XI
EL POZO
l granjero Seth Atwood tenía más de ochenta años
uando intentó ahondar aquel profundo pozo junto a su
puerta
on la sola ayuda de Eb para cavar y perforar.
Al principio nos reímos, y esperamos que pronto recobraría el
juicio,
ero en vez de ello también el joven Eb se volvió loco
asta tal punto que se lo llevaron al manicomio del condado.
ntonces Seth cegó con ladrillos la boca del pozo…
luego se cortó una arteria de su nudoso brazo izquierdo.
Después del entierro algo nos hizo encaminarnos
acia aquel pozo y arrancar los ladrillos,
ero sólo vimos una hilera de asideros de hierro
Que se perdía en un negro agujero de hondura incalculable.
Así que volvimos a poner los ladrillos en su sitio, pues el
agujero
os había parecido demasiado profundo
ara que ninguna plomada pudiera sondearlo.
XII
EL AULLADOR
Me dijeron que no fuese por el sendero de Brigg’s Hill,
Que había sido antaño la carretera de Zoar,
ues Goody Watkins, ahorcado en mil setecientos cuatro,
abía dejado allí algún vástago monstruoso.
ero cuando desobedecí, y tuve ante mí
a quinta cubierta de hiedra junto a la gran ladera rocosa,
o pensé en olmos ni en sogas de cáñamo,
i no que me pregunté por qué la casa parecía aún tan nueva.
Me había detenido a contemplar el crepúsculo
oía débiles aullidos que parecían venir del piso superior,
uando la hiedra que cubría los cristales dejó pasar
n rayo de sol poniente que cogió por sorpresa al aullador.
legué a verlo… y huí frenéticamente de aquel lugar
de aquella criatura con cuatro patas y rostro humano.
XIII
HESPERIA
a puesta de sol invernal, refulgiendo tras las agujas
las chimeneas medio desprendidas de esta esfera sombría,
Abre grandes puertas a algún año olvidado
De antiguos esplendores y deseos divinos.
uturas maravillas arden en aquellos fuegos
argados de aventura y sin sombra de temor;
na hilera de esfinges indica el camino
ntre trémulos muros y torreones hacia liras lejanas.
s la tierra donde florece el sentido de la belleza,
Donde todo recuerdo inexplicado tiene su fuente,
Donde el gran río del Tiempo inicia su curso descendiendo
or el vasto vacío en sueños de horas iluminadas por las
estrellas.
os sueños nos acercan… pero un saber antiguo
epite que el pie humano no ha hollado jamás estas calles.
XIV
VIENTOS ESTELARES
s la hora de la penumbra crepuscular,
asi siempre en otoño, cuando el viento estelar se precipita
or las calles altas de la colina, que aunque desiertas
Muestran ya luces tempranas en cómodas habitaciones.
as hojas secas danzan con giros extraños y fantásticos,
el humo de las chimeneas se arremolina con gracia etérea
iguiendo las geometrías del espacio exterior,
Mientras Fomalhaut se asoma por las brumas del Sur.
sta es la hora en que los poetas lunáticos saben
Qué hongos brotan en Yuggoth, y qué perfumes
matices de flores, desconocidos en nuestros pobres
ardines terrestres, llenan los continentes de Nithon.
Pero por cada sueño que nos traen estos vientos
os arrebatan una docena de los nuestros!
XV
ANTARKTOS
n lo hondo de mi sueño el gran pájaro susurraba de forma
extraña
ablándome del cono negro de los desiertos polares,
Que se alza lúgubre y solitario sobre el casquete glaciar,
Azotado y desfigurado por los eones de frenéticas tormentas.
Allí no palpita ninguna forma de vida terrestre;
ólo pálidas auroras y soles mortecinos
rillan sobre ese peñón horadado, cuyo origen primitivo
ntentan adivinar a oscuras los Ancianos.
i los hombres lo vieran, se preguntarían simplemente
Qué raro capricho de la Naturaleza contemplan;
ero el pájaro me ha hablado de partes más vastas
Que meditan ocultas bajo la espesa mortaja de hielo.
Dios ayude al soñador cuyas locas visiones le muestren
sos ojos muertos engastados en abismos de cristal!
XVI
LA VENTANA
a casa era vieja, con alas caprichosamente enmarañadas
uya disposición nadie conocía a ciencia cierta,
en una pequeña estancia hacia la parte trasera
abía una extraña ventana cegada con piedra antigua.
Allí, en una infancia atormentada por los sueños, solía ir
iempre solo cuando reinaba la noche vaga y negra,
Apartando telarañas con una curiosa falta de miedo
sintiéndome cada vez más maravillado.
Más tarde llevé allí a los albañiles
ara descubrir qué vista habían rehuido mis lejanos
antepasados,
ero cuando perforaron la piedra entró impetuosa
na ráfaga de aire del vacío ignoto que se abría al otro lado.
ntonces huyeron… pero yo me asomé y encontré
desplegados
odos los mundos salvajes que me habían revelado mis
sueños.
XVII
UN RECUERDO
abía grandes estepas y mesetas rocosas
Que se extendían casi ilimitadas en la noche estrellada,
on fuegos de campamento que iluminaban débilmente
Manadas velludas de animales con esquilas tintineantes.
Al sur, en la distancia, la llanura se ensanchaba y descendía
acia una oscura muralla tendida en zigzag
omo una enorme pitón de la edad primigenia
Que el tiempo infinito hubiera helado y petrificado.
iritaba extrañamente en el aire frío y enrarecido,
me preguntaba dónde estaba y cómo había llegado allí,
uando una figura envuelta en una capa junto a una hoguera
e levantó y se acercó, llamándome por mi nombre.
al mirar aquella cara muerta bajo la capucha
erdí la esperanza… pues había comprendido.
XVIII
LOS JARDINES DE YIN
Al otro lado de la muralla, cuya antigua mampostería
legaba casi al cielo con torres cubiertas de musgo,
Debía haber jardines colgantes, llenos de flores
aleteos de pájaros, mariposas y abejas.
Debía haber paseos, y puentes sobre cálidos estanques
embrados de lotos donde se reflejaban cornisas de templos,
cerezos de ramas y hojas delicadas
ontra un cielo rosado donde se cernían las garzas.
odo debía estar allí, pues ¿no habían mis viejos sueños
ranqueado la puerta de aquel dédalo de linternas de piedra
Donde arroyos somnolientos trazan sus cursos sinuosos
Guiados por verdes sarmientos de parras colgantes?
orrí hacia allí… pero al llegar a la muralla, sombría e
inmensa,
Descubrí que ya no había ninguna puerta.
XIX
LAS CAMPANAS
Año tras año oí aquel tañido débil y lejano
De graves campanas traído por el viento negro de media
noche;
xtraños repiques, que no venían de ningún campanario
Que pudiese descubrir, sino como de más allá de un gran
vacío.
usqué una pista en mis sueños y recuerdos,
pensé en todos los carillones que albergaban mis visiones;
os de la apacible Innsmouth, donde las blancas gaviotas
planeaban
n torno a una aguja que conocí antaño.
iempre perplejo seguí oyendo caer aquellas notas lejanas
asta una noche de marzo en que la lluvia fría y desapacible
Me hizo franquear de nuevo las puertas del recuerdo
acia las viejas torres donde tañían badajos enloquecidos.
añían… pero desde las corrientes sin sol que fluyen
or valles profundos hasta verter al lecho muerto del mar.
XX
BESTEZUELAS NOCTURNAS
o sabría decir de qué criptas salen arrastrándose,
ero cada noche veo esas criaturas viscosas,
egras, cornudas y descarnadas, con alas membranosas
colas que ostentan la barba bífida del infierno.
legan en legiones traídas por el viento del Norte
on garras obscenas que cosquillean y escuecen,
me agarran y me llevan en viajes monstruosos
A mundos grises ocultos en el fondo del pozo de las
pesadillas.
asan rozando los picos dentados de Thok
in hacer el menor caso de mis gritos ahogados,
descienden por los abismos inferiores hasta ese lago
inmundo
Donde los shoggoths henchidos chapotean en un sueño
dudoso.
ero ¡ay! ¡Si al menos hicieran algún ruido
O tuvieran una cara donde se suele tener!
XXI
NYARLATHOTEP
al fin vino del interior de Egipto
l extraño Oscuro ante el que se inclinaban los fellás;
ilencioso, descarnado, enigmáticamente altivo
envuelto en telas rojas como las llamas del sol poniente.
A su alrededor se apretaban las masas, ansiosas de sus
órdenes,
ero al marcharse no podían repetir lo que habían oído;
Mientras por las naciones se propagaba la pavorosa noticia
De que las bestias salvajes le seguían lamiéndole las manos.
ronto comenzó en el mar un nacimiento pernicioso;
ierras olvidadas con agujas de oro cubiertas de algas;
e abrió el suelo y auroras furiosas se abatieron
obre las estremecidas ciudadelas de los hombres.
ntonces, aplastando lo que había moldeado por juego,
l Caos idiota barrió el polvo de la Tierra.
XXII
AZATHOTH
l demonio me llevó por el vacío sin sentido
Más allá de los brillantes enjambres del espacio dimensional,
asta que no se extendió ante mí ni tiempo ni materia
ino sólo el Caos, sin forma ni lugar.
Allí el inmenso Señor de Todo murmuraba en la oscuridad
osas que había soñado pero que no podía entender,
Mientras a su lado murciélagos informes se agitaban y
revoloteaban
n vórtices idiotas atravesados por haces de luz.
ailaban locamente al tenue compás gimiente
De una flauta cascada que sostenía una zarpa monstruosa,
De donde brotaban las ondas sin objeto que al mezclarse al
azar
Dictan a cada frágil cosmos su ley eterna.
Yo soy Su mensajero», dijo el demonio,
Mientras golpeaba con desprecio la cabeza de su Amo.
XXIII
ESPEJISMO
o sé si existió alguna vez
se mundo perdido que flota oscuramente en el río del
Tiempo,
ero lo he visto a menudo, envuelto en una bruma violeta
brillando débilmente al fondo de un sueño borroso.
abía extrañas torres y ríos con curiosos meandros,
aberintos de maravillas y bóvedas llenas de luz,
cielos llameantes cruzados por ramas, como los que
tiemblan
Ansiosamente momentos antes de una noche invernal.
Grandes marismas llevaban a costas desiertas con juncales
Donde revoloteaban aves inmensas, y en una colina ventosa
abía un pueblo antiguo con un blanco campanario
uyos repiques vespertinos resuenan aún en mis oídos.
o sé qué tierra es ésa… ni me atrevo a preguntar
uándo o por qué estuve, o estaré allí.
XXIV
EL CANAL
n algún lugar del sueño hay un paraje maldito
Donde altos edificios deshabitados se apiñan a lo largo
De un canal estrecho, sombrío y profundo, que apesta
A cosas horrendas arrastradas por corrientes grasientas.
allejones con viejos muros que se tocan casi en lo alto
Desembocan en calles que uno puede conocer o no,
un pálido claro de luna arroja un brillo espectral
obre largas hileras de ventanas, oscuras y muertas.
o se oyen ruidos de pasos, y ese sonido suave
s el del agua grasienta deslizándose
ajo puentes de piedra y por las orillas
De su cauce profundo, hacia algún vago océano.
ingún ser vivo podría decir cuándo arrastró esa corriente
Del mundo de arcilla su región perdida en el sueño.
XXV
SAN TOAD
¡Cuidaos del carillón cascado de San Toad!», le oí gritar
Mientras me internaba por aquellas callejuelas demenciales
Que serpentean en laberintos sombríos e indefinidos
Al sur del río donde sueñan los siglos antiguos.
ra una figura furtiva, encorvada y harapienta,
en un instante desapareció tambaleándose,
Así que seguí hundiéndome en la noche
acia nuevas líneas de tejados, dentadas y malignas.
inguna guía habla de lo que acechaba allí…
ero entonces oí chillar a otro viejo:
¡Cuidaos del carillón cascado de San Toad!». Y cuando
sintiéndome desfallecer
Me detuve, oí a un tercer anciano graznar de miedo:
¡Cuidaos del carillón cascado de San Toad!». Huí espantado
asta que de pronto surgió ante mí aquel negro campanario.
XXVI
LOS FAMILIARES
ohn Whateley vivía como a una milla de la ciudad,
Allí donde las colinas empiezan a apiñarse;
unca habíamos pensado que tuviese mucho juicio,
Viendo cómo dejaba echar a perder su granja.
asaba el tiempo leyendo unos libros extraños
Que había encontrado en el desván de su casa,
asta que unos surcos chocantes le arrugaron la cara
todo el mundo dijo que no le gustaba su aspecto.
uando empezó con aquellos aullidos nocturnos decidimos
Que sería mejor encerrarle para evitar algún daño,
Así que tres hombres del manicomio de Aylesbury
ueron a buscarle… pero volvieron solos y espantados:
e habían encontrado hablando a dos seres agazapados
Que al oír sus pasos echaron a volar con grandes alas negras.
XXVII
EL FARO DEL ANCIANO
De Leng, donde los picos rocosos se yerguen sombríos y
pelados
ajo frías estrellas ocultas a los ojos humanos,
rota al anochecer un único haz de luz
uyos lejanos rayos azules hacen gemir y rezar a los pastores.
Dicen (aunque nadie ha estado allí) que procede
De un faro alojado en una torre de piedra,
Donde el último Anciano vive solo
ablando al Caos con redobles de tambores.
a Cosa, cuchichean, lleva una máscara de seda
Amarilla, cuyos extraños pliegues parecen ocultar
na cara que no es de esta tierra, aunque nadie se atreve
A preguntar qué rasgos abultados hay debajo.
Muchos, en la primera juventud del hombre, buscaron ese
faro,
ero nadie sabrá jamás lo que encontraron.
XXVIII
EXPECTACIÓN
o sabría decir por qué algunas cosas me producen
na sensación de maravillas inexploradas por venir,
O de grieta en el muro del horizonte
Que se abre a mundos donde sólo los dioses pueden vivir.
s una expectación vaga, sin aliento,
omo de grandes pompas antiguas que recuerdo a medias,
O de aventuras salvajes, incorpóreas,
lenas de éxtasis y libres como un ensueño.
a encuentro en puestas de sol y en extrañas agujas urbanas,
n viejos pueblos y bosques y cañadas brumosas,
n los vientos del Sur, en el mar, en collados y ciudades
iluminadas,
n viejos jardines, en canciones entreoídas y en los fuegos de
la luna.
ero aunque sólo por su encanto vale la pena vivir la vida
adie alcanza ni adivina el don que insinúa.
XXIX
NOSTALGIA
ada año, al resplandor melancólico del otoño,
os pájaros remontan el vuelo sobre un océano desierto,
rinando y gorjeando con prisa jubilosa
or llegar a una tierra que su memoria profunda conoce.
Grandes jardines colgantes donde se abren flores
De vivos colores, hileras de mangos de gusto delicioso
arboledas que forman templos con ramas entrelazadas
obre frescos senderos… todo esto les muestran sus vagos
sueños.
uscan en el mar vestigios de su antigua costa,
la alta ciudad blanca, erizada de torres…
ero sólo las aguas vacías se extienden ante ellos,
Así que al fin dan media vuelta una vez más.
mientras tanto, hundidas en un abismo infestado de
extraños pólipos,
as viejas torres añoran su canto perdido y recordado.
XXX
PAISAJE DE FONDO
unca he podido apegarme a las cosas nuevas y crudas,
ues vi la primera luz en una ciudad antigua,
Donde los tejados apiñados descendían desde mi ventana
acia un puerto pintoresco, rico en visiones.
alles con puertas cinceladas donde los rayos del sol poniente
añaban viejos montantes de abanico y pequeñas vidrieras,
campanarios georgianos rematados con veletas doradas…
ales fueron las vistas que modelaron mis sueños infantiles.
stos tesoros, heredados de épocas de prudente fermento,
Desdibujan la presencia de las débiles quimeras
Que se agitan en vana mudanza y con fe confusa
ntre los muros inmutables de la tierra y el cielo.
ortan las cadenas del instante y me dejan libre
ara erguirme en solitario ante la eternidad.
XXXI
EL HABITANTE
a era viejo cuando Babilonia era joven;
adie sabe el tiempo que llevaba durmiendo bajo aquel
montículo
uando nuestras palas inquisidoras encontraron al fin
us bloques de granito y los sacaron a la luz.
abía inmensos pavimentos y cimientos de muros,
losas y estatuas cuarteadas, donde el cincel representó
A seres fantásticos de alguna edad remota,
Más allá de la memoria del mundo humano.
ntonces vimos aquellos escalones de piedra que descendían
or una puerta obstruida de dolomita grabada
asta un sombrío refugio de noche eterna
Donde amenazaban signos antiguos y secretos primigenios.
Abrimos un sendero… pero huimos en loca desbandada
Al oír aquellos pasos pesados que subían.
XXXII
ALIENACIÓN
u carne material nunca se había alejado,
ues cada aurora le encontraba en su lugar habitual,
ero su espíritu amaba vagar cada noche
or abismos y mundos distantes del día ordinario.
abía visto Yaddith y conservado empero el juicio,
abía vuelto indemne de la región ghoórica,
asta que una noche tranquila atravesó el curvo espacio
Aquella llamada apremiante que venía del vacío exterior.
or la mañana despertó convertido en un anciano,
desde entonces nada ha vuelto a parecerle igual.
os objetos flotan a su alrededor, nebulosos e indistintos,
omo fantasmas engañosos que ejecutan un plan más vasto.
u familia y sus amigos son ahora una multitud extraña
A la que lucha en vano por pertenecer.
XXXIII
SIRENAS PORTUARIAS
or encima de viejos tejados y agujas desconchadas
as sirenas del puerto cantan durante toda la noche;
Gargantas venidas de puertos extraños, de blancas playas
lejanas
océanos fabulosos, concertadas en coros abigarrados.
Ajenas unas a otras, no se conocen entre sí,
ero todas, por obra de alguna fuerza oscuramente
concentrada
Desde abismos ensimismados más allá del curso del Zodiaco,
e funden en un misterioso zumbido cósmico.
A través de vagos sueños organizan un desfile
De formas aún más vagas, insinuaciones y visiones;
cos de vacíos exteriores e indicios sutiles
De cosas que ni ellas mismas pueden definir.
siempre en ese coro, tenuemente entreveradas,
aptamos algunas notas que ningún buque terrenal emitió
jamás.
XXXIV
RECAÍDA
l camino descendía por un oscuro brezal ralamente arbolado
Donde piedras grises de musgo sobresalían del mantillo,
unas gotas curiosas, inquietantes y frías,
alpicaban desde arroyos invisibles que corrían a mis pies.
o hacía viento, ni se oía el menor ruido
ntre los arbustos enmarañados y los árboles de extrañas
formas,
ninguna perspectiva se extendía ante mí… hasta que de
pronto
Vi un túmulo monstruoso en medio del camino.
us lados escarpados se erguían amenazantes contra el cielo,
ubiertos de hiedra tupida y hendidos por una escalera en
ruinas
Que ascendía hasta la altura pavorosa con escalones de lava
Demasiado grandes para cualquier pie humano.
Di un grito… ¡y supe qué estrella y qué año primigenios
Me habían vuelto a arrebatar de la esfera humana de sueños
efímeros!
XXXV
ESTRELLA VESPERTINA
a vi desde aquel lugar escondido y silencioso
Donde el viejo bosque oculta a medias la pradera.
rillaba a través de los esplendores del crepúsculo… pálida
Al principio, pero con una cara que poco a poco se encendía.
legó la noche, y aquel fanal solitario, teñido de ámbar,
irió mi vista como nunca lo había hecho antaño;
a estrella vespertina, pero mil veces aumentada,
ncandilaba aún más en aquella quietud y aquella soledad.
razaba extraños dibujos en el aire estremecido…
ecuerdos borrosos que siempre habían llenado mis ojos…
nmensas torres y jardines, curiosos mares y cielos
De alguna vida imprecisa… no sé de dónde.
ero entonces supe que a través de la bóveda cósmica
Aquellos rayos me llamaban desde mi lejano hogar perdido.
XXXVI
CONTINUIDAD
ay en algunas cosas antiguas una huella
De una esencia vaga… más que un peso o una forma,
n éter sutil, indeterminado,
ero ligado a todas las leyes del tiempo y el espacio.
n signo tenue y velado de continuidades
Que los ojos exteriores no llegan a descubrir;
De dimensiones encerradas que albergan los años idos,
fuera del alcance, salvo para llaves ocultas.
Me conmueve sobre todo cuando los rayos oblicuos del sol
poniente
uminan viejas granjas en la ladera de una colina,
pintan de vida las formas que permanecen inmóviles
Desde hace siglos, menos quiméricas que todo esto que
conocemos.
ajo esa luz extraña siento que no estoy lejos
De la masa inmutable cuyos lados son las edades.
OTROS POEMAS FANTÁSTICOS
I
EL LAGO DE LA PESADILLA
xiste un lago en la lejana Zan,
Más allá de las regiones frecuentadas por el hombre,
Donde se consume solitario en un estado espantoso
n espíritu inerte y desolado;
n espíritu viejo y atroz,
Agobiado por una terrible melancolía,
Que respira los vapores cargados de pestilencia
Que emanan las aguas densas y estancadas.
obre los bajíos, de cieno arcilloso,
etozan criaturas ofensivas por su degeneración,
los extraños pájaros que merodean por sus orillas
amás han sido vistos por ojos mortales.
Durante el día luce un sol crepuscular
obre regiones vidriosas que nadie ha contemplado,
por la noche los pálidos rayos de la luna penetran
asta los abismos que se abren en su fondo.
ólo las pesadillas han podido revelar
Qué escenas tienen lugar bajo estos rayos,
Qué visiones, demasiado ancestrales para la mirada humana,
acen sumergidas en su noche sin fin;
ues por aquellas profundidades sólo deambulan
as sombras de una raza silenciosa.
na noche, saturada de olores malsanos,
legué a ver aquel lago, dormido e inerte,
Mientras en el cárdeno cielo bogaba
na luna creciente que brillaba y brillaba.
ude contemplar la extensión pantanosa de las orillas,
las criaturas ponzoñosas deslizándose por las ciénagas;
agartos y serpientes convulsos y moribundos;
uervos y vampiros descomponiéndose;
también, planeando sobre los cadáveres,
ecrófagos que se alimentaban de sus restos.
mientras la terrible luna se elevaba en lo alto,
Ahuyentando a las estrellas de los confines del cielo,
Vi que las oscuras aguas del lago se iluminaban
asta que aparecieron en el fondo las criaturas del abismo.
Más abajo, a una profundidad incalculable,
rillaron las torres de una ciudad olvidada;
Vi domos sin lustre y paredes musgosas;
Agujas cubiertas de algas y estancias desiertas;
Vi templos desolados, criptas de espanto,
calles que habían perdido su esplendor.
en medio de aquel escenario vi aparecer
na horda ambulante de sombras informes;
na horda maligna que se agitaba
jecutando lo que parecía una danza siniestra
n torno a unos sepulcros viscosos
erca de un camino jamás hollado.
n remolino surgió de aquellas tumbas
Quebrando el reposo de las aguas dormidas
Mientras las sombras letales del nivel superior
Aullaban al rostro sardónico de la luna.
ntonces el lago se hundió en su propio lecho,
ragado por las profundas cavernas de la muerte,
de la nueva y humeante tierra desnuda
e elevó una espiral de fétidos vapores de origen malsano.
obre la ciudad, casi al descubierto,
evoloteaban las monstruosas sombras danzantes,
uando, de pronto, abrieron con repentino estruendo
Las lápidas de los sepulcros!
ingún oído ha podido escuchar, ninguna lengua contar
l horror innombrable que sobrevino a continuación.
Vi que el lago… la luna gesticulante…
a ciudad y las criaturas que moraban en ella…
Al despertarme, rogué que en aquella orilla
El lago de la pesadilla no volviera a hundirse nunca más!
II
A PAN
entado en una cañada entre bosques
A orillas de un arroyo bordeado de juncos
Meditaba yo un día, cuando adormeciéndome
Me vi sumido en un sueño.
Del riachuelo surgió una figura
Medio hombre y medio cabrío;
enía pezuñas en vez de pies
una barba adornaba su garganta.
on un rústico caramillo de caña
ocaba dulcemente aquel ser híbrido,
yo olvidé todo cuidado terreno
ues sabía que era Pan.
infas y sátiros se congregaron
ara gozar del alegre sonido.
Demasiado pronto desperté con pesar
volví a las moradas de los hombres,
ero en valles campestres yo querría vivir
escuchar de nuevo la flauta de Pan.
III
LA CIUDAD
ra dorada y espléndida
Aquella ciudad de la luz;
na visión suspendida
n los abismos de la noche;
na región de prodigios y gloria, cuyos templos
ran de mármol blanco.
ecuerdo la época
n que apareció ante mis ojos;
ran los tiempos salvajes e irracionales,
os días de las mentes embrutecidas
n los que el Invierno, con su mortaja blanca y lívida,
Avanzaba lentamente torturando y destruyendo.
Más hermosa que Zión
esplandecía en el cielo
uando los rayos de Orión
ublaron mis ojos,
me sumieron en un sueño lleno de oscuros recuerdos
De vivencias olvidadas y remotas.
us mansiones eran majestuosas,
Decoradas con bellas esculturas
Que se erguían con nobleza
n magníficas terrazas,
los jardines eran fragantes y soleados,
en ellos florecían extrañas maravillas.
Me fascinaban sus avenidas
on sus perspectivas sublimes;
as elevadas arcadas me confirmaban
Que una vez, en otro tiempo,
abía vagado en éxtasis bajo su sombra,
n el benigno clima de Halcyón.
n la plaza central se alineaba
na hilera de estatuas;
ombres solemnes de largas barbas
Que habían sido poderosos en su día…
ero una estaba rota y mutilada,
su rostro barbado había sido destrozado.
n aquella ciudad esplendorosa
o vi a ningún mortal,
ero mi imaginación, indulgente
on las leyes de la memoria,
e demoró largo tiempo contemplando aquellas figuras
De la plaza, cuyos pétreos rostros observó con temor.
Avivé el débil rescoldo
Que aún permanecía encendido en mi espíritu,
me esforcé por recordar
os eones de pasado;
or atravesar libremente el infinito,
poder visitar el insondable pasado.
ntonces la horrible advertencia
ayó sobre mi alma
omo el ominoso amanecer
Que asciende en su roja aureola,
huí, lleno de pánico, antes de que los terrores
a olvidados y desaparecidos me fueran revelados.
IV
A MR. FINLAY, POR SU ILUSTRACIÓN PARA EL
CUENTO DE MR. BLOCH: «EL DIOS SIN ROSTRO»
n lóbregos abismos laten las formas de la noche,
ambrientas y tenebrosas, coronadas con extrañas mitras;
egras alas se agitan en fantástico vuelo, de orbe
A orbe, a través de simas despojadas de la luz del sol.
adie osa llamar cosmos al lugar de donde proceden,
O suponer una expresión en cada rostro informe,
O pronunciar las palabras que con fuerza irresistible
as atraerán de los infiernos del espacio exterior.
in embargo, aquí, sobre una página nuestra mirada
horrorizada
ncuentra formas monstruosas que ningún ojo humano
debería ver;
eminiscencias de aquellas blasfemias cuya presencia
Derrama la muerte y la locura a través del infinito.
Quién es el ilustrador que desafía solitario los negros
abismos
sobrevive para revelar sus horrores sin nombre?
V
MADRE TIERRA
na noche, paseando, descendí por el talud
De un valle profundo, húmedo y silencioso,
uyo aire estancado exhalaba un tufo de podredumbre
una frialdad que me hacían sentir enfermo y débil.
os árboles numerosos a cada lado
e cernían como una banda espectral de trasgos,
las ramas contra el cielo menguante
omaban formas que me daban miedo, sin saber por qué.
eguí avanzando, y parecía buscar
Alguna cosa perdida como la alegría o la esperanza,
ero pese a todos mis esfuerzos no pude encontrar
Más que los fantasmas de la desesperación.
os taludes se estrechaban cada vez más,
asta que pronto, privado de la luna y las estrellas,
Me vi comprimido en una grieta rocosa
an vieja y profunda que la piedra
espiraba cosas primitivas y desconocidas.
Mis manos, explorando, intentaban rastrear
os rasgos del rostro de aquel valle,
asta que en el musgo parecieron encontrar
n perfil espantoso para mi mente.
inguna forma que forzando los ojos
ubiera podido ver, habría reconocido;
ues lo que tocaba hablaba de un tiempo
Demasiado remoto para el paso fugaz del hombre.
os líquenes colgantes, húmedos y canosos,
Me impedían leer la antigua historia;
ero un agua oculta, goteando tenuemente,
Me susurraba cosas que no habría debido saber.
Mortal, efímero y osado,
n gracia guarda para ti lo que cuento,
ero piensa a veces en lo que ha sido,
en las escenas que han visto estas rocas desmoronadas;
n conciencias ya viejas antes de que tu débil progenie
Apareciese en una magnitud menor,
en seres vivientes que todavía alientan
Aunque no parezcan vivos a los humanos.
o soy la voz de la madre tierra,
De la que nacen todos los horrores».
VI
DESESPERACIÓN
lorando sobre los páramos tenebrosos,
uspirando a través de los bosques de cipreses,
Volando insensatamente en brazos del viento de la noche,
ormas infernales con cabellos ondulantes;
rujiendo en las estériles ramas,
usurrando en las ciénagas estancadas,
Gritando más allá de los acantilados del litoral,
Demonios malditos de la desesperación.
ecuerdo confusamente que en otro tiempo,
Antes de los grises cielos de noviembre,
Apagadas las llamas de mi juventud ambiciosa,
xistía en esta tierra algo parecido al éxtasis;
ielos hoy oscurecidos refulgían en lo alto,
Oro y azur, aparentemente espléndidos,
asta que aprendí que todo era un sueño…
n mortal ensueño del Hades.
ero el Tiempo, que transcurre vertiginosamente,
ngendra el tormento de la semiconsciencia…
e precipita turbulento, avanza a ciegas,
Más allá de las praderas transitadas;
el viajero, doliente, observa
l lúgubre resplandor de las hogueras de la muerte,
scucha el aciago graznido del pretel
Mientras deriva hacia el mar, desamparado.
Alas funestas baten en el éter;
uitres sombríos roen el espíritu;
ngendros sin nombre que se agitan eternamente,
egras siluetas contra el obsceno cielo.
álidas sombras de la alegría pasada,
Demonios desgarrados de la tristeza venidera,
onfundidos en una nube de locura,
ara siempre incrustados en el alma.
Así el viviente, aislado, víctima de la incertidumbre,
e debate en medio de estremecimientos de angustia,
Mientras las nauseabundas furias le despojan
oche y día de paz y descanso.
ero, más allá de los lamentos y pesares
De esta Vida detestable, espera
l dulce Olvido, culminación
De tantos años de búsqueda infructuosa.
VII
OCEANUS
A veces me detengo en la orilla
Donde las penas vierten sus flujos,
las aguas turbulentas suspiran y se quejan
De secretos que no se atreven a contar.
Desde las simas profundas de valles sin nombres,
desde colinas y llanuras que ningún mortal conoce,
a mística marejada y el hosco oleaje
ugieren como taumaturgos malditos
n millar de horrores, henchidos por el temor
Que ya contemplaron épocas hace tiempo olvidadas.
Oh vientos salados que tristemente barréis
as desnudas regiones abisales;
Oh pálidas olas salvajes, que recordáis
l caos que la Tierra ha dejado tras de sí;
na sola cosa os pido:
Guardad por siempre oculto vuestro antiguo saber!
VIII
EL EIDOLON
ucedió en la hora innombrable de la noche
uando las fantasías en su delirante vuelo
Giran en torno al inmóvil durmiente
se deslizan en sus visiones inconscientes;
uando la carne yace en su lecho terrestre
omo un cuerpo muerto y deshabitado…
Abandonado por el alma que vuela libre
A través de mundos nunca vistos por ojos carnales.
or encima de la torre la luna cornuda
e elevaba a las alturas con gracia siniestra,
en su pálido e inquietante fulgor
evivía recuerdos de antiguos sueños.
Arriba, en el firmamento, los signos de las estrellas
entelleaban fantásticos y malignos,
unas voces surgidas del inmenso abismo
Me persuadieron para que olvidara mis penas en el sueño.
uve esta revelación una fría noche de noviembre
perdurará en mi memoria a través de los años.
Otra luna había cuando contemplé
na región árida y desolada
or la que reptaban oscuramente sombras espectrales
obre túmulos pantanosos donde dormían cosas muertas.
a siniestra luna proyectaba su luz mortecina
obre formas insólitas y deformes,
ormas aéreas procedentes de extraños dominios
Que se desplazaban de acá para allá
evoloteando como si buscaran angustiadas
n remoto lugar lleno de luz y de paz.
n medio de aquel oscuro tropel mis ojos descubrieron
eres que habitan el espacio etéreo;
n caos viviente se había reunido allí
Venido de inmemoriales esferas,
ero con el mismo objetivo y el deseo común
De encontrar el Eidolon llamado VIDA.
a sombría luna, como ojo demoníaco
arpadeando ebrio en el cielo,
e elevó más y más sobre la llanura
arrastró a mi espíritu tras su estela.
Vi una montaña, coronada
or grandes y populosas ciudades
uyos habitantes yacían en su mayor parte
umidos en un profundo sueño nocturno
Mientras la luna vigilaba aviesa durante largas y oscuras
oras las calles solitarias y las torres silenciosas.
a montaña se erguía con una belleza indescriptible
obre un bosque que circundaba su base;
adera abajo fluía un arroyo cristalino
Que zigzagueaba bajo la luz espectral.
odas las ciudades que engalanaban su cima
arecían ansiosas por destacar sobre las demás,
on sus imponentes columnas, cúpulas y templos
Que resplandecían magníficos y fascinantes por encima de las
llanuras.
ntonces la luna se quedó inmóvil en el cielo
omo si fuera el símbolo de un mal presagio,
, al contemplarla, el tropel aéreo supo
Que la VIDA al fin estaba ante sus ojos;
Que la hermosa montaña que contemplaban
ra la VIDA, ¡el Eidolon tanto tiempo buscado!
ero, de pronto… ¿qué son esos rayos que iluminan la escena
omo una aurora que disipa las tinieblas?
l oriente resplandece horriblemente con una luz
Del mismo color que la sangre… una luz deslumbrante…
la montaña adquiere una gris palidez,
l terror de las tierras vecinas.
l abominable bosque de árboles retorcidos
Agita sus horribles garras azotado por la brisa,
el arroyo, fluyendo ladera abajo,
efleja el día con brillo restallante.
n lo alto avanza lentamente la luz del conocimiento
alpicando los agrietados muros de las ciudades
or los que reptan en torpes cuadrillas
l fétido lagarto y el gusano.
Mientras el mármol leproso expone a la luz
sculturas que producen repulsión y espanto
Muchos templos revelan el pecado
la blasfemia que reina en su interior.
¡Oh poderes de la Luz, del Espacio y la Sabiduría!
Está la VIDA tan llena de infames horrores?
Os ruego que no ocultéis más la maravillosa creación,
nos mostréis la gloria viviente… ¡El Hombre!».
ntonces las casas vomitaron a la calle
na nauseabunda pestilencia, una caterva
De criaturas que no puedo, que no me atrevo a describir,
uya forma era tan vil como negra su infamia.
en el cielo, la perversa mirada del sol
e burla de la devastación que ha producido,
Despiadado con las vagas formas que huyen
De regreso a la Noche eterna.
¡Oh claro de luna, Pantano de los Túmulos de la MUERTE!
Vuelva a nosotros tu reino! El soplo letal
s un bálsamo delicioso para el alma
Que ve la luz y conoce el absoluto».
Quise unirme al cortejo alado
Que se sumía de nuevo en la oscuridad,
ero el horror devoraba mi mente
paralizaba mis pobres pasos vacilantes.
De buena gana habría huido del día en mi sueño…
Demasiado tarde: ¡he perdido la pista!
IX
EL PUESTO DE AVANZADA
uando el anochecer enfría el río amarillo
las sombras avanzan por los senderos de la jungla,
l palacio de Zimbabwe permanece iluminado
ues un gran Rey teme abandonarse al sueño.
orque sólo él entre todos los hombres
Vadeó el pantano que las serpientes rehuyen;
luchando por alcanzar el sol poniente,
e internó en la meseta que se extiende al otro lado.
ingunos otros ojos se han aventurado por aquella tierra
Desde que los ojos les fueron dados a los hombres…
ero allí, a la hora en que el ocaso se torna en noche,
Descubrió la guarida del Antiguo Secreto.
Más allá de la planicie se alzan extraños torreones,
Murallas y bastiones se despliegan alrededor
De los lejanos domos que envilecen el suelo
omo hongos descompuestos después de la lluvia.
na luna mezquina se retuerce en el cielo iluminando
Vastas extensiones donde la vida no puede tener cobijo;
ada domo, cada torre, palidecen en la lejanía
revelan sus estructuras cerradas y malignas.
ntonces, aquél que en su infancia deambuló
in miedo entre ruinas cubiertas de enredaderas
e estremeció ante lo que sus ojos descubrieron…
orque allí no se levantaban los vestigios de una morada de
los hombres.
ormas inhumanas, medio vistas, medio adivinadas,
Medio sólidas y medio engendradas del éter,
urgieron de vacíos sin estrellas abiertos en el cielo,
descendieron hasta estas pálidas murallas de pestilencia.
desde esta zona de demente ponzoña, hordas amorfas
egresaron misteriosamente hacia el vacío,
on sus mórbidas garras cargadas con los despojos
De cosas que los hombres han soñado y conocido.
os antiguos Pescadores del Exterior…
Acaso no revelaban las historias del sumo sacerdote
ómo descubrieron los mundos de otros tiempos
capturaron el botín que su imaginación codiciaba?
us puestos de avanzada secretos, rodeados de espanto,
rden planes sobre un millón de mundos en el espacio;
Aborrecidos por toda raza viviente,
sin embargo, preservados en su soledad.
udando de miedo, el hombre que vigila se arrastró
or el pantano que rehuyen las serpientes,
ara encontrarse, a la salida del sol,
A salvo en el palacio donde dormía.
adie le vio partir, o regresar al alba,
i su carne revela ninguna huella
De lo que descubrió en aquella tiniebla infame…
in embargo, la paz ha huido de su sueño.
uando el anochecer enfría el río amarillo
las sombras avanzan por los senderos de la jungla,
l palacio de Zimbabwe permanece iluminado
ues un gran Rey teme abandonarse al sueño.
X
PROVIDENCE
Allí donde el río y la bahía se unen mansamente
se extienden laderas frondosas,
as agujas de Providence ascienden
acia los cielos antiguos,
en los estrechos senderos sinuosos
Que trepan por pendientes y crestas
odavía se puede encontrar
a magia apacible de días olvidados.
n destello de abanico, un golpe de aldaba,
a visión fugaz de una vieja casa de ladrillo…
mágenes y sonidos de tiempos pasados
Donde se refugian las quimeras.
nas escaleras con barandilla de hierro,
n airoso campanario,
na aguja esbelta de clara piedra tallada,
l muro de un jardín cubierto de musgo.
n cementerio oculto, ruinas que son pruebas
De la mortalidad del hombre,
n muelle podrido donde agudos tejados
acen guardia sobre el mar.
na plaza y un paseo, cuyos muros
an contemplado quince décadas enteras,
unto a caminos empedrados que los árboles cobijan
desdeña la multitud.
uentes de piedra sobre lánguidos arroyos,
asas encaramadas en la colina,
patios donde el alma pensativa
e deja invadir por sueños y misterios.
ramos en cuesta de un callejón emparrado
Donde pequeños rombos de ventanas
rillan en el crepúsculo sobre un sembrado
Que el azar ha dejado al fondo.
Mi Providence! ¡Qué huestes etéreas
acen girar aún tus veletas doradas!
Qué vientos embrujados pueblan todavía
on fantasmas grises tus viejas callejuelas!
omo antaño las campanas vespertinas
esuenan sobre tu valle,
Mientras tus severos fundadores en sus tumbas
iguen bendiciendo tu tierra sagrada.
XI
EL BOSQUE
alaron los árboles y, en el corazón del bosque,
uya noche perpetua oculta secretos eternos,
levaron a los cielos torres y pabellones de mármol:
na ciudad para el disfrute de sus placeres.
Aquel magnífico esplendor de domos y torreones se alzaba
esplandeciente para asombro de las tierras colindantes;
ristal y marfil, coronados por sublimes pináculos
Que cubrían nieves perennes.
en sus salas resonaba la flauta y el sistro,
Mientras el vino y la orgía dejaban sus huellas escarlatas;
amás una voz cantó a las antiguas maravillas,
i una sola mirada recorrió las colinas y las llanuras.
Así pasaron los años, hasta que una noche purpúrea
n trovador ebrio recitó en sus desatinados versos
as abyectas palabras que nunca debieron ser pronunciadas,
onjurando las sombras de una antigua maldición.
os bosques pueden desaparecer, pero nunca las tinieblas
que albergan;
or eso, en el lugar donde se asentaba aquella arrogante
ciudad,
l estremecedor amanecer no encontró ni una sola piedra,
ero sí tuvo que evitar la negrura de un bosque primitivo.
XII
EL HORROR DE YULE
ay nieve en el campo
los valles están helados,
una profunda medianoche
e cierne sombría sobre el mundo;
ero una luz entrevista en las cumbres
evela festines profanos y antiguos.
ay muerte en las nubes,
ay miedo en la noche,
ues los muertos en sus mortajas
elebran la puesta del sol,
entonan cantos salvajes en los bosques mientras danzan
n torno al altar de Yule, fungoso y blanco.
n viento que no es de este mundo
ecorre el bosque de robles,
uyas mórbidas ramas se ahogan
n una maraña de delirante muérdago,
orque éstos son los poderes de las tinieblas, que perviven
n las tumbas de la raza perdida de los Druidas.
XIII
CAMPANAS
scucho las campanas de aquella torre majestuosa;
as campanas del esplendor de Yule en una noche turbulenta;
epicando con sorna en una hora lúgubre
obre un mundo sacudido por la codicia y el espanto.
us melodiosos tonos resuenan en miríadas de tejados;
n millón de almas insomnes asiste al juego de los carillones;
in embargo su mensaje cae sobre un suelo pedregoso…
u espíritu es cercenado por la espada del Tiempo.
Por qué suenan, remedando los años felices
uando la paz y el sosiego reinaban en la plácida llanura?
Por qué sus acordes familiares provocan las lágrimas
De aquellos que tal vez no vuelvan a conocer la dicha?
ace años os conocía bien… hace muchos años…
uando el antiguo pueblo dormía en la ladera;
ntonces vuestras notas resonaban sobre la nieve iluminada
por las estrellas
n medio de la alegría, la paz y la esperanza eterna.
Mi imaginación evoca el modesto chapitel;
l tejado puntiagudo, negra sombra contra la luna;
os góticos ventanales, ardiendo con un fuego
Que presta la magia a los cínicos tonos.
Venerable cada seto cubierto de nieve bajo los rayos
Que añadían plata a la plata del valle;
ncantadora cada choza, cada vereda, cada arroyo,
alegre el espíritu del aire perfumado por los pinos.
os pastores profesaban un simple credo;
Vivían en inocente beatitud entre las montañas;
us corazones joviales, sus almas honestas en paz,
Animados por las sencillas alegrías de los mortales.
ero una horrible plaga aparece en escena;
n fantástico nimbo se cierne sobre la tierra;
ormas demoniacas flotan por encima de los bosques,
ante cada puerta se alzan sombras malignas.
l Tiempo, siniestro bufón, avanza por la pradera;
ajo su paso la alegría se extingue.
orazones joviales se desangran con angustia inexplicable,
almas atormentadas proclaman su influencia funesta.
onflicto y cambio acosan al mundo vacilante;
ensamientos salvajes y quimeras ciegan la razón;
a confusión se apodera de una raza senil
el crimen y la locura merodean impunemente.
scucho las campanas… las campanas burlonas y malditas
Que despiertan recuerdos que obsesionan y paralizan;
uenan y resuenan sobre un millar de infiernos…
Demonios de la noche… ¿por qué no permanecéis tranquilos?
XXIV
NÉMESIS
A través de las puertas del sueño custodiadas por los gules,
Más allá de los abismos de la noche iluminados por la pálida
luna,
e vivido mis vidas sin número,
e sondeado todas las cosas con mi mirada;
me debato y grito cuando rompe la aurora, y me siento
Arrastrado con horror a la locura.
e flotado con la tierra en el amanecer de los tiempos,
uando el cielo no era más que una llama vaporosa;
e visto bostezar al oscuro universo,
Donde los negros planetas giran sin objeto,
Donde los negros planetas giran en un sordo horror,
in conocimiento, sin gloria, sin nombre.
e vagado a la deriva sobre océanos sin límite,
ajo cielos siniestros cubiertos de nubes grises
Que los relámpagos desgarran en múltiples zigzags,
Que resuenan con histéricos alaridos,
on gemidos de demonios invisibles
Que surgen de las aguas verdosas.
Me he lanzado como un ciervo a través de la bóveda
De la inmemorial espesura originaria,
Donde los robles sienten la presencia que avanza
acecha allá donde ningún espíritu osa aventurarse,
huyo de algo que me rodea y sonríe obscenamente
ntre las ramas que se extienden en lo alto.
e deambulado por montañas horadadas de cavernas
Que surgen estériles y desoladas en la llanura,
e bebido en fuentes emponzoñadas de ranas
Que fluyen mansamente hacia el mar y las marismas;
en ardientes y execrables ciénagas he visto cosas
Que me guardaré de no volver a ver.
e contemplado el inmenso palacio cubierto de hiedra,
e hollado sus estancias deshabitadas,
Donde la luna se eleva por encima de los valles
ilumina las criaturas estampadas en los tapices de los
muros;
xtrañas figuras entretejidas de forma incongruente
Que no soporto recordar.
umido en el asombro, he escrutado desde los ventanales
as macilentas praderas del entorno,
l pueblo de múltiples tejados abatido
or la maldición de una tierra ceñida de sepulcros;
desde la hilera de las blancas urnas de mármol persigo
Ansiosamente la erupción de un sonido.
e frecuentado las tumbas de los siglos,
n brazos del miedo he sido transportado
Allá donde se desencadena el vómito de humo del Erebo;
Donde las altas cumbres se ciernen nevadas y sombrías,
en reinos donde el sol del desierto consume
Aquello que jamás volverá a animarse.
o era viejo cuando los primeros Faraones ascendieron
Al trono engalanado de gemas a orillas del Nilo;
o era viejo en aquellas épocas incalculables,
uando yo, sólo yo, era astuto;
el Hombre, todavía no corrompido y feliz, moraba
n la gloria de la lejana isla del Ártico.
Oh, grande fue el pecado de mi espíritu,
grande es la duración de su condena;
a piedad del cielo no puede reconfortarle,
i encontrar reposo en la tumba:
os eones infinitos se precipitan batiendo las alas
De las despiadadas tinieblas.
A través de las puertas del sueño custodiadas por los gules,
Más allá de los abismos de la noche iluminados por la pálida
luna,
e vivido mis vidas sin número,
e sondeado todas las cosas con mi mirada;
me debato y grito cuando rompe la aurora, y me siento
Arrastrado con horror a la locura.
XV
EL MENSAJERO
l Engendro, dijo, vendría esa noche a las tres
Desde el viejo cementerio que se extiende al pie de la colina;
ero yo, acurrucándome al benévolo calor de un fuego de
roble,
ntenté convencerme a mí mismo de que era imposible.
eguramente, reflexioné, se trata de una broma macabra
rdida por alguien que no conoce el verdadero
igno de los Antiguos, legado de tiempos pretéritos,
Que libera las perversas formas de las tinieblas.
l no había querido decir eso… no… pero yo encendí
Otra lámpara mientras el constelado León surgía
or encima del Seekonk, y resonaba un campanario…
as tres… y el resplandor del fuego se apaga poco a poco.
ntonces, aquel augurio vino a golpear la puerta…
Y la delirante verdad me devoró como una llama!
XVI
POR DÓNDE UN DÍA PASEÓ POE
Divagan eternamente las sombras en esta tierra,
oñando con siglos que se fueron para siempre;
Grandes olmos se alzan solemnes entre lápidas y túmulos
Desplegando su alta bóveda sobre un mundo oculto de otro
tiempo.
na luz del recuerdo ilumina todo el escenario,
las hojas muertas hablan en susurros de los días idos,
Añorando imágenes y sonidos que ya no volverán.
riste y solitario, un espectro se desliza a lo largo
De los paseos por donde sus pasos le llevaban en vida;
ero no es visible a los ojos de cualquiera, a pesar de que su
canto
esuena a través del tiempo con una extraña fascinación.
ólo los pocos que conocen el secreto de su magia
ueden encontrar entre estas tumbas la sombra de Poe.
HOWARD PHILIPS LOVECRAFT (Providence, 1890 - 1937).
Escritor estadounidense. Maestro indiscutible de la literatura
fantástica, su obra rebasa en realidad la confluencia de
géneros como la literatura de terror y la ciencia ficción
hasta cristalizar en una narrativa única que recrea una
mitología terrorífica de seres de un inframundo paralelo. Los
paisajes de la naturaleza de su región natal, Nueva
Inglaterra, influyeron en su temperamento fantasioso y
melancólico. Desde niño se formó en lecturas mitológicas,
en la astronomía y en las ciencias. En 1919 leyó la obra de
Lord Dunsany, que lo marcó sensiblemente; lo mismo le
ocurrió con Edgar Allan Poe y Arthur Machen. La mayor
parte de sus obras fue publicada en la revista Weird Tales.
Considerado uno de los más brillantes y originales autores
de narrativa fantástica del siglo XX, la fama de H. P.
Lovecraft creció sobre todo después de su muerte, cuando
su obra, aparecida inicialmente en revistas especializadas,
fue publicada en volumen. En su narrativa se funden
elementos heterogéneos: el influjo de Edgar Allan Poe,
reconocible en ciertas atmósferas y recursos técnicos de sus
cuentos juveniles, pero también en las novelas de madurez
como En las montañas de la locura (1931); los lazos con la
tradición y el paisaje de la Nueva Inglaterra, oníricamente
transformado en espacio fantástico; o los arranques de
ciencia-ficción, que son desarrollados en cuentos como El
color que cayó del espacio (1927).
El título de mayor originalidad de la obra de Lovecraft
reside, sin embargo, en la creación de una compleja y
personal mitología monstruosa en el centro de la cual están
los old ones, divinidades horribles expulsadas de la Tierra en
los tiempos prehistóricos y en lucha para tomar posesión de
ella. Estos seres monstruosos y malolientes aparecen
primero de forma esporádica y luego cada vez más
orgánicamente en cuentos como Las ratas en las paredes
(1924), Los mitos de Cthulhu (1926) y El horror de Dunwich
(1927), y en novelas como El caso de Charles Dexter Ward
(1927). Tal mitología tomó forma gradualmente; se
enriqueció con divinidades menores con esferas de
influencia distintas y se sostuvo con el recurso a los libros
ficticios malditos, como el Necronomicón. Partiendo de
sugestiones góticas, a través de pesadillas cada vez más
angustiosas, el terror en Lovecraft se convierte en cósmico,
cifra extrema de su pesimismo filosófico.
Las ratas en las paredes (1924) es una muestra magistral
de sus primeros trabajos, en los cuales solamente se
esbozaba la mitología de las cosas siniestras que continuó
desarrollando en sus relatos y novelas posteriores.
Como declaró el mismo Lovecraft, todos sus relatos están
basados en la leyenda de que «este mundo había estado
habitado en tiempos remotos por otra raza, que fue
aniquilada y expulsada cuando ejercía la magia negra, pero
que sigue viviendo fuera del mundo, estando dispuesta en
todo momento a volver a tomar posesión de esta tierra». En
otros relatos se trata de demonios devoradores de
cadáveres, que penetran en nuestro mundo racional,
quedando retenidos —como por ejemplo en El modelo de
Pickman (1927)— por un pintor en horrorosos retratos.
Lovecraft varía su temática del horror con una fantasía
ingeniosa y altamente sugestiva; nunca le faltan figuras del
lenguaje para caracterizar opresivos estados de terror,
lugares en donde se ciernen peligros inminentes, «llenos de
mucosidades negras, masticados por la niebla», o unas
monstruosidades asquerosas «que apestan como
demonios». Continuamente introduce referencias ambiguas
sobre las relaciones de su mitología con el culto de vudú,
con la Atlántida, las misteriosas piedras de Stonehenge y de
la Isla de Pascua, o las cazas de brujas en Nueva Inglaterra.
Sus relatos, entre cuyos antepasados debemos contar
naturalmente a Edgar Allan Poe, revelan la influencia de los
autores ingleses de relatos de horror Arthur Machen y Lord
Dunsany, pero Lovecraft amplía las regiones del horror
literario con ocurrencias completamente propias, con las
cuales organizó sistemáticamente una «mitología Cthulhu».
El interés también teórico de Lovecraft por la literatura
fantástica está testimoniado por sus escritos críticos, en
particular por El horror en la literatura (1927), en el que
formuló una teoría del género fundada en bases
psicológicas y formales. Para el autor, los relatos de este
género deben contener «alguna violación o superación de
una ley cósmica fija, una escapada imaginativa de la
tediosa realidad».
Los relatos y novelas de Lovecraft, no obstante ubicarse en
los límites de la mitología y la fantasía visionaria, son
verosímiles, pues a pesar del instinto macabro del autor,
una prosa detallista, persuasiva y lenta va organizando un
pequeño mundo autosuficiente y creíble, incluso posesivo
para muchos lectores. Ha influido en autores modernos
como Jorge Luis Borges, que se basó en el estilo de
Lovecraft para escribir un extraño relato incluido en El libro
de arena (1975).