Capítulo II
El contrato de permuta
1. Antecedentes
El motivo fundamental por el que el contrato de permuta existe desde tiempos remotos es
el mismo por el que más recientemente existe la compraventa: la necesidad del ser
humano de adquirir los satisfactores más idóneos para sus necesidades inmediatas y
mediatas y su anhelo por disfrutar del mayor bienestar posible.
La permuta es, sin duda alguna, el contrato más antiguo en la historia de la humanidad y
constituye, asimismo, una de las más importantes expresiones del avance de la civilización,
puesto que con su aparición se comenzaron a celebrar acuerdos, seguramente aún
rudimentarios, mediante los cuales se hacían trueques de cosas por cosas.
En el derecho romano, indica Brenes Córdoba, “era uno de los contratos innominados que
se enunciaba con la frase “doy para que des” (do ut des): era real y, en consecuencia, se
perfeccionaba por la entrega recíproca de las cosas cambiadas. La escuela de los
sabinianos que se esforzaba por suprimir los contratos innominados haciendo entrar cada
uno de ellos en la clase de los nominados con que tuviera mayor semejanza, incluía la
permuta en la compraventa. Con todo, el parecer de la escuela opuesta, la de los
proculeyanos, según el cual el cambio de cosa por cosa constituye un contrato particular
distinto de la compraventa, fue el que prevaleció en los tiempos antiguos y ha prevalecido
en los modernos”.
Garrido-Zago explican que: “Es consenso general de juristas, historiadores y sociólogos el
considerar al contrato de permuta como el más antiguo de los contratos que realizó el
hombre. Desde un principio éste tuvo necesidad de procurarse cosas que estaban en
poder de otros y, ante la carencia de un denominador común (dinero), hubo de
procurárselas mediante el cambio por otras que sí estaban en su poder. En consecuencia,
todas las sociedades primitivas utilizaron originariamente este contrato que, hasta la
invención de la moneda (es decir, el denominador común), fue el instrumento general de
los negocios, reemplazado a partir de esa fecha por la compraventa en la que, en vez de
cambiarse objetos, una de las partes abona lo que se denomina precio en dinero, y la otra,
vendedora, hace entrega de la cosa”.
Decadencia. A partir de la creación de la moneda como medio de fijación del valor de las
cosas y los servicios, ha venido decayendo la permuta frente a la compraventa, lo cual por
supuesto no significa que la permuta no conserve importancia y menos que no se celebre
todavía.
Rojina Villegas opina que: “En la actualidad, la permuta ha recobrado su importancia
económica y sobre todo la tiene en aquellas épocas en que hay peligro de que
sobrevenga una devaluación de la moneda, pues en las grandes crisis económicas y
períodos de guerra, tiende a sustituir a la compraventa para volver a ser la manera natural
de realizar el fenómeno del cambio. La devalorización de la moneda en épocas críticas,
provoca un temor fundado para cambiar las cosas por dinero, originando a su vez, la
necesidad de cambiar cosa por cosa”.
El Código de 1877 reguló el contrato de permuta en términos que no difieren
sustancialmente de la regulación del Código vigente. Difieren únicamente en extensión,
pues aquél es más prolijo. Adelante me referiré a dos normas que no riñen con la regulación
actual, pero que llaman la atención por la puntualización que cada una hace.
2. Concepto
La permuta es el acuerdo de voluntades por medio del cual una parte transmite a la otra
la propiedad de una cosa, a cambio de la propiedad de otra cosa que ésta a su vez le
transmite.
Garrido-Zago la definen como: “Aquel contrato celebrado entre las partes y que tiene por
finalidad específica la transferencia de cosas u objetos. Es decir que, acordadas las partes
sobre los valores de las cosas que quieren intercambiarse, resuelven transferirse
recíprocamente sus titularidades. Como, evidentemente, no todas las cosas tienen
exactamente el mismo valor, la permuta permite que las partes, cuando así lo entiendan,
reconozcan a favor de la que posee el objeto de mayor valor un saldo, que podrá ser
abonado con una suma de dinero compensatoria de la diferencia”.
El artículo 1852 la define así: “La permuta es un contrato por el cual cada uno de los
contratantes transmite la propiedad de una cosa a cambio de la propiedad de otra. Cada
permutante es vendedor de la cosa que da y comprador de la que recibe en cambio; y
cada una de las cosas es precio de la otra”.
Finalidad. En toda permuta hay un propósito recíproco de los contratantes: transmitir cada
uno la propiedad de la cosa que da. Esa es la causa principal de su celebración. Sin ella la
permuta sería fingida, simulada.
3. Elementos
A) Subjetivo o personal
Los permutantes deben ser personas capaces en sentido general y, además, ser capaces
para enajenar las cosas que intercambiarán.
Prohibiciones. En virtud de que según el párrafo final del artículo 1852: “Este contrato se rige
por los mismos principios del contrato de compraventa, en lo que fueren aplicables”,
aquéllos a quienes la ley les prohíbe vender o comprar, también tienen prohibido permutar.
De esa cuenta, sería nula la permuta celebrada entre marido y mujer, lo mismo que las
permutas celebradas por sí o por interpósita persona, por cualquiera de las personas
mencionadas en el artículo 1793.
B) Objetivo o real
El objeto de la permuta está integrado por las cosas que se intercambian. Si bien lo más
frecuente ha sido siempre el trueque de cosas corpóreas, es posible la permuta de cosas
incorpóreas como los derechos reales y los derechos personales.
Por ejemplo: la permuta de derechos de usufructo, la permuta de créditos, es decir,
acreedurías. Igualmente pueden permutarse títulos. Por ejemplo, acciones de sociedades,
cheques.
Constituye, asimismo, permuta el cambio de moneda. Ejemplo: cuando una persona
entrega a otra un billete de cien quetzales a cambio de la misma cantidad en billetes de
menor denominación. Esta sencilla operación monetaria, tan frecuente y necesaria, que
en el lenguaje popular se conoce como “hacer sencillo”, tipifica un contrato de permuta.
Las cosas corpóreas o incorpóreas deben tener posibilidad física, es decir, tratarse de cosas
presentes o futuras; y posibilidad jurídica, entendida como tratarse de cosas de lícito
comercio, y por lo tanto, susceptibles de enajenación.
C) Formal
La permuta no necesita formalidad alguna para su celebración, excepto cuando se trate
de bienes inmuebles o muebles registrables, o derechos reales impuestos sobre los mismos,
casos en los que debe celebrarse en escritura pública cuyo testimonio habrá de ser inscrito
en el Registro de la Propiedad. Dicho requisito de forma no constituye solemnidad.
El testimonio razonado por el Registrador General de la Propiedad constituirá el título de
propiedad de ambos permutantes. El problema es que como es sólo uno, casi siempre hay
dificultad para dilucidar a quién de los contratantes le corresponde, pues en realidad, les
corresponde a los dos. Quizá una forma sencilla y efectiva de resolver el asunto, sin
necesidad de reforma de ninguna ley, sería que se admitiese por el Registro de la Propiedad
la presentación de dos testimonios (que serían, obviamente, primero y segundo testimonio)
y que en uno se operase la transmisión de propiedad a favor de uno de los permutantes, y
en el otro la transmisión de la propiedad a favor del otro permutante. De esa manera, cada
uno de los permutantes tendría su correspondiente título de propiedad.
4. Características
a. La permuta es un contrato principal, bilateral, consensual, oneroso conmutativo.
Excepcionalmente puede ser aleatorio. Es aleatorio si se cambia una cosa presente por una
cosa incierta. En tal caso, el contratante que acepta cosa incierta está admitiendo la
posibilidad de que la cosa nunca llegue a existir, en cuyo caso el contrato se habrá
celebrado en beneficio de uno solo de ellos (el que recibió cosa presente), sin que tenga
derecho a reclamo alguno el que aceptó la cosa que no llegó a existir. También es factible
que los dos contratantes acepten cosa incierta. En tal circunstancia, puede suceder que
una de dichas cosas llegue a existir y la otra no, en cuyo caso sólo uno de los permutantes
sale beneficiado, sin derecho del otro a reclamar nada; o que ninguna de las cosas
alcance existencia, circunstancia ésta en la que el contrato se extingue por no haber
llegado a tener objeto.
b. La permuta es generalmente un contrato instantáneo, es decir, de consumación
inmediata; pero nada impide que una o ambas cosas sean entregadas no en un solo
momento sino en varios, en cuyo caso se estará ante una permuta de tracto sucesivo.
c. Es un contrato absoluto, pero puede por acuerdo de las partes ser sometido a
condiciones suspensivas o resolutorias.
5. Naturaleza jurídica
La permuta es, sin lugar a dudas, un contrato que transmite la propiedad de las cosas que
las partes se intercambian, con la peculiaridad que dicha transmisión es recíproca entre los
permutantes. El momento en que dicha transmisión ocurre, así como lo concerniente al
riesgo de las cosas objeto del contrato, debe determinarse atendiendo a lo que sobre el
particular establece el Código respecto del contrato de compraventa.
6. Diferencia con otras instituciones
A) Compraventa
a. Su diferencia esencial es que en la compraventa necesariamente hay un precio que
debe ser en dinero (por lo menos en un cincuenta por ciento); en tanto que en la permuta,
aun figurando saldo en dinero, no hay propiamente un precio, sino un cambio de cosa por
cosa y si figura saldo en dinero, éste habrá de ser menor del cincuenta por ciento del valor
de la cosa que se recibe.
b. En la compraventa se produce la transmisión de propiedad de un contratante al otro. En
la permuta, la transmisión de propiedad es recíproca.
B) Dación en pago
a. La dación en pago necesita para perfeccionarse la entrega de la cosa que se paga. La
permuta se perfecciona por el solo consentimiento de los contratantes, sin que sea
necesaria la entrega inmediata de las cosas que se cambian.
b. La permuta crea derechos y obligaciones entre los permutantes. La dación en pago, por
el contrario, extingue la obligación que por medio de ella se satisface.
7. Clases
La permuta puede ser: a. sin saldo en dinero; b. con saldo en dinero.
Los autores Mazeaud dicen que: “El saldo es una suma de dinero que uno de los
permutantes le abona a otro para compensar la diferencia entre el valor de la cosa que
recibe y el valor más escaso de la cosa que entrega. La permuta sin saldo es enteramente
distinta de la compraventa; no contiene ninguna estipulación de pago de una suma de
dinero, de un precio, ni siquiera parcial. La permuta con saldo se parece tanto más a la
compraventa cuando más importante sea el saldo”.
El artículo 1853 indica que: “Si la cosa que se entrega se ha de pagar parte en dinero y
parte en otros bienes, el contrato será de permuta siempre que la porción estipulada en
dinero no llegue a la mitad del precio”. Obviamente, si la referida porción llega a la mitad
del precio o más, el contrato será de compraventa con precio mixto (parte en dinero y
parte en especie).
8. Efectos jurídicos
Obligaciones de los permutantes:
a. Transmitir cada uno la propiedad de la cosa que cambia.
b. Entregar cada uno la cosa propia, y recibir la cosa que se da en cambio.
c. Responder del saneamiento por evicción y por vicios ocultos. El artículo 1854 establece
que: “El permutante que sufra evicción de la cosa que recibió, o que la devuelva por razón
de sus vicios, puede reclamar a su elección, la restitución de la cosa que dio, si se halla aún
en poder del otro permutante, o el valor de la cosa que se le hubiese dado en cambio, con
el pago de daños y perjuicios”.
9. Incumplimiento
Si uno de los permutantes no cumple con entregar la cosa que cambió, por razón del
carácter bilateral de la permuta puede el otro optar entre demandar el cumplimiento
forzoso o la resolución del contrato, y el resarcimiento de daños y perjuicios. Artículos 1534,
1535, 1536 y 1537.
Ahora bien, como la resolución del contrato conlleva la devolución de lo recibido, el
contratante incumplido devolverá la cosa que le dio el demandante si todavía la tiene en
su poder; pero si hubiese dispuesto válidamente de la misma, no podrá el interesado sino
demandar el pago del valor de la referida cosa más los daños y perjuicios causados.
Código Civil de l877
Contiene, antes dije, dos normas interesantes que no serían discrepantes dentro de la
regulación actual y que, por su puntualización rigurosa, son dignas de mención. Dichas
normas son:
a. Artículo 1652. “Para la validez de la permuta no es necesario inspeccionar ni tener a la
vista las cosas permutadas; basta que sean conocidas por los permutantes”.
Actualmente tampoco lo es, pues se supone que nadie permutaría una cosa propia cuyo
estado y valor conoce, por otra que es desconocida para él, salvo el caso de no tener
confianza en la honorabilidad y buena fe de su contraparte.
En todo caso, pueden incluirse en el contrato cláusulas de indemnización o garantías
idóneas para prevenir fraudes y daños.
b. Artículo 1657. “Si se prueba que una de las cosas permutadas no es del que la ha
contratado como dueño, no estará obligado a recibirla el otro contratante, ni a entregar
la que él ofreció; y si después de haberse verificado el cambio de las cosas, se comprobare
ser ajena una de ellas, se las devolverán recíprocamente los contratantes, pagando costas
y perjuicios el que dio causa a la rescisión”.
Nótese que, por una parte, autoriza al permutante que sabe que la cosa que se le dará en
cambio es ajena, a retener la propia y negarse a recibir la ajena; y por otra, que si ya se
verificó la entrega, la circunstancia de que una de las cosas sea ajena autoriza al
permutante que la recibió a demandar la rescisión judicial del contrato y a cobrar los daños
y perjuicios que con tal motivo hubiere sufrido.
Actualmente, con fundamento en la norma que indica que se aplicarán a la permuta las
normas de la compraventa en lo que fuere pertinente, se consideraría que la permuta de
cosa ajena es nula (artículo 1794). No veo, por otra parte, problema alguno para que el
juez pudiere autorizar al permutante que debía entregar la cosa propia, a retenerla si la
cosa que se le dará en cambio no es propiedad del permutante que pretende entregarla.
En la forma anterior lo concibe Brenes Córdoba cuando dice que: “La permuta encierra,
pues, una doble venta, sólo que en vez de mediar precio en dinero como en las ventas
propiamente tales, cada una de las cosas permutadas constituye el precio de la otra. Por
lo mismo, los preceptos que rigen la compraventa en general, son aplicables al contrato
de permuta, con las modificaciones requeridas por la especialidad del caso.
Así, la acción reivindicatoria que diera por resultado que uno de los objetos saliera del poder
de su adquirente, es susceptible de producir la invalidación de la permuta por faltar el valor
representativo del precio que recibiera el contratante perdidoso, a causa de la
reivindicación. Y si una de las partes antes de hacer entrega de la cosa que convino en
permutar, conociere y probare que la otra que le fue entregada o que se pretende
entregarle no pertenece a quien ha tratado de enajenarla, no estará obligada a dar la que
ofreció, bastándole devolver la que hubiere recibido, puesto que en realidad es como si en
una venta común debiendo pagarse el precio de presente, el comprador no lo satisfaciera
o intentara entregar uno ficticio”.
El único comentario que creo oportuno hacer a la opinión del ilustre jurista costarricense es
que, en el ámbito jurídico guatemalteco, la pérdida que sufriere el permutante por
reivindicación que de la cosa hiciere un tercero (con derecho anterior, obviamente), se
resolvería mediante la acción de saneamiento por evicción.
Rescisión por mutuo acuerdo. Partiendo de que la permuta se rige por los principios de la
compraventa, en lo que fueren aplicables, debe entenderse que los permutantes pueden
rescindir por mutuo acuerdo el contrato que celebraron, siempre que el mismo esté
pendiente de cumplimiento, y que celebren la rescisión dentro del plazo de seis meses si se
trata de bienes muebles, y dentro del de un año si lo permutado fueren bienes inmuebles.