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Alarics Journey Between

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Alaric's Journey Between Two Worlds

Posted originally on the Archive of Our Own at http://archiveofourown.org/works/59010001.

Rating: Mature
Archive Warning: Creator Chose Not To Use Archive Warnings
Categories: F/M, Gen
Fandoms: Original Work, Fantasy - Fandom, Adventure - Fandom, Furry (Fandom)
Additional Tags: Love, Hurt/Comfort, War, Technology, Developing Relationship, Falling
In Love, Isekai
Language: Español
Stats: Published: 2024-09-17 Words: 46,585 Chapters: 4/?
Alaric's Journey Between Two Worlds
by ArtificialForm

Summary

Un día, durante un evento importante, un joven es transportado accidentalmente a un mundo


completamente diferente. Ahora, deberá encontrar una manera de sobrevivir en este extraño
lugar mientras busca desesperadamente una forma de regresar a casa.
Capitulo 1: Transportado a otro mundo

Los pájaros graznaban al recibir los primeros rayos de luz de la mañana. A través de la
ventana de un apartamento, la alarma sonó, despertando a un joven de cabello negro
desordenado.

—¡Ahhhh... ya voy, ya voy! ¿Qué hora es? ¡Las ocho! ¡Maldición, debo vestirme rápido o
perderé el tren! ¿Dónde dejé mi ropa? ¡Debo apresurarme!

Salió corriendo de su departamento. Alaric se dirigió rápidamente hacia el ascensor.

—¡Vamos, vamos, sube! —murmuró impaciente. Al ver que el ascensor era demasiado lento,
decidió tomar las escaleras de emergencia, bajándolas casi deslizándose. Al llegar a la calle,
corrió hacia la estación.

—¡Con permiso, llego tarde! —gritó, abriéndose paso entre la multitud. Al llegar, escuchó el
sonido de la última llamada para abordar. Pasó corriendo por las puertas de boletos y alcanzó
a subir al tren justo a tiempo.

—Ah, ah, ah... Llegué. Casi llego tarde para la presentación del nuevo invento de la empresa
a los inversores —dijo Alaric, recuperando el aliento mientras se sentaba en un asiento vacío
del tren. Miró a través de la ventana y observó la Metrópolis de Nexumn, una ciudad
adelantada más de diez años en el futuro, con robots caminando por las aceras y máquinas
que podían construir cualquier cosa con un simple clic.

Al llegar a la estación de destino, Alaric salió y se dirigió al lugar donde se celebraría el gran
evento.

—Ahhh, por fin llegué justo a tiempo. No sé qué pasaría si llegara tarde, pero bueno, vamos a
ello —pensó mientras caminaba entre las exposiciones de las empresas. Se podían ver
innovaciones tecnológicas, robots y otras novedades. El evento se celebraba en un área
abierta, en uno de los distritos comerciales más grandes de la ciudad, con capacidad para
albergar a 300 o 400 personas. El lugar estaba lleno de gente, reporteros e inversores.

Alaric pasó a través de seguridad y una lona que cubría la zona donde sería la exhibición
principal de la empresa para la que trabajaba.

‘Solo espero que no noten que llegué unos minutos tarde’, pensó, algo nervioso. De repente,
escuchó una voz detrás de él.

—Por fin llegas. ¿Te quedaste dormido otra vez? —preguntó la voz con tono de autoridad.
Era su compañera de trabajo, Valeria.

—¡Ah! Lo siento, es que el despertador... la alarma estaba mal y... —Alaric trataba de
excusarse, pero fue interrumpido por Valeria.
—¡Basta de excusas! ¡Sabías que hoy sería la presentación! —dijo Valeria con una cara de
puchero, mirando hacia la máquina—. Además, tú eres el único que sabe cómo funciona esa
cosa.

Los demás compañeros veían la escena con la familiaridad de algo cotidiano. Algunos
comentaron en voz baja:

—Ya tan temprano y ya lo está regañando, jeje.

Rieron suavemente mientras Alaric se disculpaba con su compañera, recordando que la noche
anterior habían celebrado un poco por la finalización del proyecto. Justo entonces, el jefe
apareció y su voz sonó firme:

—Muy bien, muchachos, es hora de trabajar. Alaric, te quiero allá arriba para la presentación.
Hoy será un gran día.

Alaric subió a la plataforma con el jefe y los demás ejecutivos. El presentador ya estaba
arriba, esperando la señal; la máquina estaba cubierta con una lona negra.

El presentador empezó a hablar, saliendo de la cortina que los separaba:

—¡Sean todos bienvenidos al evento de hoy! —El público dejó de hablar y prestó atención
—. ¡Hoy, con mucho gusto, presentaremos uno de los más grandes avances tecnológicos
nunca antes vistos! Con ustedes, el jefe de Industrias Mirlock, ¡recibámoslo con un fuerte
aplauso!

La cortina se abrió y el jefe caminó hacia la parte delantera del escenario, mientras la gente
aplaudía. El jefe levantó las manos en gesto de saludo y habló:

—Muchas gracias, gracias por asistir a este evento histórico para nosotros y para el mundo.
Ahora, les haré una pregunta: ¿Cuántas veces han querido viajar, conocer a alguien especial
del otro lado del mundo o visitar a un familiar? Pero, por cosas como reservar vuelos o por la
tardanza de hacer filas, no lo hacemos.

Hizo una pausa para crear suspenso y continuó:

—Pues ya no más. —Señalando la máquina que estaba siendo destapada—. ¡Esto que ven
aquí es nuestra más reciente creación! ¡Una máquina de teletransportación!

La gente estaba escéptica de lo que veía.

—Nuestros ingenieros lograron lo imposible, ¡y lo probaremos ahora con la guía del


ingeniero jefe Alaric Stonebreaker!

Alaric, al escuchar su nombre, se puso aún más nervioso.

—Bueno, es ahora o nunca —pensó para sí mismo mientras caminaba hacia donde se
encontraba la máquina, que consistía en dos marcos metálicos. Se dirigió al panel y comenzó
a encenderla. Un arco de luz comenzó a formarse en el centro de los marcos metálicos,
sincronizándose uno con el otro hasta expandirse por completo.
Alaric miró a su jefe e hizo una señal de que estaba listo. El equipo había preparado algunos
objetos para probar la máquina.

Primero, lanzó una manzana al portal, que salió ilesa del otro lado. La levantó y la mordió
para demostrar que era seguro. Luego, pasó un vehículo de control remoto, que también salió
completo. Valeria observaba desde los paneles de control, asegurándose de que todos los
indicadores estuvieran bien. Alaric trajo el último objeto de prueba: un hámster. La gente lo
miraba con escepticismo.

—Tranquilos, estará bien —dijo el jefe para calmar a la multitud.

Alaric puso el hámster, que pasó a través del portal y salió ileso del otro lado. Lo levantó, y la
multitud miró con asombro.

—¡Entonces, qué les pareció! —La gente comenzó a gritar de emoción—. ¡Jaja, supongo que
eso es un sí! Pero tenemos algo más para probar.

Los ayudantes sacaron un tanque de gas refrigerante grande, para demostrar que también
podían pasar objetos de gran tamaño. Alaric vio cómo traían el tanque y se alarmó.

—¡El dispositivo todavía no está terminado! ¡No puede manejar nada más grande que un
hámster! —pensó, alarmado. Caminó rápidamente hacia su jefe para advertirle del problema.

En voz baja, dijo:

—¡No podemos meter ese tanque por el portal, lo desestabilizaría!

Su jefe le respondió en el mismo tono:

—¡Mira, solo lo pasaremos, no pasará nada! ¡Además, tú dijiste que teóricamente era
posible!

—Sí, pero solo teóricamente...

—¡Mira, hijo, no he llegado aquí sin tomar riesgos! ¿Quieres ese ascenso o no?

Alaric se quedó mirando, dudando.

—Muy bien, entonces ve y haz que pase a través de él.

Alaric aceptó sin decir una palabra. La gente observaba expectante. Comenzó a introducir el
tanque de gas lentamente. Valeria observaba todo desde la parte trasera, donde se encontraban
los paneles de control. Todo estaba yendo bien, cuando de repente, la máquina comenzó a
emitir un fuerte ruido, como metal siendo comprimido.

Los paneles mostraban lecturas extremadamente altas, cuando sucedió lo impensable: una
fuerte onda de choque lanzó a Alaric al frente del escenario y el jefe cayó también. Todos en
el área empezaron a gritar de terror.

Alaric se levantó y miró con miedo cómo los portales colapsaban en uno solo.
—¡Hay que apagarlo! —Corrió hacia donde estaba Valeria—. ¡Apágalo! —gritó, mientras
ella luchaba con los controles.

—¡No puedo, el mecanismo de apagado está atascado!

Alaric recordó que el mecanismo de apagado manual estaba en frente del portal.

—¡Lo apagaré manualmente! —gritó de nuevo.

—¡Está loco, es un suicidio!

—¡Sí, pero si no lo detenemos, seguirá creciendo!

Alaric corrió hacia el mecanismo de apagado manual, abrió el panel con prisa y jaló la
palanca. Al hacerlo, el portal implosionó, creciendo cinco veces su tamaño y arrastrando todo
lo que estuviera a su alcance. Valeria miró con horror cómo Alaric desapareció en un abrir y
cerrar de ojos, dejando solo un agujero donde estaba hace unos momentos.

Alaric se sentía como si flotara en el agua, escuchando la suave voz de su madre llamándolo.
"Alaric, despierta, mi amor, despierta". Lentamente abrió los ojos, sintiendo los primeros
rayos de luz que golpeaban su cara. Alrededor, escuchaba el canto de los pájaros y percibía
un fresco aroma a pino en el aire, una agradable diferencia con respecto al ambiente de la
ciudad.

—¿Dónde estoy? ¿Estoy muerto? —murmuró mientras se levantaba, tambaleándose un poco.


Al mirar a su alrededor, vio que estaba en un claro en medio de un bosque. ¿Esto es el cielo?
Se quedó asombrado ante la belleza del paisaje que se extendía ante sus ojos color miel:
montañas verdes con cascadas y otras cubiertas de nieve adornaban el horizonte.

De repente, recordó el incidente con el portal y cómo probablemente lo culparían y


despedirían por ello.

—Ah, rayos. Todo por culpa de mi jefe idiota. Todo se fue a la basura. Pero bueno, será
mejor llamar para decirles que estoy vivo y entero —dijo en tono de fastidio mientras
buscaba un pequeño dispositivo entre su bata. —¿Dónde está? ¿Dónde está? ¡Ah! ¡Lo
encontré!

Sacó el dispositivo y presionó un botón, haciendo que un holograma apareciera.

—Muy bien, ¿a quién llamo? —Alaric se sorprendió al ver que su teléfono no recibía señal.
—¿Qué raro? Mi teléfono es satelital... ¡No, no, no! ¡Debe ser un error del dispositivo! —lo
reinició, pero seguía mostrando lo mismo. Empezaba a ponerse nervioso y ansioso.

—¡Debe haberse averiado por el portal! ¡Sí, debe haber sido eso! —se repetía para calmarse.
Decidió buscar un pueblo cercano para intentar comunicarse con la central. Adentrándose en
el bosque, encontró un camino de tierra y comenzó a seguirlo. —¿Qué lugar tan raro? Creía
que todos los lugares como este ya no existían. Un lugar lejos de la civilización... Mmm, tal
vez sea una reserva natural.
Mientras caminaba, Alaric empezó a sentir que alguien lo observaba. Las aves dejaron de
hacer ruido y todos los sonidos del bosque cesaron, como si un depredador estuviera cazando
a su presa. Sus instintos le decían que corriera o peleara, y optó por la primera opción.

Corrió por el camino de tierra a toda velocidad.

—¿Qué es eso? ¡Debo salir de aquí! —pensó, escuchando sonidos de ramas rompiéndose
detrás de él. Sea lo que fuese, podía mantenerse a su misma velocidad.

Con el corazón latiendo desbocado, Alaric divisó a lo lejos un pequeño lago y una cabaña
cerca de la orilla.

—¡Por fin, gente! —pensó, aliviado. Continuó corriendo, sintiendo los pasos de la criatura
acercándose cada vez más.

—¡AYUDA! ¡AHHHHH! —gritó mientras corría hacia la cabaña. Al llegar, notó que los
pasos que lo seguían cesaron antes de llegar a la cabaña.

—Ah... ah... ah... ¿Qué demonios fue eso? —dijo, tratando de recuperar el aliento. Se acercó
a la cabaña, notando un pequeño jardín de hierbas y plantas que nunca había visto antes. Pero
no le dio importancia.

—¡Hola! ¿Hay alguien? ¡Hola! —gritó Alaric, esperando que alguien lo oyera.

—¿Parece que nadie vive aquí? —murmuró Alaric, mirando por la ventana para ver si había
alguien dentro. Notó que la chimenea tenía un poco de leña encendida. —¿Qué raro?
¿Habrán salido? —se preguntó, extrañado de que alguien dejara su cabaña con la leña
encendida. Pero eso no importaba ahora; necesitaba ponerse a salvo lo más pronto posible.

De repente, volvió a sentir la misma sensación inquietante de antes. A través de los arbustos,
vio un par de ojos azules que brillaban con un resplandor sobrenatural. Alaric se quedó
paralizado de miedo, pero lentamente recuperó el movimiento y notó que la puerta de la
cabaña estaba entreabierta.

En un rápido movimiento, se metió dentro, cerrando la puerta detrás de sí.

—¿Qué demonios es esa cosa? —exclamó, temblando. La puerta comenzó a moverse, como
si alguien tratara de abrirla. Alaric, asustado y ansioso, sintió que su respiración se agitaba.
Tropezó y cayó al suelo, incapaz de levantarse. Su corazón latía con fuerza, temiendo por su
vida. —¡Así es como moriré! —pensó, con lágrimas en los ojos. —¡No quiero!

De repente, la puerta se abrió de golpe, dejando entrar a lo que fuera que estuviera afuera.
Alaric cerró los ojos con fuerza, esperando su fin. —¡NO! ¡Aléjate de mí! —gritó con
desesperación.

Esperó a que la criatura lo atacara, pero nada sucedió. Lentamente, abrió los ojos y lo primero
que vio fueron esos mismos ojos azules mirándolo de vuelta. A medida que su vista se
ajustaba, pudo distinguir mejor a la figura frente a él. Parecía un zorro, con un pelaje amarillo
y blanco, largas orejas y una cola esponjada. Llevaba una especie de vestido y su figura
sugería que era una mujer, por la forma de su pecho. Sus manos parecían humanas, pero sus
pies no. Se asemejaba a un kitsune, una criatura mítica de las historias del antiguo Japón.

Alaric estaba en shock, sin poder creer lo que veía. —¡Esto no es real! ¡Esto no es real! —se
repetía, convencido de que estaba perdiendo la cordura.

La figura se acercó lentamente, cada paso aumentando el pánico de Alaric. Estaba tan absorto
en sus pensamientos que no notó que se había cortado al entrar corriendo, y ahora sangraba
por una herida en la pierna.

El zorro ya estaba a unos centímetros de él, y Alaric esperaba lo peor. Entonces, la figura
habló con una voz suave y cálida.

—¿Estás bien? —preguntó, inclinando la cabeza con preocupación. —¡Ah! ¡Estás sangrando!
Deja que te ayude.

Rápidamente, la criatura se alejó y regresó con gasas y hierbas para detener el sangrado.
Alaric, aún en estado de shock y más confundido que nunca, se preguntaba —¿Por qué puedo
entender lo que dice? ¿Por qué me está ayudando? ¿Quizás me quiere como su comida para
después?

—Listo, aquí está. Te dolerá un poco —dijo el kitsune con calma mientras trataba la herida
de Alaric. Él estaba demasiado asustado para hablar, pero el ardor de la herida lo devolvió a
la realidad, haciéndolo gritar de dolor.

—¡Ahhhhhh! —gritó mientras el kitsune aplicaba las gasas en su pierna, envolviéndolas


alrededor de la herida.

—Te dije que te dolería. Trata de aguantar el dolor —dijo la criatura, continuando con el
tratamiento de su herida.

Alaric aguantó el dolor y luego volteó a ver a la kitsune mejor, y con balbuceos que apenas
parecían palabras trató de hablar.

—¿Qué... qué... qué eres? —preguntó, todavía sintiendo el dolor de su pierna—. ¿Me... me...
me vas a comer? —Alaric la bombardeó con muchas preguntas, y ella apenas entendía lo que
trataba de decirle.

Con una voz suave y cálida le habló—. Tranquilo, no te haré daño —le regaló una sonrisa
cálida a Alaric para calmarlo, si es que eso lo calmaba un poco—. Ven, déjame ayudarte a
levantarte.

Ella le ofreció su mano en señal de ayuda. Alaric, ya un poco más calmado, decidió aceptar
su ayuda, tomando su mano.

—¡Su mano es muy suave y cálida! —pensó Alaric cuando la tomó, y lentamente se fue
calmando. Ella lo ayudó a sentarse en una silla cercana al fuego de la chimenea.

Alaric todavía estaba tratando de ordenar sus pensamientos. ¿Por qué este animal o criatura
puede hablar? ¿O mejor aún, por qué me está ayudando? La voz de la kitsune lo interrumpió
de sus pensamientos.

—Ahora vuelvo —dijo, regalándole una sonrisa cálida a su invitado que llegó de repente.

—¡Espera, quién eres! —Antes de que Alaric pudiera decir algo más, ella ya se había ido.
Empezó a hablar para sí mismo—. ¡Debo salir de aquí! ¡Seguro fue por sus amigos para
decirles que atrapó comida fresca!

Pero antes de que pudiera hacer algo, la puerta se abrió nuevamente. Era ella de nuevo, pero
con una canasta en su mano, que parecía llena de verduras, especias y otras cosas. Alaric lo
sabía, ella quería cocinarlo para comérselo fresco. Su pensamiento de lucha o huida todavía
estaba activo en él.

Cuando ella lo interrumpió, diciéndole:

—Voy a preparar la cena, espera aquí, ¿sí? —le dijo en un tono cálido. Alaric, con su instinto
de supervivencia en pleno, solo podía pensar que ella lo cenaría.

—¡Piensa, piensa! —decía murmurando para que no lo oyera, nervioso por lo que pudiera
pasarle—. ¿Necesito un arma? —Pero cuando trató de levantarse, sintió el dolor de su pierna
herida.

—Listo, la cena ya está lista. —Él escuchó la voz de ella y lentamente volteó, esperándola
con un cuchillo o algo para destriparlo. En cambio, fue recibido con un plato de sopa de
pescado. Su corazón casi se le sale del pecho.

—Ten, toma esto y ven a cenar a la mesa. Es la primera vez que tengo un invitado humano —
dijo ella con un tono alegre y travieso, visiblemente contenta.

Alaric se quedó parado, sin saber qué pensar.

—¿Estás bien? —preguntó ella—. Ah, se me olvidaba tu pierna, deja que te ayude a sentarte
junto a la mesa.

Ella se acercó a él y lo ayudó a moverse hasta la mesa. Ya en la mesa, Alaric se quedó


mirando la sopa, inexpresivo.

—¿Qué pasa, no te gusta la sopa? Puedo prepararte otra cosa... —pero esta vez él la
interrumpió.

—¿Qué eres? —preguntó con una mirada agotada, después de todo lo sucedido.

Ella lo miró con dudas, pero respondió:

—Soy un zorro, pero supongo que te refieres a cómo ustedes nos llaman: hombre bestia o
algo así.

La respuesta que ella le dio le hizo hacerse más preguntas.

—¿Qué es un hombre bestia? —le preguntó él. Ella lo miró con cara de confusión.
—¿Cómo es que no sabes lo que son, si ustedes son los que nos llaman así? —Alaric estaba
aún más confundido.

—¿A qué te refieres? Yo en mi vida he visto a un animal hablar y razonar como un humano,
y menos en dos piernas. —Los ojos de la kitsune se iluminaron con más preguntas y
curiosidad.

—¿No eres del pueblo cercano, verdad? —Ella lo vio con más detenimiento, notando que sus
ropas no parecían de esas tierras. Él la miró confundido.

—¿Qué pueblo? ¿A qué te refieres? —Empezó a hacer más preguntas—. ¿Conoces la ciudad
de Nexumn? —Él esperó con ansiedad la respuesta.

Ella se quedó en silencio un minuto y luego lo miró.

—¿Qué es Nexumn? —El corazón de Alaric se hundió con mucho peso. Una inexplicable
ansiedad lo invadió.

—¿Oye, estás bien? —Ella lo agarró del hombro, tratando de tranquilizarlo—. Por lo que
veo, no eres de por aquí, ¿verdad?

—No —respondió él, agarrándose la cabeza y recargándose en la mesa, mirando el plato de


sopa mientras intentaba pensar en algo.

Ella le preguntó, tratando de romper la tensión y ansiedad que sentía el humano frente a ella.

—¿Y cómo te llamas?

Con un tono cansado, él respondió:

—Me llamo Alaric Stonebreaker.

—Qué bonito nombre. Pues es un placer conocerte, Alaric. O prefieres que te llame por tu
apellido. ¡Ah, sí! El mío es Miyu Moonwhisper, aunque me puedes llamar solo Miyu —dijo
ella, sonrojándose un poco al decirle su nombre.

—¿Por qué no comes un poco? Después de todo, corriste mucho después de haber aparecido
en esa esfera de luz.

—¡Espera, tú me viste cuando aparecí! —Él la miró sorprendido.

—Sí, apareciste en una esfera de luz en medio del bosque. ¿Por qué? —preguntó ella,
curiosa.

—¿Entonces todo esto es real? ¿No estoy muerto o en el cielo? —preguntó él, incrédulo.

—¿Por qué pensaste que estabas en el cielo? —preguntó ella con mucha curiosidad, mientras
Alaric empezaba a despotricar sobre lo que le había sucedido.
—¡Yo pensé que había muerto por la implosión del portal! ¡Sentí que flotaba en un mar
infinito y oscuro! —Miyu intentó preguntarle algo, pero antes de que pudiera, él la
interrumpió y se paró de su asiento, ignorando la herida en su pierna—. ¡Eso es! ¡Ahora todo
tiene sentido! ¡La fusión de dos portales provocó una singularidad, una rasgadura a través del
espacio!

Alaric seguía hablando de cosas que Miyu no entendía. Ella trató de calmarlo.

—¡Oye, oye! Tranquilo, te vas a lastimar más si sigues caminando así —Él miró hacia su
pierna, que sangraba un poco por la agitación que tuvo.

—Siéntate, deja que te cure de nuevo —le pidió ella, quitándole el vendaje. La herida había
sanado un poco, pero podría infectarse si no se trataba adecuadamente—. Espérame aquí.

Se dirigió a un cuarto al fondo de la cabaña y volvió con un libro en la mano.

Alaric miró con escepticismo y preguntó:

—¿Para qué es el libro?

—¿Este libro? Es de magia curativa básica; me ayudará a curar tu herida para que no se
infecte.

Él la miró con escepticismo, pensando para sí mismo: "¿Magia, de verdad? Eso no existe.
¿Moriré en este lugar condenado por una herida en la pierna?"

—Sentirás cosquillas —le advirtió. Ella puso su mano en la herida y empezó a recitar las
palabras del libro.

Él comenzó a sentir pequeñas cosquillas en su pierna mientras ella seguía recitando del libro,
y con asombro vio un brillo verde crecer de su mano. El dolor no desapareció, pero la herida
se cerró por completo.

Quedó asombrado al ver cómo su herida desapareció.

—¿Cómo hiciste eso? —preguntó, quedándose sin palabras. Ella lo miró con confusión y
curiosidad.

—¿De dónde vienes, no tienen magia curativa? —preguntó, inclinando la cabeza un poco.

—No, de hecho, la magia no existe. Es solo una fantasía —dijo él, mirándola con asombro
por lo que había realizado.

—¿Es tu primera vez viendo magia? —preguntó ella con un tono de emoción y juguetón,
sonriéndole.

—Sí, es la primera vez que veo magia —respondió él sinceramente.

Ella solo le sonrió con una sonrisa cálida.


—Dime, Alaric, ¿qué pensaste cuando me viste?

Él se quedó viéndola por unos minutos.

—Pensé que me estabas cazando o que me querías comer —dijo en un tono un poco
avergonzado por pensar mal de ella—. Aparte, tus ojos azules son muy hipnotizadores.

—Jajajaja, nosotros no comemos humanos —dijo ella, sonrojándose por lo último que él
había dicho.

Alaric notó cómo se reía con una cálida sonrisa y las mejillas sonrojadas.

—Como sea, tengo que volver de donde vine y no sé cómo lo lograré —dijo Alaric, su tono
de voz sonaba con desánimo mientras sus ojos se dirigían hacia la flama de la chimenea.

Ella notó el cambio de humor que tuvo.

—Hey, no te desanimes, ¿tal vez pueda ayudarte a regresar de donde viniste? —le ofreció con
una sonrisa.

Él la miró dudando y le preguntó:

—¿Sabes qué es la luz eléctrica?

Ella lo miró por unos segundos.

—¿Como la de los rayos?

Alaric suspiró, sintiéndose aún más desanimado.

—Atrapado en una época medieval sin luz eléctrica y agua limpia, supongo que será mi fin.

—¡Hey, tranquilo! No estés triste, yo te ayudaré, ¡sí! —dijo ella, mirándolo y haciéndole una
sonrisa tonta para animarlo.

—Ahhh, bien, si tú lo dices. ¡Ve, ten un poco más de ánimo! ¡Ahora come porque se te
enfriará tu comida!

—Ok, ok, ok —dijo Alaric, mirando el plato de sopa, que era una mezcla de vegetales y
caldo de pescado. Con un poco de miedo y asco, lo probó. Realmente sabía bien a pesar de
verse como tierra.

—¿Te gustó? —ella esperaba una respuesta con los ojos brillando.

—Sí, sabe muy bien, de hecho. Gracias —dijo él, y ella se sonrojó por el cumplido mientras
agarraba su cara y su cola se movía de un lado al otro, como un perro cuando está feliz.

Alaric la miró con ternura por los gestos que hacía.

—¿Por cierto, dónde dormiré? —preguntó, mirando por la ventana que ya estaba
oscureciendo.
Ella se detuvo y lo miró por un segundo.

—Ah, no había pensado en eso y no tengo lugar para alojar invitados, solo tengo mi cama —
dijo, cada vez más roja, apartando su mirada de él—. Nu-nu-nunca he estado con un hombre
en una misma cama —dijo esto en un tono de vergüenza y ternura.

Alaric miraba la escena con un poco de vergüenza por lo que ella decía con implicaciones
subidas de tono. Miró hacia otro lado, tratando de no verla a los ojos.

—¡Tr-tranquila! Dormiré en el piso, no quiero que pienses mal de mí.

—¡No! Puedes dormir conmigo, aparte tu pierna no ha sanado por completo —dijo ella,
mirándolo con un rostro lleno de culpa y remordimiento.

Alaric se rindió para no ponerla triste.

—¡Ahhh, está bien! Pero te daré la espalda, no quiero que pienses mal de mí —dijo,
resignado.

Miyu apagó el fuego de la chimenea y dejó solo una vela encendida.

—Acompáñame —dijo ella, todavía un poco roja por llevar a un hombre que apenas había
conocido hace unos instantes a su cama.

Llevó a Alaric a través del pasillo de la cabaña hacia la habitación donde pasaría la noche. Él
se acostó viendo hacia el muro de la habitación, como prometió, y luego ella se sentó en el
borde de la cama y apagó la vela. Con la oscuridad de la noche y la luz de la luna, se acostó
junto a él, viendo en la posición opuesta.

—Puedo sentir su pelaje tocando mi espalda, su calidez, su cola esponjosa —pensó para sí
mismo—. Ahhh, será una noche larga.

Cerró los ojos y trató de dormir. Los primeros rayos del sol entraron por la ventana y los
pájaros cantaban. Alaric, todavía dormido, sintió algo suave y cálido que olía bien, como
flores.

—Qué bien huele —dijo, hablando dormido.

Lentamente abrió los ojos, tratando de ajustarse a la luz de la mañana. Vio a Miyu encima de
él, abrazándolo, y su cola tratando de cubrirlo. Ella también abrió sus ojos. Ambos se dieron
cuenta de la situación en la que estaban y se pusieron muy rojos. Se separaron rápidamente
con la cara muy roja.

—¡Lo, lo, lo siento, no fue mi intención! —trató de disculparse con ella.

—No, no, no te preocupes, fue culpa mía —dijo ella en un tono bajo y tímido, sin verlo,
dándole la espalda. Con un tono aún más bajo, para que no la oyera, dijo—. Aunque no me
molesta...
—¡Realmente lo siento! —dijo Alaric, saliendo del cuarto para darle a Miyu espacio y tiempo
para procesar lo sucedido—. ¡Ahhh, maldición! ¿¡Qué estaba pensando!?

Salió afuera para tomar un poco de aire fresco. Sacó su teléfono de su bata para probar de
nuevo si captaba alguna señal, pero nada.

Alaric estaba atrapado en otro mundo, observando el paisaje de la mañana mientras la luz se
filtraba entre las montañas. Miyu salió de la cabaña, aún un poco sonrojada por lo ocurrido
antes. Al notar un objeto en las manos de Alaric que emitía una luz, su curiosidad se
despertó.

—¿Alaric, qué es eso que tienes ahí? —preguntó, sorprendiendo a Alaric con su voz.

—¡Ah! Me asustaste —dijo él, sobresaltado—. Lo siento, pero ¿qué es eso que tienes ahí? —
preguntó, refiriéndose al objeto en sus manos.

—Es un teléfono —respondió Alaric, mostrando cómo una imagen holográfica se proyectaba
frente a él.

—¿Un teléfono? ¿Qué es un teléfono? —preguntó Miyu con curiosidad.

—Es un dispositivo para hablar con otra persona a larga distancia —explicó Alaric.

—¡Ahhhh! ¡Qué cosa tan innovadora! ¡Es como magia! —exclamó ella, con los ojos
brillando de emoción.

—No, no, no es magia. Es tecnología muy avanzada que probablemente no tendrán aquí en
unos cien años —explicó Alaric.

—Mira —dijo Alaric, proyectando un video desde su teléfono—. En la proyección se podía


ver la ciudad y gente paseando.

—¡Increíble! —Miyu estaba fascinada, intentando tocar la proyección con su mano, solo para
descubrir que la atravesaba—. ¿Eh? ¿Por qué no puedo tocarlo? Se ve tan real.

—Porque solo es luz proyectada —explicó Alaric.

—¿Así que de aquí vienes? —preguntó ella, curiosa por saber más. Antes de que se diera
cuenta, Miyu estaba muy cerca de él, sobre su hombro, y Alaric pudo oler de nuevo el aroma
a flores.

—¡Ah ah ah sí, de ahí vengo! —respondió él, con la voz un poco temblorosa por la cercanía
de ella. Su estómago gruñó, llamando la atención de ambos.

—Vamos a desayunar, ven, entremos —dijo Miyu. Alaric asintió, haciendo un pequeño ruido
avergonzado.

Miyu cocinó unos huevos para los dos y desayunaron juntos.


—¿No te darás un baño? Estás muy sucio después de haberte caído corriendo en el bosque —
comentó Miyu, mirando la ropa de Alaric, toda manchada de tierra.

—¿Tienes un baño? —preguntó él, dudando si realmente Miyu se bañaba dentro de la


cabaña.

—Sí, ¿por qué lo preguntas? —dijo ella, con un aire juguetón—. ¿Pensabas que me bañaba
afuera, al aire libre? ¿Querías verme, eh?

—¡Claro que no, no, no! —respondió Alaric, poniéndose más rojo. Ella se rió entre dientes.

—Tranquilo, tranquilo. Solo necesitamos ir al pozo por agua para calentarla, pero primero
terminemos de comer. Luego te preparo el baño —dijo Miyu.

Después de desayunar, Miyu preparó el baño para Alaric.

—¡Ya está listo el baño! —gritó ella desde el baño. Alaric se dirigió hacia la habitación
donde se encontraba el baño y vio que era rústico pero funcional, con una silla para limpiarse,
una cubeta de madera al lado y una bañera mediana hecha de madera. Había una pequeña
ventana encima para dejar salir el vapor. Observó toda la habitación con asombro.

—El agua ya está lista, entra mientras está caliente —dijo Miyu, parada junto a la bañera,
echando algunas flores y hierbas al agua.

—¿Para qué le echas eso? —preguntó Alaric.

—Ah, esto es solo para aromatizar y relajarte. Cuando te quites la ropa, déjala en esta canasta
para limpiarla —dijo Miyu.

—¡Espera! ¡No tengo un cambio de ropa! —exclamó Alaric.

—Mmm, es cierto. ¡Ah, ya recuerdo! ¡Espera aquí, creo que tengo algunas ropas de mi padre
por aquí! —respondió Miyu, entregándole unos pantalones hechos a mano y una camisa con
chaleco—. ¡Aquí tienes!

Ella se retiró para darle un poco de privacidad.

—Recuerda dejar la ropa en la canasta para lavarla —dijo mientras salía.

Alaric miró la ropa y pensó: "Ah, qué ropa tan primitiva, pero bueno, es mejor que nada". Se
quitó la ropa y la guardó, luego se lavó el cuerpo y se metió en la bañera con el agua tibia.

—Ahhhhhhh, se siente tan bien —dijo, hundiéndose hasta el cuello—. Realmente es


relajante.

En ese momento de relajación, pensamientos comenzaron a invadir su mente: "¿Qué voy a


hacer realmente? ¿No puedo simplemente vivir con ella aquí para siempre sin hacer nada?"

Cerró los ojos y comenzó a relajarse aún más, sintiendo una sensación similar a cuando fue
atrapado en el portal, flotando en un mar oscuro infinito. De repente, una voz comenzó a
llamarlo: "Alaric, Alaric, despierta, despierta", era la voz suave de su madre. Abrió los ojos
lentamente.

—¿Mamá? —dijo con una voz confundida.

Cuando su vista se ajustó por completo, vio unos ojos azules mirándolo con un poco de
vergüenza.

—¡Se me olvidó traerte algo para secarte! ¡Lo siento! —dijo Miyu, saliendo corriendo del
baño, avergonzada por ver su pecho descubierto.

Alaric se quedó quieto, tratando de procesar todo lo que había pasado y lo que estaba
soñando.

Miyu dejó a Alaric solo para darle un poco de privacidad. "Bueno, iré a ver mi jardín," pensó.
Luego recordó que no le había dado algo para secarse. "¡Ah! ¡Se me olvidaba!" Tomó una
tela de lana y se la llevó. Al entrar al baño, vio a Alaric sumergido hasta el cuello, con los
ojos cerrados. De repente, lo escuchó murmurar "mamá", lo que lo hizo moverse un poco,
dejando su pecho al descubierto y recibiendo la mirada de Miyu.

Miyu sintió sus mejillas arder de vergüenza. "¡Se me olvidó traerte algo para secarte!" Dijo,
dejando la tela de lana en el piso. "¡Lo siento!" Salió corriendo, era la primera vez que veía a
un hombre sin camisa. Mientras corría, se agarró las mejillas, tratando de no pensar en ello.
Habló en voz baja para sí misma, "¡¿Qué estaba pensando?! ¡Iré a ver mi jardín!" Y salió
para intentar olvidar lo que había visto.

Alaric no dijo nada, tomó la tela para secarse y se vistió con la ropa que le dio Miyu. "Está un
poco grande, pero no se me cae." Alaric salió del baño, pero no vio a Miyu dentro de la
cabaña y gritó su nombre. "¡Miyu!"

"¡Estoy afuera en el jardín!" Ella estaba regando las plantas. Alaric salió para reunirse con
ella. "Dejé la ropa en la cesta que me dijiste," dijo mientras observaba cómo Miyu regaba
unas plantas y hierbas extrañas que nunca había visto.

—¿Qué son estas plantas? —preguntó Alaric, observando las hojas brillantes de las hierbas.

—Son hierbas curativas, como las que usé para curarte —respondió Miyu, aún con la cara un
poco roja por lo ocurrido antes. La atención de Alaric estaba completamente en las plantas,
observándolas con mucha curiosidad.

Miyu lo miró, notando su fascinación. —¿De dónde tú vienes tampoco hay de estas plantas?
—preguntó, curiosa por la forma en que él las observaba.

—¡Eh! No, nunca había visto estas plantas —respondió él, con tono curioso. —Por cierto, ese
libro que utilizaste...

—¿Qué tiene? —preguntó Miyu, curiosa.

—Es un libro de curación básica, te lo dije —explicó ella.


—Sí, pero tengo curiosidad. ¿Tienes más de esos libros? —Los ojos de Miyu brillaron de
emoción ante la curiosidad de Alaric.

—¡Sí! ¡De hecho, tengo unos cuantos! Pero la mayoría son sobre curación y combinación de
hierbas curativas y hechizos sin mucho uso.

—¡Quiero verlos! ¡Quiero ser de utilidad! No puedo quedarme sin ayudarte después de todo
lo que has hecho por mí —dijo Alaric con sinceridad.

Los ojos de Miyu se llenaron de emoción y felicidad. —¡Está bien, vamos adentro! ¡Te los
mostraré! —Le dio una sonrisa que Alaric sintió en su corazón.

Entraron nuevamente en la cabaña, y Alaric la siguió hasta una habitación con estanterías
llenas de libros. Un escritorio con cajones estaba pegado a la ventana, con hierbas encima y
un libro abierto. En medio de la habitación había una alfombra con una mesita pequeña.

—Aquí están. Siéntate en el piso, voy a traerlos —dijo Miyu. Caminó hacia las estanterías y
sacó cinco libros. Alaric se sentó en la alfombra, cruzando las piernas. Miyu le entregó los
libros. —Toma, aquí están.

Alaric tomó uno de los libros. Aunque tenían un aspecto viejo, estaban bien cuidados. Abrió
uno con cuidado y miró entre sus páginas. Dentro había símbolos y dibujos extraños, pero
por alguna razón podía entender un poco de ellos.

Miyu lo observaba, esperando una respuesta. Rompió el silencio. —¿Y qué te parecen?

—Son algo raros. Nunca había visto algo así. Entiendo un poco, pero no del todo —
respondió Alaric.

—¿¡Quieres que te ayude a leerlos!? —Sus ojos brillaron con emoción y su cola se movía de
un lado a otro.

—¡Sí! No logro entender esto —admitió Alaric. Sin pensarlo, Miyu se acercó para ayudarlo.
El aroma a flores invadió a Alaric, y se sonrojó de vergüenza.

—Dime, ¿qué no entiendes? —preguntó Miyu, señalando una parte del libro. Miyu comenzó
a explicarle, muy emocionada, sin darse cuenta de lo cerca que estaba de él. Alaric no podía
pensar en otra cosa; el olor a flores lo envolvía por completo. Continuaron leyendo los libros
hasta que cayó la tarde.

—Si quieres leer otro, dímelo y te ayudaré —dijo Miyu, dándole una sonrisa.

Alaric, con el rostro aún un poco rojo, respondió: —¡S-sí! Solo escuchó la mitad de lo que
Miyu le explicó, ya que el aroma lo tenía mareado. Podía sentir el calor de su pelaje y su
cola, que ocasionalmente lo golpeaba de emoción.

—Pero, sabes, creo que ya es hora de hacer la cena. Pronto anochecerá —dijo Miyu mientras
se estiraba. —Vamos, se hará más tarde —ofreció, extendiendo su mano a Alaric. Él aceptó
con gusto su mano suave y cálida para levantarse. Mientras se dirigían al comedor, Alaric
preguntó con curiosidad: —Dime, ¿hay más como tú?
Miyu se detuvo de repente, haciendo que él chocara con ella. —¡Ah! ¿¡Por qué te detuviste
tan de repente!?

—¡Ah! ¡Lo siento! No es nada, solo recordé algo —respondió Miyu, con un tono de
nerviosismo. Alaric notó el cambio en su ánimo y, con más curiosidad, volvió a preguntar: —
¿¡Hay más hombres bestia como tú!?

Esta vez, Miyu se detuvo y lo miró, bajando la vista. Sus orejas se bajaron como si fuera a
contarle algo que no debería oír. —Bueno, verás, hay algo que no te he contado —pausó por
unos segundos—. Pero no quiero que lo tomes a mal. Verás, sí, hay más como yo, pero... —
Miyu hizo una pausa antes de continuar. Alaric sintió su corazón acelerarse por lo que iba a
escuchar—. No sé cómo lo tomarán cuando sepan que un humano está aquí. Mira, no lo
tomes a mal, pero los humanos y nosotros no nos llevamos muy bien. Tenemos un trato de
paz, pero la mayoría nos desprecia por nuestra forma y casi no hay humanos que pasen por
aquí... porque es nuestro territorio.

Alaric sintió que su corazón se hundía por lo que escuchaba, llenándolo de miedo por lo que
le harían si descubrieran que estaba en su territorio.

—¡Pero tranquilo! Mientras estés conmigo, estarás a salvo. Yo les explicaré lo que pasó,
seguro que entenderán —dijo Miyu, sonriendo para calmarlo. —¡Ven, vamos a hacer la cena!
—Se rió nerviosamente cuando Alaric la detuvo, tomándola del brazo.

—¿¡Dime la verdad!? —dijo Alaric, cabizbajo, ocultando sus ojos detrás de su cabello y con
tono serio. Miyu lo miró con preocupación en sus ojos.

—Verás, estamos dentro de un pueblo rodeado de defensas para impedir que invasores entren.
La única forma de salir es por una puerta que siempre está vigilada.

Alaric comenzó a sentir ansiedad y miedo por lo que Miyu decía. Ella notó su cambio de
expresión y decidió tranquilizarlo, haciendo algo que él no esperaba. Lo abrazó,
sumergiéndolo en su suave y cálido pelaje. —Tranquilo, sé que estás asustado, pero créeme,
yo hablaré con ellos, ¿sí? —dijo Miyu de manera suave y cálida.

Alaric no alcanzó a reaccionar cuando Miyu ya lo tenía abrazado. Podía sentir su suave
pelaje, el calor que emanaba y su cola que trataba de cubrirlo de la cintura para abajo.
Escuchó sus palabras, sintiendo que eran sinceras. Le devolvió el abrazo en señal de
confianza. Su sentimiento de temor y ansiedad se transformó en vergüenza al darse cuenta de
lo que hacían.
Capitulo 2: Pueblo

Alaric y Miyu se separaron inmediatamente después del incidente. Continuaron caminando


en silencio, uno al lado del otro. Miyu se dirigió a la cocina, mientras Alaric se sentó en la
mesa, tratando de olvidar lo ocurrido. Miyu preparó la cena, y ambos comieron sin decir una
palabra, con la luz de la chimenea iluminando el lugar mientras la noche caía lentamente.
Finalmente, uno de ellos rompió el silencio.

—¡Miyu! —dijo Alaric, sobresaltándola al decir su nombre—. Dime, ¿por qué ustedes y los
humanos no se llevan bien? No veo ninguna diferencia —preguntó con tono serio. Ella lo
miró con ojos llenos de tristeza y remordimiento.

—La verdad, no lo sé… —pausó unos segundos—. Pero, desde que tengo memoria, los
humanos y nosotros siempre hemos estado en guerra constante… —hizo otra pausa, y Alaric
pudo sentir la tristeza y el dolor en sus palabras—. Hace unos años hicimos una tregua para
detener el derramamiento de sangre… pero aun así, hay algunos que nos odian y desprecian.
—Bajó la mirada hacia la mesa y, con voz baja y arrastrando las palabras como si le doliera
decirlas, continuó —Ellos… nos cazaban por diversión, les quitaban la piel a los que
atrapaban y las vendían, como si fuéramos objetos.

Alaric se quedó en shock por lo que escuchaba y pensaba. ¿Cómo podía haber humanos tan
crueles y desalmados? Sus ojos se oscurecieron.

—¿Crees que yo soy como ellos? —preguntó, sin mirarla. Sentía culpa por cómo la había
tratado cuando la conoció, pensando que ella podría comérselo.

—¡No! —dijo Miyu, sonriendo un poco.

—¡Perdóname! —exclamó Alaric—. ¡Perdóname por tratarte como un monstruo cuando te


conocí! —Miyu se sorprendió por su reacción—. ¡Yo soy como esos salvajes! —Alaric se
sentía profundamente culpable—. Tranquilo, no es tu culpa —dijo Miyu, sintiendo la
sinceridad en sus palabras—. Cuando te vi en el bosque, te veías tan diferente de los humanos
de aquí. —Ella le sonrió cálidamente, cerrando los ojos. Alaric la miró pero como quiera se
disculpó —. Aun así, quiero disculparme por entrar en tu casa y pensar que me comerías.
Realmente pensé que moriría… pero fuiste muy amable y dulce conmigo. —Su voz se calmó
un poco y repitió— Por eso quiero disculparme —con una voz más suave—. Quiero que me
perdones.

Miyu lo miró con aprecio, sabiendo que su disculpa era sincera y provenía del corazón.
Pequeñas lágrimas comenzaron a salir de sus ojos.

—¿Por qué estoy llorando? —dijo, frotándose los ojos para quitarse las lágrimas. Alaric se
alarmó, pensando que la había hecho llorar por algo que hiso o dijo.

—¿Estás bien? ¿Dije algo que no debía? —preguntó preocupado.


—¡No! —sollozó—. ¡No es eso! Es solo que eres el primero que me dice eso —dijo, tratando
de secarse las lágrimas. Abrió sus ojos llorosos y le sonrió—. Tranquilo, no es nada. —
Secándose las últimas lágrimas, añadió en un tono menos triste—. No tienes que disculparte
después de todo, no es tu culpa. —Le sonrió nuevamente—. Pero si te hace sentir mejor,
¡acepto tu disculpa! —La culpa desapareció del rostro de Alaric, devolviéndole una cálida
sonrisa.

La luz de la chimenea se volvió más intensa, indicando que la noche había caído
completamente. Miyu, con una chispa de emoción, dijo.

—¡Ah! ¡Hay algo que quiero mostrearte! ¡Ven! —Lo tomó de la mano repentinamente y lo
llevó afuera.

—¿Espera? ¿A dónde vamos? —preguntó Alaric, confundido por su repentina accion.

Cuando se detuvieron, Miyu señaló el cielo nocturno.

—¡Mira! —exclamó. Una lluvia de estrellas iluminaba el cielo nocturno, con las estrellas
brillando como joyas. Alaric observó, asombrado, este evento único.

—¡Son hermosas, verdad! —dijo Miyu, sentándose en el suelo para observar mejor—. ¡Ven,
siéntate! —le hizo un gesto para que se uniera a ella.

—¿Alguna vez has visto algo como esto? —preguntó Miyu.

—No es la primera vez que las veo. De donde vengo, ya casi no se puede observar el cielo
nocturno… —respondió Alaric.

—¡Mira, una estrella fugaz! ¡Pediré un deseo! —dijo Miyu, cerrando los ojos por un
momento. Alaric pensó: "Realmente no somos tan diferentes".

Miyu abrió los ojos y sonrió.

—¿Qué pediste? —preguntó Alaric.

—¡Los deseos no se cuentan! Si los cuentas, no se cumplen —respondió Miyu, sacándole la


lengua juguetonamente.

—Jajaja, sabes, es muy divertido pasar tiempo contigo —comentó Miyu. El rostro de Alric se
sonrojó un poco por el comentario, y simplemente le devolvió una sonrisa pensando y
preguntándose porque se sentía de esta manera. Ellos continuaron viendo las estrellas hasta
que la última estrella pasó.

—¡Ahhh, tengo sueño! —Dijo Alaric bostezando mientras se levantaba del suelo—. Sabes,
fue hermoso. Nunca había visto una lluvia de estrellas. —Le sonrió—. Pero creo que es
mejor irnos a dormir, mis ojos se sienten pesados.

—Sí, yo también me siento cansada. Vamos a dormir —respondió Miyu, estirándose antes de
levantarse del suelo. Ambos entraron a la cabaña; Alaric se dirigió a la habitación y se acostó
como la noche anterior. Miyu apagó la chimenea y, como la noche pasada, se metió en la
cama. Alaric podía sentir su pelaje rozando contra él.

—Hasta mañana Miyu —le dijo.

Ella le devolvió el saludo, y ambos se quedaron dormidos.

A la mañana siguiente, los rayos del sol golpeaban la cara de Alaric, despertándolo con el
calor. Al abrir los ojos, se dio cuenta de que Miyu no estaba en la cama ni en la habitación.
Preocupado de que algo malo le hubiera pasado, se levantó rápidamente, se puso sus zapatos
y corrió por el pasillo de la cabaña. Justo entonces, Miyu salía del baño con una canasta de
ropa. Sin tiempo para frenar, Alaric chocó con ella, haciendo que la canasta volara y la ropa
se esparciera por el suelo. Ambos cayeron uno encima del otro.

—¡Ahhh! ¿Por qué estas corriendo? —dijo Miyu, agarrándose la parte posterior de la cabeza.

Cuando Miyu se dio cuenta de que estaba encima de Alaric, rápidamente se levantó y lo
ayudó a ponerse de pie.

—Lo siento —dijo Alaric, tocándose la cabeza—. Pensé que te había pasado algo porque no
te vi. —Su rostro mostraba una leve vergüenza.

Miyu sintió que su corazón se aceleraba ante sus palabras. Trató de no mirarlo a los ojos.

—Tranquilo, solo me levanté un poco más temprano para lavar la ropa —dijo, notando la
ropa esparcida por el pasillo—. ¡Ah! ¡La ropa! ¡Ayúdame a recogerla!

Alaric obedeció y se disculpó repetidamente por haber tirado la ropa limpia al suelo. Miyu
aceptó sus disculpas con una sonrisa.

—Aquí tienes, te lavé la ropa —dijo ella.

—Gracias. —Miyu tenía curiosidad—. Oye, tu ropa parece tejida por un maestro tejedor. La
calidad de la tela es muy alta. ¿Puedo preguntar dónde la conseguiste?

—¿Te refieres a mi ropa normal? —respondió él, algo confundido—. Esta ropa se vende en
cualquier parte de mi mundo y la tela es tejida por máquinas.

Los ojos de Miyu se iluminaron de curiosidad y empezó a bombardearlo con preguntas.

—¿Qué tipo de máquinas? ¿Cómo lo hacen?

Su entusiasmo hizo que Miyu se acercara cada vez más a Alaric, empujándolo contra la
pared. Él se sonrojó más al tenerla tan cerca, ella movía su cola de un lado al otro.

—¡Está bien, está bien! Te lo explicaré luego. —Alaric intentó calmarla—. Tendría que
dibujártelo para que lo entiendas.

Miyu asintió, pero luego su expresión cambió se volvió seria.


—Hay algo que primero quiero decirte. —Miyu dudaba un poco si hablar o no—. Hoy
regresaré al pueblo. Verás, esta no es mi casa; es un almacén que usa mi madre para guardar
hierbas y otras cosas. Yo vengo de vez en cuando y me quedo. Debía estar en el pueblo hace
dos días y si me tardo más, tal vez ellos pensarán que me pasó algo.

El corazón de Alaric se aceleró un poco y su expresión se volvió de preocupación.

—¡Pero tranquilo, yo iré contigo! —Miyu notó su ansiedad—. ¿Confías en mí, verdad?
¿Realmente confías en mí?

Ella le habló con una voz suave y lo miró con determinación a los ojos. Alaric asintió
nerviosamente.

—Sí, confío en ti —dijo Alaric en tono suave—. Después de todo, te confié mi vida cuando
me curaste siendo un completo desconocido.

Eso hizo que Miyu se sonrojara levemente. Alaric le sonrió un poco, y ella se lo devolvió. Se
vieron el uno al otro por unos segundos con felicidad, disfrutando de la compañía mutua,
hasta que ella rompió el silencio.

—Alístate para irnos —dijo Miyu. En sus ojos, Alaric pudo ver la confianza de ella. Se
dirigió al cuarto y se puso su otra ropa, que Miyu había limpiado. Por alguna razón, olía
como ella, lo que le hizo preguntarse por qué, aunque trató de no darle mucha importancia.

Mientras Miyu preparaba todo para salir, Alaric la observaba. Una vez listos, salieron de la
cabaña, que Miyu cerró con un candado muy rudimentario. Afuera, el amanecer se reflejaba
en el pequeño lago que Alaric había visto al llegar. Las nubes cubrían las montañas, y las
cumbres nevadas apenas eran visibles.

—Listo, ya cerré. Podemos irnos —dijo Miyu. Ella llevaba otro vestido, uno de color café
con blanco que le permitía moverse con facilidad y resaltaba su figura.

Alaric, ahora más tranquilo, miró a su alrededor.

—Es un lugar muy hermoso y tranquilo —dijo, haciendo una pausa—. Tal vez por eso pensé
que era el cielo. —Sonrió juguetonamente—. Tal vez también porque cuando llegué aquí vi a
un ángel.

Miyu se sonrojó y evitó mirarlo a los ojos.

—Va-va, ¡vamos, se hace tarde! —dijo, tratando de disimular su nerviosismo.

Caminaron por un camino de tierra que mostraba señales de uso frecuente. El camino
atravesaba parte del bosque. Mientras caminaban, el sonido de las hojas moviéndose llenaba
el aire. Alaric rompió el silencio.

—Dime, Miyu, ¿cómo es tu pueblo? —preguntó con curiosidad.

Los ojos de Miyu brillaron de emoción.


—¡Es un lugar maravilloso! ¡Te va a encantar! ¡Hay muchos lugares que podemos visitar,
como la cascada o la cueva con minerales hermosos! —exclamó con entusiasmo, hasta que se
dio cuenta de que Alaric era humano y su ánimo se apagó un poco.

Alaric notó el cambio y trató de animarla.

—Vamos, confío en ti. —Sonrió—. Si la gente de tu pueblo me acepta, seguro podremos ver
todos esos lugares que mencionaste.

Miyu se animó de nuevo, aunque de manera más tranquila.

—Verás, la gente de mi pueblo es buena y muy cálida. Estoy segura de que te aceptarán —
dijo feliz por poder compartir sus costumbres.

Continuaron caminando hasta que la luz del sol los recibió nuevamente al salir del bosque.
Fueron recibidos por campos de cultivo, y más lejos se podían ver cabañas y otros edificios.
Alaric empezó a sentir la tensión y la ansiedad volviendo a él. De repente, sintió como Miyu
le tomaba la mano para calmarlo. Él la miró.

—Tranquilo, si estás conmigo... te prometo que no te pasará nada —le aseguró Miyu.

Alaric, nervioso, respondió:

—¡Sí! —No pudo evitar acercarse más a ella, el miedo le ganaba, pero tenía que confiar en
Miyu.

Continuaron su camino hacia el interior del pueblo. Alaric, aún nervioso, murmuró:

—Sabes, tengo miedo, pero confío en ti.

Miyu pudo sentir el temor que emanaba de él y también los latidos de su corazón, que
parecían querer salirse.

—Tranquilo, si te sientes así, toma mi brazo —dijo, ofreciéndole más seguridad.

Alaric aceptó y abrazó su brazo con fuerza. A medida que se acercaban al pueblo, empezaron
a ver figuras de personas a lo lejos. Alaric sentía que su corazón latía con fuerza. Miyu le
susurró:

—No digas nada y sigue caminando.

Cuando se acercaron más, empezaron a escuchar voces.

—¡Buenos días, Miyu! —una voz robusta sonó a lo lejos. Miyu respondió con nerviosismo.

—¡Buenos días!

Continuaron caminando, pasando por la entrada del pueblo. Alaric sentía que podría
desmayarse en cualquier momento, y su agarre se hizo más fuerte. Dentro del pueblo, podían
ver cabañas y casas de diferentes tamaños. Las calles estaban pavimentadas con piedras de
varios tamaños. Más adelante, se veían letreros colgando de puertas, indicando que eran
tiendas. También se escuchaba el tintineo de un martillo, como en una herrería. En el centro
del pueblo, había un área amplia que parecía una plaza para eventos.

Alaric y Miyu continuaron caminando cuando empezaron a escuchar voces de los habitantes.

—¡Buenos días, Miyu! —dijo una voz femenina. Provenía de una mujer con apariencia de
lobo de pelaje blanco con una mancha negra en el pecho. Llevaba una camisa sin mangas y
una falda negra—. ¿Cómo te fue en tu recolección? ¡Eh! ¡Te tardaste mucho esta vez!

Alaric trató de esconderse un poco.

—¡Sí, sí! Es que esta vez fue difícil sacar las raíces, estaban muy enredadas —respondió
Miyu.

Las dos se rieron al mismo tiempo. La mujer lobo notó que alguien estaba detrás de Miyu.

—¿Por cierto, quién es el que está detrás de ti? —preguntó, haciendo que Alaric se congelara.

Fueron interrumpidos por una voz gruesa.

—¡Hey! ¿No se supone que debías estar aquí hace dos días? —dijo la voz. Alaric solo pudo
ver un poco al zorro que se parecía a Miyu, pero más grande y fuerte. Llevaba una camisa sin
mangas y pantalones cortos de color amarillo opaco con manchas grises.

—¡Papá! ¡Creí que estabas en la herrería! —exclamó Miyu.

—Sí, pero tu madre me mandó a buscarte. ¡Estabas empezando a preocuparla a ella y a tus
hermanas también! —dijo el zorro, con tono preocupado.

Alaric solo podía escuchar la voz gruesa que regañaba a Miyu. Sentía que quería desaparecer.

—Bueno, Miyu, te veo más tarde —dijo la loba algo nerviosa, retirándose.

—¡Papá! ¡Ya soy lo suficientemente grande como para cuidarme sola! —replicó Miyu.

—Sí, lo sé, hija. Pero esos humanos pueden aparecer en cualquier momento. No sabría qué
hacer si te pierdo. Tu madre y tus hermanas estarían muy tristes —dijo el padre de Miyu,
abrazándola. Pero al hacerlo, notó a alguien escondido detrás de ella.

—¡Espera! ¡papa! —dijo Miyu, pero el la apartándola y acercándose a Alaric—. ¿Quién eres
tú? —dijo con una voz fuerte y autoritaria—. Un olor característico lo inundó. —¿Por qué
hueles a mi hija?

Alaric estaba agachado, cubriendo su cara y manos con la bata. Miyu intentó calmar a su
padre, poniéndose entre él y Alaric.

—¡Papá! ¡Tranquilo, puedo explicarlo! —dijo, pero su padre la apartó y descubrió a Alaric,
quitándole la bata de encima.
—¡Un huma...! —Antes de que pudiera gritar, Miyu ya se había abalanzado sobre él.

—¡Shhh, no grites! —susurró Miyu, cubriéndole la boca—. ¡Te lo explicaré, pero por favor,
no grites!

—¿A dónde piensas llevarlo? —preguntó su padre, sin soltar a Alaric.

—¡A casa! —respondió Miyu con firmeza.

—¡A la qué! —exclamó su padre, sorprendido.

—¡Shhh! —Miyu intentó calmarlo—. No podemos llevar a un humano a nuestro hogar.

—¡Papá, solo será por unos días! Mientras tanto, trataré de buscar una manera de que regrese
a su hogar.

—¿Cómo sabes que es confiable? —preguntó el padre de Miyu, con desconfianza—. ¿Hasta
dónde yo sé, hay humanos que engañan para infiltrarse?

—¡Él lo es! —insistió Miyu.

—¡Ah!, ¿¡y cómo sabes eso!? —replicó su padre, la discusión seguía y seguía hasta que
Miyu dijo algo inesperado.

—¡Estuve tres días con él, papá! ¡durmió en la misma cama que yo!

El padre de Miyu se quedó sin palabras.

—¿¡Qué!? El padre de Miyu no podía creer lo que ella le decia —Miyu, sin darse cuenta de
que había dicho algo de más. el padre de Miyu los tomó a ambos —¿A dónde vamos?
Preguntando nerviosa Miyu ¿papa? El la miro serio y dijo Vamos a casa.

Alaric solo podía imaginar lo que le harían. Lo despellejarían o lo torturarían lentamente,


miles de pensamientos pasaban por su cabeza mientras los llevaban.

Lentamente y sin llamar mucho la atención, caminaron un par de minutos hasta llegar a la
casa. Cuando llegaron, Alaric observó una casa de dos pisos con algunas ventanas. El padre
de Miyu abrió la puerta y los tres pasaron. Dentro olía a pan siendo horneado. A la izquierda
estaba la sala con una chimenea, y al lado de esta, la cocina-comedor. Al fondo, se veía una
escalera que subía al segundo piso, y más allá, un pasillo con dos habitaciones. Alaric siguió
a Miyu y se sentó a su lado en unas sillas.

El padre de Miyu los miraba con una expresión de enojo y decepción.

—¡Ahora dime! ¿Por qué trajiste a un humano a nuestro pueblo? ¿A nuestra casa? —
comenzó a gritar, visiblemente enfadado.

Alaric solo podía sentir que su alma abandonaría su cuerpo en cualquier momento.

—¿Por qué tiene tu olor? —preguntó el padre, cada vez más furioso.
—¡Yo puedo expli…! —intentó responder Miyu, pero fueron interrumpidos por una voz
femenina que bajaba las escaleras.

—¿Qué está pasando, cariño? ¿Por qué gritas? —preguntó la mujer.

Otras dos voces jóvenes, similares a la de Miyu, venían del mismo lugar.

—¿Qué pasa, mamá? —Sí, ¿por qué el alboroto?

Alaric no sabía qué hacer ni en qué se había metido. Por un momento, habría preferido morir
en el accidente. El sudor frío bajaba por su frente. Con un poco de valor, miró hacia las tres
figuras que se acercaban: eran tres kitsune similares a Miyu, vestidas con ropajes coloridos
pero con colores distintos en sus pelajes. La mayor, completamente blanca como la nieve, y
las otras dos, que parecían gemelas, tenían el mismo patrón de colores que Miyu. Lo miraron
sentado en una de las sillas del comedor.

—¡Mamá! ¡Yo puedo explicarlo! —exclamó Miyu.

La madre de Miyu observaba a Alaric de arriba a abajo. Él solo podía sentir las miradas de
todos sobre él. La madre de Miyu bajó las escaleras y se acercó a Alaric, quien aún estaba
muy asustado. Ella olió el aroma de su hija emanando de él y, de repente, se abalanzó sobre
él, abrazándolo. Todos se quedaron en shock observando la escena.

Alaric vio como ella se lanzaba encima de el, temiendo lo peor cuando escucho su voz.

—Tranquilo, no te haremos nada. Solo tranquilízate —dijo ella con una voz suave y cálida,
similar a la de Miyu cuando la conoció.

Alaric sintió cómo su pulso agitado y su respiración se calmaban. Ella se apartó de él y le


regaló una sonrisa, luego se dirigió a su esposo y a su hija con un aura de enojo, pero sin
cambiar su semblante.

—¿Puedo preguntar quién de ustedes dos trajo a un humano a nuestro pueblo? —preguntó,
manteniendo una falsa sonrisa.

El padre de Miyu, sintiendo su enojo, señaló a Miyu, un poco nervioso, sabiendo lo que
vendría.

—¡Mamá! ¡Te puedo explicar! —dijo Miyu rápidamente.

—Sí, será mejor que me expliques por qué trajiste un humano aquí y por qué está
impregnado de tu olor —dijo la madre, sin dejar de sonreír falsamente.

Alaric, sintiendo la necesidad de intervenir, tomó la palabra antes de que Miyu pudiera
responder.

—Yo... yo puedo explicarlo —dijo, con un tono nervioso.

Todos voltearon a mirarlo.


—Ella no tiene la culpa. Yo solo aparecí... y...

No encontraba las palabras para explicarlo cuando Miyu lo interrumpió.

—¡Él no es de aquí! —dijo, exhalando aire mientras se calmaba—. Verán, él apareció en una
especie de luz, no sé qué era. Cuando volteé a verlo, ya estaba tirado en medio del bosque.
Antes de que pudiera acercarme, él ya se estaba levantando. Lo seguí entre los arbustos y él
se asustó y corrió hacia la cabaña que tenemos de almacen. Ahí se cayó y se hizo una herida
en la pierna. Lo curé, por eso me tardé unos días en venir.

Todos escuchaban con incredulidad lo que les contaba.

—Y sobre el olor... —dijo Miyu, con un poco de vergüenza en su cara—. Sabes muy bien
que solo hay una cama en ese lugar y él estaba herido, así que no podía dejarlo en el piso.

—¿Y cómo sabes que no es uno de esos humanos? ¿Cómo sabes que puedes confiar en él? —
preguntó el padre de Miyu, con los brazos cruzados.

—Bueno, él no... —comenzó a responder Miyu, pero Alaric la interrumpió. Sacó su


dispositivo y comenzó a proyectar videos.

Los kitsune miraban las imágenes moviéndose y el extraño dispositivo en sus manos.

—¿Qué es eso? —preguntó la madre, intrigada.

—Es un video de donde vengo —respondió Alaric.

—¿Qué es un video? —preguntó una de las hermanas de Miyu.

—Son imágenes grabadas en el tiempo —explicó Alaric, aunque todos parecían confundidos.

La madre de Miyu rió un poco y dijo.

—Ya veo. Sus ojos se llenaron de curiosidad por el invitado no esperado que trajo su hija.

Entonces, ¿me creen? —Preguntó Miyu—. No es de este mundo, y además, no es como los
otros humanos. Realmente es diferente. Si no, ¿cómo es que el aceptaría acompañarme?

Miyu miraba a sus padres, tratando de convencerlos.

—Te creo —dijo su madre.

—¡¿Qué?! ¿Cómo puedes creerle? —exclamó el padre.

—Vamos, amor. Además, él no parece disgustado con nosotros. No he notado nada de


malicia en él.

—¡Pero...! —intentó protestar el padre, pero su esposa lo miró a los ojos.

—No creo que nos esté mintiendo.


El padre miró a Alaric y, con tono de rendición, dijo:

—¡Ahhhhhhh! ¡Está bien! ¡Está bien! Esto será difícil de explicarle a todos.

Las gemelas observaban todo desde las escaleras y vieron cómo Alaric sacaba el dispositivo
de su camisa. Quedaron fascinadas con las imágenes proyectadas y, sin que nadie las viera,
comenzaron a acercarse a él con sigilo. Una de ellas le susurró a la otra:

—Vamos, hermana, sin que nos vean.

Alaric no se dio cuenta de que las dos estaban detrás de él, ya que estaba muy distraído. De
repente, una de ellas habló:

—¡Oye! ¿Cómo funciona esto?

El repentino sonido de la voz asustó a Alaric, quien soltó un grito sordo y se volteó para ver a
las dos hermanas detrás de él. Se dio cuenta de que eran muy curiosas y solo un poco más
jóvenes que Miyu.

—¡Dinos cómo funciona! —volvió a preguntar una de las gemelas, con aún más curiosidad.

—S-sí, verás, es solo luz proyectada —respondió Alaric.

La hermana lo miró con más emoción y curiosidad.

—¿Y cómo capturas estas imágenes? —preguntó emocionada, mientras la otra hermana
intentaba tocar las imágenes proyectadas. Alaric encontró la escena algo tierna.

Miyu y sus padres voltearon para observar cómo las gemelas estaban junto a Alaric.

—¡Veo que se divierten! —dijo la madre de Miyu, haciendo que las gemelas se alejaran
rápidamente de Alaric.

—¿Y cómo se llama tu amigo, Miyu? —preguntaron las dos al unísono, moviendo sus colas
con emoción.

—¡Ah, sí! ¡Se me olvidaba presentarlo! Mamá, papá y hermanas, él se llama Alaric
Stonebreaker —dijo Miyu, presentándolo a su familia.

—¡Así que te llamas Alaric! —dijeron las gemelas, con los ojos brillando de curiosidad.

—¡Dime, dime! ¿Qué otras cosas interesantes hay en tu mundo? —comenzaron a


bombardearlo con preguntas.

Sus padres observaban cómo sus hijas no le temían y parecía que Alaric se había ganado su
confianza instantáneamente. El padre de Miyu interrumpió:

—¡Humano! O Alaric, si es que así te llamas, puedes quedarte.

Miyu se emocionó.
—¡¿De verdad dejarás que se quede?!

—¡Sí! —respondió su padre—. Pero con una condición. Cuando le cuente esto a los líderes
ancianos del pueblo, tendrás que dar la cara.

Alaric sintió que su corazón se hundía de nuevo.

—Yo les explicaré a ellos, y mientras estés aquí, no te pasará nada. ¿Entendido? Ah, y una
cosa más, dormirás en la habitación de huéspedes —añadió el padre, mirándolo con una
expresión seria.

Alaric asintió y agradeció nerviosamente.

—¡Gr-gracias!

Las hermanas de Miyu estaban felices de conocer a alguien nuevo, especialmente un humano,
que eran muy raros.

—Bien, me retiro. No puedo dejar la tienda y la forja cerradas por mucho tiempo. Esta noche
me reuniré con ellos y les contaré todo —dijo el padre de Miyu a su esposa, despidiéndose
antes de salir por la puerta.

—¡Ves, te dije que podías confiar en mí! —dijo Miyu a Alaric, dándole una sonrisa. Él sintió
como si todo el peso que llevaba encima se deslizara, aliviado de estar vivo y de que no lo
hubieran rechazado. El sintiendo alivio de estar vivo, sintiendo alivio de que no lo
despellejarían.

Entonces escuchó la voz de la madre de Miyu hablándole tranquilamente. Se volteó para


verla.

—Bueno, como no nos hemos presentado, yo me llamo Elara Moonwhisper y ellas son mis
hijas, Lyra Moonwhisper y Isla Moonwhisper. Es un gusto conocerte —dijeron las dos
gemelas hablando al mismo tiempo.

—Ya supongo que tú y Miyu se conocen muy bien. —dijo Elara insinuando algo más.

—¡Mamá! ¡Claro que no! —exclamó Miyu, volteándose hacia Alaric, sonrojándose de
vergüenza.

—Jajaja, sabía que eras especial, tú y tus hermanas, pero nunca esperé que el primer macho
que trajeras fuera un humano —dijo Elara, riéndose mientras Miyu bajaba la mirada,
avergonzada.

—Jajaja —rió Elara ante la reacción de su hija—. Bueno, ya me tengo que ir. Iré a abrir la
tienda de hierbas y volveré más tarde, ¿ok? —dijo Elara, despidiéndose.

Se dirigió a Alaric antes de irse:

—Confío en ti, cuida de mis hijas.


—¿Qué? ¿Espere? —exclamó Alaric, pero ella ya se había ido.

Estaba cansado y no sabía qué pensar. Exhaló profundamente.

—Ahhhhhh, qué día tan agitado.

Alaric solo quería descansar, pero vio a las gemelas frente a él, ansiosas por hacerle muchas
preguntas, mientras Miyu aún estaba sumida en sus pensamientos por lo que le había dicho su
madre.

—cuéntanos, Aleric ¿te gustaría conocer nuestro pueblo? —dijo una de las gemelas. Esto
hizo que Miyu saliera de sus pensamientos.

—¡No! Si salimos, podrían descubrirlo. Miyu las regaño a las dos.

—¡Pero hermana! podríamos ocultarlo —dijo la otra gemela, tratando de convencela.

—¡Que no! ¡La gente sedara cuenta de que no es como nosotros! ¿¡Aparte, él es quien tomara
la decisión!? Las tres lo miraron, esperando su respuesta.

Alaric sentía la presión de las gemelas, que eran muy insistentes. Miyu también quería
enseñarle el pueblo, pero no quería arriesgarse a que lo descubrieran. No sabría qué hacer si
lo veían. Se entristeció un poco al pensar en ello. Alaric, notando la expresión de Miyu,
decidió ceder a la presión de las gemelas, ya que no quería verla triste.

—¡Está bien! —dijo en tono de rendición—. ¿Pero cómo me ocultarán? ¿Tienen una capa o
algo que me cubra hasta los pies?

Las hermanas se miraron entre sí y salieron corriendo hacia el segundo piso. Regresaron con
una especie de camisa con capucha que cubría la cara de Alaric y le dieron unos guantes
hechos de piel.

—¡Toma, ponte esto! —dijo una de las gemelas, entregándole la ropa.

Alaric miró lo que le daban y se lo puso. Le quedaba un poco grande y empezaba a


arrepentirse de su decisión. Miyu se acercó a él para hablarle.

—¿Estás seguro de esto? No tienes que hacerlo si no quieres —dijo con tono de
preocupación.

—No te preocupes, estoy seguro de que no me verán —respondió él, tratando de sonar
confiado, aunque por dentro estaba asustado—. ¿Aparte, qué haremos aquí todo el día?

—¡Sí, hermana! ¡Salgamos a dar un paseo! —dijo una de las gemelas, sonriendo.

—Está bien, pero si pasa algo, avísenme rápido —respondió Miyu.

—¡Bien! —gritaron al unísono, celebrando. Después de que Alaric se pusiera la capucha


encima de su otra ropa y los guantes, los cuatro salieron de la casa y comenzaron a caminar
por las calles del pueblo.
—¡Dinos, ¿qué quieres ver primero? —preguntaron las dos gemelas al unísono—. ¿Las
cuevas cristalinas o la cascada? —preguntaron mientras caminaban, mirándolo.

—Vamos a la cascada —respondió Alaric a través de la capucha. Las gemelas estaban


emocionadas por mostrarle todo el lugar. Luego, Lyra le preguntó:

—Oye, Alaric, ¿de dónde vienes? ¿Hay lugares como este?

Miyu escuchaba atentamente.

—Sí, pero no tan hermosos como este —respondió Alaric. Ellas se emocionaron y Isla le
preguntó:

—¿Qué es lo que más te gusta de este lugar?

Él se quedó pensando mientras caminaban, con las manos detrás de la cabeza.

—Que es muy tranquilo, sin mucho ruido. Aparte, es muy agradable estar con ustedes —dijo
con un tono cálido.

Las tres se sonrojaron por su comentario. Mientras se acercaban a una calle que parecía una
especie de mercado, vieron una gran cantidad de hombres bestia de todo tipo. Los puestos
estaban llenos de frutas, verduras, hierbas y objetos.

Alaric se sorprendió al ver tantos tipos de hombres bestia en un solo lugar, pero también
sintió temor a que lo descubrieran. Se acercó a Miyu y le preguntó en un tono bajo:

—Oye, ¿tenemos que pasar por aquí?

—¡Sí! La calle que lleva a la cascada está al fondo de aquí —ella le sonrió—. Pero tranquilo,
no te notarán. ¡Vamos!

Los cuatro caminaron mientras Alaric escuchaba el bullicio de los vendedores y


compradores. Continuaron hasta el final del mercado, que desembocaba en la plaza que había
visto al entrar al pueblo.

Una voz que ya había oído antes, la de la chica que parecía un lobo, se escuchó:

—¡Ah! ¡Miyu! ¡Lyra! ¡Isla! ¡Aquí! —les llamaba mientras se acercaba a ellos.

Las tres se tensaron al escuchar sus nombres mencionados. Alaric podía sentir su corazón
queriéndose salir de su pecho.

—¡Laria! ¿Qué haces? —respondió Miyu, tratando de mantener la calma.

—Estoy haciendo compras para la cena —dijo Laria con tono alegre—. ¿Y cómo te fue con
tu padre?

Alaric, detrás de ellas, trataba de no destacar mientras escuchaba la conversación.


—Ya sabes, lo típico de siempre — Miyu se rió falsamente, intentando aparentar calma,
aunque con nerviosismo.

—¡Por cierto, ya saben! —las tres escucharon atentamente, y Alaric también, mientras Laria
bajaba la voz para que no la oyera la gente—. Aparentemente han visto un humano dentro del
perímetro del bosque. Lo oí esta mañana en la plaza; lo más seguro es que lo anuncien ahora.

Alaric se paralizó del miedo, pero trató de mantener la calma.

—¿Un humano? ¡No digas tonterías! —Miyu habló de forma nerviosa—. ¡Aparte, no creo
que alguien se quiera meter en este lugar! —se rió nerviosamente.

Laria insistió:

—¡Sí! ¡Un hombre que trabaja en el campo lo vio!

Alaric solo podía sentir más ansiedad; ahora creía que salir de la casa había sido una mala
idea.

De repente, Laria notó a Alaric.

—¿Por cierto, quién es su amigo? —preguntó, con curiosidad. Alaric sintió su mirada, y las
tres hermanas se miraron entre sí, nerviosas. A Isla se le ocurrió una mentira.

—¡Ah! ¡Él es un primo nuestro! ¡Ja ja ja! —rió nerviosa Isla.

—¿Un primo suyo? ¡Quiero conocerlo! —Laria se llenó de emoción por conocer a alguien
más de su familia—. ¡Es un gusto conocerte! —dijo, su voz amable y divertida—. Me llamo
Laria, ¿y tú? ¿Cómo te llamas?

Las tres hermanas se pusieron aún más nerviosas, temiendo ser descubiertas. Antes de que
pudieran decir algo, Alaric habló.

Alaric, sintiendo la tensión en el aire, decidió actuar con naturalidad para evitar sospechas.

—Me llamo Alaric, es un gusto conocerte, Laria —dijo con un tono cortés y respetuoso.

Laria no pudo evitar reír nerviosamente y sonrojarse un poco.

—¡Ah, qué cortés es tu primo! —comentó, mirando a las hermanas, quienes asintieron con
una sonrisa, tratando de mantener la calma.

Entonces Laria preguntó, curiosa.

—¿Pero dime, por qué llevas esa capucha? ¿No tienes calor?

Las hermanas se pusieron aún más nerviosas al escuchar la pregunta, preocupadas por cómo
responder sin levantar sospechas. Miyu pensó rápidamente en cómo mantener a salvo a
Alaric, pero antes de que pudiera decir algo, él tomó la iniciativa y respondió.
Alaric improviso rápidamente con una explicación.

—Lamentable mente tengo que usar esto porque… El pauso para darle más realismo a lo que
iba a decir.

—soy sensible a la luz del sol, el sol hace que se me caiga el pelaje, así que uso esto y los
guantes para protegerme señorita Laria. El seguía con el mismo hablando con el mismo tono
de voz.

Laria reaccionó con preocupación, casi al borde de las lágrimas.

—¡Ah, pobre de ti! ¡Lo siento mucho!

Alaric vio como cambio su expresión y tratando de calmarla un poco dijo rápidamente.

—¡No te preocupes, ya me eh acostumbrado! —respondió, aliviándola un poco.

Las tres hermanas trataban de no reír ante la actuación de Alaric y la credulidad de su amiga.

Miyu, aun tratando de esconder su risa, intervino.

—Bueno, ya conociste a nuestro primo.

—¡tú primo es muy caballeroso a pesar de tener una aflicción! Laria, respondia con un tono
muy risueños.

—¡Bueno, Miyu, Lyra, Isla! Me tengo que ir, ¡adiós—se despidió Laria, sonriendo a las tres y
alejándose. Sin embargo, recordó algo y se giró para gritar a media calle —¡Ah, se me
olvidaba! ¡Adiós, Alaric!

Ellos también se despidieron de ella mientras se alejaba. Ellas empezaron a reírse

—hahaha ¿Por qué le hablaste de esa manera? Miyu pregunto, mientras ellas todavía trataban
de recuperar el aire.

Alaric sonrió debajo de la capucha, aunque no lo pudieran notar.

—solo me estaba divirtiendo —dijo, riendo de manera juguetona— jejeje.

De repente una campana sonó en el centro de la plaza. Ellas dejaron de reír y todos los que
estaban alrededor comenzaron a dirigirse hacia la plaza.

—¡Alaric! ¡Ven! ¡Vamos abra un anuncio importante, hay que estar todos reunidos! —dijo
Miyu con un tono serio y bajo.

Los cuatro se dirigieron hacia la multitud. En el centro de la plaza, había un anciano rodeado
de otras personas, entre ellas el padre de Miyu, todos de pie sobre una plataforma de madera.
La voz del anciano resonaba por todo el lugar.
—¡Bienvenidos todos! Hoy se les convoca a una reunión de emergencia —anunció el
anciano. La gente comenzó a murmurar: "¡Emergencia! ¿Qué ha pasado?" Los murmullos se
extendieron por la multitud.

—¡Tranquilos, tranquilos! No es algo muy grave, pero tampoco podemos bajar la guardia. —
La voz del anciano se hizo más firme—. Me ha llegado información de que esta mañana se
vio a un humano cerca del bosque y del campo.

La gente comenzó a gritar —¡Un humano! ¡Tengo miedo, mamá! ¡Hay que buscarlo!

Alaric sintió una oleada de ansiedad y miedo al escuchar las reacciones de la multitud.
Pensaba en una forma de salir de esa situación, pero temía que, si intentaba huir, llamarían
aún más la atención. Decidió quedarse y esperar lo mejor.

—¡Tranquilos! ¡Tranquilos, mantengamos la calma! ¡De nada sirve estar preocupados ahora!
¡No, hay que dejar que el miedo nos domine! ¡Hay que estar vigilantes y atentos a cualquier
cosa extraña! —dijo el anciano, tratando de calmar a la multitud.

El corazón de Alaric latía con fuerza cuando Miyu lo abrazó por detrás y le susurró —
Tranquilo, no saben que estás aquí. Actúa normal.

Las gemelas también se pegaron a él para darle un poco de apoyo. De repente, alguien entre
la multitud gritó —¿¡Y qué hacemos si lo capturamos!? ¡Hay que colgarlo! ¡No! ¡Hay que
hacerlo pagar por lo que hicieron!

La multitud gritaba con odio, y el miedo de Alaric se intensificaba, dejándolo paralizado. A


medida que la multitud continuaba gritando, sus pensamientos se volvían cada vez más
oscuros y desesperados.

—¡No! ¡No seamos como ellos! ¡No somos un pueblo de salvajes! —gritó el anciano a la
multitud, enojado—. ¡No nos comportemos como ellos! ¡Ya ha habido demasiado
derramamiento de sangre! ¡Si lo capturan, entréguenlo a los guardias! Nosotros nos
encargaremos de la situación.

El padre de Miyu, al ver cómo cambiaba la situación, comenzó a dudar sobre esconder al
humano que su hija había traído. Al darse cuenta de que entre la multitud estaban sus hijas, y
al ver a Miyu abrazando a alguien cubierto por una capucha, supuso que ese era el humano.

Él pensó para sí mismo —¿¡Qué están haciendo aquí!? ¡Se supone que deberían estar en
casa!

Una voz lo sacó de sus pensamientos.

—¡El señor Moonwhisper tiene un anuncio que hacer!

Dudando en contar lo que sabía del humano, avanzó al frente y comenzó a hablar.

—¡Gente, hay que estar tranquilos!


Se quedó dudando un momento antes de continuar, sopesando si debía revelar la información
que tenía.

—¡no creo que el humano se esté escondiendo aquí lo más seguro es que este perdido! La
multitud empezó a gritar —¡y tu como sabes eso! ¡Sí!

El los interrumpió —¡Una hija mía!

Observo a sus hijas entre la multitud, ellas se dieron cuenta y Alaric también. Alaric sentía
que se hundía más en un pozo sin fondo esperando lo peor.

—¡Una de ellas vio al humano de cercas! —La gente empezó a murmurar. —¡Nos contó a
mi esposa y a mí que el humano estaba herido, y que ella lo ayudó a curarse.

pauso unos segundos los presentes no podían creer lo que oían, Continuó, tratando de
presentar a Alaric de una manera más positiva.

—¡Ella nos dijo que él no nos miraba con desprecio! También nos contó que solo estaba
perdido y no sabía dónde estaba. Después de eso, nos dijo que el humano huyó y que no lo
volvió a ver. ¡Eso es todo!

La gente lo miraba incrédula ante lo que escuchaban. Las voces entre la multitud no tardaron
en surgir.

—¿¡Cómo es que lo vio y no hizo nada!? —gritó alguien.

—¿¡Por qué no avisó a los guardias!? —se escuchó otra voz.

Las acusaciones comenzaron a arremolinarse, impulsadas por el miedo y la desconfianza. El


anciano trataba de calmar a la multitud, alzando las manos para pedir silencio.

Miyu les llamó discretamente la atención a sus hermanas y a Alaric, hablando en voz baja.

—Vámonos, muévanse lentamente.

Mientras se retiraban con cautela, el padre de Miyu observó cómo se alejaban. Se sintió
aliviado al verlos salir de la situación peligrosa. En su mente, pensó.

—Les contaré la historia completa a los líderes cuando todo esto se calme.

La tensión en la plaza continuaba, pero él sabía que la seguridad de sus hijas y del humano
era su prioridad en ese momento.

Alaric y las tres hermanas lentamente se alejaban de la multitud cuando alguien noto a Miyu
y sus hermanas y alguien grito.

¡Ella está aquí!

De repente todos voltearon y los que estaban cercas, se apartaron para que fuesen más
visibles. Alaric estaba sudando frio su corazón se le quería salir. Se voltearon lentamente,
enfrentando las miradas inquisitivas de la multitud.

—¿Dinos como como se veía ese humano? ¿¡es cierto lo que nos contó tu padre!?

Miyu, sintiéndose nerviosa bajo la presión de todas las miradas, estaba a punto de responder
cuando su padre intentó intervenir. Pero antes de que pudiera hacerlo, ella habló, decidida a
manejar la situación.

—¡Sí! ¡Pero él no se veía con malicia como los otros humanos! ¡Él fue amable y no me llamó
con nombres! Estoy segura de lo que vi.

La gente murmuraba, dividida entre la incredulidad y la curiosidad. Alaric, sintiendo la


creciente tensión, solo podía esperar que la situación se calmara y que no lo notaran. Sin
embargo, la tranquilidad se rompió cuando alguien entre la multitud preguntó

—¿Quién es ese?

Las tres hermanas se alarmaron, y Alaric se quedó quieto, sintiendo la presión de las miradas
del pueblo entero sobre él.

Ellas iban a explicar quién era, pero Alaric habló con la misma voz educada con la que se
dirigió a Laria.

—Me llamo Alaric y soy primo de ellas. —Hizo una reverencia para presentarse.

—Ah, y si se preguntan, tengo que estar cubierto por esto debido a una enfermedad que me
impide estar al sol.

La mayoría de los presentes aceptaron su explicación, excepto uno que era más insistente.

—¿Cuándo llegaste? No te había visto por este lugar hasta hoy.

La multitud empezó a murmurar de nuevo, pero él hizo un gesto para callar sus murmullos.

Alaric respondió con seguridad.

—Llegué hace unos días en la noche. Como dije, no puedo salir mucho debido a mi
condición.

El hombre lo miró con escepticismo, pero finalmente decidió no insistir más.

La gente se empezó a calmar, y el anciano interrumpió antes de que la multitud se saliera de


control.

—¡Bueno, gente, con esto terminamos el día! Estén atentos a cualquier cosa extraña o fuera
de lugar. ¡Adiós y que tengan un buen día!

Toda la gente comenzó a dispersarse lentamente de la plaza, dejando solo a los líderes y al
anciano.
Miyu y sus hermanas estaban en silencio, atónitas por la escena que habían presenciado.
Alaric solo podía exhalar profundamente, aliviado de que le hubieran creído.

—¡Ahhhhh, eso estuvo cerca! —dijo Alaric, aliviado, pero su tranquilidad no duró mucho
cuando oyó la voz del anciano y el padre de Miyu. El anciano dijo en un tono alegre:

—¡Así que eres sobrino del señor Moonwhisper! Es un gusto conocerte. —Dijo el anciano,
dándole una sonrisa. El padre de Miyu venía detrás de él con los brazos cruzados.

Alaric reaccionó de inmediato.

—El gusto es mío, señor.

El anciano continuó.

—No sabía que tenías familiares tan educados. Pero, ¿de qué querías hablarme hace rato,
Kael?

—¡Ah, sí! Quería hablar con usted y los demás líderes esta noche sobre un asunto importante
—dijo Kael, el padre de Miyu, aún sin poder creer lo que el humano hizo hace unos
momentos.

—Sí, nos reuniremos esta noche, pero bueno, ya me tengo que ir —dirigió su atención a
Alaric y las hermanas, en especial a Miyu.

—Eres muy valiente, Miyu, en especial por no juzgar al humano de una mala manera. Sabes,
de cierta manera, me recuerda a tu madre gentil, cariñosa y amable.

Miyu le agradeció al líder anciano.

—Gracias, señor. —Miyu respondió respetuosamente y le devolvió la sonrisa.

—Bueno, me tengo que ir, tengo otros asuntos que atender. Se dirigió a Kael —Fue un gusto
conocer a tu sobrino, Kael. —Se despidió moviendo su mano.

Ellos también se despidieron del anciano, pero Kael aún no había terminado. Habló en un
tono serio, rascándose la cara con preocupación.

—¿Qué están haciendo aquí? ¡En especial tú! Veo que tienes mucho valor para estar aquí. —
Dijo, sorprendido por cómo había actuado Alaric.

—¡Ahora vayan a casa y no salgan! Kael —estaba un poco enojado y preocupado por verlos
allí.

Miyu y sus hermanas intentaron reprocharle.

—¡Pero papa nos…

Fueron interrumpidas por él.


—¡Nada de peros! ¡Regresen a la casa!

Cuando por detrás sintió que lo agarraba alguien, volteo y miro a la madre de sus hijas.

Elara había observado todo lo que había pasado y cómo Alaric había actuado para salir del lío
en el que se habían metido. Empezaba a sentir que este humano tenía algo especial, que había
una razón por la que su hija lo había traído.

—Tranquilo, cariño —dijo Elara con una voz serena mientras se dirigía a sus hijas y a Alaric
—. Puedo preguntar, ¿por qué están aquí?

Alaric respondió antes que ellas.

—Nos dirigíamos a las cascadas; ellas querían mostrarme el lugar y… —pausó un momento
y, tomando un poco de valor, continuó—. No es culpa de ellas, yo fui quien tomó la decisión
de salir. Pero no quiero que las castiguen por mi decisión.

Ellas lo miraron, reconociendo cómo él las defendía. Era evidente que él realmente era
diferente a los otros humanos. Elara lo observaba sin cambiar su expresión, pero en su
interior, sonreía.

—¿Es eso verdad? —preguntó Elara a sus hijas.

—Sí, mamá —dijeron muy arrepentidas.

Luego, Elara miró de nuevo a Alaric.

—Bueno, pueden continuar.

Todos se quedaron estupefactos, especialmente el padre, que no podía creer que su esposa les
permitiera seguir afuera.

—Después de todo, te dije que cuidaras de mis hijas, ¿no? Estás haciendo un buen trabajo.
¡Continúa así!

Alaric, con un tono nervioso, respondió,

—¡S-s-sí! Prometo cumplir mi palabra —respondió Alaric, aún nervioso.

Kael intentó interrumpir, pero fue detenido por su esposa, que lo golpeó en el estómago. No
fue un golpe fuerte, pero sí suficiente para hacerlo callar. Todos observaron con nerviosismo
la escena.

Entonces, Elara se dirigió a ellos con una sonrisa falsa, pero amable:

—¡Tengan mucho cuidado!

Ellos asintieron con nerviosismo y se despidieron, reanudando su camino.

—¡Ahhh! ¿Por qué fue eso? —pregunto Kael, todavía recuperándose del golpe.
Ella miro con cariño y le respondió.

—por nada pero no puedo evitar ver a mis hijas crecer.

Volteo a ver a sus hijas alejarse con Alaric.

—¿A qué te refieres? —Kael todavía trataba de recuperar se del golpe.

—A nada. Ella le saco la punta de la lengua y cerro un ojo, haciéndolo ver confundido. —
¡Sería usted todo un caballero si me a invitara dar un paseo!

Ella actuaba de manera juguetona y divertida. Kael entendió el mensaje y le siguió la


corriente.

Él tomó su mano y la abrazó, acercándola a él por la cintura, y le dijo en el mismo tono que
ella:

—¿Sería tan amable de aceptar mi oferta de ir a dar un paseo, señorita?

Ella se sonrojó de vergüenza, y por un instante le recordó a cuando eran jóvenes. Él soltó una
pequeña risa.

—¡Jajaja! ¡Vamos, vayamos juntos!

Él le ofreció su mano, ella la aceptó y los dos se fueron caminando juntos de la mano.
Capitulo 3: Revelacion

Los cuatro avanzaron lentamente por el sendero de piedra, el crujido de las piedras bajo sus
pies marcaba el ritmo de su caminar. A medida que se alejaban del bullicioso pueblo, las
casas se volvían cada vez más escasas, dando paso a un sendero de tierra que se arbole altos.
El camino, ahora empinado, se adentraba en el bosque, rodeado de una cama natural que
contrastaba con el bullicio del pueblo.

Miyu, Lyra e Isla avanzaron junto a Alaric cada una inmersa en sus pensamientos sobre la
reciente defensa que él había hecho de ellas. La valentía que había demostrado al arriesgar
tanto, a pesar de su reciente amistad, no dejaba de resonar en sus mentes. Finalmente, fue
Lyra quien, rompió el pesado silencio que se había instalado entre ellos, hablo con una voz
que reflejaba tanto gratitud como curiosidad.

—¡Alaric! ¿Qué hacías en tu otro mundo? —preguntaba Lyra, su voz cargada de intriga y
curiosidad. Sus ojos brillaban con una expectación y fascinación mientras traba de
desentrañar un poco del pasado de Alaric. Isla y Miyu a su lado, se inclinaron ligeramente
hacia delante, escuchando atentamente. La pregunta de Lyra rompio el silencio que se había
creado entre ellos, creando un momento expectación en el que el ambiente parecía vibrar con
la promesa de descubrir algo nuevo de y revelados sobre Alaric.

Alaric avanzaba lentamente, su mente trabajando a toda marcha mientras trataba de encontrar
las palabras adecuadas. No estaba seguro de cómo explicar su pasado sin que pareciera
extraño o incomprensible para ellas. Las miradas expectantes de Miyu, Lyra e Isla lo
presionaban, y el peso de sus expectativas parecía hacer que cada palabra se volviera aún más
significativa. Aunque sabía que algunas cosas podían resultar difíciles de entender, sentía la
responsabilidad de ser sincero, al menos en parte.

—Bueno, yo… era ingeniero en un proyecto —empezó Alaric, tratando de encontrar la


manera mas sencillade explicar su pasado.

Lyra lo miro con curiosidad y fruncio el ceño, confundida. — ¿Qué es un ingeniero?

Alaric pensó que entrar en detalles podría ser complicado, asi que decidio simplificarlo. —
Digameos que es alguien que resuelve problemas lógicos y construye cosas.

Los ojos de las tres hermanas se iluminaron con curiosidad. Inmediatamente comenzaron a
bombardear a Alaric con preguntas.

—¡Entonces eres un herrero como mi padre! —exclamo Miyu, visiblemente emocionada—.


¿Qué tipo de cosas construiste? ¿Qué tipo de problemas resolvías?

Isla y Lyra también empezaron a hacer preguntas, hablando todad a la vez. Alaric se vio
abrumado por la avalancha de interrogantes y trato de calmarlas.

—Un momento, por favor —dijo, alzando las manos en un gesto de tranquilidad. Su rostro
mostraba una ligera preocupación por la cantidad de preguntas que recibía.
—¡Una por una! —exclamo, nervioso al ver como las tres se acercaban demasiado. —Bueno,
construí un par de cosas. —Sus recuerdos del accidente que lo había llevado a este mundo lo
hicieron sentir una tristeza momentánea. —Una de ellas me trajo aquí.

Las tres notaron el cambio en la actitud de Alaric y rápidamente intentaron cambiar de tema
para animarlo.

—No se preocupen. —dijo el, tratando de recuperar el ánimo. —Es divertido estar aquí con
ustedes y es muy tranquilo. —Descanso las manos detrás de su cabeza, sonriendo.

El comentario de Alaric hizo que las tres se sonrojaran, agradecidas por su elogio.
Continuaron avanzando, y pronto comenzaron a sentir la humedad frescura del aire al
acercarse a una cascada. El sonido del agua cayendo se hacía cada vez más claro.

Frente a ellos, la cascada descendía desde un lado de la montaña, formando un río que
desembocaba en un lago. El lugar estaba rodeado de árboles, y un poco más adelante había
una pequeña área despejada con un muelle para botes pesqueros. Alaric se quedó maravillado
ante el esplendor del paisaje.

—Este lugar es increíblemente hermoso — comento Alaric, asombrado. Las gemelas,


emocionadas por su reacción, hablaron al unísono.

—¡Te gusta! ¡Síguenos, vamos dentro de la cascada! —exclamaron Lyra e Isla, corriendo
hacia la cascada con entusiasmo.

—¡Vamos! —gritó Isla a Miyu y Alaric. Al ver su entusiasmo de las gemelas, Alaric observo
los ojos de las gemelas llenos de un brillo de felicidad. Decidió unirse a ellas, mientra Miyu,
observando cómo Alaric seguía a sus hermanas, también corrió tras ellos, gritando.

—¡Hey, esperen!

Las gemelas y Alaric llegaron frente a la cascada, donde la humedad y el sonido del agua
eran abrumadores.

—¡No corran cerca de la cascada! ¡Podrían resbalarse! —advirtió Miyu, con tono de
preocupación.

—Vamos, hermana, venimos aquí desde que éramos niñas —protestó Lyra, sin dejar de
moverse.

—¡Sí, pero la última vez casi te caíste y te golpeas la cabeza! —Miyu estaba visiblemente
enojada y preocupada.

Alaric escuchaba la conversación y notoba la preocupación en la voz de Miyu.

—Solo les pido que tengan cuidado. Además, recuerden que Alaric está a cargo. No querrán
preocuparlo, ¿verdad? esto hizo que las gemelas sintieron un poco de culpa y vergüenza por
no comportarse.

Las dos, con una voz avergonzada trataron de disculparse con Alaric y Miyu.
—No, solo queremos enseñarle el interior de la cascada. —dijeron, haciendo gestos tiernos
para convencer a su hermana. Aunque eso no funciono con Miyu, sí lo hizo con Alaric, quien
no pudo evitar sonreír y sentirse conmovido por su actitud.

—No hay problema, pero mientras no corran, no quiero que les pase nada. ¿Está bien? —dijo
Alaric, tratando de calmar la situación ya que estaba a cargo de cuidarlas.

Su emoción regresó al notar como movian sus colas, y las gemelas se abalanzaron sobre él,
emocionadas de mostrarle el lugar, especialmente porque él se preocupaba por ellas.

—¡Sí! ¡Vamos, te mostraremos el lugar!

De repente, Isla tomó a Alaric del brazo, tratando de aprovechar la situación y observar las
reacciones de sus hermanas. Esto sorprendió tanto a Alaric como a sus hermanas, quienes no
podían evitar sentir una punzada por ver a su hermana cercas de él.

Alaric quedo anonadado por la repentina proximidad a su lado de Isla, sintiendo su pelaje y
calor.

—Creo que sería más seguro si vamos de esta manera —dijo Isla sonando de forma
juguetona, aunque intentaba ocultar su vergüenza. Lyra, sin querer quedarse atrás, hizo lo
mismo que su hermana.

—Sí, creo que es más seguro así —tartamudeó Lyra, con el rostro ligeramente rojo.

Miyu también se acercó a Alaric por detrás, abrazándolo por el cuello.

—S-sí, vayamos de esta manera, es más seguro, así no nos caeremos —dijo Miyu, algo
avergonzada por su accion, pero determinada a no dejar que sus hermanas le ganaran.

Alaric sintió el abrazo de Isla, luego el de Lyra, y finalmente el de Miyu, que lo rodeaba por
detrás del cuello. No sabía qué decir ni que pensar; simplemente se sonrojó por tenerlas tan
cerca y tartamudeó de vergüenza.

—S-s-sí, vamos.

Los cuatro entraron en la parte trasera de la cascada, avanzando con cuidado entre las piedras.
Alaric no podía evitar sentir el pelaje de las tres rozándose contra él, especialmente el de
Miyu, que se apoyaba en su espalda sintiendo su figura.

Alaric quedó maravillado por lo que veía, olvidando por un momento que tenía a las tres
cerca. Del techo de la cascada caía un hilo de agua, y en su centro había un pequeño pozo
iluminado por la luz del sol que se reflejaba a través de la cascada exterior.

Las tres observaron a Alaric con atención, notando como sus ojos brillaban ante el
espectáculo de luces en el interior de la cascada. Aunque cada una sentía algo diferente, un
sentimiento profundo y difícil de describir se apoderaba de sus corazones al ver su asombro.
Sin poder contener su curiosidad, las tres le preguntaron al mismo tiempo.

—¿Qué te parece este lugar?


—¡Esto es impresionante! No sabía que había lugares así aquí —respondio Alaric,
visiblemente asombrado. Las chicas se alegraron de su comentario, sintiendo que realmente
apreciaba la belleza del lugar. Sin embargo, a pesar de admiración, Alaric parecía un poco
desanimado.

—Quisiera poder explorar su pueblo sin tener que llevar esto puesto — dijo Alaric,
suspirando con un toque de decepcion por tener que ocultarse todo el tiempo. —Pero, ¿qué se
le va a hacer?

Lyra se separó de ellos y sonriendo hacia Alaric que estaba parado frente a ella, sugirió.

—¡¿Por qué no te quitas la capucha?!

Un silencio incomodo lleno la pequeña cueva detrás de la cascada, creando un ambiente tan
tenso que se sentía pesado. El sonido de la cascada resonaba atreves de la cueva, y las gotas
de agua golpeando el suelo solo hacían más incómoda la situación. Las tres observaban con
los ojos muy abiertos.

Isla se preocupara por la propuesta que su hermana, y Miyu rápidamente le respondió,


alarmada.

—¿¡Qué!? ¿¡Qué tal si alguien lo ve!? ¿¡Luego qué haremos si nos ven!? ¿¡Cómo le haremos
para explicarlo!? —Miyu estaba claramente muy preocupada, su corazón palpitaba
rápidamente por el temor.

—Vamos, Miyu, sabes que no viene gente por aquí. —dijo Lyra, movía sus manos hacia los
lados para calmarla. —Además Alaric es quien al final tomará la decisión —reprochó Lyra,
tratando de convencer tanto a sus hermanas como a Alaric.

Él solo se quedó pensando en las consecuencias si alguien lo veía, mientras el incómodo


silencio se asentaba de nuevo, acompañado por el constante sonido de la cascada y las gotas
de agua cayendo de vez en cuando.

Miyu miraba a Alaric con preocupación. Sentía un miedo inexplicable a perderlo, aunque no
entendía por qué. Solo sabía que no quería que le pasara nada. Isla decidió sugerir algo.

—Buena idea, Isla —dijo Lyra con una sonrisa—. Vamos a revisar, y si es seguro, podrás
quitarte la capucha, Alaric. ¿Qué te parece?

Alaric, un poco nervioso pero tratando de mostrar confianza, asintió.

—Bueno, si me aseguran que no hay nadie por aquí, me la quitaré. —Volteó a mirar a Miyu
—. No te preocupes, si lo que dicen es cierto y nadie viene por aquí, todo estará bien.

—¿Pero si alguien te ve? —Preguntó Miyu, con la preocupación aún visible en su rostro—.
Tengo miedo de que te pase algo. Ella bajaba la mirada para ocultar su preocupación, sus
orejas bajaban, delatándola. El miedo de perderlo era muy grande.

Alaric la abrazó repentinamente y, con una voz tranquila, le dijo como ella cuando se
conocieron por primera vez.
—¿Confías en mí?

Miyu, un poco roja por la repentina acción de Alaric, asintió lentamente.

—Sí, pero por favor tengamos mucho cuidado —respondió, tratando de contener sus
emociones.

Lyra e Isla sintieron la misma de antes punzada por el momento íntimo entre Alaric y Miyu
sin saber cómo explicarse por qué se sentían de esta manera. Ellas observaron en silencio,
sumidas en sus pensamientos. Alaric miró a las gemelas y habló de nuevo, sacándolas de sus
pensamientos.

—¡Muy bien, vayamos a revisar! —el trato de sonar con un poco de diversión para animar el
ambiente tan tenso y preocupante.

Lyra e Isla asintieron al unísono, y todos se prepararon para asegurarse de que el área
estuviera despejada. Ellas revisaron de arriba a abajo y el exterior, tratando de encontrar a
alguien. Todo parecía despejado, sin un alma a la vista.

—Listo, no hay nadie por aquí. Las hermanas le hablaban al unísono confirmándole que no
había nadie, con una sonrisa de alivio.

Alaric asintió y comenzó a quitarse la capucha lentamente, sin decirles nada. Él también
estaba preocupado por lo que hacía, pero no quería decepcionarlas.

—¡Ahhhhh! ¡Por fin! Ya estaba sintiendo mucho calor con eso puesto —exclamó, sintiendo
el aire fresco de la cascada directamente sobre su rostro. La brisa le acariciaba la piel y le
despejaba la mente.

Miyu, aún preocupada, lo miró y le preguntó, con sus orejas ligeramente inclinadas hacia
abajo.

—¿Estás seguro de esto? —Su voz temblaba un poco, reflejando su preocupación.

Alaric con confianza, respondió mientras le daba una suave palmadita en el hombro.

—¡No te preocupes! Estoy seguro de que no hay nadie aquí. Aparte tus hermanas ya
revisaron —El trato de sonreír para calmar a Miyu.

Miyu asintió, aunque todavía un poco preocupada, se sintió más tranquila al ver la confianza
de Alaric. Justo cuando comenzaba a relajarse, un chorro de agua le cayó encima a Alaric.
Lyra e Isla le estaban lanzando agua para llamar su atención mientras le sacaban la lengua de
manera divertida.

—¡No podrán escapar de mí! —gritó mientras corría tras ellas.

Miyu, al ver la escena, no pudo evitar reírse también. La tensión se había disipado por
completo, reemplazada por la alegría del momento. Ella decidió unirse a la diversión,
corriendo detrás de Alaric y sus hermanas.
—¡Espérenme! —gritó Miyu, riendo y lanzando agua a Alaric.

Lo que no sabían era que el sujeto que había cuestionado a Alaric en la plaza los estaba
siguiendo desde que salieron del pueblo. Susurraba para sí mismo.

—¡A mí no me engañas! ¡Tú hueles a un humano! siguiéndolos entre los arbustos frondosos.
Vio cómo corrían hacia la cascada hasta que se perdieron de su vista. Decidió acercarse
lentamente un poco para ver si seguían cercas, pero no vio nada, es como si se hubieran
esfumando de la nada. Esto lo frustraba. ¿Cómo era posible que hayan desaparecido? Ya se
iba a dar por vencido cuando escucho las voces y las risas ellos, opacadas por el sonido del
agua cayendo por la cascada. Rápida mente se ocultó de nuevo entre arbusto cercano y
esperó. Sabía que tarde o temprano aparecerían.

Entonces, observo como una de las hijas de Kael salía de la cascada por un pasadizo detrás de
ella. Parecía estar revisando el área, miraba entre los arbustos cercanos como si buscara a
alguien.

Él contuvo su respiración, tratando de no hacer ningún ruido que pudiera delatar su presencia.
La joven kitsune parecía alerta, sus orejas se movían en todas direcciones, captando cualquier
sonido. Después de un momento, aparentemente satisfecha de que no había peligro, regresó
al interior de la cascada.

—¡con que ahí se ocultan! Él sonreía con un fervor, como si hubiera encontrado un tesoro. —
Voy a descubrir su secreto. Y cuando lo haga, todos sabrán quién eres en realidad.

Sus ojos brillaban con malicia. Lentamente salió de los arbustos y se dirigió hacia donde
estaban para confirmar lo que ya lo sospechaba.

—¡El humano! —pensó para sí mismo. Abrió los ojos muy sorprendido quedando en shock.
Sentía ira, odio, decepción y desprecio, la mescla de emociones lo cegaba. Pero también se
sentía traicionado por la mentira de las hijas de Kael.

No podía creer lo que sus ojos veían cuando observó cómo las hermanas jugaban con Alaric,
tirándole agua y él devolviéndosela. No podía aceptar que las hijas de Kael le ocultaran algo
tan grave a su padre y traicionaran la confianza del pueblo trayendo a un humano aquí.

Se alejó lentamente, pensando en cómo contarles a todos lo que acababa de ver. El susurraba
con odio.

—Me las pagaran, esto no se quedara así. Su rostro reflejaba su furia, con el ceño fruncido y
apretando sus dientes.

De repente, una idea le vino a la mente. Una sonrisa llena de malicia se formó en su rostro.
No podía a esperar para ejecutar su plan, así que aguardaría hasta que cayera el sol.

Alaric se dio cuenta de cuánto había olvidado disfrutar de la simple alegría de estar al aire
libre. Los recuerdos de largas noches en el laboratorio, de luces frías y monótonas,
contrastaban con la frescura del agua y la risa contagiosa de las hermanas. Se sentía libre por
primera vez en mucho tiempo, y no quería que ese momento terminara.
Habían estado disfrutando por horas hasta que cayó la tarde. Alaric, exhausto, yacía en el
suelo de la cueva, empapado de agua, pero con su corazón lleno de alegría, dándoles una
sonrisa a ellas. Miro a las hermanas y les sonrió con gratitud.

Ellas, casi secas no les había acertado ni una vez, devolvieron la sonrisa con emoción,
moviendo sus colas. No sabían cómo expresar el sentimiento que experimentaban al estar con
él; era la primera vez que se sentían de esa manera. Alaric hablo rompiendo el silencio
sentándose en el suelo.

—Esta es la primera vez que me divierto en mucho tiempo… creo que debo agradecerles.

Ellas movían sus colas aún más al escuchar esas palabras. Alaric continuo riendo cálidamente
estaba siendo sincero con ellas.

—Es realmente me divertido pasar el tiempo con ustedes. Hahaha.

Las hermanas sintieron un leve sonrojo formarse en sus rostros y desviaron la mirada,
bajando sus orejas. Miyu fue la primera en responder, tartamudeando.

—Gr gracias también nos divertimos mucho.

El corazón de Miyu se aceleraba cada vez que hablaba con él.

—¡S-s-si! Alaric, fue muy divertido. —dijo Lyra llena de emoción por estar a su lado,
mientras no dejaba de mover su cola como si estuviera esperando más.

—¡Me-me alegro que te haya gustado! Creo que deberíamos ir a otros lugares a explorar. —
sugirió Isla, tocando la punta de sus dedos índices con mucha vergüenza, deseando ver más
de él.

Alaric sonreía con mucha calma y decidió pararse para acabar con ese momento eterno y que
disfrutaba con mucha alegría. —bien creo que es hora de irnos, ya se está haciendo tarde.

-si, creo que tienes razón. –Miyu sonreía alegremente a Alaric.

Alaric asintió con una sonrisa tímida mientras Isla, con su energía alegre, lo tomó del brazo.

—¡Déjame ayudarte a ponerte la capucha de nuevo! —exclamó ella, con una risa ligera que
resonaba en la brisa suave.

La vergüenza lo envolvía, y antes de que pudiera reaccionar, sintió la cercanía de Miyu y


Lyra acercándose a su lado, no pudieron evitar sentir una pequeña punzada de
competitividad.

—¡Yo también te ayudaré! —dijo Miyu amablemente, tomando un extremo de la capucha,


mientras Lyra se unía con un brillo en sus ojos.

—¡Sí, yo también! —agregó Lyra, sujetando el otro extremo.


Alaric no pudo evitar sonrojarse. Sentía la cercanía de las tres, el calor de sus cuerpos y el
aroma suave de la naturaleza que traían consigo. Las miró, sin saber qué decir, atrapado entre
la vergüenza y el agradecimiento.

—¡Bien, ya estás! —dijo Miyu con una sonrisa radiante, acompañada por las colas de Lyra e
Isla que se movían alegremente de un lado a otro. Alaric, aún abrumado por la situación,
sonrió tímidamente, agradecido por el gesto.

—Gracias —murmuró, recuperando poco a poco su compostura—. Será mejor que


regresemos, seguro nos están esperando.

Las palabras de Alaric, ligeras y tranquilas, hicieron eco en el ambiente. Las tres hermanas lo
miraron, percibiendo el cambio en su tono. Alaric parecía más relajado, quizás incluso
disfrutando del momento. Juntos, comenzaron a caminar de vuelta, dejando atrás la cascada.
El sol ya comenzaba a descender en el horizonte, tiñendo el paisaje de tonos cálidos de
naranja y dorado. El viento soplaba suavemente, moviendo las copas de los árboles y
haciendo brillar el lago bajo los últimos rayos de luz.

Alaric se detuvo por un momento, sus ojos contemplando la serenidad del paisaje. La belleza
del lugar lo abrumaba, y durante un instante, se permitió perderse en el entorno.

—¿Pasa algo? —preguntó Miyu, notando su repentina quietud.

—Este lugar… es hermoso —respondió Alaric en un susurro—. Me gustaría quedarme aquí.

El viento agitó levemente su capucha mientras hablaba. Las palabras de Alaric resonaron en
el aire, y aunque las hermanas se sintieron emocionadas, no podían ignorar la realidad de que
era un humano en un mundo que no siempre aceptaba tan fácilmente a los suyos.

Él volteó hacia ellas, sonriendo detrás de la capucha que aún cubría su rostro.

—Bueno, vámonos. —Aunque no podían verlo, sentían su sonrisa a través de la calidez de su


voz.

Las tres asintieron, devolviéndole la sonrisa mientras descendían la colina. El sendero de


tierra crujía bajo sus pies, bordeado por árboles altos cuyas ramas formaban un arco natural
sobre sus cabezas. El camino se hacía cada vez más visible conforme llegaban al pueblo,
donde las primeras luces de las antorchas ya comenzaban a encenderse. Era un momento
perfecto para hablar.

—¿Y ustedes? —preguntó Alaric, rompiendo el silencio—. ¿Qué hacen aquí para ayudar?

Las tres hermanas se miraron entre sí, emocionadas por la pregunta. Fue Miyu la primera en
responder, su voz llena de entusiasmo.

—¡Me gusta enseñar a los niños a leer y escribir! También ayudo a mi madre en su tienda de
hierbas curativas, sanando con magia.

Isla no tardó en unirse a la conversación, con una sonrisa en el rostro.


—¡Yo practico tiro con arco! A veces enseño a los nuevos reclutas y a los niños a cazar.

Lyra completó el círculo, hablando con orgullo.

—¡Yo tejo telas para el pueblo! Soy la mejor en lo que hago. De vez en cuando practico un
poco de magia con Miyu.

Sus colas se movían alegremente mientras hablaban, cada una disfrutando de compartir sus
vidas con Alaric. Él las miró, sonriendo ante la energía y la dedicación que mostraban. Soltó
una pequeña risa, y Miyu, al notar el sonido, frunció el ceño con curiosidad.

—¿Por qué te ríes? —preguntó con una mezcla de curiosidad y diversión.

—Es que… se ven muy lindas —respondió Alaric sin darse cuenta del impacto de sus
palabras.

El silencio cayó sobre el grupo cuando las tres hermanas se detuvieron, sus rostros
enrojeciendo rápidamente mientras evitaban su mirada. Alaric, dándose cuenta de lo que
había dicho, sintió una ola de vergüenza apoderarse de él.

—¡N-no, quise decir que…! —tartamudeó, incapaz de encontrar las palabras adecuadas—.
Quiero decir, son muy… hermosas.

La situación solo empeoraba con cada palabra. Las tres ocultaron sus rostros, cubriéndose
con los brazos mientras el silencio incómodo se alargaba. Alaric no sabía cómo salir del
embrollo, así que decidió cambiar el tema lo más rápido posible.

—¡V-vamos a la casa! —dijo, aún tartamudeando.

Ellas asintieron en silencio, sus rostros aún ocultos mientras avanzaban. El camino de vuelta
al pueblo fue tranquilo, con pocas palabras intercambiadas. Al llegar a la casa, encontraron a
Elara, la madre de Miyu, esperando en la puerta, con los brazos cruzados y una expresión
seria en el rostro.

—¿Por qué tardaron tanto? —preguntó, aunque su mirada se suavizó al ver a sus hijas con las
caras rojas y avergonzadas. Alaric también seguía sintiendo el calor en su rostro, incapaz de
mirar a Elara a los ojos.

—Fuimos a la cascada —respondió Miyu en un susurro, con la cara aún cubierta.

Elara observó a las tres, dándose cuenta de lo que había ocurrido. Una sonrisa apareció en sus
labios, seguida de una pequeña risa. Sabía muy bien lo que significaba esa reacción, y no
pudo evitar recordar la primera vez que ella misma se había sentido así.

—¡Vamos, entren! —La voz alegre de Elara resonó en el aire, sorprendiendo a las chicas.
Miyu, Lyra e Isla asintieron rápidamente, aliviadas al ver que su madre no hacía ninguna
pregunta. Subieron las escaleras en silencio, desapareciendo hacia sus habitaciones, mientras
Alaric caminaba detrás, algo más lento, todavía procesando lo que acababa de pasar. Pero
antes de que pudiera seguirlas, Elara lo detuvo, colocando suavemente su brazo frente a él.
—Bueno, ¿me contarás qué fue lo que pasó? —preguntó con una expresión juguetona,
mirándolo de reojo.

Alaric sintió cómo el calor subía a su rostro, inundado de vergüenza. Sin decir palabra,
asintió levemente y siguió a Elara hacia el interior de la casa. Al quitarse la capucha, la madre
de Miyu notó lo empapado que estaba, y cómo su rostro seguía enrojecido. Sin decir nada, lo
guió hacia la chimenea, donde el fuego cálido bailaba en un lento vaivén. Alaric se sentó en
una silla cercana, dejando que el calor lo envolviera, mientras Elara le traía una taza de té
caliente.

—Para que no te resfríes —dijo, sentándose a su lado con una taza propia.

Alaric aceptó la bebida con una sonrisa tímida, agradecido por la atención, pero aún sintiendo
el peso de la vergüenza en su pecho. El silencio se hizo presente, solo interrumpido por el
chisporroteo de las llamas y el suave sorbo de Elara.

—¿Se divirtieron? —preguntó finalmente, rompiendo la quietud con una sonrisa amable, sus
ojos llenos de curiosidad.

Alaric, aún sonrojado, tomó un sorbo de su té antes de responder con voz titubeante.

—S-sí… Me enseñaron la cascada por detrás. Era… hermoso —murmuró, su mirada fija en
el fuego.

Elara sonrió al ver la sinceridad en sus palabras. Sabía que Alaric había disfrutado el tiempo
con sus hijas, pero también notaba que algo más lo preocupaba.

—Me alegra oír eso. Parece que te llevas muy bien con ellas —dijo entre risas suaves—,
pero… ¿por qué estás todo mojado?

Alaric, intentando encontrar las palabras, rió levemente mientras recordaba lo sucedido.

—Jugamos un poco con el agua, y… bueno, se nos pasó el tiempo —respondió con una
sonrisa, mirando las llamas que seguían bailando frente a él.

Elara lo observó en silencio por un momento, viendo cómo su mirada se perdía en el fuego.
Pero antes de que pudiera decir algo más, Alaric continuó, su tono de voz ahora más suave,
casi melancólico.

—Este lugar es muy hermoso. Me gustaría quedarme aquí… aunque sé que no me aceptarían
tan fácilmente —confesó, su voz apenas un susurro.

Elara lo miró sorprendida. Las palabras de Alaric parecían estar cargadas de sinceridad y una
profunda tristeza. Desde las escaleras, sus hijas escuchaban en silencio, ocultas, con el
corazón latiendo fuerte al oír lo que Alaric estaba revelando. Elara, por su parte, esbozó una
cálida sonrisa.

—¿Y por qué no te quedas? Tal vez podamos convencer a los demás de que te acepten —
sugirió, su tono lleno de esperanza.
Alaric la miró, sus ojos brillando con una mezcla de tristeza y duda.

—No creo que me acepten, no después de lo que Miyu me contó sobre cómo los humanos
han tratado a los de su especie —dijo, mirando hacia el suelo, su rostro iluminado por el
resplandor de la chimenea.

Elara, sin decir una palabra, se inclinó y lo abrazó con suavidad, sorprendiendo no solo a
Alaric, sino también a sus hijas, que miraban desde su escondite con los rostros enrojecidos.

—No tienes que culparte por lo que ha pasado en este lugar. Este conflicto lleva siglos, pero
tú eres diferente. No juzgas a la primera, y eres increíblemente amable —le dijo en un tono
reconfortante.

—Pero lo hice cuando conocí a Miyu… al principio pensé que me iba a… —Alaric se
detuvo, recordando con vergüenza el malentendido inicial—, pero luego, cuando me trató con
tanta amabilidad… ahora solo quiero devolvérsela.

Elara lo miró con ternura. Alaric, sintiendo una ola de determinación, se arrodilló frente a
ella, lo que sorprendió tanto a Elara como a las tres chicas que seguían espiando desde las
escaleras.

—Realmente quiero ayudarlas… Quiero quedarme aquí y hacer lo que pueda, incluso si me
rechazan al principio. Intentaré ganarme su confianza, sea como sea —dijo, sus ojos llenos de
determinación.

Elara lo miró en silencio, sorprendida por la sinceridad y la fuerza de sus palabras. En su


interior, no podía evitar pensar en lo especial que era este joven humano. Sonrió, recordando
algo que siempre había sentido acerca de su hija.

—¿Sabes? Miyu es muy especial. Siempre ha tenido el don de atraer cosas buenas y personas
interesantes a nuestras vidas. Nunca se equivoca cuando ve algo especial en alguien… y
estoy empezando a pensar que tú eres una de esas cosas —dijo con una sonrisa cálida.

Alaric la miró, sintiéndose lleno de gratitud. Aunque sabía que el camino sería difícil,
también entendía que no estaba solo en su deseo de quedarse.

—Y también hay algo más —añadió Alaric, su voz ahora más firme—. Quiero protegerlas…
a ellas, y a todos en este pueblo. Han sido increíblemente amables conmigo, y quiero
devolverles esa amabilidad protegiéndolos, aunque apenas los conozca sé que todos aquí son
buenas personas.

Elara lo miró sorprendida, pero su expresión pronto se suavizó en una sonrisa. Desde las
escaleras, Miyu, Lyra e Isla escuchaban en silencio, sus corazones latiendo con fuerza al oír
cómo Alaric expresaba su deseo de protegerlas. Aunque no podían verlo, sentían que algo
especial estaba sucediendo entre ellos.

—Te prepararé un baño caliente para que te relajes —dijo Elara, levantándose con una
sonrisa cálida.
Alaric se puso de pie nuevamente y asintió, devolviéndole la sonrisa mientras ella se alejaba
para preparar el baño. De nuevo solo frente a la chimenea, el calor del fuego lo envolvía y,
mientras observaba las llamas danzantes, su mente vagaba en pensamientos. Sabía que
tendría que esforzarse mucho para ganarse la confianza del pueblo, y la incertidumbre de
cómo lo haría pesaba sobre él. Reflexionó en silencio, sus manos extendidas hacia el fuego,
buscando el consuelo del calor.

Desde lo alto de las escaleras, Miyu, Lyra e Isla lo observaban nuevamente. A pesar de no
poder entender sus emociones, no podían evitar querer pasar más tiempo con Alaric que
parecía tan decidido a ayudarlas.

De repente, un golpe fuerte y rápido en la puerta rompió la quietud de la casa, haciendo que
todos se tensaran. Alaric, con el corazón en la garganta, se apresuró a cubrirse con su
capucha, sus manos temblorosas. Elara salió rápidamente del baño, secándose las manos
mientras se acercaba a la puerta con una expresión de preocupación.

—¿Quién será a estas horas? —murmuró para sí misma.

Sin esperar respuesta, una voz firme y autoritaria resonó desde el otro lado.

—¡Abran! ¡Es la guardia!

El estómago de Alaric se encogió. El miedo lo paralizó, sus pensamientos eran un torbellino


de posibilidades terribles. Desde las escaleras, las chicas bajaron corriendo, sus corazones
latiendo con fuerza, temiendo lo que la guardia podría querer.

Elara, con una mirada seria, abrió la puerta con firmeza. Del otro lado se encontraban varios
hombres bestia: lobos, zorros y otras especies que conformaban la guardia local. Todos se
apartaron al momento, abriendo paso a un lobo gris imponente con una cicatriz sobre su ojo
izquierdo. Este lobo, que parecía el líder del grupo, se quitó el casco y la miró con una
sonrisa suave.

—¿Elara, cómo estás? —preguntó con voz grave pero amable.

Elara lo miró con seriedad, cruzándose de brazos.

—Bien —respondió, claramente molesta—. ¿Qué quieres, Fenrir?

Él rió suavemente al verla tan seria.

—Siempre con ese carácter —dijo entre risas.

Antes de que pudiera continuar, las tres chicas corrieron hacia él, gritando al unísono.

—¡Tío Fenrir!

Se abalanzaron sobre él, abrazándolo alegremente. Fenrir soltó una carcajada mientras las
envolvía con sus grandes brazos.
—¡Mírenlas, cuánto han crecido! ¿Cómo han estado? —les preguntó, acariciándoles la
cabeza.

—¡Bien! —respondieron las tres al mismo tiempo, sonriendo ampliamente.

Elara, aunque enternecida por la escena, hizo un ruido para llamar la atención.

—Mmm… —dijo, sus ojos dirigiéndose nuevamente a Fenrir.

Él se volvió hacia ella, su expresión suavizándose mientras las chicas se retiraban a un lado,
sabiendo que su madre estaba a punto de hablar con seriedad.

—¿A qué viniste, Fenrir? —preguntó ahora más tranquila, pero aún con un tono firme.

Fenrir dejó escapar un suspiro, volviendo su atención a su hermana.

—Bueno, vine personalmente porque uno de los guardias me dijo que, el lobo ebrio de Varek,
dijo haber visto a un humano por aquí. Habló un montón de tonterías, como que tus hijas lo
estaban escondiendo. Lo encerramos en una celda por precaución, pero quería asegurarme de
que ese loco no haya intentado hacer algo raro.

Miyu, Lyra e Isla sintieron cómo sus corazones se aceleraban aún más. La mención de que las
vieran con Alaric las hizo temer que su secreto hubiera sido descubierto. Alaric, sentado
junto a la chimenea, se sentía atrapado. El sudor frío corría por su frente mientras trataba de
mantenerse inmóvil, esperando que no lo descubrieran.

Elara, por su parte, frunció el ceño ante las palabras de su hermano.

—¡Ja! Como si ese idiota conociera a mis hijas. Si llega a ponerles un dedo encima, se las
verá conmigo —dijo, claramente enojada.

Fenrir rió al escucharla, recordando los tiempos en que eran niños y cómo siempre había sido
tan protectora.

—Es bueno verte de buen humor, hermanita —respondió, aún sonriendo—. Pero me alegra
que estén bien.

Elara, aunque algo molesta, no pudo evitar sonreír ante su hermano, dejando salir un pequeño
suspiro. Fenrir, viendo que la tensión se relajaba, asintió.

—Bueno, fue un gusto verlas, pero debo regresar a mi puesto. Las murallas no se cuidan
solas —dijo con una sonrisa.

Se inclinó para abrazar a Elara, y ella correspondió el gesto, aunque susurró algo en su oído.

—Cuídate mucho, Fenrir. No quiero perder a la última familia que me queda —dijo con
tristeza.

Fenrir, tocado por sus palabras, la abrazó con más fuerza y le susurró en respuesta.
—Lo sé. Te prometo que estaré bien. Debo protegerlos a todos.

Se separaron, y Elara asintió lentamente. En ese momento, Miyu, Lyra e Isla se acercaron
para despedirse también, lo que hizo que el ambiente volviera a relajarse.

—¡Vengan aquí, las tres! —dijo Fenrir, riendo mientras las abrazaba.

—¡Cuando vuelva, iremos al lago a pasar el rato! —les prometió con una sonrisa alegre.

Las tres chicas asintieron emocionadas, mientras Fenrir se preparaba para irse. Pero, al dar un
último vistazo alrededor de la sala, su mirada se posó en Alaric, quien aún estaba sentado con
la capucha puesta, intentando parecer invisible.

—No sabía que tenían un invitado —dijo Fenrir, con un tono más serio mientras soltaba a las
chicas y daba un paso hacia Alaric.

El miedo paralizó a Alaric, quien sentía su corazón latir con tanta fuerza que parecía que se le
saldría del pecho. Miyu, Lyra e Isla intercambiaron miradas de pánico, sin saber qué decir o
hacer para desviar la atención de su tío.

Antes de que pudieran reaccionar, Elara habló con una calma sorprendente.

—Ah, sí. Es un sobrino lejano de mi esposo. Viene de las montañas —dijo acercándose a
ellos con una sonrisa despreocupada.

Fenrir frunció el ceño levemente, pero asintió, aceptando la explicación de su hermana.

—No sabía que Kael tenía más familiares —dijo Fenrir, sorprendido al ver a Alaric. Se
acercó y lo saludó con una sonrisa amistosa—. ¡Es un gusto conocerte! Lo siento por no
haberte visto antes. Soy Fenrir.

Le extendió la mano a Alaric en señal de amistad. Alaric, olvidando momentáneamente el


miedo que lo paralizaba, tomó su mano sin recordar que no llevaba puestos los guantes. Al
hacerlo, dejó su piel expuesta, lo que no pasó desapercibido para Fenrir, quien lo miró
fijamente por unos segundos. Miyu, Lyra e Isla sintieron como si la sangre se les congelara al
darse cuenta de que Alaric había sido descubierto.

Elara notó la situación y quiso intervenir, pero antes de que pudiera decir algo, Fenrir ya
había visto la mano desnuda de Alaric y comenzó a preguntar, sospechando de inmediato.

—¿Por qué no tienes pelaje en la mano? —preguntó Fenrir con una seriedad que parecía
atravesar el alma de Alaric.

Los pensamientos de Alaric se desbocaron, ¡Me han descubierto! ¡Me van a matar! Pero,
reuniendo el poco valor que le quedaba, decidió actuar como lo había hecho antes en la plaza.
Soltó la mano de Fenrir e hizo una reverencia.

—¡Ah! Disculpe por no presentarme adecuadamente. Soy Alaric, un pariente lejano de Kael.
Él no me conoce, pero yo sí, gracias a uno de mis abuelos que me mostró nuestro árbol
familiar. En cuanto a mi falta de pelaje, sufro de una enfermedad que solo me afecta a mí. No
puedo exponerme al sol, si lo hago, mi pelaje se cae y mi piel se llena de cicatrices.

Alaric explicó con calma, aunque por dentro temblaba, intentando convencer a Fenrir con una
mentira convincente. Fenrir, al escuchar la explicación, pareció sentirse mal por haber
preguntado.

—Lo siento, creo que no debí hacer esa pregunta —dijo Fenrir, bajando la mirada.

—No hay problema —respondió Alaric, intentando suavizar la situación con una sonrisa
nerviosa—. Ya estoy acostumbrado. Por eso me cubro todo el tiempo, pero me alegra mucho
conocerlo, señor Fenrir.

Fenrir lo observó detenidamente, aliviado al notar que, a pesar de todo, Alaric hablaba con
una voz calmada y educada.

—El gusto es mío, Alaric —dijo Fenrir con una sonrisa—. Bueno, debo irme. Nos veremos
pronto. Hasta luego.

Fenrir se despidió de Elara y las chicas, mientras Alaric hacía una reverencia para evitar
mostrar sus manos nuevamente. Elara cerró la puerta una vez que los guardias se habían
marchado. Miyu, Lyra e Isla, que habían estado observando en silencio, volvieron su mirada
hacia Alaric, quien parecía a punto de perder el equilibrio. Sus piernas temblaban
visiblemente por el miedo que acababa de pasar.

Las tres se acercaron rápidamente, y Miyu, preocupada, le quitó la capucha.

—¿Estás bien? —le preguntó al ver que su rostro estaba pálido.

—Sí, solo que por un momento sentí que me moría —dijo Alaric mientras se dejaba caer al
suelo, tratando de calmarse. Elara lo observaba con atención, notando que Alaric realmente
era distinto a otros humanos que probablemente habrían salido corriendo al ver a alguien
como su hermano adoptivo. Se acercó a él para hablarle.

—Terminaré de prepararte el baño. Me sorprende que pudieras mantenerte firme frente a él


—dijo Elara con una sonrisa antes de retirarse al baño, dejándolos a solas a Miyu, Lyra, Isla y
Alaric.

—Así que ese es su tío —murmuró Alaric, intentando procesar lo que acababa de presenciar.
No podía evitar preguntarse por qué Fenrir, siendo un lobo, era hermano de Elara, una
kitsune, pero decidió no darle demasiada importancia por el momento. Lo más importante
ahora era que estaba a salvo.

—¡Sí! De hecho, es uno de los más amables del pueblo, aunque se ve intimidante —
respondió Miyu alegremente.

Alaric no podía creer lo que oía. La sola presencia de Fenrir le había hecho sentir que el alma
se le salía del cuerpo, pero antes de que pudiera decir algo, Lyra e Isla también comenzaron a
hablar sobre él.
—¡Sí! Recuerdo cuando nos cargaba en sus hombros —dijo Lyra con una gran sonrisa.

—¡Y yo recuerdo cuando derribó un árbol de un solo golpe! —agregó Isla, sonriendo
también.

Alaric palideció aún más al escuchar esto, preguntándose cómo era posible semejante fuerza.
¿Tendrán todos ellos una fuerza sobrehumana? Su mente estaba enredada en pensamientos,
hasta que la voz de Elara lo sacó de sus cavilaciones.

—¡El baño está listo! —anunció Elara, saliendo del baño y encontrando a Alaric rodeado por
sus hijas, todavía un poco pálido. Al ver la escena, rió suavemente, y Alaric reaccionó
poniéndose de pie rápidamente.

—Gracias por permitirme quedarme y usar su baño —dijo Alaric, inclinándose en una
reverencia de agradecimiento.

Elara lo miró con una sonrisa cálida, pensando en cómo su hija realmente había traído a
alguien especial a su hogar.

—No te preocupes. Relájate un poco, has pasado por mucho. Mereces un descanso —le dijo
Elara.

Alaric levantó la cabeza para ver a Elara sonriendo. Asintió y comenzó a caminar hacia el
baño.

—Puedes usar una de las telas para secarte, y dejé algo de ropa de mi esposo. Quizás te quede
bien —agregó Elara mientras Alaric se detenía en el marco de la puerta para agradecerle una
vez más.

—Gracias —respondió Alaric antes de cerrar la puerta tras de sí.

Elara, sonriendo, se giró para mirar a sus hijas, acercándose a ellas para tener una
conversación.

Alaric se quitó la ropa y la colocó en un cesto que había en una esquina. Observó el baño con
curiosidad. Estaba iluminado por una lámpara peculiar, con un cristal brillante que emitía una
luz suave. Todo se sentía extraño y diferente, pero decidió continuar. Se acercó a lo que
parecía ser una bañera rústica, llena de agua caliente, pero funcional. Notó un cubo de agua
caliente en el suelo, y el piso estaba decorado con azulejos rústicos hechos a mano, lo que le
daba al baño un aire artesanal y acogedor.

Tomó el cubo y se enjuagó antes de meterse en la bañera. Lo hizo despacio, disfrutando del
calor del agua, que fue cubriendo su cuerpo hasta llegar al cuello. Alaric se estiró, dejando
que la tensión de sus músculos se disolviera. Cerró los ojos un momento, permitiéndose
olvidar sus preocupaciones.

Al abrirlos de nuevo, su mente lo llevó de vuelta a los eventos que lo habían conducido a ese
extraño mundo. Todo había comenzado con el accidente provocado por su jefe, quien insistió
en que usara un portal para transportar objetos grandes. Desde ese momento, su vida había
cambiado por completo, llevándolo de un entorno moderno a un mundo antiguo y
desconocido. Sus pensamientos lo llevaron a su madre, que había trabajado sin descanso para
que él pudiera terminar la universidad, especialmente después de que su padre los abandonó.
Recordó con cariño el día en que se graduó y consiguió un trabajo, para que ella finalmente
dejara de trabajar y él pudiera cuidarla. Pero luego llegó ese día fatídico, el accidente en el
transporte que los llevó a caer por un barranco, debido a que un conductor imprudente forzó
al chofer a esquivarlo. El vehículo cayó al mar. Algunos sobrevivieron; otros no. Desde ese
día, sintió un vacío en su corazón que jamás se llenaría.

Intentó apartar esos pensamientos, pero era imposible. Alzó una mano fuera del agua y,
hablando para sí mismo, murmuró:

—Mamá, donde quiera que estés, espero que estés bien. Viviré por ti, no me rendiré.

Bajó lentamente la mano de nuevo al agua y cerró los ojos, tratando de relajarse y olvidar por
un momento todo lo que lo abrumaba. El calor del agua lo envolvía como un abrazo
reconfortante, y se sentía flotar en esa paz hasta que una voz familiar lo sacó de su
tranquilidad.

Era la voz de su madre. Alaric abrió los ojos y se encontró flotando en un espacio oscuro,
lleno de luces que se movían lentamente, como si fuera un sueño. Su madre estaba allí,
flotando por encima de él, su voz suave y cariñosa resonando en su mente.

—Despierta, Alaric. Se te hará tarde.

Aunque no podía ver su rostro, sabía que era ella. Trató de hablar, pero las palabras no salían
de su boca. Entonces, ella se acercó más y lo abrazó con ternura.

—Te amo, hijo. Siempre te cuidaré… siempre.

De repente, Alaric abrió los ojos, sentándose de golpe en la bañera, buscando


desesperadamente la figura de su madre, solo para encontrarse completamente solo. Se llevó
las manos al rostro y sintió las lágrimas correr por sus mejillas. Rápidamente se echó agua en
la cara, intentando calmarse y olvidar ese momento tan emocional.

Decidió que era hora de salir. Había pasado suficiente tiempo en la bañera. Tomó una de las
telas para secarse, sabiendo que no eran toallas, pero no había algo mejor. Una vez seco,
recogió la ropa que Elara había dejado para él. Al ponérsela, se dio cuenta de que le quedaba
bien, ni demasiado ajustada ni demasiado holgada.

Finalmente, tomó su teléfono de la ropa que había dejado en el cesto y salió del baño.

Alaric salió del baño, notando a Elara y las chicas charlando animadamente. Sin embargo, en
cuanto lo vieron, la conversación se detuvo, y las tres jóvenes se sonrojaron visiblemente.

—¡Muy bien, lo entendieron! —Elara sonrió satisfecha mientras se levantaba de la silla, y las
chicas asintieron con la cabeza, aún avergonzadas. Alaric se acercó, sin tener idea de lo que
habían estado hablando.
De repente, la puerta de entrada resonó nuevamente, aunque esta vez con golpes más suaves.
Alaric, con el corazón acelerado, reaccionó rápidamente, corriendo hacia donde había dejado
su capucha y guantes para ponérselos apresuradamente. Elara y las chicas reconocieron el
sonido de los golpes y no parecieron alarmarse tanto como antes.

Elara fue hacia la puerta y la abrió, revelando a Kael, su esposo, y al anciano que Alaric había
visto esa mañana.

—¡Bienvenidos! —exclamó Elara con una sonrisa mientras recibía a su marido con un abrazo
cariñoso, besándolo en la mejilla. Luego miró al anciano con la misma calidez.

—¡Buenas noches, Elara! Tu esposo me pidió que viniera para discutir algo —dijo el anciano
amablemente, devolviéndole la sonrisa.

Esta vez, Alaric pudo observar al anciano con más atención que la primera vez, cuando había
estado demasiado asustado para fijarse en los detalles. Era una especie de perro con pelaje
gris y blanco, largo y algo desordenado, y vestía un hábito que cubría gran parte de su
cuerpo. Su aspecto era venerable, y emanaba una calma reconfortante.

—Pasemos, señor Edric. Hace frío aquí afuera —le dijo Kael amablemente, invitándolo a
entrar.

—Claro, claro —respondió el anciano con una sonrisa mientras entraba en la casa de Kael.
Saludó a Miyu, Lyra e Isla, quienes le devolvieron el gesto educadamente.

—Buenas noches —dijo Edric alegremente, antes de que su mirada se posara en Alaric, quien
estaba parado cerca de la chimenea, con la capucha bien colocada. Alaric sintió un ligero
nudo en el estómago, anticipando lo que podría suceder.

—¡Oh! No te vi ahí, joven Alaric —dijo Edric al percatarse de su presencia.

Alaric lo saludó con cortesía.

—Buenas noches.

Edric hizo una pausa, como si recordara algo importante.

—¡Oh, mis disculpas, joven Alaric! No me presenté apropiadamente cuando nos conocimos.
Puedes llamarme Edric —dijo el anciano, inclinando ligeramente la cabeza.

—No hay problema, señor Edric. Es un gusto conocerlo —respondió Alaric con amabilidad,
sintiendo un pequeño alivio ante la naturaleza tranquila del anciano.

Elara cerraba la puerta y se dirigía a la chimenea con todos a tomar asiento, Alaric no podía
evitar sentirse con miedo por lo que discutirian Kael y Edric, de alguna forma, él estaría
involucrado en esa conversación.

La atmósfera en la sala se volvió tensa en un instante. Edric, sentado junto a la chimenea,


observó a Kael con expectación.
—¿Qué querías discutir, Kael? —preguntó el anciano, acomodándose en su asiento mientras
sus ojos se dirigían a Kael con una mezcla de confianza y preocupación.

Kael respiró profundamente, mirando brevemente a su familia antes de hablar. Su rostro


adoptó una expresión seria que no solía mostrar con frecuencia.

—Lo que quiero conversar contigo es algo muy importante... —dijo Kael con una voz más
grave de lo habitual.

Alaric sintió que su corazón latía a un ritmo desenfrenado, temiendo lo que estaba por venir.
Miyu, Lyra e Isla compartían su preocupación, temiendo por la seguridad de Alaric y cómo
Edric podría reaccionar. El ambiente estaba cargado de incertidumbre.

—¿Qué sucede, Kael? Sabes que puedes confiar en mí —respondió Edric, mirándolo a los
ojos con una expresión firme pero preocupada.

Kael hizo una pausa, como si las palabras que iba a pronunciar fueran más pesadas de lo que
esperaba. Alaric apenas podía respirar, y sentía que su cuerpo se entumecía. Justo en ese
momento, Miyu se acercó y tomó su mano, seguida por Lyra y luego Isla. Con el apoyo de
las tres, Alaric sintió que al menos no estaba solo, aunque seguía aterrorizado.

—Recuerdas al humano que mencionaron esta mañana... —comenzó Kael, su voz grave y
entrecortada, mientras se inclinaba hacia adelante, entrelazando sus dedos y apoyando los
codos en las rodillas.

El rostro de Edric mostró preocupación.

—Sí, ¿lo viste cerca de aquí? —preguntó Edric, claramente ansioso por la respuesta.

Kael tomó aire profundamente, sabiendo que lo que diría no sería fácil de asimilar.

—Será difícil de creer, pero... mi hija... —Kael se detuvo un segundo más, y Alaric sintió
como si el tiempo se ralentizara a su alrededor. Entonces, Kael pronunció las palabras que lo
cambiarían todo—. Trajo al humano consigo.

La declaración cayó como una bomba en la sala. El corazón de Alaric casi se detuvo, y sus
piernas flaquearon, pero las chicas lo sostuvieron, evitando que se desplomara. Edric
reaccionó de inmediato, con su voz cargada de preocupación y miedo.

—¡¿Dónde está?! ¿¡Los tiene de rehenes!? —su tono era urgente, como si el peligro estuviera
más cerca de lo que esperaba.

Kael levantó las manos para tranquilizarlo.

—¡No, no, claro que no! —respondió Kael con rapidez—. No es así. Él realmente no es
malo. De hecho... está aquí con nosotros ahora mismo.

Edric miró a su alrededor, buscando desesperadamente al supuesto humano que había traído
Miyu, pero no vio a nadie más que los presentes.
—¡¿Dónde está?! ¡No lo veo por ningún lado! —Edric miró a Kael con firmeza.

Kael señaló hacia Alaric, quien temblaba de miedo, sostenido por las chicas para no perder el
equilibrio. El anciano lo miró detenidamente, con una mezcla de incredulidad y desconcierto.

—¿Pero él no es tu sobrino? —preguntó Edric, perplejo.

Kael negó con la cabeza.

Con el corazón en la garganta, Alaric, aún temblando, llevó sus manos temblorosas hacia su
capucha. Con lentitud, se la quitó, revelando su rostro pálido y asustado. El silencio que
siguió fue casi insoportable, mientras Edric lo observaba detenidamente, como si intentara
comprender lo que veía frente a él.

Alaric intentó saludar, pero su voz temblorosa apenas logró escapar de sus labios.

—H-ho-hola... —dijo con un tono tan bajo que casi no se escuchó.

Edric lo miraba con una mezcla de asombro y seriedad, pero rápidamente recuperó la
compostura y se acercó aún más. Alaric estaba paralizado por el miedo, incapaz de moverse
mientras el anciano lo inspeccionaba.

—¿Así que tú eres el humano que vieron? —preguntó Edric, sus ojos penetrantes
examinando cada detalle de Alaric.

—S-s-sí... —Alaric respondió tartamudeando, sintiendo que sus piernas casi se desvanecían
bajo su propio peso.

Edric lo miró con más detenimiento, notando que Alaric se veía distinto a los humanos que
conocía. Había algo en él que no encajaba del todo.

—No eres de aquí, ¿verdad? —preguntó Edric, pero esta vez su voz contenía un matiz de
curiosidad, no solo desconfianza.

Alaric asintió con la cabeza, incapaz de articular más palabras. En ese momento, Miyu
decidió intervenir, su rostro lleno de determinación.

—¡Él es diferente! No es como los humanos de aquí —dijo con firmeza, poniéndose entre
Alaric y Edric.

La sorpresa se apoderó de la sala. Todos observaban cómo Miyu defendía a Alaric,


especialmente Edric, quien no podía entender cómo confiaba tanto en él.

—¿Y cómo sabes que no te está utilizando solo para ganarse tu confianza? —preguntó Edric,
su tono se volvió más agudo, como si cada palabra fuera un golpe directo hacia Alaric—.
¿Cómo sabes que no está esperando a que le des la señal para que sus compañeros entren y
nos ataquen?

Las preguntas de Edric eran afiladas, llenas de duda y acusación. Alaric sentía como si cada
una de ellas lo atravesara, dejando su mente aturdida.
Miyu frunció el ceño, molesta por las insinuaciones, y respondió con fuerza.

—¡Él nunca nos haría daño! ¡Es mucho más amable que los otros humanos que han venido a
este pueblo! —gritó, sin poder contener su furia—. ¡Y puede confiar en que no viene de aquí
porque lo vi salir de un portal!

Su voz resonó en la sala, firme y llena de convicción, dejando a todos boquiabiertos. Edric, al
escuchar esto último, se quedó momentáneamente sin palabras, su rostro mostrando una
mezcla de incredulidad y confusión.

El silencio que siguió fue pesado. Edric estaba claramente impactado, pero no se rindió tan
fácilmente.

—¿Un portal...? —murmuró, mirando a Kael y luego a Miyu, buscando alguna confirmación
en sus rostros.

Kael asintió lentamente, su expresión seria.

—Es cierto, Edric. Lo que dice Miyu es verdad —confirmó Kael, su voz firme—. Alaric no
es de este mundo. Llegó aquí de una manera que aún no comprendemos completamente...
pero no es una amenaza.

Edric respiró profundamente, intentando procesar toda la información que acababa de recibir.

Edric miró a Alaric con curiosidad antes de hablarle con voz firme.

—Acércate, joven.

Alaric soltó lentamente las manos de Miyu y Lyra, mientras Isla lo dejó avanzar. Se acercó a
Edric, quien lo observaba detenidamente.

—¿Qué piensas de nosotros? —preguntó Edric, sus ojos clavados en los de Alaric—. ¿Nos
ves como bestias sin cerebro que comen humanos?

El miedo que había invadido a Alaric se desvaneció brevemente, lo suficiente para que
pudiera responder.

—¡Sí! —La respuesta de Alaric resonó en la habitación, dejando a todos atónitos. Pero antes
de que pudieran reaccionar, Alaric continuó—. ¡Pero eso fue al principio! Hasta que Miyu me
trató con tanta amabilidad... si no hubiera sido por ella, estaría muerto o perdido.

La tensión en la sala comenzó a disiparse. Edric podía ver la sinceridad en las palabras de
Alaric.

—¡Ella me cuidó y me ayudó a recuperarme, aunque fuera por poco tiempo! —continuó
Alaric—. No la veo tan diferente de mí... ni a ustedes. No los veo tan distintos de los
humanos.

El silencio que siguió fue pesado, pero las palabras sinceras de Alaric hicieron que todos se
sintieran un poco más tranquilos. Edric, después de un largo momento, comenzó a reír
suavemente.

—Jajaja, ya veo... —dijo con una sonrisa, captando la atención de todos—. Eres un humano
muy especial. No me sorprende que la hija de Kael te haya encontrado. Siempre ha sido
buena descubriendo cosas curiosas.

La risa de Edric alivió la tensión restante en la sala. Las chicas miraban a Alaric con
admiración, todavía emocionadas por lo que había dicho. Sin embargo, la seriedad en el
rostro de Edric pronto volvió.

—Pero debes saber que te espera un camino difícil, ¿lo entiendes? —preguntó Edric, su
mirada firme.

Alaric asintió con determinación.

—¡Sí, y haré todo lo posible para ganarme su confianza!

La firmeza en la voz de Alaric sorprendió a todos, excepto a Edric, quien lo observaba


atentamente. Después de un momento, el anciano sonrió.

—Jajaja, veo que eres un joven humano valiente —dijo, volviendo a su tono amable habitual
—. Ya he tomado una decisión. ¡Kael!

Kael se acercó a Edric, que seguía sonriendo.

—Iremos a hablar con los demás líderes y les explicaremos la situación —declaró Edric.

Kael asintió, mostrando su acuerdo. Edric se volvió nuevamente hacia Alaric.

—Joven Alaric, sabes a lo que te enfrentas... —hizo una pausa, mirando directamente a
Alaric—. Pero veo que eres lo suficientemente valiente como para estar aquí, entre nosotros,
y revelar tu identidad. No es común que un humano nos vea de manera tan diferente... pero
quiero saber si realmente puedo confiar en ti.

Alaric, ahora más confiado, respondió con determinación.

—¡Sí! ¡Puede confiar en mí!

Edric sonrió, satisfecho con la respuesta.

—Bien, cuando salga el sol nos reuniremos con los otros. Les convenceremos, y luego
prepararemos todo para que te presentes públicamente. Debemos enseñarles que no eres una
amenaza.

Kael, aunque no del todo seguro, asintió, confiando en el juicio de Edric.

—Bien, me retiro. Fue un placer conocerte, Alaric. Espero que sigas así.

—El placer fue mío, señor Edric. Espero verlo de nuevo —respondió Alaric con una sonrisa.
Edric asintió y se despidió de todos antes de salir hacia las calles solitarias del pueblo. Elara
cerró la puerta y miró a sus hijas, que seguían conversando con Alaric junto a la chimenea,
riendo felices. Kael se acercó a su esposa.

—¿Y qué piensas? —le preguntó Elara, con una sonrisa nostálgica mientras miraba a sus
hijas.

—Debo admitir que ese joven humano tiene mucho valor para lo que hizo, pero... aún tendrá
que ganarse mi confianza —respondió Kael, cruzando los brazos con un tono protector.

Elara rió suavemente.

—¿De qué te ríes? —preguntó Kael, extrañado.

—Es que te ves adorable cuando intentas proteger a tus hijas —respondió Elara, sonriendo
ampliamente.

Kael se sonrojó ligeramente, tratando de mantener su compostura. Pero antes de que pudiera
responder, Alaric soltó un bostezo, captando su atención.

—Bueno, supongo que ya es tarde —dijo Kael, dejando escapar un bostezo mientras se
acercaba a Alaric y a sus hijas. Su mirada, aunque seria, se veía más relajada que la primera
vez que lo vio—. Sígueme, te mostraré la habitación de invitados. Puedo ver que estás
cansado después de este día tan agitado.

Alaric lo miró y asintió, sintiéndose agotado por todo lo ocurrido. Miyu, Lyra e Isla
observaron con sorpresa cómo su padre comenzaba a darle un poco de su confianza a Alaric,
algo que no esperaban tan pronto.

Kael, al notar las miradas de sus hijas, se giró hacia ellas.

—Vayan a dormir, mañana tienen deberes que hacer —dijo, cruzando los brazos.

Elara se acercó con una sonrisa, apoyando la orden de Kael.

—Vamos, ya es hora de descansar —añadió con dulzura.

Las chicas asintieron sin protestar, ya que también estaban cansadas. Se levantaron y
subieron por las escaleras hacia sus habitaciones, despidiéndose con una leve sonrisa.

Alaric, por su parte, miró a Kael, quien lo observaba con una mezcla de aceptación y
cansancio.

—Ven, te llevaré a la habitación —dijo Kael, su tono más relajado mientras le hacía un gesto
para que lo siguiera.

El día había sido largo y tenso, pero Alaric sentía que finalmente estaba empezando a ganarse
la confianza de la familia. Sin decir más, siguió a Kael, agradecido por el breve momento de
calma que se avecinaba antes de enfrentar el nuevo día.
Alaric sonrió y lo siguió, agradecido por la oportunidad de descansar tras un día tan largo y
lleno de emociones.

Kael y Alaric caminaron en silencio por el pasillo hasta llegar a una puerta al fondo. Kael la
abrió, revelando una habitación lo suficientemente amplia para sentirse acogedora, pero no
lujosa. Alaric pudo ver una cama individual, perfectamente ordenada, con unas sábanas
dobladas a un lado. Había un par de asientos cubiertos con telas para protegerlos del polvo, y
al fondo un librero repleto de libros. A la izquierda, una ventana cerrada dejaba entrar un
tenue rayo de luz nocturna, debajo de la cual descansaba un escritorio con varios libros
acumulados que no habían sido tocados en mucho tiempo.

Alaric entró en la habitación, observando los detalles con una mezcla de curiosidad y
cansancio, mientras Kael se quedaba en el umbral, cruzado de brazos. Finalmente, rompió el
silencio con una voz seria.

—Escucha —dijo Kael, captando de inmediato la atención de Alaric, que se giró hacia él—.
Dormirás aquí, pero si intentas algo con mis hijas, lo lamentarás, ¿entendido?

El corazón de Alaric dio un vuelco al escuchar la advertencia. Nervioso, asintió rápidamente,


sintiendo el peso de las palabras de Kael.

—Bien —respondió Kael, satisfecho—. Puedes tomar esas sábanas y dormir.

Antes de salir, Kael se detuvo un momento, como recordando algo más.

—Una cosa más —dijo, sin mirarlo directamente—. Mañana encontraré la manera de
convencer a los demás líderes, pero también me ayudarás en la forja cuando todo esto
termine. No te quedarás sin hacer nada aquí.

Alaric, que ya se sentía abrumado por todo lo sucedido, sintió una pequeña chispa de
gratitud.

—Gracias… padre de Miyu —respondió tímidamente.

Kael, sorprendido por el apodo, lo miró de reojo y se relajó un poco.

—Puedes llamarme Kael. Lo siento si no confié en ti al principio, pero admito que es


sorprendente tener a un humano aquí. Espero que puedas aguantar… pero bueno, te veré
mañana. Descansa, porque te espera un día largo.

Kael se despidió, cerrando la puerta tras de sí, dejando a Alaric solo en la habitación.

—Ahhh… qué día tan largo —murmuró Alaric, dejándose caer en el borde de la cama. Los
acontecimientos del día pasaban por su mente, desde su llegada hasta su conversación con
Edric y Kael. Finalmente, se tumbó por completo, quitándose los zapatos y acomodándose
bajo las sábanas. A medida que el cansancio lo envolvía, dejó escapar un suspiro—. Supongo
que tendré que encontrar la forma de ganarme la confianza de todos…

Alaric cerró los ojos y, en cuestión de minutos, cayó en un sueño profundo. Sin embargo, en
medio de su descanso, empezó a escuchar susurros que lo rodeaban.
—Shhh, no hagas tanto ruido, lo vas a despertar —susurró una voz femenina.

—Pero es que no puedo ver bien —contestó otra voz, más impaciente.

—Se ve tan lindo mientras duerme —murmuró una tercera.

Alaric estaba demasiado agotado para darle importancia a lo que pensaba que era solo un
sueño. Sin embargo, la calidez de algo suave y pesado a su lado lo hizo fruncir el ceño
mientras dormía. Sintió una respiración suave en su oído izquierdo y luego en el derecho.
Antes de que pudiera reaccionar, notó que alguien lo abrazaba.

Con los ojos aún pesados, los abrió lentamente y, para su sorpresa, vio a Miyu acostada sobre
él, mientras Lyra e Isla dormían a cada lado, acurrucadas junto a él. El cansancio aún lo
dominaba, y creyendo que seguía soñando, cerró los ojos una vez más, dejándose llevar por
la calidez y el confort del momento.

Alaric sintió cómo una suave luz del sol acariciaba su rostro a través de la ventana cerrada.
Parpadeó lentamente, despertando y reconociendo su entorno mientras recordaba dónde
estaba. De pronto, su mente evocó lo ocurrido la noche anterior: aquel sueño extraño que
tuvo, aunque no recordaba los detalles con claridad. Miró a su alrededor, pero no vio a nadie
más en la habitación. Justo en ese momento, la puerta se abrió de golpe, y Miyu entró
alegremente.

—¡Buenos días! ¿Dormiste bien? —preguntó Miyu con una risita, observándolo mientras él
se sentaba en la cama, con el cabello despeinado y una expresión de somnolencia en su
rostro.

Alaric se estiró, tratando de despertar por completo.

—Sí, de hecho dormí muy cómodamente —respondió mientras se desperezaba—. Tuve un


sueño extraño, pero no lo recuerdo muy bien.

Al escucharle mencionar el sueño, Miyu se sonrojó ligeramente, apenada, aunque intentó


disimularlo.

—¡Ah! Me alegra que pudieras dormir bien. Vamos, el desayuno está listo —dijo Miyu,
bajando la voz y evitando su mirada, claramente avergonzada por alguna razón.

—Sí, solo déjame ponerme los zapatos y voy.

Miyu asintió, esperando pacientemente hasta que Alaric se calzó. Una vez listo, ambos
salieron de la habitación y caminaron por el pasillo hasta llegar a la sala, donde el comedor y
la cocina estaban conectados. Allí, todos estaban ya sentados, disfrutando del desayuno. El
aroma de la comida llenó los sentidos de Alaric, despertándole un hambre inmediata. Miyu
tomó asiento junto a él, mientras que Lyra e Isla estaban frente a ellos, ocupadas con su
desayuno. Kael estaba sentado al otro lado de la mesa, observando a Alaric con su mirada
siempre intensa.
Elara, la madre de Miyu, se acercó con los platos, sirviéndole primero a Kael, luego a Miyu y
finalmente a Alaric.

—Aquí tienes, come —dijo Elara con una sonrisa amable, entregándole el plato.

—Gracias —respondió Alaric, tomando el plato con gratitud.

Antes de comer, Alaric juntó las manos y agradeció en voz baja por los alimentos, lo cual no
pasó desapercibido. Todos en la mesa lo miraban con curiosidad, sorprendidos por ese gesto.
Al notar las miradas, Alaric se sintió algo incómodo.

—¿Qué? —preguntó nervioso.

Elara fue la primera en hablar, sonriendo curiosa.

—Es la primera vez que vemos a alguien agradecer así por la comida —comentó, intrigada.

Alaric rió suavemente, rascándose la nuca.

—Bueno, es algo que se me quedó de cuando mi madre cocinaba para los dos —respondió,
nostálgico.

Al escuchar hablar de su madre, Miyu se emocionó.

—¿Cómo es tu madre? O ¿Cómo son ambos? —preguntó animada, inclinándose un poco


hacia él.

Alaric sonrió, recordando a su madre por un instante.

—Ella era la persona más amable que pudieras conocer. Siempre veía lo positivo en todo,
incluso en los momentos más difíciles.

Las palabras de Alaric despertaron aún más la curiosidad de Lyra e Isla, quienes se unieron a
la conversación.

—¿Crees que algún día podamos conocerla? —preguntó Lyra con entusiasmo.

—¡Sí! ¡Nos encantaría conocerla! —añadió Isla.

La expresión de Alaric cambió, y una tristeza sutil se apoderó de él mientras bajaba la


mirada.

—No creo que eso sea posible… —murmuró—. Ella… se fue hace mucho tiempo.

El ambiente en la mesa se volvió incómodo, todos sintieron el peso de la tristeza en la voz de


Alaric. Miyu, apenada, bajó las orejas y se disculpó con una voz suave.

—Lo siento… No debí preguntar.

Sus hermanas también se mostraron afectadas, al igual que ella, pero Alaric rompió el
silencio.
—No te preocupes —dijo, levantando la cabeza y sonriendo con calidez—. Eso ya pasó hace
mucho. En verdad, ustedes me han hecho recordar lo que es comer con alguien en la mesa, y
realmente aprecio lo que hacen por mí.

Su sonrisa sincera alivió el ambiente, trayendo de vuelta la calma a la mesa, mientras todos
compartían ese momento juntos.

Elara observaba a Alaric, notando la tristeza en su rostro al hablar de su madre. No podía


evitar sentir compasión por él, y aunque había pasado por situaciones difíciles en su propia
vida, su dolor era evidente.

—Mi padre nos abandonó cuando era un niño, así que no lo recuerdo —murmuró Alaric.

La atmósfera se volvió aún más melancólica, y todos lo miraron con simpatía. Kael, quien
hasta ahora había mantenido una actitud reservada, suavizó su mirada y le habló con una voz
más tranquila.

—No te preocupes, puedes quedarte el tiempo que necesites aquí —dijo, sorprendiendo a su
esposa e hijas, quienes nunca lo habían visto actuar de esa manera.

—Gracias… aunque no tengo a nadie que me espere en casa, estoy realmente agradecido por
cómo me han recibido a pesar de no conocerme. Estoy seguro de que mi madre habría
querido conocerlos —respondió Alaric con una sonrisa agradecida.

Kael también sonrió, más relajado al comprender mejor a Alaric.

—Vamos, come, o se te enfriará la comida —dijo Kael, con una actitud más cercana.

—¡Ah! Sí —dijo Alaric, empezando a comer junto con los demás.

—¡Mmm! ¡Es delicioso! —comentó Alaric, saboreando el desayuno que Elara había
preparado.

Elara sonrió, agradecida de que le gustara, al igual que el resto de la familia. Cuando
terminaron de desayunar, Kael ya estaba en la puerta, listo para irse.

—Que tengas un buen día, cariño —se despidió Elara con un beso.

—Igualmente —respondió Kael, mirando a Alaric, quien estaba ayudando a recoger la mesa.

—Alaric, hablaré con Edric para convencerlo. Así que prepárate, puede que te llevemos a la
plaza para demostrar que no eres una amenaza.

Alaric asintió seriamente, comprendiendo la importancia de la situación.

—Lo haré —dijo con determinación.

Kael se despidió, y Elara cerró la puerta tras él. Luego, se giró hacia Alaric y sus hijas.
—¿En qué puedo ayudarla? —preguntó Alaric, queriendo colaborar en lo que fuera
necesario.

Elara lo miró con entusiasmo.

—Bien, puedes ayudarme a limpiar la casa. También me iré pronto para abrir la tienda de
hierbas, y mis hijas se quedarán contigo un rato —explicó Elara.

Alaric asintió, contento de poder ayudar. Tomó una escoba casera y se puso a limpiar
mientras Elara se preparaba para irse. Cuando ella se marchó, solo quedaron Alaric y las
chicas en la casa. Él continuó limpiando mientras las hermanas bajaban las escaleras, listas
para salir.

—¡Alaric! —llamó Miyu desde las escaleras—. Ya nos vamos. Volveremos más tarde,
cuídate.

Las tres hermanas iban vestidas de manera más formal. Miyu llevaba una blusa blanca larga y
una falda café que le llegaba hasta los pies, mientras que Lyra e Isla llevaban ropa similar,
pero con faldas hasta las rodillas y colores diferentes: rojo vino y azul profundo,
respectivamente. Alaric las observó por un momento, pensando en lo bien que se veían.

—Sí, prometo que estaré bien —respondió con una sonrisa.

De repente, Lyra se acercó un poco más a él, haciendo que sus hermanas se sintieran algo
celosas.

—Dime, Alaric, ¿qué piensas de mis diseños de ropa? —preguntó mientras se acercaba aún
más, pegándose ligeramente a él, lo que lo puso nervioso.

—Cr-creo que se ven muy bien y... lindas —respondió con torpeza.

El comentario hizo que tanto Lyra como Miyu e Isla se sonrojaran. Lyra, tartamudeando, se
apartó ligeramente, desviando la mirada.

—Gr-gracias, me alegra que te gustaran —dijo con timidez, mientras sus hermanas la
miraban con una mezcla de celos y vergüenza.

—Bueno, ya nos vamos. No le abras la puerta a nadie, a menos que seamos nosotras —dijo
Lyra, aún sonrojada, mientras salía corriendo y esperaba a sus hermanas afuera.

Miyu e Isla también se despidieron.

—Ten cuidado y no abras hasta que lleguemos —dijo Miyu, preocupada, pero aún
ruborizada.

—Por favor, cuídate. Yo vendré de vez en cuando para verte —añadió Isla.

Alaric asintió, entendiendo la preocupación de las chicas.

—Lo prometo. Si alguien viene, me ocultaré —dijo con una sonrisa tranquilizadora.
Ellas le devolvieron la sonrisa y finalmente salieron, dejando a Alaric solo en la casa. Aunque
seguían preocupadas por él, tenían responsabilidades que cumplir.

Alaric continuó limpiando la casa mientras las horas pasaban, hasta que el medio dia
comenzó a asomarse. Con su trabajo terminado, decidió explorar algunos de los libros que
estaban sobre el escritorio en el cuarto donde se alojaba. Aunque no entendía del todo lo que
decían, gracias a lo poco que Miyu le había enseñado, lograba captar algo. Después de un
rato, se aburrió de intentar leer y decidió concentrarse en la tarea que le había prometido a
Miyu enseñarle cómo hacer la ropa que llevaba puesta cuando llegó.

—Bien, busquemos algo para hacer un bosquejo —murmuró Alaric para sí mismo mientras
se levantaba de la silla.

Comenzó a buscar por toda la casa, pero no encontró nada útil en la planta baja. Con una
mezcla de incertidumbre y culpa, decidió explorar la parte superior. Se detuvo en las
escaleras, mirando hacia arriba. "¿Realmente voy a hacer esto?", pensó. "Solo será para
buscar algo, no me tardaré."

Con esa resolución, subió lentamente cada peldaño, sintiéndose más culpable con cada paso.
Al llegar al segundo piso, vio cuatro puertas y un pequeño pasillo que conducía a otra puerta
al fondo. Sin embargo, ya estaba comprometido, así que se acercó a la primera puerta con la
mano temblorosa, consciente de que estaba invadiendo la privacidad de la familia.

Empujó la puerta lentamente y entró con cautela. El cuarto estaba ordenado, con una cama
impecable y varias plantas y hierbas esparcidas por el lugar. También había algunos libros
sobre la mesa. "Este debe ser el cuarto de Miyu", pensó mientras miraba alrededor en busca
de algo con lo que dibujar. Después de una búsqueda rápida, encontró una pequeña barra de
grafito. La tomó cuidadosamente para no mancharse y la guardó.

—Bien, ahora solo me falta algo en lo que escribir —se dijo a sí mismo mientras salía del
cuarto, cerrando la puerta con cuidado.

Continuó hacia la siguiente puerta. Esta vez, el cuarto estaba desordenado, la cama sin hacer,
llena de objetos. Había arcos sin cuerdas tirados por todas partes, flechas sin puntas y cuerdas
de tensión. "Este debe ser el cuarto de Isla", dedujo, recordando lo que le habían contado.
Salió sin tocar nada, dejando todo como estaba.

Con solo dos puertas por revisar, Alaric se dirigió a la siguiente. Al abrirla, vio varias telas,
algunas ordenadas y otras a medio cortar sobre una mesa que parecía de costura. La cama
estaba perfectamente hecha.

—Debe ser la habitación de Lyra —susurró mientras revisaba el cuarto. Pero, nuevamente, no
encontró nada útil, así que decidió salir.

Se detuvo un momento, mirando las dos puertas que le quedaban. Dudó un instante antes de
decidirse por la puerta más cercana. Al abrirla, vio una cama lo suficientemente grande para
dos personas, lo que lo llevó a salir rápidamente, entendiendo que era el dormitorio de Elara
y Kael.
Finalmente, se dirigió a la última puerta al fondo del pasillo. Al abrirla, se encontró con un
cuarto lleno de cajas de madera, estantes repletos de objetos, y lo que parecían ser cuadros
viejos y olvidados, algunos vacíos. "Esto parece un almacén", pensó. En una de las paredes,
vio lo que los artistas usaban para apoyar sus cuadros cuando pintaban. Buscó entre los
marcos hasta encontrar uno del tamaño perfecto para su bosquejo. Lo tomó con cuidado,
asegurándose de no mover los demás.

—Bien, con esto podré hacerlo —murmuró.

Salió de la habitación, bajó las escaleras y regresó a su cuarto. Se sentó en la silla junto al
escritorio y colocó la barra de grafito y el marco frente a él. "¿Cuál será la mejor forma de
hacer esto?", se preguntó. "Debe ser algo fácil de fabricar y práctico de usar."

Su mente comenzó a correr mientras recordaba cómo diseñó el portal que lo trajo a este
mundo. Con una idea clara en mente, empezó a bosquejar, tomándose su tiempo y
dedicándose con pasión a cada trazo. La tarde fue llegando, pero él continuó hasta que
finalmente terminó su diseño. El dibujo estaba bien definido, con todas las piezas que
necesitaría claramente detalladas.

—¡Bien, cuando lleguen! —exclamó alegremente, satisfecho con su trabajo.

De repente, escuchó golpes fuertes en la puerta de entrada, acompañados de voces


discutiendo afuera. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Rápidamente, tomó su capucha y los
guantes para cubrirse. Buscó desesperadamente un lugar para esconderse en su habitación,
pero no encontró ninguno. Recordando el cuarto donde encontró el marco, corrió hacia el
pasillo. Ya podía escuchar cómo empujaban la puerta desde el otro lado.

Subió las escaleras y se escondió en el cuarto del almacén, ocultándose entre las cajas,
cubriéndose con las telas que colgaban sobre ellas. Se quedó inmóvil, aguantando la
respiración mientras escuchaba el estruendo de la puerta principal abrirse y los pasos que
resonaban por la casa.

Una voz rugió desde la entrada, una que Alaric reconoció al instante.

—¡¿Dónde estás?! ¡Búsquenlo! —Era Fenrir. Alaric escuchó otra voz inmediatamente
después, llena de desesperación: Elara, tratando de detenerlo.

—¡Fenrir, detente! ¡Él no nos hará daño, por favor! —Elara suplicaba, su voz quebrada por la
angustia.

Luego se escuchó a Kael, furioso, gritando desde la distancia.

—¡¿Qué te pasa?! ¡Se suponía que lo llevarías tranquilamente con nosotros, no que traerías a
toda la guardia por él!

Fenrir respondió con igual enojo.

—¡¿Y por qué dejaste que tu hija trajera a un humano a nuestro hogar?! ¡¿Cómo puedes estar
seguro de que no está usando algún tipo de magia para que confíes en él?! —Su tono se tornó
cada vez más agresivo, casi lleno de odio—. ¡Tú y yo sabemos lo que esos monstruos son
capaces de hacer para conseguir lo que quieren!

Alaric, escondido entre las cajas, sintió que sus piernas comenzaban a perder fuerza. Su
respiración se hizo cada vez más rápida, temía perder la conciencia en cualquier momento.
De repente, una tercera voz se hizo presente, llena de preocupación.

—¡Tío, ¿qué haces?! —Era Miyu, su voz temblaba mientras trataba de entender lo que
sucedía.

—¡Estoy buscando al humano que nos ocultaste! —respondió Fenrir, sin mostrar ningún
atisbo de duda o vacilación.

Miyu, al borde de las lágrimas, intentó detenerlo con desesperación.

—¡Espera, tío, por favor no le hagas daño! ¡Él no es una mala persona!

Los sollozos de Miyu resonaban en toda la casa, hasta que uno de los guardias interrumpió.

—¡Señor, encontramos algo! Mire.

El guardia le entregó el boceto que Alaric había hecho. Fenrir lo observó detenidamente,
incapaz de comprender completamente lo que veía, un diseño que parecía el de una máquina.
Volteó hacia Miyu, mostrándole el dibujo.

—¡Mira lo que hizo! ¿Estás segura de que puedes confiar en él? —Su voz severa cortaba el
aire, mientras mostraba el boceto también a Kael y Elara—. ¡No sé qué es esto, pero seguro
planeaba hacer algo con ello! —gritó nuevamente—. ¡Busquen arriba!

Los soldados comenzaron a moverse hacia las escaleras, pero Kael se interpuso en su camino.

—No dejaré que pasen. ¡Son nuestras habitaciones! —declaró con firmeza.

Fenrir, perdiendo la paciencia, se acercó a Kael.

—¡Aparta o te encerraré en una celda! —le advirtió con dureza.

Kael no se amedrentó y ambos intercambiaron miradas cargadas de furia. Sin más, Kael le
lanzó un puñetazo, y Fenrir respondió golpeándolo de vuelta, tumbándolo al suelo. El caos
estalló. Elara, llorando, corrió hacia ellos para detener la pelea, mientras Kael intentaba
levantarse.

—¡Arresten a ese hombre! —ordenó Fenrir.

Los guardias sometieron a Kael, tirándolo nuevamente al suelo mientras este gritaba:

—¡No te atrevas a tocarlo, ¿me oíste?! —Su voz retumbaba, llena de impotencia.

Elara y Miyu lloraban, suplicando entre gritos desesperados.


—¡Detente, hermano! —gritaba Elara entre lágrimas.

—¡Tío, por favor, por qué! —sollozaba Miyu.

—Lo siento, pero es algo que tengo que hacer —dijo Fenrir, con dolor en su voz, mientras
continuaba su búsqueda.

Fue en ese momento cuando Lyra e Isla llegaron corriendo, horrorizadas por la escena. Al ver
a su padre en el suelo, luchando contra los guardias, y a su madre y hermana llorando, no
supieron cómo reaccionar. Se lanzaron hacia los guardias, tratando de liberar a Kael.

—¡Suéltelo! ¡Dejen a nuestro padre en paz! —gritaron desesperadas, forcejeando con los
soldados.

Desde su escondite, Alaric escuchaba todo, sintiendo que la culpa lo consumía. Sabía que
todo era por su causa. No podía permitir que las cosas continuaran así. Decidió que debía
enfrentarlos, aun sabiendo que lo lamentaría. Lentamente, salió de su escondite, quitándose la
capucha y los guantes, y se aproximó a las escaleras.

"Madre, pronto te acompañaré. Sé que te prometí que viviría, pero no puedo dejar que sigan
sufriendo por mi culpa", pensó mientras sus pasos se volvían cada vez más pesados.

Al llegar a la parte superior de las escaleras, se hizo visible. Todos en la casa dejaron de
hablar al verlo. Fenrir lo miraba fijamente, con ojos llenos de furia.

—Es un gusto volver a verlo, señor Fenrir —dijo Alaric, con una calma inusual, como si ya
hubiese aceptado su destino.

Fenrir subió las escaleras rápidamente y lo atrapó sin que Alaric opusiera resistencia. Le ató
las manos y le colocó grilletes para asegurarse de que no escapara.

—¡Ahora camina! —le ordenó mientras lo empujaba hacia las escaleras.

Miyu y Elara intentaron detenerlo, pero los guardias las mantuvieron alejadas.

—¡Déjalo, tío! ¡Por favor, él no es como piensas! —gritaba Miyu desesperada.

—¡Hermano, te equivocas con él! —exclamaba Elara, su voz quebrada.

Lyra e Isla continuaron luchando contra los guardias, pero fueron rápidamente sometidas.

—¡Suéltenlo! ¡Nunca nos haría daño! —gritaban, mientras forcejeaban para liberarse.

Kael, aún con rabia, miraba impotente cómo se llevaban a Alaric. Este, al pasar frente a ellos,
sintió el peso de la culpa aplastarlo. Habló con voz tranquila.

—No se preocupen, todo es mi culpa... Adiós.

Fenrir lo empujó nuevamente para que continuara caminando. Mientras los guardias salían de
la casa, soltaron a Kael y a sus hijas. Miyu y Elara yacían en el suelo, llorando
desconsoladamente, mientras Lyra e Isla las abrazaban, sollozando junto a ellas. Kael se
levantó lentamente, lleno de impotencia.

—Iré a ver qué puedo hacer para detenerlos. Volveré —dijo Kael, decidido, antes de salir
corriendo tras ellos.

Miyu, Lyra, Isla y Elara dejaron de llorar y, aunque temblorosas, se levantaron y lo siguieron,
decididas a ayudar.

Alaric y Fenrir, seguidos por los guardias, avanzaban por las calles del pueblo. Alaric sentía
las miradas de la multitud sobre él, algunas llenas de miedo y otras de odio. Sin embargo, en
medio de esa atmósfera de tensión, había algo en su interior que lo mantenía en calma, como
si estuviera resignado a su destino. Alaric pensaba que, quizá, ese sería su último día. En ese
momento, vio a Laria entre la multitud, mirándolo con miedo. A pesar de todo, Alaric sintió
una extraña paz interior al pensar. "Después de todo, no somos tan diferentes".

Pronto llegaron a la plaza central, donde Edric, el líder del pueblo, se encontraba en un podio
observando todo con severidad. Alaric fue empujado por los guardias hasta el centro de la
plaza y obligado a arrodillarse frente a la multitud. Fenrir, con una voz profunda y llena de
ira, gritó.

—¡Aquí está el humano!

El clamor de la multitud no tardó en hacerse escuchar, algunos gritando con odio.

—¡Muerte al humano! ¡Debe pagar por lo que ha hecho!

El odio y el desprecio estaban claramente reflejados en los rostros de muchos. Alaric pudo
ver el miedo en algunos y la ira en otros, pero todo se detuvo cuando Edric levantó la mano,
exigiendo silencio.

—¡Silencio! —ordenó Edric, su voz resonando con autoridad—. Hoy estamos aquí reunidos
para juzgar al humano que ha sido traído a nuestro hogar...

Antes de que pudiera continuar, un grito desgarrador interrumpió el discurso. Kael, con el
rostro marcado por un golpe, llegó corriendo hacia el podio, dirigiendo su furia hacia Fenrir.

—¡Fenrir! ¡Te dije que no lo tocaras! —gritó con una mezcla de dolor y rabia.

Los guardias detuvieron a Kael antes de que pudiera acercarse demasiado. La multitud
observaba en silencio, sorprendida de ver a Kael, un guerrero respetado ahora herrero,
defendiendo al humano. A pesar de estar retenido, Kael seguía luchando por liberarse.

—¡Suéltame! —gritó, con los ojos llenos de furia—. ¡Eres un cobarde, Fenrir! ¡Eso es lo que
eres!

La provocación hizo que Fenrir estallara en ira. Con una señal, ordenó que liberaran a Kael y
subió al podio para encararlo.
—¿Me llamas cobarde? —rugió Fenrir, su voz cargada de resentimiento—. ¡Tú, que nos
abandonaste en el campo de batalla! ¡Perdí a una docena de hombres ese día! ¡Dime, Kael,
quién es el verdadero cobarde aquí!

La discusión entre ambos se intensificó rápidamente. Kael, furioso, replicó.

—¡Te equivocas! ¡No los abandoné! —gritó, mientras sus ojos brillaban con la verdad—. Ese
día fui al pueblo a avisarles a los aldeanos para que evacuaran. ¡Lo hice para evitar una
masacre! ¡Cuando regresé, solo te encontré a ti y a los pocos sobrevivientes! ¡Te saqué de
allí! ¡Deberías estar agradecido de que te salvé!

La tensión en la plaza era palpable, y todos observaban la acalorada discusión entre los dos
guerreros. Incluso Edric, que hasta ese momento había mantenido la calma, tuvo que
intervenir con una voz firme y llena de autoridad.

—¡Basta ya! —exclamó Edric, su voz cortando el aire—. ¡Si siguen así, tendré que arrestar a
los dos! ¡Compórtense!

Kael y Fenrir se miraron con furia, pero poco a poco comenzaron a calmarse. Aun así, la
tensión entre ellos no había desaparecido por completo.

Fue en ese momento cuando Alaric vio a Miyu, Lyra, Isla y Elara corriendo hacia la plaza.
Miyu, con lágrimas en los ojos, se dirigió a su tío.

—¡Tío, déjalo! —gritó Miyu, desesperada—. ¡Te dije que no es como los humanos de aquí!

Fenrir la miró con una mezcla de enojo y frustración.

—¿Y cómo lo sabes tú? —le espetó—. ¡No sabes de lo que son capaces los humanos! ¡Yo vi
cómo uno de ellos nos traicionó, haciéndose pasar por alguien necesitado! ¡Confiamos en él,
y cuando nos dimos cuenta, ya era tarde! ¡Mató a tres de mis mejores hombres! —su voz
temblaba de rabia contenida—. ¡Los humanos son criaturas de pesadilla!

La multitud, que había estado en silencio, comenzó a murmurar de nuevo, muchos apoyando
las palabras de Fenrir. Sin embargo, Lyra, decidida a defender a Alaric, alzó la voz.

—¡Nos acompañó todo el día de ayer y en ningún momento intentó hacernos daño! —gritó
con valentía—. ¡Incluso estuvo aquí, entre ustedes, y no hizo nada malo!

Isla, apoyando a su hermana, agregó.

—¡Sí, Alaric se preocupa por nosotras! ¡No es diferente a nosotros!

Elara, más tranquila pero con una voz lo suficientemente alta como para que todos la
escucharan, también habló.

—Hermano, ya lo ves. —dijo con firmeza—. Él no es como los humanos que conocíamos.
No nos odia, ni nos desprecia. Tampoco nos ve como monstruos. Al contrario, nos respeta.
¡Por favor, Fenrir, no le hagas daño!
Alaric, que había estado observando en silencio, se sintió abrumado al ver cómo todos ellos
lo defendían. La multitud parecía confundida, sus expresiones eran una mezcla de
incredulidad, miedo y duda. Por un momento, Alaric sintió una chispa de esperanza, un deseo
de vivir. Pero esa esperanza se desvaneció por poco cuando Fenrir, todavía sosteniendo el
boceto que Alaric había dibujado, lo mostró a la multitud.

—¡Miren esto! —gritó Fenrir, levantando el dibujo—. ¿Qué planeaba hacer este humano con
esto? ¡Es una máquina! ¿Acaso es un arma?

Los murmullos volvieron a recorrer la multitud como un viento oscuro, arrastrando con ellos
el miedo y la desconfianza. Alaric, sintiendo el peso de esas miradas sobre él, pero también el
calor del apoyo de aquellos que lo defendían, se armó de valor. Quería vivir. Gritó con
firmeza, aunque su tono seguía siendo tranquilo:

—¡No, te equivocas!

La declaración de Alaric fue como un trueno en medio de la plaza. Todos los presentes lo
miraron, sorprendidos, sin saber qué esperar. Continuó antes de que Fenrir pudiera
interrumpirlo:

—¡No es un arma, pero sí es una máquina!

Los susurros crecieron. Fenrir lo miró con los ojos entrecerrados, escéptico y con el ceño
fruncido, mientras soltaba una carcajada burlona:

—¿Entonces tengo razón? ¿Esto es una máquina que querías usar para algo? ¡Vamos,
confiesa!

La multitud parecía dudar de las palabras de Alaric. El aire se volvía denso con la creciente
inquietud, y Miyu miraba preocupada, sintiendo cómo la tensión crecía alrededor de su
amigo.

Alaric se mantuvo firme, mirando directamente a Fenrir.

—Sí, es una máquina. —Su tono seguía sin vacilar—. Pero la dibujé porque cuando conocí a
Miyu, me preguntó quién había hecho mi ropa. Ese dibujo que tienes en la mano es un boceto
para una máquina de hilar tela sin usar métodos manuales.

El silencio que siguió fue tan pesado que parecía absorber el aliento de todos los presentes.
Nadie sabía cómo responder. Una máquina para hilar tela… Las palabras de Alaric parecían
imposibles de creer.

Fenrir, en su creciente furia, creyó que Alaric lo estaba engañando. Sus ojos destellaron con
rabia mientras agarraba la camisa de Alaric, levantándolo del suelo con facilidad.

—¡Mientes! ¿Cómo sé que no estás tratando de engañarme? —gruñó, apretando los dientes
mientras lo miraba directamente a los ojos.

Miyu, Lyra e Isla observaron con temor por lo que Fenrir pudiera hacer, pero Alaric, sin
mostrar miedo, replicó con la misma calma de antes.
—¡No estoy mintiendo! ¡Es la verdad, y si no me crees, entonces te lo mostraré!

Fenrir, al verlo tan decidido, notó que Alaric ya no tenía miedo. Había algo en su postura, en
su mirada, que lo descolocaba. El lobo guerrero lo observó durante unos segundos, antes de
que Alaric hablara nuevamente.

—Miyu, podrías sacar mi teléfono. Lo tengo en el bolsillo izquierdo.

El susurro de la multitud volvió a alzarse ante esa palabra extraña. "Teléfono", "¿será un
arma?", se preguntaban entre ellos, mientras las dudas crecían aún más. Fenrir, aún
enfurecido pero también confundido por las palabras de Alaric, no permitió que Miyu se
acercara.

—¡Yo lo haré! Podría ser una trampa.

Metiendo su mano en el bolsillo izquierdo de Alaric, Fenrir buscó lo que el humano había
mencionado. Al encontrar el pequeño dispositivo, lo sacó, mirándolo con curiosidad y
desconfianza. No tenía idea de qué era esa cosa, pero se lo entregó a Miyu, quien miró a
Alaric para recibir instrucciones.

—Toca la pantalla —le dijo Alaric, con un tono tranquilo.

Miyu frunció el ceño, sin entender a qué se refería.

—El cristal, pon tu dedo sobre él —aclaró Alaric.

Con algo de vacilación, Miyu obedeció. Al tocar el cristal, el dispositivo se activó de


inmediato, proyectando la interfaz luminosa del teléfono. Un murmullo asombrado recorrió la
multitud mientras todos observaban incrédulos lo que acababan de presenciar.

—Ahora desliza tu mano hacia la izquierda, como si estuvieras moviéndola suavemente —


indicó Alaric.

Miyu, aún sorprendida, asintió y siguió sus instrucciones. Deslizó su mano, y la interfaz
cambió, mostrando un cubo flotante en el aire.

—Bien, ahora presiona el cubo —continuó Alaric.

Miyu, con rapidez, hizo lo que se le pidió. Al hacerlo, la imagen cambió una vez más, esta
vez mostrando un globo con ojos que los observaba desde dentro de la interfaz. La multitud
contenía la respiración, sin saber qué pensar de lo que estaban viendo.

El silencio era absoluto, hasta que Alaric, con voz firme, habló nuevamente, dirigiéndose al
globo que flotaba en la pantalla.

—Argus, ¿me entiendes? —dijo Alaric con voz clara, dirigiéndose al globo flotante.

Todos los presentes vieron cómo esa esfera parecía estar procesando lo que Alaric decía. El
globo comenzó a emitir sonidos en varios idiomas desconocidos hasta que finalmente dijo:
—Hola.

—Detente, ese es el idioma —interrumpió Alaric rápidamente—. Ahora me entiendes.

Argus ajustó su tono y respondió con una voz más fluida:

—Ajustando idioma... Parece que es una combinación de latín con europeo antiguo. Acedor,
¿por qué está de esa manera? —preguntó el globo, mirando a Alaric, quien seguía siendo
sujetado por Fenrir, con las manos atadas detrás de su espalda por los grilletes—. ¿Quiénes
son estos seres?

El tono de preocupación en la voz de Argus era claro y todos pudieron escucharlo. Parecía
realmente preocupado por la situación de Alaric.

—No te preocupes, te lo contaré después —respondió Alaric con calma—. Por ahora quiero
que escanees algo y lo simules.

De inmediato, la luz de Argus cambió a un rojo intenso, preparándose para cumplir la orden.
Alaric entonces miró a Fenrir con seriedad.

—Muéstrale el boceto.

Fenrir lo miró, dudando. Los ojos de Alaric no vacilaban ni un segundo, y tras unos
momentos de tensión, el guerrero lobo aceptó, aunque aún lleno de desconfianza.

—Pero si esto es una trampa, te juro que yo mismo te ejecutaré —gruñó Fenrir con furia. Su
amenaza era clara, y tanto Miyu como su familia miraban a Alaric con temor, preocupados
por lo que podría pasar.

Con un gesto brusco, Fenrir sacó el boceto nuevamente y lo mostró a Argus. La esfera lo
observó detenidamente por unos segundos antes de cambiar su luz a un azul profundo. En el
aire, Argus comenzó a proyectar una imagen que lentamente fue tomando forma, capa por
capa. Todos los presentes se alejaron un poco, sorprendidos por lo que parecía ser una
creación mágica.

Al final, la imagen de la máquina de hilar apareció ante ellos, flotando en el aire como una
escultura de luz.

—Listo, Acedor —anunció Argus alegremente—. Ya puede utilizar la simulación. Si quiere


materializarla, me puede avisar, aunque carezco de energía suficiente.

—No, Argus. Tal vez después —respondió Alaric, negando con la cabeza—. Por ahora, solo
completa la simulación. Muéstrales cómo funciona.

Argus obedeció con entusiasmo.

—Está bien, Acedor. Esta máquina que diseñó es una máquina de hilar. Aunque su diseño sea
algo robusto, podría funcionar. Probémosla.
Alaric soltó una pequeña risa ante el comentario de Argus. La máquina proyectada comenzó
a moverse, y todos observaron con fascinación cómo operaba. La velocidad con la que creaba
la tela era asombrosa. En cuestión de segundos, la máquina produjo un trozo de tela perfecto,
dejando a la multitud completamente boquiabierta.

—Así es como se vería si funcionara —anunció Argus, deteniendo la simulación—.


¿Necesita algo más, Acedor?

—No, Argus, pero gracias —dijo Alaric con una sonrisa.

—¡Bien, Acedor! Si necesita que lo ayude en algo, háganmelo saber —contestó la esfera
antes de desaparecer, junto con la proyección, sin dejar rastro alguno.

El silencio en la plaza era total. Todos los presentes estaban estupefactos, incapaces de
comprender lo que acababan de presenciar. Para ellos, lo que acababa de suceder era lo más
cercano a la magia que habían visto.

—¿Ves? —dijo Alaric, mirando fijamente a Fenrir—. Ahora suéltame.

Fenrir, aún sosteniéndolo, lo miraba confundido y lleno de incertidumbre. El guerrero lobo,


con una voz más calmada pero aún desconfiada, preguntó.

—¿Qué era esa cosa?

Alaric, liberado ya del miedo que lo había atormentado antes, respondió con firmeza.

—Te lo diré, pero primero suéltame.

Fenrir lo observó en silencio durante unos segundos, la furia aún visible en sus ojos, pero
finalmente cedió. Bajó a Alaric con brusquedad y le quitó los grilletes. Alaric suspiró
aliviado, frotando sus muñecas ahora que finalmente estaba libre. La familia de Miyu
también se sintió aliviada al ver que la situación comenzaba a cambiar a favor de Alaric.

Fenrir observaba a Alaric con una mezcla de frustración y curiosidad. La furia aún brillaba en
sus ojos, pero la necesidad de respuestas lo dominaba. —¿Entonces nos dirás qué es eso? —
preguntó nuevamente con gravedad, la paciencia agotándosele visiblemente.

Alaric lo miró con serenidad antes de contestar. —Es una inteligencia artificial que yo diseñé.
—dijo con calma, consciente de que para Fenrir y los demás, el concepto sería extraño.

Fenrir frunció el ceño, claramente confundido. Pero antes de que pudiera decir algo más,
Miyu intervino, captando la atención de todos. —¡Es como un golem! Un ser de vida
artificial. —dijo, intentando traducir el término a algo que los presentes pudieran entender.

Alaric asintió, comprendiendo que sus conceptos tecnológicos eran demasiado avanzados
para este mundo. —Sí, algo así. Pero él es más complejo. Lo diseñé para ayudar a mi madre
en sus actividades diarias, antes de que falleciera. —explicó, notando que sus palabras
provocaban un sentimiento de compasión en los presentes, incluido Fenrir, quien aunque
seguía con una actitud distante, parecía suavizarse un poco.
—¿Y cómo puedo confiar en ti? —preguntó Fenrir una vez más, con su mirada fija en Alaric,
buscando una razón para bajar la guardia.

Alaric mantuvo su expresión seria. —Porque no soy de este mundo. Supongo que no te basta
con ver lo que hace mi tecnología y que no es magia. —dijo, dejando caer una revelación que
sorprendió a todos, excepto a la familia de Miyu, quienes ya conocían su historia.

—Fui traído aquí por una máquina que diseñé, pero que se salió de control por culpa de
alguien que no pudo esperar a que estuviera completamente terminada. —continuó Alaric,
notando cómo su relato captaba el interés de todos.

Fenrir, aún escéptico, soltó una risa amarga. —¡Ja! Como si pudiera creer esa historia. —
espetó, negando con la cabeza.

Alaric suspiró. —Ahhh... entonces te lo mostraré. Argus. —dijo mientras bajaba del podio se
acercaba a Miyu, quien sostenía el dispositivo. En cuanto habló, el orbe brillante de Argus
apareció de nuevo, flotando con su característico resplandor.

—¡Sí, Acedor! ¿Qué necesita? —respondió la inteligencia artificial, alegre como siempre.

—Muestra las últimas grabaciones del gran evento, por favor. —ordenó Alaric con firmeza.

—¡Enseguida! —contestó Argus con entusiasmo. De inmediato, una proyección surgió del
dispositivo, mostrando imágenes en movimiento ante los ojos atónitos de todos los presentes.

La escena mostraba un gran podio elevado, al aire libre, con enormes estructuras que nunca
habían visto antes y una multitud de personas, algunas vestidas elegantemente, observando
expectantes. Sobre el podio, Alaric aparecía con una bata blanca, acompañado por otros
individuos vestidos de manera similar.

El evento comenzó a mostrar los dos portales. Los observadores vieron cómo se activaban, y
cómo Alaric pasaba pequeños objetos a través de ellos sin mayor problema. Sin embargo.
cuando vio que intentaba que pasase un contenedor mucho más grande, la situación cambió
drásticamente.

En la proyección, Alaric se veía moviéndose rápidamente hacia una figura elegantemente


vestida. Aunque no podían escuchar el diálogo, era claro que intercambiaban palabras. Los
presentes vieron a Alaric pausar por unos segundos, como si estuviera tomando una difícil
decisión, lo vieron retirarse del sugeto elegante.

Tomo el contenedor y lo empujó hacia el portal, el contenedor empezó a comprimirse de


manera inusual, y los portales comenzaron a fusionarse.

El desastre se desató casi de inmediato. Los portales fusionados comenzaron a crecer de


manera descontrolada, y Alaric, en la grabación, corrió frenéticamente hacia la parte trasera
de la máquina. Después regreso, se le veía manipulando un panel, pero el portal continuaba
expandiéndose, atrayendo todo a su alrededor. Finalmente, Alaric jaló una palanca, y el portal
implotó violentamente antes de colapsar, dejando un vacío donde antes estaban los portales y
el.
La grabación terminó con un sonido de estática que rompió el silencio. Después de unos
segundos, Argus apagó la proyección. El silencio en la plaza era incomodo, todos asimilando
lo que acababan de ver.

Fenrir, aunque seguía sin decir una palabra, ya no parecía tan seguro de sus dudas.

—Eso fue todo lo que pude grabar, Acedor. ¿Necesita que lo ayude en algo más? —preguntó
Argus, esperando más instrucciones de Alaric.

—No, Argus. Ya puedes descansar. —respondió Alaric, viendo cómo la proyección del orbe
se apagaba lentamente.

—Entendido. Si requiere ayuda, no dude en llamarme. —dijo Argus antes de desaparecer por
completo.

Todos estaban en shock por lo que acababan de presenciar, especialmente Fenrir, cuya
expresión ahora estaba llena de dudas. Alaric rompió el silencio, mirando directamente a
Fenrir.

—¿Sigues pensando que soy de aquí? —le preguntó con calma, aunque la pregunta tenía un
peso que Fenrir no pudo ignorar.

El lobo gris no respondió de inmediato, su seguridad tambaleante. Finalmente, después de un


momento, Fenrir habló con voz grave, intentando recuperar el control de la situación.

—¡Estoy seguro de que nos odias y desprecias! ¡Nos ves como simples bestias! —gritó
Fenrir, intentando provocar una reacción en la multitud que lo rodeaba. Sin embargo, nadie
parecía dispuesto a apoyarlo. Sus palabras sonaban más como un acto desesperado que como
una acusación creíble.

Alaric lo observaba en silencio, tranquilo, mientras Fenrir notaba la falta de apoyo de los
suyos. De pronto, una mano se posó en su hombro. Era Edric.

—Ya basta, Fenrir. —le dijo el anciano líder, mirándolo con una expresión derrotada. Fenrir
pareció detenerse, y su mirada vaciló.

Alaric, aprovechando la oportunidad, habló de nuevo. —No, no los detesto ni los odio, y
mucho menos los veo como bestias. Ni siquiera te guardo rencor a ti, Fenrir, por lo que
hiciste para traerme aquí. —dijo Alaric con sinceridad, captando la atención de todos.

—Entiendo tu miedo y tu deseo de protegerlos. Miyu me contó lo que les hacen los humanos.
Pero te pediré algo, no todos los humanos somos iguales. Tal vez los que conociste fueron
unos salvajes incivilizados, pero eso no significa que todos lo seamos. —continuó, su voz
llena de empatía.

—Te pido que me des una oportunidad, a mí. Cuando conocí a Miyu por primera vez, sentí
mucho miedo. Pero ella me curó y cuidó de mí cuando me corté por accidente. Fue entonces
cuando comprendí que ella no era diferente de mí o de cualquiera otra gente—explicó Alaric.
Las palabras de Alaric resonaron en los corazones de todos los presentes. Nadie podía creer
lo que escuchaban. La admiración hacia el joven humano crecía, y Fenrir se quedó callado,
sin saber cómo reaccionar. Miyu, que lo observaba con una mezcla de vergüenza y orgullo,
apenas podía creer que hablara de ella de esa manera.

—Miyu me trajo aquí con la esperanza de encontrar una manera de volver a mi mundo. Pero,
al conocer mejor este lugar y su gente, al pasear por sus paisajes hermosos y conocer a
personas tan amables, me di cuenta de algo. —hizo una pausa, tomando aire antes de
continuar.

—Yo... también quiero quedarme aquí. Quiero proteger este lugar. —finalizó Alaric, su voz
cargada de determinación.

Todos los presentes lo miraban con asombro. Las palabras de Alaric resonaban con
sinceridad, especialmente en Miyu, Lyra, e Isla, quienes recordaron con rubor las veces que
lo habían escuchado hablar en secreto con su madre sobre sus sentimientos.

Fenrir no podía creer lo que oía. Estaba impactado por la firmeza de Alaric, pero antes de que
pudiera responder, la risa de Edric rompió el silencio.

—¡Hahaha! ¡Realmente eres alguien muy interesante, muchacho! —exclamó Edric, mirando
a Alaric con una sonrisa amplia. —¿Entonces realmente quieres quedarte aquí?

Alaric lo miró con determinación. —Sí. Prometo que nunca traicionaré su confianza.
Protegeré a cada uno de ellos... —susurró en voz baja— y también a esas personas especiales.

Edric lo observó con aprobación, percibiendo la sinceridad en sus palabras. —¡Bien! Joven
humano, serás perdonado. Pero dejaré que ellos decidan. —dijo, volviéndose hacia los
habitantes.

—¡¿Quién se opone a que el humano se quede?! —preguntó Edric en voz alta, mientras todos
esperaban expectantes.

Alaric, seguro de sí mismo, aguardó sin temor. Nadie dijo una palabra. Miyu miraba la
escena con ansiedad contenida.

—¡Bien! Eso significa que el humano se quedará aquí y será tratado como uno de los
nuestros. —anunció Edric con voz firme.

Alaric suspiró de alivio, pero antes de poder procesar lo que sucedía, fue atacado—pero esta
vez, no por Fenrir, sino por los abrazos emocionados de Miyu, Lyra e Isla, quienes lo
taclearon al suelo entre risas y lágrimas de felicidad. Elara también se acercó, con lágrimas en
los ojos.

—Me alegra que estés bien. —dijo Elara mientras lo abrazaba.

Alaric las abrazó a todas, sin decir palabra, simplemente disfrutando del momento. Desde lo
alto del podio, Kael observaba la escena con alivio, viendo cómo su familia y Alaric se unían
en un abrazo.
Kael miró a Fenrir, quien todavía estaba procesando todo lo que acababa de pasar. Kael se
acercó a Fenrir y le habló con calma.

—Te lo dije, él no era una amenaza. Aun así, insististe cuando les conté a los demás líderes
del pueblo. —dijo Kael con suavidad.

Fenrir lo miró con el ceño fruncido por unos segundos antes de retirarse sin decir palabra, su
mente llena de pensamientos. Kael lo observó alejarse antes de decir en voz baja:

—Sabes que él no te guarda rencor.

Fenrir se detuvo un momento, mirando a Kael por encima del hombro, pero luego continuó
su camino en silencio.
Capitulo 4: Pasado

Advertencia contiene gore y un poco de violencia.

Kael volteó a ver a Alaric y su familia, descendiendo del podio para unirse a ellos. Las hijas y
esposa de Kael aún abrazaban a Alaric, llorando de alegría mientras todos los habitantes
observaban la escena, comprendiendo que habían tomado la decisión correcta. Poco a poco,
algunos comenzaron a retirarse de la plaza para seguir con sus asuntos, ya que la tarde se
desvanecía y la noche comenzaba a caer.

—¡Vamos a casa! —dijo Kael, acercándose con una sonrisa y extendiéndole la mano a
Alaric.

Alaric lo miró por un momento, luego sonrió y tomó su mano. —¡Sí, vamos! —dijo,
levantándose del suelo y sacudiéndose la tierra. Las chicas también se secaron las lágrimas
mientras lo seguían, aún emocionadas.

Miyu le sonrió a Alaric, y sus hermanas, Lyra e Isla, también lo hicieron, mostrando su alivio
y felicidad. Alaric caminó con ellas, mientras Kael y Elara los miraban con ternura. Elara se
acercó a su esposo y le habló suavemente.

—Dime, ¿qué piensas de él ahora? —preguntó Elara con una sonrisa.

Kael, sin apartar la vista de sus hijas, respondió—Es un buen joven.

Elara sonrió, esta vez de manera burlona. —¿Así que ya lo aceptaste? Tus hijas lo quieren
mucho.

Kael se cruzó de brazos, simulando seriedad. —¡Sí, pero aún así tendrá que ganarse mi
confianza! —dijo en tono firme, aunque luego suavizó su voz. —Solo espero que pueda
con ellas... —agregó, mostrando una pequeña sonrisa.

Elara lo miró divertida. —¡Después de todo, sí te cae bien! —dijo juguetonamente, dándole
un pequeño empujón con el hombro.

—¡Solo quiero que sean felices! —contestó Kael, intentando mantener la compostura,
aunque en el fondo sabía que Alaric había demostrado ser alguien digno de su confianza.

Sus hijas, al notar que ellos se habían quedado atrás, agitaron la mano en el aire, llamando su
atención.

—¡Vamos! —les gritó Miyu, sonriendo.

Kael sonrió suavemente y tomó la mano de Elara. —¡Sí, vamos! —respondió, mientras
ambos avanzaban hacia las chicas.
Caminaron juntos hacia su casa, pero al llegar, vieron la puerta destrozada.

—Entren, repararé la puerta. —dijo Kael, indicándoles que pasaran.

Todas asintieron, excepto Alaric, quien se quedó atrás con Kael.

—Deje que le ayude. Después de todo, esto fue mi culpa. —dijo Alaric, mostrando su
disposición a ayudar.

Kael lo miró, sorprendido pero también complacido por su ofrecimiento. —No, tú descansa.
Has tenido un día muy pesado. —respondió, negando suavemente con la cabeza.

Sin embargo, Alaric insistió. —Realmente quiero ayudarle. Además, quisiera hablar con
usted acerca de algo.

Kael levantó una ceja, intrigado. —Está bien, vamos por unas maderas que tengo detrás
de la casa, y luego hablamos, ¿de acuerdo? —dijo, accediendo finalmente.

Alaric asintió alegremente. Juntos, recogieron las maderas y comenzaron a reparar la puerta
lo mejor que pudieron. Trabajaron en silencio, concentrados, hasta que finalmente
terminaron.

—¡Bien, ya quedó! Mientras cierre, es más que suficiente. —dijo Kael, satisfecho con el
resultado.

Alaric también se sintió aliviado al ver la puerta reparada. Kael guardó sus herramientas y
luego se dirigió a él. —Bueno, dime, ¿qué era eso de lo que querías hablar?

Kael, intrigado por la seriedad con la que Alaric se quedaba despierto, lo invitó a sentarse
junto a la chimenea. Ambos tomaron asiento, el calor del fuego envolviéndolos mientras el
ambiente se volvía más relajado. Alaric, sin embargo, parecía batallar con sus palabras, como
si no estuviera seguro de cómo abordar el tema.

—Bueno, verá... —empezó Alaric, dudando por un momento—. Quisiera poder


acompañarlo mañana para ayudarle.

Su petición salió tímida, y Kael lo miró con los ojos ligeramente abiertos por la sorpresa
antes de esbozar una sonrisa.

—¡Claro que sí! —respondió Kael alegremente, golpeando suavemente el hombro de Alaric
en señal de aprobación.

Sin embargo, Alaric parecía tener más en mente. Se inclinó hacia adelante, y en voz baja,
preguntó con cierta incertidumbre.

—¿Puedo usar su forja para crear algo?

Kael lo miró con curiosidad. La pregunta había captado su atención por completo.

—¿Qué es lo que quieres hacer? —preguntó, interesado.


Alaric, un poco nervioso, respondió—. Bueno, quisiera ayudar a mejorar las vidas de
todos aquí. Creo que podría fabricar algunas cosas que facilitarían su día a día.

Kael observó al joven con más interés aún, sorprendido por su disposición y sus intenciones.
Tras un momento de reflexión, soltó una carcajada, lo que tomó a Alaric por sorpresa.

—¡Jajaja! —rió Kael, dándole una palmada en el hombro—. ¡Por supuesto! Mañana
temprano iremos juntos.

Con una sonrisa llena de entusiasmo, Kael mostró su aprobación, y Alaric, aliviado, también
sonrió ampliamente. Los dos continuaron charlando, creando un vínculo más fuerte entre
ellos. Mientras tanto, sin que lo supieran, Elara y sus hijas los observaban desde la distancia,
sonriendo al ver cómo Kael y Alaric se llevaban cada vez mejor.

Después de un buen rato de conversación, ambos se retiraron a dormir. Alaric, acostado en su


cama, no podía evitar reflexionar sobre todo lo que había ocurrido ese día. Por fin, sentía que
podía descansar tranquilo, sabiendo que había sido aceptado por la gente del pueblo. Cerró
los ojos, dispuesto a entregarse al sueño, cuando sintió que alguien, o mejor dicho, varias
personas, se metían en la cama junto a él.

Sintió la cálida suavidad de su pelaje y, al abrir los ojos lentamente, vio a Miyu, Lyra e Isla
acurrucadas a su lado, profundamente dormidas. Sorprendido, Alaric sonrió al verlas, pero no
las movió. En lugar de eso, las observó en silencio, sintiendo una paz inusual al notar cómo
se aferraban a él, seguramente preocupadas por todo lo que había pasado.

—"Seguro estaban muy preocupadas por mí," —pensó Alaric, mientras acariciaba
suavemente la cabeza de Miyu, quien sonrió en sueños.

Alaric se acomodó, abrazándolas a las tres con ternura, y finalmente cerró los ojos, dejando
que el agotamiento lo venciera. Por primera vez en mucho tiempo, se sentía realmente en
casa.

Alaric abrió los ojos lentamente en la mañana, sintiéndose descansado. A su lado, Miyu, Lyra
e Isla aún dormían profundamente, pero una de ellas bostezó, lo que hizo que las demás
comenzaran a despertarse también. Alaric, al darse cuenta de que se estaban desperezando,
decidió cerrar los ojos rápidamente y fingir que seguía dormido. Las hermanas, nerviosas al
notar que ya era de día, intentaron levantarse de la cama sin hacer mucho ruido.

De repente, la puerta de la habitación se abrió lentamente. Las tres se quedaron congeladas al


ver a su madre, Elara, en el umbral. Se miraron entre ellas, completamente avergonzadas, y
sin decir una palabra, salieron del cuarto, evitando mirar a su madre a los ojos mientras se
dirigían a sus propios cuartos.

Elara, con una sonrisa divertida en los labios, se acercó a Alaric, quien seguía pretendiendo
estar dormido.

—¡Sé que estás despierto! —dijo en tono burlón, provocando que Alaric se pusiera nervioso,
aunque no se movió.
Elara rió suavemente.

—¡Jajaja! Cuando estés listo, ven a desayunar. Mi marido te está esperando.

Con esas palabras, se retiró, dejando a Alaric solo en la habitación. El joven abrió los ojos
rápidamente, se sentó en la cama y suspiró aliviado.

—Ahhh, vaya manera de despertar... —murmuró para sí mismo mientras se levantaba y se


ponía los zapatos.

Salió del cuarto y se dirigió al comedor, donde Kael y Elara ya estaban sentados esperando.
Sus hijas aún no habían bajado, probablemente porque estaban vistiéndose después de haber
dormido con Alaric.

—"Seguro todavía se están vistiendo, ya que traían ropa de dormir," —pensó Alaric.

—¡Buenos días! ¿Dormiste bien? —preguntó Elara, con una sonrisa juguetona, claramente
disfrutando de la situación.

Alaric, avergonzado, apartó la mirada y tartamudeó.

—¡S-s-sí!

Kael, notando el ánimo en la conversación, se unió con buen humor.

—¿Entonces vendrás conmigo a la forja? —preguntó animado.

Alaric asintió, intentando recuperar la compostura.

—¡Sí, claro! Estoy listo para ayudar.

Elara y Kael intercambiaron una mirada cómplice, y Kael soltó una carcajada.

—¡Eso es lo que me gusta escuchar! Después de desayunar, nos pondremos manos a la obra.

Mientras se servía la comida, el ambiente se llenó de una calidez familiar. Alaric, aunque aún
algo nervioso por los eventos de la mañana, se sintió bienvenido y cómodo en medio de la
familia.

Miyu, Lyra e Isla bajaron las escaleras, deteniéndose a medio camino al ver a Alaric
comiendo con sus padres. Cuando Alaric levantó la mirada y las observó, todas se
avergonzaron al instante, desviando la vista rápidamente. Elara, al notarlo, soltó una suave
risa, mientras Kael, ajeno a lo que sucedía, solo las miraba con curiosidad. Finalmente, las
tres hermanas terminaron de bajar y se sentaron a la mesa.

—B-b-buenos días, —dijo Miyu, sin atreverse a mirar a Alaric ni a su madre, quien seguía
con una sonrisa burlona en el rostro.

—S-sí, buenos días, —agregaron Lyra e Isla, ambas tartamudeando y evitando la mirada de
Alaric y Elara. Alaric, por su parte, intentó mantener la compostura, aunque también se sentía
nervioso.

—Buenos días, —saludó Alaric, intentando sonar natural.

Comenzaron a comer en silencio, pero Elara, aún divertida por la situación, no pudo evitar
seguir bromeando. Con una sonrisa juguetona, preguntó.

—¿No tuviste frío anoche, Alaric? Hacía mucho viento, y pronto será otoño.

Las hermanas parecían estar a punto de explotar de la vergüenza, sus rostros enrojecidos,
mientras Elara seguía disfrutando de la situación. Alaric, aunque cada vez más nervioso, trató
de actuar con normalidad, sabiendo que Elara las había visto en el cuarto mientras se
levantaban.

—No, de hecho, dormí sin mucho frío, —respondió Alaric con una sonrisa algo forzada.

Kael, quien aún no comprendía nada de lo que estaba sucediendo, intervino con un
comentario que ayudó a romper la tensión.

—Mmmh, eso me recuerda que debemos conseguirte algo de ropa para el invierno.
Aquí nieva mucho, y dudo que puedas soportar las temperaturas sin ella.

El comentario de Kael devolvió un poco de calma a la mesa. Lyra, aún algo roja, aprovechó
para hablar.

—Yo podría hacerle la ropa, pero necesitaría los materiales.

Alaric, animado por la idea de ayudar, preguntó.

—¡Perfecto! ¿Qué necesitas?

Lyra comenzó a listar los materiales que requería, desde la tela de lana hasta hilos y
herramientas, pero al llegar al último detalle, su voz bajó un poco.

—Y también... necesitaría tomar tus medidas... —murmuró, desviando la mirada con


vergüenza.

Alaric se quedó un poco desconcertado por la reacción de Lyra, pero antes de que pudiera
decir algo, Elara intervino, calmando el ambiente.

—Me alegra que quieras ayudar, Alaric, pero terminemos de comer primero. Después
de todo, acompañarás a mi esposo.

Alaric asintió, y todos continuaron comiendo hasta que llegó la hora de salir. Alaric y Kael ya
estaban afuera, listos para partir, cuando Kael se despidió de Elara.

—¡Bueno, que tengas un buen día! —dijo Elara alegremente, abrazándolo con cariño.

—Igualmente, —respondió Kael con una sonrisa.


Justo antes de que pudieran irse, escucharon la voz de Miyu llamándolos desde la casa.

—¡Esperen! —gritó Miyu, mientras Lyra e Isla la seguían de cerca.

Alaric y Kael se detuvieron, girándose para ver qué querían.

—¿Qué sucede? —preguntó Kael en tono relajado, esperando su respuesta.

—¡Queremos acompañarlos! —dijeron las gemelas al unísono, mirando a Kael con ojos
suplicantes.

Kael rápidamente cruzó los brazos, frunciendo el ceño mientras las miraba inquisitivamente.

—¡Saben muy bien que tienen deberes que hacer! —les respondió con firmeza.

—¡Vamos, papá, solo los acompañaremos hasta la plaza! De ahí nos iremos. —Miyu lo
reprochó con una mirada de tristeza, intentando convencerlo.

Kael las miró una vez más, pero cuando Lyra e Isla se unieron a los ruegos, su resistencia se
desmoronó por completo.

—¡Ahh! Está bien, pero cuando lleguemos a la plaza tendrán que ir a hacer sus deberes,
¿entendido? —dijo finalmente, suspirando.

Las tres chicas saltaron de alegría, contestando al unísono:

—¡Sí!

Sin perder tiempo, corrieron hacia Alaric, tirando de él con entusiasmo.

—¡Vamos! ¡Vamos! —exclamaban, jalándolo para que caminara junto a ellas.

Kael las miraba con una mezcla de resignación y ternura, llevándose los dedos a la sien. A su
lado, Elara sonreía al ver la escena.

—Bien, vámonos. —dijo Kael mientras empezaba a caminar detrás de ellos.

Alaric, arrastrado por el entusiasmo de las chicas, intentaba mantener el paso, aunque era
claro que ellas llevaban el control. Al llegar a la calle principal, los habitantes del pueblo los
miraban con curiosidad. Algunos incluso se reían al ver cómo Alaric era prácticamente
llevado a rastras por las hijas de Kael, mientras el propio Kael caminaba relajadamente detrás
de ellos.

—Oye, Alaric, ¿si quieres, luego podemos ir al campo de tiro con arco? —dijo Isla
alegremente, sin dejar de tirar de su brazo.

Sus hermanas no se quedaron atrás.

—Tal vez yo también pueda acompañarlos y después te puedo enseñar algunos de mis
libros. —sugirió Miyu con una sonrisa, claramente buscando pasar más tiempo con él.
—Alaric, podríamos ir al lago si tienes tiempo. —añadió Lyra, con una mirada ilusionada.

Alaric, sintiéndose abrumado por tantas propuestas, miró desesperadamente a Kael, como si
pidiera ayuda. Kael le devolvió la mirada con una expresión divertida, casi como si estuviera
rezando por su paciencia.

Alaric pensó. "¿Cómo puede Kael con todas ellas? ¡Ayúdame!"

Justo en ese momento, las tres chicas se detuvieron abruptamente, lo que hizo que la atención
de Alaric cambiara para mirar al frente, preguntándose qué había captado su interés.

Laria estaba parada frente a ellos, mirándolos en silencio, hasta que Miyu rompió la tensión.

—¡Buenos días, Laria! —la saludó con una sonrisa.

Laria no respondió de inmediato. Solo observaba a Alaric hasta que finalmente habló, con un
tono triste.

—Quiero disculparme... cuando te vi ayer, pensé que eras como los demás humanos. —
sus palabras reflejaban arrepentimiento.

Alaric, tranquilo y sereno, respondió con una sonrisa.

—No te preocupes, no hay problema.

Laria lo miró sorprendida, como si no pudiera creer que él no albergaba ningún rencor hacia
ella. Se sintió aliviada y agradecida.

—¡Gracias! —le dijo, más animada.

Alaric sonrió con sinceridad, mostrando que realmente no guardaba rencores.

—De verdad, no te preocupes. No les guardo rencor a ninguno. Como dije, solo quiero
vivir en paz. Así que, podemos ser amigos.

Los ojos de Laria se iluminaron de alegría ante esa propuesta.

—¡Sí, podemos ser amigos! —respondió con una gran sonrisa.

En ese momento, varias voces jóvenes interrumpieron la escena, provenientes de detrás de


Laria.

—¡Hey, Miyu! ¿Dónde habías estado? —dijo una voz jovial.

—¡Hola, Lyra! ¡Buenos días! —dijo otra voz.

Alaric pudo escuchar cómo las voces se acercaban. Cuando finalmente los vio, notó que eran
dos chicos, ambos de la misma especie que Miyu y sus hermanas, con edades similares. El
primero tenía un pelaje naranja con manchas negras, mientras que el segundo tenía un pelaje
casi idéntico, pero con áreas blancas. Detrás de ellos venía un lobo de pelaje completamente
oscuro.

—¿Qué quieres, Baldric? —preguntó Miyu, un poco molesta.

—¡Qué agresiva! Solo quería saludarte. —respondió Baldric, viendo cómo Miyu tenía a
Alaric abrazado frente a ella.

El otro chico habló primero.

—¡Así que este es el humano del que todos hablan! —dijo, observando a Alaric con
curiosidad.

Los dos chicos miraban a Alaric hasta que notaron cómo las tres chicas lo llevaban agarrado
de los brazos.

—Así es, Kai. Él es, y si te preguntas, no, no es malo. —le respondió Lyra con
tranquilidad, sin soltar a Alaric.

El tercer chico, el lobo de pelaje oscuro, se acercó lentamente, mirando a Alaric de reojo.
Parecía querer decir algo, pero apenas logró emitir un susurro.

—Ho-ho-hola... —dijo con una voz tan baja que apenas se podía escuchar. Alaric notó que el
chico temblaba al verlo, lo que le hizo pensar, “A pesar de ser más altos que yo, me tiene
miedo.”

—Vamos, Uldric, no seas tan miedoso. —dijo Kai, animándolo con una sonrisa.

—¡Pero es increíble ver a un humano aquí! —Kai parecía genuinamente fascinado, y sus
ojos brillaban como si quisiera hacerle mil preguntas a Alaric.

Baldric, sin quitar los ojos de encima a Alaric, preguntó finalmente.

—¿Entonces nos dirás el nombre de tu amigo?

Miyu, aún sosteniendo a Alaric, respondió con un suspiro de resignación.

—Este es Alaric. —dijo, lanzándole una pequeña sonrisa antes de mirar nuevamente a
Baldric—. Y sí, como dijo Lyra, no es como los demás humanos.

Baldric lo examinó detenidamente, como si estuviera evaluando cada aspecto de Alaric, sus
orejas de zorro se movían con curiosidad.

—Hmm... interesante. —comentó, mezclando sorpresa y algo de duda—. No esperaba que


fueras... así.

Alaric, un poco incómodo por la atención, simplemente sonrió de manera educada.

—Es un placer conocerte, Baldric. Vio como alaric le daba la mano para saludarlo, el la
miro un poco serio pero lentamente la tomo saludándolo. –si es un gusto, Alaric. Alaric
podía notar que le apretó la mano un poco fuerte.

Alaric pudo notar cómo Kai estaba lleno de entusiasmo.

—¡¿Puedo saludarte?! ¡Es la primera vez que veo a un humano! —dijo Kai, con una
sonrisa amplia.

Alaric, un poco nervioso por su reacción tan diferente a la de los demás, asintió. Soltó su
mano de Baldric para saludar a Kai, quien rápidamente le estrechó la mano con entusiasmo.

—¡Es un gusto conocerte, me llamo Kai! —dijo, sin soltarlo, sacudiendo la mano de Alaric
con mucha energía.

Alaric sintió la calidez y emoción en el apretón de manos, pero tuvo que retirarla suavemente
cuando Kai continuaba sin detenerse. Luego, Alaric extendió la mano hacia el otro chico,
Uldric, pero este dio un pequeño salto hacia atrás, claramente asustado. Alaric, notando su
nerviosismo, bajó la mano con calma para no incomodarlo más.

Los chicos pronto notaron la presencia de Laria.

—¡Buenos días, Laria! No te habíamos visto. —la saludó Baldric, con una ligera sorpresa.

Laria simplemente les sonrió y asintió.

—Por cierto, Miyu, ¿tienes algo que hacer más tarde? —preguntó Baldric, con un tono de
interés.

—Sí, de hecho, iré al campo de tiro con mis hermanas... y Alaric. —respondió Miyu,
rechazando la invitación de Baldric con firmeza.

Alaric notó cómo la expresión de Baldric se tensaba ligeramente. Podía sentir que su
presencia no era del todo bienvenida por parte de Baldric, quien parecía menos entusiasta
ahora que él estaba allí. Sin embargo, antes de que el ambiente se volviera más incómodo,
Kael, el padre de Miyu, hizo un ruido leve, carraspeando para llamar la atención de todos.

—Mmmh. —gruñó con seriedad.

Los chicos se voltearon inmediatamente hacia Kael, quien los miraba con los brazos
cruzados, especialmente a Baldric, con una mirada imponente.

—Ho-ho-hola, señor Kael. —tartamudeó Baldric, bajando la cabeza con nerviosismo.

—Buenos días. —respondió Kael con voz firme, sin perder su postura. Luego, giró hacia sus
hijas—. ¡Vamos! No tenemos todo el día.

Kael comenzó a avanzar, seguido de sus hijas y Alaric, quienes se alejaron del grupo.
Mientras se iban, Alaric pudo sentir las miradas de los otros jóvenes sobre él, especialmente
la de Baldric, quien parecía frustrado mientras los veía alejarse.
Mientras caminaban por las calles del pueblo, Alaric aprovechó el momento para preguntarle
a Miyu.

—Oye, Miyu, ¿eran amigos tuyos esos chicos, además de Laria? —preguntó con
curiosidad, girando la cabeza hacia ella.

Miyu lo miró por unos segundos mientras continuaban caminando y luego le respondió
alegremente.

—¡Sí! ¿Por qué? —contestó, devolviéndole la pregunta con la misma curiosidad.

—Mmm, bueno, no te lo tomes a mal, pero sentí que no le caí muy bien a tu amigo
Baldric... por alguna extraña razón. —dijo Alaric, rascándose la cabeza, un tanto
incómodo.

Los cuatro escucharon con atención lo que decía, y Miyu rio nerviosamente antes de
responder.

—No te preocupes, él es así a veces. —dijo Miyu, quitándole importancia al asunto.

Finalmente, llegaron a la plaza, que estaba llena de habitantes del pueblo observando y
realizando sus actividades cotidianas. El grupo se dio cuenta de que, por un rato, tendrían que
separarse.

—¡Te veremos después! ¡Cuídate! —dijo Isla, despidiéndose rápidamente mientras salía
corriendo en dirección opuesta.

Lyra fue la siguiente en despedirse.

—Te veré más tarde. —dijo con tranquilidad, mientras agitaba la mano y se alejaba
caminando pausadamente.

La última en quedarse con Alaric fue Miyu. Se acercó, sonriendo, y le dio un abrazo cálido.

—¡Te veré cuando termine! Luego iré con Isla. ¡Adiós! —se despidió Miyu, alegremente,
mientras se alejaba por otro camino.

Alaric observó cómo cada una tomaba su propio rumbo. Ahora se encontraba solo con Kael,
quien lo llamó para seguir caminando juntos.

—Ven, vamos. —le dijo Kael, comenzando a caminar en dirección a su tienda.

Alaric asintió y lo siguió, aprovechando el silencio para procesar lo que acababa de vivir.
Entonces, Kael rompió la calma.

—Veo que les caes muy bien a mis hijas. —comentó con una sonrisa ligera.

Alaric se sorprendió por el comentario, sin saber muy bien cómo responder. Kael continuó,
ahora con un tono más serio.
—Solo te pediré que cuides muy bien esa amistad que tienes con ellas. —dijo, mirando a
Alaric con confianza.

Alaric asintió, sintiendo el peso de las palabras de Kael.

—¡Sí! —respondió con determinación, sabiendo que esa amistad era importante para él.

Kael hizo una pausa antes de continuar.

—Y una cosa más... ten cuidado con ese muchacho, Baldric. —advirtió con un tono más
oscuro—. Una vez trató de sobrepasarse con Miyu, pero, por suerte, ese día Fenrir
estaba ahí.

Alaric sintió un escalofrío al escuchar esas palabras. "Supongo que también hay gente así
como en mi mundo", pensó, asimilando la idea. Solo pudo responder con un simple "Sí",
mientras caminaban hacia la tienda de Kael, dejando esa conversación incómoda atrás.

—Bien, llegamos. Esta es mi tienda, entremos. —dijo Kael, deteniéndose frente a una
edificación grande, parecida a un almacén.

Alaric observó que la tienda era considerablemente amplia. De un lado estaba el local en sí, y
del otro, la forja. Estaban en una zona elevada del pueblo, pero no demasiado alta, lo que les
permitía ver claramente la plaza desde su posición. Sobre la puerta principal, había un cartel
de madera y algunas ventanas que estaban cerradas. Alaric se preguntó si en este mundo
sabrían cómo fabricar vidrio, ya que no había visto nada hecho de cristal desde que llegó.

Kael abrió el candado rústico que aseguraba la puerta y dejó que esta se abriera con un
crujido. Alaric lo siguió al interior, y lo que vio lo dejó impresionado. El lugar estaba repleto
de espadas, martillos de guerra, armaduras y una variedad de armas que colgaban de las
paredes, adornando la tienda. Alaric no pudo evitar pensar que se sentía como dentro de una
película medieval o de fantasía, solo faltaban los dragones.

Kael notó la expresión de Alaric y sonrió ligeramente.

—Tranquilo, ya no fabrico armas, y estas ya no tienen uso. Solo son un montón de basura
ahora. —comentó Kael con un tono algo melancólico.

Alaric lo miró, curioso al ver tantas armas.

—¿Entonces usted fabricaba estas armas para la guerra? —preguntó Alaric, con algo de
asombro.

Kael asintió lentamente, su mirada se oscureció por un momento, como si los recuerdos lo
inundaran.

—Sí, pero ya no servirán para eso. Nunca más harán daño a nadie, y espero que siga siendo
así. —dijo Kael, mientras volteaba hacia la puerta de la forja y la abría, dejando que el aire
caliente de la sala se escapara un poco.
Alaric lo siguió hasta la siguiente sala, donde Kael abrió las grandes puertas que daban a la
calle. Detrás de ellas, se encontraba la forja: el horno, el yunque y una gran cantidad de
herramientas estaban organizadas de manera ordenada. Alaric observó el lugar con asombro.
Todo parecía sacado de un libro de historia sobre la época medieval, y verlo en persona era
impresionante.

Kael notó su fascinación y rio un poco.

—Jajaja, ¿es la primera vez que ves una forja? —le preguntó con una sonrisa alegre.

Alaric asintió, aún maravillado.

—Sí, es que en mi mundo esto es más historia que otra cosa. Solo hay unos pocos que lo
hacen como pasatiempo.

Kael se mostró sorprendido por la respuesta, pero comprendió que en el lugar de donde venía
Alaric, las cosas probablemente eran mucho más avanzadas.

—¡Pues bien, bienvenido a mi forja! —dijo Kael, acercándose a él y dándole una palmada en
el hombro—. Sentirás mucho calor, así que espero que puedas aguantar. —añadió con una
sonrisa, mientras le daba unas palmaditas en la espalda.

Kael se dirigió hacia el horno para encenderlo, y Alaric lo observó por unos segundos antes
de ofrecer su ayuda.

—¿En qué puedo ayudar? —preguntó, dispuesto a echar una mano.

Kael, mientras terminaba de encender los leños, lo miró y respondió:

—Bueno, puedes traer más combustible para el horno. Está apilado detrás de la forja.

Alaric aceptó la tarea y salió hacia la parte trasera para recoger algunos leños. Mientras lo
hacía, sus pensamientos divagaban. "¿Qué habrá pasado entre Miyu y ese tipo? Aunque la
conozco poco, no puedo evitar sentirme así... ¿Por qué me siento de esta manera? Solo somos
amigos, ¿no? Bueno, será mejor llevar esto a Kael", pensaba mientras cargaba la leña de
vuelta a la forja.

Al entrar nuevamente, el calor en la sala era palpable. Aunque las grandes puertas estuvieran
abiertas, el fuego del horno hacía que el ambiente fuera sofocante.

—¡Oh, hace calor! —exclamó Alaric, cubriéndose el rostro mientras le salían lágrimas por el
intenso calor.

Kael rio entre dientes al ver la reacción de Alaric, quien, a pesar de todo, mantenía la
determinación de ayudar.

—Tranquilo, te acostumbras. —dijo Kael mientras tomaba los leños y alimentaba el fuego.

Alaric observaba fascinado y se preguntaba cómo era posible que Kael soportara el calor con
su grueso pelaje. Parecía algo imposible. Su curiosidad lo llevó a preguntar:
—¿Qué es lo que hace aquí? —preguntó Alaric, aún sorprendido de que Kael ya no fabricara
armas.

Kael respondió mientras avivaba el fuego, con una sonrisa relajada.

—Reparo cosas que me trae la gente, y de vez en cuando hago herramientas. —su tono era
alegre, claramente disfrutaba de su trabajo. La respuesta de Kael lo dejó pensando. Antes de
que Alaric pudiera divagar más, Kael lo sacó de sus pensamientos con otra pregunta.

—Y bueno, ¿me dirás qué querías hacer en la forja?

—Ah, sí... —Alaric buscaba las palabras adecuadas para que Kael pudiera entenderlo—.
Trataré de explicarlo.

Kael asintió, mientras la forja ya empezaba a calentarse considerablemente.

—Bueno, ¿qué es lo que tienes en mente? —preguntó Kael, animado.

—Es un generador... —dijo Alaric, y Kael lo miró con una mezcla de curiosidad y confusión.

—¿Un generador? —Kael trataba de entender—. ¿Cómo funciona eso?

—Digamos que es como una rueda que se mueve sola, usando electricidad. —explicó Alaric.

Kael lo miró incrédulo, tratando de asociar lo que decía con algo que conociera.

—¿Electricidad? ¿Te refieres a los rayos? —preguntó Kael.

Alaric suspiró, un poco frustrado, pero trató de explicarlo mejor.

—Sí, algo así, pero mucho más controlado. —respondió Alaric—. El generador creara
electricidad, que luego podemos usar para mover cosas.

Kael lo miraba cada vez más fascinado. La emoción comenzaba a brotar en su expresión.

—¡Interesante! Entonces... ¡¿puedes generar un rayo?! —Kael ya estaba entusiasmado por la


idea, moviendo la cola de un lado al otro.

—S-sí, algo así... —dijo Alaric, algo abrumado por la emoción de Kael—. Pero primero hay
que fabricar algunas cosas antes de llegar a eso.

Kael, visiblemente emocionado, comenzó a hacerle más preguntas sobre los materiales
necesarios, moviendo la cola con más energía. Alaric se dio cuenta de que tanto Kael como
Elara compartían muchas similitudes con sus hijas, especialmente en cómo reaccionaban y se
comportaban. No pudo evitar pensar: "De tal palo, tal astilla".

—¿Qué materiales necesitas? —preguntó Kael, señalando la parte del fondo de la tienda,
donde se encontraban muchas cajas de madera apiladas—. Tengo muchos materiales
olvidados por ahí.
—Bueno, necesitaremos un poco de hierro, cobre, magnetita y otras cosas más. —respondió
Alaric.

—¡Puedes revisar! Creo que tengo lo que necesitas, ven, vamos a ver. —dijo Kael mientras
avanzaba hacia las cajas.

Ambos comenzaron a revisar las cajas, y para su sorpresa, encontraron todos los materiales
que Alaric mencionó. Los colocaron sobre una mesa que tenía Kael en la forja.

—¡Bien, ya está todo aquí! —dijo Kael con satisfacción.

Alaric, sin embargo, se quedó pensativo.

—El único problema será hacer el electroimán... —murmuró, tratando de encontrar una
solución.

Kael lo observaba, curioso.

—Supongo que tendrá que ser así... —susurró Alaric, mientras una idea comenzaba a
formarse en su mente.

—¿Qué piensas hacer? —preguntó Kael.

—Utilizaré a Argus para fabricar el electroimán. Tal vez se quede sin energía por un par de
días, pero lo demás podemos hacerlo aquí.

—¿Te refieres a esa cosa de ayer? —preguntó Kael con curiosidad.

—Sí, él puede crear cosas, pero no tiene suficiente energía para generar objetos grandes. —
explicó Alaric mientras sacaba nuevamente su teléfono. Kael observaba atentamente cómo
sacaba ese rectángulo extraño y, al presionar el cristal, aparecía una luz flotante frente a él.

—Argus, ¿me oyes? —dijo Alaric, y de inmediato apareció el orbe de luz con ojos que lo
miraban alegremente.

—¡Sí, hacedor! ¿Qué se le ofrece? —preguntó Argus, animado. Kael, aunque ya había visto a
Argus el día anterior, seguía sorprendido al verlo tan de cerca.

—¿Podrías fabricar el electroimán? Ya tengo los materiales aquí. —dijo Alaric.

Argus procesó la orden antes de responder.

—¿Hacedor, está seguro? Cuando termine el proceso, tal vez me quede sin energía por dos
días. Le recuerdo dejarme al sol para una carga eficiente. —advirtió Argus, mostrándose algo
preocupado.

—Sí, lo sé, pero para eso estoy haciendo el generador... —Alaric se quedó pensando—. ¿Qué
tal si primero fabricamos las demás piezas y dejamos el electroimán para el final? Así podría
seguir algunos de los planos que tienes guardados.
Kael miraba sin entender del todo la conversación, pero no pudo evitar preguntar.

—¿A qué te refieres con que puede fabricar? —dijo Kael, con curiosidad evidente.

—Digamos que puede crear cosas pequeñas con la poca energía que le queda, posee un
materializador. —Alaric intentaba explicarlo de manera sencilla, pero notó que Kael seguía
algo perdido, así que lo simplificó—. Básicamente, toma los materiales de la mesa y los
convierte en lo que necesito.

—Ah, ya veo... —respondió Kael, entendiendo un poco más.

—Pero para el electroimán necesitamos una carga eléctrica potente solo para imantarlo. —
añadió Alaric.

Kael se quedó pensando, mirando a Alaric con curiosidad.

—Entonces dices que esa cosa solo toma los materiales y los fabrica, pero lo que quieres
hacer requiere esa energía eléctrica.

Alaric sonrió, viendo que Kael había captado el concepto.

—Mhhh... —Kael reflexionó un momento—. Conozco a alguien que podría hacer magia de
rayo, si te sirve.

Alaric lo miró, algo sorprendido, aunque ya había presenciado la magia que Miyu usó para
curarlo.

—¿Es magia, verdad? —preguntó Alaric, curioso.

—Sí, pero... no sé si quiera ayudarte. —Kael adoptó un tono más serio—. Con decirte que el
único con conocimiento de esa magia es Fenrir, y como te trató ayer, dudo que quiera venir a
ayudarte.

Alaric sintió una leve decepción, pensando en lo que los humanos le habrían hecho a Fenrir
para que lo odiara tanto. Pero Kael lo interrumpió con un tono más animado.

—Aunque... podría intentarlo. —dijo Kael, entusiasmado ante la posibilidad de convencer a


Fenrir, a pesar de las peleas—. A veces es muy terco, pero quién sabe...

—¡Espérame aquí! —dijo Kael mientras se preparaba para salir—. Iré a ver si puedo
convencerlo, te dejaré a cargo un rato.

Alaric asintió con entusiasmo, intentando ocultar los nervios.

—¡Sí, claro! Cuidaré el lugar.

Kael dejó las herramientas de la forja a un lado y le dio una última instrucción.

—Ah, una cosa más. Si alguien viene a pedir que le repare algo, diles que lo dejen en esa caja
—señaló una caja de madera junto a la entrada— y trata de memorizar lo que pidan. No creo
que me tarde, pero mantente atento a quien venga.

Confiando en Alaric, Kael salió de la forja, dejándolo a cargo. Alaric respiró hondo, dándose
cuenta de la responsabilidad que le habían otorgado.

—Bien, Argus, supongo que tendré que hacer el cable de cobre... aunque es mi primera vez
utilizando una forja. —Tomó el martillo, pero su expresión delataba inseguridad. No estaba
seguro de cómo proceder.

La voz de Argus resonó en el aire.

—Hacedor, ¿necesita ayuda para guiarlo? Poseo algunos conocimientos que usted me guardó
en mi memoria.

Alaric sonrió al recordar que Argus tenía fragmentos del conocimiento del antiguo mundo.

—¡Sí, Argus! Realmente no tengo idea de cómo hacerlo.

Argus, complacido por la respuesta de Alaric, comenzó a darle indicaciones precisas sobre
cómo manejar el material y el martillo. Alaric, torpemente al principio, siguió las
instrucciones, golpeando el metal con poca coordinación. A pesar de sus esfuerzos, pronto se
dio cuenta de que sus golpes eran ineficaces. Frustrado, dejó el martillo sobre el yunque,
mirando el cobre sin forma con desánimo.

—Soy terrible en esto... ni siquiera puedo hacerlo bien. —se lamentó, sintiéndose
decepcionado de sí mismo.

—¡Tranquilo, hacedor! Apenas estás aprendiendo, y para ser tu primera vez, lo hiciste
regular. —Argus intentaba animarlo, pero sus palabras solo hicieron que Alaric se sintiera
peor.

Antes de que pudiera sumirse más en su frustración, una voz femenina se escuchó desde la
entrada de la forja.

—¡Hola, ¿hay alguien aquí? —La voz era suave pero firme.

Alaric se incorporó rápidamente y caminó hacia la entrada. Al ver a la joven, esta se


sobresaltó ligeramente, pero no huyó. Era una zorra con pelaje dorado, adornado con dos
líneas que recorrían su rostro, aunque su estatura era algo menor comparada con Lyra e Isla.
Quizás era de una especie distinta.

Con una sonrisa amigable, Alaric intentó ser lo más cortés posible.

—Bienvenida, pequeña, ¿qué necesitas?

De inmediato, la expresión de la chica cambió. Sus ojos se oscurecieron y lentamente apretó


los puños.

—¿Cómo te atreves a llamarme pequeña? —exclamó, su voz llena de indignación—. ¡No soy
una niña!
Sin previo aviso, comenzó a golpearlo con sus manos cerradas. Para Alaric, sus golpes eran
débiles y apenas se sentían, pero la escena era tan inesperada que no pudo evitar sentir una
mezcla de sorpresa y diversión.

—¡Lo siento, lo siento! No fue mi intención, no sabía que había habitantes de diferentes
tamaños... —Alaric intentó disculparse apresuradamente.

Esto solo enfureció más a la joven.

—¡¿Me estás llamando enana?! ¡Lo sabía, los humanos son todos iguales, no saben nada!

La situación comenzó a atraer la atención de los transeúntes. Más y más personas se detenían
para observar el espectáculo. En medio del alboroto, Kael y Fenrir llegaron, abriéndose paso
entre la multitud para ver qué estaba ocurriendo.

—¿Qué ocurre? —preguntó Fenrir al ver a Alaric siendo golpeado por la chica. Se acercó
rápidamente, llamando su atención.

Tanto Alaric como la chica voltearon para mirar a Fenrir, quien, frunciendo el ceño, se puso a
la altura de la joven.

—¿Qué te hizo, pequeña? —preguntó Fenrir con voz calmada.

Alaric hizo señas desesperadas para que Fenrir no usara esa palabra, pero ya era demasiado
tarde.

—¡Ustedes dos son unos idiotas! —gritó la chica, empujando a Fenrir a un lado mientras se
dirigía hacia la salida. Justo antes de salir, se encontró con Kael, quien acababa de regresar.

—Señor Kael, mi madre quiere que le repare esto. —La chica cambió de tono, hablando de
manera más tranquila mientras le entregaba un objeto a Kael.

—Claro, Eira. —respondió Kael, tomando el objeto con una sonrisa tranquila.

Eira lanzó una última mirada hacia Alaric y Fenrir, quienes seguían atónitos por su
comportamiento. Les sacó la lengua en un gesto infantil antes de salir refunfuñando. La
multitud que se había reunido empezó a dispersarse lentamente.

—¿Qué fue eso? —preguntó Alaric, aún sorprendido por el carácter de la joven.

Kael se acercó riendo.

—Tranquilo, es una cliente regular.

Fenrir, por su parte, todavía no salía del shock. Kael se dirigió a Alaric, observando el trozo
de cobre que había dejado en el yunque.

—Veo que intentaste usar la forja, pero no lo hiciste muy bien.

—Lo intenté... pero soy pésimo. —respondió Alaric, agachando la cabeza con desánimo.
Kael soltó una carcajada.

—Si quieres, después te enseño cómo usarla correctamente. —le ofreció con una sonrisa.

Alaric levantó la cabeza con entusiasmo, asintiendo con energía. Fue entonces cuando ambos
se giraron hacia Fenrir, quien seguía en su propio mundo, sin reaccionar.

—¿Estás bien, Fenrir? —preguntó Kael, pasando su mano frente a su rostro hasta que,
finalmente, Fenrir parpadeó y volvió en sí, su mirada rápidamente volviéndose seria de nuevo
al ver a Alaric.

—Tranquilo, Fenrir. —dijo Kael, intentando calmarlo—. Él está aquí para ayudarme... y
también quería intentar hacer algo por su cuenta.

Fenrir comenzó a gruñir con odio hacia Alaric.

—¡Así que todavía intentas hacer esa cosa! —sus palabras estaban llenas de enojo.

Alaric podía sentir la hostilidad, pero mantuvo la calma.

—No, estoy haciendo algo que podría mejorar sus vidas. —respondió con serenidad, pero
Fenrir lo miraba con escepticismo. Se volvió hacia Kael, cruzando los brazos.

—¿Para qué me trajiste aquí? —preguntó con seriedad.

—Te traje para que nos ayudaras con algo. —respondió Kael, pero antes de que Fenrir
pudiera decir más, Alaric lo interrumpió.

—Es para hacer la máquina que estoy diseñando. Kael me dijo que tienes magia eléctrica,
aunque nunca he visto magia, aparte de la que Miyu usó para curarme.

Fenrir lo miró aún más severamente, frunciendo el ceño.

—¿Y por qué ayudaría a un humano como tú? —se acercó para intimidarlo, pero Alaric no
retrocedió; lo miraba con tranquilidad.

—Porque sé cuánto quieres a la gente de este lugar y lo mucho que deseas protegerlos.

Fenrir lo observó detenidamente, aún sin convencerse del todo.

—¿Qué hace esa máquina? —preguntó, queriendo saber más.

Alaric sonrió, sintiéndose aceptado, y comenzó a explicar.

—Bueno, es un generador eléctrico. Digamos que este bloque de cobre gira dentro y eso
genera electricidad.

Mientras trataba de explicar, Kael y Fenrir lo miraban cada vez más confundidos. Alaric
suspiró, sintiéndose frustrado, hasta que recordó que Argus estaba allí.

—Veo que no me entienden. Argus, ¿podrías mostrar un generador para que lo vean?
Argus apareció de inmediato, habiéndose escondido antes al ver a la chica. Alegremente,
proyectó la imagen del generador.

—¡Sí, hacedor!

La proyección mostraba un generador de tamaño mediano, detallando cada uno de sus


componentes y las partes internas que se movían. Kael observaba cada pieza impresionado
por la complejidad de la máquina, mientras que Fenrir, aunque también impresionado, se
mantenía escéptico.

—Bueno, ¿ahora me crees? ¿Me ayudarás? —preguntó Alaric, sonriendo, esperando su


respuesta.

Fenrir, con la misma actitud seria, le lanzó una última pregunta.

—¿Pero para qué sirve, aparte de generar rayos eléctricos? Si me dices para qué es, tal vez lo
considere.

La pregunta de Fenrir captó la atención de Alaric, quien supo que lo había interesado.

—Sirve para muchas cosas, como iluminar la noche en todas las casas del pueblo, entre otras
cosas. —respondió Alaric con confianza.

La respuesta dejó a Kael y a Fenrir incrédulos. Fenrir se echó a reír.

—¡Jajaja! Como si eso fuera posible.

Se burlaba de Alaric hasta que Argus intervino.

—De hecho, es posible. Este generador puede producir entre 6500 y 8000 vatios si se
ensambla e instala adecuadamente en una fuente de movimiento, como una presa o una
corriente. La electricidad generada podría matar a alguien en un instante, por lo que es
extremadamente peligrosa si no se sabe lo que se hace.

Ambos, Kael y Fenrir, quedaron sorprendidos. Aunque no entendían completamente lo que


Argus había explicado, sí comprendieron que era algo peligroso, lo que hizo que Fenrir
mirara rápidamente a Alaric con desconfianza.

—¡Entonces es verdad, intentas hacernos daño! —acusó Fenrir, pero Argus intervino
nuevamente.

—No, esta máquina no es para eso. Es solo uno de los riesgos de operarla sin el conocimiento
adecuado. Por eso se toman precauciones para prevenir accidentes. No es un arma. ¿Desea
saber más al respecto? —preguntó Argus, aclarando el malentendido.

Fenrir observó a Alaric en silencio durante unos momentos, luego asintió lentamente.

—Está bien, te ayudaré... pero si veo algo que no me gusta o si llegas a dañar a alguien, te
cazaré hasta el fin del mundo.
Alaric sonrió ampliamente, aliviado y alegre al haber convencido a Fenrir. Se apartó y se
sentó en una de las sillas de la forja de Kael.

—¡Bien, entonces podemos comenzar! —dijo con entusiasmo, mientras Fenrir observaba en
silencio cómo trabajaban siguiendo las instrucciones de Argus.

Pasaron algunas horas, y Alaric, satisfecho, miró los componentes que habían terminado.

—¡Listo, ya está! —exclamó, señalando los componentes dispersos sobre la mesa.

—Hacedor, las piezas están bien, pero son muy robustas. Podría procesarlas para convertirlas
en piezas de mayor calidad. Esto podría tardar una o dos horas. —explicó Argus.

Alaric notó que las piezas, aunque funcionales, eran algo toscas, y aceptó la sugerencia.

—Sí, hazlo, pero primero fabrica el electroimán. —le ordenó, entregándole los componentes
necesarios.

—Sí, hacedor. Esto tardará unos quince segundos.

Tanto Fenrir como Kael observaban con atención mientras las piezas que Alaric había dejado
cerca de Argus comenzaban a flotar y a unirse lentamente en una sola, gracias a la luz que
emanaba del dispositivo. Cuando la luz desapareció, la pieza ya estaba formada sobre la
mesa.

Fenrir y Kael miraban, asombrados, cómo las dos piezas separadas se habían fusionado en
una sola de manera casi mágica.

—¡Listo, hacedor! Procesaré el resto de las piezas, solo faltará la carcasa. —dijo Argus
alegremente, mientras las demás piezas comenzaban a transformarse, aunque de manera más
lenta.

Alaric tomó una de las piezas finalizadas con ambas manos y se dirigió hacia Fenrir y Kael,
quienes descansaban.

—¡Bien, ya podemos magnetizarlas! Argus tardará en darles el acabado final. —comentó


Alaric, sonriente.

Fenrir se levantó de la silla, con su expresión seria pero relajada.

—Vamos afuera. —ordenó Fenrir.

Alaric y Kael lo siguieron hasta el campo, donde encontraron un tronco partido por la mitad.
Fenrir se volvió hacia Alaric con los brazos cruzados.

—Bien, ¿qué quieres que haga? —preguntó en su tono habitual.

—Pondré esto aquí para que puedas darle con tu magia. —Alaric colocó la pieza
cuidadosamente sobre el tronco y se alejó hacia donde estaba Kael.
Fenrir lo observó expectante, suspirando antes de posicionarse lejos del tronco, acecandoce a
Kael y Alaric. Cerró los ojos y comenzó a murmurar palabras en un idioma que Alaric no
comprendía. Las nubes alrededor de ellos comenzaron a oscurecerse, y el sonido de truenos
llenó el aire. Entonces, Fenrir pronunció una última palabra con fuerza,“Zeir'thaal”.

Alaric observó con asombro cómo Fenrir abrió los ojos y apuntó hacia el tronco. De repente,
un relámpago descendió del cielo, impactando el tronco y volándolo en pedazos. Solo quedó
una zona chamuscada y el intenso olor a madera quemada.

Alaric, impresionado, no podía apartar la vista del lugar donde había estado el tronco,
sorprendido por el inmenso poder de Fenrir.

Fenrir volteó hacia Alaric, como diciéndole que ya había terminado. Alaric asintió, y
mientras se acercaba al tronco para buscar la pieza, unos guardias llegaron para investigar el
ruido.

—¿Qué suce...? —comenzó a decir uno de los guardias, pero al ver a Fenrir allí, se
detuvieron. Fenrir les hizo un gesto con la mano, indicándoles que todo estaba bajo control, y
los guardias se retiraron.

—¡Lo encontré! —gritó Alaric emocionado, llamando la atención de Fenrir y Kael. Ambos se
acercaron para ver la pieza que Alaric traía cargando, aunque estaba cubierta de tierra, estaba
intacta. Cuando Fenrir se acercó más, comenzó a sentir una extraña atracción hacia Alaric. El
joven lo notó y gritó de inmediato.

—¡Espera, no te acerques demasiado o saldrá volando hacia ti!

Fenrir se detuvo en seco, notando que todo lo que llevaba puesto intentaba ser atraído hacia la
pieza.

—¿Qué es esto? ¿Por qué trata de jalarme? —preguntó Fenrir, algo molesto.

—Es la fuerza magnética. Creo que tu rayo fue tan fuerte que lo cargó aún más. Tu armadura
tiene partes de hierro, por eso lo sientes. ¡Eso significa que funciona! —explicó Alaric, aún
manteniendo la distancia.

Fenrir, ya comprendiendo lo que pasaba, asintió y preguntó:

—¿Y ahora qué?

—Hay que ponerlo en un lugar seguro, —respondió Alaric, pensando rápido. Luego miró a
Kael—. ¿Puedes traer una caja de madera vacía?

Kael asintió y se dirigió a la tienda. Al regresar, trajo una caja de madera resistente y la abrió
para que Alaric colocara el electroimán en su interior. Después de cerrarla cuidadosamente,
Alaric hizo una señal para que Fenrir se acercara nuevamente.

—Bien, llevemos esto a la forja. Ahora solo tenemos que esperar las otras piezas. Seguro
Argus ya terminó algunas. —dijo Alaric.
Los tres, trabajando juntos, cargaron la caja hacia el almacén, ya que el imán pesaba bastante.
Al llegar, encontraron a Argus finalizando los últimos componentes.

—Hacedor, ya casi termino con los últimos componentes. Puedes empezar a ensamblar el
generador. —dijo Argus mientras notaba la potente fuerza del electroimán desde la distancia.

—¡Bien, empecemos! —dijo Alaric, entusiasmado.

Kael y Alaric comenzaron a seguir las instrucciones de Argus y el plano holográfico para
ensamblar todas las piezas. Después de un buen rato de trabajo, la última pieza fue colocada,
y ambos se tomaron un momento para admirar el generador terminado.

—¡Bien hecho, hacedor! Al parecer, la potencia no será un problema. Ahora solo falta
encontrar una fuente de agua para ponerlo en marcha. —exclamó Argus, su voz resonando
por la habitación, felicitándolos por el éxito del proyecto.

Alaric sonrió ampliamente, satisfecho con el resultado, mientras Kael y Fenrir observaban el
generador, impresionados por la tecnología que nunca antes habían visto.

Fenrir se alejó para despejarse, observando cómo Kael disfrutaba de la compañía de Alaric.
En ese momento comprendió por qué su hermana y su familia valoraban tanto al joven
humano. Decidió irse al campo de tiro para pasar un rato a solas. Alaric lo vio partir y, con
una sonrisa, lo llamó desde lejos.

—¡Espera, te acompañaré! —gritó mientras corría hacia él.

Fenrir lo miró con una mezcla de curiosidad y seriedad, pero ya no había rastro del odio que
antes sentía. Alaric lo alcanzó, y aunque Fenrir no dijo nada, siguió caminando hacia su
destino.

—Voy al campo de tiro, —comentó Fenrir.

—¡Sí! —respondió Alaric con entusiasmo, manteniendo su actitud positiva.

Caminaron juntos hasta llegar a la plaza, donde algunos habitantes paseaban tranquilamente.
Fenrir, movido por la curiosidad, le preguntó:

—¿Por qué viniste?

—Quería hablar contigo un poco, —contestó Alaric con sinceridad.

Fenrir no le dio demasiada importancia a la respuesta y, tras un momento de silencio, volvió a


preguntar:

—Por cierto, ¿traes esa cosa con la que hablaste hace rato?

—¡Argus! No, lo dejé con Kael. Tenía algunas preguntas que quería hacerle, y además, me
dijo que tenía trabajo que hacer, —explicó Alaric.
Mientras caminaban, Alaric no pudo evitar sentirse intrigado por Fenrir y la manera en que
usaba su magia. Así que, con algo de cautela, decidió preguntar:

—¿Te puedo hacer una pregunta?

Fenrir lo miró por encima del hombro, dándole permiso con un simple gesto.

—¿Por qué odias tanto a los humanos? ¿Te hicieron algo horrible?

Fenrir se detuvo de golpe, su mirada se llenó de dolor y resentimiento. Alaric notó que había
tocado un tema delicado y rápidamente se disculpó.

—¡Lo siento! No debí preguntarte eso. Solo quería entender por qué me odias tanto. Sé que
no puedo reparar el daño que te hayan hecho, pero me disculpo si eso de alguna manera te
hace sentir mejor.

Fenrir lo observó en silencio, notando que Alaric se estaba disculpando por algo que él no
había causado. Aquello lo hizo sentir mal.

—No necesitas disculparte. Te lo contaré... pero cuando estemos en un lugar más privado, —
dijo Fenrir, su tono más suave.

Alaric asintió, agradecido por la comprensión de Fenrir, y lo siguió hasta el campo de tiro,
que estaba situado en las afueras del pueblo. El lugar, tranquilo y apartado, era perfecto para
entrenar con arco y flecha. Fenrir se sentó en un tronco que ofrecía una vista despejada del
campo, y Alaric lo acompañó, esperando en silencio. La incomodidad colgaba en el aire hasta
que Fenrir, con una mezcla de melancolía y resignación, rompió el silencio.

—Sabes, para ser un humano que mis sobrinas admiran, y alguien que mi hermana y su
esposo valoran tanto, debes de ser muy especial para ellos.

Alaric notó que, finalmente, Fenrir se estaba abriendo a una conversación más honesta.

—He visto cómo te miran. Te aprecian de verdad, —dijo Fenrir con un suspiro—, pero
seguro que no quieres escuchar esto de un lobo viejo y lleno de odio.

Miró a Alaric directamente a los ojos, esperando una respuesta. Alaric asintió con la cabeza,
mostrando su disposición para escuchar.

Fenrir exhaló profundamente antes de comenzar su relato.

—Recuerdo que era de mañana aquel día... —comenzó, su voz cargada de nostalgia—. Yo
era pequeño entonces. Mi pueblo fue invadido por un ejército de humanos con armaduras
negras adornadas con símbolos. Solo recuerdo los gritos de todos los habitantes siendo
masacrados, algunos se quemaban y otros lloraban. Corrí a casa para avisar a mi familia pero
solo veía cadáveres por todos lados... Corrí y corrí, pero cuando llegué, me encontré con una
escena horrenda, mi madre y padre habían sido degollados, mi hermana… fue la que se llevó
la peor parte estaba quemada completamente. —Su voz temblaba ligeramente al recordar
aquellos momentos—. Antes de poder reaccionar, alguien me golpeó en la cabeza, y todo se
volvió oscuro.
Alaric lo escuchaba en silencio, sintiendo el peso de la tristeza y la ira acumulada en Fenrir.
El lobo gris continuó, su mirada perdida en la distancia, como si volviera a revivir aquellos
recuerdos.

—Cuando desperté, estaba fuera del pueblo... —dijo, su tono más apagado—. A lo lejos, vi
cómo todo ardía. Mi hogar, mi familia... todo había desaparecido en el fuego.

—Cuando intenté levantarme, sentía que mi pierna no me respondía... —continuó Fenrir con
la voz pesada por los recuerdos—. Uno de esos soldados me la había roto. No me di cuenta
de que aún quedaba uno dentro de la casa, escondido. Fue él quien me golpeó cuando entré.
Eso me lo contó la madre de Elara... Fui salvado por ella. Me adoptó como su hijo al ver lo
que había pasado, y me llevó en un carro arado. Desde ese día, no he podido olvidar todo
aquello. Cada día me levanto pensando en ello.

Alaric podía sentir el peso del dolor en cada palabra de Fenrir, entendiendo finalmente por
qué el lobo albergaba tanto rencor hacia los humanos, y por qué lo había dirigido hacia él en
un principio.

—Lo siento. —se disculpó Alaric nuevamente, con tristeza genuina.

Fenrir lo miró, más calmado, aunque sus ojos todavía reflejaban la sombra del pasado.

—Sé que lo dices sinceramente, pero no tienes que hacerlo. Aprecio que hayas escuchado mi
historia. Siento que me he quitado un poco de peso de encima, pero aún así, no perdonaré a
los demás humanos... pero a ti te excluiré de ellos.

Fenrir sonrió levemente y extendió su mano hacia Alaric. Este gesto, aunque pequeño, era
monumental. Alaric la tomó, devolviéndole la sonrisa.

—Me alegra que podamos entendernos. Pero realmente me siento mal por lo que me cuentas,
y por eso te hago una promesa, protegeré a todos aquí, sin importar lo que pase. Nunca los
abandonaré. —Alaric hablaba con seriedad, y Fenrir lo notó, sintiendo que esas palabras no
eran en vano.

El lobo lo miró, pensativo, mientras algo en su interior comenzaba a suavizarse.

“Ya veo... Ahora entiendo lo que mi hermana y su familia vieron en ti. Realmente eres
especial, humano” Pensó Fenrir con una sonrisa genuina, asintiendo mientras sus
pensamientos lo llevaban a aceptar la bondad de Alaric.

—Espero que sea así, Alaric. —Por primera vez, Fenrir lo llamó por su nombre, con su
verdadero yo.

Alaric, sorprendido y emocionado, asintió con alegría. Era un gran avance en su relación.

Antes de que pudieran decir algo más, unas voces rompieron el silencio.

—¡Oh, ya se llevan bien! ¡Qué bien, ahora podemos estar todos juntos! ¡Me alegro tanto!
Ambos voltearon para ver a Miyu, Lyra e Isla corriendo hacia Fenrir. Las tres lo abrazaron
con entusiasmo, mientras él sonreía y las rodeaba con sus brazos.

—Vengan, las quiero mucho. —dijo Fenrir, su tono lleno de afecto mientras abrazaba a sus
sobrinas, sintiendo por primera vez en mucho tiempo una paz que había creído perdida.

Alaric observaba la escena riendo mientras Miyu se separaba de él para abrazarlo. Lyra e Isla
hicieron lo mismo, riendo mientras lo abrazaban y divirtiéndose hasta que se separaron. Isla,
llena de emoción, le preguntó.

—¡¿quieres practicar arco conmigo?!

Ella lo miraba emocionada, moviendo la cola de un lado al otro, lo que le parecía muy tierno.

—¡Sí, claro! —respondió Alaric, y ella lo agarró rápidamente al oír su respuesta,


arrastrándolo emocionada.

Miyu y Lyra se acercaron a ellos, y Isla le dio el arco a Alaric para explicarle cómo usarlo.
Alaric lo intentó, pero la flecha se le caía o no lograba dispararla. Fenrir, observando desde la
distancia, pensaba. “¿cómo piensas defender este lugar si no puedes ni disparar una flecha?”

—¡Tendrás que practicar mucho, Alaric! ¡Jajaja! —la voz de Fenrir resonó, riéndose de él al
ver sus intentos. —Pero espero mucho de ti.

Lo miró a los ojos sonriendo antes de dar media vuelta.

—Bueno, ya me voy, tengo que hacer mi trabajo.

Fenrir se despidió de ellos y luego se volteó sobre su hombro.

—Los veré mañana, y Alaric, espero que cumplas tu promesa.

Se despidió alzando la mano moviéndola mientras se retiraba lentamente. Las tres chicas
voltearon a ver a Alaric con dudas, y él notó sus miradas.

—¡Vamos a practicar! Isla, enséñame todo lo que sabes! —dijo alegremente Alaric, mientras
ellas asentían, especialmente Isla, que se sonrojaba un poco pero sonreía.

—¡Sí! —respondió Isla emocionada, enseñándole a tirar. Pasaron un rato practicando, y


cuando descansaban, Alaric practicaba con Miyu y Lyra la magia de sus libros. Aunque
apenas entendía cómo funcionaba, lograba realizar algunos hechizos.

—¡Oh, por fin pude, mira! —gritó Alaric emocionado, y ellas vieron cómo una tenue luz
salía de su mano. Lo felicitaron, fascinadas.

—¡Alaric, bien hecho! Muy pocos tienen afinidad mágica! —Miyu lo felicitaba sonriendo
cálidamente, al igual que Lyra e Isla.

—¡Sí, realmente estás lleno de sorpresas! —dijo Lyra, recargándose sobre él mientras la
pequeña luz brillaba.
—¡Es increíble! —exclamó Isla, abrazándolo mientras observaba su magia. Miyu también lo
abrazó. Alaric, maravillado, también sintió que algo le drenaba por dentro y, al dejar de
invocar el hechizo, se sintió un poco cansado.

—Me siento cansado, ¿por qué? —preguntó, confuso.

—¡Ah, se me olvidó decirte! No uses mucho, o te agotarás muy rápido! —Miyu estaba
preocupada por no habérselo dicho antes.

—Tranquila, Miyu, solo me siento un poco cansado por todo el trabajo. Eso es todo. Pero
creo que ya deberíamos irnos, ya está anocheciendo, —sugirió Alaric al ver que el sol
comenzaba a ocultarse, aunque aún quedaba suficiente luz para ver con claridad.

—Sí, vamos. Mañana podemos volver, —respondió Miyu.

Todos se levantaron de donde estaban sentados y empezaron a caminar, abrazando a Alaric


por donde podían. Mientras avanzaban, notaban lo tranquila que estaba la aldea, apenas había
actividad y solo se oían sus pasos sobre el suelo de piedra. En su camino, se toparon con
Laria, quien los saludó alegremente.

—¡Hola! ¿Vienen de afuera? —preguntó con curiosidad al verlos llegar.

—Sí, de hecho, ya nos íbamos a casa, —respondió Miyu, también animada.

Laria, sin embargo, parecía algo preocupada, lo que llamó la atención del grupo.

—Hay algo importante que me pidieron que le dijera a Alaric... Es un mensaje de mi abuelo,
—dijo Laria con un tono de ligera inquietud, lo cual hizo que Miyu, Lyra e Isla se miraran
entre ellas, algo preocupadas también.

—¿Qué es? —preguntó Miyu.

Laria tomó un momento antes de hablar.

—Bueno... Mi abuelo los invita a cenar esta noche con nosotros. Quiere hablar con Alaric
acerca de algo, —hizo una pausa, y la preocupación en las chicas se intensificó.

—Pero también estarán mis padres allí y los de ustedes, así que no creo que sea nada malo,
—añadió Laria, lo que alivió un poco la tensión.

Alaric decidió intervenir con algo de entusiasmo para mejorar el ambiente.

—Supongo que quiere saber lo que hice esta mañana con Kael, —dijo, lo que provocó que
las chicas lo miraran con curiosidad.

—¿Dije algo malo? —preguntó algo nervioso al notar las miradas atentas de las tres.

Podía sentir que le harían muchas preguntas, y no se equivocaba.

—¡¿Qué es?! —preguntó Miyu rápidamente.


—¡Sí, cuéntanos qué fue lo que creaste! —agregó Lyra.

—¡Por favor, dinos! —rogó Isla.

Las tres se abalanzaron sobre él, pidiéndole que les contara. Alaric se dio cuenta de que lo
miraban con ojos tiernos, intentando convencerlo.

Laria, observando la escena, no pudo evitar reírse al ver cómo lo tenían acorralado.

—Está bien, les contaré, —dijo Alaric, tratando de calmarlas—. De todas maneras, iba a
decírselos, solo que lo olvidé por un momento.

Las chicas aceptaron y se apartaron un poco, permitiéndole hablar.

—¿Entonces, qué es? —preguntó Laria, captando su atención.

—Bueno... Será difícil de explicar, pero lo haré lo mejor que pueda, —empezó Alaric.

Mientras trataba de explicarles, las chicas lo escuchaban atentamente, aunque poco a poco
sus expresiones se volvían confusas. Isla, con una expresión inocente, preguntó.

—¿Entonces dices que puedes controlar los rayos con esa cosa?

Alaric sonrió y asintió, sabiendo que esa era la forma en que Isla entendía las cosas.

—Sí, algo así. Sirve para muchas cosas, —respondió.

Las chicas lo miraban con fascinación, mientras Alaric pensaba para sí. "Debería plasmar
todo mi conocimiento y el de Argus en un libro para que lo puedan leer."

Alaric se veía algo agotado tras la explicación, y Laria lo notó.

—Bueno, suena interesante, pero creo que ya deberíamos irnos. Seguro que nos están
esperando, —dijo Laria alegremente, llamando la atención del grupo.

Ellos asintieron con la cabeza y comenzaron a seguir a Laria. Caminaron por las calles, que
lentamente se iban sumiendo en la penumbra, hasta llegar a una casa que era un poco más
grande que la de Miyu. Alaric la observaba impresionado, preguntándose si la familia de
Laria era muy importante en el pueblo. De repente, conectó los puntos y pensó: “¿Abuelo...?
¡Oh, claro! ¡Su abuelo es...!” justo en ese momento, Laria tocó la puerta, y esta se abrió.

—¡Oh, veo que los trajiste! —dijo Eldric, recibiéndolos con alegría.

—¡Sí, me los encontré de camino! Así que los traje, —respondió Laria con una sonrisa.

Edric los miró y los saludó con amabilidad.

—¡Bienvenidos, pasen, pasen! —les invitó con entusiasmo.

Todos entraron a la casa. Alaric observó el interior con asombro: una amplia habitación
iluminada por lámparas que contenían las mismas piedras que había visto en el baño de la
casa de Miyu. Había dos sillones grandes con una mesa en medio, algunos estantes decoraban
el lugar, y al fondo se veía una escalera que subía al segundo piso. A un lado de lo que
parecía ser la sala, un arco daba paso al comedor, donde ya estaban sentados los padres de
Miyu y Laria, conversando entre ellos. Detrás de ellos se veía una puerta que probablemente
llevaba a la cocina.

El lugar estaba decorado de manera sencilla pero elegante, sin ser ostentoso. Cuando los
padres de Laria notaron la llegada de Alaric y las chicas, sus miradas se dirigieron hacia
ellos. Alaric los observó: eran lobos, como Laria. El padre tenía un pelaje blanco con
patrones negros, mientras que la madre tenía pelaje gris con patrones blancos.

—¡Hola, buenas noches! —dijo Alaric, saludando respetuosamente.

Sin embargo, los padres de Laria no reaccionaron de inmediato, y parecían un poco tensos,
casi asustados, hasta que el padre habló con una voz profunda pero amable:

—¿Así que tú eres el humano del que todos hablan?

Su tono amistoso, aunque firme, hizo que Alaric diera un pequeño sobresalto.

—Es un gusto conocerte. Kael me ha hablado muy bien de ti, Alaric.

El padre de Laria se levantó de su silla y se acercó a él con una sonrisa.

Alaric notó que el padre de Laria, era tan alto como el joven que había visto en la plaza esa
mañana. Uldric le extendió la mano, y aunque su presencia era imponente, Alaric le devolvió
el saludo.

—¡Es un gusto conocerte! Mi nombre es Uldric Adalwolf, —se presentó con una sonrisa
firme—, y ella es Lulu, mi esposa. —dijo señalando a la mujer sentada a su lado. El nombre
de Uldric le sonaba familiar a Alaric, pero no podía recordar por qué.

—Puedes llamarme Adal si lo prefieres. —añadió Uldric con un gesto amistoso.

Justo en ese momento, alguien se asomó desde la entrada del comedor. Era un joven lobo de
pelaje negro, del mismo tamaño que Adal. Alaric lo reconoció de la plaza.

—¡Oh, qué bueno que bajaste! Ven, te presentaré a alguien. —dijo Adal, tomando al joven
por el brazo y acercándolo para que Alaric pudiera verlo mejor.

—Él es mi hijo, también llamado Uldric. —presentó Adal con orgullo.

Alaric notó que el joven Uldric temblaba ligeramente al verlo, como si estuviera asustado por
alguna razón. Alaric, intentando calmarlo, le sonrió con suavidad.

—Es un gusto conocerte, Uldric. No te preocupes, no te haré daño. —le aseguró Alaric.

—H-hola... soy Uldric. —respondió el joven tímidamente, intentando ocultarse detrás de su


padre, aunque Adal no lo dejaba apartarse demasiado.
Alaric no pudo evitar sonreír ante la escena.

—Bueno, tomemos asiento. —dijo Adal, invitando a todos a la mesa.

Alaric asintió y se sentó junto a Miyu e Isla. El ambiente en la casa era cálido y acogedor, y
pronto la conversación fluyó de manera relajada mientras todos comenzaban a cenar.

—Espero que disfrutes la comida. —comentó Adal, sonriendo ampliamente.

Alaric, aunque disfrutaba de la cena, no podía dejar de preguntarse por qué lo habían
invitado. Finalmente, la curiosidad fue resuelta cuando Edric habló, captando la atención de
todos.

—Alaric, te hemos invitado para hablar sobre algo que me contó Kael y también mi hijo,
Uldric. —dijo Edric con cierta curiosidad en su tono—. Me hablaron sobre la máquina que
construiste y todas las maravillas que puede hacer. Por eso quería preguntarte algo
personalmente: ¿es cierto que nos ayudará a todos?

Alaric, sabiendo que sería difícil de entender para ellos, respondió con cautela.

—Sí, es cierto, pero aún no puedo hacer mucho. Necesito construir una turbina para que gire
y muchas otras cosas más... —se detuvo, recordando todas las piezas que necesitaba para
poner en funcionamiento el generador. Suspiró con frustración, apoyando los codos en la
mesa y sosteniendo su cabeza con las manos—. Ahhh...

Todos en la mesa notaron su frustración.

—¿Qué pasa? —preguntó Miyu, preocupada.

—No, no es nada... Es solo que olvidé cuántas cosas se necesitan para montar el generador, y
se requerirá la ayuda de mucha gente. Lo había olvidado por completo. —respondió Alaric,
dejando escapar otro suspiro.

Adal, quien había estado escuchando atentamente, intervino.

—Bueno, estás de suerte. Kael me habló sobre tu máquina. Soy mercader, y mi padre es uno
de los líderes del pueblo. Podríamos ayudarte con eso. —dijo con una sonrisa astuta.

Alaric levantó la vista, un rayo de esperanza cruzando por su mente al escuchar aquellas
palabras. Sin embargo, también sabía que alguien como Adal probablemente querría algo a
cambio, por lo que preguntó directamente.

—Supongo que querrás algo a cambio de ayudarme, ¿verdad?

Los ojos de Adal brillaron con emoción y un toque de codicia.

—Bueno, digamos que te ayudaré... si trabajas para mí. Además, conozco a muchos
mercaderes que pagarían muy bien por tu conocimiento y tecnología. —respondió Adal, con
palabras que sonaban tan dulces como peligrosas.
La actitud de Adal le traía recuerdos amargos a Alaric, y no pudo evitar que su semblante
cambiara a uno más serio. Bajó la mirada y cruzó los brazos, dejando salir un suspiro antes
de hablar.

—Gracias, pero tendré que negarme.

El ambiente en la mesa se tensó al instante. Todos lo miraban sorprendidos, especialmente


Adal, que no ocultó su molestia.

—¿¡Qué!? ¿Por qué? ¿Acaso no es lo suficientemente buena para ti? —preguntó Adal,
claramente alterado.

Alaric sacudió la cabeza con calma, intentando explicar su razonamiento.

—No, no es eso. Es solo que... usted me recuerda a mi jefe. A él no le importaban los demás;
para él, todos éramos reemplazables. Lo único que le interesaba era cuánto dinero podía
hacer.

El silencio cayó nuevamente. Adal, al igual que los otros, lo escuchaba con atención,
intentando comprender lo que Alaric estaba expresando. Sin embargo, Alaric no había
terminado.

—Aparte, vender este tipo de conocimiento solo les traería más problemas. —añadió, con
seriedad.

Adal, comprendiendo parcialmente su punto, cambió de tono. Ya no estaba alterado, y en su


voz se notaba una sinceridad que antes no había mostrado.

—Mira, Alaric, te entiendo. —empezó—. Pero déjame decirte algo: yo no soy ese tipo de
mercader o jefe que trata mal a sus trabajadores. Gracias a mi padre, quien me crió con
valores de honestidad, jamás me hubiera convertido en lo que soy si no hubiera tratado a los
demás como iguales. Siempre he creído en ayudar a los que trabajan conmigo para que
puedan ver todo su potencial.

Alaric lo escuchó atentamente, empezando a entender mejor el punto de vista de Adal. Pero
antes de aceptar, había algo más que necesitaba saber.

—Quiero pedirle una cosa si acepto su oferta.

Todos miraron a Adal expectantes, mientras este se inclinaba un poco hacia Alaric, ansioso
por escuchar su petición.

—Dime, ¿qué es lo que quieres?

—No quiero que vendas esta tecnología abiertamente. Si cae en las manos equivocadas, no
podría perdonarme a mí mismo... y menos si terminan viniendo por tu pueblo. ¿Puedes
prometerme eso? —preguntó Alaric, con una seriedad palpable en su tono.

Adal lo miró unos segundos, reflexionando sobre las palabras de Alaric, hasta que finalmente
respondió con firmeza.
—No te preocupes, jamás vendería algo que pudiera dañar a mi gente o a los humanos.
Aunque no negociamos mucho con ellos, mi familia vive aquí, y no pienso abandonar este
lugar. Te lo prometo.

Alaric observó a Adal mientras hablaba, notando la sinceridad en sus ojos. Finalmente, sonrió
y asintió.

—Está bien, entonces acepto.

Adal sonrió ampliamente, sintiendo el alivio de haber llegado a un acuerdo.

—¡Bien, entonces celebremos este acuerdo! ¡Comamos antes de que la comida se enfríe! —
dijo Adal, riendo con entusiasmo mientras los demás sonreían también, relajando el ambiente
que antes había sido tenso.

—Ah, hay algo más que se me olvidó preguntar. —dijo Alaric, ahora más relajado, llamando
la atención de Adal.

—¿Sí? Dime. —respondió Adal curioso, notando que Alaric parecía algo nervioso.

—No sé si debería preguntar esto, pero... ¿cuánto me va a pagar?

Adal se detuvo por un momento antes de soltar una carcajada animada.

—¡Tranquilo! Se te pagará muy bien. —dijo mientras se inclinaba hacia Alaric, y este hizo lo
mismo, acercándose. Adal, aunque pretendía susurrar, su voz seguía siendo perfectamente
audible—. ¡Lo suficiente como para que puedas hacerlas felices!

Alaric sonrió nervioso ante la insinuación, mientras Miyu, Lyra e Isla evitaban mirarlo por la
vergüenza. Adal volvió a reír con entusiasmo.

Pasaron un par de horas entre risas y conversación hasta que llegó la hora de retirarse.

—¡Bien, los veremos después! —dijo Adal despidiéndose junto a su familia afuera de la casa.
La familia de Miyu también se despidió de ellos, pero antes de marcharse, Adal volvió a
llamar a Alaric.

—¡Alaric, te veré mañana para discutir los arreglos de tu máquina!

Alaric asintió con la cabeza, despidiéndose nuevamente. Caminaron por las calles oscuras, ya
que era bastante tarde. Alaric apenas podía ver a su alrededor y se dio cuenta de que Miyu,
Lyra e Isla lo iban abrazando por ambos lados, guiándolo.

Su curiosidad no tardó en surgir:

—Oye, Miyu, ¿ustedes pueden ver en la oscuridad? —preguntó, notando que apenas podía
distinguir sus rostros.

Miyu lo miró, algo divertida.


—Sí, ¿tú no?

—Siendo sincero, apenas puedo ver sus rostros. Si no fuera porque están pegadas a mí, no
sabría ni dónde estoy pisando.

Las tres hermanas se miraron, sonriendo como si compartieran un pensamiento común.

—Entonces, ¿no nos ves? Incluso si paso mi mano frente a ti... —dijo Isla mientras pasaba su
mano frente a él. Alaric no reaccionó.

—No, aunque puedo oírte y ver más o menos tu silueta.

Sus padres, que caminaban un poco más adelante, observaban la interacción con curiosidad,
viendo cómo sus hijas jugaban con Alaric, quien apenas podía percibirlas en la oscuridad.

Al llegar a la casa, Elara encendió una vela, iluminando la habitación para que Alaric pudiera
ver mejor.

—¡Ya me ves! —dijo alegremente mientras le entregaba la vela.

—Sí, gracias. —respondió Alaric con una sonrisa. Con la luz de la vela, por fin pudo ver
claramente a Miyu, Lyra e Isla.

—Bueno, me retiro. Iré a dormir, así que... hasta mañana. —dijo Alaric despidiéndose de
todos.

—Sí, hasta mañana. —respondieron al unísono, despidiéndose también.

Alaric se dirigió a su cuarto, exhausto por el largo día. Apenas se metió en la cama, apago la
vela y el sueño lo venció casi de inmediato, cayendo en un descanso profundo y reparador.

Mientras Alaric dormía cómodamente, Fenrir finalizaba su turno de patrullar la muralla junto
a sus hombres. La noche cubría todo con su oscuridad mientras se dirigían al puesto de
guardia.

—Listo, terminamos. —dijo Fenrir con voz cansada—. Descansen, el siguiente grupo está
por comenzar su ronda. Despiértenlos.

Dio las últimas órdenes a sus soldados mientras él caminaba hacia una ventana. Se sentó en
silencio, mirando más allá de la muralla hacia el bosque que se extendía en la distancia. Los
recuerdos comenzaron a llenar su mente y, poco a poco, Fenrir empezó a dormitar,
hundiéndose en su pasado.

—¡Jajaja! —Fenrir reía, recordando los días en que jugaba en el campo con su amigo. Pero
de repente, la imagen de su amigo corriendo hacia él, jalado por su padre, lo invadió.

—¡Vámonos! —gritaba el padre de su amigo con desesperación.

—¡Papá, qué pasa! —preguntaba el niño, confundido.


—¡Solo corre, vámonos!

Una lluvia de flechas de fuego caía sobre ellos. Fenrir, paralizado por el terror, vio cómo
huían, y luego él también comenzó a correr en dirección contraria al pueblo. Al llegar a un
lugar más alto, pudo ver con horror cómo todo el pueblo ardía en llamas. Los gritos de dolor
y súplica se escuchaban a lo lejos.

—¡Ayuda! ¡Por favor! —gritaban los aldeanos, pero Fenrir, cegado por el miedo, los ignoró.
Corrió con todas sus fuerzas hacia su casa, buscando a su familia.

—¡Mamá, papá, hermana! ¡Por favor, dónde están! —pensaba, con el corazón hecho
pedazos y lágrimas surcando su rostro.

Al llegar a su hogar, vio la puerta abierta. Su pecho se comprimió y entró apresuradamente,


solo para encontrarse con una escena que lo paralizó. El horror lo invadió por completo,
dejándolo sin fuerzas. Cayó de rodillas, incapaz de procesar lo que estaba viendo, y empezó a
llorar. Justo entonces, algo lo golpeó en la cabeza, dejándolo inconsciente.

—¡Jajaja! Otro más. Ustedes, criaturas impías, son una abominación en este mundo. —La
voz fría y burlona de una figura en oscura armadura resonó. El caballero, su rostro oculto por
un casco, se acercaba lentamente a Fenrir.

—Veamos si sientes dolor. —dijo, y con crueldad aplastó la pierna de Fenrir con su bota,
rompiéndosela. Sin embargo, no obtuvo ninguna reacción.

—Mmmm... ¡Jajaja! No me digas que moriste por un simple golpe. Qué criatura tan patética.

El caballero tomó a Fenrir por la cabeza y lo arrastró fuera de la casa, arrojando su cuerpo
inerte al suelo.

—Servirás para algo... —murmuró cuando una voz más seria y autoritaria interrumpió.

—Acaba de una vez, te estás tardando demasiado. —La figura sin casco, de piel oscura,
cabello blanco y ojos de un azul sobrenatural, apareció. Su armadura adornada brillaba con
autoridad.

El soldado de menor rango se arrodilló de inmediato.

—Mi señor, solo trataba de enseñarle a esta escoria su lugar.

El superior lo miró fríamente.

—Apresúrate. La comandante quiere que avancemos al siguiente pueblo lo antes posible.

—Sí, señor. —El soldado se levantó, pero al hacerlo, se dio cuenta de que el pequeño lobo
había desaparecido.

El caballero de ojos sobrenaturales frunció el ceño, y en un movimiento fluido, desenvainó su


espada, bloqueando un ataque invisible que venía hacia él. Su subordinado no tuvo tanta
suerte, un golpe rápido lo derribó cortándolo por la mitad, su vida se extinguió en un instante.
—Eres una criatura detestable, por lo que veo. —dijo el caballero sin casco con calma, como
si conversara con alguien oculto en el humo que rodeaba el lugar. Dos ataques más volaron
hacia él, pero los bloqueó sin esfuerzo.

—Veo que eres buena para ocultarte, pero no lo suficiente.

Con un movimiento, su espada comenzó a brillar. De un solo tajo, cortó todo a su paso. El
sonido de cuerdas rompiéndose llenó el aire, y entre la nube de polvo y humo apareció un
zorro de pelaje blanco, cargando a Fenrir en sus brazos. Sus ojos destellaban con furia y odio.

—Jajaja, bien, bien, bien... Veo que puedes bloquear mis ataques, pero no tendrás tanta suerte
con el próximo. —El caballero golpeaba su espada en su hombro jugando con ella, levanto la
mano izquierda comenzando a acumular energía, dibujando símbolos en el aire. Con un
movimiento brusco hacia abajo, una explosión resonó, creando un enorme cráter en el suelo y
levantando una densa nube de polvo.

Cuando el polvo se asentó, el caballero observó la cola de la zorra blanca desvanecerse entre
los escombros.

—¡Veo que también eres muy astuta! —gritó con frustración, pero tras buscar con la mirada,
no logró detectarla.

—Ahhh, qué molesto. —se quejó—. Enviaré a alguien para que la cace. No puedo perder
más tiempo aquí. La comandante ya debe de estar impaciente.

Sin más, continuó con su devastador trabajo, dejando el lugar atrás.

Mientras tanto, la madre de Elara, que había llegado al pueblo demasiado tarde para detener
la masacre, decidió hacer lo posible por ayudar a los supervivientes. Caminaba entre las casas
en ruinas, pero no encontraba signos de vida, solo cadáveres solo el eco de la destrucción.

De pronto, un débil llanto infantil rompió el silencio. Al ocultarse entre los escombros y el
humo, vio a un caballero lanzando a Fenrir al suelo, quien parecía inconsciente pero sin
heridas graves. Sin embargo, antes de poder acercarse, una voz que no había percibido antes
resonó en el lugar.

“¿Cómo es que no lo vi llegar?” —pensó la madre de Elara, mientras observaba al recién


llegado intercambiar palabras con el caballero. Aprovechó la distracción de ambos para
acercarse rápidamente al niño. Usando magia furtiva, se volvió semi-invisible, moviéndose
entre las sombras sin hacer ruido. Al llegar hasta Fenrir, lo tomó en brazos, envolviéndolo
con su magia para ocultarlo, sin que ninguno de los caballeros lo notara.

Mientras escapaba, vio cómo uno de los soldados se reincorporaba. Decidida a vengarse por
lo que habían hecho, susurró suavemente.
—Valkytha.

Una serie de hilos de mithril, casi invisibles y cargados con magia, cortaron todo a su paso.
El caballero que llevaba a Fenrir no notó que había sido atravesado hasta que fue demasiado
tarde. Sin embargo, el otro caballero, más rápido y atento, bloqueó el ataque de inmediato,
notando al instante la presencia de la madre de Elara.

La madre de Elara lanzó dos hilos más hacia el caballero, pero este los cortó con facilidad. Al
ver la destreza del enemigo, comprendió que era muy diferente al primer caballero y decidió
que lo mejor era huir. Justo cuando se disponía a escapar, vio cómo el caballero comenzaba a
hablarle, sus palabras cargadas de un tono amenazante. Su espada brilló intensamente, y con
un solo movimiento hacia el lugar donde ella se ocultaba, el caballero cortó todo a su paso.

La madre de Elara se cubrió apresuradamente con su arma, pero el ataque había revelado su
posición. "¡Debo salir de aquí! ¡Este tipo es peligroso!" pensó mientras la adrenalina la
impulsaba a moverse más rápido. El caballero, visiblemente disfrutando de la situación, no
dio tregua. Su mano izquierda comenzó a brillar nuevamente, esta vez sin pronunciar palabra
alguna. La madre de Elara sintió que algo terrible estaba por suceder, así que, sin pensarlo
dos veces, salió corriendo al mismo tiempo que la magia del caballero alcanzaba su máximo
poder.

Una explosión de fuego los envió volando, envolviendo el área en una nube de polvo y humo.
A pesar del impacto, la madre de Elara se levantó rápidamente, aún con Fenrir en brazos.
Sabía que no podía permitirse detenerse, así que corrió a toda velocidad, aprovechando el
caos para escapar.

Una vez a las afueras del pueblo, notó que la pierna de Fenrir estaba rota. Con los pocos
recursos que tenía a mano, hizo lo mejor que pudo para curarlo. Aunque el niño seguía
inconsciente, lo subió al carro y, sin perder más tiempo, tomó las riendas de los dracos y se
alejó rápidamente del lugar que una vez fue el hogar de Fenrir.

Tras un tiempo en el camino, Fenrir comenzó a despertar. Desde la distancia, podía ver las
columnas de humo elevándose sobre su pueblo en llamas. Intentó moverse, pero un dolor
agudo en la pierna lo detuvo.

—¡Ahhhh! —gritó de dolor.

La madre de Elara, que lo había estado observando desde el asiento del carro, volteó para
mirarlo. Con una voz cálida, le habló.

—No te muevas, tienes la pierna rota. Espera a que lleguemos, ahí podré curarte bien.

El tono amable intentaba tranquilizarlo, pero cuando Fenrir recordó lo que había ocurrido, el
dolor físico fue reemplazado por un dolor emocional mucho más profundo. Sus sollozos
comenzaron a salir sin control, y lágrimas cayeron por su rostro mientras susurraba entre
llantos.

—Mamá... Papá... Mi hermana...

La madre de Elara lo observó con compasión, sabiendo que había poco que pudiera decir en
ese momento para aliviar su sufrimiento.
La madre de Elara detuvo el carro por unos segundos, incapaz de ignorar los sollozos
desesperados de Fenrir. Se dirigió a él con ternura y lo abrazó, tratando de ofrecerle consuelo.
El niño la abrazó con fuerza, sin poder dejar de llorar, buscando refugio en ese gesto
maternal.

—Tranquilo, ya pasó. Ya, ya... —le susurraba suavemente, aunque comprendía que, después
de todo lo que había vivido, sería difícil para él calmarse. A pesar de sus palabras, Fenrir
seguía llorando, con sollozos que no cesaban. La madre de Elara, con infinita paciencia, se
separó un poco y le limpió las lágrimas de los ojos.

—Ya no llores, ¿sí? —le dijo, sonriéndole con ternura—. Yo te cuidaré. Pero por ahora, deja
de llorar, ¿de acuerdo?

El pequeño lobo trató de calmarse, aunque algunas lágrimas seguían deslizándose por su
rostro. La madre de Elara, decidida a tranquilizarlo, lo cargó y lo sentó a su lado en la parte
delantera del carro.

—Ven, siéntate conmigo adelante. —le sonrió nuevamente. Fenrir, aún cansado por todo lo
sucedido, terminó por dormirse en el cálido abrazo de ella.

—¡Capitán, capitán! ¡Capitán! —una voz fuerte interrumpió el sueño de Fenrir.

—¡Ahhh! ¿Qué nos invaden? —exclamó Fenrir, despertándose de golpe y desenfundando su


espada. Sus ojos, todavía medio dormidos, buscaron con urgencia una amenaza, pero en su
lugar, encontró a sus hombres riéndose por su reacción.

El sol estaba a punto de salir, y la luz de la mañana comenzaba a teñir el horizonte. Al notar
la mirada de Fenrir, los soldados rápidamente cambiaron su actitud, poniéndose firmes.

—¡Capitán, es hora de cambio de turno, señor! —dijo uno de los guardias con seriedad.

Fenrir, recuperando la compostura, guardó su espada y asintió.

—Sí, gracias. Iré enseguida. —respondió con autoridad, preparándose para salir.

Pero antes de que pudiera marcharse, el guardia lo detuvo de nuevo.

—¡Capitán, también tenemos un mensaje que llegó del pueblo vecino! ¡Llegó a medianoche,
señor!

El guardia sacó una carta sellada con un emblema de cera. Fenrir, con un movimiento rápido,
le arrebató la carta y la abrió para leer su contenido.

Los guardias miraron con preocupación cómo Fenrir arrugaba la carta y la arrojaba al suelo,
claramente irritado. El cambio repentino en su expresión los alteró.

—¿Qué sucede, señor? —preguntó uno de ellos, temiendo que fueran malas noticias.

Fenrir lo miró con enojo visible.


—¡El comandante vendrá al pueblo en tres semanas! ¡Ya saben lo que eso significa!

Los guardias intercambiaron miradas inquietas, entendiendo la gravedad de la situación.


Sabían que la llegada del comandante traía consigo un nivel de exigencia y presión a todo el
pueblo.

—Vamos, hay que dar el aviso para que todos se preparen. —ordenó Fenrir, alejándose
molesto.

—¡Sí, señor! —respondieron los guardias, apresurándose a cumplir con las órdenes.

En el pueblo, Alaric estaba en la plaza conversando con Adal. Miyu, Lyra e Isla, quienes
escuchaban con curiosidad. Estaban discutiendo cómo acelerar ciertos proyectos que Alaric
había iniciado.

—Podemos dejar el generador funcionando por unos meses, pero los carpinteros tardarán en
fabricar la pieza y el pequeño edificio que pediste. —dijo Adal, mirándolo con cierta
expectativa—. Pero necesitaré algo a cambio para cubrir los costos.

—Sí, lo sé. —Alaric asintió—. He estado pensando en algo interesante… ¿saben lo que es
una imprenta?

Adal y las chicas lo miraron con curiosidad, claramente sin saber de qué hablaba.

—Bueno, supongo que no lo saben. —Alaric se puso nervioso al sentir las miradas de todos
sobre él, y empezó a mover las manos de manera algo torpe para calmarse—. Es una tienda
que se dedica a hacer libros de manera rápida, sin tener que escribirlos o dibujarlos a mano...

Mientras les explicaba el concepto de la imprenta, todos lo escuchaban con fascinación. La


idea de poder producir libros de forma tan eficiente era algo que no podían imaginar hasta ese
momento.

—Bueno, básicamente es eso. ¿Entendieron?

Adal asintió con entusiasmo, claramente intrigado.

—¡¿Cuándo podremos tenerlo hecho?! —exclamó Adal, agarrando a Alaric y sacudiéndolo


emocionado.

—¡Ahhhh! —Alaric balbuceó, aturdido—. Tal vez en una semana, si consigo a alguien que
sepa trabajar la madera y que entienda el sistema de escritura.

Adal lo soltó, pero su paz no duró mucho. Miyu e Isla, emocionadas, se lanzaron sobre él.

—¡Te ayudaremos! —dijeron ambas al mismo tiempo, sacudiéndolo con una energía
desbordante.

Después de un rato, lo soltaron, y Alaric, mareado, se sentó un momento para recuperarse. En


su confusión, soltó una idea sin pensarlo mucho.
—También estaba pensando que podríamos hacer cristales para las ventanas...

Sus palabras hicieron que todos lo miraran, esta vez con aún más curiosidad. Sintiendo el
peso de sus miradas, Alaric comenzó a ponerse nervioso de nuevo.

—E-esperen... —dijo, levantando las manos en señal de calma—. Podemos hablar de esto
tranquilamente. Les explicaré cómo hacerlo.

Pero sus amigos se acercaban lentamente, ansiosos por más respuestas, mientras él retrocedía
poco a poco, sabiendo que se avecinaban más preguntas.

—¡Esperen! ¡Ahhhh! —gritó Alaric mientras retrocedía, hasta que finalmente terminó
vomitando detrás de un árbol cercano. Lyra, con paciencia, le daba suaves golpecitos en la
espalda para animarlo.

—¡Muy bien! Esperaré a que termines todo lo que me dijiste. —dijo Adal alegremente,
observando a Alaric con una sonrisa. Alaric, aún mareado, solo levantó el pulgar en señal de
aprobación.

Miyu e Isla, por su parte, seguían en sus pensamientos, encantadas por todas las ideas que
Alaric les había explicado. Él se limpió la boca y suspiró.

—Sentía que iba a morir... —murmuró, recuperándose lentamente—. Gracias, Lyra.

—No hay problema, mis hermanas siempre son así. —respondió ella con una expresión
tranquila y contenta, mientras continuaba ayudándolo.

Alaric la miró, pensando en lo que había dicho antes sobre la imprenta.

—Lyra, cuando todo esto termine, haré esa máquina que les mostré en la plaza esa vez. La
haré para ti, para que puedas crear tu ropa aún más hermosa.

Los ojos de Lyra se abrieron con sorpresa, y un rubor intenso cubrió su rostro.

—S-s-si, gracias... —susurró tímidamente, mirando hacia un lado sin atreverse a mirarlo
directamente.

Alaric se preparaba para decirle algo más, pero su atención se desvió cuando vio a Fenrir
acercándose a la plaza, seguido por dos guardias. Fenrir se aproximó a Adal y le susurró algo
al oído. La expresión de Adal cambió rápidamente, adoptando un semblante más serio. Vio
que le dio un trozo de papel, él lo leyó.

Alaric pudo intuir que no eran buenas noticias. Fenrir, al notar la presencia de Alaric, lo miró
con una mezcla de reconocimiento y gravedad en su semblante. La tensión en el ambiente se
hacía palpable.

Alaric observó cómo Adal bajaba el papel, su rostro serio y lleno de preocupación.

—Vamos, hay que decírselo —dijo Adal con una voz grave, volviéndose hacia Fenrir. Luego
se giró hacia Alaric—. Alaric, me tengo que retirar. Ha surgido un asunto importante que
debo atender. Te veré después.

Alaric notó que realmente no era algo bueno, dada la forma en que se despedía.

—¡Sí, nos vemos después! —respondió, y luego miró a Fenrir con una sonrisa—. ¡Buenos
días, Fenrir!

Fenrir lo saludó con la mano, sin detenerse por la prisa. Ambos se alejaron rápidamente,
dejando a Alaric con la sensación de que algo grave estaba ocurriendo. Miyu e Isla se
acercaron a él y a Lyra, con rostros preocupados.

—¿Qué fue eso? —preguntó Miyu, inquieta al ver la actitud de su tío.

—No lo sé, pero puedo notar que algo anda mal —respondió Alaric, todavía observando
cómo se alejaban—. Pero no creo que sea algo grave, si lo fuera ya nos lo habrían dicho. —
añadió, tratando de tranquilizarlas mientras les sonreía levemente.

—Será mejor que nos pongamos a hacer nuestras cosas. —concluyó Alaric. Las chicas
asintieron y comenzaron a retirarse, pero antes de que Miyu se fuera, él la llamó.

—¡Miyu, espera!

Ella se detuvo, mirándolo con curiosidad.

—¿Qué pasa? —preguntó.

—Bueno... quiero ir contigo. Tengo curiosidad por lo que haces todo el día. —dijo Alaric,
algo nervioso, temiendo que su petición fuera extraña. Sin embargo, Miyu sonrió
ampliamente, visiblemente emocionada.

—¡Claro, vamos! —dijo entusiasta, tomando su mano y arrastrándolo con energía.


Caminaron juntos por las calles, pasando un rato entre conversaciones hasta que llegaron a un
edificio grande que, a Alaric, le pareció una mezcla entre iglesia y hospital. El lugar estaba
rodeado de árboles y flores, aunque no terminaba de identificar su propósito. Se detuvieron
frente a la puerta.

—¡Ven, entremos! —dijo Miyu con felicidad.

Alaric miraba a su alrededor, intrigado.

—¿Qué es este lugar, Miyu? —preguntó, tratando de entender el propósito del sitio.

—Ah, sí, este es el lugar donde enseño a los niños a leer y escribir, es un orfanato. —explicó
Miyu, su tono alegre hasta que cambió a uno más melancólico—. Lamentablemente, algunos
de estos niños han perdido a sus padres, así que vengo a ayudarlos en lo que puedo.

Alaric observó la ternura y compasión con la que Miyu trataba a los niños, lo que lo
conmovió profundamente.
—¡Eso es muy bueno de tu parte! —le dijo, sonriendo alegremente—. Pero también tenía
curiosidad... si este es el único lugar donde los niños aprenden. ¿Tienen alguna escuela?

Miyu lo miró con curiosidad, ladeando la cabeza de manera inocente.

—¿Qué es una escuela? —preguntó, genuinamente interesada.

Alaric se dio cuenta de lo adorable que se veía en ese momento, pero rápidamente dejó de
lado esos pensamientos para responder.

—Bueno, digamos que es un lugar donde los niños van a aprender. Allí hay maestros que les
enseñan varias cosas. —explicó, lo que hizo que los ojos de Miyu se iluminaran de
curiosidad, claramente deseosa de saber más.

Justo cuando ella estaba a punto de hacer otra pregunta, las puertas del orfanato se abrieron
de golpe. Un pequeño niño zorro, con pelaje anaranjado, manchas negras y ojos color miel,
apareció. Al ver a Miyu, el niño intentó saludar, pero cuando notó a Alaric parado junto a
ella, el miedo lo invadió. Asustado, cayó hacia atrás, retrocediendo mientras bajaba las orejas
y miraba al humano con pánico. Miyu, preocupada, corrió rápidamente hacia él.

—¡¿Estás bien?! ¡¿No te golpeaste la cabeza?! —preguntó mientras se acercaba para


ayudarlo, pero el pequeño solo podía mirar a Alaric con terror. Alaric también entró
preocupado, tratando de calmar la situación.

—Un... un... ¡humano! No me mates... —el niño sollozaba, cubriéndose con sus brazos y
temblando de miedo.

De repente, se escucharon muchos pasos dentro del edificio. Una de las puertas se abrió y
cinco niños de diferentes edades salieron de la puerta, todos con pelajes variados, salieron al
escuchar el alboroto. Algunos tenían los colores de su pelaje invertidos algunos tenían el
mimo color de ojos color miel y el restante azules, pero lo que compartían todos era el miedo
que sentían al ver a Alaric. Especialmente porque uno de los suyos estaba llorando.

Miyu, con una voz tranquila y calmada, intentó calmar la situación.

—Ya, ya... no pasa nada. No llores, él no te va a hacer daño. —dijo, mirando al niño con
ternura—. No es malo como los otros humanos.

Alaric, viendo cómo Miyu actuaba de manera maternal con el pequeño, decidió acercarse
lentamente. Se agachó para estar a su altura, mostrándose lo menos intimidante posible.

—Tranquilo, soy amigo de ella. —le dijo suavemente, con una sonrisa calmada—. No te haré
daño, te lo prometo.

El niño, aunque todavía asustado, comenzó a calmarse un poco. Sus sollozos se redujeron, y
aunque aún miraba a Alaric con cierta desconfianza, parecía estar dispuesto a escuchar.

Alaric sonrió alegremente mientras colocaba una mano sobre su pecho para presentarse con
entusiasmo.
—¡Me llamo Alaric! —dijo, tratando de que el pequeño no se asustara.

El niño, sin embargo, se aferró a Miyu, ocultándose detrás de ella con miedo, aunque no dijo
nada. Los otros niños rápidamente siguieron su ejemplo, refugiándose también detrás de
Miyu, mirando a Alaric con ojos desconfiados. Finalmente, una de las niñas, con valor, tiró
suavemente del vestido de Miyu y preguntó.

—Señorita Miyu, ¿él de verdad es su amigo?

Miyu sonrió dulcemente antes de responder.

—¡Sí! —dijo con entusiasmo—. Él es muy bueno, nunca les haría daño.

Sin embargo, los niños seguían mirando a Alaric con desconfianza. Entonces, a Miyu se le
ocurrió una idea.

—¡Miren! —dijo mientras se separaba de los niños y caminaba hacia Alaric.

Él la miró con curiosidad, preguntándose qué estaba planeando, pero una sensación de mal
presentimiento comenzó a crecer en su interior.

—Miyu... ¿qué haces? Espera... ¿qué planeas hacer? ¡Espera, espera... jajajajajaja! —Alaric
estalló en risas cuando Miyu le comenzó a hacer cosquillas sin piedad, haciéndolo caer al
suelo, incapaz de contener la risa—. ¡No, detente! ¡Jajajaja! ¡Espera!

Miyu se detuvo después de un rato, y Alaric quedó temblando de tanto reír. Los niños, al ver
cómo Miyu lo había vencido con cosquillas, dejaron de temerle un poco. Incluso una pequeña
sonrisa comenzó a aparecer en sus rostros.

Alaric se levantó lentamente, aún temblando, con el flequillo cubriéndole los ojos. De
repente, adoptó una actitud seria y teatral.

—¡Miiiyuuuu...! —dijo alargando su nombre con un tono dramático—. No inicies una guerra
de cosquillas si no vas a terminarla.

Antes de que Miyu pudiera reaccionar, Alaric se abalanzó sobre ella, devolviéndole las
cosquillas. Pero Miyu no se quedó atrás, respondiendo con más cosquillas. Los dos reían a
carcajadas, y su diversión pronto contagió a los niños, quienes poco a poco comenzaron a
acercarse y unirse a la diversión.

Al final, todos quedaron agotados de tanto reír, tirados en el suelo. Uno de los niños, aún
riendo, se levantó.

—¡Eso fue divertido! —dijo, sonriendo ampliamente.

Los demás también comenzaron a ponerse de pie, todos sonriendo y relajados. Alaric, todavía
temblando de la risa, les habló con alegría.

—¿¡Se divirtieron!? —preguntó con una sonrisa cálida.


Miyu, temblando de tanto reírse, se levantó también y, con una gran sonrisa, miró a los niños.

—¡Ya ven! ¡Él no es malo!

—¡Sí! —respondieron todos al unísono, sonriendo ampliamente.

Rápidamente, los niños comenzaron a acercarse a Alaric, emocionados y llenos de


curiosidad, cada uno queriendo hacerle preguntas. Sin embargo, Miyu los detuvo con una
suave llamada de atención.

—Mhh, ¿cómo se saluda a alguien? —preguntó Miyu con amabilidad.

Los niños, en un acto coordinado, saludaron al unísono.

—¡Es un gusto conocerlo, señor Alaric!

Alaric no pudo evitar reír nerviosamente ante la formalidad repentina de los pequeños.

—¿Y cuál es su nombre? —les preguntó Miyu dulcemente, sonriendo.

La primera en responder fue la niña más pequeña, que estaba junto a Miyu.

—¡Me llamo Iris! —dijo con una voz tierna que denotaba su corta edad, probablemente unos
cinco años.

Luego, la niña que estaba al lado de Iris, un poco más grande, habló con entusiasmo. Parecía
tener unos siete años.

—¡Yo me llamo Eliza! —dijo con los ojos brillando de alegría.

El niño que había visto Alaric al principio, de la misma estatura y edad que Eliza, también se
presentó con emoción.

—¡Me llamo Leo! —exclamó entusiasmado, su miedo de antes ya completamente disipado.

Otro niño de la misma edad que Leo y Eliza se presentó a continuación, pero lo hizo de
manera más respetuosa.

—¡Me llamo Hans, es un gusto conocerlo! —dijo con una pequeña reverencia.

Finalmente, la última en presentarse fue una niña un poco mayor, de unos once años. Estaba
claramente nerviosa y hablaba con un tartamudeo.

—Mi-mi-mi nombre es Anne... —dijo, muy reservada.

Alaric sonrió cálidamente al escuchar los nombres de todos los niños.

—¡Es un gusto conocerlos a todos! —dijo alegremente, lo que provocó que los niños
sonrieran aún más.
De inmediato, comenzaron a hacerle preguntas una tras otra, llenos de entusiasmo. Miyu no
pudo evitar reír al ver cómo los pequeños bombardeaban a Alaric con preguntas, disfrutando
de la escena. Sin embargo, de repente, una de las puertas cercanas se abrió, captando la
atención de todos.

Una chica lobo de pelaje grisáceo, claramente mayor que el resto, apareció en la puerta.
Parecía tener alrededor de catorce años y sus ojos se dirigieron directamente a Alaric. Él
pudo sentir una mezcla de desprecio y desconfianza en su mirada, aunque su voz era alegre
cuando se dirigió a Miyu.

—¡Hola, Miyu! Veo que ya llegaste. —dijo la chica con una sonrisa.

Alaric se sorprendió por su actitud. Aunque intentaba actuar con normalidad, era evidente
que ocultaba algún tipo de resentimiento hacia los humanos.

Ella rápidamente abrazó a Miyu con entusiasmo, quien le devolvió el abrazo con cariño. Pero
al girar hacia Alaric, su actitud cambió drásticamente. Alaric podía sentir su mirada, casi
como si la presencia de él la incomodara profundamente.

—Ah, Alaric, ella es Hana —dijo Miyu, presentándolos.

Alaric, siempre dispuesto a ser amable, le extendió la mano y sonrió.

—¡Es un placer conocerte! —dijo, pero antes de que pudiera terminar, Hana le dio un golpe a
su mano, apartándola bruscamente, dejando a todos sorprendidos.

—¡No me toques, monstruo! —gritó, su disgusto era evidente.

Miyu reaccionó de inmediato, regañándola.

—¡Hana! ¡Él no es malo, es mi amigo! ¡Discúlpate con él! —dijo Miyu, visiblemente
molesta.

Hana miró a Alaric con desdén, pero obedeció a regañadientes.

—Lo siento... —murmuró, antes de salir corriendo del lugar.

—¡Hana, espera! —intentó detenerla Miyu, pero Alaric puso una mano suave en su hombro.

—Tranquila, no es un problema. —le dijo, sonriendo suavemente para tranquilizarla.

—¿Pero...? —comenzó a decir Miyu, preocupada, pero Alaric la interrumpió con una voz
suave.

—No te preocupes. Quizá solo está asustada. Todos reaccionan de maneras diferentes,
especialmente si han pasado por cosas difíciles. —sus palabras, calmadas y comprensivas,
parecieron aliviar un poco la frustración de Miyu.

Miyu suspiró, aún sintiéndose culpable por la reacción de Hana.


—Me disculpo por eso. No creí que se comportaría de esa manera... —dijo, apenada.

—No te preocupes —respondió Alaric con una sonrisa animada—. ¿Por qué no me enseñas
lo que haces para enseñarles a los niños? —trató de cambiar el tema para aliviar la tensión.

—¡Sí, vamos! —dijo Miyu, recuperando un poco su ánimo. Aunque aún mostraba señales de
culpabilidad, parecía dispuesta a continuar con su labor.

Alaric observó cómo Miyu se acercaba a los niños, pidiéndoles que la siguieran. Luego, ella
miró a Alaric y le hizo una seña para que los acompañara. Él asintió y caminó junto a ella,
con los niños siguiéndolos de cerca. Mientras avanzaban, Alaric se tomó el tiempo para
observar el interior del lugar. A lo largo del pasillo, pudo ver que el edificio, aunque un poco
viejo, era funcional. A ambos lados del corredor había cuatro puertas, y al final, una escalera
que parecía llevar a un segundo piso.

El lugar tenía un ambiente acogedor, a pesar de su antigüedad, y Alaric pudo sentir el


esfuerzo y dedicación que Miyu ponía en ayudar a los niños que vivían allí.
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